jueves, 6 de agosto de 2009

Huelva (3 de agosto de 2009) - Grandiosa

Las tardes de toros deben ser como la del lunes en Huelva: precedidas de una buena comida, de una amena tertulia y de unas copas que pongan en sazón el cuerpo y el espíritu. En compañía de buenos amigos y sin preocupaciones que impidan el disfrute pleno en la plaza. Con toros que embistan y con toreros que sepan y que quieran agradar (aunque en esto hubo matices: luego iremos a ello).

Nos costó llegar al Restaurante El Paraíso, pero era sin duda el sitio donde había que ir a comer antes de la corrida. Así lo atestiguan los personajes que andaban por allí y, sobre todo, los exquisitos platos de los que dimos cuenta (magníficas las gambas y las chirlas y sabrosísimo el arroz con bogavante). J. Rivero, a quien prácticamente iniciábamos en el rito tomasista, había elegido el sitio y nos lo devolvió con creces con su invitación y su presencia. Alberto, en dos tardes en Huelva, disfrutó de mejor toreo del que ha visto durante muchos años en los dos o tres festejos de cada San Isidro en Las Ventas. Y Beatriz se lo perdió… (habrá que empezar a pensar dónde remediarlo).

Los bajos de la Plaza de Toros de Huelva acogen diversos bares y establecimientos varios (desde un despacho de abogados hasta la carnicería donde venden cada día la carne de las reses lidiadas el día anterior). En un par de ellos, de claro ambiente flamenco, uno puede disfrutar de muy buen ambiente antes de entrar en el tendido. Así lo hicimos, redondeando un previo que hacía presagiar lo mejor.

Y fue lo mejor.

Sin duda, una de las tardes de toros más completas que hemos vivido en los últimos años.
Los toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados para una plaza de segunda, dieron un juego excelente, a excepción del quinto, un toro complicado, pero que nos permitió disfrutar con una enorme faena de poder de José Tomás.

El mejor lote, para mi gusto, fue el de Emilio Silvera. Y también fue el menos aprovechado, algo previsible teniendo en cuenta el tiempo que hacía que este hombre no toreaba. Lo de que José Tomás imponga siempre un torero por delante es lo que tiene: que de vez en cuando aparecen personajes que de otro modo sería imposible que torearan en los mejores carteles y con las figuras. Pero lo cierto es que el onubense estuvo digno y que sus paisanos lo acogieron con benevolencia y pidieron los trofeos con suma generosidad. A su primero lo recibió bien con el capote, dibujando un par de lances muy estéticos. Con la muleta, dibujó series con ambas manos, a media altura, acompañando la embestida del animal, al que no dominó en ningún momento. Pero tampoco se le vio desbordado (a veces nos conformamos con tan poco…). Después de un pinchazo y una estocada haciendo guardia (o “el municipal”, como se empeñaba en acotar el veterano aficionado que teníamos junto a nosotros en el tendido) le dieron una oreja a todas luces excesiva. El cuarto fue otro toro bravo, encastado, con el que también mostró disposición y al que también acompañó con la muleta, sin hondura y con algún desarme, pero sin rendirse, que ya es algo. Lo mejor, las manoletinas con las que acabó la faena, demasidado rápidas, pero ajustadas. Volvió a matar mal (pinchazo, media perpendicular y tres descabellos) y de nuevo el paisanaje reclamó y consiguió una oreja que le abría la puerta grande.

José Tomás nos brindó en sólo dos toros un compendio perfecto de su tauromaquia. La de la profundidad, hondura y belleza en el segundo, un gran toro, bravo y noble, de lo mejor que ha echado esta ganadería en las tardes que la hemos visto este año. Y la del poder y el estoicismo en el quinto, un toro complicado al que con total naturalidad, sin tremendismo, le hizo embestir, seguir los engaños, vaciar todas las embestidas que nadie más en la plaza hubiera imaginado.

La faena al segundo fue sencillamente genial. Grandísimas verónicas de recibo, absolutamente de cartel, lentísimas algunas, para que las cámaras pudiera retratar cada instante, cada vuelo de un recorrido perfecto. Se picó muy poco al toro y el de Galapagar le instrumentó un quite por chicuelinas de las que sobresalió la primera: ajustadísima, perfecta, un ejemplo sublime de cómo es el lance y por qué lo que tradicionalmente se entiende como un simple lance de recurso, puede convertirse en toreo fundamental. Con la muleta comenzó en el centro del ruedo, solo, por estatuarios. Inmóvil, girando sobre los talones y citando al toro desde gran distancia sin inmutarse lo más mínimo. Luego, toreo al natural largo, templado, sereno, hondo, tranquilo,… Variedad de remates y de recursos para rematar las series. Como con la derecha, bajando la mano, dibujando estéticamente el poder de la muleta que obliga al toro a ir más allá. Final torerísimo con ayudados por alto, por bajo, trincherillas,… Gran faena, y dos orejas que se hicieron tremendamente escasas en la comparación.

El cuarto fue el toro complicado de la corrida. Muy complicado: andarín, cabeceando, con menor fijeza,… Con él José Tomás no pudo hacer nada con el capote, pero con la muleta dio su dimensión poderosa. Aguantó la incertidumbre del toro y le obligó a ir humillando cada vez más, a no enganchar la muleta, a seguirla cada vez con más temple. Fue haciendo la faena a pase de paciencia y de atragantones. Y al final sacó naturales más que estimables y dio una serie con cambio de mano por delante en la que aguantó una barbaridad. Las manoletinas con las que acabó su labor fueron impresionantes. Después de una estocada casi entera recibió otras dos orejas. Pero más allá de los trofeos lo realmente importantes es que vimos al mejor JT de este año, en sus dos versiones. Tarde completa la del de Galapagar.

También el Cid mostró su mejor cara. Después de un incierto comienzo de temporada, con un paso más que discreto por Sevilla y Madrid, el de Salteras está volviendo a encontrar su sitio. Al tercero, lo recibió bien con la capa e instrumentó un buen quite por delantales. Con la muleta, tras brevísimos pases de tanteo comenzó a torear muy bien al natural en series largas, templadas,… Toreo marca de la casi. Tal vez algo menos profundo y hondo que otras veces, pero quizá esto sea sólo una apreciación personal, porque lo cierto es que hubo abundante buen toreo. Tanto al natural como con la derecha. Después de una estocada entera, cortó dos orejas.

El sexto lo brindó a sus dos compañeros en un gesto muy torero. Lo había toreado bien a la verónica en los lances de recibo y, tras el brindis, lo sacó a los medios con pases muy toreros. Comenzó luego con la mano derecha, intercalando series con ambas manos. Nuevamente buen toreo, pero faltando algo de transmisión. El Cid está mejorando, pero debe aún ganar en rotundidad para alcanzar el nivel de otros años.

En todo caso, vimos tres toreros distintos: uno (Silvera) con mucha voluntad, algunos momentos de estética y falta de oficio. Otro (el Cid) en franca mejoría, con mucho oficio, gran dominio, tremenda capacidad para instrumentar series largas con ambas manos y una honestidad con el público apabullante. Y otro (JT) un auténtico genio, distinto a todos, que dio en Las Colombinas prueba de su mejor tauromaquia en sus dos estilos: el del toreo profundo y hondo a los toros buenos y el del toreo poderoso a los toros complicados.

Y antes y después, gastronomía y tertulia en buena compañía.

O sea, una tarde de toros. Grandiosa. Como deberían serlo todas.

1 comentario:

alelo dijo...

Fíjate Lorenzo que yo ya casi ni me acuerdo de lo que pasó. Tendremos que volver otro día para que me ayudéis a recordar. Digo yo.

Te he dejado un regalo en mi casa virtual.

Un abrazo.