sábado, 12 de junio de 2010

Madrid (12 de junio de 2010) - Enemigos de la Fiesta

Los enemigos de la fiesta no son los antitaurinos. Están dentro y tienen nombre y apellidos. Por ejemplo, D. César Gómez Rodríguez, el Presidente del festejo de hoy en Madrid que ha ROBADO una oreja al Juli. Ha cometido una infracción administrativa a sabiendas. Ha vulnerado conscientemente el Reglamento, porque había petición mayoritaria (con pañuelos y sin ellos, que el Reglamento nada dice de cómo deben pedirse las orejas). Pero resulta que el Reglamento considera infractores a los toreros, a los ganaderos, a los subalternos, a los espectadores,... A todos, menos a los Presidentes, que son los que en plazas como Madrid vienen a distraerse jodiendo el espectáculo.

No hay derecho a que un torerazo como el Juli que ha tenido que ponerse la temporada a la espalda, como hizo hace ya varios años, un torerazo que ha asumido la responsabilidad de venir a Madrid a sustituir a José Tomás, tenga que enfrentarse a una panda de imbéciles que tienen la desfachatez de decirle cómo tiene que torear y a un Presidente que antepone la comodidad de que esos imbéciles no le piten a la justicia, al reconocimiento del arte, al cumplimiento del Reglamento y al deseo de la mayoría de los aficionados.

¿Entienden ahora por qué Morante no quiso venir una tarde más? ¿Por qué no ha querido venir Enrique Ponce? Porque con su categoría no tienen por qué aguantar a esta panda de animales. Y los que salimos perdiendo somos los aficionados de Madrid, a quienes nos gusta el toreo. Ellos no. Porque a ellos no les gusta el toreo. Ellos sólo vienen a la Plaza a reventar la Fiesta como un ejercicio catártico para compensar la inmundicia y vaciedad de su vidas de diario, su poquedad, su insignificancia vital, su nada, su vacuidad, su ser completamente prescindible para la historia global e incluso para la de sus más cercanos. Ellos no son nada, no son nadie. Por mucho que se esfuercen jamás conseguirán nada memorable, nada que se retenga en la memoria más allá del halago de quien les ríe las gracias en medio de una borrachera. Son seres abyectos que la historia incorpora como deshechos porque de todo tiene que haber. Y a algunos incluso le dan una placa, una pistola y le dicen que es el Presidente. Un señor con un pañuelo que lo agita como un mono las pistolas (¿o era el señor el que manejaba las pistolas y el mono los pañuelos?).

Sujetos como los del siete y Presidentes como este son los que acabarán con la Fiesta. Son ellos y no los de Esquerra los que la están minando. Son los antitaturinos más feroces. Conscientemente o por pura ignorancia, que tanto da. Son ellos los que deben irse a su casa para que en Madrid la Plaza pueda volver a ser grande, para que veamos faenas importantes, para que los toreros puedan sentirse libres creando y se les valore su esfuerzo y su resultado artístico.

No, no hay derecho a que indocumentados como esos le digan al Juli dónde tiene que colocarse o cómo tiene que citar. En ninguna manifestación artística se permitiría. En esta, donde además el artista se está jugando la vida, perfectos iletrados hasta las trancas de alcohol tienen los santos cojones de gritar su canon estético. Hasta que estos chabacanos no se vayan de la plaza en Madrid no podrá verse torear. Son repugantes, dan asco.

¿Qué sucedería si en una ópera alguien no dejara de gritar cuando un tenor entona un aria? ¿No lo echarían del teatro? Eso mismo hay que hacer con estos individuos. Botarlos de la plaza. Y sustituir al Presidente por alguien que tenga tres cualidades (justicia, afición y sensibilidad) radicalmente opuestas a las del personaje de hoy.

Por lo demás, Talavante hizo una buena faena al tercero con pases hondos y de mano baja y Manolo Sánchez no está para estos compromisos.

Pero no soy capaz de explicarlo con más detalle. He de confesar que se han salido con la suya. Me han jodido la tarde. Han conseguido distraerme y que no pudiera disfrutar del toreo.

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Alguien debería actuar de oficio y quitarle el carnet de presidente.

Lo he visto por la TV y, es lo bueno de la TV, todos le hemos visto el rostro al delincuente.

A su casa.