sábado, 7 de mayo de 2011

Recuerdos de un Torero



La Isla de Siltolá acaba  de publicar en su colección "Levante" Recuerdos de un Torero, las memorias de ese gran banderillero que fue Andrés Luque Gago, el primer hombre de plata que se cortó la coleta, como un torero, en la Maestranza de Sevilla. En la ceremonia intervino Rafael de Paula en cuya cuadrilla iba y del que fue incluso apoderado por un tiempo. En el último par de banderillas que puso había sonado la banda del Maestro Tejera.

Se escribe poco de los hombres de plata o de azabache y, cuando se hace, se acude al tópico, el torero "subalterno", jornalero de la muerte, envejeciendo en el ruedo mientras los matadores pasan como meteoros. Sin embargo, constituyen la entraña de esta profesión, saben más que nadie, han visto todos los toros, todos los toreros.

Las memorias de Andrés Luque Gago abarcan la edad de platino del toreo: cuentan la historia de un muchacho que escuchaba arrobado hablar de toros al Gallo y a Belmonte, Joselito siempre al fondo, en los cafés de la Sevilla de posguerra; los tentaderos de los años cuarenta, con la presencia inmanente de Manolete; sus inicios como novillero de la mano de su tío Andrés Gago un importante apoderado que lo fue, nada menos, que de Carlos Arruza; y su larga vida como banderillero junto a Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordoñez, Antonio Bienvenida, Rafael de Paula, Antoñete o el malogrado Paquirri.

Abruma la nómina de matadores, Andrés Luque Gago es pura historia de la tauromaquia, no es frecuente el caso de que un torero de plata consigne su vida, una vida que en los ruedos ha visto a las máximas leyendas del toreo moderno.

Y lo que más abruma es la humildad de este torero, no quiso tomar la alternativa porque comprendió que no tenía cualidades para ser matador, porque quizá su tío se lo había puesto muy fácil y tenía (entonces, que no ahora) -afirma- poca afición. Hay que ser muy grande para decir eso. Además debemos destacar su excelencia, su trabajo siempre orientado hacia el triunfo de su matador, para que el torero de oro brille, estando al quite, siempre en el perfecto segundo plano. Y la gran camaradería y respeto por sus compañeros, para quienes tiene, sin excepción, siempre palabras nobles y leales.

Se completa el libro con un excelente aparato gráfico en el que descubrimos, para nuestro asombro que este gran torero de plata es el hombre que va detrás de las figuras en las gloriosas fotografías de la tauromaquia que todos conocemos: sin él tampoco hubieran sido posible esas tardes de gloria, la retirada de Bienvenida, las vueltas al ruedo de Dominguín (incluida la corida en el Belgrado de la Yugoslavia de Tito), los triunfos de Ordoñez, la gracia de Rafael.

Lo leí el viernes por la mañana, de un tirón, y luego por la tarde fui a la Maestranza, donde triunfó nuevamente Manzanares, pero también la cuadrilla de Manzanares y disfruté como nunca del toreo de plata, de la lidia, de la brega, gracias al libro de Andrés Luque Gago que me ha hecho reflexionar (mucho) sobre el toreo de plata, sobre el toreo de azabache, materiales tan nobles o más que el oro.

1 comentario:

Lorenzo Clemente dijo...

Muchas gracias por la recomendación y la reseña, José María, y enhorabuena a Siltolá por publicar obras como esta.

Hay que reivindicar efectivamente la lidia como elemento fundamental de la Fiesta (Manzanares lo ha evidenciado, como tantas cosas). Y estos personajes, como un elemento esencial de ese peculiar modo de vivir que es la tauromaquia.