domingo, 27 de septiembre de 2009

Madrid (26 de septiembre de 2009) - Jouber

La tarde no ha dado para mucho que contar (mucho bueno, quiere decirse).

La tarde comenzó con un minuto de silencio en recuerdo a los veinticinco años de la muerte de Paquirri que acabaron siendo quince segundos porque aquí todo el mundo va con prisa.

Javier Herrero, el novillero que abría cartel, ha sido cogido por el cuarto, un toro peligroso y mal lidiado. Le ha cogido, además, después de haberle avisado varias veces. Soy de los que ha aplaudido cuando, después de una voltereta, ha vuelto a ponerse al natural, demostrando pundonor y ganas, pero tal vez la colocación no era la precisa con un novillo como aquel y ha terminado por calarle (20 centímetros) después de un voltereta muy fea.

Este novillo se arrancó antes de cobrar el primer puyazo al caballo que guardaba la puerta y el picador descabalgó con premura. El caballo salió huyendo y, después de atravesar en diagonal la plaza absolutamente desorientado, se topó con la barrera, cayendo al suelo y rompiendo todas las tablas del lugar en el que se estrelló. Afortunadamente pudieron levantarle, pero la sensación de impotencia del animal corriendo por la plaza fue tremenda. Tengo la impresión de que si el caballo llevara uno de los ojos descubiertos, como manda el Reglamento, estas cosas no ocurrirían. Y si el picador no hubiera bajado del equino, tampoco.

En su primero, Herrero estuvo voluntarioso, pero evidenció falta de técnica de forma preocupante.

Pablo Lechuga creo que es el líder del escalafón, pero su tipo de toreo, por colocación, falta de ajuste y hondura, no es bien recibido en Madrid. Los animales no colaboraron, pero él tampoco entendió muy bien las necesidades de un toreo más serio y profundo, como el que aquí se exige. Lo peor, en todo caso, los hooligans que trajo y que, desafortunadamente, estaban sentados al lado de mi abono.

Jouber, sin embargo, ha demostrado ganas y muchísimo gusto, aunque también le falta oficio (algo que, teniendo valor y hondura, no es preocupante en un novillero). Ya lo vimos hace años en Vistalegre cuando se anunciaba Tomasito y nos gustó. Hoy ha estado muy serio y ha tenido momentos buenos, sobre todo en el sexto toro, que ha sido el que, hasta mediada la faena, más ha colaborado. Parece que va a ser el próximo discípulo de Antonio Corbacho, y de hecho andaba por el callejón junto a él. Esperemos que le infunda la seriedad que siempre imprime a todos sus toreros, pero sin ahogarle. Y que Francia pueda brindarnos otra figura.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Nimes (18 al 20 de septiembre de 2009) - Grandes momentos

La plaza de Nimes tiene un encanto especial. Ver toros en un coliseo romano de más de dos mil años supone adentrarse de un modo especial en el rito. Cuando, además, el público es receptivo, serio, pero agradecido, y los toreros se encuentran cómodos, hasta donde es posible, es fácil que sucedan cosas grandes. A pesar de las complicaciones que supone para la lidia la forma ovalada de la plaza, con evidentes complicaciones de querencias, sobre todo en el tercio de banderillas.

La tarde del jueves 17 no me gustaron los toros de Yonnet. Tanto Padilla, como Barrera y Savalli trataron de buscar el triunfo. Pero ni los animales colaboraron, ni tal vez su tauromaquia es la más propicia para animales tan descastados (suponiendo que algún matador tenga recursos para ello, y aquello sea de algún interés para los aficionados).

La tarde del 18 el Juli demostró que es un auténtico maestro. La corrida de Garcigrande no ayudó mucho, pero el Juli supo sacarle todo lo que de bueno tuvo (y más) a su primero, y estar tremendamente por encima del cuarto, un toro peligroso que cogió a uno de sus peones y al que se impuso con seriedad y temple. Castella tuvo muy mala suerte con el lote y no pudo más que justificarse. Román Pérez, que confirmaba alternativa en Francia (ahora también hay allí ceremonia, como en Madrid y México) demostró que necesita muchas horas de campo: puso voluntad, pero, a mi juicio, torea muy apresurado y sin demasiado ajuste.

El sábado 19 por la tarde salimos con la sensación de que podíamos haber visto mejor toreo. Los toros de El Pilar, sin ser extraordinarios, dejaron estar y permitieron hacerles, en distinto grado, toreo bueno, reposado y de mano baja. Sin embargo, los toreros no acabaron de estar. Matías Tejela, como casi siempre, dejó destellos de su gran clase; pero también de que le falta ambición, hambre de triunfo, convicción o algo que le haga dar un paso más y triunfar de modo rotundo. Apuntes buenos, sí. Pero me temo que tal y como está el escalafón y las ferias, con eso no es suficiente. Talavante en su primero estuvo soso, aburrido. En el quinto, sin embargo, replicó por gaoneras un quite de Rubén Pinar y pareció que el asunto iba a romper. Efectivamente dio muletazos buenos, tandas de interés, pero el asunto, a pesar de la oreja que cortó, tampoco cuajó del todo. Rubén Pinar es un torero joven. Fue interesante verle. Pero como en Madrid, nos dejó la sensación de que le falta reposo, pensar en la cara del toro y hacer las cosas con más sentimiento. Torea bien, pero lo falta oficio.

La mañana del domingo 20 fue apoteósica para Castella y extraña para Morante. La corrida fue interesante, tuvo nobleza, pero salvo el segundo (al que se dio una vuelta al ruedo) no tuvieron motor y clase suficiente para permitir redondear las faenas. Morante no tuvo ningún toro “a modo” que le permitiera expresarse como muchos esperábamos. No vimos prácticamente toreo con el capote y con la muleta hubo algunos pases con su personalísimo estilo e inmensa hondura, pero aislados, perdidos en cada faena, lo que hizo que el público no respondiera como quizá se hubiera merecido cada uno de esos monumentos a la estética taurina. Lo más ligado, el comienzo de faena al tercero por ayudados por alto, un auténtico monumento al toreo en sepia, agrandado en temple y sabor. Castella, por su parte, estuvo realmente bien. Las faenas a sus dos primeros toros fueron memorables: la primera con muletazos más largos y la segunda en toreo de cercanías. Buen toreo de capote, además. Y mucha voluntad con el sexto, un toro muy parado con el que no pudo lucirse pese a intentarlo con insistencia.

No pude asistir a dos de los grandes momentos de la feria: la antología de Ponce el sábado por la mañana (incluso los que no son nada pancistas comentaban que estuvo magistral) y el grandísimo toreo de Perera y Luque el domingo por la tarde (con una corrida que, algunos aficionados de temporada larga y variada comentaban que era una de las mejores que habían visto este año).

martes, 22 de septiembre de 2009

Sobre Nimes, la tauromaquia, el Derecho y sus conflictos

Los cuatro días en Nimes han sido absolutamente memorables. No sólo por la posibilidad de compartir con juristas y aficionados varios unos interesantísimos Encuentros de Derecho Taurino, sino por el descubrimiento de una Feria y una afición realmente ejemplares.

Los toros en Francia (especialmente en el sudeste) son un signo de distinción cultural. Y todo el centro de la ciudad está absolutamente dedicado a promover la cultura taurina. Es más fácil encontrar vídeos de toros, cabezas disecadas, trajes de torero, capotes, muletas, cuadros, esculturas,... en los alrededores de la Arena de Nimes y en sus hoteles que en cualquier otra feria de España.

Hay mucho que contar y espero poder ir haciéndolo poco a poco y con mano baja, como se merecen los toros que embisten hasta el final.

Como adelantó mi compadre de blog, allí dimos noticia de la próxima publicación de "La tauromaquia a través de sus conflictos. Jurisprudencia taurina" una obra que estará en las librerías en un par de semanas y que recopila, ordena y comenta más de ciento sesenta sentencias de temática taurina. Su redacción ha sido laboriosa pero tremendamente gratificante e ilustrativa. Espero que los lectores disfruten también con la multitud de anécdotas que reflejan las sentencias y que les ayude a reflexionar sobre cómo está organizado el mundo del toro y sus aledaños. Como parte del hecho cultural, la tauromaquia exige no sólo el disfrute a través de los sentidos sino también un sustrato doctrinal que aglutine memoria y aparato crítico. Esta es mi modesta aportación. Absolutamente ínfima si se compara con la de quienes se juegan la vida cada tarde en los ruedos, aquellos que realmente dotan de verdad al ritual.

El libro se publica en la editorial Aranzadi - Thomson Reuters, que es la principal editorial jurídica en España. Ya han incluido en su página web una mención a la obra y a la noticia que sobre el libro publicó el diario Midi-Libre, periódico local de Nimes de cuya información taurina tendrían que aprender todos nuestros diarios.

(Mi recuerdo a Paquirri de cuya trágica muerte en Pozoblanco el sábado se cumplen veinticinco años. Paquirri fue uno de los toreros de mi infancia. Como Manzanares, como el Niño de la Capea, como Julio Robles,... Y su muerte, una auténtica conmoción colectiva que recordó la verdad y la tragedia de la Fiesta. Alguno quisieron lucrarse con las imágenes de su dolos en la enfermería y en uno de los procedimientos que vienen reflejados en el libro, el Tribunal Constitucional declaró que esas imágenes de la enfermería pertenecían a lo más íntimo del diestro y de sus familiares. Hoy Telecinco estrena no sé qué serie sobre el maestro. Por precaución no la veré. No sé si lo que van a contar es exactamente lo que un aficionado espera de la biografía de un torero o lo que un consumidor de carroña de la prensa rosa devora y vomita. Me temo lo peor, aunque espero equivocarme).

domingo, 20 de septiembre de 2009

Haiku 3

Suerte poética:
el salto de la rana
¡olé mi jaiku!

Haiku 2

José Tomás
Morante de la Puebla
y Manzanares.

Haiku 1

Plaza de toros,
cuánto sol exprimido
de brusca sangre.

Una tragedia griega (feria de Écija)

La Plaza de Toros de Écija se asienta sobre un antiguo anfiteatro romano que aprovechaba un declive natural del terreno en la parte alta de la ciudad.

Es una plaza grande, pero no es una plaza bonita; tiene, sí, su palco dieciochesco de madera pintada, sus colgaduras de gala, su Mariana Pineda, pero el conjunto resulta destartalado, como la enfermería a ras de albero en la que entrevemos, a través de los efluvios del cloroformo, tres camas de hierro barnizadas de blanco.

Es, si acaso, una plaza demasiado “real” -sin las utilitarias reformas que han transformado algunos cosos en maestranzas de cartón piedra- con cierto aire carpetovetónico o barbárico a lo que contribuye el público, por lo general escaso, pero “racial”.

A mí me gusta este ambiente solanesco en el que se puede intuir un eco de la crudeza y sordidez de la Fiesta en las soleadas y asoladas campiñas de Sevilla y Córdoba, en los días extintos de los maletillas con hambre y de los jamelgos sin peto de picar.

El cartel de hoy es bien triste y sólo se explica como una consecuencia más de los recortes de la crisis: se anuncian un torero humilde de la comarca, que tomará una pobre alternativa sin demasiadas esperanzas y el hijo legítimo de una vieja figura tremendista, que revolucionó esta industria en los años sesenta con sus suertes excéntricas y anfibias y su ancha sonrisa caballuna.

Al terminar el paseíllo, aparece en el callejón entre cerradas ovaciones y flashes fotográficos el padre mediático de la criatura, entre tanto un precioso capote de paseo de terciopelo color burdeos, con lujosos bordados recién estrenados, parecidos a la túnica de los cardos del Gran Poder, se coloca al amparo de la madre del toricantano.

Apenas unos metros separan a ambos progenitores, igualados por la verdad redonda del albero y separados por un abismo de influencia y poder.

Tras la ceremonia de la alternativa el torero brinda a su madre que se derrumba sobre el capote presa de un agitado estremecimiento de dolor y llanto: cuántas lágrimas y cuánto sufrimiento para llegar a este punto de partida que es, a la vez, la penosa meta de llegada, cuántos anhelos se entierran hoy, cuando la familia del nuevo matador, conscientes del escaso porvenir y de un más que previsible futuro como banderillero, ha decidido tirar la casa por la ventana en un último gesto de celebración y despedida.

Yo creo que a una madre esto no se le hace y que deberían haberle aliviado el trance y, de paso, bajo el principio de la natural discreción, ahorrarnos a todos el conmovedor numerito que nos deja un amargo nudo en la garganta.

El muchacho, como era de esperar, no está ni mal ni bien, ha cumplido su sueño pero ¿qué sueño?

Prosigue la lidia y, como las desdichas nunca viajan solas, el hijo del que fuera icono del pop y del desarrollismo españoles, se deja vivo su primer toro, tras los tres avisos preceptivos, pero generosamente demorados, ante el semblante cariacontecido de su padre que está intentando apoyarle con su presencia en una carrera más que dudosa, para borrar, de paso, el recuerdo de otras filiaciones no menos mediáticas.

Ante esta lamentable e inusual circunstancia en un torero joven, con todo lo que debería comportar, la respuesta habitual del público hubiera sido una sonora pitada, pero la Plaza, incómoda y, en definitiva, intensamente horrorizada por el sufrimiento ajeno que suponen la humillación de un padre tan respetado en la región y la presumible vergüenza del hijo, responde con sensibilidad y silencio.

Padre e hijo no se han cruzado los ojos, porque ambos se temen en este instante crítico, pero el primero, que después de todo es un buen hombre, se acerca cariñoso a animar a su vástago que se está tragando las lágrimas más amargas de su vida.

Y uno piensa que entre el llanto de esta madre desconocida y desconsolada y el no escuchado diálogo entre el padre famoso y el hijo no menos famoso se cifra la vulnerable naturaleza de las humanas miserias, su frágil equilibrio de esperanzas imposibles y sueños rotos, la grandeza de su triste condición.

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Y, como el mundo tiende siempre a una imperfecta asimetría, en su segundo toro, el heredero administrativo del insólito califa realiza una faena estimable, normalmente premiada en esta plaza con los máximos trofeos, que el público solicita arrebatado, por devolver el mundo a su orden natural, aquél en el que los toros mueren en la plaza y los hijos, incluso los de uno, triunfan en la vida.

El primero en pedirlos, en un gesto grotesco y poco edificante pero enternecedor, es el viejo matador, que desata su turbante, ancho como una sábana, sonriente, mirando al palco,.

Pero no.

Falto de sensibilidad o sobrado de orgullo, a esta hora y hoy el Presidente ha decidido que esta Plaza es Las Ventas y concede una solitaria y paupérrima oreja ante el asombro y angustia generalizada.

Y uno sospecha, por la apariencia del tipo, que la razón de la decisión no ha se ha basado en los escasos méritos artísticos de la faena, ni en la voluntad de humillar por algún oscuro complejo de clase a un señor provecto y millonario, sino en definitiva y cuarenta años después, en robarle unos minutos de la gloria cosechada en los televisores en blanco y negro para su propio orgullo efímero.

Y mientras el Cordobés amenaza con su dedo al Palco, imprecando al presidente con la cara desencajada, piensa uno que el anfiteatro romano de Écija, que el Gran Teatro del Mundo, se asienta sobre una Plaza de Toros.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Antonio Ordóñez

(Le dieron la Legión de Honor en Francia, adonde va Lorenzo)

Laurel de Apolo, olivo de Atenea: han venido los griegos a la Plaza para ver torear a Antonio Ordóñez. Quinientas niñas de púrpura y Picasso, con canastas de flores y de uvas, lo siguen por las calles. Las estatuas inclinan la cabeza y en la arena se postra una rodilla para mecer las astas de la luna. Acrópolis de Ronda la polícroma: canto y cal del icono, rosa y oro, aguafuerte de Goya en las pezuñas secas, cristalitos de Armani por la noche plateada.

Ático y puro, sin asomo de esfuerzo, el Príncipe Torero de la Palma y Sevilla cincela sobre el viento el pliegue de los mármoles. Majestad y cadencia de pie sobre las aguas: el mar azul golpea la roca donde cruje la cenefa clásica del miedo. Y el toro ya no existe, el toro es un concepto, el toro está pintado sobre un altar de Creta en un templo redondo bañado por el sol, suspendido en el aire por barrancos de olivos y sarmientos antiguos de vides extrañísimas.

Han venido los griegos a la Plaza, para ver torear Antonio Ordóñez.

(Lo esta filmando Orson, lo está escribiendo Hem).

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Pasodobles, vino y leyes

Quiero celebrar la fiesta de la vendimia en Nimes alzando borracho mi copa y entonando tres pasodobles.

Me los encargaron como letras el año pasado para la feria de Olivenza -raya de Portugal-, (léase aquí) y yo los pongo en Nimes -raya de Francia-, para subrayar su carácter ebrio y exiliado.

Están dedicados a tres toreros extremeños como Don Lorenzo Clemente Naranjo que en los próximos días disertará sobre Tauroamaquia y Derecho en la capital francesa del toro.

Ya vela las armas en la capilla con el estoque de Antonio Ordóñez y el escapulario del Baratillo.

¡Cántalos borrachos para celebrar tu triunfo al son de "Marsellesa" o "Toreador"!

Y permanezcan atentos a sus pantallas porque en breve se anunciará en sus librerías LA TAUROMAQUIA A TRAVÉS DE SUS CONFLICTOS, del eximio autor citado.

Un éxito seguro y un vademécum para los profesionales.

Que Dios, Sarkozy y Carla Bruni repartan suerte, rien ne va plus.

¡PERERA!

Héroe de los carteles
y leyenda del valor,
la sangre besa la arena
como los rojos claveles
de la Puebla de Prïor.
Perera viene a triunfar
bajo el cielo de Madrid,
no tiene miedo a morir
cuando sale a torear.

Pon jazmín en los caireles,
rosas en los alamares,
porque esta tarde torea
la gracia de Miguel Ángel.
Perera viene a triunfar
bajo el cielo de Madrid,
no tiene miedo a morir
cuando sale a torear.

Citando por gaoneras
al filo de la testuz
del toro por su capote
es puro arte y quietud.
Y cuando monta el estoque
bajo el sol de su montera
desde Bilbao a Sevilla
el toro se desespera
buscando la taleguilla
bajo la mano segura.
Y grita la plaza entera:
¡Torero de Extremadura!
¡Perera! ¡Perera! ¡Perera!


Perera viene a triunfar
bajo el cielo de Madrid
y para el toro vivir
y con el toro soñar.
Su muleta verdadera,
es toda esencia y compás,
es toda hondura y poder:
la mano más baja y pura
y la espada más torera
que gira en el redondel.
Tras una estocada entera
la plaza es una locura:
¡Torero de Extremadura!
¡Perera! ¡Perera! ¡Perera!

Talavante Magno

Cuentan que Alejandro Magno
en campañas deslumbrantes
conquistó el confín del mundo
a lomos de su elefante.
Otro Alejandro Segundo
hace al Primero un desplante
de gracia y de gallardía
su imperio es de torería
y su nombre, Talavante.

Echa la pata p’alante,
torero de Badajoz,
sobre el albero maestrante
un natural de diamante
te coronó emperador.
Alejandro Talavante
torero de Puerta Grande
y de pellizco y valor.

Pon muy plana la muleta
que el toro viene de lejos,
y pon la tarde violeta
con la luz de tus reflejos
que los pitones amargos
ya te rozan la cintura
y es tu toreo tan largo
que hace eterno el instante
¡oh junco de Extremadura!
Alejandro Talavante.

Echa la pata p’alante,
torero de Badajoz,
sobre el albero maestrante
un natural de diamante
te coronó emperador.
Alejandro Talavante
torero de Puerta Grande
y de pellizco y valor.


Heroico Ferrera

Nadie tiene más poder
ni gracia banderillera
que tiene Antonio Ferrera
frente a la cara del toro,
torero de plata y oro,
extremeño de cartel.

Como un guerrero minoico
llegado de Ibiza y Creta
enviado del Rey Minos
y con un valor estoico
al poder de su muleta
somete a los Victorinos.
Y es el trance tan heroico,
tan trágica la belleza
que todos gritan: ¡Olé,
nadie tiene más poder
ni gracia banderillera
que tiene Antonio Ferrera
extremeño de cartel!

De la Feria de Sevilla
a la Feria del Pilar,
por las plazas de Castilla
y los cosos de ultramar
así dice a su cuadrilla
el Capitán General
del Tercio de Banderillas:
“Todos para el callejón
solo el toro para mí
que hemos nacido los dos
para triunfar o morir.”

“Y vente, torito, vente,
deja que te prenda flores
en tres pares relucientes.
Seis rosas de tres colores,
cortadas en el Guadiana,
negras como mi montera
verdes como las encinas
y blancas como la mañana,
cuando ondea mi bandera
en tremendas banderillas
asomado a tu balcón
que soy Antonio Ferrera,
que soy Antonio Ferrera
extremeño y matador.”

“Y todos para el callejón
solo el toro para mí
que hemos nacido los dos
para triunfar o morir.”
¡Nadie tiene más poder
ni gracia banderillera
que tiene Antonio Ferrera
extremeño de cartel!

sábado, 12 de septiembre de 2009

San Sebastián de los Reyes (29 de agosto de 2009) - ... Y Aparicio

Para ser sinceros he de decir que inicialmente no tenía previsto ir a esta corrida, sino a la de Palencia, en una jornada en la que estaba previsto un buen prolegómeno de gastronomía antes de dejar que Morante nos deslumbrara. Pero como habían cogido a Morante, el kilometraje se antojaba excesivo sin una recompensa taurina de igual expectación.

La tarde de San Sebastián de los Reyes fue triunfal. Pero, sobre todo, vimos muy buen toreo. Buen toreo, muy técnico y poderoso siempre y, cuando el toro respondía, más ajustado y hondo, de Juli. Toreo importante con la capa: delantales de recibo y quite por chicuelinas y gaoneras ligadas en su primero. Y muy grande con la muleta: estatuarios sin mover los pies del sitio para comenzar la faena en su primero, muy buenos derechazos, larguísimos naturales, arrimón, cambios de mano ligados con naturales,… Y dos grandes estocadas.

Perera replicó como acostumbra. Con una entrega sin límites y un toreo grandioso y emocionante. Suavísimo y templado para recibir de capa a su primero; quite sublime citando desde el centro del ruedo y ligando chicuelinas con pases por la espalda y gaoneras. Para comenzar la faena de muleta nuevamente cita al toro desde el centro del ruedo para instrumentar unos escalofriantes pases cambiados que ligó con un natural y uno de pecho perfectos. Luego toreo fundamental con ambas manos largo, hondo y templado, para finalizar metiéndose entre los pitones e instrumentando inverosímiles cambios de mano. Gran estocada. El último de la tarde fue un toro más complicado que se rajó muy pronto, pese a lo cual pudo instrumentarle un par de series importantes y pegarse un arrimón especialmente peligroso por los tremendos arreones del manso.

Juli y Perera son dos toreros que, según se comenta, tienen buena relación personal. Pero que en el ruedo, con nobleza y educación, mantienen una rivalidad sanísima para la fiesta. Y, como puede comprobarse, van asimilando el toreo del otro para incorporarlo en su propio repertorio, hasta el punto que uno tiene la sensación de estar viendo faenas con una estructura muy parecida ejecutadas con estilos diferentes.

Nada que ver con Julio Aparicio, cuyo toreo es de otra época y otra intensidad. Para degustarlo con un deleite muy especial y en pocas porciones. Aparicio no tiene el sitio ni el valor que Juli o Perera, ni siquiera el sitio que él mismo tuvo en otra época. Pero tiene un duende que, cuando surge, arrebata al aficionado. Aunque no en todas las plazas se le entiende de igual modo. A mí particularmente me encantó en sus dos toros, aunque las peñas de San Sebastián de los Reyes no fueran de la misma opinión. A su primero le instrumentó unas verónicas de recibo muy templadas y con mucho gusto. Ya con la muleta dejó una serie absolutamente grandiosa con la derecha y pases sueltos de muchísima importancia al natural, con una trincherilla de cartel de plaza de primera. La media cayó abajo, pero no entiendo muy bien que no hubiera siquiera unas palmas de agradecimiento a un toreo tan peculiar. La faena al cuarto (que brindó a Antoñete) fue más compacta. Torerísimo el inicio de faena rodilla en tierra con un pase del desprecio sensacional. Y luego toreo perfumado en redondo con una naturalidad apabullante y unos pases de adorno para enmarcar. Los ayudados por alto del final acabaron de dar una gran coherencia y distinción a la faena. Recetó una estocada arriba después de un feo metisaca, y aquí el público sí respondió con algo más de entusiasmo.

Tengo para mí que es difícil que Aparicio, por forma física, ambición, valor y técnica, pueda dar mucho más de lo que vimos en San Sebastián de los Reyes (a ver si nos deja mal y hace una faena aún más maciza en el gran cartel del día de San Francisco en Las Ventas). Y, por eso, es difícil valorar por el aficionado si debe seguir de telonero en carteles como estos o debería dejar paso a otros diestros más jóvenes que necesitan ir abriéndose un hueco en las ferias.

En todo caso, a mí me reconforta ver este toreo de vez en cuando. Y contrastarlo con el gran toreo poderoso de jóvenes tan maduros como Juli o Perera, que son un seguro en cualquier cartel por su disposición y enorme regularidad, además de por su grandísimo toreo. Creo que ambos son necesarios y que se complementan. Y que el buen aficionado debería disfrutar de estos distintos estilos.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Juan Belmonte, matador de toros.

De Chaves Nogales.

Siempre más que recomendable, véase la reseña de Santos Domínguez de la nueva edición de Renacimiento en la revista Encuentros con las Letras.