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domingo, 13 de abril de 2008

Madrid (13 de abril de 2008) - ¿Qué futuro?

Hoy en Madrid había, a la misma hora, novillada en Las Ventas y corrida en Vistalegre. No sé si se pretendía lanzar un órdago a la afición o reivindicar una nueva competencia entre las dos plazas de la capital. Lo cierto es que a los habituales nos hubiera gustado que se alternaran en diferentes días y darnos así la oportunidad de ver más festejos.

Aún así, parece que ambas plazas han tenido un cuarto de aforo más o menos (me temo que algo menos), lo cual demuestra que hay unos tres mil o cuatro mil madrileños que están dispuestos a echar un domingo de abril en ir a festejos taurinos sin nombres de relumbrón. Lo que no es poco.

Hemos ido a Las Ventas, por primera vez en esta temporada, y hemos comprobado algunas mejoras en la plaza (nuevas escaleras para los tendidos altos, mejoras en los bares y los asesos y nueva indumentaria de mulillas y mulilleros). Por lo demás, tiempo desapacible, con frío intenso y ráfagas de viento que impedían una mínima confianza.

Los novillos tampoco han ayudado mucho, a excepción del tercero y el quinto, a los que se les podía haber sacado más partido.

Entre los novilleros, a Alejandro Rodríguez y Alberto Revesado se les nota su falta de contratos. Pero tampoco manifiestan condiciones ni pundonor que justifiquen grandes sacrificios de sus mentores. Algún detalle de Rodríguez con la zurda en su primero y pequeños detalles de Revesado en el quinto cuando, casi al final de la faena, descubrió cualidades en el novillo que el resto de la plaza había intuido desde muchos minutos antes. Este era un toro de Puerta Grande y no lo aprovechó.

Por su parte, Rubén Pinar está más hecho como torero pese a su juventud. Pero hizo un toreo más propio de otras plazas que de Las Ventas. Hubo mucha distancia en el cite, poca ligazón y escasa profundidad. Sobre todo en su primero, un toro que hubiera permitido una faena de más altos vuelos. En el último, se ganó una oreja después de varias series con más pundonor que gusto y una estocada hasta la bola.

Pero al menos estuvo en novillero. Queriendo. Sabiendo que tenía que triunfar. Tal vez sean otros días los del toreo templado y ajustado. Valga la reseña de sus ganas de ser algo en esto y esperemos que con el tiempo vaya marcando un estilo propio de mayor templanza.

Al final, casi todos aguantamos hasta el fin de la corrida. Hace falta echarle afición. Al menos Vistalegre está cubierta...

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