miércoles, 21 de mayo de 2014

Madrid - Las Ventas (20 de mayo de 2014) - Tragedia y reflexiones

El trabajo, el twitter y razones varias hacen que haya dejado de ser costumbre escribir al volver al casa los pareceres de las corridas de San Isidro, como hacíamos años atrás. Pero hoy, tres toreros han pagado con sangre su compromiso con la Tauromaquia y, siquiera sea como modesto homenaje, merecen una atención más detallada y unas líneas de reconocimiento que excedan los 140 caracteres.

Llevo casi tres décadas viendo corridas de toros en Madrid y nunca vi nada parecido. Y tampoco lo recordaban ninguno de los aficionados más añejos con los que unos hablada al acabar la breve corrida, cuando podía uno reponerse mínimamente según iba disminuyendo la impresión reciente de lo vivido. David Mora cogido de forma espeluznante a porta gayola en el primero. Antonio Nazaré, que hizo un quite providencial a Mora, lidió y mató con voluntad y fe a ese toro, pero fue volteado causándole una dura lesión de ligamentos al hacerle un quite el toro siguiente, que también corneó a Jiménez Fortes varias veces, la más grave al entrar al matar.

La sensación era de incredulidad. Pero también se mezclaban otros sentimientos. El primero, si queremos ser sinceros, es el de la inutilidad del sacrificio. El único cuestionamiento ético posible que tiene la Tauromaquia (y, en eso, como en tantas cosas, la Iglesia Católica tuvo una intuición genial) es hasta qué punto es lícito que un hombre ponga en riesgo su vida al servicio del arte o de la diversión.

Luego, la necesidad de que todo aquello se explicara a quien acudían por primera vez o lo hacen de forma esporádica. Una argentina que veía los toros en la fila inmediatamente posterior a la mía hizo comentarios jocosos tras la cogida de David Mora y preguntaba si eso sucedía muy a menudo. Pero cuando Nazaré, después de ser volteado varias veces, acabó con el toro, la misma individua gimoteaba por la muerte del animal. Una sociedad que reacciona de ese modo es, sin discusión, una sociedad enferma.

El riesgo es inherente siempre a cualquier festejo taurino (no hay más que recordar al forcado Eduardo de Villar y al novillero Laureano de Jesús que esta misma semana morían en ruedos mejicanos). Pero hay que agradecer el excelente equipo médico y las instalaciones de la plaza de Las Ventas, que permiten afrontar con éxito estas situaciones. En otras plazas, algo parecido hubiera podido acabar en una tragedia aun mayor. Todo lo que se invierta en instalaciones y profesionales médicos siempre será poco.

La corrida también deja abierta algunas reflexiones, que comentaban buenos aficionados a la salida de la plaza o en el twittendido. Aunque quizá no sea lo más urgente hoy, sería bueno no dejarlas caer en el olvido. ¿Las Ventas debe permitir que salgan toros con tanta edad como los anunciados hoy? ¿Es eso lo propio de la primera feria del mundo? ¿Tiene sentido irse a porta gayola; aporta algo más allá de una indudable demostración de valor? ¿No deberían equilibrarse los carteles e incluir en la terna algún matador con más experiencia? Ante circunstancias de estas, ¿no es bueno una mayor explicación por la megafonía de lo que ha sucedido y que la gente debe volver a sus casa y no debe pedir que se le devuelva el importe de la entrada teniendo en cuenta que la mayoría de los asistentes ya no son abonados habituales a la plaza?

Lo sucedido con los comentarios de los antitaurinos en las redes sociales y en internet deseando la muerte de los toreros demuestran una vez que los animalistas tienen una estructura moral bastante endeble. Pero, también, que es imprescindible una industria taurina que reaccione de forma contundente frente a estas tropelías en los ámbitos de la comunicación y jurídicamente. Pero, para ello, la industria taurina debería ser una realidad. Porque de nada sirven los lamentos y llamamientos desesperados en internet a poner freno a estos comentarios.

Sólo una cosa más. Como ya han apuntado varios buenos aficionados, estos toreros se merecen repetir, con el mismo cartel de toreros y con los toros que ellos decidan, en la Feria de Otoño de este mismo año y en San Isidro de 2015. Es lo mínimo que puede ofrecerse a quienes han vuelto a demostrar con su entrega la verdad y la dureza del toreo.