Cerramos el taurino mes de agosto y damos paso al aún más taurino septiembre. Lo que para la mayoría de nosotros es la vuelta a la normalidad con once duros meses de trabajo por delante, para los taurinos es el último esfuerzo de una temporada que, al final, está teniendo no pocos alicientes. De la rotundidad desde el inicio de temporada de Juli y Manzanares hemos pasado a la eclosión de Morante en dos tardes memorables (El Puerto y Bilbao), al completísimo mes de Luque, a la recuperación de Talavante (hasta esa inoportuna lesión en la clavícula) y al paso al frente de David Mora, Iván Fandiño y Diego Urdiales, como ejemplos más claros de la necesaria renovación de muchos carteles.
Aún quedan Nimes, Salamanca, Valladolid, San Miguel, La Merced (esperemos que no sea la última), El Pilar,… Queda el cierre de la temporada, las vacaciones para los profesionales y la época de las reflexiones, las tertulias y los encuentros para la mayoría de los impenitentes aficionados.
Mucho nos tememos, sin embargo, que los principales deberes del sector aún están por hacer. El paso al Ministerio de Cultura en virtud del Real Decreto 1151/2011, de 29 de julio, que hoy publica el BOE, es un impulso en la dirección correcta, pero hay que hacer que las actuaciones de todos (autoridades, profesionales y aficionados) se alineen para dotar de contenido real al cambio de dependencia administrativa. Es una satisfacción leer frases tan contundentes como que "el servicio de la cultura como deber y atribución esencial del Estado, prescribe que la Administración del Estado pueda adoptar medidas destinadas a fomentar y proteger las actividades a las que se refiere dicha ley, en atención a la tradición y vigencia cultural de la fiesta de los toros." o que "Entendida la tauromaquia como una disciplina artística y un producto cultural, se entiende que las competencias del Estado en orden a su fomento y protección tienen su correcta ubicación en el Ministerio de Cultura, por lo que, (...) se traspasan al Ministerio de Cultura las funciones que hasta ahora detentaba el Ministerio del Interior, respecto a dicho órgano colegiado de carácter consultivo [Comisión Consultiva Nacional de Asuntos Taurinos], a los registros taurinos y al fomento y protección de la tauromaquia." Creemos que no es una novedad, que ya había base legal para defender este carácter cultural, pero la rotundidad de estas afirmaciones obliga al Estado a no abdicar de su obligación de defensa, protección y fomento de la Fiesta.
Pero no podemos descuidarnos. La temporada está siendo muy dura en los despachos y en los tendidos, con más cemento que nunca. La crisis está haciendo mella. Y sólo los grandes acontecimientos (reaparición de JT, mano a mano Morante-Manzanares,…) consiguen llenazos en las plazas. El próximo año será aún más difícil y por eso será más necesario que nunca centrarse en una mayor calidad y en dar festejos de verdadero contenido. Como será preciso apostar por toros con bravura, nobleza y movilidad (¡son tantas las tardes que se están echando a perder por toros sin fondo ni clase…!).
En este escenario, el nuevo Pliego de Las Ventas tiene mucho que decir. Parece que saldrá en breve (los plazos son ya muy ajustados) y, como hemos reiterado en no pocas ocasiones, del enfoque que tenga, de las ofertas que se presenten y de la elección de empresario que haga la Comunidad de Madrid dependerán muchas cosas del futuro de la Fiesta. Un futuro que tiene que estar ligado, más que nunca, a la defensa y protección de la Tauromaquia.
Me consta que las reflexiones que hicimos en su día en este blog y que luego publicó Taurología han llegado a algunos despachos y han generado comentarios a favor y en contra de muchas de sus propuestas. Y que algunos amigos, teniendo en cuenta su extensión, han aprovechado el verano para leerlos. Tras esa lectura, unos han manifestado su sorpresa con algunos de los hechos que se narraban, otros su aprobación o desacuerdo con los criterios de valoración que se proponían (algo imprescindible y lógico) y otros me han pedido que amplíe y clarifique lo que se exponía sobre dos de los aspectos clave que se indicaban, y que en gran medida definirán cuál es la posición de la Administración respecto a la Fiesta: el canon y la experiencia.
Respecto al canon, el economista Juan Medina, en su blog (El escalafón del aficionado), hizo un análisis de la evolución del mismo en términos económicos, proponiendo luego cuál podría ser su cuantía ponderando los efectos de la crisis. Creo que es un estudio que debería tenerse en cuenta. Pero, sobre todo, creo que sería bueno que cuando se publique el Pliego se explicara cómo se ha calculado el canon que se propone y qué se piensa hacer con el dinero que se obtenga. Entre otras cosas, porque en los últimos años, tal y como señaló también oportunamente Los Toros en el Siglo XXI, el importe que la Comunidad dedica a actividades taurinas es inferior al que obtiene por el canon de Las Ventas. Y es escandaloso que, siendo eso así, tengamos que seguir soportando las críticas de los antitaurinos que alegan que se trata de un espectáculo subsidiado (¡qué bien podría serlo, como otras tantas actividades culturales, pero que no sólo no lo es, sino que además genera ingresos para prestar otros servicios sociales!). Un posicionamiento claro de la Comunidad en este sentido sería de agradecer.
Por otro lado, ya dijimos en su momento que lo mejor sería que el canon fuera fijo y no estuviera sujeto a mejoras, para evitar que el elemento económico fuera el determinante (o uno de los elementos determinantes) en la elección del futuro empresario de Las Ventas. En una situación como la actual, con unas manifestaciones tan claras como las de la Exposición de Motivos del Real Decreto de Traspaso de Competencias al Ministerio de Cultura y habiendo sido declarada la Tauromaquia Bien de Interés Cultural por parte de la Comunidad, no parece que lo más adecuado sea premiar la oferta económica frente a elementos de promoción o culturales.
El otro asunto que delimitará de modo sustancial el Pliego es el tratamiento que se le dé a la experiencia. La primera vez que me pronuncié sobre este asunto fue en enero de 2010 en unas jornadas sobre gestión de plazas de toros organizada por la Federación de Municipios de Madrid y la Unión de Abonados Taurinos. Ya indiqué allí que, a mi juicio, la experiencia debería ser sólo un criterio para ser admitido en la licitación. Pero que, acreditada la experiencia mínima que se fijara, el exceso sobre este mínimo establecido no debería ser objeto de valoración. Algo que sorprendió a algunos de los alcaldes y concejales de festejos que estaban presentes en aquellas jornadas, habituados a incluir este elemento en los Pliegos, por inercia o por imitación.
Hay que recordar que, para concurrir a un concurso administrativo hay que acreditar que se tiene una cierta solvencia económica, financiera, técnica y profesional. Solvencia que deberá acreditarse dependiendo del contrato de que se trate y de lo que establezcan las normas del concurso. Esto es algo lógico para asegurar que quien gane el concurso es alguien que puede desempeñar adecuadamente el servicio, la obra, el suministro,… que la Administración quiere encomendar. Y es aquí donde tiene su encaje la “experiencia”. Porque se trata de establecer el listón por debajo del cual no puede encomendarse el contrato de que se trate (en este caso, el de la gestión de una Plaza de Toros). Alguien que nunca ha hecho una determinada labor, o que no tiene medios para hacerlo, no debe probar suerte en un contrato con la Administración, y menos para algo tan relevante como gestionar la plaza más importante del mundo. Aunque proponga las cosas más maravillosas que ocurrírsele puedan…
El problema que a menudo sucede en los concursos para gestionar plazas de toros (aunque cada vez, afortunadamente, sucede menos) es que la “experiencia” se incluye no como requisito de solvencia técnica (o no sólo de ese modo), sino también como un elemento de “mejora”, de modo que, a más experiencia, más valoración. De este modo, no se establece un mínimo que asegure a la Administración que el licitador puede prestar el servicio, sino que se impone una barrera de entrada a nuevos empresarios. Y así, hay empresarios que, a pesar de estar realizando una labor encomiable en multitud de plazas, es tremendamente difícil que puedan aspirar a gestionar plazas más importantes por las limitaciones que se establecen en los Pliegos. O se producen hechos tan curiosos como que una plaza se adjudica a quien teniendo mucha experiencia, hace la peor oferta en todos los demás aspectos sujetos a valoración (programación, difusión, etc.).
Además, tanto la Junta Consultiva de Contratación como nuestros Tribunales han declarado en diversas resoluciones, algunas muy recientes, que la experiencia no debe valorarse en la adjudicación de contratos con la Administración, ya que hacerlo vulneraría el principio de libre competencia en la contratación administrativa, que es un principio esencial en nuestro ordenamiento.
El Pliego de Las Ventas, como decimos, es sustancial para el futuro de la Fiesta y es un referente para los Pliegos que se elaboran para otras plazas. Por eso sería hora ya de que se ajustara a estos pronunciamientos y eliminara la referencia a la “experiencia” como elemento de adjudicación.
Canon y “experiencia” suponen en muchos concursos para gestionar plazas de toros más del 50% de la baremación, algo cuando menos llamativo si de lo que se trata es de determinar los criterios por los que debe adjudicarse una gestión cultural. Si efectivamente se quiere que Las Ventas sea un referente real de la Tauromaquia como celebración de la cultura que es (tal y como pregona la Exposición de Motivos del RD 1151/2011), los criterios de valoración que incluya el nuevo Pliego tendrán que ser coherentes con este planteamiento.
Por cierto, que aunque estemos en agosto habría que acordarse también del frío, del viento y de la lluvia. O sea, de la cubierta y de la comodidad de los asientos. Por aquello de tratar a los artistas y a los aficionados taurinos como usualmente se trata a los artistas y aficionados a cualquier otra actividad cultural.
miércoles, 31 de agosto de 2011
domingo, 28 de agosto de 2011
Alcalá de Henares (27 de agosto de 2011) - Decisión efímera
Los últimos días de agosto, en Madrid, han sido tradicionalmente taurinos en Colmenar y en San Sebastián de los Reyes. Las otras ferias que se celebran en los pueblos de alrededor tienen un peso menor. Sin embargo, la empresa de Alcalá de Henares había programado para el día 27 una corrida de interés con Morante, El Juli y Cayetano (finalmente sustituido por Matías Tejela).
Acudimos a la cita y lo primero que nos alegró fue ver una plaza cómoda, de asientos amplios y donde era fácil el acceso y la salida a la localidad. Eso, si uno estaba dentro de la plaza, porque entrar o salir de ella era toda una odisea teniendo en cuenta que sólo una de las múltiples puertas con las que cuenta estaba abierta. Las empresas, ¡siempre dando facilidades!
La tarde transcurrió sin nada que vayamos a recordar durante mucho tiempo.
Morante tuvo mala suerte con su lote y le tocaron los dos peores toros del encierro. Además, por lo que supimos después, se resintió de la lesión de Almería y se le ha recomendado reposo. No vimos nada.
Juli demostró en sus dos toros una profesionalidad y unas ganas desmesuradas. Es figura porque tiene una afición y un orgullo fuera de lo común. Si en vez de a esto se dedicara a la gestión de empresas, llevaría a lo más alto a la compañía que tuviera que organizar. Las faenas a sus dos toros fueron distintas, porque también fue diferente el comportamiento de sus dos oponentes. El primero tenía movilidad y cierto brío (aunque se fue apagando) y lo toreó bien con el capote, tanto en las verónicas de recibo, como en el quite por chicuelinas. La faena de muleta, casi siempre con la diestra, no incomodó al toro y le hizo pasar con eficacia y sin obligarle mucho. Una oreja. El quinto fue un toro más parado con el que se ganó la oreja a base de aguantarle y de meterse al final entre los pitones llevando al toro de un lado a otro, péndulo y pases por alto incluidos.
Tejela demostró unas enormes ganas de agradar y tuvo momentos de toreo bueno, que, además, fueron jaleados con profusión por el paisanaje. Lo mejor estuvo en el tercero de la tarde, probablemente el mejor toro del encierro, con el que se mostró variado con la capa y muy serio con la muleta, dejando algunas tandas de toreo largo de calidad. Cortó dos orejas. El sexto fue un toro que ayudó menos, pero con el que también estuvo animoso y le sacó los pocos pases que tenía. Una oreja y felicidad en los tendidos por el triunfo de su torero.
Tarde, en fin, con momentos de cierto interés. Con un público festivo y bullicioso. Pero donde echamos de menos una vez más toros con algo más de casta y movilidad (sólo se salvaron el segundo, que se acabó pronto a pesar de no haberlo picado casi nada, y el tercero). Y echamos de menos también que Morante tenga algo más de suerte con los lotes (¡vaya cruz que lleva, menos en El Puerto y en Bilbao!)
Acudimos a la cita y lo primero que nos alegró fue ver una plaza cómoda, de asientos amplios y donde era fácil el acceso y la salida a la localidad. Eso, si uno estaba dentro de la plaza, porque entrar o salir de ella era toda una odisea teniendo en cuenta que sólo una de las múltiples puertas con las que cuenta estaba abierta. Las empresas, ¡siempre dando facilidades!
La tarde transcurrió sin nada que vayamos a recordar durante mucho tiempo.
Morante tuvo mala suerte con su lote y le tocaron los dos peores toros del encierro. Además, por lo que supimos después, se resintió de la lesión de Almería y se le ha recomendado reposo. No vimos nada.
Juli demostró en sus dos toros una profesionalidad y unas ganas desmesuradas. Es figura porque tiene una afición y un orgullo fuera de lo común. Si en vez de a esto se dedicara a la gestión de empresas, llevaría a lo más alto a la compañía que tuviera que organizar. Las faenas a sus dos toros fueron distintas, porque también fue diferente el comportamiento de sus dos oponentes. El primero tenía movilidad y cierto brío (aunque se fue apagando) y lo toreó bien con el capote, tanto en las verónicas de recibo, como en el quite por chicuelinas. La faena de muleta, casi siempre con la diestra, no incomodó al toro y le hizo pasar con eficacia y sin obligarle mucho. Una oreja. El quinto fue un toro más parado con el que se ganó la oreja a base de aguantarle y de meterse al final entre los pitones llevando al toro de un lado a otro, péndulo y pases por alto incluidos.
Tejela demostró unas enormes ganas de agradar y tuvo momentos de toreo bueno, que, además, fueron jaleados con profusión por el paisanaje. Lo mejor estuvo en el tercero de la tarde, probablemente el mejor toro del encierro, con el que se mostró variado con la capa y muy serio con la muleta, dejando algunas tandas de toreo largo de calidad. Cortó dos orejas. El sexto fue un toro que ayudó menos, pero con el que también estuvo animoso y le sacó los pocos pases que tenía. Una oreja y felicidad en los tendidos por el triunfo de su torero.
Tarde, en fin, con momentos de cierto interés. Con un público festivo y bullicioso. Pero donde echamos de menos una vez más toros con algo más de casta y movilidad (sólo se salvaron el segundo, que se acabó pronto a pesar de no haberlo picado casi nada, y el tercero). Y echamos de menos también que Morante tenga algo más de suerte con los lotes (¡vaya cruz que lleva, menos en El Puerto y en Bilbao!)
jueves, 25 de agosto de 2011
Ciudad Real (19 y 21 de agosto de 2011) - ¡Cuidado!
Acudíamos a Ciudad Real por la llamada, sobre todo, de José Tomás, de Morante y de El Juli. Y para ver toros con buenos amigos ciudadrealeños, que no es escasa razón tampoco.
La plaza, a decir de los habituales, mostraba un lleno que no recordaban ni los más viejos del lugar. Y mostró de ese modo, las carencias en los accesos y el acomodo. Complicadísimo y lento llegar a la localidad y desalojar la plaza. La comodidad del espectador, como siempre, descuidada. Es imprescindible hacer algo, en esta y en todas las plazas.
Luego, lo sucedido en el ruedo las dos tardes se vio condicionado por el descastadísimo comportamiento de los toros de Torrehandilla y Torreherberos el día 19 y los de Santiago Domecq y Ana María Bohórquez el 21. No hablo ya de presencia, sino de casta, fortaleza y empuje, de emoción en definitiva, que no hubo de forma plena ninguno de los dos días.
El viernes, Víctor Puerto se empeñó en reaparecer después de la cornada de Málaga, pero no estaba para hacerlo. Y se notó. Lanceó con más decisión que hondura a sus dos toros, pero con la muleta no hubo nada. En su primero, porque se rompió una pata al comienzo del trasteo y hubo que apuntillarlo (en una labor que se extendió mucho más de lo preciso); en su segundo porque se limitó a acompañar sin gracia ni poder las embestidas a media altura hasta que el toro se rajó. César Jiménez demostró firmeza, buen hacer y gusto en sus dos oponentes. Toreo variado y hondo de capa y compás abierto, riñones asentados y trazo templado con la muleta le valieron una oreja de cada oponente y la salida por la Puerta Grande. José Tomás toreó muy bien a su primero con la muleta en pases de trazo muy largo, hondo y, sobre todo al final de la faena, pasándose el toro muy cerca. Gran faena a la que le faltó toro y, por eso, toreo de capa y rotundidad. Como le faltó para redondear la tarde continuidad en el quinto, que se paró y al que era imposible sacarle nada. Hay que hacer algo para que los toros salgan con más acometividad, bravura y casta; si no, estamos perdidos.
La corrida del domingo fue una sucesión de toros flojos y descastados donde Morante sólo pudo dejar detalles en su primero, abreviando en el cuarto, lo cual generó una fuerte división de opiniones y un agrio debate en los tendidos sobre si, cuando un toro es imposible, hay que intentarlo o no (uno, quizá porque ve muchos toros a lo largo del año, prefiere que se abrevie; otros, que van mucho menos a la plaza, parece que quieren ver al torero estar allí, ganándose el jornal, aunque sepan que va a ser para nada). Juli estuvo bien con su primero (lo bien que se puede estar con un toro flojo pero que va con cierta nobleza), pero con el quinto ni siquiera eso fue posible. Y Fernando Tendero (torero de la tierra, casi desconocido, que sustituyó a Cayetano) salió a hombros después de cortar una oreja a cada uno de sus toros. Orejas de paisanaje y voluntad a partes iguales.
Así, señores, no se hace afición.
Uno no quiere el toro grande, ni discute la presencia más allá de lo imprescindible. Pero los toros tienen que moverse y tener casta. Esto no admite discusión. Si no, los llenos como los de esta Feria serán absolutamente pasajeros.
La plaza, a decir de los habituales, mostraba un lleno que no recordaban ni los más viejos del lugar. Y mostró de ese modo, las carencias en los accesos y el acomodo. Complicadísimo y lento llegar a la localidad y desalojar la plaza. La comodidad del espectador, como siempre, descuidada. Es imprescindible hacer algo, en esta y en todas las plazas.
Luego, lo sucedido en el ruedo las dos tardes se vio condicionado por el descastadísimo comportamiento de los toros de Torrehandilla y Torreherberos el día 19 y los de Santiago Domecq y Ana María Bohórquez el 21. No hablo ya de presencia, sino de casta, fortaleza y empuje, de emoción en definitiva, que no hubo de forma plena ninguno de los dos días.
El viernes, Víctor Puerto se empeñó en reaparecer después de la cornada de Málaga, pero no estaba para hacerlo. Y se notó. Lanceó con más decisión que hondura a sus dos toros, pero con la muleta no hubo nada. En su primero, porque se rompió una pata al comienzo del trasteo y hubo que apuntillarlo (en una labor que se extendió mucho más de lo preciso); en su segundo porque se limitó a acompañar sin gracia ni poder las embestidas a media altura hasta que el toro se rajó. César Jiménez demostró firmeza, buen hacer y gusto en sus dos oponentes. Toreo variado y hondo de capa y compás abierto, riñones asentados y trazo templado con la muleta le valieron una oreja de cada oponente y la salida por la Puerta Grande. José Tomás toreó muy bien a su primero con la muleta en pases de trazo muy largo, hondo y, sobre todo al final de la faena, pasándose el toro muy cerca. Gran faena a la que le faltó toro y, por eso, toreo de capa y rotundidad. Como le faltó para redondear la tarde continuidad en el quinto, que se paró y al que era imposible sacarle nada. Hay que hacer algo para que los toros salgan con más acometividad, bravura y casta; si no, estamos perdidos.
La corrida del domingo fue una sucesión de toros flojos y descastados donde Morante sólo pudo dejar detalles en su primero, abreviando en el cuarto, lo cual generó una fuerte división de opiniones y un agrio debate en los tendidos sobre si, cuando un toro es imposible, hay que intentarlo o no (uno, quizá porque ve muchos toros a lo largo del año, prefiere que se abrevie; otros, que van mucho menos a la plaza, parece que quieren ver al torero estar allí, ganándose el jornal, aunque sepan que va a ser para nada). Juli estuvo bien con su primero (lo bien que se puede estar con un toro flojo pero que va con cierta nobleza), pero con el quinto ni siquiera eso fue posible. Y Fernando Tendero (torero de la tierra, casi desconocido, que sustituyó a Cayetano) salió a hombros después de cortar una oreja a cada uno de sus toros. Orejas de paisanaje y voluntad a partes iguales.
Así, señores, no se hace afición.
Uno no quiere el toro grande, ni discute la presencia más allá de lo imprescindible. Pero los toros tienen que moverse y tener casta. Esto no admite discusión. Si no, los llenos como los de esta Feria serán absolutamente pasajeros.
jueves, 18 de agosto de 2011
Otras tardes del verano
Habíamos glosado la tarde del sábado de El Puerto de Santa María, una tarde gloriosa y única. Pero faltaban algunos apuntes de Huelva y de las otras dos tardes del rincón del vaporcito. Con retraso y brevedad, pero vamos a ello.
La tarde del día 3 en Huelva una corrida descastada y sosa de El Pilar echó al traste la ilusión de tantos que nos congregamos para la primera de las comparecencias de JT en Andalucía en esta microtemporada. Silvera estuvo por allí demostrando que tiene buen gusto pero que le falta mucho oficio, aunque con lo poco que torea, bastante hizo con estar. Luque estuvo muy importante, como antes lo había estado en Santander y como después lo ha estado en casi todas las plazas en las que ha toreado en Agosto. Es un torero cada vez con más recursos y oficios, y con las mismas ganas de triunfar. Y JT demostró después de la tarde de Valencia que esa tauromaquia de compás más abierto va a ser algo que veremos con frecuencia. Nos quedó la sensación de que se ha perdido algo de liturgia, de que se ha hecho más "humano" y por eso más cálido, pero también más falible. Sigo teniendo la sensación de que le falta algo de forma física y de rodaje (algo normal, por otro lado). Veremos que pasa mañana en Ciudad Real.
La nocturna del día 5 en El Puerto (homenaje a Fermín Bohórquez Escribano) fue un auténtico fracaso de público, con menos de un cuarto de plaza. Fermín Bohórquez hijo, a caballo, tuvo en la faena al cuarto una faena más completa que al que abrió plaza, en esa escuela clásica y con una monta nada espectacular, pero eficaz. Ponce tiró de oficio con sus dos toros y dejó lo mejor en el quinto, al que sacó más de lo que se podía presagiar. Cid, que llegó en helicóptero después de haber toreado esa tarde en Huelva, toreó con mucho pundonor y queriendo triunfar. Tuvo momentos buenos, pero sigue sin ser ese torero deslumbrante de años atrás.
El domingo, Juli, Talavante y Perera dejaron momentos de muy buen toreo, aunque a veces por los toros y otras por los aceros no llegaron a rematar ninguna de sus faenas. Juli es inteligencia, ambición, oficio y afición sin límite. Es grandioso verle cómo lucha cada tarde por demostrar y ratificar su condición de figura, por sacar siempre lo mejor. Talavante está en buen momento y su toreo pausado y hondo es una delicia, aunque falta que el toro le acompañe un punto más. Y Perera estuvo sensacional, tanto dando distancia y trayendo toreado a sus oponentes (que fue lo que a mí más me gustó), como metiéndose entre los pitones y haciendo faenas de valor y de poder (que es lo que enardeció a la plaza); un torero que está volviendo a crecer, por suerte para todos.
La tarde del día 3 en Huelva una corrida descastada y sosa de El Pilar echó al traste la ilusión de tantos que nos congregamos para la primera de las comparecencias de JT en Andalucía en esta microtemporada. Silvera estuvo por allí demostrando que tiene buen gusto pero que le falta mucho oficio, aunque con lo poco que torea, bastante hizo con estar. Luque estuvo muy importante, como antes lo había estado en Santander y como después lo ha estado en casi todas las plazas en las que ha toreado en Agosto. Es un torero cada vez con más recursos y oficios, y con las mismas ganas de triunfar. Y JT demostró después de la tarde de Valencia que esa tauromaquia de compás más abierto va a ser algo que veremos con frecuencia. Nos quedó la sensación de que se ha perdido algo de liturgia, de que se ha hecho más "humano" y por eso más cálido, pero también más falible. Sigo teniendo la sensación de que le falta algo de forma física y de rodaje (algo normal, por otro lado). Veremos que pasa mañana en Ciudad Real.
La nocturna del día 5 en El Puerto (homenaje a Fermín Bohórquez Escribano) fue un auténtico fracaso de público, con menos de un cuarto de plaza. Fermín Bohórquez hijo, a caballo, tuvo en la faena al cuarto una faena más completa que al que abrió plaza, en esa escuela clásica y con una monta nada espectacular, pero eficaz. Ponce tiró de oficio con sus dos toros y dejó lo mejor en el quinto, al que sacó más de lo que se podía presagiar. Cid, que llegó en helicóptero después de haber toreado esa tarde en Huelva, toreó con mucho pundonor y queriendo triunfar. Tuvo momentos buenos, pero sigue sin ser ese torero deslumbrante de años atrás.
El domingo, Juli, Talavante y Perera dejaron momentos de muy buen toreo, aunque a veces por los toros y otras por los aceros no llegaron a rematar ninguna de sus faenas. Juli es inteligencia, ambición, oficio y afición sin límite. Es grandioso verle cómo lucha cada tarde por demostrar y ratificar su condición de figura, por sacar siempre lo mejor. Talavante está en buen momento y su toreo pausado y hondo es una delicia, aunque falta que el toro le acompañe un punto más. Y Perera estuvo sensacional, tanto dando distancia y trayendo toreado a sus oponentes (que fue lo que a mí más me gustó), como metiéndose entre los pitones y haciendo faenas de valor y de poder (que es lo que enardeció a la plaza); un torero que está volviendo a crecer, por suerte para todos.
domingo, 7 de agosto de 2011
Puerto de Santa María (6 de agosto de 2011) - Quien no ha visto toros en El Puerto...
Creo que fue Joselito El Gallo quien dijo aquello de que "Quien no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es una tarde de toros". Ayer, esa frase se hizo realidad como pocas veces. Todo estuvo a favor, desde un público que quería disfrutar del arte de los toreros (y no examinarlos), hasta los toros de Núñez del Cuvillo, de presentación correcta y juego aceptable (más allá de que no fue la mejor corrida de este hierro, ni la tarde en la que sus pupilos derrocharon más bravura, pero sirvieron, y muy bien, para que Morante y Manzanares se explayaran).
Ya antes del festejo se notaba el runrun de las grandes tardes, de la impaciencia del disfrute. Esa sensación que, tantas veces, es lo único que queda. Pero esta no fue así.
La Plaza estaba llena, sin un solo sitio libre. Y era una maravilla verla completa (a diferencia de la nocturna del día anterior, con un escaso cuarto del aforo cubierto).
Al finalizar el paseillo, el público aplaudió a los toreros el gesto de anunciarse mano a mano y estos correspondieron desde el tercio.
Morante recibió a su primero con verónicas marca de la casa, con empaque y templanza. La última, larga y pausada, arrancó el primer olé unánime, y la media abigarrada y excelsa nos levantó a todos del asiento. Con ese toro, poco más pudo hacer. El animal tenía poca fuerza y una banderilla colocada muy delantera condicionaron su juego con un cabeceo molesto. Abrevió.
Al tercero lo recibió en el tercio toreándolo sin moverse del sitio. El toro iba de lejos, salía suelto, pero el de La Puebla no se movía de su sitio y cuando el burel volvía a reparar en él e iba hacia su llamada, impertérrito, le echaba los vuelos del capote y lo mecía con su personalísima gracia. La faena de muleta fue probablemente la más completa de Morante esta temporada. Primero dos series, una con cada mano, ligadas, hondas y por bajo. Luego, varias series de derechazos y naturales de sentimiento, pureza y verdad. Cambios de mano, pases de pecho, por bajo,... Todo con el mentón hundido, toreando con todo el cuerpo a un animal que respondió perfectamente. El tipo de toro que Morante precisa para crear un arte único, una emoción desbordada. Pinchazo y estocada. Dos orejas y vuelta al toro (protestada) al toro.
Lo del quinto fue una faena inexplicable, barroca, improvisada, llena de momentos de magia. Como esas chicuelinas del quite, o el tercio de banderillas en el que invitó a Manzanares, que allí estuvo (con más voluntad que acierto). Los dos pares de Morante reivindicaron el clasicismo en el cite y la ejecución. Al final del último, el toro le persiguió y le topó en el glúteo hasta que Morante paró al toro con una mirada fulminante y una palmada en la testuz. Hubieron de vendarle por encima del traje y pensamos que por la condición del toro (incierto, sin mucha clase, pero con movilidad), Morante tiraría de repertorio de toreo antiguo y le andaría por la cara. Pero no fue así. O, mejor dicho, no fue sólo así. Hizo una faena insólita. Le bajaron una silla de enea de los palcos y desde allí citó y toreó por alto en un pase excelso, luego, sin solución de continuidad, se fue llevando al toro a los medios con pases variados, la muleta templada en una mano y la silla en la otra. Siguió con series de una hondura excepcional, pases inspiradísimos. Toreo de cante jondo por ambos pitones. Y luego, mediada la faena, vino el repertorio del toreo a dos manos, las estampas antiguas, el pozo en el que se mezcla el arte que han destilado tantas generaciones. Se desbordó el delirio y las dos orejas después de una estocada algo tendida y ligeramente baja eran lo de menos en una tarde que ya había sido excepcional.
Manzanares no se quedó atrás y demostró que el arte y el gusto puede ser desgarrado y pasional, como el de Morante, o fruto de la clase, la inteligencia y la paciencia, como en su caso. Hizo tres faenas perfectas, acomodadas a lo que pedía cada uno de sus toros. Con una lidia excepcional (aunque se notó esa presencia de un "cuarto" que se exije en los mano a mano). Curro Javier y Juan José Trujillo estuvieron sensacionales. La lidia del segundo se hizo, desde que salió, con solo siete lances (además de los del toreo propio de Manzanares). Un prodigio. Ese segundo era un toro tardo al que Manzanares le hizo las cosas con despaciosidad y dejando tiempo entre serie y serie. Toreo cadencioso, ligado y con una clase grandiosa.
El cuarto fue un toro que no paró de ir y venir, al que era imposible parar. Manzanares tiró de sabiduría y paciencia y aprovechó el viaje del animal para, haciéndolo todo bien, dar otra lección de empaque y torería. Estocada recibiendo, aunque el toro tardó en caer.
En el sexto, con la tarde ya entrada en triunfo y Morante pasando brevemente a la enfermería a que le trataran del varetazo en banderillas, la actuación de José María y de la cuadrilla fueron para enmarcar. Lidia excepcional y toreo de altura. Series grandiosas, sobre todo al natural. Toreo hondo, profundo, con una transmisión estética sensacional. Gran estocada y dos orejas que remataban una tarde única.
Fueron más de dos horas y media de un sentimiento excepcional. Tardes así no pueden salir todos los días (no lo aguantaríamos). Pero deberían verse más a menudo. Si hubiera seis o siete como estas en Madrid cada temporada, cuatro o cinco en Sevilla, dos en Bilbao, en Valencia,... la afición se triplicaba en un par de años. Esto es el toreo. Así tiene que ser una tarde de toros. Así deben estar los toreros. Y el público. Así hay que disfrutar. Por eso nos emociona tanto. Por eso hacemos miles de kilómetros cada año. Por eso seguimos soñando con la GRAN TEMPORADA.
Ya antes del festejo se notaba el runrun de las grandes tardes, de la impaciencia del disfrute. Esa sensación que, tantas veces, es lo único que queda. Pero esta no fue así.
La Plaza estaba llena, sin un solo sitio libre. Y era una maravilla verla completa (a diferencia de la nocturna del día anterior, con un escaso cuarto del aforo cubierto).
Al finalizar el paseillo, el público aplaudió a los toreros el gesto de anunciarse mano a mano y estos correspondieron desde el tercio.
Morante recibió a su primero con verónicas marca de la casa, con empaque y templanza. La última, larga y pausada, arrancó el primer olé unánime, y la media abigarrada y excelsa nos levantó a todos del asiento. Con ese toro, poco más pudo hacer. El animal tenía poca fuerza y una banderilla colocada muy delantera condicionaron su juego con un cabeceo molesto. Abrevió.
Al tercero lo recibió en el tercio toreándolo sin moverse del sitio. El toro iba de lejos, salía suelto, pero el de La Puebla no se movía de su sitio y cuando el burel volvía a reparar en él e iba hacia su llamada, impertérrito, le echaba los vuelos del capote y lo mecía con su personalísima gracia. La faena de muleta fue probablemente la más completa de Morante esta temporada. Primero dos series, una con cada mano, ligadas, hondas y por bajo. Luego, varias series de derechazos y naturales de sentimiento, pureza y verdad. Cambios de mano, pases de pecho, por bajo,... Todo con el mentón hundido, toreando con todo el cuerpo a un animal que respondió perfectamente. El tipo de toro que Morante precisa para crear un arte único, una emoción desbordada. Pinchazo y estocada. Dos orejas y vuelta al toro (protestada) al toro.
Lo del quinto fue una faena inexplicable, barroca, improvisada, llena de momentos de magia. Como esas chicuelinas del quite, o el tercio de banderillas en el que invitó a Manzanares, que allí estuvo (con más voluntad que acierto). Los dos pares de Morante reivindicaron el clasicismo en el cite y la ejecución. Al final del último, el toro le persiguió y le topó en el glúteo hasta que Morante paró al toro con una mirada fulminante y una palmada en la testuz. Hubieron de vendarle por encima del traje y pensamos que por la condición del toro (incierto, sin mucha clase, pero con movilidad), Morante tiraría de repertorio de toreo antiguo y le andaría por la cara. Pero no fue así. O, mejor dicho, no fue sólo así. Hizo una faena insólita. Le bajaron una silla de enea de los palcos y desde allí citó y toreó por alto en un pase excelso, luego, sin solución de continuidad, se fue llevando al toro a los medios con pases variados, la muleta templada en una mano y la silla en la otra. Siguió con series de una hondura excepcional, pases inspiradísimos. Toreo de cante jondo por ambos pitones. Y luego, mediada la faena, vino el repertorio del toreo a dos manos, las estampas antiguas, el pozo en el que se mezcla el arte que han destilado tantas generaciones. Se desbordó el delirio y las dos orejas después de una estocada algo tendida y ligeramente baja eran lo de menos en una tarde que ya había sido excepcional.
Manzanares no se quedó atrás y demostró que el arte y el gusto puede ser desgarrado y pasional, como el de Morante, o fruto de la clase, la inteligencia y la paciencia, como en su caso. Hizo tres faenas perfectas, acomodadas a lo que pedía cada uno de sus toros. Con una lidia excepcional (aunque se notó esa presencia de un "cuarto" que se exije en los mano a mano). Curro Javier y Juan José Trujillo estuvieron sensacionales. La lidia del segundo se hizo, desde que salió, con solo siete lances (además de los del toreo propio de Manzanares). Un prodigio. Ese segundo era un toro tardo al que Manzanares le hizo las cosas con despaciosidad y dejando tiempo entre serie y serie. Toreo cadencioso, ligado y con una clase grandiosa.
El cuarto fue un toro que no paró de ir y venir, al que era imposible parar. Manzanares tiró de sabiduría y paciencia y aprovechó el viaje del animal para, haciéndolo todo bien, dar otra lección de empaque y torería. Estocada recibiendo, aunque el toro tardó en caer.
En el sexto, con la tarde ya entrada en triunfo y Morante pasando brevemente a la enfermería a que le trataran del varetazo en banderillas, la actuación de José María y de la cuadrilla fueron para enmarcar. Lidia excepcional y toreo de altura. Series grandiosas, sobre todo al natural. Toreo hondo, profundo, con una transmisión estética sensacional. Gran estocada y dos orejas que remataban una tarde única.
Fueron más de dos horas y media de un sentimiento excepcional. Tardes así no pueden salir todos los días (no lo aguantaríamos). Pero deberían verse más a menudo. Si hubiera seis o siete como estas en Madrid cada temporada, cuatro o cinco en Sevilla, dos en Bilbao, en Valencia,... la afición se triplicaba en un par de años. Esto es el toreo. Así tiene que ser una tarde de toros. Así deben estar los toreros. Y el público. Así hay que disfrutar. Por eso nos emociona tanto. Por eso hacemos miles de kilómetros cada año. Por eso seguimos soñando con la GRAN TEMPORADA.
miércoles, 3 de agosto de 2011
Somos noticias - Tablero de sueños - Taurología
José Maria acaba de publicar en la colección "Inklings de Siltolá", de Edificiones de la Isla de Siltolá, un bellísimo libro de poesía titulado "Tablero de sueños". Es un aténtico regalo para quienes gusten del arte con mayúsculas que recopila poemas de temática y estilos bien distintos y que incluye un par de ellos sobre tauromaquia (el haiku "Plaza de toros" y su bellísimo poema sobre José Tomás).
El libro contiene, además, a modo de introducción, un magnífico ensayo escrito por él mismo sobre su propia obra creadora (en realidad, sobre la obra creadora en sí, y cómo él la entiende).
Es una alegría para sus admiradores, para sus amigos, ver cómo cada vez va viendo la luz una mayor parte de su obra, y cómo va siendo reconocida con mayor unanimidad.
Para los aficionados, es una razón más para la satisfacción comprobar que la temática taurina se mezcla con naturalidad con la relativa a la música, a la literatura o a la pintura. Así ha sido siempre. Sin estridencias, con la normalidad de quien es capaz de apreciar y de sentir la belleza, uniendo a la percepción estética el sentido del rito y la conexión con todo aquello que nos hace más humanos, mejores personas.
Mucho más modestamente (por lo que me toca, que no por quienes se han fijado en este blog y han tenido a bien difundir lo que aquí vamos diciendo), dejar también constancia de que la web taurología ha recopilado las reflexiones que hicimos en este blog sobre la próxima adjudicación de la Plaza de Toros de Las Ventas y lo ha publicado en formato de PDF para facilitar su lectura. Desde aquí nuestro agradecimiento por su trabajo y su interés.
El libro contiene, además, a modo de introducción, un magnífico ensayo escrito por él mismo sobre su propia obra creadora (en realidad, sobre la obra creadora en sí, y cómo él la entiende).
Es una alegría para sus admiradores, para sus amigos, ver cómo cada vez va viendo la luz una mayor parte de su obra, y cómo va siendo reconocida con mayor unanimidad.
Para los aficionados, es una razón más para la satisfacción comprobar que la temática taurina se mezcla con naturalidad con la relativa a la música, a la literatura o a la pintura. Así ha sido siempre. Sin estridencias, con la normalidad de quien es capaz de apreciar y de sentir la belleza, uniendo a la percepción estética el sentido del rito y la conexión con todo aquello que nos hace más humanos, mejores personas.
Mucho más modestamente (por lo que me toca, que no por quienes se han fijado en este blog y han tenido a bien difundir lo que aquí vamos diciendo), dejar también constancia de que la web taurología ha recopilado las reflexiones que hicimos en este blog sobre la próxima adjudicación de la Plaza de Toros de Las Ventas y lo ha publicado en formato de PDF para facilitar su lectura. Desde aquí nuestro agradecimiento por su trabajo y su interés.
lunes, 1 de agosto de 2011
Valencia (22 y 23 de julio de 2011) - Sentimientos encontrados
La vida es paradójica a menudo. Y, de vez en cuando, cruel, muy cruel.
El fin de semana se prestaba a la fiesta y al regocijo, al reencuentro y la celebración. Pero el viernes, recién estrenada la mañana, golpeó con fuerza y donde duele.
Uno no estaba ya con cuerpo de celebración, pero fuimos a Valencia en parte con inercia por aquellos que habíamos convocado (que nos habían convocado) y en parte como homenaje. Porque no ha habido nadie que nos haya transmitido tanto ímpetu y tanta alegría.
La tarde del viernes, la corrida de Garcigrande salió sosa y sin clase, a excepción del cuarto. Con ese material, Ponce nada pudo hacer con su primero, un toro sin casta alguna al que cuidó para nada. A su segundo, el único que sirvió de la corrida, le hizo una faena marca de la casa, con temple y estética, finalizada con dos poncinas y mal rematada con la espada. Pudo haber salido a hombros, pero los aceros se lo impidieron.
El Juli demostró una afición demedida y que atraviesa un momento extraordinario, pero no hubo nada que hacer. Su primero se iba después de cada muletazo. Le aguntó y le fue haciendo las cosas cada vez mejor, con algunos pasajes de calidad. Una faena de mucho mérito que marró con la espada (pinchazo y estocada tendida). El quinto fue un toro que manseó en varas y que se puso incierto en la muleta. El julio lo intentó de todas las maneras, pero no había un gramo de bravura y nobleza que permitieran al animal venirse arriba.
Manzanares cortó una oreja a cada uno de sus oponentes, refrendando el momento excepcional que atraviesa, aunque ninguna de las faenas tuvieron la intensidad de otras que le hemos visto esta misma temporada. En el tercero, un toro sin presencia alguna muy protestado, tuvo alguna serie muy completa (la primera por la derecha y otra al natural) y pases aislados de mucha calidad. Intentó matar recibiendo, tal vez para desquitarse de la tarde de aquella inmensa faena de Fallas, y marró a la primera, acertando al segundo intento. El sexto, hizo amago continuamente para irse a tablas, pero Manzanares le retuvo a base de técnica y tesón, enjaretándole pases de una estética importantísima. Mató al toro de una estocada recibiendo con el toro apoyado en tablas, lo cual demuestra una convicción en su poder con la espada fuera de lo común.
Una tarde, en fin, de un torero que quería demostrar que esa plaza era y es la suya, pero que sólo pudo demostrarlo en el único toro de cierto interés de la corrida. Y otros dos, que querían reivindicar que la temporada es algo que se libra entre ellos. Pero son toros desigualmente presentados y, sobre todo, sin fondo de bravura y de clase, no hay manera. Algo habrá que hacer para que tardes como estas tengan una rotundidad mayor, porque los toros lo permitan.
* * *
La tarde del sábado era una tarde propicia para que los sentimientos se desbordaran. La ciudad de Valencia, los aledaños de la plaza, estaban llenos de aficionados de todo el mundo que no querían perderse el regreso del mito y que querían verlo triunfar a toda costa.
Lo importante, sin embargo, es el hombre. Recuperado sin duda en su mentalidad de triunfo y compromiso, aunque continúe aún algo mermado en lo físico y con un punto espectral en su figura que añade congoja al verle en la plaza, desde que se rompe el paseillo.
El traje de la reaparición, un malva y oro, mezclaba de forma curiosa el clasicismo del conjunto con unas lunas en cuarto creciente que le daban un toque innovador y mágico. Vimos a un José Tomás tan comprometido como siempre por hacer las cosas como las siente, por hacer el toreo desde la verdad más absoluta. Con algo más de variedad, pero sin renunciar un ápice al rigor y al estoicismo. Y toreando cada vez más por abajo y más lento.
Quitó por delantales y media abelmontada en el primer toro de Puerto, por gaoneras rotundas en su primero y por chicuelinas en el quinto. Siempre con pureza, con perfección. A pesar de que el viento molestó durante todas la faenas.
En el segundo de la tarde demostró que quiere hacer las cosas cada vez más rotundas, aunque un par de enganchones por abajo, muy por abajo, y la poca clase de su oponente, hicieron que hubiera vibración y sentimiento, pero no la rotundidad de la belleza.
La faena al quinto fue una faena más maciza, más honda. Empezando por el cite desde el centro del ruedo del que salió arrollado y del que se repuso, pese a todo. Y, luego, con series largas y de muchísima entrega y profundidad rematada con una estocada entera. ¿Era de dos orejas? Sin duda, siempre que uno no vaya a la Plaza con escuadra y cartabón, que no se deje el corazón el casa. Sin sentimientos y sin pasión el toreo queda en nada. Y a veces algunos presidentes lo olvidan de plano.
Víctor Puerto recibió bien de capa a su primero e inició la faena de muleta de rodillas con temple y emoción. Luego, la faena se vino a menos y no hubo conexión. Igual que sucedió en el cuarto, un toro sin fuerza con el que no hubo nada que hacer.
Saldívar fue el triunfador numérico de la tarde a base de pundonor (siempre) y de buen toreo (a veces). Tuvo el mejor lote con diferencia y no siempre estuvo a la altura. Hubo ajuste, una cierta imitación de José Tomás (del José Tomás de antes, el reaparecido iba ya dos pasos por delante) y cierta sensación de falta de oficio. Hubo también entrega y verdad. Tiene condiciones, pero le falta reposo y un estilo propio.
Era la tarde de JT. Como hombre y como torero. Y con él lo celebramos. Porque si estamos aquí, mientras estemos, hay que celebrarlo.
El fin de semana se prestaba a la fiesta y al regocijo, al reencuentro y la celebración. Pero el viernes, recién estrenada la mañana, golpeó con fuerza y donde duele.
Uno no estaba ya con cuerpo de celebración, pero fuimos a Valencia en parte con inercia por aquellos que habíamos convocado (que nos habían convocado) y en parte como homenaje. Porque no ha habido nadie que nos haya transmitido tanto ímpetu y tanta alegría.
La tarde del viernes, la corrida de Garcigrande salió sosa y sin clase, a excepción del cuarto. Con ese material, Ponce nada pudo hacer con su primero, un toro sin casta alguna al que cuidó para nada. A su segundo, el único que sirvió de la corrida, le hizo una faena marca de la casa, con temple y estética, finalizada con dos poncinas y mal rematada con la espada. Pudo haber salido a hombros, pero los aceros se lo impidieron.
El Juli demostró una afición demedida y que atraviesa un momento extraordinario, pero no hubo nada que hacer. Su primero se iba después de cada muletazo. Le aguntó y le fue haciendo las cosas cada vez mejor, con algunos pasajes de calidad. Una faena de mucho mérito que marró con la espada (pinchazo y estocada tendida). El quinto fue un toro que manseó en varas y que se puso incierto en la muleta. El julio lo intentó de todas las maneras, pero no había un gramo de bravura y nobleza que permitieran al animal venirse arriba.
Manzanares cortó una oreja a cada uno de sus oponentes, refrendando el momento excepcional que atraviesa, aunque ninguna de las faenas tuvieron la intensidad de otras que le hemos visto esta misma temporada. En el tercero, un toro sin presencia alguna muy protestado, tuvo alguna serie muy completa (la primera por la derecha y otra al natural) y pases aislados de mucha calidad. Intentó matar recibiendo, tal vez para desquitarse de la tarde de aquella inmensa faena de Fallas, y marró a la primera, acertando al segundo intento. El sexto, hizo amago continuamente para irse a tablas, pero Manzanares le retuvo a base de técnica y tesón, enjaretándole pases de una estética importantísima. Mató al toro de una estocada recibiendo con el toro apoyado en tablas, lo cual demuestra una convicción en su poder con la espada fuera de lo común.
Una tarde, en fin, de un torero que quería demostrar que esa plaza era y es la suya, pero que sólo pudo demostrarlo en el único toro de cierto interés de la corrida. Y otros dos, que querían reivindicar que la temporada es algo que se libra entre ellos. Pero son toros desigualmente presentados y, sobre todo, sin fondo de bravura y de clase, no hay manera. Algo habrá que hacer para que tardes como estas tengan una rotundidad mayor, porque los toros lo permitan.
* * *
La tarde del sábado era una tarde propicia para que los sentimientos se desbordaran. La ciudad de Valencia, los aledaños de la plaza, estaban llenos de aficionados de todo el mundo que no querían perderse el regreso del mito y que querían verlo triunfar a toda costa.
Lo importante, sin embargo, es el hombre. Recuperado sin duda en su mentalidad de triunfo y compromiso, aunque continúe aún algo mermado en lo físico y con un punto espectral en su figura que añade congoja al verle en la plaza, desde que se rompe el paseillo.
El traje de la reaparición, un malva y oro, mezclaba de forma curiosa el clasicismo del conjunto con unas lunas en cuarto creciente que le daban un toque innovador y mágico. Vimos a un José Tomás tan comprometido como siempre por hacer las cosas como las siente, por hacer el toreo desde la verdad más absoluta. Con algo más de variedad, pero sin renunciar un ápice al rigor y al estoicismo. Y toreando cada vez más por abajo y más lento.
Quitó por delantales y media abelmontada en el primer toro de Puerto, por gaoneras rotundas en su primero y por chicuelinas en el quinto. Siempre con pureza, con perfección. A pesar de que el viento molestó durante todas la faenas.
En el segundo de la tarde demostró que quiere hacer las cosas cada vez más rotundas, aunque un par de enganchones por abajo, muy por abajo, y la poca clase de su oponente, hicieron que hubiera vibración y sentimiento, pero no la rotundidad de la belleza.
La faena al quinto fue una faena más maciza, más honda. Empezando por el cite desde el centro del ruedo del que salió arrollado y del que se repuso, pese a todo. Y, luego, con series largas y de muchísima entrega y profundidad rematada con una estocada entera. ¿Era de dos orejas? Sin duda, siempre que uno no vaya a la Plaza con escuadra y cartabón, que no se deje el corazón el casa. Sin sentimientos y sin pasión el toreo queda en nada. Y a veces algunos presidentes lo olvidan de plano.
Víctor Puerto recibió bien de capa a su primero e inició la faena de muleta de rodillas con temple y emoción. Luego, la faena se vino a menos y no hubo conexión. Igual que sucedió en el cuarto, un toro sin fuerza con el que no hubo nada que hacer.
Saldívar fue el triunfador numérico de la tarde a base de pundonor (siempre) y de buen toreo (a veces). Tuvo el mejor lote con diferencia y no siempre estuvo a la altura. Hubo ajuste, una cierta imitación de José Tomás (del José Tomás de antes, el reaparecido iba ya dos pasos por delante) y cierta sensación de falta de oficio. Hubo también entrega y verdad. Tiene condiciones, pero le falta reposo y un estilo propio.
Era la tarde de JT. Como hombre y como torero. Y con él lo celebramos. Porque si estamos aquí, mientras estemos, hay que celebrarlo.
jueves, 21 de julio de 2011
Ponce, Joselito y José Tomás
Entre las reflexiones que ha suscitado la reaparición de José Tomás, una de las que más me ha llamado la atención ha sido la de Joselito, que en una entrevista publicada ayer día 20 en El Mundo decía cosas como que JT “es un hombre tan inmensamente puro, íntegro y con tanto valor que es capaz de ponerse donde otros pensamos ponernos. Y lo hace con cierta naturalidad”.
Relataba, además, Joselito una anécdota que al parecer le sucedió en Arles cuando el de Galapagar estaba empezando. Toreaban Ponce, Joselito y José Tomás y le tocó a JT un toro muy serio que no paraba de escarbar (“de esos que ves que cuando deje de escarbar se arranca y te arrolla”). Parece que Ponce y Joselito estaban en el callejón y Enrique le dijo a José “Ese tío es muy torpe, ¿no? Se lo va a llevar por delante” a lo que José contestó: “¿Torpe? No. Lo que tiene son dos cojones. ¡Qué coño va a ser torpe! Lo que pasa es que ni soñamos en hacer lo que éste hace”.
Más allá de la exageración que suelen tener estas anécdotas creo que reflejan muy bien la distinta personalidad de esos tres genios, tres auténticos figurones del toreo.
Por lo que dicen las crónicas, la relación de Ponce y JT no parece ser muy buena. Y aparentemente Enrique no sale muy bien parado de la anécdota que relata José. Pero creo que sólo aparentemente. Precisamente la entrevista se producía dos días después de que, según las crónicas, Ponce hubiera estado magistral en Mont de Marsan con una mansada de Samuel Flores. Tirando de técnica, de temple, de una tremenda afición y de oficio, Ponce sacó más, mucho más, de los que sus toros (sobre todo su segundo) tenían. Y eso lo la hecho infinidad de tardes a lo largo de su carrera. Por eso, tengo la sensación de que cuando Ponce estaba hablando de torpeza estaba poniendo sobre el tapete su tauromaquia, una tauromaquia basada mucho más en la técnica que en una colocación concreta o el desgarro de su toreo. Lo cual, es obvio, pero no importa repetirlo, no excluye el valor ni el riesgo, como algunos quieren hacer ver. Sin la técnica de Ponce, sin su conocimiento, sin su afición desmedida, sería difícil que hoy se toreara como se torea.
Joselito replica que JT no es torpe, sino que tiene dos cojones y que “lo que pasa es que ni soñamos en hacer lo que éste hace”. Es algo que también da buena muestra de cómo es el de la Guindalera, de por qué le hemos admirado tanto. De cómo fue el primer ídolo total de nuestra particular tauromaquia. Joselito reinventa la liturgia y la pureza, el torero como un ser distinto, misterioso, a veces hosco y otras tremendamente cordial. Pero que siempre marca las reglas. Dentro y fuera de la plaza. Sin la Goyesca del 2 de mayo no sería posible nada de lo que hoy vemos en las plazas. Pero, sobre todo, no sería posible José Tomás, que lleva esa liturgia y esa pureza, dentro y fuera de los ruedos, hasta el extremo. Por eso, la exclamación de Joselito es la del maestro que ve que uno de sus discípulos empieza a surcar caminos que él ya no podrá recorrer. Que siente que sin lo que él ha hecho esas rutas seguirían inexploradas, pero su pundonor y su pasión se ven heridas. Porque querría ser él quien las transitara primero, quien mandara también en los nuevos territorios.
José Tomás recopila y proyecta en su tauromaquia todo lo anterior y le da una dimensión nueva, desde la ética y la pureza. No tiene la técnica de Ponce ni la variedad de José, pero ha depurado la liturgia y la hondura y ha conseguido conectar de forma sublime con los mejores aficionados y con los que no lo son reinventando la absoluta verdad de este misterio. Por eso, frente a aquel toro de Arles, delante de Enrique y de José, JT se coloca en el “vértice del miedo” y comienza a balbucear una nueva verdad que a todos sorprende.
No es torpeza ni son cojones. Es ese hilo del toreo del que hablaba Alameda. Un hilo que mañana se estira en una prolongación propicia: Ponce, Juli, Manzanares, Puerto, JT y Saldívar. No hace falta que sea la misma tarde. Habrá quienes el viernes, vestidos de luces, en el callejón, hablen de torpeza, de pureza y de cojones. Y otros que vuelvan a hablar de lo mismo el sábado, a la misma hora y en el mismo sitio.
Por eso estaremos allí.
Relataba, además, Joselito una anécdota que al parecer le sucedió en Arles cuando el de Galapagar estaba empezando. Toreaban Ponce, Joselito y José Tomás y le tocó a JT un toro muy serio que no paraba de escarbar (“de esos que ves que cuando deje de escarbar se arranca y te arrolla”). Parece que Ponce y Joselito estaban en el callejón y Enrique le dijo a José “Ese tío es muy torpe, ¿no? Se lo va a llevar por delante” a lo que José contestó: “¿Torpe? No. Lo que tiene son dos cojones. ¡Qué coño va a ser torpe! Lo que pasa es que ni soñamos en hacer lo que éste hace”.
Más allá de la exageración que suelen tener estas anécdotas creo que reflejan muy bien la distinta personalidad de esos tres genios, tres auténticos figurones del toreo.
Por lo que dicen las crónicas, la relación de Ponce y JT no parece ser muy buena. Y aparentemente Enrique no sale muy bien parado de la anécdota que relata José. Pero creo que sólo aparentemente. Precisamente la entrevista se producía dos días después de que, según las crónicas, Ponce hubiera estado magistral en Mont de Marsan con una mansada de Samuel Flores. Tirando de técnica, de temple, de una tremenda afición y de oficio, Ponce sacó más, mucho más, de los que sus toros (sobre todo su segundo) tenían. Y eso lo la hecho infinidad de tardes a lo largo de su carrera. Por eso, tengo la sensación de que cuando Ponce estaba hablando de torpeza estaba poniendo sobre el tapete su tauromaquia, una tauromaquia basada mucho más en la técnica que en una colocación concreta o el desgarro de su toreo. Lo cual, es obvio, pero no importa repetirlo, no excluye el valor ni el riesgo, como algunos quieren hacer ver. Sin la técnica de Ponce, sin su conocimiento, sin su afición desmedida, sería difícil que hoy se toreara como se torea.
Joselito replica que JT no es torpe, sino que tiene dos cojones y que “lo que pasa es que ni soñamos en hacer lo que éste hace”. Es algo que también da buena muestra de cómo es el de la Guindalera, de por qué le hemos admirado tanto. De cómo fue el primer ídolo total de nuestra particular tauromaquia. Joselito reinventa la liturgia y la pureza, el torero como un ser distinto, misterioso, a veces hosco y otras tremendamente cordial. Pero que siempre marca las reglas. Dentro y fuera de la plaza. Sin la Goyesca del 2 de mayo no sería posible nada de lo que hoy vemos en las plazas. Pero, sobre todo, no sería posible José Tomás, que lleva esa liturgia y esa pureza, dentro y fuera de los ruedos, hasta el extremo. Por eso, la exclamación de Joselito es la del maestro que ve que uno de sus discípulos empieza a surcar caminos que él ya no podrá recorrer. Que siente que sin lo que él ha hecho esas rutas seguirían inexploradas, pero su pundonor y su pasión se ven heridas. Porque querría ser él quien las transitara primero, quien mandara también en los nuevos territorios.
José Tomás recopila y proyecta en su tauromaquia todo lo anterior y le da una dimensión nueva, desde la ética y la pureza. No tiene la técnica de Ponce ni la variedad de José, pero ha depurado la liturgia y la hondura y ha conseguido conectar de forma sublime con los mejores aficionados y con los que no lo son reinventando la absoluta verdad de este misterio. Por eso, frente a aquel toro de Arles, delante de Enrique y de José, JT se coloca en el “vértice del miedo” y comienza a balbucear una nueva verdad que a todos sorprende.
No es torpeza ni son cojones. Es ese hilo del toreo del que hablaba Alameda. Un hilo que mañana se estira en una prolongación propicia: Ponce, Juli, Manzanares, Puerto, JT y Saldívar. No hace falta que sea la misma tarde. Habrá quienes el viernes, vestidos de luces, en el callejón, hablen de torpeza, de pureza y de cojones. Y otros que vuelvan a hablar de lo mismo el sábado, a la misma hora y en el mismo sitio.
Por eso estaremos allí.
lunes, 4 de julio de 2011
José Tomás y la Teoría Económica
En medio del afanoso proceso de conseguir una entrada para ver a José Tomás en Valencia y en Huelva he recordado una de las primeras clases de Teoría Económica que recibí en la Universidad, en la que se nos explicó el modo en que la economía servía para determinar los criterios de asignación de los bienes escasos.
Dicen los clásicos (los clásicos capitalistas, se entiende) que cuando existe una demanda superior a la oferta, el mejor mecanismo de asignación es el mercado. El precio. Que el precio de los bienes debe incrementarse hasta aquel en que la demanda esté dispuesta a adquirir los bienes disponibles.
No obstante, como recuerdan Stiglitz y Walsh ((Microeconomía. Ed. Ariel, 4ª edición, 2009, págs. 53 y ss.), el sistema de precios no es sino uno más para asignar los recursos. También existen otros basados en el racionamiento, es decir, en mantener los precios en un nivel concreto en el hay mucha más demanda que la que se puede satisfacer y utilizar otros criterios para asignar los bienes.
Técnicamente, cuando la cantidad que los individuos pueden recibir de un bien es menor de la que les gustaría en las condiciones en las que se ofrece, se dice que está racionado. Y los diferentes sistemas de racionamiento son distintas maneras de decidir quién recibe los recursos escasos de la sociedad.
Entre los sistemas de racionamiento, los tres a los que tradicionalmente se alude son el de "colas", el de "loterías" y el de los "cupones". Hay racionamiento mediante "colas" cuando en vez de ofrecerse los bienes escasos a quienes estén dispuestos a pagar más por ellos, se ofrece al que esté dispuesto a hacer más tiempo cola. Hay racionamiento mediante loterías cuando la asignación se realiza mediante un proceso aleatorio (un sorteo). Y hay racionamiento mediante cartillas o cupones (sistema muy utilizado en tiempos de guerra o de posguerra), cuando a cada individuo se le permite sólo comprar un determinado número de unidades de un bien; entre los cupones, hay algunos que no se pueden vender (en cuyo caso son tan ineficientes como los demás) y otros que sí. Cuando no se pueden vender, explica la teoría económica que suele surgir el mercado negro.
Lo de las entradas de José Tomás es el perfecto ejemplo de cómo pueden aplicarse a la vez todos estos sistemas de racionamiento que la teoría económica considera ineficientes para asignar recursos. Como los precios de los festejos en los que interviene son inferiores a los que el público estaría dispuesto a pagar por verle y son exactamente los mismos que los de las otras corridas que se celebran en la misma plaza, los precios no son un criterio de asignación de las entradas. De este modo, existe un racionamiento que se solventa acudiendo a los tres sistemas citados: algunas entradas se venden en taquillas, asignándose mediante el sistema de colas, otras se "sortean" entre los que han reservado con antelación y como en cualquiera de los sistemas de venta hay unos cupos concretos, el mercado negro se dispara. Todo ello, sin entrar en los "compromisos" y otras martingalas de los empresarios y taurinos al uso.
Junto a esto, surge el asunto de los abonos. JT "tira" de los abonos y consigue incrementar de forma extraordinaria el número de abonados. Algo que, en principio, redunda en beneficio de la Fiesta porque así hay más gente que va a ver más festejos. Sin embargo, esto se rompe cuando hay ferias pequeñas en las que es más cómodo, seguro y barato comprar todo el abono que tratar de conseguir una entrada en reventa (Huelva). Algo que los propios empresarios, con la ayuda de los informadores taurinos se encargan de difundir, dando cuenta de cómo se va incrementando el número de abonos y la imposibilidad de que salgan entradas sueltas a la venta.
Uno se pregunta si no sería más sencillo dejar que fueran los precios los que asignaran las entradas. Precios reales que fueran diferentes en cada corrida de toros. Lo cual no obstaría que quien fuera a ir a toda una feria (o a la mayoría) comprara su abono con el descuento (o la preferencia) pertinente. Pero tengo para mí que hacer que la gente compre un abono entero para ir a una sola tarde, porque eso le resulta más económico que acudir a la reventa (caso de Huelva) es un sinsentido absoluto.
Tal vez José Tomás no quiera que sea el dinero el que determine quién puede verle en la Plaza. Pero con sistemas así se hace inevitable que los que vayan sean porque han pagado un precio muy alto y, además, casi siempre en reventa. Porque no se premia a quienes fueron otras veces a la plaza, quien va a ver a otros toreros a otras plazas, quien va a novilladas,... La ausencia de una organización profesional de la Fiesta hace imposible que la asignación fuera "meritocrática" que es otro criterio no más descabellado que la capacidad física para estar varios días a la intemperie para ver si al abrirse las taquillas la cola permite obtener al menos una entrada.
José Tomás es un torero imprescindible para la Fiesta por muchos motivos. En primer lugar, por su toreo: su verdad, su liturgia y su magisterio. También porque es el único que ha entendido realmente ciertos elementos esenciales de los cambios que permitirán la pervivencia de la tauromaquia: convertir cada tarde en un acontecimiento, menos festejos pero con triunfo casi siempre asegurado, mantener el misterio que siempre ha rodeado a los héroes (a los toreros), etc. Además, manda en los despachos como casi nadie lo había hecho en los últimos años. Y todo ello lo hace aunando de forma extraordinaria el clasicismo con la más absoluta modernidad. Por eso, no se entiende muy bien que no exija cambios radicales que impidan que para adquirir entradas para sus festejos haya que seguir acudiendo a los escenarios del lumpen en transacciones similares a las que se hacían en los años del estraperlo y las corralas. Y que sean estos personajes, y no él mismo o los distintos estamentos vinculados con la Fiesta, los que obtengan los oportunos beneficios que su arte genera.
Dicen los clásicos (los clásicos capitalistas, se entiende) que cuando existe una demanda superior a la oferta, el mejor mecanismo de asignación es el mercado. El precio. Que el precio de los bienes debe incrementarse hasta aquel en que la demanda esté dispuesta a adquirir los bienes disponibles.
No obstante, como recuerdan Stiglitz y Walsh ((Microeconomía. Ed. Ariel, 4ª edición, 2009, págs. 53 y ss.), el sistema de precios no es sino uno más para asignar los recursos. También existen otros basados en el racionamiento, es decir, en mantener los precios en un nivel concreto en el hay mucha más demanda que la que se puede satisfacer y utilizar otros criterios para asignar los bienes.
Técnicamente, cuando la cantidad que los individuos pueden recibir de un bien es menor de la que les gustaría en las condiciones en las que se ofrece, se dice que está racionado. Y los diferentes sistemas de racionamiento son distintas maneras de decidir quién recibe los recursos escasos de la sociedad.
Entre los sistemas de racionamiento, los tres a los que tradicionalmente se alude son el de "colas", el de "loterías" y el de los "cupones". Hay racionamiento mediante "colas" cuando en vez de ofrecerse los bienes escasos a quienes estén dispuestos a pagar más por ellos, se ofrece al que esté dispuesto a hacer más tiempo cola. Hay racionamiento mediante loterías cuando la asignación se realiza mediante un proceso aleatorio (un sorteo). Y hay racionamiento mediante cartillas o cupones (sistema muy utilizado en tiempos de guerra o de posguerra), cuando a cada individuo se le permite sólo comprar un determinado número de unidades de un bien; entre los cupones, hay algunos que no se pueden vender (en cuyo caso son tan ineficientes como los demás) y otros que sí. Cuando no se pueden vender, explica la teoría económica que suele surgir el mercado negro.
Lo de las entradas de José Tomás es el perfecto ejemplo de cómo pueden aplicarse a la vez todos estos sistemas de racionamiento que la teoría económica considera ineficientes para asignar recursos. Como los precios de los festejos en los que interviene son inferiores a los que el público estaría dispuesto a pagar por verle y son exactamente los mismos que los de las otras corridas que se celebran en la misma plaza, los precios no son un criterio de asignación de las entradas. De este modo, existe un racionamiento que se solventa acudiendo a los tres sistemas citados: algunas entradas se venden en taquillas, asignándose mediante el sistema de colas, otras se "sortean" entre los que han reservado con antelación y como en cualquiera de los sistemas de venta hay unos cupos concretos, el mercado negro se dispara. Todo ello, sin entrar en los "compromisos" y otras martingalas de los empresarios y taurinos al uso.
Junto a esto, surge el asunto de los abonos. JT "tira" de los abonos y consigue incrementar de forma extraordinaria el número de abonados. Algo que, en principio, redunda en beneficio de la Fiesta porque así hay más gente que va a ver más festejos. Sin embargo, esto se rompe cuando hay ferias pequeñas en las que es más cómodo, seguro y barato comprar todo el abono que tratar de conseguir una entrada en reventa (Huelva). Algo que los propios empresarios, con la ayuda de los informadores taurinos se encargan de difundir, dando cuenta de cómo se va incrementando el número de abonos y la imposibilidad de que salgan entradas sueltas a la venta.
Uno se pregunta si no sería más sencillo dejar que fueran los precios los que asignaran las entradas. Precios reales que fueran diferentes en cada corrida de toros. Lo cual no obstaría que quien fuera a ir a toda una feria (o a la mayoría) comprara su abono con el descuento (o la preferencia) pertinente. Pero tengo para mí que hacer que la gente compre un abono entero para ir a una sola tarde, porque eso le resulta más económico que acudir a la reventa (caso de Huelva) es un sinsentido absoluto.
Tal vez José Tomás no quiera que sea el dinero el que determine quién puede verle en la Plaza. Pero con sistemas así se hace inevitable que los que vayan sean porque han pagado un precio muy alto y, además, casi siempre en reventa. Porque no se premia a quienes fueron otras veces a la plaza, quien va a ver a otros toreros a otras plazas, quien va a novilladas,... La ausencia de una organización profesional de la Fiesta hace imposible que la asignación fuera "meritocrática" que es otro criterio no más descabellado que la capacidad física para estar varios días a la intemperie para ver si al abrirse las taquillas la cola permite obtener al menos una entrada.
José Tomás es un torero imprescindible para la Fiesta por muchos motivos. En primer lugar, por su toreo: su verdad, su liturgia y su magisterio. También porque es el único que ha entendido realmente ciertos elementos esenciales de los cambios que permitirán la pervivencia de la tauromaquia: convertir cada tarde en un acontecimiento, menos festejos pero con triunfo casi siempre asegurado, mantener el misterio que siempre ha rodeado a los héroes (a los toreros), etc. Además, manda en los despachos como casi nadie lo había hecho en los últimos años. Y todo ello lo hace aunando de forma extraordinaria el clasicismo con la más absoluta modernidad. Por eso, no se entiende muy bien que no exija cambios radicales que impidan que para adquirir entradas para sus festejos haya que seguir acudiendo a los escenarios del lumpen en transacciones similares a las que se hacían en los años del estraperlo y las corralas. Y que sean estos personajes, y no él mismo o los distintos estamentos vinculados con la Fiesta, los que obtengan los oportunos beneficios que su arte genera.
domingo, 3 de julio de 2011
Madrid (26 de junio de 2011) - Estampas costumbristas
La corrida del pasado domingo en Madrid no da para una crónica taurina (lo que salió por chiqueros impidió cualquier atisbo de actuación artística), pero sí permite una curiosa reseña costumbrista.
Una reseña para contar, es un ejemplo, que uno llega a la plaza con media hora de antelación para poder comprar tranquilamente su entrada y dar antes del festejo una vuelta por las exposiciones de rigor, agenciarse un programa, degustar unos tragos,... Uno llega media hora antes y debe pasar más de veinte minutos en la cola para comprar su entrada, al tórrido sol de finales de junio. Las taquillas son las que son y para qué vamos a abrirlas todas pudiendo haber sólo tres o cuatro abiertas. Para qué vamos, además, a preparar información básica para los turistas (mayoría que ocupan la cola) que explique en su idioma lo que van a ver, les informe sobre los precios y les ayude a agilizar la compra en la taquilla. Para qué vamos a poner unos carteles que indique a estos neófitos que quienes han comprado entrada por internet no tienen que hacer cola sino que deben pasarse por la máquina expendedora adecuadamente camuflada que hay en el recoveco más recóndito de la plaza...
Uno no debe, sin embargo, quejarse de esas cosas. Da tiempo a entablar conversación con alegres estudiantes americanas que no guardarán en su retina lo que pasó en la plaza, pero sí lo modernos que son los españoles organizando sus cosas.
Estas esperas, además, generan ocupaciones variopintas, oportunidades profesionales, algo que en épocas como esta es algo de agradecer. Por ejemplo, ese tipo de edad indefinida, desaliño apabullante, olor nauseabundo y ausencia de conocimiento alguno de idiomas (maneja sólo el español, y con dificultad), que pretende ahorrar minutos de cola a los desprevenidos, indicándoles que no van a poder comprar las entradas que quieran en taquilla y que él las tiene (eso sí, a cinco veces su precio). Lo de los reventas en días como estos, con menos de un cuarto de plaza cubierto, es sencillamente delirante.
Uno va acercándose a taquilla pensando en estas cosas y comprueba que han cambiado los toros de la ganadería anunciada. No está mal, con decenas de miles de toros en el campo que al parecer "sobran" esta temporada, se reseña una corrida para Madrid y seis o siete días después, se percatan de que no sirve. Pero no passssaaaaa nada, se cambian los toros y a correr. (A lo que se ve, no es preciso ni que vengan las figuras ni que estemos en San Isidro para que haya lío en los corrales. ¡Vaya tropa!).
Como ha habido cambio de toros y el Reglamento permite la devolución de las entradas, debiéndose anunciar esta circunstancia al público, la empresa pone un pequeño folio explicativo (no sé yo quién habría comprado la entrada con antelación y va a cambiarla ahora, pero esto es otra guerra...). Eso sí, lo del folio es parte de la gymkana a la que quieren someter a los turistas. "Los toros de la ganadería anunciada... han sido sustituidos... lo que se anuncia a los efectos oportunos". Antes, cuando pasaban estas cosas, el cartel decía con claridad que se podían devolver las entradas. Esta empresa, sin embargo, prefiere la literatura policíaca a los carteles de ultramarinos, y con ese "a los efectos oportunos" despierta la imaginación y el ansia de saber de aquellos curiosos que lo lean. Todo un alarde de ingenio para cumplir la ley (nosotros lo hemos anunciado), burlando su finalidad (que la gente sepa que puede cambiar sus billetes).
Después de todo esto, uno entra a falta de dos minutos para que salgan los alguacilillos, no hay programas (para qué vamos a hacer de sobra, pensará la empresa), no hay tiempo para ver las exposiciones, la copa hay que pedirla de forma apresurada y llega uno más justo a su sitio que en las tardes de San Isidro. Realmente, la forma de montar el espectáculo en la primera plaza del mundo es para ponerle un monumento a seis o siete.
Lo que después salió por chiqueros fue un absoluto despropósito, con toros flojos y descastados, dos devueltos, lo que sumado a un "remiendo" en la corrida ya remendada hizo que viéramos toros de cuatro ganaderías (María Gascón, Javier Pérez Tabernero, Domínguez Camacho y El Sierro). Y alguno más pudo ser si se hubiera devuelto al quinto bis, flojísimo toro que el Presidente se empeñó en no devolver, supongo que para no hacer aquello más interminable.
Los toreros, Joselillo, Joselito Adame y Pepe Moral, pusieron voluntad y evidenciaron que quieren ser algo en esto, que tiene maneras y cierto oficio, que mejorarían si les dieran más oportunidades y con toros que permitieran algo más el lucimiento. Adame, además, sufrió una pequeña cornada a la que se sobrepuso para no perder su oportunidad. Como curiosidad, Adame instrumentó unas lopecinas en el segundo, toro al que se picó bastante bien.
La corrida, al cabo, un despropósito infinito. Una nueva experiencia de lo peor del casticismo y de la urgente necesidad de que la "plaza de temporada" no se convierta en una plaza de saldo que recoja a turistas despistados a los que, además, se pretende engañar cuando hacen tranquilamente al sol la cola para comprar su entrada.
Una reseña para contar, es un ejemplo, que uno llega a la plaza con media hora de antelación para poder comprar tranquilamente su entrada y dar antes del festejo una vuelta por las exposiciones de rigor, agenciarse un programa, degustar unos tragos,... Uno llega media hora antes y debe pasar más de veinte minutos en la cola para comprar su entrada, al tórrido sol de finales de junio. Las taquillas son las que son y para qué vamos a abrirlas todas pudiendo haber sólo tres o cuatro abiertas. Para qué vamos, además, a preparar información básica para los turistas (mayoría que ocupan la cola) que explique en su idioma lo que van a ver, les informe sobre los precios y les ayude a agilizar la compra en la taquilla. Para qué vamos a poner unos carteles que indique a estos neófitos que quienes han comprado entrada por internet no tienen que hacer cola sino que deben pasarse por la máquina expendedora adecuadamente camuflada que hay en el recoveco más recóndito de la plaza...
Uno no debe, sin embargo, quejarse de esas cosas. Da tiempo a entablar conversación con alegres estudiantes americanas que no guardarán en su retina lo que pasó en la plaza, pero sí lo modernos que son los españoles organizando sus cosas.
Estas esperas, además, generan ocupaciones variopintas, oportunidades profesionales, algo que en épocas como esta es algo de agradecer. Por ejemplo, ese tipo de edad indefinida, desaliño apabullante, olor nauseabundo y ausencia de conocimiento alguno de idiomas (maneja sólo el español, y con dificultad), que pretende ahorrar minutos de cola a los desprevenidos, indicándoles que no van a poder comprar las entradas que quieran en taquilla y que él las tiene (eso sí, a cinco veces su precio). Lo de los reventas en días como estos, con menos de un cuarto de plaza cubierto, es sencillamente delirante.
Uno va acercándose a taquilla pensando en estas cosas y comprueba que han cambiado los toros de la ganadería anunciada. No está mal, con decenas de miles de toros en el campo que al parecer "sobran" esta temporada, se reseña una corrida para Madrid y seis o siete días después, se percatan de que no sirve. Pero no passssaaaaa nada, se cambian los toros y a correr. (A lo que se ve, no es preciso ni que vengan las figuras ni que estemos en San Isidro para que haya lío en los corrales. ¡Vaya tropa!).
Como ha habido cambio de toros y el Reglamento permite la devolución de las entradas, debiéndose anunciar esta circunstancia al público, la empresa pone un pequeño folio explicativo (no sé yo quién habría comprado la entrada con antelación y va a cambiarla ahora, pero esto es otra guerra...). Eso sí, lo del folio es parte de la gymkana a la que quieren someter a los turistas. "Los toros de la ganadería anunciada... han sido sustituidos... lo que se anuncia a los efectos oportunos". Antes, cuando pasaban estas cosas, el cartel decía con claridad que se podían devolver las entradas. Esta empresa, sin embargo, prefiere la literatura policíaca a los carteles de ultramarinos, y con ese "a los efectos oportunos" despierta la imaginación y el ansia de saber de aquellos curiosos que lo lean. Todo un alarde de ingenio para cumplir la ley (nosotros lo hemos anunciado), burlando su finalidad (que la gente sepa que puede cambiar sus billetes).
Después de todo esto, uno entra a falta de dos minutos para que salgan los alguacilillos, no hay programas (para qué vamos a hacer de sobra, pensará la empresa), no hay tiempo para ver las exposiciones, la copa hay que pedirla de forma apresurada y llega uno más justo a su sitio que en las tardes de San Isidro. Realmente, la forma de montar el espectáculo en la primera plaza del mundo es para ponerle un monumento a seis o siete.
Lo que después salió por chiqueros fue un absoluto despropósito, con toros flojos y descastados, dos devueltos, lo que sumado a un "remiendo" en la corrida ya remendada hizo que viéramos toros de cuatro ganaderías (María Gascón, Javier Pérez Tabernero, Domínguez Camacho y El Sierro). Y alguno más pudo ser si se hubiera devuelto al quinto bis, flojísimo toro que el Presidente se empeñó en no devolver, supongo que para no hacer aquello más interminable.
Los toreros, Joselillo, Joselito Adame y Pepe Moral, pusieron voluntad y evidenciaron que quieren ser algo en esto, que tiene maneras y cierto oficio, que mejorarían si les dieran más oportunidades y con toros que permitieran algo más el lucimiento. Adame, además, sufrió una pequeña cornada a la que se sobrepuso para no perder su oportunidad. Como curiosidad, Adame instrumentó unas lopecinas en el segundo, toro al que se picó bastante bien.
La corrida, al cabo, un despropósito infinito. Una nueva experiencia de lo peor del casticismo y de la urgente necesidad de que la "plaza de temporada" no se convierta en una plaza de saldo que recoja a turistas despistados a los que, además, se pretende engañar cuando hacen tranquilamente al sol la cola para comprar su entrada.
domingo, 26 de junio de 2011
Cuatro libros de Toros
Estos últimos meses han sido pródigos en novedades literarias taurinas. Quiero dejar aquí constancia de cuatro que, por diversas razones, me parecen de interés para los aficionados.
La primera es “Por qué Morante”, de Paco Aguado, publicada en la Editorial “1 más uno” del polifacético, imprevisible y genial Andrés Sánchez Magro. Paco Aguado es uno de los críticos taurinos más lúcidos de estos tiempos, uno de los que habla con más ecuanimidad de lo que sucede en el mundo del toro y uno de los que mejor conoce ese hilo del toreo al que se refería Alameda y que tan necesario es para entender las múltiples veredas que confluyen en cada torero. Con todo eso, con una prosa brillante y un conocimiento nada desdeñable de Sevilla, de Triana y del flamenco, Paco Aguado reflexiona con agudeza sobre el torero de La Puebla, desentraña claves de su toreo, lo situa en las tradiciones de ambas riveras del Guadalquivir,… El libro, con una edición cuidadísima, incluye además fotos impagables del torero, en la plaza, en el campo y en la vida. Un libro para disfrutar y para aprender de toros. Sólo falta, por pedir algo, que Morante se lo crea y nos brinde esta temporada alguna de las tardes que justifican su misterio y libros como éste. En El Puerto de Santa María puede ser.
Siguiendo con libros de toreros, “Recuerdos de un torero”, de Andrés Luque Gago en la Editorial La Isla de Siltolá, es otro libro imprescindible (del que ya dio noticia José María hace unas semanas). Un libro de otra época, para un torero de otros tiempos. Y aquí, la referencia al pasado es una referencia nostálgica a la pureza y a los valores. Luque Gago fue primero novillero y luego torero de plata con los mejores: Curro Girón, Dominguín, Antonio Ordóñez, Paquirri, Paula, Manolo Vázquez,… La nómina de figuras abruma tanto como su sencillez a la hora de explicar cómo era el toreo en aquellos años, cómo se forjaba una figura, cómo estaban en el ruedo y fuera de él. El libro es un testimonio genial de alguien que también lo es: porque un torero de aquellos (de oro o de plata) lo eran y lo son hasta sus últimos días. Y lo son fuera y dentro de la plaza. Una lección de hombría, de torería y de saber estar. Por lo que cuenta y por lo que calla. Un libro que debería servir de enseñanza para volver a las raices, desde las cuales preocupaciones mundanas como muchas de las que hoy tiene el toreo no tendrían cabida.
En otra línea muy diferente se sitúa “Toros sí. Una defensa razonada”, el libro publicado en Temas de Hoy con el que Salvador Boix ganó el premio de ensayo “De hoy 2011”. Salvador Boix, antes que apoderado de José Tomás fue, entre otras cosas, crítico y ensayista. De aquellos años le recordamos libros como “Por los adentros. Viaje al mundo de los toros”, publicado por Espasa y escrito junto a su hermano Jaume, o su colaboración en el libro colectivo, también de Espasa, “Reflexiones sobre José Tomás”. El libro “Toros sí” es un libro-testimonio que explica de manera detallada la confluencia de factores que ha llevado a la prohibición catalana y que realiza, como reza su subtítulo, una defensa razonada de la Fiesta. El libro tiene varias partes, desde esa primera en la que explica la prohibición catalana (“El derecho a existir”), hasta unas abigarradas “Cavilaciones tauromáquicas”, en las que con un lenguaje propio de otras calendas, un personaje de ficción, Mariano Villegas, ofrece su visión sobre los valores que encierra lo taurino. Se incluyen también diversos Anexos como la comparecencia del autor ante el Parlamento catalán con ocasión de la tramitación de la ILP que acabó prohibiendo los toros en Cataluña, una carta abierta al alcalde Barcelona Joan Clos publicada en 2004 cuando el consistorio barcelonés declaró antitaurina a la ciudad condal, un Manifiesto por la libertad hecho público en diciembre de 2010, una cronología de los hechos que acabaron con la prohibición de la tauromaquia y que nos retrotrae a 1988, “Yo señalo”, texto en el que pone nombres a quien han ido poniendo las piedras que han acabado con la Fiesta en Cataluña (Balañá´s incluidos) y la papeleta de voto nulo que el autor ejerció su derecho al voto en las elecciones al Parlamento catalán en 2010, en la que con una foto de José Tomás instrumentando un pavoroso estatuario, se puede leer, en catalán y en castellano, “Doy mi voto a la candidatura ¡Toros SÍ!”. El libro, como puede intuirse por la diversidad de propuestas, estilos y Anexos, no es homogéneo, pero resulta interesante, ilustrativo y enriquecedor, proponiendo no pocos elementos de reflexión y análisis.
En todo caso, para mí, lo más interesante de todo es un breve apartado de seis páginas en las que se contienen “Siete ideas para el futuro” que comparto casi al cien por cien y que, desde mi punto de vista, son absolutamente esenciales para encarar el futuro. Son reflexiones sobre “El repliegue artístico. Vuelta a las esencias a través del compromiso artístico”, en el que propone que los toreros vuelvan a pensar en lo sagrado de su profesión, se recupere la trascendencia, nos alejemos de la frivolidad y se cambie la cantidad por la calidad (“Cada corrida, cada feria debe ser un acontecimiento de toreo grande, de arte generador de emociones”). O sobre la “Gestión empresarial”, en la que critica los pliegos de condiciones de las plazas, la insistencia en los cánones y el uso de la gestión taurina para fines extrataurinos; aboga por una reducción drástica del número de festejos para llegar a un número sostenible económicamente, buscando la vía para producir festejos menores en pequeñas localidades. O sobre el “Reglamento”, insistiendo en la necesidad de un reglamento unificado. “Comunicación e imagen”, proponiendo un “lavado integral y en profundidad” de la información taurina en los medios audiovisuales y una reducción drástica de las transmisiones taurinas “hasta llegar a las tres o cuatro por año como máximo, concretadas en eventos de la máxima expectación y, a ser posible, en transmisión abierta realizada en función de lo que es la tauromaquia, huyendo del deporte, que es lo que se estila hoy”; es decir, poner en manos del cine (y no del deporte) la imagen de los toros. “El gremio”, proponiendo la creación de un lobby taurino que englobe los intereses del sector. Y, por último, “Cultura y educación” proponiendo exigir a las administraciones el apoyo a la tauromaquia como una actividad cultural de primer orden. Como digo, se puede estar de acuerdo en todo o no (particularmente tengo mis dudas al respecto de las retransmisiones taurinas, aunque entiendo perfectamente las razones y el propósito de Boix), pero, desde luego, no puede negarse un ápice la oportunidad y calidad de la reflexión. Este es el camino, y no las pataletas habituales.
Last, but not least, “Desde la Maestranza”, de Juan Manuel Albendea publicado en Guadalturia, es otro libro imprescindible. Albendea es diputado del PP por Sevilla y desde su escaño ha encabezado numerosas iniciativas a favor de la Fiesta, siempre ahogadas por las infantiles riñas partidistas. Pero Albendea ha sido también crítico taurino y es aficionado práctico. En “Desde la Maestranza” recopila diferentes escritos taurinos. Desde una brillante conferencia sobre lo que el Ministerio de Cultura puede hacer con las competencias taurinas, hasta crónicas de festejos en la Maestranza, otras reflexiones generales sobre el estado de la tauromaquia, semblanzas de toreros, necrológicas de gente del toro, “Impedimentos añejos” (La Iglesia católica y los toros; Mujeres toreras), la Monarquía y los toros o un entrañable relato taurino (“Un día de toros”). Albendea es un magnífico aficionado, un crítico riguroso y un lúcido analista de la tauromaquia. Como he advertido en el caso de Boix, hay cuestiones sobre las que no comparto absolutamente su criterio, pero me parece que su reflexión en perfectamente lúcida, argumentada y pertinente. Son estos los caminos del debate. Y gente de este nivel la que debe encabezarlos.
La primera es “Por qué Morante”, de Paco Aguado, publicada en la Editorial “1 más uno” del polifacético, imprevisible y genial Andrés Sánchez Magro. Paco Aguado es uno de los críticos taurinos más lúcidos de estos tiempos, uno de los que habla con más ecuanimidad de lo que sucede en el mundo del toro y uno de los que mejor conoce ese hilo del toreo al que se refería Alameda y que tan necesario es para entender las múltiples veredas que confluyen en cada torero. Con todo eso, con una prosa brillante y un conocimiento nada desdeñable de Sevilla, de Triana y del flamenco, Paco Aguado reflexiona con agudeza sobre el torero de La Puebla, desentraña claves de su toreo, lo situa en las tradiciones de ambas riveras del Guadalquivir,… El libro, con una edición cuidadísima, incluye además fotos impagables del torero, en la plaza, en el campo y en la vida. Un libro para disfrutar y para aprender de toros. Sólo falta, por pedir algo, que Morante se lo crea y nos brinde esta temporada alguna de las tardes que justifican su misterio y libros como éste. En El Puerto de Santa María puede ser.
Siguiendo con libros de toreros, “Recuerdos de un torero”, de Andrés Luque Gago en la Editorial La Isla de Siltolá, es otro libro imprescindible (del que ya dio noticia José María hace unas semanas). Un libro de otra época, para un torero de otros tiempos. Y aquí, la referencia al pasado es una referencia nostálgica a la pureza y a los valores. Luque Gago fue primero novillero y luego torero de plata con los mejores: Curro Girón, Dominguín, Antonio Ordóñez, Paquirri, Paula, Manolo Vázquez,… La nómina de figuras abruma tanto como su sencillez a la hora de explicar cómo era el toreo en aquellos años, cómo se forjaba una figura, cómo estaban en el ruedo y fuera de él. El libro es un testimonio genial de alguien que también lo es: porque un torero de aquellos (de oro o de plata) lo eran y lo son hasta sus últimos días. Y lo son fuera y dentro de la plaza. Una lección de hombría, de torería y de saber estar. Por lo que cuenta y por lo que calla. Un libro que debería servir de enseñanza para volver a las raices, desde las cuales preocupaciones mundanas como muchas de las que hoy tiene el toreo no tendrían cabida.
En otra línea muy diferente se sitúa “Toros sí. Una defensa razonada”, el libro publicado en Temas de Hoy con el que Salvador Boix ganó el premio de ensayo “De hoy 2011”. Salvador Boix, antes que apoderado de José Tomás fue, entre otras cosas, crítico y ensayista. De aquellos años le recordamos libros como “Por los adentros. Viaje al mundo de los toros”, publicado por Espasa y escrito junto a su hermano Jaume, o su colaboración en el libro colectivo, también de Espasa, “Reflexiones sobre José Tomás”. El libro “Toros sí” es un libro-testimonio que explica de manera detallada la confluencia de factores que ha llevado a la prohibición catalana y que realiza, como reza su subtítulo, una defensa razonada de la Fiesta. El libro tiene varias partes, desde esa primera en la que explica la prohibición catalana (“El derecho a existir”), hasta unas abigarradas “Cavilaciones tauromáquicas”, en las que con un lenguaje propio de otras calendas, un personaje de ficción, Mariano Villegas, ofrece su visión sobre los valores que encierra lo taurino. Se incluyen también diversos Anexos como la comparecencia del autor ante el Parlamento catalán con ocasión de la tramitación de la ILP que acabó prohibiendo los toros en Cataluña, una carta abierta al alcalde Barcelona Joan Clos publicada en 2004 cuando el consistorio barcelonés declaró antitaurina a la ciudad condal, un Manifiesto por la libertad hecho público en diciembre de 2010, una cronología de los hechos que acabaron con la prohibición de la tauromaquia y que nos retrotrae a 1988, “Yo señalo”, texto en el que pone nombres a quien han ido poniendo las piedras que han acabado con la Fiesta en Cataluña (Balañá´s incluidos) y la papeleta de voto nulo que el autor ejerció su derecho al voto en las elecciones al Parlamento catalán en 2010, en la que con una foto de José Tomás instrumentando un pavoroso estatuario, se puede leer, en catalán y en castellano, “Doy mi voto a la candidatura ¡Toros SÍ!”. El libro, como puede intuirse por la diversidad de propuestas, estilos y Anexos, no es homogéneo, pero resulta interesante, ilustrativo y enriquecedor, proponiendo no pocos elementos de reflexión y análisis.
En todo caso, para mí, lo más interesante de todo es un breve apartado de seis páginas en las que se contienen “Siete ideas para el futuro” que comparto casi al cien por cien y que, desde mi punto de vista, son absolutamente esenciales para encarar el futuro. Son reflexiones sobre “El repliegue artístico. Vuelta a las esencias a través del compromiso artístico”, en el que propone que los toreros vuelvan a pensar en lo sagrado de su profesión, se recupere la trascendencia, nos alejemos de la frivolidad y se cambie la cantidad por la calidad (“Cada corrida, cada feria debe ser un acontecimiento de toreo grande, de arte generador de emociones”). O sobre la “Gestión empresarial”, en la que critica los pliegos de condiciones de las plazas, la insistencia en los cánones y el uso de la gestión taurina para fines extrataurinos; aboga por una reducción drástica del número de festejos para llegar a un número sostenible económicamente, buscando la vía para producir festejos menores en pequeñas localidades. O sobre el “Reglamento”, insistiendo en la necesidad de un reglamento unificado. “Comunicación e imagen”, proponiendo un “lavado integral y en profundidad” de la información taurina en los medios audiovisuales y una reducción drástica de las transmisiones taurinas “hasta llegar a las tres o cuatro por año como máximo, concretadas en eventos de la máxima expectación y, a ser posible, en transmisión abierta realizada en función de lo que es la tauromaquia, huyendo del deporte, que es lo que se estila hoy”; es decir, poner en manos del cine (y no del deporte) la imagen de los toros. “El gremio”, proponiendo la creación de un lobby taurino que englobe los intereses del sector. Y, por último, “Cultura y educación” proponiendo exigir a las administraciones el apoyo a la tauromaquia como una actividad cultural de primer orden. Como digo, se puede estar de acuerdo en todo o no (particularmente tengo mis dudas al respecto de las retransmisiones taurinas, aunque entiendo perfectamente las razones y el propósito de Boix), pero, desde luego, no puede negarse un ápice la oportunidad y calidad de la reflexión. Este es el camino, y no las pataletas habituales.
Last, but not least, “Desde la Maestranza”, de Juan Manuel Albendea publicado en Guadalturia, es otro libro imprescindible. Albendea es diputado del PP por Sevilla y desde su escaño ha encabezado numerosas iniciativas a favor de la Fiesta, siempre ahogadas por las infantiles riñas partidistas. Pero Albendea ha sido también crítico taurino y es aficionado práctico. En “Desde la Maestranza” recopila diferentes escritos taurinos. Desde una brillante conferencia sobre lo que el Ministerio de Cultura puede hacer con las competencias taurinas, hasta crónicas de festejos en la Maestranza, otras reflexiones generales sobre el estado de la tauromaquia, semblanzas de toreros, necrológicas de gente del toro, “Impedimentos añejos” (La Iglesia católica y los toros; Mujeres toreras), la Monarquía y los toros o un entrañable relato taurino (“Un día de toros”). Albendea es un magnífico aficionado, un crítico riguroso y un lúcido analista de la tauromaquia. Como he advertido en el caso de Boix, hay cuestiones sobre las que no comparto absolutamente su criterio, pero me parece que su reflexión en perfectamente lúcida, argumentada y pertinente. Son estos los caminos del debate. Y gente de este nivel la que debe encabezarlos.
sábado, 25 de junio de 2011
Apuntes casi olvidados
Aunque la Feria de San Isidro y su apéndice del aniversario (Beneficencia incluida) andan ya casi olvidados, no quiero dejar de apuntar una breve impresión de los festejos a los que puede acudir a partir del día 25 (los anteriores han quedado ya reseñados, con mayor o menor fortuna).
El día 25, la corrida de Alcurrucén salió mala en general, pero, a cambio, echó un segundo toro excepcional: “Arrestado”, un toro realmente bueno para la muleta, bravo, codicioso y repetidor. Castella le hizo una buena faena, pero sin estar a la altura de la embestida del animal. Era toro de triunfo grande y la faena quedó en una merecida oreja. Con el otro, Castella estuvo dispuesto, pero su oponente no le dio opciones. Joselito Adame confirmó alternativa con una gran disposición en sus dos oponentes y algún apunte de buen toreo, pero sin llegar a rematar por el poco juego de los animales. Tampoco tuvo suerte Perera en el sorteo, pero, además, se le vio con más empeño que claridad, y con una preocupante falta de puntería con los aceros.
El 26, otra corrida de Núñez, versión El Cortijillo. Y tampoco ayudó nada. Todos esperábamos que después de los fríos comienzos de estos toros, acabaran rompiendo. Pero no fue así. Quizá sólo el segundo, que le tocó a Morenito de Aranda, que tuvo con él momentos de buen toreo al comienzo de una faena a menos y rematada malamente con la espada. Fuera de eso, ni Urdiales (con mucha voluntad), ni Tendero (con evidente falta de oficio) pudieron hacer nada.
Los toros de Samuel Flores el domingo 29 fueron grandes, muy grandes, y con unos pitones infinitos; pero también mansos, muy mansos. Frente a ellos, Padilla tiró de oficio, sin posibilidad de lucimiento alguno. Ferrera demostró una voluntad sin límites y pudo lucirse en un emocionantísimo tercio de banderillas en el quinto (sobrero de Los Chospes). César Jiménez estuvo muy serio y dispuesto toda la tarde, dejando algunos apuntes de buen toreo, especialmente en alguna serie al tercero y en un muy buen quite al quinto, con chicuelinas, improvisado farol y revolera.
El día 1, la corrida de Palha salió mala, malísima. Fea, mal presentada y de un comportamiento infecto. Nada que ver con lo que debe ser un toro bravo. Frente a tales regalitos, Bolívar estuvo serio y pidió a los picadores que trataran de lucir a los toros y ejecutar con especial dedicación la suerte de varas; pero los toros no tenían la bravura precisa para que aquello cuajara del todo. Hubo ciertos apuntes de interés, pero sin rematarse. Con la muleta, imposible cualquier atisbo de belleza. Salvador Cortés tampoco pudo hacer nada ni con el sobrero de Carmen Segovia ni con el mulo de 650 kilos que le correspondió en quinto lugar. Y David Mora apuntó su disposición y esfuerzo frente a otro lote imposible. Corrida larga, mala y aburrida.
La corrida de Cuadri del día 2 fue mansa sin paliativos, a excepción de un muy buen quinto toro. Debo reconocer que no entiendo a quienes han aplaudido esta corrida, insistiendo en que todos los toros tienen su lidia y señalando que los de esta tarde fueron toros “con interés”. A mi juicio, la corrida fue mansa y careció completamente de clase, a excepción del indicado quinto. Es cierto que fueron duros de patas y que la gente no se aburrió, pero el peligro siempre presente provenía de una clara mansedumbre y falta e clase, no de la bravura y la nobleza, que son, a mi juicio, las virtudes de las que debe provenir la emoción. Frente a estos animales, Fundi hizo lo que pudo, aunque con menor convicción y oficio que otras veces. Alberto Aguilar puso muchas más ganas que técnica y sufrió un par de feas volteretas. Fandiño, por su parte, tuvo una tarde muy seria. La plaza de Las Ventas está con él, pero él también pone todo de su parte. A mi juicio, no estuvo del todo a la altura del quinto, pero es cierto que hubo momentos de buen toreo. Habrá que verle más, para ver si de ese interés y triunfo de una oreja se pasa a la rotundidad clamorosa de las dos orejas.
Lo de la corrida de Beneficencia el día 8 fue la constatación de cómo los prejuicios de una parte del público de Las Ventas puede arruinar para todos una tarde. El Juli en el tercero hizo una faena de auténtico maestro, enseñando a embestir a un toro a base de temple, de lograr que no le tocara ni una vez la muleta, llevándole, pudiéndole, para acabar sacando dos o tres series impresionantes que nadie hubiera podido imaginar que aquel toro tuviera. Mató mal, muy mal. Pero eso no empaña una faena que demuestra una afición, un saber hacer y una responsabilidad muy poco comunes. Juan Mora dejó apuntes de su añeja torería, sin acabar de rematar ninguno de los dos toros. Y Morante dejó también algún momento de inspiración, aunque mucho nos tememos que este año le cuesta mucho más confiarse y demostrar la rotundidad a la que estábamos acostumbrados en las dos últimas temporadas.
El día 11, Abellán sufrió una fea cornada en la boca después de una faena con voluntad a un animal soso. Luque no tuvo opción de ningún tipo con dos toros flojos y protestados. Y Fandi puso todo de su parte para agradar, pero hay quienes no aceptan una personalidad como la suya, o que sea el líder del escalafón sin el beneplácito de no sé qué tendido. Demostró un oficio enorme, momentos importantes con el capote, algunos pares de banderillas plenos de facultades y emoción y series aseadas con la muleta. En alguno de sus toros hubo una lidia completa, desde la salida del toro hasta su muerte. Podrá gustar más o menos su estética, pero no es irrelevante que el torero se preocupe de que el público disfrute con todos los tercios (mucho más que lo que lo hacen algunos de los consentidos de la supuesta afición).
Y así acabó un mes de toros donde los triunfos estuvieron, en gran medida, en aquellas tardes en las era previsible. Manzanares, Talavante y Juli han demostrado ser los que mandan. Y César Jiménez, Fandiño y David Mora (este por su faena hace una semana), reivindican un mayor sitio en las ferias.
De los toros, los veterinarios nos han hurtado la posibilidad de ver algunas ganadería y toros que hubieran sido de interés. Las tardes toristas han demostrado que esas ganaderías no están en buen momento (excepción hecha de un toro de Cuadri). De Alcurrucén y El Cortijillo se ha salvado un toro. Y la corrida más completa ha sido la de Juan Pedro Domecq. Toda una lección.
El día 25, la corrida de Alcurrucén salió mala en general, pero, a cambio, echó un segundo toro excepcional: “Arrestado”, un toro realmente bueno para la muleta, bravo, codicioso y repetidor. Castella le hizo una buena faena, pero sin estar a la altura de la embestida del animal. Era toro de triunfo grande y la faena quedó en una merecida oreja. Con el otro, Castella estuvo dispuesto, pero su oponente no le dio opciones. Joselito Adame confirmó alternativa con una gran disposición en sus dos oponentes y algún apunte de buen toreo, pero sin llegar a rematar por el poco juego de los animales. Tampoco tuvo suerte Perera en el sorteo, pero, además, se le vio con más empeño que claridad, y con una preocupante falta de puntería con los aceros.
El 26, otra corrida de Núñez, versión El Cortijillo. Y tampoco ayudó nada. Todos esperábamos que después de los fríos comienzos de estos toros, acabaran rompiendo. Pero no fue así. Quizá sólo el segundo, que le tocó a Morenito de Aranda, que tuvo con él momentos de buen toreo al comienzo de una faena a menos y rematada malamente con la espada. Fuera de eso, ni Urdiales (con mucha voluntad), ni Tendero (con evidente falta de oficio) pudieron hacer nada.
Los toros de Samuel Flores el domingo 29 fueron grandes, muy grandes, y con unos pitones infinitos; pero también mansos, muy mansos. Frente a ellos, Padilla tiró de oficio, sin posibilidad de lucimiento alguno. Ferrera demostró una voluntad sin límites y pudo lucirse en un emocionantísimo tercio de banderillas en el quinto (sobrero de Los Chospes). César Jiménez estuvo muy serio y dispuesto toda la tarde, dejando algunos apuntes de buen toreo, especialmente en alguna serie al tercero y en un muy buen quite al quinto, con chicuelinas, improvisado farol y revolera.
El día 1, la corrida de Palha salió mala, malísima. Fea, mal presentada y de un comportamiento infecto. Nada que ver con lo que debe ser un toro bravo. Frente a tales regalitos, Bolívar estuvo serio y pidió a los picadores que trataran de lucir a los toros y ejecutar con especial dedicación la suerte de varas; pero los toros no tenían la bravura precisa para que aquello cuajara del todo. Hubo ciertos apuntes de interés, pero sin rematarse. Con la muleta, imposible cualquier atisbo de belleza. Salvador Cortés tampoco pudo hacer nada ni con el sobrero de Carmen Segovia ni con el mulo de 650 kilos que le correspondió en quinto lugar. Y David Mora apuntó su disposición y esfuerzo frente a otro lote imposible. Corrida larga, mala y aburrida.
La corrida de Cuadri del día 2 fue mansa sin paliativos, a excepción de un muy buen quinto toro. Debo reconocer que no entiendo a quienes han aplaudido esta corrida, insistiendo en que todos los toros tienen su lidia y señalando que los de esta tarde fueron toros “con interés”. A mi juicio, la corrida fue mansa y careció completamente de clase, a excepción del indicado quinto. Es cierto que fueron duros de patas y que la gente no se aburrió, pero el peligro siempre presente provenía de una clara mansedumbre y falta e clase, no de la bravura y la nobleza, que son, a mi juicio, las virtudes de las que debe provenir la emoción. Frente a estos animales, Fundi hizo lo que pudo, aunque con menor convicción y oficio que otras veces. Alberto Aguilar puso muchas más ganas que técnica y sufrió un par de feas volteretas. Fandiño, por su parte, tuvo una tarde muy seria. La plaza de Las Ventas está con él, pero él también pone todo de su parte. A mi juicio, no estuvo del todo a la altura del quinto, pero es cierto que hubo momentos de buen toreo. Habrá que verle más, para ver si de ese interés y triunfo de una oreja se pasa a la rotundidad clamorosa de las dos orejas.
Lo de la corrida de Beneficencia el día 8 fue la constatación de cómo los prejuicios de una parte del público de Las Ventas puede arruinar para todos una tarde. El Juli en el tercero hizo una faena de auténtico maestro, enseñando a embestir a un toro a base de temple, de lograr que no le tocara ni una vez la muleta, llevándole, pudiéndole, para acabar sacando dos o tres series impresionantes que nadie hubiera podido imaginar que aquel toro tuviera. Mató mal, muy mal. Pero eso no empaña una faena que demuestra una afición, un saber hacer y una responsabilidad muy poco comunes. Juan Mora dejó apuntes de su añeja torería, sin acabar de rematar ninguno de los dos toros. Y Morante dejó también algún momento de inspiración, aunque mucho nos tememos que este año le cuesta mucho más confiarse y demostrar la rotundidad a la que estábamos acostumbrados en las dos últimas temporadas.
El día 11, Abellán sufrió una fea cornada en la boca después de una faena con voluntad a un animal soso. Luque no tuvo opción de ningún tipo con dos toros flojos y protestados. Y Fandi puso todo de su parte para agradar, pero hay quienes no aceptan una personalidad como la suya, o que sea el líder del escalafón sin el beneplácito de no sé qué tendido. Demostró un oficio enorme, momentos importantes con el capote, algunos pares de banderillas plenos de facultades y emoción y series aseadas con la muleta. En alguno de sus toros hubo una lidia completa, desde la salida del toro hasta su muerte. Podrá gustar más o menos su estética, pero no es irrelevante que el torero se preocupe de que el público disfrute con todos los tercios (mucho más que lo que lo hacen algunos de los consentidos de la supuesta afición).
Y así acabó un mes de toros donde los triunfos estuvieron, en gran medida, en aquellas tardes en las era previsible. Manzanares, Talavante y Juli han demostrado ser los que mandan. Y César Jiménez, Fandiño y David Mora (este por su faena hace una semana), reivindican un mayor sitio en las ferias.
De los toros, los veterinarios nos han hurtado la posibilidad de ver algunas ganadería y toros que hubieran sido de interés. Las tardes toristas han demostrado que esas ganaderías no están en buen momento (excepción hecha de un toro de Cuadri). De Alcurrucén y El Cortijillo se ha salvado un toro. Y la corrida más completa ha sido la de Juan Pedro Domecq. Toda una lección.
martes, 24 de mayo de 2011
Madrid (24 de mayo de 2011) - ¿Para esto nos "defienden"?
De mi parte, que le vayan dando las gracias a los veterinarios por ser tan serios y concienzudos en su trabajo. Y a los "puristas", con un nivel de discernimiento exquisito para las hechuras de los toros que jamás aplicarían si se miraran al espejo. Y a los equipos gubernativos, que defienden nuestros derechos como aficionados. Y a la empresa, diligente para traer otra corrida de toros más grande.
Gracias a todos los que han conseguido, defendiendo nuestros derechos, jodernos una tarde de toros.
Porque no tengo ni idea cómo serían los toros de Román Sorando, ni su trapío, ni su "guapura" (cada cual se pone cachondo con lo que le apetece). Pero creo que es difícil, muy difícil, que hubieran dado menos juego que lo que ha salido hoy por toriles.
Si en vez de preocuparse tanto por el volumen de los toros y el tamaño de sus cuernos (el de los toros, quiere decirse, no el de los propios), todos estos defensores que nos obligan a tener se ocuparan de saber qué ganaderías están embistiendo y permitieran que vinieran con lo que el ganadero crea que es lo mejor de su camada (no lo más grande) otro gallo nos cantaría.
Eso sí, de este modo han podido joderle la tarde también a Manzanares, que en dos de las tres tardes que ha toreado no ha podido hacerlo a los toros de la ganadería con la que se había anunciado. Porque ha vuelto a demostrar su momento excepcional, y el de su cuadrilla (tarde excepcional de Curro Javier, que se llevó un susto impresionante en el sexto, y bien también Trujillo aunque marró al colocar uno de los pares). Y cómo ejecuta la suerte del volapié de un modo impresionante. Algunos lances, unos pocos muletazos, y poco más. Eso sí, algunos sádicos estaban contentísimos porque no había podido triunfar y porque como no había forma de sacar faena podían aprovechar para recriminarle la colocación y decir todo tipo de sandeces.
Juan Mora también ha dejado detalles aislados de su torería, pero poco más. Y Cayetano ni siquiera detalles. Ni los toros le han acompañado (el sexto era una "prenda" al que además no le ha hecho las cosas bien y ha ido empeorando), ni él está en su mejor momento.
Gracias, señores. Muchas gracias por defenderme. Pero para eso, casi prefiero que me engañen con un toro más pequeño y cites algo menos cruzados. Creo que voy a disfrutar mucho más. Aunque algunos pierdan su empleo y otros crean que la civilización se derrumba por falta de esencias.
¡Que se lo han mirar, por favor! Pero déjennos en paz. No nos defiendan tanto y permítannos que disfrutemos con la Fiesta.
Gracias a todos los que han conseguido, defendiendo nuestros derechos, jodernos una tarde de toros.
Porque no tengo ni idea cómo serían los toros de Román Sorando, ni su trapío, ni su "guapura" (cada cual se pone cachondo con lo que le apetece). Pero creo que es difícil, muy difícil, que hubieran dado menos juego que lo que ha salido hoy por toriles.
Si en vez de preocuparse tanto por el volumen de los toros y el tamaño de sus cuernos (el de los toros, quiere decirse, no el de los propios), todos estos defensores que nos obligan a tener se ocuparan de saber qué ganaderías están embistiendo y permitieran que vinieran con lo que el ganadero crea que es lo mejor de su camada (no lo más grande) otro gallo nos cantaría.
Eso sí, de este modo han podido joderle la tarde también a Manzanares, que en dos de las tres tardes que ha toreado no ha podido hacerlo a los toros de la ganadería con la que se había anunciado. Porque ha vuelto a demostrar su momento excepcional, y el de su cuadrilla (tarde excepcional de Curro Javier, que se llevó un susto impresionante en el sexto, y bien también Trujillo aunque marró al colocar uno de los pares). Y cómo ejecuta la suerte del volapié de un modo impresionante. Algunos lances, unos pocos muletazos, y poco más. Eso sí, algunos sádicos estaban contentísimos porque no había podido triunfar y porque como no había forma de sacar faena podían aprovechar para recriminarle la colocación y decir todo tipo de sandeces.
Juan Mora también ha dejado detalles aislados de su torería, pero poco más. Y Cayetano ni siquiera detalles. Ni los toros le han acompañado (el sexto era una "prenda" al que además no le ha hecho las cosas bien y ha ido empeorando), ni él está en su mejor momento.
Gracias, señores. Muchas gracias por defenderme. Pero para eso, casi prefiero que me engañen con un toro más pequeño y cites algo menos cruzados. Creo que voy a disfrutar mucho más. Aunque algunos pierdan su empleo y otros crean que la civilización se derrumba por falta de esencias.
¡Que se lo han mirar, por favor! Pero déjennos en paz. No nos defiendan tanto y permítannos que disfrutemos con la Fiesta.
lunes, 23 de mayo de 2011
Madrid (22 de mayo de 2011) - ¡Viva el monoencaste!
Si la reivindicación de encastes y ganadería diferentes supone defender corridas como la de Partido de Resina, o como la de Escolar del otro día (salvado sea el primero), o como la de Dolores Aguirre de Sevilla,... conmigo que no cuenten. Así, prefiero el monoencaste. Prefiero ver un día a Juan Pedro, otro a Cuvillo, otro al Pilar, otro a Fuente Ymbro, otro a Victoriano del Río, otro al Ventorrilllo,... Las posibilidades de que un toro de estos hierros meta la cara es, a lo que se ve, mucho más probable. Y, en consecuencia, es más probable ver torear que, al cabo, es lo que uno persigue cuando va a la Plaza. Rarezas de uno, ya saben.
Que sea bueno mantener una ganadería como Pablo Romero (hoy Partido de Resina) es algo que no puedo discutir. Que esos toros tengan que lidiarse sólo tiene sentido si hay alguna posibilidad de que tengan al menos una gota de casta y que, por lo menos uno, embista por derecho.
En esta corrida sólo embistió de verdad el primero, uno de Nazario Ibáñez que remendó la corrida y con el que Garibay demostró oficio y detalles de gusto, que no tuvieron más recompensa por el mal uso de la espada. El cuarto fue un animal de ¡672 kilos! de Partida de Resina manso y difícil que le corneó durante la faena de muleta. Una barbaridad que salgan toros así y una pena que el mejicano acabara en la enfermería.
Serafín Marín estuvo muy bien de capa con el segundo bis, un sobrero de Los Chospes al que recibió por verónicas ganándole terreno en cada lance. Con la muleta, lo mejor fue su decisión, las dos primeras series en redondo y las ceñidísimas manoletinas del final. Se quedó enganchado en los pitones al entrar a matar al toro, afortunadamente sin consecuencias. El quinto era un toro imposible con el que estuvo muy firme, pero al que era imposible sacarle nada. Nuevamente, no muy acertado con los aceros. Grata impresión la que dejó Serafín, aunque sin nada relevante que no sean su decisión y esos pocos destellos en el primero de su lote.
Sergio Aguilar tuvo un lote imposible de Partido de Resina, con dos toros sin casta alguna, pero tampoco se le vio excesivamente centrado. A ver si en la próxima comparecencia los toros ayudan algo más.
PD. Hoy me he quedado sin ver a los novilleros. Una pena. Me cuentan que el mejicano Sergio Flores ha estado bien.
PD2. No hay derecho a que hayan echado para atrás la corrida de Sorando para mañana, como hicieron el otro día con Garcigrande. No puede ser que se carguen de esta forma los carteles de las figuras. Por favor, que se vean antes los toros en el campo y se decidan si las corridas están o no para Madrid cuando salgan los carteles. Y menos preocupación por el "tipo" y más por el comportamiento: lo mismo así podemos empujar la Fiesta, y no tirarla al suelo como parece que pretenden algunos "aficionados".
Que sea bueno mantener una ganadería como Pablo Romero (hoy Partido de Resina) es algo que no puedo discutir. Que esos toros tengan que lidiarse sólo tiene sentido si hay alguna posibilidad de que tengan al menos una gota de casta y que, por lo menos uno, embista por derecho.
En esta corrida sólo embistió de verdad el primero, uno de Nazario Ibáñez que remendó la corrida y con el que Garibay demostró oficio y detalles de gusto, que no tuvieron más recompensa por el mal uso de la espada. El cuarto fue un animal de ¡672 kilos! de Partida de Resina manso y difícil que le corneó durante la faena de muleta. Una barbaridad que salgan toros así y una pena que el mejicano acabara en la enfermería.
Serafín Marín estuvo muy bien de capa con el segundo bis, un sobrero de Los Chospes al que recibió por verónicas ganándole terreno en cada lance. Con la muleta, lo mejor fue su decisión, las dos primeras series en redondo y las ceñidísimas manoletinas del final. Se quedó enganchado en los pitones al entrar a matar al toro, afortunadamente sin consecuencias. El quinto era un toro imposible con el que estuvo muy firme, pero al que era imposible sacarle nada. Nuevamente, no muy acertado con los aceros. Grata impresión la que dejó Serafín, aunque sin nada relevante que no sean su decisión y esos pocos destellos en el primero de su lote.
Sergio Aguilar tuvo un lote imposible de Partido de Resina, con dos toros sin casta alguna, pero tampoco se le vio excesivamente centrado. A ver si en la próxima comparecencia los toros ayudan algo más.
PD. Hoy me he quedado sin ver a los novilleros. Una pena. Me cuentan que el mejicano Sergio Flores ha estado bien.
PD2. No hay derecho a que hayan echado para atrás la corrida de Sorando para mañana, como hicieron el otro día con Garcigrande. No puede ser que se carguen de esta forma los carteles de las figuras. Por favor, que se vean antes los toros en el campo y se decidan si las corridas están o no para Madrid cuando salgan los carteles. Y menos preocupación por el "tipo" y más por el comportamiento: lo mismo así podemos empujar la Fiesta, y no tirarla al suelo como parece que pretenden algunos "aficionados".
domingo, 22 de mayo de 2011
Resumen semanal (16 al 21 de mayo de 2011)
Como ya comenté la tarde del cabreo, razones laborales me impiden sacar un rato para contar cada noche lo que está pasando en la plaza. Pero no por ello quería dejar de compartir, siquiera a modo de resumen, algunas consideraciones sobre lo que ha sucedido en la que era, a priori, la semana grande de la Feria.
Lo primero que hay que destacar es que ha sido una semana de triunfos, donde todas las tardes hemos visto cosas muy interesantes, hemos visto toreo del bueno.
Triunfos, además, que han traspasado el ámbito de lo taurino y han tenido una cierta relevancia en los medios generalistas, algo que siempre es importante, pero que en una época como esta es esencial. Hacía mucho tiempo que la gente no preguntaba fuera de los toros por lo que había pasado en Las Ventas y esta semana gente que no es aficionada, que no va por la plaza, me ha preguntado varias veces por Talavante y por Manzanares.
Los toros, por el contrario, han defraudado. Después del fiasco del domingo 15, a Cuvillo se le miraba con lupa y sólo pasaron el reconocimiento cuatro toros, remendándose la corrida con dos de Ortigao Costa, grandones y bastos que desbarataron lo que debía haber sido una tarde aún más importante. Igual que la tarde del viernes 20, en las que los toreros salieron a por todas (Talavante y Manzanares querían medirse después de que ambos hubieran salido en su anterior comparecencia por la Puerta Grande y Castella venía arreando), pero el baile de corrales tiró por la borda todas las ilusiones, o cuando menos el 50%, ya que los tres últimos toros algo dejaron hacer. Insisto en que me parece lamentable que en una plaza como ésta un ganadero (Garcigrande) traiga catorce toros y no se le apruebe ninguno. O nadie había ido al campo, o habían ido sólo a comer y a beber. Una cosa es que los toros no se reconozcan en el campo y otra que no se pueda saber si la corrida es o no para Madrid y si tiene o no arreglo con otros toros que haya en la finca. El remiendo de Juan Pedro demostró que lo de Parladé está escasito de presencia y de fondo, pero que lo de Juan Pedro (salieron dos de este hierro) ha tenido una evolución muy interesante.
Centrándonos en las corridas de toros, la del martes tuvo un nombre: Talavante, que en su tercero dio un auténtico recital de toreo al natural templado, hondo y personalísimo. Toreó también bien de capa y recetó una estocada magnífica. En el sexto de la tarde la faena fue más irregular, aunque con destellos de interés. Esa tarde el Cid estuvo mal, muy mal, sin paliativos, con un toro (el primero) de gran calidad y otro (el cuarto) al que le picaron por dos y aún así demostró clase. Perera tiene ganas, pero se le ve algo falto de sitio y empeñado en que los toros embistan como él quiere para hacer su faena, y no la de cada astado. Aun así, tuvo el peor lote de la tarde. De los toros del Ventorillo, los hubo de distinta nota, pero fue un encierro con algunos de interés, destacando el primero y el tercero (al que, por cierto, se le picó muy poco y aquí residió posiblemente, una de las razones del éxito de Talavante).
El día 18, sufrimos el remiendo de la corrida de Cuvillo con dos de Ortigao. El primero de estos le correspondió a Juli, un toro sin fuerza con el que poco pudo hacer. Con el cuarto de Cuvillo, Juli estuvo técnico y profundo en una faena con momentos de muchísimo interés. Hubo derechazos arrastrando toda la muleta. Es difícil torear más bajo y más templado. Castella no tuvo especial suerte en el sorteo, pero tampoco mostró estar en el mejor de sus momentos, algo que cuando se torea con el Juli y Manzanares, que sí lo están, se nota mucho. Su primero fue un toro muy protestado y el viento le molestó, hay alguna serie de más interés, pero no construye una faena con interés. Tampoco se acopló con el quinto bis, de Carmen Segovia, en un trasteo que pasó sin pena ni gloria. Pero la tarde fue de Manzanares, que en su primero se vio muy molestado por el viento, pero dejó algún muletazo con un gusto extraordinario y una estocada magnífica. Además de permitirnos disfrutar nuevamente de una lidia perfecta de su cuadrilla. El lío vino en el sexto, un toro al que cuajó tandas sensacionales con la derecha de toreo largo y muy hondo y una serie al natural de muy buena nota. Toreo estético, de series con muchos muletazos y una personalidad única. Es cierto que no siempre estaba cruzado y que había cierta distancia entre el toro y él, pero es que esto es imprescindible si uno quiere dar series largas y no “dos y el de pecho” como es costumbre últimamente. Para rematar, se llevó el toro a los medios y le recetó una estocada recibiendo que queda para los anales de la plaza.
El jueves 19 vivimos una paradoja que viene siendo habitual en los últimos años. Por la mañana se colocó en el patio de arrastre el azulejo que conmemoraba la mejor corrida de la feria del año anterior (Puerto de San Lorenzo) y por la tarde esa misma ganadería dio un petardo. Ya ocurrió otros años con Peñajara y otros. El ganadero al que nombren triunfador este año (si no queda desierto el asunto…) que se lo piense. Avisado está. Las pocas posibilidades de la corrida sólo sirvieron para comprobar que el Cid sigue ahí, que Perera está con unas ganas impresionantes (y con momentos muy buenos) y que Luque torea cada vez mejor con el capote, pero entre sus cosas y los sorteos no acaba de rematar una faena con la muleta. La faena del Cid al primero pasó sin más; no así la del cuarto en la que dio unas series al natural realmente excepcionales. Toreo al natural que ya le hemos visto, aunque hacía tanto que casi lo habíamos olvidado. Se tiró a matar con mucha fe y enterró la espada… Esperemos que esto sea sólo el principio de cómo vuelve por sus fueros el de Salteras. Perera hizo una faena de menos a más al segundo, pese al cachondeo de los mismos de siempre a los que ya nos hemos referido y que le costó esa fea voltereta. En el quinto también dejó momentos de interés, pero sin acabar de rematar (en parte importante por el toro, tal vez en parte porque le falte algo de sitio). Lo de Luque queda dicho: gran toreo de capa y menos rotundidad con la muleta.
La corrida del viernes 20 la desbarató el baile de corrales. Los tres primeros de Parladé no sirvieron. Con el cuarto, primero de los de Juan Pedro, Castella toreó muy bien con el capote y cortó una oreja por una faena irregular con la muleta: hubo series de interés, pero no el acople y la rotundidad que, a nuestro juicio, el toro permitía. El otro de Juan Pedro le correspondió a Manzanares, que lo toreó a placer. Primero, exquisito con el capote, en verónicas y delantales de ensueño. Lidia perfecta, como siempre, y faena rotunda con ambas manos, tanto en redondo como al natural, cuajando series poderosas y grandes de verdad. Volapié inapelable. Y la sensación para alguno de que, a pesar de que los trofeos indiquen lo contrario, posiblemente esta faena fuera más redonda que la del miércoles. A Talavante le tocó como sexto un manso de Parladé al que, después de diversas probaturas, se llevó a chiqueros, donde a base de tesón y de técnica consiguió sacarle tandas al natural que nadie hubiera imaginado que tuviera aquel animal. Naturales largos, lentos y grandiosos. Faena de gran nivel que se quedó sin trofeo por el mal uso de la espada.
La corrida de rejones del sábado deja a Ventura como triunfador numérico con dos faenas importantes y espectaculares. Pablo Hermoso también estuvo muy bien: es el maestro y el que ha creado las reglas del rejoneo actual. Y aunque no esté tan en forma como hace cuatro o cinco años y a veces falle con el rejón de muerte, sigue teniendo una monta y una pureza excepcionales. Además, sus toros tuvieron un punto de dificultad que sólo su maestría es capaz de convertir en faenas como las que hizo. Bohórquez estuvo clásico y sin estridencia en su primero y francamente desacertado en el cuarto.
Y dejo para el final la novillada. Una novillada interesantísima y encastada, que dejó una cornada a Jiménez Fortes, que antes había toreado realmente bien con el capote. El sexto fue mejor y más noble. A Manuel Larios se le nota su falta de oficio y de festejos, aunque tiene disposición. Y Víctor Barrios dejó pasajes de interés en sus dos faenas y se le nota más placeado.
(Si alguien ha llegado hasta aquí, se lo agradezco. Perdón por la extensión, pero mejor así a que estos apuntes quedara en el olvido…)
Lo primero que hay que destacar es que ha sido una semana de triunfos, donde todas las tardes hemos visto cosas muy interesantes, hemos visto toreo del bueno.
Triunfos, además, que han traspasado el ámbito de lo taurino y han tenido una cierta relevancia en los medios generalistas, algo que siempre es importante, pero que en una época como esta es esencial. Hacía mucho tiempo que la gente no preguntaba fuera de los toros por lo que había pasado en Las Ventas y esta semana gente que no es aficionada, que no va por la plaza, me ha preguntado varias veces por Talavante y por Manzanares.
Los toros, por el contrario, han defraudado. Después del fiasco del domingo 15, a Cuvillo se le miraba con lupa y sólo pasaron el reconocimiento cuatro toros, remendándose la corrida con dos de Ortigao Costa, grandones y bastos que desbarataron lo que debía haber sido una tarde aún más importante. Igual que la tarde del viernes 20, en las que los toreros salieron a por todas (Talavante y Manzanares querían medirse después de que ambos hubieran salido en su anterior comparecencia por la Puerta Grande y Castella venía arreando), pero el baile de corrales tiró por la borda todas las ilusiones, o cuando menos el 50%, ya que los tres últimos toros algo dejaron hacer. Insisto en que me parece lamentable que en una plaza como ésta un ganadero (Garcigrande) traiga catorce toros y no se le apruebe ninguno. O nadie había ido al campo, o habían ido sólo a comer y a beber. Una cosa es que los toros no se reconozcan en el campo y otra que no se pueda saber si la corrida es o no para Madrid y si tiene o no arreglo con otros toros que haya en la finca. El remiendo de Juan Pedro demostró que lo de Parladé está escasito de presencia y de fondo, pero que lo de Juan Pedro (salieron dos de este hierro) ha tenido una evolución muy interesante.
Centrándonos en las corridas de toros, la del martes tuvo un nombre: Talavante, que en su tercero dio un auténtico recital de toreo al natural templado, hondo y personalísimo. Toreó también bien de capa y recetó una estocada magnífica. En el sexto de la tarde la faena fue más irregular, aunque con destellos de interés. Esa tarde el Cid estuvo mal, muy mal, sin paliativos, con un toro (el primero) de gran calidad y otro (el cuarto) al que le picaron por dos y aún así demostró clase. Perera tiene ganas, pero se le ve algo falto de sitio y empeñado en que los toros embistan como él quiere para hacer su faena, y no la de cada astado. Aun así, tuvo el peor lote de la tarde. De los toros del Ventorillo, los hubo de distinta nota, pero fue un encierro con algunos de interés, destacando el primero y el tercero (al que, por cierto, se le picó muy poco y aquí residió posiblemente, una de las razones del éxito de Talavante).
El día 18, sufrimos el remiendo de la corrida de Cuvillo con dos de Ortigao. El primero de estos le correspondió a Juli, un toro sin fuerza con el que poco pudo hacer. Con el cuarto de Cuvillo, Juli estuvo técnico y profundo en una faena con momentos de muchísimo interés. Hubo derechazos arrastrando toda la muleta. Es difícil torear más bajo y más templado. Castella no tuvo especial suerte en el sorteo, pero tampoco mostró estar en el mejor de sus momentos, algo que cuando se torea con el Juli y Manzanares, que sí lo están, se nota mucho. Su primero fue un toro muy protestado y el viento le molestó, hay alguna serie de más interés, pero no construye una faena con interés. Tampoco se acopló con el quinto bis, de Carmen Segovia, en un trasteo que pasó sin pena ni gloria. Pero la tarde fue de Manzanares, que en su primero se vio muy molestado por el viento, pero dejó algún muletazo con un gusto extraordinario y una estocada magnífica. Además de permitirnos disfrutar nuevamente de una lidia perfecta de su cuadrilla. El lío vino en el sexto, un toro al que cuajó tandas sensacionales con la derecha de toreo largo y muy hondo y una serie al natural de muy buena nota. Toreo estético, de series con muchos muletazos y una personalidad única. Es cierto que no siempre estaba cruzado y que había cierta distancia entre el toro y él, pero es que esto es imprescindible si uno quiere dar series largas y no “dos y el de pecho” como es costumbre últimamente. Para rematar, se llevó el toro a los medios y le recetó una estocada recibiendo que queda para los anales de la plaza.
El jueves 19 vivimos una paradoja que viene siendo habitual en los últimos años. Por la mañana se colocó en el patio de arrastre el azulejo que conmemoraba la mejor corrida de la feria del año anterior (Puerto de San Lorenzo) y por la tarde esa misma ganadería dio un petardo. Ya ocurrió otros años con Peñajara y otros. El ganadero al que nombren triunfador este año (si no queda desierto el asunto…) que se lo piense. Avisado está. Las pocas posibilidades de la corrida sólo sirvieron para comprobar que el Cid sigue ahí, que Perera está con unas ganas impresionantes (y con momentos muy buenos) y que Luque torea cada vez mejor con el capote, pero entre sus cosas y los sorteos no acaba de rematar una faena con la muleta. La faena del Cid al primero pasó sin más; no así la del cuarto en la que dio unas series al natural realmente excepcionales. Toreo al natural que ya le hemos visto, aunque hacía tanto que casi lo habíamos olvidado. Se tiró a matar con mucha fe y enterró la espada… Esperemos que esto sea sólo el principio de cómo vuelve por sus fueros el de Salteras. Perera hizo una faena de menos a más al segundo, pese al cachondeo de los mismos de siempre a los que ya nos hemos referido y que le costó esa fea voltereta. En el quinto también dejó momentos de interés, pero sin acabar de rematar (en parte importante por el toro, tal vez en parte porque le falte algo de sitio). Lo de Luque queda dicho: gran toreo de capa y menos rotundidad con la muleta.
La corrida del viernes 20 la desbarató el baile de corrales. Los tres primeros de Parladé no sirvieron. Con el cuarto, primero de los de Juan Pedro, Castella toreó muy bien con el capote y cortó una oreja por una faena irregular con la muleta: hubo series de interés, pero no el acople y la rotundidad que, a nuestro juicio, el toro permitía. El otro de Juan Pedro le correspondió a Manzanares, que lo toreó a placer. Primero, exquisito con el capote, en verónicas y delantales de ensueño. Lidia perfecta, como siempre, y faena rotunda con ambas manos, tanto en redondo como al natural, cuajando series poderosas y grandes de verdad. Volapié inapelable. Y la sensación para alguno de que, a pesar de que los trofeos indiquen lo contrario, posiblemente esta faena fuera más redonda que la del miércoles. A Talavante le tocó como sexto un manso de Parladé al que, después de diversas probaturas, se llevó a chiqueros, donde a base de tesón y de técnica consiguió sacarle tandas al natural que nadie hubiera imaginado que tuviera aquel animal. Naturales largos, lentos y grandiosos. Faena de gran nivel que se quedó sin trofeo por el mal uso de la espada.
La corrida de rejones del sábado deja a Ventura como triunfador numérico con dos faenas importantes y espectaculares. Pablo Hermoso también estuvo muy bien: es el maestro y el que ha creado las reglas del rejoneo actual. Y aunque no esté tan en forma como hace cuatro o cinco años y a veces falle con el rejón de muerte, sigue teniendo una monta y una pureza excepcionales. Además, sus toros tuvieron un punto de dificultad que sólo su maestría es capaz de convertir en faenas como las que hizo. Bohórquez estuvo clásico y sin estridencia en su primero y francamente desacertado en el cuarto.
Y dejo para el final la novillada. Una novillada interesantísima y encastada, que dejó una cornada a Jiménez Fortes, que antes había toreado realmente bien con el capote. El sexto fue mejor y más noble. A Manuel Larios se le nota su falta de oficio y de festejos, aunque tiene disposición. Y Víctor Barrios dejó pasajes de interés en sus dos faenas y se le nota más placeado.
(Si alguien ha llegado hasta aquí, se lo agradezco. Perdón por la extensión, pero mejor así a que estos apuntes quedara en el olvido…)
jueves, 19 de mayo de 2011
Desalmados
Razones laborales me impiden hacer el seguimiento de la Feria. Pero hoy, desde la propia plaza, quiero GRITAR para que echen de la plaza a esos desalmados que estaban de chanza y burla de Perera, como si no se estuviera jugando la vida, justo cuando el toro le ha volteado varias veces de forma aparatosa y dramática.
Son seres sin el más mínimo atisbo de humanidad, de conciencia de la verdad que supone estar delante de cualquier toro. Son abyectos, ruines, infames, despreciables.
Uno puede protestar por el juego o la fuerza de lis toros, puede criticar lo que hace el torero. Pero NUNCA puede burlarse de lo que está haciendo ni minusvalorar su peligro.
Se imagina alguien lo que hubiera sucedido si ocurre una tragedia mientras se oye y se ve còmo algunos se burlaban de lo que estaba haciendo el diestro?
Lo dicho: son de lo peor. Perfectos indecentes. Fanaticos de sus mentiras. Sucios mediocres que disimulan su bajeza moral apelando a la pureza de una Fiesta que ni conocen ni aprecian.
Algo habrá que hacer para que no vuelvan a la plaza.
Sobran aquí.
Son seres sin el más mínimo atisbo de humanidad, de conciencia de la verdad que supone estar delante de cualquier toro. Son abyectos, ruines, infames, despreciables.
Uno puede protestar por el juego o la fuerza de lis toros, puede criticar lo que hace el torero. Pero NUNCA puede burlarse de lo que está haciendo ni minusvalorar su peligro.
Se imagina alguien lo que hubiera sucedido si ocurre una tragedia mientras se oye y se ve còmo algunos se burlaban de lo que estaba haciendo el diestro?
Lo dicho: son de lo peor. Perfectos indecentes. Fanaticos de sus mentiras. Sucios mediocres que disimulan su bajeza moral apelando a la pureza de una Fiesta que ni conocen ni aprecian.
Algo habrá que hacer para que no vuelvan a la plaza.
Sobran aquí.
domingo, 15 de mayo de 2011
Madrid (14 de mayo de 2011) - Sorpresas
La tarde se puso como para no haber ido. Fea en lo climatológico y absurda en el cartel. Sin embargo, como casi siempre, la pasión nos pudo y allí que nos plantamos.
Lo bueno de que se pudieran devolver entradas es que uno podía devolver la de tendido y sacarse una de grada para no tener que mojarse más que por dentro. Una vez más, se evidencia la importancia de que se instale algún mecanismo para cubrir la plaza (si es desmontable, mejor). No tiene sentido que la gente tenga que aguantar la que pasó ayer en los primeros toros. Ni que los toreros se mojen de esa forma. Eso sí, se demostró una vez más que el drenaje de la plaza es magnífico; no sé a quién hay que felicitar, pero desde aquí mis parabienes por esa obra de ingeniería que consigue que aquello embeba de forma continuada el agua y prácticamente se seque desde que deja de caer agua. Un diez.
Había dos toreros que tenían que ser sustituidos: Curro Díaz y Leandro. Entraron Iván Fandiño y Uceda Leal, los dos con méritos más que sobrados por la actuación el dos de mayo (el primero) y por la oreja conseguida el día anterior (Uceda). Pero lo cierto es que, después de estas sustituciones, el cartel quedaba manifiestamente extraño. Porque dos toreros de pellizco había sido sustituido por otros dos de estilos muy diferentes. Y cada cartel, cada tarde, tiene que propio discurso interno, un hilo que debe tratar de no romperse ni enredarse. Aún cuando los partes médicos obligan a ello. No discuto para nada la justicia de dar entrada a Fandiño y a Uceda. Lo que pido es que se reflexione sobre si lo único que deben contar son los triunfos en tardes anteriores.
Los astados eran de una ganadería (El Montecillo) que lidiaba su primera corrida de toros. Aunque esto es algo equívoco, ya que los toros son de Paco Medina, ganadero que después de colocar la ganadería de El Ventorrillo como una de las más interesantes de los últimos años, la vendió, quedándose, al parecer, con parte de los animales o de su material genético. Por lo que realmente lo que se lidió fue El Ventorrillo 2. Que dio un resultado desigual, pero de buena nota media.
En cuanto a los toreros, las reflexiones son similares a las de la corrida del viernes, con un cierto atisbo de esperanza en lo que se refiere a Iván Fandiño.
Uceda estuvo como el día anterior. Con detalles de gusto, sobre todo en su primero. Alguna serie de mucho gusto y temple. Pero sin romperse del todo. Series cortas. Sin dar el paso de rotundidad que imaginamos y siempre nos falta. A punto estuvo de cortar una oreja en ese primero, del que también hay que destacar el mérito que tuvo en medio del agua que estaba cayendo.
Iván Fandiño toreó en el segundo mucho mejor de lo que estábamos acostumbrados a verle. Hubo pasajes de toreo caro y un final por bernardinas realmente impactante por su valor, la cercanía y la verdad. Oreja ganada a ley. Salió a por todas en el quinto, pero el animal no permitía el lucimiento y no pudo sino dejar constancia de sus ganas y de que, él sí, quiere pisar a fondo el acelerador. Así se tiene que estar si se quiere uno hacer un hueco. A estos es a los que hay que hacérselo, en tanto sigan así.
Todo lo contrario de Tendero, al que vimos sin sitio, tanto en el parado tercero como en el sexto, un toro de mejor condición que pareció tener más juego del que extrajo el de Albacete. Una pena (al fin, sobre todo para él).
La gente salió hablando de Fandiño, de lo que había cambiado el tiempo y de cómo vendría hoy Morante...
Lo bueno de que se pudieran devolver entradas es que uno podía devolver la de tendido y sacarse una de grada para no tener que mojarse más que por dentro. Una vez más, se evidencia la importancia de que se instale algún mecanismo para cubrir la plaza (si es desmontable, mejor). No tiene sentido que la gente tenga que aguantar la que pasó ayer en los primeros toros. Ni que los toreros se mojen de esa forma. Eso sí, se demostró una vez más que el drenaje de la plaza es magnífico; no sé a quién hay que felicitar, pero desde aquí mis parabienes por esa obra de ingeniería que consigue que aquello embeba de forma continuada el agua y prácticamente se seque desde que deja de caer agua. Un diez.
Había dos toreros que tenían que ser sustituidos: Curro Díaz y Leandro. Entraron Iván Fandiño y Uceda Leal, los dos con méritos más que sobrados por la actuación el dos de mayo (el primero) y por la oreja conseguida el día anterior (Uceda). Pero lo cierto es que, después de estas sustituciones, el cartel quedaba manifiestamente extraño. Porque dos toreros de pellizco había sido sustituido por otros dos de estilos muy diferentes. Y cada cartel, cada tarde, tiene que propio discurso interno, un hilo que debe tratar de no romperse ni enredarse. Aún cuando los partes médicos obligan a ello. No discuto para nada la justicia de dar entrada a Fandiño y a Uceda. Lo que pido es que se reflexione sobre si lo único que deben contar son los triunfos en tardes anteriores.
Los astados eran de una ganadería (El Montecillo) que lidiaba su primera corrida de toros. Aunque esto es algo equívoco, ya que los toros son de Paco Medina, ganadero que después de colocar la ganadería de El Ventorrillo como una de las más interesantes de los últimos años, la vendió, quedándose, al parecer, con parte de los animales o de su material genético. Por lo que realmente lo que se lidió fue El Ventorrillo 2. Que dio un resultado desigual, pero de buena nota media.
En cuanto a los toreros, las reflexiones son similares a las de la corrida del viernes, con un cierto atisbo de esperanza en lo que se refiere a Iván Fandiño.
Uceda estuvo como el día anterior. Con detalles de gusto, sobre todo en su primero. Alguna serie de mucho gusto y temple. Pero sin romperse del todo. Series cortas. Sin dar el paso de rotundidad que imaginamos y siempre nos falta. A punto estuvo de cortar una oreja en ese primero, del que también hay que destacar el mérito que tuvo en medio del agua que estaba cayendo.
Iván Fandiño toreó en el segundo mucho mejor de lo que estábamos acostumbrados a verle. Hubo pasajes de toreo caro y un final por bernardinas realmente impactante por su valor, la cercanía y la verdad. Oreja ganada a ley. Salió a por todas en el quinto, pero el animal no permitía el lucimiento y no pudo sino dejar constancia de sus ganas y de que, él sí, quiere pisar a fondo el acelerador. Así se tiene que estar si se quiere uno hacer un hueco. A estos es a los que hay que hacérselo, en tanto sigan así.
Todo lo contrario de Tendero, al que vimos sin sitio, tanto en el parado tercero como en el sexto, un toro de mejor condición que pareció tener más juego del que extrajo el de Albacete. Una pena (al fin, sobre todo para él).
La gente salió hablando de Fandiño, de lo que había cambiado el tiempo y de cómo vendría hoy Morante...
Madrid (13 de mayo de 2011) - Homenaje
Con ocasión de la muerte de Don Juan Pedro Domecq se comentó que el ganadero era consciente de que, en su constante búsqueda de la clase del toro en la embestida, tal vez sus toros habían perdido algo de casta y de fuerza. Y que llevaba años tratando de recuperar esas virtudes. Pero en el campo las cosas aún no se han impregnado de esa absurda inmediatez de los tiempos actuales, siguen llevando su tiempo natural. Un tiempo que en la cría del toro supone al menos cinco años desde que uno decide qué quiere hacer hasta que el animal se lidia en un plaza.
Por eso, y por la fatalidad de la parca que nos une misteriosamente a todos, Don Juan Pedro no pudo ver la corrida del viernes en Madrid. Una corrida que fue de menos a más y en la que hubo tres toros: cuarto, quinto y sexto, de altísima nota. Toros que tuvieron clase, casta y fuerza, permitiendo que se le hubieran hecho muchas más cosas de las que vimos en la plaza. Toros que lucieron divisa negra como señal de luto.
No mataban la corrida las figuras, como sucedía con estos toros hasta anteayer. Eran tres toreros de ese grupo medio del escalafón que necesitan triunfar con rotundidad para entrar en las ferias. Pero que o no quieren, o no pueden, o no saben, dar ese paso más que les abriría las puertas del futuro. Un futuro que, si no, se presenta bastante negro con la que está cayendo en el país y en las plazas.
Uceda es uno de esos toreros. Un torero con clase, con temple, con gusto y con un uso extraordinario de la espada. No suele defraudar, pero uno no sale nunca contento del todo con él. Con su primero, por ejemplo, no se confió. El toro le había buscado alguna vez, pero tampoco era una alimaña a la que no pudiera hacérsele nada, como pareció querer demostrar. Al cuarto le cortó una oreja después de haber dejado algún lance estimable, un par de series templadísimas y con mucho gusto con la muleta, otras más de buena nota pero sin llegar a ese nivel y una gran estocada. Uceda estuvo bien. Por momentos nos hizo degustar toreo del bueno, pero sentimos, una vez más, que le faltó un punto de ambición para el triunfo rotundo.
Lo de Juan Bautista es más preocupante. Lo comentamos con ocasión de su anterior comparecencia. No se encuentra delante del toro y se le nota bastante. Al segundo lo llevó bien al caballo con un galleo por chicuelinas, pero en la muleta se mezclaron sus dudas y un toro que fue perdiendo clase y aquello no dio casi nada de sí. El quinto, sin embargo, fue un gran toro, que iba de largo y metía muy bien la cara. Juan Bautista no se acopló. No es fácil que te salga un toro así. Y que te salga en Madrid es casi imposible. Cuando uno está luchando por hacerse un hueco (si es que Juan Bautista está en ello, que parece que sí), no puede desperdiciarlo. Porque hacerlo puede pasar factura.
Morenito de Aranda, por su parte, demostró su clase en momentos aislados en su primero, un toro flojo y sin transmisión. Pero con el sexto, un toro exigente pero al que se le podían sacar cosas de interés, no se acopló. Cierto es que no es fácil imaginar una lidia más desordenada y un tercio de varas más desastroso. Pero aún así, el de Aranda debería haber logrado que el toro no le enganchara siempre en la faena de muleta. Porque el toro tenía interés y hubiera permitido un mayor lucimiento.
Una corrida para la esperanza del nuevo ganadero, que tiene una responsabilidad importante para mantener y acrecentar el legado de varias generaciones de criadores de bravo.
Una tarde para la reflexión de tres toreros que deben decidir qué quieren hacer en esto. Porque los tiempos no están, ni en el toreo ni en la vida, para hacer cosas a medias.
Por eso, y por la fatalidad de la parca que nos une misteriosamente a todos, Don Juan Pedro no pudo ver la corrida del viernes en Madrid. Una corrida que fue de menos a más y en la que hubo tres toros: cuarto, quinto y sexto, de altísima nota. Toros que tuvieron clase, casta y fuerza, permitiendo que se le hubieran hecho muchas más cosas de las que vimos en la plaza. Toros que lucieron divisa negra como señal de luto.
No mataban la corrida las figuras, como sucedía con estos toros hasta anteayer. Eran tres toreros de ese grupo medio del escalafón que necesitan triunfar con rotundidad para entrar en las ferias. Pero que o no quieren, o no pueden, o no saben, dar ese paso más que les abriría las puertas del futuro. Un futuro que, si no, se presenta bastante negro con la que está cayendo en el país y en las plazas.
Uceda es uno de esos toreros. Un torero con clase, con temple, con gusto y con un uso extraordinario de la espada. No suele defraudar, pero uno no sale nunca contento del todo con él. Con su primero, por ejemplo, no se confió. El toro le había buscado alguna vez, pero tampoco era una alimaña a la que no pudiera hacérsele nada, como pareció querer demostrar. Al cuarto le cortó una oreja después de haber dejado algún lance estimable, un par de series templadísimas y con mucho gusto con la muleta, otras más de buena nota pero sin llegar a ese nivel y una gran estocada. Uceda estuvo bien. Por momentos nos hizo degustar toreo del bueno, pero sentimos, una vez más, que le faltó un punto de ambición para el triunfo rotundo.
Lo de Juan Bautista es más preocupante. Lo comentamos con ocasión de su anterior comparecencia. No se encuentra delante del toro y se le nota bastante. Al segundo lo llevó bien al caballo con un galleo por chicuelinas, pero en la muleta se mezclaron sus dudas y un toro que fue perdiendo clase y aquello no dio casi nada de sí. El quinto, sin embargo, fue un gran toro, que iba de largo y metía muy bien la cara. Juan Bautista no se acopló. No es fácil que te salga un toro así. Y que te salga en Madrid es casi imposible. Cuando uno está luchando por hacerse un hueco (si es que Juan Bautista está en ello, que parece que sí), no puede desperdiciarlo. Porque hacerlo puede pasar factura.
Morenito de Aranda, por su parte, demostró su clase en momentos aislados en su primero, un toro flojo y sin transmisión. Pero con el sexto, un toro exigente pero al que se le podían sacar cosas de interés, no se acopló. Cierto es que no es fácil imaginar una lidia más desordenada y un tercio de varas más desastroso. Pero aún así, el de Aranda debería haber logrado que el toro no le enganchara siempre en la faena de muleta. Porque el toro tenía interés y hubiera permitido un mayor lucimiento.
Una corrida para la esperanza del nuevo ganadero, que tiene una responsabilidad importante para mantener y acrecentar el legado de varias generaciones de criadores de bravo.
Una tarde para la reflexión de tres toreros que deben decidir qué quieren hacer en esto. Porque los tiempos no están, ni en el toreo ni en la vida, para hacer cosas a medias.
jueves, 12 de mayo de 2011
Madrid (12 de mayo de 2011) - Incomprensible
Lo de la "afición" hoy me ha resultado un punto incomprensible (siendo generosos: estamos a comienzos de la Feria y mejor ser templados). No entiendo por qué esas broncas a Rafaelillo (que ha estado mal con los aceros, pero tampoco para que la tomen con él como lo han hecho). Por qué esas ovaciones a unos toros que eran pura fachada, que no han embestido hacia adelante ninguno, sin bravura, sin codicia, que sólo se han defendido,...
Sin duda, la de hoy es una forma de entender la tauromaquia. La del "ay". Yo prefiero la del "olé". Pero aún así, entiendo que puede haber corridas duras, toros que aprendan, que haya que hacerles las cosas muy bien, que exijan del torero colocación y temple, aguantarle los parones,... Toros que se arranquen al caballo desde lejos y que empujen abajo. Pero es que lo de hoy no ha sido nada de eso. Los toros sólo se defendían, no tenían codicia, rebañaban desde el principio, cabeceaban buscando la presa. Y no, eso no es un toro bravo. O, al menos, no es lo que yo entiendo por un toro bravo.
Frente a oponentes así, los toreros tiene mucho mérito. Y para mí, Rafaelillo, Robleño y Alberto Aguilar lo han tenido. Con aciertos y fallos (sobre todo con la espada), pero con dignidad siempre. Lo mejor, el recibo de capa de Robleño al segundo: excepcional y con muchísimo gusto. Lo peor, una lidia manifiestamente mejorable por parte de los de a pie y una excesiva dureza en general de los del castoreño (aunque más de un bronca que se han llevado tampoco ha tenido, a mi juicio, justificación).
Corridas así es mejor que se acaben pronto. Y a las nueve menos cuarto estábamos saliendo. Eso que llevábamos ganado.
Sin duda, la de hoy es una forma de entender la tauromaquia. La del "ay". Yo prefiero la del "olé". Pero aún así, entiendo que puede haber corridas duras, toros que aprendan, que haya que hacerles las cosas muy bien, que exijan del torero colocación y temple, aguantarle los parones,... Toros que se arranquen al caballo desde lejos y que empujen abajo. Pero es que lo de hoy no ha sido nada de eso. Los toros sólo se defendían, no tenían codicia, rebañaban desde el principio, cabeceaban buscando la presa. Y no, eso no es un toro bravo. O, al menos, no es lo que yo entiendo por un toro bravo.
Frente a oponentes así, los toreros tiene mucho mérito. Y para mí, Rafaelillo, Robleño y Alberto Aguilar lo han tenido. Con aciertos y fallos (sobre todo con la espada), pero con dignidad siempre. Lo mejor, el recibo de capa de Robleño al segundo: excepcional y con muchísimo gusto. Lo peor, una lidia manifiestamente mejorable por parte de los de a pie y una excesiva dureza en general de los del castoreño (aunque más de un bronca que se han llevado tampoco ha tenido, a mi juicio, justificación).
Corridas así es mejor que se acaben pronto. Y a las nueve menos cuarto estábamos saliendo. Eso que llevábamos ganado.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Madrid (10 de mayo de 2011) - Para abrir boca
Lo mejor estuvo por la mañana, en la presentación de "Plaza de Toros". Todas las intervenciones (Carlos Abella, Luis Alberto de Cuenca, Pablo Pámpano y José María) tuvieron un altísimo nivel y dejaron buen sabor de boca en la audiencia.
Por la tarde, los toros de Valdefresno tuvieron falta de fuerza y bastante mansedumbre pero, en distinta medida, dejaron estar.
Juan Bautista no estuvo especialmente decidido y animoso, tal vez por la reciente muerte de su abuelo. Pero pareció que sus toros podrían haber dado algo más de sí.
Igual que los de Tejela, que sólo al final de la faena al quinto dio la impresión de tener ese coraje que hace falta para salir de ese sí pero no (o no, pero parece que puede ser) en el que nos deja casi siempre. Eso sí, la estocada al quinto fue impresionante.
Luque es el que vino con más brío de los tres. También, probablemente, el que más haya toreado esta temporada. Dejó muestras de su buen concepto con el capote (aunque le falta aún algo de temple y torear algo más bajo) y de su pundonor. Tuvo el lote menos lucido y tampoco dio mucho más de sí.
Por lo demás, bastante calor y cosas a ratos de cierto interés. Hemos vivido comienzos de Feria mucho peores. También es cierto que era la primera. Después de muchas de estas seguidas no sé si los ánimos de la gente seguirán tan festivos.
Por la tarde, los toros de Valdefresno tuvieron falta de fuerza y bastante mansedumbre pero, en distinta medida, dejaron estar.
Juan Bautista no estuvo especialmente decidido y animoso, tal vez por la reciente muerte de su abuelo. Pero pareció que sus toros podrían haber dado algo más de sí.
Igual que los de Tejela, que sólo al final de la faena al quinto dio la impresión de tener ese coraje que hace falta para salir de ese sí pero no (o no, pero parece que puede ser) en el que nos deja casi siempre. Eso sí, la estocada al quinto fue impresionante.
Luque es el que vino con más brío de los tres. También, probablemente, el que más haya toreado esta temporada. Dejó muestras de su buen concepto con el capote (aunque le falta aún algo de temple y torear algo más bajo) y de su pundonor. Tuvo el lote menos lucido y tampoco dio mucho más de sí.
Por lo demás, bastante calor y cosas a ratos de cierto interés. Hemos vivido comienzos de Feria mucho peores. También es cierto que era la primera. Después de muchas de estas seguidas no sé si los ánimos de la gente seguirán tan festivos.
lunes, 9 de mayo de 2011
Mañana empieza San Isidro...

Y con él, un mes seguido de toros en Madrid y múltiples actos en torno a la Fiesta (más dispersos de lo que deberían, pero ese es otro cantar).
E igual que Bautista, Tejela y Luque rompen plaza por la tarde, el amigo José María Jurado (poeta y cobloguero), Pablo Pámpano (ganador del concurso de carteles de este año en Las Ventas) y yo mismo abrimos por la mañana a las 12:30h. la sucesión de actividades culturales coincidentes con la Feria con la presentación del Libro "Plaza de Toros".
Bueno, nosotros vamos también, pero va sobre todo Luis Alberto de Cuenca, uno de los mejores poetas españoles actuales, que ha sido Secretario de Estado de Cultura y Director de la Biblioteca Nacional (ahí es ná). Y Carlos Abella, gerente del Centro de Asunto Taurinos de la Comunidad de Madrid, que demuestra un notable interés por la vertiente cultural de la tauromaquia, como demuestra el reciente reportaje de la revista Taurodelta.
Allí nos vemos.
Madrid (7 de mayo de 2011) - Esto no
El cartel del sábado de esta insólita pre-feria era extraño porque sí (toros del Conde de la Corte para Encabo, Rafael de Julia y Pepe Moral, que confirmaba alternativa).
Durante la mañana llovió de forma desaforada, pero poco antes de la hora de la corrida escampó y el festejo pudo celebrarse. Para nada, o para casi nada.
Los toros dieron un juego nulo y frente a ellos, sólo Pepe Moral mostró una disposición absolutamente bárbara, que justifica, por sí sola, un cartel en el que los toros den alguna posibilidad.
Encabo y de Julia, nada. Los toros lo hicieron imposible y ellos tampocos hicieron la machada de Pepe Moral (algo que, por otro lado, tampoco resulta criticable).
Con toros así es ridículo defender la Fiesta, la tauromaquia, ni nada que se le parezca. Es imprescindible casta, de la buena, movilidad, nobleza y bravura. Lo otro, la "presencia" y la longitud de los pitones es mentira, no sirve para nada. Y si no, que se lo digan a los "buenos aficionados" que aplaudieron de salida al tercero y luego tuvieron que comerse la vergüenza de esas palmas. Era un trampantojo de toro, pura fachada, todo falso.
Yo me quedo con Núñez del Cuvillo, con Garcigrande o con Daniel Ruiz que, al cabo, es lo que ha permitido ver torear en Sevilla. Eso es torismo (del de verdad). Lo otro, cuentos chinos.
Durante la mañana llovió de forma desaforada, pero poco antes de la hora de la corrida escampó y el festejo pudo celebrarse. Para nada, o para casi nada.
Los toros dieron un juego nulo y frente a ellos, sólo Pepe Moral mostró una disposición absolutamente bárbara, que justifica, por sí sola, un cartel en el que los toros den alguna posibilidad.
Encabo y de Julia, nada. Los toros lo hicieron imposible y ellos tampocos hicieron la machada de Pepe Moral (algo que, por otro lado, tampoco resulta criticable).
Con toros así es ridículo defender la Fiesta, la tauromaquia, ni nada que se le parezca. Es imprescindible casta, de la buena, movilidad, nobleza y bravura. Lo otro, la "presencia" y la longitud de los pitones es mentira, no sirve para nada. Y si no, que se lo digan a los "buenos aficionados" que aplaudieron de salida al tercero y luego tuvieron que comerse la vergüenza de esas palmas. Era un trampantojo de toro, pura fachada, todo falso.
Yo me quedo con Núñez del Cuvillo, con Garcigrande o con Daniel Ruiz que, al cabo, es lo que ha permitido ver torear en Sevilla. Eso es torismo (del de verdad). Lo otro, cuentos chinos.
sábado, 7 de mayo de 2011
Recuerdos de un Torero
La Isla de Siltolá acaba de publicar en su colección "Levante" Recuerdos de un Torero, las memorias de ese gran banderillero que fue Andrés Luque Gago, el primer hombre de plata que se cortó la coleta, como un torero, en la Maestranza de Sevilla. En la ceremonia intervino Rafael de Paula en cuya cuadrilla iba y del que fue incluso apoderado por un tiempo. En el último par de banderillas que puso había sonado la banda del Maestro Tejera.
Se escribe poco de los hombres de plata o de azabache y, cuando se hace, se acude al tópico, el torero "subalterno", jornalero de la muerte, envejeciendo en el ruedo mientras los matadores pasan como meteoros. Sin embargo, constituyen la entraña de esta profesión, saben más que nadie, han visto todos los toros, todos los toreros.
Las memorias de Andrés Luque Gago abarcan la edad de platino del toreo: cuentan la historia de un muchacho que escuchaba arrobado hablar de toros al Gallo y a Belmonte, Joselito siempre al fondo, en los cafés de la Sevilla de posguerra; los tentaderos de los años cuarenta, con la presencia inmanente de Manolete; sus inicios como novillero de la mano de su tío Andrés Gago un importante apoderado que lo fue, nada menos, que de Carlos Arruza; y su larga vida como banderillero junto a Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordoñez, Antonio Bienvenida, Rafael de Paula, Antoñete o el malogrado Paquirri.
Abruma la nómina de matadores, Andrés Luque Gago es pura historia de la tauromaquia, no es frecuente el caso de que un torero de plata consigne su vida, una vida que en los ruedos ha visto a las máximas leyendas del toreo moderno.
Y lo que más abruma es la humildad de este torero, no quiso tomar la alternativa porque comprendió que no tenía cualidades para ser matador, porque quizá su tío se lo había puesto muy fácil y tenía (entonces, que no ahora) -afirma- poca afición. Hay que ser muy grande para decir eso. Además debemos destacar su excelencia, su trabajo siempre orientado hacia el triunfo de su matador, para que el torero de oro brille, estando al quite, siempre en el perfecto segundo plano. Y la gran camaradería y respeto por sus compañeros, para quienes tiene, sin excepción, siempre palabras nobles y leales.
Se completa el libro con un excelente aparato gráfico en el que descubrimos, para nuestro asombro que este gran torero de plata es el hombre que va detrás de las figuras en las gloriosas fotografías de la tauromaquia que todos conocemos: sin él tampoco hubieran sido posible esas tardes de gloria, la retirada de Bienvenida, las vueltas al ruedo de Dominguín (incluida la corida en el Belgrado de la Yugoslavia de Tito), los triunfos de Ordoñez, la gracia de Rafael.
Lo leí el viernes por la mañana, de un tirón, y luego por la tarde fui a la Maestranza, donde triunfó nuevamente Manzanares, pero también la cuadrilla de Manzanares y disfruté como nunca del toreo de plata, de la lidia, de la brega, gracias al libro de Andrés Luque Gago que me ha hecho reflexionar (mucho) sobre el toreo de plata, sobre el toreo de azabache, materiales tan nobles o más que el oro.
domingo, 1 de mayo de 2011
La visita del dios
Hoy ha bajado el dios Apolo a la Plaza de Sevilla.
La ciudad es atlántica: excesiva, barroca, caribeña, de aquí partían los galeones a las Indias y por eso quiere perderse siempre en el bucle de las grandes olas oceánicas, en la verónica morada de Julio Aparicio, en la verónica y media de Morante que llega por el río de la Puebla hasta la Habana vieja, de tabaco y oro.
Porque la Maestranza es un viejo galeón henchido de tesoros, varado en el río de la Plata o en el viejo San Juan de Puerto Rico siempre bajo el borrascoso huracán de la primavera que hace florecer las tropicales palmas de El Dorado.
Pero hay en la ciudad de Sevilla una raíz más antigua, de Roma y, más aún, de Grecia, un sustrato más hondo que aparece cada primavera en el Partenón de plata de los pasos de palio y que da la medida justa, la razón áurea de sus plazas y calles, de sus patios. Un orden clásico que busca serenamente el equilibrio, la mesura, la elegancia.
La Maestranza es también un templo asomado al azul del Egeo, un Palacio de Cnossos, un laberinto de Creta circundado por el dórico óvalo de las columnas toscanas que consulta en chiqueros al viejo oráculo de Delfos, el que tañe la cítara en las astas del toro.
Hoy ha bajado Apolo a la Plaza de Sevilla investido de azul y oro, que son los colores del Mare Nostrum que aplaca las hogueras de Alicante. Cuando amainó el temporal vino por el cielo ateniense de la tarde, por la Puerta Principesca de los prodigios sobre un carro de fuego.
El Mar Mediterráneo embiste muy despacio, muy suave y no se para nunca, repite una y otra vez sobre la arena dorada de una playa de albero. El dios está jugando con el mar, Apolo con Neptuno, y cada pase tiene la lentitud de los siglos, el dactílico ólee del hexámetro de Homero.
Hemos visto la eternidad, la verdad y la belleza, los prodigios no se miden por su fuerza, la lentitud y la entrega de un toro mitológico no merecen la muerte, hay que alejar el carcaj y el tridente, debemos ver el eterno retorno del mundo antiguo, el regreso del Hades. Sabernos inmortales, merecedores de indulto por razón de belleza.
El creador lo es porque regala la vida, no busquéis más razones, pues que las habéis visto en el redondo compás donde el tiempo de Einstein no halla una ecuación que explique el milagro de ver la luz parada y las olas que embisten llamadas por el dios. El temple no es sino la forma eterna del tiempo, cuando muere el cronómetro y se aviva la gracia.
Hoy ha bajado el dios Apolo a la Plaza de Sevilla, el guardián de las musas que bailaban en corro alrededor de la Maestranza, las nueve hijas de Mnemósine, diosa de la Memoria que dará eternidad a esta tarde griega de Sevilla.
Apolo, al que otros llaman José María Manzanares.
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