La Plaza de Toros de Écija se asienta sobre un antiguo anfiteatro romano que aprovechaba un declive natural del terreno en la parte alta de la ciudad.
Es una plaza grande, pero no es una plaza bonita; tiene, sí, su palco dieciochesco de madera pintada, sus colgaduras de gala, su Mariana Pineda, pero el conjunto resulta destartalado, como la enfermería a ras de albero en la que entrevemos, a través de los efluvios del cloroformo, tres camas de hierro barnizadas de blanco.
Es, si acaso, una plaza demasiado “real” -sin las utilitarias reformas que han transformado algunos cosos en maestranzas de cartón piedra- con cierto aire carpetovetónico o barbárico a lo que contribuye el público, por lo general escaso, pero “racial”.
A mí me gusta este ambiente solanesco en el que se puede intuir un eco de la crudeza y sordidez de la Fiesta en las soleadas y asoladas campiñas de Sevilla y Córdoba, en los días extintos de los maletillas con hambre y de los jamelgos sin peto de picar.
El cartel de hoy es bien triste y sólo se explica como una consecuencia más de los recortes de la crisis: se anuncian un torero humilde de la comarca, que tomará una pobre alternativa sin demasiadas esperanzas y el hijo legítimo de una vieja figura tremendista, que revolucionó esta industria en los años sesenta con sus suertes excéntricas y anfibias y su ancha sonrisa caballuna.
Al terminar el paseíllo, aparece en el callejón entre cerradas ovaciones y flashes fotográficos el padre mediático de la criatura, entre tanto un precioso capote de paseo de terciopelo color burdeos, con lujosos bordados recién estrenados, parecidos a la túnica de los cardos del Gran Poder, se coloca al amparo de la madre del toricantano.
Apenas unos metros separan a ambos progenitores, igualados por la verdad redonda del albero y separados por un abismo de influencia y poder.
Tras la ceremonia de la alternativa el torero brinda a su madre que se derrumba sobre el capote presa de un agitado estremecimiento de dolor y llanto: cuántas lágrimas y cuánto sufrimiento para llegar a este punto de partida que es, a la vez, la penosa meta de llegada, cuántos anhelos se entierran hoy, cuando la familia del nuevo matador, conscientes del escaso porvenir y de un más que previsible futuro como banderillero, ha decidido tirar la casa por la ventana en un último gesto de celebración y despedida.
Yo creo que a una madre esto no se le hace y que deberían haberle aliviado el trance y, de paso, bajo el principio de la natural discreción, ahorrarnos a todos el conmovedor numerito que nos deja un amargo nudo en la garganta.
El muchacho, como era de esperar, no está ni mal ni bien, ha cumplido su sueño pero ¿qué sueño?
Prosigue la lidia y, como las desdichas nunca viajan solas, el hijo del que fuera icono del pop y del desarrollismo españoles, se deja vivo su primer toro, tras los tres avisos preceptivos, pero generosamente demorados, ante el semblante cariacontecido de su padre que está intentando apoyarle con su presencia en una carrera más que dudosa, para borrar, de paso, el recuerdo de otras filiaciones no menos mediáticas.
Ante esta lamentable e inusual circunstancia en un torero joven, con todo lo que debería comportar, la respuesta habitual del público hubiera sido una sonora pitada, pero la Plaza, incómoda y, en definitiva, intensamente horrorizada por el sufrimiento ajeno que suponen la humillación de un padre tan respetado en la región y la presumible vergüenza del hijo, responde con sensibilidad y silencio.
Padre e hijo no se han cruzado los ojos, porque ambos se temen en este instante crítico, pero el primero, que después de todo es un buen hombre, se acerca cariñoso a animar a su vástago que se está tragando las lágrimas más amargas de su vida.
Y uno piensa que entre el llanto de esta madre desconocida y desconsolada y el no escuchado diálogo entre el padre famoso y el hijo no menos famoso se cifra la vulnerable naturaleza de las humanas miserias, su frágil equilibrio de esperanzas imposibles y sueños rotos, la grandeza de su triste condición.
*******************************+
Y, como el mundo tiende siempre a una imperfecta asimetría, en su segundo toro, el heredero administrativo del insólito califa realiza una faena estimable, normalmente premiada en esta plaza con los máximos trofeos, que el público solicita arrebatado, por devolver el mundo a su orden natural, aquél en el que los toros mueren en la plaza y los hijos, incluso los de uno, triunfan en la vida.
El primero en pedirlos, en un gesto grotesco y poco edificante pero enternecedor, es el viejo matador, que desata su turbante, ancho como una sábana, sonriente, mirando al palco,.
Pero no.
Falto de sensibilidad o sobrado de orgullo, a esta hora y hoy el Presidente ha decidido que esta Plaza es Las Ventas y concede una solitaria y paupérrima oreja ante el asombro y angustia generalizada.
Y uno sospecha, por la apariencia del tipo, que la razón de la decisión no ha se ha basado en los escasos méritos artísticos de la faena, ni en la voluntad de humillar por algún oscuro complejo de clase a un señor provecto y millonario, sino en definitiva y cuarenta años después, en robarle unos minutos de la gloria cosechada en los televisores en blanco y negro para su propio orgullo efímero.
Y mientras el Cordobés amenaza con su dedo al Palco, imprecando al presidente con la cara desencajada, piensa uno que el anfiteatro romano de Écija, que el Gran Teatro del Mundo, se asienta sobre una Plaza de Toros.
domingo, 20 de septiembre de 2009
viernes, 18 de septiembre de 2009
Antonio Ordóñez
(Le dieron la Legión de Honor en Francia, adonde va Lorenzo)
Laurel de Apolo, olivo de Atenea: han venido los griegos a la Plaza para ver torear a Antonio Ordóñez. Quinientas niñas de púrpura y Picasso, con canastas de flores y de uvas, lo siguen por las calles. Las estatuas inclinan la cabeza y en la arena se postra una rodilla para mecer las astas de la luna. Acrópolis de Ronda la polícroma: canto y cal del icono, rosa y oro, aguafuerte de Goya en las pezuñas secas, cristalitos de Armani por la noche plateada.
Ático y puro, sin asomo de esfuerzo, el Príncipe Torero de la Palma y Sevilla cincela sobre el viento el pliegue de los mármoles. Majestad y cadencia de pie sobre las aguas: el mar azul golpea la roca donde cruje la cenefa clásica del miedo. Y el toro ya no existe, el toro es un concepto, el toro está pintado sobre un altar de Creta en un templo redondo bañado por el sol, suspendido en el aire por barrancos de olivos y sarmientos antiguos de vides extrañísimas.
Han venido los griegos a la Plaza, para ver torear Antonio Ordóñez.
(Lo esta filmando Orson, lo está escribiendo Hem).
Laurel de Apolo, olivo de Atenea: han venido los griegos a la Plaza para ver torear a Antonio Ordóñez. Quinientas niñas de púrpura y Picasso, con canastas de flores y de uvas, lo siguen por las calles. Las estatuas inclinan la cabeza y en la arena se postra una rodilla para mecer las astas de la luna. Acrópolis de Ronda la polícroma: canto y cal del icono, rosa y oro, aguafuerte de Goya en las pezuñas secas, cristalitos de Armani por la noche plateada.
Ático y puro, sin asomo de esfuerzo, el Príncipe Torero de la Palma y Sevilla cincela sobre el viento el pliegue de los mármoles. Majestad y cadencia de pie sobre las aguas: el mar azul golpea la roca donde cruje la cenefa clásica del miedo. Y el toro ya no existe, el toro es un concepto, el toro está pintado sobre un altar de Creta en un templo redondo bañado por el sol, suspendido en el aire por barrancos de olivos y sarmientos antiguos de vides extrañísimas.
Han venido los griegos a la Plaza, para ver torear Antonio Ordóñez.
(Lo esta filmando Orson, lo está escribiendo Hem).
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Pasodobles, vino y leyes
Quiero celebrar la fiesta de la vendimia en Nimes alzando borracho mi copa y entonando tres pasodobles.
Me los encargaron como letras el año pasado para la feria de Olivenza -raya de Portugal-, (léase aquí) y yo los pongo en Nimes -raya de Francia-, para subrayar su carácter ebrio y exiliado.
Están dedicados a tres toreros extremeños como Don Lorenzo Clemente Naranjo que en los próximos días disertará sobre Tauroamaquia y Derecho en la capital francesa del toro.
Ya vela las armas en la capilla con el estoque de Antonio Ordóñez y el escapulario del Baratillo.
¡Cántalos borrachos para celebrar tu triunfo al son de "Marsellesa" o "Toreador"!
Y permanezcan atentos a sus pantallas porque en breve se anunciará en sus librerías LA TAUROMAQUIA A TRAVÉS DE SUS CONFLICTOS, del eximio autor citado.
Un éxito seguro y un vademécum para los profesionales.
Que Dios, Sarkozy y Carla Bruni repartan suerte, rien ne va plus.
¡PERERA!
Héroe de los carteles
y leyenda del valor,
la sangre besa la arena
como los rojos claveles
de la Puebla de Prïor.
Perera viene a triunfar
bajo el cielo de Madrid,
no tiene miedo a morir
cuando sale a torear.
Pon jazmín en los caireles,
rosas en los alamares,
porque esta tarde torea
la gracia de Miguel Ángel.
Perera viene a triunfar
bajo el cielo de Madrid,
no tiene miedo a morir
cuando sale a torear.
Citando por gaoneras
al filo de la testuz
del toro por su capote
es puro arte y quietud.
Y cuando monta el estoque
bajo el sol de su montera
desde Bilbao a Sevilla
el toro se desespera
buscando la taleguilla
bajo la mano segura.
Y grita la plaza entera:
¡Torero de Extremadura!
¡Perera! ¡Perera! ¡Perera!
Perera viene a triunfar
bajo el cielo de Madrid
y para el toro vivir
y con el toro soñar.
Su muleta verdadera,
es toda esencia y compás,
es toda hondura y poder:
la mano más baja y pura
y la espada más torera
que gira en el redondel.
Tras una estocada entera
la plaza es una locura:
¡Torero de Extremadura!
¡Perera! ¡Perera! ¡Perera!
Talavante Magno
Cuentan que Alejandro Magno
en campañas deslumbrantes
conquistó el confín del mundo
a lomos de su elefante.
Otro Alejandro Segundo
hace al Primero un desplante
de gracia y de gallardía
su imperio es de torería
y su nombre, Talavante.
Echa la pata p’alante,
torero de Badajoz,
sobre el albero maestrante
un natural de diamante
te coronó emperador.
Alejandro Talavante
torero de Puerta Grande
y de pellizco y valor.
Pon muy plana la muleta
que el toro viene de lejos,
y pon la tarde violeta
con la luz de tus reflejos
que los pitones amargos
ya te rozan la cintura
y es tu toreo tan largo
que hace eterno el instante
¡oh junco de Extremadura!
Alejandro Talavante.
Echa la pata p’alante,
torero de Badajoz,
sobre el albero maestrante
un natural de diamante
te coronó emperador.
Alejandro Talavante
torero de Puerta Grande
y de pellizco y valor.
Heroico Ferrera
Nadie tiene más poder
ni gracia banderillera
que tiene Antonio Ferrera
frente a la cara del toro,
torero de plata y oro,
extremeño de cartel.
Como un guerrero minoico
llegado de Ibiza y Creta
enviado del Rey Minos
y con un valor estoico
al poder de su muleta
somete a los Victorinos.
Y es el trance tan heroico,
tan trágica la belleza
que todos gritan: ¡Olé,
nadie tiene más poder
ni gracia banderillera
que tiene Antonio Ferrera
extremeño de cartel!
De la Feria de Sevilla
a la Feria del Pilar,
por las plazas de Castilla
y los cosos de ultramar
así dice a su cuadrilla
el Capitán General
del Tercio de Banderillas:
“Todos para el callejón
solo el toro para mí
que hemos nacido los dos
para triunfar o morir.”
“Y vente, torito, vente,
deja que te prenda flores
en tres pares relucientes.
Seis rosas de tres colores,
cortadas en el Guadiana,
negras como mi montera
verdes como las encinas
y blancas como la mañana,
cuando ondea mi bandera
en tremendas banderillas
asomado a tu balcón
que soy Antonio Ferrera,
que soy Antonio Ferrera
extremeño y matador.”
“Y todos para el callejón
solo el toro para mí
que hemos nacido los dos
para triunfar o morir.”
¡Nadie tiene más poder
ni gracia banderillera
que tiene Antonio Ferrera
extremeño de cartel!
Me los encargaron como letras el año pasado para la feria de Olivenza -raya de Portugal-, (léase aquí) y yo los pongo en Nimes -raya de Francia-, para subrayar su carácter ebrio y exiliado.
Están dedicados a tres toreros extremeños como Don Lorenzo Clemente Naranjo que en los próximos días disertará sobre Tauroamaquia y Derecho en la capital francesa del toro.
Ya vela las armas en la capilla con el estoque de Antonio Ordóñez y el escapulario del Baratillo.
¡Cántalos borrachos para celebrar tu triunfo al son de "Marsellesa" o "Toreador"!
Y permanezcan atentos a sus pantallas porque en breve se anunciará en sus librerías LA TAUROMAQUIA A TRAVÉS DE SUS CONFLICTOS, del eximio autor citado.
Un éxito seguro y un vademécum para los profesionales.
Que Dios, Sarkozy y Carla Bruni repartan suerte, rien ne va plus.
¡PERERA!
Héroe de los carteles
y leyenda del valor,
la sangre besa la arena
como los rojos claveles
de la Puebla de Prïor.
Perera viene a triunfar
bajo el cielo de Madrid,
no tiene miedo a morir
cuando sale a torear.
Pon jazmín en los caireles,
rosas en los alamares,
porque esta tarde torea
la gracia de Miguel Ángel.
Perera viene a triunfar
bajo el cielo de Madrid,
no tiene miedo a morir
cuando sale a torear.
Citando por gaoneras
al filo de la testuz
del toro por su capote
es puro arte y quietud.
Y cuando monta el estoque
bajo el sol de su montera
desde Bilbao a Sevilla
el toro se desespera
buscando la taleguilla
bajo la mano segura.
Y grita la plaza entera:
¡Torero de Extremadura!
¡Perera! ¡Perera! ¡Perera!
Perera viene a triunfar
bajo el cielo de Madrid
y para el toro vivir
y con el toro soñar.
Su muleta verdadera,
es toda esencia y compás,
es toda hondura y poder:
la mano más baja y pura
y la espada más torera
que gira en el redondel.
Tras una estocada entera
la plaza es una locura:
¡Torero de Extremadura!
¡Perera! ¡Perera! ¡Perera!
Talavante Magno
Cuentan que Alejandro Magno
en campañas deslumbrantes
conquistó el confín del mundo
a lomos de su elefante.
Otro Alejandro Segundo
hace al Primero un desplante
de gracia y de gallardía
su imperio es de torería
y su nombre, Talavante.
Echa la pata p’alante,
torero de Badajoz,
sobre el albero maestrante
un natural de diamante
te coronó emperador.
Alejandro Talavante
torero de Puerta Grande
y de pellizco y valor.
Pon muy plana la muleta
que el toro viene de lejos,
y pon la tarde violeta
con la luz de tus reflejos
que los pitones amargos
ya te rozan la cintura
y es tu toreo tan largo
que hace eterno el instante
¡oh junco de Extremadura!
Alejandro Talavante.
Echa la pata p’alante,
torero de Badajoz,
sobre el albero maestrante
un natural de diamante
te coronó emperador.
Alejandro Talavante
torero de Puerta Grande
y de pellizco y valor.
Heroico Ferrera
Nadie tiene más poder
ni gracia banderillera
que tiene Antonio Ferrera
frente a la cara del toro,
torero de plata y oro,
extremeño de cartel.
Como un guerrero minoico
llegado de Ibiza y Creta
enviado del Rey Minos
y con un valor estoico
al poder de su muleta
somete a los Victorinos.
Y es el trance tan heroico,
tan trágica la belleza
que todos gritan: ¡Olé,
nadie tiene más poder
ni gracia banderillera
que tiene Antonio Ferrera
extremeño de cartel!
De la Feria de Sevilla
a la Feria del Pilar,
por las plazas de Castilla
y los cosos de ultramar
así dice a su cuadrilla
el Capitán General
del Tercio de Banderillas:
“Todos para el callejón
solo el toro para mí
que hemos nacido los dos
para triunfar o morir.”
“Y vente, torito, vente,
deja que te prenda flores
en tres pares relucientes.
Seis rosas de tres colores,
cortadas en el Guadiana,
negras como mi montera
verdes como las encinas
y blancas como la mañana,
cuando ondea mi bandera
en tremendas banderillas
asomado a tu balcón
que soy Antonio Ferrera,
que soy Antonio Ferrera
extremeño y matador.”
“Y todos para el callejón
solo el toro para mí
que hemos nacido los dos
para triunfar o morir.”
¡Nadie tiene más poder
ni gracia banderillera
que tiene Antonio Ferrera
extremeño de cartel!
sábado, 12 de septiembre de 2009
San Sebastián de los Reyes (29 de agosto de 2009) - ... Y Aparicio
Para ser sinceros he de decir que inicialmente no tenía previsto ir a esta corrida, sino a la de Palencia, en una jornada en la que estaba previsto un buen prolegómeno de gastronomía antes de dejar que Morante nos deslumbrara. Pero como habían cogido a Morante, el kilometraje se antojaba excesivo sin una recompensa taurina de igual expectación.
La tarde de San Sebastián de los Reyes fue triunfal. Pero, sobre todo, vimos muy buen toreo. Buen toreo, muy técnico y poderoso siempre y, cuando el toro respondía, más ajustado y hondo, de Juli. Toreo importante con la capa: delantales de recibo y quite por chicuelinas y gaoneras ligadas en su primero. Y muy grande con la muleta: estatuarios sin mover los pies del sitio para comenzar la faena en su primero, muy buenos derechazos, larguísimos naturales, arrimón, cambios de mano ligados con naturales,… Y dos grandes estocadas.
Perera replicó como acostumbra. Con una entrega sin límites y un toreo grandioso y emocionante. Suavísimo y templado para recibir de capa a su primero; quite sublime citando desde el centro del ruedo y ligando chicuelinas con pases por la espalda y gaoneras. Para comenzar la faena de muleta nuevamente cita al toro desde el centro del ruedo para instrumentar unos escalofriantes pases cambiados que ligó con un natural y uno de pecho perfectos. Luego toreo fundamental con ambas manos largo, hondo y templado, para finalizar metiéndose entre los pitones e instrumentando inverosímiles cambios de mano. Gran estocada. El último de la tarde fue un toro más complicado que se rajó muy pronto, pese a lo cual pudo instrumentarle un par de series importantes y pegarse un arrimón especialmente peligroso por los tremendos arreones del manso.
Juli y Perera son dos toreros que, según se comenta, tienen buena relación personal. Pero que en el ruedo, con nobleza y educación, mantienen una rivalidad sanísima para la fiesta. Y, como puede comprobarse, van asimilando el toreo del otro para incorporarlo en su propio repertorio, hasta el punto que uno tiene la sensación de estar viendo faenas con una estructura muy parecida ejecutadas con estilos diferentes.
Nada que ver con Julio Aparicio, cuyo toreo es de otra época y otra intensidad. Para degustarlo con un deleite muy especial y en pocas porciones. Aparicio no tiene el sitio ni el valor que Juli o Perera, ni siquiera el sitio que él mismo tuvo en otra época. Pero tiene un duende que, cuando surge, arrebata al aficionado. Aunque no en todas las plazas se le entiende de igual modo. A mí particularmente me encantó en sus dos toros, aunque las peñas de San Sebastián de los Reyes no fueran de la misma opinión. A su primero le instrumentó unas verónicas de recibo muy templadas y con mucho gusto. Ya con la muleta dejó una serie absolutamente grandiosa con la derecha y pases sueltos de muchísima importancia al natural, con una trincherilla de cartel de plaza de primera. La media cayó abajo, pero no entiendo muy bien que no hubiera siquiera unas palmas de agradecimiento a un toreo tan peculiar. La faena al cuarto (que brindó a Antoñete) fue más compacta. Torerísimo el inicio de faena rodilla en tierra con un pase del desprecio sensacional. Y luego toreo perfumado en redondo con una naturalidad apabullante y unos pases de adorno para enmarcar. Los ayudados por alto del final acabaron de dar una gran coherencia y distinción a la faena. Recetó una estocada arriba después de un feo metisaca, y aquí el público sí respondió con algo más de entusiasmo.
Tengo para mí que es difícil que Aparicio, por forma física, ambición, valor y técnica, pueda dar mucho más de lo que vimos en San Sebastián de los Reyes (a ver si nos deja mal y hace una faena aún más maciza en el gran cartel del día de San Francisco en Las Ventas). Y, por eso, es difícil valorar por el aficionado si debe seguir de telonero en carteles como estos o debería dejar paso a otros diestros más jóvenes que necesitan ir abriéndose un hueco en las ferias.
En todo caso, a mí me reconforta ver este toreo de vez en cuando. Y contrastarlo con el gran toreo poderoso de jóvenes tan maduros como Juli o Perera, que son un seguro en cualquier cartel por su disposición y enorme regularidad, además de por su grandísimo toreo. Creo que ambos son necesarios y que se complementan. Y que el buen aficionado debería disfrutar de estos distintos estilos.
La tarde de San Sebastián de los Reyes fue triunfal. Pero, sobre todo, vimos muy buen toreo. Buen toreo, muy técnico y poderoso siempre y, cuando el toro respondía, más ajustado y hondo, de Juli. Toreo importante con la capa: delantales de recibo y quite por chicuelinas y gaoneras ligadas en su primero. Y muy grande con la muleta: estatuarios sin mover los pies del sitio para comenzar la faena en su primero, muy buenos derechazos, larguísimos naturales, arrimón, cambios de mano ligados con naturales,… Y dos grandes estocadas.
Perera replicó como acostumbra. Con una entrega sin límites y un toreo grandioso y emocionante. Suavísimo y templado para recibir de capa a su primero; quite sublime citando desde el centro del ruedo y ligando chicuelinas con pases por la espalda y gaoneras. Para comenzar la faena de muleta nuevamente cita al toro desde el centro del ruedo para instrumentar unos escalofriantes pases cambiados que ligó con un natural y uno de pecho perfectos. Luego toreo fundamental con ambas manos largo, hondo y templado, para finalizar metiéndose entre los pitones e instrumentando inverosímiles cambios de mano. Gran estocada. El último de la tarde fue un toro más complicado que se rajó muy pronto, pese a lo cual pudo instrumentarle un par de series importantes y pegarse un arrimón especialmente peligroso por los tremendos arreones del manso.
Juli y Perera son dos toreros que, según se comenta, tienen buena relación personal. Pero que en el ruedo, con nobleza y educación, mantienen una rivalidad sanísima para la fiesta. Y, como puede comprobarse, van asimilando el toreo del otro para incorporarlo en su propio repertorio, hasta el punto que uno tiene la sensación de estar viendo faenas con una estructura muy parecida ejecutadas con estilos diferentes.
Nada que ver con Julio Aparicio, cuyo toreo es de otra época y otra intensidad. Para degustarlo con un deleite muy especial y en pocas porciones. Aparicio no tiene el sitio ni el valor que Juli o Perera, ni siquiera el sitio que él mismo tuvo en otra época. Pero tiene un duende que, cuando surge, arrebata al aficionado. Aunque no en todas las plazas se le entiende de igual modo. A mí particularmente me encantó en sus dos toros, aunque las peñas de San Sebastián de los Reyes no fueran de la misma opinión. A su primero le instrumentó unas verónicas de recibo muy templadas y con mucho gusto. Ya con la muleta dejó una serie absolutamente grandiosa con la derecha y pases sueltos de muchísima importancia al natural, con una trincherilla de cartel de plaza de primera. La media cayó abajo, pero no entiendo muy bien que no hubiera siquiera unas palmas de agradecimiento a un toreo tan peculiar. La faena al cuarto (que brindó a Antoñete) fue más compacta. Torerísimo el inicio de faena rodilla en tierra con un pase del desprecio sensacional. Y luego toreo perfumado en redondo con una naturalidad apabullante y unos pases de adorno para enmarcar. Los ayudados por alto del final acabaron de dar una gran coherencia y distinción a la faena. Recetó una estocada arriba después de un feo metisaca, y aquí el público sí respondió con algo más de entusiasmo.
Tengo para mí que es difícil que Aparicio, por forma física, ambición, valor y técnica, pueda dar mucho más de lo que vimos en San Sebastián de los Reyes (a ver si nos deja mal y hace una faena aún más maciza en el gran cartel del día de San Francisco en Las Ventas). Y, por eso, es difícil valorar por el aficionado si debe seguir de telonero en carteles como estos o debería dejar paso a otros diestros más jóvenes que necesitan ir abriéndose un hueco en las ferias.
En todo caso, a mí me reconforta ver este toreo de vez en cuando. Y contrastarlo con el gran toreo poderoso de jóvenes tan maduros como Juli o Perera, que son un seguro en cualquier cartel por su disposición y enorme regularidad, además de por su grandísimo toreo. Creo que ambos son necesarios y que se complementan. Y que el buen aficionado debería disfrutar de estos distintos estilos.
jueves, 3 de septiembre de 2009
Juan Belmonte, matador de toros.
De Chaves Nogales.
Siempre más que recomendable, véase la reseña de Santos Domínguez de la nueva edición de Renacimiento en la revista Encuentros con las Letras.
Siempre más que recomendable, véase la reseña de Santos Domínguez de la nueva edición de Renacimiento en la revista Encuentros con las Letras.
sábado, 29 de agosto de 2009
San Sebastián de los Reyes (28 de agosto de 2009) - Torero valiente
Después de que Finito estuviera poco acertado con el primero de la tarde, la italiana que estaba sentada en la localidad contigua me preguntó que por qué la gente protestaba. Traté de explicarle aquello de la quietud, el aguante, el arte,… Creo que lo comprendió porque, poco después, en la faena de Morante al segundo, instantes antes de que resultara cogido, soltó un ¡Vaya torero más valiente!
Morante este año es, sobre todo, un torero valiente. Además de genial en la ejecución de los lances, de único con su toreo a la verónica, de personalísimo andando a los toros, de rotundo toreando en redondo, de intuitivo en los remates de las series,… Además de todo eso, es uno de los más valientes del escalafón. Porque se pone donde muy pocos y se pasa al toro muy cerca y de verdad. No metiéndose entre los pitones (que también tiene lo suyo), sino cruzándose, citando y aguantando. Si el toro pasa, obra de arte. Si no, olor de enfermería.
A Morante los toros le cogen toreando, poniéndose en el sitio, aguantando tarascadas. El de El Torreón (no creo que César Rincón esté particularmente contento con la corrida) fue incierto y descastado, como sus hermanos. Morante le había recibido con verónicas en el saludo, de las cuales hubo dos de cartel. Y otras dos más en el quite, gustándose, a compás. El comienzo de la faena fue con unos torerísimos ayudados por alto, toreando con todo el cuerpo, y un pinturero pase del desprecio. Templadísima la serie con la mano derecha, al llevarse la muleta a la izquierda, el toro le prendió y volteó con muy malos modos. Aguantó en el ruedo, le reanimaron y, tras varios minutos en los que no se sabía si continuaría la lidia, cogió la espada de verdad y le recetó una estocada casi entera.
Con esto se acabó la corrida. Finito, después de mitin del primero, al cuarto lo hizo ir en varias series sin ajuste ni templanza. Con el sexto, estuvo más tiempo delante de lo que merecía el marmolillo y tampoco sacó nada en claro. No parece que esté en su mejor momento este torero.
Manzanares tuvo una gran disposición pero un lote parejo con el resto de la corrida. O sea, pésimo. Al tercero lo lanceó bien a la verónica y le sacó una buena serie con la derecha antes de que el toro dimitiera de embestir y huyera a las tablas. Con el quinto, la faena empezó floja por las condiciones del toro y creció algo, con un par de tandas buenas con la derecha, pero poco más. A diferencia de otras tardes, José María estuvo bastante dubitativo con los aceros: al primero lo mató de una buena estocada, pero después de un pinchazo, y al quinto lo pinchó repetidamente.
Una tarde, en fin, de infortunio y de toros sin clase y sin fuerza.
No fue la mejor tarde para que la italiana se aficionara a los toros. Pero, al menos, aprendió lo que es un torero valiente.
Morante este año es, sobre todo, un torero valiente. Además de genial en la ejecución de los lances, de único con su toreo a la verónica, de personalísimo andando a los toros, de rotundo toreando en redondo, de intuitivo en los remates de las series,… Además de todo eso, es uno de los más valientes del escalafón. Porque se pone donde muy pocos y se pasa al toro muy cerca y de verdad. No metiéndose entre los pitones (que también tiene lo suyo), sino cruzándose, citando y aguantando. Si el toro pasa, obra de arte. Si no, olor de enfermería.
A Morante los toros le cogen toreando, poniéndose en el sitio, aguantando tarascadas. El de El Torreón (no creo que César Rincón esté particularmente contento con la corrida) fue incierto y descastado, como sus hermanos. Morante le había recibido con verónicas en el saludo, de las cuales hubo dos de cartel. Y otras dos más en el quite, gustándose, a compás. El comienzo de la faena fue con unos torerísimos ayudados por alto, toreando con todo el cuerpo, y un pinturero pase del desprecio. Templadísima la serie con la mano derecha, al llevarse la muleta a la izquierda, el toro le prendió y volteó con muy malos modos. Aguantó en el ruedo, le reanimaron y, tras varios minutos en los que no se sabía si continuaría la lidia, cogió la espada de verdad y le recetó una estocada casi entera.
Con esto se acabó la corrida. Finito, después de mitin del primero, al cuarto lo hizo ir en varias series sin ajuste ni templanza. Con el sexto, estuvo más tiempo delante de lo que merecía el marmolillo y tampoco sacó nada en claro. No parece que esté en su mejor momento este torero.
Manzanares tuvo una gran disposición pero un lote parejo con el resto de la corrida. O sea, pésimo. Al tercero lo lanceó bien a la verónica y le sacó una buena serie con la derecha antes de que el toro dimitiera de embestir y huyera a las tablas. Con el quinto, la faena empezó floja por las condiciones del toro y creció algo, con un par de tandas buenas con la derecha, pero poco más. A diferencia de otras tardes, José María estuvo bastante dubitativo con los aceros: al primero lo mató de una buena estocada, pero después de un pinchazo, y al quinto lo pinchó repetidamente.
Una tarde, en fin, de infortunio y de toros sin clase y sin fuerza.
No fue la mejor tarde para que la italiana se aficionara a los toros. Pero, al menos, aprendió lo que es un torero valiente.
jueves, 27 de agosto de 2009
Puerto de Santa María (23 de agosto de 2009) - Sorteos e infortunios
Ya comenté el año pasado al hablar de la corrida de la ganadería Marqués de Domecq en San Isidro que uno, que siempre tiene cierta tendencia a ponerse del lado de los toreros, cuando los toros que se lidian se han visto en el campo y se conoce a los ganaderos se escora algo más hacia la defensa del animal, a tapar sus defectos, a intuir en el comportamiento de los toreros alguna razón por la que no aprovechen del todo la corrida.
Lo cierto es que los toros de la goyesca del Puerto no fueron buenos. Y tengo la certeza de que no es eso lo que el ganadero está buscando y que es tan difícil de alcanzar en una labor tan compleja como la cría del toro bravo.
Pero no todos los toros fueron iguales. Y no todos (toros y toreros) tuvieron la misma suerte en el emparejamiento de la mañana.
Morante, por ejemplo, tuvo muy mala suerte. El primero, descastado y escasísimo de fuerzas, no sirvió. A pesar de eso, le recetó algunas buenas verónicas y dejó un gran comienzo de faena, que demostró su excelente estado de forma y las ganas con las que está a pesar del descomunal número de tardes que está toreando este año.
El cuarto, que se hubiera dejado un poco más, se dio una tremenda voltereta después del puyazo que le afectó claramente a su comportamiento. Antes, Morante dejó un ramillete de verónicas de ensueño. Con la muleta, nuevamente, sólo pudimos comprobar su maestría en un comienzo por ayudados por alto y pases del desprecio con una cadencia única.
Con el Cid, sin embargo, los que tuvieron mala suerte fueron los toros. Le tocaron los dos mejores toros de la tarde, que sin ser sensacionales, permitieron estar y sacarles toreo del bueno con capote y muleta. Y el Cid sacó algún lance estimable y algún muletazo de calidad. Pero está sin sitio, sin ver a los toros, sin cogerles la distancia, sin templar,… El Cid, que es un grandísimo torero, está pasando un bache toda esta temporada. Algo que le ha pasado a muchos toreros y que esperemos que acabe pronto, pero entretanto uno tiene la sensación de que muchas mañana la suerte se pone de su lado, y eso significa que por la tarde los toros no le corresponden a quien están en mejor momento.
Por otro lado, mencionar una vez la excelente cuadrilla del de Salteras. Grandísimos Boni y Alcalareño en ambos toros, pero sobre todo en el quinto (Boni con el capote y Alcalareño con los palos) la compenetración y el reparto de papeles es excepcional.
Al segundo de la tarde lo lanceó bien Cid de recibo y le hizo un quite mejorable. Después de un gran tercio de banderillas dio una buena serie con la mano derecha y otra con la izquierda. El toro parecía que hacía el avión, pero daba también la sensación de que tenía fracturada la mano derecha y que eso le impedía embestir mejor. Además que, aunque tenía nobleza, le faltaba fondo para emplearse y repetir. El Cid no acabó de sacar los bueno que tenía el toro (que no era mucho, pero algo más había) y aunque dio muchos pases, no acabó de conectar con el público.
En el quinto no hubo prácticamente toreo vistoso con el capote. Después de un tercio genial de banderillas Manuel Jesús dio dos series muy buenas con la derecha en el centro del ruedo. A partir de ahí, el torero se embarulló con las distancias y el toro fue a menos, con lo que nos quedamos con sólo un aperitivo de toreo con la muleta.
Castella, por su parte, está mucho mejor este año que el pasado. Con mucha más disposición y algo más de sitio. En el tercero cortó una oreja después de una faena de interés. Comenzó con ayudados por alto ajustados y sin moverse un ápice. Luego, un par de series buen y un tremendo arrimón en el que, aunque sin ligazón, consiguió sacar pases de enjundia a un toro que no era fácil. Mató de una gran estocada.
En el sexto se le notaba realmente motivado para cortar otra oreja y poder salir a hombros. Pero no pudo ser. No hubo prácticamente toreo con el capote. Se le picó poco y Curro Molina nos deleitó con pares de banderillas de mucho mérito. Castella empezó con doblones por bajo y luego empezó a toreros en redondo, primero con algunos enganchones y luego más limpio. El toro tenía su guasa (primero por complicado y luego porque se rajó) y la faena se fue complicando, sin que aquello acabara de cuajar.
Tarde, en fin, con algunos detalles. Pero en la que la expectación era muy grande y salimos con la sensación de que con toros más claros hubiéramos visto mucho más toreo (el momento de Morante y Castella permiten albergar todas las esperanzas).
Para el ganadero, la tarde no fue buena. Pero creo que da para analizar en detalle algunos comportamiento de interés de varios toros y ver cómo se pueden potenciar esas virtudes ajustando el coupage de vacas y sementales. Afición no les falta. Estoy seguro que veremos muchos toros interesantes de esta ganadería en lo que queda de temporada y en las siguientes.
Lo cierto es que los toros de la goyesca del Puerto no fueron buenos. Y tengo la certeza de que no es eso lo que el ganadero está buscando y que es tan difícil de alcanzar en una labor tan compleja como la cría del toro bravo.
Pero no todos los toros fueron iguales. Y no todos (toros y toreros) tuvieron la misma suerte en el emparejamiento de la mañana.
Morante, por ejemplo, tuvo muy mala suerte. El primero, descastado y escasísimo de fuerzas, no sirvió. A pesar de eso, le recetó algunas buenas verónicas y dejó un gran comienzo de faena, que demostró su excelente estado de forma y las ganas con las que está a pesar del descomunal número de tardes que está toreando este año.
El cuarto, que se hubiera dejado un poco más, se dio una tremenda voltereta después del puyazo que le afectó claramente a su comportamiento. Antes, Morante dejó un ramillete de verónicas de ensueño. Con la muleta, nuevamente, sólo pudimos comprobar su maestría en un comienzo por ayudados por alto y pases del desprecio con una cadencia única.
Con el Cid, sin embargo, los que tuvieron mala suerte fueron los toros. Le tocaron los dos mejores toros de la tarde, que sin ser sensacionales, permitieron estar y sacarles toreo del bueno con capote y muleta. Y el Cid sacó algún lance estimable y algún muletazo de calidad. Pero está sin sitio, sin ver a los toros, sin cogerles la distancia, sin templar,… El Cid, que es un grandísimo torero, está pasando un bache toda esta temporada. Algo que le ha pasado a muchos toreros y que esperemos que acabe pronto, pero entretanto uno tiene la sensación de que muchas mañana la suerte se pone de su lado, y eso significa que por la tarde los toros no le corresponden a quien están en mejor momento.
Por otro lado, mencionar una vez la excelente cuadrilla del de Salteras. Grandísimos Boni y Alcalareño en ambos toros, pero sobre todo en el quinto (Boni con el capote y Alcalareño con los palos) la compenetración y el reparto de papeles es excepcional.
Al segundo de la tarde lo lanceó bien Cid de recibo y le hizo un quite mejorable. Después de un gran tercio de banderillas dio una buena serie con la mano derecha y otra con la izquierda. El toro parecía que hacía el avión, pero daba también la sensación de que tenía fracturada la mano derecha y que eso le impedía embestir mejor. Además que, aunque tenía nobleza, le faltaba fondo para emplearse y repetir. El Cid no acabó de sacar los bueno que tenía el toro (que no era mucho, pero algo más había) y aunque dio muchos pases, no acabó de conectar con el público.
En el quinto no hubo prácticamente toreo vistoso con el capote. Después de un tercio genial de banderillas Manuel Jesús dio dos series muy buenas con la derecha en el centro del ruedo. A partir de ahí, el torero se embarulló con las distancias y el toro fue a menos, con lo que nos quedamos con sólo un aperitivo de toreo con la muleta.
Castella, por su parte, está mucho mejor este año que el pasado. Con mucha más disposición y algo más de sitio. En el tercero cortó una oreja después de una faena de interés. Comenzó con ayudados por alto ajustados y sin moverse un ápice. Luego, un par de series buen y un tremendo arrimón en el que, aunque sin ligazón, consiguió sacar pases de enjundia a un toro que no era fácil. Mató de una gran estocada.
En el sexto se le notaba realmente motivado para cortar otra oreja y poder salir a hombros. Pero no pudo ser. No hubo prácticamente toreo con el capote. Se le picó poco y Curro Molina nos deleitó con pares de banderillas de mucho mérito. Castella empezó con doblones por bajo y luego empezó a toreros en redondo, primero con algunos enganchones y luego más limpio. El toro tenía su guasa (primero por complicado y luego porque se rajó) y la faena se fue complicando, sin que aquello acabara de cuajar.
Tarde, en fin, con algunos detalles. Pero en la que la expectación era muy grande y salimos con la sensación de que con toros más claros hubiéramos visto mucho más toreo (el momento de Morante y Castella permiten albergar todas las esperanzas).
Para el ganadero, la tarde no fue buena. Pero creo que da para analizar en detalle algunos comportamiento de interés de varios toros y ver cómo se pueden potenciar esas virtudes ajustando el coupage de vacas y sementales. Afición no les falta. Estoy seguro que veremos muchos toros interesantes de esta ganadería en lo que queda de temporada y en las siguientes.
sábado, 22 de agosto de 2009
A vueltas con la Presidenta
Volvemos mañana a la Plaza Real a ver a Morante (esperemos que la sustitución de esta noche en Málaga no le impida descansar como corresponde). La rapidez de su recuperación ha sido extraordinaria y parece que no ha perdido el sitio ni la ilusión. Veremos.
Entretanto, leemos en Burladero.com que el equipo de Presidentes y Veterinarios de la Plaza han hecho público un comunicado para defender a la imbécil. Sí, a la que le negó la segunda oreja a Morante pese a la petición unánime de la plaza y después de haber sufrido la cogida en el muslo.
El comunicado, textualmente, y según el citado portal, dice así:
"Ante las críticas, abucheos, injurias, intromisiones en su vida personal y profesional e insultos recibidos por la Sra. Ana Alonso Lorente, Presidenta de esta Plaza de Toros, a raíz de la no concesión de la segunda oreja al diestro Morante de la Puebla el día 7 de Agosto, los Veterinarios, Delegados Gubernativos y Presidente de esta Plaza, queremos poner de manifiesto lo siguiente:
1º/ Nuestro apoyo sin condiciones a la Sra. Ana Alonso Lorente, ya que consideramos que su actuación tanto en los reconocimientos previos de la reses a lidiar, como su labor en el palco, están siempre marcadas por su celo profesional en el cumplimiento del reglamento taurino, su afición, su independencia, su honradez y su integridad, aparte de los errores que como cualquier ser humano pudiera haber cometido.
2º/ Que desde su nombramiento hace cuatro años, con independencia de sus aciertos o errores, viene sufriendo tarde tras tarde por parte de algunos medios de comunicación, una campaña de acoso y derribo a todas luces injusta y malintencionada, que esperamos no tenga nada que ver con su condición de ser la primera mujer que ocupa la presidencia de esta histórica Plaza, con su intención de darle seriedad al palco, ni con su lucha en los corrales por querer recuperar el toro serio, que la afición de El Puerto viene reclamando y que esta histórica Plaza merece.
3º/ Que puede ser que el día 7 de Agosto, Ana Alonso, pecara de falta de sensibilidad hacia Morante de la Puebla, pero su decisión fue a todas luces ajustada al Reglamento Taurino de Andalucía, Articulo 59 : La segunda oreja de una misma res y, excepcionalmente, la concesión del rabo de ésta, quedará al criterio de la Presidencia del espectáculo, que deberá tener en cuenta, a tal fin, la petición mayoritaria del público de igual forma que en el subapartado anterior, las condiciones de la res, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto con el capote como con la muleta y, fundamentalmente, la estocada.
De cualquier forma, lo que algunas personas definen como "inhumano", "kafkiano", "denigrante" e "imperdonable" error, no justifica la respuesta violenta de un publico, que se ha ido sugestionando durante cuatro temporadas, por los continuos golpeos de corrientes de opinión, con intereses oscuros e inexplicables, que al final por encima de un trofeo más o menos, lo que no soportan, es ver la figura de una mujer con un firme criterio, con conocimiento taurino, honesta y seria, presidiendo una corrida de toros.
4º/ Que tanto Ana Alonso Lorente, como los demás componentes de los Equipos Presidenciales de la Plaza de Toros de El Puerto, seguiremos trabajando para el fin para el que fuimos nombrados, que no es otro que este espectáculo único, en esta Plaza de Toros única, se desarrolle con toda normalidad y pureza.
Fdo. Equipos Gubernativos y Veterinarios de la Plaza de Toros de El Puerto de Santa María"
Reconozco que no entiendo nada. No sé a qué viene lo de las corrientes de opinión, los intereses oscuros, la referencia a su condición de mujer,… El que suscribe, y los que conmigo estaban esa tarde (en total, ocho personas), no tenemos ni idea de todas esas estupideces. No teníamos noticia alguna de esta sujeta hasta ese momento. No conocemos ni cuándo ni cómo se le nombró ni qué ha sucedido desde entonces. No tenemos prejuicios de género. Y a todos nos pareció que esa individua no podía volver al palco un día más.
Y que, menos aún, podía chulear a la plaza al día siguiente entrando tarde y ufana en el callejón. Ante lo cual hubo una respuesta airada y ruidosa, que no violenta (hasta donde sé, nadie la ha abofeteado ni ha roto ninguna de sus propiedades).
Afortunadamente, somos muchos los que vamos a la plaza de El Puerto de Santa María sin conocer la comidilla de patio de vecinos a la que hace referencia el equipo gubernativo y los veterinarios. Muchos a los que sólo nos interesa lo que sucede en el ruedo. Y que si alguna vez prestamos atención a otras cosas es porque alguien que no debía tener protagonismo alguno lo busca por su incompetencia o su ruindad.
En todo caso, lo más grave del escrito en cuestión es cómo se fundamenta la defensa de esta señora en su empeño en la recuperación del toro serio, aún reconociendo “Que puede ser que el día 7 de Agosto, Ana Alonso, pecara de falta de sensibilidad hacia Morante de la Puebla”. Miren ustedes, presidentes, veterinarios y cesantes varios que viven a costa de los impuestos de los ciudadanos y que lo único que hacen en aprovecharse de la fiesta. Cuando hay (aunque sea una sola vez) falta de sensibilidad hacia un torero, ni toro serio ni cojones. Esa persona sobra. No en el palco. En la plaza de toros y sus aledaños. Por eso sobra esta imbécil, como los imbéciles del siete en Las Ventas y como otros muchos imbéciles que no acaban de entender que un solo rasguño en la piel de un hombre es más importante, mucho más importante, que todos los reglamentos que en el mundo sean.
Ni trapío, ni casta, ni seriedad de presencia de los toros sirven de nada si no hay un hombre que se juega la vida. Y la sensibilidad hacia esta realidad es requisito imprescindible para poder entrar en el templo donde se celebra la liturgia.
Los que no la tengan, que se compren un vídeo con reportajes del Hombre y la Tierra o del National Geographic si lo que quieren es ver animalitos salvajes.
Pero que nos dejen en paz a los que nos gusta el toreo. No tenemos necesidad alguna de salvadores de esta guisa. No hay razón para que estos cuatro, cinco o seis individuos se crean con el derecho de imponer su visión de la Fiesta a toda una plaza que clama porque esta señora, que no tiene sensibilidad hacia un torero herido, no vuelva a interpretar sus deseos. No señores, no. Se acabaron ya los tiempos de las tutelas. El público tiene derecho a ver la fiesta que le da la gana. A disfrutar con faenas como la Morante. Y a que no haya ninguna imbécil que le estropee la tarde.
Entretanto, leemos en Burladero.com que el equipo de Presidentes y Veterinarios de la Plaza han hecho público un comunicado para defender a la imbécil. Sí, a la que le negó la segunda oreja a Morante pese a la petición unánime de la plaza y después de haber sufrido la cogida en el muslo.
El comunicado, textualmente, y según el citado portal, dice así:
"Ante las críticas, abucheos, injurias, intromisiones en su vida personal y profesional e insultos recibidos por la Sra. Ana Alonso Lorente, Presidenta de esta Plaza de Toros, a raíz de la no concesión de la segunda oreja al diestro Morante de la Puebla el día 7 de Agosto, los Veterinarios, Delegados Gubernativos y Presidente de esta Plaza, queremos poner de manifiesto lo siguiente:
1º/ Nuestro apoyo sin condiciones a la Sra. Ana Alonso Lorente, ya que consideramos que su actuación tanto en los reconocimientos previos de la reses a lidiar, como su labor en el palco, están siempre marcadas por su celo profesional en el cumplimiento del reglamento taurino, su afición, su independencia, su honradez y su integridad, aparte de los errores que como cualquier ser humano pudiera haber cometido.
2º/ Que desde su nombramiento hace cuatro años, con independencia de sus aciertos o errores, viene sufriendo tarde tras tarde por parte de algunos medios de comunicación, una campaña de acoso y derribo a todas luces injusta y malintencionada, que esperamos no tenga nada que ver con su condición de ser la primera mujer que ocupa la presidencia de esta histórica Plaza, con su intención de darle seriedad al palco, ni con su lucha en los corrales por querer recuperar el toro serio, que la afición de El Puerto viene reclamando y que esta histórica Plaza merece.
3º/ Que puede ser que el día 7 de Agosto, Ana Alonso, pecara de falta de sensibilidad hacia Morante de la Puebla, pero su decisión fue a todas luces ajustada al Reglamento Taurino de Andalucía, Articulo 59 : La segunda oreja de una misma res y, excepcionalmente, la concesión del rabo de ésta, quedará al criterio de la Presidencia del espectáculo, que deberá tener en cuenta, a tal fin, la petición mayoritaria del público de igual forma que en el subapartado anterior, las condiciones de la res, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto con el capote como con la muleta y, fundamentalmente, la estocada.
De cualquier forma, lo que algunas personas definen como "inhumano", "kafkiano", "denigrante" e "imperdonable" error, no justifica la respuesta violenta de un publico, que se ha ido sugestionando durante cuatro temporadas, por los continuos golpeos de corrientes de opinión, con intereses oscuros e inexplicables, que al final por encima de un trofeo más o menos, lo que no soportan, es ver la figura de una mujer con un firme criterio, con conocimiento taurino, honesta y seria, presidiendo una corrida de toros.
4º/ Que tanto Ana Alonso Lorente, como los demás componentes de los Equipos Presidenciales de la Plaza de Toros de El Puerto, seguiremos trabajando para el fin para el que fuimos nombrados, que no es otro que este espectáculo único, en esta Plaza de Toros única, se desarrolle con toda normalidad y pureza.
Fdo. Equipos Gubernativos y Veterinarios de la Plaza de Toros de El Puerto de Santa María"
Reconozco que no entiendo nada. No sé a qué viene lo de las corrientes de opinión, los intereses oscuros, la referencia a su condición de mujer,… El que suscribe, y los que conmigo estaban esa tarde (en total, ocho personas), no tenemos ni idea de todas esas estupideces. No teníamos noticia alguna de esta sujeta hasta ese momento. No conocemos ni cuándo ni cómo se le nombró ni qué ha sucedido desde entonces. No tenemos prejuicios de género. Y a todos nos pareció que esa individua no podía volver al palco un día más.
Y que, menos aún, podía chulear a la plaza al día siguiente entrando tarde y ufana en el callejón. Ante lo cual hubo una respuesta airada y ruidosa, que no violenta (hasta donde sé, nadie la ha abofeteado ni ha roto ninguna de sus propiedades).
Afortunadamente, somos muchos los que vamos a la plaza de El Puerto de Santa María sin conocer la comidilla de patio de vecinos a la que hace referencia el equipo gubernativo y los veterinarios. Muchos a los que sólo nos interesa lo que sucede en el ruedo. Y que si alguna vez prestamos atención a otras cosas es porque alguien que no debía tener protagonismo alguno lo busca por su incompetencia o su ruindad.
En todo caso, lo más grave del escrito en cuestión es cómo se fundamenta la defensa de esta señora en su empeño en la recuperación del toro serio, aún reconociendo “Que puede ser que el día 7 de Agosto, Ana Alonso, pecara de falta de sensibilidad hacia Morante de la Puebla”. Miren ustedes, presidentes, veterinarios y cesantes varios que viven a costa de los impuestos de los ciudadanos y que lo único que hacen en aprovecharse de la fiesta. Cuando hay (aunque sea una sola vez) falta de sensibilidad hacia un torero, ni toro serio ni cojones. Esa persona sobra. No en el palco. En la plaza de toros y sus aledaños. Por eso sobra esta imbécil, como los imbéciles del siete en Las Ventas y como otros muchos imbéciles que no acaban de entender que un solo rasguño en la piel de un hombre es más importante, mucho más importante, que todos los reglamentos que en el mundo sean.
Ni trapío, ni casta, ni seriedad de presencia de los toros sirven de nada si no hay un hombre que se juega la vida. Y la sensibilidad hacia esta realidad es requisito imprescindible para poder entrar en el templo donde se celebra la liturgia.
Los que no la tengan, que se compren un vídeo con reportajes del Hombre y la Tierra o del National Geographic si lo que quieren es ver animalitos salvajes.
Pero que nos dejen en paz a los que nos gusta el toreo. No tenemos necesidad alguna de salvadores de esta guisa. No hay razón para que estos cuatro, cinco o seis individuos se crean con el derecho de imponer su visión de la Fiesta a toda una plaza que clama porque esta señora, que no tiene sensibilidad hacia un torero herido, no vuelva a interpretar sus deseos. No señores, no. Se acabaron ya los tiempos de las tutelas. El público tiene derecho a ver la fiesta que le da la gana. A disfrutar con faenas como la Morante. Y a que no haya ninguna imbécil que le estropee la tarde.
domingo, 16 de agosto de 2009
¡Ánimo, Fundi!
La mala suerte que está teniendo este año El Fundi es espectacular: primero, la caida del caballo en el campo, luego la cornada el día de su reaparación en Toledo y ayer mismo el golpe en la cabeza en Illumbe que le hizo quedar inconsciente.
Desde aquí, nuestros mejores deseos de recuperación para el maestro. Que, a pesar de la gravedad, la recuperación sea pronta y sin secuelas. Mucho ánimo para él y los suyos.
Desde aquí, nuestros mejores deseos de recuperación para el maestro. Que, a pesar de la gravedad, la recuperación sea pronta y sin secuelas. Mucho ánimo para él y los suyos.
Almendralejo (15 de agosto de 2009) - De casta
Había que estar allí. Por poco que se pudiera, había que ver reaparecer a Israel Lancho.
Después de la brutal cogida de Madrid, en la que el toro le prendió por el pecho de muy malos modos al entrar a matar, aunque con un atisbo de suerte final que hizo que el pitón no le tocara ni el corazón ni ninguna de las venas importantes, había que reconocerle su entrega y su verdad.
Por eso (y porque el día de la Virgen hay que ver toros) estuvimos en Almendralejo, aunque hubiera que hacer más de doscientos kilómetros después de llevar en el cuerpo casi cuatrocientos más en la vuelta de Portugal.
Israel demostró que quiere ser alguien en esto. Los toros de Luis Albarrán que le tocaron en suerte, sin ser especialmente boyantes, le permitieron demostrar sus ganas, su ambición, su casta y sus buenas maneras. Al primero de su lote lo lanceó bien de salida y, tras brindar al público, le citó casi desde el centro del ruedo para enjaretarle dos pases cambiados por la espalda que conectaron con facilidad con el público. Luego, toreo muy serio con ambas manos. El toro tenía poca fuerza y se le colaba por ambos pitones (de forma ostensible en el primer pase de cada tanda), pero el torero aguantó impasible y condujo la embestida con poder y temple en un gran toreo vertical. Como el toro no pasaba, se metió literalmente entre los pitones para acabar de sacarle las últimas arrancadas que tenía. Estocada hasta la bola muy bien ejecutada, tras la que el toro cayó redondo de forma fulminante. Dos orejas. Gran faena con claros apuntes de corte pererista. No es mala enciclopedia para tomar apuntes.
En el quinto toreó también de salida por verónicas (algo apresuradas), llevó el toro al caballo con un breve galleo por chicuelinas (el diámetro del ruedo no da para más) y quitó por chicuelinas. La faena de muleta la comenzó con ayudado por alto en el tercio, aguantando un tremendo parón del toro sólo un par de metros antes de llegar al embroque en el primero de los pases. Luego, dos grandes series con la derecha, largas y ligadas. Otra buena con la izquierda y vuelta a la derecha aún más despacio y templado. En un cambio de mano por la espalda que trataba de ligar con un natural, quedó descubierto y el toro hizo por él, dándole una fea voltereta. Se repuso y tuvo aún tiempo de dar una serie más y cerrar con manoletinas muy ajustadas antes de recetar otra estocada entera (aunque esta vez, bastante caída). Dos orejas y rabo.
En resumen, muy buena disposición y gran toreo de Israel Lancho. Sin duda, necesita torear más y en plazas de mayor enjundia para que éste adquiera toda su dimensión, pero el canon que practica (en la línea de toreo vertical y serio de Perera, incorporando apuntes josetomasistas) es una clara garantía de calidad. Si es capaz de mantener una progresión acorde con lo que viene demostrando, la próxima temporada podemos verle triunfar en plazas importantes.
Curro Díaz quedó prácticamente inédito con el capote, siendo como es uno de los mejores capoteros del escalafón. Brindó el primero de la tarde a Israel Lancho en un gesto muy torero y dejó apuntes de su estética en algunos pases sueltos. El toro, flojísimo, no daba para más. Gran voluntad por agradar y por hacer las cosas bien, pero cuando el toro no se mueve es complicado. Mató mal (pinchado, media muy tendida y dos descabellos). En el quinto cortó dos orejas, más por la benevolencia del público y el presidente y por la eficacia de la estocada, que por los méritos de la faena, que no fueron para tanto. Hubo, es verdad, voluntad y muchos pases, pero faltó rotundidad, poder,… El toro era tardo, se quedaba corto y no repetía y, a pesar de eso, Curro Díaz insistió para sacarle faena. Pero no hubo una faena vistosa ni pases de la calidad que le hemos visto otras veces a este torero.
Era la primera vez que veía en una plaza a Jairo Miguel y tengo la sensación de que necesita muchas horas de campo para que su toreo pueda crecer. Se le ve con ganas, pero muy falto de técnica. En su primero estuvo más serio, tratando de hacer las cosas bien, aunque no siempre le salieran, pero, al menos, componía bien la figura y dio algún pase con sabor. Lo mejor, cómo tiró del toro en una serie con la izquierda y la disposición para hacer todo en el centro del ruedo. Lo peor, que tardó mucho en encontrar la distancia del toro y, en las primeras series, perdía muchos pasos después de cada muletazo. En el sexto se le vio más despistado, sin ideas. Muchos pases con la mano derecha sin temple ni hondura, no consiguió acoplarse tampoco al natural. Al final, el toro se llevó infinidad de muletazos en una faena que no dijo nada. Especialmente preocupante el mitin que dio con la espada en sus dos toros. No sabe entrar a matar o lo hace con tantas precauciones que es imposible que acierte en el embroque. Lo dicho, muchas horas de campo… y de carretón.
La tarde, al fin, fue de Israel Lancho. Un torero con los fundamentos para progresar rápido y bien.
Curro Díaz tiene una gran estética, pero le falta romper (¿por decisión?, ¿valor?, ¿afición?, ¿algo de técnica?).
Y a Jairo le falta mucho. Muchas horas de campo y carretón. Mucha técnica. Ver más claro a los toros. Insistir en las virtudes de su primera faena. Ese es el camino para hacerse un hueco. Que no está nada fácil, pero vale la pena.
Después de la brutal cogida de Madrid, en la que el toro le prendió por el pecho de muy malos modos al entrar a matar, aunque con un atisbo de suerte final que hizo que el pitón no le tocara ni el corazón ni ninguna de las venas importantes, había que reconocerle su entrega y su verdad.
Por eso (y porque el día de la Virgen hay que ver toros) estuvimos en Almendralejo, aunque hubiera que hacer más de doscientos kilómetros después de llevar en el cuerpo casi cuatrocientos más en la vuelta de Portugal.
Israel demostró que quiere ser alguien en esto. Los toros de Luis Albarrán que le tocaron en suerte, sin ser especialmente boyantes, le permitieron demostrar sus ganas, su ambición, su casta y sus buenas maneras. Al primero de su lote lo lanceó bien de salida y, tras brindar al público, le citó casi desde el centro del ruedo para enjaretarle dos pases cambiados por la espalda que conectaron con facilidad con el público. Luego, toreo muy serio con ambas manos. El toro tenía poca fuerza y se le colaba por ambos pitones (de forma ostensible en el primer pase de cada tanda), pero el torero aguantó impasible y condujo la embestida con poder y temple en un gran toreo vertical. Como el toro no pasaba, se metió literalmente entre los pitones para acabar de sacarle las últimas arrancadas que tenía. Estocada hasta la bola muy bien ejecutada, tras la que el toro cayó redondo de forma fulminante. Dos orejas. Gran faena con claros apuntes de corte pererista. No es mala enciclopedia para tomar apuntes.
En el quinto toreó también de salida por verónicas (algo apresuradas), llevó el toro al caballo con un breve galleo por chicuelinas (el diámetro del ruedo no da para más) y quitó por chicuelinas. La faena de muleta la comenzó con ayudado por alto en el tercio, aguantando un tremendo parón del toro sólo un par de metros antes de llegar al embroque en el primero de los pases. Luego, dos grandes series con la derecha, largas y ligadas. Otra buena con la izquierda y vuelta a la derecha aún más despacio y templado. En un cambio de mano por la espalda que trataba de ligar con un natural, quedó descubierto y el toro hizo por él, dándole una fea voltereta. Se repuso y tuvo aún tiempo de dar una serie más y cerrar con manoletinas muy ajustadas antes de recetar otra estocada entera (aunque esta vez, bastante caída). Dos orejas y rabo.
En resumen, muy buena disposición y gran toreo de Israel Lancho. Sin duda, necesita torear más y en plazas de mayor enjundia para que éste adquiera toda su dimensión, pero el canon que practica (en la línea de toreo vertical y serio de Perera, incorporando apuntes josetomasistas) es una clara garantía de calidad. Si es capaz de mantener una progresión acorde con lo que viene demostrando, la próxima temporada podemos verle triunfar en plazas importantes.
Curro Díaz quedó prácticamente inédito con el capote, siendo como es uno de los mejores capoteros del escalafón. Brindó el primero de la tarde a Israel Lancho en un gesto muy torero y dejó apuntes de su estética en algunos pases sueltos. El toro, flojísimo, no daba para más. Gran voluntad por agradar y por hacer las cosas bien, pero cuando el toro no se mueve es complicado. Mató mal (pinchado, media muy tendida y dos descabellos). En el quinto cortó dos orejas, más por la benevolencia del público y el presidente y por la eficacia de la estocada, que por los méritos de la faena, que no fueron para tanto. Hubo, es verdad, voluntad y muchos pases, pero faltó rotundidad, poder,… El toro era tardo, se quedaba corto y no repetía y, a pesar de eso, Curro Díaz insistió para sacarle faena. Pero no hubo una faena vistosa ni pases de la calidad que le hemos visto otras veces a este torero.
Era la primera vez que veía en una plaza a Jairo Miguel y tengo la sensación de que necesita muchas horas de campo para que su toreo pueda crecer. Se le ve con ganas, pero muy falto de técnica. En su primero estuvo más serio, tratando de hacer las cosas bien, aunque no siempre le salieran, pero, al menos, componía bien la figura y dio algún pase con sabor. Lo mejor, cómo tiró del toro en una serie con la izquierda y la disposición para hacer todo en el centro del ruedo. Lo peor, que tardó mucho en encontrar la distancia del toro y, en las primeras series, perdía muchos pasos después de cada muletazo. En el sexto se le vio más despistado, sin ideas. Muchos pases con la mano derecha sin temple ni hondura, no consiguió acoplarse tampoco al natural. Al final, el toro se llevó infinidad de muletazos en una faena que no dijo nada. Especialmente preocupante el mitin que dio con la espada en sus dos toros. No sabe entrar a matar o lo hace con tantas precauciones que es imposible que acierte en el embroque. Lo dicho, muchas horas de campo… y de carretón.
La tarde, al fin, fue de Israel Lancho. Un torero con los fundamentos para progresar rápido y bien.
Curro Díaz tiene una gran estética, pero le falta romper (¿por decisión?, ¿valor?, ¿afición?, ¿algo de técnica?).
Y a Jairo le falta mucho. Muchas horas de campo y carretón. Mucha técnica. Ver más claro a los toros. Insistir en las virtudes de su primera faena. Ese es el camino para hacerse un hueco. Que no está nada fácil, pero vale la pena.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Puerto de Santa María (9 de agosto de 2009) - Dos estilos
Buena tarde de toros la del domingo en el Puerto. Aunque algo extraña.
Porque no resulta usual que reaparezca un torero de casi sesenta años después de muchos años sin torear. Porque es una rareza que Ponce no abra cartel. Y porque es cuando menos curioso que un torero que ha dicho que quería torear menos este año (el mismo Ponce) llegara justo después de haber cortado dos orejas y un rabo a un toro el día anterior en Vitoria (ahí mismito, vamos) y que tuviera que salir, ceremonioso, después de lidiar su segundo toro y entretenerse en cortar tres orejas, porque al día siguiente le tocaba torear en San Sebastián.
Pero más allá de estas curiosidades, lo cierto es que hubo toreo. Y del bueno. En dos estilos distintos, sin acabar de romper del todo ningún toro ni ninguna de las faenas, pero con grandes momentos para el disfrute.
Galloso, como decimos, reaparecía. Uno puede entender humanamente que lo haga (por necesidad económica, por matar el gusanillo o porque le apetezca), pero como aficionado es mucho más difícil de asumir. Porque esto de lidiar cuatreños es una cosa muy seria. Y cuando no se está preparado, uno puede dejar apuntes de lidia añeja, pero es difícil que cuaje un toro. Y, entretanto, deja una sensación de falta de sitio y de inseguridad en el público que no hay modo de justificar.
Todo lo contrario que Ponce y Perera, dos de los toreros con más técnica, conocimiento y sitio del escalafón. En dos estilos diferentes y a los que, por eso mismo, resulta especialmente agradable ver en una misma tarde.
Ponce es un maestro completo. Con un dominio de todos los toros grandioso. Los entiende y lidia a la perfección. Y le da a cada uno la faena que precisa. Con su primero, comenzó torerísimo con pases por bajo marca de la casa y un cambio de mano rodilla en tierra inmenso. Luego, series muy templadas con la derecha, sin dejarse enganchar nunca, llevando el toro a media altura y ligando perfectamente los pases. Importantes y largísimos los pases de pecho. Por la izquierda el toro se quedaba más corto, pero a pesar de ello el de Chiva le sacó, pase a pase, dos series más. Volvió a la derecha para seguir el toreo el redondo y finalizar con pases ayudados para colocar al toro en suerte. La estocada resultó caída, pero la petición de las dos orejas fue unánime y la presidenta, que supongo no quiere más líos, los dio sin rechistar.
En el quinto, un toro más complicado, Ponce llevó directamente toda la lidia. Una auténtica lección de puesta en escena en la cual ir mostrando al público cuáles eran los defectos del toro a la vez que con la lidia pulcra y precisa se iban limando y el toro aprendía quién mandaba allí. En banderillas, el tercero de la cuadrilla a punto estuvo de resultar cogido al refugiarse en el burladero después de tratar de parear, pero se repuso y colocó un grandísimo par. Con la muleta, Ponce, a base de colocación, técnica y poder, sacó series buenas de un toro que no regalaba ni una embestida. El toro se fue quedando cada vez más parado y Ponce acortando los terrenos iba obligándole a pasar. Mató muy bajo, a pesar de lo cual se pidió y concedió una oreja.
Ponce demostró una tarde más su técnica prodigiosa, su enorme afición, sus ganas de no quedarse nunca atrás de no dar un solo toro por perdido,… Se le podrá criticar que le falta hondura (o que no la aplica en demasía), que tiene un toreo previsible, que en general acompaña la embestida más que mandarla, que no obliga a los toros,… Pero todo eso no hace sino mostrar la dimensión única de figura de quien aplica los registros precisos para poder torear a casi todos los toros. Con un toreo a veces medido, pero importante. Un claro espejo para los que empiezan. No tanto para imitar o seguir su tipo de toreo (que además de casi imposible, sería una vulgaridad), pero sí por afición, constancia y estilo propio.
Como Perera, mucho más joven y con un modo de torear que nada tiene que ver con el de Ponce, pero a quien también es una delicia ir a ver cada tarde. La dimensión que dio en el Puerto fue sencillamente genial. El tercero de la tarde era un toro andarín, que reponía pronto y hacía hilo. Y así es muy difícil torear. Pese a ello, le enjaretó muy buenas verónicas en el recibo de capa y le hizo un quite con el capote a la espalda sensacional. Con la muleta comenzó a pies juntos, pero no había manera de evitar que el toro se le viniera encima. Como cuando le dio distancia para torear con la derecha. Por eso, acortó las distancias y, primero con la derecha y luego al natural, obligó muchísimo al toro, a quien ya no le quedó más remedio que seguir el engaño, que era lo único que veía. Y hacerlo siendo por abajo, yendo más allá, mucho más allá, de lo que su instinto y su casta le pedían. Siguió acercándose y sacó dos tandas muy cerca de los pitones antes de matar de una estocada perfecta. La oreja que le dieron era un premio menor a la inteligencia y el valor derrochados.
Una inteligencia y un valor, no obstante, que se quedaron pequeños al lado de lo que sucedió en el sexto, en el que aguantó lo indecible y logró una comunicación perfecta con el público. Este toro era más parado, se colaba y no quería pasar, interrumpiendo la embestida a mitad del muletazo. Perera se colocó entre los pitones, aguantó impasible todas las coladas y los parones (uno por pase) y a base de aguantar, poder y obligar, logró series enormes y emoción a raudales. No se puede exponer más. Sin duda, si el toro embiste y acomete, se podrá torear más largo, pero no se puede estar más puro, hondo y valiente con un toro tan complicado. Todo era de verdad, sin aspavientos. Recetó otra estocada hasta la bola tirándose literalmente entre los pitones después de dos pinchazos arriba porque el toro no se movía.
Perera es el torero que mejor ha aunado las distintas tauromaquias que hasta ahora han sido: la del rito que acompañaba a Joselito desde la famosa goyesca, la del toreo largo, dando distancia y ligando de Ponce, Rincón,… la del aguante y las cercanías de José Tomás,… Todo está en su cabeza, en su corazón y en sus muñecas y lo dosifica en función de lo que requiera cada animal. Hay que verle, seguirle por las plazas, admirar cómo sigue creciendo y cómo se entrega cada tarde.
EXASPERA ver cómo la presidenta del viernes volvió al Palco como si tal cosa. Bueno, como si tal cosa no, porque el público la abroncó de forma ostensible desde que ocupó el lugar que ensucia con su sola presencia.
VOLVEREMOS el día 23, en la esperanza de que Morante pueda reaparecer.
Porque no resulta usual que reaparezca un torero de casi sesenta años después de muchos años sin torear. Porque es una rareza que Ponce no abra cartel. Y porque es cuando menos curioso que un torero que ha dicho que quería torear menos este año (el mismo Ponce) llegara justo después de haber cortado dos orejas y un rabo a un toro el día anterior en Vitoria (ahí mismito, vamos) y que tuviera que salir, ceremonioso, después de lidiar su segundo toro y entretenerse en cortar tres orejas, porque al día siguiente le tocaba torear en San Sebastián.
Pero más allá de estas curiosidades, lo cierto es que hubo toreo. Y del bueno. En dos estilos distintos, sin acabar de romper del todo ningún toro ni ninguna de las faenas, pero con grandes momentos para el disfrute.
Galloso, como decimos, reaparecía. Uno puede entender humanamente que lo haga (por necesidad económica, por matar el gusanillo o porque le apetezca), pero como aficionado es mucho más difícil de asumir. Porque esto de lidiar cuatreños es una cosa muy seria. Y cuando no se está preparado, uno puede dejar apuntes de lidia añeja, pero es difícil que cuaje un toro. Y, entretanto, deja una sensación de falta de sitio y de inseguridad en el público que no hay modo de justificar.
Todo lo contrario que Ponce y Perera, dos de los toreros con más técnica, conocimiento y sitio del escalafón. En dos estilos diferentes y a los que, por eso mismo, resulta especialmente agradable ver en una misma tarde.
Ponce es un maestro completo. Con un dominio de todos los toros grandioso. Los entiende y lidia a la perfección. Y le da a cada uno la faena que precisa. Con su primero, comenzó torerísimo con pases por bajo marca de la casa y un cambio de mano rodilla en tierra inmenso. Luego, series muy templadas con la derecha, sin dejarse enganchar nunca, llevando el toro a media altura y ligando perfectamente los pases. Importantes y largísimos los pases de pecho. Por la izquierda el toro se quedaba más corto, pero a pesar de ello el de Chiva le sacó, pase a pase, dos series más. Volvió a la derecha para seguir el toreo el redondo y finalizar con pases ayudados para colocar al toro en suerte. La estocada resultó caída, pero la petición de las dos orejas fue unánime y la presidenta, que supongo no quiere más líos, los dio sin rechistar.
En el quinto, un toro más complicado, Ponce llevó directamente toda la lidia. Una auténtica lección de puesta en escena en la cual ir mostrando al público cuáles eran los defectos del toro a la vez que con la lidia pulcra y precisa se iban limando y el toro aprendía quién mandaba allí. En banderillas, el tercero de la cuadrilla a punto estuvo de resultar cogido al refugiarse en el burladero después de tratar de parear, pero se repuso y colocó un grandísimo par. Con la muleta, Ponce, a base de colocación, técnica y poder, sacó series buenas de un toro que no regalaba ni una embestida. El toro se fue quedando cada vez más parado y Ponce acortando los terrenos iba obligándole a pasar. Mató muy bajo, a pesar de lo cual se pidió y concedió una oreja.
Ponce demostró una tarde más su técnica prodigiosa, su enorme afición, sus ganas de no quedarse nunca atrás de no dar un solo toro por perdido,… Se le podrá criticar que le falta hondura (o que no la aplica en demasía), que tiene un toreo previsible, que en general acompaña la embestida más que mandarla, que no obliga a los toros,… Pero todo eso no hace sino mostrar la dimensión única de figura de quien aplica los registros precisos para poder torear a casi todos los toros. Con un toreo a veces medido, pero importante. Un claro espejo para los que empiezan. No tanto para imitar o seguir su tipo de toreo (que además de casi imposible, sería una vulgaridad), pero sí por afición, constancia y estilo propio.
Como Perera, mucho más joven y con un modo de torear que nada tiene que ver con el de Ponce, pero a quien también es una delicia ir a ver cada tarde. La dimensión que dio en el Puerto fue sencillamente genial. El tercero de la tarde era un toro andarín, que reponía pronto y hacía hilo. Y así es muy difícil torear. Pese a ello, le enjaretó muy buenas verónicas en el recibo de capa y le hizo un quite con el capote a la espalda sensacional. Con la muleta comenzó a pies juntos, pero no había manera de evitar que el toro se le viniera encima. Como cuando le dio distancia para torear con la derecha. Por eso, acortó las distancias y, primero con la derecha y luego al natural, obligó muchísimo al toro, a quien ya no le quedó más remedio que seguir el engaño, que era lo único que veía. Y hacerlo siendo por abajo, yendo más allá, mucho más allá, de lo que su instinto y su casta le pedían. Siguió acercándose y sacó dos tandas muy cerca de los pitones antes de matar de una estocada perfecta. La oreja que le dieron era un premio menor a la inteligencia y el valor derrochados.
Una inteligencia y un valor, no obstante, que se quedaron pequeños al lado de lo que sucedió en el sexto, en el que aguantó lo indecible y logró una comunicación perfecta con el público. Este toro era más parado, se colaba y no quería pasar, interrumpiendo la embestida a mitad del muletazo. Perera se colocó entre los pitones, aguantó impasible todas las coladas y los parones (uno por pase) y a base de aguantar, poder y obligar, logró series enormes y emoción a raudales. No se puede exponer más. Sin duda, si el toro embiste y acomete, se podrá torear más largo, pero no se puede estar más puro, hondo y valiente con un toro tan complicado. Todo era de verdad, sin aspavientos. Recetó otra estocada hasta la bola tirándose literalmente entre los pitones después de dos pinchazos arriba porque el toro no se movía.
Perera es el torero que mejor ha aunado las distintas tauromaquias que hasta ahora han sido: la del rito que acompañaba a Joselito desde la famosa goyesca, la del toreo largo, dando distancia y ligando de Ponce, Rincón,… la del aguante y las cercanías de José Tomás,… Todo está en su cabeza, en su corazón y en sus muñecas y lo dosifica en función de lo que requiera cada animal. Hay que verle, seguirle por las plazas, admirar cómo sigue creciendo y cómo se entrega cada tarde.
EXASPERA ver cómo la presidenta del viernes volvió al Palco como si tal cosa. Bueno, como si tal cosa no, porque el público la abroncó de forma ostensible desde que ocupó el lugar que ensucia con su sola presencia.
VOLVEREMOS el día 23, en la esperanza de que Morante pueda reaparecer.
domingo, 9 de agosto de 2009
Puerto de Santa María (8 de agosto de 2009) - Mala, malísima,... y Talavante
La corrida de Juan Pedro fue mala. Malísima, si queremos ser precisos. Sólo se salvó un toro, el tercero, que tuvo algo más de aire, de codicia y de poder. El resto, sosos, descastados, gordos, fofos, a menos,… Una auténtica ruina.
Con este material, Padilla no pudo sino estar voluntarioso. Recibos de capa y banderillas más espectaculares que ajustados, igual que los faroles del quite del cuarto. Y luego, con la muleta, absolutamente nada por lo insulso de los toros. Lo más llamativo, los pases iniciales de la faena al cuarto, rodilla en tierra.
Tampoco tuvo posibilidad alguna el Juli, que sólo pudo destacar en los delantales de recibo al segundo (sin ligarlos, por la absoluta falta de fijeza del animal) y en el toreo hondo de capote con el que recibió al quinto. Con la muleta, nada. Los toros, o no pasaban, o lo hacían como quien estuviera dando un paseo por la Ribera del Marisco. ¡Qué martirio! Dos buenas estocadas y un descabello made in R. Domínguez acabaron son la birria de toros que le tocaron en ¿suerte?
Y Talavante, queda dicho, fue el único que pudo hacer algo en el tercero. Buen recibo a la verónica, gran quite ceñidísimo con el capote a la espalda y una infame lidia de la cuadrilla dio paso a una faena compacta. Primero, estatuarios ceñidos, sin moverse y pase del desprecio torerísimo. Luego, dos grandes series muy templadas al natural, con pases largos. Otra con la derecha también de calidad. Se fue acercando cada vez más y el toreo ganó en verticalidad y encimismo. Para finalizar, manoletinas de las que el toro sale suelto. Después de un mitin con la espada, la gente le aplaudió cariñosa con la sensación de que él sólo había perdido con la espada la oreja (o las dos, que nunca se sabe en esta Plaza) que había conquistado con su toreo de capote y muleta.
En el sexto, el segundo menos malo del encierro, no hubo toreo de capote y con la muleta se le vio desangelado, sin alma. El toro no era como el anterior, pero poniendo algo más de espíritu podría haberle sacado otras cosas al animalito. Buena estocada (ahora sí) y miles de descabello (para compensar).
ADMIRAMOS la reacción del público portuense cuando llegó la imbécil (para los nuevos, la Presidenta del día anterior) y se colocó en el callejón. La bronca debió oirse hasta en la Consejería de la Junta en Sevilla de la que dependa ahora esto de los toros. ¡Que la echen ya! Por imbécil y por descarada.
NOS CUESTIONAMOS si los medios de información taurino en Internet tienen algún interés por informar de toros, ilustrar a los aficionados y engrandecer la Fiesta o si lo único que les preocupan son sus pequeñas rencillas personales. Daba pena leer esta mañana los dos portales de la cosa. Los de Mundotoro, que algo tienen que ver con D. Juan Pedro, escribían de la corrida como si los toros no existieran, como si no hubiera que decir nada de ellos,… Como si los toreros (a los que, obviamente, tampoco criticaba, ¡sólo faltaba!) no lo hubieran hecho bien por azares del destino. Una corrida mala… sin culpa de nadie. Los de Burladero, o sea, la competencia, se despachaba con todo tipo de adjetivos despectivos del ganadero y de sus toros. Con una saña que sólo puede venir del odio más radical. Como alguien no entienda que esto es muy frágil y que hay que informar de verdad, diciendo lo malo (incluso de los más próximos), tratando de explicar por qué se producen estas cosas, pero sin venganzas, o entre todos vamos a darles la razón a los que tratan de mutilar o exterminar la Fiesta. Como siempre, ¡al suelo! Que vienen los nuestros.
TENEMOS la sensación de que Talavante trataba de dar un golpe de atención en El Puerto para ver si gana sitio y cotización ahora que el mago Corbacho, con sus cosas buenas y sus rarezas, no está con él. Pero él sólo se lo impidió con la espada en su primero y su falta de ambición en el último (más o menos como en Sevilla). Veremos cómo le va ahora sin ese toque de distinción peculiar que le daba uno de los personajes más peculiares de la Fiesta. Que ya es decir.
Con este material, Padilla no pudo sino estar voluntarioso. Recibos de capa y banderillas más espectaculares que ajustados, igual que los faroles del quite del cuarto. Y luego, con la muleta, absolutamente nada por lo insulso de los toros. Lo más llamativo, los pases iniciales de la faena al cuarto, rodilla en tierra.
Tampoco tuvo posibilidad alguna el Juli, que sólo pudo destacar en los delantales de recibo al segundo (sin ligarlos, por la absoluta falta de fijeza del animal) y en el toreo hondo de capote con el que recibió al quinto. Con la muleta, nada. Los toros, o no pasaban, o lo hacían como quien estuviera dando un paseo por la Ribera del Marisco. ¡Qué martirio! Dos buenas estocadas y un descabello made in R. Domínguez acabaron son la birria de toros que le tocaron en ¿suerte?
Y Talavante, queda dicho, fue el único que pudo hacer algo en el tercero. Buen recibo a la verónica, gran quite ceñidísimo con el capote a la espalda y una infame lidia de la cuadrilla dio paso a una faena compacta. Primero, estatuarios ceñidos, sin moverse y pase del desprecio torerísimo. Luego, dos grandes series muy templadas al natural, con pases largos. Otra con la derecha también de calidad. Se fue acercando cada vez más y el toreo ganó en verticalidad y encimismo. Para finalizar, manoletinas de las que el toro sale suelto. Después de un mitin con la espada, la gente le aplaudió cariñosa con la sensación de que él sólo había perdido con la espada la oreja (o las dos, que nunca se sabe en esta Plaza) que había conquistado con su toreo de capote y muleta.
En el sexto, el segundo menos malo del encierro, no hubo toreo de capote y con la muleta se le vio desangelado, sin alma. El toro no era como el anterior, pero poniendo algo más de espíritu podría haberle sacado otras cosas al animalito. Buena estocada (ahora sí) y miles de descabello (para compensar).
ADMIRAMOS la reacción del público portuense cuando llegó la imbécil (para los nuevos, la Presidenta del día anterior) y se colocó en el callejón. La bronca debió oirse hasta en la Consejería de la Junta en Sevilla de la que dependa ahora esto de los toros. ¡Que la echen ya! Por imbécil y por descarada.
NOS CUESTIONAMOS si los medios de información taurino en Internet tienen algún interés por informar de toros, ilustrar a los aficionados y engrandecer la Fiesta o si lo único que les preocupan son sus pequeñas rencillas personales. Daba pena leer esta mañana los dos portales de la cosa. Los de Mundotoro, que algo tienen que ver con D. Juan Pedro, escribían de la corrida como si los toros no existieran, como si no hubiera que decir nada de ellos,… Como si los toreros (a los que, obviamente, tampoco criticaba, ¡sólo faltaba!) no lo hubieran hecho bien por azares del destino. Una corrida mala… sin culpa de nadie. Los de Burladero, o sea, la competencia, se despachaba con todo tipo de adjetivos despectivos del ganadero y de sus toros. Con una saña que sólo puede venir del odio más radical. Como alguien no entienda que esto es muy frágil y que hay que informar de verdad, diciendo lo malo (incluso de los más próximos), tratando de explicar por qué se producen estas cosas, pero sin venganzas, o entre todos vamos a darles la razón a los que tratan de mutilar o exterminar la Fiesta. Como siempre, ¡al suelo! Que vienen los nuestros.
TENEMOS la sensación de que Talavante trataba de dar un golpe de atención en El Puerto para ver si gana sitio y cotización ahora que el mago Corbacho, con sus cosas buenas y sus rarezas, no está con él. Pero él sólo se lo impidió con la espada en su primero y su falta de ambición en el último (más o menos como en Sevilla). Veremos cómo le va ahora sin ese toque de distinción peculiar que le daba uno de los personajes más peculiares de la Fiesta. Que ya es decir.
sábado, 8 de agosto de 2009
Puerto de Santa María (7 de agosto de 2009) - Toneladas de arte, tributo de sangre y una imbécil
Como los tres días en El Puerto van camino de convertirse en una prueba de resistencia, abreviaremos las crónicas para tratar de que no se nos amontonen. Hoy, dos cosas malas, muy malas: la cogida de Morante y la actitud impresentable de la Presidenta. Grandioso el toreo de Morante en ese quinto sobrero que le prendió y muy bien Manzanares. Buena corrida de Núñez del Cuvillo. Y Aparicio, que fue como para darse un paseo.
Excelentes los previos en Casa Flores: gran compañía, excelentes productos de la mar y agradable charla (saludos y comentarios con Trifón y Álvaro Palacios incluidos). Luego, en el Hotel donde acostumbran a vestirse algunos de los toreros, en un extremo de la calle Los Moros, presentaciones varias de los diversos personajes del mundo del toreo (¡casi siempre los mismos en todas las plazas...!).
En la Plaza, otra buena corrida de Núñez del Cuvillo, con matices diversos en cuanto a fuerza y fondo cada toro, diversos de presentación y de calendario, pero con buen comportamiento en general.
Aparicio estuvo desentonado toda la tarde. No quiso o pudo hacer nada con dos toros a los que se les podía haber sacado mucho más. Sobre todo el primero, de una bravura y una nobleza extraordinarias. Sólo intentó algo de toreo con el capote, pero retrasando la pierna en el embroque no hay modo de que aquello tenga vistosidad.
Morante, en su primero, dibujó un par de verónicas y una media en el saludo con el capote absolutamente sublimes, templadas, garbosas,... Nueva verónica y media de cartel en el quite. La faena de muleta la comenzó con ayudados por alto torerísimos. Dos series primorosas y personalísimas con la derecha (sobre todo la primera) y luego, el toro se fue complicando y no hubo más que hacer.
En el quinto, un sobrero de Mari Carmen Camacho, hizo una breve pero excelsa faena con la muleta. Arrastrando la mano, hundiendo los riñones, acompañando con todo el cuerpo los pases. Derechazos largísimos, ligazón única y pases de pecho grandiosos. Desafortunadamente, al final de una serie se tropezó en la cara del toro y éste le prendió por el muslo y le dio un golpe en el pecho. Cornada fuerte. Se pierde seguro las ferias del norte, pero esperemos que esté de vuelta para el día 23 y que la cornada lo le haga perder el sitio y la confianza (¿excesiva?) que tenía. Aparicio mató de forma eficaz y rápida al toro (¿por qué le pitaron cuando cogió la espada?, ¿qué pretendía que hiciera?, ¿o es que querían que se jugaran a los chinos quién debía matar el toro?).
Petición unánime de dos orejas: la genialidad de la faena lo justificaba de sobra, pero con la cornada era, además, un reconomiento al tributo de sangre del torero, y la Presidenta que se negó a dar el segundo trofeo. Esta individua, de quien desconozco hasta el nombre, es, sencillamente, imbécil. Tiene la sensibilidad de una lombriz y está menos capacitada para presidir una corrida de toros que el alcalde los esquimales de Alaska. Si le queda un resquicio de humanidad, que se vaya a la mierda. Si no, que la echen de malos modos. Y si es funcionaria, que se considere su actuación una falta grave y le echen del cuerpo al que pertenezca. No hay derecho a que con nuestros impuestos y con el de los toreros que se juegan la vida se esté pagando a personajes abyectos y vomitivos como este sucedáneo de persona.
Manzanares en su primero toreo como los ángeles. Grandísimo recibo a la verónica, templadísimo. Luego, toreo basado siempre en la mano derecha, muletazos largísimos, mano baja, temple y gusto exquisito. De lo mejor de este torero esta temporada. Los cambios de mano marca de la casa, sublimes. Y el final de la faena, torerísmo. Estocada arriba, hasta la bola, ejecutada de forma perfecta y el toro cae sin necesidad de darle un solo capotazo.
El sexto fue el toro más complicado de la corrida. Manzanares lo recibió por delantales de trazo perfecto. El quite por chicuelinas de mano baja fue muy bueno. En la muleta, el toro se colaba por ambos pitones, pero sobre todo por el izquierdo. Mirón, probón, andarín,... Un regalito. Manzanares le aguantó lo indecible y le hizo embestir, fue sacando pases uno a uno y demostrando al toro quién era el que podía ahí. Y al final, consiguió dos series templadísimas y hondas que nadie podía imaginar que se le pudieran dar a ese toro. Nueva estocada fulminante y tremendo golpe de atención de un torero del que, no sabemos por qué, este año teníamos mucha menos noticias.
ESPEREMOS que Morante se recupere pronto y sin costurones en el alma.
BRINDEMOS porque hayan destituido para siempre a la Presidenta (y, si no, que nos digan dónde hay que manifestarse para exigirlo).
REFLEXIONEMOS sobre las manos en las que está esto del toreo cuando en la corrida de hoy han sustituido a Cayetano por Padilla, que no digo yo que no tenga derecho a matar Juan Pedros, pero que queda un tanto extraño en un cartel con Juli y Talavente, sobre todo por la vía de la sustitución.
Excelentes los previos en Casa Flores: gran compañía, excelentes productos de la mar y agradable charla (saludos y comentarios con Trifón y Álvaro Palacios incluidos). Luego, en el Hotel donde acostumbran a vestirse algunos de los toreros, en un extremo de la calle Los Moros, presentaciones varias de los diversos personajes del mundo del toreo (¡casi siempre los mismos en todas las plazas...!).
En la Plaza, otra buena corrida de Núñez del Cuvillo, con matices diversos en cuanto a fuerza y fondo cada toro, diversos de presentación y de calendario, pero con buen comportamiento en general.
Aparicio estuvo desentonado toda la tarde. No quiso o pudo hacer nada con dos toros a los que se les podía haber sacado mucho más. Sobre todo el primero, de una bravura y una nobleza extraordinarias. Sólo intentó algo de toreo con el capote, pero retrasando la pierna en el embroque no hay modo de que aquello tenga vistosidad.
Morante, en su primero, dibujó un par de verónicas y una media en el saludo con el capote absolutamente sublimes, templadas, garbosas,... Nueva verónica y media de cartel en el quite. La faena de muleta la comenzó con ayudados por alto torerísimos. Dos series primorosas y personalísimas con la derecha (sobre todo la primera) y luego, el toro se fue complicando y no hubo más que hacer.
En el quinto, un sobrero de Mari Carmen Camacho, hizo una breve pero excelsa faena con la muleta. Arrastrando la mano, hundiendo los riñones, acompañando con todo el cuerpo los pases. Derechazos largísimos, ligazón única y pases de pecho grandiosos. Desafortunadamente, al final de una serie se tropezó en la cara del toro y éste le prendió por el muslo y le dio un golpe en el pecho. Cornada fuerte. Se pierde seguro las ferias del norte, pero esperemos que esté de vuelta para el día 23 y que la cornada lo le haga perder el sitio y la confianza (¿excesiva?) que tenía. Aparicio mató de forma eficaz y rápida al toro (¿por qué le pitaron cuando cogió la espada?, ¿qué pretendía que hiciera?, ¿o es que querían que se jugaran a los chinos quién debía matar el toro?).
Petición unánime de dos orejas: la genialidad de la faena lo justificaba de sobra, pero con la cornada era, además, un reconomiento al tributo de sangre del torero, y la Presidenta que se negó a dar el segundo trofeo. Esta individua, de quien desconozco hasta el nombre, es, sencillamente, imbécil. Tiene la sensibilidad de una lombriz y está menos capacitada para presidir una corrida de toros que el alcalde los esquimales de Alaska. Si le queda un resquicio de humanidad, que se vaya a la mierda. Si no, que la echen de malos modos. Y si es funcionaria, que se considere su actuación una falta grave y le echen del cuerpo al que pertenezca. No hay derecho a que con nuestros impuestos y con el de los toreros que se juegan la vida se esté pagando a personajes abyectos y vomitivos como este sucedáneo de persona.
Manzanares en su primero toreo como los ángeles. Grandísimo recibo a la verónica, templadísimo. Luego, toreo basado siempre en la mano derecha, muletazos largísimos, mano baja, temple y gusto exquisito. De lo mejor de este torero esta temporada. Los cambios de mano marca de la casa, sublimes. Y el final de la faena, torerísmo. Estocada arriba, hasta la bola, ejecutada de forma perfecta y el toro cae sin necesidad de darle un solo capotazo.
El sexto fue el toro más complicado de la corrida. Manzanares lo recibió por delantales de trazo perfecto. El quite por chicuelinas de mano baja fue muy bueno. En la muleta, el toro se colaba por ambos pitones, pero sobre todo por el izquierdo. Mirón, probón, andarín,... Un regalito. Manzanares le aguantó lo indecible y le hizo embestir, fue sacando pases uno a uno y demostrando al toro quién era el que podía ahí. Y al final, consiguió dos series templadísimas y hondas que nadie podía imaginar que se le pudieran dar a ese toro. Nueva estocada fulminante y tremendo golpe de atención de un torero del que, no sabemos por qué, este año teníamos mucha menos noticias.
ESPEREMOS que Morante se recupere pronto y sin costurones en el alma.
BRINDEMOS porque hayan destituido para siempre a la Presidenta (y, si no, que nos digan dónde hay que manifestarse para exigirlo).
REFLEXIONEMOS sobre las manos en las que está esto del toreo cuando en la corrida de hoy han sustituido a Cayetano por Padilla, que no digo yo que no tenga derecho a matar Juan Pedros, pero que queda un tanto extraño en un cartel con Juli y Talavente, sobre todo por la vía de la sustitución.
jueves, 6 de agosto de 2009
Huelva (3 de agosto de 2009) - Grandiosa
Las tardes de toros deben ser como la del lunes en Huelva: precedidas de una buena comida, de una amena tertulia y de unas copas que pongan en sazón el cuerpo y el espíritu. En compañía de buenos amigos y sin preocupaciones que impidan el disfrute pleno en la plaza. Con toros que embistan y con toreros que sepan y que quieran agradar (aunque en esto hubo matices: luego iremos a ello).
Nos costó llegar al Restaurante El Paraíso, pero era sin duda el sitio donde había que ir a comer antes de la corrida. Así lo atestiguan los personajes que andaban por allí y, sobre todo, los exquisitos platos de los que dimos cuenta (magníficas las gambas y las chirlas y sabrosísimo el arroz con bogavante). J. Rivero, a quien prácticamente iniciábamos en el rito tomasista, había elegido el sitio y nos lo devolvió con creces con su invitación y su presencia. Alberto, en dos tardes en Huelva, disfrutó de mejor toreo del que ha visto durante muchos años en los dos o tres festejos de cada San Isidro en Las Ventas. Y Beatriz se lo perdió… (habrá que empezar a pensar dónde remediarlo).
Los bajos de la Plaza de Toros de Huelva acogen diversos bares y establecimientos varios (desde un despacho de abogados hasta la carnicería donde venden cada día la carne de las reses lidiadas el día anterior). En un par de ellos, de claro ambiente flamenco, uno puede disfrutar de muy buen ambiente antes de entrar en el tendido. Así lo hicimos, redondeando un previo que hacía presagiar lo mejor.
Y fue lo mejor.
Sin duda, una de las tardes de toros más completas que hemos vivido en los últimos años.
Los toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados para una plaza de segunda, dieron un juego excelente, a excepción del quinto, un toro complicado, pero que nos permitió disfrutar con una enorme faena de poder de José Tomás.
El mejor lote, para mi gusto, fue el de Emilio Silvera. Y también fue el menos aprovechado, algo previsible teniendo en cuenta el tiempo que hacía que este hombre no toreaba. Lo de que José Tomás imponga siempre un torero por delante es lo que tiene: que de vez en cuando aparecen personajes que de otro modo sería imposible que torearan en los mejores carteles y con las figuras. Pero lo cierto es que el onubense estuvo digno y que sus paisanos lo acogieron con benevolencia y pidieron los trofeos con suma generosidad. A su primero lo recibió bien con el capote, dibujando un par de lances muy estéticos. Con la muleta, dibujó series con ambas manos, a media altura, acompañando la embestida del animal, al que no dominó en ningún momento. Pero tampoco se le vio desbordado (a veces nos conformamos con tan poco…). Después de un pinchazo y una estocada haciendo guardia (o “el municipal”, como se empeñaba en acotar el veterano aficionado que teníamos junto a nosotros en el tendido) le dieron una oreja a todas luces excesiva. El cuarto fue otro toro bravo, encastado, con el que también mostró disposición y al que también acompañó con la muleta, sin hondura y con algún desarme, pero sin rendirse, que ya es algo. Lo mejor, las manoletinas con las que acabó la faena, demasidado rápidas, pero ajustadas. Volvió a matar mal (pinchazo, media perpendicular y tres descabellos) y de nuevo el paisanaje reclamó y consiguió una oreja que le abría la puerta grande.
José Tomás nos brindó en sólo dos toros un compendio perfecto de su tauromaquia. La de la profundidad, hondura y belleza en el segundo, un gran toro, bravo y noble, de lo mejor que ha echado esta ganadería en las tardes que la hemos visto este año. Y la del poder y el estoicismo en el quinto, un toro complicado al que con total naturalidad, sin tremendismo, le hizo embestir, seguir los engaños, vaciar todas las embestidas que nadie más en la plaza hubiera imaginado.
La faena al segundo fue sencillamente genial. Grandísimas verónicas de recibo, absolutamente de cartel, lentísimas algunas, para que las cámaras pudiera retratar cada instante, cada vuelo de un recorrido perfecto. Se picó muy poco al toro y el de Galapagar le instrumentó un quite por chicuelinas de las que sobresalió la primera: ajustadísima, perfecta, un ejemplo sublime de cómo es el lance y por qué lo que tradicionalmente se entiende como un simple lance de recurso, puede convertirse en toreo fundamental. Con la muleta comenzó en el centro del ruedo, solo, por estatuarios. Inmóvil, girando sobre los talones y citando al toro desde gran distancia sin inmutarse lo más mínimo. Luego, toreo al natural largo, templado, sereno, hondo, tranquilo,… Variedad de remates y de recursos para rematar las series. Como con la derecha, bajando la mano, dibujando estéticamente el poder de la muleta que obliga al toro a ir más allá. Final torerísimo con ayudados por alto, por bajo, trincherillas,… Gran faena, y dos orejas que se hicieron tremendamente escasas en la comparación.
El cuarto fue el toro complicado de la corrida. Muy complicado: andarín, cabeceando, con menor fijeza,… Con él José Tomás no pudo hacer nada con el capote, pero con la muleta dio su dimensión poderosa. Aguantó la incertidumbre del toro y le obligó a ir humillando cada vez más, a no enganchar la muleta, a seguirla cada vez con más temple. Fue haciendo la faena a pase de paciencia y de atragantones. Y al final sacó naturales más que estimables y dio una serie con cambio de mano por delante en la que aguantó una barbaridad. Las manoletinas con las que acabó su labor fueron impresionantes. Después de una estocada casi entera recibió otras dos orejas. Pero más allá de los trofeos lo realmente importantes es que vimos al mejor JT de este año, en sus dos versiones. Tarde completa la del de Galapagar.
También el Cid mostró su mejor cara. Después de un incierto comienzo de temporada, con un paso más que discreto por Sevilla y Madrid, el de Salteras está volviendo a encontrar su sitio. Al tercero, lo recibió bien con la capa e instrumentó un buen quite por delantales. Con la muleta, tras brevísimos pases de tanteo comenzó a torear muy bien al natural en series largas, templadas,… Toreo marca de la casi. Tal vez algo menos profundo y hondo que otras veces, pero quizá esto sea sólo una apreciación personal, porque lo cierto es que hubo abundante buen toreo. Tanto al natural como con la derecha. Después de una estocada entera, cortó dos orejas.
El sexto lo brindó a sus dos compañeros en un gesto muy torero. Lo había toreado bien a la verónica en los lances de recibo y, tras el brindis, lo sacó a los medios con pases muy toreros. Comenzó luego con la mano derecha, intercalando series con ambas manos. Nuevamente buen toreo, pero faltando algo de transmisión. El Cid está mejorando, pero debe aún ganar en rotundidad para alcanzar el nivel de otros años.
En todo caso, vimos tres toreros distintos: uno (Silvera) con mucha voluntad, algunos momentos de estética y falta de oficio. Otro (el Cid) en franca mejoría, con mucho oficio, gran dominio, tremenda capacidad para instrumentar series largas con ambas manos y una honestidad con el público apabullante. Y otro (JT) un auténtico genio, distinto a todos, que dio en Las Colombinas prueba de su mejor tauromaquia en sus dos estilos: el del toreo profundo y hondo a los toros buenos y el del toreo poderoso a los toros complicados.
Y antes y después, gastronomía y tertulia en buena compañía.
O sea, una tarde de toros. Grandiosa. Como deberían serlo todas.
Nos costó llegar al Restaurante El Paraíso, pero era sin duda el sitio donde había que ir a comer antes de la corrida. Así lo atestiguan los personajes que andaban por allí y, sobre todo, los exquisitos platos de los que dimos cuenta (magníficas las gambas y las chirlas y sabrosísimo el arroz con bogavante). J. Rivero, a quien prácticamente iniciábamos en el rito tomasista, había elegido el sitio y nos lo devolvió con creces con su invitación y su presencia. Alberto, en dos tardes en Huelva, disfrutó de mejor toreo del que ha visto durante muchos años en los dos o tres festejos de cada San Isidro en Las Ventas. Y Beatriz se lo perdió… (habrá que empezar a pensar dónde remediarlo).
Los bajos de la Plaza de Toros de Huelva acogen diversos bares y establecimientos varios (desde un despacho de abogados hasta la carnicería donde venden cada día la carne de las reses lidiadas el día anterior). En un par de ellos, de claro ambiente flamenco, uno puede disfrutar de muy buen ambiente antes de entrar en el tendido. Así lo hicimos, redondeando un previo que hacía presagiar lo mejor.
Y fue lo mejor.
Sin duda, una de las tardes de toros más completas que hemos vivido en los últimos años.
Los toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados para una plaza de segunda, dieron un juego excelente, a excepción del quinto, un toro complicado, pero que nos permitió disfrutar con una enorme faena de poder de José Tomás.
El mejor lote, para mi gusto, fue el de Emilio Silvera. Y también fue el menos aprovechado, algo previsible teniendo en cuenta el tiempo que hacía que este hombre no toreaba. Lo de que José Tomás imponga siempre un torero por delante es lo que tiene: que de vez en cuando aparecen personajes que de otro modo sería imposible que torearan en los mejores carteles y con las figuras. Pero lo cierto es que el onubense estuvo digno y que sus paisanos lo acogieron con benevolencia y pidieron los trofeos con suma generosidad. A su primero lo recibió bien con el capote, dibujando un par de lances muy estéticos. Con la muleta, dibujó series con ambas manos, a media altura, acompañando la embestida del animal, al que no dominó en ningún momento. Pero tampoco se le vio desbordado (a veces nos conformamos con tan poco…). Después de un pinchazo y una estocada haciendo guardia (o “el municipal”, como se empeñaba en acotar el veterano aficionado que teníamos junto a nosotros en el tendido) le dieron una oreja a todas luces excesiva. El cuarto fue otro toro bravo, encastado, con el que también mostró disposición y al que también acompañó con la muleta, sin hondura y con algún desarme, pero sin rendirse, que ya es algo. Lo mejor, las manoletinas con las que acabó la faena, demasidado rápidas, pero ajustadas. Volvió a matar mal (pinchazo, media perpendicular y tres descabellos) y de nuevo el paisanaje reclamó y consiguió una oreja que le abría la puerta grande.
José Tomás nos brindó en sólo dos toros un compendio perfecto de su tauromaquia. La de la profundidad, hondura y belleza en el segundo, un gran toro, bravo y noble, de lo mejor que ha echado esta ganadería en las tardes que la hemos visto este año. Y la del poder y el estoicismo en el quinto, un toro complicado al que con total naturalidad, sin tremendismo, le hizo embestir, seguir los engaños, vaciar todas las embestidas que nadie más en la plaza hubiera imaginado.
La faena al segundo fue sencillamente genial. Grandísimas verónicas de recibo, absolutamente de cartel, lentísimas algunas, para que las cámaras pudiera retratar cada instante, cada vuelo de un recorrido perfecto. Se picó muy poco al toro y el de Galapagar le instrumentó un quite por chicuelinas de las que sobresalió la primera: ajustadísima, perfecta, un ejemplo sublime de cómo es el lance y por qué lo que tradicionalmente se entiende como un simple lance de recurso, puede convertirse en toreo fundamental. Con la muleta comenzó en el centro del ruedo, solo, por estatuarios. Inmóvil, girando sobre los talones y citando al toro desde gran distancia sin inmutarse lo más mínimo. Luego, toreo al natural largo, templado, sereno, hondo, tranquilo,… Variedad de remates y de recursos para rematar las series. Como con la derecha, bajando la mano, dibujando estéticamente el poder de la muleta que obliga al toro a ir más allá. Final torerísimo con ayudados por alto, por bajo, trincherillas,… Gran faena, y dos orejas que se hicieron tremendamente escasas en la comparación.
El cuarto fue el toro complicado de la corrida. Muy complicado: andarín, cabeceando, con menor fijeza,… Con él José Tomás no pudo hacer nada con el capote, pero con la muleta dio su dimensión poderosa. Aguantó la incertidumbre del toro y le obligó a ir humillando cada vez más, a no enganchar la muleta, a seguirla cada vez con más temple. Fue haciendo la faena a pase de paciencia y de atragantones. Y al final sacó naturales más que estimables y dio una serie con cambio de mano por delante en la que aguantó una barbaridad. Las manoletinas con las que acabó su labor fueron impresionantes. Después de una estocada casi entera recibió otras dos orejas. Pero más allá de los trofeos lo realmente importantes es que vimos al mejor JT de este año, en sus dos versiones. Tarde completa la del de Galapagar.
También el Cid mostró su mejor cara. Después de un incierto comienzo de temporada, con un paso más que discreto por Sevilla y Madrid, el de Salteras está volviendo a encontrar su sitio. Al tercero, lo recibió bien con la capa e instrumentó un buen quite por delantales. Con la muleta, tras brevísimos pases de tanteo comenzó a torear muy bien al natural en series largas, templadas,… Toreo marca de la casi. Tal vez algo menos profundo y hondo que otras veces, pero quizá esto sea sólo una apreciación personal, porque lo cierto es que hubo abundante buen toreo. Tanto al natural como con la derecha. Después de una estocada entera, cortó dos orejas.
El sexto lo brindó a sus dos compañeros en un gesto muy torero. Lo había toreado bien a la verónica en los lances de recibo y, tras el brindis, lo sacó a los medios con pases muy toreros. Comenzó luego con la mano derecha, intercalando series con ambas manos. Nuevamente buen toreo, pero faltando algo de transmisión. El Cid está mejorando, pero debe aún ganar en rotundidad para alcanzar el nivel de otros años.
En todo caso, vimos tres toreros distintos: uno (Silvera) con mucha voluntad, algunos momentos de estética y falta de oficio. Otro (el Cid) en franca mejoría, con mucho oficio, gran dominio, tremenda capacidad para instrumentar series largas con ambas manos y una honestidad con el público apabullante. Y otro (JT) un auténtico genio, distinto a todos, que dio en Las Colombinas prueba de su mejor tauromaquia en sus dos estilos: el del toreo profundo y hondo a los toros buenos y el del toreo poderoso a los toros complicados.
Y antes y después, gastronomía y tertulia en buena compañía.
O sea, una tarde de toros. Grandiosa. Como deberían serlo todas.
lunes, 3 de agosto de 2009
Huelva (1 de agosto de 2009) - A por todas
Perera sigue este año, al menos desde hace unas semanas, el mismo ritmo de rotundidad de la temporada pasada. Las cosas en las primeras ferias importante no marcharon todo lo bien que el pacense hubiera deseado, pero desde mediados de junio ha vuelto a la constancia en el éxito permanente.
La corrida del sábado en Huelva, en una tarde tremendamente calurosa, era uno de esos carteles rematados que, por fortuna, se han puesto de moda con la crisis: Ponce, Morante y Perera. Los empresarios se han dado cuenta que sólo así es posible llenar las plazas, en las ferias y fuera de ellas (JT al margen).
Sucede, sin embargo, que el todo tiene la posibilidad de descomponerlo casi todo. Supongo que el empresario del coso y ganadero del hierro de la corrida, tendría interés en llevar lo mejor a esa celebración del 25 aniversario de la Plaza. Si es así, o no conoce muy bien lo que tiene, o lo que tiene es manifiestamente mejorable.
Ponce lo intentó en sus dos toros. Y en su segundo, a base de aplomo y técnica, consiguió algunos pases de cierto interés. Pero sin obligar nunca a sus toros, flojísimos y descastados. Ver a un diestro como este, después de tantos años, seguir poniendo el mismo interés delante de todos sus oponente, lidiarlos con una austeridad de lances inverosímil, es una satisfacción. Pero sin el toro bravo, noble, encastado, poderoso,... el asunto pierde gran parte de su importancia.
Morante no pudo hacer absolutamente nada con sus toros, a excepción de una verónica y una larga en el recibo de capote a su primero y los ayudados por alto con los que comenzó la faena de muleta a este mismo toro. Luego, el toro perdió todo atisbo de fijeza y unió a su falta de fuerza y clase una absoluta distracción que hacía de la lidia un ejercicio inútil. El quinto fue un toro peligrosísimo, que se cruzaba y se colaba siempre. Morante abrevió y la gente se cebó con él en una bronca manifiestamente injusta.
Perera, queda dicho, firmó lo mejor (con mucho) de la tarde. Tuvo mejor suerte con los toros, pero, además, su técnica, oficio y pundonor pusieron lo que los toros no tenían. Al tercero lo recibió muy bien con el capote, se le amagó la suerte de varas y le instrumentó un quite bellísimo, solo en el centro del ruedo, en el que enlazó una chicuelina, una tafallera y varias gaoneras. Con la muleta toreó excepcionalmente con la derecha (la segunda tanda, magistral): poder, ligazón, hondura y temple. Con la izquierda el toro era menos claro y la serie al natural tuvo menos intensidad. Después de un circular inmenso y unas bernardinas ceñidísimas recetó una estocada hasta la bola.
El sexto fue algo menos claro, pero también lo lanceó con brillantez de recibo y en un gran quite. El comienzo de la faena, con pases cambiados, circular, de pecho,... levantó nuevamente a la gente de sus asientos. La faena fue menos redonda que la del toro anterior, pero le sacó al animal más de lo que tenía, con una técnica y un temple grandiosos. Nueva estocada perfecta y la confirmación de que Perera ha vuelto por sus fueros.
¡Qué buen verano va a darnos!
La corrida del sábado en Huelva, en una tarde tremendamente calurosa, era uno de esos carteles rematados que, por fortuna, se han puesto de moda con la crisis: Ponce, Morante y Perera. Los empresarios se han dado cuenta que sólo así es posible llenar las plazas, en las ferias y fuera de ellas (JT al margen).
Sucede, sin embargo, que el todo tiene la posibilidad de descomponerlo casi todo. Supongo que el empresario del coso y ganadero del hierro de la corrida, tendría interés en llevar lo mejor a esa celebración del 25 aniversario de la Plaza. Si es así, o no conoce muy bien lo que tiene, o lo que tiene es manifiestamente mejorable.
Ponce lo intentó en sus dos toros. Y en su segundo, a base de aplomo y técnica, consiguió algunos pases de cierto interés. Pero sin obligar nunca a sus toros, flojísimos y descastados. Ver a un diestro como este, después de tantos años, seguir poniendo el mismo interés delante de todos sus oponente, lidiarlos con una austeridad de lances inverosímil, es una satisfacción. Pero sin el toro bravo, noble, encastado, poderoso,... el asunto pierde gran parte de su importancia.
Morante no pudo hacer absolutamente nada con sus toros, a excepción de una verónica y una larga en el recibo de capote a su primero y los ayudados por alto con los que comenzó la faena de muleta a este mismo toro. Luego, el toro perdió todo atisbo de fijeza y unió a su falta de fuerza y clase una absoluta distracción que hacía de la lidia un ejercicio inútil. El quinto fue un toro peligrosísimo, que se cruzaba y se colaba siempre. Morante abrevió y la gente se cebó con él en una bronca manifiestamente injusta.
Perera, queda dicho, firmó lo mejor (con mucho) de la tarde. Tuvo mejor suerte con los toros, pero, además, su técnica, oficio y pundonor pusieron lo que los toros no tenían. Al tercero lo recibió muy bien con el capote, se le amagó la suerte de varas y le instrumentó un quite bellísimo, solo en el centro del ruedo, en el que enlazó una chicuelina, una tafallera y varias gaoneras. Con la muleta toreó excepcionalmente con la derecha (la segunda tanda, magistral): poder, ligazón, hondura y temple. Con la izquierda el toro era menos claro y la serie al natural tuvo menos intensidad. Después de un circular inmenso y unas bernardinas ceñidísimas recetó una estocada hasta la bola.
El sexto fue algo menos claro, pero también lo lanceó con brillantez de recibo y en un gran quite. El comienzo de la faena, con pases cambiados, circular, de pecho,... levantó nuevamente a la gente de sus asientos. La faena fue menos redonda que la del toro anterior, pero le sacó al animal más de lo que tenía, con una técnica y un temple grandiosos. Nueva estocada perfecta y la confirmación de que Perera ha vuelto por sus fueros.
¡Qué buen verano va a darnos!
jueves, 16 de julio de 2009
Encuentros Internacionales de Derecho Taurino
Es una suerte que hayan contado con uno en unas jornadas de tanta enjundia. Y una alegría poder asistir de este modo a los toros en Nimes en la Feria de la Vendimia.
En el programa se hace referencia a una obra de la que esperamos poder dar pronto referencias... Como los toreros y los actores, hasta que no están cerradas, es mejor no hablar de ellas.
Encuentros Internacionales de Derecho Taurino
El programa
En el programa se hace referencia a una obra de la que esperamos poder dar pronto referencias... Como los toreros y los actores, hasta que no están cerradas, es mejor no hablar de ellas.
Encuentros Internacionales de Derecho Taurino
El programa
sábado, 11 de julio de 2009
San Fermín
Me molesta el seguimiento hipócrita que hace TVE (las otras no las pago yo) de la tragedia y, luego, de la Fiesta de los Sanfermines en todos sus telediarios cuando sistemáticamente y en contra de sus estatutos vulnera el derecho a la información de los españoles sobre el toreo.
Todo, además, por falta de noticias, no se vayan a creer, etc.
Todo, además, por falta de noticias, no se vayan a creer, etc.
miércoles, 8 de julio de 2009
La soledad del héroe (Barcelona, 5 de Julio de 2009)
Aunque diecinueve mil almas lo aclamaran como no fue nunca aclamado Jesucristo a la entrada de Jerusalén o Aquiles cuando mató a Héctor, domador de caballos, José Tomás, el mesías, avanzaba en una profunda y austera soledad al abrirse el portón de cuadrillas en Barcelona.
Éste fue el momento más intenso de la corrida del pasado jueves, el paseíllo que dejaba una estela de gloria en el albero, la rúbrica de lo que, sin embargo, empezaba, el principio de un barco que, poco a poco, se está yendo.
En un inmenso gesto de humildad y respeto José Tomás se desmonteró, como quien es nuevo en la Plaza.
Porque el tiempo fluía al revés.
Leamos la corrida hacia atrás, desde el decepcionante comportamiento del sexto toro, desde la la estocada cumbre y la sublime cadencia de los naturales con la mano derecha al quinto, desde la búsqueda sin respuesta en cada pase de recurso al cuarto en ansia de un arte que no terminaba de estallar, pero que había brillado en su principio, desde la sublime revisión de los sitios del toro y el valor estelar en el tercero cuando el torero insitió en un lugar improbable, desde la concentración del samurái que provocó el silencio cuando debíamos rugir al arrancar esta faena, desde la lágrima que en este punto de concentración litúrgica intensa se me escapó –pues nos arrancó el olé del silencio-, desde la lidia sólo al alcance de los elegidos del bronco segundo, tras una lección de técnica y un valor pavoroso a, nuevamente, el juego flojo del primero y otra vez la montera y la puerta grande y el rugido del paseíllo que se deshace como en una moviola. Y el torero que se borra en el tiempo, otra vez, como hace seis años.
Era la historia de José Tomás y, aprovechando la comparación de un buen amigo, como una sinfonía, como un continuo fluir de masas sonoras en las que el leitmotiv no fuera el toreo sucedido en la Plaza, sino en nuestra inteligencia, en la memoria y en la historia.
Una sinfonía triunfal escuchada hacia atrás en la que lo que "podía ser" superaba a lo que en realidad "era", pero como el toreo es algo mental, esa posibilidad, sin embargo, valía más que las realidades.
José Tomás no puede resucitar a los muertos ¿por qué habríamos de exigirle el triunfo absoluto? El día en que ese triunfo se cumpla dejaríamos de existir ¿podríamos soportar tanta belleza?
Si atendemos a la cuenta de resultados el presidente de Barcelona estuvo comedido o muy comedido, las 5 orejas en Sevilla o en Madrid, en faenas aisladas se hubieran duplicado. Los toros estuvieron excelentemente presentados, no se alivió lo más mínimo ni en peso, conformación o cornamenta y la plaza de Barcelona, con o sin emigraciones, es una plaza de primerísima categoría y sólida afición. Un año y otro hemos disfrutado la corrida con aficionados nativos y al respecto no nos caben dudas.
El problema procede de la comparación de esta tarde con las dos prodigiosas tardes de Madrid, 7 orejas sobre 4 toros, pero ¿contra quién luchaba en Barcelona José Tomás?
Contra nadie.
Y por eso probablemente en su día se fue y pronto se irá yendo.
¿Contra qué durante sus actuaciones en Madrid del año pasado?
Contra la historia, el establishment del taurinismo y contra el ninguneo interesado de los medios y empresas.
Y contra o –mejor- con la dignidad.
Creo que JT es un torero agónico y eso lo hemos visto muy bien en esta tarde: no le vale cualquier toro, ni siquiera un toro con clase o noble, no.
Hace falta el toro que le diga: he venido a quitarte de en medio, un toro bronco al que no le falte nunca ni la fiereza, ni el son. En esa pelea equilibrada JT asusta al miedo, pues su valor, verdaderamente sobrehumano, se sobrepone al animal y crea un arte excelso.
Ese toro bronco es también el taurinismo y JT les ha quitado la taquilla para repartirla luego entre los pobres.
Eso es lo que les molesta.
¿Por qué cuestionar si no a quien ha dignificado, no diré la profesión, sino la afición al rito sagrado de enfrentarse con las fuerzas de la naturaleza?
Si giramos la moviola y regresamos al principio de la tarde, ahí tenemos al gran José Tomás, el que ha hecho rugir los cosos del mundo y de los medios, porque ha reivindicado no sólo la liturgia, sino la figura del héroe para una sociedad sin valores.
Si el seguimiento de la corrida ha sido, luego, triunfalista, es porque no podía ser de otra forma.
¿Contra quién debe luchar José Tomás?
Él y yo sabemos que le queda por derribar, en su nueva etapa, la Puerta del Príncipe.
Ese día caerán muchas cosas que hace tiempo que tuvieron que hundirse.
Y por eso no les interesa traerlo a Sevilla.
Ese día, si llega, lo juro, me corto la coleta.
A ver si puede ser un mano a mano con Morante...
Éste fue el momento más intenso de la corrida del pasado jueves, el paseíllo que dejaba una estela de gloria en el albero, la rúbrica de lo que, sin embargo, empezaba, el principio de un barco que, poco a poco, se está yendo.
En un inmenso gesto de humildad y respeto José Tomás se desmonteró, como quien es nuevo en la Plaza.
Porque el tiempo fluía al revés.
Leamos la corrida hacia atrás, desde el decepcionante comportamiento del sexto toro, desde la la estocada cumbre y la sublime cadencia de los naturales con la mano derecha al quinto, desde la búsqueda sin respuesta en cada pase de recurso al cuarto en ansia de un arte que no terminaba de estallar, pero que había brillado en su principio, desde la sublime revisión de los sitios del toro y el valor estelar en el tercero cuando el torero insitió en un lugar improbable, desde la concentración del samurái que provocó el silencio cuando debíamos rugir al arrancar esta faena, desde la lágrima que en este punto de concentración litúrgica intensa se me escapó –pues nos arrancó el olé del silencio-, desde la lidia sólo al alcance de los elegidos del bronco segundo, tras una lección de técnica y un valor pavoroso a, nuevamente, el juego flojo del primero y otra vez la montera y la puerta grande y el rugido del paseíllo que se deshace como en una moviola. Y el torero que se borra en el tiempo, otra vez, como hace seis años.
Era la historia de José Tomás y, aprovechando la comparación de un buen amigo, como una sinfonía, como un continuo fluir de masas sonoras en las que el leitmotiv no fuera el toreo sucedido en la Plaza, sino en nuestra inteligencia, en la memoria y en la historia.
Una sinfonía triunfal escuchada hacia atrás en la que lo que "podía ser" superaba a lo que en realidad "era", pero como el toreo es algo mental, esa posibilidad, sin embargo, valía más que las realidades.
José Tomás no puede resucitar a los muertos ¿por qué habríamos de exigirle el triunfo absoluto? El día en que ese triunfo se cumpla dejaríamos de existir ¿podríamos soportar tanta belleza?
Si atendemos a la cuenta de resultados el presidente de Barcelona estuvo comedido o muy comedido, las 5 orejas en Sevilla o en Madrid, en faenas aisladas se hubieran duplicado. Los toros estuvieron excelentemente presentados, no se alivió lo más mínimo ni en peso, conformación o cornamenta y la plaza de Barcelona, con o sin emigraciones, es una plaza de primerísima categoría y sólida afición. Un año y otro hemos disfrutado la corrida con aficionados nativos y al respecto no nos caben dudas.
El problema procede de la comparación de esta tarde con las dos prodigiosas tardes de Madrid, 7 orejas sobre 4 toros, pero ¿contra quién luchaba en Barcelona José Tomás?
Contra nadie.
Y por eso probablemente en su día se fue y pronto se irá yendo.
¿Contra qué durante sus actuaciones en Madrid del año pasado?
Contra la historia, el establishment del taurinismo y contra el ninguneo interesado de los medios y empresas.
Y contra o –mejor- con la dignidad.
Creo que JT es un torero agónico y eso lo hemos visto muy bien en esta tarde: no le vale cualquier toro, ni siquiera un toro con clase o noble, no.
Hace falta el toro que le diga: he venido a quitarte de en medio, un toro bronco al que no le falte nunca ni la fiereza, ni el son. En esa pelea equilibrada JT asusta al miedo, pues su valor, verdaderamente sobrehumano, se sobrepone al animal y crea un arte excelso.
Ese toro bronco es también el taurinismo y JT les ha quitado la taquilla para repartirla luego entre los pobres.
Eso es lo que les molesta.
¿Por qué cuestionar si no a quien ha dignificado, no diré la profesión, sino la afición al rito sagrado de enfrentarse con las fuerzas de la naturaleza?
Si giramos la moviola y regresamos al principio de la tarde, ahí tenemos al gran José Tomás, el que ha hecho rugir los cosos del mundo y de los medios, porque ha reivindicado no sólo la liturgia, sino la figura del héroe para una sociedad sin valores.
Si el seguimiento de la corrida ha sido, luego, triunfalista, es porque no podía ser de otra forma.
¿Contra quién debe luchar José Tomás?
Él y yo sabemos que le queda por derribar, en su nueva etapa, la Puerta del Príncipe.
Ese día caerán muchas cosas que hace tiempo que tuvieron que hundirse.
Y por eso no les interesa traerlo a Sevilla.
Ese día, si llega, lo juro, me corto la coleta.
A ver si puede ser un mano a mano con Morante...
lunes, 6 de julio de 2009
Barcelona (5 de julio de 2009) - Sin parangón
La crónica de la encerrona de José Tomás en Barcelona es, sin duda, la más compleja a la que me he enfrentado desde que, hace más de tres años, comenzamos esta curiosa aventura en la red.
Y es que no cabe una sola crónica para la tarde del cinco de julio. Una gesta como la que ha hecho JT requiere de una crónica política y una crónica social, de una crónica mítica y otra ritual. Exige de una crónica ganadera y otra de la lidia, una de la seguridad y otra de la técnica, una de la hondura y otra del temple, una de la variedad y otra de lo auténtico,… Son varias crónicas que no pueden ser una porque no en todas el diestro, el público y lo que hubo alrededor de ambos merecen igual valoración.
Por lo pronto, conseguir llenar la Monumental de Barcelona y congregar a público de todo el mundo (mucho de ellos catalanes) es un gran logro. Hacerlo para crear una Fundación con fines sociales (no taurinos, como se había comentado en algún medio) es una demostración más de la hondura y heterodoxia del torero. Conseguir mantener en la cima de forma continuada las vibraciones del público desde el paseíllo inicial hasta la apoteósica salida a hombro está sólo al alcance de unos pocos elegidos.
Como está al alcance de pocos (o de casi nadie) conseguir meter en la canasta y torear a un animal como el segundo de la tarde. Un toro alto al que se dejó muy crudo en el caballo y con el que se dobló hasta darle con la muleta el puyazo que le faltaba. Y al que, a pesar de su brusquedad, citó con la izquierda en dos series de terrible mérito aguantando lo indecible para demostrar al toro quién mandaba allí. Luego de lo cual empezó a torear con temple y hondura primero con la derecha y luego al natural de forma portentosa. Faena de un dominio y una sabiduría torera que sólo atesoran los escogidos.
O esa demostración de recogimiento y profundidad que supuso el comienzo de faena al tercero. Esos ayudados por alto en el medio de la plaza mirando al suelo, con un sentido de lo trascendente del toreo que encogía el alma. Como se nos encogió cuando lo arrolló al perderle la cara tratando de ligar un originalísimo tres en uno, en el que se incluía un pase cambiado por la espalda e invertido en el cite con la muleta montada que consiguió a la tercera en uno de los momentos de mayor comunión con el público
Y el quite por gaonera y una serie única de naturales con la derecha en el quinto,… Y los delantales al sexto…
Toreo hubo mucho. Y del bueno. Haciendo todo de verdad, con una entrega imposible de igualar. Probablemente vimos más toreo en una sola tarde en Barcelona que en toda la Feria de San Isidro + el Aniversario (excepción hecha de Morante y Esplá).
Sólo por eso, y por el aldabonazo que supuso para la Fiesta en Barcelona (la representación de los antis era tan ridícula que casi daban lástima) merece la pena cualquier viaje y cualquier madrugón. Y si además sirve para que los medios le den la importancia que los toros tienen en nuestra cultura y nuestras tradiciones, además del viaje y los madrugones estará bien invertido cualquier dinero que haya costado la entrada (y si se ha comprado al precio oficial, ni les cuento).
Dicho lo cual habrá quien tenga la sensación de que aquello no acabó de romper. A mi juicio no. Y siendo consciente de que soy parte de una auténtica minoría de entre los que estábamos en la plaza, trataré de explicarme.
José Tomás me encantó. Igual que me gusta cada pieza que veo de Velázquez. Porque reconozco en él la paleta del genio y la entrega total. Pero cuando veo cualquier cuadro de Velázquez distinto de Las Meninas o del Cristo, siento que aún se le puede pedir más, que la excelencia puede llegar a ser mayor. Algo parecido me sucedió con JT. Que siendo Miguel Ángel, en Barcelona, en su plaza, en su tarde, no pintó la Capilla Sixtina. Y no por eso lo que hizo no tiene importancia, que la tiene, y mucha. Pero esperábamos de él que nos retirara del peregrinaje por las plazas de España, que pudiéramos decir que ya lo habíamos visto todo, que no cabía torear nunca mejor, ni con más intensidad, ni más continuado, ni en todos los toros,… Y no fue así.
Obviamente, el problema no es del torero, es de quienes pedimos cosas imposibles. Pero como con él las hemos visto, queríamos experimentarlas sin tregua durante dos horas. Y fue sólo a ratos. Aunque ¡qué ratos! ¡qué cosas!
Al menos, nos quedamos con ganas de seguirle viendo. Desde el reconocimiento a una tarde única, sin parangón. De las que uno contará mucho tiempo. Aunque no le haya quitado del toreo. O tal vez porque, afortunadamente, no nos ha quitado de seguir viendo tanto y tan variado toreo en la época de la historia que mejores toreros se han concentrado en el escalafón.
Y entre ellos, José Tomás está prestando un servicio a la difusión de la Fiesta, a la reivindicación de su hondura y su verdad, que difícilmente podremos agradecerle sus contemporáneos.
Y es que no cabe una sola crónica para la tarde del cinco de julio. Una gesta como la que ha hecho JT requiere de una crónica política y una crónica social, de una crónica mítica y otra ritual. Exige de una crónica ganadera y otra de la lidia, una de la seguridad y otra de la técnica, una de la hondura y otra del temple, una de la variedad y otra de lo auténtico,… Son varias crónicas que no pueden ser una porque no en todas el diestro, el público y lo que hubo alrededor de ambos merecen igual valoración.
Por lo pronto, conseguir llenar la Monumental de Barcelona y congregar a público de todo el mundo (mucho de ellos catalanes) es un gran logro. Hacerlo para crear una Fundación con fines sociales (no taurinos, como se había comentado en algún medio) es una demostración más de la hondura y heterodoxia del torero. Conseguir mantener en la cima de forma continuada las vibraciones del público desde el paseíllo inicial hasta la apoteósica salida a hombro está sólo al alcance de unos pocos elegidos.
Como está al alcance de pocos (o de casi nadie) conseguir meter en la canasta y torear a un animal como el segundo de la tarde. Un toro alto al que se dejó muy crudo en el caballo y con el que se dobló hasta darle con la muleta el puyazo que le faltaba. Y al que, a pesar de su brusquedad, citó con la izquierda en dos series de terrible mérito aguantando lo indecible para demostrar al toro quién mandaba allí. Luego de lo cual empezó a torear con temple y hondura primero con la derecha y luego al natural de forma portentosa. Faena de un dominio y una sabiduría torera que sólo atesoran los escogidos.
O esa demostración de recogimiento y profundidad que supuso el comienzo de faena al tercero. Esos ayudados por alto en el medio de la plaza mirando al suelo, con un sentido de lo trascendente del toreo que encogía el alma. Como se nos encogió cuando lo arrolló al perderle la cara tratando de ligar un originalísimo tres en uno, en el que se incluía un pase cambiado por la espalda e invertido en el cite con la muleta montada que consiguió a la tercera en uno de los momentos de mayor comunión con el público
Y el quite por gaonera y una serie única de naturales con la derecha en el quinto,… Y los delantales al sexto…
Toreo hubo mucho. Y del bueno. Haciendo todo de verdad, con una entrega imposible de igualar. Probablemente vimos más toreo en una sola tarde en Barcelona que en toda la Feria de San Isidro + el Aniversario (excepción hecha de Morante y Esplá).
Sólo por eso, y por el aldabonazo que supuso para la Fiesta en Barcelona (la representación de los antis era tan ridícula que casi daban lástima) merece la pena cualquier viaje y cualquier madrugón. Y si además sirve para que los medios le den la importancia que los toros tienen en nuestra cultura y nuestras tradiciones, además del viaje y los madrugones estará bien invertido cualquier dinero que haya costado la entrada (y si se ha comprado al precio oficial, ni les cuento).
Dicho lo cual habrá quien tenga la sensación de que aquello no acabó de romper. A mi juicio no. Y siendo consciente de que soy parte de una auténtica minoría de entre los que estábamos en la plaza, trataré de explicarme.
José Tomás me encantó. Igual que me gusta cada pieza que veo de Velázquez. Porque reconozco en él la paleta del genio y la entrega total. Pero cuando veo cualquier cuadro de Velázquez distinto de Las Meninas o del Cristo, siento que aún se le puede pedir más, que la excelencia puede llegar a ser mayor. Algo parecido me sucedió con JT. Que siendo Miguel Ángel, en Barcelona, en su plaza, en su tarde, no pintó la Capilla Sixtina. Y no por eso lo que hizo no tiene importancia, que la tiene, y mucha. Pero esperábamos de él que nos retirara del peregrinaje por las plazas de España, que pudiéramos decir que ya lo habíamos visto todo, que no cabía torear nunca mejor, ni con más intensidad, ni más continuado, ni en todos los toros,… Y no fue así.
Obviamente, el problema no es del torero, es de quienes pedimos cosas imposibles. Pero como con él las hemos visto, queríamos experimentarlas sin tregua durante dos horas. Y fue sólo a ratos. Aunque ¡qué ratos! ¡qué cosas!
Al menos, nos quedamos con ganas de seguirle viendo. Desde el reconocimiento a una tarde única, sin parangón. De las que uno contará mucho tiempo. Aunque no le haya quitado del toreo. O tal vez porque, afortunadamente, no nos ha quitado de seguir viendo tanto y tan variado toreo en la época de la historia que mejores toreros se han concentrado en el escalafón.
Y entre ellos, José Tomás está prestando un servicio a la difusión de la Fiesta, a la reivindicación de su hondura y su verdad, que difícilmente podremos agradecerle sus contemporáneos.
miércoles, 1 de julio de 2009
Un prólogo y dos apuntes de actualidad
Desde hace ya unos días muchos aficionados sólo andan preocupados (ilusionados) por lo que sucederá el domingo en Barcelona.
Como cada festejo que se da en la Monumental catalana, el del domingo es una victoria de la libertad frente a los totalitarios que tratan de prohibir una manifestación cultural y ética bajo excusas falsas de la defensa de los animales que en realidad encubren su fanatismo identitario.
Como cada corrida en la que interviene José Tomás es también un foco de tauro-turismo internacional y de encuentro con la fiesta de aficionados que de otro modo difícilmente hubieran llegado a ella.
Pero siendo, además, la primera vez que el de Galapagar se encierra con seis toros son una reivindicación y una peregrinación muy especiales. Las entradas están por las nubes en la reventa y la reflexión ahora es cómo podrá el torero mantener la intensidad de su entrega a lo largo de más de dos horas.
Los toros parece que se han seleccionado con mimo y estamos convencidos de que, más allá del calor que seguro sufriremos, el viaje habrá merecido la pena. Por el toreo y por la reivindicación.
Además, parece que con los "honorarios" de esa tarde José Tomás creará una Fundación para promocionar la Fiesta. Gran idea que estamos seguro dará abundantes frutos.
* * * * *
A la vez que nos ilusiona el viaje a Barcelona, los aficionados de Las Ventas recibimos una de las peores noticias que podíamos imaginar: Taurodelta va a pedir la prórroga y la Comunidad de Madrid quiere concedérsela.
Que después de una Feria de San Isidro y Aniversario como la que hemos tenido, los empresarios tengan la jeta de pedir la prórroga y la Administración el cuajo de concedérsela es algo que se sumerge en la indecencia más absoluta. No es que no defiendan la Fiesta es que se han propuesto destrozarla con su codicia y su mediocridad.
En tiempos como los que estamos (de crisis económica, de cambios en la Fiesta,...) es imprescindible redactar un Pliego que premie la creatividad y la inserción de Las Ventas en la modernidad y cultura madrileña. Que haga de cada festejo un espectáculo único. Que asegure (hasta donde se pueda) la diversión en cada tarde de toros. Que distinga los momentos en que Madrid tiene que ofrecer oportunidades (pero reales) a los modestos, de aquellos en los que tiene que ser el escenario único donde los mejores se vean las caras con garantías de poder triunfar. Donde todos quieran venir porque el triunfo sea posible (incluso probable) y tenga réditos el resto de la temporada.
No, señores, no podemos seguir con estos gestores tan aburridos y predecibles.
No sé si para eso habrá que inundar de emails el Centro de Asuntos Taurinos de la CAM o hacer una manifestación una de estas tardes de julio. Pero los que vivimos en este pueblo manchego no hemos hecho nada tan nefasto para condenarnos a lo mismo un año más.
* * * * *
En algunas ferias se está tomando nota de las ganaderías que están fracasando en festejos anteriores en otras plazas para desplazarlas de carteles en los que "sonaban". Gran planteamiento que supone el reconocimiento al trabajo de los que lo hacen bien y la condena (en el mercado) a los que no.
El trabajo ganadero es muy duro. Los resultados sólo pueden verse de verdad cinco años después de seleccionar los cruces. Y si la selección no ha sido acertada hay al menos cuatro camadas intermedias a las que hay que dar salida.
Pero además de la selección, la alimentación y el manejo de los toros en el campo influye en su comportamiento.
Una pena que no haya más información para que los aficionados pudiéramos seguir en detalle los criterios de los cruces, del ejercicio, de la alimentación, de las tientas,... de los ganaderos. Sería un magnífico mecanismo de presión para su trabajo y una gran posibilidad para poder agradecerles tanto esfuerzo y poder hacernos una idea de cada ganadería desde su verdadera esencia, y no sólo por lo que vemos de ella en unas pocas plazas.
Como cada festejo que se da en la Monumental catalana, el del domingo es una victoria de la libertad frente a los totalitarios que tratan de prohibir una manifestación cultural y ética bajo excusas falsas de la defensa de los animales que en realidad encubren su fanatismo identitario.
Como cada corrida en la que interviene José Tomás es también un foco de tauro-turismo internacional y de encuentro con la fiesta de aficionados que de otro modo difícilmente hubieran llegado a ella.
Pero siendo, además, la primera vez que el de Galapagar se encierra con seis toros son una reivindicación y una peregrinación muy especiales. Las entradas están por las nubes en la reventa y la reflexión ahora es cómo podrá el torero mantener la intensidad de su entrega a lo largo de más de dos horas.
Los toros parece que se han seleccionado con mimo y estamos convencidos de que, más allá del calor que seguro sufriremos, el viaje habrá merecido la pena. Por el toreo y por la reivindicación.
Además, parece que con los "honorarios" de esa tarde José Tomás creará una Fundación para promocionar la Fiesta. Gran idea que estamos seguro dará abundantes frutos.
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A la vez que nos ilusiona el viaje a Barcelona, los aficionados de Las Ventas recibimos una de las peores noticias que podíamos imaginar: Taurodelta va a pedir la prórroga y la Comunidad de Madrid quiere concedérsela.
Que después de una Feria de San Isidro y Aniversario como la que hemos tenido, los empresarios tengan la jeta de pedir la prórroga y la Administración el cuajo de concedérsela es algo que se sumerge en la indecencia más absoluta. No es que no defiendan la Fiesta es que se han propuesto destrozarla con su codicia y su mediocridad.
En tiempos como los que estamos (de crisis económica, de cambios en la Fiesta,...) es imprescindible redactar un Pliego que premie la creatividad y la inserción de Las Ventas en la modernidad y cultura madrileña. Que haga de cada festejo un espectáculo único. Que asegure (hasta donde se pueda) la diversión en cada tarde de toros. Que distinga los momentos en que Madrid tiene que ofrecer oportunidades (pero reales) a los modestos, de aquellos en los que tiene que ser el escenario único donde los mejores se vean las caras con garantías de poder triunfar. Donde todos quieran venir porque el triunfo sea posible (incluso probable) y tenga réditos el resto de la temporada.
No, señores, no podemos seguir con estos gestores tan aburridos y predecibles.
No sé si para eso habrá que inundar de emails el Centro de Asuntos Taurinos de la CAM o hacer una manifestación una de estas tardes de julio. Pero los que vivimos en este pueblo manchego no hemos hecho nada tan nefasto para condenarnos a lo mismo un año más.
* * * * *
En algunas ferias se está tomando nota de las ganaderías que están fracasando en festejos anteriores en otras plazas para desplazarlas de carteles en los que "sonaban". Gran planteamiento que supone el reconocimiento al trabajo de los que lo hacen bien y la condena (en el mercado) a los que no.
El trabajo ganadero es muy duro. Los resultados sólo pueden verse de verdad cinco años después de seleccionar los cruces. Y si la selección no ha sido acertada hay al menos cuatro camadas intermedias a las que hay que dar salida.
Pero además de la selección, la alimentación y el manejo de los toros en el campo influye en su comportamiento.
Una pena que no haya más información para que los aficionados pudiéramos seguir en detalle los criterios de los cruces, del ejercicio, de la alimentación, de las tientas,... de los ganaderos. Sería un magnífico mecanismo de presión para su trabajo y una gran posibilidad para poder agradecerles tanto esfuerzo y poder hacernos una idea de cada ganadería desde su verdadera esencia, y no sólo por lo que vemos de ella en unas pocas plazas.
jueves, 25 de junio de 2009
Badajoz (21 de junio de 2009) - De triunfo
Lo que hacía el domingo en Badajoz no era calor, era el infierno. Soy amante del estío y gusto de los días cálidos, pero cuando se superan los cuarenta grados a la sombra durante muchas horas del día y no refresca nada por la noche (corta, por el solsticio) adquirir una localidad de sol para ir a los toros es una temeridad.
Pero allí estuvimos. En la Plaza de Toros de Badajoz. Plaza amplia y cómoda por dentro, pero horrorosa por fuera. A diferencia de la de Cáceres, bonita y escueta, pero una de las más incómodas del mundo.
La primera noticia es que la plaza se llenó, cosa que al parece no había sucedido desde hacía muchos decenios. Y la siguiente es que había público variado. Puesto que era domingo-y-José Tomás habían acudido aficionados de toda España y, por la ubicación geógrafica del coso, muchísimos portugueses. Aficionados los del otro lado de la raya a los que se hurta la suerte suprema y con ella gran parte de la dignidad de la fiesta. Por eso, como tuve oportunidad de comentar con algunos de ellos en un agradable café antes de la corrida, no van casi a ver toros en Portugal y vienen siempre que pueden a España (Sevilla, Olivenza -un poco menos España para ellos, pero la historia tiene estos requiebros-, Madrid, Barcelona,...).
En la plaza, Pedrito de Portugal (¡mala suerte la cogida de El Fundi y peor aún la sustitución!) demostró que no torea. O que torea muy poco. Hubo ganas, algunos buenos pases en el primero y poco más.
JT y Perera, sin embargo, dieron una excelente tarde de toros. Cada uno en su estilo y de diferente modo en función de sus oponentes. Pero demostrando una torería que les sitúa en un nivel que muy pocos pueden alcanzar.
Una torería, es verdad, frente a enemigos en general nobles y muy flojos. Más allá de la presentación (los primeros más chicos, a partir del tercero un poco más hechos) lo realmente importante es que los toros permitían toreo del bueno, pero les faltaba gas. Para ir más allá en las embestidas, pero sobre todo para ir más veces por abajo, para soportar un verdadero tercio de varas (no el simulacro que hubo), para galopar desde lejos,...
Que nadie se equivoque. No es un problema de JT, de Perera, ni de ninguna de las figura. No es algo de Badajoz. Es una selección que está dando un tipo de producto que crea emoción y belleza. Pero que, con un poco más, permitiría el goce de la genialidad.
JT demostró una vez más la pureza de su toreo con la capa y la muleta. El sitio. El rigor. La liturgia. Toreo hondo, por abajo. Sin probaturas. Sin pases de más. Largísimos los naturales. perfecta la colocación y el trazo. Muy bien las estocadas.
La gente está con él. Pero porque percibe un tipo de toreo y de espectáculo distinto. Iba a los toros con mi amigo Antonio. Una de las personas con las que uno conecta desde niño y que, más allá de los vericuetos vitales de cada uno, siguen estando presentes en lo hondo de tu geografía vital. Él no es aficionado. Ha ido alguna vez a los toros, pero muy poco. Tenía ganas de ir a ver a JT y Badajoz era la mejor oportunidad para hacerlo juntos. Al final de la corrida me reconocía que había visto un toreo claramente distinto. Una manera de conectar con el público muy seria. Y, sobre todo (apreciación sabia y en la que no había caido hasta ahora), una comunicación profunda con el toro. Una conexión que hace que la faena tenga intensidad incluso cuando no se torea porque en lo que se está haciendo toro y torero están unidos por un extraño hilo invisible de comunión.
Tal vez por eso me resultaron tan injustos los comentarios que escuché por la noche, volviendo a Madrid, en la cadena SER, en la que se criticaba a JT (muchas veces incluso sin nombrarlo) por no ir a Madrid, a Sevilla, a Pamplona y a Bilbao. Por no acartelarse con no-sé-quién. Por no enfrentarse a toros que tengan los pitones no-sé-cómo. Si el programa taurino que probablemente más audiencia tiene. Si los críticos taurinos que más (y mejor) retransmiten festejos taurinos en Digital + tienen esta opinión hay algo que se me escapa. Porque para mí tengo que el hecho de que JT no vaya a esas plazas debería convertirse en un reconocimiento a su honestidad, por no pasar por lo que le quieren imponer esos seres tan mediocres que son la mayoría de los empresarios taurinos. Y porque reivindica que sea él (y los demás toreros) los que se lleven los beneficios (todos los beneficios) que genera esta actividad. Y que los empresarios (con perdón a los que realmente lo son y merecen este nombre) con un vulgar sueldo de bedel de Ministerio irían más que pagados.
Dignidad, hombría y torería que también demostró Perera. Sin duda, el mejor torero que ha surgido en muchos años. Viendo una misma tarde a Perera y a JT uno comprende mejor ese invisible hilo que une también la historia del toreo. Perera no existiría y no se entendería sin JT. porque su tauromaquia incorpora e interioriza lo que hace JT y, desde esa base técnica, le añade dosis de hondura, largura en los muletazos, emoción en los pases cambiados por la espalda,... Además de una frescura, una ambición propia de la edad y una claridad de mente delante del toro imposible de igualar.
No se trata de debatir quién torea mejor. Se trata de reivindicar que con toreros como estos merece la pena hacerse 1.000 km para ir una tarde sofocante a los toros en un tendido de sol. Porque la emoción y el sentimiento superan las incomodidades.
Como hubiera tenido sentido ir a Barcelona a ver a Morante, que por lo que dicen estuvo cumbre... Una suerte que vayamos a verle tres o cuatro tardes este mes de agosto. Y a ver si alguna más antes.
Pero allí estuvimos. En la Plaza de Toros de Badajoz. Plaza amplia y cómoda por dentro, pero horrorosa por fuera. A diferencia de la de Cáceres, bonita y escueta, pero una de las más incómodas del mundo.
La primera noticia es que la plaza se llenó, cosa que al parece no había sucedido desde hacía muchos decenios. Y la siguiente es que había público variado. Puesto que era domingo-y-José Tomás habían acudido aficionados de toda España y, por la ubicación geógrafica del coso, muchísimos portugueses. Aficionados los del otro lado de la raya a los que se hurta la suerte suprema y con ella gran parte de la dignidad de la fiesta. Por eso, como tuve oportunidad de comentar con algunos de ellos en un agradable café antes de la corrida, no van casi a ver toros en Portugal y vienen siempre que pueden a España (Sevilla, Olivenza -un poco menos España para ellos, pero la historia tiene estos requiebros-, Madrid, Barcelona,...).
En la plaza, Pedrito de Portugal (¡mala suerte la cogida de El Fundi y peor aún la sustitución!) demostró que no torea. O que torea muy poco. Hubo ganas, algunos buenos pases en el primero y poco más.
JT y Perera, sin embargo, dieron una excelente tarde de toros. Cada uno en su estilo y de diferente modo en función de sus oponentes. Pero demostrando una torería que les sitúa en un nivel que muy pocos pueden alcanzar.
Una torería, es verdad, frente a enemigos en general nobles y muy flojos. Más allá de la presentación (los primeros más chicos, a partir del tercero un poco más hechos) lo realmente importante es que los toros permitían toreo del bueno, pero les faltaba gas. Para ir más allá en las embestidas, pero sobre todo para ir más veces por abajo, para soportar un verdadero tercio de varas (no el simulacro que hubo), para galopar desde lejos,...
Que nadie se equivoque. No es un problema de JT, de Perera, ni de ninguna de las figura. No es algo de Badajoz. Es una selección que está dando un tipo de producto que crea emoción y belleza. Pero que, con un poco más, permitiría el goce de la genialidad.
JT demostró una vez más la pureza de su toreo con la capa y la muleta. El sitio. El rigor. La liturgia. Toreo hondo, por abajo. Sin probaturas. Sin pases de más. Largísimos los naturales. perfecta la colocación y el trazo. Muy bien las estocadas.
La gente está con él. Pero porque percibe un tipo de toreo y de espectáculo distinto. Iba a los toros con mi amigo Antonio. Una de las personas con las que uno conecta desde niño y que, más allá de los vericuetos vitales de cada uno, siguen estando presentes en lo hondo de tu geografía vital. Él no es aficionado. Ha ido alguna vez a los toros, pero muy poco. Tenía ganas de ir a ver a JT y Badajoz era la mejor oportunidad para hacerlo juntos. Al final de la corrida me reconocía que había visto un toreo claramente distinto. Una manera de conectar con el público muy seria. Y, sobre todo (apreciación sabia y en la que no había caido hasta ahora), una comunicación profunda con el toro. Una conexión que hace que la faena tenga intensidad incluso cuando no se torea porque en lo que se está haciendo toro y torero están unidos por un extraño hilo invisible de comunión.
Tal vez por eso me resultaron tan injustos los comentarios que escuché por la noche, volviendo a Madrid, en la cadena SER, en la que se criticaba a JT (muchas veces incluso sin nombrarlo) por no ir a Madrid, a Sevilla, a Pamplona y a Bilbao. Por no acartelarse con no-sé-quién. Por no enfrentarse a toros que tengan los pitones no-sé-cómo. Si el programa taurino que probablemente más audiencia tiene. Si los críticos taurinos que más (y mejor) retransmiten festejos taurinos en Digital + tienen esta opinión hay algo que se me escapa. Porque para mí tengo que el hecho de que JT no vaya a esas plazas debería convertirse en un reconocimiento a su honestidad, por no pasar por lo que le quieren imponer esos seres tan mediocres que son la mayoría de los empresarios taurinos. Y porque reivindica que sea él (y los demás toreros) los que se lleven los beneficios (todos los beneficios) que genera esta actividad. Y que los empresarios (con perdón a los que realmente lo son y merecen este nombre) con un vulgar sueldo de bedel de Ministerio irían más que pagados.
Dignidad, hombría y torería que también demostró Perera. Sin duda, el mejor torero que ha surgido en muchos años. Viendo una misma tarde a Perera y a JT uno comprende mejor ese invisible hilo que une también la historia del toreo. Perera no existiría y no se entendería sin JT. porque su tauromaquia incorpora e interioriza lo que hace JT y, desde esa base técnica, le añade dosis de hondura, largura en los muletazos, emoción en los pases cambiados por la espalda,... Además de una frescura, una ambición propia de la edad y una claridad de mente delante del toro imposible de igualar.
No se trata de debatir quién torea mejor. Se trata de reivindicar que con toreros como estos merece la pena hacerse 1.000 km para ir una tarde sofocante a los toros en un tendido de sol. Porque la emoción y el sentimiento superan las incomodidades.
Como hubiera tenido sentido ir a Barcelona a ver a Morante, que por lo que dicen estuvo cumbre... Una suerte que vayamos a verle tres o cuatro tardes este mes de agosto. Y a ver si alguna más antes.
martes, 16 de junio de 2009
Toledo (14 de junio de 2009) - De la liturgia y el pueblo
Hay quien afirma que cuando en las celebraciones eucarísticas se pasó del latín a la lengua vulgar la religión comenzó a perder sus adeptos. No hay nada como entender lo que se está diciendo para eliminar el misterio. Y sin misterio no hay religión ni fe posible.
Toledo, cuatro días después de la procesión del Corpus, era aún una ciudad engalanada y mágica, donde las flores y los matojos que señalaban el paso de la comitiva impregnaban de un olor medieval aquellos muros antiguos.
En la plaza, todos esperaban también el milagro de la transubstanciación de JT. Más aún después de las noticias y los vídeos de Granada.
Pero la corrida de Zalduendo no permitió el milagro. O tal vez lo permitió en grado sumo. Pero a eso iremos después.
Lo primero, dejar constancia de que El Fundi hizo un tremendo esfuerzo por estar. Y que sólo por eso se merece todos los respetos. El toro, soso y con un recorrido corto, le prendió en un pase en la pierna izquierda y aquello empezó a manar sangre de un modo más que peligroso. (¡Hay que tener mala suerte para que quien acostumbra a matar Miuras, Victorinos, Escolar y regalitos similares lleve más de dos meses sin torear por la caida de un caballo y la cornada de un Zalduendo!). A ese toro lo mató JT entre comentarios de quienes hubieran preferido que se hubiera muerto de viejo y que, tras el desafortunado percance, al menos hubieran podido ver al de Galapagar lidiar tres toros.
Lidió sólo dos. Y de los peores del sorteo. Sosos, sin transmisión, peligrosos a ratos. Pero todo lo que hizo desprendió una tremeda sensación de liturgia. Grandioso el recibo de capa al tercero de la tarde. Y el brindis a Adrián Gómez. Con la muleta, a un toro que no pasaba, cada pase era una demostración de intenciones. No un gesto, ni un paso, ni un pase de más.
En el quinto, toreo a media altura, arrimón, ayudados por alto de verdadera genialidad, trincherillas,... Inteligencia, ritual y técnica todo en uno.
Pensaba al salir de la plaza que muchos tal vez salieron decepcionados por no verle cuajar un toro. Pero la duda me la despejó un joven que, hablando por el móvil, explicaba a su interlocutor que era la primera vez que iba a los toros, que un tal Eugenio de Mora había cortado muchas orejas, pero que lo de JT era otra cosa. Que se ponía en un sitio y estaba de un modo que él, que no entendía nada de toros, le había puesto los pelos de punta. Pues eso. Quien iba a relatar que estuvo en un triunfo grande salió decepcionado. Quien acudió con la mente abierta disfrutó de quien hace las cosas de un modo diferente. De quien triunfa aunque no corte las orejas, aunque los toros no acompañen. Porque incluso así, transmite una sensación de pureza única.
Todo eso sin desmerecer a Eugenio de Mora, que tuvo los dos mejores toros del encierro (cuarto y sexto) y que se fajó con ambos. En el cuarto con un toreo más ortodoxo, derechazos bajando la mano y templando mucho, naturales largos y templados, circulares, ayudados por bajo,... Ese torero que intuímos hace mucho y que se ha ido apagando. Y en el secto con un toreo más bullicioso, rodillas en tierra, desplantes,... Un toreo que sirve para según qué plazas y paisanos pero no que le va a colocar donde se merece si torea como sabe.
Una tarde en fin, de liturgias varias. Y de reconocimiento de que los hombres somos tan poca cosa que sólo desde la liturgia podemos tratar de intuir la verdad. Algún instante de verdad. De gracia. De luz.
Toledo, cuatro días después de la procesión del Corpus, era aún una ciudad engalanada y mágica, donde las flores y los matojos que señalaban el paso de la comitiva impregnaban de un olor medieval aquellos muros antiguos.
En la plaza, todos esperaban también el milagro de la transubstanciación de JT. Más aún después de las noticias y los vídeos de Granada.
Pero la corrida de Zalduendo no permitió el milagro. O tal vez lo permitió en grado sumo. Pero a eso iremos después.
Lo primero, dejar constancia de que El Fundi hizo un tremendo esfuerzo por estar. Y que sólo por eso se merece todos los respetos. El toro, soso y con un recorrido corto, le prendió en un pase en la pierna izquierda y aquello empezó a manar sangre de un modo más que peligroso. (¡Hay que tener mala suerte para que quien acostumbra a matar Miuras, Victorinos, Escolar y regalitos similares lleve más de dos meses sin torear por la caida de un caballo y la cornada de un Zalduendo!). A ese toro lo mató JT entre comentarios de quienes hubieran preferido que se hubiera muerto de viejo y que, tras el desafortunado percance, al menos hubieran podido ver al de Galapagar lidiar tres toros.
Lidió sólo dos. Y de los peores del sorteo. Sosos, sin transmisión, peligrosos a ratos. Pero todo lo que hizo desprendió una tremeda sensación de liturgia. Grandioso el recibo de capa al tercero de la tarde. Y el brindis a Adrián Gómez. Con la muleta, a un toro que no pasaba, cada pase era una demostración de intenciones. No un gesto, ni un paso, ni un pase de más.
En el quinto, toreo a media altura, arrimón, ayudados por alto de verdadera genialidad, trincherillas,... Inteligencia, ritual y técnica todo en uno.
Pensaba al salir de la plaza que muchos tal vez salieron decepcionados por no verle cuajar un toro. Pero la duda me la despejó un joven que, hablando por el móvil, explicaba a su interlocutor que era la primera vez que iba a los toros, que un tal Eugenio de Mora había cortado muchas orejas, pero que lo de JT era otra cosa. Que se ponía en un sitio y estaba de un modo que él, que no entendía nada de toros, le había puesto los pelos de punta. Pues eso. Quien iba a relatar que estuvo en un triunfo grande salió decepcionado. Quien acudió con la mente abierta disfrutó de quien hace las cosas de un modo diferente. De quien triunfa aunque no corte las orejas, aunque los toros no acompañen. Porque incluso así, transmite una sensación de pureza única.
Todo eso sin desmerecer a Eugenio de Mora, que tuvo los dos mejores toros del encierro (cuarto y sexto) y que se fajó con ambos. En el cuarto con un toreo más ortodoxo, derechazos bajando la mano y templando mucho, naturales largos y templados, circulares, ayudados por bajo,... Ese torero que intuímos hace mucho y que se ha ido apagando. Y en el secto con un toreo más bullicioso, rodillas en tierra, desplantes,... Un toreo que sirve para según qué plazas y paisanos pero no que le va a colocar donde se merece si torea como sabe.
Una tarde en fin, de liturgias varias. Y de reconocimiento de que los hombres somos tan poca cosa que sólo desde la liturgia podemos tratar de intuir la verdad. Algún instante de verdad. De gracia. De luz.
sábado, 13 de junio de 2009
Resumen y conclusiones de San Isidro 2009
La confección de la Feria de San Isidro (incluyo San Isidro y el Aniversario porque, al fin, es todo lo mismo: el abono de primavera en Madrid) era mediocre. Y el resultado artístico, de toros y toreros ha sido en consonancia con la mediocridad de los carteles.
Destaca, por encima de todo lo demás, el tremendo tributo de sangre que se ha pagado en esta Feria. Muchísimos toreros y banderilleros heridos. Y una muy escasa sensibilidad del público para los toreros heridos que continúan la lidia, para quienes vuelven sólo dos días después de un percance, para quien torea en Madrid por primera vez después de una encerrona en la que le cogieron de forma grave dos veces,...
La feria sosa y aburrida, y la crisis, que de todo hay, han cambiado el perfil de los asistentes a la Plaza. Cada vez son menos los aficionados que siguen toda la feria y más los asistentes ocasionales. Como el asunto siga así (y es muy probable que sea una tendencia imparable) año tras año serán más los abonos que no se renueven, y cada vez será más fácil encontrar entradas en la reventa a precios razonables (este año ya lo ha sido, salvo para un par de tardes). Y, sobre todo, cada vez se irá difuminando más la posibilidad de medir a todos los toreros por el mismo rasero. Madrid se está convirtiendo en una plaza imprevisible en sus reacciones. Y esa no es una buena señal.
En el apartado ganadero la mejor corrida para los toreros (y, en consecuencia, para los aficionados) ha sido probablemente la de Alcurrucén, aunque sólo la aprovechó, y no todo lo que hubiera sido posible, Rubén Pinar. Algún toro de Victoriano del Río, de Juan Pedro y de Parladé también se dejaron. Pero han salido muy pocos toros buenos. Muchos menos que otros años. Una cierta garantía en la acometividad y nobleza de los toros es esencial para la pervivencia de la Fiesta. No puede ser que en treinta tardes hayan embestido por abajo y hasta el final tan pocos toros.
De las ganadería toristas, Victorino volvió a fracasar. Y sólo hubiera merecido una mención por su casta la ganadería de Palha, si no llega a ser por la brutal cornada a Israel Lancho y por la reacción absolutamente improcedente de su ganadero animando al mayoral a saludar y en ciertas declaraciones que hizo después del percance.
En cuanto a lo visto en el ruedo, que es al fin lo relevante, aquello a lo que deberían dirigir su atención la empresa, el público y los ganaderos, hay dos momentos que pasarán a la historia: la faena de Morante el día 21 al cuarto de la tarde y la de Esplá la tarde de su despedida.
Lo de Morante fue único, sublime, irrepetible. Ya lo dijimos: nunca se ha toreado tan bien a un solo toro con el capote como lo hizo Morante a ese toro de Juan Pedro. Y la primera serie con la muleta tuvo un gusto, una hondura, una distinción,... Una pena que el toro durara tan poco, porque con la clase que tenía el toro y el momento de Morante aquello hubiera sido para cerrar la Plaza por diez días hasta que el personal se recuperara del shock.
Lo de Esplá fue distinto. Emotivo, medido, torero, antiguo,... Fue una de esas faenas que se paladean no sólo con el sentimiento, también con la cabeza. Como compendio de muchas cosas, de muchas tardes, de toda una vida de afición. Toreó mucho y bien. Y no escatimó nada. La estocada recibiendo fue un gesto de generosidad enorme.
Fuera de eso, Castella ha estado decidido y ha tenido momentos de buen toreo, Pinar ha demostrado que quiere y puede ser alguien en esto, como Daniel Luque, que nos hizo vivir momentos muy emotivos y dejó apuntes de un toreo muy personal (los cambios de mano sucesivos van a convertirse en marca de la casa, si no, al tiempo).
Perera, aunque sin suerte con los toros, ha demostrado una seguridad y un sitio apabullante. Una pena que esta plaza no lo reconozca como uno de los suyos, a pesar de las buenas tardes de toros que nos ha brindado.
De los jóvenes, David Mora y Sergio Aguilar también dejaron apuntes de interés. Bonito gesto el de la empresa que los anuncia mañana mano a mano (iríamos a verles si no fuera porque estaremos en Toledo viendo por primera vez esta temporada a JT, que con Morante y Perera son sin duda los tres toreros a los que seguir este año).
Talavante ha estado desdibujado, Manzanares sin suerte, Tejela dejando buenos momentos de toreo, Ferrera haciendo cada tarde las cosas un poco mejor, El Cid sin sitio, Bolívar apuntando cosas interesantes pero sin dejar de romper,... Y poco más, muy poco más.
Entre los novilleros (cuando escribo esto ya es matador de toros), Miguel Ángel Delgado, que toreó inmensamente despacio y con muchísimo gusto. A ver si tiene oportunidades y consigue hacer con el cuatreño ese toreo relajado y lento. Y a ver si aprende a matar.
En fin, dos momentos de glorida, algunos apuntes y mucha mediocridad.
Alguien debería reflexionar si esto es suficiente para la primera Plaza de Toros del Mundo.
Destaca, por encima de todo lo demás, el tremendo tributo de sangre que se ha pagado en esta Feria. Muchísimos toreros y banderilleros heridos. Y una muy escasa sensibilidad del público para los toreros heridos que continúan la lidia, para quienes vuelven sólo dos días después de un percance, para quien torea en Madrid por primera vez después de una encerrona en la que le cogieron de forma grave dos veces,...
La feria sosa y aburrida, y la crisis, que de todo hay, han cambiado el perfil de los asistentes a la Plaza. Cada vez son menos los aficionados que siguen toda la feria y más los asistentes ocasionales. Como el asunto siga así (y es muy probable que sea una tendencia imparable) año tras año serán más los abonos que no se renueven, y cada vez será más fácil encontrar entradas en la reventa a precios razonables (este año ya lo ha sido, salvo para un par de tardes). Y, sobre todo, cada vez se irá difuminando más la posibilidad de medir a todos los toreros por el mismo rasero. Madrid se está convirtiendo en una plaza imprevisible en sus reacciones. Y esa no es una buena señal.
En el apartado ganadero la mejor corrida para los toreros (y, en consecuencia, para los aficionados) ha sido probablemente la de Alcurrucén, aunque sólo la aprovechó, y no todo lo que hubiera sido posible, Rubén Pinar. Algún toro de Victoriano del Río, de Juan Pedro y de Parladé también se dejaron. Pero han salido muy pocos toros buenos. Muchos menos que otros años. Una cierta garantía en la acometividad y nobleza de los toros es esencial para la pervivencia de la Fiesta. No puede ser que en treinta tardes hayan embestido por abajo y hasta el final tan pocos toros.
De las ganadería toristas, Victorino volvió a fracasar. Y sólo hubiera merecido una mención por su casta la ganadería de Palha, si no llega a ser por la brutal cornada a Israel Lancho y por la reacción absolutamente improcedente de su ganadero animando al mayoral a saludar y en ciertas declaraciones que hizo después del percance.
En cuanto a lo visto en el ruedo, que es al fin lo relevante, aquello a lo que deberían dirigir su atención la empresa, el público y los ganaderos, hay dos momentos que pasarán a la historia: la faena de Morante el día 21 al cuarto de la tarde y la de Esplá la tarde de su despedida.
Lo de Morante fue único, sublime, irrepetible. Ya lo dijimos: nunca se ha toreado tan bien a un solo toro con el capote como lo hizo Morante a ese toro de Juan Pedro. Y la primera serie con la muleta tuvo un gusto, una hondura, una distinción,... Una pena que el toro durara tan poco, porque con la clase que tenía el toro y el momento de Morante aquello hubiera sido para cerrar la Plaza por diez días hasta que el personal se recuperara del shock.
Lo de Esplá fue distinto. Emotivo, medido, torero, antiguo,... Fue una de esas faenas que se paladean no sólo con el sentimiento, también con la cabeza. Como compendio de muchas cosas, de muchas tardes, de toda una vida de afición. Toreó mucho y bien. Y no escatimó nada. La estocada recibiendo fue un gesto de generosidad enorme.
Fuera de eso, Castella ha estado decidido y ha tenido momentos de buen toreo, Pinar ha demostrado que quiere y puede ser alguien en esto, como Daniel Luque, que nos hizo vivir momentos muy emotivos y dejó apuntes de un toreo muy personal (los cambios de mano sucesivos van a convertirse en marca de la casa, si no, al tiempo).
Perera, aunque sin suerte con los toros, ha demostrado una seguridad y un sitio apabullante. Una pena que esta plaza no lo reconozca como uno de los suyos, a pesar de las buenas tardes de toros que nos ha brindado.
De los jóvenes, David Mora y Sergio Aguilar también dejaron apuntes de interés. Bonito gesto el de la empresa que los anuncia mañana mano a mano (iríamos a verles si no fuera porque estaremos en Toledo viendo por primera vez esta temporada a JT, que con Morante y Perera son sin duda los tres toreros a los que seguir este año).
Talavante ha estado desdibujado, Manzanares sin suerte, Tejela dejando buenos momentos de toreo, Ferrera haciendo cada tarde las cosas un poco mejor, El Cid sin sitio, Bolívar apuntando cosas interesantes pero sin dejar de romper,... Y poco más, muy poco más.
Entre los novilleros (cuando escribo esto ya es matador de toros), Miguel Ángel Delgado, que toreó inmensamente despacio y con muchísimo gusto. A ver si tiene oportunidades y consigue hacer con el cuatreño ese toreo relajado y lento. Y a ver si aprende a matar.
En fin, dos momentos de glorida, algunos apuntes y mucha mediocridad.
Alguien debería reflexionar si esto es suficiente para la primera Plaza de Toros del Mundo.
lunes, 8 de junio de 2009
Madrid (7 de junio de 2009) - Se acabó
Se acabó la Feria del Aniversario y con ella el mes de toros ininterrumpido en Las Ventas.
Y acabó con la corrida que, en conjunto, probablemente dio más oportunidades a los toreros. Una corrida seria y de buen comportamiento en general de Alcurrucén.
Ferrera tuvo en su primero un toro que no se cansaba de embestir siempre por abajo y obedeciendo los engaños. Faltó ajuste y hondura en el toreo y algo más de receptividad por parte del público. El cuarto fue un toro más encastado con el que estuvo firme pero que le tocó siempre los engaños: faltó poderle y, probablemente, darle algo más de distancia. En banderillas estuvo especialmente brillante en este cuarto con un par al quiebro realmente bueno.
Tejela tuvo también dos toros de diferente comportamiento (el segundo se quedaba algo más corto en los engaños) pero nobles y con tranco suficiente como para poder hacer una faena de más dimensión. En ambos lo intentó y sacó pases buenos, pero dio la sensación de que Matías no tenía su mejor día, que estaba algo descentrado. Eso sí, dio dos estocadas de efecto fulminante de mucha importancia.
Al contrario que Tejela, Pinar estjuvo mucho más centrado que en su anterior comparecencia (aunque también hay que decir que aquel día tuvo la alargada sombra del capote de Morante de la que era muy difícil sustraerse) . Cortó una oreja a cada uno de sus toros y salió por la Puerta Grande. Rubén dio una dimensión mucho más seria de torero, demostró una actitud más decidida, un mejor manejo de los engaños y una colocación más ortodoxa. Aún así se le notó el espíritu bullicioso habitual de quienes están empezando en el escalafón superior, pero con mejor acomodo de lo que esas ansias de triunfo deben suponer en una plaza como la de Madrid.
Final de Feria, pues, con una interesante corrida de toros, más por el comportamiento de los animales que por el lucimiento que consiguieron alguno de los diestros.
Y ahora, a reflexionar sobre lo que hemos vivido. Ya iremos, poco a poco, dejando rastro de nuestra valoración...
Y acabó con la corrida que, en conjunto, probablemente dio más oportunidades a los toreros. Una corrida seria y de buen comportamiento en general de Alcurrucén.
Ferrera tuvo en su primero un toro que no se cansaba de embestir siempre por abajo y obedeciendo los engaños. Faltó ajuste y hondura en el toreo y algo más de receptividad por parte del público. El cuarto fue un toro más encastado con el que estuvo firme pero que le tocó siempre los engaños: faltó poderle y, probablemente, darle algo más de distancia. En banderillas estuvo especialmente brillante en este cuarto con un par al quiebro realmente bueno.
Tejela tuvo también dos toros de diferente comportamiento (el segundo se quedaba algo más corto en los engaños) pero nobles y con tranco suficiente como para poder hacer una faena de más dimensión. En ambos lo intentó y sacó pases buenos, pero dio la sensación de que Matías no tenía su mejor día, que estaba algo descentrado. Eso sí, dio dos estocadas de efecto fulminante de mucha importancia.
Al contrario que Tejela, Pinar estjuvo mucho más centrado que en su anterior comparecencia (aunque también hay que decir que aquel día tuvo la alargada sombra del capote de Morante de la que era muy difícil sustraerse) . Cortó una oreja a cada uno de sus toros y salió por la Puerta Grande. Rubén dio una dimensión mucho más seria de torero, demostró una actitud más decidida, un mejor manejo de los engaños y una colocación más ortodoxa. Aún así se le notó el espíritu bullicioso habitual de quienes están empezando en el escalafón superior, pero con mejor acomodo de lo que esas ansias de triunfo deben suponer en una plaza como la de Madrid.
Final de Feria, pues, con una interesante corrida de toros, más por el comportamiento de los animales que por el lucimiento que consiguieron alguno de los diestros.
Y ahora, a reflexionar sobre lo que hemos vivido. Ya iremos, poco a poco, dejando rastro de nuestra valoración...
sábado, 6 de junio de 2009
Madrid (5 de junio de 2009) - Se despide un maestro
La tarde había empezado como corresponde a una buena tarde de toros: con comida y sobremesa. Cumplimos, además, con ese ritual de todo buen aficionado que es visitar, al menos una vez al año, la Librería Rodríguez, un auténtico templo en el que uno puede encontrar casi cualquier cosa sobre toros que se haya publicado o impreso (grandiosos los carteles antiguos). Y les aseguro que hay mucho más de lo que uno puede imaginarse.
Luego, ya cerca de la plaza, una copa para templar el cuerpo. Y al tendido junto a buenos amigos.
El cartel tenía interés por los tres toreros: por Esplá, que se despedía de Madrid; por Morante, que tanto nos había deslumbrado este año y por Sebastián Castella que era el único de los toreros de a pie que había salido a hombros por la Puerta Grande esta Feria de San Isidro. Pero no voy a mentirles: íbamos a ver a Morante. Desde el convencimiento de que era imposible que repitiera el recital de capote de su anterior celebración, pero con la esperanza de que un toro le metiera la cara y nos hiciera rebosar nuevamente de alegría y de arte.
En el tendido constatamos que el viento que habíamos notado en la calle era un auténtico vendaval en el ruedo. Así no se podía torear. Tiene razón Antoñete cuando comenta que las corridas no deberían suspenderse por lluvia, pero sí por el viento. Y esta tarde era una de las que su devenir hubiera cambiado radicalmente sin tan molesta compañía. Razón de más para que alguien se plantee una remodelación de la plaza que respete todo lo que quiera respetar arquitectónicamente, pero que cobije del viento (lo primero) y, a ser posible, también de la lluvia y del sol.
Sin embargo, entre tanta adversidad, tanto toro complicado, una tarde que se estaba perdiendo como las demás surgió el milagro. Y el milagro se llama Esplá, que en su último toro en Madrid, dio una lección de maestro. Lidió bien al toro, al que se le hizo un buen tercio de varas. Puso dos grandes pares de banderillas (por desgracia, el tercero no llegó a clavarse o se cayó inmediatamente). Luego, el viento dio apenas diez minutos de cierto respiro. Justo el tiempo que el maestro tardó en hacer su mejor faena de muleta en Las Ventas. Series hondas, por bajo, siempre bien colocado, llevando al toro embarcado, alargando cada pase, gustándose,… Una faena con series por ambas manos, con un derechazo y un natural de auténtico ensueño. Pero, sobre todo, una faena con tremendo sentido: desde el sitio en que lidió para que el viento (escaso, pero molesto) interfiriera lo menos posible, hasta la propia estructura de la faena, con un comienzo por alto con una de las manos apoyada en tablas y llevándolo luego poco a poco al tercio con pases muy toreros. Allí, series de derechazos y naturales cada vez más hondos. Y al final, pases de adorno. Una faena donde nada sobró y donde todo se hizo con continuidad y con guión, algo que es prácticamente imposible encontrar en la mayoría de los toreros del escalafón. Para matar, cuando otros podrían haber tratado de asegurar la estocada, él quiso que aquello culminara a lo grande. Y lo mató recibiendo, a gran distancia, de una enorme estocada arriba. La apuesta podría haberle salido mal. Pero un torero no puede ser nunca un especulador. Tiene que dejarse llevar sólo por lo que le da sentido al rito. Y aquel rito precisaba un colofón como el que Esplá le dio. Apostó y ganó.
A Esplá se le dieron las dos orejas: por petición popular y porque hizo una faena grandiosa. No se le regaló nada. La gente estuvo con él, pero porque él ha dado todo a la Fiesta y a esta plaza. Y aunque en las últimas tardes que le habíamos visto no había cuajado un toro, el último de su periplo por Madrid lo redondeó.
Al toro se le dio una merecida vuelta al ruedo. Difícil encontrar un toro en Madrid que con 620 kilos embista tan bien y tanto como embistió el de Victoriano del Río, que no parecía ser de la misma ganadería que el resto de los animales que salieron por la puerta de chiqueros.
Además de lo anterior, Esplá dejó toda una sucesión de detalles para la retina. De imágenes que guardar en una memoria sepia que abarca todo el tiempo que llevamos viendo toros… Desde el magnífico vestido hasta el detalle de colocarse en el burladero del 2 para recibir el primer toro (por el viento) pasando por el modo de poner las banderillas, sentarse en el estribo, dejar que el toro se fuera a morir junto a la tablas sin que los peones le molieran a capotazos, la imagen de esos mismos peones sentados en el estribo mientras Esplá daba la segunda vuelta al ruedo, cómo fue su hijo quien le sacó a hombros por la Puerta Grande,…
La tarde fue de Esplá y de su compendio de la tauromaquia, de los detalles y del sabor de un ritual que no puede perderse. De una Fiesta que tiene sentido por todo ese conjunto de gestos, junto con un toreo grande, hondo, caro,…
Castella estuvo voluntarioso y valiente, con un comienzo de faena al sexto auténticamente impactante. Demostró decisión y sacó un par de tandas de toreo bueno. Más era imposible, por los toros y por el viento.
Al igual que Morante, al que hubo quien abroncó por abreviar en su primero y no conseguir sacar nada del quinto. Pero ni Morante ni el conjunto del toreo que hubiera lidiado aquellos dos bureles esa tarde hubieran sacado más que dolor de cabeza por el desastroso comportamiento de los animales y el continuo vendaval.
Gracias, maestro Esplá, por las tardes que nos has regalado: desde aquella corrida del siglo que vimos varias veces repetida siendo niños hasta esta de tu despedida en Madrid que nos ha reconciliado con el rito. Por toreros como tú vamos cada día a la plaza. Aunque sea sólo de tarde en tarde, tan de tarde en tarde, cuando podamos reafirmar por lo vivido la grandeza de nuestra afición.
(Hoy no hemos podido ir a los caballos. Y mañana acaba el mes seguido de toros. ¿Qué excusa encontraremos para salir el lunes de la oficina a media tarde…?)
Luego, ya cerca de la plaza, una copa para templar el cuerpo. Y al tendido junto a buenos amigos.
El cartel tenía interés por los tres toreros: por Esplá, que se despedía de Madrid; por Morante, que tanto nos había deslumbrado este año y por Sebastián Castella que era el único de los toreros de a pie que había salido a hombros por la Puerta Grande esta Feria de San Isidro. Pero no voy a mentirles: íbamos a ver a Morante. Desde el convencimiento de que era imposible que repitiera el recital de capote de su anterior celebración, pero con la esperanza de que un toro le metiera la cara y nos hiciera rebosar nuevamente de alegría y de arte.
En el tendido constatamos que el viento que habíamos notado en la calle era un auténtico vendaval en el ruedo. Así no se podía torear. Tiene razón Antoñete cuando comenta que las corridas no deberían suspenderse por lluvia, pero sí por el viento. Y esta tarde era una de las que su devenir hubiera cambiado radicalmente sin tan molesta compañía. Razón de más para que alguien se plantee una remodelación de la plaza que respete todo lo que quiera respetar arquitectónicamente, pero que cobije del viento (lo primero) y, a ser posible, también de la lluvia y del sol.
Sin embargo, entre tanta adversidad, tanto toro complicado, una tarde que se estaba perdiendo como las demás surgió el milagro. Y el milagro se llama Esplá, que en su último toro en Madrid, dio una lección de maestro. Lidió bien al toro, al que se le hizo un buen tercio de varas. Puso dos grandes pares de banderillas (por desgracia, el tercero no llegó a clavarse o se cayó inmediatamente). Luego, el viento dio apenas diez minutos de cierto respiro. Justo el tiempo que el maestro tardó en hacer su mejor faena de muleta en Las Ventas. Series hondas, por bajo, siempre bien colocado, llevando al toro embarcado, alargando cada pase, gustándose,… Una faena con series por ambas manos, con un derechazo y un natural de auténtico ensueño. Pero, sobre todo, una faena con tremendo sentido: desde el sitio en que lidió para que el viento (escaso, pero molesto) interfiriera lo menos posible, hasta la propia estructura de la faena, con un comienzo por alto con una de las manos apoyada en tablas y llevándolo luego poco a poco al tercio con pases muy toreros. Allí, series de derechazos y naturales cada vez más hondos. Y al final, pases de adorno. Una faena donde nada sobró y donde todo se hizo con continuidad y con guión, algo que es prácticamente imposible encontrar en la mayoría de los toreros del escalafón. Para matar, cuando otros podrían haber tratado de asegurar la estocada, él quiso que aquello culminara a lo grande. Y lo mató recibiendo, a gran distancia, de una enorme estocada arriba. La apuesta podría haberle salido mal. Pero un torero no puede ser nunca un especulador. Tiene que dejarse llevar sólo por lo que le da sentido al rito. Y aquel rito precisaba un colofón como el que Esplá le dio. Apostó y ganó.
A Esplá se le dieron las dos orejas: por petición popular y porque hizo una faena grandiosa. No se le regaló nada. La gente estuvo con él, pero porque él ha dado todo a la Fiesta y a esta plaza. Y aunque en las últimas tardes que le habíamos visto no había cuajado un toro, el último de su periplo por Madrid lo redondeó.
Al toro se le dio una merecida vuelta al ruedo. Difícil encontrar un toro en Madrid que con 620 kilos embista tan bien y tanto como embistió el de Victoriano del Río, que no parecía ser de la misma ganadería que el resto de los animales que salieron por la puerta de chiqueros.
Además de lo anterior, Esplá dejó toda una sucesión de detalles para la retina. De imágenes que guardar en una memoria sepia que abarca todo el tiempo que llevamos viendo toros… Desde el magnífico vestido hasta el detalle de colocarse en el burladero del 2 para recibir el primer toro (por el viento) pasando por el modo de poner las banderillas, sentarse en el estribo, dejar que el toro se fuera a morir junto a la tablas sin que los peones le molieran a capotazos, la imagen de esos mismos peones sentados en el estribo mientras Esplá daba la segunda vuelta al ruedo, cómo fue su hijo quien le sacó a hombros por la Puerta Grande,…
La tarde fue de Esplá y de su compendio de la tauromaquia, de los detalles y del sabor de un ritual que no puede perderse. De una Fiesta que tiene sentido por todo ese conjunto de gestos, junto con un toreo grande, hondo, caro,…
Castella estuvo voluntarioso y valiente, con un comienzo de faena al sexto auténticamente impactante. Demostró decisión y sacó un par de tandas de toreo bueno. Más era imposible, por los toros y por el viento.
Al igual que Morante, al que hubo quien abroncó por abreviar en su primero y no conseguir sacar nada del quinto. Pero ni Morante ni el conjunto del toreo que hubiera lidiado aquellos dos bureles esa tarde hubieran sacado más que dolor de cabeza por el desastroso comportamiento de los animales y el continuo vendaval.
Gracias, maestro Esplá, por las tardes que nos has regalado: desde aquella corrida del siglo que vimos varias veces repetida siendo niños hasta esta de tu despedida en Madrid que nos ha reconciliado con el rito. Por toreros como tú vamos cada día a la plaza. Aunque sea sólo de tarde en tarde, tan de tarde en tarde, cuando podamos reafirmar por lo vivido la grandeza de nuestra afición.
(Hoy no hemos podido ir a los caballos. Y mañana acaba el mes seguido de toros. ¿Qué excusa encontraremos para salir el lunes de la oficina a media tarde…?)
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