Distinguido Abonado:
La empresa Pagés, con motivo de su 75º ANIVERSARIO y como muestra de reconocimiento a la mejor afición del mundo, nuestros abonados, celebrará el próximo viernes 26 de Septiembre, junto a la Feria de San Miguel, una Novillada en la que actuarán los triunfadores de la presente temporada, a la que usted, apreciado Abonado puede asistir gratuitamente con la sola presentación en la puerta de acceso de su Tarjeta de Abonado.
En la confianza de que se sienta tratado como usted merece, aprovechemos la ocasión para manifestarles nuestra mayor consideración.
La Empresa
Distinguida Empresa,
agradezco su invitación, pero no quiero dejar de manifestarles que en las tres anulaciones de la Feria de Abril (alguna de ellas con más presión que otras) no hubo ninguna voluntad por su parte de aplazamiento para las innumerables fechas disponibles, por ejemplo ésta. No entiendo que Morante de la Puebla vaya a torear 6 toros en Zaragoza el 12 de Octubre y no lo haya hecho todavía en Sevilla. No entiendo que no hayan podido componer un cartel del gusto de la afición como pudiera ser JULIO APARICIO-MORANTE-JUAN BAUTISTA (inédito tras cancelación) y sin embargo no escatimaran esfuerzos para recuperar taquilla con la presencia del rejoneador Diego Ventura, aprovechando otras altas circunstancias reales. Igualmente me preocupa el presunto cierre de la temporada con una corrida de caballos. A mí, esto del gratis total, que quieren que le diga, en este negociado me da que pensar, como decía Josep Pla ¿todo esto quien lo paga?
La afición sin duda.
Un abonado.
jueves, 25 de septiembre de 2008
sábado, 20 de septiembre de 2008
La opinión de un mandarín
Me cuentan que este domingo se celebra un importante torneo de tenis en la Plaza de Toros de las Ventas. Es razonable que el coliseo se utilice para otros servicios, lo que viene a confirmar, desde Nerón hasta aquí, lo bien construidas que están las Plazas de Toros, las que Paquiro recomendaba que estuvieran a las afueras de las ciudades y abrigadas del viento, o sea, lo contrario que en Madrid. Como lo ignoro todo sobre este deporte no sé en qué medida puede afectar el Austro o el Noto a la trayectoria de una pelota y las anotaciones anejas, pero, dado el carácter sacramental que para mí tiene la tauromaquia, no deja de parecerme una suerte de profanación menor este entretenimiento. Dicho sea a la debida distancia porque, además, desde los Beatles a los mítines electorales, hemos vistos tantos usos alternativos de esto coso, a cual más esperpéntico, que ya estamos curados de espanto. Es lo de menos. Simplemente confiamos en que no cunda el ejemplo y que respeten La Maestranza, un partido de tenis tras la Puerta del Príncipe es un asunto más grave que la conquista de Bizancio por los turcos o el declive y caída del Imperio Romano. La decadencia sin solución. No corren vientos buenos para la tauromaquia en el ámbito del pensamiento, aunque sí prospera cierta glorificación del deporte sin que por ello los Epinicios de Píndaro -sus Olímpicas- hayan batido tampoco ningún record de ventas, incluso pese a la magnífica y postmoderna relectura de Juan Antonio González-Iglesias (“Olímpicas”, El Gaviero Ediciones, 2005). Estos contrastes entre el deporte y el toreo, sin embargo, me han traído a la memoria la reflexión de Ernest Gombrich, citada por Guillermo Carnero en la poética que presentó en la Fundación Juan March en Septiembre del 2004–accesible en audio y versión imprimible en Internet- según la cual los cónsules del Imperio Británico quisieron agasajar a un Mandarín de la China ofreciéndole un partido de tenis en la embajada británica, al término del cual, hizo el siguiente comentario: “suponiendo que exista alguna oscura razón que no acierto a imaginar para llevar esa pelota de un lado a otro, no comprendo cómo actividad tan irrelevante no se encomienda a los criados”. Estamos convencidos de que el “milenario” Mandarín no hubiera manifestado la misma opinión si hubiera presenciado la lidia de un toro bravo, actividad cuya nobleza podríamos argumentar con cien razones y que en ningún caso podría ser tildada de irrelevante porque incorpora, como mínimo, la trascendencia de una muerte posible. Y decimos que podríamos argumentarlo, pero que preferimos no hacerlo porque en estos tiempos de postmodernidad hemos de conservar algunos aprioris, la fuerza bruta de una razón no explicable, la opinión de un mandarín imaginario favorable a nuestras aficiones mientras por las gradas sube Rafael Nadal con toda la raqueta a cuestas y yo cierro, con media verónica, pero sin cargar la suerte, esta columna a plaza partida entre dos blogs.
lunes, 15 de septiembre de 2008
Morante en Écija
Lo de menos, la casquería (4 orejas y rabo), ¡qué inspiración arrebatada!
Recurro a mis suertes barrocas:
Trazas de incienso, humo de tabaco, angosta la capilla sofocante y sobre el lienzo blanco palmatoria de bronce, temblor del oro viejo, hornacinas oscuras, manchas negras de Cristo en la cal viva y columnas salomónicas que rompen la maleza de cardos y de espinas, así crece, con el mentón hundido en el embroque, un retablo barroco en el albero y en la blanda madera del tallo reverdece la mata trenzada del acanto como cresta de gallo, como rojo penacho que dejara coronas de laurel en las sienes del miedo. Pétalos de Morante bajo el cielo de Abril, tratado de armonía.
Recurro a mis suertes barrocas:
Trazas de incienso, humo de tabaco, angosta la capilla sofocante y sobre el lienzo blanco palmatoria de bronce, temblor del oro viejo, hornacinas oscuras, manchas negras de Cristo en la cal viva y columnas salomónicas que rompen la maleza de cardos y de espinas, así crece, con el mentón hundido en el embroque, un retablo barroco en el albero y en la blanda madera del tallo reverdece la mata trenzada del acanto como cresta de gallo, como rojo penacho que dejara coronas de laurel en las sienes del miedo. Pétalos de Morante bajo el cielo de Abril, tratado de armonía.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Las otras tragedias del toreo
En la tarde de ayer falleció Juan Francisco Presumido, picador de la cuadrilla de Antonio Ferrera que contaba con sólo 36 años. Sufrió un infarto tras picar al primer toro en la corrida que se celebraba en Barcarrota (Badajoz) y lo trasladaron al Hospital de Badajoz donde falleció.
Sólo un día antes, y no muy lejos, en Évora (Portugal) falleció Joao Paulo Nunes, picador de la cuadrilla de Nuno Casquinha y mayoral de la ganadería de Coimbra. Esta vez por un accidente de tráfico.
Justo cuando algunos desalmados profanaban la tumba de Julio Robles y lo "reivindicaban".
¡Cuántas caras tiene la muerte en el toreo! ¡Cómo se parece a la parte más dura y cruel de cada vida!
Mis recuerdos para todos ellos y para sus familias.
Sólo un día antes, y no muy lejos, en Évora (Portugal) falleció Joao Paulo Nunes, picador de la cuadrilla de Nuno Casquinha y mayoral de la ganadería de Coimbra. Esta vez por un accidente de tráfico.
Justo cuando algunos desalmados profanaban la tumba de Julio Robles y lo "reivindicaban".
¡Cuántas caras tiene la muerte en el toreo! ¡Cómo se parece a la parte más dura y cruel de cada vida!
Mis recuerdos para todos ellos y para sus familias.
domingo, 7 de septiembre de 2008
Illescas (6 de septiembre de 2008) - De la variedad de los encastes
Afortunadamente, a veces uno tiene la suerte de ver toros de encaste y comportamiento distinto del habitual fuera de los grandes ciclos (Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia,…).
Este ha sido el caso, por ejemplo, de Illescas, donde El Fundi, Luis Bolívar y Alberto Aguilar se han enfrentado a una interesante corrida de Victorino. Toros menos aparatosos y con menos kilos que los que salen en Madrid o en Bilbao, pero con un comportamiento similar. Toros encastados, aprendiendo mucho, algunos tobilleros, pero un par de ellos con muchísima transmisión y siguiendo muy bien los engaños si se les hacían bien las cosas.
Uno agradece que en localidades medianas, además de hacer cosos nuevos tan cómodos y de fácil acceso como éste, se preocupen de mantener la diversidad de la Fiesta (y, además, a precios asequibles). Porque la emoción de este tipo de toros es imprescindible, como lo es la existencia de toros “artistas” que permiten el lucimiento con un toreo más reposado y cadencioso. Lástima que las figuras no lo sientan así. Que no podamos ver a José Tomás, a Ponce, al Juli (o a los que están en la lucha: Manzanares, Castella, Talavante,…) con estos toros de vez en cuando. Alguna vez lo hicieron. Como “gesto”, pero como algo extraordinario, no como parte de la necesaria diversidad en una campaña.
Por eso es tan importante lo que hace El Cid en Sevilla y en Madrid. O que Perera haya escogido uno de Victorino entre la diversidad de ganaderías para su encerrona de Zafra al día siguiente de la de Madrid. Esto (lo del victorino y lo de dos encerronas consecutivas para acabar la temporada, una de ellas en Madrid) es lo que hace una figura con ambición por mandar de verdad en el toreo.
Igual que sería de agradecer que a los toreros que habitualmente tienen que lidiar estos encastes les permitieran de vez en cuando darse un respiro de cuvillos, jandillas, juanpedros, victorianodelrío y similares. El Fundi, por ejemplo, ha hecho méritos más que de sobra para que alguna empresa pudiera premiárselo en ciertas plazas. Y con los demás (Bolívar, Aguilar o Adame, que estaba anunciado pero no pudo estar por una inoportuna lesión pocos días antes) también podría alguien tener un detalle cada diez o doce corridas de victorinos, miuras, pablorromeros, adolfos y similares. En fin, que hubiera un poco de justicia en esta tierra para irnos preparando a la que nos han prometido que existe en el más allá.
A lo que íbamos. Que al final de la tarde dos toreros: El Fundi y Alberto Aguilar salieron a hombros. Y que junto a ellos lo hizo el gandero, a dos de cuyos toros se les había dado la vuelta al ruedo.
Y antes, el Fundi había toreado bien a sus dos toros. A su primero lo llevó bien de capa al centro del ruedo, quitó por delantales y banderilleó bien compartiendo el tercio con Alberto Aguilar. El toro no erá fácil, reponía mucho y llevaba la cara alta. Por el pitón derecho consiguió, sobre todo mediada la faena, pases largos y templados llevando al toro siempre embebido en la muleta. Por la izquierda cualquier intento de toreo era imposible. Mató de dos pinchazos y una buena estocada y le premiaron con la primera oreja.
El cuarto fue un toro que permitió una faena larga, y al que dieron una vuelta al ruedo probablemente excesiva. Hubo buen recibo de capote, un ceñidísimo quite por chicuelinas y un buen tercio de banderillas, aunque algo extenso y con muchos capotazos. Empezó la faena en redondo en el centro del ruedo y demostró que el toro iba, pero que sólo se le podía alargar la embestida si se le llevaba por bajo, siempre muy toreado. Hubo buen toreo por ambos pitones (al natural, sacándolos de uno en uno), aunque el toro se iba quedando cada vez más corto. Y pases de adorno vistosos para acabar la faena. La estocada recibiendo (a la segunda) fue espectacular. Sólo esa estocada justificaría una oreja. Con le resto de faena, las dos que recibió son absolutamente merecidas.
Luis Bolívar, en su primero, tuvo a un toro menos encastado que el resto de la corrida. Y su toreo tampoco llegó a entusiasmar. Mató de estocada entera después de varios pinchazos.
El quinto fue el mejor toro de la corrida. Lo recibió bien con el capote. Y ya desde el principio se advirtió que el toro metía muy bien la cara abajo. La faena de muleta la comenzó con pases por bajo. En el toreo en redondo dio muy poco sitio al toro y los pases no fueron de gran calidad. Con la izquierda hubo muy buen trazo, pero le faltaba cruzarse más y algo de ajuste. Mejor cuando volvió a la derecha, pero seguía quedando en evidencia que el toro iba donde le mandaban, con una clase excepcional que no llegó a aprovecharse del toro. Lo más torero, esos naturales con la diestra y cambios de mano que dio después de que el toro le arrollara y le hiciera perder el estoque simulado. Estocada entera, tres decabellos y una sola oreja de un toro que hubiera merecido una faena más rotunda. Vuelta al ruedo a un toro que sí que la merecía de verdad.
Y Alberto Aguilar fue una sorpresa agradable. Como hemos dicho, había entrado sustituyendo a Joselito Adame. Es un torero que torea poco y se le nota, pero mucho menos de lo que podría imaginarse. Recibió al tercero con buenos lances con el compás abierto, y banderilleó junto al Fundi. Con la muleta, dio series muy interesantes cuando bajó la mano, porque el toro obedecía si se le llevaba por abajo y tapado y protestaba si no se le obligaba tanto. Faena irregular con pasajes de mucho mérito. Después de algunos pases de adorno pinchó varias veces, quedando el premio en una vuelta al ruedo.
El sexto fue un toro bastante más complicado, al que le costaba repetir desde los lances de recibo con el capote. No fue fácil la lidia en el tercio de varas ni la colocación del toro en suerte para las banderillas que puso el propio matador. Con la muleta, después de un desarme, Aguilar entendió que sólo pudiendo al toro por abajo podía sacar algo lucido. Y lo hizo en varias series de muchísimo mando, lucidas y aguantando parones al toro. Cuando éste se aquerenció en tablas, lo que se perdió en estética se ganó en emoción y aún pudo sacar pases junto a las tablas. Después de una gran estocada consiguió las dos orejas que, esperemos, además de moral pueda facilitarle algún que otro contrato.
Tarde, pues, de emoción, de toros y toreros. ¡Valió la pena el viaje!
Sólo un “pero” a la organización. En el programa seguía figurando Adrián Gómez como banderillero en la cuadrilla de El Fundi. No sé cuándo se habría impreso, pero prácticamente seguro que fue después de su percance. Estos detalles deben cuidarse.
Este ha sido el caso, por ejemplo, de Illescas, donde El Fundi, Luis Bolívar y Alberto Aguilar se han enfrentado a una interesante corrida de Victorino. Toros menos aparatosos y con menos kilos que los que salen en Madrid o en Bilbao, pero con un comportamiento similar. Toros encastados, aprendiendo mucho, algunos tobilleros, pero un par de ellos con muchísima transmisión y siguiendo muy bien los engaños si se les hacían bien las cosas.
Uno agradece que en localidades medianas, además de hacer cosos nuevos tan cómodos y de fácil acceso como éste, se preocupen de mantener la diversidad de la Fiesta (y, además, a precios asequibles). Porque la emoción de este tipo de toros es imprescindible, como lo es la existencia de toros “artistas” que permiten el lucimiento con un toreo más reposado y cadencioso. Lástima que las figuras no lo sientan así. Que no podamos ver a José Tomás, a Ponce, al Juli (o a los que están en la lucha: Manzanares, Castella, Talavante,…) con estos toros de vez en cuando. Alguna vez lo hicieron. Como “gesto”, pero como algo extraordinario, no como parte de la necesaria diversidad en una campaña.
Por eso es tan importante lo que hace El Cid en Sevilla y en Madrid. O que Perera haya escogido uno de Victorino entre la diversidad de ganaderías para su encerrona de Zafra al día siguiente de la de Madrid. Esto (lo del victorino y lo de dos encerronas consecutivas para acabar la temporada, una de ellas en Madrid) es lo que hace una figura con ambición por mandar de verdad en el toreo.
Igual que sería de agradecer que a los toreros que habitualmente tienen que lidiar estos encastes les permitieran de vez en cuando darse un respiro de cuvillos, jandillas, juanpedros, victorianodelrío y similares. El Fundi, por ejemplo, ha hecho méritos más que de sobra para que alguna empresa pudiera premiárselo en ciertas plazas. Y con los demás (Bolívar, Aguilar o Adame, que estaba anunciado pero no pudo estar por una inoportuna lesión pocos días antes) también podría alguien tener un detalle cada diez o doce corridas de victorinos, miuras, pablorromeros, adolfos y similares. En fin, que hubiera un poco de justicia en esta tierra para irnos preparando a la que nos han prometido que existe en el más allá.
A lo que íbamos. Que al final de la tarde dos toreros: El Fundi y Alberto Aguilar salieron a hombros. Y que junto a ellos lo hizo el gandero, a dos de cuyos toros se les había dado la vuelta al ruedo.
Y antes, el Fundi había toreado bien a sus dos toros. A su primero lo llevó bien de capa al centro del ruedo, quitó por delantales y banderilleó bien compartiendo el tercio con Alberto Aguilar. El toro no erá fácil, reponía mucho y llevaba la cara alta. Por el pitón derecho consiguió, sobre todo mediada la faena, pases largos y templados llevando al toro siempre embebido en la muleta. Por la izquierda cualquier intento de toreo era imposible. Mató de dos pinchazos y una buena estocada y le premiaron con la primera oreja.
El cuarto fue un toro que permitió una faena larga, y al que dieron una vuelta al ruedo probablemente excesiva. Hubo buen recibo de capote, un ceñidísimo quite por chicuelinas y un buen tercio de banderillas, aunque algo extenso y con muchos capotazos. Empezó la faena en redondo en el centro del ruedo y demostró que el toro iba, pero que sólo se le podía alargar la embestida si se le llevaba por bajo, siempre muy toreado. Hubo buen toreo por ambos pitones (al natural, sacándolos de uno en uno), aunque el toro se iba quedando cada vez más corto. Y pases de adorno vistosos para acabar la faena. La estocada recibiendo (a la segunda) fue espectacular. Sólo esa estocada justificaría una oreja. Con le resto de faena, las dos que recibió son absolutamente merecidas.
Luis Bolívar, en su primero, tuvo a un toro menos encastado que el resto de la corrida. Y su toreo tampoco llegó a entusiasmar. Mató de estocada entera después de varios pinchazos.
El quinto fue el mejor toro de la corrida. Lo recibió bien con el capote. Y ya desde el principio se advirtió que el toro metía muy bien la cara abajo. La faena de muleta la comenzó con pases por bajo. En el toreo en redondo dio muy poco sitio al toro y los pases no fueron de gran calidad. Con la izquierda hubo muy buen trazo, pero le faltaba cruzarse más y algo de ajuste. Mejor cuando volvió a la derecha, pero seguía quedando en evidencia que el toro iba donde le mandaban, con una clase excepcional que no llegó a aprovecharse del toro. Lo más torero, esos naturales con la diestra y cambios de mano que dio después de que el toro le arrollara y le hiciera perder el estoque simulado. Estocada entera, tres decabellos y una sola oreja de un toro que hubiera merecido una faena más rotunda. Vuelta al ruedo a un toro que sí que la merecía de verdad.
Y Alberto Aguilar fue una sorpresa agradable. Como hemos dicho, había entrado sustituyendo a Joselito Adame. Es un torero que torea poco y se le nota, pero mucho menos de lo que podría imaginarse. Recibió al tercero con buenos lances con el compás abierto, y banderilleó junto al Fundi. Con la muleta, dio series muy interesantes cuando bajó la mano, porque el toro obedecía si se le llevaba por abajo y tapado y protestaba si no se le obligaba tanto. Faena irregular con pasajes de mucho mérito. Después de algunos pases de adorno pinchó varias veces, quedando el premio en una vuelta al ruedo.
El sexto fue un toro bastante más complicado, al que le costaba repetir desde los lances de recibo con el capote. No fue fácil la lidia en el tercio de varas ni la colocación del toro en suerte para las banderillas que puso el propio matador. Con la muleta, después de un desarme, Aguilar entendió que sólo pudiendo al toro por abajo podía sacar algo lucido. Y lo hizo en varias series de muchísimo mando, lucidas y aguantando parones al toro. Cuando éste se aquerenció en tablas, lo que se perdió en estética se ganó en emoción y aún pudo sacar pases junto a las tablas. Después de una gran estocada consiguió las dos orejas que, esperemos, además de moral pueda facilitarle algún que otro contrato.
Tarde, pues, de emoción, de toros y toreros. ¡Valió la pena el viaje!
Sólo un “pero” a la organización. En el programa seguía figurando Adrián Gómez como banderillero en la cuadrilla de El Fundi. No sé cuándo se habría impreso, pero prácticamente seguro que fue después de su percance. Estos detalles deben cuidarse.
viernes, 5 de septiembre de 2008
San Sebastián de los Reyes (30 de agosto de 2008) - Triunfalismo
Cuando tras una corrida de toros los tres toreros y el mayoral salen a hombros es que el personal se ha divertido. Y que ha habido buen toreo. Aunque, obviamente, dependiendo de la plaza, de las fechas, de la ganadería y de los toreros, este brillante colofón no siempre se corresponde con un acontecimiento memorable.
Uno, que como ha explicado otras veces nació a la afición taurina de la mano de las fiestas patronales, tiene un respeto reverencial por los que van a la plaza a divertirse. Incluso cuando ese afán de diversión aligera el ondear de moqueros para pedir apéndices de forma compulsiva después de cada faena. Porque más allá de las orejas, lo que importan son los sentimientos. Tanto los que nacen de la emoción del buen toreo, como los vinculados a la diversión por faenas algo más despegadas, o incluso los de quienes disfrutan por el paisanaje, viendo al torero local compartir cartel con figuran consagradas.
Lo cierto es que la corrida del sábado en San Sebastián de los Reyes permitió el triunfo de los toreros con toros de Victoriano del Río muy a modo, colaboradores, noblotes, aunque no excesivamente aparatosos ni de una bravura desbordante. Toros, en fin, “cómodos”, hasta donde pueden serlo los animales de lidia. Pero toros buenos en general con uno, el segundo, excepcional en la muleta.
El Juli demostró un magisterio apabullante, con una tremenda seguridad toda la tarde y con una técnica que disminuye la sensación de riesgo y hace parecer sencillo lo que encierra muchos años de afición y oficio. A su primero lo recibió bien de capa y le realizó un vistoso quite en el centro del ruedo ligando una verónica con una navarra y una revolera. Con la muleta, faena muy templada y estética con ambas manos en la que destacaron algunos naturales largos y profundos, muy bien ligados con el de pecho. Finalizó la faena con un circular invertido perfecto en su ejecución y otro en dos tiempos que ligó con varios pases de adorno sin mover los pies del suelo. Tras un volapié perfecto le dieron dos orejas más que justificadas.
En el cuarto hizo un recibo de capote magistral ganando terreno al toro en cada verónica y acabando a los medios, todo ello con una hondura que, no sé muy bien por qué, no caló demasiado en la concurrencia. Quitó muy bien por verónicas antes de que los subalternos protagonizaran un buen tercio de banderillas, en el que destacó un tercer par excepcional. La faena de muleta la empezó con seis u ocho pases por alto sin moverse del sitio. Fue lo más destacado de la faena, porque el toro se quedó muy parado y tuvo que sacarle los pases de uno en uno. Aún así, instrumentó series de derechazos y naturales con algunos pases de mucha hondura antes de pegarse un auténtico arrimón, metiéndose entre los pitones y dominando lo que quedaba de embestida a base de dominio en pases circulares y por alto. Después de un pinchazo cobró una estocada entera y el premio esta vez se quedó en una sola oreja.
El Cid, por su parte, dio muestras una vez más de la suerte que le acompaña en los sorteos, de su gran estética y de su absoluta entrega. Es un torero que se ha convertido en figura a base de tesón y de una honradez absoluta en cada actuación. A él le correspondió el mejor toro de la corrida, el segundo de la tarde, al que recibió con muy buenas verónicas. Después de un puyazo breve y un buen tercio de banderillas, el matador se fue al centro del ruedo y citó desde allí al toro, instrumentándole varias series con la derecha realmente buenas, largas y con hondura. Dio mucho sitio al toro tanto en el toreo con la diestra como al natural, entre los que hubo dos inmensos. Muchísimos toreo, y del bueno, que el toro empezó a acusar quedándose algo más corto. Después de un circular y varios pases de adorno, lo mató de una gran estocada. Al torero le dieron dos orejas de justicia y al toro una vuelta al ruedo.
El quinto fue un toro algo más complicado. Lo recibió con lances por bajo con una rodilla en tierra, delantales y media. Con la muleta, empezó con ayudados y se echó rápido la muleta a la mano izquierda. Faena de temple y conocimiento, con buenos pases al natural y una serie buena con la derecha a media altura. Consiguió, en fin, sacar al toro lo que tenía, que era bastante menos que el anterior de su lote, acortando mucho la distancia al final de la faena. Después de un pinchazo y una estocada le dieron otras dos orejas, la segunda fruto sobre todo del cariño y premiando más la disposición que el toreo profundo y hondo, que lo hubo… pero en el segundo.
Por su parte, el local Gabriel Picazo estuvo muy dispuesto a agradar a sus paisanos toda la tarde. Y sus paisanos se lo agradecieron pidiendo para él los trofeos con insistencia al final de sus faenas. Cortó una oreja del tercero y dos del sexto, aunque sus faenas fueron menos rotundas que las de el Juli o el Cid. En su descargo, decir que tuvo probablemente el peor lote.
Recibió a su primero con sólo un par de verónicas porque el toro le desarmó a la tercera. También le arrolló en el quite por chicuelinas, aunque se hizo un ingenioso autopase antes de dar una nueva chicuelina y una revolera. Empezó por bajo con la muleta, ligando luego varias series con la derecha en las que el toro protestaba un poco (¿quizá porque le ahogaba un poco y no se le daba el sitio suficiente?). Por la izquierda sacó pases de uno en uno antes de darse un extraño arrimón en el que el toro no se lo llevó por delante de milagro. Mató de un bajonazo delantero y atravesado, descabellando mal.
En el sexto, el recibo por verónicas y el quite no fueron muy lucidos. Con la muleta empezó con ayudados por alto y otros pases con gracia. Luego, toreo con la diestra templado pero sin mucha hondura a un toro con un punto violento, al que hay que poder. Destacó un buen cambio de mano y algún natural, aunque en general en el toreo con la zurda los pases fueron algo despegados. El toro se quedó parado y el toreo se arrimó, aquí sí con más criterio y mejores resultados. Terminó con bernardinas ceñidísimas, antes de recetar una estocada entera ligeramente caida.
Tarde, en fin, interesante, entretenida, divertida,… con dos grandes toreros (el Juli y el Cid) y uno más joven que no se arrugó nunca pero al que aún le falta oficio.
¡Qué las peores que veamos sean como ésta!
Uno, que como ha explicado otras veces nació a la afición taurina de la mano de las fiestas patronales, tiene un respeto reverencial por los que van a la plaza a divertirse. Incluso cuando ese afán de diversión aligera el ondear de moqueros para pedir apéndices de forma compulsiva después de cada faena. Porque más allá de las orejas, lo que importan son los sentimientos. Tanto los que nacen de la emoción del buen toreo, como los vinculados a la diversión por faenas algo más despegadas, o incluso los de quienes disfrutan por el paisanaje, viendo al torero local compartir cartel con figuran consagradas.
Lo cierto es que la corrida del sábado en San Sebastián de los Reyes permitió el triunfo de los toreros con toros de Victoriano del Río muy a modo, colaboradores, noblotes, aunque no excesivamente aparatosos ni de una bravura desbordante. Toros, en fin, “cómodos”, hasta donde pueden serlo los animales de lidia. Pero toros buenos en general con uno, el segundo, excepcional en la muleta.
El Juli demostró un magisterio apabullante, con una tremenda seguridad toda la tarde y con una técnica que disminuye la sensación de riesgo y hace parecer sencillo lo que encierra muchos años de afición y oficio. A su primero lo recibió bien de capa y le realizó un vistoso quite en el centro del ruedo ligando una verónica con una navarra y una revolera. Con la muleta, faena muy templada y estética con ambas manos en la que destacaron algunos naturales largos y profundos, muy bien ligados con el de pecho. Finalizó la faena con un circular invertido perfecto en su ejecución y otro en dos tiempos que ligó con varios pases de adorno sin mover los pies del suelo. Tras un volapié perfecto le dieron dos orejas más que justificadas.
En el cuarto hizo un recibo de capote magistral ganando terreno al toro en cada verónica y acabando a los medios, todo ello con una hondura que, no sé muy bien por qué, no caló demasiado en la concurrencia. Quitó muy bien por verónicas antes de que los subalternos protagonizaran un buen tercio de banderillas, en el que destacó un tercer par excepcional. La faena de muleta la empezó con seis u ocho pases por alto sin moverse del sitio. Fue lo más destacado de la faena, porque el toro se quedó muy parado y tuvo que sacarle los pases de uno en uno. Aún así, instrumentó series de derechazos y naturales con algunos pases de mucha hondura antes de pegarse un auténtico arrimón, metiéndose entre los pitones y dominando lo que quedaba de embestida a base de dominio en pases circulares y por alto. Después de un pinchazo cobró una estocada entera y el premio esta vez se quedó en una sola oreja.
El Cid, por su parte, dio muestras una vez más de la suerte que le acompaña en los sorteos, de su gran estética y de su absoluta entrega. Es un torero que se ha convertido en figura a base de tesón y de una honradez absoluta en cada actuación. A él le correspondió el mejor toro de la corrida, el segundo de la tarde, al que recibió con muy buenas verónicas. Después de un puyazo breve y un buen tercio de banderillas, el matador se fue al centro del ruedo y citó desde allí al toro, instrumentándole varias series con la derecha realmente buenas, largas y con hondura. Dio mucho sitio al toro tanto en el toreo con la diestra como al natural, entre los que hubo dos inmensos. Muchísimos toreo, y del bueno, que el toro empezó a acusar quedándose algo más corto. Después de un circular y varios pases de adorno, lo mató de una gran estocada. Al torero le dieron dos orejas de justicia y al toro una vuelta al ruedo.
El quinto fue un toro algo más complicado. Lo recibió con lances por bajo con una rodilla en tierra, delantales y media. Con la muleta, empezó con ayudados y se echó rápido la muleta a la mano izquierda. Faena de temple y conocimiento, con buenos pases al natural y una serie buena con la derecha a media altura. Consiguió, en fin, sacar al toro lo que tenía, que era bastante menos que el anterior de su lote, acortando mucho la distancia al final de la faena. Después de un pinchazo y una estocada le dieron otras dos orejas, la segunda fruto sobre todo del cariño y premiando más la disposición que el toreo profundo y hondo, que lo hubo… pero en el segundo.
Por su parte, el local Gabriel Picazo estuvo muy dispuesto a agradar a sus paisanos toda la tarde. Y sus paisanos se lo agradecieron pidiendo para él los trofeos con insistencia al final de sus faenas. Cortó una oreja del tercero y dos del sexto, aunque sus faenas fueron menos rotundas que las de el Juli o el Cid. En su descargo, decir que tuvo probablemente el peor lote.
Recibió a su primero con sólo un par de verónicas porque el toro le desarmó a la tercera. También le arrolló en el quite por chicuelinas, aunque se hizo un ingenioso autopase antes de dar una nueva chicuelina y una revolera. Empezó por bajo con la muleta, ligando luego varias series con la derecha en las que el toro protestaba un poco (¿quizá porque le ahogaba un poco y no se le daba el sitio suficiente?). Por la izquierda sacó pases de uno en uno antes de darse un extraño arrimón en el que el toro no se lo llevó por delante de milagro. Mató de un bajonazo delantero y atravesado, descabellando mal.
En el sexto, el recibo por verónicas y el quite no fueron muy lucidos. Con la muleta empezó con ayudados por alto y otros pases con gracia. Luego, toreo con la diestra templado pero sin mucha hondura a un toro con un punto violento, al que hay que poder. Destacó un buen cambio de mano y algún natural, aunque en general en el toreo con la zurda los pases fueron algo despegados. El toro se quedó parado y el toreo se arrimó, aquí sí con más criterio y mejores resultados. Terminó con bernardinas ceñidísimas, antes de recetar una estocada entera ligeramente caida.
Tarde, en fin, interesante, entretenida, divertida,… con dos grandes toreros (el Juli y el Cid) y uno más joven que no se arrugó nunca pero al que aún le falta oficio.
¡Qué las peores que veamos sean como ésta!
domingo, 31 de agosto de 2008
San Sebastián de los Reyes (29 de agosto de 2008) - Estados de ánimo
En el toreo, como en todas las actividades humanas (más aún si son artísticas), los estados de ánimo influyen de forma notable en cómo transcurra la lidia y cuál sea el resultado del matador.
Lo visto en San Sebastián de los Reyes ratifica que Perera está pletórico, Castella indeciso y Talavante absolutamente desorientado.
Los toros de Núñez del Cuvillo no fueron un dechado de virtudes, pero tampoco tenían un aspecto especialmente amenazador ni intenciones propias de alimañas. Fueron toros más bien sositos, unos con algo más de guasa que otros, que permitían estar delante y tratar de interpretar el toreo que puede esperarse en una plaza de Castilla en fiestas.
Castella, con su primero, muy mal lidiado en los primeros tercios (salvo por la colocación de las banderillas, que fue eficaz), quedó inédito con la capa. Con la muleta empezó de forma torera la faena en el tercio. Luego, demostró un buen entendimiento del animal y sacó algunos pases estimables, aunque faltó decisión y más claridad de ideas. Hubo detalles, retales, pero sin una idea de faena. La media estocada cayó manifiestamente baja.
Con el cuarto, peor lidiado aún y nuevamente sin toreo de capa, brindó su faena al público y empezó desde el centro del ruedo, pero el toro se revuelve pronto y desluce lo que el matador trataba fuera una forma rápida de poner al público en su favor. Dio series con ambas manos, con más voluntad que hondura y finalizó con un arrimón y pases cambiados. Después de un pinchazo, trató de volver a poner al público de su lado con manoletinas y pases ajustados. Dio resultado. Tras una estocada casi entera se le concedió una oreja. Hubo voluntad del francés y está algo mejor que hace unos meses, pero se echa de menos la clarividencia y el arrojo de la temporada pasada.
Perera demostró que está sublime en técnica, valor, hondura y mente clara. Lanceó con buen trazo al segundo de la tarde aunque el toro salía suelto del encuentro con el capote. Bien el picador y los banderilleros. Comenzó la faena de muleta con ocho o nueve pases por alto sin moverse un ápice. Sencillamente impresionante. Luego, dio buenas series con la derecha, pero la faena bajó algo al cambiarse la muleta de mano, porque el toro derrotaba y huía del engaño. Aún así, toreo de quietud y dominio, a falta de arte, que no era posible. Al volver a la diestra el toro había dejado de embestir. Estoca entera, aunque algo trasera y baja.
Con el quinto, un toro más complicado y peligroso, la faena de muleta fue maciza. Lo dejó crudo en el caballo y quitó de forma vistosa con verónicas, pase por la espalda y revolera. Citó desde el centro del ruedo, haciendo sin inmutarse dos pases cambiados a un toro que llevaba una velocidad endiablada. Luego, series muy buenas con la derecha, con pases hondos, dando sitio al toro y mandándole mucho,… A pesar de que el toro cabecea, consigue que no le toque la muleta. Luego, una serie grandiosa al natural, lenta, templada,.. hasta ligar de forma magistral con el de pecho. Al final, circular lentísimo, tres en uno, arrimón con varios circulares invertidos, bernardinas,… Todo en el centro del ruedo. Estocada ligeramente caída de lenta ejecución y dos orejas después de que el toro se aguantara la muerte y el matador ordenara que nadie le diera un capotazo, para dignificar aún más el momento.
Por su parte, Talavante estuvo espeso toda la tarde. En el tercero trataba de parecer técnico, pero se le notaba sin sitio. El toro ayudaba muy poco y tras series sin mucha historia se dio un arrimón para tratar de justificar la faena. Infame con la espada pinchó innumerables veces y descabelló también unas cuantas.
Al sexto lo recibió con algunas verónicas de buen trazo y quitó por gaoneras (aunque no demasiado ajustadas). Empezó por alto en el tercio la faena de muleta y después de sacárdselo a los medios dio una serie buena con la derecha. Otras dos con la misma mano fueron poco más que correctas y a partir de ahí empezó a despegarse, el toro a engancharle la muleta, a desarmarle,… Con la izquierda lo intentó sin éxito. Y, como el toro hizo amago de rajarse, se fue a tablas y se puso en un sitio donde era imposible que el toro pasara. Nadie sabe muy bien por qué (hemos visto casos en los que los toreros, con mansos de solemnidad, hacen su faena en tablas, pero sabiendo dónde se ponen y qué pretenden, lo cual aquí, o no sucedía o no se trasladó al tendido).
Tarde, en fin, de una faena importante y otras dos con algunos detalles. Y una plaza más en la que hemos visto torear.
Lo visto en San Sebastián de los Reyes ratifica que Perera está pletórico, Castella indeciso y Talavante absolutamente desorientado.
Los toros de Núñez del Cuvillo no fueron un dechado de virtudes, pero tampoco tenían un aspecto especialmente amenazador ni intenciones propias de alimañas. Fueron toros más bien sositos, unos con algo más de guasa que otros, que permitían estar delante y tratar de interpretar el toreo que puede esperarse en una plaza de Castilla en fiestas.
Castella, con su primero, muy mal lidiado en los primeros tercios (salvo por la colocación de las banderillas, que fue eficaz), quedó inédito con la capa. Con la muleta empezó de forma torera la faena en el tercio. Luego, demostró un buen entendimiento del animal y sacó algunos pases estimables, aunque faltó decisión y más claridad de ideas. Hubo detalles, retales, pero sin una idea de faena. La media estocada cayó manifiestamente baja.
Con el cuarto, peor lidiado aún y nuevamente sin toreo de capa, brindó su faena al público y empezó desde el centro del ruedo, pero el toro se revuelve pronto y desluce lo que el matador trataba fuera una forma rápida de poner al público en su favor. Dio series con ambas manos, con más voluntad que hondura y finalizó con un arrimón y pases cambiados. Después de un pinchazo, trató de volver a poner al público de su lado con manoletinas y pases ajustados. Dio resultado. Tras una estocada casi entera se le concedió una oreja. Hubo voluntad del francés y está algo mejor que hace unos meses, pero se echa de menos la clarividencia y el arrojo de la temporada pasada.
Perera demostró que está sublime en técnica, valor, hondura y mente clara. Lanceó con buen trazo al segundo de la tarde aunque el toro salía suelto del encuentro con el capote. Bien el picador y los banderilleros. Comenzó la faena de muleta con ocho o nueve pases por alto sin moverse un ápice. Sencillamente impresionante. Luego, dio buenas series con la derecha, pero la faena bajó algo al cambiarse la muleta de mano, porque el toro derrotaba y huía del engaño. Aún así, toreo de quietud y dominio, a falta de arte, que no era posible. Al volver a la diestra el toro había dejado de embestir. Estoca entera, aunque algo trasera y baja.
Con el quinto, un toro más complicado y peligroso, la faena de muleta fue maciza. Lo dejó crudo en el caballo y quitó de forma vistosa con verónicas, pase por la espalda y revolera. Citó desde el centro del ruedo, haciendo sin inmutarse dos pases cambiados a un toro que llevaba una velocidad endiablada. Luego, series muy buenas con la derecha, con pases hondos, dando sitio al toro y mandándole mucho,… A pesar de que el toro cabecea, consigue que no le toque la muleta. Luego, una serie grandiosa al natural, lenta, templada,.. hasta ligar de forma magistral con el de pecho. Al final, circular lentísimo, tres en uno, arrimón con varios circulares invertidos, bernardinas,… Todo en el centro del ruedo. Estocada ligeramente caída de lenta ejecución y dos orejas después de que el toro se aguantara la muerte y el matador ordenara que nadie le diera un capotazo, para dignificar aún más el momento.
Por su parte, Talavante estuvo espeso toda la tarde. En el tercero trataba de parecer técnico, pero se le notaba sin sitio. El toro ayudaba muy poco y tras series sin mucha historia se dio un arrimón para tratar de justificar la faena. Infame con la espada pinchó innumerables veces y descabelló también unas cuantas.
Al sexto lo recibió con algunas verónicas de buen trazo y quitó por gaoneras (aunque no demasiado ajustadas). Empezó por alto en el tercio la faena de muleta y después de sacárdselo a los medios dio una serie buena con la derecha. Otras dos con la misma mano fueron poco más que correctas y a partir de ahí empezó a despegarse, el toro a engancharle la muleta, a desarmarle,… Con la izquierda lo intentó sin éxito. Y, como el toro hizo amago de rajarse, se fue a tablas y se puso en un sitio donde era imposible que el toro pasara. Nadie sabe muy bien por qué (hemos visto casos en los que los toreros, con mansos de solemnidad, hacen su faena en tablas, pero sabiendo dónde se ponen y qué pretenden, lo cual aquí, o no sucedía o no se trasladó al tendido).
Tarde, en fin, de una faena importante y otras dos con algunos detalles. Y una plaza más en la que hemos visto torear.
sábado, 30 de agosto de 2008
Enrique Ponce
Tenía pensado hacerlo hace tiempo, pero tras haber visionado en Tendido Cero el triunfo de Enrique Ponce en Bilbao y Málaga, ¡qué mejor momento! En pleno furor Tomista, en plena apoteosis de Perera, en plena perfección del Juli, en pleno arrebatamiento de Cayetano, en plena locura Morantista, en pleno empaque de Manzanares, en plena madurez del Cid, yo quiero hablar de Enrique Ponce al que, con demasiada frecuencia, veo denostar a los aficionados nuevos.
Yo me he aficionado a los toros, dos veces, por Enrique Ponce.
La primera vez, durante su ascenso, en el año 92 en el que TVE retansmitió en directo su triunfo en Valencia en un día de San José inolvidable para mí, porque vi los toros con mi madre como cuando era muy pequeño. El años siguienta ya estaba estudiando en Madrid y lo pude ver tiunfar en Las Ventas. Y fue maravilloso.
La segunda vez en la faena más bella que mis ojos podrán recordar nunca, en la Feria de Abril del 2006, que me hizo apuntarme toda la temporada y hacerme abonado de la Maestranza la siguiente (de entre todos mis títulos académicos este es del que más orgullos estoy).
Porque Enrique Ponce ha llevado más gentes a los toros que nadie nunca antes en la historia del toreo.
Porque Enrique Ponce ha soportado, él solo, los abonos de todas las plazas de primera y segunda durante más de 10 años, como Espartaco.
Porque, como Espartaco, le pudo a todos los toros y a todos les hizo faena, llevando el toreo a los lugares donde apenas llegaba, asegurando siempre la diversión de la gente.
Porque introdujo otra vez la estética en la faena, disipada tras el triunfo del ojedismo, del espartaquismo y del rinconismo. Su toreo ayudado, que otros llaman accesorio, es de una belleza absoluta.
Porque quien ha matado tantos miles de toros, sólo puede ser uno de los toreros más valerosos de la historia del arte.
Porque su competencia con Joselito resucitó el toreo de copa, la sana rivalidad.
Gracias Catedrático, gracias maestro, porque ha hecho usted Historia.
Yo me he aficionado a los toros, dos veces, por Enrique Ponce.
La primera vez, durante su ascenso, en el año 92 en el que TVE retansmitió en directo su triunfo en Valencia en un día de San José inolvidable para mí, porque vi los toros con mi madre como cuando era muy pequeño. El años siguienta ya estaba estudiando en Madrid y lo pude ver tiunfar en Las Ventas. Y fue maravilloso.
La segunda vez en la faena más bella que mis ojos podrán recordar nunca, en la Feria de Abril del 2006, que me hizo apuntarme toda la temporada y hacerme abonado de la Maestranza la siguiente (de entre todos mis títulos académicos este es del que más orgullos estoy).
Porque Enrique Ponce ha llevado más gentes a los toros que nadie nunca antes en la historia del toreo.
Porque Enrique Ponce ha soportado, él solo, los abonos de todas las plazas de primera y segunda durante más de 10 años, como Espartaco.
Porque, como Espartaco, le pudo a todos los toros y a todos les hizo faena, llevando el toreo a los lugares donde apenas llegaba, asegurando siempre la diversión de la gente.
Porque introdujo otra vez la estética en la faena, disipada tras el triunfo del ojedismo, del espartaquismo y del rinconismo. Su toreo ayudado, que otros llaman accesorio, es de una belleza absoluta.
Porque quien ha matado tantos miles de toros, sólo puede ser uno de los toreros más valerosos de la historia del arte.
Porque su competencia con Joselito resucitó el toreo de copa, la sana rivalidad.
Gracias Catedrático, gracias maestro, porque ha hecho usted Historia.
lunes, 18 de agosto de 2008
El Puerto de Santa María (10 de agosto de 2008) - Competencia sorda (III)
El domingo se notaba en el Puerto que había un acontecimiento grande. La gente había acudido de todos lados a vivir un festejo probablemente irrepetible: por la plaza, por los toreros y por el deseo de ambos de reivindicar su diferencia.
Pero, al fin, sólo hubo destellos de la particular tauromaquia de cada uno, en vez del raudal de sensaciones que la gente deseaba. Cierto que los toros cabecearon todos una barbaridad, que ninguno rompió a bueno de verdad, que les falto humillar y entregarse. Pero aún con animales de este tipo e incluso peores hemos visto a ambos matadores demostrar más personalidad. Tal vez también ellos se fueron desilusionando ante la imposibilidad de que aquello fuera la tarde (su tarde) soñada.
Para los aficionados, hubo detalles. Pero supieron a poco. Para quienes trataban de hacerse tomistas, tomasistas, morantistas,… la tarde fue probablemente la ratificación de lo extraño que son los aficionados a los toros. De lo absurdo que puede ser seguir a un torero.
Vimos a un José Tomás tan puro como siempre, aunque tal vez algo más ausente, con menos sitio. Probablemente la culpa la tuvo la cornada del primer toro al intentar un pase de las flores totalmente prescindible en aquel toro. No se miró ni se acercó a la enfermería hasta que acabó la tarde. Lo mejor lo vimos en con la capa: el quite por chicuelinas ceñidísimas en su primero, las gaoneras en el tercero y las verónicas del quinto. También hubo algunos pasajes buenos con la diestra en el primero, pero lo demás fue bastante anodino, insípido, de escasa transmisión. Algo que con este torero rara vez sucede.
Morante estuvo decidido y nos ofreció algunos instantes de magia. Con el segundo, un toro al que no quiso ver en los primeros tercios, demostró valor y raza con la muleta, sacando series de naturales de mucho sabor y mérito. En el cuarto, vimos pasajes de toreo antiguo, pases personalísimos, una faena nada convencional que tuvo su epílogo curioso en la serie que dio tras escuchar el torero un fandango que Manuel Orta le cantó justo al lado de donde estábamos. En el sexto, cuya salida se demoró porque José Antonio estaba en la enfermería recibiendo acopio de oxígeno y urbasón, hubo sólo una tanda al natural de interés; por lo demás, no se acopló con un toro que le desarmó varias veces.
En definitiva, que disfrutamos de la tarde, que hubo cosas que contar, pero que la expectación no se vio colmada, como tantas veces.
La ortodoxia del sábado (Juli, Manzanares y Perera), le ganó la partida a los heterodoxos (José Tomas y Morante). Así fue esta vez. Y otra será lo contrario. O triunfarán todos. Hay que seguirlos viendo, cuanto más cercanos en los carteles de una feria, mejor. Porque hay una competencia sorda que no llega a los aficionados, un deseo de crecerse ante el triunfo de los compañeros que está presente en cada torero, permanece en su memoria de corrida en corrida, para dar la réplica la misma tarde o la siguiente. ¡Qué envidia de aquellas ferias de antaño que repetían a las figuras dos o tres tardes seguidas…!
Pero, al fin, sólo hubo destellos de la particular tauromaquia de cada uno, en vez del raudal de sensaciones que la gente deseaba. Cierto que los toros cabecearon todos una barbaridad, que ninguno rompió a bueno de verdad, que les falto humillar y entregarse. Pero aún con animales de este tipo e incluso peores hemos visto a ambos matadores demostrar más personalidad. Tal vez también ellos se fueron desilusionando ante la imposibilidad de que aquello fuera la tarde (su tarde) soñada.
Para los aficionados, hubo detalles. Pero supieron a poco. Para quienes trataban de hacerse tomistas, tomasistas, morantistas,… la tarde fue probablemente la ratificación de lo extraño que son los aficionados a los toros. De lo absurdo que puede ser seguir a un torero.
Vimos a un José Tomás tan puro como siempre, aunque tal vez algo más ausente, con menos sitio. Probablemente la culpa la tuvo la cornada del primer toro al intentar un pase de las flores totalmente prescindible en aquel toro. No se miró ni se acercó a la enfermería hasta que acabó la tarde. Lo mejor lo vimos en con la capa: el quite por chicuelinas ceñidísimas en su primero, las gaoneras en el tercero y las verónicas del quinto. También hubo algunos pasajes buenos con la diestra en el primero, pero lo demás fue bastante anodino, insípido, de escasa transmisión. Algo que con este torero rara vez sucede.
Morante estuvo decidido y nos ofreció algunos instantes de magia. Con el segundo, un toro al que no quiso ver en los primeros tercios, demostró valor y raza con la muleta, sacando series de naturales de mucho sabor y mérito. En el cuarto, vimos pasajes de toreo antiguo, pases personalísimos, una faena nada convencional que tuvo su epílogo curioso en la serie que dio tras escuchar el torero un fandango que Manuel Orta le cantó justo al lado de donde estábamos. En el sexto, cuya salida se demoró porque José Antonio estaba en la enfermería recibiendo acopio de oxígeno y urbasón, hubo sólo una tanda al natural de interés; por lo demás, no se acopló con un toro que le desarmó varias veces.
En definitiva, que disfrutamos de la tarde, que hubo cosas que contar, pero que la expectación no se vio colmada, como tantas veces.
La ortodoxia del sábado (Juli, Manzanares y Perera), le ganó la partida a los heterodoxos (José Tomas y Morante). Así fue esta vez. Y otra será lo contrario. O triunfarán todos. Hay que seguirlos viendo, cuanto más cercanos en los carteles de una feria, mejor. Porque hay una competencia sorda que no llega a los aficionados, un deseo de crecerse ante el triunfo de los compañeros que está presente en cada torero, permanece en su memoria de corrida en corrida, para dar la réplica la misma tarde o la siguiente. ¡Qué envidia de aquellas ferias de antaño que repetían a las figuras dos o tres tardes seguidas…!
sábado, 16 de agosto de 2008
El Puerto de Santa María (9 de agosto de 2008) - Competencia sorda (II)
En la tarde del sábado, el Juli estuvo en torero grande, pero sin acabar de pisar a fondo el acelerador. Tengo la impresión que se trataba de demostrar más la capacidad que el arrebato. Y lo consiguió. Con un toreo hondo, como en los lances de recibo o en las chicuelinas a su primero, en el comienzo de faena a este toro (por alto y sin moverse en el tercio), en algunos de los derechazos,…
En el cuarto, buen recibo también llevándolo a los medios con la capa y una faena de muleta dando mucho sitio al toro en series largas, aunque con algunos parones que deslucían el conjunto.
Manzanares tuvo el mejor toro de la corrida: el segundo, con el que desplegó toda su inmensa torería. La lidia fue perfecta: desde el recibo con la capa, hasta el inmenso tercio de banderillas, pasando por un puyazo perfectamente ejecutado. Ya con la muleta, sacó el toro a los medios de forma muy artística y personal, finalizando con un enorme cambio de mano. El toreo en redondo, con series cortas, tuvo un arte y una hondura excepcionales. Con la izquierda bajó un punto el tono de la faena. Pero al volver a la mano derecha dio una serie absolutamente memorable: redondo completo, templado y profundo, cambio de mano al ralentí y gran pase de pecho. Todo ello ligado, gustándose, con distinción,… Al final, tras una gran estocada, el toro vendió cara su muerte, con bravura, resistiéndose a caer, incorporándose después de caer un par de veces, para rodar luego sin puntilla. Se le dio la vuelta al ruedo, sobre todo, por ese comportamiento en el momento de la muerte y por su empuje en el único puyazo que se le dio. Quizá faltó comprobar cómo hubiera acudido por segunda vez al caballo (aunque se le hubiera señalado sólo con el regatón). Y, a nuestro juicio, al toro le faltó también una mejor embestida por el pitón izquierdo. Pero, sin duda, el toro demostró bravura y propició una gran faena. Si eso es lo que se premia, bienvenido sea.
La faena al quinto de la tarde fue algo menos lucida, en parte porque el toro no propiciaba el mismo tipo de toreo (era bastante más tardo y con poca transmisión) y en parte, suponemos, porque después de torear como lo hizo en el segundo, uno debe quedarse casi desfondado. Aún así, hubo algún lance bueno de recibo y pases buenos con ambas manos en series cortas e irregulares. Inmenso el volapié con el toro completamente parado.
Y Perera volvió a reivindicarse como el gran descubrimiento de la temporada. Por técnica, valor, regularidad y arte. A su primero lo recibió primorosamente con la capa y le recetó un tremendo quite por gaonera (ajustadas, sin moverse, serio,…). El comienzo de la faena, en el tercio, con ayudados por alto desde una apabullante quietud, pase por bajo y de pecho, compendiaba toda una tauromaquia. Luego, series con ambas manos de muchísima templanza a un toro que no transmitía demasiado, pero al que exprimió todo lo que tenía. Hasta meterse al final entre los pitones y sacar pases de tremenda emoción. Recetó una estocada perfecta a cámara lenta. Los que la hayan grabado, por favor, que la envíen a todas las escuelas de tauromaquia para explicar cómo se ejecuta un volapié.
Y lo del sexto fue la constatación de cómo el buen toreo puede con todo. Hasta con un toro cariavacado y anovillado que fue protestado desde que salió y con el que era prácticamente imposible que se diera importancia a lo que se hacía. De hecho, los primeros tercios fueron técnicamente correctos, pero nada artísticos. Y al torero le costó meterse en la faena de muleta, pero mediada ésta, cuando le cogió el son a un toro que se movía con más velocidad que los anteriores, consiguió pases de lo más estimables, especialmente toreando al natural, en algunas series excepcionales. Al final, arrimón, pases inmensos desde la absoluta cercanía de los pitones, naturales a pies juntos dando algo más de sitio (con caída a merced del toro, buen quite de las cuadrillas, con un Manzanares especialmente acertado, y pase de pecho conforme se incorpora). Otra gran estocada y dos orejas ganadas a ley contra la presentación del toro, su comportamiento y el enfado del público.
Una tarde en fin, de buen toreo, entretenida, variada,… La lidia de los toros fue magnífica, el tercio de varas se ejecutó muy bien, vimos grandísimos tercios de banderillas, se toreó bien de capote y de muleta y se estoqueó a la primera y por arriba a todos los toros.
Esto es lo que uno entiende por una gran tarde de toros. Más allá de que siempre cabe un toro con más presencia y más codicia, que se le den un par de puyazos en vez uno por toro y que las faenas tuvieran más ajuste y duración porque los toros lo permitieran.
Hubo quien habló de una tarde de toros histórica y quien la criticó por constituir, a su juicio, el triunfo del toreo “moderno”. A mi juicio, ninguna de las dos se ajusta a lo que allí sucedió. Que fue (y no es poco) que disfrutamos con el buen toreo en tres de sus mejores versiones de estos comienzos del siglo XXI.
En el cuarto, buen recibo también llevándolo a los medios con la capa y una faena de muleta dando mucho sitio al toro en series largas, aunque con algunos parones que deslucían el conjunto.
Manzanares tuvo el mejor toro de la corrida: el segundo, con el que desplegó toda su inmensa torería. La lidia fue perfecta: desde el recibo con la capa, hasta el inmenso tercio de banderillas, pasando por un puyazo perfectamente ejecutado. Ya con la muleta, sacó el toro a los medios de forma muy artística y personal, finalizando con un enorme cambio de mano. El toreo en redondo, con series cortas, tuvo un arte y una hondura excepcionales. Con la izquierda bajó un punto el tono de la faena. Pero al volver a la mano derecha dio una serie absolutamente memorable: redondo completo, templado y profundo, cambio de mano al ralentí y gran pase de pecho. Todo ello ligado, gustándose, con distinción,… Al final, tras una gran estocada, el toro vendió cara su muerte, con bravura, resistiéndose a caer, incorporándose después de caer un par de veces, para rodar luego sin puntilla. Se le dio la vuelta al ruedo, sobre todo, por ese comportamiento en el momento de la muerte y por su empuje en el único puyazo que se le dio. Quizá faltó comprobar cómo hubiera acudido por segunda vez al caballo (aunque se le hubiera señalado sólo con el regatón). Y, a nuestro juicio, al toro le faltó también una mejor embestida por el pitón izquierdo. Pero, sin duda, el toro demostró bravura y propició una gran faena. Si eso es lo que se premia, bienvenido sea.
La faena al quinto de la tarde fue algo menos lucida, en parte porque el toro no propiciaba el mismo tipo de toreo (era bastante más tardo y con poca transmisión) y en parte, suponemos, porque después de torear como lo hizo en el segundo, uno debe quedarse casi desfondado. Aún así, hubo algún lance bueno de recibo y pases buenos con ambas manos en series cortas e irregulares. Inmenso el volapié con el toro completamente parado.
Y Perera volvió a reivindicarse como el gran descubrimiento de la temporada. Por técnica, valor, regularidad y arte. A su primero lo recibió primorosamente con la capa y le recetó un tremendo quite por gaonera (ajustadas, sin moverse, serio,…). El comienzo de la faena, en el tercio, con ayudados por alto desde una apabullante quietud, pase por bajo y de pecho, compendiaba toda una tauromaquia. Luego, series con ambas manos de muchísima templanza a un toro que no transmitía demasiado, pero al que exprimió todo lo que tenía. Hasta meterse al final entre los pitones y sacar pases de tremenda emoción. Recetó una estocada perfecta a cámara lenta. Los que la hayan grabado, por favor, que la envíen a todas las escuelas de tauromaquia para explicar cómo se ejecuta un volapié.
Y lo del sexto fue la constatación de cómo el buen toreo puede con todo. Hasta con un toro cariavacado y anovillado que fue protestado desde que salió y con el que era prácticamente imposible que se diera importancia a lo que se hacía. De hecho, los primeros tercios fueron técnicamente correctos, pero nada artísticos. Y al torero le costó meterse en la faena de muleta, pero mediada ésta, cuando le cogió el son a un toro que se movía con más velocidad que los anteriores, consiguió pases de lo más estimables, especialmente toreando al natural, en algunas series excepcionales. Al final, arrimón, pases inmensos desde la absoluta cercanía de los pitones, naturales a pies juntos dando algo más de sitio (con caída a merced del toro, buen quite de las cuadrillas, con un Manzanares especialmente acertado, y pase de pecho conforme se incorpora). Otra gran estocada y dos orejas ganadas a ley contra la presentación del toro, su comportamiento y el enfado del público.
Una tarde en fin, de buen toreo, entretenida, variada,… La lidia de los toros fue magnífica, el tercio de varas se ejecutó muy bien, vimos grandísimos tercios de banderillas, se toreó bien de capote y de muleta y se estoqueó a la primera y por arriba a todos los toros.
Esto es lo que uno entiende por una gran tarde de toros. Más allá de que siempre cabe un toro con más presencia y más codicia, que se le den un par de puyazos en vez uno por toro y que las faenas tuvieran más ajuste y duración porque los toros lo permitieran.
Hubo quien habló de una tarde de toros histórica y quien la criticó por constituir, a su juicio, el triunfo del toreo “moderno”. A mi juicio, ninguna de las dos se ajusta a lo que allí sucedió. Que fue (y no es poco) que disfrutamos con el buen toreo en tres de sus mejores versiones de estos comienzos del siglo XXI.
El Puerto de Santa María (9 y 10 de agosto de 2008) - Competencia sorda (I)
Lo del fin de semana en el Puerto de Santa María era el mejor reflejo de la sorda competencia que se libra en la cumbre.
Sin duda, la mayoría acudía (acudíamos) sobre todo al mano a mano de José Tomás con Morante. Como alguien explicó, se enfrentaban los dos mayores heterodoxos del toreo actual. La sobriedad de JT frente al barroquismo de Morante; el valor (con arte) frente al arte arrebatado y, a veces, también valeroso; la capacidad de llenar las plazas en cada comparecencia frente a quien arrastra una legión de devotos (diversa en número en cada ocasión) en busca del milagro. Era, en fin, un acontecimiento. Y la afición se sustenta tanto en la espera de estos festejos como en el recuerdo de las grandes tardes (a veces, también, en lo que uno está viviendo, pero eso sucede de tanto en tanto y dura tan poco…).
Pero se incluía también en el Bono Real una corrida (la del sábado) que reunía probablemente los tres toreros que, dentro de la ortodoxia, han demostrado lo mejor de lo que llevamos de temporada: la maestría de El Juli, la hondura de Manzanares y la técnica, el valor, el temple y la regularidad de Perera. Tres toreros que querían demostrar que esa ortodoxia podía hacer disfrutar tanto, o más, que el apasionamiento de los heterodoxos. Fuera quedaban, sobre todo, la experiencia y rotundidad de Ponce y la juventud y distinción de Cayetano. Pero para un par de tardes, los carteles eran de lo mejor que uno puede soñar.
Después, sale el toro y pone un elemento de azar añadido a la diferente inspiración y lucidez que cada día depara a los maestros.
Al final, se impuso la razón y el orden frente a la imaginación. La reivindicación del toreo más convencional frente al estoicismo y la fragilidad. Aunque hubo pinceladas de cada uno de los toreros para poder vislumbrar la grandeza de los cinco artistas que nos habían congregado. Cada uno de los cuales justificaría por sí sólo el viaje. Además de que el Puerto y sus tabernas, por sí solos, también nos convocan a esta peregrinación anual.
Sin duda, la mayoría acudía (acudíamos) sobre todo al mano a mano de José Tomás con Morante. Como alguien explicó, se enfrentaban los dos mayores heterodoxos del toreo actual. La sobriedad de JT frente al barroquismo de Morante; el valor (con arte) frente al arte arrebatado y, a veces, también valeroso; la capacidad de llenar las plazas en cada comparecencia frente a quien arrastra una legión de devotos (diversa en número en cada ocasión) en busca del milagro. Era, en fin, un acontecimiento. Y la afición se sustenta tanto en la espera de estos festejos como en el recuerdo de las grandes tardes (a veces, también, en lo que uno está viviendo, pero eso sucede de tanto en tanto y dura tan poco…).
Pero se incluía también en el Bono Real una corrida (la del sábado) que reunía probablemente los tres toreros que, dentro de la ortodoxia, han demostrado lo mejor de lo que llevamos de temporada: la maestría de El Juli, la hondura de Manzanares y la técnica, el valor, el temple y la regularidad de Perera. Tres toreros que querían demostrar que esa ortodoxia podía hacer disfrutar tanto, o más, que el apasionamiento de los heterodoxos. Fuera quedaban, sobre todo, la experiencia y rotundidad de Ponce y la juventud y distinción de Cayetano. Pero para un par de tardes, los carteles eran de lo mejor que uno puede soñar.
Después, sale el toro y pone un elemento de azar añadido a la diferente inspiración y lucidez que cada día depara a los maestros.
Al final, se impuso la razón y el orden frente a la imaginación. La reivindicación del toreo más convencional frente al estoicismo y la fragilidad. Aunque hubo pinceladas de cada uno de los toreros para poder vislumbrar la grandeza de los cinco artistas que nos habían congregado. Cada uno de los cuales justificaría por sí sólo el viaje. Además de que el Puerto y sus tabernas, por sí solos, también nos convocan a esta peregrinación anual.
viernes, 15 de agosto de 2008
Y llevaba cornada. Mano a mano en El Puerto. (10-VIII-2008)
Para quien no acude con frecuencia a los toros la corrida habrá supuesto una decepción profunda, para quienes hemos aceptado que la tauromaquia es una carrera de fondo en la que sólo la asistencia, una tarde tras a otra, a todos los festejos es la única garantía para asistir a los milagros, también. Pero sólo porque JT con su pasmosa regularidad y entrega nos tenía mal acostumbrados y sólo porque el sorprendente valor y ánimo de Morante nos lleva desconcertando un año. ¡Ay la ilusión de los taurinos! Pero es que todo se salió del guión, del guión que marca el toro con sus astas y su genio. Los de Nuñez del Cuvillo tenían más de andarines, gazapones y de Miura que de bravos, y no pudo ser. En otras circunstancias habríamos salido casi felices por el trazo imaginado de unas verónicas de Morante, por su valor al natural con el difícil primero, desengañando al toro con un trazo limpio de gladiador y, sobre todo, con la bonita faena a su segundo, con profundos ayudados que eran a la vez naturales, derechazos y ayudados por alto y por bajo, profundos y llenos de gracia. Sólo Morante tiene la esencia. Y por eso cerca de nosotros un cantaor le tiró lo que dicen que fue un Fandango, pero que a mí me pareció una saeta, a Morante, vestido de nazareno o malva y azabache, como un cristo solar de Andalucía en el centro de un agosto imposible. Por ahí tenía que ir la corrida, pero no. El primer toro de JT fue recibido con un silencio litúrgico y expectante, a los quince minutos el torero estaba encampanado, pero no por asumir el riesgo y atacar al animal como es su costumbre, sino por un claro defecto técnico en un pase de las flores, un cambiado mal ejecutado que lanzo al toro contra la tripa del torero. Dábamos por finiquitada la inversión tomista seguros de que llevaba al menos un puntazo, pero no. Siguió toreando toda la tarde, pero fuera de su sitio, aunque es más cerca que el de muchos, y sólo hubo alguna ráfaga de quietud pasmosa. Echábamos en falta el toreo por imanación o hipnosis el que quita la vulgaridad del lance. Hubo hasta pitos con el descabello (los primeros en las dos temporadas) en su segundo. Lo que no sabíamos es que llevaba hasta tres cornadas, una de ellas en la axila y terrible. Aguantó impertérrito hasta el final, pero así no puede ser, el gesto de honradez y compañerismo es admirable. Y que llevaba cornada lo supimos luego. ¿Qué hubiera dado la tarde sin cogida? Nunca lo sabremos, porque con toros peores JT ha sacado mucho, aunque no lo vimos en su primero en su sitio, como decíamos, no estaba (mixtifiquemos) transfigurado. Por su parte Morante fue atendido de una crisis respiratoria antes de la lidia del sexto y el cantaor repitió la saeta a la nada, al quiero y no puedo. Pero de estas ilusiones incumplidas, de la atronadora ovación de bienvenida a ambos, también hay que vivir y que sufrir. Que se repita el cartel las veces que haga falta.
sábado, 9 de agosto de 2008
Citius, Altius, Fortius
Ya no me acuerdo se si la idea es mía o, más probablemente, de si la he copiado, pero me parece muy buena. Si el ideal olímpico es Citius, Altius, Fortius: más rápido, más alto, más fuerte, el ideal taurino es justamente el contrario: más lento, más bajo, más suave. Quizá por eso los aficionados somos tan gorditos, y tan felices.
Una inmensa muleta roja y amarilla ondea en el Estadio Olímpico de Beijing, antes Pekín.
Mañana es la final olímpica del toreo, en el Puerto de Santamaría.
Una inmensa muleta roja y amarilla ondea en el Estadio Olímpico de Beijing, antes Pekín.
Mañana es la final olímpica del toreo, en el Puerto de Santamaría.
miércoles, 6 de agosto de 2008
De verano
Cuando uno repasa el calendario para el mes de agosto de algunos toreros dan ganas de ponerse malo. Sólo con los viajes, una persona normal acabaría agotada; si además hay que torear, dan ganas de quedarse en casa. Si no hay forma humana de seguirlos, ¿cómo pueden ellos estar en forma y tener la mente clara tarde tras tarde?
Visitar en un mes Pontevedra, La Coruña, Vitoria, El Puerto de Santa María, Gijón, Málaga, Bilbao, San Sebastián, Almería, Cuenca, Algeciras, Sanlúcar de Barrameda,… más algunas localidades del sur de Francia es una experiencia culturalmente muy enriquecedora si uno puede aprovechar para visitar sus monumentos, pasear por sus calles y hablar con sus gentes. Degustar sus platos típicos, recorrer sus restaurantes, rezar a sus patronos y catar sus vinos. Conocer sus costumbres, compartir sus fiestas, escuchar sus leyendas, indagar en sus miedos,…
Pero a ellos les queda poco más que llegar al Hotel a media mañana, echar una cabezada en el hotel que compense el mal sueño de la madrugada, esperar a que el apoderado o el primero de la cuadrilla les mienta sobre el lote de la tarde, malcomer un ensalada, dormitar media hora, recibir a los aficionados que se saltan la prudencia y las normas de la buena educación llegando hasta la habitación del hotel y, después de despedirlos del mejor modo posible, comenzar a calzarse el traje de luces. Furgoneta, patio de cuadrillas, paseíllo, espera, triunfo y puerta grande. O fracaso y bronca, si la tarde no está de triunfar. O silencio e indiferencia, que es la peor recompensa que un torero puede recibir.
Y vuelta al hotel, y a la ducha, y a la furgoneta, y al sueño intermitente después de haber comido algo rápido en cualquier restaurante de carretera.
Ni los turroneros y feriantes penan tanto como los toreros que faenan todas las tardes de agosto.
A cambio, eso sí, de una buena recompensa. Que al menos eso sacan en limpio las figuras que cargan sobre su taleguilla el peso de la temporada.
Para la mayoría de los aficionados, las fiestas de su ciudad son las únicas en las que ven toros en directo. El único modo de pulsar el estado y la evolución de la Fiesta. De comprobar cómo andan ganaderías y toreros. Y quien fracasa una tarde (por un mal lote, por falta de concentración, por cualquier indisposición, por un mal sueño,…) a los ojos de ocho o nueve mil espectadores es un mal torero al que no hay que repetir el año siguiente. Un juicio tan injusto como inevitable para quien el perímetro del toreo se circunscribe a su término municipal.
Por eso es tan grande el mérito de quienes tarde tras tarde colman los deseos de cada público, de esos aficionados que podrían dejar de serlo si en los dos o tres festejos de su feria no ven triunfar a las figuras.
¡Mis mejores deseos para esa media docena de toreros que, una temporada más, van a hacer que los públicos sientan justificada su asistencia a la plaza! Sin ellos, todo lo demás sería una vana ilusión.
Visitar en un mes Pontevedra, La Coruña, Vitoria, El Puerto de Santa María, Gijón, Málaga, Bilbao, San Sebastián, Almería, Cuenca, Algeciras, Sanlúcar de Barrameda,… más algunas localidades del sur de Francia es una experiencia culturalmente muy enriquecedora si uno puede aprovechar para visitar sus monumentos, pasear por sus calles y hablar con sus gentes. Degustar sus platos típicos, recorrer sus restaurantes, rezar a sus patronos y catar sus vinos. Conocer sus costumbres, compartir sus fiestas, escuchar sus leyendas, indagar en sus miedos,…
Pero a ellos les queda poco más que llegar al Hotel a media mañana, echar una cabezada en el hotel que compense el mal sueño de la madrugada, esperar a que el apoderado o el primero de la cuadrilla les mienta sobre el lote de la tarde, malcomer un ensalada, dormitar media hora, recibir a los aficionados que se saltan la prudencia y las normas de la buena educación llegando hasta la habitación del hotel y, después de despedirlos del mejor modo posible, comenzar a calzarse el traje de luces. Furgoneta, patio de cuadrillas, paseíllo, espera, triunfo y puerta grande. O fracaso y bronca, si la tarde no está de triunfar. O silencio e indiferencia, que es la peor recompensa que un torero puede recibir.
Y vuelta al hotel, y a la ducha, y a la furgoneta, y al sueño intermitente después de haber comido algo rápido en cualquier restaurante de carretera.
Ni los turroneros y feriantes penan tanto como los toreros que faenan todas las tardes de agosto.
A cambio, eso sí, de una buena recompensa. Que al menos eso sacan en limpio las figuras que cargan sobre su taleguilla el peso de la temporada.
Para la mayoría de los aficionados, las fiestas de su ciudad son las únicas en las que ven toros en directo. El único modo de pulsar el estado y la evolución de la Fiesta. De comprobar cómo andan ganaderías y toreros. Y quien fracasa una tarde (por un mal lote, por falta de concentración, por cualquier indisposición, por un mal sueño,…) a los ojos de ocho o nueve mil espectadores es un mal torero al que no hay que repetir el año siguiente. Un juicio tan injusto como inevitable para quien el perímetro del toreo se circunscribe a su término municipal.
Por eso es tan grande el mérito de quienes tarde tras tarde colman los deseos de cada público, de esos aficionados que podrían dejar de serlo si en los dos o tres festejos de su feria no ven triunfar a las figuras.
¡Mis mejores deseos para esa media docena de toreros que, una temporada más, van a hacer que los públicos sientan justificada su asistencia a la plaza! Sin ellos, todo lo demás sería una vana ilusión.
lunes, 4 de agosto de 2008
Tenemos entradas 2
Un año más
¿recuerdan?
http://lagrantemporada.blogspot.com/2007/08/vmonos-al-puerto.html
Para la gran final del mundial taurino que se disputa en EL PUERTO el próximo 10 de Agosto, con las dos figuras legendarias, José Tomás y Morante de la Puebla, no lo escribo por dar envidia sino para qué si no.
¿recuerdan?
http://lagrantemporada.blogspot.com/2007/08/vmonos-al-puerto.html
Para la gran final del mundial taurino que se disputa en EL PUERTO el próximo 10 de Agosto, con las dos figuras legendarias, José Tomás y Morante de la Puebla, no lo escribo por dar envidia sino para qué si no.
martes, 22 de julio de 2008
Ayuda a Adrián Gómez
La Junta Directiva Nacional de la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros Españoles ha decidido abrir una cuenta para ayudar el banderillero Adrrián Gómez y a su familia.
0030 8128 64 0000156271
Quedó tetrapléjico tras una caída durante la lidia de un novillo en Torrejón de Ardoz el pasado 22 de Junio, actuaba como miembro de la cuadrilla de Manuel Luque.
Tiene cuarenta años y un niño de dos. Actuaba regularmente como banderillero de la cuadrilla de El Fundi.
0030 8128 64 0000156271
Quedó tetrapléjico tras una caída durante la lidia de un novillo en Torrejón de Ardoz el pasado 22 de Junio, actuaba como miembro de la cuadrilla de Manuel Luque.
Tiene cuarenta años y un niño de dos. Actuaba regularmente como banderillero de la cuadrilla de El Fundi.
sábado, 12 de julio de 2008
Algeciras (28 de junio de 2008) - Dos toreros... y otro
(Después de la magnífica entrada de José María -vaya forma de enlazar distintos artes y de recrear un poesía- da casi vergüenza seguir escribiendo. Pero como lo nuestro es la prosa y él es buena gente, seguro que nos lo perdona...)
José Tomás tiene un efecto que va más allá de sus gestas. Estando anunciado y a pesar de no poder actuar por estar convaleciente aún de la cornada de Madrid, consigue que vaya más gente a la plaza que en el día anterior, en el que el cartel era de mayor fuste (aunque en esto, como en todo, hay opiniones). Y consigue incluso que no resulte extraño ver en un cartel con Castella y Manzanares a Manuel Díaz el Cordobés, que ya es conseguir.
Manzanares (que sustituía a JT -¡bien por la empresa!-) y Castella se alojaban en el mismo hotel en el que estaba. Un hotel funcional, nada taurino, casi a las afueras… Los tiempos, también en esto, van cambiando. Un rito singular, en todo caso, ver cómo descargan los trastos y cómo cada cual tiene su cometido desde que llegan por la mañana, mucho antes de empezarse a vestir. Salvo por esto, nada hay en estos toreros jóvenes de la última generación antes de enfundarse el traje de luces que nos indique que en unas horas van a jugarse la vida y a revivir la tragedia. Manzanares, por ejemplo, hablando por un móvil con bluetooth mediante un sofisticado artilugio enganchado a su oído, parecía más un cantante de moda o un joven ejecutivo que un hombre de campo, como siempre han sido los toreros. Nada importa cuando se torea como lo hizo poco después.
La corrida tuvo tres partes: la de los toros del Cordobés, en la que vimos una especie de toreo que no nos gustó nada (dejémoslo ahí); la del tercero de la tarde, un toro soso al que pese a sus esfuerzos Manzanares no pudo sacar nada lucido, y los otros tres toros (los dos de Castella y el sexto, de Manzanares), en la que vimos buen toreo.
A El Cordobés hacía muchísimo tiempo que no lo veía en una plaza de toros. Él torea mucho y yo veo bastantes toros en distintas plazas, pero me temo que tenemos circuitos algo distintos. El azar nos hizo coincidir y me temo que salvo que se dé alguna otra extraña combinación de planetas, no va a ser fácil que nos crucemos. Pero por lo que se oía durante sus actuaciones es evidente que lo que él hace delante de los toros hay gente a la que le gusta. Y como estamos en un país democrático y cada cual puede ir a los espectáculos que más le agraden, a mí me parece bien que él siga con su estilo y que otros se entretengan de ese modo. Eso sí, de lo que a mí nadie me va a convencer es que el arte y el rito puede decidirse de forma democrática. Y lo que hizo Manuel Díaz no tiene la misma altura artística que lo vimos a los otros dos toreros. Gustar, puede gustar. Pero que no tiene la misma enjundia de lo que hicieron los otros, lo defiendo aquí y donde haga falta. Porque pases dio, pero parar, templar y mandar no lo hizo nunca. Y bajar la mano gustándose, o no sabe lo que es, o no nos lo quiso demostrar en Algeciras.
Para rematar su particular actuación, al acabar la faena al cuarto hubo quien pidió la oreja (bastante gente, es verdad). Y el Presidente no la concedió. Muy probablemente porque él también debió pensar que el Reglamento puede decir lo que quiera, pero que el arte no es democrático. Y muchos de los que habían pedido la oreja protestaron cuando El Cordobés había ya entrado en el callejón. A continuación, otro sector del público agradeció al Presidente que no hubiera dado la oreja y éste anunció la salida del quinto, momento en el cual Manuel Díaz decidió salir nuevamente al ruedo para provocar la nueva bronca al Presidente y empezar a dar la vuelta al ruedo jaleada por parte del público. Obviamente, esto ya no es un asunto taurino, sino de buena educación. Y El Cordobés demostró no tenerla o hacer como si no la tuviera, que para el caso tanto da.
Castella estuvo realmente bien en sus dos toros. Y al final sufrió una cornada. Es la tarde que mejor le hemos visto esta temporada y es un placer ver cómo un torero que contaba al final de pasada campaña, pero que había empezado tan gris, remonte cuando queda todo el verano por delante. A su primero lo recibió bien por delantales y le dio un quite excepcional con tres pases cambiados por la espalda en el centro del ruedo. También se fue al centro para empezar la faena de muleta, le dio dos pases cambiados y construyó entonces un trasteo entonado por ambas manos, con algún pase hondo con la derecha. Finalizó con un arrimón y circulares que calentaron al público y tras una estocada entera cortó dos orejas. Recompensa probablemente excesiva, pero faena interesante, con pasajes de interés y que, sobre todo, sirvió para darle confianza.
Al quinto, un toro que manseó de salida y buscaba siempre la huida, lo toreó por verónicas en el centro del ruedo. Empezó la faena de muleta junto a tablas, pero allí el toro no respondía. Se fue entonces al centro del ruedo y, de forma muy inteligente, le dejó siempre la muleta en la cara, consiguiendo que el toro repitiera. De ese modo, pudo sacar pases de valor y temple, mezclándose en la faena pasajes de toreo hondo con otros menos artísticos, pero de mucha emoción. Faena inteligente de las que estábamos acostumbrados a verle la temporada pasada. Trató de acabar con manoletinas y en una de ellas el toro se paró muy cerca, él no rectificó y el toro le volteó, cogiéndole también al caer al pisoplaza. Quedó a merced del toro, pero, afortunadamente, no le hirieron en el tronco. El toro le había cogido en la pierna y eso se notó cuando, sin mirarse, se colocó para matar y se notaba que le faltaban las fuerzas. Pinchazo y estocada, tras los cuales le concedieron otras dos orejas, estas de mucho más fuste por su pundonor. No pudo recogerlas ni salir a hombros porque, cojeando, se había tenido que marchar a la enfermería después de la estocada.
Y Manzanares demostró nuevamente su gran dimensión y su extraordinario momento de forma. En el tercero no pudo hacer nada por la falta de fuerza y de clase del toro, al que, a pesar de todo, mató de una grandísima estocada. Pero con el sexto dio un auténtico recital de toreo grande, sobre todo con la muleta. Recibió a este toro por verónicas con clase (una pena que le desarmara a mitad de la serie). Con la muleta, empezó con cambios de mano de cartel y naturales buenos. Aunque fue con la derecha con la que realmente se gustó en tres series excepcionales de hondura y temple. ¡Vaya categoría la de este torero! Insistió nuevamente al natural sacando algunos muy buenos. Y todavía quedaba una gran serie de derechazos en el centro del ruedo para evitar que el toro se rajara. Recetó otra magnífica estocada y cortó dos orejas de peso. Pese al asombro de algunos, no salió a hombros como es costumbre en los casos en los que otro compañero que debía hacerlo está en la enfermería.
Gran tarde de toros en la que los tres toreros nos dieron que pensar. Aunque dos por su toreo y otro, por sus cosas.
José Tomás tiene un efecto que va más allá de sus gestas. Estando anunciado y a pesar de no poder actuar por estar convaleciente aún de la cornada de Madrid, consigue que vaya más gente a la plaza que en el día anterior, en el que el cartel era de mayor fuste (aunque en esto, como en todo, hay opiniones). Y consigue incluso que no resulte extraño ver en un cartel con Castella y Manzanares a Manuel Díaz el Cordobés, que ya es conseguir.
Manzanares (que sustituía a JT -¡bien por la empresa!-) y Castella se alojaban en el mismo hotel en el que estaba. Un hotel funcional, nada taurino, casi a las afueras… Los tiempos, también en esto, van cambiando. Un rito singular, en todo caso, ver cómo descargan los trastos y cómo cada cual tiene su cometido desde que llegan por la mañana, mucho antes de empezarse a vestir. Salvo por esto, nada hay en estos toreros jóvenes de la última generación antes de enfundarse el traje de luces que nos indique que en unas horas van a jugarse la vida y a revivir la tragedia. Manzanares, por ejemplo, hablando por un móvil con bluetooth mediante un sofisticado artilugio enganchado a su oído, parecía más un cantante de moda o un joven ejecutivo que un hombre de campo, como siempre han sido los toreros. Nada importa cuando se torea como lo hizo poco después.
La corrida tuvo tres partes: la de los toros del Cordobés, en la que vimos una especie de toreo que no nos gustó nada (dejémoslo ahí); la del tercero de la tarde, un toro soso al que pese a sus esfuerzos Manzanares no pudo sacar nada lucido, y los otros tres toros (los dos de Castella y el sexto, de Manzanares), en la que vimos buen toreo.
A El Cordobés hacía muchísimo tiempo que no lo veía en una plaza de toros. Él torea mucho y yo veo bastantes toros en distintas plazas, pero me temo que tenemos circuitos algo distintos. El azar nos hizo coincidir y me temo que salvo que se dé alguna otra extraña combinación de planetas, no va a ser fácil que nos crucemos. Pero por lo que se oía durante sus actuaciones es evidente que lo que él hace delante de los toros hay gente a la que le gusta. Y como estamos en un país democrático y cada cual puede ir a los espectáculos que más le agraden, a mí me parece bien que él siga con su estilo y que otros se entretengan de ese modo. Eso sí, de lo que a mí nadie me va a convencer es que el arte y el rito puede decidirse de forma democrática. Y lo que hizo Manuel Díaz no tiene la misma altura artística que lo vimos a los otros dos toreros. Gustar, puede gustar. Pero que no tiene la misma enjundia de lo que hicieron los otros, lo defiendo aquí y donde haga falta. Porque pases dio, pero parar, templar y mandar no lo hizo nunca. Y bajar la mano gustándose, o no sabe lo que es, o no nos lo quiso demostrar en Algeciras.
Para rematar su particular actuación, al acabar la faena al cuarto hubo quien pidió la oreja (bastante gente, es verdad). Y el Presidente no la concedió. Muy probablemente porque él también debió pensar que el Reglamento puede decir lo que quiera, pero que el arte no es democrático. Y muchos de los que habían pedido la oreja protestaron cuando El Cordobés había ya entrado en el callejón. A continuación, otro sector del público agradeció al Presidente que no hubiera dado la oreja y éste anunció la salida del quinto, momento en el cual Manuel Díaz decidió salir nuevamente al ruedo para provocar la nueva bronca al Presidente y empezar a dar la vuelta al ruedo jaleada por parte del público. Obviamente, esto ya no es un asunto taurino, sino de buena educación. Y El Cordobés demostró no tenerla o hacer como si no la tuviera, que para el caso tanto da.
Castella estuvo realmente bien en sus dos toros. Y al final sufrió una cornada. Es la tarde que mejor le hemos visto esta temporada y es un placer ver cómo un torero que contaba al final de pasada campaña, pero que había empezado tan gris, remonte cuando queda todo el verano por delante. A su primero lo recibió bien por delantales y le dio un quite excepcional con tres pases cambiados por la espalda en el centro del ruedo. También se fue al centro para empezar la faena de muleta, le dio dos pases cambiados y construyó entonces un trasteo entonado por ambas manos, con algún pase hondo con la derecha. Finalizó con un arrimón y circulares que calentaron al público y tras una estocada entera cortó dos orejas. Recompensa probablemente excesiva, pero faena interesante, con pasajes de interés y que, sobre todo, sirvió para darle confianza.
Al quinto, un toro que manseó de salida y buscaba siempre la huida, lo toreó por verónicas en el centro del ruedo. Empezó la faena de muleta junto a tablas, pero allí el toro no respondía. Se fue entonces al centro del ruedo y, de forma muy inteligente, le dejó siempre la muleta en la cara, consiguiendo que el toro repitiera. De ese modo, pudo sacar pases de valor y temple, mezclándose en la faena pasajes de toreo hondo con otros menos artísticos, pero de mucha emoción. Faena inteligente de las que estábamos acostumbrados a verle la temporada pasada. Trató de acabar con manoletinas y en una de ellas el toro se paró muy cerca, él no rectificó y el toro le volteó, cogiéndole también al caer al pisoplaza. Quedó a merced del toro, pero, afortunadamente, no le hirieron en el tronco. El toro le había cogido en la pierna y eso se notó cuando, sin mirarse, se colocó para matar y se notaba que le faltaban las fuerzas. Pinchazo y estocada, tras los cuales le concedieron otras dos orejas, estas de mucho más fuste por su pundonor. No pudo recogerlas ni salir a hombros porque, cojeando, se había tenido que marchar a la enfermería después de la estocada.
Y Manzanares demostró nuevamente su gran dimensión y su extraordinario momento de forma. En el tercero no pudo hacer nada por la falta de fuerza y de clase del toro, al que, a pesar de todo, mató de una grandísima estocada. Pero con el sexto dio un auténtico recital de toreo grande, sobre todo con la muleta. Recibió a este toro por verónicas con clase (una pena que le desarmara a mitad de la serie). Con la muleta, empezó con cambios de mano de cartel y naturales buenos. Aunque fue con la derecha con la que realmente se gustó en tres series excepcionales de hondura y temple. ¡Vaya categoría la de este torero! Insistió nuevamente al natural sacando algunos muy buenos. Y todavía quedaba una gran serie de derechazos en el centro del ruedo para evitar que el toro se rajara. Recetó otra magnífica estocada y cortó dos orejas de peso. Pese al asombro de algunos, no salió a hombros como es costumbre en los casos en los que otro compañero que debía hacerlo está en la enfermería.
Gran tarde de toros en la que los tres toreros nos dieron que pensar. Aunque dos por su toreo y otro, por sus cosas.
miércoles, 2 de julio de 2008
La oración del torero
No, no es la magnífica composición de Turina, es una traducción libre de un poema de T. S. Eliot:
Para Adrián Gómez
Señora, cuyo altar se esconde en la capilla de la Plaza,
Reza por las gentes del toro, aquéllos
Cuyos negocios tienen que ver con el toro, y
Aquéllos involucrados en tratos legales
Y aquéllos que llevan la brega.
Repite una oración también por
Las mujeres que vieron a sus hijos u hombres
Partir y no volver.
Hija de tu Hijo, Reina de los Cielos.
Y reza también por aquéllos que torearon
Y acabaron su trasteo en los brazos del albero.
O en los negros chiqueros que no los devolverán
O en cualquier plaza donde no se escuche
El ángelus perpetuo de la campana
De la espadaña del cielo.
THE DRY SALVAGES
(No. 3 of 'Four Quartets')
IV
Lady, whose shrine stands on the promontory,
Pray for all those who are in ships, those
Whose business has to do with fish, and
Those concerned with every lawful traffic
And those who conduct them.
Repeat a prayer also on behalf of
Women who have seen their sons or husbands
Setting forth, and not returning:
Figlia del tuo figlio,Queen of Heaven.
Also pray for those who were in ships, and
Ended their voyage on the sand, in the sea's lips
Or in the dark throat which will not reject them
Or wherever cannot reach them the sound of the sea bell's
Perpetual angelus.
Para Adrián Gómez
Señora, cuyo altar se esconde en la capilla de la Plaza,
Reza por las gentes del toro, aquéllos
Cuyos negocios tienen que ver con el toro, y
Aquéllos involucrados en tratos legales
Y aquéllos que llevan la brega.
Repite una oración también por
Las mujeres que vieron a sus hijos u hombres
Partir y no volver.
Hija de tu Hijo, Reina de los Cielos.
Y reza también por aquéllos que torearon
Y acabaron su trasteo en los brazos del albero.
O en los negros chiqueros que no los devolverán
O en cualquier plaza donde no se escuche
El ángelus perpetuo de la campana
De la espadaña del cielo.
THE DRY SALVAGES
(No. 3 of 'Four Quartets')
IV
Lady, whose shrine stands on the promontory,
Pray for all those who are in ships, those
Whose business has to do with fish, and
Those concerned with every lawful traffic
And those who conduct them.
Repeat a prayer also on behalf of
Women who have seen their sons or husbands
Setting forth, and not returning:
Figlia del tuo figlio,Queen of Heaven.
Also pray for those who were in ships, and
Ended their voyage on the sand, in the sea's lips
Or in the dark throat which will not reject them
Or wherever cannot reach them the sound of the sea bell's
Perpetual angelus.
martes, 1 de julio de 2008
Algeciras ( 27 de junio de 2008) - Tres estilos
Hay que ir a los toros como se va en Algeciras. Con calor, de la caseta a la plaza y después de haber tomado un par de manzanillas bien fresquitas. Pertrechados de abundante merienda y con un espíritu festivo y agradecido con los diestros (que no conformistas). Es un reencuentro con los ritos que de niño nos fueron haciendo aficionados.
Esta tarde, Aurelio, mi buen anfitrión, hizo el paseíllo tras Ponce, Morante y el Cid. Pero no como Rafael Alberti, que cuentan que se vistió de luces, se lió el capote de paseo y después de acabar el paseo y saludar al Presidente, se acomodó en el callejón a seguir viendo la tarde, sino vestido de arenero y alisando con tesón el firme tras cada faena. Me comentó luego que había descubierto otra perspectiva del festejo. Los comentarios, las miradas, la sabiduría y los miedos de los profesionales, frente al disfrute o a la crítica de los tendidos. ¡Lo que nos falta por saber! ¡La de misterios que no nos estaremos perdiendo…!
Por lo demás, tres estilos distintos de estar en torero. Tres formas de entender el arte y la relación con el público. Pero tres maestros, al fin. Para agrandar las perspectivas de la afición.
Ponce tuvo, a la dificultad añadida de abrir plaza en cualquier festejo, la que supone en Algeciras tener que torear a su segundo después de la merienda. El primero fue muy soso y, aunque lo recibió bien con el capote, le enjaretó un buen quite por delantales y le llevó muy templado en la muleta, a la faena le faltó transmisión. Lo mejor, el brindis a Carlos Herrera y la reacción del torero cuando, al estar brindando, el toro destrozó por completo un burladero, quedando al descubierto el subalterno. Ponce, sin inmutarse ni soltar la montera ni la ayuda, lo sacó a los medios con pases muy toreros por bajo, lo dejó allí, y volvió a finalizar el brindis.
La faena al cuarto fue mucho más intensa y artística, a base de técnica y tesón. Si no hubo trofeos, fue sólo porque no anduvo fino con la espada. El toro, que empezó distraído y quedándose corto en el capote, esperó mucho en banderillas. Ponce brindó al público y comenzó con pases rodilla en tierra, ganando terreno hasta llegar al centro del ruedo. A partir de ahí, toreo grande con la derecha, con buena colocación y dejando la muleta siempre en la cara del toro. Y también con la izquierda, con el toro más ahormado. Faena larga que concluyó con pases de adorno y cambios de mano magistrales.
Morante estuvo, sobre todo, dispuesto. Ninguno de los toros permitió el lucimiento. Ni el de Morante, ni el de casi ningún mortal que hubiera pasado por allí esa tarde… Pese a todo, sacó pases magníficos al segundo de la tarde. Pases largos y templados, con suavidad y gusto. El toro se paró muy pronto y no hubo más remedio que abreviar después de habernos dejado con la miel en los labios.
El quinto fue más complicado aún. Manso, huyendo del caballo, saltando al recibir el castigo,… Morante empezó toreando por bajo con un toque de sabor añejo sólo apto para paladares exquisitos. El toro pega cabezazos, y JA aguanta lo indecible con técnica, valor y mando. Valentísimo y poderoso sacó algunos pases interesante. Nuevamente, sólo un sorbito de este elixir de los dioses.
Y el Cid salió a hombros después de cortar una oreja a cada uno de sus toros, tras recetar dos buenas estocadas. Toreo hondo en su primero con ambas manos. Derechazos más ligados y naturales de uno en uno, pero siempre atento a la colocación, llevándolo tapado y gustándose mucho. Gran final de faena, con una buena serie de derechazos y otra de naturales, con algunos excepcionales (grandioso el último ligado con el de pecho).
El sexto fue lidiado muy bien por el Boni, aunque dio la sensación de que el matador hubiera preferido la misma eficacia con algo más de discreción. Faena de más a menos, basada siempre en el toreo en redondo, con algunos pases desmayados, bajando mucho la mano. Series largas y ligadas. Una pena que al intentarlo por la izquierda el toro se colara siempre y que luego se defendiera al acortar las distancias.
Tarde entretenida, con tres grandes toreros que pudieron haber brillado más si la corrida hubiera dado algo más de juego.
Pero no se puede tener todo.
Esta tarde, Aurelio, mi buen anfitrión, hizo el paseíllo tras Ponce, Morante y el Cid. Pero no como Rafael Alberti, que cuentan que se vistió de luces, se lió el capote de paseo y después de acabar el paseo y saludar al Presidente, se acomodó en el callejón a seguir viendo la tarde, sino vestido de arenero y alisando con tesón el firme tras cada faena. Me comentó luego que había descubierto otra perspectiva del festejo. Los comentarios, las miradas, la sabiduría y los miedos de los profesionales, frente al disfrute o a la crítica de los tendidos. ¡Lo que nos falta por saber! ¡La de misterios que no nos estaremos perdiendo…!
Por lo demás, tres estilos distintos de estar en torero. Tres formas de entender el arte y la relación con el público. Pero tres maestros, al fin. Para agrandar las perspectivas de la afición.
Ponce tuvo, a la dificultad añadida de abrir plaza en cualquier festejo, la que supone en Algeciras tener que torear a su segundo después de la merienda. El primero fue muy soso y, aunque lo recibió bien con el capote, le enjaretó un buen quite por delantales y le llevó muy templado en la muleta, a la faena le faltó transmisión. Lo mejor, el brindis a Carlos Herrera y la reacción del torero cuando, al estar brindando, el toro destrozó por completo un burladero, quedando al descubierto el subalterno. Ponce, sin inmutarse ni soltar la montera ni la ayuda, lo sacó a los medios con pases muy toreros por bajo, lo dejó allí, y volvió a finalizar el brindis.
La faena al cuarto fue mucho más intensa y artística, a base de técnica y tesón. Si no hubo trofeos, fue sólo porque no anduvo fino con la espada. El toro, que empezó distraído y quedándose corto en el capote, esperó mucho en banderillas. Ponce brindó al público y comenzó con pases rodilla en tierra, ganando terreno hasta llegar al centro del ruedo. A partir de ahí, toreo grande con la derecha, con buena colocación y dejando la muleta siempre en la cara del toro. Y también con la izquierda, con el toro más ahormado. Faena larga que concluyó con pases de adorno y cambios de mano magistrales.
Morante estuvo, sobre todo, dispuesto. Ninguno de los toros permitió el lucimiento. Ni el de Morante, ni el de casi ningún mortal que hubiera pasado por allí esa tarde… Pese a todo, sacó pases magníficos al segundo de la tarde. Pases largos y templados, con suavidad y gusto. El toro se paró muy pronto y no hubo más remedio que abreviar después de habernos dejado con la miel en los labios.
El quinto fue más complicado aún. Manso, huyendo del caballo, saltando al recibir el castigo,… Morante empezó toreando por bajo con un toque de sabor añejo sólo apto para paladares exquisitos. El toro pega cabezazos, y JA aguanta lo indecible con técnica, valor y mando. Valentísimo y poderoso sacó algunos pases interesante. Nuevamente, sólo un sorbito de este elixir de los dioses.
Y el Cid salió a hombros después de cortar una oreja a cada uno de sus toros, tras recetar dos buenas estocadas. Toreo hondo en su primero con ambas manos. Derechazos más ligados y naturales de uno en uno, pero siempre atento a la colocación, llevándolo tapado y gustándose mucho. Gran final de faena, con una buena serie de derechazos y otra de naturales, con algunos excepcionales (grandioso el último ligado con el de pecho).
El sexto fue lidiado muy bien por el Boni, aunque dio la sensación de que el matador hubiera preferido la misma eficacia con algo más de discreción. Faena de más a menos, basada siempre en el toreo en redondo, con algunos pases desmayados, bajando mucho la mano. Series largas y ligadas. Una pena que al intentarlo por la izquierda el toro se colara siempre y que luego se defendiera al acortar las distancias.
Tarde entretenida, con tres grandes toreros que pudieron haber brillado más si la corrida hubiera dado algo más de juego.
Pero no se puede tener todo.
La Roja
martes, 24 de junio de 2008
Adrián Gómez
Cuando uno lee noticias como la de la cogida de Adrián Gómez se le encoge el ánimo y la afición flaquea.
Adrián acompañaba habitualmente a el Fundi como tercero, pero en el festejo celebrado ayer en Torrejón de Ardoz (Madrid) iba en la cuadrilla del novillero Miguel Luque. Uno de los novillos le prendió y al caer al suelo se golpeó la cabeza con tan mala fortuna que ha sufrido una lesión probablemente irreparable (triple fractura cervical y médula diseccionada). Aunque continúan los análisis y las operaciones es más que probable que quede tetrapléjico.
Acostumbramos a glosar el triunfo, a criticar el comportamiento de los toros o la predisposición y el conocimiento de los toreros… Nos atrevemos incluso a insistir en la necesidad de una mayor exposición. Y alabamos a quienes, como JT el pasado día 15 en Madrid, se juegan la vida de forma transparente.
Pero, ¿qué sucede cuando el riesgo se convierte en tragedia? ¿Puede tener sentido exponer la vida de este modo?
Este, y no otro, es el único debate ético de la tauromaquia. Porque la vida y la integridad de un hombre, de cada hombre, es única. Sagrada.
Mis mejores deseos para Adrián. A quien no conozco, ni recuerdo su nombre en los programas de mano,… Quien de otro modo tal vez nunca hubiera aparecido en este blog. Pero cuyo recuerdo me ha causado el dolor más grande de todos los que han comparecido desde el inicio de nuestra andadura.
Esperemos que la realidad mejore los pronósticos. Y que reciba toda la ayuda posible de sus compañeros. Si los aficionados podemos hacer algo, que me vayan apuntando en la lista.
Adrián acompañaba habitualmente a el Fundi como tercero, pero en el festejo celebrado ayer en Torrejón de Ardoz (Madrid) iba en la cuadrilla del novillero Miguel Luque. Uno de los novillos le prendió y al caer al suelo se golpeó la cabeza con tan mala fortuna que ha sufrido una lesión probablemente irreparable (triple fractura cervical y médula diseccionada). Aunque continúan los análisis y las operaciones es más que probable que quede tetrapléjico.
Acostumbramos a glosar el triunfo, a criticar el comportamiento de los toros o la predisposición y el conocimiento de los toreros… Nos atrevemos incluso a insistir en la necesidad de una mayor exposición. Y alabamos a quienes, como JT el pasado día 15 en Madrid, se juegan la vida de forma transparente.
Pero, ¿qué sucede cuando el riesgo se convierte en tragedia? ¿Puede tener sentido exponer la vida de este modo?
Este, y no otro, es el único debate ético de la tauromaquia. Porque la vida y la integridad de un hombre, de cada hombre, es única. Sagrada.
Mis mejores deseos para Adrián. A quien no conozco, ni recuerdo su nombre en los programas de mano,… Quien de otro modo tal vez nunca hubiera aparecido en este blog. Pero cuyo recuerdo me ha causado el dolor más grande de todos los que han comparecido desde el inicio de nuestra andadura.
Esperemos que la realidad mejore los pronósticos. Y que reciba toda la ayuda posible de sus compañeros. Si los aficionados podemos hacer algo, que me vayan apuntando en la lista.
miércoles, 18 de junio de 2008
Gracias 10.000
Resulta ciertamente asombroso comprobar que, en poco más de un año, este espacio de dos aficionados, sin más difusión que el boca a boca, haya recibido más de 10.000 visitas.
Como sabéis, empezó para que un par de amigos pudiéramos compartir lo que veíamos en Las Ventas y La Maestranza. Pero poco a poco ha servido también para que reflejáramos cómo vemos la tauromaquia y, a través de ella, la vida y el arte.
Gracias a todos los que nos acompañáis en esta aventura. Ver el contador aumentar poco a poco supone una motivación añadida.
Y gracias, también, por mi parte, a José María. Por aportar la base tecnológica del invento, por regalarnos sus creaciones, porque gran parte de éstas hayan confluido en el arte de los toros, porque de este modo hayamos aumentado nuestra afición y la hayamos compartido más tardes,...
(PD: Los comentarios son siempre bienvenidos. En esta entrada, si nos dejáis vuestras impresiones, serán especialmente agradecidas)
Como sabéis, empezó para que un par de amigos pudiéramos compartir lo que veíamos en Las Ventas y La Maestranza. Pero poco a poco ha servido también para que reflejáramos cómo vemos la tauromaquia y, a través de ella, la vida y el arte.
Gracias a todos los que nos acompañáis en esta aventura. Ver el contador aumentar poco a poco supone una motivación añadida.
Y gracias, también, por mi parte, a José María. Por aportar la base tecnológica del invento, por regalarnos sus creaciones, porque gran parte de éstas hayan confluido en el arte de los toros, porque de este modo hayamos aumentado nuestra afición y la hayamos compartido más tardes,...
(PD: Los comentarios son siempre bienvenidos. En esta entrada, si nos dejáis vuestras impresiones, serán especialmente agradecidas)
martes, 17 de junio de 2008
La Reseña de Santos Domínguez
Breve y certero, como algunas cornadas.
http://santosdominguez.blogspot.com/2008/06/con-tres-heridas.html
http://santosdominguez.blogspot.com/2008/06/con-tres-heridas.html
lunes, 16 de junio de 2008
Tolstoi y José Tomás
En su CONFESIÓN, (que el lector puede encontrar en una reciente traducción de la Editorial Acantilado), Tolstoi repasa los motivos que lo llevaron al ateísmo primero de su juventud y después a una crisis de angustia a los 50 años que lo puso al borde del suicidio; y cómo salio de ésta y regreso a la Ortodoxia para finalmente llegar a la pureza evangélica sin ataduras clericales en su vejez.
En este monumento del estudio de la condición personal, por el maestro que fue capaz de pintar todas las pasiones humanas (Guerra y Paz, Ana Karenina, Sonata Kreutzer...), muchos pueden encontrar un interesante autoanálisis que viene al caso por la gesta trágica protagonizada por JT.
Según Tolstoi, más pronto que tarde las personas de cierta formación alcanzan la conciencia de que la vida es un absurdo, que se mire por donde se mire carece de sentido vivir y que lo procedente es quitarse de en medio.
Ante esta actitud, y tras revisar las posiciones de Sócrates o Buda, llega a la conclusión de que la única forma de vivir es negar la vida y existen 4 posturas adoptables:
1. Vivir en la ignorancia. Como el niño o el joven. Pero, claro, cuando se ha sabido, no se puede ignorar que se sabe que “esto” –la vida- es un absurdo.
2. Entregarse, esta es la más habitual, al hedonismo y postergar el momento en que la muerte cumpla su voluntad, pero en definitiva da igual qué placeres se busquen porque, también más pronto que tarde, concluye el espectáculo.
3. Suicidarse, que en principio parece la actitud más honrada de quien descubre el absurdo y se va, sin más contemplaciones.
4. Vivir angustiado, con la permanente idea del suicido o rodando entre las posturas 1 a 3, sin conclusiones.
La postura 4 fue la de Tolstoi hasta que se percata del error de su razonamiento (tras revisar las ciencias experimentales y sociales) y comprender que ha contrapuesto lo finito a lo finito excluyendo lo irracional de su análisis.
Así se da cuenta de que la razón conduce a la negación de la vida, cuando es de la vida que procede la razón.
A partir de ahí camina hacia lo irracional, lo ininteligible, asumiendo que el "pueblo sencillo" -que son la mayor parte de los hombres- no realiza estas exégesis y vive hacia lo infinito.
¿Cómo? Sólo por la fe, esto es, sólo la fe da vida. Entendiéndose como tal no una adscripción a algo litúrgico (como era la mayoría entonces y ahora, aunque no lo parezca) sino la opción que excluye las otras cuatro, la que no se puede pensar.
JT ha dicho que vivir sin torear no es vivir plenamente.
¿En qué postulado, tras la trágica imagen de desangrado épico del domingo, se encuentra JT?
Curiosamente aunque la inmediata respuesta parezca la 3 o aún la 4 o la 2 (¿no estaba leyendo "Ahora vas entender de vinos"), posiblemente esté en el camino de Tolstoi.
JT aunque no pase por la capilla, tiene una fe extraña -que desde luego no es la mía-, pero que no sé qué es y que subyuga. En la plaza se produce la “religio”, y si el no tiene la fe de lo irracional, al menos la despierta.
Ante la extraña ética de atropellar la razón, discúlpenme estas digresiones.
Pero es que se me hace muy difícil entender y sufrir la imagen que copio del EL PAÍS…
En este monumento del estudio de la condición personal, por el maestro que fue capaz de pintar todas las pasiones humanas (Guerra y Paz, Ana Karenina, Sonata Kreutzer...), muchos pueden encontrar un interesante autoanálisis que viene al caso por la gesta trágica protagonizada por JT.
Según Tolstoi, más pronto que tarde las personas de cierta formación alcanzan la conciencia de que la vida es un absurdo, que se mire por donde se mire carece de sentido vivir y que lo procedente es quitarse de en medio.
Ante esta actitud, y tras revisar las posiciones de Sócrates o Buda, llega a la conclusión de que la única forma de vivir es negar la vida y existen 4 posturas adoptables:
1. Vivir en la ignorancia. Como el niño o el joven. Pero, claro, cuando se ha sabido, no se puede ignorar que se sabe que “esto” –la vida- es un absurdo.
2. Entregarse, esta es la más habitual, al hedonismo y postergar el momento en que la muerte cumpla su voluntad, pero en definitiva da igual qué placeres se busquen porque, también más pronto que tarde, concluye el espectáculo.
3. Suicidarse, que en principio parece la actitud más honrada de quien descubre el absurdo y se va, sin más contemplaciones.
4. Vivir angustiado, con la permanente idea del suicido o rodando entre las posturas 1 a 3, sin conclusiones.
La postura 4 fue la de Tolstoi hasta que se percata del error de su razonamiento (tras revisar las ciencias experimentales y sociales) y comprender que ha contrapuesto lo finito a lo finito excluyendo lo irracional de su análisis.
Así se da cuenta de que la razón conduce a la negación de la vida, cuando es de la vida que procede la razón.
A partir de ahí camina hacia lo irracional, lo ininteligible, asumiendo que el "pueblo sencillo" -que son la mayor parte de los hombres- no realiza estas exégesis y vive hacia lo infinito.
¿Cómo? Sólo por la fe, esto es, sólo la fe da vida. Entendiéndose como tal no una adscripción a algo litúrgico (como era la mayoría entonces y ahora, aunque no lo parezca) sino la opción que excluye las otras cuatro, la que no se puede pensar.
JT ha dicho que vivir sin torear no es vivir plenamente.
¿En qué postulado, tras la trágica imagen de desangrado épico del domingo, se encuentra JT?
Curiosamente aunque la inmediata respuesta parezca la 3 o aún la 4 o la 2 (¿no estaba leyendo "Ahora vas entender de vinos"), posiblemente esté en el camino de Tolstoi.
JT aunque no pase por la capilla, tiene una fe extraña -que desde luego no es la mía-, pero que no sé qué es y que subyuga. En la plaza se produce la “religio”, y si el no tiene la fe de lo irracional, al menos la despierta.
Ante la extraña ética de atropellar la razón, discúlpenme estas digresiones.
Pero es que se me hace muy difícil entender y sufrir la imagen que copio del EL PAÍS…
domingo, 15 de junio de 2008
Madrid (15 de junio de 2008) - La otra cara
Hoy ha tocado la otra cara de José Tomás. La del valor y el orgullo torero. La de quien no se deja ganar la pelea. La de quien asume que si ha generado expectación (y la de hoy era única) hay que responder en el ruedo a carta cabal.
Hoy no hemos visto series largas y templadas, quites vistosos y remates profundos. Hoy hemos visto a un tipo jugarse la vida sin aspavientos ante dos oponentes que no tenían casi nada que torear.
Muchos han pasado miedo, mushhhho miedo. Y probablemente era la primera vez en su vida que lo pasaban en una plaza de toros, lo cual resulta bastante inverosímil. José Tomás hoy ha demostrado que si hubiera diez o quince toreros que entendieran la tauromaquia de un modo parecido, los toreros no dejarían de acaparar las portadas de los diarios de aquí y del mundo entero. ¡Esto sí es de verdad! Y no porque lo que hacen otros no lo sea, sino porque de este modo, el ritual de la vida y la muerte está siempre presente. Y el riesgo aparece seal cual fuere el toro que sale por chiqueros.
De esta forma no se pueden torear ochenta o cien corridas. Pero probablemente si se redujera de forma bárbara el número de festejos para darle prestancia a cada uno de ellos, se podría captar mejor el sentido profundo del rito. Uno (espectador, torero o ganadero) no puede ir a la plaza sin que lo que suceda en el ruedo le remueva de forma profunda la conciencia. Y si lo hace, es que está ciego, se ha vuelto insensible o lo que está observando es pura pantomima.
Los toros de hoy han sido malos de solemnidad. Malos los de El Puerto (los tres primeros), los de Toros de Cortés (segunda marca de Victoriano del Río) que se han lidiado en cuatro y sexto lugar y el de El Torero (quinto bis, que salió en sustitución del devuelto de El Puerto). Insufrible baile de corrales que impide apreciar hechuras, comparar comportamientos, valorar en qué medida responden a su encaste,...
Con este material, el Fundi y Juan Bautista han hecho lo que se acostumbra en tardes así. Ponerse, intentarlo, justificarse y sacar poco en claro.
Lo mejor de el Fundi, el recibo de capa a sus dos toros, el soberbio quite por chicuelinas al primero de Bautista y el trasteo de muleta a su primero, al que ha aguantado bastante para conseguir sacarle un par de tandas buenas con la derecha. Faena pundonorosa y técnica, pero con transmisión justa a los tendidos, que ha rematado con estocada después de dos pinchazos. En su segundo, recorrió todos los terrenos de la plaza sin pocar sacar nada brillante en claro. Especialmente llamativo resultó el intento de quite al sexto, que le salió tremendamente embarullado, impropio de un torero con su experiencia.
Y Juan Bautista, salvo algún destello con la capa, no ha dejado casi ningún momento para el recuerdo, Tarde sosa, a juego con los toros que le han tocado en suerte.
Con parecidos toros (o peores), José Tomás ha cortado tres orejas. Y no ha salido por la Puerta Grande, sino por la de la enfermería. Y lo ha hecho a base de ponerse en un sitio imposible y de tener claro (y evidenciarlo a la concurrencia) que si el torero se empeña, el toro pasa.
Su primero fue un manso insufrible al que fue imposible torear de capa, pese a la insistencia del de Galapagar. Con la muleta, empezó rodilla en tierra marcando al toro un recorrido largo, pero el de el Puerto se fue a tablas junto a chiqueros y el torero fue allí a hacer su faena. Una faena pegado a tablas, sin sitio apenas para que pasara el toro, pero donde a base de insistir, era inevitable que el toro fuera y que pasara rozando a la vez con las tablas y con el torero. Consiguió templar algún pase, pero sobre todo consiguió emocionar y vencer al toro. Poderle. Dominarle con técnica y el arte que era posible... Después de pinchazo y estocada cortó una oreja que paseó por el anillo antes de ir a la enfermería completamente manchado por la sangre del toro a que le atendieran de múltiples contusiones (un par de volteretas que afortunadamente no le calaron incluidas).
En el quinto bis tampoco hubo suerte con la capa, pero sí pudimos ver dos magníficos puyazos y un extraordinario tercio de banderillas. Empezó con pases por bajo y sacó un par de series buenas con la derecha, con algún pase sensacional, lentísimo y arrastrado. Un trincherazo sublime. (Y la necesidad de aguantar a los listos de siempre diciendo dónde se tiene que colocar el torero. Tiene una guasa...). Al intentarlo con la izquierda, los pases salieron menos limpios y el toro se lo echó a los lomos, zarandeándole sin piedad. Se nota que sale dolorido. Aún así insiste con la derecha y saca algunas series más con una tranquilidad pasmosa. Las manoletinas del final fueron impresionantes de ejecución y ajuste. Y la estoca arriba, siendo nuevamente volteado. Recogió las dos orejas y atravesó el ruedo directo a la enfermería con varias cornadas. Sin mirarse. Como prueba de lo que acababa de pasar. Pero sin voceros ni pregones más allá de los veinticuatro mil espectadores que en pie le ovacionábamos y gritábamos "¡torero, torero, torero!"
Hoy no hemos visto series largas y templadas, quites vistosos y remates profundos. Hoy hemos visto a un tipo jugarse la vida sin aspavientos ante dos oponentes que no tenían casi nada que torear.
Muchos han pasado miedo, mushhhho miedo. Y probablemente era la primera vez en su vida que lo pasaban en una plaza de toros, lo cual resulta bastante inverosímil. José Tomás hoy ha demostrado que si hubiera diez o quince toreros que entendieran la tauromaquia de un modo parecido, los toreros no dejarían de acaparar las portadas de los diarios de aquí y del mundo entero. ¡Esto sí es de verdad! Y no porque lo que hacen otros no lo sea, sino porque de este modo, el ritual de la vida y la muerte está siempre presente. Y el riesgo aparece seal cual fuere el toro que sale por chiqueros.
De esta forma no se pueden torear ochenta o cien corridas. Pero probablemente si se redujera de forma bárbara el número de festejos para darle prestancia a cada uno de ellos, se podría captar mejor el sentido profundo del rito. Uno (espectador, torero o ganadero) no puede ir a la plaza sin que lo que suceda en el ruedo le remueva de forma profunda la conciencia. Y si lo hace, es que está ciego, se ha vuelto insensible o lo que está observando es pura pantomima.
Los toros de hoy han sido malos de solemnidad. Malos los de El Puerto (los tres primeros), los de Toros de Cortés (segunda marca de Victoriano del Río) que se han lidiado en cuatro y sexto lugar y el de El Torero (quinto bis, que salió en sustitución del devuelto de El Puerto). Insufrible baile de corrales que impide apreciar hechuras, comparar comportamientos, valorar en qué medida responden a su encaste,...
Con este material, el Fundi y Juan Bautista han hecho lo que se acostumbra en tardes así. Ponerse, intentarlo, justificarse y sacar poco en claro.
Lo mejor de el Fundi, el recibo de capa a sus dos toros, el soberbio quite por chicuelinas al primero de Bautista y el trasteo de muleta a su primero, al que ha aguantado bastante para conseguir sacarle un par de tandas buenas con la derecha. Faena pundonorosa y técnica, pero con transmisión justa a los tendidos, que ha rematado con estocada después de dos pinchazos. En su segundo, recorrió todos los terrenos de la plaza sin pocar sacar nada brillante en claro. Especialmente llamativo resultó el intento de quite al sexto, que le salió tremendamente embarullado, impropio de un torero con su experiencia.
Y Juan Bautista, salvo algún destello con la capa, no ha dejado casi ningún momento para el recuerdo, Tarde sosa, a juego con los toros que le han tocado en suerte.
Con parecidos toros (o peores), José Tomás ha cortado tres orejas. Y no ha salido por la Puerta Grande, sino por la de la enfermería. Y lo ha hecho a base de ponerse en un sitio imposible y de tener claro (y evidenciarlo a la concurrencia) que si el torero se empeña, el toro pasa.
Su primero fue un manso insufrible al que fue imposible torear de capa, pese a la insistencia del de Galapagar. Con la muleta, empezó rodilla en tierra marcando al toro un recorrido largo, pero el de el Puerto se fue a tablas junto a chiqueros y el torero fue allí a hacer su faena. Una faena pegado a tablas, sin sitio apenas para que pasara el toro, pero donde a base de insistir, era inevitable que el toro fuera y que pasara rozando a la vez con las tablas y con el torero. Consiguió templar algún pase, pero sobre todo consiguió emocionar y vencer al toro. Poderle. Dominarle con técnica y el arte que era posible... Después de pinchazo y estocada cortó una oreja que paseó por el anillo antes de ir a la enfermería completamente manchado por la sangre del toro a que le atendieran de múltiples contusiones (un par de volteretas que afortunadamente no le calaron incluidas).
En el quinto bis tampoco hubo suerte con la capa, pero sí pudimos ver dos magníficos puyazos y un extraordinario tercio de banderillas. Empezó con pases por bajo y sacó un par de series buenas con la derecha, con algún pase sensacional, lentísimo y arrastrado. Un trincherazo sublime. (Y la necesidad de aguantar a los listos de siempre diciendo dónde se tiene que colocar el torero. Tiene una guasa...). Al intentarlo con la izquierda, los pases salieron menos limpios y el toro se lo echó a los lomos, zarandeándole sin piedad. Se nota que sale dolorido. Aún así insiste con la derecha y saca algunas series más con una tranquilidad pasmosa. Las manoletinas del final fueron impresionantes de ejecución y ajuste. Y la estoca arriba, siendo nuevamente volteado. Recogió las dos orejas y atravesó el ruedo directo a la enfermería con varias cornadas. Sin mirarse. Como prueba de lo que acababa de pasar. Pero sin voceros ni pregones más allá de los veinticuatro mil espectadores que en pie le ovacionábamos y gritábamos "¡torero, torero, torero!"
viernes, 13 de junio de 2008
Madrid (8 de junio de 2008) - De capa caida
Después de cuatro tardes de toros extraordinarias (Morante, Cayetano, José Tomás, Perera y Diego Ventura) la que cerraba el ciclo dejó un sabor agridulce. Tarde inhóspita, ventosa, fría,... Impropia de un domingo de junio.
Y ni toros ni toreros dieron el juego apetecido, a excepción de la faena de Tejela al sexto bis.
Uceda Leal mató de dos estocadas magníficas a sus dos oponentes. Pero poco más. Su primero era flojo, pero él tampoco acertó con las distancias, el cite y el temple... Con el cuarto no había posibilidades y lo macheteó en cuanto vio que se iba también al suelo y que no tenía mucho que hacer con él.
Abellán no estuvo muy fino. Con el segundo bis se mostró dispuesto. Lo lanceó bien con el capote y con la muleta comenzó la faena citándole desde el centro del ruedo, pero luego, entre el viento y una cierta falta de técnica no hubo acople. El quinto bis manseó mucho de salida y con el caballo, y Abellán estuvo desconfiado, sin sitio.
Tejela, por su parte, tuvo poco que hacer en su primero, flojo y sin clase. En el último, un toro complicado, estuvo muy firme después de brindar al público. Antes, habíamos pasado miedo, mucho miedo, cuando había enganchado de muy mala forma al banderillo Carlos Ávila. Afortunadamente todo se quedó en un susto. El animal se defendía, pero Tejela, a base de temple, de aguantarle y de técnica, consiguió sacarle algunas tandas muy buenas y, sobre todo, de mucho mérito. Lo mató de una estocada entera desprendida y hubo abundante petición, pero no se le dio la oreja. No hubiera sido ningún exceso después de la tarde que llevábamos.
Y ni toros ni toreros dieron el juego apetecido, a excepción de la faena de Tejela al sexto bis.
Uceda Leal mató de dos estocadas magníficas a sus dos oponentes. Pero poco más. Su primero era flojo, pero él tampoco acertó con las distancias, el cite y el temple... Con el cuarto no había posibilidades y lo macheteó en cuanto vio que se iba también al suelo y que no tenía mucho que hacer con él.
Abellán no estuvo muy fino. Con el segundo bis se mostró dispuesto. Lo lanceó bien con el capote y con la muleta comenzó la faena citándole desde el centro del ruedo, pero luego, entre el viento y una cierta falta de técnica no hubo acople. El quinto bis manseó mucho de salida y con el caballo, y Abellán estuvo desconfiado, sin sitio.
Tejela, por su parte, tuvo poco que hacer en su primero, flojo y sin clase. En el último, un toro complicado, estuvo muy firme después de brindar al público. Antes, habíamos pasado miedo, mucho miedo, cuando había enganchado de muy mala forma al banderillo Carlos Ávila. Afortunadamente todo se quedó en un susto. El animal se defendía, pero Tejela, a base de temple, de aguantarle y de técnica, consiguió sacarle algunas tandas muy buenas y, sobre todo, de mucho mérito. Lo mató de una estocada entera desprendida y hubo abundante petición, pero no se le dio la oreja. No hubiera sido ningún exceso después de la tarde que llevábamos.
miércoles, 11 de junio de 2008
Cuando hay que echar agua a las muletas
...donde la Plaza de Madrid dice "botijo", la Plaza de Sevilla dice "búcaro".
(pero ¡ay de las plazas donde dicen "piporro"!)
(pero ¡ay de las plazas donde dicen "piporro"!)
Duelo de Titanes
Mi compadre Lorenzo y yo hemos decidido abandonar nuestros respectivos trabajos y hacer de corresponsales incesantes de José Tomás (Madrid) y Morante de la Puebla (Sevilla).
Para eso necesitamos su ayuda económica y moral.
Con el escalafón ardiendo y estos dos gigantes en la cumbre, nuesta misión es dar cuenta, Norte y Sur del toreo, de lo que sucede en cada feria con ambos artistas.
El duelo se trasladaría a las reseñas y si Lorenzo defiende a capa y a espada a JT, yo haría lo propio a muleta y estoque con el marismeño.
A la manera del verano sangriento, pero con dos variantes, en lugar de ser Hemingway el que cubriese la rivalidad de Ordoñez y Dominguín, aquí habría dos escritores para empezar mejores que Don Ernesto (si han visto las portadas de "Aplausos" o los anuncios de "Burladero" nos podemos permitir algún autombobo taurino) y lo segundo, en ferias diferentes cada uno y con doble reseña.
Cada torero con su partidario, al estilo antiguo.
El duelo en la cumbre se dilucidaría el 10 de Agosto en el Puerto de Santamaría, en el mano a mano entre Morante y JT, en ningún sitio pone que no puedan triunfar dos toreros, pero eso entre escritores es imposible, por lo que tras la tarde de gloria presumible yo retaría a duelo a Don Lorenzo.
A duelos y quebrantos del mejor marisco.
Nos va a salir por un pico, para donaciones escribir a jose.jurado@ono.com
Para eso necesitamos su ayuda económica y moral.
Con el escalafón ardiendo y estos dos gigantes en la cumbre, nuesta misión es dar cuenta, Norte y Sur del toreo, de lo que sucede en cada feria con ambos artistas.
El duelo se trasladaría a las reseñas y si Lorenzo defiende a capa y a espada a JT, yo haría lo propio a muleta y estoque con el marismeño.
A la manera del verano sangriento, pero con dos variantes, en lugar de ser Hemingway el que cubriese la rivalidad de Ordoñez y Dominguín, aquí habría dos escritores para empezar mejores que Don Ernesto (si han visto las portadas de "Aplausos" o los anuncios de "Burladero" nos podemos permitir algún autombobo taurino) y lo segundo, en ferias diferentes cada uno y con doble reseña.
Cada torero con su partidario, al estilo antiguo.
El duelo en la cumbre se dilucidaría el 10 de Agosto en el Puerto de Santamaría, en el mano a mano entre Morante y JT, en ningún sitio pone que no puedan triunfar dos toreros, pero eso entre escritores es imposible, por lo que tras la tarde de gloria presumible yo retaría a duelo a Don Lorenzo.
A duelos y quebrantos del mejor marisco.
Nos va a salir por un pico, para donaciones escribir a jose.jurado@ono.com
martes, 10 de junio de 2008
AUDACES FORTUNA IUVAT

Pensando el otro día en los motivos de por qué a los toreros en racha les valen todos los toros y les salen los mejores lotes (Perera), y pensando en por qué asume ciertos riesgos JT o por qué al Cid siempre lo encumbran los victorinos, y pensando en por qué a veces los novilleros no vienen "en novillero" y cuál es la raíz del fracaso y cómo la suerte esta de parte siempre de los triunfadores, se me vino a la cabeza este viejo adagio latino.
LA FORTUNA AYUDA A LOS AUDACES.
Y no es otra la razón de la gloria.
La fotografía es de Morante, a Portagayola en la Maestranza: a este toro le cortó las 2 orejas tras realizar una faena cumbre.
Como el año pasado en la Beneficiencia, el genio camina en el abismo de la osadía.
lunes, 9 de junio de 2008
Madrid (7 de junio de 2008) - Reiteración
Diego Ventura reitera salidas por la Puerta Grande de Las Ventas como quien saluda al quiosquero de la acera cada vez que sale del portal. Tiene un perfecto acople con el público y con sus caballos y es capaz de triunfar casi con cualquier toro. En su primero (el tercero de la tarde) estuvo sensacional, muy torero, dando muletazos con la grupa, saliendo con vueltas brillantes de los encuentros y clavando en su sitio. No fue sólo doma y monta, sino toreo a caballo. Incluyendo, en la parte más frívola, los mordiscos que lanza "Morante". Dos orejas ganadas de verdad después de una faena muy completa.
Al sexto, un toro manso que saltó varias veces al callejón, lo recibió en el centro del ruedo con intención de quebrar allí mismo, pero falló por dos veces por la imprevisibilidad de la acometida del animal. Consiguió luego encelarlo y templarlo, dando un par de vueltas al ruedo con el toro en la grupa. Los quiebros andando hacia atrás y el que dio aguantando a dos metros del toro, excepcionales. Mató algo peor y entre eso y el complejo comienzo de la faena, se quedó el premio en una oreja.
Tarde muy completa de quien ha puesto muy cara la temporada a Pablo Hermoso.
Andy Cartagena no brilló al mismo nivel que en su anterior comparecencia. En parte, tal vez, por el comportamiento de los toros, pero también porque hubo menor emoción en su toreo. Cortó una oreja en el cuarto, aunque la base de su lidia estuvo en la monta, en la actuación sin el toro.
Y Sergio Galán se llevó también una oreja del segundo, aunque se le notó un tanto inseguro y frío, con muchas pasadas en falso. En el quinto estuvo mejor, con algunos quiebros brillantes y buen toreo a dos pistas. Pero falló con el rejón de muerte. De haber matado, tal vez hubiera cortado otra oreja y hubiera conseguido la Puerta Grande por una tarde que no tuvo nada que ver con la del Ventura.
Pero así es como se escribe la historia. Mal que les pese a los intelectuales del igualitarismo...
Al sexto, un toro manso que saltó varias veces al callejón, lo recibió en el centro del ruedo con intención de quebrar allí mismo, pero falló por dos veces por la imprevisibilidad de la acometida del animal. Consiguió luego encelarlo y templarlo, dando un par de vueltas al ruedo con el toro en la grupa. Los quiebros andando hacia atrás y el que dio aguantando a dos metros del toro, excepcionales. Mató algo peor y entre eso y el complejo comienzo de la faena, se quedó el premio en una oreja.
Tarde muy completa de quien ha puesto muy cara la temporada a Pablo Hermoso.
Andy Cartagena no brilló al mismo nivel que en su anterior comparecencia. En parte, tal vez, por el comportamiento de los toros, pero también porque hubo menor emoción en su toreo. Cortó una oreja en el cuarto, aunque la base de su lidia estuvo en la monta, en la actuación sin el toro.
Y Sergio Galán se llevó también una oreja del segundo, aunque se le notó un tanto inseguro y frío, con muchas pasadas en falso. En el quinto estuvo mejor, con algunos quiebros brillantes y buen toreo a dos pistas. Pero falló con el rejón de muerte. De haber matado, tal vez hubiera cortado otra oreja y hubiera conseguido la Puerta Grande por una tarde que no tuvo nada que ver con la del Ventura.
Pero así es como se escribe la historia. Mal que les pese a los intelectuales del igualitarismo...
domingo, 8 de junio de 2008
Madrid (6 de junio de 2008) - Del post-tomasismo y otras lindezas
El día primero después de JT, la plaza deseaba seguir disfrutando del toreo y sentía que aquel cartel podía darle razones para ello.
El día primero después de JT todos los periódicos de tirada nacional abrían con una foto en su portada del maestro de Galapagar. Y algunos contaban su intrahistoria. En "El Mundo", por ejemplo, explicaban que se había alojado en El Palace (cuando uno tiene previsto dar una tarde así puede alojarse donde le dé la gana) y que, al volver a vestirse, iba leyendo "Por fin vas a saber de vinos", de Andrés Sánchez Magro.
Andrés, antes de ser buen amigo, fue profesor en la universidad. Y hemos seguido uniendo momentos vitales y pasiones taurinas, enológicas, gastronómicas y artísticas. Es magistrado, profesor, crítico literario, comentarista de placeres culinarios y vitales en TV y conferenciante y escritor de temas taurinos. Y hoy mismo escribía un par de páginas en "La Razón" glosando al mito y explicando cómo el triunfo al día siguiente de Perera y Talavante era una prolongación del triunfo de José Tomás.
En todo caso, el festejo del día seis, junto con el del cinco y el cuatro de junio demuestran una evidencia a la que algunos mequetrefes políticos, empresariales y peñistas (que no aficionados) quieren resistirse. Usted elige buenos toros (que viene a significar una buena ganadería y unas hechuras adecuadas a su encaste) y combina tres toreros en sazón, y tiene altas probabilidades de que los aficionados (y usted, si además de empresario también lo es) disfruten del toreo. Y, por el contrario, si usted elige ganaderías que no han echado un toro bueno en los últimos años, o toros fuera del tipo de los que embisten en una ganadería o pone a toreros que no han dicho nada interesante en ninguna plaza en los últimos n años, lo más probable es que los aficionados se aburran y usted, eso sí, se forre a su costa.
Por ir a lo concreto, el Cid no tuvo esta tarde el mejor lote ni estuvo especialmente inspirado. A su primero, un toro que levantaba la cara y le buscaba por momentos, le dio muchos pases sin historia y algún natural de mejor factura. Lo más llamativo es que mató bien y a la primera.
Al cuarto le dio muchos lances con la capa, aunque realmente brillantes sólo un par de ellos. Luego, con la muleta, le enjaretó series buenas con ambas manos, destacando el temple y, sobre todo, la ligazón. Pero una ligazón que con sólo dos o tres pases y el de pecho dejan poco margen a que la emoción se desborde. Tras un amago de arrimón y de circular, pincho en el primer intento y despachó a su oponente con una estocada entera haciendo guardia.
Perera, por su parte, triunfó. Y lo hizo demostrando cómo se está en torero y cómo se torea. Eso fue en el quinto. En el segundo, un toro más parado, comenzó la faena ligando estatuarios (me da que después de lo del 5J lo vamos a ver alguna tarde más) y yéndose al centro del ruedo a tratar de torearle en redondo con ambas manos. Quede constancia de que lo intentó y de que, como diría el clásico, no hubo más.
En el quinto, sin embargo, dio un recital de toreo. Primero, en el ceñidísimo quite por gaoneras y, con la muleta, desde los dos pases cambiados en el centro del ruedo hasta la estocada. En medio, series inmensas con la derecha de temple, mano baja y ligazón. Tremendamente seguro, técnico y artista frente a un toro que, como el del día 15 de El Cid, algunis protestaron (con profetas como esos nos quedamos sin ver una sola faena en Madrid en muchos años). Al natural, da sitio al toro, cita de lejos y lo trae toreado. Impresionante cómo en una serie por la derecha, se cambia la muleta por la espalda y lo liga con un natural inmenso y lentísimo. El toro trata de huir al sentirse vencido pero el torero demuestra una vez más pundonor y ganas con dos buenas series. El final, con bernardinas ajustadas, ajustadísimas, hiper-ajustadas, ligadas con un pase de pecho, acaba por rendir a la afición. Y después de una buena estocada se le conceden dos orejas a ley.
Talavante, por su parte, cortó una una oreja a su primero en una faena que también empezó por estatuarios (esta vez en el centro del ruedo) ligado con pases por bajo y de pecho. Al natural sacó series templadas y ligada de gran calidad. También con la derecha, mandando mucho en la embestida. El cambio de mano por la espalda para ligar con un natural, sencillamente excepcional. Después de varias manoletinas, estocada casi entera y descabello cortó una oreja.
Con ese premio y después de que Perera cortara dos orejas en quinto, todos pensábamos que Talavante saldría a por todas en el último de la tarde. Y parece que lo hizo cuando brindó al público su actuación. Pero luego, al citarle desde el centro del ruedo, empezó a ligarle series sin especial hondura, bajando aún más la intensidad al natural. El toro no transmite demasiado, pero tampoco él da el paso que requiere el valor para parar, templar y mandar. Para rematar la historia, tres pinchazos antes de una estocada hasta la bola.
En definitiva, Talavante parece que está tratando de recuperarse del mal inicio de la temporada (aunque no acaba de despuntar) y Perera ha reiterado su excelente momento de forma.
Y todo esto en Madrid. ¡Vaya delicia!
El día primero después de JT todos los periódicos de tirada nacional abrían con una foto en su portada del maestro de Galapagar. Y algunos contaban su intrahistoria. En "El Mundo", por ejemplo, explicaban que se había alojado en El Palace (cuando uno tiene previsto dar una tarde así puede alojarse donde le dé la gana) y que, al volver a vestirse, iba leyendo "Por fin vas a saber de vinos", de Andrés Sánchez Magro.
Andrés, antes de ser buen amigo, fue profesor en la universidad. Y hemos seguido uniendo momentos vitales y pasiones taurinas, enológicas, gastronómicas y artísticas. Es magistrado, profesor, crítico literario, comentarista de placeres culinarios y vitales en TV y conferenciante y escritor de temas taurinos. Y hoy mismo escribía un par de páginas en "La Razón" glosando al mito y explicando cómo el triunfo al día siguiente de Perera y Talavante era una prolongación del triunfo de José Tomás.
En todo caso, el festejo del día seis, junto con el del cinco y el cuatro de junio demuestran una evidencia a la que algunos mequetrefes políticos, empresariales y peñistas (que no aficionados) quieren resistirse. Usted elige buenos toros (que viene a significar una buena ganadería y unas hechuras adecuadas a su encaste) y combina tres toreros en sazón, y tiene altas probabilidades de que los aficionados (y usted, si además de empresario también lo es) disfruten del toreo. Y, por el contrario, si usted elige ganaderías que no han echado un toro bueno en los últimos años, o toros fuera del tipo de los que embisten en una ganadería o pone a toreros que no han dicho nada interesante en ninguna plaza en los últimos n años, lo más probable es que los aficionados se aburran y usted, eso sí, se forre a su costa.
Por ir a lo concreto, el Cid no tuvo esta tarde el mejor lote ni estuvo especialmente inspirado. A su primero, un toro que levantaba la cara y le buscaba por momentos, le dio muchos pases sin historia y algún natural de mejor factura. Lo más llamativo es que mató bien y a la primera.
Al cuarto le dio muchos lances con la capa, aunque realmente brillantes sólo un par de ellos. Luego, con la muleta, le enjaretó series buenas con ambas manos, destacando el temple y, sobre todo, la ligazón. Pero una ligazón que con sólo dos o tres pases y el de pecho dejan poco margen a que la emoción se desborde. Tras un amago de arrimón y de circular, pincho en el primer intento y despachó a su oponente con una estocada entera haciendo guardia.
Perera, por su parte, triunfó. Y lo hizo demostrando cómo se está en torero y cómo se torea. Eso fue en el quinto. En el segundo, un toro más parado, comenzó la faena ligando estatuarios (me da que después de lo del 5J lo vamos a ver alguna tarde más) y yéndose al centro del ruedo a tratar de torearle en redondo con ambas manos. Quede constancia de que lo intentó y de que, como diría el clásico, no hubo más.
En el quinto, sin embargo, dio un recital de toreo. Primero, en el ceñidísimo quite por gaoneras y, con la muleta, desde los dos pases cambiados en el centro del ruedo hasta la estocada. En medio, series inmensas con la derecha de temple, mano baja y ligazón. Tremendamente seguro, técnico y artista frente a un toro que, como el del día 15 de El Cid, algunis protestaron (con profetas como esos nos quedamos sin ver una sola faena en Madrid en muchos años). Al natural, da sitio al toro, cita de lejos y lo trae toreado. Impresionante cómo en una serie por la derecha, se cambia la muleta por la espalda y lo liga con un natural inmenso y lentísimo. El toro trata de huir al sentirse vencido pero el torero demuestra una vez más pundonor y ganas con dos buenas series. El final, con bernardinas ajustadas, ajustadísimas, hiper-ajustadas, ligadas con un pase de pecho, acaba por rendir a la afición. Y después de una buena estocada se le conceden dos orejas a ley.
Talavante, por su parte, cortó una una oreja a su primero en una faena que también empezó por estatuarios (esta vez en el centro del ruedo) ligado con pases por bajo y de pecho. Al natural sacó series templadas y ligada de gran calidad. También con la derecha, mandando mucho en la embestida. El cambio de mano por la espalda para ligar con un natural, sencillamente excepcional. Después de varias manoletinas, estocada casi entera y descabello cortó una oreja.
Con ese premio y después de que Perera cortara dos orejas en quinto, todos pensábamos que Talavante saldría a por todas en el último de la tarde. Y parece que lo hizo cuando brindó al público su actuación. Pero luego, al citarle desde el centro del ruedo, empezó a ligarle series sin especial hondura, bajando aún más la intensidad al natural. El toro no transmite demasiado, pero tampoco él da el paso que requiere el valor para parar, templar y mandar. Para rematar la historia, tres pinchazos antes de una estocada hasta la bola.
En definitiva, Talavante parece que está tratando de recuperarse del mal inicio de la temporada (aunque no acaba de despuntar) y Perera ha reiterado su excelente momento de forma.
Y todo esto en Madrid. ¡Vaya delicia!
sábado, 7 de junio de 2008
LA APOTEOSIS DE JOSÉ TOMÁS
Como ya avisé, la semana anterior a la apoteosis había quedado un algo decepcionado por la atropellada e insensata faena que JT pretendió hacer a su segundo antagonista en la feria de Córdoba, (aunque la primera tuvo ráfagas de precioso toreo, sin ligazón, porque el toro no lo permitía, pero saltando en flashes la belleza y por tanto con 2 orejas más que merecidas).
Hemos sabido luego, además, que esos atropellones insensatos del toro lo dejaron sin fuerza ni sensibilidad en los brazos, razón por la que hubo de llamar a su hermano fisioterapeuta y hacer una acelerada y muy meritoria recuperación.
¿Qué hubieran dicho si no llega?
Tras revivir en Tendido Cero y en todos los portales las faenas, con el recuerdo reciente de las dos grandes tardes de Madrid y el runrun taurino internacional, me apunto ¡cómo no hacerlo! de nuevo al carro en que me monté el 17 de Junio de 2007 y les doy este poema, con la esperanza de que les guste.
El original, con foto recuerdo de Barcelona, en http://www.jmjurado.org/
Estos triunfos, junto con los cercanos de Cayetano y Morante y Perera son lo mejor que nos ha podido pasar a los aficionados en mucho tiempo.
Vamos como si España hubiera ganado el mundial, pero en trascendente.
A ver si TVE toma nota y retransmite (es buena época: pan y circo) o sigue con las sempiternas y absurdas concesiones a un progresismo Alaskado, que además no es tal.
Y ahora el poema en prosa

Has abierto las puertas de la Muerte toreando en el vértice del miedo. Y detrás de las puertas había luz, la deslumbrante luz de la pureza. Entrabas y salías de la muerte como el buzo entra y sale del abismo, sumergido en campanas de silencio, en solares silencios espectrales donde el aire vacío se completa con el lance y el trance tan reunidos que suspenden la razón y la despeñan al borde mismo del espanto. Nos hemos vuelto locos: las ménades se arrancan los vestidos y se arañan los rostros suplicantes, los guerreros golpean los escudos y el toro es un enigma reventado, una fuerza bestial hipnotizada por la suave quietud de los telares. Gira y gira la plaza como un astro, vibrante catedral de una liturgia cósmica que a la danza del héroe se ha rendido, funesta y primitiva.
viernes, 6 de junio de 2008
Madrid (5 de junio de 2008) - Del toreo, la sugestión y la liturgia
JT ha callado con su reaparición en Las Ventas muchas bocas. A partir de ahora, quien quiera que siga criticando que sólo torea al toro terciado, que no tiene un toreo de mando, que sólo se pega arrimones, que siempre le enganchan,…
Pues no señores. Lo de ayer, en sus dos toros, fue una demostración completa de toreo grande, fundamental. ¿Que en su primero la segunda oreja fue excesiva? Tal vez. Sobre todo, si comparamos con lo que luego sucedió en el segundo. Porque a ver cuáles son entonces los trofeos. Pero lo cierto es que desde que se abrió de capa en el quite por gaoneras al segundo de la tarde (el primero de Javier Conde) hasta la estocada al quinto, todo lo que hizo demostró torería, personalidad, pureza y entrega. Una liturgia especial. Un modo único de andar en la plaza. ¿Sugestión colectiva? Sin duda. Pero refrendado por el saber hacer de un torero que, nos guste o no, es distinto a los demás. En todo.
No perdonó ni un quite, recibió directamente con el capote a sus dos toros sin que lo hubiera tocado antes ningún subalterno y sin dejarles siquiera que llegaran primero al burladero del nueve y de allí al del 7 y luego al del dos… como es costumbre. Toreó variado de capote: gaoneras en el quite al segundo, verónicas de recibo al tercero, chicuelinas en el quite a ese toro,… Lo mejor, las largas, templadas y lentísimas verónicas del quite al quinto.
Con la muleta, en el tercero, comenzó con un par de pases de tanteo en el tercio y se llevó inmediatamente al toro al centro del ruedo para empezar a torear de forma poderosa, ajustada, con verdad y sin fingimientos. Faena imperfecta, con algunos enganchones y altibajos, irremediables con un toro que tiene un punto violento y que no repite con facilidad. Pero el toro va entrando en la muleta a base de técnica, temple, toreo siempre por abajo, muleta en el hocico. Dos tandas de derechazos y otras dos de naturales soberbias, con un toreo de mano baja, lento, muletazos largísimos, rematando siempre atrás. Toreo ligado y adornos insuperables (trincherillas, cambio de mano, pase de la firma, de pecho,…).
La estocada fue casi una inmolación. El único momento de sinrazón de toda la tarde, porque se echó encima del toro y no salió de la suerte, sino que se topó con la testuz del toro. Una cosa, sin duda, en querer matar al toro arriba a toda costa y otra es atropellar la razón. En el volapié al toro hay que perderle la cara un segundo para dejarle irse (el toro) y salir de la suerte (el torero). No se puede (o no se debe, al menos) dar uno cabezazos contra el toro, que además de pitones tiene más fuerza.
Y lo del quinto con la muleta fue, sencillamente, sublime. Algunos profetas del pesimismo auguraron que después del “regalito” de la segunda oreja en el tercero, al quinto no iba a querer ni verlo. Y fue exactamente todo lo contrario. La faena a este toro ha sido probablemente la más completa que ha hecho en esta plaza y la mejor desde su reaparación. Nada que ver este toreo con el de su primera salida a hombros en aquella tarde magistral de hace nueve o diez años. Ahora, su toreo es mucho más pausado, austero, importante. No da ni un pase sin sentido. Trata de buscar la esencia en cada cosa que hace.
El comienzo de faena ha sido impresionante: cuatro estatuarios sin moverse del sitio, con un toro al que se había picado poco y se venía de largo con fuerza demostrando un poderío único. El cambio de mano con el que cerró, también de tono mayor.
Luego, las series de toreo en redondo a este quinto fueron inmensas. Por el número de pases de cada una (siete, ocho, nueve,…), algo único. Por cómo no perdía hondura en ninguno de ellos a pesar de los parones. Por el tremendo poder con el que llevaba al toro (llegó a templar una serie largísima de derechazos templados y por bajo a pesar de que hacía viento y no dejó de moverle la muleta en toda la tanda, algo así como si templara y mandara sólo con el estaquillador). Ligar siete u ocho naturales bajando la mano, con poder y arte, temple y gracia y sin que le toque ni una sola vez no es sólo buen toreo. Es una forma distinta de hablar con las musas y de convocarlas para que ericen los vellos del sentimiento de veinticuatro mil almas. Esta es la sugestión de JT. ¡Bendita sugestión!
La estocada, casi perfecta. Entera y ligerísimamente caida, pero perfectamente ejecutada al encuentro y de mucho mérito, porque tuvo sólo ese defecto a pesar de que el toro se le vino pronto.
De las tardes que hemos visto a José Tomás desde el pasado 17 de junio de 2007 (Barcelona, Algeciras, Ávila, El Puerto de Santa María, Barcelona y Madrid) la de hoy ha sido sin duda la más importante. Y por las referencias que tenemos de las que no hemos estado, también parece que esta ha superado a todas las anteriores. Hoy no ha habido arrimones ni manoletinas (que tampoco hubieran sobrado). Sólo toreo fundamental, que es todo el toreo hecho con verdad, poder, arte, hondura y sentimiento.
Daniel Luque confirmó alternativa en una faena en la que demostró más disposición que técnica. Lo intentó por ambos pitones, pero sólo sacó algún pase aislado de calidad. En el sexto, un toro muy parado, tiró de pundonor y se metió entre los pitones, sacando los pases de uno en uno. Un arrimón para justificarse. Pero es que es realmente difícil justificar casi nada después de la faena al quinto…
Y Javier Conde como era previsible. En su primero, nada o casi nada. Y en el cuarto, trató de hacer ver que estaba haciendo algo, pero sólo él sentía que aquello tenía algún sentido. El toro iba y tenía calidad, pero había que apostar, ponerse, aguantar un poquito… Vamos, lo que viene siendo torear.
Tarde, en fin, de un torero. De una forma de entender la tauromaquia fuera de todas las convenciones. Lo de hoy de JT no es una forma de ganarse de la vida, es un modo de darle sentido a la suya y a la de quienes vamos a verle. Esto es el arte y la liturgia. El toreo.
Y la sugestión. De toda una plaza. De toda una vida.
(PD prosaica. Ahora que nos explique el empresario por cuántos duros de más o de menos no quería traerlo. Hay que ser ruines…)
Pues no señores. Lo de ayer, en sus dos toros, fue una demostración completa de toreo grande, fundamental. ¿Que en su primero la segunda oreja fue excesiva? Tal vez. Sobre todo, si comparamos con lo que luego sucedió en el segundo. Porque a ver cuáles son entonces los trofeos. Pero lo cierto es que desde que se abrió de capa en el quite por gaoneras al segundo de la tarde (el primero de Javier Conde) hasta la estocada al quinto, todo lo que hizo demostró torería, personalidad, pureza y entrega. Una liturgia especial. Un modo único de andar en la plaza. ¿Sugestión colectiva? Sin duda. Pero refrendado por el saber hacer de un torero que, nos guste o no, es distinto a los demás. En todo.
No perdonó ni un quite, recibió directamente con el capote a sus dos toros sin que lo hubiera tocado antes ningún subalterno y sin dejarles siquiera que llegaran primero al burladero del nueve y de allí al del 7 y luego al del dos… como es costumbre. Toreó variado de capote: gaoneras en el quite al segundo, verónicas de recibo al tercero, chicuelinas en el quite a ese toro,… Lo mejor, las largas, templadas y lentísimas verónicas del quite al quinto.
Con la muleta, en el tercero, comenzó con un par de pases de tanteo en el tercio y se llevó inmediatamente al toro al centro del ruedo para empezar a torear de forma poderosa, ajustada, con verdad y sin fingimientos. Faena imperfecta, con algunos enganchones y altibajos, irremediables con un toro que tiene un punto violento y que no repite con facilidad. Pero el toro va entrando en la muleta a base de técnica, temple, toreo siempre por abajo, muleta en el hocico. Dos tandas de derechazos y otras dos de naturales soberbias, con un toreo de mano baja, lento, muletazos largísimos, rematando siempre atrás. Toreo ligado y adornos insuperables (trincherillas, cambio de mano, pase de la firma, de pecho,…).
La estocada fue casi una inmolación. El único momento de sinrazón de toda la tarde, porque se echó encima del toro y no salió de la suerte, sino que se topó con la testuz del toro. Una cosa, sin duda, en querer matar al toro arriba a toda costa y otra es atropellar la razón. En el volapié al toro hay que perderle la cara un segundo para dejarle irse (el toro) y salir de la suerte (el torero). No se puede (o no se debe, al menos) dar uno cabezazos contra el toro, que además de pitones tiene más fuerza.
Y lo del quinto con la muleta fue, sencillamente, sublime. Algunos profetas del pesimismo auguraron que después del “regalito” de la segunda oreja en el tercero, al quinto no iba a querer ni verlo. Y fue exactamente todo lo contrario. La faena a este toro ha sido probablemente la más completa que ha hecho en esta plaza y la mejor desde su reaparación. Nada que ver este toreo con el de su primera salida a hombros en aquella tarde magistral de hace nueve o diez años. Ahora, su toreo es mucho más pausado, austero, importante. No da ni un pase sin sentido. Trata de buscar la esencia en cada cosa que hace.
El comienzo de faena ha sido impresionante: cuatro estatuarios sin moverse del sitio, con un toro al que se había picado poco y se venía de largo con fuerza demostrando un poderío único. El cambio de mano con el que cerró, también de tono mayor.
Luego, las series de toreo en redondo a este quinto fueron inmensas. Por el número de pases de cada una (siete, ocho, nueve,…), algo único. Por cómo no perdía hondura en ninguno de ellos a pesar de los parones. Por el tremendo poder con el que llevaba al toro (llegó a templar una serie largísima de derechazos templados y por bajo a pesar de que hacía viento y no dejó de moverle la muleta en toda la tanda, algo así como si templara y mandara sólo con el estaquillador). Ligar siete u ocho naturales bajando la mano, con poder y arte, temple y gracia y sin que le toque ni una sola vez no es sólo buen toreo. Es una forma distinta de hablar con las musas y de convocarlas para que ericen los vellos del sentimiento de veinticuatro mil almas. Esta es la sugestión de JT. ¡Bendita sugestión!
La estocada, casi perfecta. Entera y ligerísimamente caida, pero perfectamente ejecutada al encuentro y de mucho mérito, porque tuvo sólo ese defecto a pesar de que el toro se le vino pronto.
De las tardes que hemos visto a José Tomás desde el pasado 17 de junio de 2007 (Barcelona, Algeciras, Ávila, El Puerto de Santa María, Barcelona y Madrid) la de hoy ha sido sin duda la más importante. Y por las referencias que tenemos de las que no hemos estado, también parece que esta ha superado a todas las anteriores. Hoy no ha habido arrimones ni manoletinas (que tampoco hubieran sobrado). Sólo toreo fundamental, que es todo el toreo hecho con verdad, poder, arte, hondura y sentimiento.
Daniel Luque confirmó alternativa en una faena en la que demostró más disposición que técnica. Lo intentó por ambos pitones, pero sólo sacó algún pase aislado de calidad. En el sexto, un toro muy parado, tiró de pundonor y se metió entre los pitones, sacando los pases de uno en uno. Un arrimón para justificarse. Pero es que es realmente difícil justificar casi nada después de la faena al quinto…
Y Javier Conde como era previsible. En su primero, nada o casi nada. Y en el cuarto, trató de hacer ver que estaba haciendo algo, pero sólo él sentía que aquello tenía algún sentido. El toro iba y tenía calidad, pero había que apostar, ponerse, aguantar un poquito… Vamos, lo que viene siendo torear.
Tarde, en fin, de un torero. De una forma de entender la tauromaquia fuera de todas las convenciones. Lo de hoy de JT no es una forma de ganarse de la vida, es un modo de darle sentido a la suya y a la de quienes vamos a verle. Esto es el arte y la liturgia. El toreo.
Y la sugestión. De toda una plaza. De toda una vida.
(PD prosaica. Ahora que nos explique el empresario por cuántos duros de más o de menos no quería traerlo. Hay que ser ruines…)
jueves, 5 de junio de 2008
Madrid (4 de junio de 2008) - De arte y sentimiento
Después de la genial faena al cuarto de la tarde, Morante seguía con ganas de torear. Y en su turno de quites al último de la tarde le enjaretó unas chicuelinas de mano baja sensacionales. El público, entonces, ya estaba con él y la plaza vibró como sólo lo sabe hacer Las Ventas con el toreo de arte y sentimiento. Como era su toro, como confirmaba alternativa y como tiene un pundonor torero a prueba de bombas (¡Este quiere ser torero!, gritaban en los tendidos), Cayetano citó al toro con el capote a una mano, ejecutó un lance único llevándose las telas a la espalda y ligando con una gaonera. El toro le desarmó. Pero el público estaba ya sobrepasado por lo que acababa de ver. Si aquel quite lo termina, la plaza hubiera rugido como sólo la he escuchado diez o doce veces en los veinte años que llevo viniendo. Obviamente, Cayetano volvió a la cara del toro, quitó bien por gaoneras y se llevó una gran ovación. Pero el sabor torero, la emoción y la genialidad fueron los de aquellos dos lances.
Cayetano ha estado esta tarde soberbio. En el de su confirmación se la notado seguro, tranquilo, reposado,… Ha dado sitio al toro y ha comenzado la faena muy bien, con pases de adorno con enjundia y un cambio de mano sublime. Ha mostrado cómo el toro venía y le ha enganchado bien en las primeras series, bajando luego la intensidad de la faena, sobre todo al natural (con uno, no obstante, de cartel de feria de primera). El toro tenía bondad pero era algo violento. Y ha quedado la duda de si con algo más de técnica se le podría haber exprimido más. No lo sé. Pero no recuerdo muchas confirmaciones de alternativas con toreros que demuestren tal seguridad.
En el sexto, un magnífico sobrero de Victoriano del Río (a ver si la corrida de mañana se parece a este), después del recital de quites ha toreado mucho y bien con la muleta. Nuevamente el comienzo de faena ha tenido mucha estética y un nuevo cambio de manos para enmarcar. Después de una serie de tono menor, ligó una de derechazos con gusto torero y mucho temple. Al cambiarse la muleta de mano para dar el pase de pecho, cayó al suelo el engaño y, sin inmutarse, se agachó, la recogió y ligó el de pecho sin más probaturas y sin dejar pensar al animal. Nuevas series en redondo y una magnífica estocada después de pinchar al entrar a matar dudando si hacerlo en la suerte de recibir o al volapié.
La plaza le ha acogido con cariño. El que correspondía por su entrega torera y su saber hacer.
Manzanares ha demostrado estar en un momento sensacional de forma. Y ha lidiado a sus dos toros de forma excepcional. Pero ha tenido mala suerte con el lote y le han correspondido los dos con menos fuerza y transmisión. Se le ha notado con sitio, técnica, arte y gracia. Pero no ha podido cuajar faena a pesar de esa disposición por la condición de sus enemigos.
Y Morante ha dado en el cuarto una auténtica lección de cómo se torea con el capote.
Al segundo de la tarde no quiso verlo y el público le abroncó. Pero cuando vio el recibo a la verónica al cuarto los mismos que le había acusado de tramposo y trincón le aclamaban como redentor del toreo de capa. Esos gritones son una representación demoscópica perfecta de esta sociedad mediocre en la que hay que pasar desapercibido, pero cumplir de forma automática y sin muchas preguntas miles de procedimientos. No se admiten los genios. Los que hacen las cosas de forma magistral cuando les sale y no se preocupan ni siquiera de hacerlas mal cuando no les apetece. Pero estos son los que dan sentido a la vida y al arte. Los que no son intercambiables… como lo son la mayoría.
El de la Puebla, con el cuarto, ha realizado una lidia completa. Con verónicas profundas (una y media, para no dejar de verlas nunca), un galleo por chicuelinas de mano baja que aunaba sabor antiguo y técnica moderna, nuevo quite… Sólo en este toro hemos visto más verónica que en todo San Isidro. La faena de muleta ha ido de más a menos, como no podía ser de otra manera con un toro al que se le había obligado tanto en los primeros tercios y al que toreó en el tercio (tal vez para tratar de evitar la incertidumbre del viento). Comienzo magistral con ayudados por alto y pases de adorno, seguido por un toreo hondo, apasionado y vibrante. Luego, las series algo más convencionales, pero siempre con detalles y prestancia toreros. Remata con nuevos ayudados por alto y pase de pecho y deja un estocada perfecta en todo lo alto.
En fin, que hemos visto torear, hemos vibrado, sentido la emoción y la espera. Hemos dudado a veces los derroteros que seguiría una tarde que nunca ha perdido su interés. Y hemos salido ilusionados, pletóricos, llenos de cosas de comentar. Gran tarde para los aficionados y para los taberneros, que han visto cómo la gente acudía de forma masiva y se quedaba más tiempo. Hoy no había que olvidar lo que había pasado. Había que revivirlo. Y para eso hace falta mucho más tiempo.
Cayetano ha estado esta tarde soberbio. En el de su confirmación se la notado seguro, tranquilo, reposado,… Ha dado sitio al toro y ha comenzado la faena muy bien, con pases de adorno con enjundia y un cambio de mano sublime. Ha mostrado cómo el toro venía y le ha enganchado bien en las primeras series, bajando luego la intensidad de la faena, sobre todo al natural (con uno, no obstante, de cartel de feria de primera). El toro tenía bondad pero era algo violento. Y ha quedado la duda de si con algo más de técnica se le podría haber exprimido más. No lo sé. Pero no recuerdo muchas confirmaciones de alternativas con toreros que demuestren tal seguridad.
En el sexto, un magnífico sobrero de Victoriano del Río (a ver si la corrida de mañana se parece a este), después del recital de quites ha toreado mucho y bien con la muleta. Nuevamente el comienzo de faena ha tenido mucha estética y un nuevo cambio de manos para enmarcar. Después de una serie de tono menor, ligó una de derechazos con gusto torero y mucho temple. Al cambiarse la muleta de mano para dar el pase de pecho, cayó al suelo el engaño y, sin inmutarse, se agachó, la recogió y ligó el de pecho sin más probaturas y sin dejar pensar al animal. Nuevas series en redondo y una magnífica estocada después de pinchar al entrar a matar dudando si hacerlo en la suerte de recibir o al volapié.
La plaza le ha acogido con cariño. El que correspondía por su entrega torera y su saber hacer.
Manzanares ha demostrado estar en un momento sensacional de forma. Y ha lidiado a sus dos toros de forma excepcional. Pero ha tenido mala suerte con el lote y le han correspondido los dos con menos fuerza y transmisión. Se le ha notado con sitio, técnica, arte y gracia. Pero no ha podido cuajar faena a pesar de esa disposición por la condición de sus enemigos.
Y Morante ha dado en el cuarto una auténtica lección de cómo se torea con el capote.
Al segundo de la tarde no quiso verlo y el público le abroncó. Pero cuando vio el recibo a la verónica al cuarto los mismos que le había acusado de tramposo y trincón le aclamaban como redentor del toreo de capa. Esos gritones son una representación demoscópica perfecta de esta sociedad mediocre en la que hay que pasar desapercibido, pero cumplir de forma automática y sin muchas preguntas miles de procedimientos. No se admiten los genios. Los que hacen las cosas de forma magistral cuando les sale y no se preocupan ni siquiera de hacerlas mal cuando no les apetece. Pero estos son los que dan sentido a la vida y al arte. Los que no son intercambiables… como lo son la mayoría.
El de la Puebla, con el cuarto, ha realizado una lidia completa. Con verónicas profundas (una y media, para no dejar de verlas nunca), un galleo por chicuelinas de mano baja que aunaba sabor antiguo y técnica moderna, nuevo quite… Sólo en este toro hemos visto más verónica que en todo San Isidro. La faena de muleta ha ido de más a menos, como no podía ser de otra manera con un toro al que se le había obligado tanto en los primeros tercios y al que toreó en el tercio (tal vez para tratar de evitar la incertidumbre del viento). Comienzo magistral con ayudados por alto y pases de adorno, seguido por un toreo hondo, apasionado y vibrante. Luego, las series algo más convencionales, pero siempre con detalles y prestancia toreros. Remata con nuevos ayudados por alto y pase de pecho y deja un estocada perfecta en todo lo alto.
En fin, que hemos visto torear, hemos vibrado, sentido la emoción y la espera. Hemos dudado a veces los derroteros que seguiría una tarde que nunca ha perdido su interés. Y hemos salido ilusionados, pletóricos, llenos de cosas de comentar. Gran tarde para los aficionados y para los taberneros, que han visto cómo la gente acudía de forma masiva y se quedaba más tiempo. Hoy no había que olvidar lo que había pasado. Había que revivirlo. Y para eso hace falta mucho más tiempo.
miércoles, 4 de junio de 2008
Madrid (3 de junio de 2008) - Breve
Lo más destacado de la tarde de hoy es que fue breve. A eso de las nueve menos diez ya había caido el sexto de la tarde y el personal estaba volviendo a sus casas (los menos) y abarrotando el resto las tabernas cercanas.
Es cierto que hubo también otras cosas: muchos mosquitos, más calor que los demás días, menos atención de camareros en los tendidos, mayor alegría en los nuevos bares instalados en las terrazas de dentro de la plaza, menos fotos de la exposición del ABC (o se han roto, o ha habido quien ha encontrado el modo fácil de decorar la habitación de los niños),...
Y algo de toreo también. Pero sin abusar. De forma discreta, para evitar las críticas de la ostentación.
El ambiente se había empezado a caldear desde por la mañana. Habían rechazado la mitad de la corrida anunciada de Garcigrande y se había remendado con tres toros de Peñajara. En los foros habituales, ya había quien había incitado a la rebelión contra los toros de la gandería titular por falta de trapío. Y como en los peores augurios, la realidad sobrepasó lo previsible. Los toros de Garcigrande (1º a 3º), no muy aparatosos, eran, además, muy flojos. En concreto, el segundo y el tercero, terriblemente inválidos.
Ante esto, surjen dos preguntas evidentes: ¿tiene sentido que se rechacen por trapío los toros en la plaza; no deberían verlos antes los veterinarios y la autoridad en el campo y decidir allí si tienen o no presencia para Madrid? Pero, además, cuando un torero ve un toro manifiestamente imposible como el segundo, ¿por qué empeñarse en hacerle una lidia que haga que se mantenga en pie en vez de evidenciar su manifiesta invalidez para tratar de forzar que se cambie?
Volvemos, pues, a las absurdar reflexiones de hace más de diez años y que creíamos olvidadas...
Los de Peñajara eran más escurridos de carnes, pero más aparatosos de pitones. Lo que habitualmente se conoce como el efecto por el cual una cuerna inmensa tapa escasas hechuras. Teníamos esperanza en su comportamiento, pero tampoco fueron un desachado de virtudes (el quinto, especialmente violento).
Pero, a pesar de todo, no fue una tarde para irnos de vacío.
Aparicio toreó muy bien a su primero al natural, en el centro del ruedo, en dos series magistrales con algunos pases de excepción. Pero a partir de ahí decidió que no había que seguir insistiendo y mató de pinchazo y estocada.
En el cuarto, lanceó a la verónica de forma sublime, con una verónica y una media de auténtico empaque. Pero en la faena de muleta no consiguió acoplarse y nos quedamos con la sensación de que algo más se le podría haber sacado. Eso sí, Aparicio nos hizo emocionarnos cuando, nada más empezar en el tercio esta faena al cuarto, se lanzó corriendo al centro del ruedo para citar desde allí. Exactamente igual a lo que sucedió en el 94. Pero ni el toro era igual, ni los espectadores estaban igual de predispuestos, ni Aparicio está en el mismo nivel de forma. La faena no siguió los mismos derroteros, pero para los que estuvimos entonces, esto ha sido un recuerdo ilusionante.
El Juli ha pechado con el peor lote, a pesar de los cual ha estado técnico y serio toda la tarde. Poco más. Por desgracia.
Y Castella ha vuelto, en el sexto, a emocionar al público y conseguir callar a todos para fijarse en lo que estaba haciendo (nada fácil, tal y como iba la tarde). El comienzo con los pases cambiados en el centro del ruedo nos ha recordado al Castella de sus mejores momentos la temporada pasada y algunas de las series que ha dado con ambas manos reafirman la valía de este torero. Aún así, la faena no ha sido compacta, ha tenido momentos irregulares que demuestran que este año las cosas no están tan rodadas y que hay que insistir en la concentración y en la técnica.
En resumen, una tarde que, sin ser llamativa, ha dejado muchos detalles para el aficionado.
Es cierto que hubo también otras cosas: muchos mosquitos, más calor que los demás días, menos atención de camareros en los tendidos, mayor alegría en los nuevos bares instalados en las terrazas de dentro de la plaza, menos fotos de la exposición del ABC (o se han roto, o ha habido quien ha encontrado el modo fácil de decorar la habitación de los niños),...
Y algo de toreo también. Pero sin abusar. De forma discreta, para evitar las críticas de la ostentación.
El ambiente se había empezado a caldear desde por la mañana. Habían rechazado la mitad de la corrida anunciada de Garcigrande y se había remendado con tres toros de Peñajara. En los foros habituales, ya había quien había incitado a la rebelión contra los toros de la gandería titular por falta de trapío. Y como en los peores augurios, la realidad sobrepasó lo previsible. Los toros de Garcigrande (1º a 3º), no muy aparatosos, eran, además, muy flojos. En concreto, el segundo y el tercero, terriblemente inválidos.
Ante esto, surjen dos preguntas evidentes: ¿tiene sentido que se rechacen por trapío los toros en la plaza; no deberían verlos antes los veterinarios y la autoridad en el campo y decidir allí si tienen o no presencia para Madrid? Pero, además, cuando un torero ve un toro manifiestamente imposible como el segundo, ¿por qué empeñarse en hacerle una lidia que haga que se mantenga en pie en vez de evidenciar su manifiesta invalidez para tratar de forzar que se cambie?
Volvemos, pues, a las absurdar reflexiones de hace más de diez años y que creíamos olvidadas...
Los de Peñajara eran más escurridos de carnes, pero más aparatosos de pitones. Lo que habitualmente se conoce como el efecto por el cual una cuerna inmensa tapa escasas hechuras. Teníamos esperanza en su comportamiento, pero tampoco fueron un desachado de virtudes (el quinto, especialmente violento).
Pero, a pesar de todo, no fue una tarde para irnos de vacío.
Aparicio toreó muy bien a su primero al natural, en el centro del ruedo, en dos series magistrales con algunos pases de excepción. Pero a partir de ahí decidió que no había que seguir insistiendo y mató de pinchazo y estocada.
En el cuarto, lanceó a la verónica de forma sublime, con una verónica y una media de auténtico empaque. Pero en la faena de muleta no consiguió acoplarse y nos quedamos con la sensación de que algo más se le podría haber sacado. Eso sí, Aparicio nos hizo emocionarnos cuando, nada más empezar en el tercio esta faena al cuarto, se lanzó corriendo al centro del ruedo para citar desde allí. Exactamente igual a lo que sucedió en el 94. Pero ni el toro era igual, ni los espectadores estaban igual de predispuestos, ni Aparicio está en el mismo nivel de forma. La faena no siguió los mismos derroteros, pero para los que estuvimos entonces, esto ha sido un recuerdo ilusionante.
El Juli ha pechado con el peor lote, a pesar de los cual ha estado técnico y serio toda la tarde. Poco más. Por desgracia.
Y Castella ha vuelto, en el sexto, a emocionar al público y conseguir callar a todos para fijarse en lo que estaba haciendo (nada fácil, tal y como iba la tarde). El comienzo con los pases cambiados en el centro del ruedo nos ha recordado al Castella de sus mejores momentos la temporada pasada y algunas de las series que ha dado con ambas manos reafirman la valía de este torero. Aún así, la faena no ha sido compacta, ha tenido momentos irregulares que demuestran que este año las cosas no están tan rodadas y que hay que insistir en la concentración y en la técnica.
En resumen, una tarde que, sin ser llamativa, ha dejado muchos detalles para el aficionado.
martes, 3 de junio de 2008
Primer Aviso
Les debo a ustedes, a saber,
-La crónica de las dos últimas novilladas en Sevilla, donde estuvieron muy bien Salvador Barberán -al que repiten este domingo- y mi paisano político, el ecijano Miguel Ángel Delgado.
-La crónica de lo que aconteció en Córdoba con JT.
-Y sobre todo la tarde de Morante y Madrid bajo la lluvia que me ha traído un tan mal catarrro que con un inesperado incremento de asuntos laborales han mermado mis fuerzas redactoras.
Mañana voy a la Beneficiencia, no iba desde el 98 ¡Y la cosa promete con Morante!
Pero lo del aviso viene a cuento de lo de JT en Córdoba:
los riesgos asumidos en su segundo toro fueron una sinrazón excesiva en la que la condición racional del torero se perdía y ganaba al final la pugna, -sin cornada, pero con tres revolcones-, el animal, la bestia pura. En el primero estuvo magnífico, pero esta sinrazón impuesta a una res con más sin razón sólo puede devenir en debacle.
No vimos así a JT en Barcelona (tampoco salió un toro imposible)
Córdoba es plaza de primera y salieron toráncanos en punta de 580 Kg y más, pero Madrid, primer aviso Madrid:
me preocupa la autoexigencia de JT, no es necesario el sacrificio, para quienes arguyen que el espectáculo de este torero se basa en la muerte, nada más sensato que recordar las palabras de Malraux:
La muerte solo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida
Les dejo con la reseña que ha hecho el poeta y crítico Santos Domínguez sobre dos recientes entregas taurómacas, una es una sorpresa, y otra es sobre el último libro acerca del monstruo de Galapagar:
http://santosdominguez.blogspot.com/2008/06/de-feria-en-feria-con-jos-toms.html
http://santosdominguez.blogspot.com/2008/05/tratado-de-armona.html
Queda dicho "el que quiera verlo que aligere" Primer aviso.
-La crónica de las dos últimas novilladas en Sevilla, donde estuvieron muy bien Salvador Barberán -al que repiten este domingo- y mi paisano político, el ecijano Miguel Ángel Delgado.
-La crónica de lo que aconteció en Córdoba con JT.
-Y sobre todo la tarde de Morante y Madrid bajo la lluvia que me ha traído un tan mal catarrro que con un inesperado incremento de asuntos laborales han mermado mis fuerzas redactoras.
Mañana voy a la Beneficiencia, no iba desde el 98 ¡Y la cosa promete con Morante!
Pero lo del aviso viene a cuento de lo de JT en Córdoba:
los riesgos asumidos en su segundo toro fueron una sinrazón excesiva en la que la condición racional del torero se perdía y ganaba al final la pugna, -sin cornada, pero con tres revolcones-, el animal, la bestia pura. En el primero estuvo magnífico, pero esta sinrazón impuesta a una res con más sin razón sólo puede devenir en debacle.
No vimos así a JT en Barcelona (tampoco salió un toro imposible)
Córdoba es plaza de primera y salieron toráncanos en punta de 580 Kg y más, pero Madrid, primer aviso Madrid:
me preocupa la autoexigencia de JT, no es necesario el sacrificio, para quienes arguyen que el espectáculo de este torero se basa en la muerte, nada más sensato que recordar las palabras de Malraux:
La muerte solo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida
Les dejo con la reseña que ha hecho el poeta y crítico Santos Domínguez sobre dos recientes entregas taurómacas, una es una sorpresa, y otra es sobre el último libro acerca del monstruo de Galapagar:
http://santosdominguez.blogspot.com/2008/06/de-feria-en-feria-con-jos-toms.html
http://santosdominguez.blogspot.com/2008/05/tratado-de-armona.html
Queda dicho "el que quiera verlo que aligere" Primer aviso.
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