miércoles, 5 de diciembre de 2018

Animales vivos

El pasado martes, 4 de diciembre de 2018, la Ministra de Transición Ecológica afirmó en una entrevista en Onda Cero que era partidaria de prohibir los toros y la caza después de haber dicho lo siguiente: "desde el punto de vista personal tengo clara cual es mi opción, y mi opción es disfrutar de los animales vivos y siempre me ha resultado muy llamativo de que haya gente que disfrute de ver morir o ver sufrir animales. La verdad es que no lo entiendo. Creo que eso está cambiando rápidamente y que los patrones culturales y los valores sociales lo hacen a ese ritmo. Por tanto, y sin interferir en lo que no me toca, pero simpatizo con esa serie de planteamientos".

Estas declaraciones han suscitado no pocas críticas en las redes sociales. Pero, a mi juicio, todas las valoraciones que se han hecho (cada una de forma independiente y todas en conjunto) han sido mucho más benévolas que lo que este tremendo dislate merecía.

En primer lugar, permítaseme hacer un comentario entre jocoso y malintencionado sobre el nombre de su cartera. ¿Transición Ecológica? Transición, ¿de dónde a dónde? ¿De una sociedad urbana a una previa a la cultura sedentaria? ¿Qué es la Transición Ecológica? ¿La que nos lleva a todos al estadio previo a la civilización, a la creación de ciudades, de la industria,...? ¿Es sólo una excusa para justificar a quienes no han aprendido nada de la cultura de la Ilustración o tiene otros objetivos más profundos?

Por lo demás, la declaración de que su opción es disfrutar de los animales vivos no puede sino responder a una absoluta falta de reflexión previa. Disfrutar... ¿de qué animales vivos? ¿De los perritos con jersey de lana de los envejecidos centros de las ciudades o de los lobos que atacan a los rebaños de ovejas? ¿De los canarios enjaulados en medio de la gran ciudad o de los buitres que atacan animales vivos porque la obligación de retirar de los campos los animales muertos ha acabado con su modo natural de alimentarse? ¿De las bellas mariposas que van de flor en flor o de las avispas que con sus picaduras ocasionan varias muertes de personas al año?

La inclinación natural a admirar a animales vivos sólo puede responder a un pensamiento naif que desconoce el medio natural y que no ha reflexionado jamás sobre lo que significa la relación del hombre con la naturaleza.

Pero aun así, no es eso lo más grave. Lo peor, lo más pernicioso, es la afirmación de que no entiende que haya personas que disfruten viendo sufrir animales. ¡Sólo faltaba! Ni ella ni nadie. Pero dar por hecho que los cazadores o los aficionados a la tauromaquia van a una espera en el campo o acuden a una plaza de toros para disfrutar viendo sufrir un animal es de una simpleza y suponen una acusación a millones de españoles que no es inocua. No, señora ministra, los cazadores no van al campo a "disfrutar" viendo cómo mueren los venados, los corzos o las perdices, ni los aficionados a los toros vamos a la plaza de Sevilla a regodearnos en la muerte de un toro. Un cazador va a cobrar una pieza en una actividad propia de la especie humana, que le ha hecho crecer como tal y que ha sido fundamental para que como especie séamos mejores y más nobles. Poder revivir experiencias que el ser humano ha ido perfeccionando desde hace decenas de miles de año tiene una importancia cultural, histórica y social fuera de análisis simplistas como los suyos. Igual que la tauromaquia, en la que el refinamiento de un rito ancestral ha conseguido mantener de forma cada vez más bella distintas tradiciones propias de las culturas mediterráneas. Y aunque es ocioso repetirlo parece que en este caso resulta obligado hacerlo: los aficionados no vamos a los toros a ver sufrir al animal. Más allá del debate sobre si el animal sufre o no (que no lo hace, porque ello implica una valoración moral de la que carece), o de si siente o no dolor (que no lo siente, por la compensación a través de la generación instantánea de endorfinas), lo que es indiscutible es que los aficionados vamos a ver torear, vamos a ver cómo un torero, con un pequeño trapo, se enfrente a la bravura de un animal indómito con su inteligencia, y es capaz, si ello fuera poco, de crear belleza en ese embate.

Señora Ministra, usted tiene todo el derecho del mundo a tener la opinión que quiera respecto a la caza o respecto a la tauromaquia ¡faltaba más! Pero con dos precisiones. La primera es que prohibir manifestaciones antropológicas o culturales que no atentan contra la dignidad de un ser humano es atacar la cultura y limitar la libertad de quienes quieren disfrutar de esas tradiciones. Y la segunda, que desde una posición representativa como la de Ministro (o Ministra) antes de hacer manifestaciones tan genéricas e imprecisas como las que hizo debería conocer con mayor precisión de qué está hablando. A todos nos gustan los animales vivos, pero según cuáles y cuándo, no todos ni en todas las situaciones. Ciertos mosquitos en verano nos gustan muertos, y ciertos animales, debidamente sacrificados, destinados a nuestra cultura gastronómica. La vida, que ni siquiera en los hombres es un valor absoluto, menos aun es un elemento genérico de diferenciación moral en la relación con los animales. 

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