sábado, 29 de diciembre de 2012

Proposiciones taurinas (VIII)


La lidia (y perdón a mis amigos franceses) no es un combate. La lidia es un conjunto de técnicas y una liturgia para convertir la embestida de un toro bravo en emoción y belleza. Si debido a la especial agresividad de un toro hay que enfrentarse a él y doblegarle con una lidia sobre las piernas, con pases de castigo, con recursos antiguos, el aficionado debe reconocerlo y valorarlo. Pero eso debe ser una contingencia posible, como la necesidad de lidiar a un toro manso, o reparado de la vista,… Nunca la finalidad o el objetivo primero en una corrida de toros.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Proposiciones taurinas (VII)


Un toro que no embiste no es un toro bravo. Un toro que no coge los vuelos por abajo o que no sigue los engaños hasta el final no es un buen toro. Bienvenida sea la variedad de encastes si de ella resultan más toros bravos y mejores toros. Si no embisten, no cogen los vuelos por abajo y no siguen los engaños hasta el final no aportan lo que la Fiesta necesita.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Proposiciones taurinas (VI)


Los aficionados estaríamos encantados de contar con medios de comunicación taurinos en los que se informara de cómo se configuran los carteles, de cuáles son las exigencias de cada parte, cuáles los vetos y las imposiciones. De cuáles son los manejos de empresarios, ganaderos y toreros. De cómo se seleccionan las corridas en el campo. De cómo se aprueban y rechazan vacas en los tentaderos. De cómo se confeccionan los Pliegos por las Administraciones Públicas y de si hay empresarios, ganaderos o toreros que tienen algo que ver. De cómo entrenan los toreros. De qué les piden los matadores a sus cuadrillas que hagan durante la lidia. De qué tienen que hacer los toreros modestos para ganarse la vida al margen del toreo. De qué motiva a los toreros importantes a seguir toreando. De qué viven los ganaderos que no pueden vivir sólo de su ganadería. De qué sugerencias hacen los apoderados a los periodistas para que hablen de según qué toreros o novilleros. Los aficionados estaríamos encantados de contar con medios de comunicación independientes y en los que los periodistas se pasaran el día entero investigando y no tuvieran miedo de contar lo que saben y lo que intuyen.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Proposiciones taurinas (V)


La independencia es un requisito esencial del periodismo. Los periodistas cuya manutención depende de la publicidad de los toreros, empresarios o ganaderos no son (no pueden ser) periodistas independientes. Tampoco los dogmáticos. En el escenario actual es prácticamente imposible encontrar periodistas taurinos realmente independientes (al menos, que escriban en España).

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Proposiciones taurinas (IV)


El toreo sólo tiene futuro si es capaz de llegar a un público más amplio. Eso exige que lo que sucede en el ruedo tenga emoción y belleza. Que la existencia de triunfos sea algo probable (no remotamente posible). Y, por supuesto, no hacer caso a aquellos que, alejados de cualquier otra realidad en cielos y tierra, sólo son aficionados a los toros y dedican todo su tiempo a los blogs y a los tweets taurinos: la senda que proponen la mayoría sólo conduce a un desastre inminente. Con perdón.

lunes, 26 de noviembre de 2012

El toro que queremos

Enlazo un artículo de Aplausos que hace una explicación realista, concisa y mesurada sobre el toro actual, alejada de tanta proclama estridente que abunda en la red.

Totalmente de acuerdo con lo que señala el autor (Rafael Comino).

http://www.aplausos.es/noticia/15404/Opinion/El-toro-actual.html

sábado, 24 de noviembre de 2012

Proposiciones taurinas (III)


El pasado es un suceso inevitable para lo que está por venir, no un lugar al que se deba regresar. Un pasado más puro y emocionante que nunca existió sólo es un antídoto contra la felicidad.

martes, 20 de noviembre de 2012

Proposiciones taurinas (II)


Es bueno que los empresarios (todos los empresarios) ganen dinero. También los taurinos. Pero es sobre todo saludable que los empresarios que más dinero ganen sean aquellos que han derrochado más esfuerzo, más imaginación y que han asumido más riesgos. Aquellos que han creado estructuras, empresas y formas de actuación que les trasciendan, que puedan pervivir en el futuro y se vayan engrandeciendo con el tiempo.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Proposiciones taurinas (I)


El mejor torero no es el que torea más veces, ni en plazas de mayor categoría, ni a toros más astifinos o de diferentes encastes. El mejor torero es… el que torea mejor: más reunido, más hondo, más puro, más variado, más bello y más profundo.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Manzanares, otra vez en Sevilla

Ayer, cuando habían transcurrido apenas veinte minutos desde el comienzo del festejo, estábamos ya exhaustos de la intensidad de lo vivido sólo en el primer toro: Manzanares yendo a recibir a su primero a porta gayola, meciéndolo por verónicas, rematando en dos medias impresionantes; cogida espeluznante a su banderillero Blázquez a quien el toro tuvo en el suelo golpeándolo contra el estribo de la barrera más de un minuto y faena sensacional de muleta a un toro noble y encastado rematada con una sensacional estocada recibiendo.

No hubiera sido posible mantener aquel nivel apabullante de emociones durante dos horas más. Y aun así, aun disfrutamos de otra faena grandiosa al quinto de la tarde en la que hubo algunos muletazos y series enteras de una despaciosidad y hondura realmente sublimes. En el tercero, por desgracia, el toro se vino abajo al comenzar la faena de muleta y era imposible hacer nada.

Talavante tuvo también momentos lucidos, aunque menos. Es cierto que tuvo también menos fortuna en el sorteo, pero aun así se le vio con tremenda disposición aunque sin tanta claridad como la que mostró Manzanares.

Y es que Manzanares torea en Sevilla mejor que en cualquier otra plaza. En Madrid se le nota rígido, con una presión que a menudo le puede. Y en otras plazas, manteniendo un alto nivel no alcanza la profundidad que en La Maestranza. Él entiende a la perfección la plaza y sus gentes, llena completamente el espacio, maneja los tiempos, equilibra estética y poderío. Y los aficionados le esperan, le jalean y le agradecen lo mucho y bien que aquí ha toreado.

Teníamos la sensación de que esta no era una corrida más para él. Que, por diversas razones, Manzanares quería demostrar que él es quien manda en esta plaza. Que hoy por hoy es el "consentido" de los sevillanos. Y su nivel de concentración y motivación se noto desde el comienzo de la tarde hasta su nueva salida por la Puerta del Príncipe.

Otra gran tarde de toros. Nuevas razones para seguir esperando el milagro de la belleza en cada festejo.

Creo que la tarde permite, además, algunas lecturas que no deberían descuidarse. En el lado ganadero, por ejemplo, los tres toros de Núñez del Cuvillo tuvieron bastante interés, con bastante más casta de la habitual. Y por eso, lo que se les hizo llegó con más importancia a los tendidos. Ese es el paso más que deben dar las ganaderías: toros que embistan por abajo pero que además dejen la sensación de que hay que poderles, pararles y templarles, no sólo acompañar una embestida lenta de por sí.

Y en el de los toreros, la sensación de que cuando las figuras salen a la plaza completamente mentalizadas de su deseo de triunfo las posibilidades de vivir una tarde irrepetible aumentan exponencialmente. Esto es lo que le pasó a Manzanares. Esto es lo que es posible hacer cuando un torero tiene una temporadas de diez o quince tardes, donde cada una es un acontecimiento, pero no puede exigirse si se torean cuarenta o cincuenta.

Cada vez queda menos de esta temporada del 2012. Cada día que pasa los toreros, ganaderos y empresarios tienen más razones para reflexionar sobre cómo debe enfocarse la próxima. Se juegan y nos jugamos mucho. Ojalá acierten.

martes, 18 de septiembre de 2012

José Tomás en Nimes - liturgia y serenidad


José Tomás ha dejado escrita la fecha del 16 de septiembre de 2012 como un hito en la historia de la tauromaquia. Un acontecimiento singular, primero, por el marco, porque torear en un Coliseo de Nimes abarrotado debe ser una sensación única, que enlaza al héroe moderno con las raíces de nuestra historia mejor, la que desde Roma nos lega el derecho, la arquitectura, la lengua y la filosofía. Un festejo sorprendente, además, porque no fue un resumen de la tauromaquia de José Tomás, sino, más bien, en momentos contados, una sublimación de lo que le habíamos visto hasta ahora; pero, en la mayor parte de la corrida, una propuesta de nuevas maneras de enfrentarse al toro, abriendo caminos para quien quiera (y pueda) explorarlos.

José Tomás ofició con una liturgia medida y desde una serenidad que pocas veces le habíamos visto. Tranquilo y poderoso por igual. Estuvo variado con capote y muleta y despachó a cada toro (de los cinco que mató) de un espadazo certero en lo alto. Las cuadrillas, sin grandes alardes, cumplieron más que aceptablemente su cometido. Los toros, más que correctamente presentados, de buen juego en general, aunque con muchos matices que el torero convirtió en argumentos para la improvisación y la técnica. Y el público, festivo y a favor, no tuvo en ningún momento razones para poner reparos.

No tiene sentido glosar una por una las faenas. Baste decir que toreó con una pureza exquisita, una hondura excepcional y una originalidad inimaginable.

Ciertamente un acontecimiento así debería hacer pensar a todos los que forman parte del mundillo taurino. Obviamente, José Tomás no agota la tauromaquia, ni sus propuestas son las únicas posibles. Pero si no es desde la mezquindad, no puede dejar de reconocerse que el planteamiento que hace, dentro y fuera del ruedo José Tomás, es el que más y mejor llega al conjunto de la sociedad y dota a la tauromaquia de una combinación perfecta entre la tradición y lo más moderno.

Por eso, las preguntas surgen sin respuestas claras, con el pánico a lo desconocido, pero con la sensación de que detrás de la zozobra existe un camino mucho más ilusionante.

Si un torero puede torear “sólo” tres corridas una temporada y demostrar un estado perfecto de forma en cada una de ellas, ¿es preferible torear cuarenta o cincuenta con los inevitables altibajos o torear muchas menos tardes pero con una convicción plena de que cada tarde tiene que ser excepcional?

¿La rivalidad consiste en torear con todos, muchas veces y en cualquier sitio para hacer faenas que se olvidan antes de llegar al coche para volver a casa o proponer cada tarde que uno haga el paseíllo senderos nuevos de pureza en la Fiesta?

¿Puede ser vulgar o aburrida una tarde de toros, como lo son la mayoría de los festejos que vemos a lo largo de un año?

¿Por qué éstas cosas a menudo suceden en Francia? ¿Por qué allí se vive con una ambiente tan excepcional la tauromaquia? ¿Por qué no dejar que, con libertad, al margen de Pliegos y zarandajas, Simón Casas pueda gestionar una plaza y proponer ferias como las que hace en Nimes?

El debate está servido. Creo que, de los que estuvimos allí, muy pocos pudieron salir decepcionados. De los que no acudieron ha habido de todo, desde los que reconocen su “envidia” (a veces sana, otras no tanto), hasta los que lo ponen todo en duda (trapío, lidia, rivalidad, verdad, exigencia,…). De estos últimos, nada puede esperarse, son uno de los elementos más perjudiciales para la Fiesta.

Ahora queda que se acabe Logroño, San Miguel, Otoño, El Pilar y pocas cosas relevantes más. Luego, un invierno en el que habrá que pensar en muchas cosas. La temporada ha tenido momentos muy duros en lo que respecta a público y a intensidad taurina. Pero también momentos sublimes. José Tomás, en la corrida de Nimes, ha demostrado que el toreo sigue siendo algo que, bien planteado, mueve a las masas, se convierte en portadas de periódico y en tema de conversación en oficinas y cafés. Son muchos los que deberían coger el testigo y hacer, varias veces al año, cosas memorables. El resto de las tardes sirven para disfrute de los convencidos, pero esa excepcionalidad es básica para atraer a nuevos aficionados y colocar de forma permanente la tauromaquia en el lugar social que se merece.

Para acabar (de momento) un sueño. ¿Por qué no editar el vídeo de la corrida –seguro que está grabada en su integridad- con comentarios de toreros, ganaderos, artistas, que uno pudiera ir seleccionando o no mientras ve la corrida… y distribuirlo allá por diciembre? Seguro que se convertiría en el regalo de las navidades de este año. Habrá quien buscará defectos y pondrá pegas. Pero estoy seguro que se convertiría en el mejor elemento de difusión del toreo en muchos años.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Yo sí estuve en Dax


Desde el pasado domingo por la noche, portales y blogs taurinos se hacen eco de unos comentarios de El Juli después de su corrida en Dax y a la respuesta que ha dado días después André Viard.

Yo estuve en Dax el fin de semana. Coincidiendo con la feria “Toros y Salsa” se han celebrado los cuartos encuentros de Derecho Taurino organizados esta vez por el Colegio de Abogados de Dax, con asistencia de cerca de cien juristas, la inmensa mayoría franceses. Han sido unos días de encuentro y reflexión sobre diversos aspectos jurídicos de la Fiesta, que permiten también compartir vivencias con aficionados de otros lugares. Por supuesto, fuimos a los festejos del sábado y del domingo, tras el cual surgió este enfrentamiento.

No quiero entrar a explicar en detalle lo que dijo El Juli y la respuesta de Viard y los orígenes de esta polémica, pues ya ha habido quien lo ha hecho de forma brillante, se esté o no de acuerdo con sus comentarios (desde diferentes posiciones, puede consultarse, por ejemplo, Taurología o Recortes y Galleos). Pero sí me gustaría hacer algunas reflexiones sobre la afición francesa y sobre el debate acerca de las figuras, el trapío y la responsabilidad de cada uno en el futuro de la Fiesta, del cual la discusión entre Juli y Viard no es sino una derivada muy menor.

He de reconocer que cuando volvía a casa desde Dax en coche el domingo por la noche, al escuchar en los programa taurinos lo que había escrito El Juli lo primero que me llamó la atención es la referencia al comportamiento de la afición francesa. Y me llamó la atención porque lo que había comentado con algunos aficionados en los encuentros era el gran comportamiento que habíamos apreciado en aquella afición. Un comportamiento que se traduce en una actitud tremendamente seria y respetuosa con todos los profesionales durante la corrida, combinada con cuatro elementos que raramente se encuentran tan bien conjugados: interés por el conjunto de la lidia, aceptación por los distintos modos de interpretar el toreo de cada matador, deseo de disfrute y diversión con lo que suceda en el ruedo y manifestación contundente pero exquisita en las formas cuando algo de lo que sucede en el ruedo contraviene las elementales normas de la tauromaquia (incorrecta forma de dejar al toro en suerte, puyazos mal ejecutados, colocación deficiente del torero, toreo manifiestamente despegado –más allá de las diferentes colocaciones que distintos toreros pueden tener para interpretar su peculiar tauromaquia-, etc.). Un comportamiento en fin, alejado tanto de la vulgaridad de las plazas menores como de la unidireccionalidad de criterio y la violencia en las formas de aficiones como la de Madrid. Una delicia, en fin.

Quiero creer, por eso, que El Juli no se quejaba tanto de la actitud del público durante el festejo, sino más bien de circunstancias que probablemente hubieran existido antes de la corrida y en la que se comparaba la presencia de los toros a lidiar ese día con la de los Fuente Ymbro del día anterior. Como después se compararía la pujanza de unos y otros. Creo que este es el verdadero debate que subyace entre Juli y Viard, en el que ambos han dicho (a mi juicio) cosas sensata e insensateces. Y en esta cuestión me temo que estoy alejado por igual de ambos. De Viard porque creo que sigue insistiendo en el tamaño y en la presencia cuando tengo para mí que habría que ver muchos más vídeos antiguos y darse cuenta que los toros de plazas de primera tenían en torno a un 20% menos de peso que el toro actual. Y sus pitones eran a menudo de menor longitud, menos astifinos (lo de las fundas, en esto, ha sido demoledor) y en no pocas ocasiones la conformación no era tan aparatosa ni tan igualada como en la actualidad. A cambio (y por eso tampoco estoy de acuerdo con El Juli) eran toros con más viveza, más movilidad y más emoción; un toro que no quieren ver ni en pintura las figuras actuales y que conduce inexorablemente a toros con menos casta y bravura. O sea, que para mí hay que ir a toros más pequeños y menos cornalones, pero más bravos y encastados. La emoción tiene que ponerla el comportamiento del toro, no una mastodóntica presencia.

A partir de ahí, una discusión como esta es realmente nefasta para el toreo planteada en los términos en los que los dos lo han hecho. Y que dos personajes excepcionales en su contribución a la Fiesta estén enfrentados en un momento como éste es algo que nos perjudica a todos. Ciertamente, no es la única ni la más grave. Mucho más extravagante resulta leer en el último número de la Revista Taurodelta que J. A. Gómez Angulo, presidente de la Comisión nombrada para la Tauromaquia por el Ministro de Cultura afirme aquello de 'Que no nos vengan a decir que los franceses nos pueden dar lecciones'. ¡Vivir para ver! Primero, descalifica a toda una parte de la industria y de la afición, que está dando muestra de vitalidad y que configura la Fiesta como algo transnacional (elemento esencial para su pervivencia). Luego, muestra una prepotencia que olvida lo que ha hecho, por ejemplo, gente indiscutible en su aportación como Francis Wolff y otros sobre los cuales cada uno tendrá su opinión pero que cuya aportación es también muy importante (desde el propio Viard a Castella pasando por Simón Casas, el Museo de Pablo Romero en Nimes, miles de aficionados que visitan cada año las plazas y ganaderías españolas…). Esperemos que sea un despiste o una afirmación sacada de contexto (en la entrevista parece referirse, sobre todo, a la composición de la Comisión, sin que sea una afirmación general). Pero desde luego, no es un enfrentamiento con Francia, con su afición y con su modo de engarzar la Fiesta con la cultura la primera actuación pública que se esperaba de la Comisión.

Un fin de semana en Dax, en fin, que ha dado mucho que hablar. Y en el que, al menos yo, he seguido aprendiendo mucho de los franceses, que me siguen impresionando y dando envidia de cómo se preocupan de la Fiesta, cómo la aman y la defienden y cómo disfrutan de todo lo que tiene que ver con ella.

domingo, 26 de agosto de 2012

Reflexiones de agosto (IV)

Sin duda, dos de las noticias más relevantes de este agosto taurino han sido las declaraciones del alcalde de San Sebastián manifestando que no volverá a convocar un concurso público para la celebración de espectáculos taurinos y la constatación de que el próximo día 5 de septiembre volverá a haber toros en TVE. Ambas cuestiones merecen un cierto análisis.


Lo de San Sebastián ha dado lugar a declaraciones, comportamientos y comparaciones con la prohibición catalana que reconozco no entender. Probablemente por mi condición de jurista creo que hay una distancia sideral entre que una ley prohíba el libre ejercicio de una manifestación empresarial y cultural (que es lo que ha sucedido en Cataluña) y que un Ayuntamiento decida que no quiere promover una cierta actividad económica y cultural (que es lo que ha sucedido en San Sebastián). Es cierto que las motivaciones pueden ser las mismas en ambos casos, o más indecentes aun en el caso de Bildu, pero eso no debe alterar la objetividad del análisis. En un escenario donde un porcentaje enorme de la población muestra simpatías y vota a quienes son o están cercanos a terroristas, lo de que se den toros o no es un problema de ínfima envergadura ante tamaña inmoralidad social.

Lo que, a mi juicio, demuestra lo de San Sebastián es, como ya hemos apuntado en otras ocasiones, la asombrosa fragilidad de la estructura organizativa de la Fiesta. El hecho de que la mayoría de los cosos sean de titularidad pública hace que el hecho de que se celebren festejos taurinos o no, cuántos y de qué tipo dependa de una voluntad política, reflejada en los Pliegos de Condiciones de los concursos para la explotación de las plazas de toros. Por tanto, si los Ayuntamientos, las Diputaciones o las Comunidades Autónomas decidieran no sacar a concurso los cosos (que es lo que parece que quiere hacer el alcalde de San Sebastián), España prácticamente se quedaría sin festejos taurinos. Y no sacar a concurso los cosos puede deberse a factores ruines como los del alcalde de San Sebastián o de un contenido mucho más pragmático y respetable (considerar que un Ayuntamiento no está para organizar, promover o amparar ninguna manifestación cultural o festiva). En un escenario de crisis como el actual, una de las actuaciones más coherentes que podrían tener todas las Administraciones sería centrarse exclusivamente en lo que es absolutamente esencial para la convivencia en paz de los ciudadanos (seguridad interior y exterior, justicia, educación, sanidad e infraestructuras), eliminando cualquier intervención en otros ámbitos sociales. En este escenario, la Fiesta sufriría un golpe casi mortal.

Resulta imprescindible, en consecuencia, que los diversos estamento de la Fiesta se planteen si es razonable dejar su subsistencia a lo que quiera promover la Administración, o si, por el contrario, debe crearse una estructura menos frágil en la que la organización de espectáculos taurinos no dependa en modo alguno de la intervención pública. Eso conduce a construir cosos diferentes de los actuales, con diversidad de usos posibles, ingresos recurrentes, etc. Algo que es casi imposible acometer en un escenario económico como el actual, pero que debería empezar a planificarse por si alguna vez saliéramos de esta crisis.

En cuanto a la retransmisión de festejos por TVE es algo en lo que lo asombroso no es la noticia de que van a darse, sino el hecho de que hayamos vivido tantos años sin ellos. En todo caso, a mí, lo que más me ha llamado la atención es lo que he leído no recuerdo muy bien dónde, en donde se afirmaba que la retransmisión se ha hecho posible, entre otros factores, porque los toreros han decidido no cobrar sus derechos de imagen y convertirlos en minutos de información taurina en espacios de información general.

Nada que objetar a la actuación de los diestros, pero he de reconocer que me causa sonrojo que para que haya información taurina en los telediarios, los matadores tengan que renunciar a parte de su remuneración. TVE podrá decidir por razones económicas que no televisa corridas de toros si los matadores piden derechos de imagen, o si el coste de estos es muy alto. Pero aun en este caso, si informara con rigor y objetividad, debería dar cabida en sus informativos a la divulgación e información del segundo espectáculo de masas en España y nuestra manifestación cultural más peculiar y honda. No hacerlo, o hacerlo sólo si los matadores renuncian a sus derechos de imagen, demuestra una visión de lo que es noticia más que cuestionable. ¿Se imagina alguien que se hiciera lo mismo con el fútbol o el cine?

No hay noticia taurina que no demuestre la absoluta falta de organización del sector y su falta de visión a largo plazo. Afortunadamente, cuando vamos a la plaza y una faena nos pone los pelos de punta nos olvidamos de todo lo demás. ¡Que sea por mucho tiempo…!

viernes, 24 de agosto de 2012

Reflexiones de agosto (III)

Dejaba anotado al final de mi anterior entrada la referencia a Vargas Llosa. Creo que muchos de los aficionados que leyeron el diario El País el domingo 12 de agosto debieron llevarse las manos a la cabeza. Mario Vargas Llosa publicaba en las páginas de opinión un artículo, “La ‘barbarie’ taurina” en el que replicaba a Rafael Sánchez Ferlosio que, unos días antes, había publicado en las mismas páginas “Patrimonio de la humanidad”, un ataque a la consideración de la tauromaquia como cultura, descalificando de forma poco elegante a muchos de intelectuales que, a lo largo de la historia, han defendido la Fiesta (desde Ortega y Benlliure hasta Savater y Gómez Pin).


Ataques como estos probablemente haya que dejarlos pasar por la falta de clase de quien escribe de forma tan intencionadamente agresiva, careciendo, además, de una mínima base intelectual para hacerlo. Hay que recordar que a Sánchez Ferlosio no se le recuerda obra alguna de interés después de Alfanhuí, de 1951, o El Jarama, de 1955, lo cual da prueba de su fertilidad intelectual en los últimos sesenta años. Y si bien a los ancianos hay que respetarlos, es evidente que ello no exige reverenciar una inteligencia que tan escasamente se ha prodigado en tiempos recientes.

Pero Don Mario sí entró al trapo y replicó. Haciéndolo probablemente de un modo que consiguió (hete ahí la paradoja) disgustar tanto a los antitaurinos, para quienes se ha convertido en poco más que un apestado, como a muchos aficionados, que probablemente veían en él al intelectual comprometido con la Fiesta de más prestigio internacional. Vargas Llosa tiene no pocas páginas dedicadas a la tauromaquia. Y, afortunadamente, no todas a su defensa, sino que muchas de ellas son las incluidas en sus libros insertando el fenómeno taurino, la asistencia a los toros, como un elemento de normalidad en la vida de sus personajes (recientemente he leído “La tía Julia y el escribidor” y son varios los pasajes en los que esto sucede).

Vargas Llosa ha defendido la Fiesta sin complejos y acude a los toros de vez en cuando, como también lo hacía su primero amigo y luego, al parecer, bstante menos, García Márquez, a quien Joselito brindó en Las Ventas un toro en aquella gloriosa temporada para el de la Guindalera del año 96. Desde luego no es un aficionado de esos que ven cincuenta o sesenta corridas al año, pero es que probablemente eso no sea lo razonable en alguien equilibrado en sus gustos y aficiones culturales. Y lo dice uno que sí ve ese número de festejos al año. Tengo para mí que Vargas Llosa va a los toros porque le apetece, cuando le cuadra, y a divertirse.

Y eso es lo que debió pasarle la tarde de Marbella con Paquirri, el Cordobés y el Fandi. Una tarde que seguro que no hará historia en las revistas taurinas, ni en las crónicas de los periódicos que aun mantienen la sección de toros, ni en los programas taurinos de las televisiones,… No fue en una plaza de renombre, ni con toros de encastes minoritarios, ni con toreros que son una eterna promesa que no acaba nunca de consolidarse, ni perseguidos por el infortunio,… No. Eran los toreros mediáticos. Los proscritos por los aficionados. Los mayores enemigos de las sesudas peñas y tertulias de aquí y de acullá.

Pero vaya usted a saber por qué, Don Mario, que recientemente ha escrito en su agudo ensayo “La civilización del espectáculo” una crítica acerada a la frivolidad y la banalización de la cultura actual, pone como ejemplo de una gran tarde de toros un festejo en Marbella con toros de Salvador Domecq para Paquirri, el Cordobés y el Fandi. ¿No es eso precisamente lo que él critica en su ensayo, en cuya solapa puede leerse que “Este pequeño ensayo no aspira a abultar el elevado número de interpretaciones sobre la cultura contemporánea, sólo a dejar constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía aún por cultura cuando mi generación entró a la escuela o a la universidad y la abigarrada materia que la ha sustituido, una impostura que parece haberse realizado con facilidad, en la aquiescencia general.”? ¿No es eso mismo lo que un festejo como ese supone respecto a la verdadera tauromaquia?

Pues probablemente no. Al menos, no para este Nobel de Literatura que es capaz de apreciar la belleza, la hondura y el rito en tardes de toros como ésta. Que le sirven incluso de inspiración para la defensa intelectual de la Fiesta frente a un viejo novelista. Se ha repetido mucho que el mejor aficionado es aquel a quienes más toreros le caben en la cabeza. Parece que sólo los más inteligentes son capaces de practicarlo de verdad. Los otros, los de las revistas, los programas y los blogs taurinos, excluyen a algunos de la verdadera tauromaquia.

Un motivo más de reflexión.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Reflexiones de agosto (II)

Comentaba en la anterior entrada que el intenso fin de semana de primeros de agosto había resultado rotundo como aficionado, ya fuera en Sevilla, en Huelva o en el Puerto de Santa María. Y que ello se debía a la motivación de los diestros y a la predisposición del público.


Como bien anotaba José María en su comentario, quizá lo más sorprendente, aunque no lo más cantado, fue lo de Sevilla. Ver el primer jueves de agosto la Maestranza casi llena para ver una novillada sin picadores es algo que causa una satisfacción única. Pero comprobar que una gran parte del público es de gente joven, de pandillas que van juntas a divertirse en la plaza, es algo que aumenta aún más la satisfacción. El futuro de la tauromaquia pasa por que las tardes (o noches) de toros sean un elemento más de las alternativas de ocio de la gente. Como siempre ha sido. Algo muy lejano de las extrañas conspiraciones y elucubraciones de los aficionados por inexplicables debates sobre los encastes, el trapío y no sé qué extrañas cuestiones, que si tienen que venir, vendrán. Pero que si hay emoción, por la acometividad del toro y la decisión y el arte del torero, sólo serán relevantes en un circuito muy reducido.

Por lo que me comentaban, los factores que habían propiciado esa gran afluencia de público a la plaza de toros de Sevilla eran muchos. Primero y esencial, unos precios moderados, algo que resulta imprescindible si queremos que los más jóvenes se acerquen al toreo. También es relevante que los festejos se programaran a las diez de la noche, un horario adecuado a la meteorología de esta época en Sevilla, pero que tiene también ventajas añadidas: es el horario propio del ocio de los más jóvenes y no hay entradas de “sol” (una cosa es soportar la dureza de la piedra y otra tener que aguantar que el sol te dé en la testuz). Además, y pese a algunos comportamientos poco edificantes en algunas de las puertas quitando los tapones y cosas por el estilo, se ha favorecido que la gente lleve un pequeño aperitivo y tome algo mientras, sentado en la piedra, ve el espectáculo (y pueda disfrutarlo al precio del supermercado de cerca de su casa, y no a precio de Beach Club, como suele suceder en las plazas de toros, por unas consumiciones bastante alejadas en calidad y comodidad a la que uno disfruta en estos establecimientos). Por último, un novillero, Lama de Góngora, había creado una importante ilusión a los aficionados y el boca a boca había funcionado a la perfección, demostrando que hay mucha más afición que la que nos quieren hacer creer y que la gente va a la plaza si se generan las condiciones convenientes.

Parece que un ejemplo así debería hacer reflexionar a los empresarios de muchas ciudades para plantearse que es posible programar espectáculos donde se cree afición, donde la plaza se llene y donde los toreros más jóvenes puedan ir ganando experiencia. Un elemento básico (tanto por los aficionados como por estos novilleros) para el futuro de la fiesta. Además, podrían incluso ganar dinero (¡supongo que con una entrada superior a la de la mayoría de los festejos de la Feria de Abril, aunque el precio de las entradas sea sensiblemente inferior, la empresa habrá ganado dinero, porque si no hay que replantearse la propia supervivencia de la Fiesta!).

Curiosamente, también en Lisboa el festejo que se celebra cada jueves es nocturno. Y también en esa plaza, el jueves siguiente al de La Maestranza (nunca antes había visto toros en Portugal) el ambiente era festivo, alegre, propio de quien va a una celebración de ocio y no a examinar a los que intervienen o a sentirse parte de los engañados por no sé qué actuaciones de unos y otros. Lo de Lisboa, taurinamente, es muy diferente por razones obvias a los de cualquier plaza de España (ausencia del tercio de varas y de la suerte suprema en el toreo a pie, o el hecho de que los pitones estén enfundados en cuero para el toreo a caballo, de modo que al finalizar la lidia del rejoneador puedan intervenir los forçados). Pero me alegró ver el gran ambiente de la plaza y cómo, desde antes de comenzar el festejo, eran muchos aficionados los que se congregaban en los restaurantes de alrededor, que también intercambiaban su parecer en la amplia zona de los bares interiores en el pequeño descanso de quince minutos en mitad del festejo.

Es evidente que estos dos festejos no son el paradigma de una nueva tauromaquia. Pero creo que sí dan una idea de que la atracción del público (que luego será o no aficionado) pasa por una reinvención de muchos de los estereotipos relativos a la organización taurina: fechas, horarios, comodidad de acceso y aparcamiento, posibilidad de tomar algo a un precio razonable durante el festejo, predisposición favorable hacia los intervinientes en la lidia,…

Todo esto, ya lo decía en la anterior entrada, tiene que ir acompañado por el compromiso de los toreros, por una selección de un toro con más movilidad que el que habitualmente sale por chiqueros y por la seriedad y rigor del festejo en función de lo que tradicionalmente ha sido cada plaza (para lo cual es imprescindible olvidarse de en qué se han convertido en los últimos cuarenta años).

En definitiva, que tal vez haya que olvidarse un tanto de lo que reivindican los aficionados más agrestes y acercarse a los que quieren divertirse en una plaza de toros. Como Vargas Llosa que, para indignación de tanto purista, puso como ejemplo en su reciente defensa de la tauromaquia en el diario El País un festejo al que asistió en Marbella con Paquirri, Fandi y el Cordobés. El típico al que acudirían los de cualquier peña taurina de Madrid o del Norte, vamos. Pero eso, como diría el clásico, es parte de otra historia…

martes, 14 de agosto de 2012

Reflexiones de agosto (I)


En los últimos diez días todas las revistas, portales y blogs taurinos han reseñado de forma prolija lo acontecido en Huelva los días 2 al 5 de agosto, en una feria que muchos recordarán largo tiempo y que a otros (me consta) les ha supuesto el nacimiento a la afición. Viví dos de esos días, los mano a mano de José Tomás-Morante y Juli-Talavante. El día anterior estuve en La Maestranza en la final de las novilladas de promoción y el domingo en El Puerto viendo a Finito, Morante y Perera. El jueves siguiente acudí por primera vez a los toros en Portugal, a la corrida mixta de Lisboa (Campo Pequeño) con Paulo Caetano y Joao Moura Caetano a caballo y Víctor Mendes y Manuel Dias a pie. Cinco festejo en cuatro plazas distintas, con una misma pasión y formas muy variadas de disfrutarla. Más allá de lo acontecido en el ruedo cada tarde, de lo que hay suficiente información, quiero compartir algunas reflexiones que me ha sugerido este periplo.

Una primera evidencia es que los aficionados hablan (hablamos) con insistencia de que la Fiesta se está acabando, parecemos regodearnos en los males que la acechan, y a la vez los festejos taurinos siguen siendo un elemento básico de distracción y entretenimiento de muchos. He visto todas estas tardes caras de felicidad y comentarios exultantes de cientos de espectadores que acudían ese día por primera vez en el año a una plaza de toros, que desconocían el nombre de la ganadería, los componentes de la cuadrilla de cada torero, el número de festejos en los que había intervenido cada matador y los triunfos que había tenido o desaprovechado. Gente, en fin, que sólo iba a pasarlo bien. Y que, con esa predisposición, disfrutó de la tarde.

Cada vez tengo más dudas de cuál es el adecuado equilibrio entre la exigencia del aficionado por la pureza y el ritual y la festiva despreocupación del espectador ocasional. Días antes, en Valencia, en el mano a mano entre Ponce y Morante, salí de la plaza con la sensación de haber visto sólo algunos chispazos de arte de Morante y de la inteligencia, capacidad y técnica de Ponce, pero sin la sensación de haber disfrutado de una gran tarde de toros. Algo muy distinto a lo que sentían la mayoría de los asistentes al festejo. Probablemente quien ha visto muchos toros en directo y en vídeo, quien ha leído en abundancia sobre la Fiesta, tiene la pretensión de vivir en cada corrida hechos memorables, dignos de ser recordados en libros y vídeos. El listón está cada vez más alto y la realidad difícilmente puede alcanzar la excelencia cada tarde.

Por eso, creo que los aficionados haríamos bien en tratar de liberarnos de muchos de los prejuicios acumulados y acudir a la plaza a disfrutar. Como todos esos que acuden por primera vez, que no leen las crónicas de los portales ni de las revistas especializadas, que no saben qué es el Cossío ni pueden responder a la pregunta de qué es un encaste. Tal vez de este modo pudiéramos engarzar nuestra forma actual de ver los toros con el origen de nuestra afición.

Sin embargo, esta “limpieza de corazón” de los aficionados sólo tiene sentido si se ve correspondida con algo que ha estado presente todas estas tardes de agosto: un compromiso y una motivación extraordinaria de los toreros. No comparto la visión de muchos aficionados de que los toreros siempre están tratando de “engañar” al público, de “hacer trampas”, y que por eso hay que ser tremendamente rigurosos y exigentes. Pero de lo que no cabe duda es que el compromiso y la motivación de los toreros varían sustancialmente de una tarde a otra. Por eso, la presencia de José Tomás es, en este momento, absolutamente insustituible. Porque cada tarde que actúa, más allá de su propia verdad, de su compromiso y de su toreo, supone un reto para el resto del escalafón, que en esa misma tarde en esa plaza, en otras tardes en la misma feria o en fechas cercanas en otras plazas quieren hacer la faena de su vida que les iguale o sobrepase al mito.

Vengo defendiendo desde hace tiempo que el futuro de la tauromaquia pasa por una reducción del número de festejos compensada por una mayor certidumbre de que el mismo tendrá interés, ya sea por el éxito artístico de los toreros, por la bravura y nobleza de los toros, o por sentir que los diestros se han dejado en la lidia hasta el último pedazo de su orgullo y su tesón. Algo tremendamente alejado del aburrimiento y la nadería generalizada tantas tarde. San Isidro en Madrid, sin ir más lejos.

Comentaba a la salida del sábado en Huelva con un compañero de avatares gastronómicos y taurinos de ese fin de semana que él, que acudía por primera vez esos días en esta temporada a los toros, en tres tardes (final de las novilladas en Sevilla, José Tomás-Morante y Juli-Talavante) había visto más toreo que el sucedido, agregadamente, en las Fallas, Feria de Abril y San Isidro de este año. Si hay exageración, no es mucha. Y la conclusión es apabullante: o las grandes ferias se reinventan o dejan de tener el más mínimo sentido. Desde luego, no crean afición. Y es más que probable que sólo colaboren a destruirla…

(Continuará)

martes, 29 de mayo de 2012

Muchas cosas en tres días

Estos tres últimos días han sido pródigos en noticias en torno a un San Isidro que ha remontado por momentos.

El domingo por la mañana se presentó en la Sala Cossío el libro "La economía del escalafón" un interesante trabajo del profesor de Economía de la Universidad de Barcelona Vicente Royuela.  Este estudio, en gran medida econométrico, con un aparato estadístico importante, tiene todo el rigor que corresponde a un análisis universitario, pero rezuma también la sabiduría del buen aficionado.  El acto fue presentado por Carlos Abella, Director del Centro de Asuntos Taurinos de la CAM y el autor por Juanma Lamet, periodista económico del diario Expansión y autor del blog "Tauroeconomía".  Una auténtica pena que la sala no tuviera una mayor afluencia de público porque este libro y la interesantísima, rigurosa y amena presentación del profesor Royuela es de las que dan la medida de por dónde debe ir el acercamiento de la tauromaquia al mundo intelectual de nuestros días.  Puede encontrarse un amplio resumen del trabajo y del acto en el siguiente enlace de la web "Taurologia"
http://www.taurologia.com/fiesta-vista-microscopio-social-economico-profesor-1660.htm

Por la tarde, vimos una corrida de Baltasar Ibán con momentos de interés.  El segundo fue un buen toro al que Serafín Marín le hizo una faena correcta, con series importantes y un final muy emocionante, que hubiera tenido premio si no llega a pinchar con la espada.  El tercero también fue un toro al que se podían hacer cosas, aunque fue perdiendo fuelle; Pinar le dio distancia y la faena perdió intensidad.  Espínola no se acopló con el cuarto, un toro con una embestida que pareció dar más posibilidades de las que el mejincano lució.  Los otros toros dieron menos oportunidades en la muleta, aunque en general mantuvieron la emoción.

Ayer la novillada tiene un nombre: Gómez del Pilar. Un chaval que estuvo sensacional en sus dos novillos, con variedad en el toreo de capa, solvencia en la lidia, buena cuadrilla y faenas de muleta macizas.  Una pena que no acertara con la espada en ninguno de los novillos porque una tarde que pudo haber sido de cuatro orejas se quedó en una.  Hubo algún atropello, pero es lo lógico en un novillero.  Lo que más me gustó, y hubo mucho bueno, es que las faenas de muleta tuvieron "estructura", algo que no suele haber prácticamente nunca y que para mí es esencial.  Las faenas comenzaban con un tipo de toreo para centrar al toro y atraer al público, seguían con buenas tandas en redondo por ambas manos y finalizaban con pases de ayuda y vistosos que ayudaban a cuadrar al toro.  Esto, que parece tan elemental, no tiene nada que ver con colocar al toro a tirones para darle derechazos y volver a colocarlo a tirones para cuadrarlo.  Ni con ir dando pases de uno u otro modo según se le vaya ocurriendo al diestro, pero sin sentido ninguno.  Los dos novillos de Guadaira fueron muy buenos, sobre todo el quinto (con el extraño borrón del momento en que decidió rendirse e irse al suelo, aunque cuando lo levantaron siguió embistiendo como si nada).  Alberto Durán y Damián Castaño tuvieron poca suerte con sus lotes y estuvieron decorosos.

Y hoy, los toros de Las Ramblas han sido flojos y descastados, con todos los matices que se quieran.  El Fandi ha demostrado que torea a la verónica cada vez mejor, que sigue teniendo una forma física envidiable aunque la forma de poner banderillas es más atlética que honda y que con la muleta es eficaz, pero no transmite mucho (al menos, con toros como los de hoy y en Madrid).  Perera ha estado muy serio nuevamente, a pesar de que algunos la tienen tomada con él.  La faena al sexto ha sido muy importante, teniendo en cuenta las condiciones del animal..  Lo que no se puede es fallar con la espada.  Y Aparicio ha vuelto a estar impotente, sobrepasado por el toro, temeroso y sin sitio.  Ha recibido una fuerte bronca en el cuarto y empezaban a verse almohadillas en el ruedo cuando hemos visto que el Fandi le quitaba el añadido en presencia de Perera.  Ahí, ha surgido división de opiniones entre los que aplaudíamos la trayectoria del torero y su decisión y los intransigentes que han seguido lanzando de todo al ruedo.  Lo siento, pero por muy mal que esté, a un torero que decide cortarse la coleta no se le puede despedir con almohadillas.  Un respeto a quien, con ese gesto, ha tratado de volver a poner en valor el traje de luces.  Pero la plaza de Las Ventas ha perido mucha de la sabiduría taurina que una vez la caracterizó.

La anécdota ha sido el espontáneo que ha saltado cuando han devuelto al cuarto y que ha sido rápidamente reducido por las cuadrillas sin que pudiera llegar a acercarse al toro.


domingo, 27 de mayo de 2012

Seis días de mayo seis

La Feria de este año, si nada lo remedia los próximos siete días, será recordada como una de las peores de toda la historia.  Si esto es una muestra de cómo está el toreo, ya podemos irnos buscando otras pasiones.  La ausencia total de una estructura en la Fiesta que reflexione sobre ella y potencie sus valores impide que después de un comienzo de temporada tan plano en todas las planas (con excepciones puntuales) se toque a rebato y se pongan los cimientos de otra forma de hacer las cosas.  Hay que mantener la esperanza, pero a veces se hace muy difícil.

Viendo ayer los rejones pensaba en cómo el toreo a caballo ha conseguido evolucionar y conectar con los públicos de un modo cada vez mayor a la vez que va produciéndose una mayor desconexión en el toreo a pie.  Es curioso cómo el público de rejones es más joven, más festivo y más alegre que el del resto de las tardes.  Esto no es sólo porque haya una mayor perfección técnica en los caballeros rejoneadores, porque también los toreros tienen cada vez una técnica mayor.  Lo que ha conseguido Pablo Hermoso (primero) y luego Ventura, Leonardo y los demás es dar espectáculo, conectar con el público, incluso cuando sale una corrida tan mansa y descastada como la de los Espartales de ayer.  Sin duda, lo que a primera vista parece una victoria, resulta una tragedia si se analiza con un poco de sosiego.

Una de las corridas estrellas de la Feria, la del miércoles 23, resulto un fiasco.  Por la mañana, Juan Pedro (hijo) había estado descubriendo una placa en el patio de desolladero en recuerdo de la corrida más brava del pasado San Isidro.  Los hermanos pequeños de aquellos toros dieron, sin embargo, un resultado pésimo.  Frente a ello, a Juan Pablo Sánchez se le vio decidido, aunque verde.  Talavante dio muestras una vez más de su buen momento y su compromiso, aunque sólo pudo estar lucido en momentos puntuales.  Y Morante dejó muy escasos apuntes en sus toros y un buen quite en el sexto.  Lo de la bronca que, al parecer, originó Fernando Lozano por ese quite no es de recibo.  Si tiene que haber piques o broncas es entre los toreros, nunca de alguien vestido de calle con alguien que se ha jugado la vida (con mayor o peor acierto) delante de los que salen por la puerta de chiqueros.

Lo del lunes había sido demencial.  No es de recibo una corrida de tres horas, con tres toros devueltos y en la que al final se lidiaron toros de cinco ganaderías.  ¡Una vergüenza!  Pese a ello, pudimos disfrutar de un grandioso tercio de varas del mejicano Ignacio Meléndez.  A pesar de que fue derribado en uno de los encuentros, la ejecución de la suerte fue sensacional.  Morenito de Aranda cortó una oreja por una faena en la que dejó detalles de toreo caro, aunque faltó rotundidad.  Es un torero que tiene un concepto sensacional y que tiene que romper, pero para ello tiene que salir un toro que tenga bravura, nobleza y continuidad.

La corrida de Alcurrucén del martes ha sido, hasta el momento, la mejor. Con al menos tres toros que dieron opciones.  El Cid puso voluntad y dio alguna serie de calidad, pero se le vio desacoplado en la mayor parte de la faena.  Todos los toreros tienen baches; esperemos que se le pase.  No es de recibo lo de algunos sinvergüenzas del público con Perera, que tuvo una actuación tremendamente seria.  En la puerta grande de cada plaza de toros deberían poner (como en la Academia de Platón) que no entrara en ese templo quien no supiera geometría.  Porque a poca geometría que sepa uno, tiene que ser consciente de que no puede estar colocado en el mismo sitio en el primer pase que en el tercero, como le pedían al de la Puebla del Prior.  La heroicidad de los toreros está probada por el mero hecho de hacer el paseillo, pero tener que soportar luego a estos individuos y sobreponerse a ellos para seguir concentrado y tratar de hacer faena es, al fin, de seres superdotados.  Fandiño estuvo bien, valeroso y toreando con gusto al tercero.

Los cuvillos del jueves decepcionaron.  Y la gente salía preocupada no sólo por eso, sino porque en Sevilla tampoco habían acabado de romper.  Y todo el mundo tiene en mente la tarde del día 6, con Morante, Manzanares y Talavante.  ¡A ver si han reservado para ese día lo mejor de la camada...!  Luque y Silveti quedaron inéditos y Castella, que reaparecía después de la cornada de la semana anterior, estuvo muy serio y toreando al cuarto con calidad, tanto en el toreo profundo como en el de cercanías.

Era extraño verse un viernes en una novillada.  No sé si era por no sé qué partido, pero no se notaba la rotundidad que suele haber al final de la semana en los aledaños de la plaza.  A la plaza salieron auténticos toracos.  No es de recibo que le suelten esos bichos a los chavales.  Les sobraban más de cien kilos a cada uno y les faltaba remate.  Así no hay manera.  Los novilleron demostraron ganas y falta de oficio a partes casi iguales.  Todos recibieron golpes y volteretas y casi siempre por culpa suya.  Sergio Flores estuvo muy entregado toda la tarde, pero transmitía muy poco lo que hacía.  Javier Jiménez dejó detalles sueltos, pero le faltó dar un paso más.  Y Fernando Adrián sorteó un mal tercer novillo con el que (acertadamente) abrevió y un encastado sexto con el que creo que pudo estar algo mejor.

Y así se nos fue la semana.  Veremos cómo acaba la semana "torista" con la incursión, para suavizar, de los toros de Las Ramblas.

PD: Interesante la entrevista a Emilio Múñoz en el ABC.  Grandes reflexiones sobre las líneas rectas y curvas.  Lo dicho, que hay que saber geometría...

 http://www.abcdesevilla.es/20120527/cultura-toros/sevi-ultimo-torero-belmontiano-201205262148.html


lunes, 21 de mayo de 2012

Hasta el momento

Llevamos 11 festejos de San Isidro (casi la mitad) y es para hacérselo mirar.  No ha habido ni un triunfo rotundo, ni una tarde completa, ni un encierro entero con interés,...  Ha habido detalles, momentos, gestos y gestas.  Pero eso no es bastante con casi setenta toros lidiados.  No podemos conformarnos con eso.  No es razonable.  Ni, desde luego, es lo que se debe ofrecer desde "la primera plaza del mundo" es una situación de la Fiesta como la que estamos viviendo.  Es verdad que en Jerez y en Valladolid, es un poner, no salen los toros como en Madrid; pero ven torear.  ¿Lo conseguiremos aquí?

Una breve lista de apresuradas reflexiones:

1.-  Aparicio no está para torear. Lo evidenció el día del patrón.  No quisiéramos verle así el día 29.  Si no está, lo mejor es que no venga.

2.-  El Payo tampoco está.  La imagen que dio el día19 fue patética.

3.- Me gustó Matías Tejela, pero le falta dar un paso.  Creérselo, querer ser figura. Como Eduardo Gallo, que ha mejorado mucho pero no rompe con rotundidad.  Ser torero tiene sentido si es para ser un figurón y eso exige dejarse todo en la plaza.  Apostar por ganar la gloria a riesgo de la enfermería.  Hay muy pocos toreros que hoy tengan esta disposición.

4.-  Castella demostró orgullo y pundonor.  La cogida fue espeluznante en la plaza.  Y no podíamos creer que no fuera a la enfermería hasta acabar de lidiar al cuarto.  Podrá gustar más o menos su toreo, pero ha demostrado su dignidad de figura.

5.- No es admisible el comportamiento del siete y sus corifeos con algunos toreros.  Fueron a reventar a Manzanares.  Es una vergüenza y un problema de orden público.  A los alborotadores hay que llevarles al cuartelillo.  Uno puede ¡faltaría más! expresar su opinión.  Pero no reventar a un torero.  Hubo momentos magníficos del torero de Manzanares y faltó ajuste al natural.  La faena al quinto fue de una seriedad total.

6.- Una corrida como la de ayer no debió darse.  No es de recibo tener que soportar una lluvia intensa e incesante durante tres toros.  Si se quiere seriamente que la Tauromaquia sea considerada como evento cultural del siglo XXI la comodidad en la plaza y el respeto a los espectadores debe ser equivalente al que se le da en cualquier otro evento cultural.

7.-  Lo que está pasando en los corrales es de vergüenza.  No puede ser que de once tardes en tres se haya cambiado la corrida titular (ofuscándose el ganadero en mantener dos de sus toros en una de ellas). Los toros hay que verlos en el campo y sólo rechazarlos en la plaza si después de haberlos visto allí han sufrido algún accidente o situación de fuerza mayor que les haya hecho perder su aptitud para la lidia.

8.  Hay que volver a un toro con más movilidad.  Eso exige un compromiso de los toreros (y, sobre todo, de las figuras) de torear toros con más picante.  Pero también olvidarse de los mostrencos que salen por toriles.  Los toros deberían pesar entre 470 y 520 kilos.  Nunca más.

9. El Fundi es un torero que se merece todo el respecto de la afición.  Pero no parece sensato darle una ovación porque le hayan tocado los tres avisos sin ser capaz de matar al toro.  El cariño y el reconocimiento no están reñidos con lo que debe ser una razonable exigencia en una plaza como Las Ventas.

10. Insultante también que la banda (o charanga) tocara cuando el toro devuelto estaba aun en la plaza.  Eso no es motivo de fiesta o celebración, señores.  Y tampoco es comparable a la devolución de un toro por cojo.

12. Muy interesante la selección de invitados a las tertulias de después de los festejos en el espacio del Arte y la Cultura.  Sobre todo porque son gente de diferentes ámbitos profesionales y culturales y se salen de los cuatro de siempre, dando una imagen más fresca y renovada de cómo la gente del común (pero con capacidad y criterio) se acercan con naturalidad al mundo de los toros.

viernes, 11 de mayo de 2012

En tardes así... (Las Ventas, 10 de mayo de 2012)

La corrida con la que dio inicio San Isidro fue mala de solemnidad.  Los toros fueron absolutamente descastados, con un punto (o varios) de mansedumbre.

Frente a estos animales no se puede pretender el lucimiento y Abellán, Leandro y Nazaré recogieron seis significativos silencios al despachar a cada uno de sus toros.

Dicho lo cual, uno esperaría que en tardes así al menos la lidia se hiciera con cierto criterio.  Creo que la mayoría de los toros se lidiaron muy mal.  Tanto al recibirlos de capote, como en los tercios de varas (desastrosos), banderillas (aunque hubo algún par bueno) e incluso con la muleta.

Vayamos por partes.  Con el capote, sería conveniente tratar de parar al toro antes de querer lancearlo de forma lucida.  Y esto debería hacerlo un peón.  Si no es así, porque el público no lo admite (o porque los toreros creen que el público no lo admite, o porque el Sindicato de Banderilleros le ha dicho a sus asociados que eso no forma parte de sus obligaciones según el Convenio...) el propio matador cuando recibe al toro debe fijarlo primero y bregarlo antes de tratar de ir corriendo entre verónica deslucida y verónica deslucida.  Y cuando haya finalizado o se haya aburrido, debe tratar de dejarlo fijado en algún lado de la plaza que no entorpezca la salida de los caballos y la colocación de estos para el tercio de varas.

Sé que con toros mansos y correosos no es fácil hacer las cosas bien, pero lo de los tercios de varas de ayer fue un sainete.  ¿A cuántos toros se les picó con el caballo colocado en su sitio?  En muchos casos, como el toro estaba corriendo por la plaza, se encontró con uno o dos caballos (más no había) y le dieron puyazos o refilones allá donde cayó la puya.  Creo que el caballo de picar debería salir al ruedo por la Puerta Grande.  Hay muchas razones para ello, aunque haya mezquinos (gritones, que no influyentes) que se siguen oponiendo a ello.  Pero mientras sigan saliendo por la puerta contraria y tengan que darse media vuelta al ruedo para llegar a su sitio hay que tratar de que el toro no interfiera en ese paseo.

En banderillas el asunto mejoró algo, porque algo vimos, pero el asunto fue también notablemente irregular.

Y con la muleta pasa algo parecido a lo del capote.  ¿A qué viene que a un toro al que no se ha fijado en el capote, que se le ha picado de cualquier modo y que ni siquiera en banderillas ha fijado su atención el matador comience su faena colocándose ceremoniosamente para citarlo en redondo?  Pasa lo que tiene que pasar, que el toro va, el torero acompaña la embestida hasta donde puede y como el toro sigue corriendo, allá que va el matador a volver a colocarse para volver a hacer lo mismo.  Me gustan las series de derechazos y naturales.  Es la base del toreo actual.  Pero, ¡joder! la lidia tiene sus resortes y al toro se le puede torear por bajo, cambiarle los terrenos, llevarle en una distancia o en otra, no quitarle la muleta de la cara para tratar de evitar que salga suelto al final del muletazo...

La tarde de ayer no hubiera sido lucida de ningún modo.  Los toros no lo permitían.  Pero si todos los que estaban vestidos de luces hubieran querido (y sabido) hacerlo todo bien, perfecto, buscando la excelencia, la tarde hubiera sido distinta.  Hubiera habido toros que se habrían ido sueltos, otros a los que se habría toreado cerca de toriles, hubieran salido sueltos de la suerte de varas o hubiera habido que mover al caballo a otros lugares de la plaza,...  Pero la tarde hubiera tenido su ritual.  La lidia, su sitio.  Y eso es lo que justifica, incluso en tardes como esta, la Fiesta.  Y cuando no lo hay, uno sale aburrido.  Y molesto.

jueves, 10 de mayo de 2012

Preludio de San Isidro

Esta tarde comienza San Isidro, con la ilusión de cada año y con unos diez grados más de los habituales por estas fechas.

Han sucedido muchas cosas en los últimos meses y por diversas razones no hemos podido glosarlas como hubiéramos querido (como, me temo, no podremos actualizar diariamente el blog estos días, como querríamos, aunque se hará lo posible por no dejar tanto espacio como últimamente).

Por lo visto personalmente este año hasta el momento en Valdemorillo (2 tardes), Valencia (1), Sevilla (4, Miura incluida) y Las Ventas (2) la temporada va a resultar dura en los despachos y abierta en el ruedo.

Para casi cualquier festejo, sea en la plaza que sea, hay más papel que nunca.  Con una cierta antelación se puede comprar cualquier entrada por lo legal.  En la reventa este año te hacen promociones de dos por una y te regalan la almohadilla y la merienda si les quitas algo de papel.  Lo de los abonos en Sevilla y en Madrid ha sido significativo.  Aunque al final, las combinaciones de Morante, Manzanares, Talavante,... siguen despertando la misma expectación.

Mención aparte merece el Juli, al que tenemos unas ganas enormes de volver a ver después de que se haya quedado fuera (a mi entender, injustamente) de las principales ferias del comienzo de temporada.  Y esperando la noticia de la vuelta de José Tomás, con rumores cada vez más extraños sobre la temporada que puede querer hacer.

A partir de aquí, David Mora y Fandiño siguen apareciendo como las nuevas figuras. Y aunque en Sevilla han evidenciado ganas y sitio, les falta un punto de rotundidad para arrastrar a la gente.

Por lo demás, una temporada como ésta, con muchos menos festejos, debería ser un acicate para que los toreros de la parte media del escalafón demostraran su ambición sin límite.  Cosa que no sucede del todo.  Tuve esa sensación el pasado domingo en Las Ventas.  Sin duda, Gallo estuvo bien, Salvador Vega mejorable (con un gran recibo de capote rodilla en tierra) y Oliva Soto no tuvo la suerte que sus compañeros en el sorteo.  Pero ninguno de ellos tuvo el empuje de jabatos que se espera del que quiere reventar la temporada.  Y hubo toros que hubieran permitido ponerse en figura para siempre.  Esa disposición, ese hambre (de la de verdad o de la Gloria) es la que uno echa en falta.  Menos "profesionales" y más "genios", que son los que justifican esta pasión.

En cuanto a San Isidro, los carteles son, a gusto del consumidor, "mejorables" o "abiertos".  Hay ausencias que deberían haberse solucionado y toreros que querríamos que hubieran venido más tardes (ellos, parece que no).  Pero en general, lo que está anunciado es lo que hay.  De su disposición y de los toros que les toquen en suerte (además del viento) dependerá.

Last but not least, creo que es importantísimo lo que han hecho tanto la empresa como la Comunidad en el aspecto cultural y de difusión.  Sin duda, cada uno cambiaríamos alguna cosa y modificaríamos (también aquí) alguno de los "carteles", pero el esfuerzo y los resultados son ejemplares.  Se ha conseguido que los toros sean noticia en los informativos desde antes de San Isidro y por intervenciones de personajes culturales de renombre.  También esto tiene que rodarse e ir ajustando, pero es una iniciativa grandiosa que cambiará el acercamiento de muchos a los toros y a la plaza (veremos cómo funciona ese "espacio" que ha montado la empresa después de las corridas).  Con tiempo, le dedicaremos un lugar más amplio a este empeño en el que Carlos Abella por un lado y Simón Casas por otro han tenido tanto que ver. 

¡Que Dios reparta suerte!

domingo, 26 de febrero de 2012

Adieu Séville, au revoir

Carteles vulgares y sin interés, probable ganadería de saldo, ausencias injustificadas, recorte de novilladas, supresión de la corrida del Corpus: el horizonte de la temporada en Sevilla es absolutamente decepcionante, habrá, no cabe duda, un antes y un después. Hubiera convenido reducir más los festejos e incluir más figuras, lo propio para una economía precaria; pero la avaricia de la última hora ha lanzado a todos, al G10, a los empresarios y a los ganaderos a una desquiciada guerra civil.

He decidido darme de baja del abono.

Iré, claro, algunas tardes, más por melancolía que por esperanza.

Descansa en paz, Maestranza.




Plaza de la Maestranza, como los señores maestrantes no ignoran en 1786, ante la eventual prohibición de las corridas de toros, se dio por concluida, aunque faltaba parte del graderío. Tres años más tarde, como los señores maestrantes no deberían ignorar, empezó la Revolución.



Imagen de la Canina más deseperanzada que nunca la tarde del Sábado Santo porque ninguna ilusión le aguarda mañana en los toros

miércoles, 15 de febrero de 2012

De locos

Lo que estamos viviendo este comienzo de temporada taurino es realmente de locos. Uno a veces tiene la sensación de que hay una lucha encarnizada por ver quiénes se quedan con los restos del sembrao, aunque sea restos cada vez más escasos y aunque con ello se esquilme la tierra para siempre.

Desde un punto de vista empresarial, económico, todos tienen sus razones y todos están haciendo algo rematadamente mal. Pero lo más grave es que no hay nadie que esté anteponiendo los intereses de la Fiesta. Lo cual es perfectamente entendible cuando no hay una estructura independiente, cuyos ingresos no dependan de lo que suceda este año, o el que viene, que tenga la defensa de la tauromaquia, su organización, como objetivo único. Es evidente que la Mesa del Toro ha fracasado en este objetivo, como no podía ser de otra manera teniendo en cuenta sus mimbres.

Vayamos por partes.

El hecho de que los toreros quieran defender sus derechos de imagen es lícito y lógico. Lo que es absurdo es que no lo hayan hecho hasta ahora. Que además quieran utilizar esta negociación para reivindicar una mayor presencia en los medios generalistas y dar facilidades para la vuelta de los toros a TVE es algo encomiable. Pero lo que no tiene sentido es que se haga de forma agrupada (es decir, con un monopolio de oferta), secreta o sigilosamente, de forma precipitada y sin atender a los compromisos previos de los empresarios. Es decir, que si los toreros dijeran que quieren negociar individualmente los derechos de imagen (como en su día hicieron Joselito o JT), sería magnífico. Y si lo hicieran muchos, negociando cada uno lo que pueda negociar en función de su fuerza en las taquillas, en los despachos y en el ruedo, sería aun mejor. Y si además se dijera (como sucede en otros ámbitos de relevancia pública) qué pide y qué ofrece cada uno, sería extraordinario. De esa forma, los empresarios, que tienen compromisos asumidos con los propietarios de las plazas y con las cadenas de TV, sabrían hasta dónde pueden llegar con cada uno, para tratar de que en las ferias estén los mejores, que es de lo que se trata. Sin duda, una aspiración legítima la de los toreros, que se ha ejecutado mal y a destiempo con un indudable perjuicio para muchos de ellos, para los aficionados y para la tauromaquia. ¡Mal vamos!

Lo de los empresarios es algo parecido. Ya decidieron en Francia ponerse de acuerdo en el modo de enfocar las negociaciones, y lo proclamaron públicamente con asombro de quienes creíamos que en toda la Unión Europea había normas que prohibían al menos ciertos acuerdos de precios entre competidores... En España, el concurso de Las Ventas ha demostrado que cabe la unión de perfiles muy distintos para asegurar una cierta rentabilidad (aun no han salido los carteles y, por tanto, no sabemos si el ahorro del canon repercutirá en una mejora sustancial de la calidad del conjunto de la temporada). Y existe la sospecha (de momento solo eso) que hay cierto ambiente proclive a "castigar" a quienes se consideran líderes de este movimiento: El Juli y Perera. Lo de los carteles de Sevilla será todo un ejemplo: si no se contrata al Juli después de las dos últimas temporadas que ha hecho en el coso del Baratillo es para que el Domingo de Resurrección, cuando el empresario llegue a su burladero del callejón, se escuche la pitada más grande que se recuerda a orillas del Guadalquivir. Me gustaría que todo esto fueran sólo culebrones de invierno, pero sabiendo cómo se las gastan algunos no descartaría que se castigaran ellos y castigaran a su público sólo porque nadie les plante frente. Los empresarios tienen razón para quejarse porque se les traten de cambiar por parte de los toreros las reglas del juego de forma sorpresiva y sin tiempo para reaccionar. Pero eso no justifica en modo alguno las represalias a los toreros. La forma de actuar debía ser exactamente la contraria: trasparencia e información diaria y real. Para que cada cual quedara retratada y para que los números no fueran un ejercicio de adivinación, sino algo de la aritmética más elemental.

Luego están los ganaderos, que tienen organizada una en la principal asociación de los suyo, que da realmente pena. Con la disminución de festejos y la ruina en la que se encuentran muchas explotaciones uno entiende casi todo, pero ellos son una parte esencial de este asunto y la absoluta falta de casta de lo que sale por toriles es tan preocupante que ya podían echarle horas a esos y tratar de ponerse de acuerdo en poco tiempo en cosas secundarias.

Y las Administraciones, que en épocas de carencia tratan de exprimir lo que se puede en los Pliegos, manteniendo cánones altos para quien quiera gestionar plazas a las que cada vez va menos gente, en vez de considerarlas una actividad cultural y primar otras variables. Por no aludir al comportamientos de otras administraciones (caso del Ayuntamiento de San Sebastián) que defiende que hay que reconvertir la plaza para otros usos... Probablemente el sector debiera tomar conciencia de que no es sensato mantener una situación en la que, con contadas excepciones, la posibilidad de dar festejos depende de que las administraciones quieran (porque ellas son las propietarias de los cosos y ellas son las que los sacarán o no a concurso, y en las condiciones que decida). No es sensato que no haya más plazas privadas con sistemas de gestión y fórmulas de obtención de ingresos más modernas.

Lo de los aficionados es también para anotarlo. A poco que uno lea blogs, siga asociaciones y tertulias, o escuche comentarios de quienes llaman a programas de radio, se queda estupefacto de cómo la mayoría de los habituales son, o bien integristas de un tipo de toros al que no se recuerda se haya hecho una faena artística en los últimos veinte años (y ya me dirán con eso, cómo vamos a conseguir aficionados nuevos, de los que hacen falta), o bien perfectos iletrados que sólo creen en teorías conspiranoicas de todos los que están en este negocio contra los pobres paganos que pasamos por taquilla.

Lo de los periodistas, tal y como está la profesión, tal vez se les deba perdonar. Como hay un miedo atroz al paro y a la falta de publicidad (la única que existe, que es la del propio sector taurino) no hay periodismo de altura, ni de investigación, ni riguroso. Más allá de que a uno puedan gustarle cierta publicaciones, espacios de otras y algunas retransmisiones o programas de radio, echa de menos lo que debería ser otro modo serio, plural, incisivo y culto de enfocar las cuestiones.

En este lodazal, por primera vez un Ministro de Cultura decide que hay que proteger y favorecer la Tauromaquia. Pero si uno se pone en su piel, ¿con quién lo hace?, ¿a quién le pide ayuda?, ¿quién puede proporcionar una visión desinteresada, abierta e integradora? ¿Los toreros que no quieren que se sepa lo que están pidiendo?, ¿los empresarios que excluyen a los toreros triunfadores de sus ferias?, ¿los ganaderos que durante casi un año son incapaces de nombrar alguien que les represente?, ¿los aficionados que reivindican el toro del siglo XIX y creen que todo es fraude y engaño?, ¿los periodistas que están sólo para no molestar?,...

Menos mal que luego, con el calor, salta el toro al ruedo, hay alguno que embiste, un torero al que el duende le atrapa, se obra el milagro y no podemos dejar de volver a la plaza. Pero alguien debería ver que cada vez somos menos, que la crisis viene muy dura y cada vez menos gente está dispuesta a gastarse mucho dinero en plazas incómodas para ver, la mayoría de las veces, espectáculos sin emoción. Hay mucho que hacer en la comodidad de las plazas, en que haya menos festejos pero de más calidad, en una mayor difusión y conocimiento de la tauromaquia.

Mucho que hacer, sin una estructura que tenga esto, y no otra cosa, como objetivo. Probablemente a quienes tienen que ganarse el pan con profesiones vinculadas al toro no se les puede pedir que atiendan mucho más allá de sus propios intereses. Pero si es así, al menos deberían favorecer que hubiera instituciones que sí velaran por el futuro de la tauromaquia.

Porque nos va mucho en ello.