domingo, 16 de agosto de 2009

Almendralejo (15 de agosto de 2009) - De casta

Había que estar allí. Por poco que se pudiera, había que ver reaparecer a Israel Lancho.

Después de la brutal cogida de Madrid, en la que el toro le prendió por el pecho de muy malos modos al entrar a matar, aunque con un atisbo de suerte final que hizo que el pitón no le tocara ni el corazón ni ninguna de las venas importantes, había que reconocerle su entrega y su verdad.

Por eso (y porque el día de la Virgen hay que ver toros) estuvimos en Almendralejo, aunque hubiera que hacer más de doscientos kilómetros después de llevar en el cuerpo casi cuatrocientos más en la vuelta de Portugal.

Israel demostró que quiere ser alguien en esto. Los toros de Luis Albarrán que le tocaron en suerte, sin ser especialmente boyantes, le permitieron demostrar sus ganas, su ambición, su casta y sus buenas maneras. Al primero de su lote lo lanceó bien de salida y, tras brindar al público, le citó casi desde el centro del ruedo para enjaretarle dos pases cambiados por la espalda que conectaron con facilidad con el público. Luego, toreo muy serio con ambas manos. El toro tenía poca fuerza y se le colaba por ambos pitones (de forma ostensible en el primer pase de cada tanda), pero el torero aguantó impasible y condujo la embestida con poder y temple en un gran toreo vertical. Como el toro no pasaba, se metió literalmente entre los pitones para acabar de sacarle las últimas arrancadas que tenía. Estocada hasta la bola muy bien ejecutada, tras la que el toro cayó redondo de forma fulminante. Dos orejas. Gran faena con claros apuntes de corte pererista. No es mala enciclopedia para tomar apuntes.

En el quinto toreó también de salida por verónicas (algo apresuradas), llevó el toro al caballo con un breve galleo por chicuelinas (el diámetro del ruedo no da para más) y quitó por chicuelinas. La faena de muleta la comenzó con ayudado por alto en el tercio, aguantando un tremendo parón del toro sólo un par de metros antes de llegar al embroque en el primero de los pases. Luego, dos grandes series con la derecha, largas y ligadas. Otra buena con la izquierda y vuelta a la derecha aún más despacio y templado. En un cambio de mano por la espalda que trataba de ligar con un natural, quedó descubierto y el toro hizo por él, dándole una fea voltereta. Se repuso y tuvo aún tiempo de dar una serie más y cerrar con manoletinas muy ajustadas antes de recetar otra estocada entera (aunque esta vez, bastante caída). Dos orejas y rabo.

En resumen, muy buena disposición y gran toreo de Israel Lancho. Sin duda, necesita torear más y en plazas de mayor enjundia para que éste adquiera toda su dimensión, pero el canon que practica (en la línea de toreo vertical y serio de Perera, incorporando apuntes josetomasistas) es una clara garantía de calidad. Si es capaz de mantener una progresión acorde con lo que viene demostrando, la próxima temporada podemos verle triunfar en plazas importantes.

Curro Díaz quedó prácticamente inédito con el capote, siendo como es uno de los mejores capoteros del escalafón. Brindó el primero de la tarde a Israel Lancho en un gesto muy torero y dejó apuntes de su estética en algunos pases sueltos. El toro, flojísimo, no daba para más. Gran voluntad por agradar y por hacer las cosas bien, pero cuando el toro no se mueve es complicado. Mató mal (pinchado, media muy tendida y dos descabellos). En el quinto cortó dos orejas, más por la benevolencia del público y el presidente y por la eficacia de la estocada, que por los méritos de la faena, que no fueron para tanto. Hubo, es verdad, voluntad y muchos pases, pero faltó rotundidad, poder,… El toro era tardo, se quedaba corto y no repetía y, a pesar de eso, Curro Díaz insistió para sacarle faena. Pero no hubo una faena vistosa ni pases de la calidad que le hemos visto otras veces a este torero.

Era la primera vez que veía en una plaza a Jairo Miguel y tengo la sensación de que necesita muchas horas de campo para que su toreo pueda crecer. Se le ve con ganas, pero muy falto de técnica. En su primero estuvo más serio, tratando de hacer las cosas bien, aunque no siempre le salieran, pero, al menos, componía bien la figura y dio algún pase con sabor. Lo mejor, cómo tiró del toro en una serie con la izquierda y la disposición para hacer todo en el centro del ruedo. Lo peor, que tardó mucho en encontrar la distancia del toro y, en las primeras series, perdía muchos pasos después de cada muletazo. En el sexto se le vio más despistado, sin ideas. Muchos pases con la mano derecha sin temple ni hondura, no consiguió acoplarse tampoco al natural. Al final, el toro se llevó infinidad de muletazos en una faena que no dijo nada. Especialmente preocupante el mitin que dio con la espada en sus dos toros. No sabe entrar a matar o lo hace con tantas precauciones que es imposible que acierte en el embroque. Lo dicho, muchas horas de campo… y de carretón.

La tarde, al fin, fue de Israel Lancho. Un torero con los fundamentos para progresar rápido y bien.

Curro Díaz tiene una gran estética, pero le falta romper (¿por decisión?, ¿valor?, ¿afición?, ¿algo de técnica?).

Y a Jairo le falta mucho. Muchas horas de campo y carretón. Mucha técnica. Ver más claro a los toros. Insistir en las virtudes de su primera faena. Ese es el camino para hacerse un hueco. Que no está nada fácil, pero vale la pena.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A Curro le falto TORO!!un saludo