martes, 24 de junio de 2008

Adrián Gómez

Cuando uno lee noticias como la de la cogida de Adrián Gómez se le encoge el ánimo y la afición flaquea.

Adrián acompañaba habitualmente a el Fundi como tercero, pero en el festejo celebrado ayer en Torrejón de Ardoz (Madrid) iba en la cuadrilla del novillero Miguel Luque. Uno de los novillos le prendió y al caer al suelo se golpeó la cabeza con tan mala fortuna que ha sufrido una lesión probablemente irreparable (triple fractura cervical y médula diseccionada). Aunque continúan los análisis y las operaciones es más que probable que quede tetrapléjico.

Acostumbramos a glosar el triunfo, a criticar el comportamiento de los toros o la predisposición y el conocimiento de los toreros… Nos atrevemos incluso a insistir en la necesidad de una mayor exposición. Y alabamos a quienes, como JT el pasado día 15 en Madrid, se juegan la vida de forma transparente.

Pero, ¿qué sucede cuando el riesgo se convierte en tragedia? ¿Puede tener sentido exponer la vida de este modo?

Este, y no otro, es el único debate ético de la tauromaquia. Porque la vida y la integridad de un hombre, de cada hombre, es única. Sagrada.

Mis mejores deseos para Adrián. A quien no conozco, ni recuerdo su nombre en los programas de mano,… Quien de otro modo tal vez nunca hubiera aparecido en este blog. Pero cuyo recuerdo me ha causado el dolor más grande de todos los que han comparecido desde el inicio de nuestra andadura.

Esperemos que la realidad mejore los pronósticos. Y que reciba toda la ayuda posible de sus compañeros. Si los aficionados podemos hacer algo, que me vayan apuntando en la lista.

1 comentario:

José María JURADO dijo...

En la Fiesta, hasta que el drama no se manifiesta, parece que se olvida. Y, además, parece que tiene que manifestarse en los hombres de luz, ¡pero qué sería de nosotros sin la plata!
Yo también me apunto, estos se ñores se juegan la vida (la vida, conviene recordarlo) para nuestra felicidad.
Y no importa toro grande o chico, novillo o vaquilla, plaza de tentadero o de primera, si el ángel de los toreros no hace el quite...
Tenía pensado en breve poner una Oración del Torero parafraseando un poema de Eliot, tu entrada me parece tan emocionante que la dejaremos varios días y luego se la dedicaremos a él.
Yo también me apunto, como sea.
Y efectivamente, el dilema ético es este: gracias por recordarlo, Lorenzo.