domingo, 23 de octubre de 2011

Antoñete

Creo que para la mayoría de los aficionados, la figura de Antoñete era una de las más familiares de entre los profesionales taurinos. Su presencia continua junto a Molés en las retransmisiones televisivas y en las tertulias de los domingos de la Ser hacían que su voz (cada vez más escasa, pero también más medida) formara parte de nuestros recuerdos de grandes tardes de toros presenciadas con sus comentarios.

De su presencia en la plaza quedaban sobre todo los vídeos, más que las tardes vividas. Porque por evidentes razones de edad, fueron más las grandes faenas que nos precedieron que los destellos de sus últimas comparencencias. Estas en las que, además de apaciguar sus ansias de seguirse sintiendo torero, dejaba apuntes impagables de distancias y cites.

Antoñete nos era familiar, porque raro es el festejo que volvemos a poner en el DVD y en el que no se escucha su voz. Por eso, está siempre asociado a grandes tardes, a grandes momentos.

Pero, además, cuando recordamos su presencia en la plaza, nos invade una sensación de nostalgia por un modo de torear, clásico y profundo, que cada vez resulta más difícil de ver. Un toreo en el que dar distancia al toro es importante. Sin atosigarle, dándole su sitio, dejándole que se venga de lejos. Donde hay que dar el medio pecho. O donde se cita de frente. Donde la colocación es importante. Pero desde la más absoluta naturalidad, sin alaracas. Y donde al toro, con la muleta planchada, se le recoge delante, se le conduce en su embestida, y se le remata atrás, ligando el siguiente pase.

Esa forma de torear, además, junto con la peculiar personalidad de Chenel, tuvo una virtud que difícilmente agradeceremos lo suficiente los aficionados. A finales de los setenta y comienzos de los ochenta, la Tauromaquia se asociaba con la parte casposa y cañí de la dictadura. En plena movida, y con deseos de modernidad, los toros no estaban entre lo más cool. Sin embargo, Antoñete, su forma de ser y su toreo, fueron uno de los elementos icónicos que obligó a despejar la tauromaquia de prejuicios ideológicos. Sin aquel acercamiento de lo moderno al toreo, sería muy difícil que hoy estuviéramos viviendo la relevancia que, a pesar de muchos, tiene la Fiesta. Y, sobre todo, se haría menos creible el discurso de su dimensión cultural.

Recuerdo que en los comienzos de mi adolescencia, cuando la única plaza en la que había visto toros en vivo era la de Cáceres, y Las Ventas sólo la conocía por televisión, me sorprendió aquella estrofa de Sabina en "El joven aprendiz de pintor" (1985):

El torpe maletilla que hasta ayer afirmaba,
que con las banderillas nadie me aventajaba,
ahora que corto orejas y aplauden los del siete,
ya no dice que cito tan bien como Antoñete.

Antoñete simbolizaba un modo diferente de hacer los cosas, de estar en la plaza, de sentir la tauromaquia. Un modo reverencial, más allá de las tardes malas o de las indiferentes.

Para nosotros, se va quien ha estado presente cada vez que veíamos una faena por televisión. Y ahí le seguiremos presente siempre, cada vez que pongamos el primer triunfo de José Tomás en Madrid en la que cantaba esa mano izquierda del de Galapagar, o su presencia la tarde del festival de Bojilla y la de la goyesca de Antequera, o tantas y tantas tardes con su voz...

A otros se le va un familiar o un amigo querido. A todos ellos, mi abrazo sincero.

Al maestro, mi más profundo agradecimiento de aficionado y mi recuerdo.

Descanse en paz.

lunes, 17 de octubre de 2011

Las Ventas - Casas, Esplá y Dragó

Por la información que leemos en los portales, la rueda de prensa de Simón Casas para anunciar oficialmente su presentación al próximo concurso para la gestión de Las Ventas ha tenido no pocos elementos de interés.

Lo primero llamativo es que alguien anuncie su presentación y empiece a esbozar lo que quiere hacer sin saber, siquiera, qué es lo que pretende la Comunidad de Madrid, que a estas alturas, no ha hecho público el Pliego y, por tanto, no ha dicho ni qué va a pedir del adjudicatario ni cómo va a seleccionarlo. Por eso, para mí que lo que Simón ha hecho es, más que nada, presentar cómo él querría que se enfocara la gestión de Las Ventas. Cuando el Pliego haya visto la luz tendrá que ver cómo encaja sus ideas en el marco que diseñe la Comunidad. Pero, entre tanto, va esbozando sus propuestas.

Y la música suena, cuando menos, distinta. En comunicación, en difusión cultural, en la consideración de Las Ventas como un elemento clave en la defensa de la tauromaquia (y que va más allá de tal o cuál festejo),... Luego habrá que ver el planteamiento de la temporada y los aspectos propiamente taurinos. Pero no está mal empezar por la cultura, la difusión de la tauromaquia y la reivindicación de la ética.

La elección de sus dos acompañantes, además, demuestra una visión tremendamente inteligente. Proponiendo a Esplá para velar por la ética, lanza un guiño a todos los aficionados más ruidosos que ponen en duda aspectos de la gestión de Casas como la seriedad del toro, la diversidad de los encastes,... Esplá ha sido un mito en Madrid y tenerlo como elemento de interlocución con los aficionados es tener a alguien que es un referente en esta Plaza. Y con Dragó, además de reforzar la apuesta por uno de los intelectuales que más vehementemente han defendido la tauromaquia, lanza una señal al gobierno de la Comunidad de que no tiene nada contra ellos y que puede trabajar en armonía con los suyos. Que es probablemente el elemento (subjetivo) que más ha jugado en su contra en los últimos concursos.

Sobre la mención a que la experiencia no puede ser valorada en la selección del adjudicatario, sólo decir que es algo de lo que hemos hablado aquí desde hace varios años, por lo que no podemos sino felicitarnos de que se ponga explícitamente encima sobre el tapete.

Ahora queda esperar a ver qué es lo que hace la Comunidad (qué pide en el Pliego, cuando lo publique). Y qué ofrecen los demás licitadores: si también enfocan de forma abierta sus ofertas y cuáles son las novedades que plantean en la gestión.

Nos esperan meses del máximo interés...

domingo, 9 de octubre de 2011

Reflexiones sobre el Pliego de Málaga

Esta semana se ha publicado el nuevo Pliego que regirá la adjudicación de la gestión de la Plaza de Toros de Málaga para los próximos cinco años (con tres posibles prórrogas anuales sucesivas posteriores).

Era un Pliego esperado por la importancia de la Malagueta pero, también, por las especiales dificultades de gestión que tiene esta Plaza. Hace unos años, por razones diversas, Málaga se convirtió en Plaza de primera. Y, en consecuencia, el público (y la Diputación) quiere ver espectáculos con la categoría de una Plaza de primera. Con toros y toreros de Plaza de Primera. Y los ganaderos y los toreros exigen una remuneración acorde a una Plaza de Primera. Pero Málaga es una plaza en la que la posible recaudación por taquilla es muy inferior a la de muchas plazas de segunda (por el escaso número de localidades y por el precio de las entradas). Así, las cuentas no pueden cuadrar. Y se rebaja de lo que se puede. Contratando a toreros de menos caché, incluyendo en el abono varios festejos de escaso interés para los aficionados y reduciendo el nivel de ganadero (vía prestigio o vía trapío).

La Diputación, propietaria de la Plaza, anunció que iba a hacer un Pliego que ayudara a resolver estos problemas y a incentivar la dimensión cultural de la Fiesta. El primer Pliego, se dijo, después del traspaso de los toros al Ministerio de Cultura. Muchos se mostraron escépticos. Pero había que esperar a ver en qué se concretaban las declaraciones políticas.

El resultado es que este Pliego es, en algunos aspectos, ligeramente mejor que el anterior. Pero de un modo tan sutil que difícilmente mejorará nada. Porque el conjunto de obligaciones económicas que tiene que asumir el empresario siguen siendo muy cuantiosas. Y la rebaja del canon se compensa con la obligación de programar más festejos (difícilmente rentables), con un incremento del 50% en los erales y vacas que debe regalar a la Escuela de Tauromaquia local, con la obligación de instalar una gran pantalla por la que se pueda seguir el sorteo y enchiqueramiento,… Además, los aspectos económicos de la oferta de los licitadores siguen teniendo una importancia muy sustancial entre los criterios de adjudicación.

De este modo, el hecho de que se hayan incluido como criterios de adjudicación la promoción cultural o en las escuelas difícilmente redundará en una mayor presencia de la Tauromaquia en la ciudad de Málaga durante todo el año y en una mayor calidad de los espectáculos.

Pero veamos qué decía el Pliego de 2006 y qué dice el de 2011. Por razones de espacio nos centraremos exclusivamente en los criterios de adjudicación de ambos Pliegos con alguna breve referencia a las obligaciones del adjudicatario contenidas en ambos, pero sin entrar en aspectos técnicos que también pueden incidir de modo notable, pero que exceden un análisis general como éste (forma de cuantificar la experiencia, la calidad de los carteles, las ganaderías, seguros, etc.).

El Pliego de 2006 preveía una adjudicación por un plazo de cinco años, con tres posibles prórrogas anuales sucesivas. Un canon de 250.000 euros/año, susceptible de mejora. Y la obligación de programar, al menos, 11 corridas de toros (una de las cuales, concurso o torista), 1 de rejones y 6 novilladas de promoción, de las cuales 2 serán con picadores. Era obligatoria la celebración de 1 corrida de toros en Semana Santa y 11 en la Feria de agosto. Había que ceder a la Escuela Taurina 20 erales y 40 vacas.

La reserva de entradas a la Diputación era impresionante: 3 burladeros de callejón, palco de tendido 1 de primer piso, los tres palcos del tendido 8, 30 localidades de tendido 1 bajo, 110 localidades de primer piso de sombra, todas las localidades numeradas de primer piso de sombra de los tendidos 1, 7 y 8 que no estén incluidas en los 3 palcos existentes que queden libres, localidades para los componentes de la Escuela Taurina,…

Los criterios de adjudicación eran los siguientes:
1º Experiencia en gestión de plazas de toros: de 0 a 5 puntos.
2º Mejora en el número de espectáculos taurinos a celebrar: de 0 a 3 puntos.
3º Mejora en el tipo de licitación: de 0 a 3 puntos.
4º Reducción de los precios máximos de las localidades: de 0 a 5 puntos.
5º Reducción del precio de los abonos: hasta 2 puntos.
6º Apoyo, ayuda y promoción a la Escuela Taurina: hasta 5 puntos.
7º Otras mejoras (divulgación cultural, promoción de la Fiesta, celebración de espectáculos no taurinos, etc.): de 0 a 5 puntos.

De este modo, la experiencia suponía un 17’85% de la valoración (5/28) y los aspectos económicos (apartados 3º, 4º y 5º), un 35’7% (10/28). Es decir, un 53’55% de la adjudicación se basaba en combinación de experiencia y aspectos económicos. La calidad de los festejos, de la programación o de su difusión no tenía una valoración específica. Sólo se premiaba la cantidad (apartado 2º) y el resto de las cuestiones podían incluirse como mejoras con cualesquiera otros aspectos taurinos o no (apartado 7º).

Aparentemente, el Pliego de 2011 mejora algo las cosas. Se trata también de una adjudicación por un plazo de cinco años, con tres posibles prórrogas anuales sucesivas. El canon se rebaja hasta los 200.000 euros/año (es decir, un 20%), pero es también susceptible de mejora. Se aumenta la obligación de programar festejos, añadiendo una corrida de toros más. Pero las fechas en las que debe haber toros también se incrementan, por lo que los festejos no pueden concentrarse en la Feria de Agosto (otra cosa será si pueden incluirse o no en los abonos). Si antes era obligatoria la celebración de 1 corrida de toros en Semana Santa y 11 en la Feria de agosto, ahora son 2 en Semana Santa (Sábado Santo y Domingo de Resurrección), el domingo más próximo al 18 de junio, Feria de agosto (con al menos 9 corrida de toros, incluida la de rejones, y una novillada con picadores) y el fin de semana más próximo al 8 de septiembre (con al menos uno de los triunfadores de la Feria de Málaga de ese año).

Si antes había que ceder a la Escuela Taurina 20 erales y 40 vacas, ahora son 30 y 60.

La reserva de entradas a la Diputación disminuye ligeramente, pero no deja de impresionar: 2 burladeros de callejón, palco de tendido 1 de primer piso, los cuatro palcos del tendido 8, 30 localidades de tendido 1 bajo, 110 localidades de primer piso de sombra, todas las localidades numeradas de primer piso de sombra de los tendidos 7 y 8 y las restantes del tendido 1 hasta completar las 450 localidades que no estén incluidas en los 4 palcos existentes que queden libres, localidades para los componentes de la Escuela Taurina,…

Los criterios de adjudicación sí sufren una modificación realmente sustancial. Ahora se dividen en dos tipos, los que dependen de un juicio de valor y los automáticos. (Diferencia que incide en el “sobre” en el que deben incluirse en la propuesta, para ajustar el orden en que deben abrirse y valorarse cada uno de ellos).

A) Dependen de un juicio de valor
1º Desarrollo de la programación taurina con compromiso de contratar a matadores de especial interés: de 0 a 4 puntos.
2º Implicación en el programa “los toros, en las escuelas”: de 0 a 3 puntos.
3º Comunicación y publicidad: de 0 a 2 puntos.
4º Cualquier otra mejora: de 0 a 2 puntos.

B) Automáticos
1º Apoyo a la Escuela Taurina: hasta 2 puntos.
2º Donación de piezas al Museo Antonio Ordóñez o al Centro Provincial de Estudios Taurinos (en función de su valoración económica): de 0 a 3 puntos.
3º Desarrollo de una programación cultural estable (en función de su valoración económica): de 0 a 3 puntos.
4º Experiencia: de 0 a 5 puntos.
5º Mejora en la calidad o número de espectáculos: de 0 a 3 puntos.
6º Incremento en el canon: de 0 a 4 puntos.
7º Reducción de precios: de 0 a 2.
8º Reducción del precio de los abonos: de 0 a 3.
9º Fomento de la fiesta entre los jóvenes con visitas a ganaderías: de 0 a 2.
10º Número de espectáculos no taurinos: hasta 3 puntos.
11º Compromiso de contratación de ganaderos que hayan lidiado en plazas de primera: de 0 a 4 puntos.

Como puede apreciarse, en estos criterios de selección sí hay una apuesta específica por los aspectos culturales o por la promoción de la Fiesta. Pero de un modo tan difuminado y tan peculiar que difícilmente puede considerarse que sean los elementos determinantes.

En primer término, porque el conjunto de la experiencia y los aspectos económicos, sin tener el peso que tenían en el anterior Pliego, siguen siendo muy importantes.

Respecto a la experiencia, lo que hace este Pliego es, cuando menos, peculiar. Entre los criterios de solvencia técnica, es decir, entre los requisitos para poderse presentar al concurso, se exige “Acreditación de ser haber sido titulares o concesionarios en España de una Plaza de Toros de Primera o Segunda Categoría, sin tacha en la gestión durante un período mínimo de un año”. Y luego, entre los elementos objeto de valoración (“y al objeto de asegurar la mejor gestión del presente servicio público”, se dice), se valora entre 0 y 5 puntos (respecto a un total de 45) la actividad al frente de plazas de toros (1 punto por cada dos años o fracción en plazas de primera y 0,2 puntos en plazas de segunda).

Lo primero que hay que decir, como ya hemos señalado otras veces, es que esta valoración de la experiencia no es legal. Y así lo han declarado tanto la Junta Consultiva de Contratación como diversos Tribunales.

Pero más allá de eso, lo que resulta inaudito es que, con la complejidad que hemos indicado que tiene la Plaza de Málaga por sus peculiaridades, y con la complejidad añadida de tener que dar festejos en fecha en las que hasta ahora no los había, baste con haber sido titular o explotador un año de una plaza de primera o de segunda para presentarse al concurso. Da igual cuándo se haya hecho la explotación. Da igual cuántos festejos se hayan organizado (hay plazas de segunda que no dan más de dos o tres festejos al año…). ¿Sería razonable que alguien que hace veinte años hubiera organizado tres festejos en una plaza de segunda pudiera presentarse…? ¿No es más lógico que la experiencia que se exigiera como requisito de solvencia técnica fuera mayor, pero que no se valorara luego el tener un poquito más o menos de experiencia?

El asunto de la experiencia en los contratos de gestión de las plazas de toros es algo que tiene que enfocarse con mayor seriedad. Lo de este concurso no tiene sentido alguno.

En el apartado económico, el planteamiento que se ha hecho también invita a hacer algunas reflexiones. En primer término, si bien ha habido una rebaja en el canon, parece que difícilmente puede compensar las mayores exigencias que impone el Pliego. Pero, además, hay varios apartados (B 2º, 6º, 7º y 8º) en los que el asunto económico es valorado. En conjunto, 12 puntos de 45. Incluyo aquí el asunto de las donaciones al Museo, porque en el fondo tanto da decir que se valora la donación al Museo que comprometerse (la Diputación) a reinvertir parte del canon en el Museo. En el fondo, no es una promoción cultural directa, sino pedir más dinero al concesionario.

Así, difícilmente saldrán las cuentas. Lo más probable es que se siga recortando en toros y toreros. Y será la Fiesta la que sufrirá. Además, seguir dando una importancia tan relevante a los aspectos económicos (un 26’6%) supone premiar la entrada de profesionales ajenos al sector, o poco serios dentro del mismo, que hagan ofertas muy agresivas en lo económico que redundarán en una rebaja de la calidad del espectáculo. Uno puede ofrecer mejor canon, más donación al museo, menos precio de las entradas y de los abonos,… y a ver qué toreros contrata luego y qué ganadería (o, dentro de la misma ganadería, a ver si contrata de lo caro o de lo barato).

Experiencia y aspectos económicos suponen un 37’7% de la valoración. Es menos que el 53’55% del Pliego anterior, pero es un porcentaje que creo que no puede llevar a afirmar que es el modelo de Pliego para una actividad cultural. Desde luego, en ninguna otra actividad cultural los criterios para su gestión serían parecidos a esto.

En cuanto a la programación, el planteamiento de la temporada, lo que es el verdadero meollo de una contratación de este tipo, sólo hay un aspecto de valoración que es el A-1º. Y sólo supone 4 de los 45 puntos posibles. Esos cuatro puntos son los mismos que se utilizan para valorar la contratación de ganaderías que hayan lidiado en plazas de primera (B-11º). Pero teniendo en cuenta la de ganaderías que lidian al año en Madrid, y el escaso juego general, no sé si ese es un verdadero criterio de calidad. El apartado B-5º valora con hasta 3 puntos la “mejora en la calidad o número de los espectáculos taurinos a celebrar”. Conforme al Pliego, lo que de verdad se premia es dar más espectáculos. Nada sobre su posible calidad.

Algo parecido sucede en relación con los aspectos relativos a la difusión de la Fiesta y a su dimensión cultural. Se valora con dos puntos la comunicación y publicidad (A-3º), con otros dos las mejoras (A-4º) y con hasta 3 la existencia de una programación cultural estable (B-3º) (valorando en este caso, exclusivamente, el importe que se destine, no la calidad de la propuesta). Por tanto, la imaginación y posibles nuevas ideas sólo se valoran con un máximo de cuatro puntos (lo mismo, por ejemplo, que la mejora del canon). Y la insistencia en que haya una programación cultural sólo se valora en función de su cuantía y con independencia de su originalidad, eficacia o buen hacer.

Más curiosos son otros criterios, como la colaboración en el programa “los toros, en las escuelas” (A-2º, hasta 3 puntos) (conferencias, proyecciones audiovisuales, visitas a ganaderías o a plazas de toros, etc.) o el fomento de la fiesta entre menores de 28 años abonados a La Malagueta, con visitas a ganaderías (B-9º) que otorga hasta dos puntos, asignándose 0’5 puntos por cada ganadería. En cuanto a lo de las escuelas, es evidente que el fomento de la afición entre los más jóvenes es importante. Pero que eso se tenga que concretar en un programa concreto y para chavales de una edad específica, es más que discutible. Lo de los “jóvenes” es más peculiar aún, porque se limita la juventud a los 28 años, se circunscribe a los abonados de La Malagueta (en vez de tratar de que la difusión alcance a nuevos jóvenes) y sólo se premia la supuesta promoción a través de visitas a ganaderías, excluyendo cualquier otro medio. Siendo así, y alcanzándose la puntuación máxima con la organización de cuatro visitas a ganaderías, lo mejor hubiera sido incluir estas cuatro visitas entre las obligaciones de los licitadores y quitarlo como criterio de selección.

Por último, se da cierta puntuación a la organización de otros espectáculos (B-10º) y el fomento a la Escuela Taurina (B-1º).

En definitiva, se trata de un Pliego donde el enfoque de la experiencia no sólo se aparta de criterios legales, sino que, además, tiene un planteamiento bastante poco afortunado. Donde los aspectos económicos siguen teniendo un peso muy importante, cuando las peculiaridades de esta plaza hubieran requerido en este apartado una menor exigencia a los futuros gestores. Donde la valoración de actuaciones realmente creativas en materia de contratación taurina y promoción cultural de la Fiesta es muy escasa. Y donde hay multitud de pequeños aspectos en los que se utiliza al empresario como proveedor de recursos de actuaciones totalmente dirigidas desde la Diputación.

Los criterios de selección deberían permitir premiar la oferta más imaginativa. Y para eso resulta imprescindible un menor dirigismo y una mayor valoración de los aspectos en los que el empresario muestra su creatividad. Plantear como criterios de selección incrementos en la cantidad de las obligaciones que ya establece el Pliego (* puntos por cada festejo más que se programe, * por cada aportación a *, * por cada visita a una ganadería,…) es una trampa. Porque así no se selecciona una oferta más imaginativa, sino a quien da, de lo mismo, un poco más. Haciéndolo, muy probablemente, a costa de la calidad de los festejos. Por el enorme coste que todo ello implica.

No, este no es, no puede ser, el modelo de Pliego después del traspaso al Ministerio de Cultura. Y, si lo es, estamos listos.

sábado, 8 de octubre de 2011

Padilla, San Miguel y Otoño

Vamos con retraso y hay que aprovechar los fines de semana para tratar de ponerse al día. Hoy tenía previsto comentar las ferias de San Miguel y Otoño, y a ello iremos en breve, pero las primeras palabras quiero que sean de ánimo para Juan José Padilla, para su familia y para los suyos. Padilla es un torero que lucha en la parte más dura de la Fiesta, en la de las corridas más broncas y las ganaderías más inciertas. Pero lo hace mostrando siempre un lado amable, un sentido lúdico que es encomiable. Un torero con enorme afición que ha dejado gestos impagables, como cuando el año pasado, al encerrarse en solitario con seis toros en Sanlúcar de Barrameda, toreó en una silla y con una muleta blanca, reivindicando los orígenes del toreo. O como cuando se encaró con los del siete en Las Ventas, algo que algunos no le perdonarán nunca, pero que es un gesto tan torero como cualquier otro y que debería repetirse mucho más con seres que tienen en la plaza comportamientos tan poco edificantes.

Ayer, Padilla sufrió una cogida espeluznante. Parece que a estas horas no se teme por su vida, pero que hay secuelas que tardarán en curar (esperemos que pueda recuperar la visión del ojo izquierdo). Un hombre que sale destrozado de una cornada como esa gritando “no veo” y clamando por sus hijos es un personaje que merece toda nuestra admiración. Son estas cornadas, y no la muerte de los toros, lo que puede hacer cuestionarnos la tauromaquia. Este es el verdadero debate ético. Y no el que proponen esos supuestos animalistas que ayer se burlaban de la cogida en internet. Que sujetos como esos quieran dar lecciones de moral es algo inadmisible. Su perversión es tan abyecta que debería ser objeto no sólo de tratamiento psiquiátrico, sino de condena jurídica. Y que sean las supuestas bondades filosóficas de sus propuestas las que tengan refrendo legislativo en sitios como Cataluña convierte en un esperpento la prohibición y en marionetas de lo absurdo a los políticos que han seguido sus consignas.

Nuevamente, todo mi ánimo para Padilla y para los suyos. Esperemos una pronta recuperación. Primero en lo físico. Luego, con los suyos. Y más tarde, cuando quiera, en los ruedos.

El repaso de San Miguel y de la Feria de Otoño parece ahora, no sólo lejano, sino casi prescindible. Pero dejemos unas pinceladas.

En Sevilla vimos las corridas del viernes, sábado y domingo. El viernes, Fandiño, Mora y Esaú se las vieron con un encierro de Pereda malo, descastado y sin gracia. Para colmo, el viento (compañero habitual en Las Ventas, pero no en La Maestranza) nos hizo compañía para complicar la tarde. Fandiño demostró su valor, su buen momento y dejó el mejor toreo con la muleta en el cuarto de la tarde. Nos permitió recordar, además, su particular concepción del toreo que consiste en dejar siempre la muleta muy adelantada. Algo que repitió en su tarde de Madrid. David Mora dejó momentos de toreo mágico con el capote; es el que mejor corte torero tiene de los tres, y lo demostró lo que le dejaron los toros y el viento. Esaú quiso demostrar sus ganas yéndose a porta gayola en sus dos toros, pero, una vez en pie, no dejó nada reseñable. Si quiere seguir en esto tiene que mejorar mucho.

La corrida del sábado, de Torrealta, no acabó de romper, pero dejó pasajes de interés. El Cid, al primero, el mejor toro de la tarde, lo toreó con solvencia, pero más acompañando al toro que embraguetándose con él. Era un toro con el que creemos que podría haber dado más de sí. Hubo momentos buenos, pero sin romper como se merecía. Talavante no tuvo un buen lote, pero aun así dejó un toreo templado y hondo excepcional. La faena al sexto tuvo momentos de mucha expresión, con un Talavante al que se vio muy tranquilo y poderoso. Castella estuvo discreto, ni bien ni mal, pero no hubo nada relevante de lo que acordarse.

Lo del domingo fue prodigioso en los dos primeros toros y luego se acabó. La faena de Curro Díaz fue tan inverosímil que cuando los mulilleros estaban arrastrando al toro la gente seguía preguntándose qué había sido aquello. Y aquello fue un toreo hondo, cadencioso, personalísimo, de pases con la muleta casi muerta que crearon una magnífica obra de arte efímera. La grandeza de toreros como Curro Díaz es que uno sabe que una faena así la ve sólo una vez. Que podrá verle torear muy bien otras tardes; pero que cada una será radicalmente distinta. ¡Qué pena que este torero haya tenido tan poco sitio este año y que haya desplegado tan poco este toreo con sabor! El Juli con el segundo estuvo soberbio. Lección de poder a un toro nada fácil al que dominó con una sabiduría y un saber estar memorables, para acabar toreando, además, con temple y hondura en un par de series cuando, al final, lo había dominado. Una pena que fallara con la espada. A partir de ahí, lo más reseñable, además de que los toreros lo siguieron intentando, fue la colosal obra, una vez más, de la cuadrilla de Manzanares, que dan una lección de lidia en cada toro. Manzanares, a pesar de su disposición, no tuvo en ninguno de sus oponentes un adversario con el que se pudiera hacer el toreo grande.

Lo del fin de semana pasado en Madrid es más fácil de resumir. En la corrida del viernes, los toros del Puerto de San Lorenzo salieron malos malísimos y flojos flojísimos, sin casta ni gracia alguna, salvo el cuarto que le correspondió… al Cid. (Por cierto, que si el de Salteras monta una peña para jugar a la Primitiva, invierto lo que haga falta: vaya suerte que tiene con los papelitos). El Cid citó al toro desde los medios al natural en el comienzo de la faena y tuvo momentos de gran toreo. Es un torero honesto, que deja al público ver a los toros y que pone todo su empeño en cada trasteo. En este hubo momentos importantes, pero tal vez sin la rotundidad que nos hubiera gustado. Falló con la espada y no hubo triunfo.

El sábado, lo de Gavira salió conforme a lo esperado. Es decir, malo malísimo. Sin embestir ni una sola vez. Así, las ilusiones y el buen hacer de Fandiño y Mora, y las ganas de la afición de verlos, se estrellaron contra un muro de falta de casta. Esto no era la oportunidad de rematar en Madrid la temporada en la que han destacado como los dos mejores toreros de los que van a la caza de las figuras. Esto es una encerrona. Deberían repetirlos, mano a mano, en el comienzo de San Isidro de 2012. Pero con una corrida de garantías. ¿Por qué se eligió lo de Gavira? ¿Qué había de nuevo para suponer que no iba a salir como aquella infausta de Sevilla de hace dos años contra la que se estrellaron Morante y Talavante? ¿O es que era la más barata de las que había en el campo?

Y lo de Adolfo, el domingo, infumable. Cornalones para dar miedo. Pero dentro, nada. Un despropósito de corrida. No puedo entender a los que han dicho en comentarios varios que prefieren mil veces una corrida de esta a cualquiera del encaste Domecq. Que hagan, por favor, una plaza y una feria sólo para ellos. Si hay algún torero que quiere torear para quien tiene esta visión de la “fiesta”. Los toros tienen que embestir. Lo que viene siendo seguir la muleta. Con más o menos peligro. Y exigiendo una técnica depurada o una mayor facilidad. Pero lo de Adolfo no metió la cara para seguir los engaños ni una sola vez. Y así no se puede. No hay tauromaquia posible.

… Y volvemos al recuerdo a Padilla. ¡Ánimo, maestro!

sábado, 1 de octubre de 2011

Encuentros Internacionales de Derecho Taurino - Tercer Tercio (Sevilla)

Del viernes al domingo se celebró en Sevilla, coincidiendo con la Feria de San Miguel, el Tercer Tercio de los Encuentros Internacionales de Derecho Taurino. Después de Nimes (Feria de la Vendimia de 2009) y Madrid (San Isidro 2010), el Colegio de Abogados de Sevilla organizó unas jornadas de una calidad deslumbrante, con ponencias de alto calado sobre cuestiones como la declaración de la tauromaquia en Francia como parte del patrimonio cultural, las bases jurídicas para su declaración por la UNESCO, el régimen laboral de los toreros (con menciones a la regulación en Francia y en España), aspectos relativos a la protección de la intimidad personal vinculados con las cogidas de los toreros, reflexiones sobre la existencia o no aspectos penales en la puesta en riesgo de los menores que actúan en eventos taurinos, la inversión de valores del mundo contemporáneo en relación con la tauromaquia (paradojas que resultan de la puesta en cuestión de la protección de la vida humana en ciertas circunstancias y la protección de los animales), reflexiones sobre los requisitos legales para el acceso de los novilleros a la condición de matador, etc.

La calidad de los ponentes y de sus exposiciones fue incuestionable. De hecho, si de algo puede haber queja es del escaso tiempo del que dispusieron muchos de ellos para sus disertaciones.

Junto al programa “científico”, el lúdico nos condujo a la finca de la familia Bohórquez-Domecq donde asistimos a un tentadero, con momentos brillantes de toreo a pie de Litri, Manuel Macías, Luis Enrique García Labajo y Emmanuel Durand, otros a caballo de Fermín Bohórquez, y una emotiva salida al ruedo, primero con el caballo y luego con el capote, con el que dio un par de lances, de D. Fermín Bohórquez Escribano.

Hubo también tiempo para visualizar un reportaje sobre Belmonte de Joaquín Herrera del Rey, para admirar en la sede del Colegio de Abogados la gran exposición de la Obra Taurina de Rafael González Romero y para presentar el Instituto Internacional de Derecho Taurino, que esperemos pronto eche a andar con actividades de repercusión pública.

Entre los asistentes al Encuentro, los decanos de los Colegios de Abogados de Nimes, Dax, Burdeos, Sevilla y Madrid.

Resulta absolutamente desalentador, sin embargo, que nada de esto haya tenido reflejo en los medios de información taurinos. Uno tiene la sensación de que los periodistas (no sólo los taurinos, pero estos, tal vez más) se limitan a ir a las corridas a contarlas y, para lo demás, esperan a que los empresarios, ganaderos, toreros o apoderados les llamen y les cuenten cosas. O que los que “generan” alguna noticia les envíen la correspondiente “nota de prensa”. Nada de buscar la noticia, de intentar indagar lo que sucede fuera del ámbito estricto de los taurinos, de elaborar noticias de investigación con rigor. (Con alguna notable excepción, como el soberbio trabajo de Juanma Lamet, cuya lectura recomiendo a todos. Sólo él, con esta presentación, ha hecho un trabajo más serio y riguroso que el resto de los periodistas taurinos en lo que va de año). (Se salva también, en este sentido, Taurologia, que proporciona interesantes documentos para la reflexión, y, en alguna medida, Cuadernos de Tauromaquia y Tierras Taurinas, que marcan un camino nuevo y menos casposo de acercamiento a la Tauromaquia).

Tal vez es que un Encuentro sobre Derecho Taurino sólo nos parezca relevante a los del gremio del Derecho. Pero cuando la Tauromaquia está sufriendo las agresiones a las que está siendo sometida, creo que unas jornadas para reflexionar sobre las armas que el derecho da para proteger a la tauromaquia no es algo prescindible, ni que carezca de relevancia para darlo a conocer. Menos aun si a él asisten los decanos de los cinco colegios de abogados citados. Y Catedráticos de Universidad. Y el “Premier Avocat Général” de la Corte de Casación de París (algo así como el Fiscal del Tribunal Supremo de Francia). Y abogados, notarios, profesores de universidad,…

Resulta frustrante, además, ver cómo la representación de juristas franceses asistentes a los Encuentros fue tan abrumadoramente superior a la española. Y cuando uno habla con ellos y comprueba las actividades que realizan todo el año, desde encuentros y tertulias hasta ejercitarse en el toreo como aficionados prácticos muchísimos de ellos, siente una cierta envidia.

El próximo año los encuentros serán en Dax, la segunda semana de septiembre, coincidiendo con su feria de Toros y Salsa. Esperemos que entonces algún periodista lo anote en su agenda. Y que también lo tenga en cuenta alguno de los cientos de miles de juristas a los que les gustan los toros en España. No tanto porque el que haya más o menos asistentes le dé o quite valor a los Encuentros, sino porque demostraría un interés por la Fiesta que rebasa en mucho a lo folclórico. Y ese interés, esa otra perspectiva, más culta y más cabal, es lo único que garantiza su continuidad y su pureza.