miércoles, 18 de agosto de 2010

Rafael Alberti, los progres y los toros




El fin de semana taurino en El Puerto de Santa María dio para algunas cosas más. No sólo vimos la absoluta genialidad de Morante en sus dos faenas (¡no nos cansamos de recordarlo!), la elegancia y el empaque de Manzanares, el poderío de El Juli, el pundonor de Cayetano, los apuntes para la recuperación de El Cid y de Perara,… También dimos buena cuenta de los manjares de aquellas tierras un día en El Pescaíto y otro en Casa Flores (en una comida ya tradicional, con buenos compañeros de quehaceres y de afición). Degustamos buen flamenco en una de las peñas de la localidad, paseamos por sus calles, visitamos algunas de sus iglesias,…


Y exploramos con pasión el mundo de Rafael Alberti en el museo de la Fundación que lleva su nombre. Alberti fue un personaje peculiar. Miembro de la generación del 27, aunque con obras interesantes y hallazgos de tremenda fuerza y belleza (“se equivocó la paloma”, “a galopar”, “el mar, la mar”,…) no fue uno de los mejores poetas congregados en aquel encuentro en el Ateneo de Sevilla para reivindicar a Góngora (ahí están, si no, Lorca, Salinas, Cernuda,…). Pero su largo exilio, su longevidad y su buen marketing literario y vital le convirtieron, sobre todo tras su vuelta a España, en un intelectual de cabecera de los progresistas. Su foto junto a Pasionaria en la mesa de apertura de aquellas Cortes del 77 en las que aun tenían asiento renombrados franquistas eran un símbolo del esfuerzo por lograr una España para todos. Aunque entre esos “todos” estuvieran fascistas y marxistas, extremistas cuyas ideologías abominaban por igual el respeto al ser humano, a la democracia y los derechos humanos, a la libertad individual. Porque el pensamiento de Alberti, como el de muchos de los que se fueron, como el de tantos de los que se quedaron, no era precisamente el de la mesura y la moderación.


Pues bien, en aquel museo había multitud de elementos que evocan el mundo taurino, una realidad de la que Alberti siempre se sintió cercano. En la planta superior, por ejemplo, había un curiosísimo juego de la oca-toro, como había poemas dedicados a la tauromaquia, recuerdos de la amistad con Picasso (otro aficionado en el exilio…). Pero quiero detenerme en dos imágenes: la primera es la de un Alberti ya casi centenario (1993) en la Plaza de Pontevedra. En aquella plaza, muchos años antes, hizo el paseíllo vestido de luces en la cuadrillas de Ignacio Sánchez Mejías, sintiendo desde el callejón tal temor cuando salió el toro que no intervino en toda la lidia. Tantos años después, Alberti está en el ruedo con el cuerpo erguido, una sonrisa entre burlona e infantil, la mano izquierda apoyada en la cintura y la derecha citando imaginariamente al burel en una postura perfectamente torera pese a sus años. Sobre la fotografía, una leyenda a mano: “Que un español, si es sincero, / sólo puede ser torero”.


La otra es una curiosidad que da idea de lo que podría evolucionarse en todo lo que rodea al arte taurino. Es un cartel que Alberti pintó para una corrida que se celebró el 10 de junio de 1971 en la Plaza de Toros de… GRAN CANARIA. Sí, Canarias. Sí, Alberti. Sí, 1971. Sí, toreo, en Canarias y con un cartel dibujado por un comunista. ¡Uffff, los mitos….! El cartel, toros de Don Antonio Pérez de San Fernando para Antonio BIENVENIDA, Luis Miguel DOMINGUÍN y Miguel MARQUEZ. (¿Qué era eso de que a Canarias no iban las figuras…?). Pero lo realmente impresionante es la belleza y novedad artística del cartel. Muy en Alberti, muy poco en los aburridos dibujos que aún hoy, treinta años después, siguen anunciando los festejos de nuestras ferias y son premiados en los concursos de carteles taurinos (¿o no, Pablo?). Una referencia para quienes quieran darse cuenta de que hay mucho nuevo que se puede hacer. Que hay muchos a los que se puede involucrar.


Pero el problema de los progres de ahora es que ni siquiera se reconocen en sus clásicos. Y que seguirán hablando de costumbres caducas cuando uno de sus mitos, mucho más progre que todos ellos juntos, hablaba de España y de los toros con naturalidad y desde lo más hondo.

(Perdón por la escasa calidad de la fotografías, pero entre mi escasa destreza con las lentas y que las hice con el iphone, es lo que salió).

2 comentarios:

José María JURADO dijo...

"Llora, Giraldilla mora,
mira como sube al cielo
la gracia toreadora."

A Joselito, en su gloria.
(R. Alberti)

Sánchez Mejías encerró a Alberti en el Alfonso XIII, creo, hasta que terminara el poema en homenaje a su cuñado.

Y ese poema fue lo mejor que dio Alberti, en los toros y quizá en poesía...

Genial el apunte cultural.

Anónimo dijo...

Hola Lorenzo clemente estaría interesado en comprar el cartel de alberti de 1971 en gran canaria pongase en contacto conmigo en esta dirección santiago1933@gmail.com espero sus noticias en breve un saludo.