Hacía casi cuatro meses que no veía toros en la plaza y, aún así, la vuelta no ha supuesto ningún acontecimiento, quizá porque ha sido un invierno especialmente taurino y no he dejado de hablar de toros, de recordar faenas, de reflexionar y debatir sobre lo que supone la Fiesta en la sociedad y en la cultura.
Pero ninguno de estos debates tiene sentido sin el rito. Sin el toro y el torero. Sin la lidia. Sin el arte.
La tarde de hoy en Valdemorillo era bastante más apacible que la del año pasado, en la que llegamos tras una copiosa nevada que no sabíamos si nos obligaría a quedarnos por allí todo el fin de semana. La plaza tiene localidades espaciosas, pero tan duras como cualquier otra rematada en cemento. Y su sonoridad de plaza cubierta, en vez de acercar todo lo que sucede en el ruedo en medio del silencio del público (como sucede en el Coliseo de Nimes), oculta los sonidos de lo taurino mediante el estruendo de un público bullicioso y los supuestos pasodobles de una banda (o charanga), casi tan mala como la de Las Ventas.
Los toros de Peñajara han salido con bastante clase, aunque algo flojos. El cuarto ha sido imposible y el sexto muy soso. Los demás, han permitido a los toreros demostrar su tauromaquia.
Abellán ha demostrado en su primero solvencia y oficio, pero escasa hondura. Tal vez por miedo a que el toro claudicara ha toreado de media altura hacia arriba, en unos espacios en los que resulta imposible ningún sentido estético. Sólo un par de naturales han tenido algo de sabor. Dejó una estocada entera perdiendo la muleta y le concedieron una oreja que fue pedida con fervor por el público asistente, aunque hubo algunos a los que la petición nos dejó perplejos. Vamos, que por mí como si le dan la pata, pero que quede constancia de que toreo hubo muy escaso.
El cuarto, sin ser una alimaña, se revolvía, cabeceaba, buscaba las vueltas al torero, en fin. Y éste trató de ver si podía hacer algo lucido y, constada la imposibilidad de sacar al animalito nada razonable, le dio muerte de forma eficaz.
Leandro ha evidenciado en sus dos toros un sentido estético excepcional. Los lances de recibo al segundo toro, y las series con la muleta a ambos toros han dejado prueba palpable de su temple, ligazón, hondura,… Pases realmente profundos y con sabor, en un toreo personal que, no obstante, a veces nos ha recordado al mejor Luguillano y otras las tardes de magia de Javier Conde. Pero Leandro ha mostrado también su manifiesta incapacidad para matar los toros con cierta decencia (lo cual le ha privado de un triunfo que podría haber sido rotundo). Y, lo que es más preocupante para mí, se le han notado fallas técnicas y de concentración cuya superación es más complicada que el aprendizaje de la técnica de la espada.
A mí Leandro me ha gustado. Y mucho. Pero tengo la sensación de que sus faenas tienen que ganar en estructura y su mente en claridad para poder torear en las ferias y hacerse el hueco que su estética reclama.
Por su parte, Alberto Álvarez ha demostrado tener ganas de hacer bien las cosas. De colocar la muleta como dicen los clásicos, de llevarla planchada, de insistir, de no dejarse ganar la pelea,… Pero sólo con eso no es fácil abrirse hueco. Le hace falta oficio, mucho oficio, y una personalidad que le haga diferente, que suponga un aliciente ir a verle.
Una tarde, pues, para el reencuentro, para la estética de Leandro y para constatar que Peñajara tiene toros nobles que, con algo más de fuerza, pueden dar buenas tardes de toros.
No sé si es mucho, o si es muy poco, pero a mí me sirve para dar por comenzada una nueva Gran Temporada.
(PD: Leo en los portales que en la encerrona de Jairo en Cáceres con seis toros ha habido mejor ambiente en los tendidos que toreo en el ruedo. Me lo temía. Estuve pensando seriamente en acercarme, por el paisanaje y por el destino benéfico del asunto, pero al final razones varias obligaron al cambio de planes. Jairo es muy querido por la afición de Cáceres y es muy joven. Pero tiene que madurar mucho como torero para que su presencia en los carteles se justifique por otras razones que las del lugar de la “nacencia”).
sábado, 6 de febrero de 2010
domingo, 31 de enero de 2010
Y ahora, con criterio
Entre las cosas buenas que ha tenido la ILP que trata de prohibir los toros en Cataluña la más llamativa ha sido la toma de conciencia de los diversos estamentos taurinos sobre la necesidad de hacer públicos los valores de la Fiesta. Resulta sorprendente que, en gran medida, hayan sido los aficionados, y no quienes viven de esto, quienes hayan reivindicado sus valores culturales y ecológicos, quienes hayan construido el discurso sobre la libertad y quienes hayan inundado internet y los medios de comunicación con su posicionamiento.
Algún heterodoxo de la tauromaquia, como Esplá, lo ha puesto de manifiesto con contundencia en un chat en Diariocritico del que se hace eco Los toros en el siglo XXI, un interesante blog al que agradezco planteamientos novedodos y propuestas de gran interés, pero del que disiento en sus críticas (a veces realmente implacables) a muchos profesionales, empresarios taurinos y ganaderos, sin los cuales difícilmente podríamos disfrutar de nuestra afición.
Esta toma de conciencia iniciada por los aficionados (en un alto número aficionados franceses), secundada después por las asociaciones profesionales ha desembocado en una hiperinflación de actividad y repercusión mediática, tan increible (por novedosa), como estéril (por la falta de un propósito único). Pongo sólo un ejemplo. En Madrid, del 20 al 25 de enero ha habido actividades tales como: la Asamblea de la Mesa del Toro el día 20 por la tarde, el 21 a primera hora de la tarde unas Jornadas sobre Gestión de las Plazas de Toros en un escenario de crisis organizado por la Unión de Abonados y la Federación de Municipios de Madrid, y un poco después una sesión del Aula de Tauromaquia del CEU con una conferencia sobre Derechos, Toros y Sociedad; el 25, en el Senado, la Asociación Taurina Parlamentaria organizó una Jornada de día entero para hablar de los reglamentos y reivindicar la propuesta ante la UNESCO de la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial;...
Uno podría pensar que tal diversidad muestra a las claras la fortaleza de las estructuras de la Fiesta. Cualquiera que se acerque a estos eventos, sin embargo, se da cuenta de que la buena intención con la que todos se organizan y el gran interés de quienes intervienen como ponentes, e incluso del público en general, esconden una manifiesta falta de coherencia en lo que se hace y lo que se dice. Y, sobre todo, en cuáles son las prioridades.
Si uno, además, repasa la abundante blogsfera taurina se dará cuenta de la absoluta inexistencia de liderazgo de quienes organizan cualquier actividad respecto a quienes dedican gran parte de su tiempo a ir a festejos taurinos y escribir en la red lo que opinan de la Fiesta y de sus protagonistas.
Con este panorama, supongo que alguien, más allá de la inmediata labor de tratar de conseguir que no triunfe la ILP, estará reflexionando sobre el modo en que el sector puede organizarse para tener una voz única (o, al menos, la voz más cualificada) en defensa de la Fiesta. Y aquí, lo de Cataluña es sólo una anécdota. Lo realmente esencial son otras muchas cosas: desde tratar de que se reduzca el IVA de las corridas de toros para ajustarlo a las demás actividades culturales, hasta que vuelva a haber retransmisiones por TVE, pasando por la unificación de los Reglamentos, la mejora en la selección y cuidado de los toros, la eliminación del fraude,...
Pero, sobre todo ello, hay algo en lo que se juega la verdadera pervivencia de la Fiesta: la necesidad de que la tauromaquia tenga una presencia habitual en la sociedad. Que la tenga en los Colegios a través de actividades divulgativas sobre la dehesa y la cría del toro bravo. Que la tenga en las televisiones con programas que aunen formación e información, rigor y diversión. Que la tenga en los periódicos con secciones taurinas que vayan más allá de un escueto resumen de los festejos y una continua muestra de personajes a favor y en contra de la ILP. Que la tenga en las librerías con más y mejores libros taurinos. Y que la tenga en el conjunto de la sociedad, tal y como venimos defendiendo desde hace ya tiempo, con alguna actividad que englobe a todo el sector y muestre anualmente la relevancia de lo acontencido en una actividad festiva y reivindicativa a la vez (algo así, como una Academia de la Tauromaquia con sus correspondiente Premios Anuales, como los tiene el Cine, la TV, el Teatro,...).
Se trata, en fin, de que los aficionados (y quienes no lo son) sean conscientes de que amar la tauromaquia es ser parte de una comunidad que no tiene por qué ser muy numerosa, pero sí es muy importante. Como la es la de quienes aman la ópera o el flamenco, el ballet o la escultura.
Y para ello, son los profesionales (toreros, ganaderos y empresarios fundamentalmente) quienes tienen que tomar conciencia de la necesidad de crear estructuras que más allá de la defensa de sus intereses, se preocupen de la difusión y puesta en valor de aquello que a ellos les da de comer y a muchos aficionados les da la vida. Y tienen que apostar por una transparencia sin la cual todos los actos que se están realizando serán perfectamente inútiles para el asentamiento y promoción de la cultura taurina en nuestra sociedad. Que es de lo que se trata.
Vamos, digo yo...
Algún heterodoxo de la tauromaquia, como Esplá, lo ha puesto de manifiesto con contundencia en un chat en Diariocritico del que se hace eco Los toros en el siglo XXI, un interesante blog al que agradezco planteamientos novedodos y propuestas de gran interés, pero del que disiento en sus críticas (a veces realmente implacables) a muchos profesionales, empresarios taurinos y ganaderos, sin los cuales difícilmente podríamos disfrutar de nuestra afición.
Esta toma de conciencia iniciada por los aficionados (en un alto número aficionados franceses), secundada después por las asociaciones profesionales ha desembocado en una hiperinflación de actividad y repercusión mediática, tan increible (por novedosa), como estéril (por la falta de un propósito único). Pongo sólo un ejemplo. En Madrid, del 20 al 25 de enero ha habido actividades tales como: la Asamblea de la Mesa del Toro el día 20 por la tarde, el 21 a primera hora de la tarde unas Jornadas sobre Gestión de las Plazas de Toros en un escenario de crisis organizado por la Unión de Abonados y la Federación de Municipios de Madrid, y un poco después una sesión del Aula de Tauromaquia del CEU con una conferencia sobre Derechos, Toros y Sociedad; el 25, en el Senado, la Asociación Taurina Parlamentaria organizó una Jornada de día entero para hablar de los reglamentos y reivindicar la propuesta ante la UNESCO de la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial;...
Uno podría pensar que tal diversidad muestra a las claras la fortaleza de las estructuras de la Fiesta. Cualquiera que se acerque a estos eventos, sin embargo, se da cuenta de que la buena intención con la que todos se organizan y el gran interés de quienes intervienen como ponentes, e incluso del público en general, esconden una manifiesta falta de coherencia en lo que se hace y lo que se dice. Y, sobre todo, en cuáles son las prioridades.
Si uno, además, repasa la abundante blogsfera taurina se dará cuenta de la absoluta inexistencia de liderazgo de quienes organizan cualquier actividad respecto a quienes dedican gran parte de su tiempo a ir a festejos taurinos y escribir en la red lo que opinan de la Fiesta y de sus protagonistas.
Con este panorama, supongo que alguien, más allá de la inmediata labor de tratar de conseguir que no triunfe la ILP, estará reflexionando sobre el modo en que el sector puede organizarse para tener una voz única (o, al menos, la voz más cualificada) en defensa de la Fiesta. Y aquí, lo de Cataluña es sólo una anécdota. Lo realmente esencial son otras muchas cosas: desde tratar de que se reduzca el IVA de las corridas de toros para ajustarlo a las demás actividades culturales, hasta que vuelva a haber retransmisiones por TVE, pasando por la unificación de los Reglamentos, la mejora en la selección y cuidado de los toros, la eliminación del fraude,...
Pero, sobre todo ello, hay algo en lo que se juega la verdadera pervivencia de la Fiesta: la necesidad de que la tauromaquia tenga una presencia habitual en la sociedad. Que la tenga en los Colegios a través de actividades divulgativas sobre la dehesa y la cría del toro bravo. Que la tenga en las televisiones con programas que aunen formación e información, rigor y diversión. Que la tenga en los periódicos con secciones taurinas que vayan más allá de un escueto resumen de los festejos y una continua muestra de personajes a favor y en contra de la ILP. Que la tenga en las librerías con más y mejores libros taurinos. Y que la tenga en el conjunto de la sociedad, tal y como venimos defendiendo desde hace ya tiempo, con alguna actividad que englobe a todo el sector y muestre anualmente la relevancia de lo acontencido en una actividad festiva y reivindicativa a la vez (algo así, como una Academia de la Tauromaquia con sus correspondiente Premios Anuales, como los tiene el Cine, la TV, el Teatro,...).
Se trata, en fin, de que los aficionados (y quienes no lo son) sean conscientes de que amar la tauromaquia es ser parte de una comunidad que no tiene por qué ser muy numerosa, pero sí es muy importante. Como la es la de quienes aman la ópera o el flamenco, el ballet o la escultura.
Y para ello, son los profesionales (toreros, ganaderos y empresarios fundamentalmente) quienes tienen que tomar conciencia de la necesidad de crear estructuras que más allá de la defensa de sus intereses, se preocupen de la difusión y puesta en valor de aquello que a ellos les da de comer y a muchos aficionados les da la vida. Y tienen que apostar por una transparencia sin la cual todos los actos que se están realizando serán perfectamente inútiles para el asentamiento y promoción de la cultura taurina en nuestra sociedad. Que es de lo que se trata.
Vamos, digo yo...
viernes, 22 de enero de 2010
La gestión de las plazas de toros
Gracias a la amable invitación de la Federación de Municipios de Madrid y de la Unión de Abonados, ayer jueves tuve la oportunidad de participar en una interesante Mesa Redonda sobre la gestión de las plazas de toros de titularidad pública en un escenario de crisis económica.
No es éste el lugar de desgranar el contenido de las intervenciones, algunas realmente jugosas y que dieron paso a un animado debate, pero sí quisiera dejar apuntados, de forma somera, cuáles fueron los ejes del planteamiento que realicé y que trataba de dar una respuesta (breve, pero heterodoxa y provocadora) a cinco preguntas:
1.- Cuál es la labor de los Ayuntamientos en relación con la gestión de sus plazas de toros. A mi juicio, su labor es de defensa y promoción de la cultura. Y, por tanto, deben enfocarlo del mismo modo que enfocan certámenes culturales, de teatro, de música, de literatura, de formación a jóvenes y mayores,... Es decir, sin pretender que les reporte un beneficio económico y sin ocuparse de cuál es la demanda de esa actividad concreta. Un Ayuntamiento no programa un espectáculo de danza, de flamenco o de jazz porque haya muchos aficionados en su municipio, sino porque creen que es su obligación defender y potenciar la cultura. Pues eso.
2.- Cuál es el mejor sistema de gestión. Hay una tendencia general a preferir el sistema de gestión directa, y de hecho ha dado muy buen resultado en varias plazas. Pero este sistema exige una verdadera involucración del Ayuntamiento en la promoción de la Fiesta. Si esta involucración existe, casi cualquier sistema sirve. El problema es que cuando hay concesiones el Ayuntamiento suele desentenderse. Por eso, el problema no es el sistema de gestión, sino hasta qué punto el Ayuntamiento está dispuesto a asumir su labor de promoción cultural a través del conocimiento, difusión y promoción de la tauromaquia.
3.- Qué importancia tiene la experiencia. Por desgracia, en la actualidad, muchísima. En muchos Pliegos recientes, entre el aspecto ecomómico (canon, precio de las entradas y reformas en la plaza) y la experiencia, suponían más del 63% de los elementos de valoración de la oferta. Esto es una barbaridad. Respecto a lo económico, por lo indicado en los apartados anteriores; y en cuanto a la experiencia, porque es un modo de cerrar las puertas a la promoción de empresarios emprendedores que lo están haciendo bien, pero que si es preciso haber gestionado una plaza de primera para gestionar cualquier plaza de primera y muchas de segunda, cuéntenme ustedes cómo puede aspirarlas a gestionar alguien que haya empezado desde abajo.
De este modo, a mi juicio, la experiencia (y una experiencia matizada, luego diré por qué) debería ser sólo un criterio para ser admitido en la contratación, pero superando esa experiencia mínima, lo único que debería valorarse es cuántos festejos se ofrecen, con qué toreros y ganaderías, qué difusión de la Fiesta se va a hacer además de los festejos taurinos, etc. ¿Y qué experiencia debe tenerse en cuenta? Pues cualquiera relacionada con el mundo del toro (toreros, ganaderos, apoderados, banderilleros,...) y no sólo empresarios; y cualquiera vinculada con el mundo de la cultura. Esto daría un imprescindible aire fresco a la Fiesta.
4.- ¿Es posible innovar en la gestión por los Ayuntamiento de las Plazas de Toros? Por supuesto. Y sólo dos ejemplos, aunque habría muchos más. El primero es mejorar la comodidad de las plazas; no hay ningún espectáculo (y menos aún, de connotaciones culturales) en el que el espectador sufra tal cúmulo de incomodidades (lluvia, viento, sol, rodillas en los riñones,...); algo deben hacer. Y el segundo es promover la tauromaquia como actividad cultural cotidiana, en temporada y fuera de ella, organizando conferencias, visualizaciones de vídeos, exposiciones,... elementos que vayan conformando un conocimientos y profundización en el rito y los valores.
5.- Cuál es la responsabilidad de los empresarios taurinos en el desarrollo futuro de la Fiesta. Una responsabilidad enorme. Y entre otras circunstancias deberían plantearse si es razonable que la celebración de espectáculos taurinos dependa de que los Ayuntamientos quieran organizarlos (y cómo) en los cosos de su propiedad. Aunque es costoso, deberían plantearse la necesidad de que hubiera más plazas a las que se pudiera sacar rentabilidad taurina y extra-taurina en una acomodación de los requisitos de celebración de las corridas a las exigencias de los espectadores (culturales) más exigentes del siglo XXI.
Esto, como digo, es un escueto resumen de lo que planteé. Con lo que se puede estar total o parcialmente a favor o en contra. Pero que creo puede proporcionar elementos suficientes para la reflexión y el debate.
No es éste el lugar de desgranar el contenido de las intervenciones, algunas realmente jugosas y que dieron paso a un animado debate, pero sí quisiera dejar apuntados, de forma somera, cuáles fueron los ejes del planteamiento que realicé y que trataba de dar una respuesta (breve, pero heterodoxa y provocadora) a cinco preguntas:
1.- Cuál es la labor de los Ayuntamientos en relación con la gestión de sus plazas de toros. A mi juicio, su labor es de defensa y promoción de la cultura. Y, por tanto, deben enfocarlo del mismo modo que enfocan certámenes culturales, de teatro, de música, de literatura, de formación a jóvenes y mayores,... Es decir, sin pretender que les reporte un beneficio económico y sin ocuparse de cuál es la demanda de esa actividad concreta. Un Ayuntamiento no programa un espectáculo de danza, de flamenco o de jazz porque haya muchos aficionados en su municipio, sino porque creen que es su obligación defender y potenciar la cultura. Pues eso.
2.- Cuál es el mejor sistema de gestión. Hay una tendencia general a preferir el sistema de gestión directa, y de hecho ha dado muy buen resultado en varias plazas. Pero este sistema exige una verdadera involucración del Ayuntamiento en la promoción de la Fiesta. Si esta involucración existe, casi cualquier sistema sirve. El problema es que cuando hay concesiones el Ayuntamiento suele desentenderse. Por eso, el problema no es el sistema de gestión, sino hasta qué punto el Ayuntamiento está dispuesto a asumir su labor de promoción cultural a través del conocimiento, difusión y promoción de la tauromaquia.
3.- Qué importancia tiene la experiencia. Por desgracia, en la actualidad, muchísima. En muchos Pliegos recientes, entre el aspecto ecomómico (canon, precio de las entradas y reformas en la plaza) y la experiencia, suponían más del 63% de los elementos de valoración de la oferta. Esto es una barbaridad. Respecto a lo económico, por lo indicado en los apartados anteriores; y en cuanto a la experiencia, porque es un modo de cerrar las puertas a la promoción de empresarios emprendedores que lo están haciendo bien, pero que si es preciso haber gestionado una plaza de primera para gestionar cualquier plaza de primera y muchas de segunda, cuéntenme ustedes cómo puede aspirarlas a gestionar alguien que haya empezado desde abajo.
De este modo, a mi juicio, la experiencia (y una experiencia matizada, luego diré por qué) debería ser sólo un criterio para ser admitido en la contratación, pero superando esa experiencia mínima, lo único que debería valorarse es cuántos festejos se ofrecen, con qué toreros y ganaderías, qué difusión de la Fiesta se va a hacer además de los festejos taurinos, etc. ¿Y qué experiencia debe tenerse en cuenta? Pues cualquiera relacionada con el mundo del toro (toreros, ganaderos, apoderados, banderilleros,...) y no sólo empresarios; y cualquiera vinculada con el mundo de la cultura. Esto daría un imprescindible aire fresco a la Fiesta.
4.- ¿Es posible innovar en la gestión por los Ayuntamiento de las Plazas de Toros? Por supuesto. Y sólo dos ejemplos, aunque habría muchos más. El primero es mejorar la comodidad de las plazas; no hay ningún espectáculo (y menos aún, de connotaciones culturales) en el que el espectador sufra tal cúmulo de incomodidades (lluvia, viento, sol, rodillas en los riñones,...); algo deben hacer. Y el segundo es promover la tauromaquia como actividad cultural cotidiana, en temporada y fuera de ella, organizando conferencias, visualizaciones de vídeos, exposiciones,... elementos que vayan conformando un conocimientos y profundización en el rito y los valores.
5.- Cuál es la responsabilidad de los empresarios taurinos en el desarrollo futuro de la Fiesta. Una responsabilidad enorme. Y entre otras circunstancias deberían plantearse si es razonable que la celebración de espectáculos taurinos dependa de que los Ayuntamientos quieran organizarlos (y cómo) en los cosos de su propiedad. Aunque es costoso, deberían plantearse la necesidad de que hubiera más plazas a las que se pudiera sacar rentabilidad taurina y extra-taurina en una acomodación de los requisitos de celebración de las corridas a las exigencias de los espectadores (culturales) más exigentes del siglo XXI.
Esto, como digo, es un escueto resumen de lo que planteé. Con lo que se puede estar total o parcialmente a favor o en contra. Pero que creo puede proporcionar elementos suficientes para la reflexión y el debate.
sábado, 16 de enero de 2010
Ignacio Sánchez Mejías - La Exposición
Durante las (siempre cortas) vacaciones de Navidad pude acercarme un par de días a Sevilla. Aunque las lluvias constantes recomendaban una canoa para recorrer sus carriles-bici (ya no hay casi lugar para el peatón), tuve la suerte de encontrar un día y medio sin aguaceros y poder disfrutar de su calles y de sus gentes.
Tenía especial interés en visitar la exposición que se ha organizado sobre Ignacio Sánchez Mejías en el Casino de la Exposición (justo detrás de la antigua Fábrica de Tabacos y luego Universidad, desde la que cada martes santo sale el impresionante Cristo de los Estudiantes de Juan de Mesa).
Para la mayoría de quienes tienen algún conocimiento de Ignacio SM, es sólo el torero que inspiró el Llanto de Federico García Lorca ("eran las cinco en punto de la tarde..."). Sin embargo, el sevillano, en el toreo y en la vida de su época fue mucho más. Fue quien "creó" la Generación del 27 invitando y costeando el viaje de diversos poetas a un acto de conmemoración de Góngora en el Ateneo de Sevilla, que es la celebración fundacional que da nombre a lo que después fue una generación tan diversa en estilos y calidad poética.
Ignacio fue, además, Presidente del Betis y de la Cruz Roja sevillana, crítico taurino durante un tiempo en el que glosó sus propias actuaciones en el ruedo, emprendedor de diversas empresas que le dieron abultados rendimientos económicos, amante generoso y variado, autor de teatro (y, en concreto, de la primera obra teatral de inspiración freudiana que se estrenó en nuestros escenarios), conferenciante en Nueva York,...
Por azares de la historia, Sánchez Mejías acabó muerto por la cornada de un toro de Ayala en Manzanares (Ciudad Real). O, para ser más precisos, por la falta de una adecuada atención médica después de la cornada, originada a partes iguales por el empeño del matador en que le trasladaran a Madrid, por el retraso de la ambulancia y por los escasos medios de la época.
Lo cierto es que la vida (y la obra) de Sánchez Mejías demuestran con una claridad deslumbrante que el torero no es (no tiene por qué ser) un personaje inculto y mediocre. Sino que puede unir su grandeza humana con el desarrollo de actividades artísticas variadas (toreo, literatura, mecenazgo,...).
La Exposición de Sevilla, repleta de objetos que testimonian esta vida azarosa y diversa del torero, muestran de forma didáctica no sólo la biografía de un artista, sino la explicación profunda de un tiempo y un país (las imágenes de principio de siglo con niños jugando al toro en las calles de Sevilla son auténticamente impagables).
Recomiendo a todos los que puedan que traten de acercarse a verla antes de que la clausuren a finales de mes. Y a los organizadores que, si es posible, la difundan en otros lugares de España.
(Con ocasión de los trabajos preparatorios de la exposición , Andrés Amorós ha ordenado y preparado para su publicación "La amargura del triunfo", breve pero interesantísima novela del torero, con un gran estudio introductorio, que continúa la importante biografía del maestro que publicó hace unos años en Alianza Editorial. Pero sobre la novela hablaremos otro día).
Tenía especial interés en visitar la exposición que se ha organizado sobre Ignacio Sánchez Mejías en el Casino de la Exposición (justo detrás de la antigua Fábrica de Tabacos y luego Universidad, desde la que cada martes santo sale el impresionante Cristo de los Estudiantes de Juan de Mesa).
Para la mayoría de quienes tienen algún conocimiento de Ignacio SM, es sólo el torero que inspiró el Llanto de Federico García Lorca ("eran las cinco en punto de la tarde..."). Sin embargo, el sevillano, en el toreo y en la vida de su época fue mucho más. Fue quien "creó" la Generación del 27 invitando y costeando el viaje de diversos poetas a un acto de conmemoración de Góngora en el Ateneo de Sevilla, que es la celebración fundacional que da nombre a lo que después fue una generación tan diversa en estilos y calidad poética.
Ignacio fue, además, Presidente del Betis y de la Cruz Roja sevillana, crítico taurino durante un tiempo en el que glosó sus propias actuaciones en el ruedo, emprendedor de diversas empresas que le dieron abultados rendimientos económicos, amante generoso y variado, autor de teatro (y, en concreto, de la primera obra teatral de inspiración freudiana que se estrenó en nuestros escenarios), conferenciante en Nueva York,...
Por azares de la historia, Sánchez Mejías acabó muerto por la cornada de un toro de Ayala en Manzanares (Ciudad Real). O, para ser más precisos, por la falta de una adecuada atención médica después de la cornada, originada a partes iguales por el empeño del matador en que le trasladaran a Madrid, por el retraso de la ambulancia y por los escasos medios de la época.
Lo cierto es que la vida (y la obra) de Sánchez Mejías demuestran con una claridad deslumbrante que el torero no es (no tiene por qué ser) un personaje inculto y mediocre. Sino que puede unir su grandeza humana con el desarrollo de actividades artísticas variadas (toreo, literatura, mecenazgo,...).
La Exposición de Sevilla, repleta de objetos que testimonian esta vida azarosa y diversa del torero, muestran de forma didáctica no sólo la biografía de un artista, sino la explicación profunda de un tiempo y un país (las imágenes de principio de siglo con niños jugando al toro en las calles de Sevilla son auténticamente impagables).
Recomiendo a todos los que puedan que traten de acercarse a verla antes de que la clausuren a finales de mes. Y a los organizadores que, si es posible, la difundan en otros lugares de España.
(Con ocasión de los trabajos preparatorios de la exposición , Andrés Amorós ha ordenado y preparado para su publicación "La amargura del triunfo", breve pero interesantísima novela del torero, con un gran estudio introductorio, que continúa la importante biografía del maestro que publicó hace unos años en Alianza Editorial. Pero sobre la novela hablaremos otro día).
lunes, 11 de enero de 2010
La entrevista del Periódico Extremadura
La contraportada del Periódico Extremadura publica hoy una entrevista que me ha realizado Javier Ortiz, a quien agradezco, junto a Carlos, la posibilidad de dar a conocer en mi tierra "La tauromaquia a través de sus conflictos" y reivindicar lo taurino en donde se encuentra, sin duda, la cuna de mi afición.El titular es muy periodístico y actual, aunque no sé si es el que mejor refleja el conjunto de la entrevista (probablemente, ninguna otra frase que se hubiera elegido podría resumir un conjunto tan heterogéneo de preguntas y respuestas). Lo cierto es que más que una afirmación categórica ("Los toros no se prohibirán") es un deseo, y casi un convencimiento de que, al menos esta vez, va a ser así, salvo que durante la tramitación tenga lugar algún acontecimiento ajeno a lo taurino que haga que muchos quieran reivindicar de forma estridente su diferenciación.
Por lo demás, he tenido la fortuna de coincidir con una tremenda nevada en Cáceres, como no se recordaba desde hace muchísimos años, de la que el Extremadura de hoy da buen reflejo gráfico. Además, el ejemplar incluye un reportaje sobre los quince monumentos cacereños incluidos en el Registro de Bienes de Interés Histórico y Cultural, que supone lo más granado del ya de por sí valioso patrimonio cacereño. Como me comentaba esta mañana mi madre, un periódico de los de guardar.
Lo que más me ha hecho reflexionar de la entrevista, sin embargo, no está en lo publicado, ni siquiera en el azar de coincidir con la historia y la meteorología, sino en una frase que me dijo Javier Ortiz, quien reconocía que no le interesaba mucho el mundo taurino, aunque estaba absolutamente en contra de cualquier prohibición. Me comentó que el mundo del toro le parecía "demasiado atávico y con una tendencia enfermiza a la autodestrucción, a predicar que todo lo de ahora (toros, toreros, público) es un desastre comparado con lo de hace cincuenta años".
Obviamente, no me preocupa lo de atávico (según la RAE "perteneciente o relativo al atavismo", que, en su segunda acepción -figurada-, es la "tendencia a imitar o mantener formas de vida, costumbres, etc. arcaicas"). Que el toreo supone algo que nos vincula con lo antiguo es algo evidente: hoy, en una sociedad como la nuestra, difícilmente podría surgir un ritual como este.
Ese no es el problema. Lo que me preocupa es que muchos jóvenes y no tan jóvenes que se preocupan de escuchar alguna vez un programa de radio taurino, de leer una crónica,... lo único que escuchan de los taurinos son lamentos. Críticas a este mundo, no a los que nos critican.
No hay más que darse una vuelta por la blogsfera taurina para comprobar que la mayoría de los blogs ocupan casi todas sus entradas en gruñir contra todos: ganaderos que afeitan y diluyen la bravura, toreros que torean "de mentira" y no quieren enfrentarse a toros a verdad, empresarios que están ahí sólo para robar a los espectadores, críticos taurinos que no son los suficienmente agresivos con toreros y ganaderos,... ¿Pretende alguien crear así nuevos aficionados? ¿Creen seriamente que si hubiera algún espectáculo del que oyeran hablar a sus partidarios así se acercarían a conocerlo de primera mano alguna vez?
No, no estoy pidiendo que se mienta, ni que se deje de criticar lo que es inadmisible. Lo que trato de afirmar es que cuando nos están dando mandobles desde fuera hasta en el carnet de identidad no haríamos nada mal por alentarnos entre nosotros y a los de fuera poniendo algo de énfasis en lo que de bueno hay (y es mucho) y criticando aquello que merece serlo, pero sólo de vez en cuando, de forma ponderaba y proponiendo soluciones factibles.
Al hilo de la entrada anterior (la relación de premiados del 2009), José María me decía que los premios reflejaban una temporada mejor de lo que en realidad lo había sido. No es casualidad: para mí ha habido y hay mucho bueno. Disfruto mucho cuando voy a una plaza. Y antes. Y después. Por eso, no estoy dispuesto a que nadie, y menos aún los supuestos defensores de una pureza que nunca ha sido tal, me amarguen la Fiesta. Sabiendo, además, que con sus reiteradas críticas, están ahuyentando de las plazas a quienes con su presencia nos harían mucho bien.
jueves, 7 de enero de 2010
La hora de los premiados (2009)
Recién estrenado el 2010 es buen momento de recuperar una tradición iniciada en la temporada del 2008: indicar cuáles son, a nuestro juicio (José María ya dirá) los mejores del año 2009.
El asunto surgió cuando planteamos la necesidad de que la tauromaquia tuviera unos premios anuales que agradecieran lo mucho que toreros, ganaderos, subalternos y aficionados en general nos habían hecho disfrutar en la temporada. Igual (o aún con más razón) que los tiene el cine o la relevisión.
Obviamente, la perspectiva es muy parcial, porque los festejos a los que he acudido son 61 en 13 plazas. Pero como no hay ninguna institución oficial (Ministerio de Cultura) o gremial (Mesa del Toro o similar) que hagan la labor, el asunto se resuelve con las estadísticas y los premios de los medios de comunicación y los diferentes blogs que en el ciberespacio existen.
El asunto surgió cuando planteamos la necesidad de que la tauromaquia tuviera unos premios anuales que agradecieran lo mucho que toreros, ganaderos, subalternos y aficionados en general nos habían hecho disfrutar en la temporada. Igual (o aún con más razón) que los tiene el cine o la relevisión.
Obviamente, la perspectiva es muy parcial, porque los festejos a los que he acudido son 61 en 13 plazas. Pero como no hay ninguna institución oficial (Ministerio de Cultura) o gremial (Mesa del Toro o similar) que hagan la labor, el asunto se resuelve con las estadísticas y los premios de los medios de comunicación y los diferentes blogs que en el ciberespacio existen.
- Mejor matador: José Tomás
- Mejor novillero: Thomas Jouber (antes Tomasito)
- Mejor rejoneador: Pablo Hermoso de Mendoza
- Mejor picador: desierto (hay quien lo hace bien con más o menos frecuencia, pero no ha habido ninguno este año que me haya llamado la atención de forma continuada por su buen hacer)
- Mejor banderillero: Curro Molina
- Mejor cuadrilla: La de “El Cid”
- Mejor faena del año: La de Esplá al 4º de la tarde del 5 de Junio de 2009 (Madrid). No sé si es la mejor, pero, sin duda, es una de las más emotivas y de las que se recordará largo tiempo.
- Mejor toro del año: desierto (no es un año para premiar mucho a los toros)
- Mejor ganadería: Núñez del Cuvillo
- Mejor feria: La de La Vendimia de Nimes
- Mejor tarde de toros: Pongamos varias, algunas en la que hemos estado y otras por la envidia de no haberlas vivido: la del 29 de mayo en Nimes (con indulto de Javier Conde y salida a hombros junto con José Tomas); la del 3 de agosto de 2009 en Huelva (por la gran tarde de toros de José Tomas, en la que El Cid también estuvo muy bien y Emilio Silvera estuvo); la encerrona de José Tomás el 5 de julio de 2009 en Barcelona (por la expectación y por el gesto), la del 5 de Junio de 2009 en Madrid (aunque sólo sea por la faena de Esplá), la del 21 de mayo de 2009 en Madrid (no se puede torear mejor de capote a un toro que como lo hizo Morante esa tarde),...
- Mejor actividad de difusión de la Fiesta: Todos los artículos de opinión contrarios a la tramitación de la ILP de Cataluña.
- Mejor obra gráfica taurina (cartel, cuadro, escultura, fotografía,...): La portada que Pablo Pámpano me ha regalado para el libro...
- Mejor obra escrita taurina: “La tauromaquia a través de sus conflictos” (perdón por la autocita, pero digo yo que habrá que ponerlo, ¿no?)
- Mejor empresario: Simón Casas (las dos Ferias de Nimes han sido sensacionales, y el que se haya quedado con Valencia es un reto importante en el que esperemos ponga en práctica en una feria tan importante como la de Fallas cosas que lleva afirmando mucho tiempo y ensañando en Francia).
- Mejor apoderado: ex aequo Salvador Boix (José Tomás) y Fernando Cepeda (Miguel Ángel Perera). (Igual que el año pasado). Y Curro Vázquez, que tiene dos toreros con los que pueden hacerse de las mejores combinanciones del 2010.
- Premios especiales: Enrique Ponce y Juli (por su afición), Morante de la Puebla (por el increible comienzo de temporada, con algunas faenas realmente impresionantes, con la pena de cómo no la he terminado con la misma fuerza y la esperanza de un año 2010 que puede ser mágico) y El Fundi (porque no se puede tener más mala suerte que la que a él le ha acompañado en una temporada que prometía ser más "tranquila"; a ver si de verdad 2010 podemos verle con ese reposo que da la experiencia y con algo más de fortuna).
lunes, 28 de diciembre de 2009
La tauromaquia a través de sus conflictos
La admisión a trámite parlamentario de la iniciativa para prohibir las corridas de toros en Cataluña constituye un fracaso que pone en evidencia tanto las debilidades de nuestro pluriforme sistema democrático, empecinado en legislar sobre el vacío y al margen de competencias irrenunciables, como las debilidades del taurinismo profesional, ese circuito cerrado de oscuros mecanismos y prácticas ignotas por donde trashuman la mediocridad y la vulgaridad.
El toreo es consecuencia de la belleza, de la inteligencia y de la verdad, ningún argumento más incontestable a favor de la fiesta de los toros que una faena de José Tomás en la Monumental de Barcelona o una verónica y media de Morante de la Puebla en la Maestranza.
Aún así, y toda vez que se han desterrado los toros de la vida pública por su nula o tergiversada presencia en la televisión, se hace cada vez más necesaria una exaltación de la tauromaquia cuya estrategia no puede ser otra que la del arte y la ciencia, y cuya única táctica posible es la de la excelencia.
Afortunadamente algunos, muy pocos, han llegado a este hora con los deberes hechos. Es el caso de Lorenzo Clemente Naranjo (Cáceres, 1970) autor del libro “La Tauromaquia a través de sus conflictos (Jurisprudencia Taurina)”, a mi juicio uno de los libros más trascendentes para la tauromaquia que se han escrito en los últimos años.
Lorenzo Clemente es socio abogado de Garrigues, abonado de la Plaza de las Ventas, abonado de honor de la Maestranza, crítico taurino, aficionado conspicuo e incansable (desde lo alto de las gradas de la pasada temporada más de sesenta tardes lo contemplan), además de un gran escritor y un buen amigo.
Yo he aprendido a ver los toros con Lorenzo, en los años de estudiante durante muchas tardes en Madrid y luego en las plazas de Sevilla, El Puerto y, claro está, Barcelona, donde asistimos a la reencarnación del monstruo de Galapagar.
Siempre he admirado en Lorenzo Clemente, así en los toros como en la vida, el don innato para analizar los problemas, reducirlos a los puntos esenciales y ofrecer soluciones ponderadas y razonables. Y, todavía más, la capacidad de hacerlo por escrito dejando que el argumento fluya como un río transparente lo cual es una cosa dificilísima.
Confieso que cuando me apremia la necesidad de tener una opinión sobre algo -porque hoy en día, según se sabe, hay que tener opinión de todo-, llamo a Lorenzo Clemente y al rato se despeja mi incertidumbre. Es bueno tener consejeros así que lo alivien a uno de la agotadora tarea de pensar.
De la intersección de la afición de Lorenzo por los toros, de su prestigioso talento como abogado y su natural capacidad para el análisis tenía que nacer esta obra, “La tauromaquia a través de su conflictos”, donde el autor hace un recorrido por la Jurisprudencia taurina de los últimos veinte años de una forma amena y elegante, extrayendo del farragoso y complicado mundo judicial un conjunto ilustrativo de sentencias que constituyen una vindicación en sí misma de la Fiesta y una clara exposición de motivos sobre el hecho evidente de que los toros están ahí y han sido, son y serán, objeto de Derecho. Lo cual, siendo el Derecho una cosa tan seria, es una afirmación más seria de lo que parece.
Aunque se trata de un libro para especialistas, y por eso ha sido editado por Aranzadi (Thomson Reuters), la habilidad de Lorenzo Clemente ha consistido en intercalar entre cada sentencia jugosos comentarios que no son anotaciones o escolios a pie de página sin más, sino prosa de clara calidad que permiten al no especialista e incluso al no aficionado regocijarse según se avanza en la lectura.
El libro consta de ocho capítulos, el primero de ellos se centra en la normativa y los reglamentos, el segundo analiza la concesión y explotación de las plazas, en el tercero se trata el conflictivo tema del apoderamiento, el cuarto es una surte de guía fiscal taurina, el quinto versa sobre las relaciones laborales y en el sexto se estudian algunos conflictos derivados de la competencia entre los variados gremios que intervienen en una corrida de toros.
Pero sin duda lo más interesante para el aficionado figura en los capítulos séptimo y octavo, en el primero, titulado “De lo taurino como excusa” asistimos a una suerte de conflictos delirantes o surrealistas como la compatibilidad de los menesteres de alguacilcillo con la baja por depresión, las consecuencias de la caída de un ascensor por la avalancha de los fans o la servidumbre de paso en el balcón de una plaza de pueblo.
Esta miscelánea es digna por si misma de figurar en un apéndice del Cossío, como el anecdotario taurino que consta en el tomo primero.
Hace gala Lorenzo Clemente en este capítulo de un fino humorismo que se torna más grave al analizar en el epígrafe octavo –“Tres procedimientos nada ejemplares y una apología del currismo”- el juicio por la propiedad de la cabeza del toro que segó la vida del Yiyo, el derecho de retransmisión de las imágenes de la agonía de Paquirri o la sentencia del Tribunal de Justicia de Cataluña –ahí es nada la actualidad del asunto- que dio la razón a Távora y a su Carmen, contrariando las disposiciones de la Generalidad que impidieron la lidia de un toro durante el espectáculo, entendiendo el Tribunal que la prohibición constituía “una conculcación del derecho fundamental invocado, libertad de creación artística.”
Si las competencias de este tribunal se extendieran, que deberían, a la iniciativa prohibicionista, estaríamos de suerte.
Termina el libro con una deliciosa apología del currismo en la que se revisa la sentencia que obligó a al declarar improcedente el despido de un reconocido “currista”, cuya afición le provocó un altercado con clientes y proveedores sobre la base de que el currismo es un sentimiento “indudable y notoriamente altruista a favor del diestro, arraigado y profundo como el que más, creador de una esperanza incondicional y de una forma de entender la vida por la que se exige el máximo respeto de quienes no –o sí- lo tienen y, cuando se falta a él, es previsible la reacción ardorosamente defensiva de quien lógica y naturalmente se siente ofendido”
Como nos sentimos ofendidos los aficionados con la admisión a trámite de la iniciativa para prohibir las corridas de toros en Cataluña de la que la única consecuencia positiva que puedo inferir es que Lorenzo Clemente nos debe regalar necesariamente una edición ampliada de esta magna obra que ya ha agotado en apenas un trimestre su primera edición y que lleva en la portada un precioso dibujo del reconocido ilustrador cacereño Pablo Pámpano.
El toreo es consecuencia de la belleza, de la inteligencia y de la verdad, ningún argumento más incontestable a favor de la fiesta de los toros que una faena de José Tomás en la Monumental de Barcelona o una verónica y media de Morante de la Puebla en la Maestranza.
Aún así, y toda vez que se han desterrado los toros de la vida pública por su nula o tergiversada presencia en la televisión, se hace cada vez más necesaria una exaltación de la tauromaquia cuya estrategia no puede ser otra que la del arte y la ciencia, y cuya única táctica posible es la de la excelencia.
Afortunadamente algunos, muy pocos, han llegado a este hora con los deberes hechos. Es el caso de Lorenzo Clemente Naranjo (Cáceres, 1970) autor del libro “La Tauromaquia a través de sus conflictos (Jurisprudencia Taurina)”, a mi juicio uno de los libros más trascendentes para la tauromaquia que se han escrito en los últimos años.
Lorenzo Clemente es socio abogado de Garrigues, abonado de la Plaza de las Ventas, abonado de honor de la Maestranza, crítico taurino, aficionado conspicuo e incansable (desde lo alto de las gradas de la pasada temporada más de sesenta tardes lo contemplan), además de un gran escritor y un buen amigo.
Yo he aprendido a ver los toros con Lorenzo, en los años de estudiante durante muchas tardes en Madrid y luego en las plazas de Sevilla, El Puerto y, claro está, Barcelona, donde asistimos a la reencarnación del monstruo de Galapagar.
Siempre he admirado en Lorenzo Clemente, así en los toros como en la vida, el don innato para analizar los problemas, reducirlos a los puntos esenciales y ofrecer soluciones ponderadas y razonables. Y, todavía más, la capacidad de hacerlo por escrito dejando que el argumento fluya como un río transparente lo cual es una cosa dificilísima.
Confieso que cuando me apremia la necesidad de tener una opinión sobre algo -porque hoy en día, según se sabe, hay que tener opinión de todo-, llamo a Lorenzo Clemente y al rato se despeja mi incertidumbre. Es bueno tener consejeros así que lo alivien a uno de la agotadora tarea de pensar.
De la intersección de la afición de Lorenzo por los toros, de su prestigioso talento como abogado y su natural capacidad para el análisis tenía que nacer esta obra, “La tauromaquia a través de su conflictos”, donde el autor hace un recorrido por la Jurisprudencia taurina de los últimos veinte años de una forma amena y elegante, extrayendo del farragoso y complicado mundo judicial un conjunto ilustrativo de sentencias que constituyen una vindicación en sí misma de la Fiesta y una clara exposición de motivos sobre el hecho evidente de que los toros están ahí y han sido, son y serán, objeto de Derecho. Lo cual, siendo el Derecho una cosa tan seria, es una afirmación más seria de lo que parece.
Aunque se trata de un libro para especialistas, y por eso ha sido editado por Aranzadi (Thomson Reuters), la habilidad de Lorenzo Clemente ha consistido en intercalar entre cada sentencia jugosos comentarios que no son anotaciones o escolios a pie de página sin más, sino prosa de clara calidad que permiten al no especialista e incluso al no aficionado regocijarse según se avanza en la lectura.
El libro consta de ocho capítulos, el primero de ellos se centra en la normativa y los reglamentos, el segundo analiza la concesión y explotación de las plazas, en el tercero se trata el conflictivo tema del apoderamiento, el cuarto es una surte de guía fiscal taurina, el quinto versa sobre las relaciones laborales y en el sexto se estudian algunos conflictos derivados de la competencia entre los variados gremios que intervienen en una corrida de toros.
Pero sin duda lo más interesante para el aficionado figura en los capítulos séptimo y octavo, en el primero, titulado “De lo taurino como excusa” asistimos a una suerte de conflictos delirantes o surrealistas como la compatibilidad de los menesteres de alguacilcillo con la baja por depresión, las consecuencias de la caída de un ascensor por la avalancha de los fans o la servidumbre de paso en el balcón de una plaza de pueblo.
Esta miscelánea es digna por si misma de figurar en un apéndice del Cossío, como el anecdotario taurino que consta en el tomo primero.
Hace gala Lorenzo Clemente en este capítulo de un fino humorismo que se torna más grave al analizar en el epígrafe octavo –“Tres procedimientos nada ejemplares y una apología del currismo”- el juicio por la propiedad de la cabeza del toro que segó la vida del Yiyo, el derecho de retransmisión de las imágenes de la agonía de Paquirri o la sentencia del Tribunal de Justicia de Cataluña –ahí es nada la actualidad del asunto- que dio la razón a Távora y a su Carmen, contrariando las disposiciones de la Generalidad que impidieron la lidia de un toro durante el espectáculo, entendiendo el Tribunal que la prohibición constituía “una conculcación del derecho fundamental invocado, libertad de creación artística.”
Si las competencias de este tribunal se extendieran, que deberían, a la iniciativa prohibicionista, estaríamos de suerte.
Termina el libro con una deliciosa apología del currismo en la que se revisa la sentencia que obligó a al declarar improcedente el despido de un reconocido “currista”, cuya afición le provocó un altercado con clientes y proveedores sobre la base de que el currismo es un sentimiento “indudable y notoriamente altruista a favor del diestro, arraigado y profundo como el que más, creador de una esperanza incondicional y de una forma de entender la vida por la que se exige el máximo respeto de quienes no –o sí- lo tienen y, cuando se falta a él, es previsible la reacción ardorosamente defensiva de quien lógica y naturalmente se siente ofendido”
Como nos sentimos ofendidos los aficionados con la admisión a trámite de la iniciativa para prohibir las corridas de toros en Cataluña de la que la única consecuencia positiva que puedo inferir es que Lorenzo Clemente nos debe regalar necesariamente una edición ampliada de esta magna obra que ya ha agotado en apenas un trimestre su primera edición y que lleva en la portada un precioso dibujo del reconocido ilustrador cacereño Pablo Pámpano.
domingo, 27 de diciembre de 2009
Frágil memoria... de la temporada del 2009
Este año he visto probablemente más toros y en más plazas que ninguno otro de los anteriores. He añadido a mi lista de plazas las de Valdemorillo, Huelva, Badajoz, Almendralejo y Nimes, de las cuales destaco sin duda alguna esta última (interesantísimo ver toros allí) y la del Huelva. He vuelto después de algún tiempo a Toledo y he repetido en Vistalegre, Olivenza, Sevilla, Las Ventas, Barcelona, El Puerto de Santa María, San Sebastián de los Reyes y Zaragoza. He faltado a Algeciras por imposibilidad de cuadrarlo en el calendario lúdico-festivo, aunque espero que haya sido sólo por este año.
Al final, ha habido grandes tardes, momentos de tremenda emoción: el festival homenaje a Adrián Gómez, los capotazos de Morante en Madrid el 21 de mayo, la encerrona de José Tomás en Barcelona y su última tarde de la temporada en esa misma plaza, la cornada a Israel Lancho, el gran ambiente previo al mano a mano de Morante y el Cid con toros de Victorino en La Maestranza,... Ha habido un plantel de toreros extraordinarios, algunos de ellos en verdadera sazón. Pero la temporada no ha sido buena. Tengo para mí que los toros han embestido menos que otras temporadas y eso ha arruinado completamente ferias como la de Abril y, junto con unos carteles muy mal diseñados, han reducido notablemente la posibilidad de triunfos en Madrid.
Al final, la afición sigue intacta, incluso reforzada. Y ya estamos ansiosos por ver cuándo será la primera del 2010: ¿Valdemorillo, Vistalegre,...?
Los datos numéricos de 2009 son estos:
Al final, ha habido grandes tardes, momentos de tremenda emoción: el festival homenaje a Adrián Gómez, los capotazos de Morante en Madrid el 21 de mayo, la encerrona de José Tomás en Barcelona y su última tarde de la temporada en esa misma plaza, la cornada a Israel Lancho, el gran ambiente previo al mano a mano de Morante y el Cid con toros de Victorino en La Maestranza,... Ha habido un plantel de toreros extraordinarios, algunos de ellos en verdadera sazón. Pero la temporada no ha sido buena. Tengo para mí que los toros han embestido menos que otras temporadas y eso ha arruinado completamente ferias como la de Abril y, junto con unos carteles muy mal diseñados, han reducido notablemente la posibilidad de triunfos en Madrid.
Al final, la afición sigue intacta, incluso reforzada. Y ya estamos ansiosos por ver cuándo será la primera del 2010: ¿Valdemorillo, Vistalegre,...?
Los datos numéricos de 2009 son estos:
- Valdemorillo - 2
- Vistalegre - 1
- Olivenza - 3
- Sevilla - 5
- Las Ventas - 32
- Toledo - 1
- Badajoz - 1
- Barcelona - 2
- Huelva - 2
- El Puerto de Santa María - 4
- Almendralejo - 1
- San Sebastián de los Reyes - 2
- Nimes - 4
- Zaragoza - 1
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Cataluña y los toros: las trampas de algunos argumentos de defensa de la Fiesta
Finalmente, los parlamentarios catalanes decidieron seguir adelante con la ILP. Por una escasa mayoría. Aunque veremos qué pasa al final. Puede ser que haya parlamentarios que hayan considerado oportuno que se tramitara la Iniciativa, pero que finalmente no voten a favor de la prohibición, o puede ser (no es descartable) que la votación final no pueda tener lugar antes de que se disuelva el Parlament, que hace extinguirse todas las iniciativas que en ese momento se estén tramitando.
Días más tarde, el PSC ha anunciado que votará en contra y tratará de buscar fórmulas de consenso. Alguien ha aludido incluso a corridas a la portuguesa o situaciones intermedias. ¡Cuidado con quienes con defienden así! Esto no es transaccionable. En las corridas de toros el toro muere en la plaza. Y eso es más ajustado a su naturaleza y menos cruento que dejarlo varios días herido en los corrales hasta que se le lleva al matadero (como sucede a veces en Portugal).
También la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, indicó en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del pasado viernes, según afirma el diario El Mundo, que la decisión del Parlament "se sitúa en el ámbito de las competencia de esa Cámara", por lo que "el Gobierno respeta, como no puede ser de otra manera, esa decisión" y que las corridas de toros cuentan "con un amplio respaldo en la sociedad" por lo que el Ejecutivo "no es partidario de prohibir, sino de decidir en libertad".
Vayamos por partes.
Primero: NO es verdad que la decisión del Parlament se sitúe en su ámbito competencial. No es éste el lugar de extendernos en este asunto, pero baste con decir que, conforme a la Constitución, el Estado tiene la competencia exclusiva en la "Defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la exportación y la expolicación (...)" y que "Estado considerará el servicio de la cultura como deber y atribución esencial". Y de acuerdo con la doctrina del Tribunal Constitucional, al Estado le corresponde la preservación del patrimonio cultural común.
Por tanto, si convenimos (y no puede ser de otra forma) que la tauromaquia es un patrimonio cultural común en España, la prohibición de esta manifestación cultural en una Comunidad Autónoma excede cualquier competencia autonómica. Y el Estado tiene mecanismos para recurrir cualquier decisión que trate de adoptarse en este sentido.
Considerar que la actuación del Parlament se realiza en el ejercicio de sus competencias es renunciar "a priori" a esta facultad, que entiendo debería ejercer el Gobierno si finalmente llega a aprobarse una legislación que impida en Cataluña la celebración de espectáculos taurinos.
Como digo, se trata sólo de un apunte. Podría realizarse un análisis más detallado de esta cuestión y aportarse otros argumento de orden jurídico, pero no es éste el lugar adecuado. Para quienes estén interesados recomiendo fervientemente el artículo "La prohibición de los espectáculos taurinos: problemas constitucionales", de Gabriel Doménech Pascual, en el nº 40 de la Revista Jurídica de Castilla La Mancha (mayo 2006), en el que se realiza una explicación tremendamente clara y detallada de la cuestión.
Pero hay otra de las afirmaciones utilizadas por la vicepresidenta que me preocupa al menos tanto como la anterior, que es la mención al "amplio respaldo en la sociedad". ¿Qué sucede, que la libertad puede ejercitarse sólo en relación con las actividades que resultan mayoritarias? ¿Es lícito prohibir las manifestación culturales o las aficiones que sólo profesen unos cientos o miles de personas?
La necesidad de defender, potenciar y permitir la Fiesta no está vinculada con el número de adeptos con los que cuente. Eso puede ser un criterio importante para valorar el rédito electoral que puede suponer su prohibición o su defensa. Pero la defensa de la libertad y la cultura es algo vinculado con los valores, no con los votos. Aunque no sé si los políticos serán ya capaces de entender algo que esté relacionado con los principios y no con el poder.
Sí me ha resultado pertinente la invitación que ha anunciado el Presidente andaluz, José Antonio Griñán, a los diputados catalanes, para que conozcan el "proceso medioambientalmente significativo" que suponen las dehesas donde se cría el toro bravo. Y especialmente gratificantes las declaraciones que hizo el Presidente extremeño Guillermo Fernández Vara en la entrega de unos premios taurinos en la que afirmó que "en los tiempos que corren no podemos escondernos, hay que salir y dar la cara en la defensa de la fiesta de los toros porque es parte de nuestra historia y de nuestra tradición, pero además son un importante factor económico y por el valor ecológico que aporta la dehesa".
Los representantes del PP que se han manifestado sobre esta cuestión lo han hecho todos rechazando la posibilidad de que se prohiban los toros en Cataluña, pero he de reconocer que no ha habido ningún argumento que me resulte sugestivo, novedoso o provocador, para ser resaltado o comentado. Sí me resulta interesante que vaya a presentarse por el PP Andaluz una moción en el Parlamento Andaluz para defender la fiesta de los toros. Veremos con qué texto y sobre qué argumentos.
Y es que la defensa de la Fiesta resulta siempre fundamental. Y probablemente ahora más importante, o tanto, como en algunos periodos muy concretos de nuestra historia. Pero no vale cualquier argumento. Porque algunos son sólo cortoplacistas y coyunturales, y, en consecuencia, conducen a que exista una perpetua discusión sobre las razones de fondo. Son éstas las que deben ponerse sobre la mesa: las de la libertad y la cultura. Y el necesario compromiso del Estado en su defensa. Más allá de cuántos seamos, de lo que económicamente signifiquemos y de las competencias autonómicas que traten de arguirse para acabar con la libertad y la cultura.
Días más tarde, el PSC ha anunciado que votará en contra y tratará de buscar fórmulas de consenso. Alguien ha aludido incluso a corridas a la portuguesa o situaciones intermedias. ¡Cuidado con quienes con defienden así! Esto no es transaccionable. En las corridas de toros el toro muere en la plaza. Y eso es más ajustado a su naturaleza y menos cruento que dejarlo varios días herido en los corrales hasta que se le lleva al matadero (como sucede a veces en Portugal).
También la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, indicó en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del pasado viernes, según afirma el diario El Mundo, que la decisión del Parlament "se sitúa en el ámbito de las competencia de esa Cámara", por lo que "el Gobierno respeta, como no puede ser de otra manera, esa decisión" y que las corridas de toros cuentan "con un amplio respaldo en la sociedad" por lo que el Ejecutivo "no es partidario de prohibir, sino de decidir en libertad".
Vayamos por partes.
Primero: NO es verdad que la decisión del Parlament se sitúe en su ámbito competencial. No es éste el lugar de extendernos en este asunto, pero baste con decir que, conforme a la Constitución, el Estado tiene la competencia exclusiva en la "Defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la exportación y la expolicación (...)" y que "Estado considerará el servicio de la cultura como deber y atribución esencial". Y de acuerdo con la doctrina del Tribunal Constitucional, al Estado le corresponde la preservación del patrimonio cultural común.
Por tanto, si convenimos (y no puede ser de otra forma) que la tauromaquia es un patrimonio cultural común en España, la prohibición de esta manifestación cultural en una Comunidad Autónoma excede cualquier competencia autonómica. Y el Estado tiene mecanismos para recurrir cualquier decisión que trate de adoptarse en este sentido.
Considerar que la actuación del Parlament se realiza en el ejercicio de sus competencias es renunciar "a priori" a esta facultad, que entiendo debería ejercer el Gobierno si finalmente llega a aprobarse una legislación que impida en Cataluña la celebración de espectáculos taurinos.
Como digo, se trata sólo de un apunte. Podría realizarse un análisis más detallado de esta cuestión y aportarse otros argumento de orden jurídico, pero no es éste el lugar adecuado. Para quienes estén interesados recomiendo fervientemente el artículo "La prohibición de los espectáculos taurinos: problemas constitucionales", de Gabriel Doménech Pascual, en el nº 40 de la Revista Jurídica de Castilla La Mancha (mayo 2006), en el que se realiza una explicación tremendamente clara y detallada de la cuestión.
Pero hay otra de las afirmaciones utilizadas por la vicepresidenta que me preocupa al menos tanto como la anterior, que es la mención al "amplio respaldo en la sociedad". ¿Qué sucede, que la libertad puede ejercitarse sólo en relación con las actividades que resultan mayoritarias? ¿Es lícito prohibir las manifestación culturales o las aficiones que sólo profesen unos cientos o miles de personas?
La necesidad de defender, potenciar y permitir la Fiesta no está vinculada con el número de adeptos con los que cuente. Eso puede ser un criterio importante para valorar el rédito electoral que puede suponer su prohibición o su defensa. Pero la defensa de la libertad y la cultura es algo vinculado con los valores, no con los votos. Aunque no sé si los políticos serán ya capaces de entender algo que esté relacionado con los principios y no con el poder.
Sí me ha resultado pertinente la invitación que ha anunciado el Presidente andaluz, José Antonio Griñán, a los diputados catalanes, para que conozcan el "proceso medioambientalmente significativo" que suponen las dehesas donde se cría el toro bravo. Y especialmente gratificantes las declaraciones que hizo el Presidente extremeño Guillermo Fernández Vara en la entrega de unos premios taurinos en la que afirmó que "en los tiempos que corren no podemos escondernos, hay que salir y dar la cara en la defensa de la fiesta de los toros porque es parte de nuestra historia y de nuestra tradición, pero además son un importante factor económico y por el valor ecológico que aporta la dehesa".
Los representantes del PP que se han manifestado sobre esta cuestión lo han hecho todos rechazando la posibilidad de que se prohiban los toros en Cataluña, pero he de reconocer que no ha habido ningún argumento que me resulte sugestivo, novedoso o provocador, para ser resaltado o comentado. Sí me resulta interesante que vaya a presentarse por el PP Andaluz una moción en el Parlamento Andaluz para defender la fiesta de los toros. Veremos con qué texto y sobre qué argumentos.
Y es que la defensa de la Fiesta resulta siempre fundamental. Y probablemente ahora más importante, o tanto, como en algunos periodos muy concretos de nuestra historia. Pero no vale cualquier argumento. Porque algunos son sólo cortoplacistas y coyunturales, y, en consecuencia, conducen a que exista una perpetua discusión sobre las razones de fondo. Son éstas las que deben ponerse sobre la mesa: las de la libertad y la cultura. Y el necesario compromiso del Estado en su defensa. Más allá de cuántos seamos, de lo que económicamente signifiquemos y de las competencias autonómicas que traten de arguirse para acabar con la libertad y la cultura.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Televisión Española
Sería inexplicable que todas las personalidades que se han manifestado en contra de la ILP no sumaran su energía para que se retransmitan corridas de toros en Televisión Española.
En caso de prosperar la prohibición, ¿cortarían la señal en Cataluña de Tendido Cero -nunca mejor puesto el número- y qué consecuencias (ninguna) se derivarían de ello?
Bueno, la SER, que se sepa, ya lo hacía con su señal principal en Barcelona los domingos o con su sección de toros en la edición catalana de EL PAÍS, diariamente.
¿Y por qué lo hacía? Ahora a hacerse cruces...
En fin, lo dicho, cartas a TVE, tipo ILP, para que se retransmitan corridas de toros.
Se puede hacer aquí.
Por cierto, que no consta la pregunta entre las habituales.
A ver qué nos responden (Vae victis!)
En caso de prosperar la prohibición, ¿cortarían la señal en Cataluña de Tendido Cero -nunca mejor puesto el número- y qué consecuencias (ninguna) se derivarían de ello?
Bueno, la SER, que se sepa, ya lo hacía con su señal principal en Barcelona los domingos o con su sección de toros en la edición catalana de EL PAÍS, diariamente.
¿Y por qué lo hacía? Ahora a hacerse cruces...
En fin, lo dicho, cartas a TVE, tipo ILP, para que se retransmitan corridas de toros.
Se puede hacer aquí.
Por cierto, que no consta la pregunta entre las habituales.
A ver qué nos responden (Vae victis!)
jueves, 17 de diciembre de 2009
Cataluña y los toros: ¡Es la libertad!
En estos días, casi todos los medios de comunicación se hacen eco de la votación que tendrá lugar mañana en el Parlamento de Cataluña sobre la Iniciativa Legislativa Popular que propugna una modificación legislativa que prohiba la celebración de corridas de toros en Cataluña.
Es una pena que lo taurino sólo llegue a las portadas de los periódicos o a los informativos cuando se trata de dar malas noticias (prohibiciones o cornadas), pero no cuando hay que celebrar la pujanza de una manifestación cultural de primer orden. No en el día a día de la temporada. Narrando los triunfos y los fracasos de toreros y ganaderos. Como ha sido siempre. Y como corresponde, si hubiera la más mínima ética periodística, a su importancia social y económica como segundo espectáculo de masas en España. Aunque de esto, además de una profesión periódistica bastante mediocre en general, también tienen la culpa los taurinos con su ostracismo, opacidad y nula capacidad para mirar más allá de su cuenta de resultados diaria.
En cualquier caso, es evidente que lo que se ha planteado como un debate animalista es, sin embargo, una discusión identitaria. Y, en el fondo, un debate sobre la libertad.
Si los que proponen la iniciativa y los que la apoyan fueran honestos (que es obvio que no lo son) dirían que quieren prohibir los toros para extirpar de Cataluña un espectáculo asociado con España. Pero el problema es que, planteado así, la discusión es relativamente simple. Por un lado porque, aunque les pese, en España hay una sola soberanía que reside en el conjunto del pueblo español. Y porque todo el pueblo español lo ha querido, nuestro país se ha organizado de un modo en que los distintos territorios que lo componen pueden legislar y organizar su convivencia dentro de determinados límites. Pero eso no convierte a cada "Parlamento" es una fuente nueva de legitimidad democrática, sino en un mero instrumento de organización funcional de la única fuente de poder soberano que es el conjunto de los españoles. Y, en consecuencia, no es lícito, ni legítimo, ni legalmente admisible, que una parte del todo legisle para diferenciarse de la fuente originaria del poder que ejerce. Y, por otro, porque el espectáculo taurino tiene una entidad que supera ampliamente los límites geográficos del Estado español. Y el sur de Francia es un ejemplo muy cercano geográficamente a Cataluña que evidencia como la afición taurina no requiere un pasaporte del sur de los Pirineos.
En lo que respecta a los animales, una primera consideración obvia: los animales no tienen "derechos", cualidad exclusivamente humana. Otra cosa es que, por respeto a nuestra condición humana, se nos exija tratar a los animales de un modo acorde con su naturaleza. Pero el debate será siempre entre seres humanos, y los derechos que resultan de la organización jurídica de la que sólo nosotros nos dotamos y sólo en atención a lo que corresponde a los valores e intereses de la raza humana. Esto ha sido siempre evidente para quienes compartían su vida con la naturaleza en el ámbito rural, para quienes amaban (aman) a los animales, pero son conscientes de que hay que tratarlos como animales, como corresponde a cada animal. Pero en una sociedad cada día más urbana mucho creen que los animales hablan, se casan, tienen hijos a los que llevan al colegio y con quienes se sientan a comer en una mesa viendo la televisión,... Y de este supino desconocimiento de los animales surgen propuestas descabelladas de ecologistas de salón que nunca han visto a un animal en su hábitat.
Precisamente porque la cuestión es tratar a los animales conforme a su naturaleza y en tanto sirvan a la especie humana, la Iniciativa Legislativa Popular adolece de dos tremendan incongruencias: una sustancial y otra anecdótica. Empezando por esta última, prohibir los toros y autorizar y "proteger" los corre-bous es de un cinismo cósmico. El trato que recibe el toro de lidia en una corrida de toros se compadece de forma bastante coherente con su naturaleza (de hecho, se le permite "luchar" y desarrollar su instinto, y lo hace), y eso no sucede (o sucede en mucho menor medida) en los corre-bous. Que haya que proteger los corre-bous por razones electorales y prohibir los toros porque no impacta en las urnas es sólo una muestra más de lo falaz de los términos en los que se ha planteado la discusión.
Pero decía que había una incongruencia sustancial. Si los toros se prohiben por la defensa del animal, habría que prohibir la cría y consumo de cualquier animal. O dicho de otro modo: salvo que uno considere que no cabe ninguna forma de consumo de carne y de cría y domesticación de los animales, la Fiesta es el ámbito en el que a un animal se le trata de forma más respetuosa con “su” identidad y “sus” caracteres propios, como ha demostrado de forma magistral el filósofo francés Francis Wolff en su genial libro “La filosofía de las corridas de toros”. Por tanto, si no se considera razonable, adecuado o posible prohibir la cría y consumo de animales, lo que no es coherente es prohibir las corridas de toros, que suponen un modo de relación con el animal mucho más acorde con su naturaleza que la que se mantiene, por ejemplo, con los pollos, desde su nacimiento hasta su pronta muerte, pasando por un engorde rápido de hormonas.
Otra cosa es que lo que se pretenda defender es que no puede haber un espectáculo en el que haya quien se "divierta" con el sufrimiento de un animal. Porque aquí, después de recordar que ningún aficionado va a la plaza a ver sufrir a un animal, y menos a divertirse a su costa, de lo que estamos hablando es de un ejercicio de libertad. Esto es, de si unos cuantos pueden imponer su visión del mundo y de la ocupación del tiempo libre al resto (aunque este resto sea una minoría). Y aquí, la respuesta es contundente: no es posible. Más aún, es un ejercicio totalitario.
Prohibir los toros es limitar la libertad: la libertad de creación del torero, la libertad de sentimiento y de celebración festiva del espectador, la libertad de empresa del ganadero y del organizador de espectáculos taurinos, la libertad de los Ayuntamientos para incorporar los toros como parte de su patrocinio cultural y festivo. Y es importante recordar que la libertad no es fraccionable. Que la historia nos enseña que cuando se empiezan recortando derechos y libertades a determinados colectivos, o en determinados espacios, lo habitual es que el poder público acabe considerando que sólo él puede determinar qué derechos y libertades son procedentes en cada momento y para cada individuo o grupo de individuos. Lo cual no suele traer buenas consecuencias.
Tengo para mí que la Iniciativa Legislativa Popular, por quien la impulsa y por quien la apoya, no es sino una manifestación más de quienes tratan de imponer legalmente su visión del mundo y la exigencia de que todos nos comportemos conforme a lo que ellos consideran correcto. O sea, una manifestación del más puro totalitarismo.
Por eso, más aún que por la defensa de la tauromaquia, hay que tratar de impedir que llegue a aprobarse. Porque lo que está en juego es mucho más que si vamos a poder ir o no a Barcelona a ver a José Tomás. Lo que se discute mañana en Cataluña es si cada individuo puede actuar conforme a sus creencias, valores y principios, siempre que esto permita a todos los demás actuar también conforme a sus creencias, valores y principios, o si hay quien puede determinar cuáles son las mejores creencias, valores y principios, a los que todos tenemos que ajustar nuestro comportamiento.
Ustedes me dirán.
Es una pena que lo taurino sólo llegue a las portadas de los periódicos o a los informativos cuando se trata de dar malas noticias (prohibiciones o cornadas), pero no cuando hay que celebrar la pujanza de una manifestación cultural de primer orden. No en el día a día de la temporada. Narrando los triunfos y los fracasos de toreros y ganaderos. Como ha sido siempre. Y como corresponde, si hubiera la más mínima ética periodística, a su importancia social y económica como segundo espectáculo de masas en España. Aunque de esto, además de una profesión periódistica bastante mediocre en general, también tienen la culpa los taurinos con su ostracismo, opacidad y nula capacidad para mirar más allá de su cuenta de resultados diaria.
En cualquier caso, es evidente que lo que se ha planteado como un debate animalista es, sin embargo, una discusión identitaria. Y, en el fondo, un debate sobre la libertad.
Si los que proponen la iniciativa y los que la apoyan fueran honestos (que es obvio que no lo son) dirían que quieren prohibir los toros para extirpar de Cataluña un espectáculo asociado con España. Pero el problema es que, planteado así, la discusión es relativamente simple. Por un lado porque, aunque les pese, en España hay una sola soberanía que reside en el conjunto del pueblo español. Y porque todo el pueblo español lo ha querido, nuestro país se ha organizado de un modo en que los distintos territorios que lo componen pueden legislar y organizar su convivencia dentro de determinados límites. Pero eso no convierte a cada "Parlamento" es una fuente nueva de legitimidad democrática, sino en un mero instrumento de organización funcional de la única fuente de poder soberano que es el conjunto de los españoles. Y, en consecuencia, no es lícito, ni legítimo, ni legalmente admisible, que una parte del todo legisle para diferenciarse de la fuente originaria del poder que ejerce. Y, por otro, porque el espectáculo taurino tiene una entidad que supera ampliamente los límites geográficos del Estado español. Y el sur de Francia es un ejemplo muy cercano geográficamente a Cataluña que evidencia como la afición taurina no requiere un pasaporte del sur de los Pirineos.
En lo que respecta a los animales, una primera consideración obvia: los animales no tienen "derechos", cualidad exclusivamente humana. Otra cosa es que, por respeto a nuestra condición humana, se nos exija tratar a los animales de un modo acorde con su naturaleza. Pero el debate será siempre entre seres humanos, y los derechos que resultan de la organización jurídica de la que sólo nosotros nos dotamos y sólo en atención a lo que corresponde a los valores e intereses de la raza humana. Esto ha sido siempre evidente para quienes compartían su vida con la naturaleza en el ámbito rural, para quienes amaban (aman) a los animales, pero son conscientes de que hay que tratarlos como animales, como corresponde a cada animal. Pero en una sociedad cada día más urbana mucho creen que los animales hablan, se casan, tienen hijos a los que llevan al colegio y con quienes se sientan a comer en una mesa viendo la televisión,... Y de este supino desconocimiento de los animales surgen propuestas descabelladas de ecologistas de salón que nunca han visto a un animal en su hábitat.
Precisamente porque la cuestión es tratar a los animales conforme a su naturaleza y en tanto sirvan a la especie humana, la Iniciativa Legislativa Popular adolece de dos tremendan incongruencias: una sustancial y otra anecdótica. Empezando por esta última, prohibir los toros y autorizar y "proteger" los corre-bous es de un cinismo cósmico. El trato que recibe el toro de lidia en una corrida de toros se compadece de forma bastante coherente con su naturaleza (de hecho, se le permite "luchar" y desarrollar su instinto, y lo hace), y eso no sucede (o sucede en mucho menor medida) en los corre-bous. Que haya que proteger los corre-bous por razones electorales y prohibir los toros porque no impacta en las urnas es sólo una muestra más de lo falaz de los términos en los que se ha planteado la discusión.
Pero decía que había una incongruencia sustancial. Si los toros se prohiben por la defensa del animal, habría que prohibir la cría y consumo de cualquier animal. O dicho de otro modo: salvo que uno considere que no cabe ninguna forma de consumo de carne y de cría y domesticación de los animales, la Fiesta es el ámbito en el que a un animal se le trata de forma más respetuosa con “su” identidad y “sus” caracteres propios, como ha demostrado de forma magistral el filósofo francés Francis Wolff en su genial libro “La filosofía de las corridas de toros”. Por tanto, si no se considera razonable, adecuado o posible prohibir la cría y consumo de animales, lo que no es coherente es prohibir las corridas de toros, que suponen un modo de relación con el animal mucho más acorde con su naturaleza que la que se mantiene, por ejemplo, con los pollos, desde su nacimiento hasta su pronta muerte, pasando por un engorde rápido de hormonas.
Otra cosa es que lo que se pretenda defender es que no puede haber un espectáculo en el que haya quien se "divierta" con el sufrimiento de un animal. Porque aquí, después de recordar que ningún aficionado va a la plaza a ver sufrir a un animal, y menos a divertirse a su costa, de lo que estamos hablando es de un ejercicio de libertad. Esto es, de si unos cuantos pueden imponer su visión del mundo y de la ocupación del tiempo libre al resto (aunque este resto sea una minoría). Y aquí, la respuesta es contundente: no es posible. Más aún, es un ejercicio totalitario.
Prohibir los toros es limitar la libertad: la libertad de creación del torero, la libertad de sentimiento y de celebración festiva del espectador, la libertad de empresa del ganadero y del organizador de espectáculos taurinos, la libertad de los Ayuntamientos para incorporar los toros como parte de su patrocinio cultural y festivo. Y es importante recordar que la libertad no es fraccionable. Que la historia nos enseña que cuando se empiezan recortando derechos y libertades a determinados colectivos, o en determinados espacios, lo habitual es que el poder público acabe considerando que sólo él puede determinar qué derechos y libertades son procedentes en cada momento y para cada individuo o grupo de individuos. Lo cual no suele traer buenas consecuencias.
Tengo para mí que la Iniciativa Legislativa Popular, por quien la impulsa y por quien la apoya, no es sino una manifestación más de quienes tratan de imponer legalmente su visión del mundo y la exigencia de que todos nos comportemos conforme a lo que ellos consideran correcto. O sea, una manifestación del más puro totalitarismo.
Por eso, más aún que por la defensa de la tauromaquia, hay que tratar de impedir que llegue a aprobarse. Porque lo que está en juego es mucho más que si vamos a poder ir o no a Barcelona a ver a José Tomás. Lo que se discute mañana en Cataluña es si cada individuo puede actuar conforme a sus creencias, valores y principios, siempre que esto permita a todos los demás actuar también conforme a sus creencias, valores y principios, o si hay quien puede determinar cuáles son las mejores creencias, valores y principios, a los que todos tenemos que ajustar nuestro comportamiento.
Ustedes me dirán.
sábado, 12 de diciembre de 2009
Este extraño calor del otoño (II) - José Tomás, Bilbao y Sevilla
Ayer, la empresa Pagés difundió un comunicado informando que José Tomás no acudiría a Sevilla la próxima temporada y acusando al diestro de ser el único responsable de la ruptura de las negociaciones. Dice la empresa, según recoge el portal burladero.com, que "se había aceptado todas las peticiones del torero e incluso estaba dispuesta a asumir cuantiosas pérdidas con tal de contratarle para el Domingo de Resurrección, pero en el último momento José Tomás ha decidido no aceptar la importante oferta económica de los empresarios Eduardo Canorea y Ramón Valencia".
Es evidente que un planteamiento así es absolutamente maniqueo. Nosotros hemos hecho un esfuerzo tremendo y el torero es un intransigente.
Quienes profesionalmente nos dedicamos a negociar contratos sabemos que cuando se produce la ruptura de cualquier negociación, ambas partes tienen razones sobradas para acusar a la otra de intransigente. En un caso como este, el problema que tenemos los aficionados es que carecemos de datos.
Álvaro Núñez del Cuvillo, según recoge cope.es, ha indicado que a José Tomás le ofrecían menos de lo que cobraba en algunas plazas de segunda (Jerez, Huelva o El Puerto de Santa María) y poco más de la mitad de lo que cobra en plazas de primera como Córdoba o Madrid. Sin duda, esta es otra visión de la noticia.
Cuánto deba cobrar un torero es algo siempre sujeto a discusión. Y José Tomás, en esto, es absolutamente intransigente. Cobra lo que cree que debe cobrar. Y sabe que eso supone muchas veces que las empresas pierdan dinero. Y, en ocasiones, que pierdan mucho dinero. Pero es su forma de ver cómo deben distribuirse los ingresos que genera el negocio taurino. Lo cual es absolutamente respetable.
Por eso, lo que ha hecho la empresa de Sevilla, acusando al torero y no dando dato alguno, es poco elegante.
A mí, como aficionado, lo que me gustaría es que las cuentas del toreo fueran más claras. Saber, por ejemplo, lo que paga la empresa Pagés a La Maestranza, lo que paga a cada torero, a cada ganadero, lo que ingresa por entradas en cada corrida, lo que percibe por Digital +,... Sólo de este modo podríamos valorar cada uno si lo que pide el torero es mucho, o si lo que hace es intentar un equilibrio más acorde de los ingresos con los riesgos (o sea, que el empresario de Sevilla, que riesgo no va a tener mucho porque la asistencia a la Plaza varía escasamente haga los carteles que haga, tenga escasos beneficios, como corresponde a cualquier negocio sin riesgo; y que los toreros, que algo de riesgo sí que asumen, sean los que se lleven casi todo lo que genera el negocio taurino).
El hecho de que José Tomás cobre mucho dinero, en contra de lo que podría pensarse, no va en detrimento de los ingresos de los demás toreros, sino que supone un efecto positivo para los honorarios de todos ellos. Como en su momento supuso el alza que impuso Manolete, El Cordobés o cualquier otra figura de las que ham mandado en el escalafón.
Y, además, el de Galapagar ha dado muestras suficientes de que lo que le importa no es el dinero que cobre, sino dejar claro que sus honorarios los fija él. Y que la empresa tiene que tragar. El ejemplo más claro ha sido lo que ha sucedido en Bilbao. El año pasado no fue y la empresa argumentó lo mismo: que había pedido una cantidad imposible y que había sido intransigente al no aceptar una reducción de veinte o treinta mil euros. El torero calló. Este año, coincidiendo con el centenario del Club Cocherito, irá a Bilbao por el dinero que no quisieron pagarle el año pasado. Y justo cuando se cerró la negociación, el torero anunció que donaba íntegros los honorarios a obras de beneficencia en Bilbao. Entonces, ¿era un problema de dinero o de otra cosa?
A mi juicio, la explicación es siempre la misma: JT está reivindicando un nuevo modo de organizar la Fiesta. Y, por desgracia, es el único que lo hace. Supongamos que tuvieran actitudes similares Morante, Ponce, Juli, Manzanares, Castella, Cayetano, Perera, Luque y dos o tres más. A más de uno le dan convulsiones sólo de pensarlo.
Con la ausencia de JT en el cartel del Domingo de Resurrección, se caen también de Sevilla los toros de Núñez del Cuvillo, aunque la empresa quería que fueran aunque no fuera el de Galapagar y ha mostrado su extrañeza porque el ganadero se niegue. Pero esto da para otro debate.
Ahora habrá que ver dónde hace el paseíllo en esa fecha, si en Málaga, como otros años -aunque en éste la gestión la lleva Rivera, con el que es evidente no hay una química especial- o si tendrá algún gesto reivindicativo: Huelva, El Puerto, Jerez o Córdoba, por su cercanía, o Madrid. Ya veremos...
(Por cierto, José María, perdón por invadir tus dominios... Ya nos dirás cómo lo ve un abonado de La Maestranza)
Es evidente que un planteamiento así es absolutamente maniqueo. Nosotros hemos hecho un esfuerzo tremendo y el torero es un intransigente.
Quienes profesionalmente nos dedicamos a negociar contratos sabemos que cuando se produce la ruptura de cualquier negociación, ambas partes tienen razones sobradas para acusar a la otra de intransigente. En un caso como este, el problema que tenemos los aficionados es que carecemos de datos.
Álvaro Núñez del Cuvillo, según recoge cope.es, ha indicado que a José Tomás le ofrecían menos de lo que cobraba en algunas plazas de segunda (Jerez, Huelva o El Puerto de Santa María) y poco más de la mitad de lo que cobra en plazas de primera como Córdoba o Madrid. Sin duda, esta es otra visión de la noticia.
Cuánto deba cobrar un torero es algo siempre sujeto a discusión. Y José Tomás, en esto, es absolutamente intransigente. Cobra lo que cree que debe cobrar. Y sabe que eso supone muchas veces que las empresas pierdan dinero. Y, en ocasiones, que pierdan mucho dinero. Pero es su forma de ver cómo deben distribuirse los ingresos que genera el negocio taurino. Lo cual es absolutamente respetable.
Por eso, lo que ha hecho la empresa de Sevilla, acusando al torero y no dando dato alguno, es poco elegante.
A mí, como aficionado, lo que me gustaría es que las cuentas del toreo fueran más claras. Saber, por ejemplo, lo que paga la empresa Pagés a La Maestranza, lo que paga a cada torero, a cada ganadero, lo que ingresa por entradas en cada corrida, lo que percibe por Digital +,... Sólo de este modo podríamos valorar cada uno si lo que pide el torero es mucho, o si lo que hace es intentar un equilibrio más acorde de los ingresos con los riesgos (o sea, que el empresario de Sevilla, que riesgo no va a tener mucho porque la asistencia a la Plaza varía escasamente haga los carteles que haga, tenga escasos beneficios, como corresponde a cualquier negocio sin riesgo; y que los toreros, que algo de riesgo sí que asumen, sean los que se lleven casi todo lo que genera el negocio taurino).
El hecho de que José Tomás cobre mucho dinero, en contra de lo que podría pensarse, no va en detrimento de los ingresos de los demás toreros, sino que supone un efecto positivo para los honorarios de todos ellos. Como en su momento supuso el alza que impuso Manolete, El Cordobés o cualquier otra figura de las que ham mandado en el escalafón.
Y, además, el de Galapagar ha dado muestras suficientes de que lo que le importa no es el dinero que cobre, sino dejar claro que sus honorarios los fija él. Y que la empresa tiene que tragar. El ejemplo más claro ha sido lo que ha sucedido en Bilbao. El año pasado no fue y la empresa argumentó lo mismo: que había pedido una cantidad imposible y que había sido intransigente al no aceptar una reducción de veinte o treinta mil euros. El torero calló. Este año, coincidiendo con el centenario del Club Cocherito, irá a Bilbao por el dinero que no quisieron pagarle el año pasado. Y justo cuando se cerró la negociación, el torero anunció que donaba íntegros los honorarios a obras de beneficencia en Bilbao. Entonces, ¿era un problema de dinero o de otra cosa?
A mi juicio, la explicación es siempre la misma: JT está reivindicando un nuevo modo de organizar la Fiesta. Y, por desgracia, es el único que lo hace. Supongamos que tuvieran actitudes similares Morante, Ponce, Juli, Manzanares, Castella, Cayetano, Perera, Luque y dos o tres más. A más de uno le dan convulsiones sólo de pensarlo.
Con la ausencia de JT en el cartel del Domingo de Resurrección, se caen también de Sevilla los toros de Núñez del Cuvillo, aunque la empresa quería que fueran aunque no fuera el de Galapagar y ha mostrado su extrañeza porque el ganadero se niegue. Pero esto da para otro debate.
Ahora habrá que ver dónde hace el paseíllo en esa fecha, si en Málaga, como otros años -aunque en éste la gestión la lleva Rivera, con el que es evidente no hay una química especial- o si tendrá algún gesto reivindicativo: Huelva, El Puerto, Jerez o Córdoba, por su cercanía, o Madrid. Ya veremos...
(Por cierto, José María, perdón por invadir tus dominios... Ya nos dirás cómo lo ve un abonado de La Maestranza)
viernes, 27 de noviembre de 2009
Seminario El Toro en Madrid. Temporada 2009. 14 de noviembre de 2009. Segunda mesa redonda
De la segunda mesa redonda, lo que más me impresionó fue el alto nivel de la oratoria de los intervinientes, sobre todo de los ganaderos (muy divertido José Luis Lozano, tremendamente didáctico Álvaro Núñez del Cuvillo, muy bien El Boni,…).
Comenzó José Luis Lozano (Alcurrucén) exponiendo cómo el toro de los años cuarenta era mucho más chico que el actual, probablemente menos bravo (había menos selección), pero transmitía mucha más emoción que el de hoy en día. Y cómo fue en las décadas de los sesenta y setenta cuando la selección se hace más rigurosa.
Recordó cómo en Madrid siempre ha habido baile de corrales y cómo ello daba lugar a situaciones que hoy generarían verdadero problemas de orden público. Por ejemplo, por no aprobarse los toros tuvo que suspenderse la confirmación de Aparicio y Litri (que incluso de novilleros eran auténticas figuras y arrastraban masas de gente a las plazas de toros). ¿Qué le sucedería al empresario –se preguntaba-, si hoy tuviera que suspenderse una tarde de José Tomás en Madrid que, salvando las épocas, puede ser el equivalente en expectación a la que generaban aquellos jóvenes espadas?
Fue en los setenta y los ochenta cuando el toro se sube de peso. Y cuando los caballos también suben el peso de estos. En Madrid, se optó por traer el toro grande (y barato). Pero aún así siguió el baile de corrales. Ni el ganadero ni los veedores tenían claro qué querían los veterinarios de Madrid, qué podía lidiarse en Las Ventas.
Recuerda que cuando ellos llegaron a la gestión de la Plaza de Las Ventas tratan de alcanzar un acuerdo con los distintos sectores implicados y, aunque les costó un tiempo, a partir de los años 94 ó 95 el asunto fue normalizándose y disminuyeron notablemente los problemas en los corrales.
El ganadero, explicó, es el auténtico “sufridor” de la Fiesta: si sale una corrida buena, los medios de comunicación llaman a todo el mundo… menos al ganadero; pero si en cualquier plaza (una plaza de tercera portátil) uno echa un petardo, hasta el portero de tu casa, cuando sales a las ocho de la mañana, te saluda diciendo “Ayer no hubo suerte, eh, don José Luis,…”.
Álvaro Núñez del Cuvillo explicó cómo el mercado tiene que ajustarse a los cambios de la demanda. Y eso va a llevar tiempo.
En lo relativo al toro, considera que en Madrid se ha alcanzado un equilibrio que permite conocer razonablemente el tipo de toro que debe lidiarse en esta plaza. Para él, trapío es “seriedad, edad y hechuras”.
El toro bravo, por su raza, es un animal mediano. Y recuerda cómo Pepe Luis decía que lo que da miedo de la bala no es su tamaño, sino la velocidad. El toro interesante es el bravo, el que mete la cara, embiste hasta el final. Y no el toro que se defiende. Hay que valorar la entrega del toro hasta el final.
Victorino Martín (hijo) analizó de forma muy inteligente cómo cuanto más rural es una sociedad, más ve la Fiesta desde el toro. Y cuanto más urbana, más la aprecia desde el torero.
Reconoce que la temporada 2009 no ha sido buena.
Aún así, defiende a los ganaderos “toristas”. Cree que han marcado ciertas pautas que más tarde han seguido los “comerciales”, de forma que alguno de estos últimos han avanzado mucho (en presencia, acometividad, bravura,…). Pero para este avance fue esencial lo que hicieron los propietarios de las ganaderías más duras.
Al toro se le pide más que nunca. Pero es cierto que probablemente le falte ahora algo de casta.
Concluyó recordando que hay que avanzar mucho en la comunicación de la Fiesta en la sociedad.
Diego Urdiales manifestó, sobre todo, lo que pesa la Plaza de Las Ventas. Pero también como es de las pocas donde los triunfos realmente sirven.
El Boni centró gran parte de su intervención en diversas explicaciones sobre la lidia en Madrid. Señaló, por ejemplo, que la disminución del abombamiento del ruedo en las últimas temporadas ha permitido mejoras en la lidia. Con la inclinación que había antes, el toro iba a la suerta de varas cuesta abajo, podía empujar con facilidad hasta las tablas, y sacar desde ahí al toro del caballo es más difícil hacerlo que desde el tercio.
Reconoce que en la actualidad se lidia, en general, muy mal. Pero él va más allá. Considera que se tienta poco por los banderilleros; y que también se hace muy mal. Para tratar de remediarlo considera que debería ser la Agrupación de Banderilleros la que diera el carnet de profesional.
Aún así, la lidia en Madrid es relativamente sencilla porque el ruedo es muy grande y eso permite desenvolverse con cierta holgura.
En cuanto al modo de fijar al toro mientras el caballo de picar trata de colocarse en el lugar donde va a realizarse la suerte explica cómo si no se sujeta al toro en el burladero el toro no se queda quieto. Pero también es consciente de que una vez en el burladero hay que tratar de no tocarlo más.
Finalizadas las intervenciones iniciales, el moderador planteó varias cuestiones a los participantes en la mesa.
La primera, sobre el lugar por el que debe salir y retirarse el caballo para realizar la suerte de varas. Boni cree que debe irse por el mismo lugar por donde se ha colocado (lo cual dejaría libre la zona por donde puede sujetarse al toro y deben empezar a colocarse los banderilleros).
Diego Urdiales es de la opinión de que cuanto más cerca salga el caballo de donde tiene que realizar la suerte, mucho mejor. Pero recuerda, además, que los Presidentes deben ser más pacientes a la hora de cambiar el primer tercio. Aun esa primera fase se extienda, hasta que no se pare al toro no debería cambiarse.
José Luis Lozano, sin embargo, considera que el caballo debe salir por la puerta de los caballos y volver por dentro (o sea, como se hace actualmente). Pero sí cree que se debe ser más flexible en la colocación del caballo, y llevarlo a la querencia del toro (hay que arrimar la silla al piano, no el piano a la silla). Las corridas no son corridas-concurso y no hay por qué irse al siete: antes se picaba en el diez o en el uno.
Victorino opina que el caballo debe salir y recogerse por la Puerta Grande y picarlo donde ahora.
En lo relativo a las fundas, Victorino comenta que se ponen porque resuelve el problema que tenían algunos ganaderos para lidiar, debido al desgaste que el toro se producía en los pitones por escarbar con ellos. Esto se debe, en general, a dietas faltas de fibra o cría en espacios reducidos. En todo caso, al toro se le maneja mucho, no hay buenos vaqueros para hacerlo, esto es un manejo más, y eso al toro no le sienta nada bien.
Álvaro Núñez, sin embargo, reconociendo que algunos ganaderos pueden utilizar las fundas para evitar el desgaste del toro, explica que, para ellos, la principal razón es reducir el número de bajas por las peleas entre animales, que disminuye enormemente con esta protección. Todo ello incrementa los manejos del toro, que ha pasado de ser semi-salvaje a semi-doméstico. Pero ellos no han notado una pérdida de acometividad, ya que, de hecho, durante la lidia hay más cornadas desde que se usan las fundas.
José Luis Lozano indica que ellos este es el primer año que las han utilizado y no han notado diferencia en el comportamiento.
Diego Urdiales, en cuanto a los manejos de los toros, cree que hace que los toros humillen menos y den más cabezazos. Tal vez no sea por las fundas, sino por las vacunas y todas las demás actuaciones que deben realizarse con los animales. Pero hay que tratar de reducirlas.
El Boni, en una simpática humorada, reconoció que está totalmente de acuerdo con las fundas… si salen con ellas a la plaza. Y, más en serio, explicó que él había hecho alguna tienta de animales con las fundas puestas y no había notado diferencia en el comportamiento. Le gustaría que se dejaran algunos animales totalmente salvajes, sin vacunas, fundas ni nada,… Y luego ver cómo resultan en la lidia. (Pienso que ya les gustaría a muchos ganaderos, pero la sanción que podrían recibir sería de órdago).
Explican los distintos intervinientes que algún toro que ha tenido que ser criado con biberón, luego no ha embestido nada.
Por último, en lo relativo a la movilidad del toro, el peso del peto, el caballo,… José Luis Lozano insiste en que se ha criado un toro más noble que nunca, pero que se le ha quitado la emoción. Álvaro Núñez no está de acuerdo con esta falta de emoción y Vicente Zabala apunta cómo el público ha perdido sensibilidad por las heridas a los toreros y la han aumentado por las lesiones de caballo y toro.
Álvaro Núñez explica que se tiende a un toro que se mueva más. Pero además de moverse el toro tiene que embestir. Y en eso se ha avanzado mucho respecto a los toros de hace diez o quince años.
José Luis Lozano, sin embargo, considera que si de verdad los toros se movieran serían muchos menos los toreros del escalafón.
Urdiales opina que el toro tiene más movilidad y fiereza que lo que él ha visto, teniendo en cuenta su edad. Y respecto a los vídeos de faenas más antiguas, el toro ha ganado en durabilidad y entrega.
En definitiva, una interesante mañana escuchando hablar de toros. Que para esta época en la que no hay toros es una de las mejores alternativas que uno puede imaginar.
Comenzó José Luis Lozano (Alcurrucén) exponiendo cómo el toro de los años cuarenta era mucho más chico que el actual, probablemente menos bravo (había menos selección), pero transmitía mucha más emoción que el de hoy en día. Y cómo fue en las décadas de los sesenta y setenta cuando la selección se hace más rigurosa.
Recordó cómo en Madrid siempre ha habido baile de corrales y cómo ello daba lugar a situaciones que hoy generarían verdadero problemas de orden público. Por ejemplo, por no aprobarse los toros tuvo que suspenderse la confirmación de Aparicio y Litri (que incluso de novilleros eran auténticas figuras y arrastraban masas de gente a las plazas de toros). ¿Qué le sucedería al empresario –se preguntaba-, si hoy tuviera que suspenderse una tarde de José Tomás en Madrid que, salvando las épocas, puede ser el equivalente en expectación a la que generaban aquellos jóvenes espadas?
Fue en los setenta y los ochenta cuando el toro se sube de peso. Y cuando los caballos también suben el peso de estos. En Madrid, se optó por traer el toro grande (y barato). Pero aún así siguió el baile de corrales. Ni el ganadero ni los veedores tenían claro qué querían los veterinarios de Madrid, qué podía lidiarse en Las Ventas.
Recuerda que cuando ellos llegaron a la gestión de la Plaza de Las Ventas tratan de alcanzar un acuerdo con los distintos sectores implicados y, aunque les costó un tiempo, a partir de los años 94 ó 95 el asunto fue normalizándose y disminuyeron notablemente los problemas en los corrales.
El ganadero, explicó, es el auténtico “sufridor” de la Fiesta: si sale una corrida buena, los medios de comunicación llaman a todo el mundo… menos al ganadero; pero si en cualquier plaza (una plaza de tercera portátil) uno echa un petardo, hasta el portero de tu casa, cuando sales a las ocho de la mañana, te saluda diciendo “Ayer no hubo suerte, eh, don José Luis,…”.
Álvaro Núñez del Cuvillo explicó cómo el mercado tiene que ajustarse a los cambios de la demanda. Y eso va a llevar tiempo.
En lo relativo al toro, considera que en Madrid se ha alcanzado un equilibrio que permite conocer razonablemente el tipo de toro que debe lidiarse en esta plaza. Para él, trapío es “seriedad, edad y hechuras”.
El toro bravo, por su raza, es un animal mediano. Y recuerda cómo Pepe Luis decía que lo que da miedo de la bala no es su tamaño, sino la velocidad. El toro interesante es el bravo, el que mete la cara, embiste hasta el final. Y no el toro que se defiende. Hay que valorar la entrega del toro hasta el final.
Victorino Martín (hijo) analizó de forma muy inteligente cómo cuanto más rural es una sociedad, más ve la Fiesta desde el toro. Y cuanto más urbana, más la aprecia desde el torero.
Reconoce que la temporada 2009 no ha sido buena.
Aún así, defiende a los ganaderos “toristas”. Cree que han marcado ciertas pautas que más tarde han seguido los “comerciales”, de forma que alguno de estos últimos han avanzado mucho (en presencia, acometividad, bravura,…). Pero para este avance fue esencial lo que hicieron los propietarios de las ganaderías más duras.
Al toro se le pide más que nunca. Pero es cierto que probablemente le falte ahora algo de casta.
Concluyó recordando que hay que avanzar mucho en la comunicación de la Fiesta en la sociedad.
Diego Urdiales manifestó, sobre todo, lo que pesa la Plaza de Las Ventas. Pero también como es de las pocas donde los triunfos realmente sirven.
El Boni centró gran parte de su intervención en diversas explicaciones sobre la lidia en Madrid. Señaló, por ejemplo, que la disminución del abombamiento del ruedo en las últimas temporadas ha permitido mejoras en la lidia. Con la inclinación que había antes, el toro iba a la suerta de varas cuesta abajo, podía empujar con facilidad hasta las tablas, y sacar desde ahí al toro del caballo es más difícil hacerlo que desde el tercio.
Reconoce que en la actualidad se lidia, en general, muy mal. Pero él va más allá. Considera que se tienta poco por los banderilleros; y que también se hace muy mal. Para tratar de remediarlo considera que debería ser la Agrupación de Banderilleros la que diera el carnet de profesional.
Aún así, la lidia en Madrid es relativamente sencilla porque el ruedo es muy grande y eso permite desenvolverse con cierta holgura.
En cuanto al modo de fijar al toro mientras el caballo de picar trata de colocarse en el lugar donde va a realizarse la suerte explica cómo si no se sujeta al toro en el burladero el toro no se queda quieto. Pero también es consciente de que una vez en el burladero hay que tratar de no tocarlo más.
Finalizadas las intervenciones iniciales, el moderador planteó varias cuestiones a los participantes en la mesa.
La primera, sobre el lugar por el que debe salir y retirarse el caballo para realizar la suerte de varas. Boni cree que debe irse por el mismo lugar por donde se ha colocado (lo cual dejaría libre la zona por donde puede sujetarse al toro y deben empezar a colocarse los banderilleros).
Diego Urdiales es de la opinión de que cuanto más cerca salga el caballo de donde tiene que realizar la suerte, mucho mejor. Pero recuerda, además, que los Presidentes deben ser más pacientes a la hora de cambiar el primer tercio. Aun esa primera fase se extienda, hasta que no se pare al toro no debería cambiarse.
José Luis Lozano, sin embargo, considera que el caballo debe salir por la puerta de los caballos y volver por dentro (o sea, como se hace actualmente). Pero sí cree que se debe ser más flexible en la colocación del caballo, y llevarlo a la querencia del toro (hay que arrimar la silla al piano, no el piano a la silla). Las corridas no son corridas-concurso y no hay por qué irse al siete: antes se picaba en el diez o en el uno.
Victorino opina que el caballo debe salir y recogerse por la Puerta Grande y picarlo donde ahora.
En lo relativo a las fundas, Victorino comenta que se ponen porque resuelve el problema que tenían algunos ganaderos para lidiar, debido al desgaste que el toro se producía en los pitones por escarbar con ellos. Esto se debe, en general, a dietas faltas de fibra o cría en espacios reducidos. En todo caso, al toro se le maneja mucho, no hay buenos vaqueros para hacerlo, esto es un manejo más, y eso al toro no le sienta nada bien.
Álvaro Núñez, sin embargo, reconociendo que algunos ganaderos pueden utilizar las fundas para evitar el desgaste del toro, explica que, para ellos, la principal razón es reducir el número de bajas por las peleas entre animales, que disminuye enormemente con esta protección. Todo ello incrementa los manejos del toro, que ha pasado de ser semi-salvaje a semi-doméstico. Pero ellos no han notado una pérdida de acometividad, ya que, de hecho, durante la lidia hay más cornadas desde que se usan las fundas.
José Luis Lozano indica que ellos este es el primer año que las han utilizado y no han notado diferencia en el comportamiento.
Diego Urdiales, en cuanto a los manejos de los toros, cree que hace que los toros humillen menos y den más cabezazos. Tal vez no sea por las fundas, sino por las vacunas y todas las demás actuaciones que deben realizarse con los animales. Pero hay que tratar de reducirlas.
El Boni, en una simpática humorada, reconoció que está totalmente de acuerdo con las fundas… si salen con ellas a la plaza. Y, más en serio, explicó que él había hecho alguna tienta de animales con las fundas puestas y no había notado diferencia en el comportamiento. Le gustaría que se dejaran algunos animales totalmente salvajes, sin vacunas, fundas ni nada,… Y luego ver cómo resultan en la lidia. (Pienso que ya les gustaría a muchos ganaderos, pero la sanción que podrían recibir sería de órdago).
Explican los distintos intervinientes que algún toro que ha tenido que ser criado con biberón, luego no ha embestido nada.
Por último, en lo relativo a la movilidad del toro, el peso del peto, el caballo,… José Luis Lozano insiste en que se ha criado un toro más noble que nunca, pero que se le ha quitado la emoción. Álvaro Núñez no está de acuerdo con esta falta de emoción y Vicente Zabala apunta cómo el público ha perdido sensibilidad por las heridas a los toreros y la han aumentado por las lesiones de caballo y toro.
Álvaro Núñez explica que se tiende a un toro que se mueva más. Pero además de moverse el toro tiene que embestir. Y en eso se ha avanzado mucho respecto a los toros de hace diez o quince años.
José Luis Lozano, sin embargo, considera que si de verdad los toros se movieran serían muchos menos los toreros del escalafón.
Urdiales opina que el toro tiene más movilidad y fiereza que lo que él ha visto, teniendo en cuenta su edad. Y respecto a los vídeos de faenas más antiguas, el toro ha ganado en durabilidad y entrega.
En definitiva, una interesante mañana escuchando hablar de toros. Que para esta época en la que no hay toros es una de las mejores alternativas que uno puede imaginar.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Seminario El Toro en Madrid. Temporada 2009. 14 de noviembre de 2009. Primera mesa redonda
Gran idea la que ha tenido la empresa de la Plaza de Toros de Las Ventas de organizar un seminario sobre el toro en Madrid durante la temporada del 2009. Y muy interesante el plantel de profesionales que, divididos en dos mesas redondas, dieron sus opiniones sobre diferentes aspectos relacionados con el comportamiento del toro y la lidia en este coso de la calle de Alcalá.
En la primera mesa redonda, Isabel Carpio, de la Unión de Criadores de Toros de lidia, expuso la peculiar dificultad de esta camada, tanto por los numerosos tratamientos a los que habían tenido que ser sometidos los animales, con su consiguiente manejo y “aprendizaje” en el campo (lengua azul, tuberculosis, etc.), como por la escasa pluviometría del último año. Su presentación puede consultarse en la propia web de la Plaza de las Ventas, donde también se recoge un interesante resumen del conjunto de las jornadas.
Desde una perspectiva económica, expuso cómo el coste de producción de un toro de lidia se encuentra entre cuatro mil y cinco mil euros y en el matadero puede venderse, a lo sumo, entre trescientos y cuatrocientos veinte euros. Lo cual implica que un toro que no puede venderse para su lidia supone una pérdida económica enorme para el ganadero.
Analizando la diversidad de reglamentos autonómicos detalló cómo el paso de novillo a toro puede producirse administrativamente, dependiendo de la Comunidad Autónoma, en cinco momentos distintos, lo cual supone una dificultad añadida para que los ganaderos organicen y enloten las camadas.
Este año calcula que ha habido unos 3.000 animales menos lidiados que la temporada pasada. Afortunadamente el año próximo la cifra será inferior ya que con la sequía del año 2005 el nivel de fecundación en el 2006 fue menor y, por tanto, hay menos animales herrados con ese guarismo.
Manuel Martínez Erice realizó una presentación en la que aportó numerosas estadísticas de la temporada. Destacar, entre las cifras, cómo en tres años el peso medio de los novillos se ha incrementado en 15 kilos y cómo este año se ha triplicado respecto al anterior el número de novillos devueltos. Es interesante comprobar la distribución de reses por encastes, que evidencia que en Madrid sí hay una verdadera preocupación por mantener la variedad de procedencias. Expuso también que el resultado de las corridas toristas fue bastante pobre. Y concluyó señalando que, en el conjunto de la temporada, el comportamiento de los toros medido por la reacción del público en el arrastre de las reses, ha sido prácticamente igual que en el año anterior. Aunque la sensación es que el éxito artístico de los matadores ha sido inferior.
Manuel Múñoz Infante, decano de los Presidentes de las Ventas, hizo interesantes consideraciones sobre la labor presidencial. Con unas se estará más de acuerdo que con otras, pero todas invitan a la reflexión. Comenzó afirmando que su labor es la plaza es tratar de que se cumpla “con rigor” el reglamento, lo cual no deja de ser una visión bastante pobre (a mi juicio) de la Fiesta. Y que también están para velar que el “espectáculo” se desarrolle con “seriedad” (particularmente me parece poco afortunado hablar de la Fiesta en términos de espectacularidad y prefiero la diversión y el disfrute a la seriedad, pero hay gente con otra perspectiva vital y de la tauromaquia).
En relación con la concesión de orejas y las protestas que algunos manifiestan cuando se dan algunos trofeos pedidos mayoritariamente sin haber pasado la criba de la aprobación de esos otros iniciados, afirmó, con bastante tino, que lo que no puede hacer un Presidente es generar un problema de orden público y que, por tanto, aunque personalmente no se esté siempre de acuerdo con la petición, es de justicia concederla.
Otro acierto, a mi juicio, fue su explicación sobre las razones que a veces le hacen retrasar la devolución de un toro o, nuevamente, la concesión de un trofeo. Señaló que sus actuaciones como Presidente son actuaciones administrativas sujetas a las normas sobre procedimiento administrativo. Y estas normas prevén un mecanismo de recurso contra los actos dictados por la Administración que, en el transcurso de una corrida de toros, se hace absolutamente inviable. Devolver un toro cuando no procede hacerlo o dejar de conceder una oreja que reglamentariamente debería haber sido concedida puede causar un perjuicio irreparable que debe tratar de evitarse. Otra cosa es (en mi opinión) que tal vez no tenga sentido que todo esto esté tan constreñido por normas de policía de carácter administrativo, pero eso es otro debate en el que no se entró.
También planteó (en un debate que fue más prolongado en la segunda mesa redonda) que el hecho de que el caballo de picar salga por la puerta de caballos y no, por ejemplo, por la puerta grande, supone ralenzatizar enormemente la lidia, normalmente poco afortunada, y hace lastimarse a algunos toros.
Finalizó señalando que el público de Madrid es cada vez más generoso, lo que hace que a veces los Presidentes tengan que ser más cauto y prestar una particular atención a los distintos aspectos que deben concurrir para dar un trofeo en esta Plaza (colocación de la espada, etc.). Una visión también de su labor “protectora” de la Fiesta cuando menos discutible.
Y propuso que se revise la posibilidad de salir a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas sin haber cortado dos orejas de un solo toro.
El veterinario Javier Fernández hizo una presentación especialmente ilustrativa sobre toros declarados no útiles para la lidia (los “rechazados” de siempre) y los toros devueltos. Comentó cómo al celebrarse el cincuenta aniversario de la Feria de San Isidro se realizó un estudio de la evolución del toro en esos años que dio como resultado que en cincuenta años el toro que se lidia había aumentado en cincuenta kilos de peso. Tendencia que se ha contenido en los últimos años y que puede estar en el origen de una enfermedad en el cartílago de la mano del toro que propicia las caidas. Apuntó la posibilidad de que el Reglamento fijara el peso máximo de los toros susceptible de ser lidiados, y no sólo el mínimo.
Planteó más tarde la paradoja de que el Reglamento exija un peso mínimo único para la lidia de toros y novillos dependiendo de la categoría de la Plaza cuando la propia Orden Ministerial que define el prototipo racial del toro de lidia establece los distintos encastes y cómo cada uno de ellos tiene una morfología y un peso distinto. ¿No sería más sensato adecuar el asunto de los pesos a los encastes, primero por justicia, pero también para evitar que alguna de las ganaderías con menos “caja” se extinga?
Se refirió también al hecho de que los toros pudieran estar varios días antes en La Venta del Batán, como se ha hecho tradicionalmente hasta que hubo que suspenderlo hace algunos años por razones epidemiológicas. De los toros que pasaban por El Batán se devolvía un 7/8%. De los que iban directamente desde la finca a los corrales de Las ventas el 22/23%. ¿No sería razonable tratar de recuperarlo?
Cree que este año ha habido más corridas completas que otros, de forma que en el premio que concede el Colegio de Veterinarios esta temporada hay más “finalistas” que en las anteriores.
Habló sobre la reciente costumbre de enfundar los pitones de los toros en el campo. Reconoce que evita problemas en el reconocimiento, pero va en "detrimento" de las ganaderías cornalonas (realmente lo que sucede es que pierden su ventaja competitiva porque las que lo son menos, con las fundas, pueden acercarse de forma considerable al tamaño de aquellas) y podría favorecer, aunque no está probado, la necrosis con pérdida de estructura ósea que hace muy frágiles los pitones. Además, obliga a un manejo adicional de los toros, lo cual podría llegar a influir en su lidia. Que esto sea o no una manipulación cree que es discutible. Por eso, van a pedir un dictamen al Ministerio para que se pronuncie sobre este asunto.
(Hasta aquí el resumen de la primera mesa redonda. En unos días la de los ganaderos y profesionales –Diego Urdiales, Victorino, etc.-)
En la primera mesa redonda, Isabel Carpio, de la Unión de Criadores de Toros de lidia, expuso la peculiar dificultad de esta camada, tanto por los numerosos tratamientos a los que habían tenido que ser sometidos los animales, con su consiguiente manejo y “aprendizaje” en el campo (lengua azul, tuberculosis, etc.), como por la escasa pluviometría del último año. Su presentación puede consultarse en la propia web de la Plaza de las Ventas, donde también se recoge un interesante resumen del conjunto de las jornadas.
Desde una perspectiva económica, expuso cómo el coste de producción de un toro de lidia se encuentra entre cuatro mil y cinco mil euros y en el matadero puede venderse, a lo sumo, entre trescientos y cuatrocientos veinte euros. Lo cual implica que un toro que no puede venderse para su lidia supone una pérdida económica enorme para el ganadero.
Analizando la diversidad de reglamentos autonómicos detalló cómo el paso de novillo a toro puede producirse administrativamente, dependiendo de la Comunidad Autónoma, en cinco momentos distintos, lo cual supone una dificultad añadida para que los ganaderos organicen y enloten las camadas.
Este año calcula que ha habido unos 3.000 animales menos lidiados que la temporada pasada. Afortunadamente el año próximo la cifra será inferior ya que con la sequía del año 2005 el nivel de fecundación en el 2006 fue menor y, por tanto, hay menos animales herrados con ese guarismo.
Manuel Martínez Erice realizó una presentación en la que aportó numerosas estadísticas de la temporada. Destacar, entre las cifras, cómo en tres años el peso medio de los novillos se ha incrementado en 15 kilos y cómo este año se ha triplicado respecto al anterior el número de novillos devueltos. Es interesante comprobar la distribución de reses por encastes, que evidencia que en Madrid sí hay una verdadera preocupación por mantener la variedad de procedencias. Expuso también que el resultado de las corridas toristas fue bastante pobre. Y concluyó señalando que, en el conjunto de la temporada, el comportamiento de los toros medido por la reacción del público en el arrastre de las reses, ha sido prácticamente igual que en el año anterior. Aunque la sensación es que el éxito artístico de los matadores ha sido inferior.
Manuel Múñoz Infante, decano de los Presidentes de las Ventas, hizo interesantes consideraciones sobre la labor presidencial. Con unas se estará más de acuerdo que con otras, pero todas invitan a la reflexión. Comenzó afirmando que su labor es la plaza es tratar de que se cumpla “con rigor” el reglamento, lo cual no deja de ser una visión bastante pobre (a mi juicio) de la Fiesta. Y que también están para velar que el “espectáculo” se desarrolle con “seriedad” (particularmente me parece poco afortunado hablar de la Fiesta en términos de espectacularidad y prefiero la diversión y el disfrute a la seriedad, pero hay gente con otra perspectiva vital y de la tauromaquia).
En relación con la concesión de orejas y las protestas que algunos manifiestan cuando se dan algunos trofeos pedidos mayoritariamente sin haber pasado la criba de la aprobación de esos otros iniciados, afirmó, con bastante tino, que lo que no puede hacer un Presidente es generar un problema de orden público y que, por tanto, aunque personalmente no se esté siempre de acuerdo con la petición, es de justicia concederla.
Otro acierto, a mi juicio, fue su explicación sobre las razones que a veces le hacen retrasar la devolución de un toro o, nuevamente, la concesión de un trofeo. Señaló que sus actuaciones como Presidente son actuaciones administrativas sujetas a las normas sobre procedimiento administrativo. Y estas normas prevén un mecanismo de recurso contra los actos dictados por la Administración que, en el transcurso de una corrida de toros, se hace absolutamente inviable. Devolver un toro cuando no procede hacerlo o dejar de conceder una oreja que reglamentariamente debería haber sido concedida puede causar un perjuicio irreparable que debe tratar de evitarse. Otra cosa es (en mi opinión) que tal vez no tenga sentido que todo esto esté tan constreñido por normas de policía de carácter administrativo, pero eso es otro debate en el que no se entró.
También planteó (en un debate que fue más prolongado en la segunda mesa redonda) que el hecho de que el caballo de picar salga por la puerta de caballos y no, por ejemplo, por la puerta grande, supone ralenzatizar enormemente la lidia, normalmente poco afortunada, y hace lastimarse a algunos toros.
Finalizó señalando que el público de Madrid es cada vez más generoso, lo que hace que a veces los Presidentes tengan que ser más cauto y prestar una particular atención a los distintos aspectos que deben concurrir para dar un trofeo en esta Plaza (colocación de la espada, etc.). Una visión también de su labor “protectora” de la Fiesta cuando menos discutible.
Y propuso que se revise la posibilidad de salir a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas sin haber cortado dos orejas de un solo toro.
El veterinario Javier Fernández hizo una presentación especialmente ilustrativa sobre toros declarados no útiles para la lidia (los “rechazados” de siempre) y los toros devueltos. Comentó cómo al celebrarse el cincuenta aniversario de la Feria de San Isidro se realizó un estudio de la evolución del toro en esos años que dio como resultado que en cincuenta años el toro que se lidia había aumentado en cincuenta kilos de peso. Tendencia que se ha contenido en los últimos años y que puede estar en el origen de una enfermedad en el cartílago de la mano del toro que propicia las caidas. Apuntó la posibilidad de que el Reglamento fijara el peso máximo de los toros susceptible de ser lidiados, y no sólo el mínimo.
Planteó más tarde la paradoja de que el Reglamento exija un peso mínimo único para la lidia de toros y novillos dependiendo de la categoría de la Plaza cuando la propia Orden Ministerial que define el prototipo racial del toro de lidia establece los distintos encastes y cómo cada uno de ellos tiene una morfología y un peso distinto. ¿No sería más sensato adecuar el asunto de los pesos a los encastes, primero por justicia, pero también para evitar que alguna de las ganaderías con menos “caja” se extinga?
Se refirió también al hecho de que los toros pudieran estar varios días antes en La Venta del Batán, como se ha hecho tradicionalmente hasta que hubo que suspenderlo hace algunos años por razones epidemiológicas. De los toros que pasaban por El Batán se devolvía un 7/8%. De los que iban directamente desde la finca a los corrales de Las ventas el 22/23%. ¿No sería razonable tratar de recuperarlo?
Cree que este año ha habido más corridas completas que otros, de forma que en el premio que concede el Colegio de Veterinarios esta temporada hay más “finalistas” que en las anteriores.
Habló sobre la reciente costumbre de enfundar los pitones de los toros en el campo. Reconoce que evita problemas en el reconocimiento, pero va en "detrimento" de las ganaderías cornalonas (realmente lo que sucede es que pierden su ventaja competitiva porque las que lo son menos, con las fundas, pueden acercarse de forma considerable al tamaño de aquellas) y podría favorecer, aunque no está probado, la necrosis con pérdida de estructura ósea que hace muy frágiles los pitones. Además, obliga a un manejo adicional de los toros, lo cual podría llegar a influir en su lidia. Que esto sea o no una manipulación cree que es discutible. Por eso, van a pedir un dictamen al Ministerio para que se pronuncie sobre este asunto.
(Hasta aquí el resumen de la primera mesa redonda. En unos días la de los ganaderos y profesionales –Diego Urdiales, Victorino, etc.-)
viernes, 13 de noviembre de 2009
¡Va por ustedes! - La entrevista
Mariano Pascal es, además de jurista, buen aficionado y comunicador. Mantiene espacio en la interesante web no-oficial de la Feria del Toro (vulgo, San Fermín). Y presenta en Onda Cero Navarra el programa ¡Va por ustedes! donde el pasado martes tuvo la generosidad de hacerme una entrevista para hablar de "La tauromaquia a través de sus conflictos". Si alguien quiere escuchar la grabación puede hacerlo aquí. Y les recomiendo que se suscriban al podcast porque el programa realmente merece la pena. Muchas gracias a Mariano desde este blog que también tuvo su fugaz aparición en el programa.
Tres apuntes rápidos. Uno: el libro se está vendiendo bastante bien; de hecho, en menos de un mes se ha vendido más de la mitad de la tirada. Dos: me ha hecho bastante ilusión ver que se está vendiendo también en una librería portuguesa; y me consta que hay ejemplares, además de en Portugal, en Francia y en Ecuador. Tres: mañana hay un interesante encuentro en Las Ventas para analizar el comportamiento del toro en la plaza de Madrid durante este año donde participan empresarios, ganaderos, periodistas, toreros,...: me pasaré por allí y trataré de escribir algo el domingo o la próxima semana.
Tres apuntes rápidos. Uno: el libro se está vendiendo bastante bien; de hecho, en menos de un mes se ha vendido más de la mitad de la tirada. Dos: me ha hecho bastante ilusión ver que se está vendiendo también en una librería portuguesa; y me consta que hay ejemplares, además de en Portugal, en Francia y en Ecuador. Tres: mañana hay un interesante encuentro en Las Ventas para analizar el comportamiento del toro en la plaza de Madrid durante este año donde participan empresarios, ganaderos, periodistas, toreros,...: me pasaré por allí y trataré de escribir algo el domingo o la próxima semana.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Este extraño calor del otoño (I) - Morante
El final de la temporada suele coincidir con noticias varias de cambios de apoderamiento, despedidas de toreros y movimientos en las cuadrillas. Pero este año, quizá porque el otoño se ha disfrazado de primavera, los acontecimientos han desbordado el apaciguamiento de los aficionados en estas fechas.
Morante se marcha con Curro Vázquez. La noticia ilusiona e inquieta a la vez. A nadie se le escapa que en los últimos meses Morante lo estaba pasando mal. Y parece que en eso tenían que ver no sólo las graves cornadas del Puerto de Santa María y San Sebastián de los Reyes, sino también un malestar físico derivado de la retención de líquidos que le ha ocasionado algún tratamiento. Y no debía ser ajeno el hecho de que el número de corridas superara con mucho las que puede degustar el paladar de un torero artista. Artista y valiente y técnico a la vez, como se ha demostrado esta temporada. Pero artista al fin y al cabo.
Morante ha debido considerar saldada la deuda de gratitud (o económica después de la extraña exclusiva del año pasado) con Sánchez Benito y se ha echado en brazos del de Linares. Extraños comportamientos los de estos toreros que a principio de temporada se enfrentan por no sé qué tonterías de una medalla y acaban compartiendo el mismo mentor. Los optimistas pensarán que Curro puede darle a Morante una prestancia que, sumada a su gracia y su valor, pueden hacer de él un torero aún más importante. Los escépticos pensarán que sólo busca un camino cómodo de plazas y de toros... ¿Como Cayetano?
A ver lo que dura. Y a ver si esto nos permite ver más tardes juntos a Morante y Cayetano. No será mala competencia para ellos, ni para los aficionados.
Morante se marcha con Curro Vázquez. La noticia ilusiona e inquieta a la vez. A nadie se le escapa que en los últimos meses Morante lo estaba pasando mal. Y parece que en eso tenían que ver no sólo las graves cornadas del Puerto de Santa María y San Sebastián de los Reyes, sino también un malestar físico derivado de la retención de líquidos que le ha ocasionado algún tratamiento. Y no debía ser ajeno el hecho de que el número de corridas superara con mucho las que puede degustar el paladar de un torero artista. Artista y valiente y técnico a la vez, como se ha demostrado esta temporada. Pero artista al fin y al cabo.
Morante ha debido considerar saldada la deuda de gratitud (o económica después de la extraña exclusiva del año pasado) con Sánchez Benito y se ha echado en brazos del de Linares. Extraños comportamientos los de estos toreros que a principio de temporada se enfrentan por no sé qué tonterías de una medalla y acaban compartiendo el mismo mentor. Los optimistas pensarán que Curro puede darle a Morante una prestancia que, sumada a su gracia y su valor, pueden hacer de él un torero aún más importante. Los escépticos pensarán que sólo busca un camino cómodo de plazas y de toros... ¿Como Cayetano?
A ver lo que dura. Y a ver si esto nos permite ver más tardes juntos a Morante y Cayetano. No será mala competencia para ellos, ni para los aficionados.
lunes, 2 de noviembre de 2009
La tauromaquia a través de sus conflictos
Hace algo menos de quince días ha visto la luz “La tauromaquia a través de sus conflictos (Jurisprudencia taurina)”, libro del que ya dimos noticia aquí brevemente hace unos meses. Como entonces indicamos, preferíamos esperar a verlo en las librerías para anunciarlo en este blog.
Se trata de una obra que, como indica la contraportada, recopila, ordena y comenta más de ciento sesenta sentencias de temática taurina.
El primer grupo de sentencias está relacionado directamente con la propia normativa taurina. Resuelven impugnaciones de matadores o subalternos contra sanciones impuestas por el desarrollo de la lidia (por no matar un toro, desobedecer las órdenes del presidente, ejecutar incorrectamente la suerte de varas,…), otras se pronuncian en relación con sanciones impuestas a ganaderos por supuestas manipulaciones de las astas o por contravenir algunas disposiciones que regulan el transporte de los toros. Hay sentencias también sobre la asistencia de los menores a los festejos taurinos y otras que resuelven las impugnaciones de las diversas asociaciones de profesionales taurinos contra los Reglamentos de 1992 y 1996.
Luego se analizan sentencias sobre las adjudicaciones y la explotación de las plazas de toros.
Se incluyen también sentencias que establecen las consecuencias (sobre todo económicas) de las rupturas de apoderamiento antes del plazo contractual acordado entre torero apoderado.
Las hay que se refieren a aspectos fiscales de los toreros: la consideración de sus ingresos como rendimientos de una actividad profesional o como rendimientos del trabajo, la deducibilidad de las entradas que compran para invitar a empresarios y otros profesionales taurinos, el régimen que se aplica a los ingresos que obtienen cuando torean en el extranjero,….
Otras, a cuestiones laborales: la impugnación del Convenio taurino por los principales sindicatos “de clase” (UGT y CCO), que a pesar de su escasísima presencia en este ámbito reivindican la necesidad de contar con ellos para su aprobación, diversas cuestiones en relación con diferentes despidos de subalternos y mozos de espada o asuntos relativos a las prestaciones por desempleo o jubilación.
También se analizan resoluciones en materia de derecho de la competencia, entre las cuales destaca el conflicto que se suscitó por la Asociación de Ganaderos frente a las limitaciones que establecían los Estatutos de la Unión de Criadores de Toros de Lidia para que los toros de sus asociados pastaran o se lidiaran junto a toros de ganaderos pertenecientes a otras organizaciones de ganaderos o se vendieran a terceros ajenos a la propia Unión, conflicto que desembocó en un procedimiento frente a todas las organizaciones de ganaderos porque todas ellas proponían a sus asociados un modelo de contrato, lo cual, a juicio de las autoridades en materia de competencia, impide que cada exista una verdadera competencia, al uniformar las condiciones de venta de los astados. Una resolución de gran interés para los aficionados por lo detallada que es en la exposición de las condiciones en las que se producen estas ventas.
Se analizan luego otras sentencias sobre diversos asuntos vinculados con la actividad taurina en cuestiones de lo más variopintas: la preferencia de las plazas de primera en la reseña de los toros, la propiedad de un abono taurino (en un curioso conflicto familiar), la marca “El Cordobés”, el alcance del derecho de rectificación (que no alcance, como pretendía un novillero, la obligación de modificar una crítica realizada por un periodista sobre la actuación de un diestro), la labor terapéutica que puede suponer el ejercicio de la actividad de “alguacilillo” y que hace que no sea incompatible con la situación de baja laboral o la obligación de un Hotel de indemnizar a un torero que sufrió heridas como consecuencia de la caída de un ascensor, tras la avalancha de los fans, que habían accedido a la habitación del diestro tras la oportuna indicación de los recepcionistas del Hotel.
Por último, se comentan en detalle cuatro sentencias especialmente relevantes para los aficionados: la que determinó a quién correspondía la propiedad de la cabeza del toro “Burlero”, que hirió mortalmente al Yiyo, las sentencias que abordan el alcance del derecho a la intimidad en relación con la difusión de las imágenes de Paquirri en la enfermería de Pozoblanco, las que establecen la ilegalidad de la prohibición de representar la ópera Carmen en la versión de Távora en Cataluña, argumentando que la inclusión del rejoneo de un toro en el intermedio vulneraba la normativa vigente, y la que declara la improcedencia del despido de un currista que había insultado a un cliente de la empresa en la que trabajaba, al entender el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que el currismo es un sentimiento “indudable y notoriamente altruista”.
El índice puede consultarse en la web de la editorial Aranzadi, que ofrece también en abierto el Prólogo y el Capítulo sobre el apoderamiento taurino.
Como puede apreciarse, es una obra en la que he tratado de resumir y explicar para los aficionados (más que para los juristas), cómo el toreo es una actividad tremendamente regulada y cómo son muchas las implicaciones del Derecho en la Fiesta. Y lo he hecho a través de la práctica totalidad de las sentencias dictadas en materia taurina por Tribunales revisores en los últimos quince o veinte años, es decir, a través de los conflictos generados en la interpretación y aplicación de esta regulación.
Desde su publicación, el libro me ha dado grandísimas alegrías.
En primer lugar, es una satisfacción que lo haya editado Aranzadi, la principal editorial jurídica española. Además, se han hecho eco de la publicación la práctica totalidad de los medios especializados.
La web Burladero y la página del programa "El Albero" de la COPE dieron la noticia de la publicación el mismo día que podía comprarse en Internet a través de la web de la editorial.
Al día siguiente, la edición diaria de Clarín (el programa taurino de RNE) se hizo también eco de la salida del libro.
El fin de semana pasado, Pedro Javier Cáceres hizo un comentario elogioso en su programa “La Divisa” de Intereconomía.
También Manolo Molés, en el programa “Los Toros” de la SER le dedicó unos minutos, en unos términos que debo igualmente agradecer.
La revista Aplausos le dedicaba esta pasada semana una nota que comenzaba con un agradable “Recomendamos…”
Los comentarios, también elogiosos, que me han hecho amigos, compañeros y algunos profesionales que han podido ver el libro, quiero atribuirlos a su generosidad. Una vez hayan podido leer el libro (o, al menos, ojearlo con cierto detalle, porque tampoco es exactamente un libro para leer de una sentada) , veremos las críticas reales. Tanto al modo de enfocar la selección y el comentario de las sentencias, como a la provocación que suponen algunas de las afirmaciones sobre empresarios, abonos, Administraciones Públicas, ganaderos,...
El libro está ya en las librerías jurídicas. En Madrid, por ejemplo, en Civitas (de la misma editorial Aranzadi), Lex Nova o Marcial Pons. Debo reconocer que me ha hecho especial ilusión ver hoy el libro precisamente en el centro del escaparate de Marcial Pons, la librería jurídica más tradicional de Madrid, justo a la vuelta del Tribunal Supremo.
En todo caso, de lo que me siento más orgulloso es de poder colaborar, aunque sea mínimamente, a reivindicar la Fiesta como parte de nuestra cultura y nuestra tradición. Y hacerlo destacando cómo esta multitud de sentencias no hacen sino demostrar la importante imbricación que los toros tienen en nuestra economía, nuestro arte y nuestra sociedad.
Se trata de una obra que, como indica la contraportada, recopila, ordena y comenta más de ciento sesenta sentencias de temática taurina.
El primer grupo de sentencias está relacionado directamente con la propia normativa taurina. Resuelven impugnaciones de matadores o subalternos contra sanciones impuestas por el desarrollo de la lidia (por no matar un toro, desobedecer las órdenes del presidente, ejecutar incorrectamente la suerte de varas,…), otras se pronuncian en relación con sanciones impuestas a ganaderos por supuestas manipulaciones de las astas o por contravenir algunas disposiciones que regulan el transporte de los toros. Hay sentencias también sobre la asistencia de los menores a los festejos taurinos y otras que resuelven las impugnaciones de las diversas asociaciones de profesionales taurinos contra los Reglamentos de 1992 y 1996.
Luego se analizan sentencias sobre las adjudicaciones y la explotación de las plazas de toros.
Se incluyen también sentencias que establecen las consecuencias (sobre todo económicas) de las rupturas de apoderamiento antes del plazo contractual acordado entre torero apoderado.
Las hay que se refieren a aspectos fiscales de los toreros: la consideración de sus ingresos como rendimientos de una actividad profesional o como rendimientos del trabajo, la deducibilidad de las entradas que compran para invitar a empresarios y otros profesionales taurinos, el régimen que se aplica a los ingresos que obtienen cuando torean en el extranjero,….
Otras, a cuestiones laborales: la impugnación del Convenio taurino por los principales sindicatos “de clase” (UGT y CCO), que a pesar de su escasísima presencia en este ámbito reivindican la necesidad de contar con ellos para su aprobación, diversas cuestiones en relación con diferentes despidos de subalternos y mozos de espada o asuntos relativos a las prestaciones por desempleo o jubilación.
También se analizan resoluciones en materia de derecho de la competencia, entre las cuales destaca el conflicto que se suscitó por la Asociación de Ganaderos frente a las limitaciones que establecían los Estatutos de la Unión de Criadores de Toros de Lidia para que los toros de sus asociados pastaran o se lidiaran junto a toros de ganaderos pertenecientes a otras organizaciones de ganaderos o se vendieran a terceros ajenos a la propia Unión, conflicto que desembocó en un procedimiento frente a todas las organizaciones de ganaderos porque todas ellas proponían a sus asociados un modelo de contrato, lo cual, a juicio de las autoridades en materia de competencia, impide que cada exista una verdadera competencia, al uniformar las condiciones de venta de los astados. Una resolución de gran interés para los aficionados por lo detallada que es en la exposición de las condiciones en las que se producen estas ventas.
Se analizan luego otras sentencias sobre diversos asuntos vinculados con la actividad taurina en cuestiones de lo más variopintas: la preferencia de las plazas de primera en la reseña de los toros, la propiedad de un abono taurino (en un curioso conflicto familiar), la marca “El Cordobés”, el alcance del derecho de rectificación (que no alcance, como pretendía un novillero, la obligación de modificar una crítica realizada por un periodista sobre la actuación de un diestro), la labor terapéutica que puede suponer el ejercicio de la actividad de “alguacilillo” y que hace que no sea incompatible con la situación de baja laboral o la obligación de un Hotel de indemnizar a un torero que sufrió heridas como consecuencia de la caída de un ascensor, tras la avalancha de los fans, que habían accedido a la habitación del diestro tras la oportuna indicación de los recepcionistas del Hotel.
Por último, se comentan en detalle cuatro sentencias especialmente relevantes para los aficionados: la que determinó a quién correspondía la propiedad de la cabeza del toro “Burlero”, que hirió mortalmente al Yiyo, las sentencias que abordan el alcance del derecho a la intimidad en relación con la difusión de las imágenes de Paquirri en la enfermería de Pozoblanco, las que establecen la ilegalidad de la prohibición de representar la ópera Carmen en la versión de Távora en Cataluña, argumentando que la inclusión del rejoneo de un toro en el intermedio vulneraba la normativa vigente, y la que declara la improcedencia del despido de un currista que había insultado a un cliente de la empresa en la que trabajaba, al entender el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que el currismo es un sentimiento “indudable y notoriamente altruista”.
El índice puede consultarse en la web de la editorial Aranzadi, que ofrece también en abierto el Prólogo y el Capítulo sobre el apoderamiento taurino.
Como puede apreciarse, es una obra en la que he tratado de resumir y explicar para los aficionados (más que para los juristas), cómo el toreo es una actividad tremendamente regulada y cómo son muchas las implicaciones del Derecho en la Fiesta. Y lo he hecho a través de la práctica totalidad de las sentencias dictadas en materia taurina por Tribunales revisores en los últimos quince o veinte años, es decir, a través de los conflictos generados en la interpretación y aplicación de esta regulación.
Desde su publicación, el libro me ha dado grandísimas alegrías.
En primer lugar, es una satisfacción que lo haya editado Aranzadi, la principal editorial jurídica española. Además, se han hecho eco de la publicación la práctica totalidad de los medios especializados.
La web Burladero y la página del programa "El Albero" de la COPE dieron la noticia de la publicación el mismo día que podía comprarse en Internet a través de la web de la editorial.
Al día siguiente, la edición diaria de Clarín (el programa taurino de RNE) se hizo también eco de la salida del libro.
El fin de semana pasado, Pedro Javier Cáceres hizo un comentario elogioso en su programa “La Divisa” de Intereconomía.
También Manolo Molés, en el programa “Los Toros” de la SER le dedicó unos minutos, en unos términos que debo igualmente agradecer.
La revista Aplausos le dedicaba esta pasada semana una nota que comenzaba con un agradable “Recomendamos…”
Los comentarios, también elogiosos, que me han hecho amigos, compañeros y algunos profesionales que han podido ver el libro, quiero atribuirlos a su generosidad. Una vez hayan podido leer el libro (o, al menos, ojearlo con cierto detalle, porque tampoco es exactamente un libro para leer de una sentada) , veremos las críticas reales. Tanto al modo de enfocar la selección y el comentario de las sentencias, como a la provocación que suponen algunas de las afirmaciones sobre empresarios, abonos, Administraciones Públicas, ganaderos,...
El libro está ya en las librerías jurídicas. En Madrid, por ejemplo, en Civitas (de la misma editorial Aranzadi), Lex Nova o Marcial Pons. Debo reconocer que me ha hecho especial ilusión ver hoy el libro precisamente en el centro del escaparate de Marcial Pons, la librería jurídica más tradicional de Madrid, justo a la vuelta del Tribunal Supremo.
En todo caso, de lo que me siento más orgulloso es de poder colaborar, aunque sea mínimamente, a reivindicar la Fiesta como parte de nuestra cultura y nuestra tradición. Y hacerlo destacando cómo esta multitud de sentencias no hacen sino demostrar la importante imbricación que los toros tienen en nuestra economía, nuestro arte y nuestra sociedad.
jueves, 22 de octubre de 2009
Pepe Luis Vázquez
Homenaje a Gerardo Diego, y a las décimas intercaladas en “La Suerte o la Muerte".
Y, por supuesto, a la inmortal -y todavía viva- gracia sevillana de Pepe Luis.
Pepe Luis
Rubio cristal de Sevilla
del barrio de San Bernardo
y del libro de Gerardo
-dondiegos y gitanillas-
la rima de maravilla
y luego monte de cardos:
que una muleta tan plana
se vuelve a la noche oscura
si brilla por la mañana
plena de gracia y dulzura.
Débil del aire caricia,
hipérbaton, contradanza
de seise por la Maestranza
y de majestad patricia,
mientras trota la milicia
del toro, ser o no ser,
-¿la cogida en Santander?-
contra las flores de lis:
cartucho de Pepe Luis,
cuando el toreo era ayer.
Y, por supuesto, a la inmortal -y todavía viva- gracia sevillana de Pepe Luis.
Pepe Luis
Rubio cristal de Sevilla
del barrio de San Bernardo
y del libro de Gerardo
-dondiegos y gitanillas-
la rima de maravilla
y luego monte de cardos:
que una muleta tan plana
se vuelve a la noche oscura
si brilla por la mañana
plena de gracia y dulzura.
Débil del aire caricia,
hipérbaton, contradanza
de seise por la Maestranza
y de majestad patricia,
mientras trota la milicia
del toro, ser o no ser,
-¿la cogida en Santander?-
contra las flores de lis:
cartucho de Pepe Luis,
cuando el toreo era ayer.
sábado, 17 de octubre de 2009
Manolete
Cementerio de cal, Córdoba sola,
coronada por cuernos de herradura
cuando ha partido el toro la cintura
de la posguerra a punta de pistola.
El pasodoble araña en la gramola
una letra cargada de amargura,
por el aire una herida: arquitectura
de la estocada hundida hasta la bola.
Hay crespones de sangre en los altares:
elegías cantadas en falsete
que adornan la Mezquita de alamares.
Y la vida se va por el retrete
porque siempre es la tarde de Linares,
Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete.

coronada por cuernos de herradura
cuando ha partido el toro la cintura
de la posguerra a punta de pistola.
El pasodoble araña en la gramola
una letra cargada de amargura,
por el aire una herida: arquitectura
de la estocada hundida hasta la bola.
Hay crespones de sangre en los altares:
elegías cantadas en falsete
que adornan la Mezquita de alamares.
Y la vida se va por el retrete
porque siempre es la tarde de Linares,
Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete.

jueves, 15 de octubre de 2009
Posada, Morante y Antonio Lorca
Ha muerto Juan Posada. Torero en su juventud y, ahora, crítico en el diario La Razón. No era el escritor taurino que más seguía, pero en muchas de sus crónicas se notaba una ecuanimidad bastante inusual en el gremio de los críticos taurinos. Descanse en paz.
El próximo día 25 Morante y Diego Ventura compartirán cartel en La Puebla del Río. Lo más curioso es que el último toro lo lidiarán a medias: Ventura recibiéndolo de capote y toreando de muleta y Morante poniendo banderillas desde un caballo de rejoneo. No sé cómo resultará el asunto, pero debo reconocer que siento enormemente no poder estar allí. El hacer cosas nuevas desde el respeto y la pureza, el promocionarlas, el crear emoción desde antes de empezar el paseillo es algo fundamental en la Fiesta. E iniciativas como ésta ayudan y mucho. Por cierto, que en el Congreso de Derecho Taurino de Nimes, cuando Juan Pedro Domecq planteó diversas iniciativas de reforma normativa (algunas bastante llamativas), se refirió también a algo que, al parecer, le había comentado alguna vez su primo Álvaro Domecq (el rejoneador): la posibilidad de que, en lugar de caballos de picar, se utilizaran caballos de rejoneo para, mediante rejones de castigo, sustituir la puya. No creo que deba ser algo de imposición obligatoria, pero no me parece que sea algo que no deba ponerse en práctica en algún festejo.
Antonio Lorca publicaba el pasado sábado día 10 en el diario El País un artículo titulado "Y después de Tomás, ¿qué?", que parece más una elegía de la Fiesta que una defensa de sus valores. Cuando a nadie se le oculta que cualquier aficionado debería siempre, pero sobre todo en esta época, centrarse más en destacar las virtudes del rito que en regodearse en sus miserias, que ya se ocupan de destacarlas (en general desde la demagogia) los violentos enemigos que nos cercan. En todo caso, creo que el artículo ofrece numerosos elementos de reflexión.
No estoy de acuerdo con este Lorca (recordemos que el otro, un tal Federico, fue el que dijo que la fiesta de los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo) cuando escribe que "Esta fiesta lleva años viviendo de una inercia positiva que acusa signos de agotamiento. Sigue siendo un negocio obsoleto, manejado por empresarios del pasado. Es el mundo de la picaresca, donde casi nada de lo que se ve es verdad; donde imperan el fraude y la manipulación. Un grupo de taurinos actuales es lo más parecido -con excepciones- a unos tertulianos de los años del estraperlo." Es cierto que hay cuestiones obsoletas (sobre todo en lo organizativo), pero no todo es fraude y manipulación. Sobre todo, no lo es lo más importante: el riesgo y el arte del torero.
Sí estoy de acuerdo en que "La fiesta necesita un revulsivo regeneracionista que la vuelva del revés. Necesita empresarios jóvenes, bien formados e imaginativos, con ideas claras y novedosas; con ganas, cómo no, de ganar dinero, pero también de ofrecer un producto digno." Pero no porque lo que haya ahora no sea digno, sino porque, con los medios actuales, lo que se puede hacer es aún más grandioso, más moderno, más cómodo, más esencial.
La crítica que realiza a José Tomás me parece ruín. El que elija las ganaderías que desea torear es algo absolutamente lícito y que, en general, va en beneficio del aficionado. Que diga si no, a qué corridas tenía que apuntarse (¿a los Palha o Victorinos que han salido en la feria de otoño de Madrid?; ¿iba a ser eso un revulsivo de la fiesta, más allá de la posible tragedia?) Y el que no haya ido a según qué plazas es una demostración de independencia frente a empresarios bastante mediocres (y no señalo a nadie).
Más ajustada, aunque con matices, es la crítica a los ganaderos y, sobre todo, a la supuesta "autoridad".
Artículo, ya digo, discutible en su contenido y en su oportunidad. Pero con suficientes elementos de reflexión como para que se plantearan a la discusión de los profesionales y los aficionados. Si es que hubiera foros donde esto fuera posible...
El próximo día 25 Morante y Diego Ventura compartirán cartel en La Puebla del Río. Lo más curioso es que el último toro lo lidiarán a medias: Ventura recibiéndolo de capote y toreando de muleta y Morante poniendo banderillas desde un caballo de rejoneo. No sé cómo resultará el asunto, pero debo reconocer que siento enormemente no poder estar allí. El hacer cosas nuevas desde el respeto y la pureza, el promocionarlas, el crear emoción desde antes de empezar el paseillo es algo fundamental en la Fiesta. E iniciativas como ésta ayudan y mucho. Por cierto, que en el Congreso de Derecho Taurino de Nimes, cuando Juan Pedro Domecq planteó diversas iniciativas de reforma normativa (algunas bastante llamativas), se refirió también a algo que, al parecer, le había comentado alguna vez su primo Álvaro Domecq (el rejoneador): la posibilidad de que, en lugar de caballos de picar, se utilizaran caballos de rejoneo para, mediante rejones de castigo, sustituir la puya. No creo que deba ser algo de imposición obligatoria, pero no me parece que sea algo que no deba ponerse en práctica en algún festejo.
Antonio Lorca publicaba el pasado sábado día 10 en el diario El País un artículo titulado "Y después de Tomás, ¿qué?", que parece más una elegía de la Fiesta que una defensa de sus valores. Cuando a nadie se le oculta que cualquier aficionado debería siempre, pero sobre todo en esta época, centrarse más en destacar las virtudes del rito que en regodearse en sus miserias, que ya se ocupan de destacarlas (en general desde la demagogia) los violentos enemigos que nos cercan. En todo caso, creo que el artículo ofrece numerosos elementos de reflexión.
No estoy de acuerdo con este Lorca (recordemos que el otro, un tal Federico, fue el que dijo que la fiesta de los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo) cuando escribe que "Esta fiesta lleva años viviendo de una inercia positiva que acusa signos de agotamiento. Sigue siendo un negocio obsoleto, manejado por empresarios del pasado. Es el mundo de la picaresca, donde casi nada de lo que se ve es verdad; donde imperan el fraude y la manipulación. Un grupo de taurinos actuales es lo más parecido -con excepciones- a unos tertulianos de los años del estraperlo." Es cierto que hay cuestiones obsoletas (sobre todo en lo organizativo), pero no todo es fraude y manipulación. Sobre todo, no lo es lo más importante: el riesgo y el arte del torero.
Sí estoy de acuerdo en que "La fiesta necesita un revulsivo regeneracionista que la vuelva del revés. Necesita empresarios jóvenes, bien formados e imaginativos, con ideas claras y novedosas; con ganas, cómo no, de ganar dinero, pero también de ofrecer un producto digno." Pero no porque lo que haya ahora no sea digno, sino porque, con los medios actuales, lo que se puede hacer es aún más grandioso, más moderno, más cómodo, más esencial.
La crítica que realiza a José Tomás me parece ruín. El que elija las ganaderías que desea torear es algo absolutamente lícito y que, en general, va en beneficio del aficionado. Que diga si no, a qué corridas tenía que apuntarse (¿a los Palha o Victorinos que han salido en la feria de otoño de Madrid?; ¿iba a ser eso un revulsivo de la fiesta, más allá de la posible tragedia?) Y el que no haya ido a según qué plazas es una demostración de independencia frente a empresarios bastante mediocres (y no señalo a nadie).
Más ajustada, aunque con matices, es la crítica a los ganaderos y, sobre todo, a la supuesta "autoridad".
Artículo, ya digo, discutible en su contenido y en su oportunidad. Pero con suficientes elementos de reflexión como para que se plantearan a la discusión de los profesionales y los aficionados. Si es que hubiera foros donde esto fuera posible...
lunes, 12 de octubre de 2009
Zaragoza (11 de octubre de 2009) - ¡Esas espadas!
De haber matado con más precisión los tres toreros estaríamos hablando de una tarde con varias orejas y una o dos salidas a hombros. Pero entre la falta de puntería de los espadas y el rigor del palco el asunto quedó en una tarde a medio gas. Que no fue mala, pero tampoco acabó de romper.
A ello colaboró, en primer lugar, la descastada corrida de Núñez del Cuvillo, sin ningún toro rotundo, de triunfo. Y también una cierta falta de claridad de ideas de los matadores. No sé si por las alturas de la temporada en la que estamos o porque vislumbraron pronto la imposibilidad de faenas importantes.
Morante, en su primero, poco pudo hacer. El toro se había roto la funda del pitón al golpearse en el burladero (¡ay esos toques de los subalternos!) y tenía una manifiesta endeblez, que ni siquiera la templanza y el toreo a media altura del de La Puebla consiguieron enmendar. Al cuarto le recetó buenas verónicas y, con la muleta, le dejó venirse de lejos. Pero ni el toro ayudaba (iba siempre en línea y protestaba al final de cada pase), ni él acabó de apostar. No hubo ni premio ni bronca. Sólo una mediocre indiferencia que casa mal con un torero como éste.
Perera, en el segundo, toreó bien por delantales en el recibo de capa. Después de derribar al picador y de que el monosabio tuviera que aguantar al caballo frente a repetidas embestidas del toro porque nadie lo sacaba de allí parecía que podía haber faena. Perera se colocó y aguantó mucho por ambos pitones, pero el toro cabeceaba y faltaba transmisión. Al final, arrimón y gran estocada. Hubo petición abrumadoramente mayoritaria pero el presidente no concedió la oreja. Uno puede discutir si la faena era o no de oreja en una plaza de primera, pero lo que es indiscutible es que el presidente vulneró de forma consciente el reglamento. Si eso lo hace un matador lo sancionan. Pero si es un usía, habrá quien le proponga para algún premio por reivindicar la importancia de una plaza como ésta. Con defensores de la fiesta como estos, así nos va.
El quinto fue un toro muy flojo. Perera estuvo muy serio y técnico con él. Lo llevó con la derecha en muletazos muy largos, al ralentí, como hipnotizado. Es cierto que no había mucha emoción, pero también que Miguel Ángel sacó mucho más de lo que era previsible con un toro así. Con la espada, recetó una buena estocada… después de haber pinchado tres veces.
Talavante dio una dimensión muy buena en el tercero. Comenzó la faena por ayudados por alto en el centro del ruedo y siguió con series templadas de derechazos. Pero lo realmente grande vino al natural, en un par de series realmente hondas, profundas. Muletazos larguísimos de mucha importancia. Terminó por manoletinas y en una de ellas le desarmó. Los trofeos (probablemente dos) los perdió al dejar dos estocadas que hacían guardia antes de dejar un espadazo más ortodoxo. El sexto se emplazó de salida y fue lidiado mal. La faena de muleta no tuvo relevancia alguna y pinchó tres veces antes de dejar una estocada en su sitio.
En fin, que a Zaragoza se llega fácil con el AVE y que es una plaza que puede incorporarse con facilidad al calendario de los aficionados de Madrid. Pero que habrá que esperar otro año a ver si el resultado de toros y toreros se corresponde con la expectación que generan los carteles.
Entretanto, no es de poca relevancia haber llenado la plaza demostrando a los cien o doscientos energúmenos que se manifestaban enfrente que son una minoría y que tienen menos razones y menos educación que los aficionados.
A ello colaboró, en primer lugar, la descastada corrida de Núñez del Cuvillo, sin ningún toro rotundo, de triunfo. Y también una cierta falta de claridad de ideas de los matadores. No sé si por las alturas de la temporada en la que estamos o porque vislumbraron pronto la imposibilidad de faenas importantes.
Morante, en su primero, poco pudo hacer. El toro se había roto la funda del pitón al golpearse en el burladero (¡ay esos toques de los subalternos!) y tenía una manifiesta endeblez, que ni siquiera la templanza y el toreo a media altura del de La Puebla consiguieron enmendar. Al cuarto le recetó buenas verónicas y, con la muleta, le dejó venirse de lejos. Pero ni el toro ayudaba (iba siempre en línea y protestaba al final de cada pase), ni él acabó de apostar. No hubo ni premio ni bronca. Sólo una mediocre indiferencia que casa mal con un torero como éste.
Perera, en el segundo, toreó bien por delantales en el recibo de capa. Después de derribar al picador y de que el monosabio tuviera que aguantar al caballo frente a repetidas embestidas del toro porque nadie lo sacaba de allí parecía que podía haber faena. Perera se colocó y aguantó mucho por ambos pitones, pero el toro cabeceaba y faltaba transmisión. Al final, arrimón y gran estocada. Hubo petición abrumadoramente mayoritaria pero el presidente no concedió la oreja. Uno puede discutir si la faena era o no de oreja en una plaza de primera, pero lo que es indiscutible es que el presidente vulneró de forma consciente el reglamento. Si eso lo hace un matador lo sancionan. Pero si es un usía, habrá quien le proponga para algún premio por reivindicar la importancia de una plaza como ésta. Con defensores de la fiesta como estos, así nos va.
El quinto fue un toro muy flojo. Perera estuvo muy serio y técnico con él. Lo llevó con la derecha en muletazos muy largos, al ralentí, como hipnotizado. Es cierto que no había mucha emoción, pero también que Miguel Ángel sacó mucho más de lo que era previsible con un toro así. Con la espada, recetó una buena estocada… después de haber pinchado tres veces.
Talavante dio una dimensión muy buena en el tercero. Comenzó la faena por ayudados por alto en el centro del ruedo y siguió con series templadas de derechazos. Pero lo realmente grande vino al natural, en un par de series realmente hondas, profundas. Muletazos larguísimos de mucha importancia. Terminó por manoletinas y en una de ellas le desarmó. Los trofeos (probablemente dos) los perdió al dejar dos estocadas que hacían guardia antes de dejar un espadazo más ortodoxo. El sexto se emplazó de salida y fue lidiado mal. La faena de muleta no tuvo relevancia alguna y pinchó tres veces antes de dejar una estocada en su sitio.
En fin, que a Zaragoza se llega fácil con el AVE y que es una plaza que puede incorporarse con facilidad al calendario de los aficionados de Madrid. Pero que habrá que esperar otro año a ver si el resultado de toros y toreros se corresponde con la expectación que generan los carteles.
Entretanto, no es de poca relevancia haber llenado la plaza demostrando a los cien o doscientos energúmenos que se manifestaban enfrente que son una minoría y que tienen menos razones y menos educación que los aficionados.
domingo, 11 de octubre de 2009
Madrid (3 y 4 de octubre de 2009) - Triunfo de otoño
La Feria de otoño de este año tenía en su último fin de semana dos carteles realmente interesantes. El primero unía a Aparicio, Morante y Castella con toros de Núñez del Cuvillo, el hierro probablemente más importante en estos momentos gracias a la predilección de JT por sus toros, a su larga camada y a su generosa regularidad. En el segundo debían medirse José Luis Moreno, Diego Urdiales y Sergio Aguilar con toros de Victorino: tres toreros modestos en un buen momento frente a la ganadería más deseada durante años por la afición venteña.
Al final, la ganadería comercial ganó el pulso a la torista y el toreo serio y rotundo de un tremendo Castella a todo lo demás.
El sábado Castella refrendó cómo ha ido evolucionando, para bien, a lo largo de esta temporada. Firmó dos faenas rotundas frente a dos buenos cuvillos. Toreo de valor, pero también toreo cargo, largo, hondo, calado,… La faena al tercero fue impresionante. Citó desde los medios y ligó tres pases cambiados. Luego, toreó muy clásico por ambas manos dando distancia al toro, trayéndoselo toreado, ligando las series. Toreo de verdad, nada encimista ni bullicioso, a un gran toro. De esos que dan la razón a quien argumentan que estas son las ganaderías “toristas” y no las que crían bueyes de seiscientos kilos que sólo saben dar cabezazos.
La faena al sexto fue de menos peso pero tuvo probablemente más transmisión para el gran público, porque, mediada la faena, el francés se metió entre los pitones, dio una lección de valor y levantó al público con sus circulares y alardes varios. Falló con la espada y eso le impidió haber cortado tres o cuatro orejas en una sola tarde con sólo dos toros, algo al alcance de muy pocos.
Sin duda, Castella ha sido uno de los grandes alicientes de esta temporada y es uno de los que mejor colocados quedan para la próxima. Una pena que no pueda estar hoy en Zaragoza con Morante y Perera en una tarde que esperamos inolvidable y en la que ha sido sustituido por Talavante (veremos si, como dicen sus aduladores, es cierto que ha recuperado el ánimo y el toreo).
Aparicio y Morante tuvieron peor lote y una disposición que tampoco fue la de Castella. De Aparicio ya hemos dicho aquí cómo está con ganas pero sin sitio. Y Morante, que siempre deja destellos de su torería (es un torero que hay que ver siempre que se pueda porque nunca sale uno de la plaza sin algún detalle inmenso) está algo más desajustado que los primeros meses de la temporada, donde su maestría, valor y gracia eran apabullantes. Me dolió especialmente que no pudiera romper en el segundo de la tarde, un toro al que hace un par de meses le hubiera formado un lío en Madrid.
La tarde de los Victorinos fue la constatación de que los cárdenos de Moraleja no están en su mejor momento. Hasta tal punto que uno de los diestros, Sergio Aguilar, se fue a su casa sin matar ninguno del hierro anunciado: uno porque la corrida no se aprobó completa y tuvo que remendarse con un toro de Carriquiri y otro porque el Victorino de su lote fue devuelto y sustituido por uno de Julio de la Puerta. Los cuatro que correspondieron a Moreno y Urdiales fueron toros de muy escaso interés, salvo el segundo que sí tuvo un comportamiento propio de los victorinos… malos. Toro tobillero, que se revolvía muy rápido, con mucho peligro, al que Urdiales hizo una faena interesantísima que el público agradeció. Valor e inteligencia del torero riojano con el único toro que tuvo algo de transmisión, aunque no permitiera buen toreo. José Luis Moreno también lo intentó con sus dos toros, aunque por el juego de los toros no era posible que el asunto calara en los tendidos. Habrá que verle con toros que den más juego para ver si de verdad puede romper, como dicen algunos después de lo de Córdoba, Pozoblanco,... Y Sergio Aguilar, también dispuesto, mostró su buena técnica y la hondura que atesora en algunas series que supieron a poco, aunque acrecentaron el interés por este torero.
Dos tardes, en fin, que dejan bastantes elementos de reflexión para el 2010. Desde la verdadera dimensión de cada ganadería hasta el necesario hueco que debe hacerse a algunos toreros “modestos”, sin olvidar a genios como Morante que, estamos seguro, volverá a estar, y en breve (¿hoy en Zaragoza?) tan bien como le hemos visto hasta mediados de agosto.
Al final, la ganadería comercial ganó el pulso a la torista y el toreo serio y rotundo de un tremendo Castella a todo lo demás.
El sábado Castella refrendó cómo ha ido evolucionando, para bien, a lo largo de esta temporada. Firmó dos faenas rotundas frente a dos buenos cuvillos. Toreo de valor, pero también toreo cargo, largo, hondo, calado,… La faena al tercero fue impresionante. Citó desde los medios y ligó tres pases cambiados. Luego, toreó muy clásico por ambas manos dando distancia al toro, trayéndoselo toreado, ligando las series. Toreo de verdad, nada encimista ni bullicioso, a un gran toro. De esos que dan la razón a quien argumentan que estas son las ganaderías “toristas” y no las que crían bueyes de seiscientos kilos que sólo saben dar cabezazos.
La faena al sexto fue de menos peso pero tuvo probablemente más transmisión para el gran público, porque, mediada la faena, el francés se metió entre los pitones, dio una lección de valor y levantó al público con sus circulares y alardes varios. Falló con la espada y eso le impidió haber cortado tres o cuatro orejas en una sola tarde con sólo dos toros, algo al alcance de muy pocos.
Sin duda, Castella ha sido uno de los grandes alicientes de esta temporada y es uno de los que mejor colocados quedan para la próxima. Una pena que no pueda estar hoy en Zaragoza con Morante y Perera en una tarde que esperamos inolvidable y en la que ha sido sustituido por Talavante (veremos si, como dicen sus aduladores, es cierto que ha recuperado el ánimo y el toreo).
Aparicio y Morante tuvieron peor lote y una disposición que tampoco fue la de Castella. De Aparicio ya hemos dicho aquí cómo está con ganas pero sin sitio. Y Morante, que siempre deja destellos de su torería (es un torero que hay que ver siempre que se pueda porque nunca sale uno de la plaza sin algún detalle inmenso) está algo más desajustado que los primeros meses de la temporada, donde su maestría, valor y gracia eran apabullantes. Me dolió especialmente que no pudiera romper en el segundo de la tarde, un toro al que hace un par de meses le hubiera formado un lío en Madrid.
La tarde de los Victorinos fue la constatación de que los cárdenos de Moraleja no están en su mejor momento. Hasta tal punto que uno de los diestros, Sergio Aguilar, se fue a su casa sin matar ninguno del hierro anunciado: uno porque la corrida no se aprobó completa y tuvo que remendarse con un toro de Carriquiri y otro porque el Victorino de su lote fue devuelto y sustituido por uno de Julio de la Puerta. Los cuatro que correspondieron a Moreno y Urdiales fueron toros de muy escaso interés, salvo el segundo que sí tuvo un comportamiento propio de los victorinos… malos. Toro tobillero, que se revolvía muy rápido, con mucho peligro, al que Urdiales hizo una faena interesantísima que el público agradeció. Valor e inteligencia del torero riojano con el único toro que tuvo algo de transmisión, aunque no permitiera buen toreo. José Luis Moreno también lo intentó con sus dos toros, aunque por el juego de los toros no era posible que el asunto calara en los tendidos. Habrá que verle con toros que den más juego para ver si de verdad puede romper, como dicen algunos después de lo de Córdoba, Pozoblanco,... Y Sergio Aguilar, también dispuesto, mostró su buena técnica y la hondura que atesora en algunas series que supieron a poco, aunque acrecentaron el interés por este torero.
Dos tardes, en fin, que dejan bastantes elementos de reflexión para el 2010. Desde la verdadera dimensión de cada ganadería hasta el necesario hueco que debe hacerse a algunos toreros “modestos”, sin olvidar a genios como Morante que, estamos seguro, volverá a estar, y en breve (¿hoy en Zaragoza?) tan bien como le hemos visto hasta mediados de agosto.
jueves, 8 de octubre de 2009
Barcelona (27 de septiembre de 2009) - Reivindicación de la libertad
La tarde del 27 de septiembre en Barcelona fue una reivindicación de la libertad. Porque acabar con los toros en Cataluña, como se pretende por algunos intransigentes, no es sino un atentado contra la libertad, como había proclamado con acierto y belleza el gran poeta catalán Pere Gimferrer.
Frente a esa intransigencia, la alegría, el ritual y la belleza.
La alegría de un día soleado en Barcelona, de una ciudad en sazón, de aficionados que, con muchas tardes de toros a sus espaldas en los últimos meses, van de nuevo a una corrida con la convicción de que lo que suceda será nuevo, siempre distinto. Único.
El ritual eterno de cuanto sucede en la plaza y hasta llegar a ella. De las pequeñas manías de cada aficionado y las sagradas costumbres de cada matador. Del paseillo, los trajes, los colores, la música,... Del respeto al toro en su combate. De la perfección en su lidia.
La belleza del toreo perfecto de José Tomás y el desgarrado de Morante. La belleza de la entrega de Aparicio, aunque no pudiera ser sino entrega, ayuna de sitio, de técnica y de valor.
La tarde no queremos recordarla como la última en la Plaza de Barcelona. Estoy seguro de que no lo será: porque aún habrá quien en el ejercicio de la libertad de voto que han dado CIU y PSC prefieran votar por la libertad. Y aun cuando se votara en contra, habría que recurrir hasta donde hiciera falta para defender la ilegalidad de una medida de esa naturaleza.
La recordaremos, en todo caso, como una tarde magistral. Una tarde (la última, eso sí, de la temporada de este año de JT en España) en la que hizo probablemente su mejor toreo: el más largo, ligado, profundo,... Desde la seriedad más absoluta. Desde una quietud y una verticalidad casi imposibles. Magistral ese comienzo por ayudados citando desde el centro del ruedo. Grandioso el toreo rodilla en tierra. Sublimes un par de tandas al natural,... Todo medido, perfecto. Recopilando una temporada y mostrando por qué hay tantos que le siguen allá por donde pisa.
Como hemos seguido este año a Morante que, sin llegar a cuajar una faena maciza, dejó apuntes de un toreo tan distinto que el cuerpo lo reclama para poder sentir siempre algo distinto, mágico, inspirado. Una pena que las dos cornadas fuertes que ha sufrido le hayan quitado algo el sitio (eso, al menos, nos ha parecido) y que se rompiera el dedo al entrar a matar al toro, por lo que sólo pudo lidiar uno.
Y Aparicio, que por esa razón hubo de matar tres toros, mostró, como queda dicho, más voluntad que acierto.
Volveremos el año que viene a Barcelona. Estoy seguro. Por afición a los toros y por el compromiso con la libertad.
Frente a esa intransigencia, la alegría, el ritual y la belleza.
La alegría de un día soleado en Barcelona, de una ciudad en sazón, de aficionados que, con muchas tardes de toros a sus espaldas en los últimos meses, van de nuevo a una corrida con la convicción de que lo que suceda será nuevo, siempre distinto. Único.
El ritual eterno de cuanto sucede en la plaza y hasta llegar a ella. De las pequeñas manías de cada aficionado y las sagradas costumbres de cada matador. Del paseillo, los trajes, los colores, la música,... Del respeto al toro en su combate. De la perfección en su lidia.
La belleza del toreo perfecto de José Tomás y el desgarrado de Morante. La belleza de la entrega de Aparicio, aunque no pudiera ser sino entrega, ayuna de sitio, de técnica y de valor.
La tarde no queremos recordarla como la última en la Plaza de Barcelona. Estoy seguro de que no lo será: porque aún habrá quien en el ejercicio de la libertad de voto que han dado CIU y PSC prefieran votar por la libertad. Y aun cuando se votara en contra, habría que recurrir hasta donde hiciera falta para defender la ilegalidad de una medida de esa naturaleza.
La recordaremos, en todo caso, como una tarde magistral. Una tarde (la última, eso sí, de la temporada de este año de JT en España) en la que hizo probablemente su mejor toreo: el más largo, ligado, profundo,... Desde la seriedad más absoluta. Desde una quietud y una verticalidad casi imposibles. Magistral ese comienzo por ayudados citando desde el centro del ruedo. Grandioso el toreo rodilla en tierra. Sublimes un par de tandas al natural,... Todo medido, perfecto. Recopilando una temporada y mostrando por qué hay tantos que le siguen allá por donde pisa.
Como hemos seguido este año a Morante que, sin llegar a cuajar una faena maciza, dejó apuntes de un toreo tan distinto que el cuerpo lo reclama para poder sentir siempre algo distinto, mágico, inspirado. Una pena que las dos cornadas fuertes que ha sufrido le hayan quitado algo el sitio (eso, al menos, nos ha parecido) y que se rompiera el dedo al entrar a matar al toro, por lo que sólo pudo lidiar uno.
Y Aparicio, que por esa razón hubo de matar tres toros, mostró, como queda dicho, más voluntad que acierto.
Volveremos el año que viene a Barcelona. Estoy seguro. Por afición a los toros y por el compromiso con la libertad.
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