miércoles, 22 de agosto de 2012

Reflexiones de agosto (II)

Comentaba en la anterior entrada que el intenso fin de semana de primeros de agosto había resultado rotundo como aficionado, ya fuera en Sevilla, en Huelva o en el Puerto de Santa María. Y que ello se debía a la motivación de los diestros y a la predisposición del público.


Como bien anotaba José María en su comentario, quizá lo más sorprendente, aunque no lo más cantado, fue lo de Sevilla. Ver el primer jueves de agosto la Maestranza casi llena para ver una novillada sin picadores es algo que causa una satisfacción única. Pero comprobar que una gran parte del público es de gente joven, de pandillas que van juntas a divertirse en la plaza, es algo que aumenta aún más la satisfacción. El futuro de la tauromaquia pasa por que las tardes (o noches) de toros sean un elemento más de las alternativas de ocio de la gente. Como siempre ha sido. Algo muy lejano de las extrañas conspiraciones y elucubraciones de los aficionados por inexplicables debates sobre los encastes, el trapío y no sé qué extrañas cuestiones, que si tienen que venir, vendrán. Pero que si hay emoción, por la acometividad del toro y la decisión y el arte del torero, sólo serán relevantes en un circuito muy reducido.

Por lo que me comentaban, los factores que habían propiciado esa gran afluencia de público a la plaza de toros de Sevilla eran muchos. Primero y esencial, unos precios moderados, algo que resulta imprescindible si queremos que los más jóvenes se acerquen al toreo. También es relevante que los festejos se programaran a las diez de la noche, un horario adecuado a la meteorología de esta época en Sevilla, pero que tiene también ventajas añadidas: es el horario propio del ocio de los más jóvenes y no hay entradas de “sol” (una cosa es soportar la dureza de la piedra y otra tener que aguantar que el sol te dé en la testuz). Además, y pese a algunos comportamientos poco edificantes en algunas de las puertas quitando los tapones y cosas por el estilo, se ha favorecido que la gente lleve un pequeño aperitivo y tome algo mientras, sentado en la piedra, ve el espectáculo (y pueda disfrutarlo al precio del supermercado de cerca de su casa, y no a precio de Beach Club, como suele suceder en las plazas de toros, por unas consumiciones bastante alejadas en calidad y comodidad a la que uno disfruta en estos establecimientos). Por último, un novillero, Lama de Góngora, había creado una importante ilusión a los aficionados y el boca a boca había funcionado a la perfección, demostrando que hay mucha más afición que la que nos quieren hacer creer y que la gente va a la plaza si se generan las condiciones convenientes.

Parece que un ejemplo así debería hacer reflexionar a los empresarios de muchas ciudades para plantearse que es posible programar espectáculos donde se cree afición, donde la plaza se llene y donde los toreros más jóvenes puedan ir ganando experiencia. Un elemento básico (tanto por los aficionados como por estos novilleros) para el futuro de la fiesta. Además, podrían incluso ganar dinero (¡supongo que con una entrada superior a la de la mayoría de los festejos de la Feria de Abril, aunque el precio de las entradas sea sensiblemente inferior, la empresa habrá ganado dinero, porque si no hay que replantearse la propia supervivencia de la Fiesta!).

Curiosamente, también en Lisboa el festejo que se celebra cada jueves es nocturno. Y también en esa plaza, el jueves siguiente al de La Maestranza (nunca antes había visto toros en Portugal) el ambiente era festivo, alegre, propio de quien va a una celebración de ocio y no a examinar a los que intervienen o a sentirse parte de los engañados por no sé qué actuaciones de unos y otros. Lo de Lisboa, taurinamente, es muy diferente por razones obvias a los de cualquier plaza de España (ausencia del tercio de varas y de la suerte suprema en el toreo a pie, o el hecho de que los pitones estén enfundados en cuero para el toreo a caballo, de modo que al finalizar la lidia del rejoneador puedan intervenir los forçados). Pero me alegró ver el gran ambiente de la plaza y cómo, desde antes de comenzar el festejo, eran muchos aficionados los que se congregaban en los restaurantes de alrededor, que también intercambiaban su parecer en la amplia zona de los bares interiores en el pequeño descanso de quince minutos en mitad del festejo.

Es evidente que estos dos festejos no son el paradigma de una nueva tauromaquia. Pero creo que sí dan una idea de que la atracción del público (que luego será o no aficionado) pasa por una reinvención de muchos de los estereotipos relativos a la organización taurina: fechas, horarios, comodidad de acceso y aparcamiento, posibilidad de tomar algo a un precio razonable durante el festejo, predisposición favorable hacia los intervinientes en la lidia,…

Todo esto, ya lo decía en la anterior entrada, tiene que ir acompañado por el compromiso de los toreros, por una selección de un toro con más movilidad que el que habitualmente sale por chiqueros y por la seriedad y rigor del festejo en función de lo que tradicionalmente ha sido cada plaza (para lo cual es imprescindible olvidarse de en qué se han convertido en los últimos cuarenta años).

En definitiva, que tal vez haya que olvidarse un tanto de lo que reivindican los aficionados más agrestes y acercarse a los que quieren divertirse en una plaza de toros. Como Vargas Llosa que, para indignación de tanto purista, puso como ejemplo en su reciente defensa de la tauromaquia en el diario El País un festejo al que asistió en Marbella con Paquirri, Fandi y el Cordobés. El típico al que acudirían los de cualquier peña taurina de Madrid o del Norte, vamos. Pero eso, como diría el clásico, es parte de otra historia…

3 comentarios:

José María JURADO dijo...

La novillada nocturna de Sevilla ha señalado un camino que, por desgracia, la empresa no quiere ver y, cuando quiera, será ya muy tarde.

Fenomenal análisis.

¿Se notaba en los toros de Lisboa el rescate del país?

Por tomar nota.

(Esperamos tu reflexión sobre el IVA)

franmmartin dijo...

Señor,para intentar tener razón no es necesario desautorizar a otros que piensen de otra manera.Creo que esas ansias por convertir los toros en algo muy divertido, nos ha llevado a esta pre-desaparición de los Toros con la que tanto disfrutan algunos.
Gracias por su hospitalidad.

Lorenzo Clemente dijo...

Muchas gracias por el comentario.
No he tratado de desautorizar a otros, sino de exponer mi propio punto de vista y manifestar que creo que otras forma de reivindicar la tauromaquia conducen a efectos nada positivos. Un debate que creo que habrá que tener alguna vez en serio entre los aficionados y los diversos estamentos de la Fiesta si queremos que ésta perviva. A mi juicio, la diversión es un elemento básico, porque difícilmente va a conseguirse llenar una plaza con gente que no disfrute de lo que vea en el ruedo.
En todo caso, nuevamente, muchas gracias por el comentario.