lunes, 24 de junio de 2019

Reflexiones sobre José Tomás en Granada

Después de algo más de cuarenta y ocho horas del último advenimiento de José Tomás, en Granada y en torno a la festividad del Corpus; superado el azote de los sentimientos; valorado el análisis de los expertos en los periódicos y los comentarios de unos y otros, con más y menos criterio, en Twitter; creo que no está de más hacer alguna reflexión sobre lo que allí sucedió. No sobre cada una de las faenas, sino en lo que antecede y trasciende a estas.
Para mí, hay cinco elementos que destacan sobre los demás a la hora de explicar por qué José Tomás, en la plaza, conecta de un modo especial con el público: la liturgia, la selección de los toros, la lidia, el toreo como expresión interior y la búsqueda de la pureza. Vayamos brevemente sobre cada uno de ellos.
Desde que apareció para hacer el paseíllo hasta que lo auparon en hombros (sobre la salida, los empujones, el que le arrancó la hombrera,… ya no había control) José Tomás estuvo e hizo todo con un sentido extremo de la liturgia. Su semblante serio y atento, la ausencia de cualquier intercambio de palabras en el callejón (nadie osó acercársele en ningún momento), el modo de andar, de acercarse al toro, de coger los trastos,… Todo era de una seriedad imponente. Y cualquier obra que pretenda trascender tiene que partir necesariamente de esto, de un respeto absoluto a la liturgia. Y José Tomás lo tiene. Hoy son habitual los chascarrillos en la barrera, los comentarios, las risas,… y los toreros que participan en todo ello. Igual que andan de cualquier modo por la plaza. Lo de Granada fue una escenificación perfecta de que una corrida de toros, sobre todo para los que se visten de luces, no es un pasatiempos. Que exige una concentración, un rigor y un respeto absoluto a lo que supone. Hacerlo así, además, llega al tendido. Porque en cualquier momento que se mira al torero, esté o no toreando, uno aprecia que está absolutamente absorto en lo que está haciendo, que es el requisito imprescindible para que los demás también entremos en el rito.
El segundo elemento es la selección de los toros. Ninguno fue excepcional, pero todos embistieron. Y su presencia estuvo un punto por encima de la habitual en la plaza. Quizá nadie, ni los ganaderos, sepan lo que realmente tienen. Pero uno tiende a pensar que cuando uno se esmera en elegir con precisión los toros es más probable que embistan. La diferencia con los de Matilla del día anterior era palpable, en presentación y en fuerza. Este año estamos viendo embestir a muchos toros en muchas plazas, pero hay ganaderías que están en mejor momento que otras y dentro de cada ganadería no todos los toros tienen las mismas posibilidades de embestir. Tomarse en serio los toros que uno va a lidiar es imprescindible. Seguro que con alguno uno puede equivocarse, pero las posibilidades de acertar son mayores.
Quizá el aspecto que más me llamó la atención el sábado fue la perfección de la lidia de los cuatro toros. No se les dio un capotazo de más. Los puyazos fueron todos en su sitio y medidos. Todos los lidiadores estaban en su sitio. Los banderilleros lo hicieron bastante bien, salvo algún par que se clavó muy bajo, aguantando incluso estoicamente alguna colada inoportuna. Conseguir esto para un matador que no tiene una cuadrilla con la torea de forma continuada sólo se explica porque la autoexigencia del matador es capaz también de trasladarla a todos los que hacen el paseíllo con él. Nuevamente, la comparación con el día anterior, en el que Fandi hacía flexiones en el ruedo o Juli daba capotazos al aire mientras se lidiaban los toros de otros compañeros, era inevitable.
A la salida, tuve la inmensa suerte de charlar un momento con el gran filósofo y extraordinario aficionado Víctor Gómez Pin y me dio la clave esencial sobre la evolución del toreo de José Tomás: el toreo, decía, es un arte espiritual, y José Tomás está en su mejor momento, es cuando más ha ahondado en él mismo y cuando, en consecuencia, mejor torea. Desde lo más profundo, desde donde más tiene que decir.
Y muy ligado a lo anterior, creo que José Tomás busca cada vez con mayor ahínco la pureza en su toreo. Sin duda agrade los triunfos y los trofeos, pero no hace sus faenas buscando por esa vía los triunfos (como, nuevamente, alguno hizo el día anterior). Su propósito es que las verónicas sean cada vez más templadas, que en los delantales pueda, sin moverse tras el primer lance, traerse nuevamente ligado en completa cercanía al toro, que pueda construir un quite variado y perfecto como fue el que le hizo al sexto toro. Busca la pureza en un toreo cada vez más variado con capote y muleta. No hubo atisbos del “ay” de otras veces y sí muchos olés. Las cosas fueron saliendo cada vez un poco mejor, pero es que resulta asombroso que sin haber toreado en público desde hacía más de un año no le tocaran apenas los tratos los toros. Es en esa mezcla de un toreo cada vez más espiritual y más puro desde donde llega completamente al corazón de todos los que estábamos en la plaza.
¿Y no hay objeciones que poner? podría preguntar alguno. Por supuesto, pero uno no va a la plaza a buscar pegas, lo cual no quiere decir que todo le dé igual o le parezca bien, sino que trata de ir a la plaza con el espíritu dispuesto a tratar de emocionarse.
Aun así, debo decir que me resultó muy raro lo del rejoneador. La propia liturgia del toreo a pie se veía de algún modo socavada por una manifestación de la tauromaquia muy diferente y que no se compagina del todo bien con los resortes del sentimiento del toreo a pie. Además, salvo en tardes en las que encerrarse con seis toros (Nimes es el gran ejemplo), José Tomás adquiere una dimensión aun más grande toreando con otros compañeros a pie, porque además de expresar su toreo hace que los demás matadores saquen lo mejor de su tauromaquia, vayan hasta esos límites a los que su medido compromiso no suele obligar a acercarse.
El resto son ya cuestiones ajenas (si debe torear más o menos, en esta o en aquella plaza) o muy de matiz (si no hubo ninguna faena perfecta, porque tampoco ningún toro lo fue; si alguna de las fases podrían haberse alargado algo más;…).
Al fin, queda una tarde inmensa y momentos de toreo únicos. Un ambiente excepcional. Y una senda de compromiso con el toreo, con el modo de estar en la plaza, que desafortunadamente no ha habido ningún toreo que haya querido (o podido) recoger.


jueves, 16 de mayo de 2019

¿Exigencia o triunfalismo?

Después de la discutida Puerta del Príncipe del Juli en Sevilla pude participar en algunos debates sobre la conveniencia de la exigencia o de un cierto triunfalismo para una mayor presencia de la tauromaquia en la sociedad, que ha vuelto a poner de actualidad la protestada Puerta Grande de Perera en Madrid.

Para algunos aficionados es imprescindible que las plazas más importantes, y sobre todo Madrid y Sevilla, sigan manteniendo un nivel alto de exigencia en la concesión de los trofeos. Deben servir de guía para tanto público de aluvión y seguir valorando con un triunfo rotundo (una Puerta del Príncipe o una Puerta Grande en Madrid) sólo tardes memorables, de toreo puro, con estocadas en lo alto, en las que el torero haya estado al menos a la altura del toro, con lidias completas,... La pervivencia de la tauromaquia, a su juicio, requiere indagar en su pureza y en sus valores, en el mejor toreo, y premiar faenas que "calientan" al público pero a las que falta rotundidad, ajuste, clasicismo,... es invitar a los toreros a caminar por sendas de toreo superficial. Si al final todo sirve para triunfar, ¿por qué hacerlo del modo más exigente?

Otros aficionados, sin embargo, también desde su honestidad y su preocupación por la presencia de la tauromaquia en la sociedad, consideran que aunque se relaje algo la exigencia, en tiempos como estos vienen muy bien triunfos sonados. Son conscientes de que no todas las formas de torear son igual de hondas y puras. Pero creen que cuando la mayoría de quienes acuden a las plazas de toros son espectadores ocasionales un triunfo les anima a volver más que una tarde con las mismas faenas que no sean recompensadas con tantos trofeos. Alguien que es relativamente ajeno a la tauromaquia preferirá cuando vuelva a la feria, a su casa o a su lugar de trabajo decir que él ha visto salir a Juli por la Puerta del Príncipe o a Perera por la Puerta Grande de Madrid que decir que ha visto torear bien pero han cortado una oreja. Si la faena va acompañada de un triunfo animará a otros a ir otros días u otros años. Divertirse es también asistir al triunfo, ser parte de algo que luego sale en la portada de los periódicos o los telediarios y poder contarlo.

Ambas posiciones, me consta, están formuladas desde la buena fe de unos y otros. Y reconozco que no acabo de tener una posición muy formada al respecto. Tiendo a creer que es importante que haya quien siga marcando un cierto límite entre el toreo hondo y el vulgar, entre las faenas rotundas y las mediocres,... Pero si hay que equivocarse en alguna dirección prefiero que sea en favor de los toreros y no de la cicatería.

En todo caso, lo que no me parece de recibo es asistir a lo que ayer vivimos con Perera, cuando un sector absolutamente minoritario le abucheó con más virulencia que si se hubiera dejado un toro vivo. Perera ayer lució un toro, dio algunas series muy importantes, y luego podrá discutirse si sacó todo lo que el toro tenía o si podía haber sacado más y no acabó de redondear la faena. Pero si parte del público pide las dos orejas y se las dan, ¿no tiene derecho a salir por la Puerta Grande? Claro que podía haberse puesto un nivel de autoexigencia mayor, pero creo que superponer esa heroicidad a la de lidiar dos toros en Madrid tampoco es obligado. Y que el abucheo que sufrió por parte de unos pocos no es de recibo. Y menos aun que estos se tomen como una afrenta personal el que el torero saliera con gestos de agradecimiento al público. Porque, nos guste o no, hubo muchos que se alegraron de que triunfara.

lunes, 29 de abril de 2019

Del periplo de un abonado de Las Ventas que desea cambiar las localidades a las que está abonado y las dificultades que pone la empresa para seguir siendo abonado

Voy a tratar de resumir lo sucedido aunque sé que quedará más largo de lo que nos hemos acostumbrado a leer en estos tiempos.

Cuando salieron los carteles de San Isidro de este año (sorteo y "cocina" mediantes) era evidente que la empresa estaba haciendo unos carteles más baratos que de costumbre. También que la mayoría de ellos, si no todos, tenían algo de interés para los aficionados. Pero los aficionados son una minoría y sostener el porcentaje de abonos que exige Madrid sólo con aficionados es imposible. Teniendo en cuenta la tendencia de los últimos años, la posibilidad de conseguir entradas para cualquier día en taquilla y la ausencia de carteles "rematados" era previsible que el número de abonados descendiera significativamente.

Desde hace muchos años tenía dos abonos en Las Ventas. La primera vez que pude conseguirlos sólo los había de andanadas de sol. Bajé luego a tendido del 6 (lo único disponible). Y años más tarde, cuando empezó a haber abonos disponibles, en el 8 (para mí, el mejor tendido de Las Ventas por ubicación y por relación calidad/precio). Sólo había un problema: estaban en el 8 casi pegados al 7, con lo cual había sol muchos toros, sobre todo en junio, y uno tenía que soportar justo al lado las intempestivas voces de algunos habituales. Conclusión: de unos años a esta parte quería poder cambiar los abonos al 8, pero más cerca del 9, un lugar de la plaza en los que desde que tenemos memoria los que frisamos los 50 no se habían podido conseguir. De hecho, no había nada entre los abonos disponibles que salieron a la venta a la vez que comenzó el proceso de renovación de los abonos existentes.

Este año dudé si renovar el abono o esperar a las entradas sueltas y comprarlas así en las ubicaciones que fuera posible. Estaba yo en estas cavilaciones cuando recibí una llamada que, según me dijeron (y yo creí) era de la Plaza para renovar los abonos. Les conté mis cuitas y me dijeron que podía renovarlo y luego, cuando salieran los nuevos, podría cambiarlo con el pago o abono de la diferencia.

Por razones personales, Semana Santa y otras vicisitudes esperé a la última semana (la siguiente a Semana Santa) para tratar de renovar. Y resultó que esa semana ha hecho un frío y ha llovido en Madrid como no lo ha hecho en todo el invierno. Puse un mensaje en twitter para saber si había que desafiar a las incremencias meteorológicas para renovar y el amable community manager de Las Ventas me dijo que en un gélido y tormentoso día (el penúltimo) habían abierto la verja de la zona izquierda de la Puerta Grande para esperar. O sea, se esperaba al aire libre pero a cubierto (sólo mojaba la lluvia "horizontal") y las gestiones se hacían en medio de la tormenta. Mi ración de antibióticos por entonces no aconsejaba tal proeza. El último día por la tarde me acerqué (sólo hacía mucho frío, pero no llovía), no había nadie en la cola y le dije al amable empleado que me atendió que quería renovar, pero si podía luego cambiar la ubicación de los abonos. Y le expliqué mi conversación con la persona que me había llamado. Puso cara de extrañeza, me pidió que esperara un momento mientras hacía una consulta y volvió al momento diciéndome que si renovaba los abonos luego no podía cambiarlos (sacarme más abonos, sí). Respecto a la llamada, me dijo que era de un call-center (contratado por la empresa, supuse, pero tampoco era plan de alargar aquello). Le expliqué que entonces no renovaría y trataría de encontrar otros en el sitio que quería cuando el lunes salieran los nuevos abonos. Me insinuó que con el ritmo de renovación que habían tenido no iba a tener problema alguno.

Pensaba que no iba a saber nada más de los abonos hasta hoy, pero no fue así. El sábado a la taurina hora de las cinco de la tarde recibí una llamada de una amable señorita que me indicó que no había renovado mis abonos y que si era porque se me había olvidado, que me daban la oportunidad de hacerlo. Lo primero que le pregunté (era obvio) es si me llamaba de la Plaza o de un call-center. Me confirmó que desde las mismísimas taquillas de la monumental de Las Ventas. Y entonces le expliqué lo sucedido hasta entonces. La chica dijo entender mi malestar. Y le comenté que si ello no ponía en peligro su puesto de trabajo podía trasladarle mi queja los dueños de aquello, que me llamaran si querían y que se lo explica entonces con más detalles y más contundencia.

No tenía esperanzas de recibir más llamadas. Y no las he recibido. Por lo que esta mañana, afanoso, a la hora a la que decían que se ponían a la venta los nuevos abonos (10:00h.) estaba presto a ver si conseguía dos abonos en el 8 cerca del 9. Hasta las 10:15 no ha aparecido en internet el enlace para comprar abonos, pero era erróneo (pedía una credencial que no se exigía para ninguna otra compra en la web). Estaba empezando a dudar si es que querían reservar abonos para los que estuvieran en la cola de la plaza (como hicieron en Sevilla con las entradas del Domingo de Resurrección) o si era sólo un problema técnico. Cuando a las 10:43 he podido entrar y comprobar abonos disponibles he concluido que debía ser un problema técnico porque se pueden comprar abonos (incluso juntos) en cualquier zona de la plaza.

Al final tengo mis dos abonos aunque no he conseguido todavía poder imprimir las entradas (pero para eso tengo más de 15 días y espero que sea tiempo suficiente de arreglarlo). Pero la desazón por cómo se (des)cuida al abonado en la primera plaza del mundo es inmensa. Y el temor a que muchos días en San Isidro haya menos, mucho menos, de media entrada. Con los tiempos que vienen, una tragedia.

Lo dicho, quedó más extenso de lo deseable. Si alguien llegó hasta aquí, gracias por la atención.




martes, 8 de enero de 2019

La Ley de Protección Animal de La Rioja - Un atentado contra la civilización (y II)

Como indicaba en la anterior entrada, la Exposición de Motivos de la Ley 6/2018, de 26 de noviembre, de protección de los animales en la Comunidad de La Rioja es un auténtico disparate que asume como propio postulados de la ideología animalista más totalitaria que denigra a las personas al nivel de los animales, considerando que es la protección de estos (y no de los seres humanos) lo que hace que una sociedad sea justa y ética.

Con una fundamentación como esa, la regulación posterior no puede aventurar nada nuevo. No tiene sentido entrar en un análisis detallado de cada uno de sus preceptos, pero sí dar algunas indicaciones de su sinrazón.

Lo primero que debe apuntarse es su extensión. Es una ley extremadamente prolija y detallada, que entra a regular desde cuestiones muy generales hasta otras de completo detalle. Sólo un dato: tiene 68 artículos, muchísimos más de los que tienen, por poner un ejemplo, la Ley de Arrendamientos Urbanos (que regula todos los arrendamientos de viviendas y de locales de negocio en España) o la Ley de Propiedad Horizontal (que regula todas las comunidades de propietarios, salvo las de la Comunidad Autónoma catalana).

Además de Disposiciones Generales tiene casi tres páginas -formato BOE- de "Obligaciones y prohibiciones de los propietarios o poseedores", más de una de "Control de población de los animales", regula también el "Traslado, espectáculos, filmaciones y publicidad de los animales", la "Identificación de los animales", los "Centros de acogidas de animales", "Asociaciones de protección y defensa de los animales·, "Las colonias felinas urbanas", "De los animales de producción para el autoconsumo", la "Avicultura recreativa", "Fauna silvestre", "Especies protegidas", "Prevención de accidentes", "Inspección y vigilancia", "Tenencia, tráfico y comercio de animales", "Establecimientos para el mantenimiento de los animales de compañía", "Establecimientos de venta de animales y centros de cría de animales", "Agrupaciones zoológicas de animales de fauna salvaje", "Prevención de escapes" y un detallado y contundente régimen de Infracciones y sanciones.

Como fácilmente puede apreciarse, el cumplimiento de una ley tan extensa, que regula tantas materias y que incide de forma directa en el trato habitual que en muchos ámbitos se tiene con los animales sólo puede garantizarse si se destinan ingentes recursos públicos a inspeccionar su cumplimiento y a tramitar los correspondientes expedientes sancionadores. Y como el dinero público no es infinitito alguien deberá explicar de dónde van a detraerse recursos para financiar esta labor.

Después están las normas que inducen a la risa o al desencanto, según el momento. Sólo algunos ejemplos:

- El artículo 6.1 de la Ley dice que los propietarios o poseedores de los animales "tienen el derecho a disfrutar de los animales y el deber de protegerlos". Uno se pregunta si además de disfrutar pueden a veces no disfrutar tanto. Y si lo de protegerlos es algo absoluto o cede, por ejemplo, frente al cuidado de los abuelos o de los niños.

- El artículo 6.2 a) dice que el propietario, el poseedor y "todas aquellas personas que mantengan o disfruten de su compañía" deben "tratar a los animales conforme a su condición de seres sintientes (…), suministrarles un alimentación y bebida equilibrada y saludable para su normal desarrollo, proporcionarles instalaciones limpias, desinfectadas y desinsectadas". Sólo esto daría para un tratado. Lo de los seres "sintientes" engarza con los postulados filosóficos del animalismo más radical. Lo de la alimentación "y bebida" equilibrada y saludable cuesta trabajo entenderlo cuando esa obligación no existe (o no se cumple) respecto a la mayoría de las personas o de muchos de los padres con sus hijos. Y lo de las instalaciones limpias es paradójico cuando muchas veces los animales viven en los mismos espacios en los que seres humanos que son sus propietarios o poseedores; tendría guasa que esta ley sirviera para sancionar a quienes viven en condiciones no muy adecuadas, precisamente por su indigencia.

- También se obliga a los propietarios (art. 6.2 c) a proporcionar la posibilidad de realizar el ejercicio necesario, al menos dos paseos diarios. La ley no distingue y uno se pregunta qué sucede, por ejemplo, con las aves.

- También hay que "adoptar las medidas necesarias para evitar la reproducción incontrolada de los animales" (art. 6.2 h), en un claro atentado contra la propia esencia del animal.

- Según el artículo 6.2 k) hay que comunicar la muerte del animal en el plazo máximo de 7 días hábiles acompañando un certificado veterinario en el que consten las causas de la muerte "y si presenta o no signos de violencia" (sic).

- También se sanciona ejercer la mendicidad valiéndose los animales (art. 7.9). Parece que al legislador riojano no preocupa que haya mendigos, sino que estos tengan animales, ya que, al parecer, los animales disponen de una regulación que les protege mucho más que a sus amos.

- Se obliga a la esterilización de los animales de compañía (11).

- Se prohíben los circos con animales (13 b).

- Cuando se utilicen animales en filmaciones con escenas ficticias de crueldad, maltrato o sufrimiento el medio de difusión "debe hacer constar que las situaciones son ficticias y hacer constar el número de autorización" (15). ¿Existe una norma similar cuando las escenas ficticias son de crueldad, maltrato o sufrimiento de las personas?

- Las edificaciones y estructuras de nuevas construcción deberán evitar utilizar elementos que puedan producir accidentes en la fauna silvestre (36). Se prevé también que en las edificaciones existentes habrá un plazo para adaptarlas. ¿No es suficiente con el Código Técnico de la Edificación? ¿Quién va a revisar si los elementos pueden o no causar daños? De locos.

- La venta de animales está prohibida a menores de dieciocho años (4. g). Quienes, se recuerda, sí pueden comprar sin autorización de sus padres según qué tipos de medicinas...

- El régimen sancionador incluye siete infracciones leves (sancionables de 100 a 500 euros), veintiséis graves (de 501 a 5.000) y veintinueve muy graves (de 5.001 a 100.000 euros). O sea, casi todo incumplimiento de la ley será considerado una infracción muy grave y podrá ser sancionado con hasta 100.000 euros.

Por no extenderme más. Esto es un auténtico disparate. Y los partidos deben empezar a plantearse cuáles son sus prioridades reales. Una cosa es que los humanos tratemos a los animales conforme a su naturaleza (lo cual es razonable y acorde con nuestra condición racional y ética) y otra es que se ponga a los animales como prioridad política y "ética". Nos acabaremos arrepintiendo.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

La Ley de Protección Animal de La Rioja - Un atentado contra la civilización (I)

La aprobación de la Ley 6/2018, de 26 de noviembre, de protección de los animales en la Comunidad
Autónoma de La Rioja es una muy mala noticia. No porque trate de proteger a los animales, algo que puede tener su sentido, sino por dos razones básicas: (i) parte de una fundamentación del respeto a los animales que constituye un atentado a los principios básicos de nuestra civilización; e (ii) incluye derechos y prohibiciones manifiestamente absurdos.

En cuanto a lo primero, baste con mencionar algunas afirmaciones del apartado I de la Exposición de Motivos y apuntar su falsedad:

- "Numerosos experimentos científicos avalan la conexión entre el maltrato a los animales y la violencia a las personas." Esto es MENTIRA. De hecho, la historia enseña que las primeras leyes de protección animal se proclamaron en el régimen nazi mientras se masacraba a millones de personas.

- "El abuso hacia los animales puede indicar la existencia de un problema más profundo". Sí. Y también el empecinamiento con un equipo de fútbol, una alimentación vegetariana o una determinada religión. Las enfermedades mentales tienen vericuetos peculiares en los que se manifiestan. Pero a nadie se le ocurriría prohibir el fútbol, los calabacines o el anglicanismo, porque alguno de sus devotos hayan padecido una enfermedad mental.

- "El hecho de que los animales puedan sufrir es razón suficiente para tener la obligación moral de no causarles daño". Esto es lo más peligroso de todo. NO. Es la base del animalismo. La consideración de los "seres sintientes" y la equiparación por una sensación de daño de los animales y los hombres socava nuestra civilización. Por citar sólo un ejemplo, impide cualquier tipo de alimentación animal (de los hombres y de los propios animales). Si los animales sufren (que está por ver) eso no impide que los seres humanos puedan cazarlos o matarlos para alimentarse de ellos, o hacer que sufran enfermedades para experimentar métodos de curación. Por cosas como estas la civilización ha avanzado. Renunciar a ellas es devolver al ser humano al primitivismo a costa de hacer perder a los animales su esencia animal.

- "El principio de justicia postula que las acciones son justas en la medida que tienden a promover la felicidad y bienestar, e injustas en cuanto tienden a producir dolor e infelicidad.  Este principio extendido a los animales demandaría no provocar dolor ni sufrimiento a nadie susceptible de sentirlo independientemente de la especie a la que pertenezca." La insensatez alcanza en este párrafo su expresión máxima. Ningún principio de justicia puede extenderse a los animales, que ni son ni pueden ser sujetos de derechos y obligaciones (y si no lo pueden ser de obligaciones no lo pueden ser de derechos). Y, además, poner en pie de igualdad a las especies (=especismo) no supone dotar de más dignidad a los animales (lo cual ya sería un dislate), sino que implica rebajar la dignidad de los humanos a la de los mosquitos o las cucarachas. Bastante ha costado considerar que todos los seres humanos somos libres e iguales (y en algunos lugares del mundo no se ha conseguido aun) para que algunos urbanitas venga a decirnos que no, que lo que somos los humanos es iguales que las ratas.

- "Un sistema en el que se ignore a los más débiles no puede ser justo ni ético. El abuso hacia los que se encuentren en situación de desventaja degrada la condición humana de quien lo ejercita. Son indignos de personas civilizadas y contrarios a sociedades evolucionadas, democráticas y solidarias." Nuevamente, la redacción es sibilinamente abyecta. En las dos primeras frases se igualan animales y personas y en la tercera se alude a las personas como incívicas de igual modo si atacan a un ser humano débil que si matan a un escarabajo pelotero. Es de una bajura moral indescriptible. Por eso, el párrafo requiere ser reescrito: "Un sistema en el que se ignore a los seres humanos más débiles no puede ser justo ni ético. El abuso hacia los seres humanos que se encuentren en situación de desventaja degrada la condición humana de quien lo ejercita. Son indignos de personas civilizadas y contrarios a sociedades evolucionadas, democráticas y solidarias." Fíjense: sólo con añadir "seres humanos" en las dos primeras frases el párrafo cobra valor. Tal y como está publicado en el Boletín Oficial de La Rioja equipara matar a un indigente y a un cerdo, humillar a una persona moribunda o sacrificar a un perro que tiene una enfermedad incurable, matar a un mosquito que nos incordia en verano o a un familiar del que puede heredarse una buena fortuna.


¡Por favor, despierten! ¿Qué clase de políticos tenemos que pueden aprobar una ley como esta que agrede de forma tan brutal la dignidad de los seres humanos?


miércoles, 5 de diciembre de 2018

Animales vivos

El pasado martes, 4 de diciembre de 2018, la Ministra de Transición Ecológica afirmó en una entrevista en Onda Cero que era partidaria de prohibir los toros y la caza después de haber dicho lo siguiente: "desde el punto de vista personal tengo clara cual es mi opción, y mi opción es disfrutar de los animales vivos y siempre me ha resultado muy llamativo de que haya gente que disfrute de ver morir o ver sufrir animales. La verdad es que no lo entiendo. Creo que eso está cambiando rápidamente y que los patrones culturales y los valores sociales lo hacen a ese ritmo. Por tanto, y sin interferir en lo que no me toca, pero simpatizo con esa serie de planteamientos".

Estas declaraciones han suscitado no pocas críticas en las redes sociales. Pero, a mi juicio, todas las valoraciones que se han hecho (cada una de forma independiente y todas en conjunto) han sido mucho más benévolas que lo que este tremendo dislate merecía.

En primer lugar, permítaseme hacer un comentario entre jocoso y malintencionado sobre el nombre de su cartera. ¿Transición Ecológica? Transición, ¿de dónde a dónde? ¿De una sociedad urbana a una previa a la cultura sedentaria? ¿Qué es la Transición Ecológica? ¿La que nos lleva a todos al estadio previo a la civilización, a la creación de ciudades, de la industria,...? ¿Es sólo una excusa para justificar a quienes no han aprendido nada de la cultura de la Ilustración o tiene otros objetivos más profundos?

Por lo demás, la declaración de que su opción es disfrutar de los animales vivos no puede sino responder a una absoluta falta de reflexión previa. Disfrutar... ¿de qué animales vivos? ¿De los perritos con jersey de lana de los envejecidos centros de las ciudades o de los lobos que atacan a los rebaños de ovejas? ¿De los canarios enjaulados en medio de la gran ciudad o de los buitres que atacan animales vivos porque la obligación de retirar de los campos los animales muertos ha acabado con su modo natural de alimentarse? ¿De las bellas mariposas que van de flor en flor o de las avispas que con sus picaduras ocasionan varias muertes de personas al año?

La inclinación natural a admirar a animales vivos sólo puede responder a un pensamiento naif que desconoce el medio natural y que no ha reflexionado jamás sobre lo que significa la relación del hombre con la naturaleza.

Pero aun así, no es eso lo más grave. Lo peor, lo más pernicioso, es la afirmación de que no entiende que haya personas que disfruten viendo sufrir animales. ¡Sólo faltaba! Ni ella ni nadie. Pero dar por hecho que los cazadores o los aficionados a la tauromaquia van a una espera en el campo o acuden a una plaza de toros para disfrutar viendo sufrir un animal es de una simpleza y suponen una acusación a millones de españoles que no es inocua. No, señora ministra, los cazadores no van al campo a "disfrutar" viendo cómo mueren los venados, los corzos o las perdices, ni los aficionados a los toros vamos a la plaza de Sevilla a regodearnos en la muerte de un toro. Un cazador va a cobrar una pieza en una actividad propia de la especie humana, que le ha hecho crecer como tal y que ha sido fundamental para que como especie séamos mejores y más nobles. Poder revivir experiencias que el ser humano ha ido perfeccionando desde hace decenas de miles de año tiene una importancia cultural, histórica y social fuera de análisis simplistas como los suyos. Igual que la tauromaquia, en la que el refinamiento de un rito ancestral ha conseguido mantener de forma cada vez más bella distintas tradiciones propias de las culturas mediterráneas. Y aunque es ocioso repetirlo parece que en este caso resulta obligado hacerlo: los aficionados no vamos a los toros a ver sufrir al animal. Más allá del debate sobre si el animal sufre o no (que no lo hace, porque ello implica una valoración moral de la que carece), o de si siente o no dolor (que no lo siente, por la compensación a través de la generación instantánea de endorfinas), lo que es indiscutible es que los aficionados vamos a ver torear, vamos a ver cómo un torero, con un pequeño trapo, se enfrente a la bravura de un animal indómito con su inteligencia, y es capaz, si ello fuera poco, de crear belleza en ese embate.

Señora Ministra, usted tiene todo el derecho del mundo a tener la opinión que quiera respecto a la caza o respecto a la tauromaquia ¡faltaba más! Pero con dos precisiones. La primera es que prohibir manifestaciones antropológicas o culturales que no atentan contra la dignidad de un ser humano es atacar la cultura y limitar la libertad de quienes quieren disfrutar de esas tradiciones. Y la segunda, que desde una posición representativa como la de Ministro (o Ministra) antes de hacer manifestaciones tan genéricas e imprecisas como las que hizo debería conocer con mayor precisión de qué está hablando. A todos nos gustan los animales vivos, pero según cuáles y cuándo, no todos ni en todas las situaciones. Ciertos mosquitos en verano nos gustan muertos, y ciertos animales, debidamente sacrificados, destinados a nuestra cultura gastronómica. La vida, que ni siquiera en los hombres es un valor absoluto, menos aun es un elemento genérico de diferenciación moral en la relación con los animales. 

martes, 25 de septiembre de 2018

Democracia, Tauromaquia y Referendum


El pasado viernes 21, Pablo Iglesias manifestaba la conveniencia de realizar un referéndum sobre la tauromaquia. Según informa El Mundo afirmó que él no puede imponer un criterio a todo el mundo, por lo que es un asunto que debería decidir la mayoría a través de una consulta. "Estaría bien preguntar a la gente. En esto habría que ser demócratas".

Esto es, él no cree que pueda imponer su criterio, pero cree que la mayoría a través de una consulta sí puede (debe) hacerlo, ya que eso es lo democrático.

El concepto de democracia que parece deslizarse de estas palabras no sólo es terriblemente simplón, sino extremadamente peligroso. La opinión de uno no puede ser impuesta a todos los demás, pero la opinión de la mayoría sí.

Pues no. Para nada. Eso no es democrático sino totalitario. Lo democrático es que cada cual pueda vivir conforme a sus ideas, criterios y principios siempre que con ello no contravenga unas mínimas normas de convivencia. ¿Se imagina alguien que sometiéramos a referéndum qué religión, orientación sexual o ideología política prefieren los españoles? Y que aquella que resultara mayoritaria se impusiera y tuviera que ser asumida por todos…

La democracia es un sistema en el que gobierna la mayoría, pero en el que lo hace con determinados límites. Y, entre ellos, dos imprescindibles: el respeto a los derechos individuales y a las minorías.

El debate sobre la tauromaquia es, al fin y al cabo, el debate entre quienes consideran que no cabe infringir ningún daño a los animales y quienes creemos que por razones alimenticias o culturales los animales pueden ser tratados de un modo conforme a su naturaleza (no igual, por tanto, un perro que un toro de lidia, ni un mosquito que un jabalí), aunque ello implique en determinados casos su muerte (en mataderos, en plazas de toros o en cotos de caza, por poner algunos ejemplos). Un referéndum sobre la tauromaquia supondría que una eventual mayoría contraria a la tauromaquia puede imponer su visión sobre la relación del hombre con los animales al resto. ¿Y podría un referéndum posterior prohibir vender carne de cerdo, o de vaca, o de cordero, como propugnan los mismos que pretenden la abolición de la tauromaquia? ¿O no efectuar pruebas médicas con animales aunque con ello se imposibilitara o retrasara enormemente el avance científico y se impidiera salvar vidas humanas?

Un referéndum sobre la tauromaquia no es democrático porque supondría tratar de imponer una determinada visión del hombre sobre otras, porque supondría determinar qué manifestaciones culturales deben prohibirse (¿podría ser objeto de referéndum prohibir el arte abstracto, el rap, la música gregoriana,…?).

Como ciudadanos, antes que como aficionados a los toros, debemos llamar la atención sobre los peligros que suponen los que proponen la prohibición de la tauromaquia. Se trata de imponer una visión del mundo, de la relación entre las especies, de la cultura, de la propia naturaleza del ser humano y su capacidad de dominar el mundo y servirse de otras especies con responsabilidad y discernimiento ético,…
No, no es la tauromaquia lo que está en juego. Es la libertad. Y la democracia. Que no consiste en que una mayoría imponga sus criterios, sino en que cada uno pueda vivir conforme a los suyos siempre que con ello no impida un espacio igual de libertad de otro ser humano.

jueves, 23 de agosto de 2018

Ocurrencias estivales

Un ganadero dice que "los toros" son un espectáculo donde la gente no paga por ver "toros" sino "toreros". Y quizá no le falte razón. Así están las cosas.

Muchos aficionados le llaman de todo; pero quizá sólo los que lo han criticado (uno a uno, sin faltar ni sobrar uno) son los acuden a las plazas a ver toros. El resto, o va a ver lo que le cuadra (porque son las fiestas de su pueblo, del de al lado o del de la parienta) o va a ver cualquier cosa.

El ganadero en cuestión, dicho sea para el análisis de quienes creen que la competencia es beneficiosa para la sociedad y el mercado, gana más dinero criando toros que el público no demanda y que no atraen gente a la plaza, que la mayoría de los ganaderos que sí crían toros que, con independencia de los espadas que los lidien, atraen público a las plazas. Así están las cosas.

Mientras, otros ganaderos (y ganaderas), manifiestan desde la venerable sabiduría que sólo dan los años y los peculiares cardados capilares, que las figuras son de pitiminí porque no quieren lidian sus toros, porque torean mucho con la muleta y porque ella se aburre con ese toreo. La periodista, eso sí, olvidó preguntarle la última faena que le había emocionado con uno de sus toros (no la que ella se imaginó con algún toro que le gustó, sino alguna faena real).

Los aficionados, entretanto, recuerdan a los empresarios taurinos las declaraciones del Ministro del ramo diciendo que si la bajada del IVA al cine no repercute en el precio de las entradas se volverá a subir el IVA. E instan al Ministro a que suba el IVA del toreo porque no han bajado las entradas. Tanto aprecian a los "productores" que prefieren el dinero en mano de los políticos que en el negocio de la Fiesta. Así están las cosas.

Un aficionado en el apartado de Bilbao grita que todos los toros están afeitados. Lo hace a voz en grito cuando se está desarrollando un acto que, en aquella tierra, tiene su liturgia y se realiza con el debido respeto a los toros y a los aficionados. No espera a que finalice el acto, ni a un momento más oportuno, sino en el que puede llamar más la atención. Porque es de buenos aficionados taurinos gritar de modo vehemente en cualquier momento. Y algo que en cualquier otra actividad artística sería unánimemente repudiado por los demás espectadores, aquí es aplaudido por los aficionados más aficionados entre los aficionados porque representa lo que estos aficionados más aficionados entre los aficionados quieren oír. Y como las clases bien de Bilbao, el Presidente del festejo y la Junta Administrativa le hicieron callar, estos son unos paniaguados de los taurinos.

Y la Junta Administrativa dice que va a prohibir a este señor acudir a más apartados. Y los aficionados más aficionados entre los aficionados dicen que no se rinda y vaya. Y él dice que va a ir... Y mientras, en la plaza, Padilla y dos figuras llenan solo media plaza. Pero el problema es que un ganadero dice que la gente va a ver a los toreros, que ese señor no es un ganadero sino un "ganaduros" (y a fe que lo es más que los de su gremio), que las figuras son de pitiminí, que es mejor un IVA más alto para el Gobierno que un mayor margen para los comisionistas del taurineo, que gritar en medio de un apartado con su ritual es libertad de expresión y que el mejor modo de acabar con los aficionados que protestan es echándoles de las plazas. Eso sí, cuéntenme si en las barras de los bares, si en los programas de televisión, si en las colas del supermercado, si en las playas o en los trabajos este verano alguien les habla de toros (o de toreros). Así están las cosas...


miércoles, 8 de agosto de 2018

A vueltas con las plazas de toros

Ayer en Twitter, dos noticias volvieron a poner en evidencia que la propiedad de las plazas de toros es una de las principales debilidades de la Fiesta. Por un lado, se recordaba cómo, en plena feria de la Virgen Blanca, este es el segundo año sin toros en Vitoria, planteando algunos la falta de generosidad de los taurinos para hacer los esfuerzos que hicieran falta para haber mantenido los festejos en esa plaza. Por la tarde, un tweet anunciaba que una empresa inmobiliaria había hecho una oferta por la plaza de toros de Córdoba, lo que podía hacer que la ciudad de los Califas dejara de tener plaza de toros.
Desde aquí se ha dicho reiteradamente y desde hace muchos años: el hecho de que los empresarios (ahora, algunos, “productores”) no tenga el control (propiedad o arrendamientos a largo plazo) de los lugares en los que se pueden desarrollar festejos taurinos deja la celebración de estos festejos en mano de los intereses y conveniencias de personas ajenas al mundo taurino, ya sean entidades públicas o privadas. Es cierto que el hecho de que las plazas sean propiedad de “taurinos” no garantiza que las cosas se hagan bien, pero al menos evita que sean otros, y sus intereses, los que decidan por nosotros. (Un apunte aquí: Barcelona, en esto, no es una excepción, porque la propiedad de la plaza –Balañá- no era ya, cuando se decretó la prohibición de los toros en Cataluña, una empresa taurina, sino una empresa de salas de espectáculos diversos en los que la tenencia de la plaza de toros era algo residual en su cuenta de resultados).
Los casos de Vitoria y de Córdoba son paradigmáticos de esa dependencia de otros. En Vitoria, por ejemplo, a pesar de lo que algunos crean, los toros no están prohibidos. Como nunca lo estuvieron en San Sebastián, a pesar de que durante varios años no se dieron festejos en su plaza. La plaza de Vitoria es una plaza de titularidad municipal en la que el Ayuntamiento, en el ejercicio de sus competencias, ha decidido sacarla a concurso en condiciones diferentes de las que permitieron a los empresarios taurinos, en el pasado, que las cuentas les cuadraran. Ahora, existe un canon (muy modesto, pero lo hay) y no hay ayudas municipales de ningún tipo. Parece que, en esas condiciones, no hay ninguna empresa a la que le cuadren las cuentas.
Obviamente, lo primero que podemos plantear es por qué el Ayuntamiento modifica sus criterios y discrimina a los toros respecto a otras actividades de su feria, quitándoles cualquier ayuda y obligando a pagar dinero para su celebración. Sin duda, es algo deplorable, pero al menos en apariencia es legal que lo haga: el Ayuntamiento puede decidir en qué invierte sus recursos y cómo se gestionan sus bienes municipales. Lo que habría que plantearse, entonces, es cómo es posible que no cuadren las cuentas por tener que pagar 3.000 euros por utilizar un recinto para dar toros en una plaza de segunda. Algo está mal, muy mal, en la estructura del negocio taurino si con este coste del “piso de plaza” los números no salen.
Lo de Córdoba es más curioso aun. La plaza de toros es de propiedad privada. De unas familias que tienen reservada el mejor tendido, que no pagan por ir a los toros y que alquilan la plaza para este menester a quien tiene por conveniente en las condiciones que deciden. En los últimos años, la empresa gestora ha sido la FIT, en una labor que no ha sido precisamente brillante en cuanto a número de festejos y asistencia de gente (a cambio, este año pudimos ver unas faenas de Finito y de Morante realmente memorables).
Si ahora la propiedad de la plaza recibe una oferta para vender la plaza a alguien que cree que puede desarrollar un negocio inmobiliario en su emplazamiento, lo probable es que valore la oferta. Y luego, que decida según le convenga. Es cierto que los taurinos querríamos que decidieran conforme nos interesa a los aficionados, pero ¿por qué habrían de hacerlo? Ciertamente tienen una responsabilidad para con la sociedad de la que forman parte y especialmente con los aficionados, los ganaderos, los toreros,… y todos aquellos que de un modo u otro están vinculados con lo que sucede en la plaza (los stakeholders de los que hablan los anglosajones). Pero si ni los empresarios, ni los toreros, ni los ganaderos invierten sus ahorros en construir plazas de toros, ¿por qué unos terceros deben mantenerlas en vez de poder monetizar su valor y gastarlo o invertirlo como tengan por conveniente?

Construir una plaza de toros es algo costosísimo. Hacerlo sólo para dar espectáculos taurinos no tiene ningún sentido en la actualidad. La propiedad de la mayoría de las plazas están en manos de entidades públicas y privadas que nada tienen que ver con la tauromaquia. Y los taurinos no han invertido en absoluto en la construcción de las plazas o en investigar si es posible adaptar otros espacios para dar espectáculos taurinos. Por eso, la posibilidad de celebración de espectáculos taurinos depende de la decisión de otros, que no son ni los empresarios, ni los toreros, ni los ganaderos. Sólo con la unión de toros (aficionados incluidos) se puede seguir exigiendo a las administraciones y propiedades privadas que las plazas de toros se destinen a los fines para los que fueron construidas. Pero no estaría de más que alguien comenzara a pensar en cómo hacer para que la Fiesta no descanse casi totalmente en manos completamente ajenas.

sábado, 4 de agosto de 2018

Cuando lo que importa... (Huelva, 3 de agosto de 2018)

La tarde del 3 de agosto en Huelva era importante, sobre todo, porque un hombre se había sobrepuesto al infortunio. A David de Miranda le habíamos visto hacía dos años tomar la alternativa en esta misma plaza de manos de José Tomás y lo hizo con una seriedad y un buen toreo que habrían debido ser recompensado con más oportunidades en las plazas. Pero el negocio de los comisionistas del toreo está como está y las oportunidades casi no llegaron. En la última de ellas, en Toro, el año pasado, sufrió una voltereta que a punto estuvo de costarle la movilidad. Una buena atención médica, su constancia y un punto de suerte le han hecho recuperarse. Ayer en su primer toro (el tercero de la tarde) dio una dimensión litúrgica de su toreo, quizá tratando de imitar en exceso a su padrino de alternativa, pero la pureza en su forma de recibir con el capote al toro, las saltilleras ajustadísimas y con solo un pedazo de capote en el quite y la rotundidad y cercanía absoluta y sin aspavientos con la muleta conectaron con el público, que se regocijó con el toreo y con la vuelta a la profesión (a una vida plena) de David de Miranda.

A destacar, que antes de salir el primer toro, cuando todos esperábamos que se le recibiera con una gran ovación esta empezó muy tímida, y fue Morante quien, en el ruedo soltando las muñecas, le animó a salir a saludar, momento en el cual el aplauso se tornó unánime.

Antes de que en el tercero, David de Miranda se reencontrara con el hombre y con el torero, las faenas al primero y al segundo hacían presagiar una tarde nefasta. Sólo se salvó, ¡y cómo! el inmenso toreo de capote de Morante a su primero, tan personal, tan puro, tan hondo,... tan repetido que, a pesar de ser un milagro, nos parece que es lo normal. Ese toro llegó a la muleta completamente parado y fue imposible hacer nada con él. Como con el segundo, al que Manzanares cuidó en los primeros tercios, pese a lo cual se derrumbó completamente tras el primer muletazo y hubieron de levantarlo, no sin esfuerzo, coleándolo. Al siguiente paso volvió a caer con estrépito y esta vez hubo que levantarle tirando de rabo y cornamenta. Lo razonable después de aquello hubiera sido prepararlo para la muerte o al menos taparse un poco, pero Manzanares se colocó y citó como si pretendiera hacer una faena con todos los rigores, desde la hondura, algo que se antojaba esperpéntico con aquel bicho.

Lo del tercero está ya contado. Y lo del cuarto es inenarrable. Morante hizo una de sus faenas más completas que le hemos visto. Uno no es mucho de contar despojos, pero si hay una faena merecedora de rabo es una faena como la de ayer de Morante en El Puerto, porque toreó extraordinariamente bien en todos los tercios. Lo hizo todo. Y todo lo hizo bien. Toreó con el capote de recibo en una mezcla inspirada de verónicas y delantales extraordinarias, cerrando con una media grandiosa. Llevó al toro al caballo con un natural galleo por chicuelinas, leves, al paso,... Quitó desde el mismo caballo con nuevos lances llenos de torería. Cuando el Lili tenía ya en sus manos las banderillas con los papelillos colorados (y no blancos y azul, como es usual en Huelva), Morante le pidió sorpresivamente los palos y puso tres pares de banderillas desde el más absoluto clasicismo, los dos primeros en cercanía (con susto incluido en el segundo al no saltar la barrera y hacer el toro por él) y el tercero en un quiebro perfecto entre las tablas y la primera raya. Con la muleta hizo una faena variada, no muy larga, pero en la que intercaló series de derechazos y al natural con un comienzo inspirado y remates y pases de diversa factura. Sobre todo, con una torería en la cara del toro inmensa. El toro se puso complicado para cuadrarlo (escarbaba siempre), pero Morante lo colocaba, primero con el luego, luego con la muleta en alto plegada,... Hasta el que el toro estuvo cinco segundos sin escarbar y el de La Puebla ejecutó el volapié en corto y por derecho.

Seguro que hemos visto a veces a Morante trazas alguna verónica o alguna media de más belleza, y algún par de banderillas (aquel con las cortas en Ronda sentado en una silla de enea...). Le hemos visto alguna serie de muletazos mejor con algún otro toro, adornos más inspirados,... Pero es que lo de Huelva ha sido un compendio total de torería en sus tres tercios. Con guiños culturalistas, como decía mi amigo José María Jurado, al toreo de otros tiempos, a otros maestros, a otra forma de estar delante del toro. Sólo eso justifica los kilómetros a Huelva y los de toda una temporada. Como los justificó lo de Córdoba. Y como tantas y tantas cosas que vemos.

Para quienes acostumbran a decir que las faenas de muleta no tienen por qué tener más de quince o veinte muletazos, una faena como la de ayer de Morante debe ser paradigmática. Porque es realmente extraño que un torero pueda dar más de sí en todos los tercios. Lo importante no es la perfección del trazo de un natural o un pase de pecho, es el modo único en que un creador dibuja una obra de arte efímera con una personalidad única y trayendo retazos de la historia del toreo.

Luego, Manzanares trató de resarcirse con el quinto, un toro que cabeceaba y ponía más problemas. Manzanares aprovechó su empaque, pero faltaba ajuste (mucho). La diferencia era muy notable. Hubo momentos de trazo bello, pero muy distante; ligazón aparente, pero a base de sacarse al toro muy lejos al final de cada muletazo;... Además, la primera estocada (que cobró después de buscar al toro, andarín, por toda la plaza) hizo guardia.

Y el último fue un toro con menos posibilidades. No tan parado como los dos primeros, pero sin la nobleza de tercero y cuarto. David de Miranda lo intentó, pero faltó la garra del tercero, el asentamiento, quizá también la claridad de ideas y la decisión. Aun así, sólo por la faena del tercero y por haberse recuperado al torero y al hombre, deberían darse más oportunidades a este matador.

domingo, 1 de julio de 2018

La importancia de José Tomás (Algeciras, 29 de julio de 2018)

Haber podido estar la tarde del viernes en Algeciras ha sido (personalmente) muy importante. Incluso más allá de lo que sucediera en el ruedo, hay historias de lucha y esperanza que merecen mucho la pena. Y hay quienes acompañan desde la generosidad de un modo impagable.

Pero después de todo, íbamos a ver una corrida de toros. Como cuando de niños perseguíamos al Niño de la Capea, a Julio Robles, a Paquirri, a Esplá o a Espartaco cuando bajaban las escaleras del hotel camino del coso de la Era de los Mártires.

En Algeciras eran José Tomás y Perera. A decir verdad, era José Tomás, que había decidido volver en Algeciras y hacerlo mano a mano con Perera. Porque si hay algo que caracteriza a José Tomás, y que admiran y odian por partes iguales sus acérrimos partidarios y sus detractores es la capacidad de elegir dónde torea, qué toros lidia, con quién comparte cartel y cuánto cobra por hacerlo. Otros lo han soñado, pero de los que lo han intentado él ha sido el único que lo ha podido llevar a cabo. Y eso enerva visceralmente a muchos, a casi todos los mediocres que inundan los callejones de las plazas de toros.

De lo que sucedió en el ruedo han tenido ustedes noticia cabal. Si no, lean El Mundo, Cuadernos de Tauromaquia, ABC, Taurología, La Razón, La Vanguardia, El País,... Y busquen las imágenes, que las hay en abundancia.

No tiene sentido glosar aquí cada uno de los lances de José Tomás, cada serie de pases de muleta,... La importancia de José Tomás supera la descripción detallada de sus faenas. José Tomás impresiona por el rito. Por el supremo respeto al hecho de vestirse de torero. Por cómo hace cada una las cosas cuando está en el ruedo.

El viernes toreó de forma sublime con capote y muleta. Con una variedad infinita (recuerdo aquí aquellas palabras de Vidal glosando la faena de Curro Romero a Soneto una Feria de Otoño: "ha dado más variedad de pases en cuatro minutos que el resto del escalafón en toda la temporada"). Y lo hizo todo con una cadencia, una templanza y una naturalidad escalofriantes.

Los toros no acompañaron. Y aun así, su maestría se sobrepuso.

Que muchos de quienes estábamos en la plaza íbamos a verle triunfar... ¡Por supuesto! Que eso nos hizo engrandecer fases menores ¡Para nada!

Como tampoco nos hizo disfrutar menos del inmenso toreo de Perera (indulto aparte). Que tuvo en la de Algeciras una de sus tardes más importantes. Como reivindicación de una forma de entender la profesión tan dura como gratificante (esa independencia junto a Cepeda). Y por un toreo que, más allá de las cercanías, nos recordó al de su año de explosión en figura, engrandecido por un poso de sabiduría que sólo dan los años.

Perera toreó extraordinariamente bien. Espoleado por José Tomás, que no sólo llena incluso las tardes que no torea en las ferias en las que se anuncia sino que saca lo mejor de sus compañeros cuando se anuncian con él.

A quienes dicen que José Tomás debía competir en más ferias y con todos los toreros debería recordársele que José Tomás ha toreado con todas las figuras actuales del escalafón. Y que todos ellos han sacado lo mejor de ellos mismos la tarde en la que se anunciaron con el de Galapagar. Que alguno de ellos intente hacer lo mismo en número festejos, en elección de compañeros, en imposición del caché,... Y veremos qué sucede.

José Tomás es fundamental en estos años porque reivindica la pureza del rito, la naturalidad como esencia del toreo, la variedad, la improvisación y la creación de nuevos pases (o la reinterpretación de otros). Además de exhibir su profunda libertad dentro y fuera del ruedo. Pero también es fundamental porque exige lo mejor de quienes se anuncian con él.

Ha conseguido que cada tarde que se anuncia sea un acontecimiento. Un acontecimiento que trataremos de no perdernos mientras podamos.



domingo, 29 de abril de 2018

En un colegio de Triana

Sucede en un mes de abril en un colegio público de Sevilla, de Triana por ser más precisos. La semana siguiente a la Feria. Es una clase de chavales de nueve y diez años. La profesora, antitaurina confesa, está adiestrando a los niños en los rudimentos del debate, de los argumentos, de la exposición de un punto de vista,... Una clase de lengua, en fin.

Son más de veinte "chicos y chicas" y les propone hablar de por qué hay que matar a los toros en una plaza. Todos defienden que no está bien. Todos menos una niña, que argumenta, frente a todos sus compañeros, que a ella le gustan los toros, que es mejor que maten a los toros en la plaza que en un matadero o que si se espera a que se mueran enfermos y su carne no pueda utilizarse, a ver cómo vamos a comer carne. Y que, además, a veces, cuando el toro es muy bueno, se le indulta, "como el de el Juli".

La mayoría de sus compañeros no saben quién es el Juli, ni que se está refiriendo a Orgullito. Pero ella lo defiende frente a todos ellos y frente a su profesora. Algunos compañeros sostienen que es mejor dejar que los toros se mueran en el campo para después hacer los filetes o las hamburguesas... Y la profesora no dice nada. Ni de eso, ni de que la Tauromaquia es legalmente parte del patrimonio cultural de España.

Uno se pregunta cómo será Triana en unos años si la mayoría de los niños de sus colegios no saben reconocer la belleza del toreo. Cómo serán capaces de entender la absoluta genialidad de esa Sevilla del otro lado del río, o qué significa la estatua de Juan en el Altozano, o los azulejos de Chicuelo o de Gitanillo de Triana.

La Tauromaquia tiene una evidente carencia a la hora de comunicar su grandeza. Y el gobierno de España, y de las Comunidades Autónomas, a la hora de exigir que en la educación se cumpla la ley (y la defensa y protección de la Tauromaquia como parte del patrimonio cultural es una obligación legal).

Pero más allá de la Tauromaquia algo falla cuando la práctica totalidad de los niños de diez años de un colegio creen que los filetes se hacen de animales que mueren en el campo de muerte natural.

Definitivamente esto va mucho más allá de la Tauromaquia. Es defender una sociedad que sabe lo que le debe al mundo rural. Y que no hace trampas desde el buenismo. A veces, una niña de diez años lleva sobre sí ese peso frente a sus compañeros y a su profesora. Quizá sería bueno, como sociedad, que nos planteáramos que si es así hay muchas cosas que están fallando.