martes, 18 de septiembre de 2012

José Tomás en Nimes - liturgia y serenidad


José Tomás ha dejado escrita la fecha del 16 de septiembre de 2012 como un hito en la historia de la tauromaquia. Un acontecimiento singular, primero, por el marco, porque torear en un Coliseo de Nimes abarrotado debe ser una sensación única, que enlaza al héroe moderno con las raíces de nuestra historia mejor, la que desde Roma nos lega el derecho, la arquitectura, la lengua y la filosofía. Un festejo sorprendente, además, porque no fue un resumen de la tauromaquia de José Tomás, sino, más bien, en momentos contados, una sublimación de lo que le habíamos visto hasta ahora; pero, en la mayor parte de la corrida, una propuesta de nuevas maneras de enfrentarse al toro, abriendo caminos para quien quiera (y pueda) explorarlos.

José Tomás ofició con una liturgia medida y desde una serenidad que pocas veces le habíamos visto. Tranquilo y poderoso por igual. Estuvo variado con capote y muleta y despachó a cada toro (de los cinco que mató) de un espadazo certero en lo alto. Las cuadrillas, sin grandes alardes, cumplieron más que aceptablemente su cometido. Los toros, más que correctamente presentados, de buen juego en general, aunque con muchos matices que el torero convirtió en argumentos para la improvisación y la técnica. Y el público, festivo y a favor, no tuvo en ningún momento razones para poner reparos.

No tiene sentido glosar una por una las faenas. Baste decir que toreó con una pureza exquisita, una hondura excepcional y una originalidad inimaginable.

Ciertamente un acontecimiento así debería hacer pensar a todos los que forman parte del mundillo taurino. Obviamente, José Tomás no agota la tauromaquia, ni sus propuestas son las únicas posibles. Pero si no es desde la mezquindad, no puede dejar de reconocerse que el planteamiento que hace, dentro y fuera del ruedo José Tomás, es el que más y mejor llega al conjunto de la sociedad y dota a la tauromaquia de una combinación perfecta entre la tradición y lo más moderno.

Por eso, las preguntas surgen sin respuestas claras, con el pánico a lo desconocido, pero con la sensación de que detrás de la zozobra existe un camino mucho más ilusionante.

Si un torero puede torear “sólo” tres corridas una temporada y demostrar un estado perfecto de forma en cada una de ellas, ¿es preferible torear cuarenta o cincuenta con los inevitables altibajos o torear muchas menos tardes pero con una convicción plena de que cada tarde tiene que ser excepcional?

¿La rivalidad consiste en torear con todos, muchas veces y en cualquier sitio para hacer faenas que se olvidan antes de llegar al coche para volver a casa o proponer cada tarde que uno haga el paseíllo senderos nuevos de pureza en la Fiesta?

¿Puede ser vulgar o aburrida una tarde de toros, como lo son la mayoría de los festejos que vemos a lo largo de un año?

¿Por qué éstas cosas a menudo suceden en Francia? ¿Por qué allí se vive con una ambiente tan excepcional la tauromaquia? ¿Por qué no dejar que, con libertad, al margen de Pliegos y zarandajas, Simón Casas pueda gestionar una plaza y proponer ferias como las que hace en Nimes?

El debate está servido. Creo que, de los que estuvimos allí, muy pocos pudieron salir decepcionados. De los que no acudieron ha habido de todo, desde los que reconocen su “envidia” (a veces sana, otras no tanto), hasta los que lo ponen todo en duda (trapío, lidia, rivalidad, verdad, exigencia,…). De estos últimos, nada puede esperarse, son uno de los elementos más perjudiciales para la Fiesta.

Ahora queda que se acabe Logroño, San Miguel, Otoño, El Pilar y pocas cosas relevantes más. Luego, un invierno en el que habrá que pensar en muchas cosas. La temporada ha tenido momentos muy duros en lo que respecta a público y a intensidad taurina. Pero también momentos sublimes. José Tomás, en la corrida de Nimes, ha demostrado que el toreo sigue siendo algo que, bien planteado, mueve a las masas, se convierte en portadas de periódico y en tema de conversación en oficinas y cafés. Son muchos los que deberían coger el testigo y hacer, varias veces al año, cosas memorables. El resto de las tardes sirven para disfrute de los convencidos, pero esa excepcionalidad es básica para atraer a nuevos aficionados y colocar de forma permanente la tauromaquia en el lugar social que se merece.

Para acabar (de momento) un sueño. ¿Por qué no editar el vídeo de la corrida –seguro que está grabada en su integridad- con comentarios de toreros, ganaderos, artistas, que uno pudiera ir seleccionando o no mientras ve la corrida… y distribuirlo allá por diciembre? Seguro que se convertiría en el regalo de las navidades de este año. Habrá quien buscará defectos y pondrá pegas. Pero estoy seguro que se convertiría en el mejor elemento de difusión del toreo en muchos años.

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Genial, Lorenzo.

Como haber estado allí.

Lo pongo en facebook donde te perderás los maravillosos comentarios por no estar en las redes sociales (te los envío)...