miércoles, 30 de mayo de 2007

Madrid (29 y 30 de mayo de 2007) - ¿Toristas?

A mí, que me lo expliquen.

Si de lo que se trata es de que haya una semana torista al final de la Feria de San Isidro y los ejemplos son los toros de Dolores Aguirre y de Cuadri, o hay que replantearse la denominación o cambiar las ganderías.

El martes 29 llegué al segundo toro (¡se tarde una enormidad desde el IFEMA a las Ventas!), pero los comentarios unánimes de los aficionados de alrededor es que el primero de la corrida de Dolores Aguirre era uno de los toros más mansos que habían visto en varias décadas. Los demás, con sus matices, ni fueron ejemplares en la pelea con el caballo, ni demostraron en la muleta una bravura digna de admiración ni su peligro superó el habitual en ejemplares lidiados de otras ganaderías.

Con este material, El Califa y Gómez Escorial pasaron sin pena ni gloria. Ambos trataron de sacar a sus oponentes los pases que tenían, pero entre la pobre condición de los toros, el viento y los enganchones, poco hubo que contar. De la capa, ni hablamos (Gómez Escorial saludó al sexto a porta gayola, pero no es ese el toreo de capa que nos emociona).

Rafaelillo, sin embargo, demostró unas ganas y una disposición dignas de encomio. No es que tuviera mejores enemigos, pero aguantó mucho más, expuso hasta los límites del pavor, llevó a sus toros muy tapados y, sobre todo en el quinto, dejó series con pellizco. Si hubiera matado en condiciones hubiera podido pasear algún trofeo. No fue así y tuvo que conformarse con una vuelta al ruedo en el quinto. (Unas horas de carretón no vendrían mal, si es que este torero, como parece, quiere reivindicarse en el escalafón).

Lo de los Cuadri, un poco más de lo mismo, con la diferencia de que además los toros han salido sosos y con muy poca transmisión.

Pepín Liria no parece encontrarse en su mejor momento. Los toros no han ayudado, pero da la sensación de que tampoco él ha encontrado el sitio adecuado para los cites y para poderse quedar quieto entre pase y pase y darle una cierta continuidad a sus faenas.

De Curro Díaz se esperaba más disposición y técnica. No creo que sus toros fueran de Puerta Grande, pero sí que hubiera sido posible evitar muchos de los enganchones, y que eso hubiera ayudado a ligar faena. Ha dejado apuntes de su gran clase en algún pase suelto, pero sin continuidad y sin conseguir llegar al publico. Alguien decía a mi lado que este torero tiene que meditar sobre su actitud. Que siendo uno de los toreros con más clase de la actualidad, si no está en el grupo de los que más torean es porque le falta convicción y decisión. ¡Cuánto le agradeceríamos los aficionados este esfuerzo!

Por su parte, Javier Valverde en su primero sufrió un tremendo golpe, que le hizo volar de muy mala forma, pero parece que sin consecuencias. Su gesto arregido posterior de volver a la cara del toro y seguir toreando con decisión fue reconocido por el público. El toro tenía peligro (sobre todo por el izquierdo) pero ganaba mucho por la derecha cuando le baja la mano y conseguía dominarle. En el sexto hubo muchos pases, pero no llegó a conectar en ninguna de sus series con los aficionados.

Y digo yo, ¿no hay otras ganaderías duras? ¿No sería razonable cambiar las que dan este espectáculo por otras de mayor garantía? ¿O hay que repetir nombres "mágicos" todos los años con independencia del comportamiento el año anterior como si fuera una letanía inamovible?

lunes, 28 de mayo de 2007

Madrid (28 de mayo de 2007) - Ausencia 2

Nueva ausencia. Y ya lo siento, especialmente porque era una novillada.

Tal y como viene la semana me temo que sólo voy a poder ir el día 30 y el sábado (Victorinos). ¡A quién se le ocurre hacer coincidir la semana torista con el Salón Inmobiliario de Madrid -SIMA-!

A ver si consigo ir también mañana, aunque sólo llegue a ver algunos toros...

Madrid (27 de mayo de 2007) - De domingo

El público de la Feria los domingos es algo distinto del habitual. Viene más gente de localidades cercanas, no habituales de esta plaza, a quienes les gusta ver de vez en cuando toros en Madrid. Pero en general se encuentran con corridas duras y toreros poco experimentados. De hecho, los carteles de los domingos en la Feria no difieren mucho de los que uno encuentra a lo largo de la temporada, con la diferencia de que un domingo de julio, pongamos por caso, no se llena más de un veinticinco por ciento del aforo y si el mismo cartel se pone en la Feria se consigue el no hay billetes.

Hace no muchos años, uno podía encontrar también algún cartel de toreros artistas (Luguillano, Cepeda, Pepín Jiménez,...) que siempre dejaban pinceladas de su gracia y a veces cuajaban toros con una rotundidad que sólo alcanzaban aquí. Pero parece que ahora los Conde, Aparicio,... no quieren arriesgarse, o la empresa no les da lo que piden. ¡Vaya usted a saber!

La corrida de este domingo ha sido tediosa, salvo por la faena de muleta al segundo toro y las banderillas al tercero.

Los toros del Conde de la Corte han demostrado falta de raza y mansedumbre y han impedido el lucimiento de unos toreros necesitados de un triunfo para poder buscarse un hueco en un escalafón que cada vez se pone más difícil. Para colmo de las desgracias el viento ha soplado muy fuerte por momento lo cual impedía colocarse en el lugar preciso, hacía prácticamente imposible el toreo al natural y creaba una sensación de angustia cada vez que el torero buscaba el sitio desde el que citar, tratando de que la muleta no cobrara vida propia y sirviera de señuelo al toro en momentos no deseados.

Antonio Barrera no ha podido hacer absolutamente nada en su primero. En el segundo ha comenzado con pases cambiado y, muy quieto, ha instrumentado algunas series buenas con la derecha, destacando un redondo lento y sentido. Pero el toro le buscaba constantemente o se desentendía de los engaños, según le diera. Por esto y por el viento, no ha habido más que hacer y lo ha matado de una media, después de dos intentos frustrados.

Iván Vicente ha conseguido en su primero la faena de muleta más templada, con series buenas con ambas manos a base de cercanía, exposición y buen toreo. El viento ha condicionado la faena, como también lo ha hecho la condición del toro, que obligaba a series muy cortas. Pero la voluntad del madrileño, sus buenas maneras y una estocada hasta la bola a la primera le han permitido obtener el merecido reconocimiento del público y dar una vuelta al ruedo. El quinto ha sido un toro muy peligroso y aunque lo ha intentado, cualquier atisbo de arte resultaba imposible.

Con el tercero de la tarde, Iván Vicente ha puesto tres pares de banderillas muy vistosos, que han llegado mucho al público (aunque alguno lo ha colocado "a toro pasao"). Con la muleta lo intentó, pero la condición del toro no permitía estar bien. El sexto era aún de peor condición y lo demostró desde el principio, lo que hizo complicada la ejecución de todos los tercios. En banderillas, en concreto, le esperaba y le hizo tener que arriesgar mucho, con mucha menos repercusión que en su anterior toro. Con la muleta, esperaba, topaba, se defendía,... Un regalito con el que abrevió cuando el público estaba ya más pendiente de quién iba a ser el nuevo Alcalde de su pueblo.

Y la pregunta de rigor: ¿hemos tenido en cuenta los aficionados a la hora de votar las propuestas en materia taurina de los partidos -o más aún, si incluían o no algo sobre el particular-? (Recuerdo que las competencias en materia de espectáculos taurinos están transferidas a las Comunidades Autónomas y que la mayoría de las Plazas de toros son de Ayuntamientos o Comunidades, que son los que harán los concursos que determinarán quién las gestione).

sábado, 26 de mayo de 2007

Madrid (26 de mayo de 2007) - Intrascendente

Misteriosamente, cuando se han ido las figuras y el rejoneo, vuelven las tardes de aburrimiento.

El Juli, Ponce y Ventura han dejado faenas de interés en los últimos días. Marín, Tejela y Gallo, en la tarde de hoy, no han dicho casi nada.

En su descargo debe reconocerse que los toros no eran muy propicios para el triunfo. Y no porque tuvieran especial peligro, sino por su sosería.

Sólo Eduardo Gallo, en el tercero "bis" (el tercero ha sido devuelto por invalidez manifiesta) , ha dejado un par de tandas con la mano derecha de mucho gusto, bajando la mano y con temple exquisito. Luego, la faena ha perdido intensidad. En parte, porque el toro era más complicado y en parte, nos tememos, porque a Gallo le falta un punto de decisión y coraje, que hubiera sido muy útil una vez que había captado la atención y el favor del público. En el sexto ha empezado toreando a cierta distancia, y cuando se ha acercado el toro ha estado a punto de cornearle varias veces. Ha demostrado valor y exposición, pero el público tenía claro que con aquello era imposible el éxito y le ha pedido que abreviara.

Tejela tampoco ha tenido un lote adecuado. Ninguno de sus dos toros tenían transmisión. Ha estado ahí de forma profesional, dando pases, poniéndose,... Aunque no es previsible que pudiera haber obtenido algún triunfo, ha parecido tener un cierto conformismo en vez de el empuje que sería previsible en quien ha salido una vez a hombros en este San Isidro y podría tratar de utilizar esta Feria como catapulta al grupo de las auténticas figuras.

Por su parte, Serafín Marín ha concluido la tercera de sus tardes en la isidrada pasando absolutamente desapercibido. Su primer toro ha sido muy soso y se quedaba corto (sobre todo por el lado izquierdo). En su segundo, ha iniciado la faena de forma vistosa con estatuarios, pero el toro se revolvía rápido y no ha podido hacer nada mucho más. En cuanto a la actitud, un poco igual que Tejala con la diferencia de que él no ha salido en la Feria por la Puerta Grande.

Y una pregunta solo: ¿se han dado cuenta algunos toreros de la banda media del escalafón que ya hay más de una docena de toreros de mucho interés y que como ellos no consigan demostrar que están en ese grupo puede ser muy complicado entrar en ninguna Feria?

Madrid (25 de mayo de 2007) - Ausencia

Para mi desgracia, por motivos laborales no he podido asistir a la segunda tarde de rejones de esta Feria, que veo que ha debido ser también entretenida y en la que parece que Ventura ha vuelto a dar una gran dimensión de toreo a caballo. La competencia, salvo en tema de amores, siempre es buena.

Mucho me temo que también la semana que viene tendré que faltar dos o tres tardes. Es lo que tiene programar tantos días seguidos las corridas. Que entre viajes, reuniones y demás al final es imposible no faltar a alguna.

Se hará lo que se pueda.

jueves, 24 de mayo de 2007

Madrid (24 de mayo de 2007) - Maestro

Enrique Ponce es de los toreros a los que con mayor razón y rotundidad se le puede llamar "Maestro". Y hoy, en Las Ventas, ha firmado dos faenas en las que ha demostrado hasta qué punto incluso a los toros más sosos se les pueden hacer las cosas bien, templadas y con arte. El pequeño problema es que sus dos toros no han permitido el lucimiento y la espectacularidad que la mayoría hubiéramos deseado.

El primero de la tarde ha tardado mucho en salir y cuando ha aparecido en la plaza lo ha hecho con una tranquilidad ajena al cercano destino al que estaba llamado. Los murmullos denotaban que aquel toro podía presentar dificultades para la lidia, pero Ponce y su cuadrilla se han hecho con él de forma magistral y han hecho todo con una pulcritud realmente asombrosa. Con la muleta, Ponce dio unas tandas con profundidad, ligazón y temple, pero el toro se vino pronto abajo. Lo probó por la izquierda, por donde embestía a media altura y se quedaba corto, y al volver a la diestra sólo pudo dejar constancia una vez más de la estética de su toreo con una de las rodillas en tierra. Mató de una buena estocada y escuchó una ovación, saludando desde el tercio.

Con el cuarto en Las Ventas hemos vuelto a vivir uno de esos momentos en los que a uno se le quitan las ganar de volver por aquí. En los primeros tercios, poco se ha podido hacer con el toro, salvo volver a lidiarlo de forma efectiva. Con la muleta, Ponce ha empezado bien por bajo (bueno el cambio de mano), pero el toro tardeaba, le costaba embestir y cuando lo hacía no era claro ni sencillo. Con él, Ponce ha desplegado todo su repertorio técnico y ha sacado pases de muy buena nota a un toro en el que no era imaginable el milagro. Se ha colocado en varias ocasiones entre los pitones y ha aguantado parones y coladas del toro más que cualquier otro torero o novillero. El único problema es que se le ve tan seguro, tan sobrado, que es muy difícil llegar a calibrar lo que está haciendo.

Cuando, en medio de esta faena, un ser desaliñado, gritón, zafio, de andares oscilantes y retórica nula grita a quienes aplauden esta faena ¡"Ignorantes"! sólo queda rogar a lo alto que le perdone y las instituciones sanitarias que lo llamen a consulta. Por favor, que se lo miren. No puede estar en sus cabales un individuo iletrado que considera ignorantes a quien se congratulaban de la entrega y el arte que estaba desplegando Ponce. La ignorancia (y el sectarismo) está en tener tal ceguera mental que impida reconocer la maestría de este torero.

¡Lástima del metisaca previo a la gran estocada! Si no fuera por eso, una oreja hubiera cortado seguro. Con permiso de los de siempre.

El Cid resultó volteado de muy mala manera al recibir de capa al segundo de la tarde. Afortunadamente pudo continuar la lidia porque la herida no era muy grave. Con la muleta, dio algún natural "marca de la casa", con la mano baja y templada, pero el toro no aguantó más que un par de tandas. El sobrero (quinto bis) fue un toro muy flojo al que no devolvieron y con el que el Cid lo intentó por ambos pitones pero el toro no pasaba, por lo que abrevió y mató de una estocada delantera.

Matías Tejela, por su parte, ha tenido esta tarde una gran oportunidad tras la que quedan algunas dudas de si la ha aprovechado todo lo que sería razonable. El tercero ha sido el toro más noble y repetidor de la corrida y a éste le ha dado varias tandas buenas por ambos pitones, pero sin llegar a entregarse del todo, salvo en una tanda por cada pitón. Faena efectiva, pero en la que se ha echado de menos que el torero tuviera más garra. El sexto ha sido un toro más complicado, porque aunque el toro iba, cabeceaba a mitad del muletazo y se queda corto en ocasiones. Muchos aficionados hubiéramos deseado ver a Ponce o al Cid con este toro. Y observar si hubiera tenido otro comportamiento si se le hubiera bajado la mano y dejándole la muleta en la cara. Aunque ha estado mucho tiempo en la cara del toro, ha dado la impresión de que no ha conseguido transmitir al menos tanto como la emoción que traslucía el animal.

Un par de preguntas algo más largas que de costumbre:

1.- Si hubiera alguien que entrara cada día en el Prado y empezara a lanzar insultos a los pintores por la horrenda calidad de sus obras, ¿dejaría que lo hicieran todos los días o lo expulsarían de allí? ¿No puede hacerse lo mismo con los que tienen el mismo comportamiento en otro recinto de exposición de una creación artística en la que, además, el ejecutante se está jugando la vida?

2.- ¿Por qué hay tantos aficionados en Madrid tan malpensados que creen que la empresa ha dado la sustitución de Rincón a Tejela sólo porque era bastante barato y así se podía ahorrar parte de los gastos de este cartel con tanto tirón? Por cierto, ¿cómo se tienen en cuenta las sustituciones para ver si se ha dado cumplimiento al Pliego? ¿no deben sustituirse matadores dentro de la misma categoría?

Madrid (23 de mayo de 2007) - Tarde de toros (2/2)

(... Continúa...)

Pero si lo más relevante lo hizo el Juli en sus dos toros (la salida a hombros fue el reconocimiento imprescindible a una tarde magistral), no pueden dejar de destacarse las faenas de Uceda y Manzanares.

Uceda ha demostrado una enorme disposición y una técnica depurada. Brindó al público su primero, al que no había podido lancear con parsimonia, pero que tenía recorrido. Dio series buenas con la derecha, aunque algo cortas, y destacaron algunos pases desmayados y un trincherazo de cartel. Por la izquierda, el toro era más complicado y le enganchó en algunos de los pases. Al volver a la derecha, el toro se quedaba más corto y la faena perdió intensidad, aunque destacaron un buen cambio de mano y un pase de pecho. Acabó con una estocada hasta la bola ligeramente desprendida y consiguió una oreja justa. Del cuarto, lo más destacado fue el excepcional tercio de varios que vivimos, con dos puyazos de magnífica ejecución. Con la muleta, la faena tuvo altibajos porque el toro era más complicado, le enganchó en algunos pases y a pesar del arrimón no hubo posibilidad de redondear series de intensidad.

Manzanares, en el tercero, salió bajo la sensación que había dejado el Juli (que seguía pendiente de la lidia e hizo un magnífico quite a un banderillero cuando el toro le perseguía después de un par). Pero el toro se quedó bastante parado y sólo pudo destacar en algún pase suelto. Y en una estocada sencillamente perfecta. En el sexto, cuando la tarde se había venido definitivamente arriba y se habían despejado los riesgos de lluvia, Manzanares pudo demostrar cómo es su tauromaquia. Aunque se le notó algo nervioso por momentos, realizó una faena llena de pases sensacionales. Muy bueno el comienzo de faena por bajo. Y magníficas las series con ambas manos, con algunos pases (un natural, uno de pecho) de los que se quedan en la retina por mucho tiempo. Cada vez se va pareciendo más a su padre en la forma de torear. No es mal espejo. Nuevamente mató de una estocada hasta la bola (aunque esta vez algo caida) y recogió otra oreja de justicia.

En definitiva, una tarde de toros completa, como hace tiempo que yo no recordaba en un San Isidro. Con tres faenas muy interesantes y una excepcional.

Y todas ellas delante del tendido del cinco. Hay quien dice que porque allí se van los papelillos y hace menos viento. Otros, que porque el público es más agradecido y es más fácil conseguir las orejas. ¡Sólo faltaba que los toreros no pudieran llevar al toro donde estuvieran más cómodos! Por el público o por el viento.

Y sólo una pregunta: ¿han expulsado ya al presidente, prohibiéndole volver a ejercer en esta plaza?

Madrid (23 de mayo de 2007) - Tarde de toros (1/2)

Gran tarde de toros la de esta tarde en Madrid. Tanto, que ha habido que prolongarla con las correspondientes tertulias entre aficionados, las raciones, los gin tonics,... Todo ello, además, con viejos amigos y maestros. Un placer, en resumen.

Gran tarde de toros, a pesar de que el Presidente ha robado la segunda oreja que el Juli había ganado a ley en el segundo de la tarde. No sé si los Presidentes en Madrid siguen siendo comisarios de policía (creo que sí). Pero si de este individuo depende en alguna medida la seguridad de los ciudadanos, el orden público,... Si tiene la facultad de detener, utilizar la violencia, acusar,... estamos listos. Un individuo tan sectario y arbitario como el que hoy ha ocupado el puesto de presidente de la corrida (no sé quién es y prefiero no saberlo) no puede ser ni presidente de una comunidad de vecinos como las de la televisión. Su comportamiento ha sido indigno, alineándoso con los personajes más extravagantes de los altos del siete. Seres que en una sociedad libre y culta sólo pueden ser objeto de compasión y reinserción, pero que en modo alguno pueden marcar tendencia y menos aún ostentar la autoridad.

De aquel grito que propinaban alguno de estos extravagantes hace unos años (¡a quién defiende la autoridad!), deberemos pasar hoy, nuevamente, al de ¡quién nos defiende de la autoridad!

No, lo de la oreja del Juli no es vital. Pero que de un individuo que toma estas decisiones dependa (siquiera durante dos horas y media) la seguridad de más de veinte mil personas es algo que debería llamar a reflexión. ¿O es que acaso teme lo que puedan después decir de él la ruidosa minoría? ¡Bien estamos si es la autoridad quien teme a los violentos! Hay sociedades en que esto ocurre, pero están moralmente podridas. ¡Salvemos, por favor, la Plaza de las Ventas de estas miserias!

Empecemos, por tanto, por ahí. Y dejemos a Uceda, a Manzanares, al cinco y a las magníficas estocadas para mañana (o para dentro de un rato).

La corrida de Victoriano del Río ha sido una corrida de toros excelente. Con toros de diferente comportamiento pero bien presentados, con casta, bravura y nobleza en general. El tercero y el cuarto peores. Y el quinto... con matices (ahora diremos).

De entre ellos, el segundo ha permitido que el Juli hiciera su mejor faena hasta ahora en Las Ventas. De recibo, con el capote, no ha podido hacer mucho. El toro, para mayor complicación, ha levantado la mitad del burladero de capotes. En el quite, el Juli ha mezclado cinco lances diferentes de forma vistosa, aunque es cierto que ha toreado mejor con el capote en otras ocasiones. Pero con la muleta ha realizado una faena redonda, sin fisuras. De auténtico maestro. Ha empezado con pases por alto y luego, ha templado al toro magníficamente por los dos pitones con series largas, de mano baja, arrastrando la mano y con pellizco. Se ha "espatarrao", cargando la suerte y ha dejado algunos pases para el recuerdo, como el cambio de mano por delante (lentísimo), algún natural y la última serie de redondos absolutamente magistrales.

Obviamente, no se ha cruzado al pitón contrario. Porque si lo hubiera hecho no habría podido ligar series tan largas como las que ha conseguido. Y, señores, ¿no estamos bastante hartos de series de dos o tres pases y el de pecho?

Lo de el Juli ha sido otra cosa. Ha sido emoción, arte y técnica. Todo junto en diez minutos y rematado con un estocada perfecta hasta la bola.

La petición era casi unánime. Tanto para la primera como para la segunda oreja. Ha habido más o menos un tres por ciento de la plaza (el presidente y los que le amedrentan) que se negaban a la segunda. Y el presidente se ha dejado llevar por el miedo, el sectarismo, la arbitrariedad o la venganza. El caso es que no ha dado una oreja de amplia petición y de justicia.

Las broncas al presidente después de que el toro fuera arrastrado y de que el Juli diera dos vueltas al ruedo con la oreja conseguida (algo que yo es la primera vez que veo en esta plaza) han sido espectaculares.

Como curioso ha sido que numerosos pañuelos siguieran ondeando en los tendidos durante esas dos vueltas al ruedo.

Lo del quinto ha sido de una complejidad mayor. Con el capote, en el caballo y en banderillas la lidia no ha pasado de discreta. Y en la muleta, el Juli se ha dado un auténtico arrimón, colocándose entre los dos pitones, en una cercanía inverosímil, y obligando al toro a pasar. Consiguiendo, además, pases templados.

La duda que a algunos nos queda es cómo hubiera planteado la faena si en el primero hubiera cortado, como era de justicia, las dos orejas. Porque, tal vez, si hubiera tenido asegurada la Puerta Grande, hubiera tratado de citar a este toro desde algo más lejos y de hacerle una faena más poderosa (aunque también más arriesgada). Pero por el atraco del primero de su lote, y viendo que podía conseguirlo, ha tratado de asegurar la oreja. Y lo ha hecho por la vía del valor más que por la de la técnica y el arte.

El toro era más complicado que el segundo. Pero mantenía fuerza y se arrancaba desde media distancia. Todo un reto para el Juli.

Como puede comprenderse, no critico en modo alguno lo que ha hecho el torero (por otro lado, tremendamente arriesgado y peligroso). Pero sí constato que la estupidez de unos cuantos condiciona el desarrollo de la lidia hasta extremos que nunca deberían producirse. En un toro como el quinto deberíamos haber visto la faena que el Juli hubiera deseado, no la que consideraba que mejor podía asegurarle otra oreja. Pero nadie puede obligar a arriesgar a quien una hora antes ha sufrido un atraco de sus legítimas aspiraciones.

(...Continuará...)

martes, 22 de mayo de 2007

Madrid (22 de mayo de 2007) - Muy aficionado

Aunque ya había sospechas, hoy se ha confirmado. El Rey es muy aficionado a los toros. De otra forma, no hubiera aguantado impasible la tardecita de hoy.

Cuando llevábamos una hora de corrida se había lidiado sólo un toro, el de la confirmación de alternativa de Ambel Posada. Y se habían devuelto tres (el primero, el segundo y el segundo "bis"). Luego, durante la faena del cuarto, ha llegado un auténtico vendaval a la Plaza, se ha oscurecido todo con una nube negra zahina y ha comenzado una tormenta de dar miedo. Hemos visto también relámpagos y escuchado truenos que evidenciaban que el centro de la inestabilidad no andaba muy lejos. Pero el Rey no se ha movido de su barrera del uno, junto a la Infanta Elena y a Ortega Cano.

En lo taurino, Ambel Posada no ha podido hacer mucho en el toro de su confirmación. En el devuelto ha evidenciado en los lances de recibo un gusto extraordinario con el capote. Con el sobrero no ha podido repetir el toreo de capa y con la muleta ha dado algún pase templado, aunque el toro se quedaba muy corto y no había transmisión alguna. En el último de la tarde, después de lo acontecido, de las más de dos horas y media y de que más de la mitad de los espectadores se hubieran ido, ha tratado de dar pases por ambos pitones, pero el toro era bastante complicado, había que poderle mucho y no era la hora (ni quizá la experiencia) para lidiar aquello.

Juan Bautista, con el segundo no ha podido más que justificarse. Toro soso, sin transmisión y con la cara a media altura con el que no había nada que hacer. En el cuarto, en medio de la lluvia y el viento ha hecho una de esas típicas faenas épicas isidriles. Ha templado bien con ambas manos, ha ligado los pases y ha conseguido el aplauso del público de gradas y andanadas (los que estaban a cubierto) y el griterío de los que, en el tendido, no habíamos saliendo huyendo de la meteorología pero teníamos las manos en los paraguas o bajo el chubasquero. Ha cortado una oreja por la decisión, el mérito, el temple y algunas pinceladas artísticas.

Castella se ha vuelto a reivindicar como auténtica figura en el quinto de la tarde. En el tercero, cuando estaba empezando a torear de capa han aparecido los caballos, el toro se ha distraido y ha finalizado lo que prometía ser un muy buen inicio de faena. Luego, la lidia no ha sido especialmente brillante y ha habido una sonora bronca cuando el presidente ha cambiado el tercio de banderillas cuando el toro sólo tenía tres clavadas (aunque a decir verdad, lo que sucede es que alguna se le había caido poco después de clavarse). Ha habido una fuerte ovación cuando Castella ha ido al centro del ruedo porque todos sabían que empezaría con pases cambiados. Y así ha sido, tan ceñidos como de costumbre y rematados con un par de pases de adorno con mucho sabor. Después, sólo ha podido poner voluntad con un toro que se caida en cuanto bajaba lo más mínimo la mano.

Pero lo del quinto ha sido otra guerra. Con el piso imposible y la gente aguantando estoica el chaparrón, Castella ha demostrado un pundonor y una vergüenza torera como hacía tiempo que yo no veía. El toro ha sido uno de los más difíciles que se han lidiado últimamente por estos lares. Por la derecha, al comienzo de la faena, lo ha lanzado por los aires, le ha vuelto a dar golpes estando en el suelo y el francés se ha levantado auténticamente conmocionado, pero decidido a volver a la cara del toro. Ha seguido su faena en medio de la lluvia en el centro del ruedo tratando de sacarle pases a un toro cada vez más peligroso. Y al final lo ha conseguido por el lado izquierdo, después de ponernos a todos el corazón en un puño por cómo tenía que defenderse de las tarascadas del toro en aquellas circunstancias. Han sido algunos naturales limpios a un animal que nadie pensaba que pudiera llegar a tragar aquello. Pese a todo, ha habido quien ha protestado la oreja porque ha errado varias veces con el descabello después de colocar una estocada entera en todo lo alto.

Las preguntas:

1.- ¿Alguna vez dirán si se está estudiando algo para tratar de evitar, al menos en parte, la exposición al viento en Las Ventas?

2.- ¿Y algún tipo de cubierta completamente desplegable y que no suponga impacto visual, para tardes como ésta?

3.- ¿Es razonable pitar a Castella después de lo que ha hecho en el quinto? Se considere justa o no la oreja, ¿es para pitarle a él -que creo nadie duda que se ha jugado la vida con verdad y además ha conseguido momentos magníficos- o para criticar al presidente si se cree que ha sido generoso en exceso?

lunes, 21 de mayo de 2007

Madrid (21 de mayo de 2007) - Perdonable

La novillada de Yerbabuena, de Ortega Cano, que asistió al festejo desde el burladero de los mayorales en el callejón ha salido en general noble, pero muy floja. El sexto ha sido devuelto (rapidez y vistosidad inauditas de los cabestros de Florito), sustituyéndole un sobrero de Hato Blanco con mucha más fuerza y codicia.

Ante este material, los novilleros han podido hacer muy poco. A Alberto Revesado se le nota la falta de experiencia. En el cuarto, un toro que se arrancaba de lejos y metía razonablemente la cabeza ha dadado varias series con más voluntad que acierto. No es que lo haya hecho mal, es que no ha acabado de acoplarse y ha dado la impresión de que al novillo se le podía sacar más y que el novillero podía poner algo más de su parte. Al final, saludó a pesar de la división de opiniones. En su primero, la flojedad del toro le impidió también un acierto mayor, aunque también ahí se le notó cierta inexperiencia con las distancias y el temple. Buenas las estocadas a sus dos toros (aunque en el cuarto después de un pinchazo).

Daniel Luque con el segundo no ha tenido oportunidad alguna. El toro era de una sosería extrema y aunque ha tratado de darle algunos pases era imposible que aquello conectara de ninguna forma con el público. Con el quinto, ha hecho un buen toreo a la verónica saliéndose poco a poco a los medios, pero poco más. Se dejó el toro muy crudo, pero aun así faltó transmisión. Por parte del toro, la fuerza era escasa. Del torero, cabe la duda de si hubiera podido cruzarse un poco más y torear más hacia dentro y hacia abajo. También ha matado bien (después, igualmente, de un pinchazo en el quinto).

El tercer novillo de la tarde se pasó toda la faena de Salvador Fuentes mugiendo. La flojedad era sólo una de las características del novillo que hacían difícil el lucimiento. Al sobrero de Hato Blanco no lo ha querido ver. El novillo no parecía tener especiales dificultades, aunque sí más casta y más fuerza que los precedentes. Por eso, la gente le ha increpado con fuerza su actitud y su desacierto con la espada.

Pero al fin y al cabo son novilleros. Hemos visto a otros (hace una semana) más decididos. Aunque seguro que estos también han tenido tardes mejores. Lo importante es que no pierdan la afición. No sé si alguno de estos tres llegarán alguna vez a ser figuras del toreo (para ello, tienen que aprender mucho y, sobre todo, cambiar de actitud). En todo caso, lo que no me cabe duda es de que no han venido hoy a llevárselo crudo. Podrán tener sus dudas y su inexperiencia. Pero con lo que cobren no arreglan su futuro. No séamos, pues, tan exigentes. Lo suyo es perdonable.

Sólo una pregunta hoy: ¿es razonable que todos los novillos hayan tenido más peso que el mínimo que el Reglamento exige para los toros en plazas de primera?

domingo, 20 de mayo de 2007

Madrid (20 de mayo de 2007) - Casualidades

Tal vez por casualidad, la entrega del Cossío de hoy con El Mundo hablaba de los Reglamentos, las Plazas de toros y la Polémica sobre la licitud y conveniencia de la Fiesta.

En Madrid hay quien piensa que los Reglamentos sólo deben ocuparse de la edad y el tamaño de los toros (no menos de media tonelada para plazas como ésta), el tamaño de la puya (enorme, que si se caen los toros pueden cambiarse) y la dimensión de las astas. Para ellos, la ley debe proteger la integridad del espectáculo. Y el espectáculo es una masa ingente de carne, con cuernos desproporcionados, que cause el pánico a cualquiera que lo vea. Y da igual que embista o no. Eso, para ellos, no es espectáculo, ni integridad.

A otros, sin embargo, nos parece que siempre que un hombre se enfrenta con un toro, sea éste del tamaño que sea, existe el riesgo y puede crearse arte. Suficiente, pues, con tal de que lo que se anuncie se corresponda con lo que suceda. O sea, que a mí me da igual que una figura se anuncie con un toro más chico y menos "rematado", con tal que lo anuncien adecuadamente y cuando vaya a la plaza tenga claro a lo que voy.

Pero lo que sí creo que debe proteger el Reglamento es la comodidad de la plaza, la facilidad de los accesos y la evacuación, la adquisición de las localidades, la reventa,... y la devolución de las entradas. En definitiva, que se respeten y faciliten mis derechos como usuario, igual que cuando voy al cine, al teatro, a un concierto o cualquier otro evento. Y que pueda hacerlo con las mismas facilidades.

Hoy, en Madrid la corrida se ha aplazado hasta el próximo 4 de junio (lunes) porque desde minutos antes de la hora de inicio del festejo ha caido una inmensa tromba de agua. Además, Torres Jerez había entrado en el cartel por Víctor Puerto que ayer había sufrido una lesión en su rodilla. Lo cual, conforme al Reglamento, daba la oportunidad de devolver la localidad. Muchos espectadores hacían cola para la devolución (anunciada este mañana a eso de las doce, cuando desde ayer se sabía que era prácticamente imposible que Puerto toreara) y la empresa ha habilitado sólo una taquilla para devolver, originando un pequeño altercado cuando ha dicho que aquellos que no estaban en la cola a las siete menos cuarto no podían hacerlo. Los que estaban desde antes han tenido que soportar colas de más de treinta minutos y un buen chaparrón para poder devolver las entradas, cuando habilitando alguna taquilla más la empresa habría podido facilitar este derecho sin mayores problemas. Pero es que, además, el artículo 33 del Reglamento dice que los plazos para la devolución de las localidades (en este caso, el que finaliza quince minutos antes de la modificación del cartel por cambio de uno de los espadas) se prorrogará "automáticamente si finalizados los mismos hubiese, sin interrupción, espectadores, en espera de devolución". O sea, que si hay una cola, hasta que esta se acabe, se ponga a la hora que se ponga cada espectador en la misma, tiene derecho a que se devuelva la entrada. Y sólo si la cola se acaba menos un cuarto de hora antes, pueden dejarse de devolver localidades. Pues nada, perse a que hoy había una cola con visos de finalizar incluso más tarde de la hora de inicio del festejo, el representante de la empresa trataba de hurtar el derecho a devolver sus localidades a los que, conforme a su criterio, se han colocado en la cola más tarde, amenazando incluso con llamar a la policía. Hubiera hecho bien en hacerlo y en que ésta hubiera determinado quién tenía la razón. Al final, por la suspensión, hay derecho a devolver las entradas hasta cuatro días después (creo) del festejo. A ver si para esto dan más facilidades, porque no es de recibo que la gente estuviera haciendo cola a la salida para devolver las entradas con la que estaba cayendo y las taquillas siguieran cerradas.

Es curioso el apego que ha demostrado la empresa hoy a la ley. Su interpretación restrictiva en contra de los aficionados. ¿Debería haberse interpretado igual la ley para dirimir a quién se adjudicaba la gestión de la plaza en el último concurso? ¿Hubiera debido afirmarse, por ejemplo, que la experiencia debe ser un requisito para ser admitido al concurso pero no un criterio para seleccionar al adjudicatario? ¿Que cuando la experiencia se utiliza como instrumento para adjudicar un concurso se está vulnerando la libre concurrencia que exige nuestra normativa de contratación pública y la que determina la Unión Europea? ¿Y que para los aficionados es un autñentico despropósito que no se seleccione a quien había obtenido la mejor puntuación en la organización de espectáculos, que al fin y al cabo es de lo que se trata en esto?

Alguna pregunta más, puestos a preguntar:

1.- ¿Todos los que han devuelto las entradas eran partidarios de Víctor Puerto? ¿Ha sid0 por la lluvia? ¿Es que Torres Jerez no les gustaba? ¿O es que les parecía que el cartel no era interesante pero tenían que comprarlo porque formaba parte del abono?

2.- ¿Por qué no han anunciado antes las sustituciones de Perera y César Rincón y han permitido a los que quisieran devolver también sus entradas junto con las de hoy?

sábado, 19 de mayo de 2007

Madrid (19 de mayo de 2007) - Caballitos

Hace unos años, cuando llegaban las corridas de rejones en la Feria de San Isidro (normalmente los sábados), los abonados de diario no acudían y el panorama en los tendidos cambiada de forma notable. Más mujeres, más niños, más público y menos aficionados, ambiente más festivo y menor nivel de exigencia. De hecho, muchos hablaban despectivamente de los "caballitos".

Afortunadamente, esto cada vez es menos así. Es cierto que suelen acudir más niños (mujeres van más también el resto de días), pero muchos aficionados acuden también a ver a los rejoneadores. En cuanto al rigor, uno no sabe ya cuál es el que hay, ni conforme a qué criterio, ni en las corridas de pie ni en las de a caballo.

Este cambio lo ha propiciado en gran medida Pablo Hermoso de Mendoza y, con él, un toreo más vistoso, sin perder por ello seriedad y exposición. Y la eliminación de las colleras, que resultaban un abuso de difícil justificación.

A Pablo no vamos a verle en esta Feria por el percance que ha sufrido recientemente. Pero sí vamos a tener la oportunidad de ver un buen plantel de rejoneadores, de diferentes estilos.

Hoy, Diego Ventura ha cortado dos orejas en el sexto, Galán una en el quinto y Antonio Domecq se ha ido de vacío.

Domecq ha lidiado muy bien a sus dos toros y ha clavado casi siempre arriba. Pero su lidia es extremadamente sobria, desangelada. Hay una sucesión de llegadas al toro para clavar en el que se echa de menos el toreo con el caballo, el cite, los quiebros, templar la embestida,... No consigue calar en el público y así, aunque técnicamente esté bien, es difícil encontrar el reconocimiento.

Galán es más bullidor y conecta con facilidad con el tendido. Hoy hubiera podido salir a hombros si mata bien a su primero, pero el rejón ha caido muy bajo y así es difícil cortar oreja en Madrid. Ha tenido dos toros parados pero, aún así, los ha llevado por los adentros, ha quebrado en la cara y se ha ajustado mucho con las cortas en su primero y con las rosas en el quinto, cuando los toros estaban ya muy parados. En su primero ha efectuado algunas pasadas por los adentros de verdadera exposición y valentía, porque el toro no ayudaba nada. Lo peor, algunas pasadas en falso en las que ha dado la impresión que no había todo el ajuste necesario con los caballos o que no conseguía medir bien las distancias.

Por su parte, Diego Ventura ha demostrado que venía a por todas desde recibimiento a su primero, al que ha esperado en la misma puerta de toriles, encelándolo en la grupa y templándole antes de ponerle dos buenos rejones de castigo. Más tarde, con Trincherazo, ha llevado muy toreado a su oponente, provocándole las embestidas y exponiendo con verdad. Lo ha matado muy mal y por eso el público le ha dispensado un silencio expectante. Al sexto lo ha recibido a porta gayola, quebrando y poniendo un rejón en todo lo alto que ha levantado al público de sus asientos. Luego, ha llevado el toro a dos pistas, lo ha esperado mucho en un quiebro en banderillas en el centro del ruedo,... En definitiva, toreo puro y vistoso que ha visto recompensado con dos orejas después de un rejón de muerte muy efectivo, aunque de colocación algo defectuosa que ha provocado un derrame, que no se ha visto apenas por la rápida muerte del toro.

Un par de preguntas para acabar:

1.- ¿Por qué no hacen todos los rejonadores como Pablo Hermoso que cada vez que saca un caballo al ruedo, alguien anuncia con una pequeña tablilla el nombre del caballo? Para la mayoría, es imposible saber con qué caballo se ejecuta cada parte de la lidia, aunque hoy en el programa de mano han tenido la magnífica idea de incluir una relación de todos los caballos de cada rejoneador indicando su nombre, capa, enjaezado, raza y edad, lo cual facilitaba la labor (por lo del enjaezado, más que nada).

2.- ¿Por qué hay que sufrir en todas las corridas de rejoneo los constantes pitidos a los auxiliadores cada vez que salen a realizar su cometido? Para algunos, el rejoneador debería venir solito y apañárselas solo con el toro. No debe olvidarse, sin embargo, que cuando el toro está muy cerrado, sacarlo con el caballo puede ser no sólo complicado, sino sobre todo muy lento.

Madrid (18 de mayo de 2007) - Por un quite

Por entrar al quite en el primer toro de Castella (un quite ceñidísimo por gaoneras), Perera resultó cogido en la pierna y tuvo que marcharse a la enfermería. Y probablemente quedarse sin la corrida de la Prensa del día 22, en la que volvía a estar anunciado con Castella. Aunque esperemos que esté recuperado para el 10 de junio, cuando repetía con Abellán. Tributo de sangre para algunos inútil (¿por qué entrar a ese quite?); herida que manifiesta que en esto todo es verdad, que no hay momentos muertos, que la lidia debe ser completa y que el toro puede desbaratar en un segundo las ilusiones de una temporada (o de una vida).

Por esa cogida, la corrida quedó en un mano a mano entre Abellán y Castella. Mano a mano con toros justos de fuerzas, aunque en el límite para no ser devueltos. Y con los que Abellán no ha pasado de discreto. Tardes como esta son las que exigen una decisión y una garra que o Abellán no ha tenido o no ha sabido transmitir al tendido. Ha toreado bien a sus tres toros y, sobre todo en los dos primeros, ha sacado series ligadas por ambos pitones. Pero sin hondura, sin transmisión, sin acabar de romper,... Toreo monótono (si es que este adjetivo puede aplicarse alguna vez al toreo) y sensación de que este torero tiene que arriesgar mucho más si quiere que los más jóvenes que vienen arreando con fuerza no le acaben apartando de esto.

Y por ese quite y esa cogida, Castella pudo torear a Lironcito, que el sorteo había reservado a Perera (a quien me cuentan que iba dirigido el quite que hizo a los micrófonos de la televisión) y que fue al que cortó dos orejas después de torearlo con emoción y profundidad. Antes, en el que cogió a Perera, empezó la faena citando desde el centro del ruedo con un pase cambiado a auténtico pavor. Luego, le toreó sobre todo con la derecha (por la izquierda el toro iba mucho peor) y se puso en un sitio inverosímil, en una cercanía de los pitones desde la que resulta milagroso que el toro pueda pasar y el torero templar la embestida. Pero Castella lo consigue y quien lo ve desde el tendido no puede quedarse indiferente a esa demostración de valor y técnica. Mató de un descabello después de infinitos pinchazos y eso le privó de la que podría haber sido la primera oreja.

Con el segundo de su lote, puso toda la voluntad que le faltaba al toro, de una flojedad manifiesta.

Al fin, con el sexto, que recibió un segundo puyazo muy bien ejecutado y al que instrumentó un quite por chicuelinas con gusto, Castella se destapó. Empezó por estataurios y varios pases de desprecio con hondura para sacarlo a los medios. Allí, ligó series por ambas manos sin quitar la muleta de la cara del toro, bajando mucho el engaño y reivindicando un toreo que aúna decisión y arte, valor y pellizco. Un cambio de mano por la espalda fue sencillamente magistral. Como la serie en la que, sin moverse del sitio, citó al toro por ambos pitones cambiéndose la muleta de mano cada vez que el toro dejaba de embestir por un lado. Dio varios pases de adorno, vio la muerte al toro, entró con rapidez y dejó una estocada en lo alto que le valió las dos orejas. Muchos pensaron que sólo era una, pero es que el Presidente sacó el pañuelo la primera vez muy pronto, cuando algunos no se habían levantado aún de sus asientos.

No es de Ronda, ni de Jerez, ni de Sevilla (aunque viva por allí). No ha nacido en Chamberí, ni ha vivido de pequeño en una finca de Salamanca. Es francés y tiene también sangre polaca. ¿Quién dijo que el toreo no es un arte universal? (sirva ésta como pregunta de hoy)

jueves, 17 de mayo de 2007

Madrid (17 de mayo de 2007) - Supervivencia

No es fácil que la afición sobreviva después de una tarde de esta.

Uno se plantea si hacerse aficionado al boxeo, a la ornitología, a literatura hindú del siglo XIII (si es que la hubiera) o a la reproducción a escala 1:100 de monumentos españoles con cerillas de cocina. Casi cualquier cosa menos la tauromaquia.

¡Vaya tarde! Me ha recordado mucho a esas corridas plúmbeas de los ochenta y los noventa, en las que dar con una buena faena era casi tan complicado como hacerse a un precio razonable con una entrada que no fuera de andanada.

Tres toros tres, se han devuelto en el curso de la lidia. Uno de ellos, con un par de banderillas en el lomo de recuerdo (aunque para el futuro que le esperaba al pobre animal, me temo que tampoco sea cuestión de mayor interés).

Menos mal que Florito tiene una eficacia digna de menor causa. Aún así, han sido dos horas y cincuenta minutos de corrida. Con un mayoral al uso, aquello hubiera durado por lo menos una horita más.

Lo bueno que tienen estas tardes es que uno intima con los vecinos de localidad, puede conocer su historia, recordar grandes faenas vistas otros años o hablar del tiempo y de la familia. Si además hay alguno no habitual tiene más cosas novedosas que contar y así se va echando la tarde. Incluso puede ser un sistema para practicar idiomas; el matrimonio americano que tenía hoy a mi espalda tenía un acento fácil de entender y preguntaban bastante, con lo cual la práctica del idioma de Shakespeare no se hacía violenta. Los franceses de la fila de delante eran más comedidos y conocían más los resortes de la lidia, con lo cual ha habido menos posibilidad de profundizar en la lengua de Castella (¡llega mañana!).

Lo que resulta absolutamente imposible es seguir la corrida como el espectáculo total que es. Uno, como espectador, pierde la más mínima concentración. Pero es que los intervinientes bastante hacen con ser capaces de seguir enfrente de los toros y no mandarlo todo a paseo.

En la parte artística, Ferrera ha banderilleado con riesgo y espectacularidad a sus dos toros. A su primero, el par al quiebro junto a las tablas ha sido sencillamente magistral (y a punto ha estado de resultar cogido). En el segundo, ha habido dos pares de espaldas (creo que alguno lo llaman el par del retrovisor, pero aún no consigo que me salga este nombre a la primera), de los cuales el primero ha resultado de lo más emocionante. Con la muleta, en el primero ha habido algún pase suelto, pero sobre todo muchos enganchones; ha puesto todo de su parte en el cuarto, con absoluta exposición y riesgo, pero el toro se ha rajado y no ha habido mucho más que hacer. En este último, se ha llevado una ovación generalizada y ha saludado desde más allá del tercio a pesar de la oposición de algunos. Con la espada ha estado especialmente desacertado en el primero y en el cuarto ha conseguido un espadazo al tercer intento (progresión importante en tan poco tiempo).

Serafín Marín ha pasado sin pena ni gloria en el primero de su lote. En el quinto bis ha brindado al público y ha conseguido alguna buena serie de redondos, pero al tratar de torear al natural el toro ha demostrado que era imposible cualquier lucimiento por ese pitón; al volver a coger la mano derecha se ha visto que el toro se había rajado y a pesar de los intentos del catalán, no ha habido más faena.

Salvador Cortés ha dado una tanda de naturales muy buena en el centro del ruedo, dentro de una faena, la de su primero, en la que ha extraido otros pases buenos que no han destacado porque ha resultado enganchado en la mayoría. En el último de la tarde (noveno que había salido de toriles) ha puesto mucha voluntad en una faena larga, cuando era imposible tener respuesta del público salvo que se hubiera producido algo verdaderamente excepcional, que por desgracia no ocurrió.

No he visto nada de toreo de capa que merezca reseñarse y en las cuadrillas ha destacado Curro Robles, que ha puesto dos pares de banderillas magníficos al tercero bis de la tarde.

Hoy, sólo una pregunta: si cuando por no haber pasado el reconocimiento al menos tres toros de la ganadería anunciada se añaden reses de otros hierros hay derecho a la devolución de la entrada, ¿no debería suceder lo mismo cuando devuelven tres toros durante la lidia? Ya sé que el espectáculo se está presenciando, pero como alguien no pague de su bolsillo de una vez estas situaciones, no será fácil que se evite.

miércoles, 16 de mayo de 2007

Madrid (16 de mayo de 2007) - Éxito por votación

Al comienzo de la tarde, como es preceptivo, se ha guardado un minuto de silencio por la muerte de Joselito El Gallo, hace ya no sé cuántas temporadas, en Talavera. Es impresionante ver cómo se pasa en un segundo del bullicio al silencio; y cómo veinticuatro mil almas se ponen en pie para homenajear la historia del toreo.

José María lo ha explicado mejor que nadie:

http://www.jmjurado.org/?q=node/172

Después, la tarde parecía que iba a discurrir en medio del sopor habitual. Pero Matías Tejela ha conseguido levantar los ánimos con una faena artística al tercero y otra de valor al sexto. Por cada una le han concedido una oreja y ello le ha permitido, conforme al Reglamento y a los usos vigentes, salir a hombro por la Puerta Grande. Ha sido así el primer torero que lo ha conseguido en este San Isidro. Aunque también hay que decir que el triunfo no ha sido redondo y que parte del público ha manifestado sonoramente su oposición a la oreja del sexto.

La faena del tercero ha sido un ejemplo de temple, mano baja y quietud. Ha conseguido que el toro embistiera a base de llevarle siempre tapado, con la muleta en la cara. Y lo ha hecho, además, con despaciosidad y gusto. Especialmente en dos naturales que ha ligado con una trincherilla prodigiosa. Aunque también con la mano derecha ha dado series de mucho empaque. La estocada ha caido algo baja, pero la petición ha sido muy numerosa y el presidente ha concedido la oreja sin dilaciones.

En el sexto el asunto ha sido distinto. El toro (remiendo de Pereda) ha sido más complicado, tenía una embestida más brusca y no era posible hacerle una faena de muleta similar a la del tercero. Pero Tejela se ha ido a los terrenos del cinco (donde menos soplaba el viento y donde la afición es algo más bulliciosa) y ha realizado una faena de poder y exposición al toro. Ha logrado algunos muletazos de mérito, aunque la faena ha sido menos vistosa que en el anterior. Debe advertirse que mediada la faena, en la que ha habido bastante silencio, un sector del siete ha empezado con sus tradicionales palmas de tango (hay quien va a los toros a protestar, ¡qué se le va a hacer!), encontrando rápida oposición en el resto de la plaza que, con criterio, ha pedido un poco de respeto al torero. Al final, Tejela ha matado de una estocada entera pero bastante baja, pese a lo cual ha habido petición mayoritaria que el presidente ha atendido, siendo respondido de forma airada por los mismos de siempre (pocos, pero muy ruidosos) que no han dejado de protestar hasta que Tejela ha llegado a la furgoneta que le esperaba en la calle de Alcalá.

Particularmente creo que Matías Tejela ha completado una tarde importante en Madrid. En el primero por su toreo y en su segundo por su disposición. Aunque tengo mis dudas de si eso debe ser suficiente para una salida a hombros por la Puerta Grande.

En todo caso, lo que es evidente es que la petición de oreja en ambos toros ha sido holgadamente mayoritaria. Que el presidente ha cumplido lo que dice el Reglamento (y hacer otra cosa hubiera sido injusto y arbitrario). Y que el Reglamento y la costumbre dictan que en Madrid cortando dos orejas se sale por la Puerta Grande. Por todo lo cual, la salida a hombros ha cumplido todos los requisitos necesarios.

Y lo que no es de recibo es que unos cuantos (claramente minoritarios) traten de imponer su criterio a lo que es una mayoría libre e informada. O que esa minoría, creyéndose los únicos poseedores de la verdad y la justicia, traten de que el presidente (árbitro del espectáculo) les dé a ellos la razón en vez de cumplir la ley. E incluso que traten de cambiar el árbitro cuando no les gusta e insultar a la mayoría cuando no consiguen su propósito.

No afirma uno que el arte pueda ser valorado por votación, pero tampoco creo que las minorías puedan chantajear impunemente a los que tratan de vivir de forma ordenada y disfrutar de sus fiestas y tradiciones. Y lo que vale para los toros, tal vez sirva también para la política...

César Jiménez ha dejado algunas pinceladas de mucho sabor, pero ninguna de sus faenas ha tenido continuidad. En la primera, ha habido muchos tiempos muertos y tal vez errores de colocación y una cierta falta de decisión para dejar la muleta en la cara del toro y tirar de él (o al menos intentarlo). En el cuarto, la falta de fuerzas del toro hacía que hubiera que torearle a media altura; aún así ha logrado alguna serie con gusto, pero ha sabido a poco y la gente esperaba mucha más garra por su parte.

Serafín Marín ha dejado una sensación extraña esta tarde. Los toros, sin ser extraordinarios, daban la sensación de haber permitido un mayor lucimiento con más decisión y menos errores técnicos. Es cierto que en el quinto ha dado muchos pases, pero les ha faltado profundidad y una faena coherente: primero le ha dado distancia, luego se ha acercado mucho,... y todo ello sin que pudiera verse cambios en el comportamiento del toro que justificaran las dudas y los cambios de criterio. Por su bien y el de la fiesta en la Cataluña esperamos que sea sólo un mal momento. Mañana viene otra vez y puede desquitarse.

Mis preguntas de hoy,

1.- ¿Cuántos de los que estaban hoy en la plaza sabrían decir dónde murió Joselito el Gallo?

2.- Los que no lo sabían, ¿serían de los que pedían la oreja o de los que no?

3.- ¿Debería eso influir en la decisión del presidente?

4.- ¿Podría trasladarse todo esto a la política?

5.- ¿Estarían entonces de acuerdo los que hoy han protestado por la concesión de la oreja?

SÉPTIMA DE ABONO. CORRIDA (18-IV-2007)

TOROS DE PALHA PARA LUIS MIGUEL ENCABO, DOMINGO LÓPEZ CHAVES E IVÁN GARCÍA

Ahora que Lorenzo ha subido la audiencia con sus crónicas madrileñas, apuramos la última crónica de los días previos a los triunfos de abril, las tardes que permanecerán indelebles en la memoria de las temporadas sevillanas.

Érase una vez una corrida torista… dicen que si no hay toro nada importa, pero yo creo que importa menos si no hay toreros y, hasta la fecha, no he visto salir de toriles en ninguna plaza nada que no pueda matar y a mí, personalmente, no me gusta ver a la gente morir.

Cuando uno es joven utiliza a la ligera expresiones como “jugarse la vida”, “la vida ¿de quién?” Esta fue la respuesta o la pregunta del inefable Curro una vez que alguien pidió su cabeza servida en una almohadilla.

La vida es algo que cada vez carece de menos valor en general y de mayor precio en particular, pero, la realidad es, por más que se vocifere pidiendo la vida desde los tendidos, que si un toro te coge, te quedas hecho un pelele, UN MUERTO.

Advertía Belmonte que los toros cogen menos de lo que la gente cree (y es verdad), pero no es menos cierto que es mucha la técnica que impide la cogida (y la muerte).


Si no hay tributo de sangre la afición no reacciona (¡Ay Manolete si no sabes torear pa’que te metes!)

Todo esto viene a cuento del valor de Domingo López Chaves porque se JUGÓ LA VIDA en esta corrida, y como decimos, no se trata de un circunloquio, podría haber vuelto en ataúd a casa: eso de la montera boca arriba…

Su primer toro fue muy largo al caballo (érase una corrida torista), Iván García le hizo un ajustadísimo quite por chicuelinas y a partir de ahí Chaves (Domingo) lo aguantó muchísimo, sobre todo en unos ayudados por bajo de gran exposición . Habíamos visto a este torero por las ondas hercianas en Zaragoza y nos impresionó su valor. En el segundo el valor fue sobrehumano porque el toro, muy mirón, quería asesinar al torero. El toro se paraba y miraba y López Chaves se cruzaba al pitón contrario con una exposición tremebunda, porque el toro embestía con la cabeza alta y daba tornillazos y cuchillazos irregulares, se peleó con el animal hasta someterlo en una faena de angustia y tras un perfecto volapié del que salió prendido se ganó una vuelta al ruedo de oro. La cruz del toro llegaba a la cabeza del torero: un metro setenta de psicópata cornúpeta, como quien dice.

Un compañero abonado me dice que los que se caen del andamio son los albañiles y los que el toro coge son los toreros, vamos que lo de la sangre son gajes del oficio, no le falta razón, pero MUERTO no se ganan contratos. ¿Es necesario tanto miedo?

Tengo en mis notas que la corrida, en general, no fue mala, pero los animales, toreables, requerían valor, creo que tanto Encabo como Iván García, más desde luego el primero que el segundo, se acomodan con estas ganaderías: con estar es bastante y así una feria y otra, pero el escalafón se está apretando…

No, si el toro es toreable hay que torearlo, a lo Fernando Cruz del día anterior, a lo López Chaves de hoy.

El primero de Encabo fue aplaudido en el arrastre y en él dejó su carta de presentación López Chaves en un quite por chicuelinas. Luego Encabo e Iván García banderillearon al alimón con más eficiencia que gracia, sobre la plaza pesaba el recuerdo de los pares portentosos de Ferrera del sábado y, además, el juego con el toro, los recortes, no salieron ni naturales ni armónicos (lo mismo sucedió en el segundo). A este toro, encastado, le dio unos pases por la derecha y otros por la izquierda, no podemos decir más. A su segundo, ya solo, lo banderilleó mejor, sobre todo en un por los adentros, a éste le dio, a diferencia de su primero, unos pases por la izquierda y otros por la derecha. Silencio en ambos.

El silencio tiene otro significado en esta plaza, como la música.


Iván García hizo un precioso galleo por chicuelinas a su primero y lo dejó muy bien dispuesto al caballo, en las bnderillas “alimonadas” el toro lo apretó mucho y se le vio escaso de repertorio y a Encabo lento en el quite. Para ser torero nuevo se le vio sólo voluntarioso: el primer toro tenía buen tranco y no se acopló con él, en cuanto a su segundo, ya enfriada la tarde, marró en un par de banderillas y sólo consiguió estar voluntarioso y sin resultados artísticos.

El Sevilla acaba de marcar un gol en la prórroga al Español, lo sé por los gritos en el barrio, ¿cómo puede una pelota mover tanto? Todavía si fuese el Betis…

Y los toreros jugándose la vida por dos “leuros”

El Betis, digo el Español, ha empatado.

martes, 15 de mayo de 2007

Madrid (15 de mayo de 2007) - A punto

La tarde del santo estuvo a punto de ser una tarde de éxitos.

Morante estuvo a punto de cuajar alguno de sus toros (disposición no le faltó). Curro Díaz estuvo a punto de matar a un toro que le hubiera propiciado un triunfo importante. Y El Capea estuvo a punto de enterarse de que le había tocado en suerte un toro con un pitón izquierdo de los que es difícil que vuelva a encontrarse en una Feria de San Isidro.

Dicho lo cual, que es como cuando uno sale una noche y vuelve solo a casa a punto de haber ligado con la maciza de la fiesta. Los pequeños instantes en los que su uno se ha crecido no se los quita nadie, pero al día siguiente la cosa va perdiendo intensidad para contarla.

Pero vayamos por partes.

Morante ha estado dispuesto toda la tarde. Y ha dejado algunas pinceladas de las que sólo él es capaz, como las verónicas a su primero, algún trincherazo, el quite con el que ha descubierto a El Capea el tercero de la tarde,... Sus toros no eran alimañas, pero tampoco acompañaban el estilo del de la Puebla. Tal vez algo más de prontitud al cite y la cabeza más baja en el embroque nos hubieran permitido ver más cosas con la muleta. La plaza de Madrid, como bien dice mi amigo Juan Antonio, no tiene término medio. Y a Morante, o lo saca a hombros o a almoadillazos. En la tarde de hoy no había razón para aplaudirle, pero tampoco para una bronca como la que algunos le han dedicado.

Curro Díaz no tenía una papeleta fácil. Al entrar por la vía de la sustitución en uno de los carteles fuertes de la Feria, además de ahorrar unos durillos a la empresas debía demostrar que su salida a hombros en una tarde de abril no era cosa sólo de extranjeros. Y con su segundo lo ha dejado patente con algunos derechazos de auténtico pellizco. Ha citado de lejos, bajado la mano, ligado y rematado con pases de pecho y adornos garbosos. Hemos visto, sobre todo en una serie, toreo del caro. Si hubiera matado bien hubiera conseguido una oreja. No ha podido ser. Pero el recuerdo de esos pases no los borra el desacierto con la espada. Por aquello de abordar también lo intrascendente, decir que ni él debía haber intentado la vuelta al ruedo (la espada, además de haberla colocado al segundo intento, estaba en muy mal sitio), ni el público debía haberle abroncado con esa saña por ese intento; seguro que con algo más de dulzura podía haberse dado por enterado.

Y El Capea ha sorteado como tercero de la tarde un Cuvillo que le ha brindado en bandeja la salida por la Puerta Grande. A pesar de lo cual se ha empeñado en torear hacia fuera y hacia arriba, lo que hacía un poco difícil alcanzar el reconocimiento que el toro merecía. El pitón izquierdo, sobre todo, parecía de una boyantía que ha hecho a no pocos aficionados elucubrar qué hubiera pasado si en el sorteo le hubiera correspondido a Morante o a Curro Díaz. El asunto no ha sido sólo de oficio (se nota que algunos toros ha matado), sino de un estilo de toreo despegado y monótono que tal vez sirva en otras plazas, pero que no dice nada en Madrid. El sexto parecía al principio que se iba de lejos, pero pronto ha cortado el viaje y no ha permitido lucimiento alguno.

Todo esto me suscita algunas preguntas:

1.- ¿Por qué hay tanto secretismo con los honorarios de los toreros, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con la retribución de los deportistas? A lo mejor alguien querría saber lo que se ha ahorrado la empresa por la sustitución de Talavante, si se lo ha ofrecido a alguien antes,...

2.- Los que han venido a buscarles la vueltas a Morante, ¿van a quedarse en su casa el día de la Beneficencia? Les recuerdo que no entra en el abono y que por tanto no es obligatoria su adquisición. Y que a muchos nos harían un favor si no vinieran.

lunes, 14 de mayo de 2007

Madrid (14 de mayo de 2007) - Puerta Grande

En San Isidro, acudir a las novilladas es casi siempre garantía de diversión. Y aunque la Fiesta no sólo es diversión, no hay por qué menospreciar su capacidad de entretenimiento.
El año pasado, sin ir más lejos, un tal Talavante sorprendió con su quietud, su cercanía y sus maneras y en menos de un año se ha convertido en imprescindible en las grandes ferias.
Hoy, por fin, hemos visto torear. Y ha sido gracias a los novilleros y a unos novillos-toros que han permitido el lucimiento. Primera reflexión, si los novillos pesaban entre 473 y 520 toros y podían desplazarse con una razonable agilidad, ¿qué peso deberían tener con un año más? Y, ¿podrían moverse?
El triunfador de la tarde ha sido el novillero sevillano Pepe Moral, que ha salido por la Puerta Grande tras cortar una oreja a cada uno de sus novillos. La disposición con la que ha afrontado la tarde ha sido espectacular. No sólo es que se haya ido a recibir a porta gayola a sus dos oponentes (suerte probablemente ponderada en exceso), sino que además ha tratado de realizar faenas completas, con bastante acierto en general y con algunos apresuramientos e indecisiones imprescindibles en un novillero.
En el tercero de la tarde, al incorporarse después de pasar al toro en su salida de chiqueros, ha instrumentado en el centro del ruedo unas verónicas que son el mejor toreo de capa de la Feria hasta el momento y está entre los mejores lances que hemos visto hace tiempo. El quite por chicuelinas ha sido algo menos vistoso, pero lo ha realizado también con un sentido completo de la lidia muy de agradecer. Tras brindar al público ha citado desde el centro del ruedo y ha instrumentado un pase cambiado sin inmutarse que ha enlazado con una serie de derechazos sin moverse del sitio. La faena a este toro ha sido sobre todo con la derecha, con la que ha conseguido pases de mucha profundidad y ligados. Con la izquierda ha bajado la intensidad porque el toro tardeaba y era menos claro en sus embestidas. Ha sorprendido en todo caso por su quietud y por lo bajo que conseguía llevar la mano. Después de una estocada trasera y desprendida y dos descabellos ha cortado una oreja.
En el sexto, el toreo de capa ha sido menos vistoso y el toro se ha dado una voltereta al salir del primer puyazo que ha hecho presagiar que ahí podía acabarse todo. Afortunadamento no ha sido así, y se ha sacado nuevamente el toro con pases garbosos, iniciando la faena otra vez con la derecha. Pero en este toro el toreo de verdad ha sido con la izquierda. Ha dado primero algunos naturales buenos. Y cuando le ha cogido el sitio y las distancias ha instrumentado una larga serie de naturales sencillamente prodigiosos: citando muy adelante, trayéndose templada la embestida y rematando todo lo atrás que le permitiera ligar con el siguiente pase. Luego ha dado algún pase más, pero esa serie quedará grabada mucho tiempo como ejemplo de toreo al natural. Ha pinchado arriba, matando después de una estocada entera y se ha ganado otra oreja de petición holgadamente mayoritaria.
A partir de aquí podrá discutirse si en una plaza como Las Ventas puede abrirse la puerta grande a quien no ha conseguido redondear completamente un toro cortándole dos orejas y ha hecho dos faenas que estando bien (una oreja) no alcanzar un nivel de excelencia acorde con la repercusión que debe tener el triunfo. En mucho casos, mi respuesta se decantaría por exigir las dos orejas en el mismo toro. En tardes como hoy no lo tengo claro. Primero, porque el beneficiado es un novillero. Y, después, porque las dos faenas han tenido momentos muy buenos. ¡Qué suerte encontrar jóvenes con esta decisión y este pellizco!
Mi paisano Emilio de Justo, a menos de un mes de su alternativa, no ha podido redondear una tarde de éxito. Ha demostrado a ratos un corte de toreo profundo (las chicuelinas y algunos pases de muleta a su primero) y capacidad técnica para sobreponerse a las dificultades que le presentaban sus novillos (en especial, tratando de que el cuarto, que cabeceaba una barbaridad, no le enganchara los muletazos). Se ha ido también a porta gayola en el cuarto, pero ha dado la impresión de que aún debe mejorar algo su técnica y que tiene que insistir en el toreo lento y bajando las manos, del que, aunque con cuentagotas, ha dejado algunos detalles buenos esta tarde.
Pérez Mota ha sido el número uno del escalafón del año pasado. Y se le nota en el oficio y la variedad que ha demostrado (especialmente, en el toreo de capa, del que ha dejado una auténtica antología por la variedad de lances utilizados). Con la muleta ha dejado también ejemplos de toreo desmayado y de su buen conocimiento de la lidia, especialmente en el segundo de la tarde, en el que ha podido cortar la oreja, aunque ha tenido que conformarse finalmente con una vuelta al ruedo de mucho peso. Con el quinto, la faena ha sido menos compacta porque el novillo presentaba más dificultades.
En definitiva, que como los novillos se han movido y han metido la cara y los novilleros estaban cuajados y tenían ganas de triunfo hemos vivido una tarde con buenos momentos de toreo. Y con variedad: verónicas, chicuelinas, gaoneras, tafalleras, galleo, naturales, redondos, pases de pecho, pase cambiado, bernardinas,...
Pese a lo cual sigue habiendo algunas preguntas,
1.- ¿Por qué la casta que los novilleros demuestran al irse a porta gayola o al ajustarse el novillo a la cintura no la usan igual para replicar los quites que los compañeros hacen a sus toros?
2.- ¿Podría alguien recordar a la concurrencia que cuando el picador del sexto toro ha finalizado su labor y se ha cambiado el tercio debe quitarse el castoreño y saludar al presidente? ¿Y que eso no es saludar al público como respuesta a una labor especialmente acertada por lo que no merece sonora reprobación como ha sucedido esta tarde?

Madrid (13 de mayo de 2007) – Corridas duras

Cuando uno se apunta las corridas duras (o no le dan otra alternativa que lidiar este tipo de ganaderías, que es lo más habitual) el principal problema con el que se enfrenta es de las propias alimañas que salen de la puerta de toriles. Pero la segunda es que el público tiene una incorregible tendencia a ver los toros mejores de lo que son y a considerar que los toreros van a llevárselo crudo y rapidito (aunque también es cierto que cuando los toros dan posibilidades y se aprovechan o cuando el torero demuestra una disposición verdadera y un valor sereno suele premiarse con el triunfo o el reconocimiento generalizado). Por eso, incluso si uno está muy necesitado de contratos, salvo que el valor esté intacto y la técnica bien aprendida, debe plantearse seriamente si aceptar o no el ofrecimiento.

Lo primero a destacar de la corrida de Escolar es que sólo cuatro pasaron el reconocimiento y que fue remendada con toros de Hernández Plá (quinto y sexto). No sé si es que efectivamente no había seis toros de Escolar para Madrid o es que ya nos vamos poniendo estupendos para que cuando vengan las figuras y haya baile de corrales podamos decir que también se ha hecho lo mismo con las corridas duras. Pero lo mismo alguien debía plantearse que si ganaderías así no tienen toros para Madrid es que lo equivocado es el tipo de toro que algunos piden para Madrid y no la morfología del toro de lidia en general. A propósito, recomiendo muy vivamente la actualización que ha hecho Paco Aguado del Cossío (tomo 5) que precisamente se vende con El Mundo de este domingo (13 de mayo) y en la que explica con claridad en qué pocos años y de qué forma tan desafortunada se mandó al traste la tradicional variedad de encastes por el empeño en que los toros tuvieran cada vez más kilos y supuesta presencia, y cómo eso condujo inexorablemente a un cambio en la forma de torear por la menor movilidad que esto originaba.

En cuanto a los toreros, Fernando Robleño estuvo magnífico en sus dos toros. Magnífico en cuanto a disposición, quiere decirse. Porque pases, sacó más bien poquitos, porque con esos toros no había posibilidad alguna. El valor que demostró fue mucho más del que puede exigirse a ningún torero. Y lo hizo de verdad, sin aspavientos ni poses forzadas. En el último de la corrida, en un faena entre el cinco y el seis, hizo pasar al toro muchas más veces de las que uno hubiera podido imaginar. Es cierto que lo hizo con naturales en los que se ayudó con el estoque y que podía haber intentado algún natural sin ayuda. Pero tal y como era la condición del toro, ¡bastante hizo! Otra cosa es que aquello fuera de oreja o no. Si el límite está en la de Valverde, ésta hubiera tenido tanta o más justificación. Pero si convenimos que la oreja debe premiar una faena con ciertos toques artísticos, y no sólo épicos, Robleño merecía todo el reconocimiento del mundo, pero no una oreja. Por desgracia, hay toros con los que aún estando muy bien no es posible cortar una oreja, lo cual no dice nada en contra del torero, sino que recuerda el componente de azar que tiene la Fiesta. Como la vida misma. Por lo demás, como tenemos dicho, sólo son despojos. El presidente decidió no concederla a pesar de una petición generalizada (tal vez por las protestas que había generado la anterior) y Robleño dio una vuelta al ruedo compungido por lo que, en su fuero interno, estoy convencido que considera una injusticia.

El Fundi fue abroncado en su primero, un toro que fue ovacionado en el arrastre porque humillaba y metía bien la cara. El problema es que una vez que había metido la cara, cabeceaba y salía suelto, lo que impedía hacer una faena con lucimiento. La duda que quedó, y tal vez por eso los pitos, es si hubiera sido posible llevar al toro más tapado, haberle ganado algún pasito entre pase y pase y haberle obligado a repetir. El cuarto fue un manso al que hizo una faena de castigo sobre los pies y mató con una estocada al paso y varios descabellos, lo que le valió una nueva bronca. Así como en el primero había dudas, en éste la única es si hubiera sido posible una muerte más eficaz; por lo demás, la única faena que tenía es la que le hizo.

Y José Ignacio Ramos tuvo la mala suerte de que le tocó un toro (el quinto) que acudió al caballo tres veces desde lejos, momento a partir del cual o le hacía una faena de dos orejas o triunfaba el toro. Lo banderilleó bien, pero con la muleta no estuvo fino. Cierto que el toro no era especialmente colaborador, pero pareció que al torero le faltaba algo de sitio y decisión para haberse quedado algo más quieto y bajar la mano. A su primero, toro realmente complicado, le hizo una breve faena de castigo que tampoco gustó a la concurrencia.

Y para concluir, dos cuestiones:

1.- ¿No hay forma de entrenar el descabello? Sólo con el número de descabellos que se han dado en esta corrida hubiera tenido que ser suficiente para descabellar todos los toros de San Isidro.

2.- ¿Habrá forma de hacerle entender a la gente que, a veces, incluso cuando el que banderillea es el matador es conveniente que le coloquen el toro? Con toros tan complicados como estos, asumir la decisión de banderillearlos es arriesgada de por sí, pero lo que es imposible es además colocarse el toro a cuerpo limpio.

PD Muchas gracias, José María, por el comentario. Uno intenta seguir con la afición aunque a veces, como a los buenos creyentes, le asaltan las dudas. Tu vuelta a la Fiesta demuestra la fuerza de este misterio. Y nos permite volver a ver algunas cosas con ojos nuevos y poder vivir los festejos de Sevilla con un prisma distinto, literario y apasionado a la vez.

domingo, 13 de mayo de 2007

Un aficionado cabal

Admiro a mi amigo Lorenzo porque es un buen aficionado, una especie en extinción como los toros de Raso del Portillo, ¿cómo puede sobrevivirle la afición después de 30 días de:

-Inmensos pañuelos "verde islámico integrista" cuando aún no se ha anunciado al toro todavía.
-Gritos desaforados, maleducados e inanes.
-Angustia diaria por llegar a la plaza en punto para nada, enchiquerado en el Metro.
-Hileras de asiento de hormigón armado contra la fiesta.
-Funciones de 10 toros y 40 cabestros.
-Banda sonora de Berlanga, (Biba la Banda).
-Puertas grandes de 1+1 y tiro porque me toca.
-Carteles sin figuras, figuras sin cartel.
-Toros de 700 Kg (parece que esto ha mejorado, pero yo los he visto) y caídas continuas.
-El permanente viento de las Ventas, como un Katrina del toro.
-Las faenas a los mansos junto a las barreras: el pase al paso a las diez y media de la noche.
-Los inmensos cuernos sin bravura.

...

???

Y así durante más de 15 años.

Yo tiré la toalla a la Tercera Isidrada: Madrid origen y fin de mi afición, redimida años después por la Maestranza.

Pero yo soy un diletante y Lorenzo es un aficionado cabal, un "holigaan", un "talibán" del toreo que va donde va la fiesta: Trujillo, Valencia, Castellón, Barcelona, El Puerto.

Y por eso yo me perdí a José Tomás.

Y tantos triunfos en Madrid que son el oro más caro del mundo, la catapulta de la Gloria y la verdad del toreo.

Madrid, tiene algo que engancha, como el viento a la muleta, Lorenzo lo ha explicado muy bien porque es un aficionado cabal al que he cedido los trastos, mientras los toros de mi memoria siguen en los chiqueros del cerebro.

sábado, 12 de mayo de 2007

Madrid (12 de mayo de 2007) - Oreja

Esta tarde se ha cortado la primera oreja de la Feria. El afortunado destinatario del apéndice ha sido Javier Valverde, que es de Salamanca y, por tanto, podía perfectamente haber entrado en la corrida de ayer y así los aficionados hubiéramos asistido a un festejo de ocho toros.

Pero el caso es que la empresa, ingeniosa, probablemente ha decidido no hacer muchos experimentos y ha colocado hoy al salmantinoValverde con un francés (Juan Bautista) y un madrileño (Ivan García).

Por lo que vimos ayer y lo que hemos visto esta tarde, ni la corrida de ayer perdió ningún notable aliciente por la ausencia de Valverde, ni la de hoy ha ganado por la rivalidad nacional y regional. Pero tampoco conviene echar toda la culpa a los toreros, porque los animalitos de Araúz de Robles tampoco han dado muchas facilidades. No ha sido como lo de ayer, pero a efectos de la lidia, casi. Los expertos, no obstante, podrán discutir si un día ha sido la fuerza, otro la casta, otro la bravura,.... pero para los que nos sentamos en el tendido, si los toros no van y meten la cara con un poquito de gracia lo otro son suena a excusa de mal pagador.

Respecto a la oreja, a mí como si tal cosa. Si el chico con ella se va más contento, pues que la disfrute. Pero reconozco que cada vez entiendo menos esta plaza. Desde mi ignorancia, el toro de autos (quinto, a la sazón) ha sido un toro incierto de salida, que no quería ni acercarse a la capa, al que "El Legionario" ha picado muy bien (sobre todo en el segundo puyazo), que en banderillas ha acudido mejor de lo que podía esperarse y que en la muleta (al menos en los primeros compases) ha acudido de lejos al cite y no ha metido mal la cara. Con este escenario, Javier Valverde ha intentado lidiarlo desde diferentes distancias y ha sido en general enganchado en todas ellas; no ha conseguido series limpias. Ha demostrado interés, pero no mucho más. Y ha entrado a matar bien, con un resultado efectivo y recibiendo un golpe que en la plaza pareció una cornada en el muslo, por lo que se ha dolido de forma ostensible (estoy seguro que con razón). El resultado de todo ello ha sido la petición audible de parte del público, el retraso de las mulillas en recoger los despojos y la concesión de la oreja cuando comenzaba el viaje hacia el desolladero, con evidente crispación de al menos tanta gente como la que había pedido la oreja. En resumen, oreja protestada por una faena inexistente (con serias dudas de si se podía haber hecho más) y una estocada buena, pero no deslumbrante.

Pero, vamos, que si le sirve la oreja yo me alegro. Aunque en la contabilidad interna de los aficionados dudo mucho de que le haga ningún bien.

Por lo demás, Juan Bautista ha toreado bien al primero, que ha sido el mejor toro de la tarde. Por desgracia, no puedo dar muchos detalles , porque he visto la faena por las pantallas de la plaza porque he llegado tarde y, como es buena costumbre en esta plaza dar cumplimiento a lo que preceptúa la normativa, una vez sale el toro no se puede acceder a la localidad. Con el cuarto, la faena ha sido imposible por la absoluta flojedad del toro, a pesar de que la suerte de varas ha sido de una delicadez extrema.

Javier Valverde, en el segundo, tampoco pudo hacer mucho porque el toro embestía defendiéndose y con notable falta de fuerza y de casta.

Lo mismo le pasó a Iván García en el tercero, con la diferencia de que de salida el toro parecía que podía tener algo más de fuerza, pero la voltereta que se dio en los primeros lances y el primer puyazo parece que tuvieron efecto fulminante e imposibilitaron cualquier atisbo de faena. Al sexto lo recibió bien de capa y lo llevó al caballo con un vistoso galleo por chicuelinas, pero en la muleta se quedaba corto y cabeceaba al final del muletazo. Por el lado izquierdo parecía que podía haber algo más de suerte, pero tampoco hubo continuidad en los muletazos y acabó la tarde con la extraña sensación de tener que contar que se ha cortado la primera oreja de San Isidro en una tarde de la que uno no destacaría casi nada.

Misterios que tiene esta plaza tan selecta.

Pero por preguntar que no quede,

1.- ¿Es razonable que el público se enfade cuando cree que el toro no está bien colocado para la suerte suprema y pese a ello el torero tiene intención de estoquearlo? A mí, por lo pronto, me parece irresponsable gritar cuando el torero va a echarse sobre la cara, con posibilidad de distraer al animal. Pero es que, además, no veo por qué desde un tendido puede uno medir si está el toro muy abierto o no, en vez de dejar que sea el torero el que lo decida y asuma las consecuencias.

2.- ¿Cómo deciden en la Casa Real los festejos a los que acuden? La Infanta Elena, ¿ha venido esta tarde porque le parecía atractivo el cartel o porque se han repartido el abono en casa y le han tocado a ella las entradas de esta tarde?

Madrid (11 de mayo de 2007) - Nada

José Hierro acababa uno de sus magníficos poemas (tal vez el último, del último de sus libros) con estos versos:

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

Pues bien, lo de corrida salmantina (López Chaves, Gallo y Capea) no dio nada de sí. Pero es que antes tampoco hubo de todo, sino más bien hubo nada. Peor pues, que en el poema "...después de tanta nada para nada". Un par de horas que podrían haberse aprovechado para otros menesteres allí las dedicamos a mayor gloria de una ganadería que o ha dejado lo bueno en el campo o van listos, y unos toreros a los que habrá que juzgar con otros enemigos.

Malos toros, disposición a ratos e imposibilidad manifiesta de sacar una sola faena de los ocho animales que salieron al ruedo (dos de ellos, para volver con rapidez por el mismo camino, a ser sacrificados por evidente invalidez).

También podrá decirse, acudiendo al tópico, que lo que natura non da, Salamanca non presta. O sea, que si lo que se ha criado en el campo son dóciles animalitos pastueños, flojos y descastados, que se defienden desde los primeros lances por esa clara mansedumbre de espíritu, lo que se puede hacer con ellos es fotografiarles o un reportaje en el campo, pero no mandarles a la plaza de las Ventas en San Isidro para tratar de ganar antigüedad.

Aunque a decir verdad, cosas sí ocurrieron, pero al margen del ruedo y de la actuación de los espadas. Lo más destacado fue la increible capacidad del espectador del cinco que durante la lidia del último toro cazó con las manos una paloma que sobrevolaba en ese momento su tendido. La ovación atronadora de la plaza debió sin duda sorprender a los banderilleros de El Capea que aunque no estaban haciendo mal su función eran conscientes que de que lo suyo tampoco era para esa efusión de gozo repentino.

También estuvo simpática la chufla de la grada del siete abroncando de forma ruidosa y bullanguera a los que querían abandonar su sitio antes de la muerte de ese sexto toro.

Y la división de opiniones que se generó cuando El Capea brindó al público el tercero de la tarde. Unos recriminaban que brindara un toro manifiestamente inútil para el triunfo y otros opinaban que si el pobre chico (perdón, que si el chico) quería brindar al público, la parte del público que no estuviera de acuerdo tampoco era quién para impedir que el torero pudiera dedicar su esfuerzo a los restantes que pudieran agradecerlo (paisanos suyos que hubieran venido a echar la tarde, pongo por caso). Mi vecino de localidad, más discreto que estos dos sectores, tiene dicho (creo que con criterio) que no entiende muy bien lo del brindis al público, ya que por definición todas las faenas se hacen para deleite de los espectadores en general; y si uno lo que quiere es tener un detalle con un amigo o alguna autoridad, tiene sentido que le brinde la muerte de un toro; pero que lo que no sea eso, a todos está dirigido y el brindis es un pleonasmo inútil. Discutible opinión (sobre todo si un torero quiere demostrar en un momento dado ante un toro con posibilidades que va a hacer un esfuerzo especial), pero que en general creo que debe tenerse en cuenta.

En cuanto a los toreros, López Chaves recibió a su primero a porta gayola y trató de demostrar pundonor y oficio. Gayo no pudo hacer nada con el segundo y con el quinto trató al final de ponerse entre los cuernos para un par de series ante la sorpresa de la concurrencia que no entendía que aquél fuera un toro de arrimón, y que sospechaba que a lo mejor ese sobrero de Pereda hubiera tenido algún pase más y le había sobrado algún enganchón; no es que fuera un toro para un triunfo macizo, válgame Dios, pero sí para algo un poco más aseadito. Y El Capea, al margen de los toros, dio la impresión de necesitar algo más de experiencia y mente clara a la hora de buscar la distancia y el sitio desde el que hacer faena a sus toros. Algo en banderillas, poco en el caballo y algún lance suelto de capa.

Pese a todo, no perdemos la esperanza de poder ver alguna faena en esta Feria. Para eso son unos treinta festejos y llevamos solo dos sin ver nada que merezca ser recordado y contarlo a los amigos.

Pregunto por preguntar:

1.- ¿Se merecen los toros malos una muerte menos digna que los que demuestran algo de bravura? Lo digo porque, además, se mató después de bastantes pinchazos -y, en general, mal- y se descabelló con reiteración a diversos toros.

2.- ¿Podría alguien explicar que cuando un toro es manso o es flojo pero no se cae, no tiene por qué ser devuelto? Lo digo porque el cuarto fue bastante protestado, pero el animalito no se había caido ni una sola vez. Como tengamos que ir devolviendo toros hasta que salga uno bueno ya pueden traer camadas enteras de algunas ganaderías...

jueves, 10 de mayo de 2007

Madrid (10 de mayo de 2007) - Comienzos y principios

Dicen que los gitanos no quieren que sus hijos tengan buenos comienzos (o buenos principios, que no es lo mismo, pero es igual).

Este San Isidro no ha tenido un buen comienzo y tampoco ha habido esta tarde sobre el ruedo toros bravos, con movilidad y casta, que son el principio básico para que pueda existir la tauromaquia. Los toros han pasado por allí, unos con más gracia, otros con menos. Algunos se han apagado antes y otros han durado un poquito más. Pero todo ello, sin acabar de rematar de forma que uno tenga que decantarse por toro o torero (o, por ambos, en el mejor de los casos), sin que quepa el silencio como recompensa para una faena.

Encabo ha mostrado disposición, pero salvo con los palos no ha dejado muchas cosas en el recuerdo. Su colocación ha sido heterodoxa (por decirlo sin faltar) y no ha habido especial profundidad, temple y mando en su toreo. Cierto que los toros no han colaborado en exceso, pero si además de disposición hubiera puesto técnica y decisión, tal vez hubiéramos visto más cosas.

Antonio Ferrera ha estado también voluntarioso, pero su toreo de muleta ha sido muy deslabazado y poco lucido. Con las banderillas, han sido especialmente emocionantes el segundo y tercer par del quinto de la tarde. En el segundo, ha citado desde el centro del ruedo de espaldas, y ha permanecido así esperando al toro, quebrando la embestida y clavando en la cara. En el tercero, junto a las tablas, ha quebrado saliendo por los adentros con arte y exposición. La mayoría del público ha festejado este tercio, pero los de siempre (o sea, los pesaos del siete) han abucheado y tocado palmas de tango en señal de desacuerdo. No sé quién sigue dando carta de expertos a estos indocumentados que tienen una visión sesgada y absolutamente parcial de la fiesta y que, sobre todo, carecen del más elemental sentido de la educación y el respeto a los demás aficionados y a los profesionales que se juegan la vida delante de los toros. A mí también hay cosas que no me gustan y protesto, pero a su debido tiempo y tratando de entender que hay un ser humano que se está jugando la vida. Y que el pagar una localidad no da derecho a decidir de qué modo debe jugársela para mi regocijo.

Fernando Cruz ha toreado con hondura en algunas series a sus dos toros. En el primero, lo ha llevado muy tapado y con la mano muy baja y de ese modo ha conseguido ligazón y empaque en algunas series con la derecha. Ha matado mal, pero se le ha premiado con una ovación que ha recogido desde el tercio. En el sexto, los pellizcos de arte han sido menores y han tardado más en llegar porque se ha excedido en los pases de tanteo; el toro se ha acabado muy pronto y no ha habido manera de redondear una faena completa.

Por lo demás, la plaza estaba casi llena, el tiempo ha sido espléndido (para algunos incluso hacía calor) y se han repetido los vicios de cada San Isidro. A saber. Supuestos aficionados que dicen defender la pureza, acuden a la plaza con un moquero verde, lo que demuestra una disposición al disfrute cuando menos discutible. Las faenas, centradas sólo en el tercio final (aunque hoy, en parte, también en el de banderillas), prescindiendo del toreo de capa y del sentido ritual imprescindible en la lidia. La música, con su sonido manifiestamente mejorable. Y otras menudencias de las que iremos dejando constancia en los días venideros.

Y hoy me asaltan sobre todo dos preguntas,

1.- ¿Para cuándo una escuela de picadores? Hoy, alguno ha caido de pie de forma más o menos esperpéntica en cuanto el toro, sin ímpetu ninguno, ha topado con el caballo. Seguro que la cuadra de caballos es mejorable, pero el manejo creo que también puede serlo.

2.- ¿No podrían hacer algunos ejemplares más del programa de mano? Es que a uno le hace ilusión poder seguir con él la corrida, incluso si llega con el tiempo justo.

Preludio de San Isidro

Acudir a los toros en San Isidro, además de complicado si uno no es abonado y quiere comprar su entrada siguiendo las reglas del lícito comercio, puede llegar a ser una pasión insana. Uno acude en metro, escapándose del trabajo, con el malhumor de las prisas y los calores (o la lluvia) y sólo de tarde en tarde encuentra faenas, momentos o sensaciones que justifiquen el cansancio y el aburrimiento habituales.

A diferencia de otras plazas, donde uno acude con espíritu festivo en la semana de la feria o con total tranquilidad en el mes de vacaciones, la visita cotidiana en mayo a Las Ventas se justifica sólo por la afición. Hay otros que van a ver y ser vistos, pero por fortuna suelen variar en cada jornada, lo que hace más distraida la contemplación. Cumplir con San Isidro todas las tardes resulta complicado incluso por razones logísticas. Pero se intenta. Aunque sólo sea porque la grandeza de esta feria es que permite descubrir en cualquier cartel a desconocidos que pueden convertirse en menos de dos meses en figuras del toreo. Hay quienes han conseguido estar arriba sin Madrid y a pesar de Madrid. Pero Rincón, José Tomás, El Cid o Talavante son toreros que han surgido de una tarde mágica en Madrid y que después han ido a las ferias a refrendar lo que pudimos contemplar antes aquí, sin esperarlo, de forma imprevista y grandiosa.

Y en Madrid también pueden verse toreros que por diversas razones no tienen vitola de figuras ni una regularidad que les permita estar siempre en lo alto del escalafón, pero con cualidades que en esta plaza se aprecian y disfrutan como en ninguna otra. Curro Vázquez, Cepeda, Pepín Jiménez,... han dejado en esta plaza lo mejor de su arte. Como Aparicio (hijo) firmó posiblemente su faena más personal, o Luguillano alguna de sus actuaciones más arrebatadas y gitanas, o Esplá sus lecciones de técnica y lidia.

Y aunque los bailes de corrales no son infrecuentes, pueden verse corridas de toros memorables. Y no sólo de Cuadris, Victorinos o Adolfos. También de Alcurrucenes, Cuvillos,...

San Isidro, para lo malo, es de lo peor. Y uno llega a principios de junio prometiéndose no volver a ver toros... hasta que ve el cartel del domingo siguiente.

Pero cuando viene un torero nuevo, desconocido, y da veinte pases bajando la mano y pudiendo a un toro, se acaban los cansancios y los aburrimientos.

Y este año promete. A poco que los que han estado bien en Sevilla (Talavante, Morante, Cid, Rincón, Castella, Manzanares,...) se destapen en alguna de sus tardes, podemos estar ante la mejor feria de los últimos años. Y si además tienen su día y encuentran adecuado enemigo alguno de los que vienen en figura (Ponce, Juli) o alguno de los menos conocidos revientan una tarde (Ambel Posada, Curro Díaz, Álvaro Justo...) volveremos a vivir momentos para el recuerdo. Todo ello, sin olvidar a César Jiménez, Uceda, López Chaves, Tejela,... que, o rompen de una vez, o pueden quedarse en una incómoda situación intermedia.

No es fácil ir todas las tardes. Ni será fácil contarlo.

Lo primero, se intentará, aunque seguro que alguna hay que fallar. En lo segundo, a ver cómo puede hacerse, aunque sea con retraso.

¡Va por ustedes!

miércoles, 9 de mayo de 2007

Madrid (6 de mayo de 2007)

La última corrida antes de San Isidro sirvió para que un torero, Torres Jerez, reivindicara un hueco en esta competida temporada. Toreó muy bien sus dos toros. A su primero, sobre todo con la derecha, bajando mucho la mano y con una cadencia y un gusto de los que no se aprenden en las escuelas. Al natural, este toro le enganchó siempre, y nos temíamos que pudiera ser un torero manco; o, al menos, de tendencia sólo diestra. Además, mató mal al toro y tuvo que conformarse con saludar desde el tercio. Sin embargo, en el sexto demostró en varias series magníficas que también torea muy bien al natural y que es capaz de matar a los toros por arriba y a la primera. Esperemos que pueda torear más, y no sólo en Madrid. Debe cuidar, sin embargo, la lidia de sus toros, bastante embarullada, y tratar de perder menos tiempo en colocar al toro para la muerte, que enfría bastante la emoción del público y puede hacer perder no pocos triunfos.

Por lo demás, Víctor Puerto dio muchos pases a sus dos toros, pero sin que sus faenas llegaran al público. En estas situaciones uno puede pensar que el toreo ejecutado es malo, que el torero no es del agrado del público (que tiene sus manías) o que no se ha entendido la dificultad de los toros. A menudo hay un poco de todo. Me temo, sin embargo, que o cambia su forma de torear, o será difícil que este torero vuelva a tener en esta Plaza los éxitos de hace unos años. Creo que a sus dos toros, pero sobre todo a su primero, se le podía haber hecho una buena faena.

Eugenio de Mora estuvo dispuesto pero pechó con dos toros bastante insípidos que impedían que nada de lo que hiciera tuviera la más mínima emoción. Quizá lo más interesante fuera el quite por verónicas al primer toro de Víctor Puerto, que replicó por chicuelinas ajustadas.

La corrida la vi en la andanada del siete, junto con algunos aficionados de los de siempre e incontable número de extranjeros que han incluido la corrida del domingo en el recorrido turístico por Madrid. Observando las reacciones de este público sorprendido ante un rito desconocido y extraño, uno saca algunas conclusiones. La primera, es que habría que intentar facilitarles la comprensión del espectáculo para que no les resulte todo tan sorprendente que no puedan distinguir y disfrutar de los buenos momentos. La segunda es que, hasta que no consigamos explicárselo de algún modo, la mayoría toma la corrida como una competición en la que, por considerarlo la parte más débil, tienden a ponerse del lado del toro (razón por la cual, supongo, aplauden cuando éste se levanta después de un errado golpe de verduguillo).

Y digo yo,

1.- ¿Sería tan difícil -o tan caro- dar un folletito a los extranjeros que explique mínimamente las partes de la lidia, el traje de los toreros, las principales suertes, cuándo se saca el pañuelo,...? Incluyendo, por supuesto, una referencia al componente cultural de la fiesta y a los numerosos intelectuales y artistas que han sido aficionados a lo largo de la historia.

2.- ¿Cómo contar la asistencia de público cuando gran parte de este público extranjero abandona la corrida entre el segundo y el cuarto toro?

3.- ¿Por qué esa manía de algunos toreros de brindar a los micrófonos de la televisión?

jueves, 3 de mayo de 2007

Madrid - Goyesca (2 de mayo de 2007)

Hay Victorinos que aprenden muy rápido cuando salen al ruedo y hay otros que vienen ya enseñados de los prados de Moraleja. De los de esta goyesca, la mayoría pertenecían al segundo grupo.

Ante ellos, uno puede desplegar los recursos y la lidia de Uceda Leal, el valor de López Chaves o el sabor castizo de César Jiménez. Pero será difícil que se llegue a conseguir la plenitud que uno espera de una tarde de toros.

Uceda estuvo bien en sus dos toros, especialmente en los saludos con el capote y en los coocimientos del encaste que demostró en ambos. Con la muleta, en el primero pudo conseguir algún pase de mérito. En el cuarto, bastante hizo con lograr que no le alcanzara.

A López Chaves le correspondieron dos toros imposibles. Lo razonable hubiera sido huir y cometer un toricidio a distancia. Pero él se quedó allí y consiguió extraer medios pases a base de exposición y técnica. ¿Y si algún día le sale un toro que además meta la cara?

En la distancia, uno no sabía si estaba viendo a César Jiménez o a Joselito. Por la colocación del cuerpo y la forma de coger la muleta uno diría que era Joselito. Pero el traje de Montesinos y las vueltas amarillas del capote sacaban a uno rápidamente de su error. Mucho mérito el de Jiménez en su decisión de apuntarse a esta corrida, con Victorinos y fuera de la feria. Pero había quienes pretendían echárselo en cara. ¡Ellos se lo pierden! Suyos fueron los muletazos más garbosos de la tarde, en el sexto. Y suyos también, es verdad, los momentos de más indecisión. Se notaba que este encaste no es el que mejor domina. Pero ahí estuvo y no tuvo enfrente material que permita culparle de ninguna desgracia. Magnífico, por cierto, el par de banderillas del tercero de su cuadrilla al sexto de la tarde.

No hubo, pues, otro Borgoñés. Ni otro dos de mayo como el del 96.

Para lo primero, aún queda otra tarde en San Isidro y más años en los que volver a intentarlo. Para igualar aquella otra goyesca, será necesario que algún torero sienta que tiene que dar la vuelta a la historia de la tauromaquia en un par de horas. Joselito lo hizo. Después, algunos han toreado mejor que él, con más regularidad y pisando sitios que ni siquiera se habían imaginado. Pero Joselito reivindicó aquella tarde la variedad con el capote, la lidia como elemento esencial y diferenciador para cada toro, las distintas formas con las que se puede comenzar la faena de muleta, la posibilidad de enfrentarse a un manso de libro,... y desde la más profunda ortodoxia, la heterodoxia del que se siente libre y poderoso (¿cómo explicar, si no, esos naturales con la derecha?). Aquello influyó de forma decisiva en la forma de torear aquella temporada y las siguientes. Porque demostró que más allá del valor y de la estética, el toreo es un ritual. Y cuando se celebra con pureza alcanza siempre un significado trascedente.

A pesar de todo, surgen algunas preguntas:

1.- ¿Fue sólo el mal tiempo lo que hizo que no se llenara la plaza, pese a los alicientes que a priori tenía el cartel?

2.- ¿Es cierto que Victorino siempre sabe cómo van a comportarse los toros que echa, o a veces, como en esta tarde, también él se lleva una sorpresa?