jueves, 28 de mayo de 2009

Madrid (28 de mayo de 2009) - ¡Vaya racha!

En un cambio mano, el tercero de la tarde prendió a Salvador Cortés por encima de la rodilla y lo volteó. La conciencia de que le había calado fue inmediata y hubieron de llevarle a la enfermería porque, aunque pretendía matar al toro, era incapaz de mantenerse en pie. En todo caso, por el lugar de la cornada, la gente tuvo claro que la cornada sería dura e incómoda, pero que no parecía que pudiera poner en riesgo la vida, como sí había sucedido el día anterior con Israel Lancho. Después de que Encabo matara al toro, algunos _____ aplaudieron al toro (que, para mayor extravagancia, no había sido bueno a pesar de regalar algunas embestidas francas al principio de la faena de muleta).

Lo demás fue un continuo despropósito, con toros bastante sosos los de Cebada Gago (los tres primeros) y absolutamente infumables, por parados y mansos, los tres de Guardiola con los que se remendó la corrida.

Encabo y Fernando Cruz pusieron voluntad siempre y acierto en diferentes dosis. Pero como no podamos verlos con otros animales no hay quien sepa cómo andan en la cara del toro. Lo de hoy no es un ejemplo ni para eso.

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