domingo, 3 de febrero de 2008

CURRO ROMERO

Azul pavo y oro, la máscara de Tutankamon, oliva y oro, el traje de Faraón. Naranjos y palmeras, baja el Nilo a las puertas del Templo de Karnak y florece la alta torre, el obelisco, junto a la pirámide gótica de la Catedral. Arena del desierto, albero del Valle de los Reyes, arena del Arenal ¿en qué ámbito de silencio o de clamor te sobrevuelan los vencejos de viejas dinastías? Ved salir por el portón de Osiris, con el disco solar sobre la testa, al buey Apis, el terrible, el dios berrendo en oro. Y ved el rostro, desbastado a golpe de yunque y martinete, arrancado al cráneo de la tribu como una esfinge heroica y verde, dispuesto a ceñirse con el toro al filo trágico de una espada inútil, al compás de unas telas reducidas teñidas de fantásticos colores.

(Los egipcianos cantan y palmean, arrojan al palenque la flor verde, el ramito que perfuma la faena, el desplante de bronce de la estatua bajo el signo victorioso de Heliópolis).

1 comentario:

Lorenzo Clemente dijo...

Sencillamente magistral, compañero.

Habrá que reunir en un solo volumen los almanaques del toreo. Un nuevo estilo de literatura taurina.

Y, por cierto, que algo tendrá el Faraón para que sea protagonista tan continuado de nuestros desvelos.