sábado, 16 de agosto de 2008

El Puerto de Santa María (9 de agosto de 2008) - Competencia sorda (II)

En la tarde del sábado, el Juli estuvo en torero grande, pero sin acabar de pisar a fondo el acelerador. Tengo la impresión que se trataba de demostrar más la capacidad que el arrebato. Y lo consiguió. Con un toreo hondo, como en los lances de recibo o en las chicuelinas a su primero, en el comienzo de faena a este toro (por alto y sin moverse en el tercio), en algunos de los derechazos,…

En el cuarto, buen recibo también llevándolo a los medios con la capa y una faena de muleta dando mucho sitio al toro en series largas, aunque con algunos parones que deslucían el conjunto.

Manzanares tuvo el mejor toro de la corrida: el segundo, con el que desplegó toda su inmensa torería. La lidia fue perfecta: desde el recibo con la capa, hasta el inmenso tercio de banderillas, pasando por un puyazo perfectamente ejecutado. Ya con la muleta, sacó el toro a los medios de forma muy artística y personal, finalizando con un enorme cambio de mano. El toreo en redondo, con series cortas, tuvo un arte y una hondura excepcionales. Con la izquierda bajó un punto el tono de la faena. Pero al volver a la mano derecha dio una serie absolutamente memorable: redondo completo, templado y profundo, cambio de mano al ralentí y gran pase de pecho. Todo ello ligado, gustándose, con distinción,… Al final, tras una gran estocada, el toro vendió cara su muerte, con bravura, resistiéndose a caer, incorporándose después de caer un par de veces, para rodar luego sin puntilla. Se le dio la vuelta al ruedo, sobre todo, por ese comportamiento en el momento de la muerte y por su empuje en el único puyazo que se le dio. Quizá faltó comprobar cómo hubiera acudido por segunda vez al caballo (aunque se le hubiera señalado sólo con el regatón). Y, a nuestro juicio, al toro le faltó también una mejor embestida por el pitón izquierdo. Pero, sin duda, el toro demostró bravura y propició una gran faena. Si eso es lo que se premia, bienvenido sea.

La faena al quinto de la tarde fue algo menos lucida, en parte porque el toro no propiciaba el mismo tipo de toreo (era bastante más tardo y con poca transmisión) y en parte, suponemos, porque después de torear como lo hizo en el segundo, uno debe quedarse casi desfondado. Aún así, hubo algún lance bueno de recibo y pases buenos con ambas manos en series cortas e irregulares. Inmenso el volapié con el toro completamente parado.

Y Perera volvió a reivindicarse como el gran descubrimiento de la temporada. Por técnica, valor, regularidad y arte. A su primero lo recibió primorosamente con la capa y le recetó un tremendo quite por gaonera (ajustadas, sin moverse, serio,…). El comienzo de la faena, en el tercio, con ayudados por alto desde una apabullante quietud, pase por bajo y de pecho, compendiaba toda una tauromaquia. Luego, series con ambas manos de muchísima templanza a un toro que no transmitía demasiado, pero al que exprimió todo lo que tenía. Hasta meterse al final entre los pitones y sacar pases de tremenda emoción. Recetó una estocada perfecta a cámara lenta. Los que la hayan grabado, por favor, que la envíen a todas las escuelas de tauromaquia para explicar cómo se ejecuta un volapié.

Y lo del sexto fue la constatación de cómo el buen toreo puede con todo. Hasta con un toro cariavacado y anovillado que fue protestado desde que salió y con el que era prácticamente imposible que se diera importancia a lo que se hacía. De hecho, los primeros tercios fueron técnicamente correctos, pero nada artísticos. Y al torero le costó meterse en la faena de muleta, pero mediada ésta, cuando le cogió el son a un toro que se movía con más velocidad que los anteriores, consiguió pases de lo más estimables, especialmente toreando al natural, en algunas series excepcionales. Al final, arrimón, pases inmensos desde la absoluta cercanía de los pitones, naturales a pies juntos dando algo más de sitio (con caída a merced del toro, buen quite de las cuadrillas, con un Manzanares especialmente acertado, y pase de pecho conforme se incorpora). Otra gran estocada y dos orejas ganadas a ley contra la presentación del toro, su comportamiento y el enfado del público.

Una tarde en fin, de buen toreo, entretenida, variada,… La lidia de los toros fue magnífica, el tercio de varas se ejecutó muy bien, vimos grandísimos tercios de banderillas, se toreó bien de capote y de muleta y se estoqueó a la primera y por arriba a todos los toros.

Esto es lo que uno entiende por una gran tarde de toros. Más allá de que siempre cabe un toro con más presencia y más codicia, que se le den un par de puyazos en vez uno por toro y que las faenas tuvieran más ajuste y duración porque los toros lo permitieran.

Hubo quien habló de una tarde de toros histórica y quien la criticó por constituir, a su juicio, el triunfo del toreo “moderno”. A mi juicio, ninguna de las dos se ajusta a lo que allí sucedió. Que fue (y no es poco) que disfrutamos con el buen toreo en tres de sus mejores versiones de estos comienzos del siglo XXI.

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