domingo, 24 de febrero de 2008

La Destrucción de un Sueño


...o de los paisajes taurinos de una Sevilla rota.



Mocitas las de la Alfalfa;
mocitos los pintureros;
negros pañuelos de talle
y una cinta en el sombrero.
Dos viudas con claveles
negros, en el negro pelo.

...

Ocho caballos llevaba
el coche del Espartero.

Fernando Villalón

Qué pueda, Virgen, que pueda
volver con sangre a Sevilla
y al frente de mi cuadrilla
lucirme por la Alameda.

Rafael Alberti (Joselito en su Gloria)


Ni las niñas de la Alfalfa suspirarán más por el Espartero, ni podrá nunca volver Joselito a pasear por la Alameda aunque retornara del transmundo porque ni ya existe la Alameda, ni la Alfalfa es lo que fuera.

Nuestro inefable Ayuntamiento ha realizado una destrucción genocida del centro histórico de Sevilla, perpetrándolo bajo el inefable slógan de la "Construcción de un Sueño", cuando lo que han hecho es aumentar la destrucción del sueño romántico y barroco que es mi ciudad.

En estos días de Cuaresma empiezo mis paseos por el centro, divagando por la ciudad de la gracia me he encontrado con una Alameda anegada en cemento, bolardos de granito, farolas de hangar, pérgolas de hormigón y baldosines de espiguilla azul y blanco que han desecado para siempre la vieja laguna de albero que fuera la Venecia de Sevilla, por decadencia y arriadas, el paseo más grande y largo de Europa.

Y el otro día, la Alfalfa, ya conocíamos la destrucción de la cercana Plaza de la Pescadería, pero mientras la Alfalfa siga siendo una colección de flexos hidráulicos de luz halógena, dura de piedra sin árboles, con bancos de madera noruega, no vuelvo a pasar por allí.

Ambos emplazamientos han sido destruido por la posmodernidad, desde Francia ya han dado aviso de cómo se destruye lo que era único en el mundo y nuestro inefable Ayuntamiento justifica sus incomprendidos proyectos comparándose con la Torre Eiffel...

¡Qué lastima no saber poner la modernidad en su sitio, tener que llevarla con uno impostada y recrecida como las setas de la Encarnación! Si como dijo Lagartijo lo clásico es lo que no puede ser mejor ¿a qué ha venido derruir lo clásico?

¡Con la de espacios que hay en Sevilla, en sus barrios periféricos que deberían dinamizarse con estos proyectos de inspiración moderna! Y, mientras, el centro más vacío que nunca, cada vez menos escenario para los festivales de primavera...

La destrucción de un sueño. Nos queda, afortunadamente, La Maestranza, pero todo se andará... ¡ah y que no les atropelle a ustedes una bicileta mientras sortean los baches por donde no pasan los carritos de bebé!


LA ALFALFA ANTES



LA ALFALFA AHORA



LA ALAMEDA ANTES



LA ALAMEDA AHORA



Disculpa, amigo Lorenzo, esta intromisión de denuncia ciudadana, pero la Alfalfa es El Espartero y la Alameda, Joselito.

3 comentarios:

queco dijo...

No esperaba encontrar esta muestra de ciudadanía responsable en medio del muestrario de tauromaquia literaria que es vuestro blog.

Me sumo a la opinión editorial de los autores. Que la ciudad de Sevilla necesita una profunda modernización es algo que no se escapa ni a las mentes menos despiertas.

Pero que esa modernización pase por flexos hidráulicos de luz halógena, dura de piedra sin árboles, con bancos de madera noruega, en vez de venir de la mano de la elaboración de un tejido empresarial poderoso, o de una diversificación y mejora de nuestro anquilosado patrimonio cultural es algo imperdonable.

Puestos a mirar a París... ¿por qué hemos perdido la oportunidad de convertir La Cartuja e la nueva Defénse?

En vez de todo esto, destruimos nuestro clasicismo y lo sustituimos por prefabricadas plazas pseudomodernas propias de pueblos sin historia...

En fin, que me sumo a la opinión del editor (para así mantener la balanza, ya que he reflejado un comentario discrepante en el post del cartel de la Feria de Abril)

José María JURADO dijo...

Pues sólo falta que seamos muchos más y que pasemos a la acción... Muchas gracias, Queco.

Lorenzo Clemente dijo...

José María, nada que objetar a la entrada. Todo lo contrario. Un placer la mixtificación de la tauromaquia y la ciudad, los lugares de paseo de los viejos mitos con el nuevo latido de la ciudad (al que a veces ponen marcapasos inútiles y mal ajustados).