domingo, 23 de agosto de 2015

Reflexiones ante una situación de urgencia - 7. Conclusiones


1.- La actual situación social y política exige que la Tauromaquia cuente con una estructura de promoción y defensa de la Fiesta. Esta estructura debe ser promovida por los sectores profesionales taurinos, pero debe estar dotada de independencia económica y funcional, y regida por un profesional que venga de fuera de estos sectores profesionales.
2.- Las tres principales labores de esta estructura deben ser: elaborar e implementar los mecanismos de promoción de la tauromaquia, defender jurídicamente a cualquier profesional o aficionado taurino que sea atacado y ser el principal interlocutor de la tauromaquia con todas las administraciones. Además, debería organizar unos premios anuales taurinos, con su correspondiente gala que fuera televisada, y debería promover, alentar y sistematizar la investigación universitaria relativa a la tauromaquia.
3.- Es absolutamente prioritario que la tauromaquia tenga un espacio en los informativos generales proporcional a la importancia social y económica que tiene, en comparación con otras manifestaciones culturales (cine español, teatro,…) o deportivas. Sin la normalización en los medios y, por tanto, el conocimiento de los más jóvenes, el futuro se encuentra amenazado.
4.- Hay que instrumentar los medios para agilizar el espectáculo y hacerlo interesante y atractivo para todos (no sólo los aficionados) en todos los tercios.
5.- Es imprescindible mejorar la comodidad de los recintos taurinos.
6.- Hay que replantearse la dependencia para la celebración de espectáculos taurinos de las Administraciones Públicas en cuanto propietarias de los cosos. Hay que avanzar en recintos multiusos de titularidad privada y con una explotación durante todo el año que garantice su rentabilidad. Hay que estudiar la instalación de recintos provisionales cómodos y modernos, como los que existen para otros espectáculos.
7.- Los toreros más relevantes deben facilitar la apertura de los carteles de los que forman parte en cuanto a compañeros y ganaderías. Es responsabilidad suya que los jóvenes matadores con atractivo que pueden plantarles cara puedan hacerlo y que las ganaderías que se lidien sean las que están en mejor momento, no las de mayor comodidad.
8.- Todos los toreros tienen que tener un mayor compromiso personal en la defensa de la Fiesta. Ya sea aprovechando su tirón mediático, ya sea con una personalidad arrolladora dentro y fuera del ruedo que convoque a nuevos aficionados.
9.- Los ganaderos tienen que esforzarse por criar toros con mayor emoción, con el tipo y comportamiento que se corresponda con su encaste, aunque no sea el más demandado en la actualidad. Tienen que insistir en reivindicar la diversidad de tipos, pesos y morfologías, y hay que apoyarles en esto, desterrando un único concepto de trapío y la sobrevaloración de la presencia sobre el comportamiento.
10.- Deben abrirse los cosos y las ganaderías a la sociedad. Las plazas de toros deben ser parte de la vida ciudadana. Y las ganaderías, espacios donde conocer la selección y cría de un animal único.
11.- Todos los estamentos taurinos deben aumentar su trasparencia.
12.- Debe acabarse con empresarios que son a la vez apoderados e, incluso, ganaderos. Si es necesario, estableciendo la incompatibilidad en los Pliegos de Condiciones de las plazas de toros.
13.- Debe facilitarse el acceso de público nuevo a las plazas (debe tratarse, por ejemplo, de reducir el coste de las entradas). Pero debe cuidarse de forma especial al aficionado. Se le deben dar facilidades y ventajas para comprar entradas. No puede ser igual el trato (incluso económico) a un espectador puntual, que a otro que visita ocho o diez plazas de toros o ve cincuenta o sesenta festejos a lo largo de un año.

14.- Debe aprovecharse, en fin, el interés y el esfuerzo desinteresado de todos los aficionados que han dedican mucho de su tiempo a estudiar, divulgar y promover la Tauromaquia.

jueves, 20 de agosto de 2015

Reflexiones ante una situación de urgencia - 6. Empresarios y aficionados


Las otras dos piezas fundamentales de la Fiesta son los empresarios taurinos y los aficionados. Sin la iniciativa de unos y la presencia continuada en los festejos de los otros, no habría festejos.
El principal problema de los empresarios ya lo abordamos en la cuarta entrega de esta serie. Se trata de que, salvo muy contadas excepciones, no son propietarios de las plazas que gestionan y los contratos para gestionar cosos son de una duración muy escasa. Esto hace tremendamente difícil realizar inversiones en promoción a largo plazo de las que difícilmente se van a beneficiar. Además, la promoción individual de cada empresario tiene límites en el alcance y en la repercusión. Para mí, uno de los ejemplos más llamativos este año ha sido el de la plaza de Cáceres. Es difícil hacer más labor de promoción del que ha hecho la actual empresa tanto en Colegios, como en medios de comunicación, con aficionados, fuera de la propia ciudad,… Aun así, con dos carteles rematados en la feria, el segundo de los cuales era una encerrona de Juli, no se llegó a colgar el “no hay billetes”. ¿Qué faltó? Probablemente dos cosas. Primero, que las labores de promoción con niños y jóvenes sólo ven sus frutos años después. Y luego, que para hacer que lo taurino llegue a la sociedad, hace falta una promoción más institucional que la que puede hacer un solo empresario.
Cierto es que los contratos muy largos pueden tener consecuencias desastrosas (Sevilla en estos dos últimos años es el ejemplo más claro). Pero hay que buscar fórmulas para que los empresarios puedan efectuar inversiones a largo plazo de las que puedan beneficiarse si hacen bien las cosas.
Otro elemento a destacar respecto a los empresarios es la escasa trasparencia de sus negocios. Todos los estamentos de la Fiesta deben ser conscientes de que el secretismo que ha presidido sus negociaciones durante tantos años ya no cabe. Que hay que ser mucho más trasparentes para dar a conocer cómo se desarrollan las conversaciones con toreros y ganaderos para su contratación. Sin contar con la necesidad de ser muchos más trasparentes a la hora de saber cómo y entre quiénes se distribuyen los dineros en torno a la Fiesta.
El conflicto de intereses de empresarios que son a la vez apoderados y ganaderos es otra lacra que hay que desterrar. El intercambio de toreros que apoderan entre empresarios de distintas plazas es un fenómenos con el que hay que acabar, porque sólo redunda en la inclusión de uno o dos toreros sin interés en carteles que podían estar ocupados por toreros jóvenes en sazón que han decidido mantener su independencia.
Puede ser bueno, en fin, recordar aquí el resumen que hacía Ignacio Sánchez Mejías en una acertadísima entrada de su blog de la explicación que Juan Luis Villanueva (aficionado y directivo del Sevilla) daba sobre tres diferencias entre el fútbol y el toreo: (i) en el fútbol los espectadores no pagan más del 25% del coste del espectáculo y en el toreo pagan el 110% de ese coste; (ii) en el fútbol hay una clara organización con una interlocución única, organización absolutamente inexistente en el toreo; y (iii) en el fútbol hay una apuesta decidida por la cantera con miles de niños en las categorías inferiores. Queda mucho por hacer por parte de los empresarios, pero parte de esta labor sólo es posible con una estructura organizada como la que indicábamos en la segunda entrada de esta serie.
Por último, los aficionados. Realidad compleja y variopinta. Pero en todo caso, minoritaria entre los que acuden a las plazas. Esta debe ser la primera consideración que creo que tenemos que hacer y que conduce a que los empresarios rara vez los tengan en cuenta. Las plazas se llenan, tienen que llenarse con más público que aficionados. Y, por tanto, muchas de las decisiones empresariales están condicionadas por esta realidad.
Sin embargo, los aficionados ejercen una labor imprescindible: sin otro interés distinto del de tratar de dar el mejor destino posible al mucho dinero que destinan anualmente a pagarse entradas, muestran sus preferencias por toros y toreros, insisten en cuáles están en mejor momento y cuáles pasan un bache, cuándo se hacen las cosas mejor y cuándo lo que se está dando lo es lo mejor de un torero o una cuadrilla,… Sin duda, muchos son terriblemente fanáticos, a favor o en contra de según qué toros o toreros, y como cualquier fanático, están incapacitados para ver la realidad o juzgarla con criterio. Pero hay otros muchos cuyo criterio debería ser un elemento importante a tener en cuenta en la confección de los carteles.
A los aficionados, además, sería bueno cuidarlos de algún modo. No ya en la comodidad de las plazas, como hemos expuesto, sino en la facilidad para comprar entradas, en tener ventajas económicas reales y sustantivas si uno es abonado, en disponer de descuentos si uno acude a distintas plazas,… Los aficionados que van de plaza en plaza son quizá menos que los que lo hacían hace unos años. Pero siguen (seguimos) existiendo. Y en muchas ocasiones comprar entradas es una odisea, llegar a las plazas se hace mucho más difícil para quienes vamos de fuera,… Y, en todo caso, el trato personal y económico es exactamente igual que al que acude un solo día para comprar una entrada para un solo festejo. Quizá a los clientes habituales, a esos pocos que cada año visitan ocho o diez cosos, habría que tratar que darle alguna facilidad.
Por otro lado, el esfuerzo desinteresado de muchos aficionados por estudiar los más variados aspectos de la tauromaquia: economía, aspectos fiscales, de marketing, laborales, veterinarios,… está redundando en un conjunto de publicaciones, estudios e ideas que deberían ordenarse, catalogarse y valorarse. No conozco muchos sectores económicos donde sean los clientes los que, gratuitamente, estudien el sector, les den idean, publiquen libros,… No aprovechar todo esto sólo responde, y volvemos al comienzo de esta serie, a la inexistencia de una estructura organizada que promueva y defienda la Tauromaquia.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Reflexiones ante una situación de urgencia - 5. Toreros y ganaderos


Como aficionado, admiro a los toreros. A todos y cada uno de ellos. Sé lo difícil que es llegar a tomar la alternativa y cómo llegar a ser figura es casi imposible. Sé también lo mudable que es la fortuna en el mundo del toro y cómo una cogida puede truncar una vida o una carrera de éxito. Por eso, pretender decir a los toreros qué tienen que hacer para mejorar la presencia de la Fiesta en la sociedad, para salvaguardarla y llevarla a la modernidad, me parece temerario. Porque es lícito que se jueguen la vida con los toros que quieran y por el dinero que consideren. Porque no saben qué será de ellos ni de los suyos mañana…
No obstante, creo que no estaría de más que, de vez en cuando, las principales figuras reflexionaran si no deberían cambiar ciertas actitudes para mejorar la situación de la Fiesta. Me refiero a asuntos tan sencillos como ser más trasparentes a la hora de explicar por qué quieren tal o cuál ganadería o compañeros, a dar entrada en sus carteles a toreros jóvenes con interés, a ampliar el abanico de ganaderías que torean y los compañeros con los que lo hacen,… La premisa de la Fiesta es la emoción y cuando los carteles se repiten tarde tras tarde, nada impide que en el ruedo exista esa emoción. Pero uno puede legítimamente suponer que la emoción será menor que si cambian los toros y son otros toreros los que entran en liza. Esto no quiere decir, sería absurdo, que Morante tenga que matar toda la camada de Miura. Pero sí que no es obligatorio que mate toda la de Zalduendo, ni que se acartele de forma perpetua con Manzanares. Como Juli podría torear algo menos de lo de Garcigrande e incorporar otras ganaderías en su repertorio.
Y no estaría de más que intervinieran de forma más activa en la promoción de la Fiesta, que acudieran a la presentación de los carteles de algunas ferias (como se está empezando a hacer) y que aprovecharan su tirón mediático para hacer oír en los medios su voz hablando de la verdad del toreo.
Esta promoción de la Fiesta desde los toreros puede hacerse incluso sin aparecer… El ejemplo paradigmático es el de José Tomás. Creo que ningún buen aficionado puede cuestionar la verdad de su tauromaquia, aunque después unos opten por respetar su actitud de comparecer cada vez en menos festejos (y en menos plazas de relevancia) y otros lo critiquen de modo furibundo por ello. En todo caso, creo que la expectación que despierta cada comparecencia de José Tomás, el hecho de convertir cada festejo en un acontecimiento tratando de cuidar al máximo todos los detalles y su extremo compromiso cada tarde son elementos que deben invitar a la reflexión de sus compañeros.
Junto a los toreros, los otros grandes protagonistas de la Fiesta son los ganaderos. Sin ellos, sin su devoción y trabajo continuado para criar el toro bravo, ésta no sería posible. Ellos son los que más ha sufrido económicamente la crisis en los últimos años y los que han visto reducir paulatinamente su importancia en la estructura de la tauromaquia. Todo esto cuando se ha logrado el toro mejor presentado de la historia, con mayor bravura, nobleza y duración.
Sin embargo, uno tiene la sensación de que la uniformidad en la presentación y el comportamiento de los toros es cada vez mayor. Probablemente, en cuanto a la tipología, esto se ha propiciado por la “autoridad” alentada por cierto tipo de aficionados y de críticos que, años después, cuando muchas ganaderías han sucumbido a la presión de un trapío inalcanzable, claman por el retorno a una variedad de encastes cuya desaparición ellos mismos, o sus antecesores en cierto modo de ver la Fiesta, propiciaron (el que lo hicieran sin valorar las consecuencias, no elimina su culpa, la agranda).
En lo relativo al comportamiento, es más que probable que la uniformidad se deba a que para la mayoría de ellos, los prescriptores son los propios toreros, y no los aficionados. De este modo, ciertas virtudes que se aprecian desde el tendido, se convierten en inevitables riesgos en el ruedo y hacen que los toreros traten de evitar según qué tipo de acometividad. Sería, por eso, recomendable, que el ganadero mirara algo más a los tendidos y a la emoción que desde ellos se reclama. No para evitar la nobleza en la embestida, sino para que ésta se aúne con la imprescindible bravura.

Además de esa imprescindible labor de búsqueda de un toro bravo y noble, desde la variedad de cada encaste y cada ganadería, los ganaderos deben ser conscientes de que son poseedores de uno de los elementos claves en la defensa de la Fiesta: la ecología de sus explotaciones ganaderas y el modo de cría del toro bravo. Abrir estas explotaciones a los aficionados y al público en general es imprescindible para que una sociedad cada vez más alejada de lo rural entienda por qué es valioso el ganado bravo y cómo su lidia y muerte en la plaza permiten unas explotaciones muchísimo más sostenibles ambientalmente que las que cobijan las razas de engorde.

martes, 18 de agosto de 2015

Reflexiones ante una situación de urgencia - 4. Agilizar el espectáculo, mejorar la comodidad y la importancia de la propiedad de las plazas


Esta necesidad de defenderse y promocionar la tauromaquia de ataques exteriores no debe ocultar la necesidad de mejorar internamente, algo que alcanza a toreros, ganaderos, empresarios y a la propia organización del espectáculo. Empecemos por esto último.
El espectáculo hay que hacerlo más atractivo y ágil. No me estoy refiriendo a algunas propuestas recientes para reducir la presencia de la sangre en la plaza; creo que el rito es el que es y que cuanto menos se le toque, mejor. Pero respetando el rito, hay muchas cosas que se pueden hacer: reducir tiempos muertos (el hecho de que en Madrid los caballos de picar salgan por el 7/8 es acertadísimo), dotar de sentido real a los primeros tercios y no convertirlos en meros trámites, cuidar las cuadras de caballos y el modo de hacer la suerte de varas, huir de banderillas puestas de una en una o para salir del paso,… Hay que conseguir que desde que salga el toro a la plaza todo sea de interés incluso para los que no son aficionados. Recientemente, varias veces que he acudido a la plaza con gente que acudía por primera  vez me han preguntado por qué los toreros no empezaban directamente con la muleta si antes era todo desordenado, nadie aplaudía y no se tenía en cuenta. Tocaba entonces explicar la importancia de los tres tercios, pero sin que lo sucedía en el ruedo refrendara lo que uno explicaba.
Junto a esto, debe mejorarse la comodidad de las plazas. Es un grito que algunos venimos manteniendo desde hace muchos años. No es de recibo en el siglo XXI tener que soportar las rodillas del espectador de la fila de atrás en la espalda después de haber pagado en muchos casos más de 70 u 80 euros por una entrada. O tener serias dificultades para acceder a la localidad por tener que pasar delante o por encima de cuarenta o cincuenta espectadores ya acomodados. Y no es de recibo mojarse en una localidad, o soportar el inclemente sol de agosto a las siete de la tarde, o que el viento ponga en riesgo una faena o exija colocarse en terrenos que no son los más adecuados para la lidia. El “los toros con sol y moscas” no forma parte del rito. Las plazas deben ser cómodas, mucho más cómodas. Y para ello hay que hacer todas las reformas que sean necesarias, sin comprometer la grandeza arquitectónica de muchos de los cosos. Avances técnicos hay. Pero hay que pagarlos.
Esta necesidad de financiar las innovaciones en las plazas pone de manifiesto una de las principales debilidades del sector taurino: la propiedad de las plazas de toros. Financiar la mejora de los cosos cuando, en muchos casos son de propiedad pública y sólo se dan unos pocos festejos a lo largo del año es algo difícilmente asumible y, en todo caso, no formará nunca parte, con razón, de las prioridades de la Administración en un momento como éste.
La estructura de propiedad de las plazas, además, deja en manos de la Administración (generalmente Ayuntamientos) la decisión de que se celebren o no espectáculos taurinos, cuándo, cuáles y a qué precio, ya que todo eso suele regularse en los Pliegos que rigen la concesión de las plazas. Y esto no es razonable.
Uno es bastante aficionado. Pero antes es ciudadano. Y como tal, reconozco que es perfectamente legítimo que quienes ganen unas elecciones municipales gobiernen con su programa. Y si en este se incluye que en las fiestas patronales el Ayuntamiento sufragará teatro y fuegos artificiales, pero no toros, es legítimo (incluso exigible) que así lo hagan. O si creen que los recintos municipales hay que destinarlo a según qué usos entre los que no están los festejos taurinos, así lo hagan. Otra cosa es que incumplan o impidan el cumplimiento de contratos vigentes, lo cual constituye un acto de flagrante prevaricación que deberá tener sus consecuencias…
Estar, por tanto, en manos de las Administraciones, es sencillamente suicida. Porque sus intereses serán siempre mudables en función de encuestas y preferencias del más variado espectro. El hecho de que los cosos sean privados tampoco garantiza que las cosas se hagan bien si la propiedad no tiene interés en que así sea (no hay más que ver las ferias que ha habido en Sevilla en las dos últimas temporadas). Pero, al menos, permitirá una estrategia a largo plazo de la plaza, que con trabajo e inteligencia, debería ser más eficaz que la que puede hacer un gestor provisional bajo un pliego de condiciones de corta duración.
Hay que, pensar, por eso, en cosos de propiedad privada que puedan tener distintos usos y que den una rentabilidad (vía explotación de bajos comerciales, aparcamientos, etc.) que hagan sostenible la inversión.

Y no estaría de más pensar en recintos provisionales de alta capacidad y comodidad, que hagan desaparecer las tradicionales plazas portátiles de estabilidad incierta. Si el Circo del Sol poder dar sus espectáculos en las principales capitales del mundo en una carpa, no hay razón para que no haya cosos modernos y portátiles que permitan dar toros en localidades que, por la razón que sea, no tienen plazas de toros o su dueño no quiere dar toros o programa espectáculos manifiestamente mejorables.