Que la tauromaquia no vive uno de sus mejores momentos es algo evidente. Y no tanto porque no haya extraordinarios toreros y grandes ganaderos, sino porque el conjunto de la Fiesta se ha mantenido en la esfera de una organización manifiestamente perezosa y repetitiva que aleja de las Plazas a los más jóvenes y a algunos de sus aficionados más cabales. La presente propuesta de actuaciones no pretende ser un remedio milagroso para la regeneración de la afición, sino un elemento más de un debate que los antitaurinos han obligado a iniciar, pero que puede servir para mucho más que defenderse de las prohibiciones en determinadas regiones de nuestra querida España.
Algunas son del todo utópicas, pero ahí van, por si alguien quiere escucharlas:
Las cinco de los ganaderos
1. Abrir las tientas a los aficionados y a los medios de comunicación y permitir que haya transparencia para que sea posible conocer los criterios de la selección de madres y padres, y sus combinaciones.
2. En las ganaderías que más lidian, apostar en la selección por aportar un punto más de bravura y de emoción que la que consideran que querrán las figuras.
3. Mantener a toda costa los diferentes encastes, y hacer lo posible por demostrar que es posible hacer grandes faenas a toros de los encastes menos demandados por los toreros. También aquí la selección es importante. Muchos de estos encastes dan en un gran porcentaje toros mansurrones y peligrosos, sin interés para el aficionado que no quiere ver en la plaza una lucha a muerte sino una faena artística.
4. Denunciar cualquier exigencia o intento de manipulación de los toros, ya sea en las astas o mediante sustancias que puedan afectar a su comportamiento.
5. Negarse a lidiar corridas diferentes de las que considere deben ir a cada una de las plazas.
Las cinco de los toreros
6. Realizar una campaña acorde con su categoría, que permita la existencia de diferentes circuitos para cada tipo de toreros. Por ejemplo, no torear en plazas de tercera (o torear sólo dos o tres, si hay razones para hacerlo en una plaza concreta) aquellos matadores que toreen más de veinticinco o treinta corridas al año.
7. (Las figuras). Tratar de garantizar, con la indicación de ganaderías y compañeros de terna, que cada tarde se convierta en un acontecimiento. Más aún si se trata de la comparecencia en una plaza relevante. Esto implica renunciar a la comodidad (asumiendo que en el toreo nada es cómodo y siempre existe el riesgo) y apostar por las ganaderías más importantes y los compañeros con los que pueda haber mayor rivalidad.
8. (Las figuras) Ajustar los honorarios para permitir lo indicado en el apartado anterior, siendo especialmente exigentes en materia retributiva cuando puedan garantizar que, fuera de tardes señaladas, pueden llevar mucho público a una plaza.
9. Dignificar con su preparación y actitud cada comparencia en una plaza, significando la seriedad, el rito y el rigor que exige la celebración de una corrida de toros.
10. Permitir medios para hacer llegar a los aficionados y al público en general su opinión, real y sin cortapisas, de sus actuaciones, su visión de la Fiesta, de las ganaderías, de los empresarios, etc.
Las cinco de los empresarios
11. Denunciar todos aquellos Pliegos de condiciones elaborados por Ayuntamientos o Comunidades Autónomas que: (i) no permitan garantizar la celebración de Ferias de primer nivel con honorarios ajustados a la categoría de toreros y ganaderos; o (ii) establezcan la experiencia y/o el canon como criterio/s fundamentales para la elección de los empresarios (en vez de la propuesta de festejos, actividades de promoción, culturales, etc.).
12. Informar de forma transparente de los resultados económicos de la gestión de cada plaza y de cada feria importante, indicando, al menos, el porcentaje de ingresos que suponen las entradas por taquilla, la televisión y otros ingresos (bar, almohadillas, etc.) y el porcentaje de gastos que suponen el canon de la plaza, los honorarios de los toreros, el coste de los toros, la inversión en publicidad, los impuestos y seguridad social, los costes asociados a la celebración del espectáculo (trabajadores, etc.) y su porcentaje de beneficios.
13. Proponer (en aquellos casos en los que esté limitado por los Pliegos de condiciones) y establecer (en aquellos casos en los que puedan hacerlo libremente) diferentes esquemas de precios de las localidades en función del interés del espectáculo.
14. Invertir en publicidad y promoción de los espectáculos y de la Fiesta, creando alrededor de las Ferias actividades que conciten el interés general y fuera de ellas eventos que acerquen el mundo de la tauromaquia a los más jóvenes y a los que habitualmente no acuden a las plazas. Dentro de la promoción se incluye la celebración de novilladas con interés (y con novillos que sean tales, no toracos contra los que estrellar a los chavales).
15. No tener ninguna ganadería, ni apoderar a ningún torero, para evitar tentaciones en la confección de los carteles o intercambios con otros empresarios.
Las cinco de las Administraciones
16. Elaborar Pliegos de Condiciones realistas donde la concesión se realice, exclusivamente, tomando en consideración la propuesta relativa a la Fiesta que realicen los diferentes licitadores (originalidad en la elaboración de los carteles, actividades culturales, promoción, acercamiento a los jóvenes, etc.).
17. Consideración y tratamiento de la Fiesta como actividad cultural y realización y apoyo de la misma similar a la que tienen otras actividades culturales (bibliotecas, cine, pintura, teatro, etc.).
18. Difusión de la tauromaquia como actividad cultural en el proceso educativo de los más jóvenes.
19. Modificación de la normativa taurina existente, de forma que se garantice que el desarrollo artístico del festejo no esté sujeto a reglamentaciones administrativas susceptibles de sanción y que los aspectos precisos para el mantenimiento de la protección de la Fiesta y el orden público son regulados de modo uniforme en toda España.
20. Creación de instituciones que permitan el acercamiento e intercambio cultural entre los distintos países con tradición taurina.
Las cinco de las autoridades (Presidentes y veterinarios)
21. Establecer mecanismos que permitan los reconocimientos en el campo y eviten bailes de corrales o situaciones indignas como las vividas este año en El Puerto de Santa María, Málaga, Sevilla,...
22. Revisión de los criterios que definen el trapío en las plazas de mayor relevancia, permitiendo la lidia de toros más ajustados en peso y presencia, pero más acordes con lo que siempre ha sido la presencia de toros de esos encastes.
23. Entendimiento de que, para la mayoría de los aficionados, lo importante es que el toro se mueva y dé juego para realizar grandes faenas. Y que en el reconocimiento debe valorarse, sobre todo, si eso será posible con los toros presentados o no (hasta donde esto puede valorarse). Pero sin entrar en otras zarandajas.
24. Asunción de que su labor es garantizar el orden público en las plazas, pero que no es ni debe ser de su incumbencia la valoración de los aspectos artísticos de la labor del torero, que es algo que sólo corresponde a la relación del torero con el público.
25. Informar de forma precisa a la finalización de los reconocimientos y de los festejos de cualquier incidencia acaecida y de cualquier intento de influencia por parte de apoderados, toreros, ganaderos, empresarios o aficionados.
Las cinco de los medios de comunicación
26. Eliminar los elementos que puedan condicionar su opinión de toreros, ganaderos o empresarios, o dar cuenta de ellos. Especialmente si lo que sucede es que algún torero no es receptivo a sus llamadas de radio o tv, que algún empresario paga al medio en el que uno trabaja por televisar la feria o paga al periodista por escribir algún artículo, dar alguna conferencia, etc.
27. Tratar de efectuar crónicas y reportajes que acerquen el mundo del toro al gran público, eliminando, hasta donde es posible, el lenguaje para iniciados, y siendo mucho más didácticos en las explicaciones.
28. Tener siempre presente que la verdad es insoslayable. Pero que una perpetua queja de lo aburridos que son todos los festejos, todos los toreros y todas las ganaderías, no es el mejor modo de hacer afición (además de suponer un sufrimiento para quien deba ganarse la vida a costa de tanta inmundicia).
29. Realizar periodismo divulgativo en relación con las ganaderías y con los toreros.
30. Realizar periodismo de denuncia en relación con Administraciones Públicas, presidentes, veterinarios, empresarios, ganaderos, aficionados,… Fomentar con su actuación la transparencia de la organización de la Fiesta.
Las cinco de los aficionados
31. Acudir a la plaza a disfrutar de la Fiesta y con los menores prejuicios posibles respecto a toreros y ganaderías, Juzgar en función de lo que realmente suceda, no de lo que a uno le gustaría que pasara.
32. Reconocer que cada torero tiene su tauromaquia y cada toro su lidia. Y que un solo espectador (o un grupo) no puede imponer con sus gritos o actuaciones un forma concreta de torear, porque puede haber muchos otros espectadores en la plaza que lo que quieren es que el torero cree su obra de arte en libertad, y si existen esos gritos y mofas, esa libertad no puede existir.
33. Recordar siempre que todos los toreros (de oro y de plata) se están jugando permanente la vida en la plaza. Y que necesitan una concentración extrema para desarrollar su labor. Aplaudir o pitar teniendo en cuenta lo anterior.
34. Formar su afición con la lectura de libros y crónicas, con la asistencia a conferencias, charlas y tertulias y con la visión de vídeos de faenas de otras épocas. Acudir, cuando se pueda, a alguna ganadería.
35. Ir a los toros en distintas plazas y ver a diferentes diestros y ganaderías. Como decían los clásicos, el mejor aficionado es aquel al que le caben más toreros en la cabeza.
Y tres comunes para todos
36. Creación de un organismo que agrupe a los diferentes estamentos relacionados con la Fiesta con el objetivo de potenciar su difusión, garantizar su autenticidad y aumentar la afición. Es decir, algo distinto a la Mesa del Toro donde, a pesar de la buena intención de muchos de sus miembros, lo que se trata de garantizar el negocio de los que están, mediante una mesa sectorial, como puede ser la de la aceituna o la del ganado porcino.
37. Institucionalización de unos Premios Anuales de la Tauromaquia, que se concedieran al final de la temporada en una Gala que permitiera difundir de forma general lo mejor de la tauromaquia.
38. Creación de algún mecanismo que permitiera la difusión de los mejores momentos de las grandes faenas de las principales ferias en los espacios informativos de los medios de comunicación, al menos, una vez a la semana con espacios de tres a cinco minutos.
sábado, 30 de octubre de 2010
miércoles, 27 de octubre de 2010
De vuelta - Resumen de noticias y novedades
Hace más de tres semanas que no actualizamos el blog y han pasado tantas cosas que necesitaríamos diez o doce entradas para ponernos al día, pero el ritmo laboral no ha permitido otra cosa.
Trato de apuntar algunas reflexiones de urgencia sobre determinadas cuestiones que han sucedido. Muy escuetas, sólo para dejar anotada la preocupación. Si hay tiempo más adelante, ya profundizaremos.
1.- El traspaso a Cultura. El debate organizado en los medios de comunicación, blogs y tertulias de aficionados ha sido de órdago. Con radicales posiciones a favor y en contra. En general, quienes son contrarios creen que no se arregla nada por ir a Cultura, que los toreros tratan de escapar de la exigencia del Ministerio del Interior y que no es bueno que unos pocos toreros (y, además, las figuras) tomen tanto protagonismo. Los favorables, creen que es un acto de justicia que coloca al toreo en la dependencia administrativa que, como actividad artística, le corresponde, más allá de otras competencias que también existen (bien por haberlas asumido las Comunidades Autónomas, bien por ser funcionalmente atribuibles a otros organismos como el Ministerio de Agricultura).
Mis reflexiones son, sobre todo, tres. La primera, que no puede existir una permanente sospecha sobre los toreros, y menos aun sobre figuras como las que están liderando estas actuaciones. Es una bendición para la Fiesta su protagonismo social. Sí creo, sin embargo, que no tiene ningún sentido hacer un cambio de Ministerio sin saber para qué se hace. Hay que tener claro cuáles son los pasos que hay que dar, en qué orden, y para conseguir qué cosas. Y hay que explicarlos en detalle. Dicho lo cual, creo que el Ministerio de Cultura es quien debe asumir la defensa y promoción de la Fiesta, como hace con el cine o el teatro. Y que el mundo del toro debe organizarse con esquemas similares al de estas actividades para realizar actividades de promoción en las que el Ministerio colabore (vuelvo a los premios anuales, recuerdo la necesidad de dar información en TV, etc.)
2.- El final de la temporada. Que ha sido, en general, poco atractivo, excepción hecha de la maestría demostrada, una vez más, por el Juli. Entre los retos que tiene el mundo del toro (empresarios, ganaderos y toreros) está el de construir una celebración "previsible" en la emoción ética y estética cada tarde. Si no, sí que estamos perdidos.
3.- Lo de Cataluña. Parece que el PP va a presentar un recurso de inconstitucionalidad. Bienvenido sea. Permitirá saber qué piensa el TC, que es quien al fin y al cabo tiene la última palabra en nuestro sistema cuando existan (y en este caso, existen) dudas sobre si una Ley es acorde con nuestra Carta Magna. Es el modo ordenado de hacer las cosas en una democracia. Y no es politizar el asunto. Politizar ha sido llevar a un Parlamento la regulación de las costumbres. Que creo que no es constitucional; pero, sobre todo, es una invasión flagrante en las libertades individuales (lo cual es mucho más peligroso que prohibir veinte o veinticinco corridas de toros).
4.- Las Azores, Sevilla y otros eventos. Se han multiplicado los eventos taurinos. No está mal, pero no hay modo de que ninguno de ellos trascienda al ámbito de los iniciados. Hay que concentrar esfuerzos y mejorar en comunicación. Nos jugamos mucho en ello. Mi enhorabuena a la iniciativa de la Escuela de Madrid (Curso para aficionados) y a la UNED (Curso de Presidentes). La formación siempre ayuda. Y a ver si es verdad lo que han dicho en Las Azores (un toro que dé más emoción, unas ganaderías que se abran más a los aficionados,...).
5.- Plazas y apoderamientos. Con la reducción de festejos y de espectadores, los números empiezan a no cuadrar en muchas plazas y para muchos toreros. Hay empresarios que han renunciado a seguir gestionando plazas y Ayuntamientos que están cambiando los Pliegos (bajando los cánones). Hay que repensar de verdad cómo está organizado esto y cómo debe/puede estarlo.
Podríamos seguir, pero no quiero aburrirles. Sólo algunas noticias de eventos en los que hemos participado últimamente.
El pasado día 17 tueve la ocasión de participar en la tertulia de "El Albero" junto a Joaquín Moeckel, José Luis Moreno-Manzanaro, Víctor Pérez y, por supuesto, Rafael Cabrera, gracias a cuya amable invitación pudimos compartir esas horas intempestivas, pero siempre cálidas cuando la Fiesta está presente. Reconozco que disfruté mucho charlando en las ondas con tan grata compañía sobre algunas de las preocupaciones que venimos exponiendo en el blog desde hace tiempo. Si alguien está interesado, puede descargarse el podcast en la página web www.cope.es.
El pasado día 21 estuve en la Jornada de Defensa de la Fiesta con la que la Universidad CEU inauguraba su X Aula de Tauromaquia. Las reflexiones de los participantes estuvieron muy interesantes y el acto estuvo razonablemente concurrido. Interesante no quiere decir que se comparta en su integridad lo que se dijo. De hecho, creo que en algunos momentos ciertos ganaderos se excedieron en la crítica a otras ganaderías y a las figuras, sin las cuales la Fiesta actualmente no existiría. Pero profundizar en ello exigiría mucho más espacio.
El próximo día 25 de noviembre participo como ponente precisamente en ese Aula de Tauromaquia, en Madrid, con una conferencia titulada "Anecdotario jurídico-taurino". Creo que pasaremos un rato entretenido (se intentará) y aprovecharé para apuntar también algunas de estas reflexiones sobre la Fiesta. Es en la calle Julián Romea de Madrid a las 19:30h.
Y el 27 de noviembre estaré en Logroño para dar también una conferencia taurina en el Otoño Cultural Taurino organizado por la Peña El Quite. El título "La tauromaquia en los Tribunales. Algunas curiosidades del toreo para el derecho". Habrá cosas parecidas a las de Madrid y otras diferentes... Es en el Centro Cultural de Ibercaja, c/ Portales (Logroño) a las 20:00h.
... Y hace ahora justo un año que aparecía en las librerías "La tauromaquia a través de sus conflictos". Muchas gracias a todos los que me han animado por su publicación. Jamás imaginé que me diera tantas alegrías y me permitiera conocer a tanta buena gente.
(De José María Jurado les informo que ha presentado en la Casa del Libro de Sevilla su bellísimo libro de poemas "La Memoria frágil" y que anda también bastante atareado. Aunque seguro que pronto vuelve a dejarnos retazos de su magisterio por aquí. Lo esperamos ansiosos).
Trato de apuntar algunas reflexiones de urgencia sobre determinadas cuestiones que han sucedido. Muy escuetas, sólo para dejar anotada la preocupación. Si hay tiempo más adelante, ya profundizaremos.
1.- El traspaso a Cultura. El debate organizado en los medios de comunicación, blogs y tertulias de aficionados ha sido de órdago. Con radicales posiciones a favor y en contra. En general, quienes son contrarios creen que no se arregla nada por ir a Cultura, que los toreros tratan de escapar de la exigencia del Ministerio del Interior y que no es bueno que unos pocos toreros (y, además, las figuras) tomen tanto protagonismo. Los favorables, creen que es un acto de justicia que coloca al toreo en la dependencia administrativa que, como actividad artística, le corresponde, más allá de otras competencias que también existen (bien por haberlas asumido las Comunidades Autónomas, bien por ser funcionalmente atribuibles a otros organismos como el Ministerio de Agricultura).
Mis reflexiones son, sobre todo, tres. La primera, que no puede existir una permanente sospecha sobre los toreros, y menos aun sobre figuras como las que están liderando estas actuaciones. Es una bendición para la Fiesta su protagonismo social. Sí creo, sin embargo, que no tiene ningún sentido hacer un cambio de Ministerio sin saber para qué se hace. Hay que tener claro cuáles son los pasos que hay que dar, en qué orden, y para conseguir qué cosas. Y hay que explicarlos en detalle. Dicho lo cual, creo que el Ministerio de Cultura es quien debe asumir la defensa y promoción de la Fiesta, como hace con el cine o el teatro. Y que el mundo del toro debe organizarse con esquemas similares al de estas actividades para realizar actividades de promoción en las que el Ministerio colabore (vuelvo a los premios anuales, recuerdo la necesidad de dar información en TV, etc.)
2.- El final de la temporada. Que ha sido, en general, poco atractivo, excepción hecha de la maestría demostrada, una vez más, por el Juli. Entre los retos que tiene el mundo del toro (empresarios, ganaderos y toreros) está el de construir una celebración "previsible" en la emoción ética y estética cada tarde. Si no, sí que estamos perdidos.
3.- Lo de Cataluña. Parece que el PP va a presentar un recurso de inconstitucionalidad. Bienvenido sea. Permitirá saber qué piensa el TC, que es quien al fin y al cabo tiene la última palabra en nuestro sistema cuando existan (y en este caso, existen) dudas sobre si una Ley es acorde con nuestra Carta Magna. Es el modo ordenado de hacer las cosas en una democracia. Y no es politizar el asunto. Politizar ha sido llevar a un Parlamento la regulación de las costumbres. Que creo que no es constitucional; pero, sobre todo, es una invasión flagrante en las libertades individuales (lo cual es mucho más peligroso que prohibir veinte o veinticinco corridas de toros).
4.- Las Azores, Sevilla y otros eventos. Se han multiplicado los eventos taurinos. No está mal, pero no hay modo de que ninguno de ellos trascienda al ámbito de los iniciados. Hay que concentrar esfuerzos y mejorar en comunicación. Nos jugamos mucho en ello. Mi enhorabuena a la iniciativa de la Escuela de Madrid (Curso para aficionados) y a la UNED (Curso de Presidentes). La formación siempre ayuda. Y a ver si es verdad lo que han dicho en Las Azores (un toro que dé más emoción, unas ganaderías que se abran más a los aficionados,...).
5.- Plazas y apoderamientos. Con la reducción de festejos y de espectadores, los números empiezan a no cuadrar en muchas plazas y para muchos toreros. Hay empresarios que han renunciado a seguir gestionando plazas y Ayuntamientos que están cambiando los Pliegos (bajando los cánones). Hay que repensar de verdad cómo está organizado esto y cómo debe/puede estarlo.
Podríamos seguir, pero no quiero aburrirles. Sólo algunas noticias de eventos en los que hemos participado últimamente.
El pasado día 17 tueve la ocasión de participar en la tertulia de "El Albero" junto a Joaquín Moeckel, José Luis Moreno-Manzanaro, Víctor Pérez y, por supuesto, Rafael Cabrera, gracias a cuya amable invitación pudimos compartir esas horas intempestivas, pero siempre cálidas cuando la Fiesta está presente. Reconozco que disfruté mucho charlando en las ondas con tan grata compañía sobre algunas de las preocupaciones que venimos exponiendo en el blog desde hace tiempo. Si alguien está interesado, puede descargarse el podcast en la página web www.cope.es.
El pasado día 21 estuve en la Jornada de Defensa de la Fiesta con la que la Universidad CEU inauguraba su X Aula de Tauromaquia. Las reflexiones de los participantes estuvieron muy interesantes y el acto estuvo razonablemente concurrido. Interesante no quiere decir que se comparta en su integridad lo que se dijo. De hecho, creo que en algunos momentos ciertos ganaderos se excedieron en la crítica a otras ganaderías y a las figuras, sin las cuales la Fiesta actualmente no existiría. Pero profundizar en ello exigiría mucho más espacio.
El próximo día 25 de noviembre participo como ponente precisamente en ese Aula de Tauromaquia, en Madrid, con una conferencia titulada "Anecdotario jurídico-taurino". Creo que pasaremos un rato entretenido (se intentará) y aprovecharé para apuntar también algunas de estas reflexiones sobre la Fiesta. Es en la calle Julián Romea de Madrid a las 19:30h.
Y el 27 de noviembre estaré en Logroño para dar también una conferencia taurina en el Otoño Cultural Taurino organizado por la Peña El Quite. El título "La tauromaquia en los Tribunales. Algunas curiosidades del toreo para el derecho". Habrá cosas parecidas a las de Madrid y otras diferentes... Es en el Centro Cultural de Ibercaja, c/ Portales (Logroño) a las 20:00h.
... Y hace ahora justo un año que aparecía en las librerías "La tauromaquia a través de sus conflictos". Muchas gracias a todos los que me han animado por su publicación. Jamás imaginé que me diera tantas alegrías y me permitiera conocer a tanta buena gente.
(De José María Jurado les informo que ha presentado en la Casa del Libro de Sevilla su bellísimo libro de poemas "La Memoria frágil" y que anda también bastante atareado. Aunque seguro que pronto vuelve a dejarnos retazos de su magisterio por aquí. Lo esperamos ansiosos).
jueves, 7 de octubre de 2010
La tauromaquia como parte del patrimonio cultural
(Es un poco largo -quedan advertidos-. Pero creo que merece la pena)
El pasado día 30 de septiembre tuve ocasión de participar en unas Jornadas organizadas por la Universidad Católica de Valencia, la Diputación de Valencia y la Generalitat valenciana sobre la protección de la tauromaquia en el marco de las competencias autonómicas en materia de protección del patrimonio cultural. Hay que aplaudir iniciativas como estas en las que la Universidad permite un debate sosegado y riguroso sobre la tauromaquia y lo acerca a los más jóvenes (el Aula Magna estaba llena de alumnos de los dos primeros cursos de la Facultad de Derecho). Mucho tiene que ver con esta iniciativa su Decano, José Vicente Morote, gran jurista y muy buen aficionado.
Mi conferencia se titulaba “La Fiesta de los toros como parte del patrimonio cultural”. En primer lugar hice una pequeña exposición sobre cómo la tauromaquia ha dejado de formar parte de la realidad cotidiana de la sociedad, cómo para la mayoría de nuestros conciudadanos la tauromaquia es algo invisible, algo de lo que probablemente no habían oído hablar nunca o lo han hecho escasamente en programas de información general en los últimos cinco o seis años, salvo si se trataba de alguna noticia relativa a José Tomás, como su reaparición o su cogida en Méjico. Este ninguneo sólo se ha roto cuando el debate en el Parlamento catalán lo ha vuelto a sacar a la luz pública y lo ha colocado en el debate social. Explicaba cómo, a mi juicio, esto ha sucedido por la incapacidad que ha tenido el mundo del toro para adaptar sus estructuras y su organización a lo que exige una sociedad compleja y mediática como la actual. Y cómo, para mí, en una sociedad como ésta cada festejo taurino tiene que ser un acontecimiento único por el que merezca la pena dejar casi todo. Y un acontecimiento que rebase los límites de los taurinos de siempre. Sólo de este modo se volverá a tener una repercusión social que se ha perdido, y sin la cual es imposible (o muy difícil al menos) asegurar la pervivencia de la Fiesta en el medio plazo.
Defender la Fiesta de los toros como parte del patrimonio cultural implica, por eso, establecer unos esquemas de organización de la Fiesta coherentes con este planteamiento. Y las Administraciones tienen que tenerlo claro y actuar en consecuencia.
Que la tauromaquia es cultura, es arte, es algo evidente: forma parte de las creaciones simbólicas y rituales que nos identifican. Y este carácter cultural de la tauromaquia no lo niegan, incluso, algunos de los antitaurinos más feroces. Su crítica no se realiza a la belleza que pueden tener ciertos momento de la lidia, sino al hecho (para ellos moralmente inaceptable) de que para esa creación artística se “utilice” a un animal y se le haga sufrir. El debate con los antitaurinos, por tanto, es un debate moral y no tanto un debate estético.
* * * * *
A partir de aquí, mi intervención se centró en cinco puntos. En primer lugar, realicé un breve análisis de lo que supone legalmente en la Comunidad Valenciana y en España el patrimonio cultural. Y, en concreto, el patrimonio cultural inmaterial. Repasando la definición de esta normativa es claro que la Fiesta es parte de este patrimonio cultural (tradiciones, ocio, “conocimientos y actividades que son o han sido expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo español en sus aspectos materiales, sociales o espirituales”, etc.).
Pero lo más curioso es que la definición de la UNESCO del “patrimonio cultural inmaterial” contenida en su Convención de 17 de octubre de 2003 para la Salvaguardia de este Patrimonio Cultural Inmaterial se acomoda perfectamente a la tauromaquia. Dice así:
“se entenderá por ‘patrimonio cultural inmaterial’ los usos, representaciones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentido de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”
Parece hecha específicamente para la Fiesta: celebración de la corrida de toros, con el conocimiento y la técnica precisa que requiere la lidia, junto con el instrumental específico para ello (capotes, muletas, estoques, trajes de luces, montera, castoreño,…), propiciando espacios culturales creados específicamente para su representación como son las Plazas de Toros, reconocida por grupos e individuos (Lorca, Miguel Hernández, Alberti, Hemingway,…) como parte de su cultura, transmitido de generación en generación, permitiendo así interactuar con la naturaleza y con la historia “infundiéndoles un sentido de identidad y continuidad” y constituyendo un elemento básico de diversidad cultural que contribuye de modo excepcional a la creatividad humana en sus más diversas variantes: desde la del propio torero en el ruedo hasta los que confeccionan sus trajes de luces, quienes diseñan las plazas de toros, quienes componen pasodobles, pintan carteles o se recrean en la Fiesta para sus creaciones literarias, pictóricas o escultóricas.
Sólo esto sería ya suficiente. Pero hay en la misma Convención dos elementos más fundamentales. El primero, es que se indica que el único patrimonio cultural digno de tenerse en cuenta es aquel que “que sea compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible”. Es decir, el único límite moral establecido son los “derechos humanos” y el respeto entre las comunidades, grupos e individuos, algo que (obviamente) la tauromaquia respeta. Y, además, el punto 2 del artículo 2 señala que “El ‘patrimonio cultural inmaterial’ (…) se manifiesta en particular en los ámbitos siguientes: a) tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial; b) artes del espectáculo; c) usos sociales, rituales y actos festivos; d) conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo; e) técnicas artesanales tradicionales”. Y en la tauromaquia se dan todos los apartados: expresiones orales y giros prestados al idioma, consideración como “arte del espectáculo”, “uso social, ritual y festivo”, modo de “conocimiento y uso relacionado con la naturaleza” y expresión que permite el mantenimiento de no pocas “técnicas artesanales tradicionales”. Lo tenemos todo.
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Como segundo aspecto, me referí al debate moral sobre la utilización de animales en espectáculos públicos, analizando si esta “utilización” puede suponer que una determinada actividad no pueda ser considerada “cultura” por este motivo.
Y es evidente que no. En primer lugar, porque el único límite (UNESCO dixit) viene establecido por los “derechos humanos”, que nunca se verán afectados por un ritual como la corrida de toros (otras manifestaciones culturales sí pueden hacerlo, y así lo recuerda Savater en “Tauroética” cuando habla de los “castrati”).
Y, además, porque el trato que se le da a los toros durante la lidia no es ni degradante ni indigno, sino un ejemplo de trato ético a los animales, al ser el conforme a su naturaleza, como ha recordado Francis Wolff (“La filosofía de las corridas de toros” o “50 razones para defender la corrida de toros”, entre otras). Además de otras razones que expone Savater (“Tauroética”) o de los estudios del catedrático de la Facultad de Veterinaria de la Complutense de Madrid, D. Juan Carlos Illera en los que ha demostrado que la segregación de inhibidores del dolor durante la lidia por el toro hace que éste “sufra” más en el traslado a la plaza que durante la propia faena en el ruedo.
Por último, y volviendo a la UNESCO, en su página web puede comprobarse que uno de los rituales considerado “patrimonio inmaterial” es el “sanké mon”, un rito de pesca colectiva en una laguna de Mali que se celebra los segundos jueves del séptimo mes lunar y que, según la propia UNESCO, da comienzo con el sacrificio de gallos y cabras y a continuación tiene lugar una pesca colectiva que dura quince horas. Y no es que se deba comparar ese ritual con la tauromaquia, ni los peces, los gallos o las cabras con los toros de lidia, pero sí subrayar que multitud de rituales colectivos tiene en el sacrificio de animales un elemento sustancial y que esto no es obstáculo para su consideración cultural.
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La tercera cuestión a la que me referí fueron las características de la tauromaquia que la hacen formar parte de este patrimonio cultural. Y desde la tauromaquia “en sí”, porque se escuchan con frecuencia argumentos para defender el carácter cultural o artístico de la tauromaquia basados sólo en el modo en que ha servido de inspiración a otras artes “tradicionales”. Y creo que esto es un argumento tramposo. El hecho de que una actividad sirva de inspiración para hacer un gran cuadro no convierte en artístico el motivo de inspiración ni legitima lo que de inmoral pueda tener. Hay cantidad de obras de arte que se han inspirado en verdaderas atrocidades del ser humano que no por ello se convierten en aceptables.
Por eso de lo que se trata es de analizar si la tauromaquia en sí tiene valores que la convierten en una manifestación artística o cultural. Y a mi juicio es evidente que así es. Sobre todo, por concentrar tres de los elementos más genuinos de cualquier creación cultural y artística: el ritual, la liturgia y la estética.
La tauromaquia es, sobre todo, un “ritual”. La corrida de toros es una depuración simbólica de ritos de celebración antiquísimos en el mediterráneo, en el que el toro es un tótem y su muerte es un símbolo sacrificial. Un sacrificio como “ofrenda”, como “comunión” o para la obtención de un favor de la divinidad. (Libros como el de Álvarez de Miranda, de 1962 -“Ritos y Juegos del toro” o el más reciente de Cristina Delgado -“El toro en el mediterráneo”- lo acreditan de forma evidente). En este último, se explican detalladamente los rituales de muerte asociados al toro, el toro como símbolo de fertilidad masculina y del poder telúrico, ritos funerarios asociados con el toro y los juegos del hombre y el toro desde la antigüedad. En la lidia convencional actual del toro no queda casi nada de aquellos juegos lúdicos de la antigüedad. Pero esto es precisamente lo que hace más grande a lo taurino, que ha sido capaz de mantener el rito sacrificial del toro, el simbolismo que encierra, adaptando su estética y su liturgia a las evoluciones sociales y convirtiendo en una actividad artística en sí el modo en que ese sacrificio, ese rito, tiene lugar.
Además, la tauromaquia tiene su componente “litúrgico”. Todo ritual tiene su liturgia y el toreo tiene una liturgia (un modo de celebración) lleno de matices y de grandezas. Desde el despeje de plaza de los alguacilillos hasta el modo en que los toreros salen de la plaza después de acabado el espectáculo (volviendo sobre sus pasos al patio de cuadrillas o a hombros por la Puerta Grande) todo lo que sucede en la plaza tiene un sentido funcional o simbólico. Por eso creo que es tan importante mantener esta liturgia. Y explicarla a los más jóvenes. Por eso es esencial que en el ruedo se haga todo bien, perfecto. Si es así, hasta los neófitos reconocen lo grande y particular que es la Fiesta. (Como aquel 2 de mayo de 1996 de Joselito…).
Como lo es el tercero de los requisitos a los que me refería: la estética. El refinamiento del ritual del toro se produce a través de una liturgia cada vez más precisa y una estética cada vez más honda. La creación de belleza del torero frente al toro es indudable. Y sólo por eso bastaría para reivindicar su carácter cultural y artístico. (Aquí, comenté algunas de las grandes tardes de toros vividas y cómo en la actualidad hay diestros que encarnan la estética como nadie, desde Morante a Ponce, al que, estando en Valencia, hay que hacer un recuerdo especial).
* * * * *
Un cuarto aspecto es aludir a algunas de las manifestaciones culturales “tradicionales” o “convencionales” a las que la tauromaquia ha servido de inspiración. Y es que, aunque sea una trampa justificar la naturaleza artística del toreo con base sólo en su carácter de “musa inspiradora”, lo que es evidente es que una vez justificado el carácter cultural autónomo de la tauromaquia esta explosión artística que genera es un importante elemento de refuerzo de su carácter cultural.
Para repasar las relaciones del toreo con la cultura basta con leer El Cossío. Creo que es difícil encontrar ninguna otra manifestación de cultura popular que tenga una enciclopedia tan completa, documentada y fiable. Casi todo está ahí. En el ámbito artístico, su tomo 8 (me refiero a la edición de 2007) es un compendio completísimo de la presencia del toreo en literatura (novela, poesía, teatro, género chico) y periodismo. Los tomos 9 y 10 incluyen la relación del toreo con otras artes: el tomo 9 se dedica a las artes gráficas, con Goya y Picasso como autores básicos, pero incluyendo también explicaciones y referencia al cartel de toros, el humorismo taurino,…; el tomo 10 se ocupa de las relaciones del toreo con la música, el cine, el flamenco, el cine o la fotografía. Son más de 2000 páginas en las que no está todo, pero, desde luego, da una explicación más que completa para cualquiera que quiera honradamente acercarse a esta relación del toreo con el arte.
Además de esta referencia imprescindible, Andrés Amorós escribió en 1987 dentro de la colección “La tauromaquia” de Espasa Calpe, un interesante libro titulado “Toros y Cultura” y años más tarde, en 1993, un librito titulado “Escritores ante la Fiesta” en la que desgrana la relación de algunos escritores con la tauromaquia.
Quienes tengan dudas pueden acudir a estos libros, entre otros muchos, y si lo hacen con una mínima ecuanimidad verán que cualquier prejuicios sobre si los toros son españolistas, rancios, de una ideología o de otra, se diluirán de forma inmediata. Como recordábamos en este mismo blog este verano al hablar de Rafael Alberti en la visita a su museo.
En todo caso, si hay algo sobre la relación del toreo con el arte que hay que destacar es que no podemos vivir de los clásicos. Si repasamos las citas que se realizan para explicar las vinculaciones del toreo con el arte, casi siempre es de autores que murieron hace muchísimos años, cuando también en la actualidad se están haciendo cosas nuevas e interesantes. Creación nueva, con formatos nuevos y actuales. Artistas de hoy a los que hay que dar paso cuando se trata de hacer los carteles, la publicidad, los libros, las reseñas,… Hay mucho que avanzar en este campo. José María y Pablo, por ejemplo, han dado un gran paso, del que también hemos dejado rastro por aquí.
* * * * *
Y en último lugar, hice mención a referencias en diferentes textos legales y sentencias que apoyan también la consideración de la tauromaquia como parte de nuestro patrimonio cultural.
La primera referencia legislativa es la obvia: tanto la Ley 10/1991, de 4 de abril, sobre potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos como el Reglamento 145/1996, de 2 de febrero por el que se desarrolla la anterior consideran la tauromaquia como un evento cultural. En la Ley de 1991, como título competencial para su promulgación, la Exposición de motivos alude a su competencia exclusiva para el fomento de la cultura, lo cual, dice el propio texto, exige deslimitar las facultades que corresponden en la materia al Ministerio del Interior y a los Gobernadores Civiles. El Reglamento, por su parte, señala que la fiesta de los toros debe ser “entendida en el amplio sentido de sus diversas manifestaciones que se encuentran arraigadas en la cultura y aficiones populares” y reconoce sus propias limitaciones al indicar que la “esencia misma del espectáculo, la lidia del toro bravo, no puede ser objeto de una regulación pormenorizada de todas sus secuencias, al estar sujeta a otro tipo de normas, tanto o más esenciales que los preceptos administrativos, motivadas por criterios artísticos”.
La segunda referencia legislativa o administrativa es también conocida y ha sido bastante repetida en los últimos tiempos. Desde hace ya bastantes años, el Ministerio de Cultura incluye entre los premiados con la Medalla de las Bellas Artes a un torero. Y esa Medalla reconoce a personas que han destacado en el campo de la creación artística y cultural o han prestado notorios servicios en su difusión. Es evidente que la inclusión reiterada a lo largo de los años de profesionales de la tauromaquia entre los premiados (más allá de lo que cada uno opine sobre la procedencia o no de cada elección) es una constatación evidente de que legal y administrativa la tauromaquia es considerada una actividad artística.
También los Tribunales lo han entendido así. Como cuando el TSJ de Cataluña consideró ilegal la prohibición de la representación de la Ópera Carmen en versión de Távora por incluir el rejoneo de un toro, indicando el TSJ que esa prohibición (después de una sentencia anterior que anulaba un primer acto de la administración prohibiendo el espectáculo) es “un ejercicio de añeja, y aún vergonzante, censura, en la más ruda acepción del término”. Y es que “bajo la apariencia de autorizar el espectáculo, sometiéndolo a la condición de supresión en el mismo del rejoneo, viene, en definitiva, a prohibir una parte de la total creación artística”.
O aquella otra del Tribunal Supremo que, al anular una sanción impuesta a Curro Romero después de una tarde aciaga en Madrid, dijo que la supuesta alteración del orden público que se alegaba por la Administración “posiblemente tenga su representatividad en el curso de una ‘tarde de toros’ en la que el valor, el arte, la maestría y el dominio que son cualidades deseables para llevar a cabo artística y correctamente las faenas de la lidia de un toro bravo se vean frustradas por las razones que fueren capaces de dar paso a un estado anímico en el que el temor, la desconfianza, la irresponsabilidad e incertidumbre sean la tónica bajo las cuales discurren esas faenas”. Curro, hasta en sus peores tardes era genial. En esta consiguió que el Tribunal Supremo hablara de arte, maestría, dominio y valor como cualidades inherentes a la tauromaquia.
* * * * *
En la despedida expliqué cómo no quería entrar en el debate competencial porque, como recordó el profesor Tomás Ramón Fernandéz en el Congreso Taurino de Sevilla, la Constitución impone a todos los poderes públicos la protección de nuestro patrimonio cultural, y no permite a ninguno (sea el Estado, sea una Comunidad Autónoma o un Ayuntamiento) su prohibición o degradación.
Y apelé a los políticos para que, si realmente se considera que la tauromaquia es una manifestación cultural, más allá de cómo se proteja, de que se declare o no Bien de Interés Cultural, lo que hay que hacer es tratarla como tal. Y eso implica desde hacer unos pliegos de condiciones para adjudicar las plazas que tengan este elemento cultural como principio rector (y no el canon ni la televisión ni la experiencia), hasta desarrollar programas de formación, de educación y de patrocinio relativas a la tauromaquia. Desde hablar con normalidad de los festejos taurinos hasta difundir los acontecimientos taurinos como parte de la cultura en los espacios de prensa, radio y televisión.
Esta es su labor. Igual que es labor de los profesionales taurinos (ganaderos, toreros, empresarios) hacer que la Fiesta sea cada vez más íntegra, emocionante y estética (¡nunca aburrida!). Igual que es labor de todos (aficionados o no) reivindicar nuestros espacios de libertad frente a quienes quieren utilizar el poder de los parlamentos y las mayorías para recortarla.
El pasado día 30 de septiembre tuve ocasión de participar en unas Jornadas organizadas por la Universidad Católica de Valencia, la Diputación de Valencia y la Generalitat valenciana sobre la protección de la tauromaquia en el marco de las competencias autonómicas en materia de protección del patrimonio cultural. Hay que aplaudir iniciativas como estas en las que la Universidad permite un debate sosegado y riguroso sobre la tauromaquia y lo acerca a los más jóvenes (el Aula Magna estaba llena de alumnos de los dos primeros cursos de la Facultad de Derecho). Mucho tiene que ver con esta iniciativa su Decano, José Vicente Morote, gran jurista y muy buen aficionado.
Mi conferencia se titulaba “La Fiesta de los toros como parte del patrimonio cultural”. En primer lugar hice una pequeña exposición sobre cómo la tauromaquia ha dejado de formar parte de la realidad cotidiana de la sociedad, cómo para la mayoría de nuestros conciudadanos la tauromaquia es algo invisible, algo de lo que probablemente no habían oído hablar nunca o lo han hecho escasamente en programas de información general en los últimos cinco o seis años, salvo si se trataba de alguna noticia relativa a José Tomás, como su reaparición o su cogida en Méjico. Este ninguneo sólo se ha roto cuando el debate en el Parlamento catalán lo ha vuelto a sacar a la luz pública y lo ha colocado en el debate social. Explicaba cómo, a mi juicio, esto ha sucedido por la incapacidad que ha tenido el mundo del toro para adaptar sus estructuras y su organización a lo que exige una sociedad compleja y mediática como la actual. Y cómo, para mí, en una sociedad como ésta cada festejo taurino tiene que ser un acontecimiento único por el que merezca la pena dejar casi todo. Y un acontecimiento que rebase los límites de los taurinos de siempre. Sólo de este modo se volverá a tener una repercusión social que se ha perdido, y sin la cual es imposible (o muy difícil al menos) asegurar la pervivencia de la Fiesta en el medio plazo.
Defender la Fiesta de los toros como parte del patrimonio cultural implica, por eso, establecer unos esquemas de organización de la Fiesta coherentes con este planteamiento. Y las Administraciones tienen que tenerlo claro y actuar en consecuencia.
Que la tauromaquia es cultura, es arte, es algo evidente: forma parte de las creaciones simbólicas y rituales que nos identifican. Y este carácter cultural de la tauromaquia no lo niegan, incluso, algunos de los antitaurinos más feroces. Su crítica no se realiza a la belleza que pueden tener ciertos momento de la lidia, sino al hecho (para ellos moralmente inaceptable) de que para esa creación artística se “utilice” a un animal y se le haga sufrir. El debate con los antitaurinos, por tanto, es un debate moral y no tanto un debate estético.
* * * * *
A partir de aquí, mi intervención se centró en cinco puntos. En primer lugar, realicé un breve análisis de lo que supone legalmente en la Comunidad Valenciana y en España el patrimonio cultural. Y, en concreto, el patrimonio cultural inmaterial. Repasando la definición de esta normativa es claro que la Fiesta es parte de este patrimonio cultural (tradiciones, ocio, “conocimientos y actividades que son o han sido expresión relevante de la cultura tradicional del pueblo español en sus aspectos materiales, sociales o espirituales”, etc.).
Pero lo más curioso es que la definición de la UNESCO del “patrimonio cultural inmaterial” contenida en su Convención de 17 de octubre de 2003 para la Salvaguardia de este Patrimonio Cultural Inmaterial se acomoda perfectamente a la tauromaquia. Dice así:
“se entenderá por ‘patrimonio cultural inmaterial’ los usos, representaciones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentido de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”
Parece hecha específicamente para la Fiesta: celebración de la corrida de toros, con el conocimiento y la técnica precisa que requiere la lidia, junto con el instrumental específico para ello (capotes, muletas, estoques, trajes de luces, montera, castoreño,…), propiciando espacios culturales creados específicamente para su representación como son las Plazas de Toros, reconocida por grupos e individuos (Lorca, Miguel Hernández, Alberti, Hemingway,…) como parte de su cultura, transmitido de generación en generación, permitiendo así interactuar con la naturaleza y con la historia “infundiéndoles un sentido de identidad y continuidad” y constituyendo un elemento básico de diversidad cultural que contribuye de modo excepcional a la creatividad humana en sus más diversas variantes: desde la del propio torero en el ruedo hasta los que confeccionan sus trajes de luces, quienes diseñan las plazas de toros, quienes componen pasodobles, pintan carteles o se recrean en la Fiesta para sus creaciones literarias, pictóricas o escultóricas.
Sólo esto sería ya suficiente. Pero hay en la misma Convención dos elementos más fundamentales. El primero, es que se indica que el único patrimonio cultural digno de tenerse en cuenta es aquel que “que sea compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible”. Es decir, el único límite moral establecido son los “derechos humanos” y el respeto entre las comunidades, grupos e individuos, algo que (obviamente) la tauromaquia respeta. Y, además, el punto 2 del artículo 2 señala que “El ‘patrimonio cultural inmaterial’ (…) se manifiesta en particular en los ámbitos siguientes: a) tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial; b) artes del espectáculo; c) usos sociales, rituales y actos festivos; d) conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo; e) técnicas artesanales tradicionales”. Y en la tauromaquia se dan todos los apartados: expresiones orales y giros prestados al idioma, consideración como “arte del espectáculo”, “uso social, ritual y festivo”, modo de “conocimiento y uso relacionado con la naturaleza” y expresión que permite el mantenimiento de no pocas “técnicas artesanales tradicionales”. Lo tenemos todo.
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Como segundo aspecto, me referí al debate moral sobre la utilización de animales en espectáculos públicos, analizando si esta “utilización” puede suponer que una determinada actividad no pueda ser considerada “cultura” por este motivo.
Y es evidente que no. En primer lugar, porque el único límite (UNESCO dixit) viene establecido por los “derechos humanos”, que nunca se verán afectados por un ritual como la corrida de toros (otras manifestaciones culturales sí pueden hacerlo, y así lo recuerda Savater en “Tauroética” cuando habla de los “castrati”).
Y, además, porque el trato que se le da a los toros durante la lidia no es ni degradante ni indigno, sino un ejemplo de trato ético a los animales, al ser el conforme a su naturaleza, como ha recordado Francis Wolff (“La filosofía de las corridas de toros” o “50 razones para defender la corrida de toros”, entre otras). Además de otras razones que expone Savater (“Tauroética”) o de los estudios del catedrático de la Facultad de Veterinaria de la Complutense de Madrid, D. Juan Carlos Illera en los que ha demostrado que la segregación de inhibidores del dolor durante la lidia por el toro hace que éste “sufra” más en el traslado a la plaza que durante la propia faena en el ruedo.
Por último, y volviendo a la UNESCO, en su página web puede comprobarse que uno de los rituales considerado “patrimonio inmaterial” es el “sanké mon”, un rito de pesca colectiva en una laguna de Mali que se celebra los segundos jueves del séptimo mes lunar y que, según la propia UNESCO, da comienzo con el sacrificio de gallos y cabras y a continuación tiene lugar una pesca colectiva que dura quince horas. Y no es que se deba comparar ese ritual con la tauromaquia, ni los peces, los gallos o las cabras con los toros de lidia, pero sí subrayar que multitud de rituales colectivos tiene en el sacrificio de animales un elemento sustancial y que esto no es obstáculo para su consideración cultural.
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La tercera cuestión a la que me referí fueron las características de la tauromaquia que la hacen formar parte de este patrimonio cultural. Y desde la tauromaquia “en sí”, porque se escuchan con frecuencia argumentos para defender el carácter cultural o artístico de la tauromaquia basados sólo en el modo en que ha servido de inspiración a otras artes “tradicionales”. Y creo que esto es un argumento tramposo. El hecho de que una actividad sirva de inspiración para hacer un gran cuadro no convierte en artístico el motivo de inspiración ni legitima lo que de inmoral pueda tener. Hay cantidad de obras de arte que se han inspirado en verdaderas atrocidades del ser humano que no por ello se convierten en aceptables.
Por eso de lo que se trata es de analizar si la tauromaquia en sí tiene valores que la convierten en una manifestación artística o cultural. Y a mi juicio es evidente que así es. Sobre todo, por concentrar tres de los elementos más genuinos de cualquier creación cultural y artística: el ritual, la liturgia y la estética.
La tauromaquia es, sobre todo, un “ritual”. La corrida de toros es una depuración simbólica de ritos de celebración antiquísimos en el mediterráneo, en el que el toro es un tótem y su muerte es un símbolo sacrificial. Un sacrificio como “ofrenda”, como “comunión” o para la obtención de un favor de la divinidad. (Libros como el de Álvarez de Miranda, de 1962 -“Ritos y Juegos del toro” o el más reciente de Cristina Delgado -“El toro en el mediterráneo”- lo acreditan de forma evidente). En este último, se explican detalladamente los rituales de muerte asociados al toro, el toro como símbolo de fertilidad masculina y del poder telúrico, ritos funerarios asociados con el toro y los juegos del hombre y el toro desde la antigüedad. En la lidia convencional actual del toro no queda casi nada de aquellos juegos lúdicos de la antigüedad. Pero esto es precisamente lo que hace más grande a lo taurino, que ha sido capaz de mantener el rito sacrificial del toro, el simbolismo que encierra, adaptando su estética y su liturgia a las evoluciones sociales y convirtiendo en una actividad artística en sí el modo en que ese sacrificio, ese rito, tiene lugar.
Además, la tauromaquia tiene su componente “litúrgico”. Todo ritual tiene su liturgia y el toreo tiene una liturgia (un modo de celebración) lleno de matices y de grandezas. Desde el despeje de plaza de los alguacilillos hasta el modo en que los toreros salen de la plaza después de acabado el espectáculo (volviendo sobre sus pasos al patio de cuadrillas o a hombros por la Puerta Grande) todo lo que sucede en la plaza tiene un sentido funcional o simbólico. Por eso creo que es tan importante mantener esta liturgia. Y explicarla a los más jóvenes. Por eso es esencial que en el ruedo se haga todo bien, perfecto. Si es así, hasta los neófitos reconocen lo grande y particular que es la Fiesta. (Como aquel 2 de mayo de 1996 de Joselito…).
Como lo es el tercero de los requisitos a los que me refería: la estética. El refinamiento del ritual del toro se produce a través de una liturgia cada vez más precisa y una estética cada vez más honda. La creación de belleza del torero frente al toro es indudable. Y sólo por eso bastaría para reivindicar su carácter cultural y artístico. (Aquí, comenté algunas de las grandes tardes de toros vividas y cómo en la actualidad hay diestros que encarnan la estética como nadie, desde Morante a Ponce, al que, estando en Valencia, hay que hacer un recuerdo especial).
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Un cuarto aspecto es aludir a algunas de las manifestaciones culturales “tradicionales” o “convencionales” a las que la tauromaquia ha servido de inspiración. Y es que, aunque sea una trampa justificar la naturaleza artística del toreo con base sólo en su carácter de “musa inspiradora”, lo que es evidente es que una vez justificado el carácter cultural autónomo de la tauromaquia esta explosión artística que genera es un importante elemento de refuerzo de su carácter cultural.
Para repasar las relaciones del toreo con la cultura basta con leer El Cossío. Creo que es difícil encontrar ninguna otra manifestación de cultura popular que tenga una enciclopedia tan completa, documentada y fiable. Casi todo está ahí. En el ámbito artístico, su tomo 8 (me refiero a la edición de 2007) es un compendio completísimo de la presencia del toreo en literatura (novela, poesía, teatro, género chico) y periodismo. Los tomos 9 y 10 incluyen la relación del toreo con otras artes: el tomo 9 se dedica a las artes gráficas, con Goya y Picasso como autores básicos, pero incluyendo también explicaciones y referencia al cartel de toros, el humorismo taurino,…; el tomo 10 se ocupa de las relaciones del toreo con la música, el cine, el flamenco, el cine o la fotografía. Son más de 2000 páginas en las que no está todo, pero, desde luego, da una explicación más que completa para cualquiera que quiera honradamente acercarse a esta relación del toreo con el arte.
Además de esta referencia imprescindible, Andrés Amorós escribió en 1987 dentro de la colección “La tauromaquia” de Espasa Calpe, un interesante libro titulado “Toros y Cultura” y años más tarde, en 1993, un librito titulado “Escritores ante la Fiesta” en la que desgrana la relación de algunos escritores con la tauromaquia.
Quienes tengan dudas pueden acudir a estos libros, entre otros muchos, y si lo hacen con una mínima ecuanimidad verán que cualquier prejuicios sobre si los toros son españolistas, rancios, de una ideología o de otra, se diluirán de forma inmediata. Como recordábamos en este mismo blog este verano al hablar de Rafael Alberti en la visita a su museo.
En todo caso, si hay algo sobre la relación del toreo con el arte que hay que destacar es que no podemos vivir de los clásicos. Si repasamos las citas que se realizan para explicar las vinculaciones del toreo con el arte, casi siempre es de autores que murieron hace muchísimos años, cuando también en la actualidad se están haciendo cosas nuevas e interesantes. Creación nueva, con formatos nuevos y actuales. Artistas de hoy a los que hay que dar paso cuando se trata de hacer los carteles, la publicidad, los libros, las reseñas,… Hay mucho que avanzar en este campo. José María y Pablo, por ejemplo, han dado un gran paso, del que también hemos dejado rastro por aquí.
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Y en último lugar, hice mención a referencias en diferentes textos legales y sentencias que apoyan también la consideración de la tauromaquia como parte de nuestro patrimonio cultural.
La primera referencia legislativa es la obvia: tanto la Ley 10/1991, de 4 de abril, sobre potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos como el Reglamento 145/1996, de 2 de febrero por el que se desarrolla la anterior consideran la tauromaquia como un evento cultural. En la Ley de 1991, como título competencial para su promulgación, la Exposición de motivos alude a su competencia exclusiva para el fomento de la cultura, lo cual, dice el propio texto, exige deslimitar las facultades que corresponden en la materia al Ministerio del Interior y a los Gobernadores Civiles. El Reglamento, por su parte, señala que la fiesta de los toros debe ser “entendida en el amplio sentido de sus diversas manifestaciones que se encuentran arraigadas en la cultura y aficiones populares” y reconoce sus propias limitaciones al indicar que la “esencia misma del espectáculo, la lidia del toro bravo, no puede ser objeto de una regulación pormenorizada de todas sus secuencias, al estar sujeta a otro tipo de normas, tanto o más esenciales que los preceptos administrativos, motivadas por criterios artísticos”.
La segunda referencia legislativa o administrativa es también conocida y ha sido bastante repetida en los últimos tiempos. Desde hace ya bastantes años, el Ministerio de Cultura incluye entre los premiados con la Medalla de las Bellas Artes a un torero. Y esa Medalla reconoce a personas que han destacado en el campo de la creación artística y cultural o han prestado notorios servicios en su difusión. Es evidente que la inclusión reiterada a lo largo de los años de profesionales de la tauromaquia entre los premiados (más allá de lo que cada uno opine sobre la procedencia o no de cada elección) es una constatación evidente de que legal y administrativa la tauromaquia es considerada una actividad artística.
También los Tribunales lo han entendido así. Como cuando el TSJ de Cataluña consideró ilegal la prohibición de la representación de la Ópera Carmen en versión de Távora por incluir el rejoneo de un toro, indicando el TSJ que esa prohibición (después de una sentencia anterior que anulaba un primer acto de la administración prohibiendo el espectáculo) es “un ejercicio de añeja, y aún vergonzante, censura, en la más ruda acepción del término”. Y es que “bajo la apariencia de autorizar el espectáculo, sometiéndolo a la condición de supresión en el mismo del rejoneo, viene, en definitiva, a prohibir una parte de la total creación artística”.
O aquella otra del Tribunal Supremo que, al anular una sanción impuesta a Curro Romero después de una tarde aciaga en Madrid, dijo que la supuesta alteración del orden público que se alegaba por la Administración “posiblemente tenga su representatividad en el curso de una ‘tarde de toros’ en la que el valor, el arte, la maestría y el dominio que son cualidades deseables para llevar a cabo artística y correctamente las faenas de la lidia de un toro bravo se vean frustradas por las razones que fueren capaces de dar paso a un estado anímico en el que el temor, la desconfianza, la irresponsabilidad e incertidumbre sean la tónica bajo las cuales discurren esas faenas”. Curro, hasta en sus peores tardes era genial. En esta consiguió que el Tribunal Supremo hablara de arte, maestría, dominio y valor como cualidades inherentes a la tauromaquia.
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En la despedida expliqué cómo no quería entrar en el debate competencial porque, como recordó el profesor Tomás Ramón Fernandéz en el Congreso Taurino de Sevilla, la Constitución impone a todos los poderes públicos la protección de nuestro patrimonio cultural, y no permite a ninguno (sea el Estado, sea una Comunidad Autónoma o un Ayuntamiento) su prohibición o degradación.
Y apelé a los políticos para que, si realmente se considera que la tauromaquia es una manifestación cultural, más allá de cómo se proteja, de que se declare o no Bien de Interés Cultural, lo que hay que hacer es tratarla como tal. Y eso implica desde hacer unos pliegos de condiciones para adjudicar las plazas que tengan este elemento cultural como principio rector (y no el canon ni la televisión ni la experiencia), hasta desarrollar programas de formación, de educación y de patrocinio relativas a la tauromaquia. Desde hablar con normalidad de los festejos taurinos hasta difundir los acontecimientos taurinos como parte de la cultura en los espacios de prensa, radio y televisión.
Esta es su labor. Igual que es labor de los profesionales taurinos (ganaderos, toreros, empresarios) hacer que la Fiesta sea cada vez más íntegra, emocionante y estética (¡nunca aburrida!). Igual que es labor de todos (aficionados o no) reivindicar nuestros espacios de libertad frente a quienes quieren utilizar el poder de los parlamentos y las mayorías para recortarla.
Vargas Llosa Premio Nobel de Literatura de 2010
El genial Vargas Llosa, liberal y aficionado taurino, ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura de 2010. Más allá de lo que cada uno opine del galardón (que te conozco, José María,...) lo cierto es que "algo" de prestigio aún le queda (Borges mediante).
Mario ha defendido con contundencia la tauromaquia como arte y ha argumentando con rigor que su prohibición es un atentado contra la libertad. Fue pregonero de la temporada sevillana hace unos años.
Enlazo uno de sus últimos artículos sobre la tauromaquia... y la langosta
Mario ha defendido con contundencia la tauromaquia como arte y ha argumentando con rigor que su prohibición es un atentado contra la libertad. Fue pregonero de la temporada sevillana hace unos años.
Enlazo uno de sus últimos artículos sobre la tauromaquia... y la langosta
domingo, 3 de octubre de 2010
Madrid (3 de octubre de 2010) - Vuelta a la peor normalidad
Lo de ayer fue un espejismo. Una ilusión de la que aún hoy seguían hablando los cabales. Por cómo estuvo Juan Mora, natural, hondo, añejo, y por cómo le siguieron Curro Díaz y Morenito (sobre todo, el toreo de éste por la izquierda).
Hoy, la corrida del Puerto de San Lorenzo no ha servido y se han estrellado con ella Alberto Aguilar (que confirmaba), Urdiales y Tendero.
Aguilar es un torero de gran predicamento en Francia donde ha conseguido labrarse un importante cartel a base de demostrar su valor y calidad con corridas muy duras. Pero hoy, ni por esas. Con el toro de la confirmación la faena fue de más a menos, con una primera serie buena seguida de otras más irregulares y el toro que se rajó enseguida impidiendo nada más. En el quinto, un toro fatalmente lidiado, trató de brindar al público, pero el ambiente en la Plaza era de tal escándalo (el Presidente había cambiado el tercio sin que hubiera cuatro palos clavados en el costado del animal) que desistió. Me pregunto qué sentido tenía seguir haciendo pasadas en falso frente al toro, pero a algunos parace que debe hacerles ilusión ver pasarlo mal a los banderilleros, cuando era evidente que no podía haber nada lucido. Y yo, al menos, no voy a la plaza para darme el gusto de que el personal cumpla el Reglamento porque sí. En la muleta ese toro mete la cara (el único del encierro que lo hizo) pero se queda muy corto y le costaba repetir. Aguilar alternó series de cierto interés con otras menos lucidas y mucho menos confiado. Al final, inexplicable aplausos al toro y tímidos aplausos al torero que se tornaron en división cuando salió a corresponder desde el tercio.
Urdiales no tuvo ocasión con ninguno de sus dos toros y a pesar del ahínco que demostró era materialmente imposible. Sólo podía haber abreviado, que no hubiera sido mala decisión teniendo en cuenta cómo iba la tarde. Apuntar la insensatez de que el segundo saliera con los crotales puestos y las feísimas hechuras del cuarto, con unos pitones largos y abiertos de horrorosa conformación.
Tendero en el tercero demostró que tiene una muy buena cuadrilla, pero ante el toro soso sólo consiguió dar pases que no transmitieron absolutamente nada. El sexto fue un toro que pesaba 649 kilos, 140 más que el toro más chico del encierro. No dio ninguna facilidad, se pasó toda la lidia andando y huyendo del castigo. En la muleta Tendero no se dio coba y le hizo una faena de castigo porque el toro siempre quiso cogerle con malísimas intenciones.
Nuevo despropósito. Nueva ocasión perdida para los aficionados. Nueva oportunidad mentirosa para toreros a los que sólo se podrá medir con toros que permitan hacer algo lucido.
Hoy, la corrida del Puerto de San Lorenzo no ha servido y se han estrellado con ella Alberto Aguilar (que confirmaba), Urdiales y Tendero.
Aguilar es un torero de gran predicamento en Francia donde ha conseguido labrarse un importante cartel a base de demostrar su valor y calidad con corridas muy duras. Pero hoy, ni por esas. Con el toro de la confirmación la faena fue de más a menos, con una primera serie buena seguida de otras más irregulares y el toro que se rajó enseguida impidiendo nada más. En el quinto, un toro fatalmente lidiado, trató de brindar al público, pero el ambiente en la Plaza era de tal escándalo (el Presidente había cambiado el tercio sin que hubiera cuatro palos clavados en el costado del animal) que desistió. Me pregunto qué sentido tenía seguir haciendo pasadas en falso frente al toro, pero a algunos parace que debe hacerles ilusión ver pasarlo mal a los banderilleros, cuando era evidente que no podía haber nada lucido. Y yo, al menos, no voy a la plaza para darme el gusto de que el personal cumpla el Reglamento porque sí. En la muleta ese toro mete la cara (el único del encierro que lo hizo) pero se queda muy corto y le costaba repetir. Aguilar alternó series de cierto interés con otras menos lucidas y mucho menos confiado. Al final, inexplicable aplausos al toro y tímidos aplausos al torero que se tornaron en división cuando salió a corresponder desde el tercio.
Urdiales no tuvo ocasión con ninguno de sus dos toros y a pesar del ahínco que demostró era materialmente imposible. Sólo podía haber abreviado, que no hubiera sido mala decisión teniendo en cuenta cómo iba la tarde. Apuntar la insensatez de que el segundo saliera con los crotales puestos y las feísimas hechuras del cuarto, con unos pitones largos y abiertos de horrorosa conformación.
Tendero en el tercero demostró que tiene una muy buena cuadrilla, pero ante el toro soso sólo consiguió dar pases que no transmitieron absolutamente nada. El sexto fue un toro que pesaba 649 kilos, 140 más que el toro más chico del encierro. No dio ninguna facilidad, se pasó toda la lidia andando y huyendo del castigo. En la muleta Tendero no se dio coba y le hizo una faena de castigo porque el toro siempre quiso cogerle con malísimas intenciones.
Nuevo despropósito. Nueva ocasión perdida para los aficionados. Nueva oportunidad mentirosa para toreros a los que sólo se podrá medir con toros que permitan hacer algo lucido.
sábado, 2 de octubre de 2010
Madrid (1 de octubre de 2010) - Apuntes de Talavante en la víspera de Juan Mora
Por razones familiares no he podido estar hoy en Las Ventas. Era un cartel original de los que despiertan ilusiones que luego, habitualmente, la realidad se encarga de frustrar. Pero que cuando cuajan dejan un poso importante. Me comentan buenos aficionados que han estado en la plaza que Juan Mora ha estado en torero añejo, con un poso, un gusto y un empaque tremendamente singulares. Justo lo que hace falta, dicen, y con razón, en una época de tanta vulgaridad y estandarización. Ha habido, al parecer, una media de ensueño y dos tandas de naturales en los que se ha demostrado por qué se llama así ese pase, porque se ejecuta sin afectación y con hondura. Como ha hecho Juan Mora. Una pena habérmelo perdido después de la cantidad de corridas malas y sin sabor que ha habido que soportar este año en Las Ventas. Curro Díaz y Morenito de Aranda se han contagiado y también han dejado buenos apuntes.
Importante este renacer de Juan Mora. Una ilusionante alternativa, como habíamos comentado este año, para que la próxima temporada abra los carteles de José Tomás. ¿Se imaginan el Domingo de Resurrección en Sevilla a Juan Mora, José Tomás y Morante?
Queda pendiente también hablar del excelente Congreso Taurino de Sevilla, de las dos malas tardes de toros que vivimos (indignante lo del domingo). De la Jornada Taurina organizada por la Universidad Católica de Valencia en la que tuve el placer de poder conferenciar sobre la tauromaquia como parte del patrimonio cultural… A ver si a partir de la próxima semana vamos teniendo tiempo.
De la tarde de ayer en Las Ventas destacar el gusto y la torería de Talavante en una faena irregular pero con momentos de gran intensidad, como ese comienzo de faena de muleta en la que sorprendió en medio de la tanda de ayudados con una espaldina que metió a toda la plaza en la faena. Luego hubo buenos muletazos entre los que destacó un natural soberbio y grandísimos adornos (sobre todo algunas trincherillas con muchísimo gusto). Del sexto (se corrió turno por una lesión en el dedo) poco que contar.
Oliva Soto confirmó alternativa con un toro de Núñez del Cuvillo que fue a más a pesar de la lidia infame que le dieron (¡vaya cuadrilla mala que llevaba el sevillano!). No consiguió acoplarse Oliva y sólo destacó la primera serie. Luego, faltaba ajuste, decisión y temple. Tampoco se le vio sereno con el quinto, al que dio bastantes pases pero sin transmitir nada a los tendidos. Una pena la ocasión malgastada. Deberá reflexionar y torear mucho en el campo este invierno para ver si puede romper de verdad en ese torero de gusto y gracia que dicen haber visto y sueñan a la vez los aficionados de Sevilla.
El Cid estuvo desconfiado. Intentándolo con pundonor, pero sin el sitio verdadero. Se le vio con ganas de agradar, pero sin la colocación, el toque y el temple que le hemos visto otras veces. No se le puede negar su voluntad de hacer las cosas de verdad, pero ayer no fue un día de ideas claras para él. Tiene también que descansar y ahondar en su toreo este inverno el de Salteras.
Una tarde, en fin, que demuestra lo duro que es esto. Y que presagiaba una tarde de grandeza como la de hoy. Dos extremeños que han hecho de los mejor de este año en Las Ventas.
Importante este renacer de Juan Mora. Una ilusionante alternativa, como habíamos comentado este año, para que la próxima temporada abra los carteles de José Tomás. ¿Se imaginan el Domingo de Resurrección en Sevilla a Juan Mora, José Tomás y Morante?
Queda pendiente también hablar del excelente Congreso Taurino de Sevilla, de las dos malas tardes de toros que vivimos (indignante lo del domingo). De la Jornada Taurina organizada por la Universidad Católica de Valencia en la que tuve el placer de poder conferenciar sobre la tauromaquia como parte del patrimonio cultural… A ver si a partir de la próxima semana vamos teniendo tiempo.
De la tarde de ayer en Las Ventas destacar el gusto y la torería de Talavante en una faena irregular pero con momentos de gran intensidad, como ese comienzo de faena de muleta en la que sorprendió en medio de la tanda de ayudados con una espaldina que metió a toda la plaza en la faena. Luego hubo buenos muletazos entre los que destacó un natural soberbio y grandísimos adornos (sobre todo algunas trincherillas con muchísimo gusto). Del sexto (se corrió turno por una lesión en el dedo) poco que contar.
Oliva Soto confirmó alternativa con un toro de Núñez del Cuvillo que fue a más a pesar de la lidia infame que le dieron (¡vaya cuadrilla mala que llevaba el sevillano!). No consiguió acoplarse Oliva y sólo destacó la primera serie. Luego, faltaba ajuste, decisión y temple. Tampoco se le vio sereno con el quinto, al que dio bastantes pases pero sin transmitir nada a los tendidos. Una pena la ocasión malgastada. Deberá reflexionar y torear mucho en el campo este invierno para ver si puede romper de verdad en ese torero de gusto y gracia que dicen haber visto y sueñan a la vez los aficionados de Sevilla.
El Cid estuvo desconfiado. Intentándolo con pundonor, pero sin el sitio verdadero. Se le vio con ganas de agradar, pero sin la colocación, el toque y el temple que le hemos visto otras veces. No se le puede negar su voluntad de hacer las cosas de verdad, pero ayer no fue un día de ideas claras para él. Tiene también que descansar y ahondar en su toreo este inverno el de Salteras.
Una tarde, en fin, que demuestra lo duro que es esto. Y que presagiaba una tarde de grandeza como la de hoy. Dos extremeños que han hecho de los mejor de este año en Las Ventas.
sábado, 18 de septiembre de 2010
Tauroética - Fernando Savater
Ayer viernes se presentó en la Plaza de Toros de Las Ventas el libro "Tauroética" de Fernando Savater, un libro que, como se indica en su contraportada, "no es un alegato a favor de las corridas de toros, sino contra las argumentaciones moralistas de quienes quieren suprimirlas".
El libro, aunque formalmente está dividido en dos partes, tiene realmente cinco partes bien diferenciadas.
- La primera es un prólogo cabal, claro y ameno en el que el autor enmarca la problemática a la que quiere dedicar su atención: el debate ético que plantean las propuestas abolicionistas sobre lo que debe ser nuestra relación con los animales.
- La segunda (la principal novedad del libro y su objeto más preciado) es un ensayo denominado "Nuestra actitud moral ante los animales" en el que glosa de modo didáctico y riguroso la evolución del pensamiento filosófico sobre las condiciones morales en las que los humanos debemos relacionarnos con los animales y su aplicación a la tauromaquia. En realidad, el libro es este ensayo aunque, probablemente por su brevedad, se haya querido acompañar de otros escritos del autor sobre esta materia. En todo caso, las algo menos de cuarenta páginas que ocupan esta reflexiones son de una brillantez realmente apabullantes. El argumento central no es una novedad: nuestra relación ética con los animales no es una relación de igualdad, sino una relación en la que es moralmente aceptable privilegiar los intereses de nuestra especie sobre los "intereses" o instintos del resto de los animales. Y, en consecuencia, los animales no son titulares de "derechos", sino que las leyes y valoraciones morales que debemos realizar sobre nuestro comportamiento con las demás especies se tendrán que efectuar en atención a lo que ello implica para nosotros, no para ellos. No es, por tanto, la novedad del planteamiento central lo que resulta llamativo, sino la explicación de la tradición en la que los "animalistas" hacen converger moralmente el comportamiento de (entre) todas las especies, colocando al ser humano en una situación en la que debe aceptar cualquier comportamiento instintivo de las demás especies (ya que no le puede exigir otro) y, sin embargo, debe resignarse a no actuar él de igual modo. La racionalidad, para estos sujetos, supone una limitación a nuestro comportamiento, no un elemento que nos coloca en un nivel superior al del resto de las especies. O sea, la locura.
- La tercera parte es el texto del pregón de la temporada taurina sevillana que el autor pronunció en 2004, un pregón que no se encuentra, a mi juicio, entre los más brillantes, pero que sí tiene hallazgos y reflexiones de mucho interés. Este texto estaba publicado por la Maestranza en una edición sencilla pero de calidad. En todo caso, como tantos otros escritos en el ámbito taurino, no era fácil de encontrar. Incluirlo en el libro es un modo de darle una difusión que de otro modo probablement jamás hubiera alcanzado.
- Una cuarta parte lo componen cuatro artículos periodísticos de temática taurina escritos por el autor en 2005, 2008 y 2010 (2). De entre los cuatro me quedo con "Malos pasos" un artículo que no tiene nada que ver con el debate sobre la prohibición de los toros, ni sobre la ética, sino que relata una anécdota sucedida una tarde en Madrid en la que acudió a ver a Curro Romero junto a otros amigos (entre ellos Rafael Sánchez Ferlosio) y ante la invalidez del toro y los gritos de "¡cojo, cojo!", "Ferlosio, sublime como sólo él sabe serlo, bastón en mano cual pastor tratando de reunir a su disporso rebaño, gritó: '¡Dejadle en paz! ¡No está cojo! ¡Es su forma de andar!'" Algo que Savater decidió aplicar a tanta bronca mediática como tenemos que vivir en este país. Del artículo, además, destaco la interesante apreciación del público de Madrid, del que dice que era "bronquista y alguacilesco", ya que "Muchos iban más a censurar que a disfrutar... o sólo disfrutaban censurando: a voz en cuello, claro". ¡Qué poco hemos cambiado", aunque lo cierto es que probablemente de quienes así actúan también habría que decir aquello de que "No están cojos: es su forma de andar".
- La quinta parte, la "Despedida" es una cita genial de Ignacio Sánchez Mejías: "El mundo entero es una enorme plaza de toros donde el que no torea embiste. Esto es todo. Dos inmensos bando: manadas de toros y muchedumbres de toreros, y, en consecuencia, es la lucha por nuestra propia vida la que nos obliga a torear".
Un gran libro, como digo, aunque realmente inédito sólo sean cuarenta o cincuenta páginas (prólogo y ensayo). Pero de una calidad suprema, que se unen a la de otros textos que le dan una importante coherencia e interés a la obra. Más aún en estos tiempos azarosos donde, frente a los dogmatismos y la violencia de los antitaurinos, cualquier reflexión serena y ponderada (y la de Savater lo es) es bienvenida.
(Sólo una crítica realmente honda a la argumentación del autor. Por dos veces propone los debates sobre el aborto como ejemplo de debates dogmáticos donde algunos tratan de imponer su moral como única aceptable. A mi juicio el debate sobre el aborto tiene una entidad de mucha mayor complejidad porque dependiendo de qué momento consideremos que es el que determina el nacimiento de una vida humana podrá plantearse cuál es el nivel de protección -civil, administrativo o penal- que deba establecerse para cualquier ataque frente a la misma. Con independencia de cuáles sean los argumentos que uno pueda tener a favor o en contra de la despenalización del aborto, equiparar su discusión a la mantenida respecto a la tauromaquia es incurrir en la misma sinrazón que Savater denuncia de los antitaurinos al confundir la sangre animal con la humana: "la barbarie no consiste en tratar con inhumanidad a los animales, sino en no distinguir el trato que se debe a los humanos y el que puede darse a los animales").
El libro, aunque formalmente está dividido en dos partes, tiene realmente cinco partes bien diferenciadas.
- La primera es un prólogo cabal, claro y ameno en el que el autor enmarca la problemática a la que quiere dedicar su atención: el debate ético que plantean las propuestas abolicionistas sobre lo que debe ser nuestra relación con los animales.
- La segunda (la principal novedad del libro y su objeto más preciado) es un ensayo denominado "Nuestra actitud moral ante los animales" en el que glosa de modo didáctico y riguroso la evolución del pensamiento filosófico sobre las condiciones morales en las que los humanos debemos relacionarnos con los animales y su aplicación a la tauromaquia. En realidad, el libro es este ensayo aunque, probablemente por su brevedad, se haya querido acompañar de otros escritos del autor sobre esta materia. En todo caso, las algo menos de cuarenta páginas que ocupan esta reflexiones son de una brillantez realmente apabullantes. El argumento central no es una novedad: nuestra relación ética con los animales no es una relación de igualdad, sino una relación en la que es moralmente aceptable privilegiar los intereses de nuestra especie sobre los "intereses" o instintos del resto de los animales. Y, en consecuencia, los animales no son titulares de "derechos", sino que las leyes y valoraciones morales que debemos realizar sobre nuestro comportamiento con las demás especies se tendrán que efectuar en atención a lo que ello implica para nosotros, no para ellos. No es, por tanto, la novedad del planteamiento central lo que resulta llamativo, sino la explicación de la tradición en la que los "animalistas" hacen converger moralmente el comportamiento de (entre) todas las especies, colocando al ser humano en una situación en la que debe aceptar cualquier comportamiento instintivo de las demás especies (ya que no le puede exigir otro) y, sin embargo, debe resignarse a no actuar él de igual modo. La racionalidad, para estos sujetos, supone una limitación a nuestro comportamiento, no un elemento que nos coloca en un nivel superior al del resto de las especies. O sea, la locura.
- La tercera parte es el texto del pregón de la temporada taurina sevillana que el autor pronunció en 2004, un pregón que no se encuentra, a mi juicio, entre los más brillantes, pero que sí tiene hallazgos y reflexiones de mucho interés. Este texto estaba publicado por la Maestranza en una edición sencilla pero de calidad. En todo caso, como tantos otros escritos en el ámbito taurino, no era fácil de encontrar. Incluirlo en el libro es un modo de darle una difusión que de otro modo probablement jamás hubiera alcanzado.
- Una cuarta parte lo componen cuatro artículos periodísticos de temática taurina escritos por el autor en 2005, 2008 y 2010 (2). De entre los cuatro me quedo con "Malos pasos" un artículo que no tiene nada que ver con el debate sobre la prohibición de los toros, ni sobre la ética, sino que relata una anécdota sucedida una tarde en Madrid en la que acudió a ver a Curro Romero junto a otros amigos (entre ellos Rafael Sánchez Ferlosio) y ante la invalidez del toro y los gritos de "¡cojo, cojo!", "Ferlosio, sublime como sólo él sabe serlo, bastón en mano cual pastor tratando de reunir a su disporso rebaño, gritó: '¡Dejadle en paz! ¡No está cojo! ¡Es su forma de andar!'" Algo que Savater decidió aplicar a tanta bronca mediática como tenemos que vivir en este país. Del artículo, además, destaco la interesante apreciación del público de Madrid, del que dice que era "bronquista y alguacilesco", ya que "Muchos iban más a censurar que a disfrutar... o sólo disfrutaban censurando: a voz en cuello, claro". ¡Qué poco hemos cambiado", aunque lo cierto es que probablemente de quienes así actúan también habría que decir aquello de que "No están cojos: es su forma de andar".
- La quinta parte, la "Despedida" es una cita genial de Ignacio Sánchez Mejías: "El mundo entero es una enorme plaza de toros donde el que no torea embiste. Esto es todo. Dos inmensos bando: manadas de toros y muchedumbres de toreros, y, en consecuencia, es la lucha por nuestra propia vida la que nos obliga a torear".
Un gran libro, como digo, aunque realmente inédito sólo sean cuarenta o cincuenta páginas (prólogo y ensayo). Pero de una calidad suprema, que se unen a la de otros textos que le dan una importante coherencia e interés a la obra. Más aún en estos tiempos azarosos donde, frente a los dogmatismos y la violencia de los antitaurinos, cualquier reflexión serena y ponderada (y la de Savater lo es) es bienvenida.
(Sólo una crítica realmente honda a la argumentación del autor. Por dos veces propone los debates sobre el aborto como ejemplo de debates dogmáticos donde algunos tratan de imponer su moral como única aceptable. A mi juicio el debate sobre el aborto tiene una entidad de mucha mayor complejidad porque dependiendo de qué momento consideremos que es el que determina el nacimiento de una vida humana podrá plantearse cuál es el nivel de protección -civil, administrativo o penal- que deba establecerse para cualquier ataque frente a la misma. Con independencia de cuáles sean los argumentos que uno pueda tener a favor o en contra de la despenalización del aborto, equiparar su discusión a la mantenida respecto a la tauromaquia es incurrir en la misma sinrazón que Savater denuncia de los antitaurinos al confundir la sangre animal con la humana: "la barbarie no consiste en tratar con inhumanidad a los animales, sino en no distinguir el trato que se debe a los humanos y el que puede darse a los animales").
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Plaza de toros, obra gráfica, ya a la venta
Ahora que se va terminando la temporada y se acercan las Navidades, el tiempo de los regalos y la felicidad, ¿qué mejor presente que una de estas preciosas láminas?
PLAZA DE TOROS, OBRA GRÁFICA
(La tauromaquia de Pablo Pámpano)
He tenido la oportunidad de verlas impresas en papel Turner y pareciera que los toros embisten y los toreros, torean. Auténtico 3D, acabado japonés.
Si ya has leído el libro no te pierdas la película.

ANTONIO ORDÓÑEZ, por Pablo Pámpano
PLAZA DE TOROS, OBRA GRÁFICA
(La tauromaquia de Pablo Pámpano)
He tenido la oportunidad de verlas impresas en papel Turner y pareciera que los toros embisten y los toreros, torean. Auténtico 3D, acabado japonés.
Si ya has leído el libro no te pierdas la película.

ANTONIO ORDÓÑEZ, por Pablo Pámpano
martes, 14 de septiembre de 2010
Albacete (13 de septiembre de 2010) - ¡Vaya panda!
Acudía por primera vez a los toros a Albacete en una jornada que añadía relaciones profesionales a la camaradería de los miembros de la expedición. Cuando clientes que tienen intereses empresariales en aquellas tierras, sabedores de mi afición taurina, me pidieron hace ya tiempo que les indicara una buena corrida, sin ni siquiera ver los carteles les dije que a quien había que ir a ver era a Morante (o se lo había dicho incluso antes, todo es posible...). No me había percatado de que los toros anunciados eran de Juan Pedro.
Cuando llegamos a la plaza y vimos la nota que anunciaba que Morante se había caído del cartel la decepción fue completa. Decepción que se tornó en cabreo cuando repasamos las noticias de los portales taurinos y hablamos con los buenos aficionados que encontramos por allí que nos comentaron que se habían tenido que reconocer esa mañana diecinueve toros y que D. José Antonio había alegado gastroenteritis.
Por ser claros: yo no sé si Morante tenía o no gastroenteritis. Lo que decían muchos es que se negó a torear cuando se montó el lío de corrales y no se aprobaron los toros reseñados en el campo. Y parece que también porque su apoderado, Curro Vázquez, tenía enfrentamientos anteriores con el Presidente. Si es así (que no tengo ni idea, pero puede ser) lo de la gastroenteritis es una excusa perfecta para evitar una sanción. Pero lo razonable sería que el torero pudieran decir libremente que no toreaba porque él se había comprometido a torear unos toros concretos y no otros. Con transparencia.
Y desde luego, como hemos comentado ya otras veces (tardes del Puerto de Santa María, de Málaga,...) lo que no es de recibo es que los reconocimientos se hagan el mismo día de la corrida por la mañana. ¿Qué pasa con la gente que viaja para ver una tarde de esta? ¿Por qué les tienen que estropear manifiestamente el plan? ¿No es más razonable que se viaje al campo y los veterinarios aprueben o rechacen desde allí los toros?
El modo de "proteger" los derechos de los aficionados es decimonónico e ineficaz. Lo único que hace es perpetuar el poder de señores que a base de velar por la supuesta seriedad lo único que hacen es joder la Fiesta. Léase Presidentes y Veterinarios. Quienes me acompañaban, por ejemplo, tienen claro que un espectáculo así no es lo que quieren ver, no es nada que les emocione. Que no es de recibo ir a ver un cartel y que por decisiones de una sola persona la misma mañana se pueda organizar el desaguisado este. ¿Es así como piensan atraer a nuevos espectadores a las plazas? Ni de broma.
De todo lo que vimos por allí el único que estuvo en su sitio fue un policía nacional de los que andaba cerca de las taquillas. Como sucede cuando hay cambio de cartel existía la posibilidad de devolver las entradas, derecho que algunos ciudadanos estaban ejerciendo. Quince minutos antes de la hora de inicio de la corrida el taquillero cerró la ventanilla habilitada al efecto con el consiguiente cabreo del personal. Las empresas leen el Reglamento sólo a medias, porque lo que este dice es que en caso de modificación del cartel los espectadores tienen derecho a devolver su entrada hasta quince minutos antes, salvo que en ese momento siga habiendo gente que quiera hacerlo en cuyo caso sólo cuando esta demanda finalice (ininterrumpidamente), acaba la devolución. El policía nacional dijo que el personal no se preocupara, que él tomaba nota de lo estaba pasando para dar el parte correspondiente. Alguien dio aviso a la empresa, que en breve abrió nuevamente la taquilla.
En el ruedo, Cid, Talavante y Pinar estrellaron su voluntad con una corrida descastada y sin fuerza y ante un público enfandado hasta el extremo con el Presidente. Los tres primeros fueron absolutamente infames de presentación y juego (el segundo, completamente anovillado). La segunda parte mejoró ligerísimamente el sopor. El Cid en el cuarto toreó bien con el capote de recibo y en un breve quite; luego de dos pares muy buenos de Boni dio dos series buenas con la derecha y sacó naturales de uno en uno; pero sin emoción es muy difícil. A Talavante le faltó apostar y jugársela a sacar desde el principio los pases buenos que tuviera el animal. Y Pinar en el sexto toreó bien al menos malo de la corrida por el pitón derecho, aunque con poco ajuste, y le costó acoplarse por la izquierda; nos quedamos con la sensación de que algo más podría haberse sacado. Pero la gente estaba harta y desanimada.
No, señores. Lo que pasó en Albacete no es de recibo y no es propio de una plaza del prestigio de esta. Cada vez más, cada corrida tiene que ser un acontecimiento. Algo por lo que merezca la pena viajar e ilusionarse. Y que tenga una previsibilidad mucho mayor. Si no, será difícil incorporar a más gente a la afición, a la gente mejor, la más cabal.
Cuando llegamos a la plaza y vimos la nota que anunciaba que Morante se había caído del cartel la decepción fue completa. Decepción que se tornó en cabreo cuando repasamos las noticias de los portales taurinos y hablamos con los buenos aficionados que encontramos por allí que nos comentaron que se habían tenido que reconocer esa mañana diecinueve toros y que D. José Antonio había alegado gastroenteritis.
Por ser claros: yo no sé si Morante tenía o no gastroenteritis. Lo que decían muchos es que se negó a torear cuando se montó el lío de corrales y no se aprobaron los toros reseñados en el campo. Y parece que también porque su apoderado, Curro Vázquez, tenía enfrentamientos anteriores con el Presidente. Si es así (que no tengo ni idea, pero puede ser) lo de la gastroenteritis es una excusa perfecta para evitar una sanción. Pero lo razonable sería que el torero pudieran decir libremente que no toreaba porque él se había comprometido a torear unos toros concretos y no otros. Con transparencia.
Y desde luego, como hemos comentado ya otras veces (tardes del Puerto de Santa María, de Málaga,...) lo que no es de recibo es que los reconocimientos se hagan el mismo día de la corrida por la mañana. ¿Qué pasa con la gente que viaja para ver una tarde de esta? ¿Por qué les tienen que estropear manifiestamente el plan? ¿No es más razonable que se viaje al campo y los veterinarios aprueben o rechacen desde allí los toros?
El modo de "proteger" los derechos de los aficionados es decimonónico e ineficaz. Lo único que hace es perpetuar el poder de señores que a base de velar por la supuesta seriedad lo único que hacen es joder la Fiesta. Léase Presidentes y Veterinarios. Quienes me acompañaban, por ejemplo, tienen claro que un espectáculo así no es lo que quieren ver, no es nada que les emocione. Que no es de recibo ir a ver un cartel y que por decisiones de una sola persona la misma mañana se pueda organizar el desaguisado este. ¿Es así como piensan atraer a nuevos espectadores a las plazas? Ni de broma.
De todo lo que vimos por allí el único que estuvo en su sitio fue un policía nacional de los que andaba cerca de las taquillas. Como sucede cuando hay cambio de cartel existía la posibilidad de devolver las entradas, derecho que algunos ciudadanos estaban ejerciendo. Quince minutos antes de la hora de inicio de la corrida el taquillero cerró la ventanilla habilitada al efecto con el consiguiente cabreo del personal. Las empresas leen el Reglamento sólo a medias, porque lo que este dice es que en caso de modificación del cartel los espectadores tienen derecho a devolver su entrada hasta quince minutos antes, salvo que en ese momento siga habiendo gente que quiera hacerlo en cuyo caso sólo cuando esta demanda finalice (ininterrumpidamente), acaba la devolución. El policía nacional dijo que el personal no se preocupara, que él tomaba nota de lo estaba pasando para dar el parte correspondiente. Alguien dio aviso a la empresa, que en breve abrió nuevamente la taquilla.
En el ruedo, Cid, Talavante y Pinar estrellaron su voluntad con una corrida descastada y sin fuerza y ante un público enfandado hasta el extremo con el Presidente. Los tres primeros fueron absolutamente infames de presentación y juego (el segundo, completamente anovillado). La segunda parte mejoró ligerísimamente el sopor. El Cid en el cuarto toreó bien con el capote de recibo y en un breve quite; luego de dos pares muy buenos de Boni dio dos series buenas con la derecha y sacó naturales de uno en uno; pero sin emoción es muy difícil. A Talavante le faltó apostar y jugársela a sacar desde el principio los pases buenos que tuviera el animal. Y Pinar en el sexto toreó bien al menos malo de la corrida por el pitón derecho, aunque con poco ajuste, y le costó acoplarse por la izquierda; nos quedamos con la sensación de que algo más podría haberse sacado. Pero la gente estaba harta y desanimada.
No, señores. Lo que pasó en Albacete no es de recibo y no es propio de una plaza del prestigio de esta. Cada vez más, cada corrida tiene que ser un acontecimiento. Algo por lo que merezca la pena viajar e ilusionarse. Y que tenga una previsibilidad mucho mayor. Si no, será difícil incorporar a más gente a la afición, a la gente mejor, la más cabal.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Pozuelo de Alarcón (10 de septiembre de 2010) - Así no hacemos afición
No había ido nunca a la plaza de Pozuelo de Alarcón. Pozuelo, para los lectores que no conozcan bien los alrededores de Madrid, es un pueblo que no dista más de diez o doce kilómetros de la capital, con un nivel de vida bastante alto y que alberga en su término municipal y aledaños lujosas urbanizaciones. Un lugar, en fin, que tiene a menos de media hora en coche a varias decenas de miles de aficionados, como poco. Aún así el viernes se anunciaba una corrida con El Cid, César Jiménez y Daniel Luque y la plaza (portátil y con no demasiada capacidad) no tenía más de la mitad de sus localidades ocupadas. Y del público, buena parte eran peñistas locales (para quienes, supongo, las entradas tendrán un precio especial) y otro buen puñado (estoy casi seguro) "compromisos" del Ayuntamiento con quienes tampoco pasan por taquilla. Al final, no sé si habría más de quinientas o seiscientas personas que hubieran pagado su entrada.
Esto, obviamente, tiene bastante poco sentido. Y menos aún cuando la tarde transcurre como el viernes: con seis toros de Rivera de Campocerrado manifiestamente descastados e inválidos que impidieron absolutamente el triunfo a pesar de las ganas de los tres espadas. Sólo destacar algunos lances de Luque al tercero y Cid al cuarto, la variedad de Jiménez con el segundo y alguna serie de Luque al tercero. Además de buenas estocadas de Jiménez (segundo) y Luque (tercero). Poquísimo para un festejo de este tipo.
Para colmo, la presidenta quiso tener su minuto de gloria y obligó a que picaran por dos veces al segundo toro de El Cid, que se enfadó con razón. No es que el toro fuera a durar mucho más, pero tampoco había razón alguna que justificara un segundo encuentro con el caballo más que el empecinamiento de la concejala de turno que supongo que querría dar algo de seriedad a la plaza. De chiste.
Estos festejos no tienen sentido. No tiene sentido que un Ayuntamiento dilapide su dinero en cosas así (como no tiene sentido que lo gaste en otras muchas cosas). Organizar un festejo taurino tiene razón de ser cuando el festejo garantiza una mínima seriedad y rigor. Y eso atraerá público a las plazas. Subvencionar cosas como esta no ayudan para nada a la fiesta. Es más, dan una imagen exactamente contraria de lo que tiene ser la Fiesta, de lo que permite mantenerla y defenderla. ¿O es que hay alguien que, con seriedad, puede pretender reivindicar eso como evento cultural? Un poco de seriedad, señores.
Esto, obviamente, tiene bastante poco sentido. Y menos aún cuando la tarde transcurre como el viernes: con seis toros de Rivera de Campocerrado manifiestamente descastados e inválidos que impidieron absolutamente el triunfo a pesar de las ganas de los tres espadas. Sólo destacar algunos lances de Luque al tercero y Cid al cuarto, la variedad de Jiménez con el segundo y alguna serie de Luque al tercero. Además de buenas estocadas de Jiménez (segundo) y Luque (tercero). Poquísimo para un festejo de este tipo.
Para colmo, la presidenta quiso tener su minuto de gloria y obligó a que picaran por dos veces al segundo toro de El Cid, que se enfadó con razón. No es que el toro fuera a durar mucho más, pero tampoco había razón alguna que justificara un segundo encuentro con el caballo más que el empecinamiento de la concejala de turno que supongo que querría dar algo de seriedad a la plaza. De chiste.
Estos festejos no tienen sentido. No tiene sentido que un Ayuntamiento dilapide su dinero en cosas así (como no tiene sentido que lo gaste en otras muchas cosas). Organizar un festejo taurino tiene razón de ser cuando el festejo garantiza una mínima seriedad y rigor. Y eso atraerá público a las plazas. Subvencionar cosas como esta no ayudan para nada a la fiesta. Es más, dan una imagen exactamente contraria de lo que tiene ser la Fiesta, de lo que permite mantenerla y defenderla. ¿O es que hay alguien que, con seriedad, puede pretender reivindicar eso como evento cultural? Un poco de seriedad, señores.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Pinceladas de amargura
¡Cómo está el patio! A uno le gustaría recrearse en las faenas grandiosas de Morante, en el buen momento de El Juli, en el empaque de Manzanares, en las 2.000 corridas toreadas por el maestro Ponce,... Me gustaría glosar la figura del inigualable Rafael de Paula de quien mañana se cumplen 50 años de su alternativa en Ronda, en una goyesca con Julio Aparicio y Ordóñez. Recordar a Yiyo en el XXV aniversario de su mortal cornada en Colmenar. Repasar iniciativas interesantes como el Curso de Introducción a la Tauromaquia que organiza la Escuela de Madrid, la presentación del libro "Tauroética" de Savater que se anuncia para unos días en una de las Aulas de La Plaza de Las Ventas, el extraordinario Congreso de Fundamentos y Renovación de la Fiesta que se celebra a finales de mes en Sevilla, en las interesantes actividades que se están desarrollando en Valladolid coincidiendo con su Feria Taurina,...
Pero no, los taurinos oficiales y los blogueros se dedican a darse mandobles entre sí y con los antitaurinos por gilipolleces varias y preeminencias estúpidas. La desorganización de la Fiesta y la manifiesta mediocridad intelectual de los que están al frente del cotarro impiden organizar de forma eficaz y silenciosa la solución a los problemas cotidianos para poder centrarse en la grandeza de lo que ocurre en los ruedos y de lo mucho bueno que está surgiendo en torno a lo taurino.
Algunos ejemplos, para que ustedes me entiendan:
1.- Lo de Perera. Como para ser un aficionado de pro hay que dudar de la honestidad y la verdad de los toreros, un Presidente y algunos otros han dicho que fue poco organizado al anunciar con menos de tres horas de antelación que se caía del cartel en su segunda comparencia en Bilbao. Hay que ser ruines, cuando la explicación se dio bastante clarita desde el principio: Perera sentía molestias importantes desde el revolcón de una semana antes de San Sebastián y estaba toreando infiltrado; al llegar a Bilbao le hicieron una revisión más completa y le dijeron que tenía un grave problema en una vértebra y que si no paraba y tenía algún percance el resultado podría ser gravísimo. Ante lo cual, y muy a su pesar, pone fin a la temporada. Uno puede pensar que Perera este año ha estado mejor o peor en sus comparencias en las distintas plazas (y ahí están las crónicas en este blog de las tardes en las que le hemos visto este año, en la que podrán ver cómo hemos resaltado que nos ha gustado menos que hace un par de temporadas). Pero de ahí a poner en duda su honradez o suponer que alegaba una lesión de esa envergadura para no estar en Bilbao una tarde más va la distancia entre la crítica artística y una mezquindad inaudita. ¿No tienen otra cosa que hacer los taurinos? Después, Cepeda ha respondido con contundencia y tal vez se haya excedido en lo del "don nadie", los temas personales y cosas por el estilo (se ha excedido menos, en todo caso, que aquellos a los que respondía). Pero es que lo que no puede ser es que siempre se esté dudando de los toreros y que eso sea señal de ser buen aficionado.
2.- Lo de Calahorra. Un "empresario" (con perdón) taurino que suspende una corrida porque ha vendido pocas entradas y va a perder mucho dinero. ¿Nadie va a exigirle que cumpla su contrato? ¿Nadie va a exigir responsabilidad al Ayuntamiento que le adjudicó la Plaza para su gestión? ¿Nadie va a pensar en serio cómo tienen que enfocar los Ayuntamientos la gestión de sus plazas, como actividad cultural, y establecer su presupuesto y su actividad igual que plantean el resto de las actividades culturales -es decir, no pensando en su rendimiento económico sino en la difusión y formación cultural de los vecinos durante todo el año-?
3.- Lo del Defensor del Pueblo. La Unión de Abonados y Aficionados de España ha presentado un escrito ante el Defensor del Pueblo solicitándole que presente un recurso de inconstitucionalidad contra la prohibición de los toros en Cataluña. Primero, la mayoría de los medios (taurinos y no taurinos) han dicho que ha presentado un recurso de inconstitucionalidad, lo cual es manifiestamente incorrecto porque esos recursos se interponen ante el Tribunal Constitucional y sólo ciertas instituciones pueden hacerlo. Lo que ha hecho la Unión es instar al Defensor del Pueblo (que sí puede interponerlo) a que lo haga. Pero es que, además, han sido los únicos. ¿Dónde está La Mesa del Toro? ¿Y la Asociación Taurina Parlamentaria -50 diputados o senadores pueden presentar el recurso-, están recabando firmas para hacerlo? ¿Y las asociaciones de profesionales taurinos, de empresarios, de ganaderos,...? ¿Han hecho algo? ¿Piensan hacerlo? ¿O es que les han vuelto a convencer los políticos, como hicieron en Cataluña con el resultado que se vio, que es mejor tener un "perfil bajo"? ¡Va a ser impresionante cuando se agote el plazo y no se haya interpuesto el recurso en plazo y frente a quien puede pronunciarse!
4.- Lo de las manifestaciones antitaurinas frente a las plazas de toros. Como ha recordado el Blog Los Toros en el Siglo XXI, o los periodistas Paco Aguado o Santi Ortiz, un día se va a liar. En cualquier otra actividad (deportiva, cultural, empresarial, sindical, política, religiosa,...) nunca se daría autorización para una manifestación en un lugar en el que puediera ocasionarse un problema de orden público. Pero como los taurinos somos gentes civilizadas (en general), con prejuicios (la mayoría) y tremendamente desorganizada, se ha convertido en una costumbre ir a provocar y tenerse que aguantar si te llaman asesino o te pegan un empujón antes de acceder a la Plaza. ¿Tampoco hay nadie que ahorre a cada aficionado o asociación que tenga que defenderse individualmente? (El domingo en La Cope daré cuenta de cómo hay sentencias que ya prohibieron ciertos recorridos de manifestaciones antitaurinas por su coincidencia con las taurinas).
5.- Lo de la Feria del Pilar. ¡Vaya Feria que han hecho!...
6.- Lo de las "huelgas" convocadas por la Comisión de Seguimiento del Convenio Colectivo Taurino, o por asociaciones o sindicatos de banderilleros y picadores, que además sancionan a quienes no se suman a sus protestas. ¿Alguien había dicho que la tauromaquia era una actividad cultural? ¿Se imaginan ustedes a un escritor o a un pintor en huelga, a un escultor renunciando a su inspiración porque una galería no le vende bien sus creaciones, a un músico negándose a cantar porque no-sé-quién no pagó a alguien que una vez actuó en el mismo escenario -aunque el empresario que ahora lo gestione sea otro-?
Pues mientras dediquemos a esto nuestro tiempo, ¡vamos listos! Mientras aficionados, periodistas, toreros,... tengan que dedicar su tiempo a estas simplezas, en vez de que las resuelva y lidere todas una organización única, representativa, de gente capaz, inteligente y eficaz (vamos, casi lo mismito de lo que hay), no tendrán su mente y su tiempo en lo que importa. Así, vamos a llegar a más gente por los cojones, vamos a reivindicar el valor cultural la tauromaquia cuando las ranas bailen flamenco y vamos a conseguir enseguida que los mejores (cultural y socialmente) defiendan y promuevan el toreo, se pongan a la cabeza de nuestra manifestación.
(Quería hablarles también de Morante, de cómo tengo la sensación de que su genialidad cada vez se entiende menos. Pero creo que por hoy ya es bastante.)
Pero no, los taurinos oficiales y los blogueros se dedican a darse mandobles entre sí y con los antitaurinos por gilipolleces varias y preeminencias estúpidas. La desorganización de la Fiesta y la manifiesta mediocridad intelectual de los que están al frente del cotarro impiden organizar de forma eficaz y silenciosa la solución a los problemas cotidianos para poder centrarse en la grandeza de lo que ocurre en los ruedos y de lo mucho bueno que está surgiendo en torno a lo taurino.
Algunos ejemplos, para que ustedes me entiendan:
1.- Lo de Perera. Como para ser un aficionado de pro hay que dudar de la honestidad y la verdad de los toreros, un Presidente y algunos otros han dicho que fue poco organizado al anunciar con menos de tres horas de antelación que se caía del cartel en su segunda comparencia en Bilbao. Hay que ser ruines, cuando la explicación se dio bastante clarita desde el principio: Perera sentía molestias importantes desde el revolcón de una semana antes de San Sebastián y estaba toreando infiltrado; al llegar a Bilbao le hicieron una revisión más completa y le dijeron que tenía un grave problema en una vértebra y que si no paraba y tenía algún percance el resultado podría ser gravísimo. Ante lo cual, y muy a su pesar, pone fin a la temporada. Uno puede pensar que Perera este año ha estado mejor o peor en sus comparencias en las distintas plazas (y ahí están las crónicas en este blog de las tardes en las que le hemos visto este año, en la que podrán ver cómo hemos resaltado que nos ha gustado menos que hace un par de temporadas). Pero de ahí a poner en duda su honradez o suponer que alegaba una lesión de esa envergadura para no estar en Bilbao una tarde más va la distancia entre la crítica artística y una mezquindad inaudita. ¿No tienen otra cosa que hacer los taurinos? Después, Cepeda ha respondido con contundencia y tal vez se haya excedido en lo del "don nadie", los temas personales y cosas por el estilo (se ha excedido menos, en todo caso, que aquellos a los que respondía). Pero es que lo que no puede ser es que siempre se esté dudando de los toreros y que eso sea señal de ser buen aficionado.
2.- Lo de Calahorra. Un "empresario" (con perdón) taurino que suspende una corrida porque ha vendido pocas entradas y va a perder mucho dinero. ¿Nadie va a exigirle que cumpla su contrato? ¿Nadie va a exigir responsabilidad al Ayuntamiento que le adjudicó la Plaza para su gestión? ¿Nadie va a pensar en serio cómo tienen que enfocar los Ayuntamientos la gestión de sus plazas, como actividad cultural, y establecer su presupuesto y su actividad igual que plantean el resto de las actividades culturales -es decir, no pensando en su rendimiento económico sino en la difusión y formación cultural de los vecinos durante todo el año-?
3.- Lo del Defensor del Pueblo. La Unión de Abonados y Aficionados de España ha presentado un escrito ante el Defensor del Pueblo solicitándole que presente un recurso de inconstitucionalidad contra la prohibición de los toros en Cataluña. Primero, la mayoría de los medios (taurinos y no taurinos) han dicho que ha presentado un recurso de inconstitucionalidad, lo cual es manifiestamente incorrecto porque esos recursos se interponen ante el Tribunal Constitucional y sólo ciertas instituciones pueden hacerlo. Lo que ha hecho la Unión es instar al Defensor del Pueblo (que sí puede interponerlo) a que lo haga. Pero es que, además, han sido los únicos. ¿Dónde está La Mesa del Toro? ¿Y la Asociación Taurina Parlamentaria -50 diputados o senadores pueden presentar el recurso-, están recabando firmas para hacerlo? ¿Y las asociaciones de profesionales taurinos, de empresarios, de ganaderos,...? ¿Han hecho algo? ¿Piensan hacerlo? ¿O es que les han vuelto a convencer los políticos, como hicieron en Cataluña con el resultado que se vio, que es mejor tener un "perfil bajo"? ¡Va a ser impresionante cuando se agote el plazo y no se haya interpuesto el recurso en plazo y frente a quien puede pronunciarse!
4.- Lo de las manifestaciones antitaurinas frente a las plazas de toros. Como ha recordado el Blog Los Toros en el Siglo XXI, o los periodistas Paco Aguado o Santi Ortiz, un día se va a liar. En cualquier otra actividad (deportiva, cultural, empresarial, sindical, política, religiosa,...) nunca se daría autorización para una manifestación en un lugar en el que puediera ocasionarse un problema de orden público. Pero como los taurinos somos gentes civilizadas (en general), con prejuicios (la mayoría) y tremendamente desorganizada, se ha convertido en una costumbre ir a provocar y tenerse que aguantar si te llaman asesino o te pegan un empujón antes de acceder a la Plaza. ¿Tampoco hay nadie que ahorre a cada aficionado o asociación que tenga que defenderse individualmente? (El domingo en La Cope daré cuenta de cómo hay sentencias que ya prohibieron ciertos recorridos de manifestaciones antitaurinas por su coincidencia con las taurinas).
5.- Lo de la Feria del Pilar. ¡Vaya Feria que han hecho!...
6.- Lo de las "huelgas" convocadas por la Comisión de Seguimiento del Convenio Colectivo Taurino, o por asociaciones o sindicatos de banderilleros y picadores, que además sancionan a quienes no se suman a sus protestas. ¿Alguien había dicho que la tauromaquia era una actividad cultural? ¿Se imaginan ustedes a un escritor o a un pintor en huelga, a un escultor renunciando a su inspiración porque una galería no le vende bien sus creaciones, a un músico negándose a cantar porque no-sé-quién no pagó a alguien que una vez actuó en el mismo escenario -aunque el empresario que ahora lo gestione sea otro-?
Pues mientras dediquemos a esto nuestro tiempo, ¡vamos listos! Mientras aficionados, periodistas, toreros,... tengan que dedicar su tiempo a estas simplezas, en vez de que las resuelva y lidere todas una organización única, representativa, de gente capaz, inteligente y eficaz (vamos, casi lo mismito de lo que hay), no tendrán su mente y su tiempo en lo que importa. Así, vamos a llegar a más gente por los cojones, vamos a reivindicar el valor cultural la tauromaquia cuando las ranas bailen flamenco y vamos a conseguir enseguida que los mejores (cultural y socialmente) defiendan y promuevan el toreo, se pongan a la cabeza de nuestra manifestación.
(Quería hablarles también de Morante, de cómo tengo la sensación de que su genialidad cada vez se entiende menos. Pero creo que por hoy ya es bastante.)
miércoles, 1 de septiembre de 2010
San Sebastián de los Reyes (29 de agosto de 2010) - Muy interesante
Gran tarde de toros la que vivimos el domingo en San Sebastián de los Reyes. Juli, Castella y Manzanares dieron lo mejor de su toreo en un festejo triunfal, de gran toreo por parte de los tres espadas y con una corrida terciada de Victoriano del Río, pero más que aceptable para una plaza de tercera.
Juli recibió muy bien a su primero con el capote y quitó vistoso y profundo. El toro derribó al picador, pero más por la impericia de caballo y caballero que por una fortaleza desmesurada. En la muleta, las series con la derecha fueron de hondura y limpieza. El toro iba muy bien por ese pitón y algo pero por el izquierdo, por donde protestaba algo más, a pesar de lo cual Julián lo intentó y sacó pases más que estimables. La faena concluyó con circulares invertidos ligados en cadena, faroles, cambios de mano,... Toreo vistoso en un trasteo con gran contenido y coherencia. Pinchó primero y luego recetó una gran estocada.
Con el cuarto se dio un auténtico festín. Con el capote quitó primosoramente por chicuelinas abrochadas con una gran media. Luego, en la muleta, el toro embistió cpn clase aunque no perimitía series largas. El Juli toreó muy bien con ambas manos. Toreo ligado y gustándose, con cadencia, con aguante, con hondura. Gran estocada y dos orejas de ley.
Castella fue golpeado en el recibo de capote a su primero. Quitó bien por chicuelinas templadas y ceñidas. Con la muleta intentó alargar los muletazos, dando al todo más sitio y toreándole mucho más puro de lo que en general le hemos visto esta temporada. No abusó de la cercanía a los pitones, salvo en el final de la faena. Castella en su mejor versión. Estocada algo caida y oreja con fuerte petición de la segunda.
Al quinto lo recibió con templadas verónicas rodilla en tierra y le instrumentó un quite por gaoneras y otros lances ceñidos con el capote a la espalda. En la faena de muleta recibió una tremda voltereta. Antes había toreado lento y con gusto; después del susto aún más. Gran toreo por ambas manos. El toro humilla mucho y él le lleva largo y templado aprovechando la embestida. Estocada algo caida y dos orejas.
Manzanares tuvo probablemente el lote menos aprovechable, pero demostró una vez más su inmensa estética y hondura toreando. Al tercero lo recibió bien con el capote y con la muleta le corrigió los defectos llevándole siempre muy tapado, con temple, gusto y empaque. Por la izquierda el toro se deja menos, pero Manzanares insistir y consigue sacarle series de interés. Un natural y uno de pecho fueron auténticamente de cartel. Mató de una estocada perfecta recibiendo (no le habíamos visto nunca hacerlo así) y recibió dos merecidas orejas de premio a su labor.
En el último, un toro complicado, hizo una faena de muchísimo mérito con algunos pasajes de gran intensidad estética, pero donde, sobre todo, vimos a un Manzanares poderoso sin que ello quitara un ápice de profundidad a su toreo. Gran estocada y una oreja.
Una tarde, en fin, de buen toreo. Con toros apropiado para una plaza de tercera y con tres toreros que dieron lo mejor de su tauromaquia, que no escatimaron en entrega y en variedad con capote y muleta y que mataron muy bien. Toreo de lujo. Que no necesita para serlo que se haga ni en Madrid ni en Bilbao. Que basta con este otro toro, que cuando embiste y transmite, y los toreros se entregan, también pueden brindar grandes momentos.
Juli recibió muy bien a su primero con el capote y quitó vistoso y profundo. El toro derribó al picador, pero más por la impericia de caballo y caballero que por una fortaleza desmesurada. En la muleta, las series con la derecha fueron de hondura y limpieza. El toro iba muy bien por ese pitón y algo pero por el izquierdo, por donde protestaba algo más, a pesar de lo cual Julián lo intentó y sacó pases más que estimables. La faena concluyó con circulares invertidos ligados en cadena, faroles, cambios de mano,... Toreo vistoso en un trasteo con gran contenido y coherencia. Pinchó primero y luego recetó una gran estocada.
Con el cuarto se dio un auténtico festín. Con el capote quitó primosoramente por chicuelinas abrochadas con una gran media. Luego, en la muleta, el toro embistió cpn clase aunque no perimitía series largas. El Juli toreó muy bien con ambas manos. Toreo ligado y gustándose, con cadencia, con aguante, con hondura. Gran estocada y dos orejas de ley.
Castella fue golpeado en el recibo de capote a su primero. Quitó bien por chicuelinas templadas y ceñidas. Con la muleta intentó alargar los muletazos, dando al todo más sitio y toreándole mucho más puro de lo que en general le hemos visto esta temporada. No abusó de la cercanía a los pitones, salvo en el final de la faena. Castella en su mejor versión. Estocada algo caida y oreja con fuerte petición de la segunda.
Al quinto lo recibió con templadas verónicas rodilla en tierra y le instrumentó un quite por gaoneras y otros lances ceñidos con el capote a la espalda. En la faena de muleta recibió una tremda voltereta. Antes había toreado lento y con gusto; después del susto aún más. Gran toreo por ambas manos. El toro humilla mucho y él le lleva largo y templado aprovechando la embestida. Estocada algo caida y dos orejas.
Manzanares tuvo probablemente el lote menos aprovechable, pero demostró una vez más su inmensa estética y hondura toreando. Al tercero lo recibió bien con el capote y con la muleta le corrigió los defectos llevándole siempre muy tapado, con temple, gusto y empaque. Por la izquierda el toro se deja menos, pero Manzanares insistir y consigue sacarle series de interés. Un natural y uno de pecho fueron auténticamente de cartel. Mató de una estocada perfecta recibiendo (no le habíamos visto nunca hacerlo así) y recibió dos merecidas orejas de premio a su labor.
En el último, un toro complicado, hizo una faena de muchísimo mérito con algunos pasajes de gran intensidad estética, pero donde, sobre todo, vimos a un Manzanares poderoso sin que ello quitara un ápice de profundidad a su toreo. Gran estocada y una oreja.
Una tarde, en fin, de buen toreo. Con toros apropiado para una plaza de tercera y con tres toreros que dieron lo mejor de su tauromaquia, que no escatimaron en entrega y en variedad con capote y muleta y que mataron muy bien. Toreo de lujo. Que no necesita para serlo que se haga ni en Madrid ni en Bilbao. Que basta con este otro toro, que cuando embiste y transmite, y los toreros se entregan, también pueden brindar grandes momentos.
sábado, 28 de agosto de 2010
San Sebastián de los Reyes (28 de agosto de 2010) - Faena grande, indulto improcedente
No sé muy bien si la actitud de El Cid al no querer salir en hombros de la plaza debido a las protestas por el indulto era una señal de enfado con el público o de respeto. De ser lo primero estaría totalmente injustificado, porque la faena que ha realizado a ese cuarto toro de la tarde ha sido una grandísima faena, en la línea del mejor Cid. Y el público así lo ha reconocido. La forma de citar al toro más allá del tercio al natural para empezar el toreo con la muleta nos recordó, salvando la diferencia de toro y de plaza, a la de un día de San Isidro de hace dos o tres años en Las Ventas. Luego, las series con ambas manos han sido realmente primorosas, profundas, hondas y templadísimas. Ha toreado con mucho gusto y mucha profundidad a un toro noble que ha humillado y ha seguido muy bien los engaños. Pero de ahí al indulto va un trecho. Y ese trecho lo ha recorrido el Presidente por su propia cuenta y riesgo, sin que apenas se lo pidiera nadie (al menos, casi nadie de los que estaban en el tendido, porque sí que ha habido algunos comentarios y gestos al ir a cambiar el Cid la espada que han resultado un tanto peculiares). A partir de ese momento, el Cid ha seguido gustándose y el toro ha seguido embistiendo, aunque, obviamente, cada vez con menos codicia. Faena importante y muy inteligente de Manuel Jesús. Tras simular la suerte de matar y conducir con la muleta al toro a los corrales, el público no ha pedido los trofeos, pero no, desde luego, porque no le hubiera gustado la faena (importantísima, como digo), sino porque me da la impresión de que el personal asume que el indulto equivale a las dos orejas y el rabo para el matador, como por otro lado ha sucedido. Pero hay que recordar que no es así y que el reconocimiento al comportamiento del toro que supone el indulto es independiente del que merezca la faena del torero, que puede ser de dos orejas y rabo (esta faena, en una plaza como San Sebastián de los Reyes y con indulto por medio probablemente lo era), de dos orejas, de oreja, de silencio o de protestas, que de todo puede haber. El Cid ha estado muy bien, y querríamos ver en esta faena la constatación de que se está volviendo a encontrar como torero. ¡Olé por él! El indulto ha sido excesivo, pero tampoco me parece que eso sea para montar una revolución. Ni para que se enfade con el público, si este ha sido el caso.
El resto de la tarde ha sido todo lo anodina que pueda imaginarse con otros cinco toros sosos y desclasados, sin casta ni fuerza de ninguna clase. Los tres toreros (Cid, Talavante y Luque) lo intentaron, pero se estrellaron contra un encierro lamentable. Aun así Talavante consiguió instrumentar series muy buenas con ambas manos a su primero, de un trazo y un temple primorosos; lástima que la absoluta sosería del animal hicieran imposible que aquello transmitiera un ápice de emoción. Y Luque con el tercero, el único que se movió y transmitió un tanto además del indultado, cortó una oreja después de una faena con pases de interés con ambas manos, en la que destacó el inicio tremendamente quieto, llevando al toro por ambos pitones varias veces, y los adornos.
El viaje no ha sido en balde. Hemos visto a un gran Cid y a un buen toro. Aún así, da pena ver dónde está para algunos el listón de la bravura. Porque si lo de este toro es el paradigma de la bravura, si esto es lo que se quiere como semental, no me extraña que a poco que el cruce no mejore mucho lo que aporte el padre, haya serios riesgos de que la descendencia sea sosa y floja, que se pare o se defienda al embestir. Como el resto del encierro, vamos.
El resto de la tarde ha sido todo lo anodina que pueda imaginarse con otros cinco toros sosos y desclasados, sin casta ni fuerza de ninguna clase. Los tres toreros (Cid, Talavante y Luque) lo intentaron, pero se estrellaron contra un encierro lamentable. Aun así Talavante consiguió instrumentar series muy buenas con ambas manos a su primero, de un trazo y un temple primorosos; lástima que la absoluta sosería del animal hicieran imposible que aquello transmitiera un ápice de emoción. Y Luque con el tercero, el único que se movió y transmitió un tanto además del indultado, cortó una oreja después de una faena con pases de interés con ambas manos, en la que destacó el inicio tremendamente quieto, llevando al toro por ambos pitones varias veces, y los adornos.
El viaje no ha sido en balde. Hemos visto a un gran Cid y a un buen toro. Aún así, da pena ver dónde está para algunos el listón de la bravura. Porque si lo de este toro es el paradigma de la bravura, si esto es lo que se quiere como semental, no me extraña que a poco que el cruce no mejore mucho lo que aporte el padre, haya serios riesgos de que la descendencia sea sosa y floja, que se pare o se defienda al embestir. Como el resto del encierro, vamos.
lunes, 23 de agosto de 2010
La majestad de Manzanares
(21-VIII-2010, la Goyesca del Puerto)
Al hablar de José María Manzanares se pondera su corte de torero clásico y se acude con frecuencia a un término, pobre a mi juicio, como es el de “empaque”, pero con el que los aficionados se entienden, algo así como el “trapío”, pero aplicado a las formas del toreo.
Sin embargo, Manzanares, ya se hace innecesaria la distinción entre el padre y el hijo, está muy por encima de este concepto limitado. Intuyo que Manzanares aporta “majestad” a la tauromaquia. La “majestad” es una cualidad luminosa que excede el ámbito taurino y que alumbra a los dioses y a los hombres.
No se trata de celebrar las cualidades áticas de su toreo, semejantes, si no superiores, a las del maestro Antonio Ordoñez, se trata de que Manzanares, hoy por hoy, es la expresión taurina de “lo apolíneo” en el arte.
Remedando al diccionario: Manzanares posee los caracteres de serenidad y elegante equilibrio propios de Apolo.
Esto, que lo hemos visto tres años seguidos en la feria de Sevilla, pero también en Barcelona o, recientemente, en Huelva, quedó firmado junto al mar de la Argónida la otra tarde en la goyesca del Puerto de Santa María.
Firmó dos obras maestras con dos soberbios estocadas que quedarán enmarcadas en las ánforas del recuerdo.
En el primero de sus toros con una grandísima exposición porque, habiendo un vendaval en el ruedo que hacía prácticamente imposible todo toreo, embarcó en series templadísimas a un animal, bravo, sí, y fiero, de Cuvillo.
Cuando salen estos toros y los cogen estos toreros, nuevamente los conceptos de temple y mando se quedan chicos, lo que sucedió rompió el molde de lo clásico.
Da casi pudor decir que el toro se durmió en las verónicas o que los cambios de mano fueron de una cadencia prodigiosa y los pases de pecho espeluznantes –es el único torero que los sabe instrumentar perfectamente desde la cabeza a la penca del rabo-, porque es repetirse y el prodigio al que asistimos será irrepetible.
Y hay que decir que en el segundo de sus lotes la primera de las series fue un sueño, un milagro de los que convencen a cualquier descreído, la aparición de lo divino, el resto de la faena se vino un poco abajo luego, por el toro, abatido ante tan sublime juego. Pero el público se había vuelto loco y tras un pinchazo en lo más alto, se le dieron el total de 4 orejas que es un cómputo bien mundano para lo que vivimos.
Si el toreo es ligazón y redondez, aquello, aquella serie, fue el “toreo”.
Se lidiaron toros de Cuvillo, ¿por qué estos toros si embisten y transmiten miedo? y de Gavira, de juego más manso, malos. Morante no estuvo suerte en su lote, aunque dio alguna bonita serie.
Daniel Luque, estuvo muy bien en su primero, pero por contraste, sólo por contraste, nos supo a poco.
Si Manzanares es lo apolíneo, Morante, lo hemos dicho, es lo dionisíaco, acudiendo otra vez al diccionario, diremos que posee los caracteres de ímpetu, fuerza vital y arrebato atribuido a Dioniso. O sea, el duende.
Esto no hay donde aprenderlo, lo dan los dioses.
Entre Apolo y Dioniso hay sólo espacio para los héroes, ese espacio que ocupaba José Tomás y al que se acerca a veces el Juli y, excepcionalmente, Perera, Cid o Castella.
Es en el ocaso de la tauromaquia, porque el escalafón renquea y no esperamos nuevos novilleros, cuando se puede ver el mejor toreo de todos los tiempos. Los siglos de oro suelen ser la punta brillante, la última luz de una decadencia previsible.
En este canto del cisne a mí ya sólo me merece la pena ver torear a Morante y a Manzanares.
Lo demás me parece vulgar, aunque engrandecido por el trágico año de percances sufridos.
Sé que un buen aficionado no debería afirmar esto, pero a mí no me corresponde desmentirlo, sino a los otros toreros, los que no llenan las plazas.
Morante, Juli, Manzanares, el cartel de la feria de San Miguel.
El cartel del Domingo de Resurrección.
El Cartel.
Al hablar de José María Manzanares se pondera su corte de torero clásico y se acude con frecuencia a un término, pobre a mi juicio, como es el de “empaque”, pero con el que los aficionados se entienden, algo así como el “trapío”, pero aplicado a las formas del toreo.
Sin embargo, Manzanares, ya se hace innecesaria la distinción entre el padre y el hijo, está muy por encima de este concepto limitado. Intuyo que Manzanares aporta “majestad” a la tauromaquia. La “majestad” es una cualidad luminosa que excede el ámbito taurino y que alumbra a los dioses y a los hombres.
No se trata de celebrar las cualidades áticas de su toreo, semejantes, si no superiores, a las del maestro Antonio Ordoñez, se trata de que Manzanares, hoy por hoy, es la expresión taurina de “lo apolíneo” en el arte.
Remedando al diccionario: Manzanares posee los caracteres de serenidad y elegante equilibrio propios de Apolo.
Esto, que lo hemos visto tres años seguidos en la feria de Sevilla, pero también en Barcelona o, recientemente, en Huelva, quedó firmado junto al mar de la Argónida la otra tarde en la goyesca del Puerto de Santa María.
Firmó dos obras maestras con dos soberbios estocadas que quedarán enmarcadas en las ánforas del recuerdo.
En el primero de sus toros con una grandísima exposición porque, habiendo un vendaval en el ruedo que hacía prácticamente imposible todo toreo, embarcó en series templadísimas a un animal, bravo, sí, y fiero, de Cuvillo.
Cuando salen estos toros y los cogen estos toreros, nuevamente los conceptos de temple y mando se quedan chicos, lo que sucedió rompió el molde de lo clásico.
Da casi pudor decir que el toro se durmió en las verónicas o que los cambios de mano fueron de una cadencia prodigiosa y los pases de pecho espeluznantes –es el único torero que los sabe instrumentar perfectamente desde la cabeza a la penca del rabo-, porque es repetirse y el prodigio al que asistimos será irrepetible.
Y hay que decir que en el segundo de sus lotes la primera de las series fue un sueño, un milagro de los que convencen a cualquier descreído, la aparición de lo divino, el resto de la faena se vino un poco abajo luego, por el toro, abatido ante tan sublime juego. Pero el público se había vuelto loco y tras un pinchazo en lo más alto, se le dieron el total de 4 orejas que es un cómputo bien mundano para lo que vivimos.
Si el toreo es ligazón y redondez, aquello, aquella serie, fue el “toreo”.
Se lidiaron toros de Cuvillo, ¿por qué estos toros si embisten y transmiten miedo? y de Gavira, de juego más manso, malos. Morante no estuvo suerte en su lote, aunque dio alguna bonita serie.
Daniel Luque, estuvo muy bien en su primero, pero por contraste, sólo por contraste, nos supo a poco.
Si Manzanares es lo apolíneo, Morante, lo hemos dicho, es lo dionisíaco, acudiendo otra vez al diccionario, diremos que posee los caracteres de ímpetu, fuerza vital y arrebato atribuido a Dioniso. O sea, el duende.
Esto no hay donde aprenderlo, lo dan los dioses.
Entre Apolo y Dioniso hay sólo espacio para los héroes, ese espacio que ocupaba José Tomás y al que se acerca a veces el Juli y, excepcionalmente, Perera, Cid o Castella.
Es en el ocaso de la tauromaquia, porque el escalafón renquea y no esperamos nuevos novilleros, cuando se puede ver el mejor toreo de todos los tiempos. Los siglos de oro suelen ser la punta brillante, la última luz de una decadencia previsible.
En este canto del cisne a mí ya sólo me merece la pena ver torear a Morante y a Manzanares.
Lo demás me parece vulgar, aunque engrandecido por el trágico año de percances sufridos.
Sé que un buen aficionado no debería afirmar esto, pero a mí no me corresponde desmentirlo, sino a los otros toreros, los que no llenan las plazas.
Morante, Juli, Manzanares, el cartel de la feria de San Miguel.
El cartel del Domingo de Resurrección.
El Cartel.
domingo, 22 de agosto de 2010
Mosterín et álii
"Las incomprensiones y oposiciones que lo rechazan [el toreo] no son otra cosa, en definitiva, más que odio mortal a la inteligencia: acumulación impotente de rencores sentimentales en civilizaciones inferiores por primitivas aún y bárbaras. Es el rencor sentimental de intelectuales de improvisación, que son sentimentales disfrazados, sin sensibilidad todavía para su natural, y sobrenatural, entendimiento,"
José Bergamín, El Arte de Birlibirloque, citado en "Sentimiento del Toreo" (Ed. de Carlos Marzal, Tusquets)
José Bergamín, El Arte de Birlibirloque, citado en "Sentimiento del Toreo" (Ed. de Carlos Marzal, Tusquets)
miércoles, 18 de agosto de 2010
Rafael Alberti, los progres y los toros



El fin de semana taurino en El Puerto de Santa María dio para algunas cosas más. No sólo vimos la absoluta genialidad de Morante en sus dos faenas (¡no nos cansamos de recordarlo!), la elegancia y el empaque de Manzanares, el poderío de El Juli, el pundonor de Cayetano, los apuntes para la recuperación de El Cid y de Perara,… También dimos buena cuenta de los manjares de aquellas tierras un día en El Pescaíto y otro en Casa Flores (en una comida ya tradicional, con buenos compañeros de quehaceres y de afición). Degustamos buen flamenco en una de las peñas de la localidad, paseamos por sus calles, visitamos algunas de sus iglesias,…
Y exploramos con pasión el mundo de Rafael Alberti en el museo de la Fundación que lleva su nombre. Alberti fue un personaje peculiar. Miembro de la generación del 27, aunque con obras interesantes y hallazgos de tremenda fuerza y belleza (“se equivocó la paloma”, “a galopar”, “el mar, la mar”,…) no fue uno de los mejores poetas congregados en aquel encuentro en el Ateneo de Sevilla para reivindicar a Góngora (ahí están, si no, Lorca, Salinas, Cernuda,…). Pero su largo exilio, su longevidad y su buen marketing literario y vital le convirtieron, sobre todo tras su vuelta a España, en un intelectual de cabecera de los progresistas. Su foto junto a Pasionaria en la mesa de apertura de aquellas Cortes del 77 en las que aun tenían asiento renombrados franquistas eran un símbolo del esfuerzo por lograr una España para todos. Aunque entre esos “todos” estuvieran fascistas y marxistas, extremistas cuyas ideologías abominaban por igual el respeto al ser humano, a la democracia y los derechos humanos, a la libertad individual. Porque el pensamiento de Alberti, como el de muchos de los que se fueron, como el de tantos de los que se quedaron, no era precisamente el de la mesura y la moderación.
Pues bien, en aquel museo había multitud de elementos que evocan el mundo taurino, una realidad de la que Alberti siempre se sintió cercano. En la planta superior, por ejemplo, había un curiosísimo juego de la oca-toro, como había poemas dedicados a la tauromaquia, recuerdos de la amistad con Picasso (otro aficionado en el exilio…). Pero quiero detenerme en dos imágenes: la primera es la de un Alberti ya casi centenario (1993) en la Plaza de Pontevedra. En aquella plaza, muchos años antes, hizo el paseíllo vestido de luces en la cuadrillas de Ignacio Sánchez Mejías, sintiendo desde el callejón tal temor cuando salió el toro que no intervino en toda la lidia. Tantos años después, Alberti está en el ruedo con el cuerpo erguido, una sonrisa entre burlona e infantil, la mano izquierda apoyada en la cintura y la derecha citando imaginariamente al burel en una postura perfectamente torera pese a sus años. Sobre la fotografía, una leyenda a mano: “Que un español, si es sincero, / sólo puede ser torero”.
La otra es una curiosidad que da idea de lo que podría evolucionarse en todo lo que rodea al arte taurino. Es un cartel que Alberti pintó para una corrida que se celebró el 10 de junio de 1971 en la Plaza de Toros de… GRAN CANARIA. Sí, Canarias. Sí, Alberti. Sí, 1971. Sí, toreo, en Canarias y con un cartel dibujado por un comunista. ¡Uffff, los mitos….! El cartel, toros de Don Antonio Pérez de San Fernando para Antonio BIENVENIDA, Luis Miguel DOMINGUÍN y Miguel MARQUEZ. (¿Qué era eso de que a Canarias no iban las figuras…?). Pero lo realmente impresionante es la belleza y novedad artística del cartel. Muy en Alberti, muy poco en los aburridos dibujos que aún hoy, treinta años después, siguen anunciando los festejos de nuestras ferias y son premiados en los concursos de carteles taurinos (¿o no, Pablo?). Una referencia para quienes quieran darse cuenta de que hay mucho nuevo que se puede hacer. Que hay muchos a los que se puede involucrar.
Pero el problema de los progres de ahora es que ni siquiera se reconocen en sus clásicos. Y que seguirán hablando de costumbres caducas cuando uno de sus mitos, mucho más progre que todos ellos juntos, hablaba de España y de los toros con naturalidad y desde lo más hondo.
(Perdón por la escasa calidad de la fotografías, pero entre mi escasa destreza con las lentas y que las hice con el iphone, es lo que salió).
lunes, 16 de agosto de 2010
Enredos de corrales
Decíamos en la anterior entrada que había que hablar de lo ocurrido en los corrales de El Puerto de Santa María y de Málaga. Haremos primero un breve resumen de los hechos, mencionaremos luego la extraña amalgama que hacen algunos con lo de Cataluña y finalmente daremos nuestra opinión.
En El Puerto el día 8 a punto estuvo de suspenderse la corrida: los veterinarios rechazaron los toros inicialmente reseñados de Zalduendo y los representantes de los toreros se negaban a torear si no se mantenía un número mínimo de los toros inicialmente previstos; al final, en un gesto insólito, emitieron un comunicado horas antes de celebrarse la corrida indicando que finalmente torearían por respeto al público. Los astados finalmente fueron de Zalduendo (3), de Hermanos Sanpedro (2) y de Parladé (1). Los de Zalduendo no tuvieron casta alguna, salvo uno de ellos que tuvo algo de gracia, los dos de Hermanos Sanpedro fueron bastante buenos y el de Parladé fue descastado y sin fondo como en general lo está siendo su camada y la de Juan Pedro.
En Málaga se ha suspendido la primera de las corridas de toros anunciadas en su Feria. Un cartel no de toreros de relumbrón, sino un cartel de veteranos que lo siguen intentando y una promesa: Manolo Sánchez, César Jiménez y Oliva Soto. El problema difiere según las fuentes: el empresario (Puche) alega la falta de flexibilidad y de criterio de la Presidenta y los veterinarios en el reconocimiento y alega que se presentaron muchísimos toros de la ganadería anunciada (Ribera de Campocerrado), que la presencia era impecable (de hecho, han enviado fotos a los portales y medios de comunicación) y se ha insinuado que había cuentas pendientes que saldar de la Presidenta con la empresa. La Presidenta dice que los toros no tenían la presencia requerida para Málaga y que el empresario se negaba a que no hubiera al menos cuatro toros de la ganadería anunciada, ya que eso permitiría a los abonados devolver sus localidades y teniendo en cuenta el escaso tirón del cartel, hubieran sido muchos los que hubieran ejercido su derecho, lo que hubiera supuesto un importante perjuicio económico para él. Y que este fue el motivo por el cual se negó a llevar toros de otras ganaderías que hubieran podido remendar la corrida (¡será por toros en el campo!).
Las huestes taurinas, en un curioso ejercicio de ligazón intelectual, han puesto el grito en el cielo por el flaco favor que los taurinos están haciendo a la Fiesta con noticias como esta en momentos tan duros como los que ha supuesto la prohibición de Cataluña. Debo reconocer que no encuentro la vinculación y que si de lo que se trata es de defender la Fiesta y proclamar la necesidad de su integridad tanto da que haya prohibición o no. Debe defenderse por los que estamos y a los que nos gustan los toros, no por los que la prohiben. La prohibición, ya lo hemos dicho muchas veces, no es un grave problema para la tauromaquia (y, sobre todo, no lo es para los taurinos); es un problema para la libertad. Y por eso los que tendrían que clamar contra lo de Cataluña serían taurinos y no taurinos, porque el hecho de que los políticos restrinjan ámbitos de libertad es algo que nos afecta a todos, sea o no nuestra libertad. Porque la libertad no es fraccionable. Que el cine español que se difunde en las salas (es un poner) sea malísimo, no justificaría en absoluto su prohibición, sería sólo un problema de los aficionados al cine español. Y si se prohibiera, los aficionados al cine español y los que no lo sean deberían hacer todo lo posible para impedirlo: por respeto a la libertad, que no al cine español.
Dicho lo cual lo del Puerto y Málaga es una vergüenza, con prohibición en Cataluña o sin ella. No es de recibo que en uno de los dos carteles de más interés en una plaza tan significativa como la de El Puerto (el otro es el del próximo día 21), haya un baile de corrales que pudiera haber acabado en suspensión. Y no es de recibo que en la principal Feria del sur en Agosto (la de Málaga) se suspenda una corrida de toros por falta de toros en un año en el que hay cientos de toros en el campo que se quedarán sin vender. En ambos casos se plantea un debate que no es nada fácil de resolver y que acecha de raíz a la tauromaquia: autorregulación versus protección de los derechos de los espectadores y de la integridad de la Fiesta con carácter preventivo por los agentes de la autoridad. O dicho en sencillo: si deben ser los taurinos los que organicen los festejos como quieran y sólo se les pueda sancionar a posteriori si vulneran las normas que existan o si debe haber una autoridad que (supuestamente velando por la Fiesta y los aficionados) pueda imponer su criterio a la hora de no aprobar los toros que deben lidiarse.
Este debate es mucho más complejo que lo que algunos quieren hacer creer: porque ni los taurinos son todos unos golfos (que es lo que parece deducirse al leer muchas de las informaciones aparecidas), ni son unos benditos. Pero tampoco todos los Presidentes y veterinarios son almas puras con una clarividencia celestial de cuyos designios puedan venir sólo bondades para la Fiesta: también los hay rencorosos y los que hay que tienen prejuicios frente a algunas ganaderías, toreros, apoderados y empresas. La bondad y la estulticia están repartidas en porcentajes al azar en todos los gremios.
Por eso, creo que debería caminarse hacia una mayor autorregulación (no soy nada aficionado a los deportes, pero creo que en esto podrían ser un buen ejemplo). Primero: por convicción: porque creo que la Administración sólo debe intervenir en aquellos espacios en los cuales su presencia es imprescindible para el buen orden social. Y ellos excluye su intervención en la tauromaquia y en otra cantidad de espacios y situaciones en las que no pinta absolutamente nada. Pero, además, porque eso significaría una mayor responsabilidad de todos los que intervienen en el negocio taurino. Y les obligaría a asumir sus aciertos y sus errores. Con pérdidas manifiestas de espectadores cuando lo hagan mal y con incremento sensible de ingresos cuando acierten.
Probablemente esto no sea posible a corto plazo por la comodidad que la inercia proporciona a ciudadanos, políticos y empresarios. Hasta tanto se pueda alcanzar, creo que sería un gesto de responsabilidad de todos: empresarios taurinos, apoderados, presidentes y veterinarios, arbitrar todos los medios para que se eviten situaciones bochornosas como las vividas. Y hay dos que son sencillísimas y bastante baratas: visitas al campo y transparencia. Lo primero es que cuando se reseña una corrida asistan, junto con apoderados, veedores, empresa y demás artistas invitados, el Presidente y los veterinarios de la plaza en cuestión. De este modo, podrán dar ya su opinión sobre el trapío y la presencia de los animalitos en cuestión. Y si no hay acuerdo, será en ese momento (muchas semanas antes de la celebración del festejo) cuando, si tiene que haber lío, se organice y se resuelva, pero no con el público ya en los aledaños de la plaza o un día antes del festejo.
Lo segundo es la transparencia, algo que debe incrementarse absolutamente en lo taurino y que bien podría empezar por este ámbito. Transparencia, por ejemplo, al reseñar una corrida en el campo. Se indican los números de los animales, se les hace una foto y se pone en los portales de la plaza de toros. Y si media mucho tiempo entre la reseña y la celebración del festejo, se hacen fotos cada treinta o cuarenta días y se ve la evolución. Y si los veterinarios creen que hay problemas en la evolución, lo dicen entonces, y no el día antes. Y transparencia también si, pese a que en el campo los toros han parecido bien y no se han detectado problemas hasta el embarque, en el reconocimiento previo hay problemas: contar las cosas como son. Por ejemplo, que si hay duda de la integridad de los pitones, se diga con estas palabras y no con eufemismos. Y que si hay cualquier otro problema, se le llame también por su nombre (por un nombre que el común de los aficionados pueda entender).
No digo yo que con esto se eliminen absolutamente los bailes de corrales. Pero lo que es evidente es que de actuarse de este modo, cada cual quedaría perfectamente retratado. Y los aficionados podrían actuar en consecuencia. Que no es poco.
En El Puerto el día 8 a punto estuvo de suspenderse la corrida: los veterinarios rechazaron los toros inicialmente reseñados de Zalduendo y los representantes de los toreros se negaban a torear si no se mantenía un número mínimo de los toros inicialmente previstos; al final, en un gesto insólito, emitieron un comunicado horas antes de celebrarse la corrida indicando que finalmente torearían por respeto al público. Los astados finalmente fueron de Zalduendo (3), de Hermanos Sanpedro (2) y de Parladé (1). Los de Zalduendo no tuvieron casta alguna, salvo uno de ellos que tuvo algo de gracia, los dos de Hermanos Sanpedro fueron bastante buenos y el de Parladé fue descastado y sin fondo como en general lo está siendo su camada y la de Juan Pedro.
En Málaga se ha suspendido la primera de las corridas de toros anunciadas en su Feria. Un cartel no de toreros de relumbrón, sino un cartel de veteranos que lo siguen intentando y una promesa: Manolo Sánchez, César Jiménez y Oliva Soto. El problema difiere según las fuentes: el empresario (Puche) alega la falta de flexibilidad y de criterio de la Presidenta y los veterinarios en el reconocimiento y alega que se presentaron muchísimos toros de la ganadería anunciada (Ribera de Campocerrado), que la presencia era impecable (de hecho, han enviado fotos a los portales y medios de comunicación) y se ha insinuado que había cuentas pendientes que saldar de la Presidenta con la empresa. La Presidenta dice que los toros no tenían la presencia requerida para Málaga y que el empresario se negaba a que no hubiera al menos cuatro toros de la ganadería anunciada, ya que eso permitiría a los abonados devolver sus localidades y teniendo en cuenta el escaso tirón del cartel, hubieran sido muchos los que hubieran ejercido su derecho, lo que hubiera supuesto un importante perjuicio económico para él. Y que este fue el motivo por el cual se negó a llevar toros de otras ganaderías que hubieran podido remendar la corrida (¡será por toros en el campo!).
Las huestes taurinas, en un curioso ejercicio de ligazón intelectual, han puesto el grito en el cielo por el flaco favor que los taurinos están haciendo a la Fiesta con noticias como esta en momentos tan duros como los que ha supuesto la prohibición de Cataluña. Debo reconocer que no encuentro la vinculación y que si de lo que se trata es de defender la Fiesta y proclamar la necesidad de su integridad tanto da que haya prohibición o no. Debe defenderse por los que estamos y a los que nos gustan los toros, no por los que la prohiben. La prohibición, ya lo hemos dicho muchas veces, no es un grave problema para la tauromaquia (y, sobre todo, no lo es para los taurinos); es un problema para la libertad. Y por eso los que tendrían que clamar contra lo de Cataluña serían taurinos y no taurinos, porque el hecho de que los políticos restrinjan ámbitos de libertad es algo que nos afecta a todos, sea o no nuestra libertad. Porque la libertad no es fraccionable. Que el cine español que se difunde en las salas (es un poner) sea malísimo, no justificaría en absoluto su prohibición, sería sólo un problema de los aficionados al cine español. Y si se prohibiera, los aficionados al cine español y los que no lo sean deberían hacer todo lo posible para impedirlo: por respeto a la libertad, que no al cine español.
Dicho lo cual lo del Puerto y Málaga es una vergüenza, con prohibición en Cataluña o sin ella. No es de recibo que en uno de los dos carteles de más interés en una plaza tan significativa como la de El Puerto (el otro es el del próximo día 21), haya un baile de corrales que pudiera haber acabado en suspensión. Y no es de recibo que en la principal Feria del sur en Agosto (la de Málaga) se suspenda una corrida de toros por falta de toros en un año en el que hay cientos de toros en el campo que se quedarán sin vender. En ambos casos se plantea un debate que no es nada fácil de resolver y que acecha de raíz a la tauromaquia: autorregulación versus protección de los derechos de los espectadores y de la integridad de la Fiesta con carácter preventivo por los agentes de la autoridad. O dicho en sencillo: si deben ser los taurinos los que organicen los festejos como quieran y sólo se les pueda sancionar a posteriori si vulneran las normas que existan o si debe haber una autoridad que (supuestamente velando por la Fiesta y los aficionados) pueda imponer su criterio a la hora de no aprobar los toros que deben lidiarse.
Este debate es mucho más complejo que lo que algunos quieren hacer creer: porque ni los taurinos son todos unos golfos (que es lo que parece deducirse al leer muchas de las informaciones aparecidas), ni son unos benditos. Pero tampoco todos los Presidentes y veterinarios son almas puras con una clarividencia celestial de cuyos designios puedan venir sólo bondades para la Fiesta: también los hay rencorosos y los que hay que tienen prejuicios frente a algunas ganaderías, toreros, apoderados y empresas. La bondad y la estulticia están repartidas en porcentajes al azar en todos los gremios.
Por eso, creo que debería caminarse hacia una mayor autorregulación (no soy nada aficionado a los deportes, pero creo que en esto podrían ser un buen ejemplo). Primero: por convicción: porque creo que la Administración sólo debe intervenir en aquellos espacios en los cuales su presencia es imprescindible para el buen orden social. Y ellos excluye su intervención en la tauromaquia y en otra cantidad de espacios y situaciones en las que no pinta absolutamente nada. Pero, además, porque eso significaría una mayor responsabilidad de todos los que intervienen en el negocio taurino. Y les obligaría a asumir sus aciertos y sus errores. Con pérdidas manifiestas de espectadores cuando lo hagan mal y con incremento sensible de ingresos cuando acierten.
Probablemente esto no sea posible a corto plazo por la comodidad que la inercia proporciona a ciudadanos, políticos y empresarios. Hasta tanto se pueda alcanzar, creo que sería un gesto de responsabilidad de todos: empresarios taurinos, apoderados, presidentes y veterinarios, arbitrar todos los medios para que se eviten situaciones bochornosas como las vividas. Y hay dos que son sencillísimas y bastante baratas: visitas al campo y transparencia. Lo primero es que cuando se reseña una corrida asistan, junto con apoderados, veedores, empresa y demás artistas invitados, el Presidente y los veterinarios de la plaza en cuestión. De este modo, podrán dar ya su opinión sobre el trapío y la presencia de los animalitos en cuestión. Y si no hay acuerdo, será en ese momento (muchas semanas antes de la celebración del festejo) cuando, si tiene que haber lío, se organice y se resuelva, pero no con el público ya en los aledaños de la plaza o un día antes del festejo.
Lo segundo es la transparencia, algo que debe incrementarse absolutamente en lo taurino y que bien podría empezar por este ámbito. Transparencia, por ejemplo, al reseñar una corrida en el campo. Se indican los números de los animales, se les hace una foto y se pone en los portales de la plaza de toros. Y si media mucho tiempo entre la reseña y la celebración del festejo, se hacen fotos cada treinta o cuarenta días y se ve la evolución. Y si los veterinarios creen que hay problemas en la evolución, lo dicen entonces, y no el día antes. Y transparencia también si, pese a que en el campo los toros han parecido bien y no se han detectado problemas hasta el embarque, en el reconocimiento previo hay problemas: contar las cosas como son. Por ejemplo, que si hay duda de la integridad de los pitones, se diga con estas palabras y no con eufemismos. Y que si hay cualquier otro problema, se le llame también por su nombre (por un nombre que el común de los aficionados pueda entender).
No digo yo que con esto se eliminen absolutamente los bailes de corrales. Pero lo que es evidente es que de actuarse de este modo, cada cual quedaría perfectamente retratado. Y los aficionados podrían actuar en consecuencia. Que no es poco.
domingo, 15 de agosto de 2010
Puerto de Santa María (7 y 8 de agosto de 2010) - ... Arte impresionista de Morante y algunas otras cosas
Gran fin de semana el que vivimos en El Puerto de Santa María hace ahora una semana. José María ya ha dejado constancia aquí de lo que sucedió el domingo, pero me gustaría repasar también lo del sábado y hacer algunos apuntes más de esta incursión de principios de agosto en los toros del sur.
La tarde del sábado fue una tarde de muchísimo viento y una floja entrada (menos de media plaza). Los toros no ayudaron en general al triunfo, pero cada diestro volvió a evidenciar el distinto momento de forma por el que atraviesa. Cid estuvo serio y con voluntad, pero mostrando lo que le cuesta encontrar el sitio y los recursos. En su primero sufrió muchos enganchones y no alcanzó a ver cómo superar las dificultades del toro y de la ventisca, lo cual no era fácil, pero en otras temporadas lo hubiera hecho con mayor seguridad. Aun así dibujó una muy buena tanda con la derecha y cobró una buena estocada. En el cuarto, Alcaraceño volvió a brillar con los palos y Manuel Jesús dio distancia al toro al comenzar la faena, con una serie de interés, pero luego, aunque dio muchos pases, no hubo transmisión. Mal con los aceros.
Manzanares volvió a redondear una tarde excepcional a pesar del viento y de los toros. En ambos, además, con una lidia perfecta (tiene una cuadrilla realmente excepcional). Su primero fue un toro soso, flojo y que se quedaba corto. Aun así, sacó una serie muy buena al comienzo de faena y siguió instrumentando un trasteo serio y decidido, aunque no muy lucido por las condiciones del bicho. Dio una gran estocada. La faena al quinto fue magistral, de menos a más, haciendo al toro, que cabeceaba si se le llevaba por arriba y se caía si se le obligaba. Manzanares le enseñó a embestir y ligó una faena soberbia, con majestad, empaque, maestría y elegancia. Forma sublime de torear tanto en redondos y naturales, como en los adornos, larguísimos y templados. La estocada fue una de las mejores que he visto esta temporada. Sencillamente excepcional.
Perera lo intentó con el tercero. Toreó por delantales en el recibo de capa y quitó lucido por tafalleras y gaoneras. El comienzo de faena en redondo dejó algún momento bueno, pero luego, entre la escasa codicia del animal, su colocación y las ganas de meterse entre los pitones vimos poco toreo lucido. Estocada de efecto fulminante. En el sexto vimos una ejecución perfecta de la suerte de varas (al toro se le pegó poco, pero se le citó de forma magnífica y el varilarguero le picó en su sitio, sosteniendo perfectamente la embestida con la montura) y un gran tercio de banderillas. El toro no dio facilidades y no hubo nada reseñable con la muleta.
En resumen, Manzanares que sigue brillando tarde tras tarde y Cid y Perera que lo siguen intentando, pero a quienes no hemos visto acabar de romper esta temporada.
Lo del domingo ya lo ha contado José María. Sólo algunos apuntes de la tarde (de lo que sucedió por la mañana y de lo que ha pasado en Málaga habrá que hablar también, a ver si uno de estos días…). Al salir de la plaza, quienes habíamos asistido a aquel despliegue de Morante en sus dos toros y a faenas magníficas de Juli y Cayetano (una cada uno), teníamos la satisfacción de haber vivido una gran tarde de toros. Al comprobar la información de los portales, sin embargo, tuve la sensación de que los que contaban lo que allí había sucedido tenían más interés en la voltereta de Morante y su fallo a espadas que en el magisterio cumbre de sus dos faenas. Reconozco que no consigo a entender si a estos tipos les gustan los toros, qué toros y qué toreo. Qué es lo que pretenden ver en el ruedo.
Lo de Morante (más allá de la voltereta y de su desacierto a espadas) fue sensacional. Volvió a reinventar la verónica, lenta, mecida, acompañándolas con todo el cuerpo, guiando al toro en su viaje. Un despliegue capotero sin igual. Y con la muleta dio dos lecciones completas de improvisación y gracia, de toreo hondo, profundo. A quien vaya a ver series continuadas de derechazos y naturales puede parecerle que las faenas no fueron completas, que hubo solo retazos y falta de ligazón. Pero quien quiere busca una obra de arte, con un sentido, con una trama, una obra única con un estilo distinto, reconocerá en Morante un auténtico genio. Toreó excepcionalmente con ambas manos, con una quietud impresionante, quedando inmóvil la pierna de apoyo y girando en torno a sí para llevar al toro en un toreo circular genial. La naturalidad de cada pase, del modo de andarle a los toros, de realizar el embroque, de salir de las suertes, de ejecutar cada pase, era única. No, no era una faena que pudiera traerse estudiada de casa, era una obra de arte impresionista que dota al conjunto de una coherencia absoluta. Y todo ello aderezado con momentos de inspiración sublime como esos tres o cuatro pases que le dio a su primero una vez ejecutada la suerte suprema, o el modo de salirse al tercio con la muleta calada desde las tablas y brindar como una parte más de la primera serie al cuarto de la tarde. El toreo de Morante es irrepetible. Como el de cualquier artista genial, que no crea escuela, que no puede crearla, porque la gracia no se enseña.
Juli demostró en el segundo el extraordinario momento que atraviesa, con una faena más convencional, pero con gran transmisión. Mucho toreo y del bueno, tanto con la capa, el recibo y en el quite por chicuelinas, como en las largas series con ambas manos en la faena de muleta.
Tampoco acertó con los aceros. El quinto fue un toro soso y se estrelló su voluntad con la nula clase del morlaco.
Cayetano salió espoleado en el tercero y aunque no pudo hacer nada con el capote, dio alguna serie lucida y honda con la muleta. Tiene mucha clase, casta para las citas importantes (y esta lo era), pero le falta un punto de técnica, de rapidez para ver al toro e improvisar en la cara. Brindo el sexto a sus compañeros de terna en un gesto torero para rematar una tarde grande, pero el toro no respondió y no hubo mucho más que hacer.
Gran tarde de toros con un Morante en estado de gracia, un Juli muy importante y un Cayetano peleando a base de clase y pundonor.
La tarde del sábado fue una tarde de muchísimo viento y una floja entrada (menos de media plaza). Los toros no ayudaron en general al triunfo, pero cada diestro volvió a evidenciar el distinto momento de forma por el que atraviesa. Cid estuvo serio y con voluntad, pero mostrando lo que le cuesta encontrar el sitio y los recursos. En su primero sufrió muchos enganchones y no alcanzó a ver cómo superar las dificultades del toro y de la ventisca, lo cual no era fácil, pero en otras temporadas lo hubiera hecho con mayor seguridad. Aun así dibujó una muy buena tanda con la derecha y cobró una buena estocada. En el cuarto, Alcaraceño volvió a brillar con los palos y Manuel Jesús dio distancia al toro al comenzar la faena, con una serie de interés, pero luego, aunque dio muchos pases, no hubo transmisión. Mal con los aceros.
Manzanares volvió a redondear una tarde excepcional a pesar del viento y de los toros. En ambos, además, con una lidia perfecta (tiene una cuadrilla realmente excepcional). Su primero fue un toro soso, flojo y que se quedaba corto. Aun así, sacó una serie muy buena al comienzo de faena y siguió instrumentando un trasteo serio y decidido, aunque no muy lucido por las condiciones del bicho. Dio una gran estocada. La faena al quinto fue magistral, de menos a más, haciendo al toro, que cabeceaba si se le llevaba por arriba y se caía si se le obligaba. Manzanares le enseñó a embestir y ligó una faena soberbia, con majestad, empaque, maestría y elegancia. Forma sublime de torear tanto en redondos y naturales, como en los adornos, larguísimos y templados. La estocada fue una de las mejores que he visto esta temporada. Sencillamente excepcional.
Perera lo intentó con el tercero. Toreó por delantales en el recibo de capa y quitó lucido por tafalleras y gaoneras. El comienzo de faena en redondo dejó algún momento bueno, pero luego, entre la escasa codicia del animal, su colocación y las ganas de meterse entre los pitones vimos poco toreo lucido. Estocada de efecto fulminante. En el sexto vimos una ejecución perfecta de la suerte de varas (al toro se le pegó poco, pero se le citó de forma magnífica y el varilarguero le picó en su sitio, sosteniendo perfectamente la embestida con la montura) y un gran tercio de banderillas. El toro no dio facilidades y no hubo nada reseñable con la muleta.
En resumen, Manzanares que sigue brillando tarde tras tarde y Cid y Perera que lo siguen intentando, pero a quienes no hemos visto acabar de romper esta temporada.
Lo del domingo ya lo ha contado José María. Sólo algunos apuntes de la tarde (de lo que sucedió por la mañana y de lo que ha pasado en Málaga habrá que hablar también, a ver si uno de estos días…). Al salir de la plaza, quienes habíamos asistido a aquel despliegue de Morante en sus dos toros y a faenas magníficas de Juli y Cayetano (una cada uno), teníamos la satisfacción de haber vivido una gran tarde de toros. Al comprobar la información de los portales, sin embargo, tuve la sensación de que los que contaban lo que allí había sucedido tenían más interés en la voltereta de Morante y su fallo a espadas que en el magisterio cumbre de sus dos faenas. Reconozco que no consigo a entender si a estos tipos les gustan los toros, qué toros y qué toreo. Qué es lo que pretenden ver en el ruedo.
Lo de Morante (más allá de la voltereta y de su desacierto a espadas) fue sensacional. Volvió a reinventar la verónica, lenta, mecida, acompañándolas con todo el cuerpo, guiando al toro en su viaje. Un despliegue capotero sin igual. Y con la muleta dio dos lecciones completas de improvisación y gracia, de toreo hondo, profundo. A quien vaya a ver series continuadas de derechazos y naturales puede parecerle que las faenas no fueron completas, que hubo solo retazos y falta de ligazón. Pero quien quiere busca una obra de arte, con un sentido, con una trama, una obra única con un estilo distinto, reconocerá en Morante un auténtico genio. Toreó excepcionalmente con ambas manos, con una quietud impresionante, quedando inmóvil la pierna de apoyo y girando en torno a sí para llevar al toro en un toreo circular genial. La naturalidad de cada pase, del modo de andarle a los toros, de realizar el embroque, de salir de las suertes, de ejecutar cada pase, era única. No, no era una faena que pudiera traerse estudiada de casa, era una obra de arte impresionista que dota al conjunto de una coherencia absoluta. Y todo ello aderezado con momentos de inspiración sublime como esos tres o cuatro pases que le dio a su primero una vez ejecutada la suerte suprema, o el modo de salirse al tercio con la muleta calada desde las tablas y brindar como una parte más de la primera serie al cuarto de la tarde. El toreo de Morante es irrepetible. Como el de cualquier artista genial, que no crea escuela, que no puede crearla, porque la gracia no se enseña.
Juli demostró en el segundo el extraordinario momento que atraviesa, con una faena más convencional, pero con gran transmisión. Mucho toreo y del bueno, tanto con la capa, el recibo y en el quite por chicuelinas, como en las largas series con ambas manos en la faena de muleta.
Tampoco acertó con los aceros. El quinto fue un toro soso y se estrelló su voluntad con la nula clase del morlaco.
Cayetano salió espoleado en el tercero y aunque no pudo hacer nada con el capote, dio alguna serie lucida y honda con la muleta. Tiene mucha clase, casta para las citas importantes (y esta lo era), pero le falta un punto de técnica, de rapidez para ver al toro e improvisar en la cara. Brindo el sexto a sus compañeros de terna en un gesto torero para rematar una tarde grande, pero el toro no respondió y no hubo mucho más que hacer.
Gran tarde de toros con un Morante en estado de gracia, un Juli muy importante y un Cayetano peleando a base de clase y pundonor.
lunes, 9 de agosto de 2010
Eternidades
Lo de Huelva ha estado muy bien y Manzanares torea como los ángeles, que yo lo vi. Pero ayer asistimos en El Puerto de Santa María a la máxima expresión de la belleza taurina.
Aquí lo han sabido ver.
Tanta fue la plasticidad e intensidad de las faenas de Morante de la Puebla, con magníficos interludios del Juli y Cayetano, que agradecimos las abreviaturas de los toros quinto y sexto, aquejados como estábamos, según el feliz comentario de Lorenzo, del síndrome de Stendhal taurino.
En el primero de los suyos el de la Puebla meció al toro en una verónicas tan idénticas al ideal platónico de "la verónica" que a los cinco minutos de estar en la Plaza ya dábamos por amortizada la tarde, el viaje y aun la temporada.
-Ea, que ya me puedo ir.
El comienzo de la faena fue sublime, con unos ayudados por alto y un desmayo en los lances que siguieron que el torero se olvidó del ser y del no ser y el toro hizo por él, pero como la armonía había rendido al miedo, nuestro torero volvió, no a la cara del toro, sino a la esencia misma del arte.
En el segundo Morante inició la faena como los toreros antiguos, con la montera puesta: al hilo de las tablas lo desengañó por bajo, pero ligando los pases, y lo llevó a los medios toreado al tiempo que se quitaba la montera y brindaba al respetable.
Esta forma de brindar “in media res” –y nunca mejor al caso lo de “res”- provocó un terremoto en los tendidos que se abrieron por bulerías y por matas de romero y flores arrojadas, porque no se supo muy bien qué había pasado: si Morante toreaba con la propia montera al toro, o nos toreaba a nosotros en el místico círculo de su brindis.
A las faenas de Morante dicen que les falta ligazón, lo que sucede es que este torero saca los pases uno a uno en lo que no hace sino parecerse a Joselito el Gallo y lo hace, haya toro o no lo haya, del centro de la misma cantera del mármol que recubre a Joselito...
Nos repetimos al decir que este torero bebe de la fuente -otra vez platónica- de los tres toreros a los que no hemos visto torear, pero que son los pilares emocionales de la tauromaquia: Belmonte, Joselito y el Gallo.
Sólo el Gallo podría hacer saltar el duende de una montera, como la chistera de un mago.
Sólo Joselito podría pisar la variedad de terrenos que pisó Morante y encontrar la gracia justa en cada pase.
Sólo Belmonte dormía el tiempo en la media verónica o se atrevería a torear a un toro después de estoqueado, cuando no se sabe si es más peligroso o está más resignado, cuando no se sabe nada y ya solo dominan al artista los enajenados duendes de la creación.
José Antonio Morante de la Puebla es la trinidad del toreo transfigurada.
El toreo desaparecerá, pero lo de ayer por la tarde, no.
Que yo lo vi.
PD: Unos haikus a la vuelta de la plaza.
Aquí lo han sabido ver.
Tanta fue la plasticidad e intensidad de las faenas de Morante de la Puebla, con magníficos interludios del Juli y Cayetano, que agradecimos las abreviaturas de los toros quinto y sexto, aquejados como estábamos, según el feliz comentario de Lorenzo, del síndrome de Stendhal taurino.
En el primero de los suyos el de la Puebla meció al toro en una verónicas tan idénticas al ideal platónico de "la verónica" que a los cinco minutos de estar en la Plaza ya dábamos por amortizada la tarde, el viaje y aun la temporada.
-Ea, que ya me puedo ir.
El comienzo de la faena fue sublime, con unos ayudados por alto y un desmayo en los lances que siguieron que el torero se olvidó del ser y del no ser y el toro hizo por él, pero como la armonía había rendido al miedo, nuestro torero volvió, no a la cara del toro, sino a la esencia misma del arte.
En el segundo Morante inició la faena como los toreros antiguos, con la montera puesta: al hilo de las tablas lo desengañó por bajo, pero ligando los pases, y lo llevó a los medios toreado al tiempo que se quitaba la montera y brindaba al respetable.
Esta forma de brindar “in media res” –y nunca mejor al caso lo de “res”- provocó un terremoto en los tendidos que se abrieron por bulerías y por matas de romero y flores arrojadas, porque no se supo muy bien qué había pasado: si Morante toreaba con la propia montera al toro, o nos toreaba a nosotros en el místico círculo de su brindis.
A las faenas de Morante dicen que les falta ligazón, lo que sucede es que este torero saca los pases uno a uno en lo que no hace sino parecerse a Joselito el Gallo y lo hace, haya toro o no lo haya, del centro de la misma cantera del mármol que recubre a Joselito...
Nos repetimos al decir que este torero bebe de la fuente -otra vez platónica- de los tres toreros a los que no hemos visto torear, pero que son los pilares emocionales de la tauromaquia: Belmonte, Joselito y el Gallo.
Sólo el Gallo podría hacer saltar el duende de una montera, como la chistera de un mago.
Sólo Joselito podría pisar la variedad de terrenos que pisó Morante y encontrar la gracia justa en cada pase.
Sólo Belmonte dormía el tiempo en la media verónica o se atrevería a torear a un toro después de estoqueado, cuando no se sabe si es más peligroso o está más resignado, cuando no se sabe nada y ya solo dominan al artista los enajenados duendes de la creación.
José Antonio Morante de la Puebla es la trinidad del toreo transfigurada.
El toreo desaparecerá, pero lo de ayer por la tarde, no.
Que yo lo vi.
PD: Unos haikus a la vuelta de la plaza.
domingo, 8 de agosto de 2010
Feria de Huelva (1 al 3 de agosto de 2010) - Cuatro grandes faenas y mucho toro descastado
Este año hemos podido ir las tres tardes de toreo a pie de la Feria de Huelva, una Feria en la que, ante la ausencia de José Tomás, la empresa ha decidido colocar a los nueve toreros más importantes del escalafón: Morante, Juli, Ponce, Manzanares, Perera, Cid, Talavante, Castella y Fandi. El público respondió con buenas entradas aunque sin agotar ningún día el papel (algo que este año está siendo habitual en todas las plazas), los toreros mostraron todos muy buena disposición aunque distinto estado de forma y claridad de ideas y los toros, como es costumbre, pusieron la nota discordante, con más ejemplares sosos, sin casta y desrazados que nobles y bravos.
Aun así, pudimos ver cuatro grandes faenas y apuntes geniales, que no impidieron que la mayoría del público, sobre todo el público local, que sólo tiene la oportunidad de ver estos tres festejos en vivo en su localidad, saliera con un cierto desencanto. Algo tendrán que hacer los ganaderos. La Fiesta, en los relativo a los toros, tiene que ser más previsible. Tiene, al menos, que haber más casta y más emoción.
El comienzo del festejo del domingo, como se hizo en otras plazas, reivindicó el rechazo de los taurinos a la prohibición de los toros en Cataluña. El Manifiesto (muy acertado, a mi juicio) lo leyó Carlos Herrera, que estuvo acompañado en el ruedo por Antonio Jiménez (Intereconomía) y el periodista deportivo Roberto Gómez. En el ruedo, el festejo tuvo dos partes claramente diferenciadas por el distinto comportamiento de los toros: una primera brillante y una segunda bastante insulsa. Morante recibió con verónicas de mucho peso a su primero, al que instrumentó tandas de muleta de gran sabor, en un trasteo que sin ser redondo, tuvo muchísimo interés para el aficionado. El cuarto era un “bicho” con peligro al que comenzó con la muleta por bajo torerísimo y estuvo mucho tiempo intentando sacarle partido, sin que de aquel animal hubiera nada bueno que extraer. Estuvo mal con la espada y el descabello, a pesar de lo cual la gente le dedicó una cariñosa ovación. Juli, en el segundo de la tarde, hizo una faena muy completa con capote y muleta, faena técnica, poderosa y artística, demostrando el buen momento en el que está. Un gran Juli que no pudo rematar la tarde en el quinto, un toro soso, que no decía nada y ante el cual nada pudo hacer. Perera hizo un gran quite al tercero por tafalleras y gaoneras y con la muleta comenzó en el centro del ruedo con dos pases cambiados y luego dejó pasajes de interés toreando en redondo, antes de meterse entre los pitones para acabar de calentar al público. Con el sexto tampoco pudo hacer gran cosa.
El lunes la corrida empezó con varios toreros de Huelva llevando por el ruedo una pancarta en apoyo al toreo en Cataluña. No sé si el proselitismo a los convencidos es el mejor modo de defender la Fiesta, pero supongo que se agradece el gesto. La corrida no dio mucho de sí. El Cid dio algunos lances buenos de recibo en su primero, un quite de menos intensidad y una primera tanda aceptable con la muleta; luego, acompañó la embestida del toro hasta que éste se rajó, sin decir mucho en el trasteo. Buena estocada, aunque el toro le golpeo en el embroque, afortunadamente sin consecuencias. En el cuarto vimos lo mejor de la tarde en varias series con la derecha trayéndose al toro de lejos y templando bien la embestida. Por la izquierda no hubo opción. Dio una vuelta al ruedo después de una estocada algo más que baja. Fandi dio el habitual recital de banderillas, más atléticas que hondas y toreras, más emocionantes en el quinto que en el segundo. Con capote y muleta, en su primero, soso, parado y sin casta alguna, no hubo opción. En el quinto hizo una faena más larga y conectó más con el público, pero salvo una serie con la izquierda, más templada, el resto no tuvo demasiada hondura. Talavante quitó con interés pero apresurada ejecución en el tercero, al que dio un par de series hondas, hasta que el toro se paró. En el sexto, fue importante la primera serie, con un cambio de mano de cartel; luego, el trasteo perdió emoción y aunque hubo más series, ninguna llegó a emocionar.
La última de feria nos permitió ver a un Manzanares en plenitud. En el tercero hizo una faena perfecta, con pases profundísimos con ambas manos, toreo hondo, caro, de cartel. El circular, los remates y el eterno pase de pecho del final aun los tenemos en la retina. Faenas de menos a más, muy importante. En el sexto hubo un par de tandas de interés y algunos pases con empaque, pero el toro no permitió hacer una obra completa. Antes, en el primero, Ponce demostró su técnica con un toro que parecía tener algún problema en la vista. Faena algo encimista, de más a menos, con series limpias, pero en la que faltó algo de intensidad. Recetó una gran estocada, hubo petición y bronca al Presidente por no conceder la oreja. El cuarto fue un toro soso y sin transmisión con el cual ni el oficio y la voluntad de Ponce pudieron suplir la falta de gracia de su embestida. Castella en el segundo hizo una faena de emoción y buena técnica, pero faltó empaque y profundidad. En el quinto, el toro fue muy soso y sólo destacaron las dos primeras tandas, templadas y con quietud.
Una feria, en fin, en la que vimos muy bien a Morante, Juli y Manzanares. Poco despejados a Cid, Perera y Castella. Fandi a lo suyo. Y no podemos acabar de juzgar a Ponce y Talavante porque los toros no les dieron apenas oportunidad. Y esto es lo peor, la falta de casta general de los tres encierros, en los que sólo destacaron algunos (muy pocos) toros. El resto, sosos y sin transmisión alguna.
(Y este fin de semana hemos vuelto a ver en El Puerto de Santa María un Manzanares extraordinario, dos faenas impresionantes de Morante, una muy buena de Juli y otra de bastante interés de Cayetano. No es poco. Lo contaremos en breve con más detalle).
Aun así, pudimos ver cuatro grandes faenas y apuntes geniales, que no impidieron que la mayoría del público, sobre todo el público local, que sólo tiene la oportunidad de ver estos tres festejos en vivo en su localidad, saliera con un cierto desencanto. Algo tendrán que hacer los ganaderos. La Fiesta, en los relativo a los toros, tiene que ser más previsible. Tiene, al menos, que haber más casta y más emoción.
El comienzo del festejo del domingo, como se hizo en otras plazas, reivindicó el rechazo de los taurinos a la prohibición de los toros en Cataluña. El Manifiesto (muy acertado, a mi juicio) lo leyó Carlos Herrera, que estuvo acompañado en el ruedo por Antonio Jiménez (Intereconomía) y el periodista deportivo Roberto Gómez. En el ruedo, el festejo tuvo dos partes claramente diferenciadas por el distinto comportamiento de los toros: una primera brillante y una segunda bastante insulsa. Morante recibió con verónicas de mucho peso a su primero, al que instrumentó tandas de muleta de gran sabor, en un trasteo que sin ser redondo, tuvo muchísimo interés para el aficionado. El cuarto era un “bicho” con peligro al que comenzó con la muleta por bajo torerísimo y estuvo mucho tiempo intentando sacarle partido, sin que de aquel animal hubiera nada bueno que extraer. Estuvo mal con la espada y el descabello, a pesar de lo cual la gente le dedicó una cariñosa ovación. Juli, en el segundo de la tarde, hizo una faena muy completa con capote y muleta, faena técnica, poderosa y artística, demostrando el buen momento en el que está. Un gran Juli que no pudo rematar la tarde en el quinto, un toro soso, que no decía nada y ante el cual nada pudo hacer. Perera hizo un gran quite al tercero por tafalleras y gaoneras y con la muleta comenzó en el centro del ruedo con dos pases cambiados y luego dejó pasajes de interés toreando en redondo, antes de meterse entre los pitones para acabar de calentar al público. Con el sexto tampoco pudo hacer gran cosa.
El lunes la corrida empezó con varios toreros de Huelva llevando por el ruedo una pancarta en apoyo al toreo en Cataluña. No sé si el proselitismo a los convencidos es el mejor modo de defender la Fiesta, pero supongo que se agradece el gesto. La corrida no dio mucho de sí. El Cid dio algunos lances buenos de recibo en su primero, un quite de menos intensidad y una primera tanda aceptable con la muleta; luego, acompañó la embestida del toro hasta que éste se rajó, sin decir mucho en el trasteo. Buena estocada, aunque el toro le golpeo en el embroque, afortunadamente sin consecuencias. En el cuarto vimos lo mejor de la tarde en varias series con la derecha trayéndose al toro de lejos y templando bien la embestida. Por la izquierda no hubo opción. Dio una vuelta al ruedo después de una estocada algo más que baja. Fandi dio el habitual recital de banderillas, más atléticas que hondas y toreras, más emocionantes en el quinto que en el segundo. Con capote y muleta, en su primero, soso, parado y sin casta alguna, no hubo opción. En el quinto hizo una faena más larga y conectó más con el público, pero salvo una serie con la izquierda, más templada, el resto no tuvo demasiada hondura. Talavante quitó con interés pero apresurada ejecución en el tercero, al que dio un par de series hondas, hasta que el toro se paró. En el sexto, fue importante la primera serie, con un cambio de mano de cartel; luego, el trasteo perdió emoción y aunque hubo más series, ninguna llegó a emocionar.
La última de feria nos permitió ver a un Manzanares en plenitud. En el tercero hizo una faena perfecta, con pases profundísimos con ambas manos, toreo hondo, caro, de cartel. El circular, los remates y el eterno pase de pecho del final aun los tenemos en la retina. Faenas de menos a más, muy importante. En el sexto hubo un par de tandas de interés y algunos pases con empaque, pero el toro no permitió hacer una obra completa. Antes, en el primero, Ponce demostró su técnica con un toro que parecía tener algún problema en la vista. Faena algo encimista, de más a menos, con series limpias, pero en la que faltó algo de intensidad. Recetó una gran estocada, hubo petición y bronca al Presidente por no conceder la oreja. El cuarto fue un toro soso y sin transmisión con el cual ni el oficio y la voluntad de Ponce pudieron suplir la falta de gracia de su embestida. Castella en el segundo hizo una faena de emoción y buena técnica, pero faltó empaque y profundidad. En el quinto, el toro fue muy soso y sólo destacaron las dos primeras tandas, templadas y con quietud.
Una feria, en fin, en la que vimos muy bien a Morante, Juli y Manzanares. Poco despejados a Cid, Perera y Castella. Fandi a lo suyo. Y no podemos acabar de juzgar a Ponce y Talavante porque los toros no les dieron apenas oportunidad. Y esto es lo peor, la falta de casta general de los tres encierros, en los que sólo destacaron algunos (muy pocos) toros. El resto, sosos y sin transmisión alguna.
(Y este fin de semana hemos vuelto a ver en El Puerto de Santa María un Manzanares extraordinario, dos faenas impresionantes de Morante, una muy buena de Juli y otra de bastante interés de Cayetano. No es poco. Lo contaremos en breve con más detalle).
domingo, 1 de agosto de 2010
Depredadores de Guante Blanco
Ahora que los animalistas nos persiguen por los comentarios del planeta de los toros virtuales, el gran Felipe Benítez Reyes nos regala su sapiente ironía:
http://felipe-benitez-reyes.blogspot.com/2010/07/depredadores-de-guante-blanco.html
Gracias, maestro.
http://felipe-benitez-reyes.blogspot.com/2010/07/depredadores-de-guante-blanco.html
Gracias, maestro.
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