Entre telefónica, los routers, los servicios técnicos y otras mandangas varias no sé cuándo voy a poder volver a tener internet en mi casa. Entre tanto (espero que no sea mucho tiempo) será difícil y poco metódica mi intervención.
Y todo pese a lo mucho que hay que contar: las cuatro tardes en Sevilla, el extraordinario momento de Perera, el gusto de Manzanares, las ganas de Morante, la visita a los toros del Marqués en el campo, la magnífica pintura de Laure,...
Y el fin de semana en Barcelona. El viaje en AVE da más seguridad en los horarios, pero (sobre todo si hay paradas) es más lento que el avión. Aún así, es mucho más cómodo y la atención más eficiente. Si hubiera más frecuencia y la vuelta desde Barcelona pudiera hacerse más tarde uno podría evitarse hasta las carreras de última hora.
La tarde del sábado demostró varias cosas. Lo primero, que el ambiente taurino barcelonés es de lo más original. Con una mezcla de modernidad, internacionalismo y falta de complejos que no es fácil encontrar en otras plazas. El bar taurino más cercano, por ejemplo, (Bar Bretón) está regentado por unos simpáticos chinos. Y las tertulias que se forman en la calle no tienen nada que envidiar a las de otros cosos. Dentro, uno puede encontrarse a una pareja con rastas, a elegantes franceses explicando con precisión en la lengua de Moliere distintos lances de la lidia, inglesas con chanclas de pronunciado tacón,... o a una pareja de recién casados que, con el uniforme de la ceremonia, han acudido a la plaza para continuar con su particular celebración.
Ya durante el festejo uno comprueba que allí no rige la prohibición de acceder o abandonar la localidad en el transcurso de la lidia. El movimiento es continuo y no siempre respetuoso con lo que ocurre en el ruedo. Pero permite contemplar a las aficionadas que, sin duda, tienen mejores hechuras que las pocas antitaurinas de la puerta (casta y comportamiento no pudimos comparar... por ahora).
La gente, pese a todo, demuestra criterio y ganas de disfrutar.
La tarde no fue brillante. En parte por el juego de los toros (sosos y descastados) y en parte por la tauromaquia y estado de ánimo de los intervinientes. Pero vayamos por partes.
El Cid recibió bien a su primero con la capa. Quitó el Fandi por chicuelinas poco ajustadas y rematando arriba los lances. Con la muleta, el de Salteras dio algún pase estimable con la derecha, pero en general toreó despegado y sufrió un desarme en una faena donde lo más destacable fue la estocada hasta la bola, aunque ligeramente tendida.
Con el cuarto, sin embargo, desplegó su repertorio de toreo templado y gustándose al natural, con una serie buena también con la mano derecha. El toro se arrancaba desde lejos y echamos de menos algo más de ajuste. No vamos a descubrir la mano izquierda de El Cid, pero el sábado en Barcelona tiró de manual y no arriesgó todo lo que nos hubiera gustado. Aún así, fue el mejor toreo de la tarde y probablemente la mejor faena artísticamente de las doce que vimos en el fin de semana.
El Fandi destacó por su facilidad y espectacularidad en banderillas, pero poco más. El segundo de la tarde era un toro complicado al que aguantó y lo intentó, pero sin muchos argumentos. En el quinto dio varias tandas apresuradas y lo macheteó con brevedad en lo que pareció más un gesto de impotencia que otra cosa. El toro no sería de carril pero no era una alimaña y hubiera merecido un intento de faena que no llegó.
Y Talavante está sin sitio. Lo he visto en Olivenza, en Sevilla dos tardes y en Barcelona y está completamente desdibujado, sin ánimo, con una espesura mental que debería tratar de aclarar con la gente de su entorno (o de fuera de él, que nunca se sabe...). El tercero fue un toro muy parado al que le aguantó mucho y le hizo una faena encimista de valor y emoción, pero sin gotas artísticas que justificaran el arrimón. Con la espada un auténtico desastre. El sexto lo brindó al público (él sabrá por qué), pero sólo dio pases sin sustancia en un toreo hacia fuera con enganchones y desarmes, rematando la faena con varios pinchazos, una estocada entera y diversos descabellos.
Hay tardes en las que hemos visto menos. Pero no fue tampoco una tarde gloriosa. Aunque la justificación para el viaje no era sólo el festejo del sábado...
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martes, 22 de abril de 2008
sábado, 29 de marzo de 2008
Sevilla (23 de marzo de 2008) - Con oficio
(Con permiso de José María, por inmiscuirme en sus dominios)
La Maestranza, para los madrileños, es como los amores platónicos de la adolescencia. Siempre sacan lo mejor de nosotros y permanecen en el recuerdo aunque lo vivido haya sido simple, torpe, imaginado más que real,...
Un Domingo de Resurrección más y una nueva sensación de quedarnos a medias, de sabernos a poco.
Ponce lidio con oficio a sus dos toros, tapándoles los defectos y con una pulcritud exquisita. Pero, al final, la transmisión fue escasa. Un reconocimiento más a su conocimiento enciclopédido y a sus ganas de principiante. Pero sin contincantes bravos y encastados, la emoción y el arte son imposibles.
El Cid también dio cuenta de su oficio. Pero un oficio algo distinto. Le tocó, a mi juicio, el mejor toro (el segundo de la tarde), un toro sin mucha fuerza pero que se arrancaba de lejos. ¿Por qué ahogarlo? Dio algún buen natural, marca de la casa, pero nos quedamos con la sensación de ver algo repetido. El Cid es único con los victorinos, a los que entiende como nadie lo ha hecho y los torea con un arte que nadie ha conseguido. Pero con ganaderías de menos emoción no vale hacer lo mismo. Hay que demostrar algo distinto. Embraguetarse más y dar pinceladas de algo que sepa distinto. No lo vimos. Una faena aseada, pero poco más.
Y Talavante, nuevamente, ausente, distraido, extraño,... Cuando brindó el último de la tarde, comenté con mis hermanos: "este se va a pegar un arrimón tremendo; si no, no tiene sentido brindar este toro". Obviamente, ni hubo arrimón, ni faena, ni nada por el estilo,... "¿Y tú eres el que sabes de toro?", me dijeron.
Al menos, queda la nostalgia, los olores, la música, el olor,... Las sensaciones de la adolescencia. Más reales en el recuerdo que lo que llegaron a ser.
(Y, por suerte, vuelvo el fin de semana que viene. Y luego, a Barcelona, a ver medirse a José Tomás con El Juli. Ya veremos. Y comentaremos la ausencia de Madrid...)
La Maestranza, para los madrileños, es como los amores platónicos de la adolescencia. Siempre sacan lo mejor de nosotros y permanecen en el recuerdo aunque lo vivido haya sido simple, torpe, imaginado más que real,...
Un Domingo de Resurrección más y una nueva sensación de quedarnos a medias, de sabernos a poco.
Ponce lidio con oficio a sus dos toros, tapándoles los defectos y con una pulcritud exquisita. Pero, al final, la transmisión fue escasa. Un reconocimiento más a su conocimiento enciclopédido y a sus ganas de principiante. Pero sin contincantes bravos y encastados, la emoción y el arte son imposibles.
El Cid también dio cuenta de su oficio. Pero un oficio algo distinto. Le tocó, a mi juicio, el mejor toro (el segundo de la tarde), un toro sin mucha fuerza pero que se arrancaba de lejos. ¿Por qué ahogarlo? Dio algún buen natural, marca de la casa, pero nos quedamos con la sensación de ver algo repetido. El Cid es único con los victorinos, a los que entiende como nadie lo ha hecho y los torea con un arte que nadie ha conseguido. Pero con ganaderías de menos emoción no vale hacer lo mismo. Hay que demostrar algo distinto. Embraguetarse más y dar pinceladas de algo que sepa distinto. No lo vimos. Una faena aseada, pero poco más.
Y Talavante, nuevamente, ausente, distraido, extraño,... Cuando brindó el último de la tarde, comenté con mis hermanos: "este se va a pegar un arrimón tremendo; si no, no tiene sentido brindar este toro". Obviamente, ni hubo arrimón, ni faena, ni nada por el estilo,... "¿Y tú eres el que sabes de toro?", me dijeron.
Al menos, queda la nostalgia, los olores, la música, el olor,... Las sensaciones de la adolescencia. Más reales en el recuerdo que lo que llegaron a ser.
(Y, por suerte, vuelvo el fin de semana que viene. Y luego, a Barcelona, a ver medirse a José Tomás con El Juli. Ya veremos. Y comentaremos la ausencia de Madrid...)
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jueves, 13 de marzo de 2008
Olivenza (2 de marzo de 2008) - Mediáticos y Maestros
Ver toros por la mañana y al aire libre (lo de Vistalegre es otra cosa) resulta una experiencia curiosa. Ver dos corridas de toros en un día es una sobredosis que no resulta fácil digerir.
Lo del mediodía era sobre todo mediático: Pablo Hermoso, Talavante y Cayetano. Buenos mimbres con distinta consistencia. PHdM es siempre un espectáculo y tiene caballos con más torería que muchos del escalafón de los de a pie. Siempre es un gusto seguirle, aunque hubo la sensación de que en ocasiones no apretó de todo el acelerador. A pesar de todo, hubo momentos con Chenel, en el primero, y con Silveti en la lidia del cuarto, que mostraron por qué un solo caballero ha cambiado la historia del rejoneo.
Talavante pasó sin pena ni gloria. Abúlico, distraido, como si aquello no fuera con él... Insustancial y aburrido a veces, no acabó de acoplarse con sus oponentes. Vuelvo a verle el Domingo de Resurrección en Sevilla. A ver si puede ser que consiga vislumbrar las razones por las que se han escrito maravillas de su toreo.
Cayetano demostró nuevamente que traza algunos pases de forma magistral, pero que tiene una falta de técnica que da miedo. No logró enganchar la embestida de sus toros, aunque acompañando a estos, a veces conseguía pases estimables. Por si fuera poco, dio dos o tres sustos marcas de la casa. Tengo la sensación de que esto sólo puede curarse toreando mucho. Incluso hay quienes dicen que habiendo empezado tan tarde es imposible que tenga los reflejos, la naturalidad, que hace falta para pensar en la cara del toro. Espero que no sea así, pero ¿quién lo sabe?
Por la tarde, el duelo era de otro nivel. Palabras mayores.
Juli demostró una maestría fuera de lo común. Tapando defectos a su primero y sacándole pases excepcionales, después de tragarle mucho y de una lidia perfecta. El cuarto fue un auténtico regalito al que nuevamente llevó embebido, haciéndole todo según los cánones, con una inteligencia torera inigualable. No logró la perfección estética, pero porque no podía ser. Salvo eso, todo lo demás es para ponerlo de forma continua en las escuelas de tauromaquia. La estocada fue simplemente perfecta.
Manzanares demostró nuevamente que, junto con Morante, probablemente es el torero que mejor gusto tiene en todo el escalafón. Lenceó a su primero muy bien de capa y luego, con la muleta, toreó con sabor a un toro que tenía su punto picante. Hubo naturales de auténtico ensueño. En el quinto toreó de forma sublime con ambas manos, en series lentas y templadas. Luego, recetó una estocada magnífica. ¡Qué bien lo vamos a pasar con este torero!
Y después de todo eso, Perera en su primero sólo pudo mostrar su capacidad lidiadora con un toro complicado desde que salió. Pero en el sexto dio una lección del mejor toreo que hemos visto en mucho tiempo. Lo recibió por delantales, quitó por gaoneras ajustadas y de ejecución impecable. Y con la muleta hizo una faena impecable, variada, bajando siempre la mano más allá de lo que uno puede imaginar para que no se pierda la compostura,... Dio series infininitas de temple perfecto y remató con una estocada en todo lo alto de ejecución rotunda. Sin duda, un torero al que hay que empezar a seguir en peregrinación.
Al final, Ponce, Juli, Manzanares y Perera a pie y PHdeM a caballo.
¿Alguien da más?
Lo del mediodía era sobre todo mediático: Pablo Hermoso, Talavante y Cayetano. Buenos mimbres con distinta consistencia. PHdM es siempre un espectáculo y tiene caballos con más torería que muchos del escalafón de los de a pie. Siempre es un gusto seguirle, aunque hubo la sensación de que en ocasiones no apretó de todo el acelerador. A pesar de todo, hubo momentos con Chenel, en el primero, y con Silveti en la lidia del cuarto, que mostraron por qué un solo caballero ha cambiado la historia del rejoneo.
Talavante pasó sin pena ni gloria. Abúlico, distraido, como si aquello no fuera con él... Insustancial y aburrido a veces, no acabó de acoplarse con sus oponentes. Vuelvo a verle el Domingo de Resurrección en Sevilla. A ver si puede ser que consiga vislumbrar las razones por las que se han escrito maravillas de su toreo.
Cayetano demostró nuevamente que traza algunos pases de forma magistral, pero que tiene una falta de técnica que da miedo. No logró enganchar la embestida de sus toros, aunque acompañando a estos, a veces conseguía pases estimables. Por si fuera poco, dio dos o tres sustos marcas de la casa. Tengo la sensación de que esto sólo puede curarse toreando mucho. Incluso hay quienes dicen que habiendo empezado tan tarde es imposible que tenga los reflejos, la naturalidad, que hace falta para pensar en la cara del toro. Espero que no sea así, pero ¿quién lo sabe?
Por la tarde, el duelo era de otro nivel. Palabras mayores.
Juli demostró una maestría fuera de lo común. Tapando defectos a su primero y sacándole pases excepcionales, después de tragarle mucho y de una lidia perfecta. El cuarto fue un auténtico regalito al que nuevamente llevó embebido, haciéndole todo según los cánones, con una inteligencia torera inigualable. No logró la perfección estética, pero porque no podía ser. Salvo eso, todo lo demás es para ponerlo de forma continua en las escuelas de tauromaquia. La estocada fue simplemente perfecta.
Manzanares demostró nuevamente que, junto con Morante, probablemente es el torero que mejor gusto tiene en todo el escalafón. Lenceó a su primero muy bien de capa y luego, con la muleta, toreó con sabor a un toro que tenía su punto picante. Hubo naturales de auténtico ensueño. En el quinto toreó de forma sublime con ambas manos, en series lentas y templadas. Luego, recetó una estocada magnífica. ¡Qué bien lo vamos a pasar con este torero!
Y después de todo eso, Perera en su primero sólo pudo mostrar su capacidad lidiadora con un toro complicado desde que salió. Pero en el sexto dio una lección del mejor toreo que hemos visto en mucho tiempo. Lo recibió por delantales, quitó por gaoneras ajustadas y de ejecución impecable. Y con la muleta hizo una faena impecable, variada, bajando siempre la mano más allá de lo que uno puede imaginar para que no se pierda la compostura,... Dio series infininitas de temple perfecto y remató con una estocada en todo lo alto de ejecución rotunda. Sin duda, un torero al que hay que empezar a seguir en peregrinación.
Al final, Ponce, Juli, Manzanares y Perera a pie y PHdeM a caballo.
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