domingo, 15 de mayo de 2011

Madrid (14 de mayo de 2011) - Sorpresas

La tarde se puso como para no haber ido. Fea en lo climatológico y absurda en el cartel. Sin embargo, como casi siempre, la pasión nos pudo y allí que nos plantamos.

Lo bueno de que se pudieran devolver entradas es que uno podía devolver la de tendido y sacarse una de grada para no tener que mojarse más que por dentro. Una vez más, se evidencia la importancia de que se instale algún mecanismo para cubrir la plaza (si es desmontable, mejor). No tiene sentido que la gente tenga que aguantar la que pasó ayer en los primeros toros. Ni que los toreros se mojen de esa forma. Eso sí, se demostró una vez más que el drenaje de la plaza es magnífico; no sé a quién hay que felicitar, pero desde aquí mis parabienes por esa obra de ingeniería que consigue que aquello embeba de forma continuada el agua y prácticamente se seque desde que deja de caer agua. Un diez.

Había dos toreros que tenían que ser sustituidos: Curro Díaz y Leandro. Entraron Iván Fandiño y Uceda Leal, los dos con méritos más que sobrados por la actuación el dos de mayo (el primero) y por la oreja conseguida el día anterior (Uceda). Pero lo cierto es que, después de estas sustituciones, el cartel quedaba manifiestamente extraño. Porque dos toreros de pellizco había sido sustituido por otros dos de estilos muy diferentes. Y cada cartel, cada tarde, tiene que propio discurso interno, un hilo que debe tratar de no romperse ni enredarse. Aún cuando los partes médicos obligan a ello. No discuto para nada la justicia de dar entrada a Fandiño y a Uceda. Lo que pido es que se reflexione sobre si lo único que deben contar son los triunfos en tardes anteriores.

Los astados eran de una ganadería (El Montecillo) que lidiaba su primera corrida de toros. Aunque esto es algo equívoco, ya que los toros son de Paco Medina, ganadero que después de colocar la ganadería de El Ventorrillo como una de las más interesantes de los últimos años, la vendió, quedándose, al parecer, con parte de los animales o de su material genético. Por lo que realmente lo que se lidió fue El Ventorrillo 2. Que dio un resultado desigual, pero de buena nota media.

En cuanto a los toreros, las reflexiones son similares a las de la corrida del viernes, con un cierto atisbo de esperanza en lo que se refiere a Iván Fandiño.

Uceda estuvo como el día anterior. Con detalles de gusto, sobre todo en su primero. Alguna serie de mucho gusto y temple. Pero sin romperse del todo. Series cortas. Sin dar el paso de rotundidad que imaginamos y siempre nos falta. A punto estuvo de cortar una oreja en ese primero, del que también hay que destacar el mérito que tuvo en medio del agua que estaba cayendo.

Iván Fandiño toreó en el segundo mucho mejor de lo que estábamos acostumbrados a verle. Hubo pasajes de toreo caro y un final por bernardinas realmente impactante por su valor, la cercanía y la verdad. Oreja ganada a ley. Salió a por todas en el quinto, pero el animal no permitía el lucimiento y no pudo sino dejar constancia de sus ganas y de que, él sí, quiere pisar a fondo el acelerador. Así se tiene que estar si se quiere uno hacer un hueco. A estos es a los que hay que hacérselo, en tanto sigan así.

Todo lo contrario de Tendero, al que vimos sin sitio, tanto en el parado tercero como en el sexto, un toro de mejor condición que pareció tener más juego del que extrajo el de Albacete. Una pena (al fin, sobre todo para él).

La gente salió hablando de Fandiño, de lo que había cambiado el tiempo y de cómo vendría hoy Morante...

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