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domingo, 29 de abril de 2007

SEXTA DE ABONO. CORRIDA (17-IV-2007)

TOROS DE CEBADA GAGO PARA CURRO DÍAZ, FERNANDO ROBLEÑO Y FERNANDO CRUZ

La lidia se ejecutó exactamente en dos horas, considerando la leña que traían en los pitones (suficiente para hacer arder el Aljarafe en un ocaso glorioso) y el peligro seco, o peligro a secas, que llevaban los animales, hay que estimar en mucho la suficiencia de los gladiadores en la arena.

Fue la corrida más breve de la feria, justo después de la más larga (la de los eternos Cuadri), como para compensar, entre una y otra, el albero en la clepsidra. Todas las actuaciones sólo pudieron tener los cimientos del valor y la contundencia estoqueadora.

Tras las maravillas y pinturerías toreras de los días sucesivos y tras la flojedad de los toros y toreros mediáticos que han hecho el paseíllo hoy sábado de feria, es necesario recordar las actuaciones duras de toreros que merecen mejor ganado, aunque en el pecado de hacerlo bien llevan la penitencia de repetir “lo ganado”

Especialmente valiente y ortodoxo estuvo Fernando Cruz, tiene un halo trágico, de torero humilde que nunca podrá hacer valer su valor en los despachos, un funesto aire de sangre y arena lo rodea, presumo que le van a golpear los toros (ya le están dando), por donde se pone y por los carteles donde lo ponen: aunque lo haga bien, será el humilde torero de las alimañas. No debe conformarse con ser un torero de Madrid o de Pamplona y para eso le falta algo más de gracia torera.

A su primero lo recibió muy bien de capa, durante la faena de muleta luchó el torero por exprimirle pases sueltos, el toro, protestado por débil, no lo era en absoluto y lanzaba derrotes y gañafones que impidieron el lucimiento. Pinchazo y estocada. Fue en el segundo donde Fernando Cruz hizo sonar la música: tras probarlo en unos derechazos muy templados con un buen cambio de mano y pase largo de pecho. Por el izquierdo el toro no iba y fue en el pitón derecho donde la faena adquirió temple y solidez, el toro se rajó pronto y, tras unos ayudados muy toreros, una estocada en lo alto lo pasaportó al limbo de los falsos toros buenos. Una faena de honradez que el público, frío, no aplaudió lo necesario y que Fernando completó con una vuelta al ruedo por su cuenta que hizo muy bien en dar porque había toreado con pureza un animal imposible.

Curro Díaz se las vio con el más peligroso, el primero, un animal asesino que lanzaba puñaladas astifinas en cada una de sus embestidas rabiosas. Por la izquierda el animal fue menos violento y le sacó algún pase. La estocada fue rápida, efectiva y bien ejecutada. Su segundo aparentemente embestía mejor y lo brindó al público. Lo anunciaban como sardo, pero la capa era más bien la de un café capuchino mal disuelto, hubo división de opiniones acerca del trapío del toro, que oscilaba entre buey para carreta y bisonte de Altamira, se dejó manejar algo, aunque manseaba, Curro Díaz “gestionó” bien los terrenos y, después de una colada colosal por el lado izquierdo, dio una estocada majestuosa y esperó la muerte del toro, tras un ataque al puntillero que salió cogido, sentado toreramente y a la antigua en el estribo,

Fernando Robleño tuvo el peor lote: fue acosado por el viento, que molestó toda la tarde, durante la lidia de su primero, un toro de embestida muy corta e inservible para el toreo y su segundo acabó echándose por soso y falto de fuerzas, pese a la voluntad del espada.


¿Repetirán en la próxima feria? ¿Embestirán los cuchillos de Cebada Gago?
Nota: ya sólo llevo 10 crónicas de retraso.



José María JURADO

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