jueves, 15 de octubre de 2009

Posada, Morante y Antonio Lorca

Ha muerto Juan Posada. Torero en su juventud y, ahora, crítico en el diario La Razón. No era el escritor taurino que más seguía, pero en muchas de sus crónicas se notaba una ecuanimidad bastante inusual en el gremio de los críticos taurinos. Descanse en paz.

El próximo día 25 Morante y Diego Ventura compartirán cartel en La Puebla del Río. Lo más curioso es que el último toro lo lidiarán a medias: Ventura recibiéndolo de capote y toreando de muleta y Morante poniendo banderillas desde un caballo de rejoneo. No sé cómo resultará el asunto, pero debo reconocer que siento enormemente no poder estar allí. El hacer cosas nuevas desde el respeto y la pureza, el promocionarlas, el crear emoción desde antes de empezar el paseillo es algo fundamental en la Fiesta. E iniciativas como ésta ayudan y mucho. Por cierto, que en el Congreso de Derecho Taurino de Nimes, cuando Juan Pedro Domecq planteó diversas iniciativas de reforma normativa (algunas bastante llamativas), se refirió también a algo que, al parecer, le había comentado alguna vez su primo Álvaro Domecq (el rejoneador): la posibilidad de que, en lugar de caballos de picar, se utilizaran caballos de rejoneo para, mediante rejones de castigo, sustituir la puya. No creo que deba ser algo de imposición obligatoria, pero no me parece que sea algo que no deba ponerse en práctica en algún festejo.

Antonio Lorca publicaba el pasado sábado día 10 en el diario El País un artículo titulado "Y después de Tomás, ¿qué?", que parece más una elegía de la Fiesta que una defensa de sus valores. Cuando a nadie se le oculta que cualquier aficionado debería siempre, pero sobre todo en esta época, centrarse más en destacar las virtudes del rito que en regodearse en sus miserias, que ya se ocupan de destacarlas (en general desde la demagogia) los violentos enemigos que nos cercan. En todo caso, creo que el artículo ofrece numerosos elementos de reflexión.

No estoy de acuerdo con este Lorca (recordemos que el otro, un tal Federico, fue el que dijo que la fiesta de los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo) cuando escribe que "Esta fiesta lleva años viviendo de una inercia positiva que acusa signos de agotamiento. Sigue siendo un negocio obsoleto, manejado por empresarios del pasado. Es el mundo de la picaresca, donde casi nada de lo que se ve es verdad; donde imperan el fraude y la manipulación. Un grupo de taurinos actuales es lo más parecido -con excepciones- a unos tertulianos de los años del estraperlo." Es cierto que hay cuestiones obsoletas (sobre todo en lo organizativo), pero no todo es fraude y manipulación. Sobre todo, no lo es lo más importante: el riesgo y el arte del torero.

Sí estoy de acuerdo en que "La fiesta necesita un revulsivo regeneracionista que la vuelva del revés. Necesita empresarios jóvenes, bien formados e imaginativos, con ideas claras y novedosas; con ganas, cómo no, de ganar dinero, pero también de ofrecer un producto digno." Pero no porque lo que haya ahora no sea digno, sino porque, con los medios actuales, lo que se puede hacer es aún más grandioso, más moderno, más cómodo, más esencial.

La crítica que realiza a José Tomás me parece ruín. El que elija las ganaderías que desea torear es algo absolutamente lícito y que, en general, va en beneficio del aficionado. Que diga si no, a qué corridas tenía que apuntarse (¿a los Palha o Victorinos que han salido en la feria de otoño de Madrid?; ¿iba a ser eso un revulsivo de la fiesta, más allá de la posible tragedia?) Y el que no haya ido a según qué plazas es una demostración de independencia frente a empresarios bastante mediocres (y no señalo a nadie).

Más ajustada, aunque con matices, es la crítica a los ganaderos y, sobre todo, a la supuesta "autoridad".

Artículo, ya digo, discutible en su contenido y en su oportunidad. Pero con suficientes elementos de reflexión como para que se plantearan a la discusión de los profesionales y los aficionados. Si es que hubiera foros donde esto fuera posible...

1 comentario:

José María JURADO dijo...

Qué pena: Juan Posada, como sabes era pariente lejano mío, el último San Miguel de mi abuelo estaba invitado a celebrar el santo tras los toros, pero esa tarde, que triunfó, salió cogido. Y no pudo ser.