sábado, 6 de julio de 2019

Juventud, gin y toros

En la última feria de San Isidro ha resultado llamativa la importante presencia de jóvenes en las gradas. Se advirtió en los primeros días y se fue manteniendo e incluso creciendo según avanzaba la feria.

Hace unos pocos días, cenando con unos amigos y varios conocidos suyos, salió el tema de los toros, San Isidro, Roca Rey, Pablo Aguado, las cornadas,... y hubo dos o tres matrimonios con hijos adolescentes que comentaron que este año esos chavales habían ido por primera vez a los toros en San Isidro y que habían ido en grupo con sus amigos. Los niños no venían de familias en las que hubiera afición (tampoco contrarias a los toros), y ellos tampoco habían mostrado ningún interés hacia la tauromaquia hasta esta feria. Parece que estos jóvenes iban a la feria porque se había puesto de moda en ciertos grupos el plan de después (el de las terrazas de la plaza, la música en directo, la gente que se juntaba,..) y consideraban que lo propio era poder ir desde antes, a ver la corrida y luego a todo lo que se terciara.

He venido dando vueltas desde entonces a este fenómeno y a cómo puede afectar a la evolución de la afición en Madrid y a la propia defensa de la tauromaquia y reconozco que tengo sensaciones contrapuestas. Por un lado, los aficionados tenemos claro que la tauromaquia es algo muy serio como para que sea la excusa o el aperitivo de unas copas o una noche de ligoteo; que se puede dar, sí, pero que lo que sucede en el ruedo sea lo menos relevante, no. Además, somos conscientes de que en todos los sitios en los que se ha menospreciado lo que sucede en el ruedo y se ha primado lo accesorio (para dar gusto, por ejemplo, a los turistas), la afición ha huido de la plaza y la fiesta ha acabado desapareciendo (Barcelona, Benidorm, Palma o Marbella son buenos ejemplos).

Pero, a la vez, es evidente que la presencia de muchos jóvenes nuevos en la plaza más importante del mundo es una riqueza que no puede desaprovecharse. Y que la razón por la que cada uno acuda las primeras veces a una plaza es muy variada. Algunos llegamos porque era una parte esencial de las fiestas en nuestra ciudad, otros fueron después de admirar al toro en el campo, otros porque estaba de moda o era el lugar donde ver y ser vistos,... No es tan importante por qué se llega sino si después es posible reconducir al espectador ocasional en alguien (si no aficionado) al menos interesado, que vaya conociendo y apreciando más la fiesta y toda su variedad y grandeza.

Que la empresa Plaza 1 haya conseguido atraer a esos jóvenes es una victoria. Y aunque no sé cómo se ha logrado ese fenómeno entiendo que no es algo casual, que probablemente se estén tocando resortes de comunicación formal o informal muy diferentes a los de la tradicional publicidad taurina. Y que quizá lo que se hayan destacado no son los carteles de toros y toreros sino la experiencia de una noche en Las Ventas.

Ahora toca "taurinizar" a esos jóvenes. Hace unos pocos días, Paco Aguado en Cuadernos de Tauromaquia volvía a insistir en la importancia de que los jóvenes vieran la tauromaquia con normalidad y recordaba cómo en nuestra juventud eso lo daban las retransmisiones de televisión (sobre todo de TVE, pero luego también las "privadas") en abiertos. Retransmisiones en televisión por las que hay que seguir apostando como elemento esencial de la presencia social del toreo.

Pero ahora las formas de comunicación con los más jóvenes (que ven cada vez en menor medida la televisión y, desde luego, la televisión convencional) son mucho más variadas. Sería imperdonable que si se ha logrado llegar a los jóvenes y acercarlos a la plaza no seamos capaces de transmitirles los valores, la tradición y la cultura taurina.

lunes, 24 de junio de 2019

Reflexiones sobre José Tomás en Granada

Después de algo más de cuarenta y ocho horas del último advenimiento de José Tomás, en Granada y en torno a la festividad del Corpus; superado el azote de los sentimientos; valorado el análisis de los expertos en los periódicos y los comentarios de unos y otros, con más y menos criterio, en Twitter; creo que no está de más hacer alguna reflexión sobre lo que allí sucedió. No sobre cada una de las faenas, sino en lo que antecede y trasciende a estas.
Para mí, hay cinco elementos que destacan sobre los demás a la hora de explicar por qué José Tomás, en la plaza, conecta de un modo especial con el público: la liturgia, la selección de los toros, la lidia, el toreo como expresión interior y la búsqueda de la pureza. Vayamos brevemente sobre cada uno de ellos.
Desde que apareció para hacer el paseíllo hasta que lo auparon en hombros (sobre la salida, los empujones, el que le arrancó la hombrera,… ya no había control) José Tomás estuvo e hizo todo con un sentido extremo de la liturgia. Su semblante serio y atento, la ausencia de cualquier intercambio de palabras en el callejón (nadie osó acercársele en ningún momento), el modo de andar, de acercarse al toro, de coger los trastos,… Todo era de una seriedad imponente. Y cualquier obra que pretenda trascender tiene que partir necesariamente de esto, de un respeto absoluto a la liturgia. Y José Tomás lo tiene. Hoy son habitual los chascarrillos en la barrera, los comentarios, las risas,… y los toreros que participan en todo ello. Igual que andan de cualquier modo por la plaza. Lo de Granada fue una escenificación perfecta de que una corrida de toros, sobre todo para los que se visten de luces, no es un pasatiempos. Que exige una concentración, un rigor y un respeto absoluto a lo que supone. Hacerlo así, además, llega al tendido. Porque en cualquier momento que se mira al torero, esté o no toreando, uno aprecia que está absolutamente absorto en lo que está haciendo, que es el requisito imprescindible para que los demás también entremos en el rito.
El segundo elemento es la selección de los toros. Ninguno fue excepcional, pero todos embistieron. Y su presencia estuvo un punto por encima de la habitual en la plaza. Quizá nadie, ni los ganaderos, sepan lo que realmente tienen. Pero uno tiende a pensar que cuando uno se esmera en elegir con precisión los toros es más probable que embistan. La diferencia con los de Matilla del día anterior era palpable, en presentación y en fuerza. Este año estamos viendo embestir a muchos toros en muchas plazas, pero hay ganaderías que están en mejor momento que otras y dentro de cada ganadería no todos los toros tienen las mismas posibilidades de embestir. Tomarse en serio los toros que uno va a lidiar es imprescindible. Seguro que con alguno uno puede equivocarse, pero las posibilidades de acertar son mayores.
Quizá el aspecto que más me llamó la atención el sábado fue la perfección de la lidia de los cuatro toros. No se les dio un capotazo de más. Los puyazos fueron todos en su sitio y medidos. Todos los lidiadores estaban en su sitio. Los banderilleros lo hicieron bastante bien, salvo algún par que se clavó muy bajo, aguantando incluso estoicamente alguna colada inoportuna. Conseguir esto para un matador que no tiene una cuadrilla con la torea de forma continuada sólo se explica porque la autoexigencia del matador es capaz también de trasladarla a todos los que hacen el paseíllo con él. Nuevamente, la comparación con el día anterior, en el que Fandi hacía flexiones en el ruedo o Juli daba capotazos al aire mientras se lidiaban los toros de otros compañeros, era inevitable.
A la salida, tuve la inmensa suerte de charlar un momento con el gran filósofo y extraordinario aficionado Víctor Gómez Pin y me dio la clave esencial sobre la evolución del toreo de José Tomás: el toreo, decía, es un arte espiritual, y José Tomás está en su mejor momento, es cuando más ha ahondado en él mismo y cuando, en consecuencia, mejor torea. Desde lo más profundo, desde donde más tiene que decir.
Y muy ligado a lo anterior, creo que José Tomás busca cada vez con mayor ahínco la pureza en su toreo. Sin duda agradece los triunfos y los trofeos, pero no hace sus faenas buscando por esa vía los triunfos (como, nuevamente, alguno hizo el día anterior). Su propósito es que las verónicas sean cada vez más templadas, que en los delantales pueda, sin moverse tras el primer lance, traerse nuevamente ligado en completa cercanía al toro, que pueda construir un quite variado y perfecto como fue el que le hizo al sexto toro. Busca la pureza en un toreo cada vez más variado con capote y muleta. No hubo atisbos del “ay” de otras veces y sí muchos olés. Las cosas fueron saliendo cada vez un poco mejor, pero es que resulta asombroso que sin haber toreado en público desde hacía más de un año no le tocaran apenas los trastos los toros. Es en esa mezcla de un toreo cada vez más espiritual y más puro desde donde llega completamente al corazón de todos los que estábamos en la plaza.
¿Y no hay objeciones que poner? podría preguntar alguno. Por supuesto, pero uno no va a la plaza a buscar pegas, lo cual no quiere decir que todo le dé igual o le parezca bien, sino que trata de ir a la plaza con el espíritu dispuesto a tratar de emocionarse.
Aun así, debo decir que me resultó muy raro lo del rejoneador. La propia liturgia del toreo a pie se veía de algún modo socavada por una manifestación de la tauromaquia muy diferente y que no se compagina del todo bien con los resortes del sentimiento del toreo a pie. Además, salvo en tardes en las que encerrarse con seis toros (Nimes es el gran ejemplo), José Tomás adquiere una dimensión aun más grande toreando con otros compañeros a pie, porque además de expresar su toreo hace que los demás matadores saquen lo mejor de su tauromaquia, vayan hasta esos límites a los que su medido compromiso no suele obligar a acercarse.
El resto son ya cuestiones ajenas (si debe torear más o menos, en esta o en aquella plaza) o muy de matiz (si no hubo ninguna faena perfecta, porque tampoco ningún toro lo fue; si alguna de las fases podrían haberse alargado algo más;…).
Al fin, queda una tarde inmensa y momentos de toreo únicos. Un ambiente excepcional. Y una senda de compromiso con el toreo, con el modo de estar en la plaza, que desafortunadamente no ha habido ningún toreo que haya querido (o podido) recoger.


jueves, 16 de mayo de 2019

¿Exigencia o triunfalismo?

Después de la discutida Puerta del Príncipe del Juli en Sevilla pude participar en algunos debates sobre la conveniencia de la exigencia o de un cierto triunfalismo para una mayor presencia de la tauromaquia en la sociedad, que ha vuelto a poner de actualidad la protestada Puerta Grande de Perera en Madrid.

Para algunos aficionados es imprescindible que las plazas más importantes, y sobre todo Madrid y Sevilla, sigan manteniendo un nivel alto de exigencia en la concesión de los trofeos. Deben servir de guía para tanto público de aluvión y seguir valorando con un triunfo rotundo (una Puerta del Príncipe o una Puerta Grande en Madrid) sólo tardes memorables, de toreo puro, con estocadas en lo alto, en las que el torero haya estado al menos a la altura del toro, con lidias completas,... La pervivencia de la tauromaquia, a su juicio, requiere indagar en su pureza y en sus valores, en el mejor toreo, y premiar faenas que "calientan" al público pero a las que falta rotundidad, ajuste, clasicismo,... es invitar a los toreros a caminar por sendas de toreo superficial. Si al final todo sirve para triunfar, ¿por qué hacerlo del modo más exigente?

Otros aficionados, sin embargo, también desde su honestidad y su preocupación por la presencia de la tauromaquia en la sociedad, consideran que aunque se relaje algo la exigencia, en tiempos como estos vienen muy bien triunfos sonados. Son conscientes de que no todas las formas de torear son igual de hondas y puras. Pero creen que cuando la mayoría de quienes acuden a las plazas de toros son espectadores ocasionales un triunfo les anima a volver más que una tarde con las mismas faenas que no sean recompensadas con tantos trofeos. Alguien que es relativamente ajeno a la tauromaquia preferirá cuando vuelva a la feria, a su casa o a su lugar de trabajo decir que él ha visto salir a Juli por la Puerta del Príncipe o a Perera por la Puerta Grande de Madrid que decir que ha visto torear bien pero han cortado una oreja. Si la faena va acompañada de un triunfo animará a otros a ir otros días u otros años. Divertirse es también asistir al triunfo, ser parte de algo que luego sale en la portada de los periódicos o los telediarios y poder contarlo.

Ambas posiciones, me consta, están formuladas desde la buena fe de unos y otros. Y reconozco que no acabo de tener una posición muy formada al respecto. Tiendo a creer que es importante que haya quien siga marcando un cierto límite entre el toreo hondo y el vulgar, entre las faenas rotundas y las mediocres,... Pero si hay que equivocarse en alguna dirección prefiero que sea en favor de los toreros y no de la cicatería.

En todo caso, lo que no me parece de recibo es asistir a lo que ayer vivimos con Perera, cuando un sector absolutamente minoritario le abucheó con más virulencia que si se hubiera dejado un toro vivo. Perera ayer lució un toro, dio algunas series muy importantes, y luego podrá discutirse si sacó todo lo que el toro tenía o si podía haber sacado más y no acabó de redondear la faena. Pero si parte del público pide las dos orejas y se las dan, ¿no tiene derecho a salir por la Puerta Grande? Claro que podía haberse puesto un nivel de autoexigencia mayor, pero creo que superponer esa heroicidad a la de lidiar dos toros en Madrid tampoco es obligado. Y que el abucheo que sufrió por parte de unos pocos no es de recibo. Y menos aun que estos se tomen como una afrenta personal el que el torero saliera con gestos de agradecimiento al público. Porque, nos guste o no, hubo muchos que se alegraron de que triunfara.

lunes, 29 de abril de 2019

Del periplo de un abonado de Las Ventas que desea cambiar las localidades a las que está abonado y las dificultades que pone la empresa para seguir siendo abonado

Voy a tratar de resumir lo sucedido aunque sé que quedará más largo de lo que nos hemos acostumbrado a leer en estos tiempos.

Cuando salieron los carteles de San Isidro de este año (sorteo y "cocina" mediantes) era evidente que la empresa estaba haciendo unos carteles más baratos que de costumbre. También que la mayoría de ellos, si no todos, tenían algo de interés para los aficionados. Pero los aficionados son una minoría y sostener el porcentaje de abonos que exige Madrid sólo con aficionados es imposible. Teniendo en cuenta la tendencia de los últimos años, la posibilidad de conseguir entradas para cualquier día en taquilla y la ausencia de carteles "rematados" era previsible que el número de abonados descendiera significativamente.

Desde hace muchos años tenía dos abonos en Las Ventas. La primera vez que pude conseguirlos sólo los había de andanadas de sol. Bajé luego a tendido del 6 (lo único disponible). Y años más tarde, cuando empezó a haber abonos disponibles, en el 8 (para mí, el mejor tendido de Las Ventas por ubicación y por relación calidad/precio). Sólo había un problema: estaban en el 8 casi pegados al 7, con lo cual había sol muchos toros, sobre todo en junio, y uno tenía que soportar justo al lado las intempestivas voces de algunos habituales. Conclusión: de unos años a esta parte quería poder cambiar los abonos al 8, pero más cerca del 9, un lugar de la plaza en los que desde que tenemos memoria los que frisamos los 50 no se habían podido conseguir. De hecho, no había nada entre los abonos disponibles que salieron a la venta a la vez que comenzó el proceso de renovación de los abonos existentes.

Este año dudé si renovar el abono o esperar a las entradas sueltas y comprarlas así en las ubicaciones que fuera posible. Estaba yo en estas cavilaciones cuando recibí una llamada que, según me dijeron (y yo creí) era de la Plaza para renovar los abonos. Les conté mis cuitas y me dijeron que podía renovarlo y luego, cuando salieran los nuevos, podría cambiarlo con el pago o abono de la diferencia.

Por razones personales, Semana Santa y otras vicisitudes esperé a la última semana (la siguiente a Semana Santa) para tratar de renovar. Y resultó que esa semana ha hecho un frío y ha llovido en Madrid como no lo ha hecho en todo el invierno. Puse un mensaje en twitter para saber si había que desafiar a las incremencias meteorológicas para renovar y el amable community manager de Las Ventas me dijo que en un gélido y tormentoso día (el penúltimo) habían abierto la verja de la zona izquierda de la Puerta Grande para esperar. O sea, se esperaba al aire libre pero a cubierto (sólo mojaba la lluvia "horizontal") y las gestiones se hacían en medio de la tormenta. Mi ración de antibióticos por entonces no aconsejaba tal proeza. El último día por la tarde me acerqué (sólo hacía mucho frío, pero no llovía), no había nadie en la cola y le dije al amable empleado que me atendió que quería renovar, pero si podía luego cambiar la ubicación de los abonos. Y le expliqué mi conversación con la persona que me había llamado. Puso cara de extrañeza, me pidió que esperara un momento mientras hacía una consulta y volvió al momento diciéndome que si renovaba los abonos luego no podía cambiarlos (sacarme más abonos, sí). Respecto a la llamada, me dijo que era de un call-center (contratado por la empresa, supuse, pero tampoco era plan de alargar aquello). Le expliqué que entonces no renovaría y trataría de encontrar otros en el sitio que quería cuando el lunes salieran los nuevos abonos. Me insinuó que con el ritmo de renovación que habían tenido no iba a tener problema alguno.

Pensaba que no iba a saber nada más de los abonos hasta hoy, pero no fue así. El sábado a la taurina hora de las cinco de la tarde recibí una llamada de una amable señorita que me indicó que no había renovado mis abonos y que si era porque se me había olvidado, que me daban la oportunidad de hacerlo. Lo primero que le pregunté (era obvio) es si me llamaba de la Plaza o de un call-center. Me confirmó que desde las mismísimas taquillas de la monumental de Las Ventas. Y entonces le expliqué lo sucedido hasta entonces. La chica dijo entender mi malestar. Y le comenté que si ello no ponía en peligro su puesto de trabajo podía trasladarle mi queja los dueños de aquello, que me llamaran si querían y que se lo explica entonces con más detalles y más contundencia.

No tenía esperanzas de recibir más llamadas. Y no las he recibido. Por lo que esta mañana, afanoso, a la hora a la que decían que se ponían a la venta los nuevos abonos (10:00h.) estaba presto a ver si conseguía dos abonos en el 8 cerca del 9. Hasta las 10:15 no ha aparecido en internet el enlace para comprar abonos, pero era erróneo (pedía una credencial que no se exigía para ninguna otra compra en la web). Estaba empezando a dudar si es que querían reservar abonos para los que estuvieran en la cola de la plaza (como hicieron en Sevilla con las entradas del Domingo de Resurrección) o si era sólo un problema técnico. Cuando a las 10:43 he podido entrar y comprobar abonos disponibles he concluido que debía ser un problema técnico porque se pueden comprar abonos (incluso juntos) en cualquier zona de la plaza.

Al final tengo mis dos abonos aunque no he conseguido todavía poder imprimir las entradas (pero para eso tengo más de 15 días y espero que sea tiempo suficiente de arreglarlo). Pero la desazón por cómo se (des)cuida al abonado en la primera plaza del mundo es inmensa. Y el temor a que muchos días en San Isidro haya menos, mucho menos, de media entrada. Con los tiempos que vienen, una tragedia.

Lo dicho, quedó más extenso de lo deseable. Si alguien llegó hasta aquí, gracias por la atención.




martes, 8 de enero de 2019

La Ley de Protección Animal de La Rioja - Un atentado contra la civilización (y II)

Como indicaba en la anterior entrada, la Exposición de Motivos de la Ley 6/2018, de 26 de noviembre, de protección de los animales en la Comunidad de La Rioja es un auténtico disparate que asume como propio postulados de la ideología animalista más totalitaria que denigra a las personas al nivel de los animales, considerando que es la protección de estos (y no de los seres humanos) lo que hace que una sociedad sea justa y ética.

Con una fundamentación como esa, la regulación posterior no puede aventurar nada nuevo. No tiene sentido entrar en un análisis detallado de cada uno de sus preceptos, pero sí dar algunas indicaciones de su sinrazón.

Lo primero que debe apuntarse es su extensión. Es una ley extremadamente prolija y detallada, que entra a regular desde cuestiones muy generales hasta otras de completo detalle. Sólo un dato: tiene 68 artículos, muchísimos más de los que tienen, por poner un ejemplo, la Ley de Arrendamientos Urbanos (que regula todos los arrendamientos de viviendas y de locales de negocio en España) o la Ley de Propiedad Horizontal (que regula todas las comunidades de propietarios, salvo las de la Comunidad Autónoma catalana).

Además de Disposiciones Generales tiene casi tres páginas -formato BOE- de "Obligaciones y prohibiciones de los propietarios o poseedores", más de una de "Control de población de los animales", regula también el "Traslado, espectáculos, filmaciones y publicidad de los animales", la "Identificación de los animales", los "Centros de acogidas de animales", "Asociaciones de protección y defensa de los animales·, "Las colonias felinas urbanas", "De los animales de producción para el autoconsumo", la "Avicultura recreativa", "Fauna silvestre", "Especies protegidas", "Prevención de accidentes", "Inspección y vigilancia", "Tenencia, tráfico y comercio de animales", "Establecimientos para el mantenimiento de los animales de compañía", "Establecimientos de venta de animales y centros de cría de animales", "Agrupaciones zoológicas de animales de fauna salvaje", "Prevención de escapes" y un detallado y contundente régimen de Infracciones y sanciones.

Como fácilmente puede apreciarse, el cumplimiento de una ley tan extensa, que regula tantas materias y que incide de forma directa en el trato habitual que en muchos ámbitos se tiene con los animales sólo puede garantizarse si se destinan ingentes recursos públicos a inspeccionar su cumplimiento y a tramitar los correspondientes expedientes sancionadores. Y como el dinero público no es infinitito alguien deberá explicar de dónde van a detraerse recursos para financiar esta labor.

Después están las normas que inducen a la risa o al desencanto, según el momento. Sólo algunos ejemplos:

- El artículo 6.1 de la Ley dice que los propietarios o poseedores de los animales "tienen el derecho a disfrutar de los animales y el deber de protegerlos". Uno se pregunta si además de disfrutar pueden a veces no disfrutar tanto. Y si lo de protegerlos es algo absoluto o cede, por ejemplo, frente al cuidado de los abuelos o de los niños.

- El artículo 6.2 a) dice que el propietario, el poseedor y "todas aquellas personas que mantengan o disfruten de su compañía" deben "tratar a los animales conforme a su condición de seres sintientes (…), suministrarles un alimentación y bebida equilibrada y saludable para su normal desarrollo, proporcionarles instalaciones limpias, desinfectadas y desinsectadas". Sólo esto daría para un tratado. Lo de los seres "sintientes" engarza con los postulados filosóficos del animalismo más radical. Lo de la alimentación "y bebida" equilibrada y saludable cuesta trabajo entenderlo cuando esa obligación no existe (o no se cumple) respecto a la mayoría de las personas o de muchos de los padres con sus hijos. Y lo de las instalaciones limpias es paradójico cuando muchas veces los animales viven en los mismos espacios en los que seres humanos que son sus propietarios o poseedores; tendría guasa que esta ley sirviera para sancionar a quienes viven en condiciones no muy adecuadas, precisamente por su indigencia.

- También se obliga a los propietarios (art. 6.2 c) a proporcionar la posibilidad de realizar el ejercicio necesario, al menos dos paseos diarios. La ley no distingue y uno se pregunta qué sucede, por ejemplo, con las aves.

- También hay que "adoptar las medidas necesarias para evitar la reproducción incontrolada de los animales" (art. 6.2 h), en un claro atentado contra la propia esencia del animal.

- Según el artículo 6.2 k) hay que comunicar la muerte del animal en el plazo máximo de 7 días hábiles acompañando un certificado veterinario en el que consten las causas de la muerte "y si presenta o no signos de violencia" (sic).

- También se sanciona ejercer la mendicidad valiéndose los animales (art. 7.9). Parece que al legislador riojano no preocupa que haya mendigos, sino que estos tengan animales, ya que, al parecer, los animales disponen de una regulación que les protege mucho más que a sus amos.

- Se obliga a la esterilización de los animales de compañía (11).

- Se prohíben los circos con animales (13 b).

- Cuando se utilicen animales en filmaciones con escenas ficticias de crueldad, maltrato o sufrimiento el medio de difusión "debe hacer constar que las situaciones son ficticias y hacer constar el número de autorización" (15). ¿Existe una norma similar cuando las escenas ficticias son de crueldad, maltrato o sufrimiento de las personas?

- Las edificaciones y estructuras de nuevas construcción deberán evitar utilizar elementos que puedan producir accidentes en la fauna silvestre (36). Se prevé también que en las edificaciones existentes habrá un plazo para adaptarlas. ¿No es suficiente con el Código Técnico de la Edificación? ¿Quién va a revisar si los elementos pueden o no causar daños? De locos.

- La venta de animales está prohibida a menores de dieciocho años (4. g). Quienes, se recuerda, sí pueden comprar sin autorización de sus padres según qué tipos de medicinas...

- El régimen sancionador incluye siete infracciones leves (sancionables de 100 a 500 euros), veintiséis graves (de 501 a 5.000) y veintinueve muy graves (de 5.001 a 100.000 euros). O sea, casi todo incumplimiento de la ley será considerado una infracción muy grave y podrá ser sancionado con hasta 100.000 euros.

Por no extenderme más. Esto es un auténtico disparate. Y los partidos deben empezar a plantearse cuáles son sus prioridades reales. Una cosa es que los humanos tratemos a los animales conforme a su naturaleza (lo cual es razonable y acorde con nuestra condición racional y ética) y otra es que se ponga a los animales como prioridad política y "ética". Nos acabaremos arrepintiendo.