domingo, 26 de agosto de 2012

Reflexiones de agosto (IV)

Sin duda, dos de las noticias más relevantes de este agosto taurino han sido las declaraciones del alcalde de San Sebastián manifestando que no volverá a convocar un concurso público para la celebración de espectáculos taurinos y la constatación de que el próximo día 5 de septiembre volverá a haber toros en TVE. Ambas cuestiones merecen un cierto análisis.


Lo de San Sebastián ha dado lugar a declaraciones, comportamientos y comparaciones con la prohibición catalana que reconozco no entender. Probablemente por mi condición de jurista creo que hay una distancia sideral entre que una ley prohíba el libre ejercicio de una manifestación empresarial y cultural (que es lo que ha sucedido en Cataluña) y que un Ayuntamiento decida que no quiere promover una cierta actividad económica y cultural (que es lo que ha sucedido en San Sebastián). Es cierto que las motivaciones pueden ser las mismas en ambos casos, o más indecentes aun en el caso de Bildu, pero eso no debe alterar la objetividad del análisis. En un escenario donde un porcentaje enorme de la población muestra simpatías y vota a quienes son o están cercanos a terroristas, lo de que se den toros o no es un problema de ínfima envergadura ante tamaña inmoralidad social.

Lo que, a mi juicio, demuestra lo de San Sebastián es, como ya hemos apuntado en otras ocasiones, la asombrosa fragilidad de la estructura organizativa de la Fiesta. El hecho de que la mayoría de los cosos sean de titularidad pública hace que el hecho de que se celebren festejos taurinos o no, cuántos y de qué tipo dependa de una voluntad política, reflejada en los Pliegos de Condiciones de los concursos para la explotación de las plazas de toros. Por tanto, si los Ayuntamientos, las Diputaciones o las Comunidades Autónomas decidieran no sacar a concurso los cosos (que es lo que parece que quiere hacer el alcalde de San Sebastián), España prácticamente se quedaría sin festejos taurinos. Y no sacar a concurso los cosos puede deberse a factores ruines como los del alcalde de San Sebastián o de un contenido mucho más pragmático y respetable (considerar que un Ayuntamiento no está para organizar, promover o amparar ninguna manifestación cultural o festiva). En un escenario de crisis como el actual, una de las actuaciones más coherentes que podrían tener todas las Administraciones sería centrarse exclusivamente en lo que es absolutamente esencial para la convivencia en paz de los ciudadanos (seguridad interior y exterior, justicia, educación, sanidad e infraestructuras), eliminando cualquier intervención en otros ámbitos sociales. En este escenario, la Fiesta sufriría un golpe casi mortal.

Resulta imprescindible, en consecuencia, que los diversos estamento de la Fiesta se planteen si es razonable dejar su subsistencia a lo que quiera promover la Administración, o si, por el contrario, debe crearse una estructura menos frágil en la que la organización de espectáculos taurinos no dependa en modo alguno de la intervención pública. Eso conduce a construir cosos diferentes de los actuales, con diversidad de usos posibles, ingresos recurrentes, etc. Algo que es casi imposible acometer en un escenario económico como el actual, pero que debería empezar a planificarse por si alguna vez saliéramos de esta crisis.

En cuanto a la retransmisión de festejos por TVE es algo en lo que lo asombroso no es la noticia de que van a darse, sino el hecho de que hayamos vivido tantos años sin ellos. En todo caso, a mí, lo que más me ha llamado la atención es lo que he leído no recuerdo muy bien dónde, en donde se afirmaba que la retransmisión se ha hecho posible, entre otros factores, porque los toreros han decidido no cobrar sus derechos de imagen y convertirlos en minutos de información taurina en espacios de información general.

Nada que objetar a la actuación de los diestros, pero he de reconocer que me causa sonrojo que para que haya información taurina en los telediarios, los matadores tengan que renunciar a parte de su remuneración. TVE podrá decidir por razones económicas que no televisa corridas de toros si los matadores piden derechos de imagen, o si el coste de estos es muy alto. Pero aun en este caso, si informara con rigor y objetividad, debería dar cabida en sus informativos a la divulgación e información del segundo espectáculo de masas en España y nuestra manifestación cultural más peculiar y honda. No hacerlo, o hacerlo sólo si los matadores renuncian a sus derechos de imagen, demuestra una visión de lo que es noticia más que cuestionable. ¿Se imagina alguien que se hiciera lo mismo con el fútbol o el cine?

No hay noticia taurina que no demuestre la absoluta falta de organización del sector y su falta de visión a largo plazo. Afortunadamente, cuando vamos a la plaza y una faena nos pone los pelos de punta nos olvidamos de todo lo demás. ¡Que sea por mucho tiempo…!

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Toros en la TVE, ¡ya es mucho!