domingo, 15 de junio de 2008

Madrid (15 de junio de 2008) - La otra cara

Hoy ha tocado la otra cara de José Tomás. La del valor y el orgullo torero. La de quien no se deja ganar la pelea. La de quien asume que si ha generado expectación (y la de hoy era única) hay que responder en el ruedo a carta cabal.

Hoy no hemos visto series largas y templadas, quites vistosos y remates profundos. Hoy hemos visto a un tipo jugarse la vida sin aspavientos ante dos oponentes que no tenían casi nada que torear.

Muchos han pasado miedo, mushhhho miedo. Y probablemente era la primera vez en su vida que lo pasaban en una plaza de toros, lo cual resulta bastante inverosímil. José Tomás hoy ha demostrado que si hubiera diez o quince toreros que entendieran la tauromaquia de un modo parecido, los toreros no dejarían de acaparar las portadas de los diarios de aquí y del mundo entero. ¡Esto sí es de verdad! Y no porque lo que hacen otros no lo sea, sino porque de este modo, el ritual de la vida y la muerte está siempre presente. Y el riesgo aparece seal cual fuere el toro que sale por chiqueros.

De esta forma no se pueden torear ochenta o cien corridas. Pero probablemente si se redujera de forma bárbara el número de festejos para darle prestancia a cada uno de ellos, se podría captar mejor el sentido profundo del rito. Uno (espectador, torero o ganadero) no puede ir a la plaza sin que lo que suceda en el ruedo le remueva de forma profunda la conciencia. Y si lo hace, es que está ciego, se ha vuelto insensible o lo que está observando es pura pantomima.

Los toros de hoy han sido malos de solemnidad. Malos los de El Puerto (los tres primeros), los de Toros de Cortés (segunda marca de Victoriano del Río) que se han lidiado en cuatro y sexto lugar y el de El Torero (quinto bis, que salió en sustitución del devuelto de El Puerto). Insufrible baile de corrales que impide apreciar hechuras, comparar comportamientos, valorar en qué medida responden a su encaste,...

Con este material, el Fundi y Juan Bautista han hecho lo que se acostumbra en tardes así. Ponerse, intentarlo, justificarse y sacar poco en claro.

Lo mejor de el Fundi, el recibo de capa a sus dos toros, el soberbio quite por chicuelinas al primero de Bautista y el trasteo de muleta a su primero, al que ha aguantado bastante para conseguir sacarle un par de tandas buenas con la derecha. Faena pundonorosa y técnica, pero con transmisión justa a los tendidos, que ha rematado con estocada después de dos pinchazos. En su segundo, recorrió todos los terrenos de la plaza sin pocar sacar nada brillante en claro. Especialmente llamativo resultó el intento de quite al sexto, que le salió tremendamente embarullado, impropio de un torero con su experiencia.

Y Juan Bautista, salvo algún destello con la capa, no ha dejado casi ningún momento para el recuerdo, Tarde sosa, a juego con los toros que le han tocado en suerte.

Con parecidos toros (o peores), José Tomás ha cortado tres orejas. Y no ha salido por la Puerta Grande, sino por la de la enfermería. Y lo ha hecho a base de ponerse en un sitio imposible y de tener claro (y evidenciarlo a la concurrencia) que si el torero se empeña, el toro pasa.

Su primero fue un manso insufrible al que fue imposible torear de capa, pese a la insistencia del de Galapagar. Con la muleta, empezó rodilla en tierra marcando al toro un recorrido largo, pero el de el Puerto se fue a tablas junto a chiqueros y el torero fue allí a hacer su faena. Una faena pegado a tablas, sin sitio apenas para que pasara el toro, pero donde a base de insistir, era inevitable que el toro fuera y que pasara rozando a la vez con las tablas y con el torero. Consiguió templar algún pase, pero sobre todo consiguió emocionar y vencer al toro. Poderle. Dominarle con técnica y el arte que era posible... Después de pinchazo y estocada cortó una oreja que paseó por el anillo antes de ir a la enfermería completamente manchado por la sangre del toro a que le atendieran de múltiples contusiones (un par de volteretas que afortunadamente no le calaron incluidas).

En el quinto bis tampoco hubo suerte con la capa, pero sí pudimos ver dos magníficos puyazos y un extraordinario tercio de banderillas. Empezó con pases por bajo y sacó un par de series buenas con la derecha, con algún pase sensacional, lentísimo y arrastrado. Un trincherazo sublime. (Y la necesidad de aguantar a los listos de siempre diciendo dónde se tiene que colocar el torero. Tiene una guasa...). Al intentarlo con la izquierda, los pases salieron menos limpios y el toro se lo echó a los lomos, zarandeándole sin piedad. Se nota que sale dolorido. Aún así insiste con la derecha y saca algunas series más con una tranquilidad pasmosa. Las manoletinas del final fueron impresionantes de ejecución y ajuste. Y la estoca arriba, siendo nuevamente volteado. Recogió las dos orejas y atravesó el ruedo directo a la enfermería con varias cornadas. Sin mirarse. Como prueba de lo que acababa de pasar. Pero sin voceros ni pregones más allá de los veinticuatro mil espectadores que en pie le ovacionábamos y gritábamos "¡torero, torero, torero!"

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Como vaticinábamos ha sido en el Segundo Aviso... a mí, verlo así, y ya lo explicaré, no me gusta.