lunes, 15 de agosto de 2016

El Pliego de Las Ventas - Conclusiones

En las entradas anteriores me he ocupado de cómo creía que debía ser el Pliego (antes de publicarse) y de las principales previsiones de éste (una vez publicado).

Toca ahora concluir hasta que se produzca la adjudicación. Y plantear qué escenario es el que el Pliego creo que nos va a deparar tanto en las posibles proposiciones que presentarán los licitadores como en la gestión de la plaza la temporada próxima y las futuras. Sé que es un ejercicio casi de adivinación, pero me temo que los condicionantes del Pliego sí permiten aventurar algunas cuestiones.

Lo primero es que, a diferencia de la última licitación, es posible que haya diversos licitadores. Los requisitos para presentarse se han flexibilizado de tal modo que, mediante UTEs, son muchos los empresarios que pueden concurrir a gestionar la primera plaza del mundo. Teniendo en cuenta las peculiares idiosincracia de los empresarios taurinos no serían descartables sorpresas como la de que nadie se presente o solo lo haga uno o dos, pero creo que esta vez es complicado.

Como digo, la fórmula de las UTEs es más que probable, lo que puede dar lugar a fórmulas de integración de extraños compañeros de cama, interviniendo realmente todos ellos en la gestión de la plaza (y no percibiendo solo unos determinados emolumentos a cambio de no concurrir, como sucedió la última vez). Aunque también puede ser que algunos aporten su experiencia y facturación sólo a cambio de dinero, sin intervenir luego en la gestión... Si efectivamente es un grupo de empresarios el que se queda con la gestión de la plaza, de las relaciones entre ellos dependerá que cada uno aporte lo mejor, o que sus desavenencias las acabe pagando la gestión de la plaza.

De entre los que presenten es evidente que ganará el que más dinero ponga encima de la mesa: sobre todo para el canon, pero también para otros festejos, obras, publicidad y cuestiones por el estilo. La calidad de la programación, la capacidad de atracción de nuevos espectadores, el cuidado de los abonados (salvo, en su caso, en ligeras variaciones del precio de las entradas) no se tendrá para nada en cuenta. Y no teniéndose en cuenta, no hay razón para que los empresarios se esfuercen en ello.

La posibilidad de interferir en la adjudicación creo que va a ser reducida. El amplio porcentaje atribuido a los criterios objetivos y los mecanismos previstos por la Ley de Contratos para efectuar la valoración de forma sucesiva hace difícil pensar que el concurso tenga un ganador prefijado. Salvo que todos se vayan de la lengua (y que lo que digan sea verdad) la Mesa de Contratación no sabrá en qué medida la valoración que hagan de los criterios "que comportan la emisión de un juicio de valor" será o no definitiva.

Una vez adjudicada la Plaza, es previsible que no cambie casi nada. Quiero decir, que ni la temporada se modificará sustancialmente, ni cambiarán notablemente los carteles, ni a los abonados se nos escuchará más (a salvo del futuro Portal gestionado por el Centro de Asuntos Taurinos que anuncia el Pliego), ni la Plaza será más cómoda (sin viento, ni agua y con respaldos),...

El Pliego no permite fórmulas imaginativas para estructurar la temporada de forma distinta de la actual, de modo que no solo es que la plaza seguirá siendo de temporada (algo que es loable), sino que los festejos seguirán siendo los domingos (como mucho los sábados), que San Isidro será infinitamente largo e irregular y que se hará muy difícil atraer a público distinto de los turistas y los "jartibles" habituales en los festejos de fuera de Feria. Nada de acortar San Isidro haciéndolo una feria de 10 ó 12 festejos absolutamente redondos, ni de sacar los rejones del abono, ni de crear otras ferias temáticas de jueves a domingo,... Lo mismo de siempre, con un poco más de lo de siempre. Sólo la posibilidad que apunta el Pliego de hacer algún festejo extraordinario con precios más elevados da pie a que haya algún festejo rematado y realmente rompedor alguna temporada (pero los mimbres de toros y toreros son los que son).

La incorporación de la Escuela, si se gestiona con inteligencia, sí puede suponer una novedad sustancial. Sobre todo si se organizan y potencian actividades abiertas a aficionados prácticos y aficionados en general, como plantea el Pliego. El que haya un número relevante de aficionados que se reúnan con cierta frecuencia en actividades en torno a la Escuela puede dar un deseable dinamismo a la Plaza fuera de los días de festejo.

Habrá menos novilladas, sin que ello vaya a significar que sean mejores, que los novillos sean novillos (y no toracos), ni que los novilleros vengan mejor preparados.

Nada hace presagiar, como sería deseable, que el futuro adjudicatario cambie las fórmulas habituales de comunicación con la sociedad. No habrá apenas dinero para ello, y no existe un gran incentivo para que se efectúe una labor mediante la cual los toros estén en los informativos generales de las televisiones, como sería de justicia.

Las desencajonadas y festejos populares darán un toque pintoresco y ajeno a la tradición de la plaza de Las Ventas que no sé si le hará algún mal al resto de la gestión. Bien, desde luego, no hará ninguno.

En resumen, lo probable es que haya distintas ofertas, que gane la que más dinero esté dispuesta a dar (sobre todo a la Comunidad de Madrid) y que luego todo siga como casi siempre, pero un poco peor, porque no habrá nada que permita contrarrestar los empujes en contra de la Fiesta desde la primera plaza del mundo. Y es que no hay previsión de dar paso alguno hacia la modernidad, comodidad y excelencia. Teniendo en cuenta los ideólogos del asunto y sus palmeros, cualquier otra conclusión hubiera sido milagrosa.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Más consideraciones sobre el Pliego de Las Ventas

El Pliego de las Ventas ha seguido dando que hablar, con opiniones en general críticas, pero muchas de ellas sin una explicación clara de qué pretendían que hiciera la Comunidad de Madrid y por qué. Como bien ha apuntado Paco Aguado, no se entiende demasiado bien la virulencia de las críticas cuando "el pliego no difiere demasiado de los de anteriores concursos madrileños..."

Por su parte, la Asociación El Toro (de la que difiero en general en su manera de ver la Fiesta y lo que debe ser la plaza de Madrid) ha emitido un resumen muy útil sobre una reunión mantenida con el Director Gerente del Centro de Asuntos Taurinos. En ella aportan datos muy valiosos y dan su visión sobre cuestiones que les agradan y otras que echan en falta. Se podrá estar de acuerdo o no con su valoración de los pliegos, pero la nota da pistas muy útiles sobre por qué se han tomado determinadas decisiones en la Comunidad de Madrid y permite que cada cual se forme su criterio.

Respecto a uno de los asuntos más recurrentes y sustanciales del Pliego, como es el de los criterios de adjudicación, los cambios no son conceptualmente muy significativos, aunque en algunos de ellos sí se han clarificado los elementos conforme a los cuales se valorarán, objetivando de este modo la puntuación. Así:

  • La oferta económica en 2011 suponía un 25% de la valoración total. En 2016 se aumenta al 30%.
  • En 2011 se valoraban con un 15% descuentos en los abonos de tercera edad y jóvenes, implantación de venta telepática y domiciliación bancaria.  En 2016 se valora con un 13% el descuento en los precios y las mejoras en las condiciones de pago.
  • El aumento del número de festejos suponía un 10% en 2011 y supone un 5% en 2016.
  • La programación general de la temporada se valoraba hasta un 25% en 2011 y ahora se valora un 15% (estableciéndose ahora criterios objetivos para valorarla).
  • La promoción y divulgación suponía un 15% en 2011 y supone un 7% en 2016 (estableciéndose también ahora criterios objetivos para valorarla).
  • Las mejoras constituían un 10% en el Pliego de 2011 (obras en la Plaza); en 2016 se eleva al 15%, siendo un 7% lo que corresponde a las obras y un 8% al sistema de seguridad de la Plaza.
  • Y, por último, el Pliego de 2016 incluye un 15% de valoración relativo a la Financiación de la Escuela Taurina, aspecto no contemplado en el Pliego de 2011.

Como puede observarse, salvo por el hecho de incluir la valoración de la financiación de la escuela taurina y del sistema de seguridad de la plaza (en conjunto un 23% del concurso), el resto de criterios son muy similares, manteniéndose una ponderación bastante similar (salvo en materia económica, en la que se aumenta), pero tratando de objetivar los elementos conforme a los cuales se valorará cada criterio.

Es evidente que esto no es, ni de lejos, lo que mejor le viene a la tauromaquia. Ni lo que más conviene a los empresarios, ni lo que los aficionados hubieran preferido. Pero tratándose de la gestión de un servicio público y queriendo evitar conflictos derivados de la adjudicación, parece que son criterios continuistas y pragmáticos. Es lo que tiene depender de plazas de titularidad pública...

Por otro lado, creo que conviene hacer mención al Pliego de Prescripciones Técnicas. Un Pliego que detalla en qué condiciones debe prestarse la gestión de la plaza. Un Pliego que, como se ha dicho, es tremendamente intervencionista. Un solo hecho lo prueba: el anterior tenía (sin anexos) 16 páginas; el actual, 55.

Sin embargo, una lectura detallada permite comprobar que gran parte de la abultada extensión del Pliego se dedica a regular de forma minuciosa los medios auxiliares de la plaza (despeje de plaza, chulo de toriles, cuadra de caballos, tiros de mulillas, paradas de bueyes, divisas, puyas y banderillas, areneros, servicio de ruedo, mayoral, banda de música, enfermería,...). A detallar cada uno de estos elementos se dedican más de diez páginas, sin que parezca que existan novedades significativas sobre lo que es habitual en Madrid en cada una de estas materias. También se dedican varias páginas a la regulación de la explotación de bares y almohadillas; en este ámbito quizá lo más llamativo (además del control de precios de los bares) es la prohibición de dar latas a los espectadores (algo común hasta ahora) y la exigencia de que las almohadillas estén "en perfecto estado de conservación y limpieza" (sin comentarios).

Se incluye, además, como aspectos novedosos, la regulación detallada de los Festejos Populares que se exigen (al menos dos), las desencajonadas públicas (al menos cuatro) y la gestión de la Escuela Taurina. Sobre los festejos populares y las desencajonadas, particularmente creo que hubiera sido mejor no incluirlo como exigencia, sino permitir su celebración si el empresario lo considera adecuado.

En cuanto a la Escuela Taurina, me ha llamado la atención muy positivamente que, además de la formación de futuros profesionales taurinos, bajo el epígrafe de "Otras acciones formativas" se incluye la formación de aficionados prácticos, aficionados en general y la formación de autoridades y profesionales que intervienen en festejos populares. Hemos defendido que sería tremendamente útil que la Escuela se abriera a los aficionados y que la plaza estuviera abierta a ellos todo el año de un modo creativo: haciendo que los aficionados fueran conociendo a quienes serán toreros en un futuro y que aumentara y conocimiento de la Fiesta. Parece que el Pliego da pie a ello y esto debe ser bienvenido. Sólo una objeción, en el apartado de los ingresos (1.7) se alude a la inscripción inicial y mensualidades de lo que parece ser la formación de futuros profesionales; pero nada se dice de cómo pueden establecerse y a quién corresponden los ingresos de estas otras acciones formativas (1.5).

Y por no extenderme más, apuntar cuatro aspectos que también me han resultado llamativos:


  •  Se prevé la celebración de festejos de carácter extraordinario, fuera de San Isidro y la Feria de Otoño por el gran interés que pueda suscitar en el aficionado "así como por sus elevados costes organizativos". Estos festejos pueden tener un precio diferente de las localidades, previa autorización de la CAM. A mí sólo se me ocurre una razón (un nombre, a lo sumo dos) para incluir esta previsión. Cualquier otra que trasladara fuera de San Isidro los mejores festejos sería sencillamente inadmisible.
  • Se prevé la necesidad de que el empresario para la programación de carteles y actividades taurinas cuente con la opinión de abonados y asociaciones de abonados canalizados por el Centro de Asuntos Taurinos a través de un "Portal de Atención al Abonado" de futura creación. Habrá que ver cómo se instrumenta esta iniciativa, pero la posibilidades son enormes y casi todas para que los carteles tengan un mayor interés para los aficionados.
  •  Parece que la Grada Joven pasará a ser Andanada (así parece desprenderse del apartado 1.9 A.4).
  • Se apuesta por crear abonos de temporada para el aficionado en general con un descuento del 20% sobre el precio de taquilla. Como ya apuntaba en la anterior entrada, creo que esto tiene dificultades jurídicas sin dar todos los carteles al comienzo de la temporada y es algo que no sé si tiene mucho recorrido en Madrid a poco que los aficionados, como hacen otros habitantes de la capital, salgan de ella algunos días de vacaciones y tengan compromisos familiares o alguna que otra actividad ciertos fines de semana...




miércoles, 3 de agosto de 2016

Primeras consideraciones sobre el Pliego de las Ventas

El pasado viernes vieron la luz los Pliegos que regirán el concurso para la adjudicación de la plaza de toros de Las Ventas los próximos años. Desde entonces, las voces contrarias al Pliego han sido casi unánimes y han adquirido un tono insólito teniendo en cuenta que los Pliegos son, en conjunto, tan malos como podían serlo los de anteriores concursos, cuando no se escucharon las voces críticas que ahora claman por tamaño despropósito. Es cierto que la situación del toreo en la sociedad no es la misma que en los concursos anteriores, y que el número de abonados en la plaza de Madrid tampoco es el mismo, pero de eso la Comunidad de Madrid no es la culpable ni debería ser en quien pusiéramos nuestras esperanzas para revertir la situación.

Además, creo que en algunas cuestiones en las que se ha criticado el Pliego se ha errado en general el enfoque y hay algunas cuestiones que a mí me han llamado mucho la atención y que no he visto comentadas en ningún sitio (aunque, obviamente, no he podido leer todo lo que se ha escrito sobre el asunto).

En entradas sucesivas a partir de la próxima semana dejaremos algunas reflexiones más detalladas, pero hoy quiero apuntar algunas cuestiones generales que creo que interés.

1.- Quién puede presentarse. Una de las críticas más repetidas es que el Pliego es muy exigente para presentarse porque exige 5 millones de facturación en cada uno de los últimos tres años en plazas de primera y segunda para presentarse. Parece que se olvidan de dónde venimos. El Pliego anterior exigía 10 millones en cada una de las tres temporadas anteriores, y todas ellas en plazas de primera (al menos dos). Esto reducía enormemente los posibles licitadores, hasta el punto de que todos ellos pudieron ponerse de acuerdo y evitar la competencia. En el Pliego actual son muchos más los que pueden presentarse, porque pueden hacerlo todos los empresarios de plazas de primera y segunda; y lo pueden hacer a través de UTEs, que suman la facturación de todas las empresas que la integren.

Es evidente que para gestionar Madrid hay que pedir experiencia. Que esta se concrete en una cifra de facturación o de festejos y en qué número de años anteriores es más discutible. Pero es evidente que el Pliego actual da la posibilidad de que a través de acuerdos se presenten ofertas diversas. Cuestión que es la que, probablemente, moleste a quienes preferirían que sólo se tuviera en cuenta la experiencia en plazas de primera.

2.- Los criterios de adjudicación. Los criterios de adjudicación son tan estúpidos como siempre. De hecho, un poco más, porque se prima más la mejora sobre el canon y la celebración de más espectáculos, sin que se prime de forma rigurosa los dos criterios que, a mi juicio, deberían tenerse en cuenta de forma prioritaria: (i) la promoción de la Fiesta (pero en serio, es decir, minutos en informativos de cadenas generalistas); y (ii) la calidad extrema de los carteles.

Respecto a esto, sin embargo, creo que conviene ser honestos. Primero, el hecho de que los Pliegos primen los criterios objetivos, que necesariamente se acaban traduciendo en elementos cuantificables, es una exigencia de la normativa de contratación pública; algo que trata de evitar que el órgano de contratación sobre la base de criterios subjetivos pueda elegir el adjudicatario (cuestión a la que no fue ajena la Plaza de Las Ventas hace algunos concursos). Segundo, el hecho de que muchos de estos criterios tengan un claro componente económico cuando el número de abonos ha descendido es algo que puede verse como un modo de asfixiar a las empresas, pero también de incentivarlas para que recuperen el nivel de abonados que esta Plaza tenía. De que haya bajado, la Comunidad de Madrid no es culpable (sí de otras tantas cosas), y sí lo son los que con sus carteles, horarios y ausencia de promoción desincentivas la asistencia a la plaza.

3.- La intervención en la gestión. Otra de las críticas más recurrentes a los Pliegos está en la absoluta intervención de la CAM en la gestión, la cantidad de elementos que están tasados y en los que el adjudicatario no tiene libertad de actuación. Se pone como ejemplo la falta de libertad para fijar el precio del agua o la Coca-Cola en los bares de la plaza. Sobre esto último, cabría decir que si los empresarios están preocupados por los ingresos de los bares es porque es el único ingreso atípico que han conseguido encontrar en la tauromaquia, lo cual da la medida del nivel del empresariado... Pero más allá de esto lo cierto es que no puede pretenderse que una administración saque a concurso un servicio público y no controle cómo tiene que prestarse. Si la CAM tiene una plaza de toros y saca a concurso su explotación es porque entiende que esta explotación es un servicio público, es decir, algo de interés general, como el suministro de agua, o la limpieza de las calles. Y si esto es así es evidente que hay que controlar cómo se presta el servicio. Habrá quien piense (yo entre ellos) que deberían ser los empresarios los que decidieran cómo se dan toros en Madrid, pero eso exigiría que lo hicieran con sus medios y en los locales propios o alquilados. Pretender que una administración pública considere la explotación de una plaza de toros un servicio público, pero que no intervenga en cómo tiene que llevarse a cabo la explotación es radicalmente incongruente.

4.- Agosto. Me ha sorprendido cómo nadie ha criticado que los Pliegos se publiquen el último viernes de julio. Cualquiera que haya tenido una mínima cercanía con alguna administración sabe que las publicaciones de aquellas cosas que se quiere que tengan menos difusión o relevancia se publican siempre el último día de julio o los primeros de agosto. Además, obligar a los empresarios taurinos a preparar sus ofertas durante el mes del año en el que tienen más actividad y es más difícil encontrar documentación y soporte para hacer unas ofertas razonables es sencillamente una canallada.

5.- Actividad taurina de la CAM. Lo más llamativo de los Pliegos para mí, sin embargo, ha sido que la CAM se reserva la facultad de organizar espectáculos taurinos en Las Ventas. En el Pliego de 2011 se decía que, sin interferir en la actividad taurina, podía disponer de la plaza para "cualquier tipo de actividad artística, cultural, cívica o social, cuya organización pueda interesarle, bien directamente o cediéndola a otras personas públicas o privadas"; ahora dice que puede disponer para "cualquier tipo de actividad taurina, artística, cultural, cívica o social, cuya organización pueda interesarle, bien directamente o cediéndola a otras personas públicas o privadas" y el Pliego de Prescripciones Técnica, al detallar esta facultad, alude fundamentalmente a festivales o corridas benéficas en un número no superior a cinco. No sé si será una mención vacía de contenido o qué es lo que se pretende realmente hacer. Si yo fuera un eventual licitador esta mención me preocuparía, porque puede ser que según qué festivales organizados desde la CAM lleguen a tener más interés que el 90% de los festejos que se dan anualmente en la plaza.

6.- Abono de temporada. También parece que se pretende instaurar un abono de temporada general (adicional al de los jubilados y los jóvenes) con un descuento del 20% respecto a los precios de las entradas sueltas. Más allá de las dudas sobre el éxito real de un abono de este tipo en Madrid, creo que no es fácil analizar la relación con ciertos derechos generales reconocidos a los espectadores en la normativa taurina y de consumidores y usuarios (conocimiento previo de los carteles, devolución de entradas en caso de suspensión o variación del cartel, etc.). Esto no se plantea con abonos cuyo precio no está vinculado a entradas sueltas y es sustancialmente más reducido que estas (jubilados y jóvenes), pero no tengo nada claro que todo esto puede obviarse si de lo que se trata es de reducir un 20% los precios de la taquilla. De hecho, esta es la razón por la que Sevilla, con un auténtico abono de temporada, anuncia todos los carteles del año (con algún "hueco" libre, dentro del margen legal admisible) antes de poner a la venta los abonos. Quiero creer que en Madrid no tienen pensado hacer eso...

Y por hoy creo que es bastante. Tiempo habrá de seguir con el análisis.

domingo, 17 de julio de 2016

Consideraciones sobre el futuro Pliego de la plaza de toros de Las Ventas (2016)

Según noticias de prensa, en los próximos días verá la luz el nuevo Pliego de Las Ventas. Antes, como publicó Taurología, diversas asociaciones taurinas enviaron un documento conjunto con sus reflexiones al Centro de Asuntos Taurinos de la CAM. Y recientemente, diversos medios (ABC, El Mundo) han incluido sus consideraciones sobre el borrador que, al parecer, algunos han visto o del que disponen de cierta información.
Ya con ocasión del anterior concurso hicimos entre enero y febrero de 2011 en este mismo blog una amplia reflexión en siete entradas sobre cuestiones que, a nuestro juicio, debían considerarse en el concurso. El objeto de esta entrada es similar, aunque algo más modesto en extensión y profundidad. La entrada es más larga que lo que aconseja el respeto a la paciencia del lector, pero creo que es mejor ofrecerlo de manera conjunta.
1.- El sistema de gestión
Una primera cuestión que siempre se plantea es cuál debe ser el sistema de gestión de la plaza y, en particular, si debe haber una gestión directa por la CAM o una gestión indirecta, como es costumbre en Madrid, a través de un concurso. Las asociaciones a las que nos referíamos antes apuntan su opción por una gestión directa.
Particularmente, ya me referí a este asunto con cierto detalle en una de las entradas del 2011. No tengo claro que este sistema funcionara en Madrid. Creo, sin embargo, que sí es exigible, por un lado, una fluida comunicación (transparente) entre el gestor, el Centro de Asuntos Taurinos y los aficionados. Y, por otro, que hay que tener claro por qué la CAM tiene una plaza de toros y cuáles son los objetivos que deben alcanzarse con su gestión.
2.- La propiedad de la plaza y su gestión
He apuntado muchas veces que una de las principales debilidades del sector taurino es la escasez de plazas de propiedad privada y, en consecuencia, la dependencia de la Administración en cuanto a la titularidad de las plazas y a la intervención administrativa en la celebración de los festejos. El que las plazas sean privadas no garantiza una mayor eficacia en su gestión ni mayores beneficios para los aficionados y la tauromaquia (lo sucedido en Sevilla los últimos años es el ejemplo más claro). Pero, al menos, estaríamos menos sujetos a que, como sucedió en San Sebastián durante años, una administración propietaria de una plaza decidiera no licitarla y no celebrar festejos taurinos.
Lo cierto es que si una Administración tiene una plaza de toros y saca a concurso su gestión es porque considera que se trata de una actividad cultural de interés público. Y, en consecuencia, el Pliego que regule el concurso debe primar los mayores intereses para esta manifestación cultural, su difusión, el alcanzar las mayores cotas de calidad y el que la cultura llegue a cuantos más ciudadanos, mejor. Si el contenido del Pliego asegura esto (y la posterior gestión lo consigue) será un buen Pliego; si no, la labor de la Administración en este ámbito habrá sido un fracaso.
3.- Licitadores
Para asegurar lo anterior, lo primero que debe hacer el Pliego es determinar quién puede presentarse a gestionar la Plaza de Las Ventas. La exigencia de un cierto nivel de experiencia es imprescindible para gestionar una plaza como esta. Sin embargo, el último concurso puso de manifiesto que un nivel muy alto (de modo que solo tres o cuatro empresas puedan presentarse) permite que estas acuerden forma de distribuirse los beneficios y se elimine la competencia.
Por eso, creo que hay que exigir un cierto nivel de exigencia, pero ponerlo en niveles que permitan presentarse a quienes tienen acreditado organizar ferias no solo en plazas de primera, sino también en algunas de segunda. El Pliego, en fin, debería garantizar que al menos hubiera diez o doce empresas que pudieran presentarse (otra cosa es cuáles lo hagan y los acuerdos entre ellas).
Obviamente, como ya se hizo en el último concurso, se debe establecer un cierto nivel de experiencia para ser licitador, pero la experiencia no debe ser luego ser objeto de puntuación (más experiencia no debe dar más puntos).
4.- Canon
Este ha sido uno de los temas que más controversia ha generado hasta ahora en los medios, por el miedo a que una valoración muy alta del canon convierta el concurso en una subasta. Si a la mejora del canon es a lo que más puntuación se le da, da igual qué programación se presente, qué difusión de dé a la fiesta, cómo se atraiga a nuevos aficionados fuera de San Isidro,… Solo importará quién ofrezca más dinero. Y esto es incompatible con los objetivos que una administración debe marcarse cuando saca a concurso la gestión de una actividad cultural.
Probablemente la CAM, en tiempos de austeridad como los que vivimos, no está dispuesta a renunciar a lo que los ingresos que Las Ventas le ha venido generando. Pero considero que debería tratarse de que el canon fuera fijo, y que, por tanto, no esté sujeto a valoración. Y si tiene que valorarse, debería ponerse un importe máximo no muy elevado y dársele la menor valoración posible.
5.- Temporada
Creo que la temporada tal y como está configurada actualmente (de 19 de marzo a 12 de octubre) está bien.
En mi opinión hay que garantizar que Madrid sea plaza de temporada, pero el empresario debería disponer de una mayor libertad para organizar los festejos (por ejemplo, puede no tener mucho sentido hacer festejos en verano los domingos a las siete y podría estar mejor hacerlos en primavera/verano los jueves por la tarde/noche). Debe ser una decisión empresarial, y si puede ser guiada por el fomento de la afición, mejor. Esto es, deberían buscarse mecanismos para que las fechas y horarios de los festejos contribuyan a difundir la afición, y no acomodarse a los intereses de los touroperadores para que vengan turistas, como con aplastante claridad manifestó el actual empresario en una entrevista radiofónica.
6.- San Isidro
San Isidro es, incluso actualmente, la gallina de los huevos de oro. Pero creo que cuatro semanas de toros no tienen sentido. Es imposible para los aficionados que trabajamos ir todos los días (incluso la mayoría). Y si los sábados y domingos que son los días que podemos ir más tranquilos ponen rejones y carteles flojos, se está dando la espalda al aficionado y buscando al espectador ocasional.
Particularmente, creo que San Isidro no debería extenderse más allá de un par de semanas, en la que se concentraran catorce o dieciséis carteles (si se quiere dar alguna sesión de mañana y tarde) con lo mejor de lo mejor.
Y, para mantener el mismo número de festejos, habría que dejar libertad al empresario para su programación. Aunque soy consciente de que eso implica mucho esfuerzo de promoción, Madrid podría tener, además de un festejo semanal y de San Isidro, tres o cuatro mini-ferias durante la temporada (jóvenes valores, toreros de arte, ganaderías de diferentes encastes, novilleros, otoño, etc.). Y al abonado, para mantener su abono, se le debería exigir comprar San Isidro y dos o tres de las otras ferias, de modo que la exigencia “económica” se mantuviera y la empresa pudiera “garantizar” sus ingresos por esta vía.
Sería sano para los abonados quitar los rejones de los abonos.
7.- Criterios de adjudicación
En el último concurso, los criterios de adjudicación implicaban darle un 25% de importancia a la mejora del canon, 5% el descuento en tarjetas para tercera edad, la oferta de 700 tarjeta de jóvenes y el descuento en las tarjetas de jóvenes, 5% implantación telemática de entradas y 5% la domiciliación de abono; se valoraba el número de festejos adicionales que se ofertaban con un máximo total de 10 puntos. Se valoraba un 25% la programación, un 10% el Plan de publicidad, un 5% la promoción de la fiesta (actividades taurinas tradicionales, organización de actividades culturales y artísticas y actividades dirigidas a los jóvenes) y un 10% a aspectos relativos a la Plaza (3% a proyectos de optimización de la plaza, 2% nueva instalación de iluminación del ruedo, 2% remodelación de los corrales, 2% servicio de restauración destinado al público en general y 1% a la restauración de las puertas de acceso interiores y exteriores).
Como ya he dicho, creo que el canon no debe ser objeto de valoración. Aspectos como la venta telemática de entradas (a través de medios homologables con cualquier evento de masas) o la domiciliación de abonos, deben ser una obligación y, por tanto, tampoco tener que valorarse. Y ciertas mejoras en la Plaza también deberían ser obligatorias.
Siendo esta así yo creo que lo que deben valorarse son, sobre todo, cuatro aspectos:

a)   Programación. Obviamente, junto con el siguiente (promoción) es la clave. Pero el problema es cómo valorar esto. Porque, para los aficionados sería importante un empresario que un año como este hubiera contratado a Morante y a José Tomás, y ninguno de los dos han estado (y no creo que sea sólo porque ellos no quieren, sino porque las cosas se tienen que hacer de otro modo). Establecer a priori una lista de toreros o ganaderías, o remitirse a los criterios de los toreros del Convenio Colectivo Taurino es algo obsoleto. Sólo se me ocurre puntuarlo estableciendo sistemas en los que se garantice tener en cuenta de forma real lo que piensan los aficionados (abonados), los periodistas taurinos y aficionados expertos de otras plazas. El que mejor establezca un sistema en el que se sepa qué es interesante para estos y se comprometa a cumplirlo debería ser el mejor valorado en este aspecto. Valorar un mayor número de festejos sin garantizar la calidad creo que no aporta nada.

b)   Promoción. No hablo de publicidad, hablo de algo esencial en este momento que es llevar los toros a la sociedad en general. Y creo que Las Ventas debe ser la que impulse esto. Yo a este aspecto le daría la mayor importancia. Y, en particular, valoraría de forma muy especial acuerdos con cadenas de televisión generalistas que se comprometieran a dar información taurina en sus informativos de mediodía y de noche (nueve de la noche, no madrugada). Que garantizase que haya información diaria de San Isidro e información del resto de la temporada otros días (aunque no sea de todos los festejos). A mi juicio, aquí es donde habría que echar el resto. Este debería ser el aspecto que más se valorara en el Pliego, Y que lo que el empresario se “ahorre” en inflar el canon pueda destinarlo a llegar a acuerdos con televisiones. Si la CAM considera que la tauromaquia es una actividad cultural y que hay que difundirla, lo mejor que podría hacer es incluir esta previsión en el canon. No le costaría dinero, sólo dejaría de utilizar para otros fines un dinero generado por la tauromaquia que debe revertir en su difusión.

c)   Infraestructura de la Plaza. Creo que las mejoras obvias deben ser parte de las obligaciones del empresario, pero que, a la vez, debería valorarse a quien mejore la comodidad en la Plaza. Sé lo difícil que es por la catalogación de la Plaza y por las diversas opiniones encontradas, pero yo creo es imprescindible solucionar el problema del viento, hacer que la gente no se moje si llueve (y eso significa una cubierta del tipo que sea) y hacer más cómodas las localidades. Esto es un desembolso económico muy importante. Y todo no se podrá hacer, pero yo creo que hay que valorar más al que más cosas se comprometa a hacer de estas. Y la CAM debería elaborar un plan a medio plazo de reforma de la plaza que hiciera que, lo que fue un lugar cómodo y avanzado cuando se inauguró en comparación con otros espacios culturales, lo siga siendo ahora.

d)   Mejoras para el abonado. El abonado garantiza un mínimo de ingresos nada desdeñable para la empresa y, sin embargo, es el gran olvidado por esta. Es indigno ver y sufrir las colas para renovar el abono, que no exista (o sea muy difícil) cambiar de abono (este año se ha permitido “mejorar” o “agrupar”, pero no sencillamente cambiar). Creo que habría que dar una puntuación relevante a quienes den mejoras reales a los abonados ofreciendo descuento en los abonos respecto al precio de taquilla –no solo en las corridas que se eligen en exceso sobre las obligadas-; estableciendo mecanismos de atención personalizada; escuchando sus sugerencias; etc.
6.- Otras cuestiones.
Algunos otros elementos a tener en cuenta en el concurso serían los siguientes:
  • Aunque no toque durante la faena, la banda de música de Madrid es indigna. Habría que exigir cambiarla por una que suene más que dignamente, o puntuar el que lo ofrezca.
  • Hay que garantizar que los programas de mano lleguen a todos los aficionados, también a los que lleguen los últimos los días de “no hay billetes”.
  • Debe acogerse, como parece que se va a hacer, a la Escuela Taurina. Estando allí la Escuela habría que buscar mecanismos para que los aficionados pudieran compartir alguna de las clases con los alumnos. El asunto de su financiación es algo que debería tenerse en cuenta a la hora de establecer el canon.
  • Habría que conseguir abrir la plaza a la sociedad durante todo el año y no sólo con las charlas especializadas para aficionados. Tal vez podría instalarse dentro de la plaza un bar abierto al público en general en el que durante las tardes/noches de todo el año (excepto días de festejo) hubiera actividades: clases de toreo de salón, visionado y comentario de faenas antiguas, etc.
  • Hay que potenciar el museo, la biblioteca y las actividades culturales.
  • Hay que mejorar la página web de Las Ventas y los mecanismos de comunicación con los abonados y con la sociedad.
  • Y un último aspecto, que sé que será polémico y que no es fácil que el Pliego resuelva, pero que no estaría mal que se empezara a pensar sobre él. Las Ventas debe seguir siendo una plaza que marque la pauta del rigor y la seriedad. Pero esto no puede suponer que la plaza esté secuestrada por una visión única de la fiesta que haga prácticamente imposible disfrutar del triunfo de los toreros y en la que los novilleros, con escaso bagaje, se estrellen con novillos desproporcionadamente grandes y ofensivos. En Madrid el toro tiene que ser serio, pero deben caber distintos matices de la seriedad, porque hay suficiente número de festejos para que pueda darse satisfacción a las preferencias de diferentes aficionados y toreros, previa publicidad transparente de lo que va a lidiarse para que quien quiera acuda y quien considere que esa no es la fiesta que le interesa se quede en su casa. Sé que no es fácil, y que esto no puede ser una puerta abierta para rebajar la exigencia que logra que, por ejemplo, Manzanares haya hecho la faena de este año en beneficencia. Pero lo que tampoco puede ser es que cada vez sea más complicado ver a las figuras triunfar en Madrid. Eso nunca ha sido así. Y no debe serlo. En Madrid a las figuras debe costarles triunfar. Pero deben poder hacerlo. Y no como algo excepcional, sino como algo retador pero posible. Por su bien, por el bien de los aficionados de Madrid y, sobre todo, por el bien de la tauromaquia.

domingo, 8 de mayo de 2016

La mística de un toreo prodigioso - José Tomás en Jerez (7 de mayo de 2016)

Hay lugares en los que ir a los toros es un rito asociado a la fiesta. Así es como comenzó mi afición en Cáceres y así es como la vivo cada vez que acudo a una feria del Sur (Sevilla, Málaga, Algeciras, Jerez, Huelva, Córdoba,...). Incluso El Puerto de Santa María, donde el mes de agosto y los cenáculos de la Ribera suplen la ausencia de la feria en la ciudad. Cuando además uno comparte los prolegómenos con buenos amigos, la predisposición al disfrute se multiplica y supera la estrechez de la plaza y la ligera lluvia que incomodó por momentos.

Pero el espíritu festivo se transforma en ritual ascético cuando quien torea es José Tomás. Más aun si lo hace con la naturalidad, la pureza, la hondura y la verdad con la que ofició en su primer toro ayer en Jerez de la Frontera. Todo lo que hizo al toro fue memorable: desde el recibo con el capote, en el que tornó verónicas por chicuelinas para adaptarse a la embestida, hasta el quite por gaoneras, o el toreo inmenso al natural, con series ligadas y hondas, lentísimos los pases, perfecto el trazo salvo cuando alguna racha de viento desbarataba el engaño. Y los remates con faroles o con pases de pecho de impecable factura. Una estocada entera dio paso a los máximos trofeos. Pero lo de menos son los despojos. Lo importante es que JT volvió a reivindicar su abismal diferencia. La razón de su legión de seguidores. El por qué una tarde, o una faena, pueden justificar una temporada entera, si en ellas se condensa y se explica un rumbo de la tauromaquia que nadie ha querido, o ha sabido (o ha podido) proseguir.

En el quinto, un toro más áspero, volvió a encoger los corazones por momentos, con un toreo que extrajo del toro más de lo que este llevaba en su sangre. Series más breves y menos rotundidad, pero también la pureza y la autoexigencia en una faena a la que no cabe objetar nada.

Antes, Padilla había cortado dos orejas a un soberbio toro que todos echamos de menos hubiera sido quinto. A Padilla todos los méritos humanos, pero cualquier comparación de su toreo con lo que vino después resulta vana. Hizo todo lo que sabe, dejó todo lo que tiene. Y eso es de agradecer. Pero en el arte, en el arte sublime, el más puro, solo la entrega no basta.

Manzanares este año no está. Como tampoco estuvo el pasado. Aun así, se le notó azuzado por lo que había hecho José Tomás. Lo más torero en el tercero fue un quite por chicuelinas con la mano baja, muy del estilo de las que daba su padre. Y se pasó el toro algo más cerca de lo que últimamente nos tiene acostumbrados. Pero aun así, no consiguió engarzar faenas completas en un lote bastante propicio. Hubo alguna serie buena, con su estética y su empaque. Pero faltó conjunción y sentimiento.

La tarde mereció mucho la pena. La faena de José Tomás al segundo será de las que recordemos por mucho tiempo. Por maciza, natural y verdadera. Por volver a mostrar el mejor sendero para la más pura tauromaquia.

Y hoy, si el tiempo no lo impide, empezaremos San Isidro. A ver si de aquí a una semana, después de siete días de toros, podemos contar que hemos visto la mitad de lo que en un par de días en Jerez...

lunes, 2 de mayo de 2016

Joselito - 2 de mayo de 1996 - Veinte años después

Hoy hace veinte años que José Miguel Arroyo "Joselito" nos regaló una tarde de toros memorable, en la que reivindicó la lidia más completa, la variedad, el ritual, la pureza, la hondura y el arte en la plaza más importante del mundo. Lo de menos fueron las seis orejas, porque los despojos no tienen un sitio en la historia, donde sí quedará para siempre lo que nos hizo sentir.

Aquella tarde quise dejar de ir a las plazas de toros, porque supuse que nunca volvería a ver nada que tuviera la misma intensidad. Volví. Y he visto después de aquella tarde faenas memorables. Y tardes (o mañanas) completísimas. Como la de JT en Nimes. Pero cuando en una conversación sale a relucir el momento de mayor plenitud en una plaza de toros, siempre está en mi memoria Joselito vestido de verde botella con pasamanería en oro el 2 de mayo de 1996 en la plaza de toros de Las Ventas. Y si hay que recordar un momento concreto, la lidia al cuarto de la tarde, con esos quites inverosílimes ejecutados con precisión miliméticra y el toreo de muleta sin ayuda con la diestra atornillando los pies en la arena venteña.

Años después, para un concurso de relatos, escribí lo que sigue, en lo que solo he cambiado la referencia temporal para adaptarlo a esta fecha. Lo de menos es lo que está escrito. Lo importante es lo que hizo José. Gracias, maestro.

Liturgia y ritual

Cuando aquella tarde salí de la plaza me propuse firmemente no volver a ir jamás a una corrida de toros. Y no porque aquella hubiera sido mala, como ocurre con frecuencia, sino porque intuí que era prácticamente imposible que llegara a sentir la emoción que acababa de vivir. Afortunadamente, incumplí mi propósito y he podido ver después grandes faenas. Pero el presagio se ha cumplido y, tardes de toros, no he vuelto a vivir ninguna como aquella.

Porque en la goyesca del 2 de mayo de 1996 Joselito no sólo toreó bien a sus seis toros, sino que los recibió de capa de forma distinta a cada uno, los puso en suerte, hizo quites con pureza, vistosidad y sin repeticiones (el del cuarto, absolutamente inenarrable), empezó cada faena de muleta con un planteamiento diferente según lo requería el comportamiento de cada animal, reinventó pases olvidados, hizo faenas de pellizco y de arrimón,… En fin, reivindicó la lidia como parte esencial de la fiesta y ésta como liturgia y ritual que no tiene nada que ver ni con el espectáculo, ni con el deporte, y muy lejanamente con el arte y la tradición. Reivindicó el toreo como vivencia plena que más allá de la estética, que la hubo en abundancia y de calidad, llega a los tendidos cuando conecta con lo más profundo del ser humano, con aquello que le liga a la naturaleza desde el misterio de la vida y la certeza de la muerte.

Años antes, César Rincón nos había emocionado al volver a citar desde lejos y conseguir templar las embestidas. Como después haría José Tomás al acercarse a sitios imposibles y desplazar la mano izquierda con una parsimonia inverosímil. O Curro, Aparicio, Castella, Morante, Finito, Cid, Ponce, Talavante,… Hemos visto torear mejor o, al menos, tan bien como aquella tarde. Pero nadie ha vuelto a demostrar la grandeza del toreo como lo hizo José hoy hace exactamente veinte años.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Política, políticos y toros

Después de los resultados de las últimas elecciones autonómicas y municipales y de las consecuencias que ello ha traído al mundo del toro, muchos se movilizan en estos días previos a las elecciones generales reclamando a los partidos una postura clara respecto a la tauromaquia en sus programas electorales y en sus declaraciones públicas. Como si de ellos dependiera la supervivencia de nuestra afición. Como si no hubiera razones económicas, morales y sociales más relevantes que la tauromaquia para decidir un voto.
Pero lo que resulta terrible es que puede ser que los políticos tengan bastante que decir sobre lo taurino. Lo cual no puede considerarse sino un desatino consecuencia, por un lado, de la dejadez y los complejos de los de dentro (taurinos) y, por otro, de una sociedad que, temerosa de la libertad, exige a los poderes públicos que regulen hasta los aspectos más nimios de la convivencia. Veamos.
Siempre me ha parecido asombroso, como jurista, la existencia del Reglamento taurino. Y, sobre todo, la defensa que del mismo hacen los aficionados como instrumento para preservar “la pureza de la Fiesta”. Que una actividad cultural y lúdica como la taurina requiera para su organización que la autoridad pública diga cuándo y cómo puede celebrarse (“con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide”), cuáles son los requisitos que deben cumplir los toros, y los toreros, cuánto tiempo deben durar las faenas, por qué razones deben darse los trofeos,… es tan absurdo como si hubiera una normativa que regulara cuándo y cómo pueden celebrarse espectáculos teatrales, quiénes pueden ser actores, cuánto deben durar las obras, qué adaptaciones caben o no de las obras clásicas o que un funcionario público dictaminara en cada función cuántas veces pueden saludar los actores. Absurdo, ¿no? Pues no lo es menos en el toreo. Delegar en la autoridad la defensa de la pureza de la Fiesta porque si no los de dentro son unos sinvergüenzas que nos van a engañar es tan patético como si se hiciera para el teatro, la zarzuela, el flamenco o la ópera. Donde la catadura moral de actores y empresarios probablemente no difiera mucho de la de los taurinos, lo cual no dice nada bueno ni de unos ni de otros.
Junto a esto, que por una mezcla de tradición y exigencia de los aficionados perpetúa la intervención administrativa en la Fiesta, hay otro elemento que pone la tauromaquia en manos de los gobernantes: la propiedad pública de muchos de los cosos. Ya lo he indicado muchas veces en este mismo blog y no me cansaré de hacerlo: en esto reside nuestra principal debilidad. Sin la propiedad de los cosos, una posición adversa de las administraciones estrangula el espectáculo sin necesidad de prohibirlo. Lo cual sería perfectamente lícito y democrático, cosa que no sucede con la prohibición. Y esto ya ha empezado a pasar y sus consecuencias las veremos incrementarse la próxima temporada, sobre todo en cosos pequeños.
Por tanto, tenemos una preceptiva intervención administrativa exigida por la tradición y por muchos aficionados y una propiedad pública de los cosos que pone en manos de nuestras autoridades la posibilidad de celebrar festejos taurinos.
Pero por si esto no fuera bastante, tenemos una sociedad que, cada vez con mayor virulencia, exige que los estados prohíban todo aquello que no consideran bueno, conveniente o moralmente apropiado. No solo aquello que pone en peligro la convivencia social (robar, matar, abusar de un menor,…) o que es manifiestamente inadmisible porque incide en la libertad y seguridad de los otros (simular una profesión sin tenerla, no auxiliar a un herido en un accidente,…), sino aquello que no se considera bueno o que solo pone en peligro a uno mismo (cinturón de seguridad, beber en la calle, tomar según qué cosas, etc.). Hace unos días, Sánchez Dragó publicaba un polémico artículo con ocasión del cuarenta aniversario de la muerte de Franco en el que afirmaba que él, ahora, era menos libre que en 1975. Más alá de la evidente boutade que supone minusvalorar la actual existencia de derechos y libertades básicos antes inexistentes (libertad de expresión, de reunión, de manifestación, de prensa, de creación de partidos políticos,…) el artículo ponía la mano en la llaga sobre un hecho que tiene poco que ver con el tránsito en nuestro país de la dictadura a la democracia y que se refiere a una tendencia constante en los países occidentales: el miedo a la libertad. Un miedo que ha conducido a exigir que los estados regulen ámbitos que tradicionalmente se consideraban exentos de la presencia de lo público y exclusivamente restringidos a la libertad individual. La mayoría de la sociedad trata de que se prohíba la comida que no es sana, los comportamientos de riesgos, que se impongan conductas saludables o moralmente adecuadas,… O que se prohíban ciertos comportamientos por el riesgo de que, en algunos casos, puedan suponer un abuso, aunque en otros muchos casos ese mismo comportamiento no implique abuso de ningún tipo.
En definitiva, cada vez son más los que tratan de que su particular catecismo respecto a la cultura, la convivencia, la educación, los valores, lo políticamente correcto, la comida, los animales, los menores,… se convierta en Código Penal. Hemos abdicado, como sociedad, de la apasionante aventura y los riesgos de ser libres para trasladar al Estado la facultad de protegernos y cuidarnos, aunque sea impidiéndonos comportarnos como ciudadanos adultos.
Para la tauromaquia, un espectáculo que exalta la más profunda de las libertades: la de poner en riesgo la propia vida luchando con un animal solo por el hecho de sentirse más pleno y libre (el que lo ejecuta), permitiendo que otros (los que lo contemplan) aprecien la belleza y la verdad como solo en un acto tan tremendamente real puede sentirse, este miedo a la libertad es absolutamente letal.

Por todo ello, sería irresponsable votar solo o fundamentalmente el 20 de diciembre en función de lo que dicen (o lo que imaginamos que van a hacer) los partidos en relación con la tauromaquia. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que los resultados de estas elecciones en combinación con los de las autonómicas y municipales van a incidir de forma relevante en el porvenir de la Fiesta.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Solidaridad taurina


El toreo siempre ha sido solidario. No sé si por el origen caballeresco de los primeros lidiadores a caballo o por los extremadamente humildes de casi todos los lidiadores de a pie durante casi toda la historia reciente. Tanto da. Muchos hospitales se han financiado con recursos de festejos benéficos, estos festejos han sido de larga tradición en casi todas las plazas (Beneficencia en Madrid, Asprona en Albacete, Cruz Roja en Sevilla,…) y ante acontecimientos especiales, de alguno de los suyos o de la sociedad en general, el toreo ha reaccionado con generosidad para tratar de paliar económicamente las consecuencias de algunas tragedias.

Sin embargo, el modo en que se expresa esta generosidad no puede ser igual ahora que hace diez años. Y menos aun seguir pautas de siglos pasados. La solidaridad del toreo no puede ser un modo de tratar de mejorar la imagen de la Fiesta, ni un argumento para su defensa. No debemos tener mala conciencia, porque la tauromaquia no debe pedir perdón ni requiere justificaciones externas para existir. Si la tauromaquia es solidaria en la actualidad es por las mismas razones por las que las empresas potencian y desarrollan su Responsabilidad Social, porque estamos insertados en una sociedad, con la que compartimos anhelos, desgracias y alegrías.

Y en la sociedad actual un valor imprescindible es la transparencia. Valor del que la organización taurina carece de modo absoluto. Y este es, probablemente, el origen de gran parte de sus actuales debilidades. Y si en algún ámbito la transparencia es imprescindible es en las actividades solidarias.

Quizá el ejemplo más sangrante es lo ocurrido con la “encerrona” de Juli en Cáceres, corrida televisada por TVE, en la que el Juli donó sus honorarios y a la que se dio una más que razonable difusión mediática. Diversas organizaciones de lucha contra el cáncer infantil eran las destinatarias de los ingresos que se consiguieran… Ingresos de los que seis meses después nada se sabe. Una escueta nota de prensa de hace unos días anunciaba que con los ingresos de aquella corrida se habían puesto en marcha algunas iniciativas, y se reproducían declaraciones que creo están extraídas de lo que se dijo antes del festejo, y no ahora. Tal vez porque las organizaciones no quieren que se utilice su nombre después de aportaciones poco menos que simbólicas.

En todo caso, en ningún sitio se ha dicho cuánto se ha recaudado y cómo se ha repartido. No es de recibo que con plaza casi llena y sin que el torero cobre sus honorarios no se pueda salir con orgullo, explicar las cifras de ingresos y gastos de la corrida y aclarar la cantidad que se dona a cada organización.

Algo parecido sucede con la corrida en la que Castella lidió seis toros este verano en El Puerto. El pasado sábado, en Tendido Cero, el torero se quejaba de que algunas organizaciones no querían que les llegara dinero del toreo. Tiene razón en la queja. Pero tanta como la que pueden expresar organizaciones encomiables cuyo nombre se ha utilizado en distintos sitios para atraer público, mejorar la imagen de empresarios y toreros, y que después no reciben apenas nada de estos.

Como en tantas cosas, la punta de lanza y quien probablemente está dictando el modo de ser solidarios en el toreo para el futuro es José Tomas. Que impone con rigor sus honorarios y luego, cuando considera oportuno, da un cheque de cifras nada despreciables a las entidades que libremente decide. No se hace publicidad para atraer público o lavar conciencias; reclama lo suyo al empresario y dona lo que considera a quien quiere. Con cámaras o sin ellas. Como hacen empresarios y artistas en los países en los que la sociedad civil está mejor organizada.

domingo, 18 de octubre de 2015

Sobre la Escuela de Tauromaquia de Madrid

Hace unas semanas, el Ayuntamiento de Madrid anunció su intención de retirar la subvención que anualmente daba a la Escuela de Tauromaquia de Madrid y, lo que es peor, impedirle utilizar desde junio de 2016 las instalaciones del Batán.
Ante este anuncio, si el sector taurino estuviera organizado (siquiera mínimamente) creo que debería hacer tres cosas:
1.- Explicar los logros que la Escuela ha conseguido desde su creación, insistiendo en un doble ámbito: la inclusión en el “mercado laboral” de muchos chavales que de otro modo no hubieran tenido nada fácil ganarse la vida (toreros, banderilleros, etc.) y cómo en muchos casos se ha evitado la caída de sus alumnos en otros hábitos, a cuya rehabilitación se dedican muchos más fondos. Tan escaso dinero público para tan grandes logros es algo para pensárselo. Si todo esto se adereza con fotos de los grandes triunfos y el gran toreo de muchos de los alumnos de la Escuela, mejor que mejor.
2.- Investigar, denunciar y recurrir todas las restantes subvenciones del Ayuntamiento de Madrid. Que sepan que hay diez, quince o veinte personas que van a escudriñar cada uno de sus actos para financiar y dar dinero a sus partidarios para tratar de anularlos y, como se dice en el argot, adoptar cualesquiera medidas que legalmente nos asistan...
3.- Considerar que lo que se ha hecho es una oportunidad. Una gran oportunidad para insertar de una vez por todas la Escuela en la ciudad de Madrid. Como apuntaba Zabala, la Escuela debería ubicarse en Las Ventas. Pero es que además deberían buscarse fórmulas para que cada vez más gente la conozca y participe de sus actos. Y apunto un par de ellas: que un día a la semana o un par de días al mes, haya clases abiertas a los aficionados que quieran aprender el toreo de salón. Eso permitiría, además del disfrute de aficionados y el entendimiento de la dificultad de manejar los trastos, que muchos aficionados tomaran conciencia de los chavales que quieren ser toreros, aprendieran sus nombre y fueran siguiéndoles desde que son novilleros sin caballos. Y que al menos una vez al mes haya alguna otra actividad de la escuela abierta a los aficionados: alguna clase sobre historia del toreo (Paco Aguado), toros y encastes (López del Ramo), ver el vídeo de alguna corrida histórica,…

El comportamiento sectario de los podemitas no debería quedar impune (aunque, como diría Poli Mazas, “disfruten lo votado”). Pero no es hora de lamentaciones: hay que levantarse, contraatacar y aprovechar lo que esto tiene de oportunidad.