martes, 5 de mayo de 2009

Una tarde de toros

Toros de El Pilar
Luis Francisco Esplá
Manuel Díaz, el Cordobés bis
Javier Conde

(2 de Mayo)

Sabías a lo que venías, así que disfruta de la tarde de toros de pueblo grande que te aguarda, en mejor compañía, además, que nunca.

Porque fuiste a ver al Cordobés –hijo- y a Esplá –ya, padre-, acompañado por tu propio padre y así ninguna tarde puede ser mala.

Te hubiera gustado que en el cartel hubiese toreros: exquisiteces de Manzanares, filigranas de Morante, temple y mando del El Juli, naturales Talavantes...

Te hubiera gustado que la Plaza estuviese a reventar, aunque a él se lo pareciera, y que hubiera crujido la cal, el albero y el mortero con los olés de la pureza.

Pero esa tarde la Maestranza, cual real de la feria, estaba guasona, fácil y encharcada, y por eso saltó la rana al grito de ¡torero, torero!

Aún así, ¡oh destino peregrino! Pudo ver, después de más de 100 toros arrastrados, los toros más bravos y buenos en la muleta de todo el serial.

Así era el de Conde primero, pastueño y dócil, con el que apuntó lo que al final no fue sino vuelo de almohadillas (esta no es la Maestranza habitual, pero es posible que vuelva como los Jandillas, si la empresa sigue siendo la de costumbre), porque al segundo ni lo quiso ver.

Y mejor todavía el quinto del Cordobés, quien por vergüenza ajena hasta mando callar a quienes le gritaban ¡torero, torero! en la costa del sol de la plaza... Había que gritar, ¡toro, toro! ¡Qué maravilla de embestida y cómo hundía el hocico! Claro que ya todo nos parece bueno visto lo visto. Peticiones hubo de oreja, estamos en democracia, pero nos salvo la aristocracia. Algo es algo.

Este toro ha sido el toro de la feria.

Y Esplá, traje nazareno y oro, berrendo en obispo y oro viejo, por eso de la tripa...

El capote y la muleta con el envés azul, la montera calada en la faena... se va un torero y una tauromaquia. Y se va en sombras, ni se animó a banderillear ni parecía que más pudiera esperarse. Pero qué más da ¡con Dios, maestro!

¡Ay aquella tarde en la que vimos por la Televisión –vivía yo en Aracena- salir a lo panaderos, a los menestrales, a los tipógrafos, a los ujieres de Madrid, llevando a hombros a toros y toreros sobre la tarde prendida en el corbatín anudado al toro victorínico!

¡Ay aquellas tardes de otoño dorado en que yo estudiaba en Madrid y cosían la tarde pares de banderillas blancas y mediterráneas, al quiebro, de frente y por derecho con torera gallardía y majestad antigua!

Adiós Esplá de Jazz y smoking, de capote azul y montera de huecograbado.

Adiós siglo XIX, nosotros ya no somos los mismos, ¿verdad papá?

El año que viene te vienes el Domingo de Resurrección a ver a José Tomás, a Perera y a Morante abrir la Puerta del Príncipe, la Puerta de la Vida.

2 comentarios:

L.C. dijo...

Una pena que esto se esté acabando José María.

Las crónicas han estado mejor que las corridas. Y esta me ha gustado especialmente. Por la verdad profunda del diálogo con el padre.

Cuándo deba retirarse un torero es algo difícil de dilucidar. ¿Conde está para retirarse, o sólo Esplá? ¿Y el Cordobés?

En mi opinión, Esplá, con sus carencias ha venido aportando en los últimos años, cada vez de forma más espaciada, señales y mensajes para los que empiezan y para los aficionados. Por algunos de esos ejemplos de lidia, de presencia en la plaza, de rito,... era mejor que estuviera a que se hubiera ido. Ahora tal vez vaya siendo la hora de dejar que sea otro quien lo haga. Y qué mejor que dar el testigo y ceder los trastos de matar a su propio hijo.
Pero que Conde y el Cordobés piensen también lo que deben dar a los espectadores y a los chavales que quieren ser toreros.

José María JURADO dijo...

Aunque por falta de tiempo se está haciendo esperar, en breve la reseña "MIURAS A LA PADILLA", permanezcan atentos a sus tendidos.

Muchas gracias, L.C. por tu generoso comentario.

Ya calentando motores para la Isidridada ¿no?

Eso sí que es una maratón de cuernos