No sé muy bien si la actitud de El Cid al no querer salir en hombros de la plaza debido a las protestas por el indulto era una señal de enfado con el público o de respeto. De ser lo primero estaría totalmente injustificado, porque la faena que ha realizado a ese cuarto toro de la tarde ha sido una grandísima faena, en la línea del mejor Cid. Y el público así lo ha reconocido. La forma de citar al toro más allá del tercio al natural para empezar el toreo con la muleta nos recordó, salvando la diferencia de toro y de plaza, a la de un día de San Isidro de hace dos o tres años en Las Ventas. Luego, las series con ambas manos han sido realmente primorosas, profundas, hondas y templadísimas. Ha toreado con mucho gusto y mucha profundidad a un toro noble que ha humillado y ha seguido muy bien los engaños. Pero de ahí al indulto va un trecho. Y ese trecho lo ha recorrido el Presidente por su propia cuenta y riesgo, sin que apenas se lo pidiera nadie (al menos, casi nadie de los que estaban en el tendido, porque sí que ha habido algunos comentarios y gestos al ir a cambiar el Cid la espada que han resultado un tanto peculiares). A partir de ese momento, el Cid ha seguido gustándose y el toro ha seguido embistiendo, aunque, obviamente, cada vez con menos codicia. Faena importante y muy inteligente de Manuel Jesús. Tras simular la suerte de matar y conducir con la muleta al toro a los corrales, el público no ha pedido los trofeos, pero no, desde luego, porque no le hubiera gustado la faena (importantísima, como digo), sino porque me da la impresión de que el personal asume que el indulto equivale a las dos orejas y el rabo para el matador, como por otro lado ha sucedido. Pero hay que recordar que no es así y que el reconocimiento al comportamiento del toro que supone el indulto es independiente del que merezca la faena del torero, que puede ser de dos orejas y rabo (esta faena, en una plaza como San Sebastián de los Reyes y con indulto por medio probablemente lo era), de dos orejas, de oreja, de silencio o de protestas, que de todo puede haber. El Cid ha estado muy bien, y querríamos ver en esta faena la constatación de que se está volviendo a encontrar como torero. ¡Olé por él! El indulto ha sido excesivo, pero tampoco me parece que eso sea para montar una revolución. Ni para que se enfade con el público, si este ha sido el caso.
El resto de la tarde ha sido todo lo anodina que pueda imaginarse con otros cinco toros sosos y desclasados, sin casta ni fuerza de ninguna clase. Los tres toreros (Cid, Talavante y Luque) lo intentaron, pero se estrellaron contra un encierro lamentable. Aun así Talavante consiguió instrumentar series muy buenas con ambas manos a su primero, de un trazo y un temple primorosos; lástima que la absoluta sosería del animal hicieran imposible que aquello transmitiera un ápice de emoción. Y Luque con el tercero, el único que se movió y transmitió un tanto además del indultado, cortó una oreja después de una faena con pases de interés con ambas manos, en la que destacó el inicio tremendamente quieto, llevando al toro por ambos pitones varias veces, y los adornos.
El viaje no ha sido en balde. Hemos visto a un gran Cid y a un buen toro. Aún así, da pena ver dónde está para algunos el listón de la bravura. Porque si lo de este toro es el paradigma de la bravura, si esto es lo que se quiere como semental, no me extraña que a poco que el cruce no mejore mucho lo que aporte el padre, haya serios riesgos de que la descendencia sea sosa y floja, que se pare o se defienda al embestir. Como el resto del encierro, vamos.
sábado, 28 de agosto de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
La majestad de Manzanares
(21-VIII-2010, la Goyesca del Puerto)
Al hablar de José María Manzanares se pondera su corte de torero clásico y se acude con frecuencia a un término, pobre a mi juicio, como es el de “empaque”, pero con el que los aficionados se entienden, algo así como el “trapío”, pero aplicado a las formas del toreo.
Sin embargo, Manzanares, ya se hace innecesaria la distinción entre el padre y el hijo, está muy por encima de este concepto limitado. Intuyo que Manzanares aporta “majestad” a la tauromaquia. La “majestad” es una cualidad luminosa que excede el ámbito taurino y que alumbra a los dioses y a los hombres.
No se trata de celebrar las cualidades áticas de su toreo, semejantes, si no superiores, a las del maestro Antonio Ordoñez, se trata de que Manzanares, hoy por hoy, es la expresión taurina de “lo apolíneo” en el arte.
Remedando al diccionario: Manzanares posee los caracteres de serenidad y elegante equilibrio propios de Apolo.
Esto, que lo hemos visto tres años seguidos en la feria de Sevilla, pero también en Barcelona o, recientemente, en Huelva, quedó firmado junto al mar de la Argónida la otra tarde en la goyesca del Puerto de Santa María.
Firmó dos obras maestras con dos soberbios estocadas que quedarán enmarcadas en las ánforas del recuerdo.
En el primero de sus toros con una grandísima exposición porque, habiendo un vendaval en el ruedo que hacía prácticamente imposible todo toreo, embarcó en series templadísimas a un animal, bravo, sí, y fiero, de Cuvillo.
Cuando salen estos toros y los cogen estos toreros, nuevamente los conceptos de temple y mando se quedan chicos, lo que sucedió rompió el molde de lo clásico.
Da casi pudor decir que el toro se durmió en las verónicas o que los cambios de mano fueron de una cadencia prodigiosa y los pases de pecho espeluznantes –es el único torero que los sabe instrumentar perfectamente desde la cabeza a la penca del rabo-, porque es repetirse y el prodigio al que asistimos será irrepetible.
Y hay que decir que en el segundo de sus lotes la primera de las series fue un sueño, un milagro de los que convencen a cualquier descreído, la aparición de lo divino, el resto de la faena se vino un poco abajo luego, por el toro, abatido ante tan sublime juego. Pero el público se había vuelto loco y tras un pinchazo en lo más alto, se le dieron el total de 4 orejas que es un cómputo bien mundano para lo que vivimos.
Si el toreo es ligazón y redondez, aquello, aquella serie, fue el “toreo”.
Se lidiaron toros de Cuvillo, ¿por qué estos toros si embisten y transmiten miedo? y de Gavira, de juego más manso, malos. Morante no estuvo suerte en su lote, aunque dio alguna bonita serie.
Daniel Luque, estuvo muy bien en su primero, pero por contraste, sólo por contraste, nos supo a poco.
Si Manzanares es lo apolíneo, Morante, lo hemos dicho, es lo dionisíaco, acudiendo otra vez al diccionario, diremos que posee los caracteres de ímpetu, fuerza vital y arrebato atribuido a Dioniso. O sea, el duende.
Esto no hay donde aprenderlo, lo dan los dioses.
Entre Apolo y Dioniso hay sólo espacio para los héroes, ese espacio que ocupaba José Tomás y al que se acerca a veces el Juli y, excepcionalmente, Perera, Cid o Castella.
Es en el ocaso de la tauromaquia, porque el escalafón renquea y no esperamos nuevos novilleros, cuando se puede ver el mejor toreo de todos los tiempos. Los siglos de oro suelen ser la punta brillante, la última luz de una decadencia previsible.
En este canto del cisne a mí ya sólo me merece la pena ver torear a Morante y a Manzanares.
Lo demás me parece vulgar, aunque engrandecido por el trágico año de percances sufridos.
Sé que un buen aficionado no debería afirmar esto, pero a mí no me corresponde desmentirlo, sino a los otros toreros, los que no llenan las plazas.
Morante, Juli, Manzanares, el cartel de la feria de San Miguel.
El cartel del Domingo de Resurrección.
El Cartel.
Al hablar de José María Manzanares se pondera su corte de torero clásico y se acude con frecuencia a un término, pobre a mi juicio, como es el de “empaque”, pero con el que los aficionados se entienden, algo así como el “trapío”, pero aplicado a las formas del toreo.
Sin embargo, Manzanares, ya se hace innecesaria la distinción entre el padre y el hijo, está muy por encima de este concepto limitado. Intuyo que Manzanares aporta “majestad” a la tauromaquia. La “majestad” es una cualidad luminosa que excede el ámbito taurino y que alumbra a los dioses y a los hombres.
No se trata de celebrar las cualidades áticas de su toreo, semejantes, si no superiores, a las del maestro Antonio Ordoñez, se trata de que Manzanares, hoy por hoy, es la expresión taurina de “lo apolíneo” en el arte.
Remedando al diccionario: Manzanares posee los caracteres de serenidad y elegante equilibrio propios de Apolo.
Esto, que lo hemos visto tres años seguidos en la feria de Sevilla, pero también en Barcelona o, recientemente, en Huelva, quedó firmado junto al mar de la Argónida la otra tarde en la goyesca del Puerto de Santa María.
Firmó dos obras maestras con dos soberbios estocadas que quedarán enmarcadas en las ánforas del recuerdo.
En el primero de sus toros con una grandísima exposición porque, habiendo un vendaval en el ruedo que hacía prácticamente imposible todo toreo, embarcó en series templadísimas a un animal, bravo, sí, y fiero, de Cuvillo.
Cuando salen estos toros y los cogen estos toreros, nuevamente los conceptos de temple y mando se quedan chicos, lo que sucedió rompió el molde de lo clásico.
Da casi pudor decir que el toro se durmió en las verónicas o que los cambios de mano fueron de una cadencia prodigiosa y los pases de pecho espeluznantes –es el único torero que los sabe instrumentar perfectamente desde la cabeza a la penca del rabo-, porque es repetirse y el prodigio al que asistimos será irrepetible.
Y hay que decir que en el segundo de sus lotes la primera de las series fue un sueño, un milagro de los que convencen a cualquier descreído, la aparición de lo divino, el resto de la faena se vino un poco abajo luego, por el toro, abatido ante tan sublime juego. Pero el público se había vuelto loco y tras un pinchazo en lo más alto, se le dieron el total de 4 orejas que es un cómputo bien mundano para lo que vivimos.
Si el toreo es ligazón y redondez, aquello, aquella serie, fue el “toreo”.
Se lidiaron toros de Cuvillo, ¿por qué estos toros si embisten y transmiten miedo? y de Gavira, de juego más manso, malos. Morante no estuvo suerte en su lote, aunque dio alguna bonita serie.
Daniel Luque, estuvo muy bien en su primero, pero por contraste, sólo por contraste, nos supo a poco.
Si Manzanares es lo apolíneo, Morante, lo hemos dicho, es lo dionisíaco, acudiendo otra vez al diccionario, diremos que posee los caracteres de ímpetu, fuerza vital y arrebato atribuido a Dioniso. O sea, el duende.
Esto no hay donde aprenderlo, lo dan los dioses.
Entre Apolo y Dioniso hay sólo espacio para los héroes, ese espacio que ocupaba José Tomás y al que se acerca a veces el Juli y, excepcionalmente, Perera, Cid o Castella.
Es en el ocaso de la tauromaquia, porque el escalafón renquea y no esperamos nuevos novilleros, cuando se puede ver el mejor toreo de todos los tiempos. Los siglos de oro suelen ser la punta brillante, la última luz de una decadencia previsible.
En este canto del cisne a mí ya sólo me merece la pena ver torear a Morante y a Manzanares.
Lo demás me parece vulgar, aunque engrandecido por el trágico año de percances sufridos.
Sé que un buen aficionado no debería afirmar esto, pero a mí no me corresponde desmentirlo, sino a los otros toreros, los que no llenan las plazas.
Morante, Juli, Manzanares, el cartel de la feria de San Miguel.
El cartel del Domingo de Resurrección.
El Cartel.
domingo, 22 de agosto de 2010
Mosterín et álii
"Las incomprensiones y oposiciones que lo rechazan [el toreo] no son otra cosa, en definitiva, más que odio mortal a la inteligencia: acumulación impotente de rencores sentimentales en civilizaciones inferiores por primitivas aún y bárbaras. Es el rencor sentimental de intelectuales de improvisación, que son sentimentales disfrazados, sin sensibilidad todavía para su natural, y sobrenatural, entendimiento,"
José Bergamín, El Arte de Birlibirloque, citado en "Sentimiento del Toreo" (Ed. de Carlos Marzal, Tusquets)
José Bergamín, El Arte de Birlibirloque, citado en "Sentimiento del Toreo" (Ed. de Carlos Marzal, Tusquets)
miércoles, 18 de agosto de 2010
Rafael Alberti, los progres y los toros



El fin de semana taurino en El Puerto de Santa María dio para algunas cosas más. No sólo vimos la absoluta genialidad de Morante en sus dos faenas (¡no nos cansamos de recordarlo!), la elegancia y el empaque de Manzanares, el poderío de El Juli, el pundonor de Cayetano, los apuntes para la recuperación de El Cid y de Perara,… También dimos buena cuenta de los manjares de aquellas tierras un día en El Pescaíto y otro en Casa Flores (en una comida ya tradicional, con buenos compañeros de quehaceres y de afición). Degustamos buen flamenco en una de las peñas de la localidad, paseamos por sus calles, visitamos algunas de sus iglesias,…
Y exploramos con pasión el mundo de Rafael Alberti en el museo de la Fundación que lleva su nombre. Alberti fue un personaje peculiar. Miembro de la generación del 27, aunque con obras interesantes y hallazgos de tremenda fuerza y belleza (“se equivocó la paloma”, “a galopar”, “el mar, la mar”,…) no fue uno de los mejores poetas congregados en aquel encuentro en el Ateneo de Sevilla para reivindicar a Góngora (ahí están, si no, Lorca, Salinas, Cernuda,…). Pero su largo exilio, su longevidad y su buen marketing literario y vital le convirtieron, sobre todo tras su vuelta a España, en un intelectual de cabecera de los progresistas. Su foto junto a Pasionaria en la mesa de apertura de aquellas Cortes del 77 en las que aun tenían asiento renombrados franquistas eran un símbolo del esfuerzo por lograr una España para todos. Aunque entre esos “todos” estuvieran fascistas y marxistas, extremistas cuyas ideologías abominaban por igual el respeto al ser humano, a la democracia y los derechos humanos, a la libertad individual. Porque el pensamiento de Alberti, como el de muchos de los que se fueron, como el de tantos de los que se quedaron, no era precisamente el de la mesura y la moderación.
Pues bien, en aquel museo había multitud de elementos que evocan el mundo taurino, una realidad de la que Alberti siempre se sintió cercano. En la planta superior, por ejemplo, había un curiosísimo juego de la oca-toro, como había poemas dedicados a la tauromaquia, recuerdos de la amistad con Picasso (otro aficionado en el exilio…). Pero quiero detenerme en dos imágenes: la primera es la de un Alberti ya casi centenario (1993) en la Plaza de Pontevedra. En aquella plaza, muchos años antes, hizo el paseíllo vestido de luces en la cuadrillas de Ignacio Sánchez Mejías, sintiendo desde el callejón tal temor cuando salió el toro que no intervino en toda la lidia. Tantos años después, Alberti está en el ruedo con el cuerpo erguido, una sonrisa entre burlona e infantil, la mano izquierda apoyada en la cintura y la derecha citando imaginariamente al burel en una postura perfectamente torera pese a sus años. Sobre la fotografía, una leyenda a mano: “Que un español, si es sincero, / sólo puede ser torero”.
La otra es una curiosidad que da idea de lo que podría evolucionarse en todo lo que rodea al arte taurino. Es un cartel que Alberti pintó para una corrida que se celebró el 10 de junio de 1971 en la Plaza de Toros de… GRAN CANARIA. Sí, Canarias. Sí, Alberti. Sí, 1971. Sí, toreo, en Canarias y con un cartel dibujado por un comunista. ¡Uffff, los mitos….! El cartel, toros de Don Antonio Pérez de San Fernando para Antonio BIENVENIDA, Luis Miguel DOMINGUÍN y Miguel MARQUEZ. (¿Qué era eso de que a Canarias no iban las figuras…?). Pero lo realmente impresionante es la belleza y novedad artística del cartel. Muy en Alberti, muy poco en los aburridos dibujos que aún hoy, treinta años después, siguen anunciando los festejos de nuestras ferias y son premiados en los concursos de carteles taurinos (¿o no, Pablo?). Una referencia para quienes quieran darse cuenta de que hay mucho nuevo que se puede hacer. Que hay muchos a los que se puede involucrar.
Pero el problema de los progres de ahora es que ni siquiera se reconocen en sus clásicos. Y que seguirán hablando de costumbres caducas cuando uno de sus mitos, mucho más progre que todos ellos juntos, hablaba de España y de los toros con naturalidad y desde lo más hondo.
(Perdón por la escasa calidad de la fotografías, pero entre mi escasa destreza con las lentas y que las hice con el iphone, es lo que salió).
lunes, 16 de agosto de 2010
Enredos de corrales
Decíamos en la anterior entrada que había que hablar de lo ocurrido en los corrales de El Puerto de Santa María y de Málaga. Haremos primero un breve resumen de los hechos, mencionaremos luego la extraña amalgama que hacen algunos con lo de Cataluña y finalmente daremos nuestra opinión.
En El Puerto el día 8 a punto estuvo de suspenderse la corrida: los veterinarios rechazaron los toros inicialmente reseñados de Zalduendo y los representantes de los toreros se negaban a torear si no se mantenía un número mínimo de los toros inicialmente previstos; al final, en un gesto insólito, emitieron un comunicado horas antes de celebrarse la corrida indicando que finalmente torearían por respeto al público. Los astados finalmente fueron de Zalduendo (3), de Hermanos Sanpedro (2) y de Parladé (1). Los de Zalduendo no tuvieron casta alguna, salvo uno de ellos que tuvo algo de gracia, los dos de Hermanos Sanpedro fueron bastante buenos y el de Parladé fue descastado y sin fondo como en general lo está siendo su camada y la de Juan Pedro.
En Málaga se ha suspendido la primera de las corridas de toros anunciadas en su Feria. Un cartel no de toreros de relumbrón, sino un cartel de veteranos que lo siguen intentando y una promesa: Manolo Sánchez, César Jiménez y Oliva Soto. El problema difiere según las fuentes: el empresario (Puche) alega la falta de flexibilidad y de criterio de la Presidenta y los veterinarios en el reconocimiento y alega que se presentaron muchísimos toros de la ganadería anunciada (Ribera de Campocerrado), que la presencia era impecable (de hecho, han enviado fotos a los portales y medios de comunicación) y se ha insinuado que había cuentas pendientes que saldar de la Presidenta con la empresa. La Presidenta dice que los toros no tenían la presencia requerida para Málaga y que el empresario se negaba a que no hubiera al menos cuatro toros de la ganadería anunciada, ya que eso permitiría a los abonados devolver sus localidades y teniendo en cuenta el escaso tirón del cartel, hubieran sido muchos los que hubieran ejercido su derecho, lo que hubiera supuesto un importante perjuicio económico para él. Y que este fue el motivo por el cual se negó a llevar toros de otras ganaderías que hubieran podido remendar la corrida (¡será por toros en el campo!).
Las huestes taurinas, en un curioso ejercicio de ligazón intelectual, han puesto el grito en el cielo por el flaco favor que los taurinos están haciendo a la Fiesta con noticias como esta en momentos tan duros como los que ha supuesto la prohibición de Cataluña. Debo reconocer que no encuentro la vinculación y que si de lo que se trata es de defender la Fiesta y proclamar la necesidad de su integridad tanto da que haya prohibición o no. Debe defenderse por los que estamos y a los que nos gustan los toros, no por los que la prohiben. La prohibición, ya lo hemos dicho muchas veces, no es un grave problema para la tauromaquia (y, sobre todo, no lo es para los taurinos); es un problema para la libertad. Y por eso los que tendrían que clamar contra lo de Cataluña serían taurinos y no taurinos, porque el hecho de que los políticos restrinjan ámbitos de libertad es algo que nos afecta a todos, sea o no nuestra libertad. Porque la libertad no es fraccionable. Que el cine español que se difunde en las salas (es un poner) sea malísimo, no justificaría en absoluto su prohibición, sería sólo un problema de los aficionados al cine español. Y si se prohibiera, los aficionados al cine español y los que no lo sean deberían hacer todo lo posible para impedirlo: por respeto a la libertad, que no al cine español.
Dicho lo cual lo del Puerto y Málaga es una vergüenza, con prohibición en Cataluña o sin ella. No es de recibo que en uno de los dos carteles de más interés en una plaza tan significativa como la de El Puerto (el otro es el del próximo día 21), haya un baile de corrales que pudiera haber acabado en suspensión. Y no es de recibo que en la principal Feria del sur en Agosto (la de Málaga) se suspenda una corrida de toros por falta de toros en un año en el que hay cientos de toros en el campo que se quedarán sin vender. En ambos casos se plantea un debate que no es nada fácil de resolver y que acecha de raíz a la tauromaquia: autorregulación versus protección de los derechos de los espectadores y de la integridad de la Fiesta con carácter preventivo por los agentes de la autoridad. O dicho en sencillo: si deben ser los taurinos los que organicen los festejos como quieran y sólo se les pueda sancionar a posteriori si vulneran las normas que existan o si debe haber una autoridad que (supuestamente velando por la Fiesta y los aficionados) pueda imponer su criterio a la hora de no aprobar los toros que deben lidiarse.
Este debate es mucho más complejo que lo que algunos quieren hacer creer: porque ni los taurinos son todos unos golfos (que es lo que parece deducirse al leer muchas de las informaciones aparecidas), ni son unos benditos. Pero tampoco todos los Presidentes y veterinarios son almas puras con una clarividencia celestial de cuyos designios puedan venir sólo bondades para la Fiesta: también los hay rencorosos y los que hay que tienen prejuicios frente a algunas ganaderías, toreros, apoderados y empresas. La bondad y la estulticia están repartidas en porcentajes al azar en todos los gremios.
Por eso, creo que debería caminarse hacia una mayor autorregulación (no soy nada aficionado a los deportes, pero creo que en esto podrían ser un buen ejemplo). Primero: por convicción: porque creo que la Administración sólo debe intervenir en aquellos espacios en los cuales su presencia es imprescindible para el buen orden social. Y ellos excluye su intervención en la tauromaquia y en otra cantidad de espacios y situaciones en las que no pinta absolutamente nada. Pero, además, porque eso significaría una mayor responsabilidad de todos los que intervienen en el negocio taurino. Y les obligaría a asumir sus aciertos y sus errores. Con pérdidas manifiestas de espectadores cuando lo hagan mal y con incremento sensible de ingresos cuando acierten.
Probablemente esto no sea posible a corto plazo por la comodidad que la inercia proporciona a ciudadanos, políticos y empresarios. Hasta tanto se pueda alcanzar, creo que sería un gesto de responsabilidad de todos: empresarios taurinos, apoderados, presidentes y veterinarios, arbitrar todos los medios para que se eviten situaciones bochornosas como las vividas. Y hay dos que son sencillísimas y bastante baratas: visitas al campo y transparencia. Lo primero es que cuando se reseña una corrida asistan, junto con apoderados, veedores, empresa y demás artistas invitados, el Presidente y los veterinarios de la plaza en cuestión. De este modo, podrán dar ya su opinión sobre el trapío y la presencia de los animalitos en cuestión. Y si no hay acuerdo, será en ese momento (muchas semanas antes de la celebración del festejo) cuando, si tiene que haber lío, se organice y se resuelva, pero no con el público ya en los aledaños de la plaza o un día antes del festejo.
Lo segundo es la transparencia, algo que debe incrementarse absolutamente en lo taurino y que bien podría empezar por este ámbito. Transparencia, por ejemplo, al reseñar una corrida en el campo. Se indican los números de los animales, se les hace una foto y se pone en los portales de la plaza de toros. Y si media mucho tiempo entre la reseña y la celebración del festejo, se hacen fotos cada treinta o cuarenta días y se ve la evolución. Y si los veterinarios creen que hay problemas en la evolución, lo dicen entonces, y no el día antes. Y transparencia también si, pese a que en el campo los toros han parecido bien y no se han detectado problemas hasta el embarque, en el reconocimiento previo hay problemas: contar las cosas como son. Por ejemplo, que si hay duda de la integridad de los pitones, se diga con estas palabras y no con eufemismos. Y que si hay cualquier otro problema, se le llame también por su nombre (por un nombre que el común de los aficionados pueda entender).
No digo yo que con esto se eliminen absolutamente los bailes de corrales. Pero lo que es evidente es que de actuarse de este modo, cada cual quedaría perfectamente retratado. Y los aficionados podrían actuar en consecuencia. Que no es poco.
En El Puerto el día 8 a punto estuvo de suspenderse la corrida: los veterinarios rechazaron los toros inicialmente reseñados de Zalduendo y los representantes de los toreros se negaban a torear si no se mantenía un número mínimo de los toros inicialmente previstos; al final, en un gesto insólito, emitieron un comunicado horas antes de celebrarse la corrida indicando que finalmente torearían por respeto al público. Los astados finalmente fueron de Zalduendo (3), de Hermanos Sanpedro (2) y de Parladé (1). Los de Zalduendo no tuvieron casta alguna, salvo uno de ellos que tuvo algo de gracia, los dos de Hermanos Sanpedro fueron bastante buenos y el de Parladé fue descastado y sin fondo como en general lo está siendo su camada y la de Juan Pedro.
En Málaga se ha suspendido la primera de las corridas de toros anunciadas en su Feria. Un cartel no de toreros de relumbrón, sino un cartel de veteranos que lo siguen intentando y una promesa: Manolo Sánchez, César Jiménez y Oliva Soto. El problema difiere según las fuentes: el empresario (Puche) alega la falta de flexibilidad y de criterio de la Presidenta y los veterinarios en el reconocimiento y alega que se presentaron muchísimos toros de la ganadería anunciada (Ribera de Campocerrado), que la presencia era impecable (de hecho, han enviado fotos a los portales y medios de comunicación) y se ha insinuado que había cuentas pendientes que saldar de la Presidenta con la empresa. La Presidenta dice que los toros no tenían la presencia requerida para Málaga y que el empresario se negaba a que no hubiera al menos cuatro toros de la ganadería anunciada, ya que eso permitiría a los abonados devolver sus localidades y teniendo en cuenta el escaso tirón del cartel, hubieran sido muchos los que hubieran ejercido su derecho, lo que hubiera supuesto un importante perjuicio económico para él. Y que este fue el motivo por el cual se negó a llevar toros de otras ganaderías que hubieran podido remendar la corrida (¡será por toros en el campo!).
Las huestes taurinas, en un curioso ejercicio de ligazón intelectual, han puesto el grito en el cielo por el flaco favor que los taurinos están haciendo a la Fiesta con noticias como esta en momentos tan duros como los que ha supuesto la prohibición de Cataluña. Debo reconocer que no encuentro la vinculación y que si de lo que se trata es de defender la Fiesta y proclamar la necesidad de su integridad tanto da que haya prohibición o no. Debe defenderse por los que estamos y a los que nos gustan los toros, no por los que la prohiben. La prohibición, ya lo hemos dicho muchas veces, no es un grave problema para la tauromaquia (y, sobre todo, no lo es para los taurinos); es un problema para la libertad. Y por eso los que tendrían que clamar contra lo de Cataluña serían taurinos y no taurinos, porque el hecho de que los políticos restrinjan ámbitos de libertad es algo que nos afecta a todos, sea o no nuestra libertad. Porque la libertad no es fraccionable. Que el cine español que se difunde en las salas (es un poner) sea malísimo, no justificaría en absoluto su prohibición, sería sólo un problema de los aficionados al cine español. Y si se prohibiera, los aficionados al cine español y los que no lo sean deberían hacer todo lo posible para impedirlo: por respeto a la libertad, que no al cine español.
Dicho lo cual lo del Puerto y Málaga es una vergüenza, con prohibición en Cataluña o sin ella. No es de recibo que en uno de los dos carteles de más interés en una plaza tan significativa como la de El Puerto (el otro es el del próximo día 21), haya un baile de corrales que pudiera haber acabado en suspensión. Y no es de recibo que en la principal Feria del sur en Agosto (la de Málaga) se suspenda una corrida de toros por falta de toros en un año en el que hay cientos de toros en el campo que se quedarán sin vender. En ambos casos se plantea un debate que no es nada fácil de resolver y que acecha de raíz a la tauromaquia: autorregulación versus protección de los derechos de los espectadores y de la integridad de la Fiesta con carácter preventivo por los agentes de la autoridad. O dicho en sencillo: si deben ser los taurinos los que organicen los festejos como quieran y sólo se les pueda sancionar a posteriori si vulneran las normas que existan o si debe haber una autoridad que (supuestamente velando por la Fiesta y los aficionados) pueda imponer su criterio a la hora de no aprobar los toros que deben lidiarse.
Este debate es mucho más complejo que lo que algunos quieren hacer creer: porque ni los taurinos son todos unos golfos (que es lo que parece deducirse al leer muchas de las informaciones aparecidas), ni son unos benditos. Pero tampoco todos los Presidentes y veterinarios son almas puras con una clarividencia celestial de cuyos designios puedan venir sólo bondades para la Fiesta: también los hay rencorosos y los que hay que tienen prejuicios frente a algunas ganaderías, toreros, apoderados y empresas. La bondad y la estulticia están repartidas en porcentajes al azar en todos los gremios.
Por eso, creo que debería caminarse hacia una mayor autorregulación (no soy nada aficionado a los deportes, pero creo que en esto podrían ser un buen ejemplo). Primero: por convicción: porque creo que la Administración sólo debe intervenir en aquellos espacios en los cuales su presencia es imprescindible para el buen orden social. Y ellos excluye su intervención en la tauromaquia y en otra cantidad de espacios y situaciones en las que no pinta absolutamente nada. Pero, además, porque eso significaría una mayor responsabilidad de todos los que intervienen en el negocio taurino. Y les obligaría a asumir sus aciertos y sus errores. Con pérdidas manifiestas de espectadores cuando lo hagan mal y con incremento sensible de ingresos cuando acierten.
Probablemente esto no sea posible a corto plazo por la comodidad que la inercia proporciona a ciudadanos, políticos y empresarios. Hasta tanto se pueda alcanzar, creo que sería un gesto de responsabilidad de todos: empresarios taurinos, apoderados, presidentes y veterinarios, arbitrar todos los medios para que se eviten situaciones bochornosas como las vividas. Y hay dos que son sencillísimas y bastante baratas: visitas al campo y transparencia. Lo primero es que cuando se reseña una corrida asistan, junto con apoderados, veedores, empresa y demás artistas invitados, el Presidente y los veterinarios de la plaza en cuestión. De este modo, podrán dar ya su opinión sobre el trapío y la presencia de los animalitos en cuestión. Y si no hay acuerdo, será en ese momento (muchas semanas antes de la celebración del festejo) cuando, si tiene que haber lío, se organice y se resuelva, pero no con el público ya en los aledaños de la plaza o un día antes del festejo.
Lo segundo es la transparencia, algo que debe incrementarse absolutamente en lo taurino y que bien podría empezar por este ámbito. Transparencia, por ejemplo, al reseñar una corrida en el campo. Se indican los números de los animales, se les hace una foto y se pone en los portales de la plaza de toros. Y si media mucho tiempo entre la reseña y la celebración del festejo, se hacen fotos cada treinta o cuarenta días y se ve la evolución. Y si los veterinarios creen que hay problemas en la evolución, lo dicen entonces, y no el día antes. Y transparencia también si, pese a que en el campo los toros han parecido bien y no se han detectado problemas hasta el embarque, en el reconocimiento previo hay problemas: contar las cosas como son. Por ejemplo, que si hay duda de la integridad de los pitones, se diga con estas palabras y no con eufemismos. Y que si hay cualquier otro problema, se le llame también por su nombre (por un nombre que el común de los aficionados pueda entender).
No digo yo que con esto se eliminen absolutamente los bailes de corrales. Pero lo que es evidente es que de actuarse de este modo, cada cual quedaría perfectamente retratado. Y los aficionados podrían actuar en consecuencia. Que no es poco.
domingo, 15 de agosto de 2010
Puerto de Santa María (7 y 8 de agosto de 2010) - ... Arte impresionista de Morante y algunas otras cosas
Gran fin de semana el que vivimos en El Puerto de Santa María hace ahora una semana. José María ya ha dejado constancia aquí de lo que sucedió el domingo, pero me gustaría repasar también lo del sábado y hacer algunos apuntes más de esta incursión de principios de agosto en los toros del sur.
La tarde del sábado fue una tarde de muchísimo viento y una floja entrada (menos de media plaza). Los toros no ayudaron en general al triunfo, pero cada diestro volvió a evidenciar el distinto momento de forma por el que atraviesa. Cid estuvo serio y con voluntad, pero mostrando lo que le cuesta encontrar el sitio y los recursos. En su primero sufrió muchos enganchones y no alcanzó a ver cómo superar las dificultades del toro y de la ventisca, lo cual no era fácil, pero en otras temporadas lo hubiera hecho con mayor seguridad. Aun así dibujó una muy buena tanda con la derecha y cobró una buena estocada. En el cuarto, Alcaraceño volvió a brillar con los palos y Manuel Jesús dio distancia al toro al comenzar la faena, con una serie de interés, pero luego, aunque dio muchos pases, no hubo transmisión. Mal con los aceros.
Manzanares volvió a redondear una tarde excepcional a pesar del viento y de los toros. En ambos, además, con una lidia perfecta (tiene una cuadrilla realmente excepcional). Su primero fue un toro soso, flojo y que se quedaba corto. Aun así, sacó una serie muy buena al comienzo de faena y siguió instrumentando un trasteo serio y decidido, aunque no muy lucido por las condiciones del bicho. Dio una gran estocada. La faena al quinto fue magistral, de menos a más, haciendo al toro, que cabeceaba si se le llevaba por arriba y se caía si se le obligaba. Manzanares le enseñó a embestir y ligó una faena soberbia, con majestad, empaque, maestría y elegancia. Forma sublime de torear tanto en redondos y naturales, como en los adornos, larguísimos y templados. La estocada fue una de las mejores que he visto esta temporada. Sencillamente excepcional.
Perera lo intentó con el tercero. Toreó por delantales en el recibo de capa y quitó lucido por tafalleras y gaoneras. El comienzo de faena en redondo dejó algún momento bueno, pero luego, entre la escasa codicia del animal, su colocación y las ganas de meterse entre los pitones vimos poco toreo lucido. Estocada de efecto fulminante. En el sexto vimos una ejecución perfecta de la suerte de varas (al toro se le pegó poco, pero se le citó de forma magnífica y el varilarguero le picó en su sitio, sosteniendo perfectamente la embestida con la montura) y un gran tercio de banderillas. El toro no dio facilidades y no hubo nada reseñable con la muleta.
En resumen, Manzanares que sigue brillando tarde tras tarde y Cid y Perera que lo siguen intentando, pero a quienes no hemos visto acabar de romper esta temporada.
Lo del domingo ya lo ha contado José María. Sólo algunos apuntes de la tarde (de lo que sucedió por la mañana y de lo que ha pasado en Málaga habrá que hablar también, a ver si uno de estos días…). Al salir de la plaza, quienes habíamos asistido a aquel despliegue de Morante en sus dos toros y a faenas magníficas de Juli y Cayetano (una cada uno), teníamos la satisfacción de haber vivido una gran tarde de toros. Al comprobar la información de los portales, sin embargo, tuve la sensación de que los que contaban lo que allí había sucedido tenían más interés en la voltereta de Morante y su fallo a espadas que en el magisterio cumbre de sus dos faenas. Reconozco que no consigo a entender si a estos tipos les gustan los toros, qué toros y qué toreo. Qué es lo que pretenden ver en el ruedo.
Lo de Morante (más allá de la voltereta y de su desacierto a espadas) fue sensacional. Volvió a reinventar la verónica, lenta, mecida, acompañándolas con todo el cuerpo, guiando al toro en su viaje. Un despliegue capotero sin igual. Y con la muleta dio dos lecciones completas de improvisación y gracia, de toreo hondo, profundo. A quien vaya a ver series continuadas de derechazos y naturales puede parecerle que las faenas no fueron completas, que hubo solo retazos y falta de ligazón. Pero quien quiere busca una obra de arte, con un sentido, con una trama, una obra única con un estilo distinto, reconocerá en Morante un auténtico genio. Toreó excepcionalmente con ambas manos, con una quietud impresionante, quedando inmóvil la pierna de apoyo y girando en torno a sí para llevar al toro en un toreo circular genial. La naturalidad de cada pase, del modo de andarle a los toros, de realizar el embroque, de salir de las suertes, de ejecutar cada pase, era única. No, no era una faena que pudiera traerse estudiada de casa, era una obra de arte impresionista que dota al conjunto de una coherencia absoluta. Y todo ello aderezado con momentos de inspiración sublime como esos tres o cuatro pases que le dio a su primero una vez ejecutada la suerte suprema, o el modo de salirse al tercio con la muleta calada desde las tablas y brindar como una parte más de la primera serie al cuarto de la tarde. El toreo de Morante es irrepetible. Como el de cualquier artista genial, que no crea escuela, que no puede crearla, porque la gracia no se enseña.
Juli demostró en el segundo el extraordinario momento que atraviesa, con una faena más convencional, pero con gran transmisión. Mucho toreo y del bueno, tanto con la capa, el recibo y en el quite por chicuelinas, como en las largas series con ambas manos en la faena de muleta.
Tampoco acertó con los aceros. El quinto fue un toro soso y se estrelló su voluntad con la nula clase del morlaco.
Cayetano salió espoleado en el tercero y aunque no pudo hacer nada con el capote, dio alguna serie lucida y honda con la muleta. Tiene mucha clase, casta para las citas importantes (y esta lo era), pero le falta un punto de técnica, de rapidez para ver al toro e improvisar en la cara. Brindo el sexto a sus compañeros de terna en un gesto torero para rematar una tarde grande, pero el toro no respondió y no hubo mucho más que hacer.
Gran tarde de toros con un Morante en estado de gracia, un Juli muy importante y un Cayetano peleando a base de clase y pundonor.
La tarde del sábado fue una tarde de muchísimo viento y una floja entrada (menos de media plaza). Los toros no ayudaron en general al triunfo, pero cada diestro volvió a evidenciar el distinto momento de forma por el que atraviesa. Cid estuvo serio y con voluntad, pero mostrando lo que le cuesta encontrar el sitio y los recursos. En su primero sufrió muchos enganchones y no alcanzó a ver cómo superar las dificultades del toro y de la ventisca, lo cual no era fácil, pero en otras temporadas lo hubiera hecho con mayor seguridad. Aun así dibujó una muy buena tanda con la derecha y cobró una buena estocada. En el cuarto, Alcaraceño volvió a brillar con los palos y Manuel Jesús dio distancia al toro al comenzar la faena, con una serie de interés, pero luego, aunque dio muchos pases, no hubo transmisión. Mal con los aceros.
Manzanares volvió a redondear una tarde excepcional a pesar del viento y de los toros. En ambos, además, con una lidia perfecta (tiene una cuadrilla realmente excepcional). Su primero fue un toro soso, flojo y que se quedaba corto. Aun así, sacó una serie muy buena al comienzo de faena y siguió instrumentando un trasteo serio y decidido, aunque no muy lucido por las condiciones del bicho. Dio una gran estocada. La faena al quinto fue magistral, de menos a más, haciendo al toro, que cabeceaba si se le llevaba por arriba y se caía si se le obligaba. Manzanares le enseñó a embestir y ligó una faena soberbia, con majestad, empaque, maestría y elegancia. Forma sublime de torear tanto en redondos y naturales, como en los adornos, larguísimos y templados. La estocada fue una de las mejores que he visto esta temporada. Sencillamente excepcional.
Perera lo intentó con el tercero. Toreó por delantales en el recibo de capa y quitó lucido por tafalleras y gaoneras. El comienzo de faena en redondo dejó algún momento bueno, pero luego, entre la escasa codicia del animal, su colocación y las ganas de meterse entre los pitones vimos poco toreo lucido. Estocada de efecto fulminante. En el sexto vimos una ejecución perfecta de la suerte de varas (al toro se le pegó poco, pero se le citó de forma magnífica y el varilarguero le picó en su sitio, sosteniendo perfectamente la embestida con la montura) y un gran tercio de banderillas. El toro no dio facilidades y no hubo nada reseñable con la muleta.
En resumen, Manzanares que sigue brillando tarde tras tarde y Cid y Perera que lo siguen intentando, pero a quienes no hemos visto acabar de romper esta temporada.
Lo del domingo ya lo ha contado José María. Sólo algunos apuntes de la tarde (de lo que sucedió por la mañana y de lo que ha pasado en Málaga habrá que hablar también, a ver si uno de estos días…). Al salir de la plaza, quienes habíamos asistido a aquel despliegue de Morante en sus dos toros y a faenas magníficas de Juli y Cayetano (una cada uno), teníamos la satisfacción de haber vivido una gran tarde de toros. Al comprobar la información de los portales, sin embargo, tuve la sensación de que los que contaban lo que allí había sucedido tenían más interés en la voltereta de Morante y su fallo a espadas que en el magisterio cumbre de sus dos faenas. Reconozco que no consigo a entender si a estos tipos les gustan los toros, qué toros y qué toreo. Qué es lo que pretenden ver en el ruedo.
Lo de Morante (más allá de la voltereta y de su desacierto a espadas) fue sensacional. Volvió a reinventar la verónica, lenta, mecida, acompañándolas con todo el cuerpo, guiando al toro en su viaje. Un despliegue capotero sin igual. Y con la muleta dio dos lecciones completas de improvisación y gracia, de toreo hondo, profundo. A quien vaya a ver series continuadas de derechazos y naturales puede parecerle que las faenas no fueron completas, que hubo solo retazos y falta de ligazón. Pero quien quiere busca una obra de arte, con un sentido, con una trama, una obra única con un estilo distinto, reconocerá en Morante un auténtico genio. Toreó excepcionalmente con ambas manos, con una quietud impresionante, quedando inmóvil la pierna de apoyo y girando en torno a sí para llevar al toro en un toreo circular genial. La naturalidad de cada pase, del modo de andarle a los toros, de realizar el embroque, de salir de las suertes, de ejecutar cada pase, era única. No, no era una faena que pudiera traerse estudiada de casa, era una obra de arte impresionista que dota al conjunto de una coherencia absoluta. Y todo ello aderezado con momentos de inspiración sublime como esos tres o cuatro pases que le dio a su primero una vez ejecutada la suerte suprema, o el modo de salirse al tercio con la muleta calada desde las tablas y brindar como una parte más de la primera serie al cuarto de la tarde. El toreo de Morante es irrepetible. Como el de cualquier artista genial, que no crea escuela, que no puede crearla, porque la gracia no se enseña.
Juli demostró en el segundo el extraordinario momento que atraviesa, con una faena más convencional, pero con gran transmisión. Mucho toreo y del bueno, tanto con la capa, el recibo y en el quite por chicuelinas, como en las largas series con ambas manos en la faena de muleta.
Tampoco acertó con los aceros. El quinto fue un toro soso y se estrelló su voluntad con la nula clase del morlaco.
Cayetano salió espoleado en el tercero y aunque no pudo hacer nada con el capote, dio alguna serie lucida y honda con la muleta. Tiene mucha clase, casta para las citas importantes (y esta lo era), pero le falta un punto de técnica, de rapidez para ver al toro e improvisar en la cara. Brindo el sexto a sus compañeros de terna en un gesto torero para rematar una tarde grande, pero el toro no respondió y no hubo mucho más que hacer.
Gran tarde de toros con un Morante en estado de gracia, un Juli muy importante y un Cayetano peleando a base de clase y pundonor.
lunes, 9 de agosto de 2010
Eternidades
Lo de Huelva ha estado muy bien y Manzanares torea como los ángeles, que yo lo vi. Pero ayer asistimos en El Puerto de Santa María a la máxima expresión de la belleza taurina.
Aquí lo han sabido ver.
Tanta fue la plasticidad e intensidad de las faenas de Morante de la Puebla, con magníficos interludios del Juli y Cayetano, que agradecimos las abreviaturas de los toros quinto y sexto, aquejados como estábamos, según el feliz comentario de Lorenzo, del síndrome de Stendhal taurino.
En el primero de los suyos el de la Puebla meció al toro en una verónicas tan idénticas al ideal platónico de "la verónica" que a los cinco minutos de estar en la Plaza ya dábamos por amortizada la tarde, el viaje y aun la temporada.
-Ea, que ya me puedo ir.
El comienzo de la faena fue sublime, con unos ayudados por alto y un desmayo en los lances que siguieron que el torero se olvidó del ser y del no ser y el toro hizo por él, pero como la armonía había rendido al miedo, nuestro torero volvió, no a la cara del toro, sino a la esencia misma del arte.
En el segundo Morante inició la faena como los toreros antiguos, con la montera puesta: al hilo de las tablas lo desengañó por bajo, pero ligando los pases, y lo llevó a los medios toreado al tiempo que se quitaba la montera y brindaba al respetable.
Esta forma de brindar “in media res” –y nunca mejor al caso lo de “res”- provocó un terremoto en los tendidos que se abrieron por bulerías y por matas de romero y flores arrojadas, porque no se supo muy bien qué había pasado: si Morante toreaba con la propia montera al toro, o nos toreaba a nosotros en el místico círculo de su brindis.
A las faenas de Morante dicen que les falta ligazón, lo que sucede es que este torero saca los pases uno a uno en lo que no hace sino parecerse a Joselito el Gallo y lo hace, haya toro o no lo haya, del centro de la misma cantera del mármol que recubre a Joselito...
Nos repetimos al decir que este torero bebe de la fuente -otra vez platónica- de los tres toreros a los que no hemos visto torear, pero que son los pilares emocionales de la tauromaquia: Belmonte, Joselito y el Gallo.
Sólo el Gallo podría hacer saltar el duende de una montera, como la chistera de un mago.
Sólo Joselito podría pisar la variedad de terrenos que pisó Morante y encontrar la gracia justa en cada pase.
Sólo Belmonte dormía el tiempo en la media verónica o se atrevería a torear a un toro después de estoqueado, cuando no se sabe si es más peligroso o está más resignado, cuando no se sabe nada y ya solo dominan al artista los enajenados duendes de la creación.
José Antonio Morante de la Puebla es la trinidad del toreo transfigurada.
El toreo desaparecerá, pero lo de ayer por la tarde, no.
Que yo lo vi.
PD: Unos haikus a la vuelta de la plaza.
Aquí lo han sabido ver.
Tanta fue la plasticidad e intensidad de las faenas de Morante de la Puebla, con magníficos interludios del Juli y Cayetano, que agradecimos las abreviaturas de los toros quinto y sexto, aquejados como estábamos, según el feliz comentario de Lorenzo, del síndrome de Stendhal taurino.
En el primero de los suyos el de la Puebla meció al toro en una verónicas tan idénticas al ideal platónico de "la verónica" que a los cinco minutos de estar en la Plaza ya dábamos por amortizada la tarde, el viaje y aun la temporada.
-Ea, que ya me puedo ir.
El comienzo de la faena fue sublime, con unos ayudados por alto y un desmayo en los lances que siguieron que el torero se olvidó del ser y del no ser y el toro hizo por él, pero como la armonía había rendido al miedo, nuestro torero volvió, no a la cara del toro, sino a la esencia misma del arte.
En el segundo Morante inició la faena como los toreros antiguos, con la montera puesta: al hilo de las tablas lo desengañó por bajo, pero ligando los pases, y lo llevó a los medios toreado al tiempo que se quitaba la montera y brindaba al respetable.
Esta forma de brindar “in media res” –y nunca mejor al caso lo de “res”- provocó un terremoto en los tendidos que se abrieron por bulerías y por matas de romero y flores arrojadas, porque no se supo muy bien qué había pasado: si Morante toreaba con la propia montera al toro, o nos toreaba a nosotros en el místico círculo de su brindis.
A las faenas de Morante dicen que les falta ligazón, lo que sucede es que este torero saca los pases uno a uno en lo que no hace sino parecerse a Joselito el Gallo y lo hace, haya toro o no lo haya, del centro de la misma cantera del mármol que recubre a Joselito...
Nos repetimos al decir que este torero bebe de la fuente -otra vez platónica- de los tres toreros a los que no hemos visto torear, pero que son los pilares emocionales de la tauromaquia: Belmonte, Joselito y el Gallo.
Sólo el Gallo podría hacer saltar el duende de una montera, como la chistera de un mago.
Sólo Joselito podría pisar la variedad de terrenos que pisó Morante y encontrar la gracia justa en cada pase.
Sólo Belmonte dormía el tiempo en la media verónica o se atrevería a torear a un toro después de estoqueado, cuando no se sabe si es más peligroso o está más resignado, cuando no se sabe nada y ya solo dominan al artista los enajenados duendes de la creación.
José Antonio Morante de la Puebla es la trinidad del toreo transfigurada.
El toreo desaparecerá, pero lo de ayer por la tarde, no.
Que yo lo vi.
PD: Unos haikus a la vuelta de la plaza.
domingo, 8 de agosto de 2010
Feria de Huelva (1 al 3 de agosto de 2010) - Cuatro grandes faenas y mucho toro descastado
Este año hemos podido ir las tres tardes de toreo a pie de la Feria de Huelva, una Feria en la que, ante la ausencia de José Tomás, la empresa ha decidido colocar a los nueve toreros más importantes del escalafón: Morante, Juli, Ponce, Manzanares, Perera, Cid, Talavante, Castella y Fandi. El público respondió con buenas entradas aunque sin agotar ningún día el papel (algo que este año está siendo habitual en todas las plazas), los toreros mostraron todos muy buena disposición aunque distinto estado de forma y claridad de ideas y los toros, como es costumbre, pusieron la nota discordante, con más ejemplares sosos, sin casta y desrazados que nobles y bravos.
Aun así, pudimos ver cuatro grandes faenas y apuntes geniales, que no impidieron que la mayoría del público, sobre todo el público local, que sólo tiene la oportunidad de ver estos tres festejos en vivo en su localidad, saliera con un cierto desencanto. Algo tendrán que hacer los ganaderos. La Fiesta, en los relativo a los toros, tiene que ser más previsible. Tiene, al menos, que haber más casta y más emoción.
El comienzo del festejo del domingo, como se hizo en otras plazas, reivindicó el rechazo de los taurinos a la prohibición de los toros en Cataluña. El Manifiesto (muy acertado, a mi juicio) lo leyó Carlos Herrera, que estuvo acompañado en el ruedo por Antonio Jiménez (Intereconomía) y el periodista deportivo Roberto Gómez. En el ruedo, el festejo tuvo dos partes claramente diferenciadas por el distinto comportamiento de los toros: una primera brillante y una segunda bastante insulsa. Morante recibió con verónicas de mucho peso a su primero, al que instrumentó tandas de muleta de gran sabor, en un trasteo que sin ser redondo, tuvo muchísimo interés para el aficionado. El cuarto era un “bicho” con peligro al que comenzó con la muleta por bajo torerísimo y estuvo mucho tiempo intentando sacarle partido, sin que de aquel animal hubiera nada bueno que extraer. Estuvo mal con la espada y el descabello, a pesar de lo cual la gente le dedicó una cariñosa ovación. Juli, en el segundo de la tarde, hizo una faena muy completa con capote y muleta, faena técnica, poderosa y artística, demostrando el buen momento en el que está. Un gran Juli que no pudo rematar la tarde en el quinto, un toro soso, que no decía nada y ante el cual nada pudo hacer. Perera hizo un gran quite al tercero por tafalleras y gaoneras y con la muleta comenzó en el centro del ruedo con dos pases cambiados y luego dejó pasajes de interés toreando en redondo, antes de meterse entre los pitones para acabar de calentar al público. Con el sexto tampoco pudo hacer gran cosa.
El lunes la corrida empezó con varios toreros de Huelva llevando por el ruedo una pancarta en apoyo al toreo en Cataluña. No sé si el proselitismo a los convencidos es el mejor modo de defender la Fiesta, pero supongo que se agradece el gesto. La corrida no dio mucho de sí. El Cid dio algunos lances buenos de recibo en su primero, un quite de menos intensidad y una primera tanda aceptable con la muleta; luego, acompañó la embestida del toro hasta que éste se rajó, sin decir mucho en el trasteo. Buena estocada, aunque el toro le golpeo en el embroque, afortunadamente sin consecuencias. En el cuarto vimos lo mejor de la tarde en varias series con la derecha trayéndose al toro de lejos y templando bien la embestida. Por la izquierda no hubo opción. Dio una vuelta al ruedo después de una estocada algo más que baja. Fandi dio el habitual recital de banderillas, más atléticas que hondas y toreras, más emocionantes en el quinto que en el segundo. Con capote y muleta, en su primero, soso, parado y sin casta alguna, no hubo opción. En el quinto hizo una faena más larga y conectó más con el público, pero salvo una serie con la izquierda, más templada, el resto no tuvo demasiada hondura. Talavante quitó con interés pero apresurada ejecución en el tercero, al que dio un par de series hondas, hasta que el toro se paró. En el sexto, fue importante la primera serie, con un cambio de mano de cartel; luego, el trasteo perdió emoción y aunque hubo más series, ninguna llegó a emocionar.
La última de feria nos permitió ver a un Manzanares en plenitud. En el tercero hizo una faena perfecta, con pases profundísimos con ambas manos, toreo hondo, caro, de cartel. El circular, los remates y el eterno pase de pecho del final aun los tenemos en la retina. Faenas de menos a más, muy importante. En el sexto hubo un par de tandas de interés y algunos pases con empaque, pero el toro no permitió hacer una obra completa. Antes, en el primero, Ponce demostró su técnica con un toro que parecía tener algún problema en la vista. Faena algo encimista, de más a menos, con series limpias, pero en la que faltó algo de intensidad. Recetó una gran estocada, hubo petición y bronca al Presidente por no conceder la oreja. El cuarto fue un toro soso y sin transmisión con el cual ni el oficio y la voluntad de Ponce pudieron suplir la falta de gracia de su embestida. Castella en el segundo hizo una faena de emoción y buena técnica, pero faltó empaque y profundidad. En el quinto, el toro fue muy soso y sólo destacaron las dos primeras tandas, templadas y con quietud.
Una feria, en fin, en la que vimos muy bien a Morante, Juli y Manzanares. Poco despejados a Cid, Perera y Castella. Fandi a lo suyo. Y no podemos acabar de juzgar a Ponce y Talavante porque los toros no les dieron apenas oportunidad. Y esto es lo peor, la falta de casta general de los tres encierros, en los que sólo destacaron algunos (muy pocos) toros. El resto, sosos y sin transmisión alguna.
(Y este fin de semana hemos vuelto a ver en El Puerto de Santa María un Manzanares extraordinario, dos faenas impresionantes de Morante, una muy buena de Juli y otra de bastante interés de Cayetano. No es poco. Lo contaremos en breve con más detalle).
Aun así, pudimos ver cuatro grandes faenas y apuntes geniales, que no impidieron que la mayoría del público, sobre todo el público local, que sólo tiene la oportunidad de ver estos tres festejos en vivo en su localidad, saliera con un cierto desencanto. Algo tendrán que hacer los ganaderos. La Fiesta, en los relativo a los toros, tiene que ser más previsible. Tiene, al menos, que haber más casta y más emoción.
El comienzo del festejo del domingo, como se hizo en otras plazas, reivindicó el rechazo de los taurinos a la prohibición de los toros en Cataluña. El Manifiesto (muy acertado, a mi juicio) lo leyó Carlos Herrera, que estuvo acompañado en el ruedo por Antonio Jiménez (Intereconomía) y el periodista deportivo Roberto Gómez. En el ruedo, el festejo tuvo dos partes claramente diferenciadas por el distinto comportamiento de los toros: una primera brillante y una segunda bastante insulsa. Morante recibió con verónicas de mucho peso a su primero, al que instrumentó tandas de muleta de gran sabor, en un trasteo que sin ser redondo, tuvo muchísimo interés para el aficionado. El cuarto era un “bicho” con peligro al que comenzó con la muleta por bajo torerísimo y estuvo mucho tiempo intentando sacarle partido, sin que de aquel animal hubiera nada bueno que extraer. Estuvo mal con la espada y el descabello, a pesar de lo cual la gente le dedicó una cariñosa ovación. Juli, en el segundo de la tarde, hizo una faena muy completa con capote y muleta, faena técnica, poderosa y artística, demostrando el buen momento en el que está. Un gran Juli que no pudo rematar la tarde en el quinto, un toro soso, que no decía nada y ante el cual nada pudo hacer. Perera hizo un gran quite al tercero por tafalleras y gaoneras y con la muleta comenzó en el centro del ruedo con dos pases cambiados y luego dejó pasajes de interés toreando en redondo, antes de meterse entre los pitones para acabar de calentar al público. Con el sexto tampoco pudo hacer gran cosa.
El lunes la corrida empezó con varios toreros de Huelva llevando por el ruedo una pancarta en apoyo al toreo en Cataluña. No sé si el proselitismo a los convencidos es el mejor modo de defender la Fiesta, pero supongo que se agradece el gesto. La corrida no dio mucho de sí. El Cid dio algunos lances buenos de recibo en su primero, un quite de menos intensidad y una primera tanda aceptable con la muleta; luego, acompañó la embestida del toro hasta que éste se rajó, sin decir mucho en el trasteo. Buena estocada, aunque el toro le golpeo en el embroque, afortunadamente sin consecuencias. En el cuarto vimos lo mejor de la tarde en varias series con la derecha trayéndose al toro de lejos y templando bien la embestida. Por la izquierda no hubo opción. Dio una vuelta al ruedo después de una estocada algo más que baja. Fandi dio el habitual recital de banderillas, más atléticas que hondas y toreras, más emocionantes en el quinto que en el segundo. Con capote y muleta, en su primero, soso, parado y sin casta alguna, no hubo opción. En el quinto hizo una faena más larga y conectó más con el público, pero salvo una serie con la izquierda, más templada, el resto no tuvo demasiada hondura. Talavante quitó con interés pero apresurada ejecución en el tercero, al que dio un par de series hondas, hasta que el toro se paró. En el sexto, fue importante la primera serie, con un cambio de mano de cartel; luego, el trasteo perdió emoción y aunque hubo más series, ninguna llegó a emocionar.
La última de feria nos permitió ver a un Manzanares en plenitud. En el tercero hizo una faena perfecta, con pases profundísimos con ambas manos, toreo hondo, caro, de cartel. El circular, los remates y el eterno pase de pecho del final aun los tenemos en la retina. Faenas de menos a más, muy importante. En el sexto hubo un par de tandas de interés y algunos pases con empaque, pero el toro no permitió hacer una obra completa. Antes, en el primero, Ponce demostró su técnica con un toro que parecía tener algún problema en la vista. Faena algo encimista, de más a menos, con series limpias, pero en la que faltó algo de intensidad. Recetó una gran estocada, hubo petición y bronca al Presidente por no conceder la oreja. El cuarto fue un toro soso y sin transmisión con el cual ni el oficio y la voluntad de Ponce pudieron suplir la falta de gracia de su embestida. Castella en el segundo hizo una faena de emoción y buena técnica, pero faltó empaque y profundidad. En el quinto, el toro fue muy soso y sólo destacaron las dos primeras tandas, templadas y con quietud.
Una feria, en fin, en la que vimos muy bien a Morante, Juli y Manzanares. Poco despejados a Cid, Perera y Castella. Fandi a lo suyo. Y no podemos acabar de juzgar a Ponce y Talavante porque los toros no les dieron apenas oportunidad. Y esto es lo peor, la falta de casta general de los tres encierros, en los que sólo destacaron algunos (muy pocos) toros. El resto, sosos y sin transmisión alguna.
(Y este fin de semana hemos vuelto a ver en El Puerto de Santa María un Manzanares extraordinario, dos faenas impresionantes de Morante, una muy buena de Juli y otra de bastante interés de Cayetano. No es poco. Lo contaremos en breve con más detalle).
domingo, 1 de agosto de 2010
Depredadores de Guante Blanco
Ahora que los animalistas nos persiguen por los comentarios del planeta de los toros virtuales, el gran Felipe Benítez Reyes nos regala su sapiente ironía:
http://felipe-benitez-reyes.blogspot.com/2010/07/depredadores-de-guante-blanco.html
Gracias, maestro.
http://felipe-benitez-reyes.blogspot.com/2010/07/depredadores-de-guante-blanco.html
Gracias, maestro.
sábado, 31 de julio de 2010
Lo de Cataluña
Estos días del final de la temporada (laboral, que no taurina) han sido infernales. Tanto que no me han permitido dejar constancia aquí de algunas reflexiones sobre la barbaridad del Parlamento catalán. Eso que han ganado ustedes, porque la brillante entrada de José María ha puesto un notable punto de belleza donde se hacía más que difícil extraerla.
No quiero, por eso, aburrir, con digresiones sobre la libertad, los aspectos jurídicos, las razones identitarias (y no de defensa de los animales),... Sólo algunos apuntes que, si vamos cogiendo pulso los próximos días, tal vez desarrollemos.
1.- Los únicos culpables de lo que ha sucedido en Cataluña son los políticos que han votado a favor de la prohibición. Políticos mediocres que se empeñan en llevar a la Ley su visión de lo correcto y lo adecuado. Lo ha dicho excepcionalmente Savater en su artículo de hace un par de días en El País.
2.- Los principales responsables de que se haya podido perpretar este liberticidio son, sin embargo, los taurinos. Su falta de organización, lo casposo de sus instituciones, lo provecto y venerable de sus representantes, la falta de imaginación, la nula capacidad de convocatoria, el absoluto desconocimiento de los resortes de la comunicación, el compadreo con políticos y medios de comunicación, hace que su voz no se haya oido prácticamente nada y que lo que han dicho haya sido perfectamente prescindible. La prohibición podría haberse evitado con una actuación contundente desde dos o tres semanas antes. Desde luego, fuera de Cataluña. Con una actuación contundente que hiciera ver a las empresas catalanas que los aficionados somos muchos y estamos dispuestos a modificar nuestros hábitos de consumo y financieros si toman decisiones equivocadas. Y las empresas se lo hubieran explicado con cierta urgencia a CIU, que hubiera cambiado sin grandes conflictos morales el sentido de su voto. Pero para eso, como digo, hay que estar organizados, tener presencia en los medios y ser portadores de una credibilidad de la que carecen absolutamente las instituciones taurinas.
3.- La labor de los medios de información generales (Y TAURINOS) ha sido, salvo escasísimas excepciones, realmente penosa, llena de tópicos y lugares comunes y sin reflexiones nuevas, sin ordenar las ideas de modo coherente y sin aportar elementos relevantes para el juicio de los lectores. Un absoluto aburrimiento.
4.- La blogosfera taurina sí ha dado muestras de cierta creatividad e imaginación, de exaltación a veces y de mesura otras. Pero, en todo caso, de vitalidad. El problema es que la gran virtud de la red (la absoluta autonomía de cada ciudadano frente a su ordenador) implica una considerable dificultad para dar coherencia y trasladar a la práctica de forma ordenada todas las propuestas. Esa debería ser una de las labores de los taurinos. Pero parece que no están por ello.
5.- Jurídicamente, ya lo dijimos hace tiempo en este mismo blog, quien ha estudiado mejor este asunto desde una perspectiva constitucional es Gabriel Domenech, un profesor de derecho administrativo de la Universidad de Valencia que tiene dos extraordinarios trabajos: uno en la Revista Jurídica de Castilla La Mancha y otro en El Cronista del Estado Social y Democrático de Derecho. El blog "Los Toros en el siglo XXI" hace un interesante resumen de los argumentos por los cuales esta prohibición es inconstitucional. A ninguno de los taurinos se le ha oido hablar de estas razones ni de estos trabajos.
6.- La actuación del Partido Popular presentando una iniciativa parlamentaria para modificar la actual normativa taurina y señalar la competencia estatal va en la dirección adecuada, pero, a mi juicio, el asunto debería tener un alcance y contundencia mayor que el texto propuesto que no sirve casi nada para los fines que dice pretender.
7.- La actitud del Presidente del Gobierno y sus secuaces diciendo "respetar" la decisión y pidiendo que no se politice todo suena a cachondeo. Primero, porque uno no puede respetar las decisiones que conculcan derechos individuales, y es de esto, y no de toros ni de derechos de los animales, de lo que estamos hablando. Segundo, porque esto es un asunto político porque los políticos se han metido a regular la vida ciudadana y sus costumbres. Si nos dejaran en paz y no se dedicaran a jodernos con leyes absurdas, no politizaríamos nada. Son ellos los que llevan a la política y a las leyes, costumbres y ritos que deberían estar fuera de su perversa intención regulatoria. Y tercero, porque el respeto a toda decisión autonómica, sea razonable o no, y esté dentro de su ámbito competencial real o del que quiera imaginar cada reyezuelo regional, no es sino un modo de cargarse la igualdad de los ciudadanos de este país.
8.- La prohibición de los toros en Cataluña no es, en definitiva, un problema eminentemente taurino. En Cataluña se dan al año 20 corridas de toros. El problema es un problema de libertad. Y la libertad restringida a un solo ciudadano es un atentado contra la libertad de todos. Y es un problema que deja al aire las miserias de la organización de un ritual cuya verdad y estética ha crecido de forma magistral en los últimos años, pero cuya conexión con los ciudadanos ha perdido importancia por los vetustos esquemas organizativos en los que sigue anclado.
No quiero, por eso, aburrir, con digresiones sobre la libertad, los aspectos jurídicos, las razones identitarias (y no de defensa de los animales),... Sólo algunos apuntes que, si vamos cogiendo pulso los próximos días, tal vez desarrollemos.
1.- Los únicos culpables de lo que ha sucedido en Cataluña son los políticos que han votado a favor de la prohibición. Políticos mediocres que se empeñan en llevar a la Ley su visión de lo correcto y lo adecuado. Lo ha dicho excepcionalmente Savater en su artículo de hace un par de días en El País.
2.- Los principales responsables de que se haya podido perpretar este liberticidio son, sin embargo, los taurinos. Su falta de organización, lo casposo de sus instituciones, lo provecto y venerable de sus representantes, la falta de imaginación, la nula capacidad de convocatoria, el absoluto desconocimiento de los resortes de la comunicación, el compadreo con políticos y medios de comunicación, hace que su voz no se haya oido prácticamente nada y que lo que han dicho haya sido perfectamente prescindible. La prohibición podría haberse evitado con una actuación contundente desde dos o tres semanas antes. Desde luego, fuera de Cataluña. Con una actuación contundente que hiciera ver a las empresas catalanas que los aficionados somos muchos y estamos dispuestos a modificar nuestros hábitos de consumo y financieros si toman decisiones equivocadas. Y las empresas se lo hubieran explicado con cierta urgencia a CIU, que hubiera cambiado sin grandes conflictos morales el sentido de su voto. Pero para eso, como digo, hay que estar organizados, tener presencia en los medios y ser portadores de una credibilidad de la que carecen absolutamente las instituciones taurinas.
3.- La labor de los medios de información generales (Y TAURINOS) ha sido, salvo escasísimas excepciones, realmente penosa, llena de tópicos y lugares comunes y sin reflexiones nuevas, sin ordenar las ideas de modo coherente y sin aportar elementos relevantes para el juicio de los lectores. Un absoluto aburrimiento.
4.- La blogosfera taurina sí ha dado muestras de cierta creatividad e imaginación, de exaltación a veces y de mesura otras. Pero, en todo caso, de vitalidad. El problema es que la gran virtud de la red (la absoluta autonomía de cada ciudadano frente a su ordenador) implica una considerable dificultad para dar coherencia y trasladar a la práctica de forma ordenada todas las propuestas. Esa debería ser una de las labores de los taurinos. Pero parece que no están por ello.
5.- Jurídicamente, ya lo dijimos hace tiempo en este mismo blog, quien ha estudiado mejor este asunto desde una perspectiva constitucional es Gabriel Domenech, un profesor de derecho administrativo de la Universidad de Valencia que tiene dos extraordinarios trabajos: uno en la Revista Jurídica de Castilla La Mancha y otro en El Cronista del Estado Social y Democrático de Derecho. El blog "Los Toros en el siglo XXI" hace un interesante resumen de los argumentos por los cuales esta prohibición es inconstitucional. A ninguno de los taurinos se le ha oido hablar de estas razones ni de estos trabajos.
6.- La actuación del Partido Popular presentando una iniciativa parlamentaria para modificar la actual normativa taurina y señalar la competencia estatal va en la dirección adecuada, pero, a mi juicio, el asunto debería tener un alcance y contundencia mayor que el texto propuesto que no sirve casi nada para los fines que dice pretender.
7.- La actitud del Presidente del Gobierno y sus secuaces diciendo "respetar" la decisión y pidiendo que no se politice todo suena a cachondeo. Primero, porque uno no puede respetar las decisiones que conculcan derechos individuales, y es de esto, y no de toros ni de derechos de los animales, de lo que estamos hablando. Segundo, porque esto es un asunto político porque los políticos se han metido a regular la vida ciudadana y sus costumbres. Si nos dejaran en paz y no se dedicaran a jodernos con leyes absurdas, no politizaríamos nada. Son ellos los que llevan a la política y a las leyes, costumbres y ritos que deberían estar fuera de su perversa intención regulatoria. Y tercero, porque el respeto a toda decisión autonómica, sea razonable o no, y esté dentro de su ámbito competencial real o del que quiera imaginar cada reyezuelo regional, no es sino un modo de cargarse la igualdad de los ciudadanos de este país.
8.- La prohibición de los toros en Cataluña no es, en definitiva, un problema eminentemente taurino. En Cataluña se dan al año 20 corridas de toros. El problema es un problema de libertad. Y la libertad restringida a un solo ciudadano es un atentado contra la libertad de todos. Y es un problema que deja al aire las miserias de la organización de un ritual cuya verdad y estética ha crecido de forma magistral en los últimos años, pero cuya conexión con los ciudadanos ha perdido importancia por los vetustos esquemas organizativos en los que sigue anclado.
martes, 27 de julio de 2010
Adeu Barcelona
Ojalá me equivoque, pero a estas horas parece que está todo el toro vendido y resulta difícil apelar al seny catalán. Creo que hubiera procedido negar la mayor y no admitir nunca a trámite una iniciativa prohibicionista, bastante padecemos nuestra partitocracia para que, ahora, tengamos que sufrir un ejemplo de eventual legislación popular. No se puede legislar nunca contra el derecho, sino a favor del derecho. No sé ni por qué nos molestamos en ir al Parlament a hacer el paripé. En fin.
Todos sabemos, y la empresa Balañá, propietaria de la plaza, mejor que nadie, cómo se ha cocido esto: la afición en Barcelona renqueaba, era cuestión de meses hacerla caer, pero volvió José Tomás y se desató la natural locura. Nunca olvidaré aquella tarde de junio en la que JT toreó en el vértice del miedo y fue portada de La Vanguardia (ay, el seny). Ahora la única vía para extirpar una afición pujante es prohibir, prohibir sin argumentos.
En mitad del asunto se ha cruzado lo del Estatut, el Mundial de Fútbol y la Guerra de las Banderas, la verdad es que en Cataluña los políticos han montado un buen lío, pero un lío rentable.
Lo de los boicots siempre me ha parecido una majadería, pero si la votación mañana es contraria a los toros hay que entenderlo así, como un boicot: esto es, una majadería promovida, además, por un andaluz (o tempora, o mores).
Estos últimos años he ido más tardes de toros a Barcelona que a Madrid, tardes felices de triunfo y amistad, si como parece la votación de mañana acaba con la tauromaquia en Cataluña, yo, que no me puedo olvidar que la Plaza de la Monumental la inaguró, con Joselito el Gallo, un primo de mi abuelo, el torero Curro Posada, no tengo más remedio que sacudirme el polvo de las sandalias.
Adeu Barcelona, alguna tarde soleada nos volveremos a ver, aquí te dejo unos versos de circunstancia, de muy malas circunstancias:
ADEU BARCELONA
En Barcelona,
ciudad fenicia,
puerto de mil franquicias
donde los chinos
regentan bares taurinos
y los albañiles moros
con camisetas blaugranas
hacen rascacielos de oro,
van a prohibir los toros
... y la rumba catalana
tan gitana, tan condal.
¡Cuánta patraña:
adiós a la Monumental
por decir Adeu Espanya!
Barcelona, vieja charnega
con problemas de Estatut
a manos de un andaluz
vas a dejar de ser griega
y te dirán tururú.
Como la uña
de la carne de España
mi Cataluña.
Todos sabemos, y la empresa Balañá, propietaria de la plaza, mejor que nadie, cómo se ha cocido esto: la afición en Barcelona renqueaba, era cuestión de meses hacerla caer, pero volvió José Tomás y se desató la natural locura. Nunca olvidaré aquella tarde de junio en la que JT toreó en el vértice del miedo y fue portada de La Vanguardia (ay, el seny). Ahora la única vía para extirpar una afición pujante es prohibir, prohibir sin argumentos.
En mitad del asunto se ha cruzado lo del Estatut, el Mundial de Fútbol y la Guerra de las Banderas, la verdad es que en Cataluña los políticos han montado un buen lío, pero un lío rentable.
Lo de los boicots siempre me ha parecido una majadería, pero si la votación mañana es contraria a los toros hay que entenderlo así, como un boicot: esto es, una majadería promovida, además, por un andaluz (o tempora, o mores).
Estos últimos años he ido más tardes de toros a Barcelona que a Madrid, tardes felices de triunfo y amistad, si como parece la votación de mañana acaba con la tauromaquia en Cataluña, yo, que no me puedo olvidar que la Plaza de la Monumental la inaguró, con Joselito el Gallo, un primo de mi abuelo, el torero Curro Posada, no tengo más remedio que sacudirme el polvo de las sandalias.
Adeu Barcelona, alguna tarde soleada nos volveremos a ver, aquí te dejo unos versos de circunstancia, de muy malas circunstancias:
ADEU BARCELONA
En Barcelona,
ciudad fenicia,
puerto de mil franquicias
donde los chinos
regentan bares taurinos
y los albañiles moros
con camisetas blaugranas
hacen rascacielos de oro,
van a prohibir los toros
... y la rumba catalana
tan gitana, tan condal.
¡Cuánta patraña:
adiós a la Monumental
por decir Adeu Espanya!
Barcelona, vieja charnega
con problemas de Estatut
a manos de un andaluz
vas a dejar de ser griega
y te dirán tururú.
Como la uña
de la carne de España
mi Cataluña.
domingo, 25 de julio de 2010
Barcelona (18 de julio de 2010) - Una tarde reivindicativa
La tarde del 18 de julio de 2010 en Barcelona estaba señalada como la de la reaparición de JT. Pero el de Galapagar no se ha recuperado con la urgencia que los aficionados (y las empresas) hubieran deseado. Aún así, quisimos estar en Barcelona por muchas razones. Entre otras, porque esa tarde se reivindicaba la continuidad de la Fiesta, como se reivindicará una semana después, en las dos corridas previas a la votación del día 28 en la que, salvo sorpresa, los parlamentarios catalanes mutilarán parte de su cultura y de su historia. Pero, además, porque queríamos volver a ver a Manzanares y porque queríamos agradecer al Juli su gesto de estar siempre donde la tauromaquia le necesita. Julián es un torero que te gustará más o menos, pero al que no puede discutirse ni un tanto su compromiso con la Fiesta, su liderazgo, su voluntad para echarse sobre los lomos Feria y temporadas enteras. Que luego haya imbéciles como el asesor de Pamplona que diga que no le dio la segunda oreja porque Juli no tiene “duende”, es de una brutal mezquindad. Pero ahí siguen interfectos como este con autoridad en los palcos.
Por cierto, a propósito del “duende” habría que recordar la anécdota de Paco de Lucía a la que aludió hace poco el Presidente de Abengoa. Cuando al genio de Algeciras le dicen que toca bien la guitarra acostumbra a decir: mira, yo llevo desde que tenía doce años tocando la guitarra catorce horas al día. Y a eso, en mi tierra, le llaman “duende”. En el caso de Juli, ni por esas. Lleva toreando todos los días sin apartar un minuto su mente del toro desde que era un niño y aún hay mediocres que no han empatado ni con su sombra en la barra de un bar que se atreven a negarle ese “duende”.
En los alrededores de la plaza desde varias horas antes de empezar la corrida se vivía un ambiente de fiesta y reivindicativo. Todas las conversaciones, en español, en catalán y en francés, versaban sobre la prohibición. Y en todas se notaba una ecuanimidad y un respeto al adversario que nuestros enemigos no han tenido con nosotros.
En la plaza, los toros de Victoriano del Río y de Cortés estuvieron en general bien presentado y permitieron hacer cosas.
Fundi, sin embargo, no se encontró con ninguno de sus toros. Dio lances y muletazos a ambos, pero sin sitio y sin ambición. Una pena cómo se ha cortado de raíz la buena línea que tenía este torero hace un par de años.
Juli, pese a no triunfar, dio una lección de torería, de sitio y de pundonor. Al segundo de la tarde lo recibió muy bien por delantales y quitó con gracia por chicuelinas. Con la muleta, empezó enseñando al toro por bajo y luego, con la derecha, fue haciendo poco a poco la embestida. Dio dos tandas al natural de gran clase, pero el toro se rajó pronto y él marró con la espada. En el quinto sorprendió a toda la plaza con una ceñidísima larga de rodillas en el tercio. Con la muleta empezó muy bien la faena, pero el toro se quedaba muy corto. El Juli se metió entonces entre los pitones y arrancó la emoción del público a base de quietud y cercanía. Gran estocada después de un pinchazo.
Y Manzanares demostró una vez más su empaque y clasicismo. Una delicia ver a este torero. Recibió muy bien de capa a su primero, al que más tarde hizo una faena seria, pulcra y honda en la que destacó una tanda con la derecha absolutamente sublime. No es posible más ligazón, más arte y más liturgia que la de esa serie imprescindible. En el sexto la faena fue más compacta, más redonda, haciéndolo todo bien (aunque es verdad que toreando mejor con la derecha que al natural). Un prodigio de elegancia y torería que finalizó con tres circulares invertidos para conectar aún más con el público cuando el toro se quedó parado. Grandísima estocada que remató una tarde importante. Para los catalanes y para quienes, desde fuera, habíamos ido a apoyarles en su defensa de la libertad.
Por cierto, a propósito del “duende” habría que recordar la anécdota de Paco de Lucía a la que aludió hace poco el Presidente de Abengoa. Cuando al genio de Algeciras le dicen que toca bien la guitarra acostumbra a decir: mira, yo llevo desde que tenía doce años tocando la guitarra catorce horas al día. Y a eso, en mi tierra, le llaman “duende”. En el caso de Juli, ni por esas. Lleva toreando todos los días sin apartar un minuto su mente del toro desde que era un niño y aún hay mediocres que no han empatado ni con su sombra en la barra de un bar que se atreven a negarle ese “duende”.
En los alrededores de la plaza desde varias horas antes de empezar la corrida se vivía un ambiente de fiesta y reivindicativo. Todas las conversaciones, en español, en catalán y en francés, versaban sobre la prohibición. Y en todas se notaba una ecuanimidad y un respeto al adversario que nuestros enemigos no han tenido con nosotros.
En la plaza, los toros de Victoriano del Río y de Cortés estuvieron en general bien presentado y permitieron hacer cosas.
Fundi, sin embargo, no se encontró con ninguno de sus toros. Dio lances y muletazos a ambos, pero sin sitio y sin ambición. Una pena cómo se ha cortado de raíz la buena línea que tenía este torero hace un par de años.
Juli, pese a no triunfar, dio una lección de torería, de sitio y de pundonor. Al segundo de la tarde lo recibió muy bien por delantales y quitó con gracia por chicuelinas. Con la muleta, empezó enseñando al toro por bajo y luego, con la derecha, fue haciendo poco a poco la embestida. Dio dos tandas al natural de gran clase, pero el toro se rajó pronto y él marró con la espada. En el quinto sorprendió a toda la plaza con una ceñidísima larga de rodillas en el tercio. Con la muleta empezó muy bien la faena, pero el toro se quedaba muy corto. El Juli se metió entonces entre los pitones y arrancó la emoción del público a base de quietud y cercanía. Gran estocada después de un pinchazo.
Y Manzanares demostró una vez más su empaque y clasicismo. Una delicia ver a este torero. Recibió muy bien de capa a su primero, al que más tarde hizo una faena seria, pulcra y honda en la que destacó una tanda con la derecha absolutamente sublime. No es posible más ligazón, más arte y más liturgia que la de esa serie imprescindible. En el sexto la faena fue más compacta, más redonda, haciéndolo todo bien (aunque es verdad que toreando mejor con la derecha que al natural). Un prodigio de elegancia y torería que finalizó con tres circulares invertidos para conectar aún más con el público cuando el toro se quedó parado. Grandísima estocada que remató una tarde importante. Para los catalanes y para quienes, desde fuera, habíamos ido a apoyarles en su defensa de la libertad.
viernes, 23 de julio de 2010
Plaza de Toros, una reflexión
El pasado 10 de Junio tuvo lugar la Presentación en la Plaza de Toros de Espartinas de mi último libro, "Plaza de Toros", que ha editado la Isla de Siltolá y cuenta con los excelentes carteles del artista Pablo Pámpano.
En este enlace pueden admirar y adquirir su obra gráfica
Del acto se hizo eco Giralda Televisión en su programa con Torería [programa del 15 de junio] y mi amigo el poeta y fotógrafo Ramón Simón dejó un excelente reportaje fotográfico en su blog.
A continuación transcribo mi intervención en la presentación, que no fue sino un alegato de la fiesta desde la cultura y nada más que desde la cultura, frente a tanta barbarie mansa que nos acosa, pero que no nos derribará.
Subrayaré en negrita las palabras relacionadas con Cataluña, donde el fin de semana pasado disfruté, en compañía de Lorenzo, de una gran tarde de toros.
Y yo no sé por qué hay a quien pueda interesarle prohibir la grandeza.
Me parece que fue Chesterton quien dijo que la indiferencia ante la grandeza es la mejor prueba de la mediocridad.
BUENAS TARDES, CON SU PERMISO
El reglamento taurino determina que el matador antes de empezar la faena de muleta se acerque al palco presidencial para solicitar la venia a la autoridad, representada aquí por el Ayuntamiento de Espartinas, la Delegación de Cultura y los gestores de la Plaza de Toros a quienes estoy profundamente agradecido por el cuidado que han puesto en la celebración de este acto.
La diplomacia y el protocolo, sin embargo, otorgan a los jefes de estado y los monarcas privilegios y distinciones por el rango que ostentan que modifican el orden de prelatura por lo que en consecuencia yo debo ahora saltarme el reglamento.
No me dirigiré a la presidencia, no haré la cumplida reverencia a las autoridades con la que acaba el paseíllo y empieza la fiesta, la dejo para luego.
Permitid que mis primeras palabras sean para los héroes, para los toreros aquí presentes, los protagonistas de este libro que en mi imaginario particular ocupan el más alto trono, conquistado en la arena solar, en el albero de la gloria, dice Píndaro en su Olímpica VII, dedicada a Diágoras de Rodas, púgil:
“Zeus, concede al hombre que alcanzó la gloria por sus puños el venerado prestigio entre propios y extraños. Porque él sigue sin torcerse un camino que aborrece la soberbia y conoce bien lo que advirtieron las rectas inteligencias de sus nobles antepasados.”
Que no es sino la forma clásica de decir lo que el pueblo siempre ha pregonado en las calles de Sevilla: “ahí va un torero”.
Y termino mi principio con otro principio nuevo, gracias a todos por venir, pero especialmente gracias a los muchachos y niños de la Escuela Taurina de Espartinas, miradlos, ved a los toreros, ellos son los héroes, los hombres de los que hablo en este libro, pero vosotros sois los héroes del futuro.
Os hablaba de Píndaro y de las olímpicas, en unos días la televisión estallará, echa añicos por los balones del mundial de fútbol. El deporte lo ocupa hoy todo en los medios de comunicación, pero la televisión no ama al deporte, que se acrisola en un lento y diario entrenamiento, sino que vive en una perpetua exaltación del instante que es NADA y ha hecho falsamente suyo el lema olímpico CITUS ALTIUS FORTIUS, más deprisa, más alto, más fuerte, y lo ha trasladado fatalmente a la juventud. El toreo, que se planta desnudo ante la muerte, cuestiona esta escala de valores porque propone otra, MÁS LENTO, MÁS BAJO, MÁS SUAVE.
Una escala de valores perdurables que propone frente al miedo el valor y la confianza en uno mismo y en unos compañeros que eventualmente se jugarán la vida por la tuya.
Si el espíritu de sacrificio de estos muchachos que cada tarde torean de salón en esta plaza y en las de las decenas de escuelas taurinas de Andalucía, si el espíritu de sacrificio del los toreros verdaderos se extendiera al conjunto de la sociedad no habría crisis porque no habría miedo.
Vaya ahora mi saludo, mi petición de venia más respetuosa al pueblo y la gente de Espartinas, muchas cosas me unen a este lugar donde se encuentra la mejor Plaza de Toros de la provincia de Sevilla, la única en la que he visto indultar un toro, al maestro Enrique Ponce. A solo unos cientos metros de aquí, en el convento de Loreto, me casé con Rocío, la madre de mis dos hijas.
Entre las columnas toscanas y las cadenas que flanquean el dintel de La Puerta del Príncipe, figura en letras de bronce la siguiente leyenda:
PLAZA DE TOROS
Cuando agrupé la carpeta de textos y poemas sobre el toreo que constituyeron el germen de este libro bajo el título, tan sencillo, de PLAZA DE TOROS buscaba que el libro fuese en sí mismo una plaza: un lugar sobre el que se acumularían toreros, faenas y gestas.
Querría que ustedes al ojear o leer el libro, al disponerlo en su estantería sintieran que en su casa existe un lugar, una plaza de toros atemporal donde perpetuamente sucede la liturgia y el ritual, de la tauromaquia.
Mi plaza quedó escrita, pero estaba vacía, podemos cantar al héroe, pero es necesario fijarlo de perfil
Era necesario disponer sobre ella los carteles que anunciasen a las figuras, era necesario disponer un friso, pintar en un ánfora los trabajos de los héroes.
Y era necesario, además, que a manera de cinematógrafo los héroes cobrasen vida al paso de las páginas.
Para lo primero acudí a Pablo Pámpano, a quien desde hace mucho habían llamado la atención las imágenes literarias de mis poemas, pensamos juntos que trabajar sobre la materia del toreo podría dar un resultado más visual, por la plasticidad inagotable de la Fiesta.
Para dar cuerpo al libro apareció la Isla de Siltolá y su editor Javier Sánchez Menéndez que desde el primer momento apostó por el él, como un objeto bello, como una plaza de toros de la mejor fábrica.
Gracias Javier, desde que te conozco todo lo que me ha pasado ha sido literaria y literalmente bueno, en una ocasión te dije que eras un Quijote de la poesía.
Al mundo le hace falta gente con tu generosidad y tu talento literarios y empresariales, con tu irreverencia y tu punto de locura.
Espero que con esta Plaza no contribuyamos demasiado a tu ruina porque en España editar poesía es llorar, como decía Larra de escribir.
Hay quien te da el título de mecenas, nosotros hoy te consideramos nuestro apoderado.
Y para abrir Plaza, como ha señalado mi querido amigo el poeta cacereño Santos Domínguez, necesitábamos a un maestro que fuera por delante y nos dejara, con los capotazos precisos, el toro en suerte. Lorenzo, gracias por el prólogo que tanto ha gustado, que nos acompañes en el libro, es un lujo.
Cambio de tercio, como estamos en una Plaza de Toros si ven que me alargo no duden en darme un aviso.
Como el Reloj Orológico de la Plaza de San Marcos en Venecia, como el reloj astronómico de Praga, la Plaza de Toros es parecida a la circunferencia de una esfera armilar donde el público y el torero se exponen a los recurrentes ciclos de la naturaleza caracterizados por la dualidad, –SOL Y SOMBRA-, como el YIN Y EL YAN de la China.
Este libro arranca en mitad del verano, con la Asunción de María, cuando la fiebre del toreo arde en las Plazas de España y termina, anunciando una nueva primavera cósmica, con el cierre de la temporada por otoño.
Entre ambas efemérides que abren y cierran este anillo, se resume la historia de la tauromaquia con poemas en prosa dedicados a los toreros que se enfrentan mano a mano, a través de las eras geológicas de la tauromaquia.
Joselito y Juan Belmonte, en la Edad de Oro de la tauromaquia.
Manolete y Pepe Luis, en el blanco y negro de nuestra posguerra.
Antonio Ordoñez, la majestad absoluta en la soledad de Ronda.
Curro Romero y Rafael de Paula, o el toreo de arte.
José Tomás y Morante de la Puebla, como representantes de las dos tendencias extremas del toreo eterno y pilares que sustentan la fiesta en su concepción litúrgica.
Porque hay que entender que cada torero figura aquí como un arquetipo o emblema que puede englobar muchas tauromaquias y lo más difícil ha sido prescindir de ciertas figuras, esta plaza las quiere abrazar a todas.
Caigo en la cuenta ahora de que todos los toreros son andaluces menos uno, no lo había pensado, pero nadie le pregunto la nacionalidad a Hércules cuando vino de Grecia a enfrentarse a los toros de Gerión en la mítica argónida del Coto de Doñana.
Y sin embargo en las costas griegas de Cataluña se han alzado voces inoportunas que quieren prohibir la fiesta de los toros. No lo conseguirán aunque dispongan de medios burocráticos para ello, si en las calles del delta del Ebro sigue corriendo el toro, será necesario el héroe que lo lidie y mate a estoque.
Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía, ante los derribados muros de Troya, ante los derribados muros de las Plazas de Toros, aún resuenan las atronadoras voces de mando de aqueos y troyanos, han pasado miles de años, pero Aquiles, Héctor o Patroclo aún luchan frente a la amplia muralla de Ilión por la belleza de Elena, gracias al canto de Homero.
Los toros son cultura y esto es lo que ha buscado este libro, para, modestamente, resumir la historia de la tauromaquia, como lo que es: una página indeleble de la Historia de la Humanidad.
Ningunear esta danza fugaz al borde de la muerte, trivializarla, reducirla a simple espectáculo, rebajarla a charlotada anteponer a ella un ecologismo fundamentalista, es degradarla y no debemos consentirlo.
Por eso agradezco infinitamente a Pablo que haya querido ilustrar y dar vida a estos héroes de papel y oro, y a Siltolá que les haya dado carne y sangre de tinta para volver a torear.
Gracias Pablo por dar vida, por inscribir en el Partenón de estas hojas la imborrable efigie de los últimos héroes: aquel adolescente que veía en la Plaza de Toros de Sevilla, un vestigio romano que le decía lo antigua, noble y buena que era su ciudad, aquel joven que en el granito duro de las ventas fue herido por el sol y el hombre que cada domingo ve arder el sol sobre el oro de lo trajes de luces de la Maestranza, te estará eternamente agradecido por haberle dado vida a sus criaturas.
Por haberlas vestido de papel y oro.
Siento que al escribir este libro cumplo un deber, en la maravillosa serie televisiva “Juncal”, Paco Rabal decía que los médicos habían nacido para curar a los toreros, los pintores para pintar a los toreros, los arquitectos para hacer plaza de toros y los poetas habían nacido, claro, para cantar a los toreros, hasta el poeta Rainer María Rilke, quien hizo latir sus ángeles terribles junto al abismo de la Plaza de Toros de –Ronda, que también figura en el libro el poeta más delicado del Imperio Austrohúngaro que nunca fue a una corrida dedicó un poema Paco Montes, Paquiro.
Quien apuesto, impasible, y sin odio
apoyado en sí mismo, sereno, sosegado,
hunde casi blandamente el estoque
en la gran ola que rueda y retorna,
y su ímpetu se ahoga en el vacío.
Muchas cosas me unen al pueblo de Espartinas, aquí a solo unos cientos de metros, en el convento de Loreto, hay enterrado un sacerdote, Fray Pacífico, a quien juntos y al alimón Pablo y yo hemos querido dedicar este libro porque nos enseñó a hacer, como hombres, como toreros, el paseíllo de la vida.
Me comentaba hace poco el maestro Esplá algo de lo que yo no me había percatado: sólo tres profesiones se visten de oro, el torero, el sacerdote y el militar, porque las tres se enfrentan al gran misterio que es la muerte.
Misterio que ellos, los toreros, y nosotros, los poetas y los artistas, queremos esquivar a través de la belleza.
En este enlace pueden admirar y adquirir su obra gráfica
Del acto se hizo eco Giralda Televisión en su programa con Torería [programa del 15 de junio] y mi amigo el poeta y fotógrafo Ramón Simón dejó un excelente reportaje fotográfico en su blog.
A continuación transcribo mi intervención en la presentación, que no fue sino un alegato de la fiesta desde la cultura y nada más que desde la cultura, frente a tanta barbarie mansa que nos acosa, pero que no nos derribará.
Subrayaré en negrita las palabras relacionadas con Cataluña, donde el fin de semana pasado disfruté, en compañía de Lorenzo, de una gran tarde de toros.
Y yo no sé por qué hay a quien pueda interesarle prohibir la grandeza.
Me parece que fue Chesterton quien dijo que la indiferencia ante la grandeza es la mejor prueba de la mediocridad.
BUENAS TARDES, CON SU PERMISO
El reglamento taurino determina que el matador antes de empezar la faena de muleta se acerque al palco presidencial para solicitar la venia a la autoridad, representada aquí por el Ayuntamiento de Espartinas, la Delegación de Cultura y los gestores de la Plaza de Toros a quienes estoy profundamente agradecido por el cuidado que han puesto en la celebración de este acto.
La diplomacia y el protocolo, sin embargo, otorgan a los jefes de estado y los monarcas privilegios y distinciones por el rango que ostentan que modifican el orden de prelatura por lo que en consecuencia yo debo ahora saltarme el reglamento.
No me dirigiré a la presidencia, no haré la cumplida reverencia a las autoridades con la que acaba el paseíllo y empieza la fiesta, la dejo para luego.
Permitid que mis primeras palabras sean para los héroes, para los toreros aquí presentes, los protagonistas de este libro que en mi imaginario particular ocupan el más alto trono, conquistado en la arena solar, en el albero de la gloria, dice Píndaro en su Olímpica VII, dedicada a Diágoras de Rodas, púgil:
“Zeus, concede al hombre que alcanzó la gloria por sus puños el venerado prestigio entre propios y extraños. Porque él sigue sin torcerse un camino que aborrece la soberbia y conoce bien lo que advirtieron las rectas inteligencias de sus nobles antepasados.”
Que no es sino la forma clásica de decir lo que el pueblo siempre ha pregonado en las calles de Sevilla: “ahí va un torero”.
Y termino mi principio con otro principio nuevo, gracias a todos por venir, pero especialmente gracias a los muchachos y niños de la Escuela Taurina de Espartinas, miradlos, ved a los toreros, ellos son los héroes, los hombres de los que hablo en este libro, pero vosotros sois los héroes del futuro.
Os hablaba de Píndaro y de las olímpicas, en unos días la televisión estallará, echa añicos por los balones del mundial de fútbol. El deporte lo ocupa hoy todo en los medios de comunicación, pero la televisión no ama al deporte, que se acrisola en un lento y diario entrenamiento, sino que vive en una perpetua exaltación del instante que es NADA y ha hecho falsamente suyo el lema olímpico CITUS ALTIUS FORTIUS, más deprisa, más alto, más fuerte, y lo ha trasladado fatalmente a la juventud. El toreo, que se planta desnudo ante la muerte, cuestiona esta escala de valores porque propone otra, MÁS LENTO, MÁS BAJO, MÁS SUAVE.
Una escala de valores perdurables que propone frente al miedo el valor y la confianza en uno mismo y en unos compañeros que eventualmente se jugarán la vida por la tuya.
Si el espíritu de sacrificio de estos muchachos que cada tarde torean de salón en esta plaza y en las de las decenas de escuelas taurinas de Andalucía, si el espíritu de sacrificio del los toreros verdaderos se extendiera al conjunto de la sociedad no habría crisis porque no habría miedo.
Vaya ahora mi saludo, mi petición de venia más respetuosa al pueblo y la gente de Espartinas, muchas cosas me unen a este lugar donde se encuentra la mejor Plaza de Toros de la provincia de Sevilla, la única en la que he visto indultar un toro, al maestro Enrique Ponce. A solo unos cientos metros de aquí, en el convento de Loreto, me casé con Rocío, la madre de mis dos hijas.
Entre las columnas toscanas y las cadenas que flanquean el dintel de La Puerta del Príncipe, figura en letras de bronce la siguiente leyenda:
PLAZA DE TOROS
Cuando agrupé la carpeta de textos y poemas sobre el toreo que constituyeron el germen de este libro bajo el título, tan sencillo, de PLAZA DE TOROS buscaba que el libro fuese en sí mismo una plaza: un lugar sobre el que se acumularían toreros, faenas y gestas.
Querría que ustedes al ojear o leer el libro, al disponerlo en su estantería sintieran que en su casa existe un lugar, una plaza de toros atemporal donde perpetuamente sucede la liturgia y el ritual, de la tauromaquia.
Mi plaza quedó escrita, pero estaba vacía, podemos cantar al héroe, pero es necesario fijarlo de perfil
Era necesario disponer sobre ella los carteles que anunciasen a las figuras, era necesario disponer un friso, pintar en un ánfora los trabajos de los héroes.
Y era necesario, además, que a manera de cinematógrafo los héroes cobrasen vida al paso de las páginas.
Para lo primero acudí a Pablo Pámpano, a quien desde hace mucho habían llamado la atención las imágenes literarias de mis poemas, pensamos juntos que trabajar sobre la materia del toreo podría dar un resultado más visual, por la plasticidad inagotable de la Fiesta.
Para dar cuerpo al libro apareció la Isla de Siltolá y su editor Javier Sánchez Menéndez que desde el primer momento apostó por el él, como un objeto bello, como una plaza de toros de la mejor fábrica.
Gracias Javier, desde que te conozco todo lo que me ha pasado ha sido literaria y literalmente bueno, en una ocasión te dije que eras un Quijote de la poesía.
Al mundo le hace falta gente con tu generosidad y tu talento literarios y empresariales, con tu irreverencia y tu punto de locura.
Espero que con esta Plaza no contribuyamos demasiado a tu ruina porque en España editar poesía es llorar, como decía Larra de escribir.
Hay quien te da el título de mecenas, nosotros hoy te consideramos nuestro apoderado.
Y para abrir Plaza, como ha señalado mi querido amigo el poeta cacereño Santos Domínguez, necesitábamos a un maestro que fuera por delante y nos dejara, con los capotazos precisos, el toro en suerte. Lorenzo, gracias por el prólogo que tanto ha gustado, que nos acompañes en el libro, es un lujo.
Cambio de tercio, como estamos en una Plaza de Toros si ven que me alargo no duden en darme un aviso.
Como el Reloj Orológico de la Plaza de San Marcos en Venecia, como el reloj astronómico de Praga, la Plaza de Toros es parecida a la circunferencia de una esfera armilar donde el público y el torero se exponen a los recurrentes ciclos de la naturaleza caracterizados por la dualidad, –SOL Y SOMBRA-, como el YIN Y EL YAN de la China.
Este libro arranca en mitad del verano, con la Asunción de María, cuando la fiebre del toreo arde en las Plazas de España y termina, anunciando una nueva primavera cósmica, con el cierre de la temporada por otoño.
Entre ambas efemérides que abren y cierran este anillo, se resume la historia de la tauromaquia con poemas en prosa dedicados a los toreros que se enfrentan mano a mano, a través de las eras geológicas de la tauromaquia.
Joselito y Juan Belmonte, en la Edad de Oro de la tauromaquia.
Manolete y Pepe Luis, en el blanco y negro de nuestra posguerra.
Antonio Ordoñez, la majestad absoluta en la soledad de Ronda.
Curro Romero y Rafael de Paula, o el toreo de arte.
José Tomás y Morante de la Puebla, como representantes de las dos tendencias extremas del toreo eterno y pilares que sustentan la fiesta en su concepción litúrgica.
Porque hay que entender que cada torero figura aquí como un arquetipo o emblema que puede englobar muchas tauromaquias y lo más difícil ha sido prescindir de ciertas figuras, esta plaza las quiere abrazar a todas.
Caigo en la cuenta ahora de que todos los toreros son andaluces menos uno, no lo había pensado, pero nadie le pregunto la nacionalidad a Hércules cuando vino de Grecia a enfrentarse a los toros de Gerión en la mítica argónida del Coto de Doñana.
Y sin embargo en las costas griegas de Cataluña se han alzado voces inoportunas que quieren prohibir la fiesta de los toros. No lo conseguirán aunque dispongan de medios burocráticos para ello, si en las calles del delta del Ebro sigue corriendo el toro, será necesario el héroe que lo lidie y mate a estoque.
Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía, ante los derribados muros de Troya, ante los derribados muros de las Plazas de Toros, aún resuenan las atronadoras voces de mando de aqueos y troyanos, han pasado miles de años, pero Aquiles, Héctor o Patroclo aún luchan frente a la amplia muralla de Ilión por la belleza de Elena, gracias al canto de Homero.
Los toros son cultura y esto es lo que ha buscado este libro, para, modestamente, resumir la historia de la tauromaquia, como lo que es: una página indeleble de la Historia de la Humanidad.
Ningunear esta danza fugaz al borde de la muerte, trivializarla, reducirla a simple espectáculo, rebajarla a charlotada anteponer a ella un ecologismo fundamentalista, es degradarla y no debemos consentirlo.
Por eso agradezco infinitamente a Pablo que haya querido ilustrar y dar vida a estos héroes de papel y oro, y a Siltolá que les haya dado carne y sangre de tinta para volver a torear.
Gracias Pablo por dar vida, por inscribir en el Partenón de estas hojas la imborrable efigie de los últimos héroes: aquel adolescente que veía en la Plaza de Toros de Sevilla, un vestigio romano que le decía lo antigua, noble y buena que era su ciudad, aquel joven que en el granito duro de las ventas fue herido por el sol y el hombre que cada domingo ve arder el sol sobre el oro de lo trajes de luces de la Maestranza, te estará eternamente agradecido por haberle dado vida a sus criaturas.
Por haberlas vestido de papel y oro.
Siento que al escribir este libro cumplo un deber, en la maravillosa serie televisiva “Juncal”, Paco Rabal decía que los médicos habían nacido para curar a los toreros, los pintores para pintar a los toreros, los arquitectos para hacer plaza de toros y los poetas habían nacido, claro, para cantar a los toreros, hasta el poeta Rainer María Rilke, quien hizo latir sus ángeles terribles junto al abismo de la Plaza de Toros de –Ronda, que también figura en el libro el poeta más delicado del Imperio Austrohúngaro que nunca fue a una corrida dedicó un poema Paco Montes, Paquiro.
Quien apuesto, impasible, y sin odio
apoyado en sí mismo, sereno, sosegado,
hunde casi blandamente el estoque
en la gran ola que rueda y retorna,
y su ímpetu se ahoga en el vacío.
Muchas cosas me unen al pueblo de Espartinas, aquí a solo unos cientos de metros, en el convento de Loreto, hay enterrado un sacerdote, Fray Pacífico, a quien juntos y al alimón Pablo y yo hemos querido dedicar este libro porque nos enseñó a hacer, como hombres, como toreros, el paseíllo de la vida.
Me comentaba hace poco el maestro Esplá algo de lo que yo no me había percatado: sólo tres profesiones se visten de oro, el torero, el sacerdote y el militar, porque las tres se enfrentan al gran misterio que es la muerte.
Misterio que ellos, los toreros, y nosotros, los poetas y los artistas, queremos esquivar a través de la belleza.
martes, 20 de julio de 2010
Bertol Brecht y los toros en Cataluña
Tenemos que la hablar de la tarde de toros el domingo en Barcelona. De cómo los que protestaban eran 23 personas (que los conté). Habrá que hablar del artículo de Antonio Lorca en El País, de la "libertad de voto" que ha dado el PSC, de cómo la votación del día 28 va a ser la patada a la sentencia del estatut, que la van a dar en el culo de los taurinos,...
Habrá que hablar de muchas cosas, pero recuerdo ahora un poema de Bertol Brecht que refleja como pocos lo que sucede cuando los ciudadanos de un país, de una región, de una nación, de un territorio, no protestan cuando se atenta contra la libertad y las ideas de determinados grupos. Qué sucede cuando no se actúa contra el totalitarismo.
Primero cogieron a los comunistas,
y yo no dije nada por que yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los obreros,
y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se metieron con los católicos,
y no dije nada porque yo era protestante.
Y cuando finalmente vinieron por mí,
no quedaba nadie para protestar.
No sé si a alguno le puede hacer reflexionar. Cuando está en juego la libertad lo de los toros, es cierto, es lo de menos.
Habrá que hablar de muchas cosas, pero recuerdo ahora un poema de Bertol Brecht que refleja como pocos lo que sucede cuando los ciudadanos de un país, de una región, de una nación, de un territorio, no protestan cuando se atenta contra la libertad y las ideas de determinados grupos. Qué sucede cuando no se actúa contra el totalitarismo.
Primero cogieron a los comunistas,
y yo no dije nada por que yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los obreros,
y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se metieron con los católicos,
y no dije nada porque yo era protestante.
Y cuando finalmente vinieron por mí,
no quedaba nadie para protestar.
No sé si a alguno le puede hacer reflexionar. Cuando está en juego la libertad lo de los toros, es cierto, es lo de menos.
domingo, 11 de julio de 2010
Madrid (4 de julio de 2010) - Trámite inútil
La empresa da festejos los domingos porque lo exige el Pliego. Los toreros van porque esperan que, con un milagro, puedan hacer una faena que les abra las puertas del próximo San Isidro en el que, si vuelven a estar bien, pueden coger una sustitución que, si repiten triunfo, les dé diez o doce contratos donde antes sólo había uno o dos. Y los aficionados vamos (tal vez menos de quinientos, o de mil, el resto todos turistas) porque la Fiesta nos hace revivir nuestros sentimientos mejores.
No, estos festejos, al fin, no sirven para nada. Y menos aún cuando desde el principio se han organizado con desidia. No es de recibo, es una irresponsabilidad más de la empresa, anunciar hace un par de semanas el cartel y el mismo día de la corrida tener que cambiar los toros de la ganadería anunciada (Criado) por otros (Guardiola) porque los primeros no habían pasado el reconocimiento. ¿Es que se han comprado los toros sin ver si estaban "rematados"? ¿Es que el criterio de la empresa no coincide -aún- con el de los veterinarios? ¿Es que los veterinarios quieren boicotear a la empresa y a los toreros y no se les ha ocurrido otro modo de hacerlo?
Por si esto fuera poco, la mayoría de los espectadores -turistas- financian tardes infames como esta dejándoles una imagen nefasta de nuestro país y nuestra Fiesta. Para empezar, en la cola donde se compran las entradas, en un día en que en la taquilla hay entradas de cualquier lugar de la plaza, a cualquier precio, hay reventas tratando de estafarles vendiéndoles entradas a precios muchos más elevados de los de taquilla. ¿Tampoco puede actuar la policía? ¿No les parece a esos policías que, además, son Presidentes de la plaza, que serían mucho más útiles a la sociedad y mucho más consecuentes con el dinero que ganan estar deteniendo a estos delincuentes que amonestar a los toreros o a los periodistas en el callejón? Y la empresa y la Comunidad de Madrid, ¿no les parece que podían editar y entregar gratuitamente a los turistas una breve guía de seis u ocho páginas en la que explicaran el desenvolvimiento del festejo para que estos nuevos espectadores pudieran entender algo mejor lo que está sucediendo? Me temo que es mucho pedir para aquellos que tienen en sus manos la defensa y promoción de la Fiesta...
Pero, eso sí, los precios iguales que si uno fuera a ver a José Tomás o a Morante. De locos.
En el ruedo, no pasó nada, o casi nada. Antón Cortés, que hace años dio en algún momento su dimensión de torero genial, imprevisible, artista (con cuentagotas, pero lo hizo) se le notó con muchas precaucines. Buscando más la composición de la figura que el toreo de verdad, hondo, citando y embarcando la embestida. En el primero dio alguna serie muy corta con cierta gracia y el cuarto, soso y flojo, no le permitió nada y, además, dio un sainete con la espada.
Ambel Posada tuvo en el segundo un toro muy flojo y que se debaja debajado en los pases. No había opción alguna. En el quinto, un toro que cabeceaba, estuvo muy desconfiado, sin sitio y sin recursos. Con la espada, muy mal en ambos.
Y Javier Cortés, que volvía con la vitola de uno de los toreros jóvenes con más interés, tampoco pudo hacer mucho. Dejó, eso sí, evidencia de sus ganas, pero poco (muy poco) más. El recibo con el capote en el primero fue falto de ajuste y de hondura. Con la muleta, el toro cabeceaba y él dio algún pase bueno, pero le falto ambición, técnica y gracia. Pases sueltos, pero sin acabar de rematar. En el sexto, dio una serie correcta al principio (aunque sin cruzarse) y luego se acercaba demasiado para citar, cortando recorrido al toro y sin ligar los pases. Al final, se metió entre los pitones, provocando el aplauso de los turistas, pero sin demostrar y reivindicar el toreo que nos había ilusionado otras veces. Le falta mucho en calidad. Y probablemente también en ambición.
Otra tarde perdida para el toreo. Estas son las que acaban con la Fiesta. No (sobre todo) los antitaurinos.
No, estos festejos, al fin, no sirven para nada. Y menos aún cuando desde el principio se han organizado con desidia. No es de recibo, es una irresponsabilidad más de la empresa, anunciar hace un par de semanas el cartel y el mismo día de la corrida tener que cambiar los toros de la ganadería anunciada (Criado) por otros (Guardiola) porque los primeros no habían pasado el reconocimiento. ¿Es que se han comprado los toros sin ver si estaban "rematados"? ¿Es que el criterio de la empresa no coincide -aún- con el de los veterinarios? ¿Es que los veterinarios quieren boicotear a la empresa y a los toreros y no se les ha ocurrido otro modo de hacerlo?
Por si esto fuera poco, la mayoría de los espectadores -turistas- financian tardes infames como esta dejándoles una imagen nefasta de nuestro país y nuestra Fiesta. Para empezar, en la cola donde se compran las entradas, en un día en que en la taquilla hay entradas de cualquier lugar de la plaza, a cualquier precio, hay reventas tratando de estafarles vendiéndoles entradas a precios muchos más elevados de los de taquilla. ¿Tampoco puede actuar la policía? ¿No les parece a esos policías que, además, son Presidentes de la plaza, que serían mucho más útiles a la sociedad y mucho más consecuentes con el dinero que ganan estar deteniendo a estos delincuentes que amonestar a los toreros o a los periodistas en el callejón? Y la empresa y la Comunidad de Madrid, ¿no les parece que podían editar y entregar gratuitamente a los turistas una breve guía de seis u ocho páginas en la que explicaran el desenvolvimiento del festejo para que estos nuevos espectadores pudieran entender algo mejor lo que está sucediendo? Me temo que es mucho pedir para aquellos que tienen en sus manos la defensa y promoción de la Fiesta...
Pero, eso sí, los precios iguales que si uno fuera a ver a José Tomás o a Morante. De locos.
En el ruedo, no pasó nada, o casi nada. Antón Cortés, que hace años dio en algún momento su dimensión de torero genial, imprevisible, artista (con cuentagotas, pero lo hizo) se le notó con muchas precaucines. Buscando más la composición de la figura que el toreo de verdad, hondo, citando y embarcando la embestida. En el primero dio alguna serie muy corta con cierta gracia y el cuarto, soso y flojo, no le permitió nada y, además, dio un sainete con la espada.
Ambel Posada tuvo en el segundo un toro muy flojo y que se debaja debajado en los pases. No había opción alguna. En el quinto, un toro que cabeceaba, estuvo muy desconfiado, sin sitio y sin recursos. Con la espada, muy mal en ambos.
Y Javier Cortés, que volvía con la vitola de uno de los toreros jóvenes con más interés, tampoco pudo hacer mucho. Dejó, eso sí, evidencia de sus ganas, pero poco (muy poco) más. El recibo con el capote en el primero fue falto de ajuste y de hondura. Con la muleta, el toro cabeceaba y él dio algún pase bueno, pero le falto ambición, técnica y gracia. Pases sueltos, pero sin acabar de rematar. En el sexto, dio una serie correcta al principio (aunque sin cruzarse) y luego se acercaba demasiado para citar, cortando recorrido al toro y sin ligar los pases. Al final, se metió entre los pitones, provocando el aplauso de los turistas, pero sin demostrar y reivindicar el toreo que nos había ilusionado otras veces. Le falta mucho en calidad. Y probablemente también en ambición.
Otra tarde perdida para el toreo. Estas son las que acaban con la Fiesta. No (sobre todo) los antitaurinos.
domingo, 4 de julio de 2010
Conclusiones de San Isidro (y III) - La Plaza y su gestión
Quería haber escrito esta última parte de mis particulares conclusiones de San Isidro hace tiempo, pero diversas cuestiones lo han ido retrasando.
Como decía en la entrada anterior, la Comunidad se me ha adelantado al conceder la prórroga a Taurodelta. No es que, como se verá, uno tenga un remedio mágico para la Plaza de Toros de Las Ventas, pero sí creo que hay una serie de elementos que los propietarios de la Plaza deberían sopesar antes de la irresponsable decisión que han tomado.
En todo caso, no querría centrarme sólo en la gestión de la Plaza, y menos aún en la prórroga. Querría hacer una consideraciones sobre la Plaza en sí y sobre su gestión. Las conclusiones en este ámbito serían, básicamente, las siguiente:
1.- La plaza tiene que ser reformada para que los espectadores ganen en comodidad. No puede defenderse que la Tauromaquia sea una actividad cultural y obligar a que quienes acuden a su contemplación tengan que pasar frío, mojarse, les dé el sol en los ojos y soporten las rodillas del de atrás en los riñones durante más de dos horas. Además de estar sentado sobre duro granito. Los espectadores de toros somos auténticos héroes. Pero en estas condiciones es difícil convencer a más gente y, sobre todo, conseguir la asistencia continuada de gente del nivel que es conveniente. Gente a la que le gustan los toros, pero que no está dispuesta a soportar estas incomodidades. Podremos criticar lo que queramos su falta de austeridad, pero hay muchos que no quieren estar así diez o doce, o treinta días seguidos durante más de dos horas. Soy consciente de que hacer las obras precisas para esto puede suponer una pérdida de aforo, pero habrá que empezar a afrontarlo con urgencia.
2.- No es admisible que la lluvia y el viento condiciones la celebración de los festejos. Hay soluciones técnicas que permiten eliminar o mitigar estos efectos negativos. Y es imprescindible implantarlos ya. La Plaza es un Monumento Histórico y eso impone ciertas limitaciones. Pero también El Prado lo es y no por eso se ha dejado de hacer una reforma completa de sus instalaciones (retoque del Claustro de Los Jerónimos incluido). No séamos tan necios como para que el costumbrismo de las épicas tardes de toreros contra el viento y la lluvia (que las ha habido) sirvan de excusa para que los festejos se desarrollen en las mejores condiciones posible.
3.- Hay que replantearse seriamente el sistema de gestión de la Plaza. Siendo conscientes de que el problema no es el sistema, sino los criterios. Pero teniendo también presente que sin explicitar cuáles son los criterios y por qué se elige un determinado sistema, valorar la coherencia y controlar el cumplimiento de lo pretendido es muy complicado.
Trato de explicarme (aunque la explicación sea, quizá, algo extensa: adiós a los que abandonen aquí. Y mis disculpas a los juristas por algunas imprecisiones de lo que sigue, en aras a la brevedad).
Los servicios públicos pueden gestionarse básicamente mediante dos tipos de sistemas: los directos y los indirectos. En los directos, la Administración organiza el servicio y asume los riesgos económicos de su resultado (en nuestro caso, contrata toros y toreros, organiza la taquilla, recibe los ingresos, hace los pagos y se queda con la diferencia -positiva o negativa-). En los indirectos, contrata a un tercero para que organice el servicio y es este tercero es que lo gestiona y el que asume el resultado (beneficio o pérdida). Para seleccionar a este tercero, la Administración elabora un Pliego que establece cómo tiene que prestarse el servicio y que indica qué es lo que se va a valorar para seleccionar a quien finalmente lo preste.
Los aficionados de Madrid llevan tiempo pidiendo que en Madrid se cambie el sistema de gestión actual (sistema indirecto - concesión) po un sistema directo en el que la Comunidad tenga una intervención directa y decisoria (un sistema directo o un sistema mixto en el que su presencia sea importante). El modelo que se quiere que se siga es el de Plazas como Santander o Vitoria, donde son los propios Ayuntamientos quienen confeccionan los carteles con ayuda de un profesional o de un grupo de aficionados. Esto ha redundado en una mejora sustancial de la calidad de los festejos y ha incrementado muy notablemente la asistencia del público a los festejos.
Sin embargo, a mi juicio, el problema no es un problema de modelo de gestión, sino de cuáles son las prioridades del propietario de la Plaza. En Santander o Vitoria la calidad se ha conseguido porque el Ayuntamiento ha apostado por la calidad en su gestión directa. Perto también podría haberlo hecho rematadamente mal. Y esta calidad también podría haberse conseguido con un buen Pliego que lo que hiciera fuera premiar la calidad en la selección del empresario y donde las condiciones económicas (canon) fuera coherente con esa apuesta por la calidad.
En Madrid, el problema no es que haya una concesión. El problema es que el Pliego es una mierda y que en la selección del contratista se premió la "experiencia" en plazas de primera en vez de la calidad y la imaginación de la propuesta de temporada. Si no recuerdo mal, Taurodelta sólo ganó a los demás que se presentaron en años de experiencia. Y, por ejemplo, Simón Casas hizo propuesta en el ámbito de la temporada, los eventos culturales y demás que fueron mejor valorados. Es evidente que si la Comunidad elije por criterios de venerable ancianidad en vez de por la imaginación, la modernidad y la cultura, tenemos lo que nos toca sufrir. Pero es evidente que a Ignacio González o a José Pedro Gómez Ballesteros tampoco se les puede pedir que elijan desparpajo, modernidad e imaginación. Para eso tendrían que nacer de nuevo.
Por eso, el que estos mismos señores gestionaran directamente Las Ventas tampoco arreglaría nada. Imagínense ustedes a estos individuos contratando ganaderías y toreros. Echaríamos de menos a Taurodelta en una semana.
Para solucionar el problema, se pide la intervención de los aficionados. Que es evidente que sí podría solucionar el problema. Como lo ha hecho en Vitoria con un grupo de aficionados de categoría. Pero en Madrid, ¿a quiénes se elije? Si se va a poner a los del 7, o a los de la Asociación "El Toro", yo me borro. Si quieren dejarse asesorar por Molés o Moncholi, habrá opiniones para todos los gustos,... Yo preferiría gente independiente, como Corbacho, por ejemplo, o como algún otro periodista a quien no cito por si acaso alguien inoportuno leyera esto o se lo contaran y encima le perjudicara. Pero en todo el espectro político madrileño (español, si me apuran) no hay arrestos bastantes para poner la Plaza de Las Ventas en manos de gente del toro aficionada e independiente, sin prejuicios y que quiera hacer de esto una referencia de verdad.
Por eso el asunto no es cuál es sistema de gestión, sino qué quiere conseguir la Comunidad con Las Ventas. ¿Quiere dinero o quiere calidad? ¿Quiere muchos festejos o quiere festejos muy buenos? ¿Quiere ser un referente mundial en el toreo o quiere que los del 7 y asimilados no protesten? ¿Quieren hacer amigos entre empresarios, toreros y periodistas o quieren que en la calle se hable de Las Ventas por lo que sucede cada tarde que haya un festejo? Y si quieren varias cosas, ¿en qué orden lo quieren? ¿Cuánto quieren más una cosa que otra?
Eso es lo que hay que decidir. Y luego, valorar qué sistema, directo o indirecto, es el que mejor se adecúa a la consecución de esos objetivos. Algo sencillo, elemental en cualquier empresa, pero que entre los políticos resulta un esfuerzo intelectual cuya sola propuesta les desborda.
O lo mismo es que sí tienen claro lo que quieren, pero prefieren no decirlo. Porque si hay que extraerlo del Pliego, es bante evidente: comodidad (puntuamos la experiencia de los de siempre y nos evitamos propuestas heterodoxas e innovadoras) y dinero.
Unan ustedes ahora esta reflexión con las otras dos entradas de conclusiones sobre San Isidro y verán que hay una propuesta concreta de qué podría hacerse. Que como dije desde el inicio, no asegura los triunfos, pero creo que sí pondría Las Ventas en el lugar que le corresponde, nos daría a los aficionados madrileños muchas más satisfacciones y serviría para potenciar la Tauromaquia en sus vertientes culturales, artísticas, festivas y emotivas. Que no lo es todo, pero que no es poco.
Como decía en la entrada anterior, la Comunidad se me ha adelantado al conceder la prórroga a Taurodelta. No es que, como se verá, uno tenga un remedio mágico para la Plaza de Toros de Las Ventas, pero sí creo que hay una serie de elementos que los propietarios de la Plaza deberían sopesar antes de la irresponsable decisión que han tomado.
En todo caso, no querría centrarme sólo en la gestión de la Plaza, y menos aún en la prórroga. Querría hacer una consideraciones sobre la Plaza en sí y sobre su gestión. Las conclusiones en este ámbito serían, básicamente, las siguiente:
1.- La plaza tiene que ser reformada para que los espectadores ganen en comodidad. No puede defenderse que la Tauromaquia sea una actividad cultural y obligar a que quienes acuden a su contemplación tengan que pasar frío, mojarse, les dé el sol en los ojos y soporten las rodillas del de atrás en los riñones durante más de dos horas. Además de estar sentado sobre duro granito. Los espectadores de toros somos auténticos héroes. Pero en estas condiciones es difícil convencer a más gente y, sobre todo, conseguir la asistencia continuada de gente del nivel que es conveniente. Gente a la que le gustan los toros, pero que no está dispuesta a soportar estas incomodidades. Podremos criticar lo que queramos su falta de austeridad, pero hay muchos que no quieren estar así diez o doce, o treinta días seguidos durante más de dos horas. Soy consciente de que hacer las obras precisas para esto puede suponer una pérdida de aforo, pero habrá que empezar a afrontarlo con urgencia.
2.- No es admisible que la lluvia y el viento condiciones la celebración de los festejos. Hay soluciones técnicas que permiten eliminar o mitigar estos efectos negativos. Y es imprescindible implantarlos ya. La Plaza es un Monumento Histórico y eso impone ciertas limitaciones. Pero también El Prado lo es y no por eso se ha dejado de hacer una reforma completa de sus instalaciones (retoque del Claustro de Los Jerónimos incluido). No séamos tan necios como para que el costumbrismo de las épicas tardes de toreros contra el viento y la lluvia (que las ha habido) sirvan de excusa para que los festejos se desarrollen en las mejores condiciones posible.
3.- Hay que replantearse seriamente el sistema de gestión de la Plaza. Siendo conscientes de que el problema no es el sistema, sino los criterios. Pero teniendo también presente que sin explicitar cuáles son los criterios y por qué se elige un determinado sistema, valorar la coherencia y controlar el cumplimiento de lo pretendido es muy complicado.
Trato de explicarme (aunque la explicación sea, quizá, algo extensa: adiós a los que abandonen aquí. Y mis disculpas a los juristas por algunas imprecisiones de lo que sigue, en aras a la brevedad).
Los servicios públicos pueden gestionarse básicamente mediante dos tipos de sistemas: los directos y los indirectos. En los directos, la Administración organiza el servicio y asume los riesgos económicos de su resultado (en nuestro caso, contrata toros y toreros, organiza la taquilla, recibe los ingresos, hace los pagos y se queda con la diferencia -positiva o negativa-). En los indirectos, contrata a un tercero para que organice el servicio y es este tercero es que lo gestiona y el que asume el resultado (beneficio o pérdida). Para seleccionar a este tercero, la Administración elabora un Pliego que establece cómo tiene que prestarse el servicio y que indica qué es lo que se va a valorar para seleccionar a quien finalmente lo preste.
Los aficionados de Madrid llevan tiempo pidiendo que en Madrid se cambie el sistema de gestión actual (sistema indirecto - concesión) po un sistema directo en el que la Comunidad tenga una intervención directa y decisoria (un sistema directo o un sistema mixto en el que su presencia sea importante). El modelo que se quiere que se siga es el de Plazas como Santander o Vitoria, donde son los propios Ayuntamientos quienen confeccionan los carteles con ayuda de un profesional o de un grupo de aficionados. Esto ha redundado en una mejora sustancial de la calidad de los festejos y ha incrementado muy notablemente la asistencia del público a los festejos.
Sin embargo, a mi juicio, el problema no es un problema de modelo de gestión, sino de cuáles son las prioridades del propietario de la Plaza. En Santander o Vitoria la calidad se ha conseguido porque el Ayuntamiento ha apostado por la calidad en su gestión directa. Perto también podría haberlo hecho rematadamente mal. Y esta calidad también podría haberse conseguido con un buen Pliego que lo que hiciera fuera premiar la calidad en la selección del empresario y donde las condiciones económicas (canon) fuera coherente con esa apuesta por la calidad.
En Madrid, el problema no es que haya una concesión. El problema es que el Pliego es una mierda y que en la selección del contratista se premió la "experiencia" en plazas de primera en vez de la calidad y la imaginación de la propuesta de temporada. Si no recuerdo mal, Taurodelta sólo ganó a los demás que se presentaron en años de experiencia. Y, por ejemplo, Simón Casas hizo propuesta en el ámbito de la temporada, los eventos culturales y demás que fueron mejor valorados. Es evidente que si la Comunidad elije por criterios de venerable ancianidad en vez de por la imaginación, la modernidad y la cultura, tenemos lo que nos toca sufrir. Pero es evidente que a Ignacio González o a José Pedro Gómez Ballesteros tampoco se les puede pedir que elijan desparpajo, modernidad e imaginación. Para eso tendrían que nacer de nuevo.
Por eso, el que estos mismos señores gestionaran directamente Las Ventas tampoco arreglaría nada. Imagínense ustedes a estos individuos contratando ganaderías y toreros. Echaríamos de menos a Taurodelta en una semana.
Para solucionar el problema, se pide la intervención de los aficionados. Que es evidente que sí podría solucionar el problema. Como lo ha hecho en Vitoria con un grupo de aficionados de categoría. Pero en Madrid, ¿a quiénes se elije? Si se va a poner a los del 7, o a los de la Asociación "El Toro", yo me borro. Si quieren dejarse asesorar por Molés o Moncholi, habrá opiniones para todos los gustos,... Yo preferiría gente independiente, como Corbacho, por ejemplo, o como algún otro periodista a quien no cito por si acaso alguien inoportuno leyera esto o se lo contaran y encima le perjudicara. Pero en todo el espectro político madrileño (español, si me apuran) no hay arrestos bastantes para poner la Plaza de Las Ventas en manos de gente del toro aficionada e independiente, sin prejuicios y que quiera hacer de esto una referencia de verdad.
Por eso el asunto no es cuál es sistema de gestión, sino qué quiere conseguir la Comunidad con Las Ventas. ¿Quiere dinero o quiere calidad? ¿Quiere muchos festejos o quiere festejos muy buenos? ¿Quiere ser un referente mundial en el toreo o quiere que los del 7 y asimilados no protesten? ¿Quieren hacer amigos entre empresarios, toreros y periodistas o quieren que en la calle se hable de Las Ventas por lo que sucede cada tarde que haya un festejo? Y si quieren varias cosas, ¿en qué orden lo quieren? ¿Cuánto quieren más una cosa que otra?
Eso es lo que hay que decidir. Y luego, valorar qué sistema, directo o indirecto, es el que mejor se adecúa a la consecución de esos objetivos. Algo sencillo, elemental en cualquier empresa, pero que entre los políticos resulta un esfuerzo intelectual cuya sola propuesta les desborda.
O lo mismo es que sí tienen claro lo que quieren, pero prefieren no decirlo. Porque si hay que extraerlo del Pliego, es bante evidente: comodidad (puntuamos la experiencia de los de siempre y nos evitamos propuestas heterodoxas e innovadoras) y dinero.
Unan ustedes ahora esta reflexión con las otras dos entradas de conclusiones sobre San Isidro y verán que hay una propuesta concreta de qué podría hacerse. Que como dije desde el inicio, no asegura los triunfos, pero creo que sí pondría Las Ventas en el lugar que le corresponde, nos daría a los aficionados madrileños muchas más satisfacciones y serviría para potenciar la Tauromaquia en sus vertientes culturales, artísticas, festivas y emotivas. Que no lo es todo, pero que no es poco.
viernes, 2 de julio de 2010
La prórroga - Anotaciones de urgencia
Se me han adelantado. Del análisis que he hecho de San Isidro me falta el último capítulo, el relativo a la Plaza y su gestión. Lo haremos pese a todo.
Pero la CAM se me ha adelantado. En contra del escrito que firmaron todas las asociaciones de aficionados y abonados, de todos los medios de comunicación (salvo los que hacen negocio con la Feria -SER y Digital +- y los que están al servicio de sus amos -Telemadrid-) y del más venerable sentido común, la Comunidad ha prorrogado a Taurodelta para que gestione un año más la Plaza de Las Ventas.
Hay que tener mucho cuajo para después de la Feria de este año decir que prorrogan porque la empresa ha cumplido el Pliego. Si cumplir el Pliego es que treinta días de toros sean como han sido, la razón es más que sobrada para no dar la prórroga y cambiar el Pliego. Pero son muchos los intereses, poca la sensatez y casi nula la capacidad de quienes están al frente del cotarro.
Eso sí. Por favor, no nos tomen el pelo. Espero que no sean capaces de declarar la Fiesta Bien de Interés Cultural la misma legislatura que prorrogan a estos individuos para gestionar esta manifestación de la cultura en su templo más representativo. Porque si lo que hacen estos señores es cultura, lo que yo escribo en este blog es la continuación mejorada del Ulises de Joyce.
Los políticos han perdido absolutamente la vergüenza y la dignidad. Da igual que hablen del Estatut, de la reforma laboral, del aumento del IVA, de la Ley del Aborto, del Plan E, de la ilegalización de partidos,... o de la concesión de una Plaza de Toros. Buscan sólo su comodidad y sus intereses. Su perpetuación en el poder. Les da igual la Tauromaquia lo mismo que les importa un bledo la vida humana, la seguridad de los trabajadores, la gente que va al paro o la falta de calidad de la educación o la justicia. Sólo les preocupa que les voten para poder seguir vivir del cuento.
Y en medio de todo esto, obviamente, la Tauromaquia es lo de menos. La pena es que estemos en sus manos. Que tampoco haya verdaderos empresarios taurinos que sean los que construyan y gestionen sus propias plazas, los que compitan entre sí.
Prefiero al empresario más sinvergüenza de los que se juega su propio dinero que al mejor de los que tengan que compadrear con una Administración para que le den un negocio cautivo.
Pero esto de que haya alguien con dinero que quiera de verdad apostar por los toros es mucho pedir. Y no están los tiempos para ello...
Pero la CAM se me ha adelantado. En contra del escrito que firmaron todas las asociaciones de aficionados y abonados, de todos los medios de comunicación (salvo los que hacen negocio con la Feria -SER y Digital +- y los que están al servicio de sus amos -Telemadrid-) y del más venerable sentido común, la Comunidad ha prorrogado a Taurodelta para que gestione un año más la Plaza de Las Ventas.
Hay que tener mucho cuajo para después de la Feria de este año decir que prorrogan porque la empresa ha cumplido el Pliego. Si cumplir el Pliego es que treinta días de toros sean como han sido, la razón es más que sobrada para no dar la prórroga y cambiar el Pliego. Pero son muchos los intereses, poca la sensatez y casi nula la capacidad de quienes están al frente del cotarro.
Eso sí. Por favor, no nos tomen el pelo. Espero que no sean capaces de declarar la Fiesta Bien de Interés Cultural la misma legislatura que prorrogan a estos individuos para gestionar esta manifestación de la cultura en su templo más representativo. Porque si lo que hacen estos señores es cultura, lo que yo escribo en este blog es la continuación mejorada del Ulises de Joyce.
Los políticos han perdido absolutamente la vergüenza y la dignidad. Da igual que hablen del Estatut, de la reforma laboral, del aumento del IVA, de la Ley del Aborto, del Plan E, de la ilegalización de partidos,... o de la concesión de una Plaza de Toros. Buscan sólo su comodidad y sus intereses. Su perpetuación en el poder. Les da igual la Tauromaquia lo mismo que les importa un bledo la vida humana, la seguridad de los trabajadores, la gente que va al paro o la falta de calidad de la educación o la justicia. Sólo les preocupa que les voten para poder seguir vivir del cuento.
Y en medio de todo esto, obviamente, la Tauromaquia es lo de menos. La pena es que estemos en sus manos. Que tampoco haya verdaderos empresarios taurinos que sean los que construyan y gestionen sus propias plazas, los que compitan entre sí.
Prefiero al empresario más sinvergüenza de los que se juega su propio dinero que al mejor de los que tengan que compadrear con una Administración para que le den un negocio cautivo.
Pero esto de que haya alguien con dinero que quiera de verdad apostar por los toros es mucho pedir. Y no están los tiempos para ello...
jueves, 1 de julio de 2010
Algeciras (27 de junio de 2010) - Podrido
Aludía a las facilidades que daba la empresa de Algeciras para poder asistir al sorteo y enchiqueramiento. Es verdad, pero no lo es menos que no hubiera podido asistir de forma completa sin las buenas gestiones de Aurelio, un anfitrión realmente magnífico.
Los toros de Juan Pedro estuvieron bien presentados para una plaza como la de Algeciras. Pero dentro no tenían nada. Estaban huecos (podridos, decían otros). Imposible que de allí surgiera mínimamente la emoción o el arte.
Aún así Morante nos deleitó con diez o doce lances de recibo al primero, llevándose el toro a los medios, de auténtico lujo. Y una faena de muleta al cuarto (el único que se movió, aunque de feas maneras), nada vistosa, faena antigua, sobre los pies, con algunos momentos (breves) de magia, pero, sobre todo, demostrando un conocimiento y un modo de estar delante de los toros realmente único.
Manzanares y Cayetano se estrellaron a pesar de poner voluntad y estética con toros imposibles.
La única duda es por qué las figuras se siguen anunciando con este tipo de ganado. Si es que esperan que uno entre cincuenta o sesenta salga como el de Badajoz de Morante y permita el lucimiento (un lucimiento de Morante a pesar del animal), si pagan favores pasados o si es les importa más evitar (hasta donde se pueda) toros complicados que aspirar al triunfo.
Incógnitas de lo contemporáneo.
Los toros de Juan Pedro estuvieron bien presentados para una plaza como la de Algeciras. Pero dentro no tenían nada. Estaban huecos (podridos, decían otros). Imposible que de allí surgiera mínimamente la emoción o el arte.
Aún así Morante nos deleitó con diez o doce lances de recibo al primero, llevándose el toro a los medios, de auténtico lujo. Y una faena de muleta al cuarto (el único que se movió, aunque de feas maneras), nada vistosa, faena antigua, sobre los pies, con algunos momentos (breves) de magia, pero, sobre todo, demostrando un conocimiento y un modo de estar delante de los toros realmente único.
Manzanares y Cayetano se estrellaron a pesar de poner voluntad y estética con toros imposibles.
La única duda es por qué las figuras se siguen anunciando con este tipo de ganado. Si es que esperan que uno entre cincuenta o sesenta salga como el de Badajoz de Morante y permita el lucimiento (un lucimiento de Morante a pesar del animal), si pagan favores pasados o si es les importa más evitar (hasta donde se pueda) toros complicados que aspirar al triunfo.
Incógnitas de lo contemporáneo.
domingo, 27 de junio de 2010
Algeciras (26 de junio de 2010) - Indulto
Una corrida como la de este sábado en Algeciras reconcilia con la Fiesta después de San Isidro. Sin duda, pudo haber más ajuste, más emoción. Es cierto que la suerte de varas fue casi simulada. Pero hubo tres toros muy buenos para la muleta (los tres primeros), un cuarto construido por la técnica y la inteligencia de El Juli. El tercero fue indultado. Quizás de forma excesiva porque apenas se le vio en el caballo y tal vez no sirva para padrear porque la cara no era especialmente bonita. Pero fue una máquina de embestir. No paró de meter la cara, y bien, durante más de diez minutos. Por cierto, parece que es hijo de un semental de Daniel Ruiz que había alquilado Cuvillo para hacer cubriciones una campaña.
Juli estuvo inteligentísimo, clásico y toreando muy bien en sus dos toros. No hace concesiones a la galería, es menos vistoso que otros, pero verlo es una delicia cada tarde. Perera se dio un festín de toreo variado en el tercero, a ratos más clásico y otras más vistoso, con toreo fundamental y con adornos, una faena completa que nos traslada a la mejor versión de este torero. Sólo un pero. Tal vez a la faena le faltó algo de estructura. Y Castella estuvo en Castella. Pero en el mejor Castella de los últimos tiempos. Alguna serie de toreo largo y templado y luego mucha quietud y cercanías. Hubo toreo y nos gustó. Ya lo glosaremos con más detalle. Escribir mucho más con el iPhone no es fácil.
Esta tarde Morante, Manzanares y Cayetano. Gracias a las facilidades que da la empresa he podido estar en el sorteo y enchiqueramiento. Corrida muy pareja y bien presentada para una plaza como ésta de JP Domecq. Las cuadrillas relajadas. Esperamos que embistan y que nos demos otra alegría. Ya se lo contaré.
Juli estuvo inteligentísimo, clásico y toreando muy bien en sus dos toros. No hace concesiones a la galería, es menos vistoso que otros, pero verlo es una delicia cada tarde. Perera se dio un festín de toreo variado en el tercero, a ratos más clásico y otras más vistoso, con toreo fundamental y con adornos, una faena completa que nos traslada a la mejor versión de este torero. Sólo un pero. Tal vez a la faena le faltó algo de estructura. Y Castella estuvo en Castella. Pero en el mejor Castella de los últimos tiempos. Alguna serie de toreo largo y templado y luego mucha quietud y cercanías. Hubo toreo y nos gustó. Ya lo glosaremos con más detalle. Escribir mucho más con el iPhone no es fácil.
Esta tarde Morante, Manzanares y Cayetano. Gracias a las facilidades que da la empresa he podido estar en el sorteo y enchiqueramiento. Corrida muy pareja y bien presentada para una plaza como ésta de JP Domecq. Las cuadrillas relajadas. Esperamos que embistan y que nos demos otra alegría. Ya se lo contaré.
domingo, 20 de junio de 2010
Conclusiones de San Isidro (II) - Toros y toreros
Reivindicar la parte cultural de la Fiesta, reducir San Isidro y hacer una temporada más variada y de interés es un elemento básico en el cambio que debe experimentar la gestión de la Plaza de Las Ventas. Pero es sólo parte de lo que debe cambiar. También deben modificarse los criterios de selección y la combinación de toros y los toreros. En esto cualquier comentario que se haga resultará necesariamente discutible, pero no por ello voy a renunciar a exponer mi punto de vista, que resumiría en los siguientes elementos.
1.- Hay que reducir el tamaño del toro de Madrid. Incluso su presencia. Soy consciente del sacrilegio que cometo, de que con esto a partir de ahora, para muchos, no podré nunca ser considerado un buen aficionado, pero así lo pienso y así lo digo. Y esta afirmación no es caprichosa, hay algunos elementos que me conducen a ella.
En primer lugar, y he aludido a ello hace no mucho, el toro de Madrid ha experimentado en los últimos cuarenta años (o algo menos, incluso) un aumento en su volumen, en su peso de, por lo menos, un veinte por ciento. No hay especie animal que pueda evolucionar de este modo en tan corto espacio de tiempo. Y el toro no lo ha hecho. El asunto ha podido hacerse a base de cebar los toros, de “rematarlos”. Y, además, seleccionando los más grandes y aparatosos de cada camada. Pero eso es una barbaridad. Porque ni los más grandes y aparatosos son los que tienen más probabilidades de embestir, ni esa mayor presencia es inocua para la lidia, sino que supone un mayor volumen que, a igual casta e igual “caja”, conducen al toro a una menor duración y a una menor velocidad en la embestida.
Por eso, es imprescindible volver a un toro más ajustado a cada encaste. Con muchos menos kilos y donde la selección para Madrid se haga por nota y por reata más que por presencia. Habrá muchos que protesten, pero es esencial hacerlo para conseguir toros de mayor duración y de más calidad.
Es cierto que este año ha habido probablemente toros a los que se podría haber hecho más, pero también ha habido muchos toros de calidad que, con menos kilos, más armónicos, hubieran durado más en la muleta y hubieran permitido más triunfos.
Se dirá que en Madrid no se busca peso sino trapío, pero, lo siento, no es verdad. O, al menos, se busca un trapío que sin un volumen elefantiásico es imposible.
También hay quien argumenta que la Plaza, tan grande, hace necesario un toro de volumen. Que si no pierde “importancia” todo lo que se haga. Tengo para mí, sin embargo, que la emoción la pone una embestida franca, humillada, larga y entregada. Eso “transmite” mucho más que no sé cuántos centímetros de pitones y centenas de kilos en canal.
2.- La plaza de Las Ventas tiene que seguir siendo un espacio donde se lidien corridas de los diversos encastes, incluso más de lo que ahora sucede. Pero precisamente por eso es imprescindible que todos tengan claro que el trapío de cada encaste es diferente, y que actúen en consecuencia.
3.- Hay que evitar a toda costa, y hasta donde sea posible, los bailes de corrales. No es razonable que haya toros que se rechacen el día antes en los corrales de la Plaza, salvo si es por alguna lesión. El que los toros tengan trapío y presencia para Madrid debe asegurarse desde el momento de confeccionar los carteles. Y la primera revisión veterinaria debe realizarse en el campo.
4.- Debe realizarse, especialmente para San Isidro, pero también para el resto de los festejos, una selección cuidadosa de las ganaderías a lidiar. En Madrid tienen que estar las ganaderías que han demostrado, en cualquier plaza, que están en buen momento. Y no deben venir aquellas que no atraviesan una buena racha. Es bastante obvio, pero no suele cumplirse. No soy partidario de listas negras y de no sé cuántos colores que hacen algunos, pero sí de que, con transparencia, se diga por qué vienen unas ganaderías y no otras.
5.- Por lo que respecta a los toreros, no debería torear en Las Ventas ningún torero (matador de toros o novillero) que el año anterior no haya tenido un número mínimo de diez o quince festejos en España, América o Francia (o Portugal, en el caso del rejoneo). No es razonable ver cómo hay chavales que se enfrentan a una afición y unos animales tan exigentes como los de Las Ventas sin haber hecho más que un par de paseíllos.
Soy consciente de que la carrera a matador es muy dura, que no hay casi posibilidad de torear y que Las Ventas a veces da esas oportunidades que de otro modo no se tendrían. Sin embargo, creo que eso es algo que tiene que remediarse de otro modo, pero no convirtiendo la principal plaza del toreo en una constante “Operación Triunfo” de matadores y novilleros. A Las Ventas hay que ir con garantías de poder triunfar. Y eso, sin un bagaje a las espaldas, sólo puede darse por milagro o por casualidad.
Obviamente, esta regla podría en ciertas ocasiones relajarse, previa adecuada justificación (figura retirada que reaparece sin haber toreado el año anterior, torero que la temporada anterior no haya alcanzado ese número por una lesión, joven torero que sin haber alcanzado el mínimo que se establezca haya triunfado en dos o tres plazas de entre La Maestranza, Málaga, Pamplona, Valencia, Zaragoza,…).
6.- Hay que potenciar y premiar las gestas de los toreros, toreando ganaderías y encastes que habitualmente no entran en su planificación de la temporada. No sé si es verdad o no lo que se ha escrito este año acerca de la respuesta que dio la empresa de Madrid al Juli cuando éste propueso que, además de los dos festejos habituales, quería torear la corrida de La Quinta, respondiendo (parece) los empresarios, que perfecto, pero que con unos honorarios mucho menores. Esto es exactamente lo contrario de lo que debe hacerse.
7.- También debe mejorar la selección de las cuadrillas en aquellos toreros que no la tienen fija o tienen sólo algunos fijos, aunque esto es algo de un alcance mayor, pues habría que establecer mecanismos que garantizaran un mínimo de conocimientos en quien se enfunda el traje de banderillero o picador.
8.- A los toreros hay que dejarles torear. Es inadmisible que durante la lidia, de forma continua se esté gritando dónde hay que ponerse o cómo hay que hacer las cosas. La plaza debe ser una plaza exigente, y ante algún lance desafortunado de la lidia puede haber alguna protesta. Pero jamás puede imponerse a gritos la visión del toreo de un número mínimo de aficionados. No puede ser que cuando un diestro esté toreando no se pare de recriminarle la colocación o el estilo. Porque hay que tener una concentración y un aguante absolutamente heroicos para sobreponerse a ese griterío. Al final, uno puede aplaudir la faena o pitarla, pero durante el transcurso de la lidia hay que respetar a quien está haciendo la faena como cree que debe hacerla y, además, jugándose la vida.
La duda de cómo puede conseguirse esto también me asalta a mí. Sólo se me ocurre aplicar sanciones a ciertos espectadores por entorpecer el desarrollo de la lidia, aunque ya me hago cargo de que, además de impopular, puede dar lugar a no pocos abusos.
9.- Hay que tratar de agilizar la lidia, evitando tiempos muertos. Especialmente durante la suerte de varas. El caballo que va a picar debe salir por la puerta entre el 7 y el 8 o, cuando menos, por la de arrastre (en el 2).
(Como dijimos en la entrada anterior, esto es sólo parte de lo que hay que hacer. Aún habrá que hablar de más cosas dentro de algunos días).
1.- Hay que reducir el tamaño del toro de Madrid. Incluso su presencia. Soy consciente del sacrilegio que cometo, de que con esto a partir de ahora, para muchos, no podré nunca ser considerado un buen aficionado, pero así lo pienso y así lo digo. Y esta afirmación no es caprichosa, hay algunos elementos que me conducen a ella.
En primer lugar, y he aludido a ello hace no mucho, el toro de Madrid ha experimentado en los últimos cuarenta años (o algo menos, incluso) un aumento en su volumen, en su peso de, por lo menos, un veinte por ciento. No hay especie animal que pueda evolucionar de este modo en tan corto espacio de tiempo. Y el toro no lo ha hecho. El asunto ha podido hacerse a base de cebar los toros, de “rematarlos”. Y, además, seleccionando los más grandes y aparatosos de cada camada. Pero eso es una barbaridad. Porque ni los más grandes y aparatosos son los que tienen más probabilidades de embestir, ni esa mayor presencia es inocua para la lidia, sino que supone un mayor volumen que, a igual casta e igual “caja”, conducen al toro a una menor duración y a una menor velocidad en la embestida.
Por eso, es imprescindible volver a un toro más ajustado a cada encaste. Con muchos menos kilos y donde la selección para Madrid se haga por nota y por reata más que por presencia. Habrá muchos que protesten, pero es esencial hacerlo para conseguir toros de mayor duración y de más calidad.
Es cierto que este año ha habido probablemente toros a los que se podría haber hecho más, pero también ha habido muchos toros de calidad que, con menos kilos, más armónicos, hubieran durado más en la muleta y hubieran permitido más triunfos.
Se dirá que en Madrid no se busca peso sino trapío, pero, lo siento, no es verdad. O, al menos, se busca un trapío que sin un volumen elefantiásico es imposible.
También hay quien argumenta que la Plaza, tan grande, hace necesario un toro de volumen. Que si no pierde “importancia” todo lo que se haga. Tengo para mí, sin embargo, que la emoción la pone una embestida franca, humillada, larga y entregada. Eso “transmite” mucho más que no sé cuántos centímetros de pitones y centenas de kilos en canal.
2.- La plaza de Las Ventas tiene que seguir siendo un espacio donde se lidien corridas de los diversos encastes, incluso más de lo que ahora sucede. Pero precisamente por eso es imprescindible que todos tengan claro que el trapío de cada encaste es diferente, y que actúen en consecuencia.
3.- Hay que evitar a toda costa, y hasta donde sea posible, los bailes de corrales. No es razonable que haya toros que se rechacen el día antes en los corrales de la Plaza, salvo si es por alguna lesión. El que los toros tengan trapío y presencia para Madrid debe asegurarse desde el momento de confeccionar los carteles. Y la primera revisión veterinaria debe realizarse en el campo.
4.- Debe realizarse, especialmente para San Isidro, pero también para el resto de los festejos, una selección cuidadosa de las ganaderías a lidiar. En Madrid tienen que estar las ganaderías que han demostrado, en cualquier plaza, que están en buen momento. Y no deben venir aquellas que no atraviesan una buena racha. Es bastante obvio, pero no suele cumplirse. No soy partidario de listas negras y de no sé cuántos colores que hacen algunos, pero sí de que, con transparencia, se diga por qué vienen unas ganaderías y no otras.
5.- Por lo que respecta a los toreros, no debería torear en Las Ventas ningún torero (matador de toros o novillero) que el año anterior no haya tenido un número mínimo de diez o quince festejos en España, América o Francia (o Portugal, en el caso del rejoneo). No es razonable ver cómo hay chavales que se enfrentan a una afición y unos animales tan exigentes como los de Las Ventas sin haber hecho más que un par de paseíllos.
Soy consciente de que la carrera a matador es muy dura, que no hay casi posibilidad de torear y que Las Ventas a veces da esas oportunidades que de otro modo no se tendrían. Sin embargo, creo que eso es algo que tiene que remediarse de otro modo, pero no convirtiendo la principal plaza del toreo en una constante “Operación Triunfo” de matadores y novilleros. A Las Ventas hay que ir con garantías de poder triunfar. Y eso, sin un bagaje a las espaldas, sólo puede darse por milagro o por casualidad.
Obviamente, esta regla podría en ciertas ocasiones relajarse, previa adecuada justificación (figura retirada que reaparece sin haber toreado el año anterior, torero que la temporada anterior no haya alcanzado ese número por una lesión, joven torero que sin haber alcanzado el mínimo que se establezca haya triunfado en dos o tres plazas de entre La Maestranza, Málaga, Pamplona, Valencia, Zaragoza,…).
6.- Hay que potenciar y premiar las gestas de los toreros, toreando ganaderías y encastes que habitualmente no entran en su planificación de la temporada. No sé si es verdad o no lo que se ha escrito este año acerca de la respuesta que dio la empresa de Madrid al Juli cuando éste propueso que, además de los dos festejos habituales, quería torear la corrida de La Quinta, respondiendo (parece) los empresarios, que perfecto, pero que con unos honorarios mucho menores. Esto es exactamente lo contrario de lo que debe hacerse.
7.- También debe mejorar la selección de las cuadrillas en aquellos toreros que no la tienen fija o tienen sólo algunos fijos, aunque esto es algo de un alcance mayor, pues habría que establecer mecanismos que garantizaran un mínimo de conocimientos en quien se enfunda el traje de banderillero o picador.
8.- A los toreros hay que dejarles torear. Es inadmisible que durante la lidia, de forma continua se esté gritando dónde hay que ponerse o cómo hay que hacer las cosas. La plaza debe ser una plaza exigente, y ante algún lance desafortunado de la lidia puede haber alguna protesta. Pero jamás puede imponerse a gritos la visión del toreo de un número mínimo de aficionados. No puede ser que cuando un diestro esté toreando no se pare de recriminarle la colocación o el estilo. Porque hay que tener una concentración y un aguante absolutamente heroicos para sobreponerse a ese griterío. Al final, uno puede aplaudir la faena o pitarla, pero durante el transcurso de la lidia hay que respetar a quien está haciendo la faena como cree que debe hacerla y, además, jugándose la vida.
La duda de cómo puede conseguirse esto también me asalta a mí. Sólo se me ocurre aplicar sanciones a ciertos espectadores por entorpecer el desarrollo de la lidia, aunque ya me hago cargo de que, además de impopular, puede dar lugar a no pocos abusos.
9.- Hay que tratar de agilizar la lidia, evitando tiempos muertos. Especialmente durante la suerte de varas. El caballo que va a picar debe salir por la puerta entre el 7 y el 8 o, cuando menos, por la de arrastre (en el 2).
(Como dijimos en la entrada anterior, esto es sólo parte de lo que hay que hacer. Aún habrá que hablar de más cosas dentro de algunos días).
domingo, 13 de junio de 2010
Conclusiones de San Isidro (I) - Un enfoque radicalmente nuevo (y cultural)
Después del mes seguido de toros en Madrid la Fiesta continúa, sigue en su devenir por las plazas de España. Se sucederán triunfos y decepciones y todo continuará como si no hubiera pasado nada. Pero sí pasa. Que en todo el ciclo sólo un matador de toros (Juan Bautista) haya salido por la Puerta Grande, que ninguno de los de a pie haya cortado dos orejas en un solo toro es un rotundo fracaso.
Pero siendo eso grave, lo es más que la Feria no haya significado nada, absolutamente nada, para reordenar el escalafón y que no haya impulsado un ápice la afición ni la reivindicación de su carácter cultural (si se me apura ha sucedido todo lo contrario).
La Comunidad de Madrid, propietaria del coso, está tramitando la declaración de la Fiesta como Bien de Interés Cultural. Sin embargo, gestiona la plaza más importante del mundo con criterios que nadie utilizaría para potenciar y defender una manifestación de la cultura.
Finalizada la Feria, por tanto, cabe plantearse si es posible hacer algo para que esto cambie. Yo creo que sí. Periódicos, revistas especializadas, portales de internet y blogs han ido realizando estos días sus propias propuestas. Algunos, abogan por seguir con una Feria similar, seleccionando mejor los toros y exigiendo más a las figuras. Sin embargo, yo soy de los que opino que el modelo actual de San Isidro está acabado. O, al menos, que continuar por la misma senda sólo asegurará (por más o menos tiempo, eso está por ver) mucho dinero, pero nada que favorezca el espectáculo. Coincido plenamente con Paco Aguado cuando reclama "Un cambio urgente para Madrid" (un San Isidro reducido subiendo algo los precios, volver al abono de primavera, reforzar carteles como la Beneficencia,...).
Mi propuesta va algo más allá. Trato de explicarla a continuación de forma resumida (aunque algo extensa quedará a la fuerza) y ya iremos desgranando en entradas sucesivas otras cuestiones relativas al coso, al sistema de gestión, a los toros, toreros, abonos, etc.
1.- La Feria de San Isidro tiene que reducirse a, como máximo, dos semanas de toros. Todos su carteles tienen que estar perfectamente rematados (en toros y toreros) y ser de verdadero interés para el aficionado. Creo que, siendo así, no debería ser un problema incrementar los precios de las localidades teniendo en cuenta que en Madrid se puede ir a los toros desde 4'50 euros.
2.- Paralelamente a la Feria de San Isidro tienen que desarrollarse toda una serie de actividades culturales y artísticas que conviertan a Madrid, en esos días, en el centro absoluto del toreo. Y que consigan que en Madrid, en esos días, se hable de toros en los medios, entre los aficionados y entre los que no lo son, como un acontecimiento único.
Me refiero a cosas como algo similar al "Pregón Taurino" de Sevilla o de tantas otras ciudades, un pregón para el que estoy seguro que podría contarse con excelentes conferenciantes, artistas y aficionados de primer nivel en todo el mundo. A exposiciones artísticas de verdadero fuste, a conciertos, a conferencias de intelectuales aficionados (que los hay, y muchos), a la posible celebración de un Congreso Taurino anual (el que se ha programado en Sevilla coincidiendo con la Feria de San Miguel es un ejemplo magnífico), a representaciones teatrales, a ciclos de cine, a recitales poéticos, a entregas de premios en lo que debería ser una Gala Anual de la Tauromaquia que premiara a los de luces, pero también a ganaderos, a empresarios, a quien escribe de toros, a quien pinta sobre toros, a quien organiza exposiciones sobre toros,... Todo estructurado, con una agenda única y posibilidad de participación y asistencia de los aficionados.
Me refiero también a que en la Plaza y en torno a la plaza se monten instalaciones provisionales en torno a otras vertientes de lo taurino. Como la gastronomía, los libros, los vídeos, los recuerdos, la moda,... Algo que haga que la Plaza sea, durante diez o doce días, una auténtica referencia. Y que, en la medida de lo posible, los lugares cercanos (tiendas, bares,...) y otros más lejanos pero tradicionalmente taurinos (especialmente hoteles y restaurantes) hagan que en Madrid se respire Tauromaquia. Como sucede en Nimes durante su Feria. Pero más y mejor, como corresponde a Las Ventas.
3.- El resto de la temporada, Madrid debería celebrar festejos los domingos, pero también podría celebrar seis o siete mini-ferias, de jueves a domingo (para facilitar la asistencia de los aficionados). Una, la de la Comunidad (de novilleros), otra la de Otoño (resumen de la temporada) y las otras podrían celebrarse entre junio y septiembre. A mi juicio, estas ferias deberían ser "temáticas", de forma que dieran una cierta coherencia para los aficionados. Una, por ejemplo, podría girar en torno al toro, incluyendo festejos con tres encastes poco habituales y una corrida concurso. Otra, de toreros-artistas. Otra de jóvenes promesas (en la que el ganador se incluyera, por ejemplo, en la Feria de Otoño, o en el siguiente San Isidro). Otra de toreros latinoamericanos (que daría una justa oportunidad a jóvenes mejicanos, colombianos,... y atraería a la plaza a inmigrantes aficionados, que los hay y muy buenos). Estas u otras que la imaginación sugiriera.
Este esquema inicialmente supondría perder económicamente ingresos, pero también podría exigirse al aficionado para renovar el abono de San Isidro que adquiriera dos o tres de estos abonos. Esto tendría dos efectos beneficiosos. Por un lado, el indicado de aumentar los ingresos. Pero, por otro, se permitiría el accesos de aficionados no abonados a carteles de cierto interés (que tendrían que serlo si se hace con cierto criterio).
Sé que esto exige un esfuerzo y una imaginación mucho mayor que la supone organizar treinta días de toros con un abono cautivo. Y que el resultado económico neto, en el corto plazo, sería negativo para la Comunidad de Madrid. Pero creo que es el enfoque (no el único, pero sí uno de los posibles) para poner en valor el toreo.
Si realmente la Comunidad cree que la Tauromaquia es una actividad cultural tiene que demostrarlo con hechos. Y, desde luego, seguir con un San Isidro como el de este año, no es el camino.
(Obviamente hay que hacer más cosas, pero las iremos desgranando poco a poco)
Pero siendo eso grave, lo es más que la Feria no haya significado nada, absolutamente nada, para reordenar el escalafón y que no haya impulsado un ápice la afición ni la reivindicación de su carácter cultural (si se me apura ha sucedido todo lo contrario).
La Comunidad de Madrid, propietaria del coso, está tramitando la declaración de la Fiesta como Bien de Interés Cultural. Sin embargo, gestiona la plaza más importante del mundo con criterios que nadie utilizaría para potenciar y defender una manifestación de la cultura.
Finalizada la Feria, por tanto, cabe plantearse si es posible hacer algo para que esto cambie. Yo creo que sí. Periódicos, revistas especializadas, portales de internet y blogs han ido realizando estos días sus propias propuestas. Algunos, abogan por seguir con una Feria similar, seleccionando mejor los toros y exigiendo más a las figuras. Sin embargo, yo soy de los que opino que el modelo actual de San Isidro está acabado. O, al menos, que continuar por la misma senda sólo asegurará (por más o menos tiempo, eso está por ver) mucho dinero, pero nada que favorezca el espectáculo. Coincido plenamente con Paco Aguado cuando reclama "Un cambio urgente para Madrid" (un San Isidro reducido subiendo algo los precios, volver al abono de primavera, reforzar carteles como la Beneficencia,...).
Mi propuesta va algo más allá. Trato de explicarla a continuación de forma resumida (aunque algo extensa quedará a la fuerza) y ya iremos desgranando en entradas sucesivas otras cuestiones relativas al coso, al sistema de gestión, a los toros, toreros, abonos, etc.
1.- La Feria de San Isidro tiene que reducirse a, como máximo, dos semanas de toros. Todos su carteles tienen que estar perfectamente rematados (en toros y toreros) y ser de verdadero interés para el aficionado. Creo que, siendo así, no debería ser un problema incrementar los precios de las localidades teniendo en cuenta que en Madrid se puede ir a los toros desde 4'50 euros.
2.- Paralelamente a la Feria de San Isidro tienen que desarrollarse toda una serie de actividades culturales y artísticas que conviertan a Madrid, en esos días, en el centro absoluto del toreo. Y que consigan que en Madrid, en esos días, se hable de toros en los medios, entre los aficionados y entre los que no lo son, como un acontecimiento único.
Me refiero a cosas como algo similar al "Pregón Taurino" de Sevilla o de tantas otras ciudades, un pregón para el que estoy seguro que podría contarse con excelentes conferenciantes, artistas y aficionados de primer nivel en todo el mundo. A exposiciones artísticas de verdadero fuste, a conciertos, a conferencias de intelectuales aficionados (que los hay, y muchos), a la posible celebración de un Congreso Taurino anual (el que se ha programado en Sevilla coincidiendo con la Feria de San Miguel es un ejemplo magnífico), a representaciones teatrales, a ciclos de cine, a recitales poéticos, a entregas de premios en lo que debería ser una Gala Anual de la Tauromaquia que premiara a los de luces, pero también a ganaderos, a empresarios, a quien escribe de toros, a quien pinta sobre toros, a quien organiza exposiciones sobre toros,... Todo estructurado, con una agenda única y posibilidad de participación y asistencia de los aficionados.
Me refiero también a que en la Plaza y en torno a la plaza se monten instalaciones provisionales en torno a otras vertientes de lo taurino. Como la gastronomía, los libros, los vídeos, los recuerdos, la moda,... Algo que haga que la Plaza sea, durante diez o doce días, una auténtica referencia. Y que, en la medida de lo posible, los lugares cercanos (tiendas, bares,...) y otros más lejanos pero tradicionalmente taurinos (especialmente hoteles y restaurantes) hagan que en Madrid se respire Tauromaquia. Como sucede en Nimes durante su Feria. Pero más y mejor, como corresponde a Las Ventas.
3.- El resto de la temporada, Madrid debería celebrar festejos los domingos, pero también podría celebrar seis o siete mini-ferias, de jueves a domingo (para facilitar la asistencia de los aficionados). Una, la de la Comunidad (de novilleros), otra la de Otoño (resumen de la temporada) y las otras podrían celebrarse entre junio y septiembre. A mi juicio, estas ferias deberían ser "temáticas", de forma que dieran una cierta coherencia para los aficionados. Una, por ejemplo, podría girar en torno al toro, incluyendo festejos con tres encastes poco habituales y una corrida concurso. Otra, de toreros-artistas. Otra de jóvenes promesas (en la que el ganador se incluyera, por ejemplo, en la Feria de Otoño, o en el siguiente San Isidro). Otra de toreros latinoamericanos (que daría una justa oportunidad a jóvenes mejicanos, colombianos,... y atraería a la plaza a inmigrantes aficionados, que los hay y muy buenos). Estas u otras que la imaginación sugiriera.
Este esquema inicialmente supondría perder económicamente ingresos, pero también podría exigirse al aficionado para renovar el abono de San Isidro que adquiriera dos o tres de estos abonos. Esto tendría dos efectos beneficiosos. Por un lado, el indicado de aumentar los ingresos. Pero, por otro, se permitiría el accesos de aficionados no abonados a carteles de cierto interés (que tendrían que serlo si se hace con cierto criterio).
Sé que esto exige un esfuerzo y una imaginación mucho mayor que la supone organizar treinta días de toros con un abono cautivo. Y que el resultado económico neto, en el corto plazo, sería negativo para la Comunidad de Madrid. Pero creo que es el enfoque (no el único, pero sí uno de los posibles) para poner en valor el toreo.
Si realmente la Comunidad cree que la Tauromaquia es una actividad cultural tiene que demostrarlo con hechos. Y, desde luego, seguir con un San Isidro como el de este año, no es el camino.
(Obviamente hay que hacer más cosas, pero las iremos desgranando poco a poco)
sábado, 12 de junio de 2010
Madrid (12 de junio de 2010) - Enemigos de la Fiesta
Los enemigos de la fiesta no son los antitaurinos. Están dentro y tienen nombre y apellidos. Por ejemplo, D. César Gómez Rodríguez, el Presidente del festejo de hoy en Madrid que ha ROBADO una oreja al Juli. Ha cometido una infracción administrativa a sabiendas. Ha vulnerado conscientemente el Reglamento, porque había petición mayoritaria (con pañuelos y sin ellos, que el Reglamento nada dice de cómo deben pedirse las orejas). Pero resulta que el Reglamento considera infractores a los toreros, a los ganaderos, a los subalternos, a los espectadores,... A todos, menos a los Presidentes, que son los que en plazas como Madrid vienen a distraerse jodiendo el espectáculo.
No hay derecho a que un torerazo como el Juli que ha tenido que ponerse la temporada a la espalda, como hizo hace ya varios años, un torerazo que ha asumido la responsabilidad de venir a Madrid a sustituir a José Tomás, tenga que enfrentarse a una panda de imbéciles que tienen la desfachatez de decirle cómo tiene que torear y a un Presidente que antepone la comodidad de que esos imbéciles no le piten a la justicia, al reconocimiento del arte, al cumplimiento del Reglamento y al deseo de la mayoría de los aficionados.
¿Entienden ahora por qué Morante no quiso venir una tarde más? ¿Por qué no ha querido venir Enrique Ponce? Porque con su categoría no tienen por qué aguantar a esta panda de animales. Y los que salimos perdiendo somos los aficionados de Madrid, a quienes nos gusta el toreo. Ellos no. Porque a ellos no les gusta el toreo. Ellos sólo vienen a la Plaza a reventar la Fiesta como un ejercicio catártico para compensar la inmundicia y vaciedad de su vidas de diario, su poquedad, su insignificancia vital, su nada, su vacuidad, su ser completamente prescindible para la historia global e incluso para la de sus más cercanos. Ellos no son nada, no son nadie. Por mucho que se esfuercen jamás conseguirán nada memorable, nada que se retenga en la memoria más allá del halago de quien les ríe las gracias en medio de una borrachera. Son seres abyectos que la historia incorpora como deshechos porque de todo tiene que haber. Y a algunos incluso le dan una placa, una pistola y le dicen que es el Presidente. Un señor con un pañuelo que lo agita como un mono las pistolas (¿o era el señor el que manejaba las pistolas y el mono los pañuelos?).
Sujetos como los del siete y Presidentes como este son los que acabarán con la Fiesta. Son ellos y no los de Esquerra los que la están minando. Son los antitaturinos más feroces. Conscientemente o por pura ignorancia, que tanto da. Son ellos los que deben irse a su casa para que en Madrid la Plaza pueda volver a ser grande, para que veamos faenas importantes, para que los toreros puedan sentirse libres creando y se les valore su esfuerzo y su resultado artístico.
No, no hay derecho a que indocumentados como esos le digan al Juli dónde tiene que colocarse o cómo tiene que citar. En ninguna manifestación artística se permitiría. En esta, donde además el artista se está jugando la vida, perfectos iletrados hasta las trancas de alcohol tienen los santos cojones de gritar su canon estético. Hasta que estos chabacanos no se vayan de la plaza en Madrid no podrá verse torear. Son repugantes, dan asco.
¿Qué sucedería si en una ópera alguien no dejara de gritar cuando un tenor entona un aria? ¿No lo echarían del teatro? Eso mismo hay que hacer con estos individuos. Botarlos de la plaza. Y sustituir al Presidente por alguien que tenga tres cualidades (justicia, afición y sensibilidad) radicalmente opuestas a las del personaje de hoy.
Por lo demás, Talavante hizo una buena faena al tercero con pases hondos y de mano baja y Manolo Sánchez no está para estos compromisos.
Pero no soy capaz de explicarlo con más detalle. He de confesar que se han salido con la suya. Me han jodido la tarde. Han conseguido distraerme y que no pudiera disfrutar del toreo.
No hay derecho a que un torerazo como el Juli que ha tenido que ponerse la temporada a la espalda, como hizo hace ya varios años, un torerazo que ha asumido la responsabilidad de venir a Madrid a sustituir a José Tomás, tenga que enfrentarse a una panda de imbéciles que tienen la desfachatez de decirle cómo tiene que torear y a un Presidente que antepone la comodidad de que esos imbéciles no le piten a la justicia, al reconocimiento del arte, al cumplimiento del Reglamento y al deseo de la mayoría de los aficionados.
¿Entienden ahora por qué Morante no quiso venir una tarde más? ¿Por qué no ha querido venir Enrique Ponce? Porque con su categoría no tienen por qué aguantar a esta panda de animales. Y los que salimos perdiendo somos los aficionados de Madrid, a quienes nos gusta el toreo. Ellos no. Porque a ellos no les gusta el toreo. Ellos sólo vienen a la Plaza a reventar la Fiesta como un ejercicio catártico para compensar la inmundicia y vaciedad de su vidas de diario, su poquedad, su insignificancia vital, su nada, su vacuidad, su ser completamente prescindible para la historia global e incluso para la de sus más cercanos. Ellos no son nada, no son nadie. Por mucho que se esfuercen jamás conseguirán nada memorable, nada que se retenga en la memoria más allá del halago de quien les ríe las gracias en medio de una borrachera. Son seres abyectos que la historia incorpora como deshechos porque de todo tiene que haber. Y a algunos incluso le dan una placa, una pistola y le dicen que es el Presidente. Un señor con un pañuelo que lo agita como un mono las pistolas (¿o era el señor el que manejaba las pistolas y el mono los pañuelos?).
Sujetos como los del siete y Presidentes como este son los que acabarán con la Fiesta. Son ellos y no los de Esquerra los que la están minando. Son los antitaturinos más feroces. Conscientemente o por pura ignorancia, que tanto da. Son ellos los que deben irse a su casa para que en Madrid la Plaza pueda volver a ser grande, para que veamos faenas importantes, para que los toreros puedan sentirse libres creando y se les valore su esfuerzo y su resultado artístico.
No, no hay derecho a que indocumentados como esos le digan al Juli dónde tiene que colocarse o cómo tiene que citar. En ninguna manifestación artística se permitiría. En esta, donde además el artista se está jugando la vida, perfectos iletrados hasta las trancas de alcohol tienen los santos cojones de gritar su canon estético. Hasta que estos chabacanos no se vayan de la plaza en Madrid no podrá verse torear. Son repugantes, dan asco.
¿Qué sucedería si en una ópera alguien no dejara de gritar cuando un tenor entona un aria? ¿No lo echarían del teatro? Eso mismo hay que hacer con estos individuos. Botarlos de la plaza. Y sustituir al Presidente por alguien que tenga tres cualidades (justicia, afición y sensibilidad) radicalmente opuestas a las del personaje de hoy.
Por lo demás, Talavante hizo una buena faena al tercero con pases hondos y de mano baja y Manolo Sánchez no está para estos compromisos.
Pero no soy capaz de explicarlo con más detalle. He de confesar que se han salido con la suya. Me han jodido la tarde. Han conseguido distraerme y que no pudiera disfrutar del toreo.
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