jueves, 28 de mayo de 2009

¡Que tiren la Plaza o expulsen a esos imbéciles!

Ahora que parece que lo de Israel Lancho se queda "sólo" en un percance muy grave, pero que, milagrosamente, no ha perdido la vida en la Plaza, un par de apuntes sobre la corrida de ayer. Sucintos, que el asunto tampoco inspira la poesía.

Primero: uno puede pensar que la corrida salió mejor o peor, que los toros estaban mejor o peor presentados, que los toreros estuvieron o no por debajo de los toros,... Todo eso y muchas cosas más puede uno tener analizadas durante las dos horas que dura la corrida. Pero si al final un toro coge por el pecho a un matador y no sabe si lo ha matado o no, hay que ser mamarracho, imbécil e insensible para aplaudir al ganadero y hacer que salga a saludar el mayoral. Hay que tener nulos escrúpulos morales para considerar que es digna de elogio una corrida que puede dejar un cadáver en el albero. Y no porque el toro (y menos aún el ganadero o el mayoral) tengan la culpa sino porque uno no puede tener cuerpo para la felicidad cuando acaba de ver en directo la tragedia. Y lo que se predica de los integristas del toro se dice, y con mayor rotundidad del ganadero y el mayoral. ¡Que aplaudan, si quieren, esos imbéciles, pero uno, por dignidad, ni saluda ni se felicita del comportamiento de sus animales con un torero en la enfermería!

Segundo: algo de inquietud tendría el Presidente cuando no se cansaba de repetir que el toro estaba picado y que él cambió el tercio porque el torero se lo pidió. Es verdad, pero a ver si va a resultar que sólo hacemos caso a lo que piden los matadores cuando el cuerpo quiere emociones fuertes. Que otras muchas veces, el Presidente no accede y pide que se le pique más. Que expulsen al siguiente Presidente que no cambie el tercio cuando lo pida un matador y nos creeremos que lo hizo sólo por eso.

Si sumamos esos comportamiento otros acaecidos en la feria: no sacar a saludar a Perera en su vuelta después de la encerrona de otoño o a Bolívar cuando había sido cogido dos días antes, no obligar a Morante a dar una vuelta al ruedo después del tercio de capotes que brindó,... uno se da cuenta que toda la verdad y la liturgia profunda de este arte se ha perdido de la Plaza de Las Ventas. Y sin eso, la Fiesta deja de tener sentido.

Genial la crónica de hoy ("Agua y vanidad") de Carlos Ruiz Villasuso en Mundotoro.

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Lo de Madrid es una vergüenza, porque, además, es mentira que haya sido siempre así como dicen los puristas de lo salvaje. Madrid era una Plaza que se extasiaba con Curro y con Camino, con los "toritos" de Manolete y aun con El Cordobés. Pero estos descerebrados que no saben que cosa es el toreo, ni distinguir genio de bravura, casta de raza, fuerza de nobleza, etc. proclaman un ideal que tiene mucho de bucle melancólico, de abertzalismo castizo, de apología -como se ha visto- de la violencia. Así les va: así se aburren y esos son los carteles que llevais.
Yo creo que la Asociación de Matadores de Toros debía decidir -en conjunto- no pisar un año Madrid o al menos defender o poner orden en los carteles de los toreros modestos.

Y qué gracia me hacen algunos cuando hablan de las figuras que no matan ciertas ganderías, parece que lo único que quisieran es que a los toreros los asesinase el toro. Y que muriesen las "figuras".

El día de victoriono en Sevilla se plagó el Sol de estos impresentables, me alegro de que perdieron el AVE, a diferencia de ellos yo no sé desear cosas peores.

Bien dicho, Lorenzo. Por la ética del toreo.