Una corrida como la de este sábado en Algeciras reconcilia con la Fiesta después de San Isidro. Sin duda, pudo haber más ajuste, más emoción. Es cierto que la suerte de varas fue casi simulada. Pero hubo tres toros muy buenos para la muleta (los tres primeros), un cuarto construido por la técnica y la inteligencia de El Juli. El tercero fue indultado. Quizás de forma excesiva porque apenas se le vio en el caballo y tal vez no sirva para padrear porque la cara no era especialmente bonita. Pero fue una máquina de embestir. No paró de meter la cara, y bien, durante más de diez minutos. Por cierto, parece que es hijo de un semental de Daniel Ruiz que había alquilado Cuvillo para hacer cubriciones una campaña.
Juli estuvo inteligentísimo, clásico y toreando muy bien en sus dos toros. No hace concesiones a la galería, es menos vistoso que otros, pero verlo es una delicia cada tarde. Perera se dio un festín de toreo variado en el tercero, a ratos más clásico y otras más vistoso, con toreo fundamental y con adornos, una faena completa que nos traslada a la mejor versión de este torero. Sólo un pero. Tal vez a la faena le faltó algo de estructura. Y Castella estuvo en Castella. Pero en el mejor Castella de los últimos tiempos. Alguna serie de toreo largo y templado y luego mucha quietud y cercanías. Hubo toreo y nos gustó. Ya lo glosaremos con más detalle. Escribir mucho más con el iPhone no es fácil.
Esta tarde Morante, Manzanares y Cayetano. Gracias a las facilidades que da la empresa he podido estar en el sorteo y enchiqueramiento. Corrida muy pareja y bien presentada para una plaza como ésta de JP Domecq. Las cuadrillas relajadas. Esperamos que embistan y que nos demos otra alegría. Ya se lo contaré.
domingo, 27 de junio de 2010
domingo, 20 de junio de 2010
Conclusiones de San Isidro (II) - Toros y toreros
Reivindicar la parte cultural de la Fiesta, reducir San Isidro y hacer una temporada más variada y de interés es un elemento básico en el cambio que debe experimentar la gestión de la Plaza de Las Ventas. Pero es sólo parte de lo que debe cambiar. También deben modificarse los criterios de selección y la combinación de toros y los toreros. En esto cualquier comentario que se haga resultará necesariamente discutible, pero no por ello voy a renunciar a exponer mi punto de vista, que resumiría en los siguientes elementos.
1.- Hay que reducir el tamaño del toro de Madrid. Incluso su presencia. Soy consciente del sacrilegio que cometo, de que con esto a partir de ahora, para muchos, no podré nunca ser considerado un buen aficionado, pero así lo pienso y así lo digo. Y esta afirmación no es caprichosa, hay algunos elementos que me conducen a ella.
En primer lugar, y he aludido a ello hace no mucho, el toro de Madrid ha experimentado en los últimos cuarenta años (o algo menos, incluso) un aumento en su volumen, en su peso de, por lo menos, un veinte por ciento. No hay especie animal que pueda evolucionar de este modo en tan corto espacio de tiempo. Y el toro no lo ha hecho. El asunto ha podido hacerse a base de cebar los toros, de “rematarlos”. Y, además, seleccionando los más grandes y aparatosos de cada camada. Pero eso es una barbaridad. Porque ni los más grandes y aparatosos son los que tienen más probabilidades de embestir, ni esa mayor presencia es inocua para la lidia, sino que supone un mayor volumen que, a igual casta e igual “caja”, conducen al toro a una menor duración y a una menor velocidad en la embestida.
Por eso, es imprescindible volver a un toro más ajustado a cada encaste. Con muchos menos kilos y donde la selección para Madrid se haga por nota y por reata más que por presencia. Habrá muchos que protesten, pero es esencial hacerlo para conseguir toros de mayor duración y de más calidad.
Es cierto que este año ha habido probablemente toros a los que se podría haber hecho más, pero también ha habido muchos toros de calidad que, con menos kilos, más armónicos, hubieran durado más en la muleta y hubieran permitido más triunfos.
Se dirá que en Madrid no se busca peso sino trapío, pero, lo siento, no es verdad. O, al menos, se busca un trapío que sin un volumen elefantiásico es imposible.
También hay quien argumenta que la Plaza, tan grande, hace necesario un toro de volumen. Que si no pierde “importancia” todo lo que se haga. Tengo para mí, sin embargo, que la emoción la pone una embestida franca, humillada, larga y entregada. Eso “transmite” mucho más que no sé cuántos centímetros de pitones y centenas de kilos en canal.
2.- La plaza de Las Ventas tiene que seguir siendo un espacio donde se lidien corridas de los diversos encastes, incluso más de lo que ahora sucede. Pero precisamente por eso es imprescindible que todos tengan claro que el trapío de cada encaste es diferente, y que actúen en consecuencia.
3.- Hay que evitar a toda costa, y hasta donde sea posible, los bailes de corrales. No es razonable que haya toros que se rechacen el día antes en los corrales de la Plaza, salvo si es por alguna lesión. El que los toros tengan trapío y presencia para Madrid debe asegurarse desde el momento de confeccionar los carteles. Y la primera revisión veterinaria debe realizarse en el campo.
4.- Debe realizarse, especialmente para San Isidro, pero también para el resto de los festejos, una selección cuidadosa de las ganaderías a lidiar. En Madrid tienen que estar las ganaderías que han demostrado, en cualquier plaza, que están en buen momento. Y no deben venir aquellas que no atraviesan una buena racha. Es bastante obvio, pero no suele cumplirse. No soy partidario de listas negras y de no sé cuántos colores que hacen algunos, pero sí de que, con transparencia, se diga por qué vienen unas ganaderías y no otras.
5.- Por lo que respecta a los toreros, no debería torear en Las Ventas ningún torero (matador de toros o novillero) que el año anterior no haya tenido un número mínimo de diez o quince festejos en España, América o Francia (o Portugal, en el caso del rejoneo). No es razonable ver cómo hay chavales que se enfrentan a una afición y unos animales tan exigentes como los de Las Ventas sin haber hecho más que un par de paseíllos.
Soy consciente de que la carrera a matador es muy dura, que no hay casi posibilidad de torear y que Las Ventas a veces da esas oportunidades que de otro modo no se tendrían. Sin embargo, creo que eso es algo que tiene que remediarse de otro modo, pero no convirtiendo la principal plaza del toreo en una constante “Operación Triunfo” de matadores y novilleros. A Las Ventas hay que ir con garantías de poder triunfar. Y eso, sin un bagaje a las espaldas, sólo puede darse por milagro o por casualidad.
Obviamente, esta regla podría en ciertas ocasiones relajarse, previa adecuada justificación (figura retirada que reaparece sin haber toreado el año anterior, torero que la temporada anterior no haya alcanzado ese número por una lesión, joven torero que sin haber alcanzado el mínimo que se establezca haya triunfado en dos o tres plazas de entre La Maestranza, Málaga, Pamplona, Valencia, Zaragoza,…).
6.- Hay que potenciar y premiar las gestas de los toreros, toreando ganaderías y encastes que habitualmente no entran en su planificación de la temporada. No sé si es verdad o no lo que se ha escrito este año acerca de la respuesta que dio la empresa de Madrid al Juli cuando éste propueso que, además de los dos festejos habituales, quería torear la corrida de La Quinta, respondiendo (parece) los empresarios, que perfecto, pero que con unos honorarios mucho menores. Esto es exactamente lo contrario de lo que debe hacerse.
7.- También debe mejorar la selección de las cuadrillas en aquellos toreros que no la tienen fija o tienen sólo algunos fijos, aunque esto es algo de un alcance mayor, pues habría que establecer mecanismos que garantizaran un mínimo de conocimientos en quien se enfunda el traje de banderillero o picador.
8.- A los toreros hay que dejarles torear. Es inadmisible que durante la lidia, de forma continua se esté gritando dónde hay que ponerse o cómo hay que hacer las cosas. La plaza debe ser una plaza exigente, y ante algún lance desafortunado de la lidia puede haber alguna protesta. Pero jamás puede imponerse a gritos la visión del toreo de un número mínimo de aficionados. No puede ser que cuando un diestro esté toreando no se pare de recriminarle la colocación o el estilo. Porque hay que tener una concentración y un aguante absolutamente heroicos para sobreponerse a ese griterío. Al final, uno puede aplaudir la faena o pitarla, pero durante el transcurso de la lidia hay que respetar a quien está haciendo la faena como cree que debe hacerla y, además, jugándose la vida.
La duda de cómo puede conseguirse esto también me asalta a mí. Sólo se me ocurre aplicar sanciones a ciertos espectadores por entorpecer el desarrollo de la lidia, aunque ya me hago cargo de que, además de impopular, puede dar lugar a no pocos abusos.
9.- Hay que tratar de agilizar la lidia, evitando tiempos muertos. Especialmente durante la suerte de varas. El caballo que va a picar debe salir por la puerta entre el 7 y el 8 o, cuando menos, por la de arrastre (en el 2).
(Como dijimos en la entrada anterior, esto es sólo parte de lo que hay que hacer. Aún habrá que hablar de más cosas dentro de algunos días).
1.- Hay que reducir el tamaño del toro de Madrid. Incluso su presencia. Soy consciente del sacrilegio que cometo, de que con esto a partir de ahora, para muchos, no podré nunca ser considerado un buen aficionado, pero así lo pienso y así lo digo. Y esta afirmación no es caprichosa, hay algunos elementos que me conducen a ella.
En primer lugar, y he aludido a ello hace no mucho, el toro de Madrid ha experimentado en los últimos cuarenta años (o algo menos, incluso) un aumento en su volumen, en su peso de, por lo menos, un veinte por ciento. No hay especie animal que pueda evolucionar de este modo en tan corto espacio de tiempo. Y el toro no lo ha hecho. El asunto ha podido hacerse a base de cebar los toros, de “rematarlos”. Y, además, seleccionando los más grandes y aparatosos de cada camada. Pero eso es una barbaridad. Porque ni los más grandes y aparatosos son los que tienen más probabilidades de embestir, ni esa mayor presencia es inocua para la lidia, sino que supone un mayor volumen que, a igual casta e igual “caja”, conducen al toro a una menor duración y a una menor velocidad en la embestida.
Por eso, es imprescindible volver a un toro más ajustado a cada encaste. Con muchos menos kilos y donde la selección para Madrid se haga por nota y por reata más que por presencia. Habrá muchos que protesten, pero es esencial hacerlo para conseguir toros de mayor duración y de más calidad.
Es cierto que este año ha habido probablemente toros a los que se podría haber hecho más, pero también ha habido muchos toros de calidad que, con menos kilos, más armónicos, hubieran durado más en la muleta y hubieran permitido más triunfos.
Se dirá que en Madrid no se busca peso sino trapío, pero, lo siento, no es verdad. O, al menos, se busca un trapío que sin un volumen elefantiásico es imposible.
También hay quien argumenta que la Plaza, tan grande, hace necesario un toro de volumen. Que si no pierde “importancia” todo lo que se haga. Tengo para mí, sin embargo, que la emoción la pone una embestida franca, humillada, larga y entregada. Eso “transmite” mucho más que no sé cuántos centímetros de pitones y centenas de kilos en canal.
2.- La plaza de Las Ventas tiene que seguir siendo un espacio donde se lidien corridas de los diversos encastes, incluso más de lo que ahora sucede. Pero precisamente por eso es imprescindible que todos tengan claro que el trapío de cada encaste es diferente, y que actúen en consecuencia.
3.- Hay que evitar a toda costa, y hasta donde sea posible, los bailes de corrales. No es razonable que haya toros que se rechacen el día antes en los corrales de la Plaza, salvo si es por alguna lesión. El que los toros tengan trapío y presencia para Madrid debe asegurarse desde el momento de confeccionar los carteles. Y la primera revisión veterinaria debe realizarse en el campo.
4.- Debe realizarse, especialmente para San Isidro, pero también para el resto de los festejos, una selección cuidadosa de las ganaderías a lidiar. En Madrid tienen que estar las ganaderías que han demostrado, en cualquier plaza, que están en buen momento. Y no deben venir aquellas que no atraviesan una buena racha. Es bastante obvio, pero no suele cumplirse. No soy partidario de listas negras y de no sé cuántos colores que hacen algunos, pero sí de que, con transparencia, se diga por qué vienen unas ganaderías y no otras.
5.- Por lo que respecta a los toreros, no debería torear en Las Ventas ningún torero (matador de toros o novillero) que el año anterior no haya tenido un número mínimo de diez o quince festejos en España, América o Francia (o Portugal, en el caso del rejoneo). No es razonable ver cómo hay chavales que se enfrentan a una afición y unos animales tan exigentes como los de Las Ventas sin haber hecho más que un par de paseíllos.
Soy consciente de que la carrera a matador es muy dura, que no hay casi posibilidad de torear y que Las Ventas a veces da esas oportunidades que de otro modo no se tendrían. Sin embargo, creo que eso es algo que tiene que remediarse de otro modo, pero no convirtiendo la principal plaza del toreo en una constante “Operación Triunfo” de matadores y novilleros. A Las Ventas hay que ir con garantías de poder triunfar. Y eso, sin un bagaje a las espaldas, sólo puede darse por milagro o por casualidad.
Obviamente, esta regla podría en ciertas ocasiones relajarse, previa adecuada justificación (figura retirada que reaparece sin haber toreado el año anterior, torero que la temporada anterior no haya alcanzado ese número por una lesión, joven torero que sin haber alcanzado el mínimo que se establezca haya triunfado en dos o tres plazas de entre La Maestranza, Málaga, Pamplona, Valencia, Zaragoza,…).
6.- Hay que potenciar y premiar las gestas de los toreros, toreando ganaderías y encastes que habitualmente no entran en su planificación de la temporada. No sé si es verdad o no lo que se ha escrito este año acerca de la respuesta que dio la empresa de Madrid al Juli cuando éste propueso que, además de los dos festejos habituales, quería torear la corrida de La Quinta, respondiendo (parece) los empresarios, que perfecto, pero que con unos honorarios mucho menores. Esto es exactamente lo contrario de lo que debe hacerse.
7.- También debe mejorar la selección de las cuadrillas en aquellos toreros que no la tienen fija o tienen sólo algunos fijos, aunque esto es algo de un alcance mayor, pues habría que establecer mecanismos que garantizaran un mínimo de conocimientos en quien se enfunda el traje de banderillero o picador.
8.- A los toreros hay que dejarles torear. Es inadmisible que durante la lidia, de forma continua se esté gritando dónde hay que ponerse o cómo hay que hacer las cosas. La plaza debe ser una plaza exigente, y ante algún lance desafortunado de la lidia puede haber alguna protesta. Pero jamás puede imponerse a gritos la visión del toreo de un número mínimo de aficionados. No puede ser que cuando un diestro esté toreando no se pare de recriminarle la colocación o el estilo. Porque hay que tener una concentración y un aguante absolutamente heroicos para sobreponerse a ese griterío. Al final, uno puede aplaudir la faena o pitarla, pero durante el transcurso de la lidia hay que respetar a quien está haciendo la faena como cree que debe hacerla y, además, jugándose la vida.
La duda de cómo puede conseguirse esto también me asalta a mí. Sólo se me ocurre aplicar sanciones a ciertos espectadores por entorpecer el desarrollo de la lidia, aunque ya me hago cargo de que, además de impopular, puede dar lugar a no pocos abusos.
9.- Hay que tratar de agilizar la lidia, evitando tiempos muertos. Especialmente durante la suerte de varas. El caballo que va a picar debe salir por la puerta entre el 7 y el 8 o, cuando menos, por la de arrastre (en el 2).
(Como dijimos en la entrada anterior, esto es sólo parte de lo que hay que hacer. Aún habrá que hablar de más cosas dentro de algunos días).
domingo, 13 de junio de 2010
Conclusiones de San Isidro (I) - Un enfoque radicalmente nuevo (y cultural)
Después del mes seguido de toros en Madrid la Fiesta continúa, sigue en su devenir por las plazas de España. Se sucederán triunfos y decepciones y todo continuará como si no hubiera pasado nada. Pero sí pasa. Que en todo el ciclo sólo un matador de toros (Juan Bautista) haya salido por la Puerta Grande, que ninguno de los de a pie haya cortado dos orejas en un solo toro es un rotundo fracaso.
Pero siendo eso grave, lo es más que la Feria no haya significado nada, absolutamente nada, para reordenar el escalafón y que no haya impulsado un ápice la afición ni la reivindicación de su carácter cultural (si se me apura ha sucedido todo lo contrario).
La Comunidad de Madrid, propietaria del coso, está tramitando la declaración de la Fiesta como Bien de Interés Cultural. Sin embargo, gestiona la plaza más importante del mundo con criterios que nadie utilizaría para potenciar y defender una manifestación de la cultura.
Finalizada la Feria, por tanto, cabe plantearse si es posible hacer algo para que esto cambie. Yo creo que sí. Periódicos, revistas especializadas, portales de internet y blogs han ido realizando estos días sus propias propuestas. Algunos, abogan por seguir con una Feria similar, seleccionando mejor los toros y exigiendo más a las figuras. Sin embargo, yo soy de los que opino que el modelo actual de San Isidro está acabado. O, al menos, que continuar por la misma senda sólo asegurará (por más o menos tiempo, eso está por ver) mucho dinero, pero nada que favorezca el espectáculo. Coincido plenamente con Paco Aguado cuando reclama "Un cambio urgente para Madrid" (un San Isidro reducido subiendo algo los precios, volver al abono de primavera, reforzar carteles como la Beneficencia,...).
Mi propuesta va algo más allá. Trato de explicarla a continuación de forma resumida (aunque algo extensa quedará a la fuerza) y ya iremos desgranando en entradas sucesivas otras cuestiones relativas al coso, al sistema de gestión, a los toros, toreros, abonos, etc.
1.- La Feria de San Isidro tiene que reducirse a, como máximo, dos semanas de toros. Todos su carteles tienen que estar perfectamente rematados (en toros y toreros) y ser de verdadero interés para el aficionado. Creo que, siendo así, no debería ser un problema incrementar los precios de las localidades teniendo en cuenta que en Madrid se puede ir a los toros desde 4'50 euros.
2.- Paralelamente a la Feria de San Isidro tienen que desarrollarse toda una serie de actividades culturales y artísticas que conviertan a Madrid, en esos días, en el centro absoluto del toreo. Y que consigan que en Madrid, en esos días, se hable de toros en los medios, entre los aficionados y entre los que no lo son, como un acontecimiento único.
Me refiero a cosas como algo similar al "Pregón Taurino" de Sevilla o de tantas otras ciudades, un pregón para el que estoy seguro que podría contarse con excelentes conferenciantes, artistas y aficionados de primer nivel en todo el mundo. A exposiciones artísticas de verdadero fuste, a conciertos, a conferencias de intelectuales aficionados (que los hay, y muchos), a la posible celebración de un Congreso Taurino anual (el que se ha programado en Sevilla coincidiendo con la Feria de San Miguel es un ejemplo magnífico), a representaciones teatrales, a ciclos de cine, a recitales poéticos, a entregas de premios en lo que debería ser una Gala Anual de la Tauromaquia que premiara a los de luces, pero también a ganaderos, a empresarios, a quien escribe de toros, a quien pinta sobre toros, a quien organiza exposiciones sobre toros,... Todo estructurado, con una agenda única y posibilidad de participación y asistencia de los aficionados.
Me refiero también a que en la Plaza y en torno a la plaza se monten instalaciones provisionales en torno a otras vertientes de lo taurino. Como la gastronomía, los libros, los vídeos, los recuerdos, la moda,... Algo que haga que la Plaza sea, durante diez o doce días, una auténtica referencia. Y que, en la medida de lo posible, los lugares cercanos (tiendas, bares,...) y otros más lejanos pero tradicionalmente taurinos (especialmente hoteles y restaurantes) hagan que en Madrid se respire Tauromaquia. Como sucede en Nimes durante su Feria. Pero más y mejor, como corresponde a Las Ventas.
3.- El resto de la temporada, Madrid debería celebrar festejos los domingos, pero también podría celebrar seis o siete mini-ferias, de jueves a domingo (para facilitar la asistencia de los aficionados). Una, la de la Comunidad (de novilleros), otra la de Otoño (resumen de la temporada) y las otras podrían celebrarse entre junio y septiembre. A mi juicio, estas ferias deberían ser "temáticas", de forma que dieran una cierta coherencia para los aficionados. Una, por ejemplo, podría girar en torno al toro, incluyendo festejos con tres encastes poco habituales y una corrida concurso. Otra, de toreros-artistas. Otra de jóvenes promesas (en la que el ganador se incluyera, por ejemplo, en la Feria de Otoño, o en el siguiente San Isidro). Otra de toreros latinoamericanos (que daría una justa oportunidad a jóvenes mejicanos, colombianos,... y atraería a la plaza a inmigrantes aficionados, que los hay y muy buenos). Estas u otras que la imaginación sugiriera.
Este esquema inicialmente supondría perder económicamente ingresos, pero también podría exigirse al aficionado para renovar el abono de San Isidro que adquiriera dos o tres de estos abonos. Esto tendría dos efectos beneficiosos. Por un lado, el indicado de aumentar los ingresos. Pero, por otro, se permitiría el accesos de aficionados no abonados a carteles de cierto interés (que tendrían que serlo si se hace con cierto criterio).
Sé que esto exige un esfuerzo y una imaginación mucho mayor que la supone organizar treinta días de toros con un abono cautivo. Y que el resultado económico neto, en el corto plazo, sería negativo para la Comunidad de Madrid. Pero creo que es el enfoque (no el único, pero sí uno de los posibles) para poner en valor el toreo.
Si realmente la Comunidad cree que la Tauromaquia es una actividad cultural tiene que demostrarlo con hechos. Y, desde luego, seguir con un San Isidro como el de este año, no es el camino.
(Obviamente hay que hacer más cosas, pero las iremos desgranando poco a poco)
Pero siendo eso grave, lo es más que la Feria no haya significado nada, absolutamente nada, para reordenar el escalafón y que no haya impulsado un ápice la afición ni la reivindicación de su carácter cultural (si se me apura ha sucedido todo lo contrario).
La Comunidad de Madrid, propietaria del coso, está tramitando la declaración de la Fiesta como Bien de Interés Cultural. Sin embargo, gestiona la plaza más importante del mundo con criterios que nadie utilizaría para potenciar y defender una manifestación de la cultura.
Finalizada la Feria, por tanto, cabe plantearse si es posible hacer algo para que esto cambie. Yo creo que sí. Periódicos, revistas especializadas, portales de internet y blogs han ido realizando estos días sus propias propuestas. Algunos, abogan por seguir con una Feria similar, seleccionando mejor los toros y exigiendo más a las figuras. Sin embargo, yo soy de los que opino que el modelo actual de San Isidro está acabado. O, al menos, que continuar por la misma senda sólo asegurará (por más o menos tiempo, eso está por ver) mucho dinero, pero nada que favorezca el espectáculo. Coincido plenamente con Paco Aguado cuando reclama "Un cambio urgente para Madrid" (un San Isidro reducido subiendo algo los precios, volver al abono de primavera, reforzar carteles como la Beneficencia,...).
Mi propuesta va algo más allá. Trato de explicarla a continuación de forma resumida (aunque algo extensa quedará a la fuerza) y ya iremos desgranando en entradas sucesivas otras cuestiones relativas al coso, al sistema de gestión, a los toros, toreros, abonos, etc.
1.- La Feria de San Isidro tiene que reducirse a, como máximo, dos semanas de toros. Todos su carteles tienen que estar perfectamente rematados (en toros y toreros) y ser de verdadero interés para el aficionado. Creo que, siendo así, no debería ser un problema incrementar los precios de las localidades teniendo en cuenta que en Madrid se puede ir a los toros desde 4'50 euros.
2.- Paralelamente a la Feria de San Isidro tienen que desarrollarse toda una serie de actividades culturales y artísticas que conviertan a Madrid, en esos días, en el centro absoluto del toreo. Y que consigan que en Madrid, en esos días, se hable de toros en los medios, entre los aficionados y entre los que no lo son, como un acontecimiento único.
Me refiero a cosas como algo similar al "Pregón Taurino" de Sevilla o de tantas otras ciudades, un pregón para el que estoy seguro que podría contarse con excelentes conferenciantes, artistas y aficionados de primer nivel en todo el mundo. A exposiciones artísticas de verdadero fuste, a conciertos, a conferencias de intelectuales aficionados (que los hay, y muchos), a la posible celebración de un Congreso Taurino anual (el que se ha programado en Sevilla coincidiendo con la Feria de San Miguel es un ejemplo magnífico), a representaciones teatrales, a ciclos de cine, a recitales poéticos, a entregas de premios en lo que debería ser una Gala Anual de la Tauromaquia que premiara a los de luces, pero también a ganaderos, a empresarios, a quien escribe de toros, a quien pinta sobre toros, a quien organiza exposiciones sobre toros,... Todo estructurado, con una agenda única y posibilidad de participación y asistencia de los aficionados.
Me refiero también a que en la Plaza y en torno a la plaza se monten instalaciones provisionales en torno a otras vertientes de lo taurino. Como la gastronomía, los libros, los vídeos, los recuerdos, la moda,... Algo que haga que la Plaza sea, durante diez o doce días, una auténtica referencia. Y que, en la medida de lo posible, los lugares cercanos (tiendas, bares,...) y otros más lejanos pero tradicionalmente taurinos (especialmente hoteles y restaurantes) hagan que en Madrid se respire Tauromaquia. Como sucede en Nimes durante su Feria. Pero más y mejor, como corresponde a Las Ventas.
3.- El resto de la temporada, Madrid debería celebrar festejos los domingos, pero también podría celebrar seis o siete mini-ferias, de jueves a domingo (para facilitar la asistencia de los aficionados). Una, la de la Comunidad (de novilleros), otra la de Otoño (resumen de la temporada) y las otras podrían celebrarse entre junio y septiembre. A mi juicio, estas ferias deberían ser "temáticas", de forma que dieran una cierta coherencia para los aficionados. Una, por ejemplo, podría girar en torno al toro, incluyendo festejos con tres encastes poco habituales y una corrida concurso. Otra, de toreros-artistas. Otra de jóvenes promesas (en la que el ganador se incluyera, por ejemplo, en la Feria de Otoño, o en el siguiente San Isidro). Otra de toreros latinoamericanos (que daría una justa oportunidad a jóvenes mejicanos, colombianos,... y atraería a la plaza a inmigrantes aficionados, que los hay y muy buenos). Estas u otras que la imaginación sugiriera.
Este esquema inicialmente supondría perder económicamente ingresos, pero también podría exigirse al aficionado para renovar el abono de San Isidro que adquiriera dos o tres de estos abonos. Esto tendría dos efectos beneficiosos. Por un lado, el indicado de aumentar los ingresos. Pero, por otro, se permitiría el accesos de aficionados no abonados a carteles de cierto interés (que tendrían que serlo si se hace con cierto criterio).
Sé que esto exige un esfuerzo y una imaginación mucho mayor que la supone organizar treinta días de toros con un abono cautivo. Y que el resultado económico neto, en el corto plazo, sería negativo para la Comunidad de Madrid. Pero creo que es el enfoque (no el único, pero sí uno de los posibles) para poner en valor el toreo.
Si realmente la Comunidad cree que la Tauromaquia es una actividad cultural tiene que demostrarlo con hechos. Y, desde luego, seguir con un San Isidro como el de este año, no es el camino.
(Obviamente hay que hacer más cosas, pero las iremos desgranando poco a poco)
sábado, 12 de junio de 2010
Madrid (12 de junio de 2010) - Enemigos de la Fiesta
Los enemigos de la fiesta no son los antitaurinos. Están dentro y tienen nombre y apellidos. Por ejemplo, D. César Gómez Rodríguez, el Presidente del festejo de hoy en Madrid que ha ROBADO una oreja al Juli. Ha cometido una infracción administrativa a sabiendas. Ha vulnerado conscientemente el Reglamento, porque había petición mayoritaria (con pañuelos y sin ellos, que el Reglamento nada dice de cómo deben pedirse las orejas). Pero resulta que el Reglamento considera infractores a los toreros, a los ganaderos, a los subalternos, a los espectadores,... A todos, menos a los Presidentes, que son los que en plazas como Madrid vienen a distraerse jodiendo el espectáculo.
No hay derecho a que un torerazo como el Juli que ha tenido que ponerse la temporada a la espalda, como hizo hace ya varios años, un torerazo que ha asumido la responsabilidad de venir a Madrid a sustituir a José Tomás, tenga que enfrentarse a una panda de imbéciles que tienen la desfachatez de decirle cómo tiene que torear y a un Presidente que antepone la comodidad de que esos imbéciles no le piten a la justicia, al reconocimiento del arte, al cumplimiento del Reglamento y al deseo de la mayoría de los aficionados.
¿Entienden ahora por qué Morante no quiso venir una tarde más? ¿Por qué no ha querido venir Enrique Ponce? Porque con su categoría no tienen por qué aguantar a esta panda de animales. Y los que salimos perdiendo somos los aficionados de Madrid, a quienes nos gusta el toreo. Ellos no. Porque a ellos no les gusta el toreo. Ellos sólo vienen a la Plaza a reventar la Fiesta como un ejercicio catártico para compensar la inmundicia y vaciedad de su vidas de diario, su poquedad, su insignificancia vital, su nada, su vacuidad, su ser completamente prescindible para la historia global e incluso para la de sus más cercanos. Ellos no son nada, no son nadie. Por mucho que se esfuercen jamás conseguirán nada memorable, nada que se retenga en la memoria más allá del halago de quien les ríe las gracias en medio de una borrachera. Son seres abyectos que la historia incorpora como deshechos porque de todo tiene que haber. Y a algunos incluso le dan una placa, una pistola y le dicen que es el Presidente. Un señor con un pañuelo que lo agita como un mono las pistolas (¿o era el señor el que manejaba las pistolas y el mono los pañuelos?).
Sujetos como los del siete y Presidentes como este son los que acabarán con la Fiesta. Son ellos y no los de Esquerra los que la están minando. Son los antitaturinos más feroces. Conscientemente o por pura ignorancia, que tanto da. Son ellos los que deben irse a su casa para que en Madrid la Plaza pueda volver a ser grande, para que veamos faenas importantes, para que los toreros puedan sentirse libres creando y se les valore su esfuerzo y su resultado artístico.
No, no hay derecho a que indocumentados como esos le digan al Juli dónde tiene que colocarse o cómo tiene que citar. En ninguna manifestación artística se permitiría. En esta, donde además el artista se está jugando la vida, perfectos iletrados hasta las trancas de alcohol tienen los santos cojones de gritar su canon estético. Hasta que estos chabacanos no se vayan de la plaza en Madrid no podrá verse torear. Son repugantes, dan asco.
¿Qué sucedería si en una ópera alguien no dejara de gritar cuando un tenor entona un aria? ¿No lo echarían del teatro? Eso mismo hay que hacer con estos individuos. Botarlos de la plaza. Y sustituir al Presidente por alguien que tenga tres cualidades (justicia, afición y sensibilidad) radicalmente opuestas a las del personaje de hoy.
Por lo demás, Talavante hizo una buena faena al tercero con pases hondos y de mano baja y Manolo Sánchez no está para estos compromisos.
Pero no soy capaz de explicarlo con más detalle. He de confesar que se han salido con la suya. Me han jodido la tarde. Han conseguido distraerme y que no pudiera disfrutar del toreo.
No hay derecho a que un torerazo como el Juli que ha tenido que ponerse la temporada a la espalda, como hizo hace ya varios años, un torerazo que ha asumido la responsabilidad de venir a Madrid a sustituir a José Tomás, tenga que enfrentarse a una panda de imbéciles que tienen la desfachatez de decirle cómo tiene que torear y a un Presidente que antepone la comodidad de que esos imbéciles no le piten a la justicia, al reconocimiento del arte, al cumplimiento del Reglamento y al deseo de la mayoría de los aficionados.
¿Entienden ahora por qué Morante no quiso venir una tarde más? ¿Por qué no ha querido venir Enrique Ponce? Porque con su categoría no tienen por qué aguantar a esta panda de animales. Y los que salimos perdiendo somos los aficionados de Madrid, a quienes nos gusta el toreo. Ellos no. Porque a ellos no les gusta el toreo. Ellos sólo vienen a la Plaza a reventar la Fiesta como un ejercicio catártico para compensar la inmundicia y vaciedad de su vidas de diario, su poquedad, su insignificancia vital, su nada, su vacuidad, su ser completamente prescindible para la historia global e incluso para la de sus más cercanos. Ellos no son nada, no son nadie. Por mucho que se esfuercen jamás conseguirán nada memorable, nada que se retenga en la memoria más allá del halago de quien les ríe las gracias en medio de una borrachera. Son seres abyectos que la historia incorpora como deshechos porque de todo tiene que haber. Y a algunos incluso le dan una placa, una pistola y le dicen que es el Presidente. Un señor con un pañuelo que lo agita como un mono las pistolas (¿o era el señor el que manejaba las pistolas y el mono los pañuelos?).
Sujetos como los del siete y Presidentes como este son los que acabarán con la Fiesta. Son ellos y no los de Esquerra los que la están minando. Son los antitaturinos más feroces. Conscientemente o por pura ignorancia, que tanto da. Son ellos los que deben irse a su casa para que en Madrid la Plaza pueda volver a ser grande, para que veamos faenas importantes, para que los toreros puedan sentirse libres creando y se les valore su esfuerzo y su resultado artístico.
No, no hay derecho a que indocumentados como esos le digan al Juli dónde tiene que colocarse o cómo tiene que citar. En ninguna manifestación artística se permitiría. En esta, donde además el artista se está jugando la vida, perfectos iletrados hasta las trancas de alcohol tienen los santos cojones de gritar su canon estético. Hasta que estos chabacanos no se vayan de la plaza en Madrid no podrá verse torear. Son repugantes, dan asco.
¿Qué sucedería si en una ópera alguien no dejara de gritar cuando un tenor entona un aria? ¿No lo echarían del teatro? Eso mismo hay que hacer con estos individuos. Botarlos de la plaza. Y sustituir al Presidente por alguien que tenga tres cualidades (justicia, afición y sensibilidad) radicalmente opuestas a las del personaje de hoy.
Por lo demás, Talavante hizo una buena faena al tercero con pases hondos y de mano baja y Manolo Sánchez no está para estos compromisos.
Pero no soy capaz de explicarlo con más detalle. He de confesar que se han salido con la suya. Me han jodido la tarde. Han conseguido distraerme y que no pudiera disfrutar del toreo.
jueves, 10 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
Los "Reporteros" ineptos de Televisión Española
Seguimos con nuestra particular cruzada contra Televisión Española que en 6 años de legislatura zapatista 6 apenas ha emitido una corrida: la de Asprona en Albacete y porque ya estaba contratada y era benéfica.
A diferencia de Canal Sur el otro día, TVE emitió ayer en Reporteros un programa que no sabemos calificar si como incompetente o como sencillamente deleznable.
La tesis del programa es la que sigue: como estamos en crisis, la industria del toro está en crisis, luego la tauromaquia está en crisis.
El silogismo falla, claro.
Hay menos corridas, pero Madrid y Sevilla se han llenado, probablemente haya más afición que nunca, otra cosa es que no haya dinero para ir a los tendidos. Otra cosa es que no den las corridas por TVE, pero ¿se ha mirado la audiencia de Tele Extremadura, Canal Sur o Tele Madrid? Pocos eventos más baratos de retransmitir, pocos más rentables en comparación con cualquier deporte.
Los toros están de moda y están en crisis. Pasa cíclicamente lo primero. Es permanente lo segundo desde los tiempos del Minotauro.
El procedimiento del programa es bien conocido: se envía a un reportero astutamente ingenuo que, cual alemán de la Selva Negra, lo desconoce absolutamente todo sobre la fiesta y empieza a hacer un sumatorio de preguntas estúpidas a los representantes más débiles del gremio: novilleros o vendedores ambulantes, empresarios de tercera –o menos que tercera, (ésta parte fue bochornosa)-, ganaderías de saldo, etc.
Se adereza con los festejos populares de suelta de toros, eso que no van a prohibir en ningún caso en Cataluña y se pretende que el espectador saque sus propias y demagogizadas conclusiones.
Y lo llaman periodismo.
Sucede que TVE tiene en plantilla unos excelentes informadores taurinos (Tendido Cero) a quienes correspondía haber hecho el reportaje, un reportaje que entonces sí sería verdaderamente interesante.
Con rigor se analizaría el impacto que sobre el escalafón tiene la reducción de corridas estos años y el incremento de festejos en plazas de tercera en los años de bonanza que dejaron sin hueco a los toreros de segunda o tercera línea.
Pero eso a Televisión Española no le interesa: ellos han encargado un producto muy bien parametrizado: demuéstrese en las ondas que ya nadie va a los toros.
Pero es que el reportaje es tan malo, tan malo, que ni eso.
Daba pena o, peor aún: lástima.
A diferencia de Canal Sur el otro día, TVE emitió ayer en Reporteros un programa que no sabemos calificar si como incompetente o como sencillamente deleznable.
La tesis del programa es la que sigue: como estamos en crisis, la industria del toro está en crisis, luego la tauromaquia está en crisis.
El silogismo falla, claro.
Hay menos corridas, pero Madrid y Sevilla se han llenado, probablemente haya más afición que nunca, otra cosa es que no haya dinero para ir a los tendidos. Otra cosa es que no den las corridas por TVE, pero ¿se ha mirado la audiencia de Tele Extremadura, Canal Sur o Tele Madrid? Pocos eventos más baratos de retransmitir, pocos más rentables en comparación con cualquier deporte.
Los toros están de moda y están en crisis. Pasa cíclicamente lo primero. Es permanente lo segundo desde los tiempos del Minotauro.
El procedimiento del programa es bien conocido: se envía a un reportero astutamente ingenuo que, cual alemán de la Selva Negra, lo desconoce absolutamente todo sobre la fiesta y empieza a hacer un sumatorio de preguntas estúpidas a los representantes más débiles del gremio: novilleros o vendedores ambulantes, empresarios de tercera –o menos que tercera, (ésta parte fue bochornosa)-, ganaderías de saldo, etc.
Se adereza con los festejos populares de suelta de toros, eso que no van a prohibir en ningún caso en Cataluña y se pretende que el espectador saque sus propias y demagogizadas conclusiones.
Y lo llaman periodismo.
Sucede que TVE tiene en plantilla unos excelentes informadores taurinos (Tendido Cero) a quienes correspondía haber hecho el reportaje, un reportaje que entonces sí sería verdaderamente interesante.
Con rigor se analizaría el impacto que sobre el escalafón tiene la reducción de corridas estos años y el incremento de festejos en plazas de tercera en los años de bonanza que dejaron sin hueco a los toreros de segunda o tercera línea.
Pero eso a Televisión Española no le interesa: ellos han encargado un producto muy bien parametrizado: demuéstrese en las ondas que ya nadie va a los toros.
Pero es que el reportaje es tan malo, tan malo, que ni eso.
Daba pena o, peor aún: lástima.
lunes, 7 de junio de 2010
La beneficencia de Paco Camino - Los pesos y el trapío
La pasada semana se han cumplido cuarenta años de la histórica tarde en la que Paco Camino se encerró en Las Ventas en solitario en la corrida de la Beneficencia, con seis toros, que acabaron siendo siete porque pidió el sobrero, cortando ocho orejas y haciéndolo de forma desinteresada cediendo sus honorarios a favor del Hospital de Madrid. Los que la vivieron hablan de aquella tarde como una tarde magnífica, completa, redonda. Una tarde en la que se evidenció el toreo total de un maestro como este, que también es de Camas, y que atesora multitud de tardes rotundas en Madrid y varias salidas a hombros por su Puerta Grande.
En un acto homenaje que se celebró para homenajear al torero y a su gesta, el protagonista donó al Museo de la Plaza de Las Ventas el traje de luces que se enfundó aquel día y las cabezas de los siete toros. El pasado domingo acudí a la Plaza por la mañana a un acto organizado por la Unión de Abonados y en la Sala donde se celebraba estaban, junto a la exposición de pinturas de José María Cano, el traje de Paco Camino y las cabezas de los toros.
Yo le recomendaría a los aficionados que pudieran que se acercaran a verlas. Hay dos cosas que llaman la atención sobre las demás. La primera, que eligiendo el matador las ganaderías, hubo uno de Miura y otro de Pablo Romero, también hubo reses de Juan Pedro, Buendía,... Pero la figura incluyó dos de corridas "duras". La segunda es que cuando uno ve las cabezas de los toros de entonces y las compara con lo que sale hoy en Las Ventas se pregunta cómo podían aprobarse en los reconocimientos toros con aquellas "cabezas" (la morfología de las cabezas y, sobre todo, de los pitones es mucho menos "descarada" que lo que sale hoy incluso en las novilladas) y, sobre todo, con aquellos pesos. Dos de los toros pesaron 480 kilos y los demás en torno a 505 ó 515. Hoy ninguno de esos toros pasaría el reconocimiento veterinario. Hoy los toros tienen que tener, al menos, un 20% más de peso. Y con un 20% más de peso el que se muevan, aguanten y den espectáculo no es difícil, es milagroso.
Alguien debería repasar esas cabezas, ver el vídeo de aquella tarde y encerrar a todos los que vayan a ser veterinarios durante el próximo San Isidro desde mañana hasta el día 6 de mayo del próximo año enseñándole los pesos, las cabezas y el vídeo una vez por la mañana y otra por la tarde. Para ver si se les queda.
Y a los toreros, en las escuelas, en las tertulias, en los programas, preguntarles si lo han visto, qué les parece que se encerrara con un Miura, y con uno Pablo Romero,... Y preguntarle si ellos lo harían si les dejaran que otro fuera de Juan Pedro con 480 o con 505 kilos de peso y esas encornaduras.
En un acto homenaje que se celebró para homenajear al torero y a su gesta, el protagonista donó al Museo de la Plaza de Las Ventas el traje de luces que se enfundó aquel día y las cabezas de los siete toros. El pasado domingo acudí a la Plaza por la mañana a un acto organizado por la Unión de Abonados y en la Sala donde se celebraba estaban, junto a la exposición de pinturas de José María Cano, el traje de Paco Camino y las cabezas de los toros.
Yo le recomendaría a los aficionados que pudieran que se acercaran a verlas. Hay dos cosas que llaman la atención sobre las demás. La primera, que eligiendo el matador las ganaderías, hubo uno de Miura y otro de Pablo Romero, también hubo reses de Juan Pedro, Buendía,... Pero la figura incluyó dos de corridas "duras". La segunda es que cuando uno ve las cabezas de los toros de entonces y las compara con lo que sale hoy en Las Ventas se pregunta cómo podían aprobarse en los reconocimientos toros con aquellas "cabezas" (la morfología de las cabezas y, sobre todo, de los pitones es mucho menos "descarada" que lo que sale hoy incluso en las novilladas) y, sobre todo, con aquellos pesos. Dos de los toros pesaron 480 kilos y los demás en torno a 505 ó 515. Hoy ninguno de esos toros pasaría el reconocimiento veterinario. Hoy los toros tienen que tener, al menos, un 20% más de peso. Y con un 20% más de peso el que se muevan, aguanten y den espectáculo no es difícil, es milagroso.
Alguien debería repasar esas cabezas, ver el vídeo de aquella tarde y encerrar a todos los que vayan a ser veterinarios durante el próximo San Isidro desde mañana hasta el día 6 de mayo del próximo año enseñándole los pesos, las cabezas y el vídeo una vez por la mañana y otra por la tarde. Para ver si se les queda.
Y a los toreros, en las escuelas, en las tertulias, en los programas, preguntarles si lo han visto, qué les parece que se encerrara con un Miura, y con uno Pablo Romero,... Y preguntarle si ellos lo harían si les dejaran que otro fuera de Juan Pedro con 480 o con 505 kilos de peso y esas encornaduras.
domingo, 6 de junio de 2010
Madrid (5 de junio de 2010) - Puerta Grande
En el penúltimo toro de lidia a pie del ciclo continuado de toros en Las Ventas que nos ha convocado desde el pasado 8 de junio se ha cortado por Juan Bautista una oreja que, junto con la que había cortado al segundo de la tarde, le ha valido la única salida a hombro de todo este mes de toros (excluidas, como digo, las de los caballeros rejoneadores). Ya me dirán ustedes si esto no es para preocuparse. La semana que viene, con más tiempo, haremos una valoración más pausada. Vayamos ahora a lo que dio de sí esta tarde de toros.
Los toros de El Cortijillo (5) y Lozano Hermanos (1) que se lidiaron (mismos dueños, por tanto) dieron buen juego al cincuenta por ciento. Quiere decirse que tres permitieron hacer el toreo. Y toreo se hizo a los tres, a ratos bueno y otras algo más vulgar. Pero, en general, creo que se hizo menos del que los toros permitían. Los otros tres no dieron muchas opciones.
Abellán, con el primero, por ejemplo, tuvo pocas opciones. El toro manseó mucho, daba arreones, protestaba en el engaño y lo único que puede achacarse al madrileño es que alargó innecesariamente la lidia de un animal que no daba de sí. Debe criticarse, además, el empeño del Presidente en que el Reglamento se cumpliera de forma minuciosa en banderillas, obligando a varias decenas de pasadas en falso para tratar de que el animalito tuviera en el lomo cuatro garapullos. "¡Cuando no puede ser, no puede ser y además es imposible!", decía el clásico. Pues eso, que si el toro no se mueve y los banderilleros no son capaces de ponerle los palos, una vez que lo han intentado varias veces, no tiene sentido prolongar aquello ad infinitum. Abellán, por su parte, y los demás compañeros del escalafón, deben plantearse la conveniencia de incluir en sus cuadrillas como tercero al Niño de Santa Rita. En el cuarto, Abellán dio dos series de naturales extraordinarios. Es cierto que sin ligar, de uno en uno, pero citando de verdad y delante y trayéndose al toro templado y pudiéndole siempre por abajo. Con gusto, hondo. Antes, le había dado mucho sitio a un toro que parecía no fijarse en lo que tenía más cerca y sí en lo que había detrás de quien le citaba y el toro respondió. Ahí Abellán no estuvo tan templado, no bajó la mano y, aunque hubo emoción, fue más por el galope del animal y la velocidad de su embestida que por el toreo mandón que luego pudimos verle. En todo caso, el trofeo lo perdió por el mal uso del acero y en la retina de todos quedaron aquellos naturales. Con el capote quedó inédito.
Bautista, como queda dicho, cortó una oreja a cada uno de sus oponentes. Dos toros buenos a los que toreó con gusto, aunque probablemente le faltó un punto para haber redondeado del todo su tarde. Tal vez por eso se protestó la oreja del quinto. No tanto porque la mereciera o no, sino porque eso implicaba la salida por la Puerta Grande (el famoso 1+1) y había quienes entendían que habiendo estado bien con ambos toros, el asunto no era para tan alto honor. Obviamente eso no es un problema del francés. Eso es un problema de que ahora esas cosas están reguladas (algo, cuando menos, discutible) y la regulación es en esto, como en tantas otras cosas, poco certera.
El segundo (un toro que tuvo un comportamiento extraordinario) fue protestado de salida por los imbéciles de siempre por "falta de presencia". Si a estos tíos se les hubiera hecho caso en sus juicios no hubiéramos visto NADA, absolutamente NADA, de lo que de artístico hemos visto en estas cuatro semanas de toros. Todos los toros, TODOS, con los que ha habido faena los han protestado. ¡Vaya ojo que tienen!
Al segundo, decía, Bautista lo recibió bien con el capote y lo colocó en suerte de forma garbosa con delantales y revolera. Artura Macías quitó por gaoneras ceñidísimas. Vimos un buen tercio de banderillas y el francés brindó al público. Empezó con un par de series en redondo con la mano derecha de calidad, bajando la mano y templando mucho. La siguiente fue excepcional, con un Bautista muy recto y los pases desmayados. La faena bajó mucho de intensidad cuando J.B. se echó la muleta a la izquierda, aunque volvió a coger vuelo con la última serie con la diestra y los adornos finales. Mató de una buena estocada y cortó una oreja. Le faltó haberse acoplado por el lado izquierdo (o haber resuelto de otro modo si veía que el toro no tenía posibilidades por ese pitón) para haber conseguido que la faena no se hubiera diluido y haber podido cortar dos orejas.
En el quinto no hubo toreo de capa reseñable por parte Bautista, pero sí un quite ceñido de Macías por chicuelinas. Luego un extraordinario tercio de banderillas de Curro Robles. El toro embestía con clase en la muleta aunque se iba después de cada muletazo. Juan Bautista, muy inteligente, bajó muchísimo la mano en los pases en redondo y no se la quitó nunca del hocico, evitando que el toro se distrajera. Así se sucedieron un par de series. Pero nuevamente bajó con la izquierda y al volver con la diestra el torero, aunque animoso, no consiguió alcanzar la misma intensidad. Estuvo inteligente y lucido en los remates y los pases de adorno y mató de una estoca entera. La petición fue mayoritaria y el Presidente concedió una oreja protestada con vehemencia por... ya saben ustedes.
Macía, por su parte, estuvo muy dispuesto toda la tarde, pero no tuvo un lote lucido. Empezó la faena de muleta al tercero con pases por alto dejándose llegar mucho al toro y otros más templados, pero luego el toro sólo acudía con cierta clase en el primer cite, quedándose luego muy parado. Macías sólo podía estar efectivo en los adornos. El toro se derrumbó en medio de la faena. No había modo de crear emoción, ni siquiera cuando el mejicano se metió entre los pitones del animal. Dio buenas manoletinas y mató de una estocada entera y un descabello. El sexto fue un toro que en los primeros tercios fue a arreones, que hizo muy difícil el tercio de banderillas dando un susto serio a Martín Antequera y que en la muleta no pasaba, se defendía, se quedaba corto,... Arturo lo intentó, pero la mano del sorteo no estuvo con él. Al menos, no dio la sensación de peligro que en su anterior comparecencia en Las Ventas, ni acabó en la enfermería como en Valencia o en Sevilla.
... Y así ha acabado el mes seguido de toros. Me perdonaré la de rejones en la tarde del domingo y el próximo sábado veremos qué tal Manolo Sánchez, Juli y Talavante. Seguro que echamos un buen rato.
Los toros de El Cortijillo (5) y Lozano Hermanos (1) que se lidiaron (mismos dueños, por tanto) dieron buen juego al cincuenta por ciento. Quiere decirse que tres permitieron hacer el toreo. Y toreo se hizo a los tres, a ratos bueno y otras algo más vulgar. Pero, en general, creo que se hizo menos del que los toros permitían. Los otros tres no dieron muchas opciones.
Abellán, con el primero, por ejemplo, tuvo pocas opciones. El toro manseó mucho, daba arreones, protestaba en el engaño y lo único que puede achacarse al madrileño es que alargó innecesariamente la lidia de un animal que no daba de sí. Debe criticarse, además, el empeño del Presidente en que el Reglamento se cumpliera de forma minuciosa en banderillas, obligando a varias decenas de pasadas en falso para tratar de que el animalito tuviera en el lomo cuatro garapullos. "¡Cuando no puede ser, no puede ser y además es imposible!", decía el clásico. Pues eso, que si el toro no se mueve y los banderilleros no son capaces de ponerle los palos, una vez que lo han intentado varias veces, no tiene sentido prolongar aquello ad infinitum. Abellán, por su parte, y los demás compañeros del escalafón, deben plantearse la conveniencia de incluir en sus cuadrillas como tercero al Niño de Santa Rita. En el cuarto, Abellán dio dos series de naturales extraordinarios. Es cierto que sin ligar, de uno en uno, pero citando de verdad y delante y trayéndose al toro templado y pudiéndole siempre por abajo. Con gusto, hondo. Antes, le había dado mucho sitio a un toro que parecía no fijarse en lo que tenía más cerca y sí en lo que había detrás de quien le citaba y el toro respondió. Ahí Abellán no estuvo tan templado, no bajó la mano y, aunque hubo emoción, fue más por el galope del animal y la velocidad de su embestida que por el toreo mandón que luego pudimos verle. En todo caso, el trofeo lo perdió por el mal uso del acero y en la retina de todos quedaron aquellos naturales. Con el capote quedó inédito.
Bautista, como queda dicho, cortó una oreja a cada uno de sus oponentes. Dos toros buenos a los que toreó con gusto, aunque probablemente le faltó un punto para haber redondeado del todo su tarde. Tal vez por eso se protestó la oreja del quinto. No tanto porque la mereciera o no, sino porque eso implicaba la salida por la Puerta Grande (el famoso 1+1) y había quienes entendían que habiendo estado bien con ambos toros, el asunto no era para tan alto honor. Obviamente eso no es un problema del francés. Eso es un problema de que ahora esas cosas están reguladas (algo, cuando menos, discutible) y la regulación es en esto, como en tantas otras cosas, poco certera.
El segundo (un toro que tuvo un comportamiento extraordinario) fue protestado de salida por los imbéciles de siempre por "falta de presencia". Si a estos tíos se les hubiera hecho caso en sus juicios no hubiéramos visto NADA, absolutamente NADA, de lo que de artístico hemos visto en estas cuatro semanas de toros. Todos los toros, TODOS, con los que ha habido faena los han protestado. ¡Vaya ojo que tienen!
Al segundo, decía, Bautista lo recibió bien con el capote y lo colocó en suerte de forma garbosa con delantales y revolera. Artura Macías quitó por gaoneras ceñidísimas. Vimos un buen tercio de banderillas y el francés brindó al público. Empezó con un par de series en redondo con la mano derecha de calidad, bajando la mano y templando mucho. La siguiente fue excepcional, con un Bautista muy recto y los pases desmayados. La faena bajó mucho de intensidad cuando J.B. se echó la muleta a la izquierda, aunque volvió a coger vuelo con la última serie con la diestra y los adornos finales. Mató de una buena estocada y cortó una oreja. Le faltó haberse acoplado por el lado izquierdo (o haber resuelto de otro modo si veía que el toro no tenía posibilidades por ese pitón) para haber conseguido que la faena no se hubiera diluido y haber podido cortar dos orejas.
En el quinto no hubo toreo de capa reseñable por parte Bautista, pero sí un quite ceñido de Macías por chicuelinas. Luego un extraordinario tercio de banderillas de Curro Robles. El toro embestía con clase en la muleta aunque se iba después de cada muletazo. Juan Bautista, muy inteligente, bajó muchísimo la mano en los pases en redondo y no se la quitó nunca del hocico, evitando que el toro se distrajera. Así se sucedieron un par de series. Pero nuevamente bajó con la izquierda y al volver con la diestra el torero, aunque animoso, no consiguió alcanzar la misma intensidad. Estuvo inteligente y lucido en los remates y los pases de adorno y mató de una estoca entera. La petición fue mayoritaria y el Presidente concedió una oreja protestada con vehemencia por... ya saben ustedes.
Macía, por su parte, estuvo muy dispuesto toda la tarde, pero no tuvo un lote lucido. Empezó la faena de muleta al tercero con pases por alto dejándose llegar mucho al toro y otros más templados, pero luego el toro sólo acudía con cierta clase en el primer cite, quedándose luego muy parado. Macías sólo podía estar efectivo en los adornos. El toro se derrumbó en medio de la faena. No había modo de crear emoción, ni siquiera cuando el mejicano se metió entre los pitones del animal. Dio buenas manoletinas y mató de una estocada entera y un descabello. El sexto fue un toro que en los primeros tercios fue a arreones, que hizo muy difícil el tercio de banderillas dando un susto serio a Martín Antequera y que en la muleta no pasaba, se defendía, se quedaba corto,... Arturo lo intentó, pero la mano del sorteo no estuvo con él. Al menos, no dio la sensación de peligro que en su anterior comparecencia en Las Ventas, ni acabó en la enfermería como en Valencia o en Sevilla.
... Y así ha acabado el mes seguido de toros. Me perdonaré la de rejones en la tarde del domingo y el próximo sábado veremos qué tal Manolo Sánchez, Juli y Talavante. Seguro que echamos un buen rato.
sábado, 5 de junio de 2010
Madrid (4 de junio de 2010) - La importancia de ser uno mismo
El Fandi tuvo en la tarde del viernes 4 una de las tardes más importantes como matador en Las Ventas. Sin cortar orejas, ha demostrado su toreo, ha estado tranquilo y ha demostrado una capacidad lidiadora y un gusto estético (sobre todo con el capote) que no le habíamos visto hasta ahora. Y esto lo ha conseguido, fundamentalmente, por ser él mismo, por no tratar de variar su forma de torear en Las Ventas. Cuando se torean casi cien corridas al año, cuando en todas ellas uno mantiene un estilo, una personalidad, tratar de variar el sitio, las distancias, los toques, los cites, es algo que no puede tener como resultado un triunfo. Es casi imposible mudar de registro para una sola tarde. Por mucho que uno se empeñe, por muy mentalizado que se esté.
Particularmente, he disfrutado muchísimo con su gran toreo de capote en los dos toros, un prodigio de temple, de suavidad y de gracia. Estoy seguro que de haber instrumentado esos lances otros toreros la plaza (especialmente “los de siempre”) estarían todavía cantándolo. Con banderillas, yo prefiero otro estilo, tal vez menos vistoso pero más sereno, ir andando a la suerte y salir andando de la cara del toro en vez de correrle hacia atrás a toda velocidad, prefiero los pares al quiebro en un palmo de terreno que los del violín, prefiero que se cuadre siempre en la cara del toro que esperar a que este pase para clavar, pero he de reconocer que Fandi con sus banderillas consigue emocionar al público y eso es importantísimo en el toreo. Con la muleta, ha estado muy serio y dispuesto toda la tarde, en su primero dio algunos naturales realmente buenos y en general en los dos toros ha toreado con mucha clase, pero el lote, aunque noble, fue flojo y no le ha permitido más que demostrar su capacidad y su disposición.
Rafaelillo, por su parte, ha mostrado también disposición pero creo que no ha estado a la altura del primer toro, un buen Torrealta que iba bien a los engaños y al que no acabó de entender. También puede ser que su estilo de toreo luzca sobre todo con animales de más peligro y que con toros que meten mejor la cara (aunque con problemas) donde lo que el público espera es despaciosidad y gracia en los muletazos, no sea donde más cómodo se sienta el murciano. O, al menos, donde más cómodo se ha sentido esta tarde.
Y Matías Tejela ha tenido una actuación digna, con grandes derechazos templados y bajando la mano al último de la tarde, pero tengo la sensación de que a ese toro se le podía haber sacado más. El tercero no le dio opción. Aun así, se le fue la mano al matarlo y le propinó un feísimo metisaca en el costado.
Una tarde, en fin, con una cartel extraño, en la que hemos visto detalles, y en la que el Fandi ha reivindicado un sitio en esta plaza. El que merece quien lidera cada año el escalafón.
Particularmente, he disfrutado muchísimo con su gran toreo de capote en los dos toros, un prodigio de temple, de suavidad y de gracia. Estoy seguro que de haber instrumentado esos lances otros toreros la plaza (especialmente “los de siempre”) estarían todavía cantándolo. Con banderillas, yo prefiero otro estilo, tal vez menos vistoso pero más sereno, ir andando a la suerte y salir andando de la cara del toro en vez de correrle hacia atrás a toda velocidad, prefiero los pares al quiebro en un palmo de terreno que los del violín, prefiero que se cuadre siempre en la cara del toro que esperar a que este pase para clavar, pero he de reconocer que Fandi con sus banderillas consigue emocionar al público y eso es importantísimo en el toreo. Con la muleta, ha estado muy serio y dispuesto toda la tarde, en su primero dio algunos naturales realmente buenos y en general en los dos toros ha toreado con mucha clase, pero el lote, aunque noble, fue flojo y no le ha permitido más que demostrar su capacidad y su disposición.
Rafaelillo, por su parte, ha mostrado también disposición pero creo que no ha estado a la altura del primer toro, un buen Torrealta que iba bien a los engaños y al que no acabó de entender. También puede ser que su estilo de toreo luzca sobre todo con animales de más peligro y que con toros que meten mejor la cara (aunque con problemas) donde lo que el público espera es despaciosidad y gracia en los muletazos, no sea donde más cómodo se sienta el murciano. O, al menos, donde más cómodo se ha sentido esta tarde.
Y Matías Tejela ha tenido una actuación digna, con grandes derechazos templados y bajando la mano al último de la tarde, pero tengo la sensación de que a ese toro se le podía haber sacado más. El tercero no le dio opción. Aun así, se le fue la mano al matarlo y le propinó un feísimo metisaca en el costado.
Una tarde, en fin, con una cartel extraño, en la que hemos visto detalles, y en la que el Fandi ha reivindicado un sitio en esta plaza. El que merece quien lidera cada año el escalafón.
viernes, 4 de junio de 2010
Madrid (3 de junio de 2010) - Distancias
La empresa supongo que estará contenta con la corrida del Corpus. A pesar de la ausencia de José Tomás la plaza casi se llenó, la diferencia entre lo que debía pagar a José Tomás y a Perera supongo que sería sustancial y, además, hubo televisión (Telemadrid) que con lo que pagara abultaría aún más sus ingresos. Una jugada redonda (para ellos) y poco fértil para el aficionado.
Porque, para más desgracia, la corrida embistió. Hubo al menos tres toros, segundo, cuarto y quinto que sirvieron, y mucho, para hacer toreo del bueno. Y, sin embargo, los toreros estuvieron por debajo de lo que debían con una corrida como aquella. Si JT hubiera estado en la plaza queremos imaginar que le hubiera tocado al menos uno de los tres y que hubiéramos sentido toreo del grande. Y que, como Morante el día anterior, hubiera contagiado de su pureza y su liturgia a sus compañeros de cartel, que se hubieran crecido para hacer ese toreo que saben y sienten, aunque les cueste sacarlo. Como hicieron Luque y Cayetano con su capote.
Fundi no estuvo. Siempre con precauciones, se le vio sin sitio, sin temple, descentrado. Lo mejor, un galleo por chicuelinas para llevar al cuarto al caballo. Y la suerte que tuvo cuando al entrar en rectitud a matar al primero le dio un golpe en el pecho pero, afortunadamente, sin herirle. Lo peor, que el cuarto se fue al desolladero con las orejas, cuando era un animal que se tragaba tandas de seis y siete pases metiendo bien la cara.
Castella cortó una oreja del segundo y pudo cortar otra del quinto. Pero sea por la espada (un pinchazo) o porque la faena fue de menos a más, no cortó la otra que necesitaba para salir por la puerta grande. Castella estuvo bien, valiente, dispuesto. Pero le falto torear mejor. La mayor intensidad la consiguió en las cercanías, por valiente, por emoción, pero no por toreo. Y eso, que puede ser a veces un recurso válido, creo que no lo es cuando el toro permite, como el quinto, toreo de verdad, ligado y por bajo. El toreo de capote en ese toro fue bueno. Y el comienzo, con pases por alto, cambio de mano, pase de pecho y adorno por bajo, genial y emocionante. Pero a partir de ahí, cuando le dio distancia al toro, se le veía más preocupado por buscar la colocación que pedían algunos que por ligar series largas a un toro que iba y que transmitía. Los que van a la plaza con escuadra y cartabón no tienen razón (más allá de la evidencia de que no desde cualquier colocación se transmite la emoción del toreo). Pero un torero, una figura, no puede estar rectificando continuamente el sitio. Tiene que hacer su faena, sentirla y hacer que el público participe de ella. La faena al segundo, en la que cortó la oreja, careció de la emoción del comienzo de la del quinto pero tuvo más continuidad. Primero pase cambiado, luego series dando sitio al toro y luego entre los pitones. Faena medida, pero que supo a poco.
Y Perera no tuvo suerte con el lote. El primero tenía poquísima suerte y el Presidente no cambió el tercio cuando lo pidió Perera una vez había ido dos veces al caballo (aunque una de ellas recibiera escaso castigo). Perera se enfadó y con razón. El toro en la muleta se derrumbó varias veces y así no hay quien transmita nada. En el sexto intentó componer una faena de trazo largo pero el toro cabeceaba mucho y le tocaba casi siempre los engaños, lo que impidió el lucimiento.
Una tarde, en fin, que sabe a poco, que vuelve a cuestionar la necesidad de toreros que abran cartel, que nos reafirma en el toreo de las distancias frente al de las cercanías y que evidencia la importancia de alguien que inquiete a buenos toreros para que estos saquen lo mejor de sí. Y este año, sólo hay dos genios que pueden inquietar, que son José Tomás y Morante, dos grandes figuras que también hacen buenas faenas pero que no desatan la misma competencia (Juli y Ponce) y un joven que acaba de volver y si lo hace como en Sevilla va a poner muy caro el trono del gusto y el empaque: José María Manzanares.
Porque, para más desgracia, la corrida embistió. Hubo al menos tres toros, segundo, cuarto y quinto que sirvieron, y mucho, para hacer toreo del bueno. Y, sin embargo, los toreros estuvieron por debajo de lo que debían con una corrida como aquella. Si JT hubiera estado en la plaza queremos imaginar que le hubiera tocado al menos uno de los tres y que hubiéramos sentido toreo del grande. Y que, como Morante el día anterior, hubiera contagiado de su pureza y su liturgia a sus compañeros de cartel, que se hubieran crecido para hacer ese toreo que saben y sienten, aunque les cueste sacarlo. Como hicieron Luque y Cayetano con su capote.
Fundi no estuvo. Siempre con precauciones, se le vio sin sitio, sin temple, descentrado. Lo mejor, un galleo por chicuelinas para llevar al cuarto al caballo. Y la suerte que tuvo cuando al entrar en rectitud a matar al primero le dio un golpe en el pecho pero, afortunadamente, sin herirle. Lo peor, que el cuarto se fue al desolladero con las orejas, cuando era un animal que se tragaba tandas de seis y siete pases metiendo bien la cara.
Castella cortó una oreja del segundo y pudo cortar otra del quinto. Pero sea por la espada (un pinchazo) o porque la faena fue de menos a más, no cortó la otra que necesitaba para salir por la puerta grande. Castella estuvo bien, valiente, dispuesto. Pero le falto torear mejor. La mayor intensidad la consiguió en las cercanías, por valiente, por emoción, pero no por toreo. Y eso, que puede ser a veces un recurso válido, creo que no lo es cuando el toro permite, como el quinto, toreo de verdad, ligado y por bajo. El toreo de capote en ese toro fue bueno. Y el comienzo, con pases por alto, cambio de mano, pase de pecho y adorno por bajo, genial y emocionante. Pero a partir de ahí, cuando le dio distancia al toro, se le veía más preocupado por buscar la colocación que pedían algunos que por ligar series largas a un toro que iba y que transmitía. Los que van a la plaza con escuadra y cartabón no tienen razón (más allá de la evidencia de que no desde cualquier colocación se transmite la emoción del toreo). Pero un torero, una figura, no puede estar rectificando continuamente el sitio. Tiene que hacer su faena, sentirla y hacer que el público participe de ella. La faena al segundo, en la que cortó la oreja, careció de la emoción del comienzo de la del quinto pero tuvo más continuidad. Primero pase cambiado, luego series dando sitio al toro y luego entre los pitones. Faena medida, pero que supo a poco.
Y Perera no tuvo suerte con el lote. El primero tenía poquísima suerte y el Presidente no cambió el tercio cuando lo pidió Perera una vez había ido dos veces al caballo (aunque una de ellas recibiera escaso castigo). Perera se enfadó y con razón. El toro en la muleta se derrumbó varias veces y así no hay quien transmita nada. En el sexto intentó componer una faena de trazo largo pero el toro cabeceaba mucho y le tocaba casi siempre los engaños, lo que impidió el lucimiento.
Una tarde, en fin, que sabe a poco, que vuelve a cuestionar la necesidad de toreros que abran cartel, que nos reafirma en el toreo de las distancias frente al de las cercanías y que evidencia la importancia de alguien que inquiete a buenos toreros para que estos saquen lo mejor de sí. Y este año, sólo hay dos genios que pueden inquietar, que son José Tomás y Morante, dos grandes figuras que también hacen buenas faenas pero que no desatan la misma competencia (Juli y Ponce) y un joven que acaba de volver y si lo hace como en Sevilla va a poner muy caro el trono del gusto y el empaque: José María Manzanares.
jueves, 3 de junio de 2010
Madrid (2 de junio de 2010) - Eso es torear
Decíamos en la anterior entrada que, después de casi un mes de toros, un mes soso, aburrido, lastrante, sin apenas nada de relevancia, esperábamos que Morante salvara la Feria.
Y así ha sido. A fe que lo ha sido. En la Beneficencia se ha visto TOREAR, un toreo con el capote sublime, inmenso, rotundo. Gran parte protagonizado por Morante, pero también por Luque y Cayetano, que han aprendido sobre la marcha del recital del de La Puebla y han mudado en un instante el toreo más lineal y desgarbado por lances graciosos, hondos. No del nivel del de Morante, pero imbuidos por su esencia, cercanos a su liturgia.
Antes de que Morante desplegara su magisterio en el tercero de la tarde, en el segundo Cayetano había recibido bien de capa al segundo y había instrumentado un quite por tijerillas muy toreras. Y Luque había quitado también en ese toro con acierto por verónicas.
Pero lo realmente importante sucedió en el tercero, cuando después del segundo puyazo Morante se acercó al toro caminando de ese modo que le adentra en la Gloria e instrumentó unas verónicas lentas, mecidas, acompañando con todo el capote y el cuerpo entero la embestida del toro,... Unas verónicas que SON la verónica. Luque, azuzado en su orgullo, dio réplica por unas verónica de trazo hondo, profundísimo, con gran personalidad, un toreo de capa que nunca le habíamos visto hacer de modo tan grandioso. La plaza estaba en pie, perpleja después de todo un mes sin ver un toreo tan grandioso y una manifestación tan evidente del orgullo torero, que son dos ingredientes que, unidos, dan una emoción única a la Fiesta. Pero el asunto no acabó ahí, porque Luque, torero y generoso a la vez, le señaló a Morante el toro por si quería volver a él. Y D. José Antonio se hizo de nuevo presente con unas chicuelinas sencillamente inigualables, bajando la mano hasta la arena, enroscándose en el capote, llevando al toro embebido en el capote creando una danza sin igual. Luque no se arredró y dio réplica por el mismo palo. Y lo hizo, nuevamente con una gracia sin par, de un modo mecido, hondo, profundo, demostrando que también sabe torear así. Porque a ese mismo toro también le había dado chicuelinas, después del puyazo anterior, pero donde aquellas fueron bruscas, estas mecidas, donde aquellas parecían latigazos, estas caricias, cuando allí sólo hubo técnica, aquí hubo gracia y torería. Y esa mutación la logró Morante de la Puebla, que no tuvo más que decir cómo se torea con el capote para que todos los demás que andaban por allí supieran cómo había que hacerlo desde entonces, para siempre. Luque se acercó entonces a Morante, se desmonteraron antes y se dieron la mano como hacen los toreros. La plaza, entonces, estaba toda en pie, ovacionando ese instante de toreo que justificaba todo el frío, la incomodidad y los sinsabores de un mes entero sin ver torear. La plaza estaba en un instante mágico, de esos que sólo se pueden sentir en Madrid.
Luego, en el cuarto, Morante volvió a dar un recital a la verónica al recibo de capa. Y volvió a sentar cátedra con un quite por delantales en los que convirtió este lance en un toreo profundo, hondo, como uno no pudiera jamás imaginarse. Y LA MEDIA. Porque dio una media que, como me indicó José María en un SMS, no era media sino infinita. Por gracia, hondura e inspiración. ¡Dios mío, qué media dio! Vaya forma de recoger el capote y enroscarse en él. Todavía andan las musas sorprendidas por el modo en que alguien pudo imaginar aquello; ellas, se dicen, no pueden inspirarlo. Tiene que venir aún de más allá. De todo el compendio de la Historia del Toreo que se encierra en el capote y la muleta de Morante, en todo él, en su modo único de sentir el arte y dejarlo así, esparcido y roto, para quien quiera venir a degustarlo.
A ese toro Cayetano le instrumentó un torerísimo quite, "rondeño" dicen que le llaman. Citando al toro con el capote cogido con una sola mano para dar una larga, recogerlo por la espalda y ligarlo sin solución de continuidad con gaoneras. Exactamente lo mismo que trató de hacer hace dos años, también con Morante, en la tarde de su confirmación en Las Ventas. Entonces el toro le tropezó y sólo fue un atisbo. Esta vez, sí le salió como había imaginado y la Plaza se entregó, generosa, a un toreo vistoso y hondo, grande también, de un torero con pundonor e inspiración.
Y Luque quitó después, en el quinto por delantales y en el sexto por chicuelinas. Sin la gracia de los dos toros anteriores, pero de un modo también inspirado, mecido.
La tarde fue una tarde de toreo de capote. Con la muleta hubo poco. En los dos toros de Morante, porque no sirvieron apenas y aunque el torero estuvo más que dispuesto no hubo modo de sacar nada lucido. Dejar anotado que Morante hizo la faena del cuarto con la espada de matar. Como el día anterior y tantas veces Juan Mora. Como en algunos toros hiciera Esplá. Todo un detalle porque da mejor continuidad a la liturgia de la faena de muleta y el momento de la suerte suprema.
Cayetano no acabó de acoplarse con el segundo, un buen toro al que toreó sin apreturas y fuera de sitio, sin que los muletazos, de buena estética, pudieran llegar a calar. El quinto no tenía tanta clase y el torero nuevamente lo intentó, pero también sin eco.
Luque estuvo muy dispuesto toda la tarde, pero en el tercero (que después del tercio de quites seguía embistiendo con mucha clase) le costó colocarse en el sitio desde el que su toreo hubiera llegado más a los tendidos. Aún así, dio algunos pases buenos y hubiera cortado probablemente una oreja si hubiera acertado con la espada. En el sexto inició la faena sacándose al toro con ayudados por bajo muy toreros y le hizo toda la faena en el centro del ruedo, donde también mató al toro. Antes, faltó colocación y hondura.
La tarde fue de toreo grande. Con el capote. Pero de toreo grande al fin. De orgullo torero, de personalidad, hondura y gracia.
Morante redimió a las Ventas. Y lo hizo con toro (que a nadie se le olvide) que había sido protestado de salida por los mismos imbéciles de siempre por supuesta falta de trapío. El toro, si no me equivoco, de menor peso de todo el encierro ("sólo" 524 kilos). ¿Se callarán ya de ahora para siempre los que protestaron el toro? ¿Serán capaces de comprender que para que se pueda ver torear hace falta que el toro esté mucho "menos hecho"? Es decir, que tenga menos peso y pueda moverse. Ni cara, ni presencia, ni culata, ni cojones,... El toro lo que tiene es que embestir. Y que haya un torero que lo entienda. Me temo que la menuda inteligencia de todos esos supuestos defensores de la pureza de la Fiesta (una inteligencia inversamente proporcional al peso y "trapío" que exigen de los toros) no les da para entender ni esto, ni nada. Pero sin ellos en la plaza, podríamos disfrutar de muchas más tardes como esta. Los toros podrían embestir más. Y los toreros se sentirían más cómodos viniendo a Las Ventas.
Pero estas son reflexiones para otro día. Por hoy basta con decir que HEMOS VISTO TOREAR.
Y así ha sido. A fe que lo ha sido. En la Beneficencia se ha visto TOREAR, un toreo con el capote sublime, inmenso, rotundo. Gran parte protagonizado por Morante, pero también por Luque y Cayetano, que han aprendido sobre la marcha del recital del de La Puebla y han mudado en un instante el toreo más lineal y desgarbado por lances graciosos, hondos. No del nivel del de Morante, pero imbuidos por su esencia, cercanos a su liturgia.
Antes de que Morante desplegara su magisterio en el tercero de la tarde, en el segundo Cayetano había recibido bien de capa al segundo y había instrumentado un quite por tijerillas muy toreras. Y Luque había quitado también en ese toro con acierto por verónicas.
Pero lo realmente importante sucedió en el tercero, cuando después del segundo puyazo Morante se acercó al toro caminando de ese modo que le adentra en la Gloria e instrumentó unas verónicas lentas, mecidas, acompañando con todo el capote y el cuerpo entero la embestida del toro,... Unas verónicas que SON la verónica. Luque, azuzado en su orgullo, dio réplica por unas verónica de trazo hondo, profundísimo, con gran personalidad, un toreo de capa que nunca le habíamos visto hacer de modo tan grandioso. La plaza estaba en pie, perpleja después de todo un mes sin ver un toreo tan grandioso y una manifestación tan evidente del orgullo torero, que son dos ingredientes que, unidos, dan una emoción única a la Fiesta. Pero el asunto no acabó ahí, porque Luque, torero y generoso a la vez, le señaló a Morante el toro por si quería volver a él. Y D. José Antonio se hizo de nuevo presente con unas chicuelinas sencillamente inigualables, bajando la mano hasta la arena, enroscándose en el capote, llevando al toro embebido en el capote creando una danza sin igual. Luque no se arredró y dio réplica por el mismo palo. Y lo hizo, nuevamente con una gracia sin par, de un modo mecido, hondo, profundo, demostrando que también sabe torear así. Porque a ese mismo toro también le había dado chicuelinas, después del puyazo anterior, pero donde aquellas fueron bruscas, estas mecidas, donde aquellas parecían latigazos, estas caricias, cuando allí sólo hubo técnica, aquí hubo gracia y torería. Y esa mutación la logró Morante de la Puebla, que no tuvo más que decir cómo se torea con el capote para que todos los demás que andaban por allí supieran cómo había que hacerlo desde entonces, para siempre. Luque se acercó entonces a Morante, se desmonteraron antes y se dieron la mano como hacen los toreros. La plaza, entonces, estaba toda en pie, ovacionando ese instante de toreo que justificaba todo el frío, la incomodidad y los sinsabores de un mes entero sin ver torear. La plaza estaba en un instante mágico, de esos que sólo se pueden sentir en Madrid.
Luego, en el cuarto, Morante volvió a dar un recital a la verónica al recibo de capa. Y volvió a sentar cátedra con un quite por delantales en los que convirtió este lance en un toreo profundo, hondo, como uno no pudiera jamás imaginarse. Y LA MEDIA. Porque dio una media que, como me indicó José María en un SMS, no era media sino infinita. Por gracia, hondura e inspiración. ¡Dios mío, qué media dio! Vaya forma de recoger el capote y enroscarse en él. Todavía andan las musas sorprendidas por el modo en que alguien pudo imaginar aquello; ellas, se dicen, no pueden inspirarlo. Tiene que venir aún de más allá. De todo el compendio de la Historia del Toreo que se encierra en el capote y la muleta de Morante, en todo él, en su modo único de sentir el arte y dejarlo así, esparcido y roto, para quien quiera venir a degustarlo.
A ese toro Cayetano le instrumentó un torerísimo quite, "rondeño" dicen que le llaman. Citando al toro con el capote cogido con una sola mano para dar una larga, recogerlo por la espalda y ligarlo sin solución de continuidad con gaoneras. Exactamente lo mismo que trató de hacer hace dos años, también con Morante, en la tarde de su confirmación en Las Ventas. Entonces el toro le tropezó y sólo fue un atisbo. Esta vez, sí le salió como había imaginado y la Plaza se entregó, generosa, a un toreo vistoso y hondo, grande también, de un torero con pundonor e inspiración.
Y Luque quitó después, en el quinto por delantales y en el sexto por chicuelinas. Sin la gracia de los dos toros anteriores, pero de un modo también inspirado, mecido.
La tarde fue una tarde de toreo de capote. Con la muleta hubo poco. En los dos toros de Morante, porque no sirvieron apenas y aunque el torero estuvo más que dispuesto no hubo modo de sacar nada lucido. Dejar anotado que Morante hizo la faena del cuarto con la espada de matar. Como el día anterior y tantas veces Juan Mora. Como en algunos toros hiciera Esplá. Todo un detalle porque da mejor continuidad a la liturgia de la faena de muleta y el momento de la suerte suprema.
Cayetano no acabó de acoplarse con el segundo, un buen toro al que toreó sin apreturas y fuera de sitio, sin que los muletazos, de buena estética, pudieran llegar a calar. El quinto no tenía tanta clase y el torero nuevamente lo intentó, pero también sin eco.
Luque estuvo muy dispuesto toda la tarde, pero en el tercero (que después del tercio de quites seguía embistiendo con mucha clase) le costó colocarse en el sitio desde el que su toreo hubiera llegado más a los tendidos. Aún así, dio algunos pases buenos y hubiera cortado probablemente una oreja si hubiera acertado con la espada. En el sexto inició la faena sacándose al toro con ayudados por bajo muy toreros y le hizo toda la faena en el centro del ruedo, donde también mató al toro. Antes, faltó colocación y hondura.
La tarde fue de toreo grande. Con el capote. Pero de toreo grande al fin. De orgullo torero, de personalidad, hondura y gracia.
Morante redimió a las Ventas. Y lo hizo con toro (que a nadie se le olvide) que había sido protestado de salida por los mismos imbéciles de siempre por supuesta falta de trapío. El toro, si no me equivoco, de menor peso de todo el encierro ("sólo" 524 kilos). ¿Se callarán ya de ahora para siempre los que protestaron el toro? ¿Serán capaces de comprender que para que se pueda ver torear hace falta que el toro esté mucho "menos hecho"? Es decir, que tenga menos peso y pueda moverse. Ni cara, ni presencia, ni culata, ni cojones,... El toro lo que tiene es que embestir. Y que haya un torero que lo entienda. Me temo que la menuda inteligencia de todos esos supuestos defensores de la pureza de la Fiesta (una inteligencia inversamente proporcional al peso y "trapío" que exigen de los toros) no les da para entender ni esto, ni nada. Pero sin ellos en la plaza, podríamos disfrutar de muchas más tardes como esta. Los toros podrían embestir más. Y los toreros se sentirían más cómodos viniendo a Las Ventas.
Pero estas son reflexiones para otro día. Por hoy basta con decir que HEMOS VISTO TOREAR.
miércoles, 2 de junio de 2010
Madrid (1 de junio de 2010) - Sobre el arte y el valor
Reconozco que me ilusionaba la corrida de ayer, aun siendo conseciente de la dificultad de que un diestro como Conde se encontrara cómodo en Las Ventas, que un torero añejo como Juan Mora, sin apenas rodaje en los últimos meses, pudiera desplegar lo que tiene y que Curro Díaz acabara de romper.
Pero esperaba, al menos, momentos de ilusión, brotes de magia. Quizá con cuentagotas, pero formas distintas y detalles que justificaran un cartel tan peligroso.
Sin embargo, no hubo casi nada. Ni los toros fueron buenos (aunque algunos fueron mejores que otros) ni los toreros tuvieron un día claro.
Juan Mora, torero al que admiro y al que he visto torear con un empaque único, tuvo muy mala suerte en el sorteo. Estuvo con más oficio del previsible teniendo en cuenta su inactividad, salvo a la hora de matar (dio un auténtico mitin en el primero). Y demostró muchas ganas. Con la cantidad de toreros insulsos que hay en el escalafón, ¡qué bueno sería poder ver al placentino con más asiduidad! Al menos, cinco o seis tardes. Luego, si está, que lo sigan colocando. Y, si no, a casa y a dejar hueco a otros que vengan.
Javier Conde no quiso ver a su primero y dio un espectáculo lamentable. En el quinto trató de ponerse y torear con esa displicencia y caida de brazos tan suyas, pero el terror le pudo. Lucha, sobre todo, contra sí mismo, que no pudo resolverse en cinco o seis minutos.
Y Curro Díaz un poco más de lo mismo a que nos tiene acostumbrados. Algunos destellos de su personalidad, un parde tandas con gusto,... pero intercalados con enganchones, falta de colocación, de valor, de empuje,... Una pena que con la calidad que tiene le cueste tanto dar el paso que necesita para romper.
A la salida, todo el mundo comenta que o Morante salva en la Beneficiencia este mes de toros, o casi que vayan cerrando la Plaza. ¡Qué dura es la afición!
Pero esperaba, al menos, momentos de ilusión, brotes de magia. Quizá con cuentagotas, pero formas distintas y detalles que justificaran un cartel tan peligroso.
Sin embargo, no hubo casi nada. Ni los toros fueron buenos (aunque algunos fueron mejores que otros) ni los toreros tuvieron un día claro.
Juan Mora, torero al que admiro y al que he visto torear con un empaque único, tuvo muy mala suerte en el sorteo. Estuvo con más oficio del previsible teniendo en cuenta su inactividad, salvo a la hora de matar (dio un auténtico mitin en el primero). Y demostró muchas ganas. Con la cantidad de toreros insulsos que hay en el escalafón, ¡qué bueno sería poder ver al placentino con más asiduidad! Al menos, cinco o seis tardes. Luego, si está, que lo sigan colocando. Y, si no, a casa y a dejar hueco a otros que vengan.
Javier Conde no quiso ver a su primero y dio un espectáculo lamentable. En el quinto trató de ponerse y torear con esa displicencia y caida de brazos tan suyas, pero el terror le pudo. Lucha, sobre todo, contra sí mismo, que no pudo resolverse en cinco o seis minutos.
Y Curro Díaz un poco más de lo mismo a que nos tiene acostumbrados. Algunos destellos de su personalidad, un parde tandas con gusto,... pero intercalados con enganchones, falta de colocación, de valor, de empuje,... Una pena que con la calidad que tiene le cueste tanto dar el paso que necesita para romper.
A la salida, todo el mundo comenta que o Morante salva en la Beneficiencia este mes de toros, o casi que vayan cerrando la Plaza. ¡Qué dura es la afición!
martes, 1 de junio de 2010
Madrid (31 de mayo de 2010) - Vuelta a lo peor
Decía en la anterior entrada que no tenía claro si quedarme con la "media" fiesta de lo que puede vivirse en Cáceres o con lo que sucede en Las Ventas. Si lo que sucede en Las Ventas es lo de la primera del Aniversario no me cabe ninguna duda: me quedo con lo de Cáceres.
Los toros de Valdefresnos han salido en general nobles, aunque alguno se ha rajado, pero les faltaba fuerza y, sobre todo, casta, muchísima casta.
Aún así han sido toros con los que se podría haber hecho algún tipo de toreo, dos o tres tandas de intensidad con cada uno de ellos, algunos lances, cierta lidia,... Pero nada. Sólo quedan en la retina, y por las vehementes ganas de que algo quede en el recuerdo, una serie de Urdiales al primero, las chicuelinas de Pinar en el quite al primero y los lances de recibo al segundo y los pases de Tendero sacando de la tablas al sexto para iniciar en el tercio la faena.
Por lo demás, ausencia total de toreo de capa, lidia manifiestamente mejorable y un toreo sin colocación, garra ni hondura. Toreo al hilo, con la suerte descargada, acompañando la embestida (jamás mandando) y sin un mínimo atisbo de estética. Muy mal, además, con los aceros.
Siento ser pesado. Perdón por insistir. No puede ser que la que supuestamente es la Feria más importante del mundo taurino sea tan bochornosa, que los toros carezcan de motor y de acometividad y que los toreros estén como de paseo. La Fiesta es legítima porque es verdad. Y el sufrimiento del toro es aceptable éticamente porque el toro se defiende con bravura por su casta y porque el torero es capaz de crear arte mediante una lidia ordenada y profunda. No vaya a ser que con lo que están haciendo los ganadero en la selección y los toreros con su actitud estemos rozando alguna línea peligrosa: la que nos conduce a una actividad en la que la compasión por el toro y el torero prevalece sobre la emoción del riesgo y la belleza.
Los toros de Valdefresnos han salido en general nobles, aunque alguno se ha rajado, pero les faltaba fuerza y, sobre todo, casta, muchísima casta.
Aún así han sido toros con los que se podría haber hecho algún tipo de toreo, dos o tres tandas de intensidad con cada uno de ellos, algunos lances, cierta lidia,... Pero nada. Sólo quedan en la retina, y por las vehementes ganas de que algo quede en el recuerdo, una serie de Urdiales al primero, las chicuelinas de Pinar en el quite al primero y los lances de recibo al segundo y los pases de Tendero sacando de la tablas al sexto para iniciar en el tercio la faena.
Por lo demás, ausencia total de toreo de capa, lidia manifiestamente mejorable y un toreo sin colocación, garra ni hondura. Toreo al hilo, con la suerte descargada, acompañando la embestida (jamás mandando) y sin un mínimo atisbo de estética. Muy mal, además, con los aceros.
Siento ser pesado. Perdón por insistir. No puede ser que la que supuestamente es la Feria más importante del mundo taurino sea tan bochornosa, que los toros carezcan de motor y de acometividad y que los toreros estén como de paseo. La Fiesta es legítima porque es verdad. Y el sufrimiento del toro es aceptable éticamente porque el toro se defiende con bravura por su casta y porque el torero es capaz de crear arte mediante una lidia ordenada y profunda. No vaya a ser que con lo que están haciendo los ganadero en la selección y los toreros con su actitud estemos rozando alguna línea peligrosa: la que nos conduce a una actividad en la que la compasión por el toro y el torero prevalece sobre la emoción del riesgo y la belleza.
lunes, 31 de mayo de 2010
Cáceres (29 de mayo de 2010) - Es otra fiesta
La corrida del sábado en Cáceres fue una fiesta por varias razones. La primera, porque pude compartirla con José María y Pablo en la víspera de la presentación de "Plaza de Toros" en Cáceres, de la que hoy se hacen eco los medios de la región. Además, porque volvía a esa plaza (la de mis primeros recuerdos taurinos) después de unos años en los que la coincidencia con el final de San Isidro (con los victorinos, en concreto) planteaban una elección muy difícil. Y, por último, porque la tarde fue entretenida y agradable, con ocho orejas cortadas y los tres toreros y el mayoral por la Puerta Grande.
¿Y los toros? ¿Y el toreo? Hubo, aunque probablemente menos de lo que digan las estadísticas y la efusión popular.
Obviamente, después de la sobredosis de indignación que uno acumula en San Isidro, vivir una tarde festiva es motivo de celebración. Pero también es cierto que uno es consciente de que los toros, muy nobles, tuvieron una presentación más que escasa, una cornamenta "dulce" y una falta de casta notable. Embistieron en general, pero con una emoción que podía haber sido mucho mayor con algo más de picante.
Los toreros estuvieron con una disposición y un sentido estético mucho mayor que el que les hemos visto en Madrid. Para lo cual caben varias explicaciones. Una, que la presión del público venteño les acongoja. Otra, que es el toro de Madrid el que les acongoja. Aunque lo mismo hay también otros motivos que pueden influir.
Abellán estuvo dispuesto e hizo dos faenas en las que se sintió a gusto, toreó relajado, con gracia a veces y otras tirando de pundonor. Faenas entretenidas.
Perera también toreó como lo hace cuando se siente despejado. Dio sitio a los toros, les trajo toreados en ocasiones y en otras se movió en las cercanías, dando muestra de la variedad de registros que puede tener. Como comienzo de faena en el quinto instrumentó un cambio por la espalda realmente emocionante.
Talavante fue, para mí, el que toreó más hondo en sus dos toros a pesar de que fue el que menos apéndices cortó. Hizo faenas más para aficionados que para el público y se gustó de verdad en alguna de las series de sus dos toros. Y parece que ha mejorado con el estoque.
Sin duda, una corrida en Cáceres es algo que no tiene nada que ver con lo que sucede en Las Ventas. Aunque si me dan a elegir les aseguro que no sé con qué quedarme, porque aunque la presentación de los toros y su pujanza no es la que deseo, aunque en varias fases de las faenas uno echa de menos mayor ajuste y hondura, aunque falta liturgia, suerte de varas, tercios completos de banderillas,... disfrutar de lo festivo de la tauromaquia se acerca más, mucho más, a cómo entiendo la afición que el intento desmedido por mirar todo con lupa y convertir tres semanas de toros casi en un castigo.
Probablemente, como decía con mucho criterio José María, el futuro está en una situación intermedia con plazas donde el toro está bien presentado, pero sin exageraciones y en los tendidos hay más aficionados que público, pero con ganas de disfrutar y no de examinar a nadie. Algo como lo que sucede en La Maestranza, El Puerto de Santa María, Nimes, incluso Jerez, Olivenza, Algeciras, Barcelona,... Las plazas donde vemos las grandes faenas de nuestra temporada.
¿Y los toros? ¿Y el toreo? Hubo, aunque probablemente menos de lo que digan las estadísticas y la efusión popular.
Obviamente, después de la sobredosis de indignación que uno acumula en San Isidro, vivir una tarde festiva es motivo de celebración. Pero también es cierto que uno es consciente de que los toros, muy nobles, tuvieron una presentación más que escasa, una cornamenta "dulce" y una falta de casta notable. Embistieron en general, pero con una emoción que podía haber sido mucho mayor con algo más de picante.
Los toreros estuvieron con una disposición y un sentido estético mucho mayor que el que les hemos visto en Madrid. Para lo cual caben varias explicaciones. Una, que la presión del público venteño les acongoja. Otra, que es el toro de Madrid el que les acongoja. Aunque lo mismo hay también otros motivos que pueden influir.
Abellán estuvo dispuesto e hizo dos faenas en las que se sintió a gusto, toreó relajado, con gracia a veces y otras tirando de pundonor. Faenas entretenidas.
Perera también toreó como lo hace cuando se siente despejado. Dio sitio a los toros, les trajo toreados en ocasiones y en otras se movió en las cercanías, dando muestra de la variedad de registros que puede tener. Como comienzo de faena en el quinto instrumentó un cambio por la espalda realmente emocionante.
Talavante fue, para mí, el que toreó más hondo en sus dos toros a pesar de que fue el que menos apéndices cortó. Hizo faenas más para aficionados que para el público y se gustó de verdad en alguna de las series de sus dos toros. Y parece que ha mejorado con el estoque.
Sin duda, una corrida en Cáceres es algo que no tiene nada que ver con lo que sucede en Las Ventas. Aunque si me dan a elegir les aseguro que no sé con qué quedarme, porque aunque la presentación de los toros y su pujanza no es la que deseo, aunque en varias fases de las faenas uno echa de menos mayor ajuste y hondura, aunque falta liturgia, suerte de varas, tercios completos de banderillas,... disfrutar de lo festivo de la tauromaquia se acerca más, mucho más, a cómo entiendo la afición que el intento desmedido por mirar todo con lupa y convertir tres semanas de toros casi en un castigo.
Probablemente, como decía con mucho criterio José María, el futuro está en una situación intermedia con plazas donde el toro está bien presentado, pero sin exageraciones y en los tendidos hay más aficionados que público, pero con ganas de disfrutar y no de examinar a nadie. Algo como lo que sucede en La Maestranza, El Puerto de Santa María, Nimes, incluso Jerez, Olivenza, Algeciras, Barcelona,... Las plazas donde vemos las grandes faenas de nuestra temporada.
sábado, 29 de mayo de 2010
Madrid (28 de mayo de 2010) - Y van...
Acaba para mí la Feria de San Isidro. Mañana estaré en Cáceres, volviendo después de muchos años a la plaza en la que nació mi afición compartiendo tarde de toros con José María y Pablo, los autores de Plaza de Toros, a quienes acompañaré el domingo en la presentación de su libro en el Hotel Extremadura.
Parece que el final también va a tener su guasa porque no vienen los de Adolfo, que había traido diez toros y sólo dos habían pasado el reconocimiento. O el ganadero se ha vuelto torpe de forma repentina o aquí hay alguien cuyo único objetivo es dar por saco.
Hoy también ha habido baile de corrales, y de los de Palha (anunciados) sólo se han lidiado cuatro. Que tenían un presentación menos aparatosa que la del año pasado. Y no pasa nada. Los otros dos han sido de El Torreón con una cornamenta de terror.
Frente a ellos tres toreros que habían toreado el año pasado (entre todos) veinte tardes: 6 Millán, 13 Robleño y 1 Francisco Javier Corpas. La culpa si no se acoplan con los toros, por tanto, no es suya. Uno no puede ser torero, no puede estar en forma, toreando una, seis o trece tardes en un años.
Por lo que hemos visto hoy, Millán pone voluntad, pero poco acierto. No ha dicho casi nada. Los toros no han sido buenos, de hecho han tenido su punto de peligro. El lo ha intentado pero no ha conseguido confiarse ni sacar nada en claro para él ni para la afición. Esto, para el torero, no es una oportunidad, es un castigo o una condena.
Lo más emocionante y torero de la tarde, sin embargo, ha sucedido en la lidia de uno de sus toros. En concreto en el tercio de banderillas del cuarto. Cuando Carlos Casanova trataba de poner el primer par cayó a merced del toro que hizo por él y lo volteó feísimo; el banderillero se levantó enfadado pidió un nuevo par y lo clavó en lo alto. Su compañero tabién clavó un par de mucho mérito y él mismo remató el tercio con un par excepcional. La plaza entera se levantó a aplaudir el pundonor y la casta torera. Que también está en los que visten de azabache (esta tarde ni uno de los subalternos iba de plata).
Robleño cortó una oreja protestada del quinto por media faena junto a las tablas del seis. Al principio no se acopló con el toro pero luego, aprovechando la inercia del toro hacia los adentros, con colocación y aguante le sacó varias tandas que fueron muy jaleadas. En el segundo habíamos visto un buen tercio de varas y el interés del matador por hacer una faena en la que la cabeza y la técnica no pudieron ejecutar lo que el corazón le pedía.
Corpas tuvo el mejor toro de la tarde: el tercero. Seguro que se le pueden poner pegas, pero era un toro que iba de lejos, que metía bien la cara y que tenía una embestida templada. A partir de ahí tenía problemas: había que poderle, llevarle toreado, aguantarle cuando se metía hacía los adentros,... No puede exigirse a quien la temporada pasada sólo hizo un paseíllo que lo consiga. Pero eso explica que la gente ovacionara al toro y abroncara al matador. Tal vez es a la empresa a la que habría que haber mandado un recado. El sexto también tuvo sus posibilidades y tampoco pudo extraer nada en claro.
Han sido más de veinte tardes de toros y no hemos visto una sola faena redonda. Y esto es el referente de la tauromaquia. Lo siento, pero así no se hace afición. Que se lo hagan mirar la Comunidad, los empresarios, los ganaderos, los toreros y esos aficionados "tan exigentes". No sé si es ésta la Fiesta que queremos y defendemos. Yo, desde luego, no. Yo quiero ver torear y disfrutar en una plaza con toreros que sepan hacerlo, que se sientan agusto y que encuentren un toro que les permita expresar su arte y un público que lo disfrute y lo aprecio. Lo otro, lo de la pureza, son zarandajas y engaños.
A ver si la semana que viene Juan Mora, Curro Díaz, Conde, Cayetano,... A ver si le embiste un toro con nobleza a Morante y podemos sentir el delirio de cómo se crea una obra maestra.
Parece que el final también va a tener su guasa porque no vienen los de Adolfo, que había traido diez toros y sólo dos habían pasado el reconocimiento. O el ganadero se ha vuelto torpe de forma repentina o aquí hay alguien cuyo único objetivo es dar por saco.
Hoy también ha habido baile de corrales, y de los de Palha (anunciados) sólo se han lidiado cuatro. Que tenían un presentación menos aparatosa que la del año pasado. Y no pasa nada. Los otros dos han sido de El Torreón con una cornamenta de terror.
Frente a ellos tres toreros que habían toreado el año pasado (entre todos) veinte tardes: 6 Millán, 13 Robleño y 1 Francisco Javier Corpas. La culpa si no se acoplan con los toros, por tanto, no es suya. Uno no puede ser torero, no puede estar en forma, toreando una, seis o trece tardes en un años.
Por lo que hemos visto hoy, Millán pone voluntad, pero poco acierto. No ha dicho casi nada. Los toros no han sido buenos, de hecho han tenido su punto de peligro. El lo ha intentado pero no ha conseguido confiarse ni sacar nada en claro para él ni para la afición. Esto, para el torero, no es una oportunidad, es un castigo o una condena.
Lo más emocionante y torero de la tarde, sin embargo, ha sucedido en la lidia de uno de sus toros. En concreto en el tercio de banderillas del cuarto. Cuando Carlos Casanova trataba de poner el primer par cayó a merced del toro que hizo por él y lo volteó feísimo; el banderillero se levantó enfadado pidió un nuevo par y lo clavó en lo alto. Su compañero tabién clavó un par de mucho mérito y él mismo remató el tercio con un par excepcional. La plaza entera se levantó a aplaudir el pundonor y la casta torera. Que también está en los que visten de azabache (esta tarde ni uno de los subalternos iba de plata).
Robleño cortó una oreja protestada del quinto por media faena junto a las tablas del seis. Al principio no se acopló con el toro pero luego, aprovechando la inercia del toro hacia los adentros, con colocación y aguante le sacó varias tandas que fueron muy jaleadas. En el segundo habíamos visto un buen tercio de varas y el interés del matador por hacer una faena en la que la cabeza y la técnica no pudieron ejecutar lo que el corazón le pedía.
Corpas tuvo el mejor toro de la tarde: el tercero. Seguro que se le pueden poner pegas, pero era un toro que iba de lejos, que metía bien la cara y que tenía una embestida templada. A partir de ahí tenía problemas: había que poderle, llevarle toreado, aguantarle cuando se metía hacía los adentros,... No puede exigirse a quien la temporada pasada sólo hizo un paseíllo que lo consiga. Pero eso explica que la gente ovacionara al toro y abroncara al matador. Tal vez es a la empresa a la que habría que haber mandado un recado. El sexto también tuvo sus posibilidades y tampoco pudo extraer nada en claro.
Han sido más de veinte tardes de toros y no hemos visto una sola faena redonda. Y esto es el referente de la tauromaquia. Lo siento, pero así no se hace afición. Que se lo hagan mirar la Comunidad, los empresarios, los ganaderos, los toreros y esos aficionados "tan exigentes". No sé si es ésta la Fiesta que queremos y defendemos. Yo, desde luego, no. Yo quiero ver torear y disfrutar en una plaza con toreros que sepan hacerlo, que se sientan agusto y que encuentren un toro que les permita expresar su arte y un público que lo disfrute y lo aprecio. Lo otro, lo de la pureza, son zarandajas y engaños.
A ver si la semana que viene Juan Mora, Curro Díaz, Conde, Cayetano,... A ver si le embiste un toro con nobleza a Morante y podemos sentir el delirio de cómo se crea una obra maestra.
viernes, 28 de mayo de 2010
Madrid (27 de mayo de 2010) - De la que nos libramos
Sergio Aguilar tuvo que recibir, como primero de su lote, cuatro toros distintos. Quiere decirse que se devolvieron el segundo, el segundo bis, el segundo tris y el segundo quarter o como quiera que se sigan contando los sobreros. Eran como las ocho de la tarde y sólo habíamos visto la lidia de un toro. Pero pudo haber sido peor, porque el primero, sin ser tan flojo, también hizo amagos de un comportamiento que le podía haber conducido a los corrales antes que al desolladero.
Pese a todo, Sergio Aguilar no se afligió y tuvo una actuación más que digna con un lote que no se dejó casi nada. Su primero, al comienzo de la faena de muleta le dio una voltereta tremenda, pese a lo cual volvió a la cara del toro y estuvo muy serio con él. Como con el quinto, al que, sin aspavientos, fue sacarle un par de buenas series con la derecha tirando de él, aunque con la izquierda el toro le tocó varias veces las telas. Bien colocado, serie, aunque a veces demasiado encima del toro, nos gustó bastante.
El Fundi no acabó de sentirse agusto. El primero no tenía muchas opciones y después de intentarlo sin resultado, abrevió. El cuarto, sin embargo, era un toro con opciones y el de Fuenlabrada estuvo fuera, toreando despegado, sin acabar de cuajarse y romper. Una pena, después de las buenas sensaciones que dejó hace un par de temporadas con un toreo cada vez más pausado y profundo. La mala suerte del pasado año parece que todavía sobrevuela en sus recuerdos.
Y Bolívar se dejó ir otro toro, el tercero, al que dio mucho sitio y enganchó bien en dos series con la mano derecha. Pero el toro tenía más y Bolívar dio muchos pases, muchas tandas con ambas manos, de las cuales sólo esas dos quedan en la retina de los aficionados. Mucho menos de lo que el toro merecía y de lo que el colombiano necesita para salir de ese pelotón en el que se encuentra. El sexto fue otra cosa, un toro descompuesto que no dio prácticamente opciones. Eran, además, casi las nueve y media y la gente no estaba para florituras.
Pese a todo, Sergio Aguilar no se afligió y tuvo una actuación más que digna con un lote que no se dejó casi nada. Su primero, al comienzo de la faena de muleta le dio una voltereta tremenda, pese a lo cual volvió a la cara del toro y estuvo muy serio con él. Como con el quinto, al que, sin aspavientos, fue sacarle un par de buenas series con la derecha tirando de él, aunque con la izquierda el toro le tocó varias veces las telas. Bien colocado, serie, aunque a veces demasiado encima del toro, nos gustó bastante.
El Fundi no acabó de sentirse agusto. El primero no tenía muchas opciones y después de intentarlo sin resultado, abrevió. El cuarto, sin embargo, era un toro con opciones y el de Fuenlabrada estuvo fuera, toreando despegado, sin acabar de cuajarse y romper. Una pena, después de las buenas sensaciones que dejó hace un par de temporadas con un toreo cada vez más pausado y profundo. La mala suerte del pasado año parece que todavía sobrevuela en sus recuerdos.
Y Bolívar se dejó ir otro toro, el tercero, al que dio mucho sitio y enganchó bien en dos series con la mano derecha. Pero el toro tenía más y Bolívar dio muchos pases, muchas tandas con ambas manos, de las cuales sólo esas dos quedan en la retina de los aficionados. Mucho menos de lo que el toro merecía y de lo que el colombiano necesita para salir de ese pelotón en el que se encuentra. El sexto fue otra cosa, un toro descompuesto que no dio prácticamente opciones. Eran, además, casi las nueve y media y la gente no estaba para florituras.
jueves, 27 de mayo de 2010
Madrid (26 de mayo de 2010) - Los samueles
Hace no muchos años, los samueles eran toros a los que se apuntaban las figuran. La presencia era (sigue siendo) impresionante, pero tenían una nobleza y una transmisión que los hacían muy adecuados para plazas como la de Madrid.
Hoy, salvo Ponce, que de vez en cuando se apunta a torearlo, y Adolfo Suárez Illana, por aquello de la familia política, no suele ser un hierro favorito para los de arriba.
El cartel de ayer era elocuente: Padilla (que volvía a Madrid después del enfrentamiento que tuvo con "parte del público" hace unos años), Encabo (que no acaba de romper) e Iván García (...).
Los toros no se comieron a nadie y salvo el primero, que flojeó de forma ostensible, los demás se mantuvieron en pie y pasaron. En cuanto al primero, creo que el Presidente no lo cambio porque temía que devolver el primero, si todos salían igual, podía ser abrir la puerta a un auténtico escándalo de orden público.
Después de una primera parte de la corrida bastante anodina, vimos algo de toreo en el cuarto y en el sexto.
Padilla salió muy dispuesto en el cuarto, al que recibió con largas de rodillas junto a tablas, banderilleó (sin mucho acierto) y toreó en su estilo, con una colocación poco ortodoxa y un ajuste y hondura mejorables. Sin embargo, es cierto que dio alguna serie de naturales de interés, sin continuidad (quitaba la muleta de la cara, perdía pases entre pase y pase) pero algunos con clase y temple. Si el toro permitía que las cosas se le hicieran más quieto y ligando los pases es algo que no llegaremos a saber. (Yo, al menos, no me atrevo a asegurarlo). Mató de una estocada caida pero fulminante, hubo una petición amplia y el presidente no concedió la oreja llevándose una bronca contundente. Por qué Padilla no dio entonces la vuelta al ruedo es algo que se nos escapa.
Iván García, en el sexto, dio dos series grandiosas de naturales. Pero sólo dos, de un toro que uno cree o quiere creer que tenía alguna más. Se le nota que torea poco y le cuesta acoplarse, ver que el izquierdo es el pitón bueno, quedarse quieto,... Pero cuando lo hace la plaza rompe. Una pena que no haya tenido mayor continuidad.
Encabo, con el segundo, después de unos primeros pases por bajo, tuvo que irse a chiqueros porque el toro se rajó. Algunos en el tendido recordaban faenas en aquel lugar realizadas a mansos por variadas figuras del toreo, pero o ahora los mansos son distintos y no hay forma de hacerles faena, o es que los toreros no están entrenados para ello. El quinto fue un toro incierto y el torero estuvo inseguro.
Poco más que contar. Al menos vimos algo.
Hoy, salvo Ponce, que de vez en cuando se apunta a torearlo, y Adolfo Suárez Illana, por aquello de la familia política, no suele ser un hierro favorito para los de arriba.
El cartel de ayer era elocuente: Padilla (que volvía a Madrid después del enfrentamiento que tuvo con "parte del público" hace unos años), Encabo (que no acaba de romper) e Iván García (...).
Los toros no se comieron a nadie y salvo el primero, que flojeó de forma ostensible, los demás se mantuvieron en pie y pasaron. En cuanto al primero, creo que el Presidente no lo cambio porque temía que devolver el primero, si todos salían igual, podía ser abrir la puerta a un auténtico escándalo de orden público.
Después de una primera parte de la corrida bastante anodina, vimos algo de toreo en el cuarto y en el sexto.
Padilla salió muy dispuesto en el cuarto, al que recibió con largas de rodillas junto a tablas, banderilleó (sin mucho acierto) y toreó en su estilo, con una colocación poco ortodoxa y un ajuste y hondura mejorables. Sin embargo, es cierto que dio alguna serie de naturales de interés, sin continuidad (quitaba la muleta de la cara, perdía pases entre pase y pase) pero algunos con clase y temple. Si el toro permitía que las cosas se le hicieran más quieto y ligando los pases es algo que no llegaremos a saber. (Yo, al menos, no me atrevo a asegurarlo). Mató de una estocada caida pero fulminante, hubo una petición amplia y el presidente no concedió la oreja llevándose una bronca contundente. Por qué Padilla no dio entonces la vuelta al ruedo es algo que se nos escapa.
Iván García, en el sexto, dio dos series grandiosas de naturales. Pero sólo dos, de un toro que uno cree o quiere creer que tenía alguna más. Se le nota que torea poco y le cuesta acoplarse, ver que el izquierdo es el pitón bueno, quedarse quieto,... Pero cuando lo hace la plaza rompe. Una pena que no haya tenido mayor continuidad.
Encabo, con el segundo, después de unos primeros pases por bajo, tuvo que irse a chiqueros porque el toro se rajó. Algunos en el tendido recordaban faenas en aquel lugar realizadas a mansos por variadas figuras del toreo, pero o ahora los mansos son distintos y no hay forma de hacerles faena, o es que los toreros no están entrenados para ello. El quinto fue un toro incierto y el torero estuvo inseguro.
Poco más que contar. Al menos vimos algo.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Madrid (25 de mayo de 2010) - Y ahora, ¿de quién es la culpa?
La corrida de ayer fue un fracaso. Sin paliativos. Y sin perjuicio de que los toreros (especialmente Cayetano, también Perera) hubieran podido estar mejor, la culpa fue de los toros. Pero el problema es que los toros fueron de seis ganaderías diferentes (La Quinta, Cuvillo, D. Hernández, Victoriano del Río, Ventorrilo y Toros de Cortés) y fueron escogidos por los propios matadores, cada uno los suyos (lo cual ha dado lugar a una importante protesta por la Asociación El Toro y otros aficionados porque no hubiera sorteo, conforme preceptúa el Reglamento).
Esto puede hacer a muchos llegar a concluir que la culpa es... de los toreros, que son los que eligieron los toros y, por tanto, los que fracasaron y se equivocaron en su elección. Pero tengo para mí que esto es una afirmación tremendamente simplista. ¿O es que pensamos que realmente los toreros quieren venir a Madrid a pegarse el batacazo como lo hicieron ayer?
A mi juicio, aunque el proceso deductivo sea algo más complejo (la vida, por suerte o por desgracia, no suele ser simple), la culpa es de los mismos que se quejaron porque cada torero hubiera elegido sus toros y no hubiera habido sorteo. Que son los mismos que piden un "trapío" irreprochable a los toros que se lidian en Madrid. Y como no siempre los toros más grandes y con cuernos más grandes son los que mejor embisten, resulta que en Madrid vemos cornamentan muy aparatosas y muy poco toreo.
Con un ejemplo se entiende mucho mejor. En Nimes se ha celebrado el fin de semana pasado su Feria de Pentecostés. Las ganaderías han sido, muchas de ellas, de las "comerciales", algunas las mismas que las de esta corrida. Y ha habido muchos toros que han embestido y muchos toreros (muchas figuras) que han triunfado con ellos. Entre otros, Morante, que ha dejado una faena para la historia. Pues resulta que algunos que ha visto el vídeo de esta faena de Morante por internet, le han empezado a poner pegas a la faena porque el toro no tenía suficiente presencia (alguno lo ha dicho con expresiones más duras, que prefiero no repetir).
Yo debo ser un tipo muy raro. Y un aficionado nefasto. Pero resulta que a mí lo que me gusta es la faena de Morante. Que cuando está toreando Morante me fijo muy poco en el toro. Y que lo que añoro es poder ver esas faenas en Madrid. Y si el toro pesa cien kilos menos y está menos rematado ME RESULTA INDIFERENTE, ME DA IGUAL, CREO QUE ES IRRELEVANTE, ME TOCA LOS COJONES, ME LA BUFA, ME LA TRAE AL FRESCO, NO ME IMPORTA,... Vamos, que yo lo que quiero es ver torear a Morante y al Juli y a Perera y a Cayetano y a Castella y a Talavante y a Luque y al Cid,... Quiero ver TOREAR.
Obviamente esto no quiere decir que me dé igual que el toro salga afeitado o que sea una vaquilla, pero entre lo que sale por la puerte de toriles en Madrid y una vaquilla hay trescientos o cuatrocientos kilos de diferencia. Con tal de que salieran toros como los que salían en los años cuarenta o cincuenta (ahí están los vídeos) me conformo. No necesito más.
Sobre la corrida en sí, sólo un par de líneas. El Juli hizo una faena inteligentísima al primero, un toro de La Quinta con clase aunque sin excesiva fuerza. Primero lo consintió y acompañó las embestidas y luego le plantó cara, le atacó, en una serie grandiosa. Mató mal, pero la faena fue muy buena. El cuarto era soso hasta hartarse, y estuvo aseado, haciéndolo todo bien, pero sin transmisión ninguna. Mató mal a los dos toros (varios pinchazos y muchos descabellos infructuosos en su primero, en contra de lo que suele ser habitual en él).
Perera no acabó de romper con ninguno de sus toros. El primero fue muy flojo (se cayó varias veces) y soso; no había mucho que hacer. En el quinto, sin embargo, el toro le tocó mucho los engaños; es cierto que el toro no era fácil y se defendía, pero quedaba la sensación de que en otro momento Perera hubiera resuelto con más facilidad la situación.
Y Cayetano estuvo desdibujado, citando en general fuera de sitio, sin acomplarse con sus toros. En el primero se intuyó que la faena pudo ser más importante porque el toro se movía y venía de lejos, sin mucha transmisión pero venía, pero la colocación y el trazo no fueron buenos. En el sexto, la impresentable actitud de los mismos imbéciles de siempre (o sea, del 7) con "olés" de guasa acompañaron una faena en la que lo intentó con seriedad, pero no consiguió sentirse a gusto.
Cada cual tendrá su diagnóstico, pero para mí que la culpa la tienen los que tienen la "pureza" y el "toro" siempre en la boca. Los mismos que sólo la usan para criticar a los toreros. ¿Por qué no se quedan en su casa? ¡Qué cruz, Díos mío, qué cruz!
Esto puede hacer a muchos llegar a concluir que la culpa es... de los toreros, que son los que eligieron los toros y, por tanto, los que fracasaron y se equivocaron en su elección. Pero tengo para mí que esto es una afirmación tremendamente simplista. ¿O es que pensamos que realmente los toreros quieren venir a Madrid a pegarse el batacazo como lo hicieron ayer?
A mi juicio, aunque el proceso deductivo sea algo más complejo (la vida, por suerte o por desgracia, no suele ser simple), la culpa es de los mismos que se quejaron porque cada torero hubiera elegido sus toros y no hubiera habido sorteo. Que son los mismos que piden un "trapío" irreprochable a los toros que se lidian en Madrid. Y como no siempre los toros más grandes y con cuernos más grandes son los que mejor embisten, resulta que en Madrid vemos cornamentan muy aparatosas y muy poco toreo.
Con un ejemplo se entiende mucho mejor. En Nimes se ha celebrado el fin de semana pasado su Feria de Pentecostés. Las ganaderías han sido, muchas de ellas, de las "comerciales", algunas las mismas que las de esta corrida. Y ha habido muchos toros que han embestido y muchos toreros (muchas figuras) que han triunfado con ellos. Entre otros, Morante, que ha dejado una faena para la historia. Pues resulta que algunos que ha visto el vídeo de esta faena de Morante por internet, le han empezado a poner pegas a la faena porque el toro no tenía suficiente presencia (alguno lo ha dicho con expresiones más duras, que prefiero no repetir).
Yo debo ser un tipo muy raro. Y un aficionado nefasto. Pero resulta que a mí lo que me gusta es la faena de Morante. Que cuando está toreando Morante me fijo muy poco en el toro. Y que lo que añoro es poder ver esas faenas en Madrid. Y si el toro pesa cien kilos menos y está menos rematado ME RESULTA INDIFERENTE, ME DA IGUAL, CREO QUE ES IRRELEVANTE, ME TOCA LOS COJONES, ME LA BUFA, ME LA TRAE AL FRESCO, NO ME IMPORTA,... Vamos, que yo lo que quiero es ver torear a Morante y al Juli y a Perera y a Cayetano y a Castella y a Talavante y a Luque y al Cid,... Quiero ver TOREAR.
Obviamente esto no quiere decir que me dé igual que el toro salga afeitado o que sea una vaquilla, pero entre lo que sale por la puerte de toriles en Madrid y una vaquilla hay trescientos o cuatrocientos kilos de diferencia. Con tal de que salieran toros como los que salían en los años cuarenta o cincuenta (ahí están los vídeos) me conformo. No necesito más.
Sobre la corrida en sí, sólo un par de líneas. El Juli hizo una faena inteligentísima al primero, un toro de La Quinta con clase aunque sin excesiva fuerza. Primero lo consintió y acompañó las embestidas y luego le plantó cara, le atacó, en una serie grandiosa. Mató mal, pero la faena fue muy buena. El cuarto era soso hasta hartarse, y estuvo aseado, haciéndolo todo bien, pero sin transmisión ninguna. Mató mal a los dos toros (varios pinchazos y muchos descabellos infructuosos en su primero, en contra de lo que suele ser habitual en él).
Perera no acabó de romper con ninguno de sus toros. El primero fue muy flojo (se cayó varias veces) y soso; no había mucho que hacer. En el quinto, sin embargo, el toro le tocó mucho los engaños; es cierto que el toro no era fácil y se defendía, pero quedaba la sensación de que en otro momento Perera hubiera resuelto con más facilidad la situación.
Y Cayetano estuvo desdibujado, citando en general fuera de sitio, sin acomplarse con sus toros. En el primero se intuyó que la faena pudo ser más importante porque el toro se movía y venía de lejos, sin mucha transmisión pero venía, pero la colocación y el trazo no fueron buenos. En el sexto, la impresentable actitud de los mismos imbéciles de siempre (o sea, del 7) con "olés" de guasa acompañaron una faena en la que lo intentó con seriedad, pero no consiguió sentirse a gusto.
Cada cual tendrá su diagnóstico, pero para mí que la culpa la tienen los que tienen la "pureza" y el "toro" siempre en la boca. Los mismos que sólo la usan para criticar a los toreros. ¿Por qué no se quedan en su casa? ¡Qué cruz, Díos mío, qué cruz!
martes, 25 de mayo de 2010
Presentación de "Plaza de Toros" en Cáceres
El próximo domingo 30 de mayo a las 13.30h, coincidienco con las ferias y fiestas de San Fernando en Cáceres, se presentará en el Hotel Extremadura nuestra "Plaza de Toros".
El libro estará disponible en esas fechas en las librerías de la ciudad y se podrá adquirir en el transcurso del acto.
La presentación oficial a los medios organizada por la editorial la Isla de Siltolá tendrá lugar el 10 de Junio en Espartinas. Sea en Sevilla, sea en Cáceres o en ambas plazas, allí os espero amigos.
¡Va por vosotros!
El libro estará disponible en esas fechas en las librerías de la ciudad y se podrá adquirir en el transcurso del acto.
La presentación oficial a los medios organizada por la editorial la Isla de Siltolá tendrá lugar el 10 de Junio en Espartinas. Sea en Sevilla, sea en Cáceres o en ambas plazas, allí os espero amigos.
¡Va por vosotros!
Vivo del toro: 75 minutos
Por su carácter divulgativo el siguiente reportaje es excepcional y un modelo de cómo deben hacerse las cosas para explicar la fiesta de los toros.
75 MINUTOS: VIVO DE LOS TOROS. CANAL SUR. PINCHAR AQUÍ
A lo largo de 75 minutos se explica, en estilo directo y desenfadado, el toreo en todos sus estamentos, desde quien fabrica el pienso a quien vende las almohadillas.
200.000 personas, se dice, viven de la "industria" del toro.
Está claro que el reportaje revela las carencias del sector, pero por eso es más necesario, para que se vea la precariedad de lo que a veces se cuestiona por desconocimiento.
Hoy el maestro Esplá nos ha comentado en Sevilla cómo la excelencia cultural fue el camino para engrandecer la feria de Nimes.
Convertir en excelentes todos y cada uno de los sectores que se repasan en este reportaje debe ser el esfuerzo en el que todos nos debemos comprometer.
Aunque el dinero lo mancha todo, la realidad del toreo es la de un milagro del amor, ¿a qué? A bailar al filo de la muerte y poner en ese filo lo más.
Las impactantes imágenes del otro día pueden encontrar en este documental un contrapunto amable, para quienes aún no hayan desarrollado la sensibilidad para apreciar una faena grandiosa.
Si estará bien hecho que en el vídeo están bien hasta Jesulín de Ubrique, José Antonio Padilla y aun la Duquesa de Alba que ya es decir.
El compromiso de Andalucía y de otras comunidades como Castilla La Mancha o Extremadura con la fiesta es evidente y digno de elogio [más allá de la cuestionable calidad de algunas retransmisones], lo que no se entiende es que no sea así para el que dicen que manda, claro que así le ha ido.
75 MINUTOS: VIVO DE LOS TOROS. CANAL SUR. PINCHAR AQUÍ
A lo largo de 75 minutos se explica, en estilo directo y desenfadado, el toreo en todos sus estamentos, desde quien fabrica el pienso a quien vende las almohadillas.
200.000 personas, se dice, viven de la "industria" del toro.
Está claro que el reportaje revela las carencias del sector, pero por eso es más necesario, para que se vea la precariedad de lo que a veces se cuestiona por desconocimiento.
Hoy el maestro Esplá nos ha comentado en Sevilla cómo la excelencia cultural fue el camino para engrandecer la feria de Nimes.
Convertir en excelentes todos y cada uno de los sectores que se repasan en este reportaje debe ser el esfuerzo en el que todos nos debemos comprometer.
Aunque el dinero lo mancha todo, la realidad del toreo es la de un milagro del amor, ¿a qué? A bailar al filo de la muerte y poner en ese filo lo más.
Las impactantes imágenes del otro día pueden encontrar en este documental un contrapunto amable, para quienes aún no hayan desarrollado la sensibilidad para apreciar una faena grandiosa.
Si estará bien hecho que en el vídeo están bien hasta Jesulín de Ubrique, José Antonio Padilla y aun la Duquesa de Alba que ya es decir.
El compromiso de Andalucía y de otras comunidades como Castilla La Mancha o Extremadura con la fiesta es evidente y digno de elogio [más allá de la cuestionable calidad de algunas retransmisones], lo que no se entiende es que no sea así para el que dicen que manda, claro que así le ha ido.
lunes, 24 de mayo de 2010
Madrid (24 de mayo de 2010) - ¿Y la garra?
La novillada de Guadaira ha tenido, sobre todo, movilidad. Pero en contra de lo que algunos han querido ver, para mí no ha tenido verdadera clase de la buena ni, salvo el tercero, transmisión.
Pero, para ser honestos, los tres novilleros tampoco han estado "en novilleros". Han estado dispuestos, han mostrado su técnica y, alguno, ha dejado apuntes de cierto interés artístico (sólo apuntes, esbozos más que sutiles). Pero les ha faltado garra, decisión, quererse comer el mundo, estar caninos y demostrarlo de verdad. Uno puede perdonar a los novilleros casi todo menos el conformismo. Y algo de eso ha habido hoy. Como digo, ganas sí ha habido, pero ganas metódicas, frías, sin apabullar. Muy poco toreo, por ejemplo, con el capote y lo que hubo, deslabazado.
Arturo Saldívar tuvo un primero soso, pero también él toreó sin alma, sin rotundidad. No era un toro de triunfo, pero podía haber intentado estar de forma que en el tendido sintiéramos que hacer algo de importancia era, para él, lo único importante del universo mundo. Y eso no fue. La faena al cuarto la empezó dándole distancia, el toro se venía y fue acompañando la embestida, sin poderle. Creció en intensidad al natural, pero le costaba quedarse quieto, aguantarle, llevarle toreado hasta el final,... Es cierto que el toro se coló y que no tenía gran transmisión, pero apostar un punto más hubiera sido de agradecer. Muy buena estocada.
Casares en el segundo demostró que sabe estar delante de los toros. Le dio series con ambas manos y hubo enganchones. Pero, sobre todo, hubo mucha frialdad, mucho pase técnico, pero sin romperse. Parecía una labor mecánica. No sé si por el novillero o por los que estábamos sentados en el sentido, pero aquello no llegaba de ningún modo. En el quinto más de mismo, con la diferencia de que este novillo tenía más guasa, porque por el lado derecho iba a su aire y por el izquierdo se defendía. El novillero estuvo seguro y valiente. Que no es poco, pero no es suficiente.
A escribano le tocó el novillo con más transmisión: el tercero. Pero creo que es un animal que ha confundido a algunos. Es cierto que Escribano no siempre estuvo colocado, pero no lo es menos que el toro se iba después de cada pase, que no se volvía a repetir. Tal vez por eso lo mejor de la faena llegó al final, en las últimas series, donde todo se hizo más cerca, en menos sitio. Con el sexto puso voluntad, que es lo único que pudo hacer con un novillo sin clase, que no servía y que le buscaba con frecuencia.
Novillada sin mucha historia que contar pero, al menos, sin la sensación de miedo que, cuentan, dejó la del lunes anterior.
Pero, para ser honestos, los tres novilleros tampoco han estado "en novilleros". Han estado dispuestos, han mostrado su técnica y, alguno, ha dejado apuntes de cierto interés artístico (sólo apuntes, esbozos más que sutiles). Pero les ha faltado garra, decisión, quererse comer el mundo, estar caninos y demostrarlo de verdad. Uno puede perdonar a los novilleros casi todo menos el conformismo. Y algo de eso ha habido hoy. Como digo, ganas sí ha habido, pero ganas metódicas, frías, sin apabullar. Muy poco toreo, por ejemplo, con el capote y lo que hubo, deslabazado.
Arturo Saldívar tuvo un primero soso, pero también él toreó sin alma, sin rotundidad. No era un toro de triunfo, pero podía haber intentado estar de forma que en el tendido sintiéramos que hacer algo de importancia era, para él, lo único importante del universo mundo. Y eso no fue. La faena al cuarto la empezó dándole distancia, el toro se venía y fue acompañando la embestida, sin poderle. Creció en intensidad al natural, pero le costaba quedarse quieto, aguantarle, llevarle toreado hasta el final,... Es cierto que el toro se coló y que no tenía gran transmisión, pero apostar un punto más hubiera sido de agradecer. Muy buena estocada.
Casares en el segundo demostró que sabe estar delante de los toros. Le dio series con ambas manos y hubo enganchones. Pero, sobre todo, hubo mucha frialdad, mucho pase técnico, pero sin romperse. Parecía una labor mecánica. No sé si por el novillero o por los que estábamos sentados en el sentido, pero aquello no llegaba de ningún modo. En el quinto más de mismo, con la diferencia de que este novillo tenía más guasa, porque por el lado derecho iba a su aire y por el izquierdo se defendía. El novillero estuvo seguro y valiente. Que no es poco, pero no es suficiente.
A escribano le tocó el novillo con más transmisión: el tercero. Pero creo que es un animal que ha confundido a algunos. Es cierto que Escribano no siempre estuvo colocado, pero no lo es menos que el toro se iba después de cada pase, que no se volvía a repetir. Tal vez por eso lo mejor de la faena llegó al final, en las últimas series, donde todo se hizo más cerca, en menos sitio. Con el sexto puso voluntad, que es lo único que pudo hacer con un novillo sin clase, que no servía y que le buscaba con frecuencia.
Novillada sin mucha historia que contar pero, al menos, sin la sensación de miedo que, cuentan, dejó la del lunes anterior.
Bilbao (23 de mayo de 2010) - Muy poco
La tarde se había organizado con JT como aliciente en un enfrentamiento ilusionante con Manzanares y un veterano Fundi abriendo cartel. De todo aquello sólo quedaron los toros de Cuvillo (y no todo, uno se lastimó en el enchiqueramiento y hubo que remendar la corrida con uno de Ortigao Costa) y el Fundi, que compartía cartel con castella y Perera, lidiándose en cuarto lugar un toro a caballo por Pablo Hermoso de Mendoza.
Los toros de Cuvillo salieron nobles, muy nobles, y algo flojos. Pero tengo para mí que algo más se les debería haber sacado.
El Fundi, con el soso de Ortigao que abrió plaza, no consiguió sacar nada que ilusionara a los tendidos. En el quinto tampoco hubo colocación en los cites ni profundidad en el trazo, dejando otra faena sin apenas argumentos.
Castella, en el segundo, dio dos series buenas y luego, con el toro quedándose más corto, tampoco supo sobreponerse y conseguir transmitir algo más que tesón y ganas. En el sexto cortó una oreja más por el toreo final de cercanías (levantó al público de sus asientos con dos circulares invertidos) y por el espadazo de efecto fulminante que por las tandas de un toreo bueno, pero mecánico e insustancial.
Y Perera mostró que está muy dispuesto, pero que le falta claridad y sitio. En el tercero estuvo mejor, mucho mejor, cuando citó al toro de lejos y le embarcó en buenas series por el lado derecho que cuando acortó las distancias y trató de hacerle faena de cercanías a un toro que le había respondido más con más sitio. En el último de la tarde dio nuevas muestras de su buen toreo, un toreo al que, misteriosamente, casi siempre está últimamente le falta el alma. ¡Ojalá podamos verle pronto recuperado de sus demonios!
Pablo Hermoso de Mendoza demostró su genial dominio de las monturas y de un modo de citar y templar a los toros con el caballo que hace unos pocos años hubiera sido impensable. Muy bien algunos quiebros clavando en el estribo y galopadas tirando del toro con la grupa. Una faena emocionante que gustó mucho al público. Una pena que mata mal, trasero, después de un pinchazo.
Los toros de Cuvillo salieron nobles, muy nobles, y algo flojos. Pero tengo para mí que algo más se les debería haber sacado.
El Fundi, con el soso de Ortigao que abrió plaza, no consiguió sacar nada que ilusionara a los tendidos. En el quinto tampoco hubo colocación en los cites ni profundidad en el trazo, dejando otra faena sin apenas argumentos.
Castella, en el segundo, dio dos series buenas y luego, con el toro quedándose más corto, tampoco supo sobreponerse y conseguir transmitir algo más que tesón y ganas. En el sexto cortó una oreja más por el toreo final de cercanías (levantó al público de sus asientos con dos circulares invertidos) y por el espadazo de efecto fulminante que por las tandas de un toreo bueno, pero mecánico e insustancial.
Y Perera mostró que está muy dispuesto, pero que le falta claridad y sitio. En el tercero estuvo mejor, mucho mejor, cuando citó al toro de lejos y le embarcó en buenas series por el lado derecho que cuando acortó las distancias y trató de hacerle faena de cercanías a un toro que le había respondido más con más sitio. En el último de la tarde dio nuevas muestras de su buen toreo, un toreo al que, misteriosamente, casi siempre está últimamente le falta el alma. ¡Ojalá podamos verle pronto recuperado de sus demonios!
Pablo Hermoso de Mendoza demostró su genial dominio de las monturas y de un modo de citar y templar a los toros con el caballo que hace unos pocos años hubiera sido impensable. Muy bien algunos quiebros clavando en el estribo y galopadas tirando del toro con la grupa. Una faena emocionante que gustó mucho al público. Una pena que mata mal, trasero, después de un pinchazo.
domingo, 23 de mayo de 2010
Bilbao (22 de mayo de 2010) - La casta no es esto
Me habían invitado a venir a Bilbao a los actos del centenario del Club Cocherito cuando se anunció José Tomás. Después de la tragedia de Aguascalientes me comentaron la posibilidad de dejarlo para otra ocasión, pero respondí que aunque inicialmente la convocatoria era para ver al de Galapagar, aquí estaría igualmente para conocer una plaza y una afición que siempre me han atraido. Y para honrar también, modestamente, viniendo en peregrinación, a este Club Taurino que demuestra en su quehacer por qué la de toros es, como dijo Federico, la fiesta más culta del mundo.
La plaza de Vistalegre es cómoda en sus asientos y en sus accesos. Y todo lo que concierne a la llegada a la plaza y a los prolegómenos de la corrida (una bebida, una almohadilla, etc.) está organizado con una meticulosidad que se agradece. Sólo una pega: la gente se mueve de sus asientos durante la lidia con total impunidad y molestando muchas veces a vecinos de tendido y al propio desarrollo de la lidia. Y una curiosidad: si visto por televisión impresiona, ver en directo ese ruedo de arena negra es realmente llamativo.
Por lo que respecta a la corrida del sábado, por desgracia, muy poco (bueno) que decir. Los toros de Palha no tuvieron casta ninguna y varios de ellos tenían una presentación escasa, no de pitones pero si de remate y cuajo. Ninguno rompió a bueno y varios tuvieron un comportamiento que, aunque peligroso, ni dejó estar a los toreros ni transmitió a los tendidos otra cosa que aburrimiento.
Con este material, Lupi, a caballo (toda una novedad lidiar un toro de esta ganadería para rejones), no estuvo del todo confiado. Quebró bien en alguno de los encuentros, pero otras veces le costó colocar al toro para hacer las suertes, clavó a la grupa,... Y, sobre todo, se eternizó con el rejón de muerte, teniendo que ser ayudado por el subalterno para colocar el toro en suerte.
Víctor Mendes (un gran gesto el suyo de anunciarse con la ganadería de su amigo Folque y otro del Club Cocherito por el aurresku que le dedicaron antes de hacer el paseíllo) lo intentó todo con un toro que no se movió y cuando lo hizo fue a arreones. Lo mejor, la disposición, el galleo para colocar el toro en suerte y esa forma de interpretar la suerte de banderillas (el primer par) que me condujo a los años de mis primeros recuerdos en lo taurino con Paquirri, Soro,...
Padilla pone garra aunque no la tengan los toros. Y eso hizo. Aunque toreo pausado y hondo no hubo. El toro no lo permitía y no sabemos hasta dónde Padilla lo interpreta (no coincidimos mucho en el circuito que hacemos él como matador y yo como aficionado). Hubo medios pases y un farol lucido. Poco más.
Rafaelillo hizo una faena sobre los pies a un Palha correoso y que sí transmitió su dosis de peligro. Nos queda la duda de si hubiera podido hacer algo más de haberse colocado al pitón contrario tratando de quedarse quieto después de cada pase. Difícil saber desde el tendido si era posible hacerlo.
Bolívar puso mucha intensidad en su faena y dio sitio al toro. Dos tandas con la derecho fue de lo mejor estéticamente de la tarde, junto con los naturales de Fandiño. Estocada impresionante.
Fandiño recibió bien de capa a su oponente y, con la muleta en la diestra poco pudo hacer más que acompañar lo que era paseo del toro y no embestida. El burel que quedó corto después de la segunda tanda y al poco se paró por ese lado. Fue entonces cuando se echó la muleta a la izquierda y sacó tres o cuatro naturales lentos, de uno en uno con bastante gusto. Una pena la sosería del toro, porque Iván estuvo realmente inspirado en esos pases. Mató mal.
Un detalle magnífico fue el programa editado para el Centenario que estaba colocado en cada asiento de la Plaza y que contenía reseñas muy interesantes de cada torero y ganadería de las que lidian estos dos días, de Bilbao y del Club Cocherito escritas cada una por un crítico, aficionado o profesional taurino diferente. Un detalle más que agradecer y que muestra cómo se pueden hacer las cosas de forma diferente a como acostumbran la mayoría de los taurinos. Si luego además los toros colaboran esto sabe a Gloria...
(Por cierto, tanto en el restaurante donde comí como en el de la cena había en la mesa contigua gente hablando de toros, varios de ellos foráneos. ¿Es o no importante la Fiesta en lo económico? ¿Ayuda o no al turismo en unos años en que lo tiene tan difícil?)
La plaza de Vistalegre es cómoda en sus asientos y en sus accesos. Y todo lo que concierne a la llegada a la plaza y a los prolegómenos de la corrida (una bebida, una almohadilla, etc.) está organizado con una meticulosidad que se agradece. Sólo una pega: la gente se mueve de sus asientos durante la lidia con total impunidad y molestando muchas veces a vecinos de tendido y al propio desarrollo de la lidia. Y una curiosidad: si visto por televisión impresiona, ver en directo ese ruedo de arena negra es realmente llamativo.
Por lo que respecta a la corrida del sábado, por desgracia, muy poco (bueno) que decir. Los toros de Palha no tuvieron casta ninguna y varios de ellos tenían una presentación escasa, no de pitones pero si de remate y cuajo. Ninguno rompió a bueno y varios tuvieron un comportamiento que, aunque peligroso, ni dejó estar a los toreros ni transmitió a los tendidos otra cosa que aburrimiento.
Con este material, Lupi, a caballo (toda una novedad lidiar un toro de esta ganadería para rejones), no estuvo del todo confiado. Quebró bien en alguno de los encuentros, pero otras veces le costó colocar al toro para hacer las suertes, clavó a la grupa,... Y, sobre todo, se eternizó con el rejón de muerte, teniendo que ser ayudado por el subalterno para colocar el toro en suerte.
Víctor Mendes (un gran gesto el suyo de anunciarse con la ganadería de su amigo Folque y otro del Club Cocherito por el aurresku que le dedicaron antes de hacer el paseíllo) lo intentó todo con un toro que no se movió y cuando lo hizo fue a arreones. Lo mejor, la disposición, el galleo para colocar el toro en suerte y esa forma de interpretar la suerte de banderillas (el primer par) que me condujo a los años de mis primeros recuerdos en lo taurino con Paquirri, Soro,...
Padilla pone garra aunque no la tengan los toros. Y eso hizo. Aunque toreo pausado y hondo no hubo. El toro no lo permitía y no sabemos hasta dónde Padilla lo interpreta (no coincidimos mucho en el circuito que hacemos él como matador y yo como aficionado). Hubo medios pases y un farol lucido. Poco más.
Rafaelillo hizo una faena sobre los pies a un Palha correoso y que sí transmitió su dosis de peligro. Nos queda la duda de si hubiera podido hacer algo más de haberse colocado al pitón contrario tratando de quedarse quieto después de cada pase. Difícil saber desde el tendido si era posible hacerlo.
Bolívar puso mucha intensidad en su faena y dio sitio al toro. Dos tandas con la derecho fue de lo mejor estéticamente de la tarde, junto con los naturales de Fandiño. Estocada impresionante.
Fandiño recibió bien de capa a su oponente y, con la muleta en la diestra poco pudo hacer más que acompañar lo que era paseo del toro y no embestida. El burel que quedó corto después de la segunda tanda y al poco se paró por ese lado. Fue entonces cuando se echó la muleta a la izquierda y sacó tres o cuatro naturales lentos, de uno en uno con bastante gusto. Una pena la sosería del toro, porque Iván estuvo realmente inspirado en esos pases. Mató mal.
Un detalle magnífico fue el programa editado para el Centenario que estaba colocado en cada asiento de la Plaza y que contenía reseñas muy interesantes de cada torero y ganadería de las que lidian estos dos días, de Bilbao y del Club Cocherito escritas cada una por un crítico, aficionado o profesional taurino diferente. Un detalle más que agradecer y que muestra cómo se pueden hacer las cosas de forma diferente a como acostumbran la mayoría de los taurinos. Si luego además los toros colaboran esto sabe a Gloria...
(Por cierto, tanto en el restaurante donde comí como en el de la cena había en la mesa contigua gente hablando de toros, varios de ellos foráneos. ¿Es o no importante la Fiesta en lo económico? ¿Ayuda o no al turismo en unos años en que lo tiene tan difícil?)
Madrid (21 de mayo de 2010) - La tragedia y la catarsis, con perdón
Afortunadamente, desde mi localidad no vi el percance de Aparicio en toda su crudeza. De hecho, comentábamos si le habría herido en la cara o en el pecho. Fue muy poco tiempo, justo después de que Morante dejara una tanda al natural con gusto y lo despachara con una media las nuevas tecnologías nos habían acercado la foto en la que se veía una de las cornadas más horrorosas que habíamos visto en los últimos años. Antes, Aparicio había dejado un recibo con el capote de un gusto extraordinario, con una media desmayada que compendiaba toda una tauromaquia. Como la primera serie de derechazos con su personalísimo gusto. Pero al fin, la coz del toro, el desequilibrio de Aparicio y la cornada certera descompusieron la tarde.
O casi, porque después pudimos ver, como una catarsis cruel, en duelo por el héroe alcanzado por la fiera, un recibo magistral de capote de Morante al tercero de la tarde. Y otro, arrebatado y profundo, al quinto-tris (¡hay que echarle ganas para ir al toro de Mari Carmen Camacho como fue Morante, después de que hubieran echado los dos anteriores para atrás!). Como dos de las verónicas del quite, que justificarían toda una feria y toda una afición.
Y vimos también al Cid recuperar su toreo en el sexto de la tarde. Volver a su mejor cara dando sitio al toro y toreándole con gusto con la derecha (por la izquierda no tenía ni un pase). Y matar como pocas veces le hemos visto. Esperemos que esta faena, esta oreja, le ayuden a coger confianza y a retomar el toreo que tanto nos ha emocionado.
Pero, al fin, había un hombre que estaba siendo operado y cuya tragedia nos rompía el alma. Es difícil sentir sin pudor la belleza cuando has visto cómo un toro le ha organizado aquello a un diestro minutos antes. Muy difícil.
Desde esa misma tarde, el toreo volvia a ser noticia. Noticia cruenta. Con la foto del pitón del toro saliendo por la boca de Aparicio. ¡Ya podrían ocuparse también de la belleza! ¡Ya podrían haber puesto la foto y las imágenes de la media de Aparicio, de las verónicas de Morante, de la faena del Cid! Esta y otras tardes. O, al menos, otras tardes. Que sean también noticia la belleza, la creación y las musas.
¡Cuánto nos queda por ilustrar a quienes no quieren aprender y sólo se regodean en la tragedia y las vísceras! Lo que viene siendo casi todo el periodismo en los últimos años...
O casi, porque después pudimos ver, como una catarsis cruel, en duelo por el héroe alcanzado por la fiera, un recibo magistral de capote de Morante al tercero de la tarde. Y otro, arrebatado y profundo, al quinto-tris (¡hay que echarle ganas para ir al toro de Mari Carmen Camacho como fue Morante, después de que hubieran echado los dos anteriores para atrás!). Como dos de las verónicas del quite, que justificarían toda una feria y toda una afición.
Y vimos también al Cid recuperar su toreo en el sexto de la tarde. Volver a su mejor cara dando sitio al toro y toreándole con gusto con la derecha (por la izquierda no tenía ni un pase). Y matar como pocas veces le hemos visto. Esperemos que esta faena, esta oreja, le ayuden a coger confianza y a retomar el toreo que tanto nos ha emocionado.
Pero, al fin, había un hombre que estaba siendo operado y cuya tragedia nos rompía el alma. Es difícil sentir sin pudor la belleza cuando has visto cómo un toro le ha organizado aquello a un diestro minutos antes. Muy difícil.
Desde esa misma tarde, el toreo volvia a ser noticia. Noticia cruenta. Con la foto del pitón del toro saliendo por la boca de Aparicio. ¡Ya podrían ocuparse también de la belleza! ¡Ya podrían haber puesto la foto y las imágenes de la media de Aparicio, de las verónicas de Morante, de la faena del Cid! Esta y otras tardes. O, al menos, otras tardes. Que sean también noticia la belleza, la creación y las musas.
¡Cuánto nos queda por ilustrar a quienes no quieren aprender y sólo se regodean en la tragedia y las vísceras! Lo que viene siendo casi todo el periodismo en los últimos años...
viernes, 21 de mayo de 2010
Caraduras
No es de recibo que teniendo anunciada la plaza en su web la sustitución de mañana no dejen devolver hoy las entradas. Si somos educados les llamaremos caraduras. Si no, pongas ustedes el calificativo. En todo caso, no son aficionados, son aves de rapiña. Y quienes desde la Administración lo consiente, no les cuento.
Esperemos que en un rato Morante nos haga olvidar cómo nos tratan los que se lucran como sanguijuelas de nuestra afición y de los sueños y la sangre de tanto torero modesto.
Esperemos que en un rato Morante nos haga olvidar cómo nos tratan los que se lucran como sanguijuelas de nuestra afición y de los sueños y la sangre de tanto torero modesto.
Madrid (20 de mayo de 2010) - De estúpidos y de ignorantes
En la tarde de ayer Serafín Marín, torero catalán, hizo el paseillo con una barretina y utilizando, en lugar del capote de paseo, una bandera catalana con una leyenda a favor de la libertad. Exactament igual que había hecho el domingo anterior en la plaza de toros de Barcelona. Y resulta que algunos (no pocos) comenzaron a pitarle con aversión, mientras otro sector de la plaza, que fue creciendo en número, le aplaudíamos con fuerza.
No sé si quienes le pitaron, como decían algunos, era porque no habían "entendido el gesto" (la ignorancia, entonces, en el seguimiento de la afición es manifiesta), si es que estéticamente le parecía "feo" o si es que, como dicen otros, hay quienes todavía no pueden ver una bandera autonómica, sobre todo si es la catalana. No lo sé y me da lo mismo. En una situación como esta, el gesto de Marín hay que alabarlo y aplaudirlo. Con auténtica veneración. Y quienes pitaron estaban pitando contra los toros y contra la libertad. Lo supieran o no. También muchos, con su ignorancia, han colaborado en el mantenimiento de regímenes totalitarios. Y no por su estupidez eran menos culpables.
Con gestos como estos se te corta el cuerpo y lo que te sale es mandarlo todo a la mierda. Pero seguimos en la corrida.
Los toros de Baltasar Ibán salieron sosos, diciendo poco. Lo mejor, el pitón izquierdo del segundo, al que Marín sólo entendió en una gran serie. El resto de la faena, tuvo altibajos.
Eugenio de Mora dio dos estocadas soberbias (la del cuarto absolutamente extraordinaria). Pero poco más.
Serafín Marín en el segundo quede constancia de esa serie al natural. Y el quinto fue un toro muy soso con el que hubo poco que hacer (aunque nos hubiera gustado verle mejor colocado).
Bolívar estuvo muy serio, queriendo, pero falto de colocación y de empaque. Que son imprescindibles siempre, pero más en toros con poca emoción.
Una tarde más, en fin, de decepción por lo que sucedió en el ruedo. Y mucho más aún por cómo estuvo el tendido en el paseillo.
No sé si quienes le pitaron, como decían algunos, era porque no habían "entendido el gesto" (la ignorancia, entonces, en el seguimiento de la afición es manifiesta), si es que estéticamente le parecía "feo" o si es que, como dicen otros, hay quienes todavía no pueden ver una bandera autonómica, sobre todo si es la catalana. No lo sé y me da lo mismo. En una situación como esta, el gesto de Marín hay que alabarlo y aplaudirlo. Con auténtica veneración. Y quienes pitaron estaban pitando contra los toros y contra la libertad. Lo supieran o no. También muchos, con su ignorancia, han colaborado en el mantenimiento de regímenes totalitarios. Y no por su estupidez eran menos culpables.
Con gestos como estos se te corta el cuerpo y lo que te sale es mandarlo todo a la mierda. Pero seguimos en la corrida.
Los toros de Baltasar Ibán salieron sosos, diciendo poco. Lo mejor, el pitón izquierdo del segundo, al que Marín sólo entendió en una gran serie. El resto de la faena, tuvo altibajos.
Eugenio de Mora dio dos estocadas soberbias (la del cuarto absolutamente extraordinaria). Pero poco más.
Serafín Marín en el segundo quede constancia de esa serie al natural. Y el quinto fue un toro muy soso con el que hubo poco que hacer (aunque nos hubiera gustado verle mejor colocado).
Bolívar estuvo muy serio, queriendo, pero falto de colocación y de empaque. Que son imprescindibles siempre, pero más en toros con poca emoción.
Una tarde más, en fin, de decepción por lo que sucedió en el ruedo. Y mucho más aún por cómo estuvo el tendido en el paseillo.
jueves, 20 de mayo de 2010
Madrid (19 de mayo de 2010) - Desacople y conclusiones
Cuvillo echó en Madrid una corrida bien presentada (con la excepción, tal vez, del último) y con un comportamiento alejado de lo que es una corrida fácil y comercial. Aún así hubo toros a los que se les pudieron hacer cosas (los tres primeros) y los toreros no siempre estuvieron acoplados. En otros, las dificultades técnicas impiden saber si habiendo hecho alguna otra cosa se hubieran podido solucionar los cabezazos al final de la embestidas que daban algunos de los animalitos.
Curro Díaz no estuvo bien. No se acopló con el primer toro, un toro al que se le podía (y, en su caso, se debía) haber hecho una faena importante. Entrar en una sustitución por Manzanares exige un plus de decisión y fortaleza que Díaz no demostró. Quedó inédito con el capote y tampoco con la muleta dejó destellos de ese arte que sabemos que tiene. El cuarto tuvo más dificultades y tampoco estuvo el de Linares para complicarse mucho la vida. Lo peor, la fea cornada en la mano que le dio al tratar de descabellarlo. Esperemos que se reponga pronto y que podamos verlo (con otra actitud, con otro resultado) en la corrida que aún le queda en la Feria del Aniversario.
Perera en el segundo hizo una faena con transmisión en la que, además, nos llevamos un susto tremendo en la feísima voltereta que le dieron. Antes había conseguido alguna serie profunda, de buen trazo, entendiendo bien al toro,... El asunto se diluyó cuando se echó la muleta a la izquiera y le dio la voltereta. Al final hubo un serio arrimón, una estoca y una oreja no demasiado rotunda. El quinto fue muy flojo y salvo un lance de recibo y la disposición del torero, no hubo mucho más.
Talavante en el tercero comenzó muy bien la faena, sobre todo en algunos naturalezas de gran trazo. Tuvo un susto mediada la faena que resolvió con inteligencia y un punto de suerte y la faena no acabó de ser rotunda porque el toro no tenía una embestida limpia y no permitían la continuidad necesaria. Hubo petición (a mi juicio, de parecida intensidad a la de Perera), pero no le dieron la oreja. El sexto fue mucho más complicado y el comienzo de faena tuvo muchos enganchones. Con paciencia y técnica, Talavante fue haciendo al toro y pudo sacar un buen par de tandas al final que, sin embargo, no llegaron a conectar del todo. Mató de una estocada casi entera caida.
Por delante fue Joao Moura hijo, a quien no puede ver porque llegué tarde y en eso del acceso a la localidad en esta plaza son gente muy seria.
La tarde, sin llegar a emocionar, nos permite sacar conclusiones. Curro Díaz debe querer más (con su toreo, queriendo, puede tener un hueco claro en el escalafón, pero hay que estar mucho más decidido). Perera está en el camino, por ímpetu y claridad, de volver a sus mejores momento, pero aún le queda un camino por recorrer. Y Talavante también necesita un punto más de decisión y técnica para solucionar los problemas de los toros menos lucidos, pero está avanzando mucho en su sentido estético. Si se acopla con los toros puede dejarnos faenas memorables, como apuntó a principios de temporada en Vistalegre, Olivenza,... Y, además, está matando mejor.
Curro Díaz no estuvo bien. No se acopló con el primer toro, un toro al que se le podía (y, en su caso, se debía) haber hecho una faena importante. Entrar en una sustitución por Manzanares exige un plus de decisión y fortaleza que Díaz no demostró. Quedó inédito con el capote y tampoco con la muleta dejó destellos de ese arte que sabemos que tiene. El cuarto tuvo más dificultades y tampoco estuvo el de Linares para complicarse mucho la vida. Lo peor, la fea cornada en la mano que le dio al tratar de descabellarlo. Esperemos que se reponga pronto y que podamos verlo (con otra actitud, con otro resultado) en la corrida que aún le queda en la Feria del Aniversario.
Perera en el segundo hizo una faena con transmisión en la que, además, nos llevamos un susto tremendo en la feísima voltereta que le dieron. Antes había conseguido alguna serie profunda, de buen trazo, entendiendo bien al toro,... El asunto se diluyó cuando se echó la muleta a la izquiera y le dio la voltereta. Al final hubo un serio arrimón, una estoca y una oreja no demasiado rotunda. El quinto fue muy flojo y salvo un lance de recibo y la disposición del torero, no hubo mucho más.
Talavante en el tercero comenzó muy bien la faena, sobre todo en algunos naturalezas de gran trazo. Tuvo un susto mediada la faena que resolvió con inteligencia y un punto de suerte y la faena no acabó de ser rotunda porque el toro no tenía una embestida limpia y no permitían la continuidad necesaria. Hubo petición (a mi juicio, de parecida intensidad a la de Perera), pero no le dieron la oreja. El sexto fue mucho más complicado y el comienzo de faena tuvo muchos enganchones. Con paciencia y técnica, Talavante fue haciendo al toro y pudo sacar un buen par de tandas al final que, sin embargo, no llegaron a conectar del todo. Mató de una estocada casi entera caida.
Por delante fue Joao Moura hijo, a quien no puede ver porque llegué tarde y en eso del acceso a la localidad en esta plaza son gente muy seria.
La tarde, sin llegar a emocionar, nos permite sacar conclusiones. Curro Díaz debe querer más (con su toreo, queriendo, puede tener un hueco claro en el escalafón, pero hay que estar mucho más decidido). Perera está en el camino, por ímpetu y claridad, de volver a sus mejores momento, pero aún le queda un camino por recorrer. Y Talavante también necesita un punto más de decisión y técnica para solucionar los problemas de los toros menos lucidos, pero está avanzando mucho en su sentido estético. Si se acopla con los toros puede dejarnos faenas memorables, como apuntó a principios de temporada en Vistalegre, Olivenza,... Y, además, está matando mejor.
miércoles, 19 de mayo de 2010
Madrid (18 de mayo de 2010) - Quedarse a medias
Lo de ayer fue quedarse a medias. Porque los toros embistieron, pero a medias. Y los toreros torearon, pero a medias.
Y como resulta que la tauromaquia es una celebración de verdades enteras, cuando las cosas no lo son a carta cabal no funcionan.
A estos toros los mismos toreros (al menos los dos primeros) otra temporada, otra tarde, le hubieran sacado más partido. Porque pasaban, metían la cara y tenían cierta transmisión. Es cierto que alguno se colaba, que en general tuvieron sólo medias embestidas y que no siempre tuvieron la duración y la fortaleza exigida para una plaza como Las Ventas. Pero con animales así, y peores, el Cid y Castella han dado tardes de triunfo.
Sin embargo, el Cid está apagado. Pone voluntad e intenta hacer las cosas. Se le nota un esfuerzo sobrehumano, pero el asunto no acaba de cuajar. Falta algo. Aún así vimos momentos buenos con el capote (como el recibo el primero) y algunas series de interés con la muleta. E incluso con la espada, estuvo acertado en su primero.
Castella está con sitio, pero tengo la sensación de que anda en una extraña búsqueda del sitio para su toreo. En Madrid no gustan las cercanías y él no acaba de sentirse agusto y poder a los toros en distancias mayores. O, al menos, no termina de poderlos y gustarse como se exige en Madrid.
Y luego está Rubén Pinar, un joven torero al que le correspondió el mejor toro de la corrida (el sexto) y que tiene técnica, oficio y ganas. Pero tiene un tipo de toreo, despegado y poco profundo, que no es fácil que llene una plaza como ésta. A ese toro se le debía haber sacado más. Pero no estaban las musas en ello...
NB Después de haber llegado a casa la empresa anunció que Manzanares sería sustituido en la corrida de hoy miércoles 19 por Curro Díaz. Hace falta ser --- (completen a su gusto) para haber retrasado la decisión hasta hoy cuando era algo que se sabía desde hace más de una semana, dificultando todo lo posible el derecho de los aficionados a devolver sus entradas. Que no se preocupen los antitaurinos, los mismos que han llenado sus cuentas corrientes a costa de toreros y aficionados están arruinando la Fiesta.
Y como resulta que la tauromaquia es una celebración de verdades enteras, cuando las cosas no lo son a carta cabal no funcionan.
A estos toros los mismos toreros (al menos los dos primeros) otra temporada, otra tarde, le hubieran sacado más partido. Porque pasaban, metían la cara y tenían cierta transmisión. Es cierto que alguno se colaba, que en general tuvieron sólo medias embestidas y que no siempre tuvieron la duración y la fortaleza exigida para una plaza como Las Ventas. Pero con animales así, y peores, el Cid y Castella han dado tardes de triunfo.
Sin embargo, el Cid está apagado. Pone voluntad e intenta hacer las cosas. Se le nota un esfuerzo sobrehumano, pero el asunto no acaba de cuajar. Falta algo. Aún así vimos momentos buenos con el capote (como el recibo el primero) y algunas series de interés con la muleta. E incluso con la espada, estuvo acertado en su primero.
Castella está con sitio, pero tengo la sensación de que anda en una extraña búsqueda del sitio para su toreo. En Madrid no gustan las cercanías y él no acaba de sentirse agusto y poder a los toros en distancias mayores. O, al menos, no termina de poderlos y gustarse como se exige en Madrid.
Y luego está Rubén Pinar, un joven torero al que le correspondió el mejor toro de la corrida (el sexto) y que tiene técnica, oficio y ganas. Pero tiene un tipo de toreo, despegado y poco profundo, que no es fácil que llene una plaza como ésta. A ese toro se le debía haber sacado más. Pero no estaban las musas en ello...
NB Después de haber llegado a casa la empresa anunció que Manzanares sería sustituido en la corrida de hoy miércoles 19 por Curro Díaz. Hace falta ser --- (completen a su gusto) para haber retrasado la decisión hasta hoy cuando era algo que se sabía desde hace más de una semana, dificultando todo lo posible el derecho de los aficionados a devolver sus entradas. Que no se preocupen los antitaurinos, los mismos que han llenado sus cuentas corrientes a costa de toreros y aficionados están arruinando la Fiesta.
domingo, 16 de mayo de 2010
Madrid (14, 15 y 16 de mayo de 2010) - Yo les cuento...
Llevo tres días de retraso y como pretenda hacer los comentarios con cierto detalle cada vez van a ser más los días que se vayan acumulando. Los Encuentros Internacionales de Derecho Taurino han sido un éxito (ya habrá tiempo de glosarlos), pero es un poco complejo atender a las obligaciones laborales, a las lúdicas, a los Encuentros y al blog. Les resumo, por eso, estos tres últimos festejos en unas pocas pinceladas.
Lo del viernes estuvo francamente mal. Yo pensaba que lo de Alcurrucén iba a embestir, pero salió con muy poco fuelle y escasa casta. Uceda no tuvo enemigos para el triunfo, pero sí para haber estado un poco más puesto y seguro. No pudo ser. El Cid tampoco consiguió entenderse ni con el flojo segundo, ni con el complicado quinto, al que se le dio una lidia pésima (la actitud del matador, acaba pesando en la cuadrilla). Tendero en el tercero toreó demasiado rápido ("eléctrico", decían algunos). En el sexto se puso demasiado encima de un toro que pedía más sitio, pero al menos demostró valor y ganas.
El sábado 15 fue el primer "no hay billetes". Tenía también confianza en Garcigrande (más aún después de que hubiera propiciado el triunfo del día anterior de Castella en Nimes), pero no pudo ser. O no pudo serlo del todo. Juli en el primero (el mejor toro de la corrida) estuvo bien, con algunas series muy rotundas y por bajo. Los imbéciles de siempre (esa insufrible parte del 7 que tan desastrosos son para la fiesta) no pararon de pitarle, decirle cómo tenía que hacer las cosas y bocitoear el disfrute del resto de la plaza. Son tan mezquinos que nos incapaces de sentir placer. Y les jode que otros sí. Por eso tratan de evitarlo a toda costa. Para sobreponerse a eso hace falta ser un superdotado. Como el Juli, sin ir más lejos. Por desgracia, mató mal después de dos pinchazos y el asunto quedó sin premio, aunque no sin el disfrute de haber visto torear. El cuarto era una animal complicado al que el Juli hizo una faena técnica a media altura, sin llegar a romper. Castella tuvo una gran decisión toda la tarde, pero con poco resultado. En el segundo, después de ir haciendo al toro y ejecutar series de cierto interés, demostró una valentía suprema. La faena al quinto no dijo mucho (sobre todo, por los enganchones y por su extensión). Luque también quiso, pero no pudo. Los toros no ayudaban, pero a él le falta la frescura que debía tener un chaval de su edad.
Hoy (día 16) los toros han dado muchas más posibilidades que los días anteriores. Sin ser fáciles, se han desplazado y han metido la cara (algunos, incluso con clase). Frente a ellos, me ha gustado Gabriel Picazo. Es un milagro que un torero como él, con lo poco que lleva toreado, haya conseguido estar como ha estado hoy, que sin ser algo extraordinario, sí ha sido bastante serio y con gusto, haciendo bien las cosas. Emilio de Justo e Israel Lancho han dejado la sensación de que necesitan más rodaje, más forma,... No es fácil que, si vuelven, les salgan toros mejores que los de hoy. Si triunfan aquí es porque ellos hayan aprendido.
(Y mañana me pierdo por razones laborales la novillada de Moreno Silva, que tenía gran interés en ver cómo salía. Suerte a los tres jóvenes que se enfrentan a ella -Paco Chaves, Miguel Hidalgo y Antonio Rosales-).
Lo del viernes estuvo francamente mal. Yo pensaba que lo de Alcurrucén iba a embestir, pero salió con muy poco fuelle y escasa casta. Uceda no tuvo enemigos para el triunfo, pero sí para haber estado un poco más puesto y seguro. No pudo ser. El Cid tampoco consiguió entenderse ni con el flojo segundo, ni con el complicado quinto, al que se le dio una lidia pésima (la actitud del matador, acaba pesando en la cuadrilla). Tendero en el tercero toreó demasiado rápido ("eléctrico", decían algunos). En el sexto se puso demasiado encima de un toro que pedía más sitio, pero al menos demostró valor y ganas.
El sábado 15 fue el primer "no hay billetes". Tenía también confianza en Garcigrande (más aún después de que hubiera propiciado el triunfo del día anterior de Castella en Nimes), pero no pudo ser. O no pudo serlo del todo. Juli en el primero (el mejor toro de la corrida) estuvo bien, con algunas series muy rotundas y por bajo. Los imbéciles de siempre (esa insufrible parte del 7 que tan desastrosos son para la fiesta) no pararon de pitarle, decirle cómo tenía que hacer las cosas y bocitoear el disfrute del resto de la plaza. Son tan mezquinos que nos incapaces de sentir placer. Y les jode que otros sí. Por eso tratan de evitarlo a toda costa. Para sobreponerse a eso hace falta ser un superdotado. Como el Juli, sin ir más lejos. Por desgracia, mató mal después de dos pinchazos y el asunto quedó sin premio, aunque no sin el disfrute de haber visto torear. El cuarto era una animal complicado al que el Juli hizo una faena técnica a media altura, sin llegar a romper. Castella tuvo una gran decisión toda la tarde, pero con poco resultado. En el segundo, después de ir haciendo al toro y ejecutar series de cierto interés, demostró una valentía suprema. La faena al quinto no dijo mucho (sobre todo, por los enganchones y por su extensión). Luque también quiso, pero no pudo. Los toros no ayudaban, pero a él le falta la frescura que debía tener un chaval de su edad.
Hoy (día 16) los toros han dado muchas más posibilidades que los días anteriores. Sin ser fáciles, se han desplazado y han metido la cara (algunos, incluso con clase). Frente a ellos, me ha gustado Gabriel Picazo. Es un milagro que un torero como él, con lo poco que lleva toreado, haya conseguido estar como ha estado hoy, que sin ser algo extraordinario, sí ha sido bastante serio y con gusto, haciendo bien las cosas. Emilio de Justo e Israel Lancho han dejado la sensación de que necesitan más rodaje, más forma,... No es fácil que, si vuelven, les salgan toros mejores que los de hoy. Si triunfan aquí es porque ellos hayan aprendido.
(Y mañana me pierdo por razones laborales la novillada de Moreno Silva, que tenía gran interés en ver cómo salía. Suerte a los tres jóvenes que se enfrentan a ella -Paco Chaves, Miguel Hidalgo y Antonio Rosales-).
jueves, 13 de mayo de 2010
Madrid (13 de mayo de 2010) - Sin muchas palabras
Ayer me pongan ustedes otra falta. Me perdí a Leonardo Hernández, que creo que estuvo muy bien. A cambio, la salud no se resintió aún más, porque creo que hizo un frío de morirse.
Lo de hoy, mejor lo resumimos con brevedad.
Los toros han salido manifiestamente descastados y sosos. Y los toreros no han tenido casi nada que decir. Aún así, hay matices. José Manuel Mas, que tomaba la alternativa, ha estado muy dispuesto toda la tarde, queriendo hacer las cosas, aunque a veces algo embarullado y un tanto fuera de sitio. Estos errores pueden arreglarse si la disposición permanece. Esperemos que haya empresas que se acuerden de él.
Urdiales ha estado también muy animoso y ha tenido, probablemente, los momentos (pocos) más lucidos de la tarde, tratando de poner en su toreo algo de profundidad y de hondura. No es un torero de pellizco, pero se le ha visto queriendo torear con gusto.
Tejela, sin embargo, parece más acomodado, sin el ímpetu del recién llegado, ni la decisión de quien quiere buscar un hueco importante entre los de arriba, estar en las ferias. Se le nota que ha matado muchos toros, pero no dice mucho más. A mi juicio, en el tercero, si se hubiera puesto a torear bien colocado y sin probaturas desde el principio, podría haber sacado dos o tres tandas. Luego, el toro se ha acabado, pero esas iniciales se han desperdiciado.
El público sale aburrido una tarde más. ¡Qué difícil sería hacerse aficionado en Madrid!
(Por cierto, en el último par de banderillas del primero, el toro ha dado un golpe en el ojo al banderillero. Al finalizar el tercio, Tejela ha entrado en el callejón a interesarse por la gravedad del asunto y, como estaban esperando por él para comenzar la ceremonia de la alternativa, gran parte de la plaza se ha puesto a pitarle para que fuera rápidamente. Creo que la gente ha perdido el norte. En casos como este, ¿no es más importante saber cómo está el banderillero? ¿no puede darse la alternativa sin el testigo -hasta hace no mucho, de hecho, no había testigos en la ceremonia-? ¡Qué poca sensibilidad tiene algunos!)
Lo de hoy, mejor lo resumimos con brevedad.
Los toros han salido manifiestamente descastados y sosos. Y los toreros no han tenido casi nada que decir. Aún así, hay matices. José Manuel Mas, que tomaba la alternativa, ha estado muy dispuesto toda la tarde, queriendo hacer las cosas, aunque a veces algo embarullado y un tanto fuera de sitio. Estos errores pueden arreglarse si la disposición permanece. Esperemos que haya empresas que se acuerden de él.
Urdiales ha estado también muy animoso y ha tenido, probablemente, los momentos (pocos) más lucidos de la tarde, tratando de poner en su toreo algo de profundidad y de hondura. No es un torero de pellizco, pero se le ha visto queriendo torear con gusto.
Tejela, sin embargo, parece más acomodado, sin el ímpetu del recién llegado, ni la decisión de quien quiere buscar un hueco importante entre los de arriba, estar en las ferias. Se le nota que ha matado muchos toros, pero no dice mucho más. A mi juicio, en el tercero, si se hubiera puesto a torear bien colocado y sin probaturas desde el principio, podría haber sacado dos o tres tandas. Luego, el toro se ha acabado, pero esas iniciales se han desperdiciado.
El público sale aburrido una tarde más. ¡Qué difícil sería hacerse aficionado en Madrid!
(Por cierto, en el último par de banderillas del primero, el toro ha dado un golpe en el ojo al banderillero. Al finalizar el tercio, Tejela ha entrado en el callejón a interesarse por la gravedad del asunto y, como estaban esperando por él para comenzar la ceremonia de la alternativa, gran parte de la plaza se ha puesto a pitarle para que fuera rápidamente. Creo que la gente ha perdido el norte. En casos como este, ¿no es más importante saber cómo está el banderillero? ¿no puede darse la alternativa sin el testigo -hasta hace no mucho, de hecho, no había testigos en la ceremonia-? ¡Qué poca sensibilidad tiene algunos!)
martes, 11 de mayo de 2010
Madrid (11 de mayo de 2010) - Como las de antes... y algunos comportamientos que te cortan el alma
Lo primero, un humilde reconocimiento de mis escasas dotes de profeta. No ha llovido. Pese a los presagios de la AEMET, de weather.com, del iphone y de otras variadas formas de acercarse a la meteorología, hoy no ha llovido. Pero ha hecho un frío...
Por lo demás, la corrida ha sido como las de antes. Mala. Como las de antes. Como las de hace diez o quince años que quitaron la afición a José María. Pues de esas. De las que te hacen preguntarte que por qué no te borras de esta afición incómoda y aburrida.
Luego viene Morante y se te pasa. Pero mientras, ¡vaya coñazo!
Para más inquietud, en mis cercanías he escuchado dos arrebatos xenófobos que me han revuelto las tripas. El primero, del acomodador de mi tendido (alto del 6) que cuando ha habido quien ha querido abandonar su localidad a destiempo le ha dicho que no podía hacerlo (se lo ha dicho de forma un poco más brusca, pero bueno, hasta ahí, razonable). Y luego, ha dicho para que los que estábamos por allí pudiéramos escucharlo: "vete a tú país a hacer lo que quieras, aquí se hace lo que decimos nosotros". Tres o cuatro toros después, varias filas atrás discutían sobre la actuación de Arturo Macías en el sexto y un niñato vestido de pijo y con pañuelo en la solapa le ha espetado a un mejicano que parecía bastante aficionado por la claridad y conocimiento de lo que decía: ¡vete a tu país! ¡a ver si ahora vais a venir los mejicanos a decirnos a los españoles cómo se torea! Esto te corta el cuerpo aún más que el frío. Hace falta ser ruin, mala persona, para tener comportamientos como estos.
Por lo demás, la corrida ha sido mala sin paliativos. Sosa, descastada, sin transmisión, floja,... Los toros se defendían, no pasaban, cuando lo hacían no emocionaban lo más mínimo. Ni los del hierro titular (Martelilla-Casa de los Toreros), ni el remiendo de Navalrosal, ni el sobrero de Domínguez Camacho,...
En los toreros, Arturo Macías, que confirmaba alternativa, ha demostrada ganas, muchas ganas, un valor a prueba de voleteretas y riesgo de cornadas y apuntes de buen toreo. Con un toro que meta la cara habrá que ver si tiene la técnica suficiente para acoplarse al toro español. De momento, cornada en Valencia, cornada en Sevilla y voltereta (muy fea) en Madrid. Al menos, se le ve con garra, con ganas de triunfo, que es imprescindible para escalar en el escalafón.
Abellán y César Jiménez no tienen que demostrar que la técnica y el oficio. Se les da por supuesto. Y como no han tenido buenos toros, han estado sin descomponerse delante de ellos. A veces en trasteos más largos e insustanciales, otras veces más cortos si el toro demostraba que no había nada que hacer,... No ha pasado nada. Siguen ahí. Y no creo que sea lo mejor que puede decirse de quienes llevan tantos años de alternativa y no acaban de dar el salto a los primeros puestos. ¿No pueden o es que ya no quieren y les vale torear lo que torean y hacerlo donde lo hacen?
Por cierto, no parece que recibo que cada vez sea más difícil (casi imposible si llegas con menos de quince minutos de anticipación a la plaza) hacerte con un programa. ¿Es así como recortan gastos para pagar el canon? ¡Pues vamos listos!
Por lo demás, la corrida ha sido como las de antes. Mala. Como las de antes. Como las de hace diez o quince años que quitaron la afición a José María. Pues de esas. De las que te hacen preguntarte que por qué no te borras de esta afición incómoda y aburrida.
Luego viene Morante y se te pasa. Pero mientras, ¡vaya coñazo!
Para más inquietud, en mis cercanías he escuchado dos arrebatos xenófobos que me han revuelto las tripas. El primero, del acomodador de mi tendido (alto del 6) que cuando ha habido quien ha querido abandonar su localidad a destiempo le ha dicho que no podía hacerlo (se lo ha dicho de forma un poco más brusca, pero bueno, hasta ahí, razonable). Y luego, ha dicho para que los que estábamos por allí pudiéramos escucharlo: "vete a tú país a hacer lo que quieras, aquí se hace lo que decimos nosotros". Tres o cuatro toros después, varias filas atrás discutían sobre la actuación de Arturo Macías en el sexto y un niñato vestido de pijo y con pañuelo en la solapa le ha espetado a un mejicano que parecía bastante aficionado por la claridad y conocimiento de lo que decía: ¡vete a tu país! ¡a ver si ahora vais a venir los mejicanos a decirnos a los españoles cómo se torea! Esto te corta el cuerpo aún más que el frío. Hace falta ser ruin, mala persona, para tener comportamientos como estos.
Por lo demás, la corrida ha sido mala sin paliativos. Sosa, descastada, sin transmisión, floja,... Los toros se defendían, no pasaban, cuando lo hacían no emocionaban lo más mínimo. Ni los del hierro titular (Martelilla-Casa de los Toreros), ni el remiendo de Navalrosal, ni el sobrero de Domínguez Camacho,...
En los toreros, Arturo Macías, que confirmaba alternativa, ha demostrada ganas, muchas ganas, un valor a prueba de voleteretas y riesgo de cornadas y apuntes de buen toreo. Con un toro que meta la cara habrá que ver si tiene la técnica suficiente para acoplarse al toro español. De momento, cornada en Valencia, cornada en Sevilla y voltereta (muy fea) en Madrid. Al menos, se le ve con garra, con ganas de triunfo, que es imprescindible para escalar en el escalafón.
Abellán y César Jiménez no tienen que demostrar que la técnica y el oficio. Se les da por supuesto. Y como no han tenido buenos toros, han estado sin descomponerse delante de ellos. A veces en trasteos más largos e insustanciales, otras veces más cortos si el toro demostraba que no había nada que hacer,... No ha pasado nada. Siguen ahí. Y no creo que sea lo mejor que puede decirse de quienes llevan tantos años de alternativa y no acaban de dar el salto a los primeros puestos. ¿No pueden o es que ya no quieren y les vale torear lo que torean y hacerlo donde lo hacen?
Por cierto, no parece que recibo que cada vez sea más difícil (casi imposible si llegas con menos de quince minutos de anticipación a la plaza) hacerte con un programa. ¿Es así como recortan gastos para pagar el canon? ¡Pues vamos listos!
lunes, 10 de mayo de 2010
Madrid (10 de mayo de 2010) - Muchas reflexiones
En la novillada de hoy ha habido algo de toreo (sobre todo el de Juan del Álamo en el segundo), pero ha habido muchos elementos para la reflexión antes de la corrida y durante la misma.
Primero, los toreros.
El torero que dice llamarse hoy Tomasito, el que se llamó Thomas Joubert después de haberse llamado en los comienzos también Tomasito, no ha estado muy allá. Los novillos no le han ayudado y la tarde era infame (a eso iremos luego), pero a él le ha faltado sitio y temple. Se ha ido en su primero a Porta Gayola tratando de calentar al público (y falta que hacía), pero luego, la lidia ha resultado deslucida, sin ligazón, con enganchones,... El cuarto era un novillo muy exigente, con el que más que una faena artística podría haberse visto sitio, técnica y decisión, pero no ha habido acople.
Juan del Álamo ha demostrado que está hecho. Ha recibido bien de capa a sus dos novillos (sobre todo al primero) y ha hecho, en el segundo, una faena completa, con series importantes con ambas manos. Quizá ha faltado algo de ajuste, pero la verdad es que se le ha visto muy bien, citando adelante, trayéndose toreado al novillo, vaciando bien la embestida, ligando, bajando la manos,... Si lo único que falla, y no de forma escandalosa, es la colocación, tiene fácil arreglo. Muy bien en ese novillo, al que le ha cortado una oreja. El quinto de la tarde ha sido un toro más exigente, al que le costa pasar, que a veces se revolvía, y del Álamo ha demostrado seguridad en la cara del toro. La faena no ha sido lucida, pero sí muy seria. Ha matado de una gran estocada saliendo volteado de forma aparatosa. Ha habido petición, peor no mayoritaria.
Miguel de Pablos ha demostrado interés, pero se le notaba muy nuevo, muy verde para una plaza como Las Ventas en una tarde de la Feria de San Isidro. Tal vez dentro de un tiempo pueda decir otras cosas, pero por ahora tiene que aprender el oficio.
Y luego las reflexiones y preguntas (algunas, que todas no habría quien las escribiera ni quien las leyese):
1.- En la novillada sólo se han lidiado cuatro novillos del hierro titular. Entre los que han salido dos han sido protestados por falta de cuajo. ¿Podría ser que se hubiera hecho un esfuerzo para que pasaran al menos cuatro y que así los espectadores no tuvieran derecho a devolver las entradas? Si ya se ha visto que tal y como viene el año ganadero los toros están menos rematados, ¿no debería tratarse de que las corridas/novilladas se lidiaran enteras, con lo más parejo que haya, aunque algunos animales no estuvieran del todo rematados? ¿No será mejor que ver corridas "remendadas"?
2.- La tarde ha sido fría, gélida. Y con un viento atroz. ¿Alguna vez se van a plantear buscar mecanismos para cubrir de algún modo la plaza en días como estos -ya sea por frío, ya sea por viento, o más aún cuando hay estos dos elementos-?
3.- Para mañana dan lluvia y más frío. ¿Qué se juegan a que no se suspende salvo que a las siete menos cinco esté cayendo la mundial? ¿Son estas las formas de defender a un "Bien de Interés Cultural"?
4.- Y el miércoles, los rejones, ¿también van a darse con lluvia?
5.- Un tal Francisco Leal es, por lo que parece, el apoderado de Tomasito. Y también miembro de su cuadrilla. La lidia que ha dado al cuarto de la tarde ha propiciado que aquello se convirtiera en una verbena, en una capea auténtica. Su actitud ha sido ridícula y la de quienes se lo han tomado a chiste, infame. Haría bien este señor en dedicarse a los despachos, si es que se le dan bien, y olvidarse de los trastos. Si es que aprecia en algo a Tomasito. Y a los que tanta gracia les ha hecho aquello deberían pensar si ese comportamiento es digno de quienes reivindican la seriedad del toro. A ver si va a resultar que los toros tienen que tener presencia y los cabestros de los tendidos no tiene que tener ni educación. Como cuando se han puesto a cantar lo de la cabra. ¿Es esa la seriedad que reivindican de la plaza? Panda de imbéciles...
Primero, los toreros.
El torero que dice llamarse hoy Tomasito, el que se llamó Thomas Joubert después de haberse llamado en los comienzos también Tomasito, no ha estado muy allá. Los novillos no le han ayudado y la tarde era infame (a eso iremos luego), pero a él le ha faltado sitio y temple. Se ha ido en su primero a Porta Gayola tratando de calentar al público (y falta que hacía), pero luego, la lidia ha resultado deslucida, sin ligazón, con enganchones,... El cuarto era un novillo muy exigente, con el que más que una faena artística podría haberse visto sitio, técnica y decisión, pero no ha habido acople.
Juan del Álamo ha demostrado que está hecho. Ha recibido bien de capa a sus dos novillos (sobre todo al primero) y ha hecho, en el segundo, una faena completa, con series importantes con ambas manos. Quizá ha faltado algo de ajuste, pero la verdad es que se le ha visto muy bien, citando adelante, trayéndose toreado al novillo, vaciando bien la embestida, ligando, bajando la manos,... Si lo único que falla, y no de forma escandalosa, es la colocación, tiene fácil arreglo. Muy bien en ese novillo, al que le ha cortado una oreja. El quinto de la tarde ha sido un toro más exigente, al que le costa pasar, que a veces se revolvía, y del Álamo ha demostrado seguridad en la cara del toro. La faena no ha sido lucida, pero sí muy seria. Ha matado de una gran estocada saliendo volteado de forma aparatosa. Ha habido petición, peor no mayoritaria.
Miguel de Pablos ha demostrado interés, pero se le notaba muy nuevo, muy verde para una plaza como Las Ventas en una tarde de la Feria de San Isidro. Tal vez dentro de un tiempo pueda decir otras cosas, pero por ahora tiene que aprender el oficio.
Y luego las reflexiones y preguntas (algunas, que todas no habría quien las escribiera ni quien las leyese):
1.- En la novillada sólo se han lidiado cuatro novillos del hierro titular. Entre los que han salido dos han sido protestados por falta de cuajo. ¿Podría ser que se hubiera hecho un esfuerzo para que pasaran al menos cuatro y que así los espectadores no tuvieran derecho a devolver las entradas? Si ya se ha visto que tal y como viene el año ganadero los toros están menos rematados, ¿no debería tratarse de que las corridas/novilladas se lidiaran enteras, con lo más parejo que haya, aunque algunos animales no estuvieran del todo rematados? ¿No será mejor que ver corridas "remendadas"?
2.- La tarde ha sido fría, gélida. Y con un viento atroz. ¿Alguna vez se van a plantear buscar mecanismos para cubrir de algún modo la plaza en días como estos -ya sea por frío, ya sea por viento, o más aún cuando hay estos dos elementos-?
3.- Para mañana dan lluvia y más frío. ¿Qué se juegan a que no se suspende salvo que a las siete menos cinco esté cayendo la mundial? ¿Son estas las formas de defender a un "Bien de Interés Cultural"?
4.- Y el miércoles, los rejones, ¿también van a darse con lluvia?
5.- Un tal Francisco Leal es, por lo que parece, el apoderado de Tomasito. Y también miembro de su cuadrilla. La lidia que ha dado al cuarto de la tarde ha propiciado que aquello se convirtiera en una verbena, en una capea auténtica. Su actitud ha sido ridícula y la de quienes se lo han tomado a chiste, infame. Haría bien este señor en dedicarse a los despachos, si es que se le dan bien, y olvidarse de los trastos. Si es que aprecia en algo a Tomasito. Y a los que tanta gracia les ha hecho aquello deberían pensar si ese comportamiento es digno de quienes reivindican la seriedad del toro. A ver si va a resultar que los toros tienen que tener presencia y los cabestros de los tendidos no tiene que tener ni educación. Como cuando se han puesto a cantar lo de la cabra. ¿Es esa la seriedad que reivindican de la plaza? Panda de imbéciles...
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