lunes, 21 de marzo de 2011

Madrid (20 de marzo de 2011) - Apuntes

La tarde era magnífica para ver toros. Una temperatura extraordinaria para estas fechas y un cielo azul como hacía ya muchos meses que no recordábamos. En las taquillas, muchos extranjeros intentando infructuosamente que alguien les hablara en inglés (entenderles, parece que les entendían, pero no parece que fueran capaces de responderles en su mismo idioma). Como en la puerta de acceso, en la que uno de los porteros no había modo de que le dijera a un japonés que no bastaba para entrar con el resguardo de haber comprado la entrada por internet, sino que debía pasarse por las máquinas que hay en la zona porticada para sacar el billete. Por seguir con lo del idioma, fue bonito el gesto de que al final del paseíllo se guardara un minuto de silencio por las víctimas de la tragedia de Japón, pero tal vez si además de explicarse en castellano se hubiera dicho en inglés, los extranjeros lo hubieran entendido (y agradecido) mucho más.

No es que uno sea un acérrimo defensor de la lengua de la pérfida Albión, pero creo que sería razonable que en fechas como estas en las que son muchos los extranjeros que se acercan a Las Ventas se hiciera un esfuerzo por hacérselo más fácil.

También a los de aquí, porque los programas, como viene siendo costumbre, se acabaron al menos diez minutos antes de que empezara el paseillo.

La novillada, por lo demás, no aburrió, aunque tampoco fue como para salir entusiasmados.

Los novillos dieron juego variado y hubieran permitido mayor lucimiento a novilleros con más sitio y poder. O a toreros con varios años de alternativa a sus espaldas. Porque varios de los animales que salieron pasarían perfectamente por toros bien presentados en cualquier plaza de primera. El quinto y el sexto eran dos auténticos toros, a los que faltaban unos días para ser cuatreños y que tenían hechuras sobradas para haberse lidiado como tales. Una barbaridad que se trate que estos chavales lidien animales así. Creo que si se trata de exigir a los novilleros que estén en novilleros, que sean bulliciosos, que hagan cosas variadas, es muy difícil pedírselo con animales más propios de toreros cuajados y con experiencia.

En estas, Patrick Oliver se vio sorprendido por el toro en el recibo de capa y en el frustrado quite por chicuelinas. La faena de muleta intercaló algún natural con gusto con toreo acelerado, mucho cambio de mano y faltó una cierta estructura, que hubiera series con su comienzo y su final, con sus cites y sus remates. En el cuarto también se vio desbordado por el toro con el capote y la faena de muleta fue muy larga, con algún pasaje de interés que se perdió en medio de fases más vulgares. Creo que debería ser más selectivo y tratar de hacer faenas más coherentes, de menos pases pero más rotundos.

Cristian Escribano fue el que mejor sabor de boca nos dejó y el que cobró una cornada. Pero o se pasa horas, miles de horas, en el carretón, o va a ser difícil que llegue a figura. Sin matar los toros no hay mucho que hacer en esto. Recibió de rodillas al segundo de la tarde, al que le enjaretó una media muy buena. Con la muleta traza largo y templa bien. A veces se atropella (lo cual es disculpable en un novillero), pero tiene detalles de gusto que se agradecen. Al entrar a matar el toro le prendió y tuvo que pasar a la enfermería después de acabar con el toro tras varios pinchazos y una estocada.

Salió para matar al sexto, habiéndose corrido turno, y lenceó nuevamente con gusto con el capote (muy saleroso el quite por chicuelinas). Toreó muy serio con la derecha a un auténtico toraco. A veces le falla la colocación y se echa de menos un punto de emoción, pero hubo momentos de toreo muy serio. Nuevamente falló a espadas.

Damián Castaño quedó inédito con el capote en el tercero y la faena con la muleta fue floja. Al toro le falta codicia y a veces embiste con brusquedad, pero al novillero se le ve falto de recursos. En el quinto se hizo un autoquite providencial al caer en la cara del toro (toro-toro). Hizo una faena razonablemente asentada, consiguiendo que el toro no le tocara la muleta, pero no consigue llegar a los tendidos.

En definitiva, una alegría volver a Las Ventas después de más de cinco meses, tarde espléndida de temperatura, apuntes interesantes sobre todo de Cristian Escribano y la necesidad de replantearnos nuevamente cómo es posible conseguir que las novilladas tengan más interés y sean más lucidas en una plaza como esta. A lo mejor hay que empezar por rebajar la presentación de los "novillos". Aunque algunos protesten.

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