miércoles, 12 de septiembre de 2012

Yo sí estuve en Dax


Desde el pasado domingo por la noche, portales y blogs taurinos se hacen eco de unos comentarios de El Juli después de su corrida en Dax y a la respuesta que ha dado días después André Viard.

Yo estuve en Dax el fin de semana. Coincidiendo con la feria “Toros y Salsa” se han celebrado los cuartos encuentros de Derecho Taurino organizados esta vez por el Colegio de Abogados de Dax, con asistencia de cerca de cien juristas, la inmensa mayoría franceses. Han sido unos días de encuentro y reflexión sobre diversos aspectos jurídicos de la Fiesta, que permiten también compartir vivencias con aficionados de otros lugares. Por supuesto, fuimos a los festejos del sábado y del domingo, tras el cual surgió este enfrentamiento.

No quiero entrar a explicar en detalle lo que dijo El Juli y la respuesta de Viard y los orígenes de esta polémica, pues ya ha habido quien lo ha hecho de forma brillante, se esté o no de acuerdo con sus comentarios (desde diferentes posiciones, puede consultarse, por ejemplo, Taurología o Recortes y Galleos). Pero sí me gustaría hacer algunas reflexiones sobre la afición francesa y sobre el debate acerca de las figuras, el trapío y la responsabilidad de cada uno en el futuro de la Fiesta, del cual la discusión entre Juli y Viard no es sino una derivada muy menor.

He de reconocer que cuando volvía a casa desde Dax en coche el domingo por la noche, al escuchar en los programa taurinos lo que había escrito El Juli lo primero que me llamó la atención es la referencia al comportamiento de la afición francesa. Y me llamó la atención porque lo que había comentado con algunos aficionados en los encuentros era el gran comportamiento que habíamos apreciado en aquella afición. Un comportamiento que se traduce en una actitud tremendamente seria y respetuosa con todos los profesionales durante la corrida, combinada con cuatro elementos que raramente se encuentran tan bien conjugados: interés por el conjunto de la lidia, aceptación por los distintos modos de interpretar el toreo de cada matador, deseo de disfrute y diversión con lo que suceda en el ruedo y manifestación contundente pero exquisita en las formas cuando algo de lo que sucede en el ruedo contraviene las elementales normas de la tauromaquia (incorrecta forma de dejar al toro en suerte, puyazos mal ejecutados, colocación deficiente del torero, toreo manifiestamente despegado –más allá de las diferentes colocaciones que distintos toreros pueden tener para interpretar su peculiar tauromaquia-, etc.). Un comportamiento en fin, alejado tanto de la vulgaridad de las plazas menores como de la unidireccionalidad de criterio y la violencia en las formas de aficiones como la de Madrid. Una delicia, en fin.

Quiero creer, por eso, que El Juli no se quejaba tanto de la actitud del público durante el festejo, sino más bien de circunstancias que probablemente hubieran existido antes de la corrida y en la que se comparaba la presencia de los toros a lidiar ese día con la de los Fuente Ymbro del día anterior. Como después se compararía la pujanza de unos y otros. Creo que este es el verdadero debate que subyace entre Juli y Viard, en el que ambos han dicho (a mi juicio) cosas sensata e insensateces. Y en esta cuestión me temo que estoy alejado por igual de ambos. De Viard porque creo que sigue insistiendo en el tamaño y en la presencia cuando tengo para mí que habría que ver muchos más vídeos antiguos y darse cuenta que los toros de plazas de primera tenían en torno a un 20% menos de peso que el toro actual. Y sus pitones eran a menudo de menor longitud, menos astifinos (lo de las fundas, en esto, ha sido demoledor) y en no pocas ocasiones la conformación no era tan aparatosa ni tan igualada como en la actualidad. A cambio (y por eso tampoco estoy de acuerdo con El Juli) eran toros con más viveza, más movilidad y más emoción; un toro que no quieren ver ni en pintura las figuras actuales y que conduce inexorablemente a toros con menos casta y bravura. O sea, que para mí hay que ir a toros más pequeños y menos cornalones, pero más bravos y encastados. La emoción tiene que ponerla el comportamiento del toro, no una mastodóntica presencia.

A partir de ahí, una discusión como esta es realmente nefasta para el toreo planteada en los términos en los que los dos lo han hecho. Y que dos personajes excepcionales en su contribución a la Fiesta estén enfrentados en un momento como éste es algo que nos perjudica a todos. Ciertamente, no es la única ni la más grave. Mucho más extravagante resulta leer en el último número de la Revista Taurodelta que J. A. Gómez Angulo, presidente de la Comisión nombrada para la Tauromaquia por el Ministro de Cultura afirme aquello de 'Que no nos vengan a decir que los franceses nos pueden dar lecciones'. ¡Vivir para ver! Primero, descalifica a toda una parte de la industria y de la afición, que está dando muestra de vitalidad y que configura la Fiesta como algo transnacional (elemento esencial para su pervivencia). Luego, muestra una prepotencia que olvida lo que ha hecho, por ejemplo, gente indiscutible en su aportación como Francis Wolff y otros sobre los cuales cada uno tendrá su opinión pero que cuya aportación es también muy importante (desde el propio Viard a Castella pasando por Simón Casas, el Museo de Pablo Romero en Nimes, miles de aficionados que visitan cada año las plazas y ganaderías españolas…). Esperemos que sea un despiste o una afirmación sacada de contexto (en la entrevista parece referirse, sobre todo, a la composición de la Comisión, sin que sea una afirmación general). Pero desde luego, no es un enfrentamiento con Francia, con su afición y con su modo de engarzar la Fiesta con la cultura la primera actuación pública que se esperaba de la Comisión.

Un fin de semana en Dax, en fin, que ha dado mucho que hablar. Y en el que, al menos yo, he seguido aprendiendo mucho de los franceses, que me siguen impresionando y dando envidia de cómo se preocupan de la Fiesta, cómo la aman y la defienden y cómo disfrutan de todo lo que tiene que ver con ella.

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