sábado, 16 de agosto de 2008

El Puerto de Santa María (9 y 10 de agosto de 2008) - Competencia sorda (I)

Lo del fin de semana en el Puerto de Santa María era el mejor reflejo de la sorda competencia que se libra en la cumbre.

Sin duda, la mayoría acudía (acudíamos) sobre todo al mano a mano de José Tomás con Morante. Como alguien explicó, se enfrentaban los dos mayores heterodoxos del toreo actual. La sobriedad de JT frente al barroquismo de Morante; el valor (con arte) frente al arte arrebatado y, a veces, también valeroso; la capacidad de llenar las plazas en cada comparecencia frente a quien arrastra una legión de devotos (diversa en número en cada ocasión) en busca del milagro. Era, en fin, un acontecimiento. Y la afición se sustenta tanto en la espera de estos festejos como en el recuerdo de las grandes tardes (a veces, también, en lo que uno está viviendo, pero eso sucede de tanto en tanto y dura tan poco…).

Pero se incluía también en el Bono Real una corrida (la del sábado) que reunía probablemente los tres toreros que, dentro de la ortodoxia, han demostrado lo mejor de lo que llevamos de temporada: la maestría de El Juli, la hondura de Manzanares y la técnica, el valor, el temple y la regularidad de Perera. Tres toreros que querían demostrar que esa ortodoxia podía hacer disfrutar tanto, o más, que el apasionamiento de los heterodoxos. Fuera quedaban, sobre todo, la experiencia y rotundidad de Ponce y la juventud y distinción de Cayetano. Pero para un par de tardes, los carteles eran de lo mejor que uno puede soñar.

Después, sale el toro y pone un elemento de azar añadido a la diferente inspiración y lucidez que cada día depara a los maestros.

Al final, se impuso la razón y el orden frente a la imaginación. La reivindicación del toreo más convencional frente al estoicismo y la fragilidad. Aunque hubo pinceladas de cada uno de los toreros para poder vislumbrar la grandeza de los cinco artistas que nos habían congregado. Cada uno de los cuales justificaría por sí sólo el viaje. Además de que el Puerto y sus tabernas, por sí solos, también nos convocan a esta peregrinación anual.

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