lunes, 12 de octubre de 2009

Zaragoza (11 de octubre de 2009) - ¡Esas espadas!

De haber matado con más precisión los tres toreros estaríamos hablando de una tarde con varias orejas y una o dos salidas a hombros. Pero entre la falta de puntería de los espadas y el rigor del palco el asunto quedó en una tarde a medio gas. Que no fue mala, pero tampoco acabó de romper.

A ello colaboró, en primer lugar, la descastada corrida de Núñez del Cuvillo, sin ningún toro rotundo, de triunfo. Y también una cierta falta de claridad de ideas de los matadores. No sé si por las alturas de la temporada en la que estamos o porque vislumbraron pronto la imposibilidad de faenas importantes.

Morante, en su primero, poco pudo hacer. El toro se había roto la funda del pitón al golpearse en el burladero (¡ay esos toques de los subalternos!) y tenía una manifiesta endeblez, que ni siquiera la templanza y el toreo a media altura del de La Puebla consiguieron enmendar. Al cuarto le recetó buenas verónicas y, con la muleta, le dejó venirse de lejos. Pero ni el toro ayudaba (iba siempre en línea y protestaba al final de cada pase), ni él acabó de apostar. No hubo ni premio ni bronca. Sólo una mediocre indiferencia que casa mal con un torero como éste.

Perera, en el segundo, toreó bien por delantales en el recibo de capa. Después de derribar al picador y de que el monosabio tuviera que aguantar al caballo frente a repetidas embestidas del toro porque nadie lo sacaba de allí parecía que podía haber faena. Perera se colocó y aguantó mucho por ambos pitones, pero el toro cabeceaba y faltaba transmisión. Al final, arrimón y gran estocada. Hubo petición abrumadoramente mayoritaria pero el presidente no concedió la oreja. Uno puede discutir si la faena era o no de oreja en una plaza de primera, pero lo que es indiscutible es que el presidente vulneró de forma consciente el reglamento. Si eso lo hace un matador lo sancionan. Pero si es un usía, habrá quien le proponga para algún premio por reivindicar la importancia de una plaza como ésta. Con defensores de la fiesta como estos, así nos va.

El quinto fue un toro muy flojo. Perera estuvo muy serio y técnico con él. Lo llevó con la derecha en muletazos muy largos, al ralentí, como hipnotizado. Es cierto que no había mucha emoción, pero también que Miguel Ángel sacó mucho más de lo que era previsible con un toro así. Con la espada, recetó una buena estocada… después de haber pinchado tres veces.

Talavante dio una dimensión muy buena en el tercero. Comenzó la faena por ayudados por alto en el centro del ruedo y siguió con series templadas de derechazos. Pero lo realmente grande vino al natural, en un par de series realmente hondas, profundas. Muletazos larguísimos de mucha importancia. Terminó por manoletinas y en una de ellas le desarmó. Los trofeos (probablemente dos) los perdió al dejar dos estocadas que hacían guardia antes de dejar un espadazo más ortodoxo. El sexto se emplazó de salida y fue lidiado mal. La faena de muleta no tuvo relevancia alguna y pinchó tres veces antes de dejar una estocada en su sitio.

En fin, que a Zaragoza se llega fácil con el AVE y que es una plaza que puede incorporarse con facilidad al calendario de los aficionados de Madrid. Pero que habrá que esperar otro año a ver si el resultado de toros y toreros se corresponde con la expectación que generan los carteles.

Entretanto, no es de poca relevancia haber llenado la plaza demostrando a los cien o doscientos energúmenos que se manifestaban enfrente que son una minoría y que tienen menos razones y menos educación que los aficionados.

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