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viernes, 20 de septiembre de 2013

A propósito de una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre el apoderamiento taurino


El futuro de la tauromaquia se juega, sin duda, en los ruedos: en la emoción de los toros y en la pureza y la belleza del toreo. Pero la inserción en la sociedad es imprescindible. Y para ello, entre otras muchas cosas, hay que erradicar ciertos abusos que se consideran habituales en la contratación y la gestión en el ámbito taurino.
Digo esto a propósito de una sentencia del Tribunal Supremo de este mismo año 2013 (25 de marzo) en materia de apoderamiento. Una sentencia que refleja de forma cruda y descarnada la realidad de estos contratos y lo que piensan algunos desde sus despachos acerca del “riesgo” en la tauromaquia.
Los hechos, tal y como los describe la propia sentencia, son los siguientes: un apoderado reclama a un torero algo más de tres millones de euros (quinientos millones de pesetas) por romper unilateralmente el contrato de apoderamiento que les vinculaba. El contrato se había firmado el 10 de junio de 2000, cuando el torero tenía 17 años, después de que el apoderado convenciera a sus padres para que lo emanciparan. Inicialmente se firmó por tres años, prorrogándose en 2003 por siete años más.

En 2005, dos años después de iniciada la prórroga, a causa de un incidente con un banderillero, el apoderado le comenta al torero que le iba a buscar otro apoderado, pasando desde entonces el torero a relacionarse sólo con el nuevo apoderado que le indica el anterior. En 2007, el primer apoderado le reclama el importe de la indemnización laboral que éste había tenido que pagar al banderillero con el que habían tenido el problema que había desencadenado esta situación. Este primer apoderado, además, estaba dirigiéndose a los empresarios taurinos para impedir que contrataran al torero torease. Cuando el torero se entera, le requiere al primer apoderado para que tenga por extinguido el apoderamiento.
A partir de aquí, el apoderado alega que el contrato de apoderamiento no era sólo con él, sino con varias personas y sociedades más, ya que el apoderamiento firmado permitía ceder el contrato y delegar parte del mismo sin contar con el torero. Y el torero alega que el apoderado había incumplido el contrato de apoderamiento al no haberle pagado nunca al demandado un salario mensual acorde con su categoría de matador de toros, ni los gastos necesarios para que el demandado pudiera matar novillos y toros, al no haber financiado los gastos de la cuadrilla, representantes y acompañantes, en especial la indemnización al banderillero (además de la pérdida de confianza, consustancial a este contrato).

La sentencia de primera instancia desestimó totalmente la demanda del apoderado razonando que desde finales de 2006 o principios de 2007 el apoderado había dejado de cumplir sus obligaciones, dejando al torero sin ingresos, por lo que éste "tuvo que asumir las riendas de su carrera, contratando en su nombre y pagando directamente los salarios de su cuadrilla y los gastos derivados de su actividad". La sentencia de segunda instancia confirma este criterio.
El apoderado interpone recurso ante el Tribunal Supremo. En su sentencia, éste recuerda que el contrato de apoderamiento atribuía en exclusiva al primer apoderado la representación del demandado, que se encontraba "en los inicios de su actividad taurina". No obstante, se facultaba al apoderado para delegar todas o parte de sus funciones de representación, apoderamiento o gestión económica en "cualquier persona física o jurídica", sin más requisitos que notificarlo al torero.

En esencia, “el contrato obligaba a la sociedad apoderada a promover la carrera taurina del torero y a soportar todos los gastos necesarios, pagando al torero una retribución mensual correspondiente a su categoría profesional según convenio, y el torero se obligaba a dedicarse en exclusiva a torear en todos los festejos, novilladas y corridas de toros que le indicara la sociedad apoderada, así como a poner a disposición de esta cualquier cantidad que pudiera percibir y a entregarle la documentación necesaria para liquidar retribuciones e impuestos.”
Curioso pacto económico. Pero aún lo era más el pacto relativo a la resolución del contrato, que permitía al apoderado resolver unilateralmente el apoderamiento en cualquier momento bastando para ello con notificarlo al torero con un mes de antelación y sin indemnizarle con importe alguno y preveía una indemnización de más de tres millones de euros (quinientos millones de pesetas) si el torero resolvía el apoderamiento antes de la finalización del plazo pactado.

A pesar de que el apoderado pretendía utilizar este acuerdo y exigir al torero la indemnización pactada, el Tribunal Supremo, con criterio, insiste en que el incumplimiento del apoderado de sus obligaciones permite al torero resolver el contrato sin tener que abonar indemnización alguna.
Pero hay consideraciones del Tribunal Supremo a propósito de las afirmaciones del apoderado que son realmente duras recordando elementales criterios de justicia.

Dice, por ejemplo, que entender como lo hace el apoderado, que incluso si el torero resuelve porque el apoderado incumple tiene que abonarle la indemnización “sería tanto como atribuir al apoderado unas facultades omnímodas sobre el futuro del torero, porque de aceptarse el planteamiento del recurso sobre la total independencia entre cláusula penal e incumplimiento de las obligaciones contractuales del apoderado podría este hacer una total dejación de sus funciones, aunque sin denunciar formalmente el contrato, y en cambio el torero, vinculado por la exclusiva, o bien tendría que pagar el importe de la cláusula penal para poder desvincularse, o bien tendría que promover pleito contra el apoderado pero sin seguir toreando hasta obtener una sentencia firme de resolución del contrato por incumplimiento; en definitiva, interrumpiendo el ejercicio de su profesión y tal vez sacrificando totalmente su carrera.”
Y sigue el Supremo: “Semejante planteamiento [del apoderado] (…) revela una concepción del contrato de apoderamiento muy próxima a la sumisión total del torero al apoderado en función, única y exclusivamente, del apoyo económico del apoderado al aspirante a figura del toreo. Buena prueba de esto es la alegación del motivo primero, al hilo de la función de garantía de la cláusula penal, de que es el apoderado quien inicialmente asume "todo el riesgo" de la relación jurídica nacida del contrato de apoderamiento, como si el propio hecho de torear donde y en las condiciones que decida el apoderado, obligación esencial del torero poderdante, no comportara riesgo alguno. Se trata de un planteamiento, en suma, que no solo menosprecia el riesgo de quien se pone delante del toro sino que incluso atenta contra la propia dignidad de la persona.”

Que sea el Tribunal Supremo quien tenga que afirmar esto es para que toda la industria taurina expulsara de sus filas a quien se atreve a alegar, desde un despacho, que es él, y no el torero, el único que asume el “riesgo”.
Y acaba el Supremo: “En realidad, lo sucedido en la relación entre ambas partes no fue más que una consecuencia del ejercicio abusivo por [el apoderado] de su facultad contractual de delegar el apoderamiento, pues entendida como omnímoda o absoluta propiciaba que los conflictos entre apoderado y subapoderado repercutieran de tal forma en el poderdante que este pudiera llegar a encontrarse en la situación de no saber quién era su verdadero apoderado, máxime cuando apoderados y subapoderados giraban bajo denominaciones sociales que no coincidían con los nombres o apodos por los que se les conocía en el mundillo taurino.”

Aunque no debería ser así, probablemente es mucho lo que la tauromaquia va a jugarse en los Tribunales en los próximos años. Muchas las veces que deberemos reclamar sus valores, su importancia cultural, la necesaria defensa de la libertad de quienes crían toros, los torean y organizan festejos taurinos.
Y mucho me temo que si la imagen que los Tribunales tienen de lo que sucede en este mundo tan opaco es el que dan sentencias como ésta, va a ser difícil que crean argumentos de honestidad, cultura y valores de entrega y superación.

Sin duda, la inversión y el riesgo de quienes ayudan a los toreros en sus comienzos debe ser recompensada. Pero no es admisible que algunos abusen de los más jóvenes de este modo y menos aún que utilicen argumentos indignos como los que expone la sentencia y que sea el Tribunal Supremo quien tenga que hablar de que se “menosprecia el riesgo de quien se pone delante del toro” o actuaciones así “atentan contra la dignidad de la persona”.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sobre TVE, Mérida, Zalduendo y Talavante


La corrida televisada ayer domingo desde Mérida por TVE en la que Talavante se enfrentó a seis toros de Zalduendo ha dado para mucho. Desde la propia decisión de televisar esa corrida y no otra, el hecho de que TVE sólo retransmita una corrida, que para ello el torero tenga que renunciar a sus derechos de imagen, las alternativas para sustituir a Morante cuando se constató que su recuperación no llegaba a tiempo, la decisión de que Talavante se enfrentara a seis toros en solitario,… Todo ha dado lugar a un apasionado debate entre aficionados que se fue incrementando en las redes sociales desde que sonaros los clarines anunciando el comienzo del festejo.
 
Para entender la vehemencia de los argumentos de unos y otros creo que es imprescindible partir de un hecho: la retransmisión de ayer es un suceso excepcional (esto es, “que ocurre rara vez”, como indica la última de las definiciones del diccionario de la RAE). Y, por eso, cada aficionado pretendía que mostrara su particular visión de la tauromaquia. Aquellos más preocupados por la variedad de encastes renegaban de la ganadería; los que aprecian un toro fuerte y ofensivo, de la presencia de los animales y su aparente falta de peligro; los devotos de la lidia completa, de la ausencia casi total de la suerte de varas. Los aficionados rigurosos no entendían cómo podían premiarse algunas faenas, a la vez que los más optimistas y festivos agradecían un festejo triunfal para dar una visión alegre de la Fiesta. Mientras unos protestaban la falta de casta del toro indultado, otros alababan su embestida pausada. Algunos, en fin, querían que se evitara cualquier crítica al festejo y que todos los aficionados remáramos a favor de lo que se estaba proyectando como modo de difusión de la Tauromaquia y otros no cesaban de clamar que la verdad del toreo es la de un toro con más presencia y pujanza, que entra al menos dos o tres veces al caballo y que pone en dificultades al torero.
 
Obviamente, todo eso solo se explica como fruto de un “estado de excepción” al que, injustamente se ha sometido al toreo por parte de TVE. Por eso, a través de este festejo, cada uno quería ver “su” Fiesta, la que él ama y aprecia y el modo en que pretende que se proyecte a la sociedad.

Si nos abstraemos de lo anterior, habremos de convenir que el de ayer fue un festejo realmente interesante para una plaza de esta categoría. Que los toros estaban mejor presentados de lo habitual en este tipo de plazas, que su comportamiento y la lidia que se les dio fue también bastante mejor de lo que suele estilarse. Nada que ver, sin duda, con Madrid, o con Bilbao, o con Sevilla,… Pero desde luego, mucho mejor que en otras plazas similares.
 
Y debemos, sobre todo, destacar, que ayer se vio a un torero extraordinario. Que toda España pudo ver una forma de torear excelsa, sobre todo, con la muleta, en el tercero y en el cuarto y con el capote al sexto. Un toreo hondo, profundo, asentado. Con una improvisación no impostada y con toneladas de clasicismo. Se vio al mejor Talavante para deleite de sus partidarios y para disfrute de los aficionados sin prejuicios.

Luego, se podrá criticar la retransmisión de TVE, a la que, sin duda, puede exigirse un dinamismo y un lenguaje más actual, y un empeño mayor porque los comentarios durante la corrida sean a la vez críticos y didácticos. Puede recriminarse la sobreactuación de algunos, sólo justificada por la presencia de las cámaras y la excepcionalidad a la que antes aludíamos. Puede discutirse el hecho de que Talavante cantara mientras finalizaba la faena a uno de sus toros, algo sobre lo que he leído opiniones favorables y radicalmente contrarias de aficionados completamente rigurosos en ambos casos. O el indulto, que yo particularmente no creo que procediera y cuya petición desde el callejón me pareció forzada e improcedente, pero que tampoco es demasiado llamativa en comparación con otros indultos que se han sucedido esta temporada y la anterior.
 
En definitiva, que fuera de la excepcionalidad que supone la retransmisión de un festejo por TVE, y de cómo ello condicionada los comentarios de cada cual, lo cierto es que ayer vimos una gran tarde de toros para una plaza como la Mérida, que, además, se empieza a recuperar de este modo para tratar de volver a significar lo que hace años en las ferias de Extremadura.

Ahora, lo que tocaría es empezar a trabajar porque pudiera haber más festejos en abierto para toda España y que ello sucediera con normalidad. Que ver toros en TVE no fuera algo excepcional, sino habitual, coherente con la importancia social y económica que tiene el toreo en nuestra sociedad en relación con otras manifestaciones culturales y artísticas. Pero para ello, tendría que existir una “industria” taurina que de modo profesional, organizado y constante, velara por la Tauromaquia y no por los intereses gremiales de cada uno. Pero eso, es ya otro cantar y es parte de otra historia…

lunes, 26 de agosto de 2013

José Tomás en Nimes

{Apunto de salir la segunda edición, pongo por lo largo lo que se apuntó en corto}

¡Va por vosotros dos, maestros!

JMJ



JOSÉ TOMÁS EN NIMES
La hazaña de un hombre, un sueño cumplido
Fotografías y prólogo: Andrés Lorrio
Textos: Lorenzo Clemente
[La esfera de los libros, Madrid, 2013]

El toreo es francés, como el vino y el queso, como la pintura impresionista y los poetas malditos. En la cueva paleolítica de Lascaux, en la gran sala de los toros, se ha conservado una imagen enigmática: a los pies de un bóvido cuya cornamenta de lira es en todo idéntica a la de los toros del Rosellón y la Camarga, yace tendida una figura antropomorfa, pero con cara de pájaro, junto a un estoque rupestre. Es la más antigua representación de una cogida y en ella está el esquema del “Torero Muerto” de Manet. Solo en Picasso –el gran pintor del mediodía francés- hemos vuelto a ver, tan viva, la primitiva representación de la bestia. A su lado, las policromías de Creta son estampas modernas de “La Lidia”, sublimaciones de la caza. No ha de extrañar en consecuencia que al filo del Ángelus cereal y vinícola de Nimes, con el eco del “Toreador” de Bizet, himno romántico de la Sevilla de Francia,  haya alcanzado la tauromaquia su más alta expresión estética y emocional. Fue en la mañana del 16 de septiembre de 2012, José Tomás se encerró con seis toros en el anfiteatro romano y al término de la corrida fue arrebatado al cielo por los dioses inmortales. Durante siglos las generaciones futuras peregrinarán a Nimes para conmemorar el milagro y esperar acaso su inverosímil repetición, como quien acude a Lourdes, guiados por la misma ansia sanadora de redención. Andrés Lorrio y Lorenzo Clemente, apóstoles de la verdad, han preparado el Evangelio de aquellas dos horas inmortales en las que se rasgó el velo de las dos maestranzas y se vieron salir de sus sepulcros a los viejos toreros de los daguerrotipos.
Foto: Andrés Lorrio

Andrés Lorrio es un fotógrafo extraordinario y no podemos menos que admirarnos ante su temple: en el prólogo al libro ubica a José Tomás en el trayecto de Oku, en la senda Zen del inmortal Basho, en los códigos marciales del Bushido, pero lo que nos dicen sus fotografías es que el fue el segundo Samurái de la mañana, pues parece increíble no haber enloquecido ante los increíbles sucesos retratados. Hemos de agradecer a su calma japonesa el más hermoso y completo de los reportajes. La cápsula del tiempo que hará prevalecer la gesta de un hombre, de un guerrero que aceptó la suprema libertad de salir desceñido ante la muerte. Las fotos son todas bellísimas, alboreadas por la luz trigueña de Nimes, por la arena albariza y la seda restallante de los capotes. Hay en la capa de los toros, matices infinitos para el negro y la sangre, desde el grafito esgrafiado al más hondo carbón de oro y antracita, desde el bermellón vinoso al terciopelo carmesí. La editorial “La esfera de los libros” no ha escatimado cuidados en componer un libro esbelto y asequible, con más de doscientas fotografías.

"Torero muerto", Manet
Como un hilo de Ariadna los textos de Lorenzo Clemente enmarcan e ilustran las imágenes quien, al tiempo que nos explica el contexto de la hazaña, las circunstancias que rodearon al festejo y algunas curiosidades no menores, como el impacto económico de la corrida o su eco arrasador en los medios, expone una teoría sobre el futuro de la tauromaquia a partir de la piedra angular extraída esa mañana del anfiteatro milenario. En prosa escueta y certera, como una banderilla en su sitio o un canon latino, Lorenzo Clemente narra los seis actos que compusieron este drama litúrgico, este auto sacramental de la tauromaquia, con una grata digresión al referir el indulto de “Ingrato”, toro de Parladé que por los siglos será cantado por los trovadores del Languedoc. Su reseña asume el halo épico y nos arrastra en un anafórico “más allá, más allá” como arrastraba embebido en sus telares órficos el héroe a la bestia de Cocteau.  Según Lorenzo Clemente la tarde de Nimes señala, como una flecha, el único rumbo de la tauromaquia, en el que el espectáculo debe ceder su lugar al rito, la lidia pautada a la liturgia cósmica. Es un noble deseo que se nos antoja inviable en un mundo de hienas y chacales que ha enterrado a los dioses y a Dios. Pero no hay que perder la esperanza como no la perdió aquella católica reina escocesa de Francia que subió al cadalso con una banda cosida a su sayo a manera de emblema: "En ma Fin gît mon Commencement" ("En mi final está mi comienzo".) Pues si, como nos tememos, asistimos estos años al derrumbe de la tauromaquia, al menos como la hemos entendido en España estos dos últimos siglos, quizá con este nuevo amanecer francés y guiados por el gran maestre José Tomás, podamos descender, a lomos del eterno retorno, a su raíz sacrificial, a su comienzo en la sima profunda de Lascaux donde gravitan los grandes toros que dan la vida eterna. Este libro de Andrés Lorrio y Lorenzo Clemente no es sino un brillante reflejo platónico a todo color de las oscuridades abisales de la cueva.

Sala de los toros, Lascaux
Coda: No, no es el único camino. Remedando a Terrence Malick en el “Árbol de la vida” recordaremos que existen dos vías para alcanzar el conocimiento, la de la Gracia y la de la Naturaleza. José Tomás ha optado por la última, en cambio inició, nos lo cuenta Lorenzo Clemente, la faena de su último toro con el “cartuchito de pescado”, escudo de los querubines que hace unos días arrebataron al cielo al arcángel Pepe Luis de Sevilla. Esta línea áurea como corazón de nautilus, suma, en fin, de duende y de belleza y que late de armonía en la verónica insana de Morante de la Puebla, también apunta un destino, pero habrá que buscarlo en el jardín de las Hespérides, donde paulan los egipcianos  bajo las atlánticas manzanas de oro.






sábado, 15 de junio de 2013

Resumen personal, ideológico y sesgado de San Isidro 2013 - 2 De toreros y de toros

Ya explicábamos hace unos días cómo la Feria de San Isidro estaba llena de condicionantes que incidían de forma directa en lo que sucedía en el ruedo. Pero, al fin y a la postre, es eso, lo que sucede entre el toro y el torero, lo único que realmente importa. Lo que hace único a la Fiesta, lo que nos lleva un día tras otro, porque si en algún momento surge el milagro, es único, excepcional.

Y eso es, precisamente, lo que ha faltado este San Isidro. Ha habido buenos momentos de toreo (en seguida vamos a ello) pero no ha habido ninguna faena de la que seguiremos hablando dentro de dos, cinco o quince años. No ha habido nada como lo de la confirmación de Aparicio, como aquel toreo de capote de Morante a un toro de Juan Pedro, como José Tomás un 5 de junio o la tarde de su primera salida a hombros, como aquel César Rincón del noventa y uno, como las faenas a Beato, a Cantapájaros, a Bastonito,… Madrid es enorme porque ha visto faenas como esas. Y en este San Isidro no hay nada igual que recordar.

Quizá lo más parecido fue la vuelta al ruedo de la cuadrilla de Castaño, que sin duda es un acontecimiento histórico. El asunto ha ocupado bastantes minutos en medios generalistas (ayer mismo, en el informativo de las nueve de la tarde en Antena 3) y eso es ya un triunfo. En las redes sociales y los medios taurinos se ha dicho de todo, a favor y en contra de la vuelta al ruedo antes de que se iniciara la faena de muleta. No creo que ese debate sea muy relevante. Lo sustancial es que la lidia de los cuatro toros que correspondió a esa cuadrilla fue realmente brillante y ejemplar. Y que eso llevó a la plaza a un momento de gran emoción después de las banderillas del último de los cuatro toros, algo que no tiene precio. Una pena que no todas las cuadrillas tengan el mismo sentido de la lidia y que no todos los matadores incentiven la brillantez en todos los tercios.

En las faenas de los de a pie ha habido cosas importantes, aun sin llegar al nivel que las hagan ser recordadas a lo largo de los años. Hemos visto detalles de Talavante frente a los victorinos (aunque la tarde no tuvo el nivel que se esperaba) y una faena más compacta algunos días después que le valió la única Puerta Grande para un torero de a pie. También detalles de Castella y Manzanares esa tarde, que fue, al cabo, la más redonda de la Feria (también la primera en la que se acabaron las entradas lo cual, probablemente, no es casualidad).

Perera ha estado a un gran nivel. Puede dar grandes tardes de toros este año. Fandiño ha pagado con sangre su entrega después de torear realmente bien. Nos quedamos con ganas de verle más veces. Ferrera también ha evolucionado mucho y ha dejado momentos importantes, aunque en algunos momentos la lidia se hizo un punto lenta. Aguilar ha estado muy serio. Teruel mostró detalles de clasicismo, aunque para mí sigue siendo una incógnita. Y Uceda volvió a demostrar que tiene una clase excepcional pero, como siempre, sigue sin creérselo del todo, sin apostar de forma rotunda; una pena.

Mención aparte, siempre es así, merece Morante. Que está en un año de gracia creo que no hay duda (véase Córdoba o Istres). En Madrid este año había hecho una apuesta muy fuerte pero no ha podido darse el triunfo que espera con tanto ahínco como la afición. Aun así, he de reconocer que me encantó en el último toro que lidió el día de la Beneficencia: la primera serie de la faena de muleta fue majestuosa y el final de la lidia con ayudados por bajo rodilla en tierra rezumaron toda la torería rondeña y sevillana. Habrá tiempo de verle en Valencia, Huelva, El Puerto, Ronda,… Seguro que coincidimos en momentos de inspiración y gloria.

Los mejicanos, por su parte, han dado un golpe de atención. A menos Juan Pablo Sánchez, bien Silveti y Sergio Flores y muy importante Joselito Adame, a quien deberían abrírsele más huecos en las ferias.

Respecto a los toros, la corrida más completa fue, a mi juicio, la de Victoriano del Río, lo cual demuestra que el problema no es que haya un encaste, o dos o veinticinco, sino que las ganaderías estén en buen momentos y que los ganaderos sepan lo que tienen. La de Adolfo fue una corrida encastada pero no llegó con bravura y nobleza a la muleta. Interesante la de Bohórquez, que refrenda que Murube sirve también para toreo a pie. Victorino no echó una buena corrida el día de Talavante, aunque el viento condicionó de forma importante la lidia de algunos. Ha habido también toros sueltos de otras ganaderías que hubieran permitido faenas de más importancia que las que vimos.

Ha acabado, en fin, un San Isidro más. Con cosas importantes pero sin faenas que perduren en la memoria. Una feria, además, que obligaría a plantearse muchas cosas en relación con la asistencia de la gente a la plaza, el comportamiento en el tendido, la presentación de los toros, el viento, a qué debe llamarse exigencia,… Mucho para pensar si hubiera, en los gestores, quien quisiera empezar a marcar las pautas del futuro en vez de comenzar a entonar la Misa de Requiem.

sábado, 1 de junio de 2013

Resumen personal, ideológico y sesgado de San Isidro 2013 (I) - Los condicionantes – una crítica


Esta tarde se cierra la Feria de San Isidro 2013. Aunque la próxima semana seguirá habiendo festejos (de especial interés el de la Beneficencia), el ciclo isidril como tal concluye hoy y comienza la hora de las conclusiones y las críticas. Por si acaso alguien quisiera tratar de impulsar lo que debería ser la muestra mejor del toreo, algo de lo que, como es evidente, se encuentra completamente alejado.

Como aun quedan por salir seis toros y su lidia puede dar motivos para la esperanza y el comentario, nos limitaremos en esta entrada a los condicionantes de lo que sucede en el ruedo (en los próximos días, cuando haya concluido realmente el serial, expondremos cómo hemos visto lo que ha sucedido en la arena). Y es que, en Madrid, lo que sucede en el exterior, en el tendido, en el tiempo, en los corrales, en los despachos, es absolutamente relevante. Y muchas veces para mal.

Lo primero es el recinto. La plaza es de una belleza singular y los accesos, lugares para el tránsito y demás son muy aceptables. Pero es inadmisible el modo en que la climatología condiciona lo que pasa en la arena. Un tiempo tan desapacible como el de estas tres semanas ha puesto en evidencia la necesidad de tomar medidas. Se llamará cubierta o se llamará como quiera que se llame. Pero no puede ser que haya tantas faenas en las que no se puede lidiar en el lugar adecuado por el viento, en las que hay riesgos graves para los toreros o en las que la gente abandona masivamente los tendidos por el granizo, el agua y el frío. Un espectáculo de primer nivel (o una celebración, o un rito, llámenlo como quieran, a estos efectos) no puede estar tan condicionado por el tiempo en los años en los que estamos. Ni en una época de deserción de las plazas puede obligarse al público (que es mucho más numeroso que los aficionados) a soportar la mundial mientras “the show must go on”.

Lo segundo es el comportamiento incívico e irracional de unos pocos en los tendidos y en las gradas. Es evidente que uno puede mostrar su disconformidad con algo que sucede en el ruedo, pero no puede ir predispuesto a ello (léase pancartas y pañuelos verdes), hacerlo de forma extemporánea (léase “ese toro se va sin torear” previo a una cornada) o corearlo venga o no a cuento (léase “picador qué malo eres”). Por no insistir en la evidente falta de ecuanimidad y de rasero común. Sin duda que uno puede tener sus toreros y ganaderos preferidos. Y que está en su derecho a aplaudirlos cuando no están bien y a comprenderlos cuando dan el petardo. Pero precisamente por eso habría que ser algo más condescendientes cuando el que no está bien o da el petardo es alguien a quien se tiene inquina. Todo ello, suponiendo que sean conscientes de cuándo sucede una y otra cosa.

Otro elemento previo fundamental es la presentación y selección de los toros que van a lidiarse. Afortunadamente, vivimos años en los que embisten muchos más toros (incluso en Madrid) que hace veinte o veinticinco años. Y el número de los que hay que devolver ha disminuido drásticamente. Pero el animal que sale por chiqueros en Las Ventas sigue siendo una versión bastante peculiar de lo que es el toro de lidia. Es mucho más pesado, voluminoso y cornalón de lo que es el tipo habitual del bóvido criado para el toreo. Y eso hace que su comportamiento (sus “prestaciones”) se acomoden también en escasa medida a lo que corresponde a esta raza única en el mundo.

Soy consciente de que además de los kilos y de que se elija la cabeza de camada hay una alarmante pérdida de casta de bravura generalizada en la cabaña brava. Y creo que todos debemos insistir en que sin movilidad y picante es difícil sostener la emoción en la tauromaquia. Pero es eso, la movilidad y la casta, lo que habría que buscar. Y dejarse de una concepción del “trapío” descabellada, ridícula y que ha sido la causante de que se haya perdido la enorme variedad de encaste por la que ahora claman los que la han exterminado.

Otros elementos menores, pero en los que hay que seguir insistiendo son en la indecencia que supone que el torilero y el chulo de banderillas vistan de luces y en lo mal que suena la charanga (perdón “bandita de música”), que una cosa es que no toque durante las faenas y otra que cuando suena entre toro y toro contravenga simultáneamente todas las reglas del ritmo y la melodía.

Respecto a los toreros hay algo que no puedo soportar y es el “brindis al micrófono” y las declaraciones después de la lidia de cada toro. Agradezco mucho la labor que hace Canal + Toros y creo que la difusión es buena para la fiesta, aunque cada torero es libre para decidir si se deben televisar o no sus actuaciones y en qué condiciones. Pero la cámara debe recoger lo que sucede, no intervenir en el devenir de lo que pasa. Debería ser (y perdón por la comparación) como un “voyeur”, que mira sin ser visto. El torero tiene que conectar con quienes están en la plaza y para eso tiene que hacerlo con gestos y discursos sin palabras. Con la televisión se han perdido muchos brindis al cielo, o brindis íntimos,… Todo se pretende para la pequeña pantalla. Y pierde la grandeza del rito.

Por último, es especialmente de agradecer la intensa vida cultural que en estos días tiene lugar en las dos salas de la plaza (Bienvenida y Cossío), con presentaciones de libros, jornadas y conferencias y las exposiciones que pueden verse en distintas zonas de la plaza. El siguiente paso sería tratar de que todo ello llegara algo más a quienes no son aficionados. Queda un importante camino por recorrer para que durante una o dos semanas todo Madrid hable de toros. Es un empeño difícil, pero en el que hay que poner todo el esfuerzo que haga falta. Porque en ello nos jugamos el futuro.

sábado, 25 de mayo de 2013

José Tomás en Nimes - La presentación

Ayer, las palabras fluyeron sin necesidad de papeles. Pero dejo aquí lo que tenía preparado por si los nervios hubieran tratado de ganarme la partida...

Buenos días.

Quisiera agradecer, en primer lugar, su presencia, su compañía en este acto. Y agradecer también, de forma muy especial, a la editorial “La Esfera de los Libros” su interés en la publicación de esta obra y la gran calidad y compromiso con el que han acometido todo el proceso. Gracias a Ymelda Navajo, que tan pronto acogió el proyecto, a Mónica Liberman que ha hecho un trabajo tremendamente eficaz y que entendió perfectamente lo que pretendíamos Andrés y yo. Gracias a Alberto Fernández que ha hecho una magnífica labor de producción y ha conseguido que el libro tenga una presencia y una calidad muy importante. Y a Mercedes que está desarrollando de un modo ejemplar las labores de difusión que tanta falta hacen en tiempos como estos.

Por supuesto, gracias también a Carlos Abella, primero por acogernos en esta sala Antonio Bienvenida y por su infatigable esfuerzo en que la Plaza de Las Ventas sea un lugar de encuentro permanente de la cultura taurina en sus más variadas vertientes. Carlos es, además, a mi juicio, el mejor biógrafo de José Tomás (su libro “Un torero de Leyenda” es una referencia imprescindible) y tenerle aquí es una gran alegría.
Y gracias, cómo no, a Simón Casas, que consiguió confeccionar el año pasado en la Vendimia una feria extraordinaria, en la que se produjo el milagro de esos seis toros de José Tomás que recordamos en el libro, que ha hecho de Nimes una pieza clave en la temporada taurina y que tantos carteles atractivos para los aficionados ha confeccionado en las plazas que gestiona.

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“Has abierto las puertas de la Muerte toreando en el vértice del miedo. Y detrás de las puertas había luz, la deslumbrante luz de la pureza. Entrabas y salías de la muerte como el buzo entra y sale del abismo, sumergido en campanas de silencio, en solares silencios espectrales donde el aire vacío se completa con el lance y el trance tan reunidos que suspenden la razón y la despeñan al borde mismo del espanto. (…)”

Para hablar del libro, de la hazaña de José Tomás en Nimes, quería empezar con el comienzo de este poema de mi amigo y compañero de blog José María Jurado, un poema incluido en el libro “Plaza de Toros”, con textos de José María e ilustraciones de Pablo Pámpano (ganador hace unos años del concurso de carteles de Las Ventas y que ayer mismo presentaba exposición taurina y flamenca en la taurina localidad cacereña de Coria). Un poema que ha sido incluido, junto con otro del mismo libro, en la antología que ha hecho Carlos Marzal de poesía taurina desde los años 50 del siglo pasado hasta nuestros días, junto con obras de autores como Claudio Rodríguez, Paco Umbral, Ángel González, Luis Alberto de Cuenca o Jacobo Cortines.
Y quería hacerlo no sólo porque es un poema que me encanta y porque siempre es una alegría recordar a los amigos, sino porque creo que refleja a la perfección, casi de forma premonitoria, lo que supuso para José Tomás Aguascalientes (“Has abierto las puertas de la Muerte toreando en el vértice del miedo”) y lo que significó Nimes como superación de aquello (“Y detrás de las puertas había luz, la deslumbrante luz de la pureza”).

Aguascalientes y Nimes. Como dijo recientemente el propio torero en la entrega del premio Paquiro: sin Aguascalientes no habría sido posible Nimes.
Pero afortunadamente, Nimes fue posible. Y Andrés y yo estábamos allí para contarlo. Bueno, a decir verdad estábamos allí para disfrutarlo. Y lo de contarlo vino después.

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Andrés y yo nos conocemos años, a través de un buen amigo común. Y el proyecto de hacer el libro surgió de un modo un tanto peculiar.
Andrés no era aficionado a los toros. Llega a los toros muy recientemente a través de la fotografía. Aunque es abogado de profesión tiene algunas aficiones de las que es un verdadero maestro. Una es la música (es un auténtico experto en música clásica) y la otra la fotografía (cualquiera que haya echado una ojeada al libro puede ver también su magisterio).

Andrés se acerca, por tanto, a los toros, sin prejuicios. Con libertad. Y ve que lo que sucede en el ruedo es algo impresionante. Algo que tiene una expresión única. Y le atrapa. Y va cada vez a más festejos, en Madrid y en otras plazas. Sin embargo, comienza a indagar en el mundillo taurino y le sorprende la escasa difusión que tienen muchos de sus acontecimientos. Lo poco que se “vende” lo que sucede en el ruedo. Eso es algo que a los aficionados más veteranos no nos llama la atención. Pero a él, recién llegado, le sorprende. Y, sobre todo, no entiende por qué no intentamos abrir la Fiesta a todo el mundo. Por eso, monta una página web con sus fotografías a la que llama “Bullfigphoto”, una página en inglés dirigida al público internacional.
En medio de este acercamiento cada vez mayor al mundo taurino, coincidimos cada vez en más festejos. Y empieza a surgir la posibilidad de hacer algo para explicar y difundir la tauromaquia a los no iniciados. Pero en medio de ese proceso, surge la corrida de Nimes. Y es algo que realmente nos bloquea. Poco después, Andrés me llama y me dice: ¿y por qué no hacemos un libro de lo de Nimes? Obviamente, a poco que uno vea sus fotos es fácil animarse. Y, sobre todo, es muy sensato pensar que cualquier texto estará bien arropado y que, aunque uno no se luzca mucho escribiendo, la belleza y el impacto de las imágenes taparán cualquier error.

He de reconocer, además, que hay una cosa que, desde el principio, me animó especialmente. Andrés estaba empeñado en que el libro tenía que “contar una historia”. Y eso, por parte de un artista plástico, es de una generosidad apabullante. Normalmente, cualquier artística plástico (ya sea pintor, ilustrador, escultor, fotógrafo,…) considera que la imagen lo dice todo. Que no hacen falta palabras. Por eso, plantear que además de las imágenes tiene que haber unos textos que guíen al espectador es algo que le agradezco infinito. Sobre todo, porque sólo con sus fotos el libro hubiera sido igualmente una maravillosa obra de arte. Poder participar con unos textos es algo que uno considera un lujo.
Siendo así, la cuestión que se planteaba es qué es lo que podía decirse que acompañara a las fotos o que no se hubiera dicho ya. Y para eso, me guié por las palabras de Andrés: “hay que contar una historia”.

*     *     *     *     *

Por eso, después del prólogo con una mezcla entre lo japonés y lo taurino que escribe Andrés, intento plantear en un primer capítulo que se llama “El milagro de Nimes” qué sensaciones me causó la corrida. Lo primero es la impresión, lo que uno siente por la piel. Y eso, aquella mañana, fue mucho.
Un segundo capítulo aborda de forma breve una “Semblanza de José Tomás” para aquellos que no han seguido su trayectoria. En esta labor, el libro de Carlos (“Un torero de leyenda”) ha sido de gran ayuda.

Luego, trato de contar brevemente cómo fue la temporada de José Tomás en 2012 y por qué intuyo que eligió Nimes para realizar ese gesto (por qué intuyo, saber, desde luego no lo sé –no he tratado personalmente al maestro- y ni siquiera tengo claro si él podría explicarlo de forma lógica, más allá de lo que siente. En todo caso, a mí se me ocurren razones o sentimientos. Y creo que ayudan a contar la historia.
Un cuarto capítulo se titula “Antes del rito: la expectación y el negocio” porque creo que es bueno abordar con naturalidad que el torero, con ciertos planteamientos, es muy atractivo, genera una gran expectación y mueve mucho dinero. No todas las artes (muchas de ellas subsidiadas, a diferencia del toreo) pueden decir lo mismo. En eso, creo que quien ha abierto un camino extraordinario es Juan Medina, profesor de Economía de la Universidad de Extremadura, que está presentando ahora mismo en la Sala Cossío junto con Nacho Lloret y otros jóvenes profesionales un interesantísimo proyecto de Academia de la tauromaquia. Una pena no poder estar en ambos sitios a la vez.

El grueso del libro lo ocupan las fotos del festejo, toro a toro. El capítulo se titula “El desarrollo del festejo: las claves” y aquí las palabras son mínimas. Todo lo ocupan las imágenes. Aquí no hay casi nada que añadir. Sólo me extiendo algo más en lo que significó la lidia y el indulto del cuarto toro. Porque tengo la sensación de que para un gran festejo se convierta en algo único tiene que haber, además de mucho buen toreo, algo absolutamente excepcional. Y lo que sucedió en ese toro lo fue. Me detengo algo más en esa lidia, como digo, con un guiño a otro festejo que para mí fue único: la goyesca del 2 de mayo de 1996 de Joselito en esta Plaza de Las Ventas, donde también la lidia del cuarto toro, con el quite por crinolinas y el toreo al natural con la mano derecha, creó una magia muy especial en una plaza tan dura como esta.
Después de los seis toros hago un repaso con cierto detalle del reflejo que tuvo la corrida en los medios. Los taurinos se quejan del ninguneo de los medios generalistas al toreo. La repercusión que tuvo la corrida en los medios (reportaje completo de Informe Semanal incluido) creo que refleja que, cuando una corrida de toros es un acontecimiento, ilusiona. Y ni siquiera los prejuicios impiden que tenga la relevancia pública que se merece.

El libro finaliza con un epílogo que titulo “La mañana del 16 de septiembre de 2012 como propuesta de futuro en la tauromaquia” porque creo que el planteamiento del festejo por parte de José Tomás y su desarrollo da algunas de las claves de por dónde puede evolucionar probablemente la tauromaquia. O, al menos, de por donde debería evolucionar, a mi juicio, la élite de la tauromaquia.
Esto es el esquema de la historia que trata de contar el libro, de las palabras que acompañan a las imágenes.

No obstante, antes de acabar quisiera apuntar algunas cosas que a mí me impresionaron especialmente de aquel festejo, y algunas curiosidades del libro:

-              El libro comienza con algunas fotos de templos de Japón, fotografías también de Andrés, que no sólo demuestran su genio con la cámara, sino que le dan un toque original al libro, lo hacen algo distinto de libros clásicos de fotografía taurina.

-              Les aconsejo que se fijen también en la verticalidad que tiene José Tomás en las fotografías de la corrida, en la posición perfecta en cada lance y en cada muletazo. Eso implica un nivel de autoexigencia brutal. Como me decía un buen amigo, este libro tendría que estar en todas las escuelas de tauromaquia para que los chavales que quieren ser toreros vean cómo hay que colocar el cuerpo, qué es cargar la suerte, cómo se hacen las cosas.

-              Un elemento fundamental de la mañana de Nimes fue que, en cada toro, José Tomás hizo faenas de muleta con pocas series, pero muy intensas y de muchos muletazos. Eso es algo casi imposible de ver hoy en día, pero es esencial. Reconozco que cada vez aguanto menos las faenas largas en las que, aunque hay algún muletazo bueno, se pierden en medio de la nada. Faenas sin estructura, en las que el torero tarda una enormidad en “atacar” al toro. Reconozco que cada toro tiene su lidia, pero en la medida de lo posible creo que hay que empezar con gran intensidad desde el principio. Y lo que dure el toro es lo que ha durad. Y hay que tratar de que las tandas sean lo más largas posibles. No esos “dos y el de pecho” hoy tan frecuentes.

-              Por último, me gustaría recordar que el toreo de José Tomás en Nimes fue de emoción, pero una emoción basada en la belleza y en la serenidad. Salvo en el sexto, las faenas fueron de “olé”, no de “ay”. Los que atacan a José Tomás por su supuesto tremendismo se quedaron sin argumentos.

En definitiva, la mañana de JT en Nimes fue especial. Y lo fue, no sólo porque es un torero grandioso y porque todo salió bien. Lo fue porque la asumió desde un compromiso ético absoluto que, en el toreo, exige no sólo poner en riesgo la vida (algo que siempre sucede cuando un torero se enfrenta a un animal), sino hacerlo para que la obra que se ejecuta en el ruedo trascienda y emocione desde la belleza, la pureza y la verdad.
Eso fue lo que sucedió en Nimes el 16 de septiembre de 2012 a partir de las once y media de la mañana y durante poco más de dos horas. Por eso, desde su independencia y su misterio, José Tomás marcó el camino. Para quien quiera entenderlo. Para quien pueda seguirlo.
 

jueves, 23 de mayo de 2013

José Tomás en Nimes - Presentación en Las Ventas

Mañana día 24 de mayo a las 12'30h., presentación en la sala Antonio Bienvenida de la Plaza de Toros de Las Ventas.

domingo, 19 de mayo de 2013

Cuando el toreo era ayer


Pepe Luis Vázquez (In memoriam)

Ilustración: Pablo Pámpano


Rubio cristal de Sevilla
del barrio de San Bernardo
y del libro de Gerardo
-dondiego con gitanillas-
la rima de maravilla
y luego monte de cardos:
que una muleta tan plana
se vuelve a la noche oscura
si brilla por la mañana
plena de gracia y dulzura.

Débil del aire caricia,
hipérbaton, contradanza
de seise por la Maestranza
y de majestad patricia,
mientras trota la milicia
del toro, ser o no ser,
-¿la cogida en Santander?-
contra las flores de lis:
cartucho de Pepe Luis,
cuando el toreo era ayer.

José María Jurado
Plaza de Toros, (Isla de Siltola, 2010)

Ilustración: Pablo Pámpano

miércoles, 15 de mayo de 2013

Disensiones - Las Ventas, 14 de mayo de 2013

Íbamos ayer contando lo que nos parecía lo que sucedía en el ruedo hasta que, llegado el quinto, hubo que refugiarse debajo de un chubasquero que apenas quedaba libre los ojos e impedía cualquier otra comunicación con el mundo exterior. Falta de comunicación que, probablemente, si no fuera causada por el frío y la lluvia, no sería mal modo de ver los toros.

Y es que cuando luego uno ha leído las crónicas oficiales y los comentarios de los aficionados ve una notable diferencia en las apreciaciones de los toros y, sobre todo, de los toreros. Lo cual, que o bien unos están condicionados por sus particulares filias, fobias e intereses, o que de esto no sabe casi nadie. Pensaremos que es esto último...

A mí la corrida del Puerto no me gustó en general. Los toros tuvieron bastante guasa, muy poca claridad, iban al cuerpo con mucha frecuencia y mansearon lo suyo.

Sin embargo, eso quizá no justifique del todo que ninguno de los toreros triunfara. Con corridas de este tipo uno siempre tiene la duda de si con otra lidia, con otra actitud y con otro tipo de toreo se le hubiera podido sacar más.

Confirmaba López Simón al que su primero se llevó literalmente por delante en el primer cite con la muleta. Golpe y voltereta brutales de las que salió sin otras consecuencias de milagro. Mucho miedo pasamos por momentos. El torero estuvo decidido con ese toro y por momento tuvo algún detalle de calidad, igual que con la muleta, aunque estuvo muy mal con la espada. En el último, en medio de un chaparrón bíblico, hubo también algún momento de interés. El torero evidenció su interés en hacer las cosas bien, pero también acusó ciertas carencias técnicas. Manseaba mucho el toro, se iba de los muletazos, y nos hubiera gustado ver si dejándole el engaño en la cara hubiera podido haber una continuidad que no hubo nunca.

Lo del Cid se cuenta rápido. Su primero fue un toro soso que blandeó mucho; se pidió la devolución y el presidente no la concedió; con la muleta era imposible hacer nada. Con el cuarto lo intentó y dejo un par de naturales, quizás tres, recordando al Cid de otras temporadas (¡hace tanto ya!). Pero fue sólo eso. "En aquellos tiempos..." intuimos que Manuel Jesús le habría sacado más a este toro. Dejó su impronta, pero en una dosis diminuta. Muy importante la lidia de Boni a este toro.

La lidia del primero de Luque también me gustó, tuvo detalles el matador con el capote aunque sin llegar a romper y Algabeño estuvo bien con los palos (los puyazos se pusieron en su sitio, aunque la ejecución fue tal vez mejorable) . Luque empezó bien en una serie al natural, pero la faena se fue diluyendo: algún pasaje de más calidad con otros más vulgares. Muchos altibajos en un trasteo que remató mal con la espada (pinchazo y estocada trasera). El quinto fue el primero del diluvio, y esto condicionó la lidia y la actitud de la plaza. Hubo también algún momento bueno, sobre todo al natural, pero la faena fue irregular y no llegó a conectar de verdad. No estuvo mal, pero tampoco dijo mucho.

Al final, algunas reflexiones. La primera, obvia: en tardes así es mejor que Las Ventas esté techada. Digan lo que digan algunos (sobre todo si lo dicen desde su localidad de grada o andanada).

López Simón tuvo actitud y le falta oficio. A ver si tiene más oportunidades y por dónde rompe. Es difícil adivinarlo.

El Cid sigue sin encontrarse del todo. Recuerda en momentos cómo nos emocionó otras temporadas, pero eso no es suficiente.

Y Luque tiene que asentarse más y torear de otro modo, con faenas de más estructura y más encaje, sobre todo en plazas como Sevilla o Madrid. Es un torero que ha toreado muchísimo, pero que no deja las buenas sensaciones que debería alguien que tiene tan buena colocación en todas las plazas.

lunes, 13 de mayo de 2013

Dos paradigmas y una sola ausencia de triunfo verdadero - Las Ventas, 12 y 13 de mayo de 2013

Ayer eran los de Escolar y hoy los de La Palmosilla. Ayer, Rafaelillo, Robleño y Aguilar; hoy, Curro Díaz, Fandi y Galván. Dos estilos distintos, dos paradigmas diferentes a la hora de entender la fiesta en cuanto a toros y toreros. Pero, al fin, por unas cosas o por otras, apenas unos detallitos en cada una de las tardes.

Ayer, la corrida de Escolar no acabó de gustarme. No tuvo la grandeza y la emoción de los toros encastados en bravo. A cambio, permitieron estar enfrente con menos dificultades que otras veces. En estas circunstancias, hay que estar muy decidido y tener muchos recursos para llegar de verdad a los tendidos. Rafaelillo puso voluntad, y permitió una lidia interesante en los primeros tercios del cuarto de la tarde, con el que después hizo una faena de más a menos. Robleño instrumentó algunos lances con sabor al segundo, al que inició de forma muy torera la faena de muleta; fuera de esto, pareció que faltaba claridad delante del toro. Justo lo contrario que sucedió con Aguilar, que demostró cómo va ganando en madurez: faena de menos a más en el tercero, con esfuerzo por parte del torero y llegando al tendido y mucha voluntad y decisión frente al sexto.

Hoy, la de La Palmosilla ha sido descastada, muy sosa y parándose pronto. Confirmaba Galván, que ha tratado de hacerlo todo bien y despacio. A veces, en la cara del toro, con la muleta, demasiado despacio, con muchos tiempos muertos que, sobre todo en el sexto, se hicieron muy cuesta arriba. Se le notan muchas carencias, pero también ha dejado momentos de toreo hondo. Habrá que verle más veces. Curro Díaz ha empezado de forma sublime su faena de muleta al segundo de la tarde; una serie magistral y torerísima. Pero eso ha sido todo lo que le hemos visto en el día de hoy. Además de clase, hace falta más decisión y sitio (y toros que permitan faenas más redondas). El Fandi tiene mucho mérito aguantando impertérrito cómo los impresentables del 7 le boicotean cualquier cosa que haga. He de decir que a mí su toreo con la muleta no me gusta, pero eso es algo que está en el sentido estético que cada uno tenga de la fiesta. Y me parece inadmisible cómo le tratan. Me ha gustado lo atento que ha estado en la lidia de sus toros (sobre todo en el primero) y en el quinto de la tarde ha puesto cuatro pares de banderillas en un tercio emocionante. Mucho más de lo que hacen otros muchos toreros que tendrían muchas más razones (y necesidades) para tratar de agradar.

Detalles hemos visto las dos tardes. Pero sólo apuntes. Todavía estamos esperando una faena que nos haga ponernos en pie. Sólo falta que sea en los días nublados y con lluvia que parece que se avecinan...

viernes, 10 de mayo de 2013

La segunda también en la frente - Las Ventas 10 de mayo de 2013

Los duendes tecnológicos me han dejado sin cobertura casi toda la corrida, con lo que no ha habido modo de comunicarse por twitter con la afición, ni de saber lo que opinaban otros comentaristas habituales, ni de conocer (lo cual era más grave) qué estaba pasando en Jerez.

Al final, ni había nada reseñable que contar y en Jerez, todo lo más (parece) una faena bonita de Manzanares.

En Las Ventas, una corrida mala de Los Bayones, un torero tan falto de ilusión como de costumbre (Tejela), otro que no acaba de convencerse ni convencer (Mora) y otro al que se le nota que tiene ilusión, que ha dejado momentos interesantes, pero le ha faltado enemigo y, a veces, un puntito de rotundidad (Antonio Nazaré).

Mientras tanto, los del 7, ayer silenciosos, han dado hoy una tarde infernal. A saber por qué. Ver a ciudadanos iletrados como esos tratar de dar lecciones de cualquier cosa da risa o vergüenza ajena (dependiendo del estado de ánimo). Pero tenerles que escuchar sin parar es algo que no es de recibo. Una cosa es una voz de vez en cuando y otra pasarse una faena entera dando voces. El resto del público, la mayoría, que vamos a tratar de disfrutar y entretenernos, no tenemos por qué vernos invadidos por su constante interés en llamar la atención. Especialmente cuando alguien hace algo bien (léase Nazaré) y se pretende reconocer el esfuerzo y los logros (hasta donde lleguen).

Una pena que vengan corridas de tan mal juego como estas (en lo que toca a la presencia, si luego embisten, y dentro de unos límites, uno puede ser más flexible).

El domingo, la de Escolar. A ver qué pasa...

jueves, 9 de mayo de 2013

Mansos (los toros) y sin decisión (los toreros) - Madrid, 9 de mayo de 2013

Decíamos esta mañana en twitter (@grantemporadalc) que los tres toreros de hoy saben torear. Y bien. Pero que tienen que creérselo. Asumir que, como dijo ayer JT, en el ruedo sólo hay presente.

Pues no ha sido así. Los toros han sido mansos, sosos y descastados. Pero a salvo de algún detalle pinturero de Leandro y algún detalle de Morenito de Aranda, no ha habido una disposición absoluta, una entrega completa, que es lo único que tiene sentido cuando uno se anuncia en San Isidro.

Lo hemos contado así.

Mal la lidia del primero. Nada con el capote, mal el picador y las banderillas. Así no. Toro soso. Urdiales indeciso y algo espeso. El viento molesta. Estocada hábil y descabello.

En el segundo, bien banderillas Martín. Nada más en los primeros tercios. El toro hace extraños con los cuartos traseros. Algún natural con sabor de Leandro a un toro manso que se desentiende de los engaños. Falta lidia. Varios pinchazos.

Detalles de Morenito con el tercero, pero falta estructura, intensidad,... Creérselo. Pinchazo hondo y bajonazo.

Lidia, digamos que poco lucida en el cuarto. Toro manso y soso. Urdiales no está especialmente lúcido.

Poca historia en los primeros tercios del quinto. Brinda al público? Manso, soso y parándose el quinto. Leandro tampoco está muy brillante. Estocada baja y varios descabellos.

Bien el tercio de varas en el sexto y muy bien el segundo par de Luis Carlos Aranda. Morenito lo intenta, con escasa convicción y nulo éxito. Mal con la espada.

La corrida, en fin, no ha sido buena. Una vez que han sido criados y que salen al ruedo, lo de los toros no tiene arreglo. Pero lo de los toreros es otro cantar. Sin duda, pueden dormir tranquilos: no se les ha ido ningún toro de triunfo grande. Pero, a mi juicio, la decisión tiene que ser mucho mayor que la que hoy hemos visto. En cualquier plaza. Pero en algunas como Las Ventas, mucho más.

martes, 23 de abril de 2013

Comienzo de temporada


Finalizada la Feria de Abril y a unas semanas para que empiece San Isidro han sucedido ya bastantes cosas para poder hacer unas primeras reflexiones sobre cómo va la temporada.
Lo primero que hay que apuntar es que es previsible que continúe el descenso en el número de festejos. Pero eso no tiene que ser malo si se aumenta la calidad de cada corrida y hay mayor afluencia de público cada tarde (Sevilla es un ejemplo). El futuro no está, a mi juicio, en tratar de volver a las cifras de hace cinco o seis años, sino en que cada cartel tenga alicientes para que la gente acuda al tendido y en que, al final del mismo, salga toreando.

Para eso, lo primero que tienen que ayudar son los toros. Y aquí, las primeras ferias han dejado también hechos incontestables: ha habido muchos toros buenos a los que no se les ha sacado todo el partido que tenían; y algunos hierros, por falta de casta, de fuerza y de emoción han echado al traste tardes importantes (la del domingo por la tarde en Olivenza, por ejemplo, por no mencionar otras en Valencia o Sevilla).
Estos dos meses han demostrado también que no es cuestión de encastes, sino de bravura, nobleza y emoción. En Sevilla, por ejemplo, la corrida de Miura salió muy buena. Pero también salieron excelentes algunos toros de Juan Pedro-Parladé. Y a cambio, lo de Miura en Valencia no sirvió, ni lo de Cuadri en Sevilla,… Victorino tampoco ha saldado con especial buena nota su paso por Valdemorillo, Castellón y Sevilla. De Juan Pedro, Garcigrandes, Núñez del Cuvillo, Victoriano del Río o el Pilar ha habido de todo, pero sigue echándose de menos algo más de emoción. Es imprescindible que el toro, sin perder la nobleza en las embestidas, tenga un mayor vigor y acometividad. En caso contrario, es muy difícil que haya un triunfo rotundo, a menos que el torero sea absolutamente excepcional.

Mención aparte merece Fuente Ymbro, que parece que busca ese mayor picante y en tardes como la de Sevilla demuestra en algunos de sus toros lo grande que puede ser la Fiesta. Una pena que le cueste tanto a las figuras apuntarse a lidiar esta ganadería. Una muestra, por otro lado, de que hablar de “monoencaste” es, según a qué efectos, bastante poco ilustrativo.
Sobre los toreros, también este comienzo de temporada empieza a marcar distancias. Sin duda, el torero que, al menos hasta su cornada, se encontraba en mejor momento era el Juli. Lo demostró en Olivenza y lo ratificó con una rotundidad aplastante el Domingo de Resurrección en Sevilla. Así se sale a una plaza de toros, en una de las corridas más importantes de la temporada y después de haber encabezado una lucha desigual con los que mandan en los despachos y en los micrófonos (más allá de que uno pueda estar de acuerdo o no con algunos postulados o que crea que las cosas podían haberse hecho mejor, algo en lo que creo que el propio Julián estará de acuerdo). Esperemos que se recupere pronto y que vuelva con la misma rotundidad con la había empezado a temporada hasta que tuvo que salir apresurado de la Maestranza por la puerta de la enfermería. Su compromiso con la Fiesta fuera de los ruedos, con actos como el tentadero para niños en Olivenza, es inapelable y debe ser reconocido.

A cambio, Manzanares se encuentra lejos de su mejor momento. No remató en Valencia, estuvo ausente el Domingo de Resurrección y en la corrida de los seis toros se salvó por la campana, gracias al inmenso cariño del público y a un toro extraordinario y muy acorde con su estilo. Pero esas dos orejas no pueden ocultar una tarde mal planteada. Mucho tiene que ganar en disposición y en claridad de ideas para volver a la frescura con la que ha conseguido tantos triunfos.
Morante, como siempre, es un genio que transita al margen de lo que otros hagan. La faena de Valencia fue excepcional y el toreo de capote del día 15 en Sevilla quedará para los anales. Este torero tendrá sus días. Pero seguirle permite encontrarse de vez en cuando con lo sublime y con un concepto único y universal de la Fiesta. Dentro de su falta de regularidad, parece que este año la disposición y la forma son mejores que el pasado. En San Isidro tiene tres tardes y seguro que veremos cosas grandes. El anuncio que ha hecho para Canal + Toros, absolutamente de 10.

A partir de ahí, Talavante sigue con sus improvisaciones, pero le falta verdadera claridad delante de los toros. Castella sigue sin convencer(nos) a muchos. Fandiño y Mora, grandes esperanzas de la pasada campaña, han tenido detalles pero no tiene la rotundidad que se exige para saltar al grupo de los que mandan. A cambio, Nazaré sale reforzado de Sevilla (aunque tiene que tener más rotundidad y creérselo más). Y Manuel Escribano es un hombre que se ha ganado que le den sitio, mucho sitio; si se puede torear tan bien y tan hondo a un Miura, hay que verle con muchos más toros. Igual que a Castaño a quien siempre es un placer ver en la plaza, por su decisión y por la extraordinaria cuadrilla que tiene, a la que da sitio y oportunidades.

El Cid sigue apagado. Luque, como apuntó Ignacio Sánchez Mejías, es muy inteligente, pero ocupa unos lugares en los carteles que no se han refrendado con triunfos rotundos. Jiménez Fortes demuestra que quiere ser alguien en esto, pero tiene que demostrarlo con mejores armas y convicción. Ferrera y Fernando Cruz han estado bien, pero tal y como están las cosas hay que romper de forma rotunda en cada faena.

En el escalafón de los novilleros, la mañana de Olivenza fue un vendaval de alegría. Garrido, Lama de Góngora y Miguel Ángel Silva estuvieron a gran altura. Pero la sorpresa y la mayor emoción vinieron de la mano de Posada de Maravilla. Tienen que aprender, que irse haciendo. Pero hay mimbres, buen toreo y personalidad en muchos de ellos. La estructura no es fácil para irse haciendo, pero el futuro exige plantearse con seriedad si queremos dar oportunidad de verdad (como Olivenza) o estrellar a chavales (como ha sucedido en general en el ciclo de abril en Madrid).

En las Plazas algo ha empezado a cambiar, como parece demostrar el nuevo enfoque de Málaga (habrá que leer la letra pequeña). Veremos qué pasa en Zaragoza, en Alicante, en Burgos,… Insisto una vez más: tenemos una Fiesta que, aunque no mediante subvenciones, como acusan torpemente los antitaurinos, depende en lo esencial de la Administración porque los cosos son de su propiedad. Por tanto, sus decisiones sobre el modo de explotarlos condiciona cuántas corridas y cuántas novilladas se dan, a qué precios, en qué fechas,… O si directamente no se dan, como ha pasado en San Sebastián sin necesidad de prohibir nada. El sector debería plantearse muy seriamente este asunto.

Y, en fin, la dimensión cultural de la Fiesta sigue dando grandes alegría. De entre las novedades editoriales recientes, dos publicaciones imprescindibles: “Joselito, el toreo mismo” de la Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla y “La geometría y el ensueño”, antología editada por la Fundación José Manuel Lara en la que Carlos Marzal selecciona poemas de temática taurina de los últimos sesenta años con joyas de Umbral, Claudio Rodríguez, Jacobo Cortines, Fernando Quiñones,… y José María Jurado.

lunes, 15 de abril de 2013

¡Belleza que yo he visto, no te borres ya nunca!

Así exclamaba Juan Ramón Jiménez ante la fugacidad de la tarde en que quiso ser eterno, así digo yo hoy cuando mis ojos han visto el milagro, sí el milagro, no de mecer al tiempo sobre el rosa y el amarillo del atardecer, no de parar al tiempo y congelar los relojes en el eje exacto de la áurea espiral, no. El milagro de ver girar al tiempo en el sentido contrario, de sentir cómo se invierten los polos de la tierra, de ver estallar las fuerzas nucleares en una explosión armónica de luz, onda y corpúsculo. Morante ha dinamitado la flecha de Laplace, el rayo de Einstein, es el torero cuántico, capaz de transportarnos por los ignotos túneles de la física a un lugar anterior a nosotros mismos. Como un acelerador de partículas es su capote un toroide donde se desgrana, ante el toro, con el toro, la partícula de la danza, el bosón de Higgs de la belleza. Sucedió en el cuarto. Antes, en su primero, hubo fogonazos, relámpagos, apariciones, profecías, la verdad del natural más verdadero jamás visto, pero sin la continuidad de la coreografía, avisos de lo porvenir. Y vino. En el cuarto, tras una serie de ensueño y una verónica fallida, trazada en el corazón a mil por hora de la plaza, repitió, -¿cómo?- el lance: ¿giró la capa en sentido contrario, hizo latir al torbellino como una columna salomónica revolviéndose en su inercia? ¿Giró la tierra? Josué pidió a Dios que el sol se detuvierar para poder acabar con sus enemigos. Los relojes atómicos habrán de computar al menos un segundo ¿de más o de menos? a este día en que Morante de la Puebla trajo de fuera del tiempo la eternidad que un derrote nos había sustraído, como si citando, pero con el capote, a Shelley dijera: 

"Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en agua,
Pero antes que el soplo del viento lo borrase,
la Muerte, arrepentida por esa cruel matanza,
la Muerte, frío invierno inmortalizador,
fluyó contra corriente y el tiempo caudaloso,
que nunca deja huellas, se hizo orlas cristalinas,
engalanando el nombre de Adonais" 

(Trad. Juan Abeleira, Alejandro Valero) 

Así, del vacío del tiempo, del pasado, fue rescatada, resucitada en plenitud,  la armonía, eternamente presente:  Hoy somos inmortales. ¡Belleza que yo he visto, no te borres ya nunca!


Verlo todo, pero atención al ¿minuto? 2:22


RESUMEN DE LA SEXTA DE FERIA por burladero_es

sábado, 13 de abril de 2013

La geometría y el ensueño

Ha empezado la feria, la de verdad, la de los toros. No podré ir este año tantas tardes como la Maestranza y el espíritu reclaman, pero lo compensaré con la lectura de esta antología de Carlos Marzal: "La Geometría y el Ensueño", donde se han recogido dos poemas de "Plaza de Toros" (los dedicados a José Tomás y Rafael de Paula), que publicó la Isla de Siltolá, justamente ahora hace dos años.





De la compilación, antecedida por unas interesantísimas reflexiones: Cuatro consideraciones discutibles acerca de la poesía taurina nos dice el autor: “A la poesía taurina le conviene ser menos taurina y más poética”.

Esa es precisamente la novedad de esta publicación al abordar con criterios estrictamente literarios la presencia de lo taurino en la poesía escrita en español desde la segunda mitad del siglo XX: José Hierro, Pablo García Baena, Aquilino Duque, María Victoria Atencia, Fernando Quiñones, Francisco Umbral, Luis Alberto de Cuenca, Felipe Benítez Reyes, el propio Carlos Marzal o Santos Domínguez son algunas de las piedras angulares de un libro necesario.

Verse entre estos nombres da, aproximadamente, el mismo vértigo y responsabilidad que estar anunciado en la Feria de Abril o en San Isidro.

Según Marzal el toreo está destinado/condenado a ser un espectáculo minoritario, es probable, es quizá justo y necesario. En este sentido la apuesta de José Tomás en Nimes el año pasado ha marcado un hito ineludible sobre el que prontamente tendremos buenas nuevas editoriales.

Empieza la feria de los toros, que Dios reparta suerte a todos, también en la otra feria, en la de las vanidades, donde las cornadas no se ven venir.

Les dejo con la reseña que de la antología ha hecho el maestro Santos Domínguez.

Plaza de Toros, Isla de Siltolá, 2010