jueves, 27 de mayo de 2010

Madrid (26 de mayo de 2010) - Los samueles

Hace no muchos años, los samueles eran toros a los que se apuntaban las figuran. La presencia era (sigue siendo) impresionante, pero tenían una nobleza y una transmisión que los hacían muy adecuados para plazas como la de Madrid.

Hoy, salvo Ponce, que de vez en cuando se apunta a torearlo, y Adolfo Suárez Illana, por aquello de la familia política, no suele ser un hierro favorito para los de arriba.

El cartel de ayer era elocuente: Padilla (que volvía a Madrid después del enfrentamiento que tuvo con "parte del público" hace unos años), Encabo (que no acaba de romper) e Iván García (...).

Los toros no se comieron a nadie y salvo el primero, que flojeó de forma ostensible, los demás se mantuvieron en pie y pasaron. En cuanto al primero, creo que el Presidente no lo cambio porque temía que devolver el primero, si todos salían igual, podía ser abrir la puerta a un auténtico escándalo de orden público.

Después de una primera parte de la corrida bastante anodina, vimos algo de toreo en el cuarto y en el sexto.

Padilla salió muy dispuesto en el cuarto, al que recibió con largas de rodillas junto a tablas, banderilleó (sin mucho acierto) y toreó en su estilo, con una colocación poco ortodoxa y un ajuste y hondura mejorables. Sin embargo, es cierto que dio alguna serie de naturales de interés, sin continuidad (quitaba la muleta de la cara, perdía pases entre pase y pase) pero algunos con clase y temple. Si el toro permitía que las cosas se le hicieran más quieto y ligando los pases es algo que no llegaremos a saber. (Yo, al menos, no me atrevo a asegurarlo). Mató de una estocada caida pero fulminante, hubo una petición amplia y el presidente no concedió la oreja llevándose una bronca contundente. Por qué Padilla no dio entonces la vuelta al ruedo es algo que se nos escapa.

Iván García, en el sexto, dio dos series grandiosas de naturales. Pero sólo dos, de un toro que uno cree o quiere creer que tenía alguna más. Se le nota que torea poco y le cuesta acoplarse, ver que el izquierdo es el pitón bueno, quedarse quieto,... Pero cuando lo hace la plaza rompe. Una pena que no haya tenido mayor continuidad.

Encabo, con el segundo, después de unos primeros pases por bajo, tuvo que irse a chiqueros porque el toro se rajó. Algunos en el tendido recordaban faenas en aquel lugar realizadas a mansos por variadas figuras del toreo, pero o ahora los mansos son distintos y no hay forma de hacerles faena, o es que los toreros no están entrenados para ello. El quinto fue un toro incierto y el torero estuvo inseguro.

Poco más que contar. Al menos vimos algo.

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Padilla se quiso ahorrar, me digo, otro enfrentamiento con el "entendido" siete.