domingo, 6 de abril de 2008

De los Nombres del Toro

Toros de Parladé
Finito de Córdoba, silencio tras aviso y silencio tras aviso.
Morante de la Puebla, saludos tras dos avisos y palmas.
Salvador Cortés, saludos y silencio
.


What's in a name? That what we call a rose
By any other name would smell as sweet;

William Shakespeare, Romeo and Juliet,
Act II, Scene II

Mucho nos tememos que si otro hubieran sido los nombres de la toríada de hoy, no hubiera cambiado su impresentable juego, y que aquello que llamamos manso, con otro nombre, igual de manso y descastado se quedaría.

Pero los animales deberían al menos tener un airoso carnet de presentación, ¿qué podíamos esperar de unos moruchos que se llamaban “Alarido”, “Cataplasma”, “Aguafiestas”, “Asquito” o “Histrión”?

Pues eso, una corrida para dar alaridos, un asquito de corrida, un encierro aguafiestas, un histrionismo de lidia, para ponernos una cataplasma y olvidar.

Vamos, que después de la corrida me he ido al cine...

Hubo, eso sí, pétalos de Morante en el noble segundo, Finito estuvo más decidido que otras veces y a punto estuvo de arrastar su demasiado grande muleta en los hocicos del cuarto al que casi cuaja con el capote, pero debe matar con dignidad, la verdad es que daba incluso vergüenza ajena verlo entrar y retirarse de la suerte suprema, para dejar la estocada a paso de banderillas y sin saber. En cuanto a Salvador Cortés, aunque voluntarioso y decidido, nos aburre enormemente por ser clónico en sus lances, así que hoy nos hemos aburrido todavía más.

Lo de Morante: como el toro tenía cierto brío, se apareció, como siempre con el de la Puebla, el ectoplasma de Curro, el Académico, en los tendidos. Sin embargo Morante es más, más artista, más valiente. Cuando coge la muleta se produce un silencio religioso... Tras una primera serie doblándose por bajo, engarzó unos derechazos hundiendo el mentón, girando en el embroque, acompañando el viaje hasta romper como una columna salomónica, todo lentitud, todo silencio, todo compás. El final de la serie fue una trinchera de lujo. Cuidó y dio tiempo al toro, pero aunque hoy los públicos piden mucho, Morante nos trajo esencias que deberían ser medidas por quintales, un muletazo suyo vale una temporada de otros. En dos pases por alto cambió de mano y citó por naturales, y por allí el Cataplasma no iba... Morante sacó pase a pase del toro lo que el toro podía dar y más, muy profundo, pasándoselo por la pantorrilla, todo tan lento y valiente... con desplante incluido. La última tanda por alto fue una maravilla porque la muleta se movía como la bambalina de un paso de palio.

Lástima que lo de la espada fue un despropósito, aunque es de admirar que, lejos de acudir al descabello, entró en repetidas ocasiones, siete u ocho, hasta dejar el estoque, con dos avisos de por medio.

Perdía la oreja que era el pase para el ticket de la Puerta del Príncipe que “Asquito” –el cuarto- luego impediría. Se sintió avergonzado Morante y, cosa nunca vista, solicitó a Finito entrar en el quite que no le correspondía en el toro de Salvador Cortés (“Aguafiestas”) , por eso o porque el de Mairena también le había robado unos pases al suyo anterior.

Ha quedado un perfume en la Plaza que ha borrado los nombres, el miércoles más, con esta disposición sólo es necesario un toro bravo, sin nombre.

Coda

Hoy hemos visto con detalle las imágenes atroces de la corrida de Victorino, ¡qué héroes todos los toreros, en la puerta de chiqueros, en los naturales, en las banderillas de muerte! Épica homérica de talla admirable, ¡hemos llorado al ver al banderillero de Pepín Liria ofrecer su vida amarrado a los cuernos del toro, dándolo todo por su compañero, como Aquiles!

Estas lecciones morales, de pundonor y dignidad, dicen la verdad de esta Fiesta.

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