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domingo, 13 de mayo de 2007

Un aficionado cabal

Admiro a mi amigo Lorenzo porque es un buen aficionado, una especie en extinción como los toros de Raso del Portillo, ¿cómo puede sobrevivirle la afición después de 30 días de:

-Inmensos pañuelos "verde islámico integrista" cuando aún no se ha anunciado al toro todavía.
-Gritos desaforados, maleducados e inanes.
-Angustia diaria por llegar a la plaza en punto para nada, enchiquerado en el Metro.
-Hileras de asiento de hormigón armado contra la fiesta.
-Funciones de 10 toros y 40 cabestros.
-Banda sonora de Berlanga, (Biba la Banda).
-Puertas grandes de 1+1 y tiro porque me toca.
-Carteles sin figuras, figuras sin cartel.
-Toros de 700 Kg (parece que esto ha mejorado, pero yo los he visto) y caídas continuas.
-El permanente viento de las Ventas, como un Katrina del toro.
-Las faenas a los mansos junto a las barreras: el pase al paso a las diez y media de la noche.
-Los inmensos cuernos sin bravura.

...

???

Y así durante más de 15 años.

Yo tiré la toalla a la Tercera Isidrada: Madrid origen y fin de mi afición, redimida años después por la Maestranza.

Pero yo soy un diletante y Lorenzo es un aficionado cabal, un "holigaan", un "talibán" del toreo que va donde va la fiesta: Trujillo, Valencia, Castellón, Barcelona, El Puerto.

Y por eso yo me perdí a José Tomás.

Y tantos triunfos en Madrid que son el oro más caro del mundo, la catapulta de la Gloria y la verdad del toreo.

Madrid, tiene algo que engancha, como el viento a la muleta, Lorenzo lo ha explicado muy bien porque es un aficionado cabal al que he cedido los trastos, mientras los toros de mi memoria siguen en los chiqueros del cerebro.

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