domingo, 27 de junio de 2010

Algeciras (26 de junio de 2010) - Indulto

Una corrida como la de este sábado en Algeciras reconcilia con la Fiesta después de San Isidro. Sin duda, pudo haber más ajuste, más emoción. Es cierto que la suerte de varas fue casi simulada. Pero hubo tres toros muy buenos para la muleta (los tres primeros), un cuarto construido por la técnica y la inteligencia de El Juli. El tercero fue indultado. Quizás de forma excesiva porque apenas se le vio en el caballo y tal vez no sirva para padrear porque la cara no era especialmente bonita. Pero fue una máquina de embestir. No paró de meter la cara, y bien, durante más de diez minutos. Por cierto, parece que es hijo de un semental de Daniel Ruiz que había alquilado Cuvillo para hacer cubriciones una campaña.

Juli estuvo inteligentísimo, clásico y toreando muy bien en sus dos toros. No hace concesiones a la galería, es menos vistoso que otros, pero verlo es una delicia cada tarde. Perera se dio un festín de toreo variado en el tercero, a ratos más clásico y otras más vistoso, con toreo fundamental y con adornos, una faena completa que nos traslada a la mejor versión de este torero. Sólo un pero. Tal vez a la faena le faltó algo de estructura. Y Castella estuvo en Castella. Pero en el mejor Castella de los últimos tiempos. Alguna serie de toreo largo y templado y luego mucha quietud y cercanías. Hubo toreo y nos gustó. Ya lo glosaremos con más detalle. Escribir mucho más con el iPhone no es fácil.

Esta tarde Morante, Manzanares y Cayetano. Gracias a las facilidades que da la empresa he podido estar en el sorteo y enchiqueramiento. Corrida muy pareja y bien presentada para una plaza como ésta de JP Domecq. Las cuadrillas relajadas. Esperamos que embistan y que nos demos otra alegría. Ya se lo contaré.

domingo, 20 de junio de 2010

Conclusiones de San Isidro (II) - Toros y toreros

Reivindicar la parte cultural de la Fiesta, reducir San Isidro y hacer una temporada más variada y de interés es un elemento básico en el cambio que debe experimentar la gestión de la Plaza de Las Ventas. Pero es sólo parte de lo que debe cambiar. También deben modificarse los criterios de selección y la combinación de toros y los toreros. En esto cualquier comentario que se haga resultará necesariamente discutible, pero no por ello voy a renunciar a exponer mi punto de vista, que resumiría en los siguientes elementos.

1.- Hay que reducir el tamaño del toro de Madrid. Incluso su presencia. Soy consciente del sacrilegio que cometo, de que con esto a partir de ahora, para muchos, no podré nunca ser considerado un buen aficionado, pero así lo pienso y así lo digo. Y esta afirmación no es caprichosa, hay algunos elementos que me conducen a ella.

En primer lugar, y he aludido a ello hace no mucho, el toro de Madrid ha experimentado en los últimos cuarenta años (o algo menos, incluso) un aumento en su volumen, en su peso de, por lo menos, un veinte por ciento. No hay especie animal que pueda evolucionar de este modo en tan corto espacio de tiempo. Y el toro no lo ha hecho. El asunto ha podido hacerse a base de cebar los toros, de “rematarlos”. Y, además, seleccionando los más grandes y aparatosos de cada camada. Pero eso es una barbaridad. Porque ni los más grandes y aparatosos son los que tienen más probabilidades de embestir, ni esa mayor presencia es inocua para la lidia, sino que supone un mayor volumen que, a igual casta e igual “caja”, conducen al toro a una menor duración y a una menor velocidad en la embestida.

Por eso, es imprescindible volver a un toro más ajustado a cada encaste. Con muchos menos kilos y donde la selección para Madrid se haga por nota y por reata más que por presencia. Habrá muchos que protesten, pero es esencial hacerlo para conseguir toros de mayor duración y de más calidad.

Es cierto que este año ha habido probablemente toros a los que se podría haber hecho más, pero también ha habido muchos toros de calidad que, con menos kilos, más armónicos, hubieran durado más en la muleta y hubieran permitido más triunfos.

Se dirá que en Madrid no se busca peso sino trapío, pero, lo siento, no es verdad. O, al menos, se busca un trapío que sin un volumen elefantiásico es imposible.

También hay quien argumenta que la Plaza, tan grande, hace necesario un toro de volumen. Que si no pierde “importancia” todo lo que se haga. Tengo para mí, sin embargo, que la emoción la pone una embestida franca, humillada, larga y entregada. Eso “transmite” mucho más que no sé cuántos centímetros de pitones y centenas de kilos en canal.

2.- La plaza de Las Ventas tiene que seguir siendo un espacio donde se lidien corridas de los diversos encastes, incluso más de lo que ahora sucede. Pero precisamente por eso es imprescindible que todos tengan claro que el trapío de cada encaste es diferente, y que actúen en consecuencia.

3.- Hay que evitar a toda costa, y hasta donde sea posible, los bailes de corrales. No es razonable que haya toros que se rechacen el día antes en los corrales de la Plaza, salvo si es por alguna lesión. El que los toros tengan trapío y presencia para Madrid debe asegurarse desde el momento de confeccionar los carteles. Y la primera revisión veterinaria debe realizarse en el campo.

4.- Debe realizarse, especialmente para San Isidro, pero también para el resto de los festejos, una selección cuidadosa de las ganaderías a lidiar. En Madrid tienen que estar las ganaderías que han demostrado, en cualquier plaza, que están en buen momento. Y no deben venir aquellas que no atraviesan una buena racha. Es bastante obvio, pero no suele cumplirse. No soy partidario de listas negras y de no sé cuántos colores que hacen algunos, pero sí de que, con transparencia, se diga por qué vienen unas ganaderías y no otras.

5.- Por lo que respecta a los toreros, no debería torear en Las Ventas ningún torero (matador de toros o novillero) que el año anterior no haya tenido un número mínimo de diez o quince festejos en España, América o Francia (o Portugal, en el caso del rejoneo). No es razonable ver cómo hay chavales que se enfrentan a una afición y unos animales tan exigentes como los de Las Ventas sin haber hecho más que un par de paseíllos.

Soy consciente de que la carrera a matador es muy dura, que no hay casi posibilidad de torear y que Las Ventas a veces da esas oportunidades que de otro modo no se tendrían. Sin embargo, creo que eso es algo que tiene que remediarse de otro modo, pero no convirtiendo la principal plaza del toreo en una constante “Operación Triunfo” de matadores y novilleros. A Las Ventas hay que ir con garantías de poder triunfar. Y eso, sin un bagaje a las espaldas, sólo puede darse por milagro o por casualidad.

Obviamente, esta regla podría en ciertas ocasiones relajarse, previa adecuada justificación (figura retirada que reaparece sin haber toreado el año anterior, torero que la temporada anterior no haya alcanzado ese número por una lesión, joven torero que sin haber alcanzado el mínimo que se establezca haya triunfado en dos o tres plazas de entre La Maestranza, Málaga, Pamplona, Valencia, Zaragoza,…).

6.- Hay que potenciar y premiar las gestas de los toreros, toreando ganaderías y encastes que habitualmente no entran en su planificación de la temporada. No sé si es verdad o no lo que se ha escrito este año acerca de la respuesta que dio la empresa de Madrid al Juli cuando éste propueso que, además de los dos festejos habituales, quería torear la corrida de La Quinta, respondiendo (parece) los empresarios, que perfecto, pero que con unos honorarios mucho menores. Esto es exactamente lo contrario de lo que debe hacerse.

7.- También debe mejorar la selección de las cuadrillas en aquellos toreros que no la tienen fija o tienen sólo algunos fijos, aunque esto es algo de un alcance mayor, pues habría que establecer mecanismos que garantizaran un mínimo de conocimientos en quien se enfunda el traje de banderillero o picador.

8.- A los toreros hay que dejarles torear. Es inadmisible que durante la lidia, de forma continua se esté gritando dónde hay que ponerse o cómo hay que hacer las cosas. La plaza debe ser una plaza exigente, y ante algún lance desafortunado de la lidia puede haber alguna protesta. Pero jamás puede imponerse a gritos la visión del toreo de un número mínimo de aficionados. No puede ser que cuando un diestro esté toreando no se pare de recriminarle la colocación o el estilo. Porque hay que tener una concentración y un aguante absolutamente heroicos para sobreponerse a ese griterío. Al final, uno puede aplaudir la faena o pitarla, pero durante el transcurso de la lidia hay que respetar a quien está haciendo la faena como cree que debe hacerla y, además, jugándose la vida.

La duda de cómo puede conseguirse esto también me asalta a mí. Sólo se me ocurre aplicar sanciones a ciertos espectadores por entorpecer el desarrollo de la lidia, aunque ya me hago cargo de que, además de impopular, puede dar lugar a no pocos abusos.

9.- Hay que tratar de agilizar la lidia, evitando tiempos muertos. Especialmente durante la suerte de varas. El caballo que va a picar debe salir por la puerta entre el 7 y el 8 o, cuando menos, por la de arrastre (en el 2).

(Como dijimos en la entrada anterior, esto es sólo parte de lo que hay que hacer. Aún habrá que hablar de más cosas dentro de algunos días).

domingo, 13 de junio de 2010

Conclusiones de San Isidro (I) - Un enfoque radicalmente nuevo (y cultural)

Después del mes seguido de toros en Madrid la Fiesta continúa, sigue en su devenir por las plazas de España. Se sucederán triunfos y decepciones y todo continuará como si no hubiera pasado nada. Pero sí pasa. Que en todo el ciclo sólo un matador de toros (Juan Bautista) haya salido por la Puerta Grande, que ninguno de los de a pie haya cortado dos orejas en un solo toro es un rotundo fracaso.

Pero siendo eso grave, lo es más que la Feria no haya significado nada, absolutamente nada, para reordenar el escalafón y que no haya impulsado un ápice la afición ni la reivindicación de su carácter cultural (si se me apura ha sucedido todo lo contrario).

La Comunidad de Madrid, propietaria del coso, está tramitando la declaración de la Fiesta como Bien de Interés Cultural. Sin embargo, gestiona la plaza más importante del mundo con criterios que nadie utilizaría para potenciar y defender una manifestación de la cultura.

Finalizada la Feria, por tanto, cabe plantearse si es posible hacer algo para que esto cambie. Yo creo que sí. Periódicos, revistas especializadas, portales de internet y blogs han ido realizando estos días sus propias propuestas. Algunos, abogan por seguir con una Feria similar, seleccionando mejor los toros y exigiendo más a las figuras. Sin embargo, yo soy de los que opino que el modelo actual de San Isidro está acabado. O, al menos, que continuar por la misma senda sólo asegurará (por más o menos tiempo, eso está por ver) mucho dinero, pero nada que favorezca el espectáculo. Coincido plenamente con Paco Aguado cuando reclama "Un cambio urgente para Madrid" (un San Isidro reducido subiendo algo los precios, volver al abono de primavera, reforzar carteles como la Beneficencia,...).

Mi propuesta va algo más allá. Trato de explicarla a continuación de forma resumida (aunque algo extensa quedará a la fuerza) y ya iremos desgranando en entradas sucesivas otras cuestiones relativas al coso, al sistema de gestión, a los toros, toreros, abonos, etc.

1.- La Feria de San Isidro tiene que reducirse a, como máximo, dos semanas de toros. Todos su carteles tienen que estar perfectamente rematados (en toros y toreros) y ser de verdadero interés para el aficionado. Creo que, siendo así, no debería ser un problema incrementar los precios de las localidades teniendo en cuenta que en Madrid se puede ir a los toros desde 4'50 euros.

2.- Paralelamente a la Feria de San Isidro tienen que desarrollarse toda una serie de actividades culturales y artísticas que conviertan a Madrid, en esos días, en el centro absoluto del toreo. Y que consigan que en Madrid, en esos días, se hable de toros en los medios, entre los aficionados y entre los que no lo son, como un acontecimiento único.

Me refiero a cosas como algo similar al "Pregón Taurino" de Sevilla o de tantas otras ciudades, un pregón para el que estoy seguro que podría contarse con excelentes conferenciantes, artistas y aficionados de primer nivel en todo el mundo. A exposiciones artísticas de verdadero fuste, a conciertos, a conferencias de intelectuales aficionados (que los hay, y muchos), a la posible celebración de un Congreso Taurino anual (el que se ha programado en Sevilla coincidiendo con la Feria de San Miguel es un ejemplo magnífico), a representaciones teatrales, a ciclos de cine, a recitales poéticos, a entregas de premios en lo que debería ser una Gala Anual de la Tauromaquia que premiara a los de luces, pero también a ganaderos, a empresarios, a quien escribe de toros, a quien pinta sobre toros, a quien organiza exposiciones sobre toros,... Todo estructurado, con una agenda única y posibilidad de participación y asistencia de los aficionados.

Me refiero también a que en la Plaza y en torno a la plaza se monten instalaciones provisionales en torno a otras vertientes de lo taurino. Como la gastronomía, los libros, los vídeos, los recuerdos, la moda,... Algo que haga que la Plaza sea, durante diez o doce días, una auténtica referencia. Y que, en la medida de lo posible, los lugares cercanos (tiendas, bares,...) y otros más lejanos pero tradicionalmente taurinos (especialmente hoteles y restaurantes) hagan que en Madrid se respire Tauromaquia. Como sucede en Nimes durante su Feria. Pero más y mejor, como corresponde a Las Ventas.

3.- El resto de la temporada, Madrid debería celebrar festejos los domingos, pero también podría celebrar seis o siete mini-ferias, de jueves a domingo (para facilitar la asistencia de los aficionados). Una, la de la Comunidad (de novilleros), otra la de Otoño (resumen de la temporada) y las otras podrían celebrarse entre junio y septiembre. A mi juicio, estas ferias deberían ser "temáticas", de forma que dieran una cierta coherencia para los aficionados. Una, por ejemplo, podría girar en torno al toro, incluyendo festejos con tres encastes poco habituales y una corrida concurso. Otra, de toreros-artistas. Otra de jóvenes promesas (en la que el ganador se incluyera, por ejemplo, en la Feria de Otoño, o en el siguiente San Isidro). Otra de toreros latinoamericanos (que daría una justa oportunidad a jóvenes mejicanos, colombianos,... y atraería a la plaza a inmigrantes aficionados, que los hay y muy buenos). Estas u otras que la imaginación sugiriera.

Este esquema inicialmente supondría perder económicamente ingresos, pero también podría exigirse al aficionado para renovar el abono de San Isidro que adquiriera dos o tres de estos abonos. Esto tendría dos efectos beneficiosos. Por un lado, el indicado de aumentar los ingresos. Pero, por otro, se permitiría el accesos de aficionados no abonados a carteles de cierto interés (que tendrían que serlo si se hace con cierto criterio).

Sé que esto exige un esfuerzo y una imaginación mucho mayor que la supone organizar treinta días de toros con un abono cautivo. Y que el resultado económico neto, en el corto plazo, sería negativo para la Comunidad de Madrid. Pero creo que es el enfoque (no el único, pero sí uno de los posibles) para poner en valor el toreo.

Si realmente la Comunidad cree que la Tauromaquia es una actividad cultural tiene que demostrarlo con hechos. Y, desde luego, seguir con un San Isidro como el de este año, no es el camino.

(Obviamente hay que hacer más cosas, pero las iremos desgranando poco a poco)

sábado, 12 de junio de 2010

Madrid (12 de junio de 2010) - Enemigos de la Fiesta

Los enemigos de la fiesta no son los antitaurinos. Están dentro y tienen nombre y apellidos. Por ejemplo, D. César Gómez Rodríguez, el Presidente del festejo de hoy en Madrid que ha ROBADO una oreja al Juli. Ha cometido una infracción administrativa a sabiendas. Ha vulnerado conscientemente el Reglamento, porque había petición mayoritaria (con pañuelos y sin ellos, que el Reglamento nada dice de cómo deben pedirse las orejas). Pero resulta que el Reglamento considera infractores a los toreros, a los ganaderos, a los subalternos, a los espectadores,... A todos, menos a los Presidentes, que son los que en plazas como Madrid vienen a distraerse jodiendo el espectáculo.

No hay derecho a que un torerazo como el Juli que ha tenido que ponerse la temporada a la espalda, como hizo hace ya varios años, un torerazo que ha asumido la responsabilidad de venir a Madrid a sustituir a José Tomás, tenga que enfrentarse a una panda de imbéciles que tienen la desfachatez de decirle cómo tiene que torear y a un Presidente que antepone la comodidad de que esos imbéciles no le piten a la justicia, al reconocimiento del arte, al cumplimiento del Reglamento y al deseo de la mayoría de los aficionados.

¿Entienden ahora por qué Morante no quiso venir una tarde más? ¿Por qué no ha querido venir Enrique Ponce? Porque con su categoría no tienen por qué aguantar a esta panda de animales. Y los que salimos perdiendo somos los aficionados de Madrid, a quienes nos gusta el toreo. Ellos no. Porque a ellos no les gusta el toreo. Ellos sólo vienen a la Plaza a reventar la Fiesta como un ejercicio catártico para compensar la inmundicia y vaciedad de su vidas de diario, su poquedad, su insignificancia vital, su nada, su vacuidad, su ser completamente prescindible para la historia global e incluso para la de sus más cercanos. Ellos no son nada, no son nadie. Por mucho que se esfuercen jamás conseguirán nada memorable, nada que se retenga en la memoria más allá del halago de quien les ríe las gracias en medio de una borrachera. Son seres abyectos que la historia incorpora como deshechos porque de todo tiene que haber. Y a algunos incluso le dan una placa, una pistola y le dicen que es el Presidente. Un señor con un pañuelo que lo agita como un mono las pistolas (¿o era el señor el que manejaba las pistolas y el mono los pañuelos?).

Sujetos como los del siete y Presidentes como este son los que acabarán con la Fiesta. Son ellos y no los de Esquerra los que la están minando. Son los antitaturinos más feroces. Conscientemente o por pura ignorancia, que tanto da. Son ellos los que deben irse a su casa para que en Madrid la Plaza pueda volver a ser grande, para que veamos faenas importantes, para que los toreros puedan sentirse libres creando y se les valore su esfuerzo y su resultado artístico.

No, no hay derecho a que indocumentados como esos le digan al Juli dónde tiene que colocarse o cómo tiene que citar. En ninguna manifestación artística se permitiría. En esta, donde además el artista se está jugando la vida, perfectos iletrados hasta las trancas de alcohol tienen los santos cojones de gritar su canon estético. Hasta que estos chabacanos no se vayan de la plaza en Madrid no podrá verse torear. Son repugantes, dan asco.

¿Qué sucedería si en una ópera alguien no dejara de gritar cuando un tenor entona un aria? ¿No lo echarían del teatro? Eso mismo hay que hacer con estos individuos. Botarlos de la plaza. Y sustituir al Presidente por alguien que tenga tres cualidades (justicia, afición y sensibilidad) radicalmente opuestas a las del personaje de hoy.

Por lo demás, Talavante hizo una buena faena al tercero con pases hondos y de mano baja y Manolo Sánchez no está para estos compromisos.

Pero no soy capaz de explicarlo con más detalle. He de confesar que se han salido con la suya. Me han jodido la tarde. Han conseguido distraerme y que no pudiera disfrutar del toreo.

martes, 8 de junio de 2010

Los "Reporteros" ineptos de Televisión Española

Seguimos con nuestra particular cruzada contra Televisión Española que en 6 años de legislatura zapatista 6 apenas ha emitido una corrida: la de Asprona en Albacete y porque ya estaba contratada y era benéfica.

A diferencia de Canal Sur el otro día, TVE emitió ayer en Reporteros un programa que no sabemos calificar si como incompetente o como sencillamente deleznable.

La tesis del programa es la que sigue: como estamos en crisis, la industria del toro está en crisis, luego la tauromaquia está en crisis.

El silogismo falla, claro.

Hay menos corridas, pero Madrid y Sevilla se han llenado, probablemente haya más afición que nunca, otra cosa es que no haya dinero para ir a los tendidos. Otra cosa es que no den las corridas por TVE, pero ¿se ha mirado la audiencia de Tele Extremadura, Canal Sur o Tele Madrid? Pocos eventos más baratos de retransmitir, pocos más rentables en comparación con cualquier deporte.

Los toros están de moda y están en crisis. Pasa cíclicamente lo primero. Es permanente lo segundo desde los tiempos del Minotauro.

El procedimiento del programa es bien conocido: se envía a un reportero astutamente ingenuo que, cual alemán de la Selva Negra, lo desconoce absolutamente todo sobre la fiesta y empieza a hacer un sumatorio de preguntas estúpidas a los representantes más débiles del gremio: novilleros o vendedores ambulantes, empresarios de tercera –o menos que tercera, (ésta parte fue bochornosa)-, ganaderías de saldo, etc.

Se adereza con los festejos populares de suelta de toros, eso que no van a prohibir en ningún caso en Cataluña y se pretende que el espectador saque sus propias y demagogizadas conclusiones.

Y lo llaman periodismo.

Sucede que TVE tiene en plantilla unos excelentes informadores taurinos (Tendido Cero) a quienes correspondía haber hecho el reportaje, un reportaje que entonces sí sería verdaderamente interesante.

Con rigor se analizaría el impacto que sobre el escalafón tiene la reducción de corridas estos años y el incremento de festejos en plazas de tercera en los años de bonanza que dejaron sin hueco a los toreros de segunda o tercera línea.

Pero eso a Televisión Española no le interesa: ellos han encargado un producto muy bien parametrizado: demuéstrese en las ondas que ya nadie va a los toros.

Pero es que el reportaje es tan malo, tan malo, que ni eso.

Daba pena o, peor aún: lástima.

lunes, 7 de junio de 2010

La beneficencia de Paco Camino - Los pesos y el trapío

La pasada semana se han cumplido cuarenta años de la histórica tarde en la que Paco Camino se encerró en Las Ventas en solitario en la corrida de la Beneficencia, con seis toros, que acabaron siendo siete porque pidió el sobrero, cortando ocho orejas y haciéndolo de forma desinteresada cediendo sus honorarios a favor del Hospital de Madrid. Los que la vivieron hablan de aquella tarde como una tarde magnífica, completa, redonda. Una tarde en la que se evidenció el toreo total de un maestro como este, que también es de Camas, y que atesora multitud de tardes rotundas en Madrid y varias salidas a hombros por su Puerta Grande.

En un acto homenaje que se celebró para homenajear al torero y a su gesta, el protagonista donó al Museo de la Plaza de Las Ventas el traje de luces que se enfundó aquel día y las cabezas de los siete toros. El pasado domingo acudí a la Plaza por la mañana a un acto organizado por la Unión de Abonados y en la Sala donde se celebraba estaban, junto a la exposición de pinturas de José María Cano, el traje de Paco Camino y las cabezas de los toros.

Yo le recomendaría a los aficionados que pudieran que se acercaran a verlas. Hay dos cosas que llaman la atención sobre las demás. La primera, que eligiendo el matador las ganaderías, hubo uno de Miura y otro de Pablo Romero, también hubo reses de Juan Pedro, Buendía,... Pero la figura incluyó dos de corridas "duras". La segunda es que cuando uno ve las cabezas de los toros de entonces y las compara con lo que sale hoy en Las Ventas se pregunta cómo podían aprobarse en los reconocimientos toros con aquellas "cabezas" (la morfología de las cabezas y, sobre todo, de los pitones es mucho menos "descarada" que lo que sale hoy incluso en las novilladas) y, sobre todo, con aquellos pesos. Dos de los toros pesaron 480 kilos y los demás en torno a 505 ó 515. Hoy ninguno de esos toros pasaría el reconocimiento veterinario. Hoy los toros tienen que tener, al menos, un 20% más de peso. Y con un 20% más de peso el que se muevan, aguanten y den espectáculo no es difícil, es milagroso.

Alguien debería repasar esas cabezas, ver el vídeo de aquella tarde y encerrar a todos los que vayan a ser veterinarios durante el próximo San Isidro desde mañana hasta el día 6 de mayo del próximo año enseñándole los pesos, las cabezas y el vídeo una vez por la mañana y otra por la tarde. Para ver si se les queda.

Y a los toreros, en las escuelas, en las tertulias, en los programas, preguntarles si lo han visto, qué les parece que se encerrara con un Miura, y con uno Pablo Romero,... Y preguntarle si ellos lo harían si les dejaran que otro fuera de Juan Pedro con 480 o con 505 kilos de peso y esas encornaduras.

domingo, 6 de junio de 2010

Madrid (5 de junio de 2010) - Puerta Grande

En el penúltimo toro de lidia a pie del ciclo continuado de toros en Las Ventas que nos ha convocado desde el pasado 8 de junio se ha cortado por Juan Bautista una oreja que, junto con la que había cortado al segundo de la tarde, le ha valido la única salida a hombro de todo este mes de toros (excluidas, como digo, las de los caballeros rejoneadores). Ya me dirán ustedes si esto no es para preocuparse. La semana que viene, con más tiempo, haremos una valoración más pausada. Vayamos ahora a lo que dio de sí esta tarde de toros.

Los toros de El Cortijillo (5) y Lozano Hermanos (1) que se lidiaron (mismos dueños, por tanto) dieron buen juego al cincuenta por ciento. Quiere decirse que tres permitieron hacer el toreo. Y toreo se hizo a los tres, a ratos bueno y otras algo más vulgar. Pero, en general, creo que se hizo menos del que los toros permitían. Los otros tres no dieron muchas opciones.

Abellán, con el primero, por ejemplo, tuvo pocas opciones. El toro manseó mucho, daba arreones, protestaba en el engaño y lo único que puede achacarse al madrileño es que alargó innecesariamente la lidia de un animal que no daba de sí. Debe criticarse, además, el empeño del Presidente en que el Reglamento se cumpliera de forma minuciosa en banderillas, obligando a varias decenas de pasadas en falso para tratar de que el animalito tuviera en el lomo cuatro garapullos. "¡Cuando no puede ser, no puede ser y además es imposible!", decía el clásico. Pues eso, que si el toro no se mueve y los banderilleros no son capaces de ponerle los palos, una vez que lo han intentado varias veces, no tiene sentido prolongar aquello ad infinitum. Abellán, por su parte, y los demás compañeros del escalafón, deben plantearse la conveniencia de incluir en sus cuadrillas como tercero al Niño de Santa Rita. En el cuarto, Abellán dio dos series de naturales extraordinarios. Es cierto que sin ligar, de uno en uno, pero citando de verdad y delante y trayéndose al toro templado y pudiéndole siempre por abajo. Con gusto, hondo. Antes, le había dado mucho sitio a un toro que parecía no fijarse en lo que tenía más cerca y sí en lo que había detrás de quien le citaba y el toro respondió. Ahí Abellán no estuvo tan templado, no bajó la mano y, aunque hubo emoción, fue más por el galope del animal y la velocidad de su embestida que por el toreo mandón que luego pudimos verle. En todo caso, el trofeo lo perdió por el mal uso del acero y en la retina de todos quedaron aquellos naturales. Con el capote quedó inédito.

Bautista, como queda dicho, cortó una oreja a cada uno de sus oponentes. Dos toros buenos a los que toreó con gusto, aunque probablemente le faltó un punto para haber redondeado del todo su tarde. Tal vez por eso se protestó la oreja del quinto. No tanto porque la mereciera o no, sino porque eso implicaba la salida por la Puerta Grande (el famoso 1+1) y había quienes entendían que habiendo estado bien con ambos toros, el asunto no era para tan alto honor. Obviamente eso no es un problema del francés. Eso es un problema de que ahora esas cosas están reguladas (algo, cuando menos, discutible) y la regulación es en esto, como en tantas otras cosas, poco certera.

El segundo (un toro que tuvo un comportamiento extraordinario) fue protestado de salida por los imbéciles de siempre por "falta de presencia". Si a estos tíos se les hubiera hecho caso en sus juicios no hubiéramos visto NADA, absolutamente NADA, de lo que de artístico hemos visto en estas cuatro semanas de toros. Todos los toros, TODOS, con los que ha habido faena los han protestado. ¡Vaya ojo que tienen!

Al segundo, decía, Bautista lo recibió bien con el capote y lo colocó en suerte de forma garbosa con delantales y revolera. Artura Macías quitó por gaoneras ceñidísimas. Vimos un buen tercio de banderillas y el francés brindó al público. Empezó con un par de series en redondo con la mano derecha de calidad, bajando la mano y templando mucho. La siguiente fue excepcional, con un Bautista muy recto y los pases desmayados. La faena bajó mucho de intensidad cuando J.B. se echó la muleta a la izquierda, aunque volvió a coger vuelo con la última serie con la diestra y los adornos finales. Mató de una buena estocada y cortó una oreja. Le faltó haberse acoplado por el lado izquierdo (o haber resuelto de otro modo si veía que el toro no tenía posibilidades por ese pitón) para haber conseguido que la faena no se hubiera diluido y haber podido cortar dos orejas.

En el quinto no hubo toreo de capa reseñable por parte Bautista, pero sí un quite ceñido de Macías por chicuelinas. Luego un extraordinario tercio de banderillas de Curro Robles. El toro embestía con clase en la muleta aunque se iba después de cada muletazo. Juan Bautista, muy inteligente, bajó muchísimo la mano en los pases en redondo y no se la quitó nunca del hocico, evitando que el toro se distrajera. Así se sucedieron un par de series. Pero nuevamente bajó con la izquierda y al volver con la diestra el torero, aunque animoso, no consiguió alcanzar la misma intensidad. Estuvo inteligente y lucido en los remates y los pases de adorno y mató de una estoca entera. La petición fue mayoritaria y el Presidente concedió una oreja protestada con vehemencia por... ya saben ustedes.

Macía, por su parte, estuvo muy dispuesto toda la tarde, pero no tuvo un lote lucido. Empezó la faena de muleta al tercero con pases por alto dejándose llegar mucho al toro y otros más templados, pero luego el toro sólo acudía con cierta clase en el primer cite, quedándose luego muy parado. Macías sólo podía estar efectivo en los adornos. El toro se derrumbó en medio de la faena. No había modo de crear emoción, ni siquiera cuando el mejicano se metió entre los pitones del animal. Dio buenas manoletinas y mató de una estocada entera y un descabello. El sexto fue un toro que en los primeros tercios fue a arreones, que hizo muy difícil el tercio de banderillas dando un susto serio a Martín Antequera y que en la muleta no pasaba, se defendía, se quedaba corto,... Arturo lo intentó, pero la mano del sorteo no estuvo con él. Al menos, no dio la sensación de peligro que en su anterior comparecencia en Las Ventas, ni acabó en la enfermería como en Valencia o en Sevilla.

... Y así ha acabado el mes seguido de toros. Me perdonaré la de rejones en la tarde del domingo y el próximo sábado veremos qué tal Manolo Sánchez, Juli y Talavante. Seguro que echamos un buen rato.

sábado, 5 de junio de 2010

Madrid (4 de junio de 2010) - La importancia de ser uno mismo

El Fandi tuvo en la tarde del viernes 4 una de las tardes más importantes como matador en Las Ventas. Sin cortar orejas, ha demostrado su toreo, ha estado tranquilo y ha demostrado una capacidad lidiadora y un gusto estético (sobre todo con el capote) que no le habíamos visto hasta ahora. Y esto lo ha conseguido, fundamentalmente, por ser él mismo, por no tratar de variar su forma de torear en Las Ventas. Cuando se torean casi cien corridas al año, cuando en todas ellas uno mantiene un estilo, una personalidad, tratar de variar el sitio, las distancias, los toques, los cites, es algo que no puede tener como resultado un triunfo. Es casi imposible mudar de registro para una sola tarde. Por mucho que uno se empeñe, por muy mentalizado que se esté.

Particularmente, he disfrutado muchísimo con su gran toreo de capote en los dos toros, un prodigio de temple, de suavidad y de gracia. Estoy seguro que de haber instrumentado esos lances otros toreros la plaza (especialmente “los de siempre”) estarían todavía cantándolo. Con banderillas, yo prefiero otro estilo, tal vez menos vistoso pero más sereno, ir andando a la suerte y salir andando de la cara del toro en vez de correrle hacia atrás a toda velocidad, prefiero los pares al quiebro en un palmo de terreno que los del violín, prefiero que se cuadre siempre en la cara del toro que esperar a que este pase para clavar, pero he de reconocer que Fandi con sus banderillas consigue emocionar al público y eso es importantísimo en el toreo. Con la muleta, ha estado muy serio y dispuesto toda la tarde, en su primero dio algunos naturales realmente buenos y en general en los dos toros ha toreado con mucha clase, pero el lote, aunque noble, fue flojo y no le ha permitido más que demostrar su capacidad y su disposición.

Rafaelillo, por su parte, ha mostrado también disposición pero creo que no ha estado a la altura del primer toro, un buen Torrealta que iba bien a los engaños y al que no acabó de entender. También puede ser que su estilo de toreo luzca sobre todo con animales de más peligro y que con toros que meten mejor la cara (aunque con problemas) donde lo que el público espera es despaciosidad y gracia en los muletazos, no sea donde más cómodo se sienta el murciano. O, al menos, donde más cómodo se ha sentido esta tarde.

Y Matías Tejela ha tenido una actuación digna, con grandes derechazos templados y bajando la mano al último de la tarde, pero tengo la sensación de que a ese toro se le podía haber sacado más. El tercero no le dio opción. Aun así, se le fue la mano al matarlo y le propinó un feísimo metisaca en el costado.

Una tarde, en fin, con una cartel extraño, en la que hemos visto detalles, y en la que el Fandi ha reivindicado un sitio en esta plaza. El que merece quien lidera cada año el escalafón.

viernes, 4 de junio de 2010

Madrid (3 de junio de 2010) - Distancias

La empresa supongo que estará contenta con la corrida del Corpus. A pesar de la ausencia de José Tomás la plaza casi se llenó, la diferencia entre lo que debía pagar a José Tomás y a Perera supongo que sería sustancial y, además, hubo televisión (Telemadrid) que con lo que pagara abultaría aún más sus ingresos. Una jugada redonda (para ellos) y poco fértil para el aficionado.

Porque, para más desgracia, la corrida embistió. Hubo al menos tres toros, segundo, cuarto y quinto que sirvieron, y mucho, para hacer toreo del bueno. Y, sin embargo, los toreros estuvieron por debajo de lo que debían con una corrida como aquella. Si JT hubiera estado en la plaza queremos imaginar que le hubiera tocado al menos uno de los tres y que hubiéramos sentido toreo del grande. Y que, como Morante el día anterior, hubiera contagiado de su pureza y su liturgia a sus compañeros de cartel, que se hubieran crecido para hacer ese toreo que saben y sienten, aunque les cueste sacarlo. Como hicieron Luque y Cayetano con su capote.

Fundi no estuvo. Siempre con precauciones, se le vio sin sitio, sin temple, descentrado. Lo mejor, un galleo por chicuelinas para llevar al cuarto al caballo. Y la suerte que tuvo cuando al entrar en rectitud a matar al primero le dio un golpe en el pecho pero, afortunadamente, sin herirle. Lo peor, que el cuarto se fue al desolladero con las orejas, cuando era un animal que se tragaba tandas de seis y siete pases metiendo bien la cara.

Castella cortó una oreja del segundo y pudo cortar otra del quinto. Pero sea por la espada (un pinchazo) o porque la faena fue de menos a más, no cortó la otra que necesitaba para salir por la puerta grande. Castella estuvo bien, valiente, dispuesto. Pero le falto torear mejor. La mayor intensidad la consiguió en las cercanías, por valiente, por emoción, pero no por toreo. Y eso, que puede ser a veces un recurso válido, creo que no lo es cuando el toro permite, como el quinto, toreo de verdad, ligado y por bajo. El toreo de capote en ese toro fue bueno. Y el comienzo, con pases por alto, cambio de mano, pase de pecho y adorno por bajo, genial y emocionante. Pero a partir de ahí, cuando le dio distancia al toro, se le veía más preocupado por buscar la colocación que pedían algunos que por ligar series largas a un toro que iba y que transmitía. Los que van a la plaza con escuadra y cartabón no tienen razón (más allá de la evidencia de que no desde cualquier colocación se transmite la emoción del toreo). Pero un torero, una figura, no puede estar rectificando continuamente el sitio. Tiene que hacer su faena, sentirla y hacer que el público participe de ella. La faena al segundo, en la que cortó la oreja, careció de la emoción del comienzo de la del quinto pero tuvo más continuidad. Primero pase cambiado, luego series dando sitio al toro y luego entre los pitones. Faena medida, pero que supo a poco.

Y Perera no tuvo suerte con el lote. El primero tenía poquísima suerte y el Presidente no cambió el tercio cuando lo pidió Perera una vez había ido dos veces al caballo (aunque una de ellas recibiera escaso castigo). Perera se enfadó y con razón. El toro en la muleta se derrumbó varias veces y así no hay quien transmita nada. En el sexto intentó componer una faena de trazo largo pero el toro cabeceaba mucho y le tocaba casi siempre los engaños, lo que impidió el lucimiento.

Una tarde, en fin, que sabe a poco, que vuelve a cuestionar la necesidad de toreros que abran cartel, que nos reafirma en el toreo de las distancias frente al de las cercanías y que evidencia la importancia de alguien que inquiete a buenos toreros para que estos saquen lo mejor de sí. Y este año, sólo hay dos genios que pueden inquietar, que son José Tomás y Morante, dos grandes figuras que también hacen buenas faenas pero que no desatan la misma competencia (Juli y Ponce) y un joven que acaba de volver y si lo hace como en Sevilla va a poner muy caro el trono del gusto y el empaque: José María Manzanares.

jueves, 3 de junio de 2010

Madrid (2 de junio de 2010) - Eso es torear

Decíamos en la anterior entrada que, después de casi un mes de toros, un mes soso, aburrido, lastrante, sin apenas nada de relevancia, esperábamos que Morante salvara la Feria.

Y así ha sido. A fe que lo ha sido. En la Beneficencia se ha visto TOREAR, un toreo con el capote sublime, inmenso, rotundo. Gran parte protagonizado por Morante, pero también por Luque y Cayetano, que han aprendido sobre la marcha del recital del de La Puebla y han mudado en un instante el toreo más lineal y desgarbado por lances graciosos, hondos. No del nivel del de Morante, pero imbuidos por su esencia, cercanos a su liturgia.

Antes de que Morante desplegara su magisterio en el tercero de la tarde, en el segundo Cayetano había recibido bien de capa al segundo y había instrumentado un quite por tijerillas muy toreras. Y Luque había quitado también en ese toro con acierto por verónicas.

Pero lo realmente importante sucedió en el tercero, cuando después del segundo puyazo Morante se acercó al toro caminando de ese modo que le adentra en la Gloria e instrumentó unas verónicas lentas, mecidas, acompañando con todo el capote y el cuerpo entero la embestida del toro,... Unas verónicas que SON la verónica. Luque, azuzado en su orgullo, dio réplica por unas verónica de trazo hondo, profundísimo, con gran personalidad, un toreo de capa que nunca le habíamos visto hacer de modo tan grandioso. La plaza estaba en pie, perpleja después de todo un mes sin ver un toreo tan grandioso y una manifestación tan evidente del orgullo torero, que son dos ingredientes que, unidos, dan una emoción única a la Fiesta. Pero el asunto no acabó ahí, porque Luque, torero y generoso a la vez, le señaló a Morante el toro por si quería volver a él. Y D. José Antonio se hizo de nuevo presente con unas chicuelinas sencillamente inigualables, bajando la mano hasta la arena, enroscándose en el capote, llevando al toro embebido en el capote creando una danza sin igual. Luque no se arredró y dio réplica por el mismo palo. Y lo hizo, nuevamente con una gracia sin par, de un modo mecido, hondo, profundo, demostrando que también sabe torear así. Porque a ese mismo toro también le había dado chicuelinas, después del puyazo anterior, pero donde aquellas fueron bruscas, estas mecidas, donde aquellas parecían latigazos, estas caricias, cuando allí sólo hubo técnica, aquí hubo gracia y torería. Y esa mutación la logró Morante de la Puebla, que no tuvo más que decir cómo se torea con el capote para que todos los demás que andaban por allí supieran cómo había que hacerlo desde entonces, para siempre. Luque se acercó entonces a Morante, se desmonteraron antes y se dieron la mano como hacen los toreros. La plaza, entonces, estaba toda en pie, ovacionando ese instante de toreo que justificaba todo el frío, la incomodidad y los sinsabores de un mes entero sin ver torear. La plaza estaba en un instante mágico, de esos que sólo se pueden sentir en Madrid.

Luego, en el cuarto, Morante volvió a dar un recital a la verónica al recibo de capa. Y volvió a sentar cátedra con un quite por delantales en los que convirtió este lance en un toreo profundo, hondo, como uno no pudiera jamás imaginarse. Y LA MEDIA. Porque dio una media que, como me indicó José María en un SMS, no era media sino infinita. Por gracia, hondura e inspiración. ¡Dios mío, qué media dio! Vaya forma de recoger el capote y enroscarse en él. Todavía andan las musas sorprendidas por el modo en que alguien pudo imaginar aquello; ellas, se dicen, no pueden inspirarlo. Tiene que venir aún de más allá. De todo el compendio de la Historia del Toreo que se encierra en el capote y la muleta de Morante, en todo él, en su modo único de sentir el arte y dejarlo así, esparcido y roto, para quien quiera venir a degustarlo.

A ese toro Cayetano le instrumentó un torerísimo quite, "rondeño" dicen que le llaman. Citando al toro con el capote cogido con una sola mano para dar una larga, recogerlo por la espalda y ligarlo sin solución de continuidad con gaoneras. Exactamente lo mismo que trató de hacer hace dos años, también con Morante, en la tarde de su confirmación en Las Ventas. Entonces el toro le tropezó y sólo fue un atisbo. Esta vez, sí le salió como había imaginado y la Plaza se entregó, generosa, a un toreo vistoso y hondo, grande también, de un torero con pundonor e inspiración.

Y Luque quitó después, en el quinto por delantales y en el sexto por chicuelinas. Sin la gracia de los dos toros anteriores, pero de un modo también inspirado, mecido.

La tarde fue una tarde de toreo de capote. Con la muleta hubo poco. En los dos toros de Morante, porque no sirvieron apenas y aunque el torero estuvo más que dispuesto no hubo modo de sacar nada lucido. Dejar anotado que Morante hizo la faena del cuarto con la espada de matar. Como el día anterior y tantas veces Juan Mora. Como en algunos toros hiciera Esplá. Todo un detalle porque da mejor continuidad a la liturgia de la faena de muleta y el momento de la suerte suprema.

Cayetano no acabó de acoplarse con el segundo, un buen toro al que toreó sin apreturas y fuera de sitio, sin que los muletazos, de buena estética, pudieran llegar a calar. El quinto no tenía tanta clase y el torero nuevamente lo intentó, pero también sin eco.

Luque estuvo muy dispuesto toda la tarde, pero en el tercero (que después del tercio de quites seguía embistiendo con mucha clase) le costó colocarse en el sitio desde el que su toreo hubiera llegado más a los tendidos. Aún así, dio algunos pases buenos y hubiera cortado probablemente una oreja si hubiera acertado con la espada. En el sexto inició la faena sacándose al toro con ayudados por bajo muy toreros y le hizo toda la faena en el centro del ruedo, donde también mató al toro. Antes, faltó colocación y hondura.

La tarde fue de toreo grande. Con el capote. Pero de toreo grande al fin. De orgullo torero, de personalidad, hondura y gracia.

Morante redimió a las Ventas. Y lo hizo con toro (que a nadie se le olvide) que había sido protestado de salida por los mismos imbéciles de siempre por supuesta falta de trapío. El toro, si no me equivoco, de menor peso de todo el encierro ("sólo" 524 kilos). ¿Se callarán ya de ahora para siempre los que protestaron el toro? ¿Serán capaces de comprender que para que se pueda ver torear hace falta que el toro esté mucho "menos hecho"? Es decir, que tenga menos peso y pueda moverse. Ni cara, ni presencia, ni culata, ni cojones,... El toro lo que tiene es que embestir. Y que haya un torero que lo entienda. Me temo que la menuda inteligencia de todos esos supuestos defensores de la pureza de la Fiesta (una inteligencia inversamente proporcional al peso y "trapío" que exigen de los toros) no les da para entender ni esto, ni nada. Pero sin ellos en la plaza, podríamos disfrutar de muchas más tardes como esta. Los toros podrían embestir más. Y los toreros se sentirían más cómodos viniendo a Las Ventas.

Pero estas son reflexiones para otro día. Por hoy basta con decir que HEMOS VISTO TOREAR.

miércoles, 2 de junio de 2010

Madrid (1 de junio de 2010) - Sobre el arte y el valor

Reconozco que me ilusionaba la corrida de ayer, aun siendo conseciente de la dificultad de que un diestro como Conde se encontrara cómodo en Las Ventas, que un torero añejo como Juan Mora, sin apenas rodaje en los últimos meses, pudiera desplegar lo que tiene y que Curro Díaz acabara de romper.

Pero esperaba, al menos, momentos de ilusión, brotes de magia. Quizá con cuentagotas, pero formas distintas y detalles que justificaran un cartel tan peligroso.

Sin embargo, no hubo casi nada. Ni los toros fueron buenos (aunque algunos fueron mejores que otros) ni los toreros tuvieron un día claro.

Juan Mora, torero al que admiro y al que he visto torear con un empaque único, tuvo muy mala suerte en el sorteo. Estuvo con más oficio del previsible teniendo en cuenta su inactividad, salvo a la hora de matar (dio un auténtico mitin en el primero). Y demostró muchas ganas. Con la cantidad de toreros insulsos que hay en el escalafón, ¡qué bueno sería poder ver al placentino con más asiduidad! Al menos, cinco o seis tardes. Luego, si está, que lo sigan colocando. Y, si no, a casa y a dejar hueco a otros que vengan.

Javier Conde no quiso ver a su primero y dio un espectáculo lamentable. En el quinto trató de ponerse y torear con esa displicencia y caida de brazos tan suyas, pero el terror le pudo. Lucha, sobre todo, contra sí mismo, que no pudo resolverse en cinco o seis minutos.

Y Curro Díaz un poco más de lo mismo a que nos tiene acostumbrados. Algunos destellos de su personalidad, un parde tandas con gusto,... pero intercalados con enganchones, falta de colocación, de valor, de empuje,... Una pena que con la calidad que tiene le cueste tanto dar el paso que necesita para romper.

A la salida, todo el mundo comenta que o Morante salva en la Beneficiencia este mes de toros, o casi que vayan cerrando la Plaza. ¡Qué dura es la afición!

martes, 1 de junio de 2010

Madrid (31 de mayo de 2010) - Vuelta a lo peor

Decía en la anterior entrada que no tenía claro si quedarme con la "media" fiesta de lo que puede vivirse en Cáceres o con lo que sucede en Las Ventas. Si lo que sucede en Las Ventas es lo de la primera del Aniversario no me cabe ninguna duda: me quedo con lo de Cáceres.

Los toros de Valdefresnos han salido en general nobles, aunque alguno se ha rajado, pero les faltaba fuerza y, sobre todo, casta, muchísima casta.

Aún así han sido toros con los que se podría haber hecho algún tipo de toreo, dos o tres tandas de intensidad con cada uno de ellos, algunos lances, cierta lidia,... Pero nada. Sólo quedan en la retina, y por las vehementes ganas de que algo quede en el recuerdo, una serie de Urdiales al primero, las chicuelinas de Pinar en el quite al primero y los lances de recibo al segundo y los pases de Tendero sacando de la tablas al sexto para iniciar en el tercio la faena.

Por lo demás, ausencia total de toreo de capa, lidia manifiestamente mejorable y un toreo sin colocación, garra ni hondura. Toreo al hilo, con la suerte descargada, acompañando la embestida (jamás mandando) y sin un mínimo atisbo de estética. Muy mal, además, con los aceros.

Siento ser pesado. Perdón por insistir. No puede ser que la que supuestamente es la Feria más importante del mundo taurino sea tan bochornosa, que los toros carezcan de motor y de acometividad y que los toreros estén como de paseo. La Fiesta es legítima porque es verdad. Y el sufrimiento del toro es aceptable éticamente porque el toro se defiende con bravura por su casta y porque el torero es capaz de crear arte mediante una lidia ordenada y profunda. No vaya a ser que con lo que están haciendo los ganadero en la selección y los toreros con su actitud estemos rozando alguna línea peligrosa: la que nos conduce a una actividad en la que la compasión por el toro y el torero prevalece sobre la emoción del riesgo y la belleza.