domingo, 22 de mayo de 2011

Resumen semanal (16 al 21 de mayo de 2011)

Como ya comenté la tarde del cabreo, razones laborales me impiden sacar un rato para contar cada noche lo que está pasando en la plaza. Pero no por ello quería dejar de compartir, siquiera a modo de resumen, algunas consideraciones sobre lo que ha sucedido en la que era, a priori, la semana grande de la Feria.

Lo primero que hay que destacar es que ha sido una semana de triunfos, donde todas las tardes hemos visto cosas muy interesantes, hemos visto toreo del bueno.

Triunfos, además, que han traspasado el ámbito de lo taurino y han tenido una cierta relevancia en los medios generalistas, algo que siempre es importante, pero que en una época como esta es esencial. Hacía mucho tiempo que la gente no preguntaba fuera de los toros por lo que había pasado en Las Ventas y esta semana gente que no es aficionada, que no va por la plaza, me ha preguntado varias veces por Talavante y por Manzanares.

Los toros, por el contrario, han defraudado. Después del fiasco del domingo 15, a Cuvillo se le miraba con lupa y sólo pasaron el reconocimiento cuatro toros, remendándose la corrida con dos de Ortigao Costa, grandones y bastos que desbarataron lo que debía haber sido una tarde aún más importante. Igual que la tarde del viernes 20, en las que los toreros salieron a por todas (Talavante y Manzanares querían medirse después de que ambos hubieran salido en su anterior comparecencia por la Puerta Grande y Castella venía arreando), pero el baile de corrales tiró por la borda todas las ilusiones, o cuando menos el 50%, ya que los tres últimos toros algo dejaron hacer. Insisto en que me parece lamentable que en una plaza como ésta un ganadero (Garcigrande) traiga catorce toros y no se le apruebe ninguno. O nadie había ido al campo, o habían ido sólo a comer y a beber. Una cosa es que los toros no se reconozcan en el campo y otra que no se pueda saber si la corrida es o no para Madrid y si tiene o no arreglo con otros toros que haya en la finca. El remiendo de Juan Pedro demostró que lo de Parladé está escasito de presencia y de fondo, pero que lo de Juan Pedro (salieron dos de este hierro) ha tenido una evolución muy interesante.

Centrándonos en las corridas de toros, la del martes tuvo un nombre: Talavante, que en su tercero dio un auténtico recital de toreo al natural templado, hondo y personalísimo. Toreó también bien de capa y recetó una estocada magnífica. En el sexto de la tarde la faena fue más irregular, aunque con destellos de interés. Esa tarde el Cid estuvo mal, muy mal, sin paliativos, con un toro (el primero) de gran calidad y otro (el cuarto) al que le picaron por dos y aún así demostró clase. Perera tiene ganas, pero se le ve algo falto de sitio y empeñado en que los toros embistan como él quiere para hacer su faena, y no la de cada astado. Aun así, tuvo el peor lote de la tarde. De los toros del Ventorillo, los hubo de distinta nota, pero fue un encierro con algunos de interés, destacando el primero y el tercero (al que, por cierto, se le picó muy poco y aquí residió posiblemente, una de las razones del éxito de Talavante).

El día 18, sufrimos el remiendo de la corrida de Cuvillo con dos de Ortigao. El primero de estos le correspondió a Juli, un toro sin fuerza con el que poco pudo hacer. Con el cuarto de Cuvillo, Juli estuvo técnico y profundo en una faena con momentos de muchísimo interés. Hubo derechazos arrastrando toda la muleta. Es difícil torear más bajo y más templado. Castella no tuvo especial suerte en el sorteo, pero tampoco mostró estar en el mejor de sus momentos, algo que cuando se torea con el Juli y Manzanares, que sí lo están, se nota mucho. Su primero fue un toro muy protestado y el viento le molestó, hay alguna serie de más interés, pero no construye una faena con interés. Tampoco se acopló con el quinto bis, de Carmen Segovia, en un trasteo que pasó sin pena ni gloria. Pero la tarde fue de Manzanares, que en su primero se vio muy molestado por el viento, pero dejó algún muletazo con un gusto extraordinario y una estocada magnífica. Además de permitirnos disfrutar nuevamente de una lidia perfecta de su cuadrilla. El lío vino en el sexto, un toro al que cuajó tandas sensacionales con la derecha de toreo largo y muy hondo y una serie al natural de muy buena nota. Toreo estético, de series con muchos muletazos y una personalidad única. Es cierto que no siempre estaba cruzado y que había cierta distancia entre el toro y él, pero es que esto es imprescindible si uno quiere dar series largas y no “dos y el de pecho” como es costumbre últimamente. Para rematar, se llevó el toro a los medios y le recetó una estocada recibiendo que queda para los anales de la plaza.

El jueves 19 vivimos una paradoja que viene siendo habitual en los últimos años. Por la mañana se colocó en el patio de arrastre el azulejo que conmemoraba la mejor corrida de la feria del año anterior (Puerto de San Lorenzo) y por la tarde esa misma ganadería dio un petardo. Ya ocurrió otros años con Peñajara y otros. El ganadero al que nombren triunfador este año (si no queda desierto el asunto…) que se lo piense. Avisado está. Las pocas posibilidades de la corrida sólo sirvieron para comprobar que el Cid sigue ahí, que Perera está con unas ganas impresionantes (y con momentos muy buenos) y que Luque torea cada vez mejor con el capote, pero entre sus cosas y los sorteos no acaba de rematar una faena con la muleta. La faena del Cid al primero pasó sin más; no así la del cuarto en la que dio unas series al natural realmente excepcionales. Toreo al natural que ya le hemos visto, aunque hacía tanto que casi lo habíamos olvidado. Se tiró a matar con mucha fe y enterró la espada… Esperemos que esto sea sólo el principio de cómo vuelve por sus fueros el de Salteras. Perera hizo una faena de menos a más al segundo, pese al cachondeo de los mismos de siempre a los que ya nos hemos referido y que le costó esa fea voltereta. En el quinto también dejó momentos de interés, pero sin acabar de rematar (en parte importante por el toro, tal vez en parte porque le falte algo de sitio). Lo de Luque queda dicho: gran toreo de capa y menos rotundidad con la muleta.

La corrida del viernes 20 la desbarató el baile de corrales. Los tres primeros de Parladé no sirvieron. Con el cuarto, primero de los de Juan Pedro, Castella toreó muy bien con el capote y cortó una oreja por una faena irregular con la muleta: hubo series de interés, pero no el acople y la rotundidad que, a nuestro juicio, el toro permitía. El otro de Juan Pedro le correspondió a Manzanares, que lo toreó a placer. Primero, exquisito con el capote, en verónicas y delantales de ensueño. Lidia perfecta, como siempre, y faena rotunda con ambas manos, tanto en redondo como al natural, cuajando series poderosas y grandes de verdad. Volapié inapelable. Y la sensación para alguno de que, a pesar de que los trofeos indiquen lo contrario, posiblemente esta faena fuera más redonda que la del miércoles. A Talavante le tocó como sexto un manso de Parladé al que, después de diversas probaturas, se llevó a chiqueros, donde a base de tesón y de técnica consiguió sacarle tandas al natural que nadie hubiera imaginado que tuviera aquel animal. Naturales largos, lentos y grandiosos. Faena de gran nivel que se quedó sin trofeo por el mal uso de la espada.

La corrida de rejones del sábado deja a Ventura como triunfador numérico con dos faenas importantes y espectaculares. Pablo Hermoso también estuvo muy bien: es el maestro y el que ha creado las reglas del rejoneo actual. Y aunque no esté tan en forma como hace cuatro o cinco años y a veces falle con el rejón de muerte, sigue teniendo una monta y una pureza excepcionales. Además, sus toros tuvieron un punto de dificultad que sólo su maestría es capaz de convertir en faenas como las que hizo. Bohórquez estuvo clásico y sin estridencia en su primero y francamente desacertado en el cuarto.

Y dejo para el final la novillada. Una novillada interesantísima y encastada, que dejó una cornada a Jiménez Fortes, que antes había toreado realmente bien con el capote. El sexto fue mejor y más noble. A Manuel Larios se le nota su falta de oficio y de festejos, aunque tiene disposición. Y Víctor Barrios dejó pasajes de interés en sus dos faenas y se le nota más placeado.

(Si alguien ha llegado hasta aquí, se lo agradezco. Perdón por la extensión, pero mejor así a que estos apuntes quedara en el olvido…)

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