jueves, 24 de febrero de 2011

Pablo Pámpano ganador del concurso de Carteles de las Ventas

A primera hora sonaba el móvil, con tres avisos presagiábamos la noticia feliz que traía Lorenzo Clemente con sus clarines inalámbricos.

Pablo Pámpano ha ganado el concurso de Carteles de Toros de Las Ventas: la primera Plaza del Universo y segunda del Cosmos, después de La Maestranza.

El cartel es éste, con tilde admirativa:

Y aunque dice la noticia que no tiene título yo se de buena tinta, nunca mejor dicho, que se llama de "Ladrillo y flores".

Copio a continuación, como homenaje a un amigo y a un artista, mis palabras en Espartinas, cuando se inauguró allí la exposición de su obra gráfica, como verán, alguien tomo nota: ¡¡¡Enhorabuena!!!

"Cuando se presentó en la querida Plaza de Espartinas el libro que dio origen a estas ilustraciones, PLAZA DE TOROS, comenté que gracias a la inspiración y trabajo de Pablo disfrutábamos de una obra de PAPEL Y ORO. Bien, liberado ahora de su atadura lírica, he ahí EL ORO. Oro puro. Como los alquimistas Pablo ha transmutado sus arabescos digitales, su imaginación y su sentido de la composición en papel de oro.


Creo que invertir en Pablo no es invertir, es ganar. La plasticidad y belleza de sus ilustraciones nace, me parece, de un potente sentido del ritmo. Del ritmo compositivo y del ritmo del color, a través de las texturas que se propagan y enlazan: flores, cerámicas, tierras. Sus cuadros, incluso los que representan firmes efigies, se mueven, están vivos.

No es lo suyo una recreación o una traslación del modelo, sino una verdadera creación que otorga hálito de vida a sus criaturas. Esto es especialmente notable en las imágenes que recogen determinado lance en el libro: al pasar la página se revive el instante eterno de un pase, su fijación perdurable en la memoria.

Ubicados en un escenario de vacío mitológico (la pared donde queda la huella de los héroes) se multiplica la potencia visual del trance. Así, José Tomás extiende el muletazo más allá de la sangre, hay una manoletina entre las nubes de Ronda y Espartaco, como un césar romano, impera sobre la lámina.

Tengo especial adoración por dos cuadros: “Las Bulerías del Nautilus” y “Morante de tabaco y oro” –y no sólo por mi morantismo militante- ya en el libro aparecía el de la Puebla, natural, profundo -SIN MIEDO-, pero en estas láminas, liberado ya de la carga de la imaginería y trompetería barroca a la que le inducían mis poemas, aparece el Pablo del ritmo, de la música, el pintor de los “cantaores” de jazz.

La sección áurea del nautilus y las chicuelinas sucesivas de Morante se aúnan, clasicismo y belleza apuntan al mismo cénit, el de la perfección del movimiento y la detenida danza absoluta. Pablo ha llegado en esta lámina a la esencia del toreo. Y en “Morante de tabaco y oro”, a la esencia de Morante, ese torero salomónico como columna de humo, sereno como una guajira, lento como un galeón henchido de tesoros, en el delicado frente del asta y la tela.

Y digo que Pablo ha llegado a la esencia, sin embargo ya estaba en ella, porque aunque no sea lo que en términos técnicos se entiende como un “aficionado”, ni falta que le hace, su padre lo llevaba a la Plaza de pequeño. Como el hijo de Héctor de Troya se admiraba al ver a su padre vestido de guerrero en la Ilíada, Pablo veía a los toreros. Y ver a los toreros a cierta edad es algo que impresiona mucho, no es raro que los niños lloren, como nos cuenta Homero que hizo el hijo de Héctor, ante el yelmo y penacho de su padre, domador de caballos.

A esta esencia Pablo la ha dotado de modernidad y de contemporaneidad. Ha actualizado el lenguaje del toreo y lo ha hecho accesible a través de una estética que combina la estridencia del cómic y el clasicismo de las estatuas.

Gracias, Pablo, tus criaturas quedan hoy libres. Disfruté mucho de ver construir un mundo alrededor de mi poesía, una Plaza de Toros habitada, ahora ellas deben seguir su camino, toreando en papel William Turner de 310 gramos con tintas basadas en pigmentos, lo que garantiza su permanencia inalterada durante más de 200 años, que es como poco, lo que durará nuestra fiesta.
Inviertan en Pablo, inviertan en oro. La Maestranza y Las Ventas deberían tomar nota.

Una vez más Espartinas se adelanta."

Espartinas, 1-2-2011

2 comentarios:

Pablo Pámpano dijo...

Transcrita hasta la última coma en mi corazón. Muchísimas gracias. El culpable eres tú, y Lorenzo, tu cómplice necesario. Qué ganas de daros un abrazo y festejarlo como merece. Gracias.

Lorenzo Clemente dijo...

Pablo, es una suerte que la Fiesta cuente con gente como tú que adapte los modos y estéticas de sus anuncios a técnicas actuales y visiones originales de artistas de hoy. Como necesita los ritmos nuevos para cantarla que le da José María.
Me alegro por ti (que lo sabes), pero también porque premiar un cartel como este es salirse de los esquemas de siempre. Ver la Tauromaquia con ojos del Siglo XXI.