lunes, 16 de junio de 2008

Tolstoi y José Tomás


En su CONFESIÓN, (que el lector puede encontrar en una reciente traducción de la Editorial Acantilado), Tolstoi repasa los motivos que lo llevaron al ateísmo primero de su juventud y después a una crisis de angustia a los 50 años que lo puso al borde del suicidio; y cómo salio de ésta y regreso a la Ortodoxia para finalmente llegar a la pureza evangélica sin ataduras clericales en su vejez.

En este monumento del estudio de la condición personal, por el maestro que fue capaz de pintar todas las pasiones humanas (Guerra y Paz, Ana Karenina, Sonata Kreutzer...), muchos pueden encontrar un interesante autoanálisis que viene al caso por la gesta trágica protagonizada por JT.

Según Tolstoi, más pronto que tarde las personas de cierta formación alcanzan la conciencia de que la vida es un absurdo, que se mire por donde se mire carece de sentido vivir y que lo procedente es quitarse de en medio.

Ante esta actitud, y tras revisar las posiciones de Sócrates o Buda, llega a la conclusión de que la única forma de vivir es negar la vida y existen 4 posturas adoptables:

1. Vivir en la ignorancia. Como el niño o el joven. Pero, claro, cuando se ha sabido, no se puede ignorar que se sabe que “esto” –la vida- es un absurdo.

2. Entregarse, esta es la más habitual, al hedonismo y postergar el momento en que la muerte cumpla su voluntad, pero en definitiva da igual qué placeres se busquen porque, también más pronto que tarde, concluye el espectáculo.

3. Suicidarse, que en principio parece la actitud más honrada de quien descubre el absurdo y se va, sin más contemplaciones.

4. Vivir angustiado, con la permanente idea del suicido o rodando entre las posturas 1 a 3, sin conclusiones.

La postura 4 fue la de Tolstoi hasta que se percata del error de su razonamiento (tras revisar las ciencias experimentales y sociales) y comprender que ha contrapuesto lo finito a lo finito excluyendo lo irracional de su análisis.

Así se da cuenta de que la razón conduce a la negación de la vida, cuando es de la vida que procede la razón.

A partir de ahí camina hacia lo irracional, lo ininteligible, asumiendo que el "pueblo sencillo" -que son la mayor parte de los hombres- no realiza estas exégesis y vive hacia lo infinito.

¿Cómo? Sólo por la fe, esto es, sólo la fe da vida. Entendiéndose como tal no una adscripción a algo litúrgico (como era la mayoría entonces y ahora, aunque no lo parezca) sino la opción que excluye las otras cuatro, la que no se puede pensar.

JT ha dicho que vivir sin torear no es vivir plenamente.

¿En qué postulado, tras la trágica imagen de desangrado épico del domingo, se encuentra JT?

Curiosamente aunque la inmediata respuesta parezca la 3 o aún la 4 o la 2 (¿no estaba leyendo "Ahora vas entender de vinos"), posiblemente esté en el camino de Tolstoi.

JT aunque no pase por la capilla, tiene una fe extraña -que desde luego no es la mía-, pero que no sé qué es y que subyuga. En la plaza se produce la “religio”, y si el no tiene la fe de lo irracional, al menos la despierta.

Ante la extraña ética de atropellar la razón, discúlpenme estas digresiones.

Pero es que se me hace muy difícil entender y sufrir la imagen que copio del EL PAÍS…

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