domingo, 1 de julio de 2018

La importancia de José Tomás (Algeciras, 29 de julio de 2018)

Haber podido estar la tarde del viernes en Algeciras ha sido (personalmente) muy importante. Incluso más allá de lo que sucediera en el ruedo, hay historias de lucha y esperanza que merecen mucho la pena. Y hay quienes acompañan desde la generosidad de un modo impagable.

Pero después de todo, íbamos a ver una corrida de toros. Como cuando de niños perseguíamos al Niño de la Capea, a Julio Robles, a Paquirri, a Esplá o a Espartaco cuando bajaban las escaleras del hotel camino del coso de la Era de los Mártires.

En Algeciras eran José Tomás y Perera. A decir verdad, era José Tomás, que había decidido volver en Algeciras y hacerlo mano a mano con Perera. Porque si hay algo que caracteriza a José Tomás, y que admiran y odian por partes iguales sus acérrimos partidarios y sus detractores es la capacidad de elegir dónde torea, qué toros lidia, con quién comparte cartel y cuánto cobra por hacerlo. Otros lo han soñado, pero de los que lo han intentado él ha sido el único que lo ha podido llevar a cabo. Y eso enerva visceralmente a muchos, a casi todos los mediocres que inundan los callejones de las plazas de toros.

De lo que sucedió en el ruedo han tenido ustedes noticia cabal. Si no, lean El Mundo, Cuadernos de Tauromaquia, ABC, Taurología, La Razón, La Vanguardia, El País,... Y busquen las imágenes, que las hay en abundancia.

No tiene sentido glosar aquí cada uno de los lances de José Tomás, cada serie de pases de muleta,... La importancia de José Tomás supera la descripción detallada de sus faenas. José Tomás impresiona por el rito. Por el supremo respeto al hecho de vestirse de torero. Por cómo hace cada una las cosas cuando está en el ruedo.

El viernes toreó de forma sublime con capote y muleta. Con una variedad infinita (recuerdo aquí aquellas palabras de Vidal glosando la faena de Curro Romero a Soneto una Feria de Otoño: "ha dado más variedad de pases en cuatro minutos que el resto del escalafón en toda la temporada"). Y lo hizo todo con una cadencia, una templanza y una naturalidad escalofriantes.

Los toros no acompañaron. Y aun así, su maestría se sobrepuso.

Que muchos de quienes estábamos en la plaza íbamos a verle triunfar... ¡Por supuesto! Que eso nos hizo engrandecer fases menores ¡Para nada!

Como tampoco nos hizo disfrutar menos del inmenso toreo de Perera (indulto aparte). Que tuvo en la de Algeciras una de sus tardes más importantes. Como reivindicación de una forma de entender la profesión tan dura como gratificante (esa independencia junto a Cepeda). Y por un toreo que, más allá de las cercanías, nos recordó al de su año de explosión en figura, engrandecido por un poso de sabiduría que sólo dan los años.

Perera toreó extraordinariamente bien. Espoleado por José Tomás, que no sólo llena incluso las tardes que no torea en las ferias en las que se anuncia sino que saca lo mejor de sus compañeros cuando se anuncian con él.

A quienes dicen que José Tomás debía competir en más ferias y con todos los toreros debería recordársele que José Tomás ha toreado con todas las figuras actuales del escalafón. Y que todos ellos han sacado lo mejor de ellos mismos la tarde en la que se anunciaron con el de Galapagar. Que alguno de ellos intente hacer lo mismo en número festejos, en elección de compañeros, en imposición del caché,... Y veremos qué sucede.

José Tomás es fundamental en estos años porque reivindica la pureza del rito, la naturalidad como esencia del toreo, la variedad, la improvisación y la creación de nuevos pases (o la reinterpretación de otros). Además de exhibir su profunda libertad dentro y fuera del ruedo. Pero también es fundamental porque exige lo mejor de quienes se anuncian con él.

Ha conseguido que cada tarde que se anuncia sea un acontecimiento. Un acontecimiento que trataremos de no perdernos mientras podamos.



domingo, 29 de abril de 2018

En un colegio de Triana

Sucede en un mes de abril en un colegio público de Sevilla, de Triana por ser más precisos. La semana siguiente a la Feria. Es una clase de chavales de nueve y diez años. La profesora, antitaurina confesa, está adiestrando a los niños en los rudimentos del debate, de los argumentos, de la exposición de un punto de vista,... Una clase de lengua, en fin.

Son más de veinte "chicos y chicas" y les propone hablar de por qué hay que matar a los toros en una plaza. Todos defienden que no está bien. Todos menos una niña, que argumenta, frente a todos sus compañeros, que a ella le gustan los toros, que es mejor que maten a los toros en la plaza que en un matadero o que si se espera a que se mueran enfermos y su carne no pueda utilizarse, a ver cómo vamos a comer carne. Y que, además, a veces, cuando el toro es muy bueno, se le indulta, "como el de el Juli".

La mayoría de sus compañeros no saben quién es el Juli, ni que se está refiriendo a Orgullito. Pero ella lo defiende frente a todos ellos y frente a su profesora. Algunos compañeros sostienen que es mejor dejar que los toros se mueran en el campo para después hacer los filetes o las hamburguesas... Y la profesora no dice nada. Ni de eso, ni de que la Tauromaquia es legalmente parte del patrimonio cultural de España.

Uno se pregunta cómo será Triana en unos años si la mayoría de los niños de sus colegios no saben reconocer la belleza del toreo. Cómo serán capaces de entender la absoluta genialidad de esa Sevilla del otro lado del río, o qué significa la estatua de Juan en el Altozano, o los azulejos de Chicuelo o de Gitanillo de Triana.

La Tauromaquia tiene una evidente carencia a la hora de comunicar su grandeza. Y el gobierno de España, y de las Comunidades Autónomas, a la hora de exigir que en la educación se cumpla la ley (y la defensa y protección de la Tauromaquia como parte del patrimonio cultural es una obligación legal).

Pero más allá de la Tauromaquia algo falla cuando la práctica totalidad de los niños de diez años de un colegio creen que los filetes se hacen de animales que mueren en el campo de muerte natural.

Definitivamente esto va mucho más allá de la Tauromaquia. Es defender una sociedad que sabe lo que le debe al mundo rural. Y que no hace trampas desde el buenismo. A veces, una niña de diez años lleva sobre sí ese peso frente a sus compañeros y a su profesora. Quizá sería bueno, como sociedad, que nos planteáramos que si es así hay muchas cosas que están fallando.


viernes, 19 de enero de 2018

A propósito de Valdemorillo

Según las noticias de las últimas horas la Feria de Valdemorillo está en el aire. La cuestión, si he conseguido entender bien la información deslavazada que se ha dado, es resumidamente la siguiente: la plaza de toros es propiedad municipal y tiene un contrato por el que una empresa se encarga de su gestión hasta el año 2026; se habría alcanzado un acuerdo entre la empresa concesionaria y el Ayuntamiento por el que éste gestionaría la plaza en la feria de este año de forma directa; el gobierno municipal está en minoría y el pleno que debería haber aprobado el cambio de gestión no lo ha hecho.

A un par de semanas de las fechas de la Feria la situación es complicada, ya que para que ésta pueda celebrarse deberá organizarla la empresa concesionaria, cuando parece que no era ésta su intención.

El caso de Valdemorillo viene a unirse al de plazas como las de Vitoria, San Sebastián, Zaragoza o Alicante, donde en los últimos meses las Administraciones propietarias de los cosos han generado notables incertidumbres sobre la posible celebración o no de festejos taurinos. En Vitoria se ha convocado un concurso cuyas condiciones han hecho que ningún empresario se presente; en San Sebastián los vaivenes políticos hacen incierta cada año la celebración de festejos; en Zaragoza, después de unos años en los que la nueva empresa ha conseguido mejorar la calidad de los festejos y la asistencia de público (además de hacer unas campañas de publicidad realmente imaginativas y modernas) solicitó la prórroga, que no fue concedida por la Diputación que optó por convocar un nuevo concurso con condiciones más onerosas; y en Alicante los juegos de mayorías han estado a punto de  impedir la celebración de festejos este año, aunque al final la decisión del grupo mayoritario del Ayuntamiento parece que ha salvado el envite de las formaciones antitaurinas que le apoyan en el gobierno municipal.

Todo lo anterior reafirma algo que desde aquí venimos diciendo hace muchos años y de lo que parece que ahora algunos están tomando conciencia: la dependencia de las administraciones en cuanto propietarias de los cosos para celebrar espectáculos taurinos es una de las principales debilidades de la tauromaquia. La solución no es sencilla, porque pasa porque los empresarios taurinos lo sean verdaderamente y, en consecuencia, sean propietarios o titulares de derechos a largo plazo de las instalaciones que le permitan dar los festejos (como sucede en cualquier industria). No parece que la mayoría de los empresarios actuales tengan capacidad económica ni vocación de ir por este camino. Pero no hacerlo es un riesgo cada vez mayor para la continuidad de muchas ferias.

lunes, 15 de enero de 2018

Una nueva (¿gran?) temporada

Casi tres meses sin pisar una plaza de toros nos resulta una eternidad a los aficionados. Porque aunque los libros, los vídeos, las redes sociales y las charlas y tertulias de invierno hacen que la Fiesta no  deje de estar presente, lo que de verdad nos apasiona de la tauromaquia es disfrutar en una plaza de toros del toreo. Y si además uno puede echar un rato antes y después con amigos, comentar la temporada o esa tarde y disfrutar de viandas locales, miel sobre hojuelas.

Queda ya muy poco para volver a las plazas este año. Y la pregunta es inevitable: ¿habrá carteles que nos llamen lo suficiente la atención para hacer cientos de kilómetros o volveremos a ver anunciados a los mismos toreros con los mismos hierros? Cada aficionado sabrá qué le ilusiona (lo que le emocione puede ser distinto, pero para que ello suceda le tiene que coger en la plaza, como la inspiración tiene que coger trabajando a los poetas). Por lo que se empieza a saber, fuera de lo que pueden hacer José Tomás y Morante (dos toreros que, por diversas razones, son objeto de críticas, pero que a mí me ilusionan de forma única) no hay grandes razones para la esperanza. Y sería bueno que todos, empresarios, ganaderos y toreros, fueran conscientes de que al aficionado hay que darle razones para la ilusión. Si no, cada vez se le hará más difícil (además de costoso) acudir a la plaza.

Una segunda reflexión que nos trae la lectura de las noticias taurinas del invierno es la imperiosa necesidad de que los empresarios (y esta es una labor sobre todo suya) empiecen a pensar de verdad en cómo se pueden dar festejos sin depender de las veleidades de las administraciones públicas en los cosos de su propiedad. Lo que ha sucedido en Zaragoza o en Vitoria, por poner sólo dos ejemplos (diferentes en sus planteamientos y consecuencias) o lo que ha estado a punto de pasar en Alicante, evidencia algo que desde aquí hemos dicho en muchas ocasiones: depender de los cosos de titularidad pública es quizá la principal debilidad que tiene en este momento la tauromaquia. O se encuentran pronto alternativas o el riesgo será cada año mayor.

Una tercera cuestión que compete al conjunto de los sectores taurinos es conseguir que la tauromaquia tenga la visibilidad en los medios de comunicación generalistas que se corresponda con su relevancia social y económica. Victorino Martín, nuevo Presidente de la Fundación del Toro de Lidia, ha manifestado que después de una primera fase centrada en la defensa jurídica, la Fundación se quiere orientar, también, a la promoción y la divulgación de la Fiesta. Labor imprescindible para el futuro.

Uno tiene la sensación de que el invierno ha sido (está siendo) muy largo sin asistir a las plazas. Pero que no se ha aprovechado lo suficiente para dar un impulso más a la Fiesta. Espero estar equivocado y poder decir dentro de unos meses que la de 2018 fue otra Gran Temporada.

lunes, 14 de agosto de 2017

Otra forma de prohibir

La decisión de Morante de cortar su temporada nos ha sorprendido a todos. La razón esgrimida, el cansancio de presidentes y veterinarios que imponen un tipo de toro con el que es imposible hacer el toreo que él desea, ha suscitado todo tipo de reacciones, desde quienes creen que Morante es el menos indicado para hacer esta crítica hasta quienes creen que es sólo una excusa.
Tengo para mí que las razones para esta retirada (esperemos que temporal) son variadas. Y que probablemente tenga necesidad de descansar, de reflexionar, de reencontrarse con su mejor toreo, de encontrar nuevos aires en la gestión de su carrera,… Pero la referencia al tipo de toro no es una excusa. El toro que sale ahora en la mayoría de las plazas es un toro mucho más grande, ofensivo y menos armónico que hace tres o cuatro décadas. El problema o la referencia no deben ser Madrid, Pamplona o Bilbao. La cuestión es que en Sevilla ya no sale el “toro de Sevilla” y que en plazas como El Puerto, Sanlúcar, Córdoba, Málaga, Granada, Badajoz, Valencia, se ha impuesto un tipo de toros que poco tiene que ver con lo que ha sido y debe seguir siendo el toro de lidia.
Morante ha podido elegir ganaderías. Pero muchas veces los veterinarios y presidentes no han aprobado los toros elegidos en el campo de esas ganaderías. La última vez, en el Puerto, la tarde tras la que anunció su decisión.
Que los toros elegidos fueran a servirle más que los que salieron o no es una incógnita (también al Juli le obligaron a cambiar de toros, incluso de ganadería, y los que vinieron le propiciaron un triunfo histórico). Pero la cuestión no es esa. El problema es qué razones hay para que un veterinario y un presidente decidan los toros que deben lidiarse, si los reseñados tienen la edad correspondiente. No me vale, lo siento, el argumento de que debe velarse por la seriedad de la plaza y cosas por el estilo. Lo único que hay que garantizar es que el toro está sano (y en eso el veterinario sí debe opinar), que tiene la edad y que el público está informado de lo que va a lidiarse. Eso es más que suficiente para que quien quiera vaya a la plaza y quien no deje de hacerlo.

Porque imponer un determinado tamaño y tipo de toro es una forma de prohibir una cierta tauromaquia. Y no hay razones de ningún tipo para que escudándose en la defensa de la integridad de la fiesta se prohíba una manifestación de ésta, perfectamente lícita y necesaria.

domingo, 13 de agosto de 2017

Reflexiones de agosto

Inmersos en el que tradicionalmente se ha considerado el fin de semana más taurino del año, que marca también el inicio de una segunda parte de la temporada con ferias muy relevantes (Málaga, Bilbao, Cuenca, Albacete, Logroño, Zaragoza,…), conviene hacer un pequeño alto en el camino y tratar de ordenar algunas reflexiones sobre las múltiples cuestiones que nos preocupan a los apasionados de la tauromaquia.
Hasta ahora, el año ha estado marcado sin duda por la muerte de Iván Fandiño. Menos de un año después de la de Víctor Barrio. Dos tragedias que nos recuerdan la terrible dureza del toreo, su imponente verdad. La que nos interroga y la que refleja la más profunda libertad de los héroes: poner su vida al servicio de un sueño.
A pesar de la tragedia, o quizá por ella, la vida taurina sigue su ritmo, y los festejos y las ferias se suceden con su habitual frecuencia. Y cuando uno repasa lo que está sucediendo en las plazas lo primero que observa es que, en general, está yendo más gente a las plazas. No a todas ni en todos los sitios igual, pero da la impresión de que hay mejores entradas. Las razones pueden ser variadas, pero uno tiende a pensar que es cierto que existe una cierta mejoría económica y que la asistencia a los toros, como actividad lúdica que es, correlaciona de forma bastante directa con los ingresos de los ciudadanos.
La asistencia a las plazas resulta incluso llamativa en algunos lugares. El fin de semana pasado, sin ir más lejos, resultaba realmente curiosa la buena entrada que había en las localidades de sol en la plaza de Huelva. Con el calor que hacía, a quienes se sentaban en aquellos tendidos habría que pagarles, y no cobrarles entradas no precisamente baratas. Sé que para algunos las plazas no deben perder un ápice de su incomodidad porque de ello depende la pureza del rito. Pero debo reconocer que yo soy de los que opino que el rito está en el ruedo y que en todo lo demás hay que adaptar las plazas a los estándares de comodidad de cualquier actividad cultural de alto nivel del siglo XXI, que es lo que es la tauromaquia.
Esta reflexión nos llevaría a hablar de Madrid y de sus obras. Pero el asunto tiene tantas derivadas que bien merece una reflexión independiente. Basten solo algunas afirmaciones tan personales como contundentes: Las Ventas debe ser una plaza de toros, pero también un espacio en el que se desarrollen otras actividades sociales, culturales y artísticas, siempre que con ello no se perjudique su finalidad taurina principal. Eso no es una profanación de un templo ni nada parecido; es una consecuencia básica de la necesidad de utilizar de forma eficiente y obtener rentabilidad de cualquier inmueble público (y si se hace con inteligencia, es una manera de promocionar la tauromaquia). A la vez, este carácter público de la plaza de Las Ventas nos recuerda la fragilidad de depender de cosos de titularidad pública. Y obliga además a la Administración a analizar con cuidado los pliegos de los concursos que convoca (incluir en el pliego la posibilidad de realizar actividades para las cuales la Plaza no cumple los requisitos legales es, cuando menos, poco inteligente). Por otro lado, sería bueno que la empresa demostrara ante esta situación la misma locuacidad que en los momentos inmediatamente posteriores a la concesión de la plaza y en el inicio de la temporada: la transparencia debe ser un compromiso real y constante, no un discurso oportunista cuando mejor convenga.
Lo sucedido en las Ventas, en San Isidro, con el anuncio del “cierre” por obras y con la programación veraniega, lleva a otra reflexión fundamental: la realidad no es lo que se publica en twitter y la plaza se llena por gente cuya vida no gira en torno a la tauromaquia (lo cual, por otro lado, es una bendición y una demostración de sentido común). Generalizando: la fiesta la sostiene el público y no los aficionados (sea quien fuere quien reparta los carnets de aficionado). Algunos creen que no existen aficionados porque las empresas se han empeñado en aniquilarlos, ya que son mucho más críticos que el público ocasional (también más fieles a la taquilla, habría que apuntar). Probablemente las empresas habrán agradecido que haya menos aficionados, pero ni siquiera han tenido que hacer el esfuerzo de acabar con ellos porque la falta de difusión de la tauromaquia en los medios generalistas hace que seguir la evolución de cada torero, aprender sobre la diversidad de encastes o sobre el momento de los distintos hierros sea imposible fuera de los círculos de iniciados.
Aquí surge, una vez más, el principal desafío de la tauromaquia en los próximos años: la normalización social y la consecución de un espacio público acorde con su importancia real en los hábitos culturales y de ocio de los españoles. Me consta que este es, junto con la defensa jurídica frente a los ataques que recibe la tauromaquia, el principal objetivo de la Fundación del Toro Lidia.
¡Ah, la Fundación! Lo han explicado miles de veces, pero parece que algunos no quieren entenderlo. La Fundación surge y pretende liderar el debate “nosotros” (defensores de la tauromaquia) frente a “ellos” (los que quieren invisibilizarla o prohibirla). Por tanto, la Fundación no va a entrar en el debate sobre el trapío de los toros en una plaza, ni en la diversidad de encastes, ni en la actuación de ciertos empresarios,… Uno puede creer que lo único importante para defender la tauromaquia es que las figuras se acartelen con todos los encastes y que haya toreros a los que se den más oportunidades. O que en las Ventas no se den conciertos de rock and roll. Sea eso cierto o no, la función de la Fundación no es esa. Lo que está haciendo es imprescindible. Y haber conseguido unir para ello a los variopintos sectores de los taurinos es un gran logro. Su labor, además, no excluye otras acciones (conjuntas, o por parte de aquellos que quieran librarlas). Pero tratar de atacarla o criticarla por no dar otras batallas internas es no haber entendido la importancia del debate actual con los enemigos de la fiesta.
En el debate por tener una cierta repercusión social las empresas han empezado a tomar conciencia de que tienen que hacer cosas nuevas. Es quizá lo único de lo que hayan tomado conciencia; a lo demás: hacer carteles atractivos, facilitar la compra de entradas, el acceso a la plaza, mejorar la comodidad, etc. parece que la mayoría ha renunciado. Pero en lo de intentar tener visibilidad todos han tratado de hacer algo. Empresas torpes y rancias como la de Sevilla han abierto la plaza y han convocado para torear de salón en la Puerta de Jerez. Y otras modernas y activas como Lances de Futuro dinamizan la ciudad de las plazas que regentan con múltiples actividades taurinas y consiguen con iniciativas novedosas (toreo de salón de Garrido en la playa de Vistahermosa) tener cierto protagonismo en informativos generalistas.
Pero todo lo anterior tiene después que verse refrendado cuando suena el clarín. Desafortunadamente, hoy para defender la tauromaquia no basta con lo que sucede entre toro y torero. Pero, a la vez, sin que emocione e ilusione lo que pasa en el ruedo ninguna defensa será suficiente. El peligro está siempre presente (como lo demuestran las cornadas mortales a Víctor Barrio e Iván Fandiño) pero el tipo de embestida de muchos toros y el exceso de técnica de muchos toreros hace que, en demasiadas ocasiones, falte el punto de emoción imprescindible. En demasiadas ocasiones sale un toro descastado y noblón. Un toro con el que sólo la genialidad (Morante) o el compromiso extremo (José Tomás) consiguen poner en pie a la gente del tendido. Hay grandísimos toreros en el escalafón. Algunos con muchos años de alternativa y no pocos con gran interés de las últimas hornadas. Pero su toreo sólo brilla con un toro encastado, un toro que sale por chiqueros con menos frecuencia que la deseada.
La temporada también nos ha traído (¡qué le vamos a hacer!) debates jurídicos sobre la prohibición de la tauromaquia y sobre los reglamentos. Lo de la prohibición en Palma es algo que, por chusco, no debería merecer el más mínimo comentario: como querían prohibir los toros y el constitucional dijo que las comunidades autónomas no podías hacerlo, lo regulan para hacerlo inviable. Esperemos que el constitucional entre al fin en el fondo del debate en el que no quiso entrar en la sentencia sobre la prohibición catalana y refrende la imposibilidad de que ninguna comunidad autónoma establezca regulaciones contrarias al desarrollo normal de la lidia.
Pero el problema de fondo es que se ha reconocido a las comunidades autónomas la posibilidad de regular el desarrollo del festejo (algunos pensamos que el problema es que el festejo esté regulado, pero eso sería un debate más complejo). Y las comunidades son muy suyas ejercitando sus competencias. Andalucía anuncia ahora un nuevo reglamento limitando el número de estocadas o descabellos. Y la gente se alarma y pide un reglamento único. Y así debería ser (un único reglamento o ninguno, pero desde luego no diecisiete). El problema es que en un país donde el calendario de vacunaciones o el temario escolar varía entre comunidades autónomas, donde hay padres que tienen que defender en los tribunales el derecho de sus hijos a aprender en español, donde cada comunidad autónoma tiene un sistema informático distinto para la administración de justicia, sin comunicación posible entre unas comunidades y otras,… reivindicar la unidad del reglamente taurino resulta hilarante.

Bien dijo el maestro Ortega y Gasset que la tauromaquia es un espejo que refleja fielmente el estado de nuestra sociedad. Pues eso.

domingo, 18 de junio de 2017

Fandiño

Lo que más me conmueve en la muerte de Iván Fandiño es la libre aceptación de su destino. Como todos los toreros, cuyo rostro grave y circunspecto vemos cada día en las corridas, "sabía" que podía morir. Nosotros nos olvidamos de ello, pero ellos conviven diariamente con la muerte y prefieren, como dijo Rilke, "morir su propia muerte", no la muerte de los médicos o de los accidentes de tráfico.

Invocar a la muerte, la diaria convivencia con ella, engrandece la condición humana. Desde una perspectiva existencialista ya advirtio Heidegger que el hombre es "un ser para la muerte", dar sentido a la muerte es una parte no menor de la tauromaquia, que exige regularmente este tributo de sangre, inapelable.

Este es el único reparo moral que puedo encontrar yo en los toros, lo único que justificaría su prohibición, pero sería impugnar el libre albedrío, que nos permite cada minuto decidir ser bueno o malo. Yo entiendo que desde un punto de vista racional o ilustrado una lectura litúrgica y sacrificial, pueda escandalizar a los bienpensantes del siglo XXI, pero el hombre no es racional y las razones del corazón son pascalianamente ininteligibles.

Engrandece el héroe esta fiesta ancestral, como aquel aviador irlandés de Yeats que preveía su muerte y la igualaba con su vida, ese tumulto entre las nubes; entre las plazas y las dehesas en el caso de Iván. 

Comprendo, por otro lado, la perspectiva animalista, porque a mí me emociona tanto como al primer abolicionista la muerte de un animal; pero no puedo evitar pensar que esa humanización de la naturaleza no deja de ser una operación humana, una transferencia de nuestros buenos sentimientos a un universo, lo animal, donde no rigen las leyes morales. Mientras exista dolor humano en el mundo creo que los esfuerzos por abolir la tauromaquia merecen empeños dignos de más alta causa. Pero no deja de ser una opinión, comprendo su rechazo porque lo tuve de niño y amo al reino animal, como al vegetal y al mineral. 

¿Por qué entonces soy taurino? Por razón de belleza, desde luego, pero creo que, sobre todo, por una cuestión moral, la de quien evidencia que la vida humana es tan sagrada que puede y debe ser entregada por los demás. Podrá no haber toros, pero siempre habrá toreros, héroes capaces de vivir con la compañía de la muerte, señalando con la luz de oro de su traje, la que comparten con el sacerdote y el militar, que la muerte no es el final y que, si acaso lo es, merece la pena sacrificarla por nuestros semejantes y hermanos. 

Descansa en paz, Iván, 

Paz para el héroe.


lunes, 15 de mayo de 2017

Madrid (15 de mayo de 2017) - Entre unos y otros...

Podríamos ponernos a buscar los matices, los acentos, las precisiones más sutiles de cada uno de los toros y de los toreros. Pero sería un ejercicio insustancial. La corrida de Montalvo ha sido mala, muy mala. Y con una corrida muy mala uno puede pontificar sobre la actitud de los toreros, su disposición, su técnica y sus artimañas. pero al final será un ejercicio intelectual de unos pocos iniciados que de poco servirá para el disfrute de las más de 20.000 personas que hoy estábamos en los tendidos de Las Ventas.

Curro Díaz en el primero dejó algunos detalles de clase. Pero el toro era muy flojo y no transmitió nada. El cuarto fue el mejor toro de la corrida, y sin ser un buen toro dejó la sensación de que el torero podía haberse comprometido algo más. Curro conoce bien a la plaza de Madrid y sabe que se derrite con un pase desmayado por bajo. Y él los da de un modo mágico. Pero a la gente le hubiera gustado ver tres o cuatro series ligadas y rematadas con uno de pecho o un kikirirkí. Un toreo que fuera más allá de lo estético puntual, quiere decirse.

Ureña en el segundo tuvo muy pocas opciones. Y en el quinto salió a torear de muleta muy mermado después de que el toro le hubiera empotrado contra las tablas tratando de torearle con el capote. A este le dio una tanda buena. A los dos los despachó con estocadas haciendo guardia. ¡Vaya cuatro días de malas estocadas que llevamos!

A López Simón hay parte de la plaza que le anda buscando. Y no tanto por él sino por la habilidad que ha tenido de rodearse de lo peorcito en su equipo. ¡Manda huevos que un torero tenga que tener un equipo -recordemos a Antoñete o a Antonio Bienvenida en el día del santo y pensemos si tendrían a su lado a un sujeto como Julián Guerra pegándoles gritos desaforados desde la barrera-!

López Simón sabe torear. Pero hoy no lo ha demostrado. Ha dado cientos de pases, pero todos insustanciales, vacíos, ayunos de cualquier atisbo de arte, de gracia o de hondura. Le hemos visto otras veces torear bien (o sea, que sabe hacerlo). Lo mismo algún día vuelve a querer demostrado en la primera plaza del mundo.

Sobre las sanciones a los profesionales taurinos

Apuntaba en mi anterior entrada que quería dedicar una líneas a justificar por qué no creo oportunas las sanciones a los profesionales taurinos por actuaciones durante la lidia. El asunto viene a colación del anuncio que hizo el Presidente de la corrida del sábado de que iba a proponer para sanción al picador del tercer toro y al puntillero que remató al toro devuelto tras tres avisos.

Vaya por delante mi reconocimiento a D. Jesús María Gómez Martín a quien considero un buen aficionado y presidente. Especialmente valiente por dar la cara frente a los aficionados y comunicarse públicamente con ellos, con las limitaciones de los 140 caracteres, como muy bien apuntó. Y que lo que hizo, conforme prevé el Reglamento, es proponer para sanción determinados comportamientos que, a su juicio, suponían una infracción del mismo (respecto a lo cual uno puede entender más o menos ajustado a derecho en cada caso).

Pero mi objeción es más general. O previa, si se quiere.

Muchos aficionados consideran que el Reglamento es la salvaguarda de la pureza de su afición. Y que el Presidente debe ser el guardián de las esencias. Por eso aquel grito de guerra de "¿A quién defiende la autoridad?". A mi juicio, sin embargo, el Reglamento no debe cumplir esa función y el mero hecho de que regule lo que sucede en el ruedo constituye una debilidad (además de un anacronismo) de la tauromaquia. Pero vayamos por partes.

El Reglamento es una norma jurídica. Y en la parte de la que estamos hablando una norma de carácter sancionador a la que aplican todas las reglas y procedimientos previstos para cualquier norma sancionadora de carácter administrativo (con su correspondiente tramitación y sus eventuales recursos que pueden llegar, y en algunas ocasiones ha sucedido, hasta el Tribunal Constitucional). El sancionar a un picador que lo hace mal o a un puntillero se hace sobre la base de la necesidad de que la administración salvaguarde un interés general. Como lo hace cuando se sanciona al que conduce bajo los efectos del alcohol, al que vende productos perjudiciales para la salud o al que defrauda en el pago de sus impuestos.

Y, a mi juicio, la relación de la Administración con la Tauromaquia no debería ser esa. La Tauromaquia es un elemento básico de nuestro patrimonio cultural. Como lo es el flamenco o el teatro del Siglo de Oro. Por eso, la Administración debe favorecerla y apoyarla, ayudar a su divulgación, realizar labores para que se conozca y admire. Pero no sancionar a quienes en algún momento la ejecutan sin pericia. Como no se sanciona a un flamenco que en una noche mala da un mitín en vez de cantar como los cabales. Ni a un actor que dice mal el verso o a quien se le olvida el texto de Calderón que tiene que recitar.

Pero lo peor es que los aficionados consideran que la Administración debe hacer eso porque si no los taurinos, que, afirman muchos, "son unos golfos", nos engañarían continuamente. Y esa es precisamente una preocupante muestra de debilidad.

Si reivindicamos la tauromaquia como parte del patrimonio cultural debemos exigir un trato igual al de las demás actividades artísticas. Pero igual para todo. Para la promoción y para un régimen que no suponga una injerencia absoluta de la Administración en la preparación y desenvolvimiento del espectáculo. Primero, porque con un régimen de control y autorización tan invasivo por parte de la Administración, una Administración contraria a la tauromaquia puede hacer mucho daño. Y segundo porque nadie que se pone delante de un toro merece que un órgano administrativo o judicial le imponga una sanción por lo que ha hecho en circunstancias tan particulares como son la lidia de un toro bravo.

Con esto no quiero decir que no haya actuaciones en el ruedo que no merezcan un reproche. Que, sin duda, las hay. Pero el reproche no debe ser administrativo. Para esos casos, deben articularse consecuencias que determinen los propios aficionados y la estructura de la tauromaquia (como sucede de alguna manera en Francia). Aunque para eso haría falta una organización adecuada de la sociedad civil en este y otros ámbitos. Algo ajeno a nuestra tradición y vehemencia.

domingo, 14 de mayo de 2017

Otero, un toro al corral y lo demás

Lo más emocionante de la tarde lo hizo Ángel Otero en el segundo, un toro sin fijeza al que no había forma de parar con el capote. En el tercer par, con el toro colocado muy cerca de tablas, Otero indicó a su compañero que no le diera más capotazos, le citó, fue hacia él, el toro se arrancó y fue recortando, de modo que se preveía que el torero debería pasar en falso o poner mal los palos, pero Otero aguantó, cuadró con rapidez en la cara y puso un par memorable. La plaza se levantó inmediatamente del asiento y dio la ovación más grande de estos tres días. Y no será fácil que haya muchos momentos en los que de modo tan unánime la plaza sienta y reconozca la impagable mezcla de valor y torería.

Lo más aciago fueron los tres avisos que le dieron a David Mora en el quinto después de un pinchazo hondo e infinidad de descabello a un toro que no descubrió la muerte en ningún momento. A David se le vio con ganas, pero desconfiado y limitado físicamente. Quizá hubiera sido mejor que a este toro lo hubiera tratado de entrar a matar otra vez, que los banderilleros le echaran el capote al hocico,... Lo cierto es que el rato de los descabello fue francamente desagradable. Así no.

Dos apuntes en relación con esto. El que al torero se le despida con una bronca de mayor o menor intensidad, o se reconozca el esfuerzo de recuperación que ha hecho después de la terrible cornada que tuvo, o se mitigue la protesta por la tarde que brindó a la plaza el año pasado es cosa de cada uno; pero lo de tirar las almohadillas al ruedo no es de recibo. Más que nada porque con la envergadura de las almohadillas de Madrid cuando se da con ellas a alguno de los espectadores que están en los tendidos bajos se le causa un quebranto no menor, y según dónde se le dé un día puede haber una desgracia. En cuanto al toro, creo que después de los tres avisos si se le puede apuntillar en el ruedo de forma rápida y eficaz es mejor que sacar a los cabestros; y entiendo que es completamente reglamentario. Pero esto será objeto de otra reflexión.

Aparte de Otero y de los tres avisos a David Mora, Urdiales en su primero toreó inmensamente bien con el capote, dando un par de lances sublimes. Con la muleta una tanda en redondo fue muy buena. El resto de la faena demostró su naturalidad y torería, pero no pudo ligar las series ni alcanzar el mismo nivel por las condiciones del toro. Con el cuarto quedó inédito porque el toro tampoco permitió hacer faena alguna.

Garrido ha demostrado toda la tarde su suficiencia y maestría con el capote. Probablemente esté entre los tres o cuatro diestros del escalafón que mejor lo maneja. En especial, el recibo rodilla en tierra a su primero para fijar la embestida fue torerísimo y muy inteligente. Con la muleta en el tercero no pudo hacer nada después de que su picador hubiera masacrado al toro en varas. Y el sexto tampoco le dio muchas facilidades por lo que fue imposible el lucimiento.

La corrida de El Pilar ha sido mala sin paliativos. El viento tampoco ha ayudado a buscar los terrenos en los que lidiarla del mejor modo, pero los animales que han salido por chiqueros poco se han parecido en su comportamiento a lo que debe ser un toro bravo. Resulta realmente extraño cómo una misma ganadería. de una misma camada, puede echar dos corridas tan dispares como las que han salido en Sevilla y en Madrid.

(El presidente, gran aficionado, indicó en twitter que iba a proponer para sanción al picador del tercero y al puntillero. Mañana comentaré por qué creo que las sanciones a los que intervienen en la lidia no son procedentes, aunque soy consciente de que el Reglamento dice lo que dice).

sábado, 13 de mayo de 2017

Mansedumbre en dos variantes

Las dos primeras corridas de este San Isidro no han sido buenas. Ni los toros de La Quinta ni los de El Ventorrillo han permitido lucimiento alguno a los diestros. Sólo el lote de Morenito de Aranda dio alguna opción, que éste aprovechó con un toreo templado y de gusto. Pero falló a espadas, lo cual no le impidió recoger una oreja del quinto de la tarde del viernes.

El fallo a espadas ha sido común en todos los matadores. Es cierto que los toros no dieron facilidades y que alguno fue especialmente difícil de matar, tirando gallones al cuello cada vez que el torero trataba de hundir la espada. Pero sin espada no hay gloria, y quienes tratan de alcanzarla deberían tratar de mejorar de modo sustancial en la suerte suprema.

David Galván quedó inédito por una cornada seguida de voltereta que en la plaza se vivió con tremenda conmoción. Esperemos que a no mucho tardar Galván pueda volver a vestirse de luces y dejar su sello con toros que le den alguna oportunidad.

Aguilar estuvo técnico y aseado toda la tarde, pero se le notó frío y no llegó a conectar con el público.

Javier Jiménez dejó algunos detalles de su toreo, sobre todo al natural. Pero le faltó algo de conjunción y, sobre todo, acierto con la espada.

La corrida más que cinqueña de La Quinta sacó una absoluta mansedumbre y mucho peligro, con toros avisados que desarrollaron pronto sentido. Fueron muy mal lidiados, pero me temo que una lidia más eficaz sólo hubiera servido para que el tendido hubiera tenido menor sensación de peligro, no para que el lucimiento de las faenas hubiera sido mayor.

En la de ayer, Eugenio de Mora lo tuvo imposible con sus dos oponentes. Muy mala suerte la de este torero, que en los últimos años no ha tenido la más mínima oportunidad de mostrar en Las Ventas si a la calidad que tiene ha unido la decisión y la serenidad para hacerse un hueco.

Morenito de Aranda, como queda dicho, tiene temple y gusto toreando. Conecta bien con el público y ha sido el que menos mala suerte ha tenido con el lote. La oreja, después de un pinchazo, quizá fue excesiva. Pero sin duda los mejores muletas hasta ahora han sido los suyos.

Y Román ha sido todo decisión y valor. Pero lo que más se escuchaba al salir de la plaza sobre él, después de reconocer su hombría es aquello de "pero a mí no me dice nada". Dio la impresión de estar acelerado y de faltarse un punto de reposo con las telas. No lo tuvo fácil con su lote. Pero al valor, imprescindible, hay que unir un cierto sentido estético para poder llegar al corazón del tendido.

Los toros de El Ventorrillo eran muy aparatosos, pero dieron muy mal juego. Fueron mansos, sin codicia y, en general, no tuvieron humillación ni repetición, salvo el quinto, que sí fue de lejos con inercia. No desarrollaron el peligro de los del día anterior, pero, como suele suceder con esta ganadería, la opinión generalizada es que vaya manera de echar a perder una ganadería que han tenido quienes la compraron a Medina.


domingo, 26 de febrero de 2017

Vistalegre (25 de febrero de 2017) - Sólo para convencidos

Programar toros en febrero en Vistalegre es una apuesta fuerte para cualquier empresario y un lujo para quien pretende ver toros en la plaza. Conseguir llevar público es tremendamente complicado. El aficionado convencido y fiel va sin hacerse demasiadas preguntas después de más de cuatro meses sin pisar una plaza. Y el aficionado "exigente" ha podido reforzar durante el invierno sus convicciones y, según el cartel, hace de su ausencia una reivindicación de su tauromaquia (real o imaginada). Un ejercicio de difícil ajuste, en fin.

Quienes fuimos ayer a Carabanchel deseosos de pasarlo bien y emocionarnos, tuvimos algún momento de disfrute, pero muchos más de indignación y hasta, casi de aburrimiento. Lo cual, al comienzo de temporada y después de cuatro meses sin pisar una plaza es preocupante.

Hubo un toro interesante: el primero. Y con él, David Mora dejó momentos de gusto. La gente estuvo con él y no tenía el ambiente frío habitual de un primer toro. Aun así hizo una faena irregular, con momento de intensidad y buen toreo y otros de menos ajuste. El cuarto fue un toro muy flojo y Mora le toreó a media altura intentando que no claudicara. De forma inteligente fue sacándole pases aislados con la zurda que calaron mucho por su naturalidad y desmayo. Pero no hubo faena redonda que contar.

Madrid esperaba ver a Ureña. Y Ureña estuvo muy dispuesto en su primer toro. Las gaoneras ajustadas del quite fueron toda una declaración de intenciones. Luego, hubo un susto importante al empezar la faena de muleta, que empezó con dos tandas muy importantes en redondo, pero que se fue diluyendo al natural y cuando volvió a coger la diestra. Se quedó en una demostración de valor y de lo bien que puede torear. Pero con la decepción de que no llegara a más. El quinto, cuando la tarde estaba ya torcida, fue un toro que no dio opciones y con el que el lucimiento era imposible.

Varea demostró que tiene ganas y un buen concepto. Pero que le falta técnica, rodaje, horas en los ruedos y en el campo. Algo normal tal y como está esto. Lo mejor fue su toreo de capote al tercero, meciendo muy bien las manos al comienzos y arrebatado después de que el toro le rajara la capa cuando estaba toreando infinitamente despacio. Con la muleta se le vieron mejores maneras e intenciones que resultado. Y dio la sensación de que el toro habría dado algo más de sí. El sexto fue un toro sin posibilidades con el que se justificó.

Los comentarios, a la salida, eran más sobre Olivenza o Illescas, sobre los carteles de Sevilla o sobre lo poco que se empieza a saber de San Isidro que sobre lo que acababa de pasar. Lo cual demuestra que la tarde no fue buena (que fue de más a menos), y que los habituales somos unos "jartibles" que hablamos de esto y vamos a la plaza casi pase lo que pase. Algo que los empresarios saben, aunque también son conscientes de que necesitan que vaya más gente (y eso, con tardes así, no es fácil).

Pese a todo, volvimos con la satisfacción de volver a ver toros.

¡Nos vemos en las plazas!

lunes, 15 de agosto de 2016

El Pliego de Las Ventas - Conclusiones

En las entradas anteriores me he ocupado de cómo creía que debía ser el Pliego (antes de publicarse) y de las principales previsiones de éste (una vez publicado).

Toca ahora concluir hasta que se produzca la adjudicación. Y plantear qué escenario es el que el Pliego creo que nos va a deparar tanto en las posibles proposiciones que presentarán los licitadores como en la gestión de la plaza la temporada próxima y las futuras. Sé que es un ejercicio casi de adivinación, pero me temo que los condicionantes del Pliego sí permiten aventurar algunas cuestiones.

Lo primero es que, a diferencia de la última licitación, es posible que haya diversos licitadores. Los requisitos para presentarse se han flexibilizado de tal modo que, mediante UTEs, son muchos los empresarios que pueden concurrir a gestionar la primera plaza del mundo. Teniendo en cuenta las peculiares idiosincracia de los empresarios taurinos no serían descartables sorpresas como la de que nadie se presente o solo lo haga uno o dos, pero creo que esta vez es complicado.

Como digo, la fórmula de las UTEs es más que probable, lo que puede dar lugar a fórmulas de integración de extraños compañeros de cama, interviniendo realmente todos ellos en la gestión de la plaza (y no percibiendo solo unos determinados emolumentos a cambio de no concurrir, como sucedió la última vez). Aunque también puede ser que algunos aporten su experiencia y facturación sólo a cambio de dinero, sin intervenir luego en la gestión... Si efectivamente es un grupo de empresarios el que se queda con la gestión de la plaza, de las relaciones entre ellos dependerá que cada uno aporte lo mejor, o que sus desavenencias las acabe pagando la gestión de la plaza.

De entre los que presenten es evidente que ganará el que más dinero ponga encima de la mesa: sobre todo para el canon, pero también para otros festejos, obras, publicidad y cuestiones por el estilo. La calidad de la programación, la capacidad de atracción de nuevos espectadores, el cuidado de los abonados (salvo, en su caso, en ligeras variaciones del precio de las entradas) no se tendrá para nada en cuenta. Y no teniéndose en cuenta, no hay razón para que los empresarios se esfuercen en ello.

La posibilidad de interferir en la adjudicación creo que va a ser reducida. El amplio porcentaje atribuido a los criterios objetivos y los mecanismos previstos por la Ley de Contratos para efectuar la valoración de forma sucesiva hace difícil pensar que el concurso tenga un ganador prefijado. Salvo que todos se vayan de la lengua (y que lo que digan sea verdad) la Mesa de Contratación no sabrá en qué medida la valoración que hagan de los criterios "que comportan la emisión de un juicio de valor" será o no definitiva.

Una vez adjudicada la Plaza, es previsible que no cambie casi nada. Quiero decir, que ni la temporada se modificará sustancialmente, ni cambiarán notablemente los carteles, ni a los abonados se nos escuchará más (a salvo del futuro Portal gestionado por el Centro de Asuntos Taurinos que anuncia el Pliego), ni la Plaza será más cómoda (sin viento, ni agua y con respaldos),...

El Pliego no permite fórmulas imaginativas para estructurar la temporada de forma distinta de la actual, de modo que no solo es que la plaza seguirá siendo de temporada (algo que es loable), sino que los festejos seguirán siendo los domingos (como mucho los sábados), que San Isidro será infinitamente largo e irregular y que se hará muy difícil atraer a público distinto de los turistas y los "jartibles" habituales en los festejos de fuera de Feria. Nada de acortar San Isidro haciéndolo una feria de 10 ó 12 festejos absolutamente redondos, ni de sacar los rejones del abono, ni de crear otras ferias temáticas de jueves a domingo,... Lo mismo de siempre, con un poco más de lo de siempre. Sólo la posibilidad que apunta el Pliego de hacer algún festejo extraordinario con precios más elevados da pie a que haya algún festejo rematado y realmente rompedor alguna temporada (pero los mimbres de toros y toreros son los que son).

La incorporación de la Escuela, si se gestiona con inteligencia, sí puede suponer una novedad sustancial. Sobre todo si se organizan y potencian actividades abiertas a aficionados prácticos y aficionados en general, como plantea el Pliego. El que haya un número relevante de aficionados que se reúnan con cierta frecuencia en actividades en torno a la Escuela puede dar un deseable dinamismo a la Plaza fuera de los días de festejo.

Habrá menos novilladas, sin que ello vaya a significar que sean mejores, que los novillos sean novillos (y no toracos), ni que los novilleros vengan mejor preparados.

Nada hace presagiar, como sería deseable, que el futuro adjudicatario cambie las fórmulas habituales de comunicación con la sociedad. No habrá apenas dinero para ello, y no existe un gran incentivo para que se efectúe una labor mediante la cual los toros estén en los informativos generales de las televisiones, como sería de justicia.

Las desencajonadas y festejos populares darán un toque pintoresco y ajeno a la tradición de la plaza de Las Ventas que no sé si le hará algún mal al resto de la gestión. Bien, desde luego, no hará ninguno.

En resumen, lo probable es que haya distintas ofertas, que gane la que más dinero esté dispuesta a dar (sobre todo a la Comunidad de Madrid) y que luego todo siga como casi siempre, pero un poco peor, porque no habrá nada que permita contrarrestar los empujes en contra de la Fiesta desde la primera plaza del mundo. Y es que no hay previsión de dar paso alguno hacia la modernidad, comodidad y excelencia. Teniendo en cuenta los ideólogos del asunto y sus palmeros, cualquier otra conclusión hubiera sido milagrosa.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Más consideraciones sobre el Pliego de Las Ventas

El Pliego de las Ventas ha seguido dando que hablar, con opiniones en general críticas, pero muchas de ellas sin una explicación clara de qué pretendían que hiciera la Comunidad de Madrid y por qué. Como bien ha apuntado Paco Aguado, no se entiende demasiado bien la virulencia de las críticas cuando "el pliego no difiere demasiado de los de anteriores concursos madrileños..."

Por su parte, la Asociación El Toro (de la que difiero en general en su manera de ver la Fiesta y lo que debe ser la plaza de Madrid) ha emitido un resumen muy útil sobre una reunión mantenida con el Director Gerente del Centro de Asuntos Taurinos. En ella aportan datos muy valiosos y dan su visión sobre cuestiones que les agradan y otras que echan en falta. Se podrá estar de acuerdo o no con su valoración de los pliegos, pero la nota da pistas muy útiles sobre por qué se han tomado determinadas decisiones en la Comunidad de Madrid y permite que cada cual se forme su criterio.

Respecto a uno de los asuntos más recurrentes y sustanciales del Pliego, como es el de los criterios de adjudicación, los cambios no son conceptualmente muy significativos, aunque en algunos de ellos sí se han clarificado los elementos conforme a los cuales se valorarán, objetivando de este modo la puntuación. Así:

  • La oferta económica en 2011 suponía un 25% de la valoración total. En 2016 se aumenta al 30%.
  • En 2011 se valoraban con un 15% descuentos en los abonos de tercera edad y jóvenes, implantación de venta telepática y domiciliación bancaria.  En 2016 se valora con un 13% el descuento en los precios y las mejoras en las condiciones de pago.
  • El aumento del número de festejos suponía un 10% en 2011 y supone un 5% en 2016.
  • La programación general de la temporada se valoraba hasta un 25% en 2011 y ahora se valora un 15% (estableciéndose ahora criterios objetivos para valorarla).
  • La promoción y divulgación suponía un 15% en 2011 y supone un 7% en 2016 (estableciéndose también ahora criterios objetivos para valorarla).
  • Las mejoras constituían un 10% en el Pliego de 2011 (obras en la Plaza); en 2016 se eleva al 15%, siendo un 7% lo que corresponde a las obras y un 8% al sistema de seguridad de la Plaza.
  • Y, por último, el Pliego de 2016 incluye un 15% de valoración relativo a la Financiación de la Escuela Taurina, aspecto no contemplado en el Pliego de 2011.

Como puede observarse, salvo por el hecho de incluir la valoración de la financiación de la escuela taurina y del sistema de seguridad de la plaza (en conjunto un 23% del concurso), el resto de criterios son muy similares, manteniéndose una ponderación bastante similar (salvo en materia económica, en la que se aumenta), pero tratando de objetivar los elementos conforme a los cuales se valorará cada criterio.

Es evidente que esto no es, ni de lejos, lo que mejor le viene a la tauromaquia. Ni lo que más conviene a los empresarios, ni lo que los aficionados hubieran preferido. Pero tratándose de la gestión de un servicio público y queriendo evitar conflictos derivados de la adjudicación, parece que son criterios continuistas y pragmáticos. Es lo que tiene depender de plazas de titularidad pública...

Por otro lado, creo que conviene hacer mención al Pliego de Prescripciones Técnicas. Un Pliego que detalla en qué condiciones debe prestarse la gestión de la plaza. Un Pliego que, como se ha dicho, es tremendamente intervencionista. Un solo hecho lo prueba: el anterior tenía (sin anexos) 16 páginas; el actual, 55.

Sin embargo, una lectura detallada permite comprobar que gran parte de la abultada extensión del Pliego se dedica a regular de forma minuciosa los medios auxiliares de la plaza (despeje de plaza, chulo de toriles, cuadra de caballos, tiros de mulillas, paradas de bueyes, divisas, puyas y banderillas, areneros, servicio de ruedo, mayoral, banda de música, enfermería,...). A detallar cada uno de estos elementos se dedican más de diez páginas, sin que parezca que existan novedades significativas sobre lo que es habitual en Madrid en cada una de estas materias. También se dedican varias páginas a la regulación de la explotación de bares y almohadillas; en este ámbito quizá lo más llamativo (además del control de precios de los bares) es la prohibición de dar latas a los espectadores (algo común hasta ahora) y la exigencia de que las almohadillas estén "en perfecto estado de conservación y limpieza" (sin comentarios).

Se incluye, además, como aspectos novedosos, la regulación detallada de los Festejos Populares que se exigen (al menos dos), las desencajonadas públicas (al menos cuatro) y la gestión de la Escuela Taurina. Sobre los festejos populares y las desencajonadas, particularmente creo que hubiera sido mejor no incluirlo como exigencia, sino permitir su celebración si el empresario lo considera adecuado.

En cuanto a la Escuela Taurina, me ha llamado la atención muy positivamente que, además de la formación de futuros profesionales taurinos, bajo el epígrafe de "Otras acciones formativas" se incluye la formación de aficionados prácticos, aficionados en general y la formación de autoridades y profesionales que intervienen en festejos populares. Hemos defendido que sería tremendamente útil que la Escuela se abriera a los aficionados y que la plaza estuviera abierta a ellos todo el año de un modo creativo: haciendo que los aficionados fueran conociendo a quienes serán toreros en un futuro y que aumentara y conocimiento de la Fiesta. Parece que el Pliego da pie a ello y esto debe ser bienvenido. Sólo una objeción, en el apartado de los ingresos (1.7) se alude a la inscripción inicial y mensualidades de lo que parece ser la formación de futuros profesionales; pero nada se dice de cómo pueden establecerse y a quién corresponden los ingresos de estas otras acciones formativas (1.5).

Y por no extenderme más, apuntar cuatro aspectos que también me han resultado llamativos:


  •  Se prevé la celebración de festejos de carácter extraordinario, fuera de San Isidro y la Feria de Otoño por el gran interés que pueda suscitar en el aficionado "así como por sus elevados costes organizativos". Estos festejos pueden tener un precio diferente de las localidades, previa autorización de la CAM. A mí sólo se me ocurre una razón (un nombre, a lo sumo dos) para incluir esta previsión. Cualquier otra que trasladara fuera de San Isidro los mejores festejos sería sencillamente inadmisible.
  • Se prevé la necesidad de que el empresario para la programación de carteles y actividades taurinas cuente con la opinión de abonados y asociaciones de abonados canalizados por el Centro de Asuntos Taurinos a través de un "Portal de Atención al Abonado" de futura creación. Habrá que ver cómo se instrumenta esta iniciativa, pero la posibilidades son enormes y casi todas para que los carteles tengan un mayor interés para los aficionados.
  •  Parece que la Grada Joven pasará a ser Andanada (así parece desprenderse del apartado 1.9 A.4).
  • Se apuesta por crear abonos de temporada para el aficionado en general con un descuento del 20% sobre el precio de taquilla. Como ya apuntaba en la anterior entrada, creo que esto tiene dificultades jurídicas sin dar todos los carteles al comienzo de la temporada y es algo que no sé si tiene mucho recorrido en Madrid a poco que los aficionados, como hacen otros habitantes de la capital, salgan de ella algunos días de vacaciones y tengan compromisos familiares o alguna que otra actividad ciertos fines de semana...