domingo, 31 de mayo de 2009

Madrid (30 de mayo de 2009) - Victorinos postmodernos

Los toros de Victorino del fin de la feria no han sido fieras alimañas en busca de toreros ansiosos de triunfos, han sido, simplemente, toros que no permitían el toreo grande y profundo. Todos han recortado las embestidas en la muleta, después de no entregarse en el capote ni pelear con franqueza en el caballo. Podríamos entrar en algunas disquisiciones: que si el primero tenía algo de recorrido por la derecha y se le podía haber sacado alguna tanda con más hondura, que si el segundo sí se dejó con el capote y el Cid lo aprovechó, que si el cuarto fue de lejos al principio de la faena de la muleta y no se sabe muy bien por qué Urdiales las acortó tan rápidamente, que si el tercero y el sexto perdonaron la vida a Fandiño cuando quedó a su merced en el suelo y no le calaron,... Pero nada de eso serviría para matizar una corrida sosa, sin atisbo de la casta y la raza que le han dado el nombre y la fama. Una corrida postmoderna, en fin, con farfolla y sin sustancia. Con aparato mediático, pero sin posibilidades para los toreros, lo cual (al fin) supone que tampoco tiene interés para los (buenos) aficionados.

Aún así, no todos los de luces salen parados de igual modo del enfrentamiento. Urdiales, que ha dado alguna tarde buena con animales de esta ganadería, no estuvo especialmente acertado. Se le vio intranquilo en exceso, sin saber muy bien qué hacer con cada uno de sus toros, dónde colocarse, cómo citarlos,... Le falta técnica y horas de carretón (las estocadas, siempre caidas).

El Cid, sin embargo, estuvo tan solvente como acostumbra. Y con una cuadrilla que probablemente es la más completa del escalafón. Boni con el capote y Alcalareño con los palos son un auténtico espectáculo: es imposible lidiar mejor a un toro con menos capotazos (Boni) y parear con más verdad desde la más absoluta ortodoxia (Alcalareño). Cuando en el quinto invirtieron los papeles, la genialidad no fue tanta, pero aún así la distancia con las demás cuadrillas era abismal. Manuel Jesús, por su parte, no está en su mejor momento: le falta frescura y acierto. Se pone, lo intenta y torea con esa técnica, esa verdad, esa honestidad,... que nadie a estas alturas puede discutirle. Pero le falta ese punto de suerte en los sorteos y de decisión en la faena que le hacían salir casi siempre triunfador otras temporadas. En estas, sigue estando ahí y merece la pena verlo sobre muchos otros matadores, pero la irregularidad es mayor de lo que estamos acostumbrados con él.

E Iván Fandiño. Venía sustituyendo al Fundi. Un gesto que pudo costarle muy caro. En ambos toros tropezó y quedó a su merced: uno le elevó con el pitón sin llegar a herirle y otro ni siquiera acertó a darle. Un milagro pensando lo que pudo haber pasado. Iván no está para torear victorinos. Tiene una gran decisión y quiere ser alguien esto, por lo que estoy seguro que tratará de buscar cualquier oportunidad. Pero los toros de este encaste requieren una preparación y unos reflejos sin los cuales es mejor ni siquiera tentar a la suerte.

Un cierre de feria, en definitiva, en perfecta coherencia con lo que ha sido este San Isidro, donde salvo la genialidad de Morante, la decisión y acierto de Castella, la improvisación y frescura de Luque y la primera tarde de Pablo Hermoso, el arte ha estado casi siempre ausente (apuntes de Tejela, de Bolívar, de Emilio de Justo,...). A ver si esta semana, la de la feria bastarda del aniversario, alguien consigue dar una verdadera tarde de toros.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No tropezó, los toros (ambos) le zancadillearon, hay que estar atento...